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DÍAS EJEMPLARES

BIBLIOTECA JAVIER COY D’ESTUDIS NORD-AMERICANS

http://puv.uv.es/biblioteca-javier-coy-destudis-nord-americans.html http://bibliotecajaviercoy.com

DIRECTORAS

Carme Manuel

(Universitat de València)

Elena Ortells

(Universitat Jaume I, Castelló)

DÍAS EJEMPLARES

Walt Whitman

Edición y traducción

Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan

Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans

Universitat de València

Días ejemplares, Walt Whitman Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan

la edición de 2019

Reservados todos los derechos

Prohibida su reproducción total o parcial

ISBN: 978-84-9134-503-9

Ilustración de la cubierta: Sophia de Vera Höltz sobre foto “Walt Whitman hacia 1869, a la edad de unos cincuenta años”, reproducida en A Life of Walt Whitman de Henry Bryan Binns (Methuen & Co., 1905)

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es publicacions@uv.es

A mis padres, Enriqueta y Santiago, sin más por qué.

Footfalls echo in the memory.

Four Quartets, T.S. Eliot, “Burnt Norton”

No soy presente sólo,

sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo

a un lado y otro, en esta fuga,

rosas, restos de alas, sombra y luz,

es sólo mío,

recuerdo y ansia míos, presentimiento, olvido.

Espacio, Juan Ramón Jiménez

Índice

EL POETA Y LA CREACIÓN DE UNA PERSONA

DÍAS EJEMPLARES: PERSEVERANCIA EN LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PERSONA EN PROSA

DÍAS EJEMPLARES

El mandato de una hora feliz

Respuesta a un amigo insistente

Genealogía – Van Velsor y Whitman

Los cementerios de los antiguos Whitman y Van Velsor

La casa familiar materna

Dos interiores familiares antiguos

Paumanok, juventud y adolescencia

Mi primera lectura – Lafayette

Imprenta – El viejo Brooklyn

Crecimiento – Salud – Trabajo

Mi pasión por los transbordadores

Vistas de Broadway

Excursiones en ómnibus y conductores

También el teatro y la ópera

A lo largo de ocho años

Orígenes del carácter – Resultados – 1860

Inicio de la Guerra de Secesión

Levantamiento nacional y voluntariado

Sentimiento de menosprecio

Batalla de Bull Run, Julio, 1861

El estupor pasa – Algo nuevo comienza

En el frente

Después del primer Fredericksburg

De regreso a Washington

Cincuenta horas herido en el frente

Escenas de hospital con personas

El hospital de la Oficina de Patentes

La Casa Blanca a la luz de la luna

Una sala de un hospital militar

Un caso de Connecticut

Dos chicos de Brooklyn

Un valiente secesionista

Los heridos de Chancellorsville

Una batalla nocturna, hace una semana

Restos anónimos del bravo soldado

Algunos casos ejemplares

Mis preparativos para las visitas

Procesiones de ambulancias

Heridas graves – Los jóvenes

El espectáculo más apoteósico de toda la guerra

Batalla de Gettysburg

Un campamento de caballería

Un soldado de Nueva York

Música casera

Abraham Lincoln

Temporada calurosa

Soldados y conversaciones

Muerte de un oficial de Wisconsin

Conjunto de hospitales

Un paseo nocturno silencioso

Caracteres espirituales en los soldados

Manada de ganado bovino en los alrededores de Washington

Perplejidad en el hospital

En el frente

Pago de primas

Rumores, cambios, etc.

Virginia

Verano de 1864

Una nueva organización del ejército americano

Muerte de un héroe

Escenas de hospital – Incidentes

Un soldado yanqui

Prisioneros unionistas del Sur

Desertores

Un vistazo a las escenas infernales de la guerra

Regalos – Dinero – Discriminación

Asuntos de mis cuadernos de notas

Un caso del segundo Bull Run

Cirujanos del ejército – Deficiencias en el auxilio

El azul por todos lados

Un hospital modélico

Muchachos en el ejército

Entierro de una enfermera

Enfermeras para los soldados

Prófugos sureños

El Capitolio a la luz de gas

La investidura

Actitud de los gobiernos extranjeros durante la guerra

El clima – ¿Está acorde con esta época?

Baile de investidura

Escena en el Capitolio

Un yanki de época

Heridas y desastres

Muerte del Presidente Lincoln

La jubilación de Sherman – Su repentina suspensión

Ni un buen retrato de Lincoln

Prisioneros de la Unión liberados por el Sur

Muerte de un soldado de Pensilvania

Regreso de los ejércitos

El gran desfile

Soldados del oeste

Un soldado en Lincoln

Dos hermanos, uno del Sur, otro del Norte

Más casos tristes

El verdadero monumento a Calhoun

Clausura de hospitales

Soldados típicos

“Convulsividad”

Tres años resumidos

El millón de muertos, también resumido

La guerra verdadera nunca llegará a los libros

Un párrafo de Transición

Entran nuevos temas

Al entrar en la extensa carretera de una granja

Al manantial y al arroyo

Una ensoñación del verano temprano

Pájaros que migran a medianoche

Abejorros

Roya del cedro

Escenas de un verano indolente

Perfume de atardecida – Notas de la codorniz – El zorzal ermitaño

Una tarde de julio en la laguna

Cigarras y saltamontes

La lección de un árbol

Indicios otoñales

El cielo – Días y noches – Felicidad

Colores—Un contraste

8 de noviembre del 76

Cuervos y más cuervos

Un día de invierno a orillas del mar

Fantasías a la orilla del mar

En memoria de Thomas Paine

Dos horas de navegación a vela entre hielos

Oberturas de primavera – Diversiones

Una de las excentricidades humanas

Una estampa vespertina

Apertura de puertas

La tierra común, el terreno

Pájaros y pájaros y pájaros

Noches estrelladas

Gordolobos y más gordolobos

Sonidos lejanos

Un baño de sol—Desnudez

Los robles y yo

Una quintilla

La primera helada – Recuerdos

La muerte de tres jóvenes

Días de febrero

Un chirlobirlo

Luces del atardecer

Pensamientos bajo un roble – un sueño

El perfume del trébol y del heno

Un desconocido

Silbo de pájaro

Té Oswego

Nosotros tres

Muerte de William Cullen Bryant

Excursión por el Hudson

Alegría y frambuesas

Una familia ejemplar de vagabundos

Manhattan vista desde la bahía

Heroica y humana Nueva York

Horas para el alma

De color de paja y otras almas

Recuerdo de una noche

Flores silvestres

Una cortesía descuidada demasiado tiempo

Río Delaware – Días y noches

Escenas en el transbordador y en el río – Últimas noches de invierno

El primer día de primavera en la calle Chestnut

Hudson arriba hacia el condado de Ulster

Días en casa de J.B. – Fuegos en el pasto – Canciones de primavera

Encuentro con un ermitaño

Una catarata en el condado de Ulster

Walter Dumont y su medalla

Vistas desde el río Hudson

Dos zonas urbanas, a ciertas horas

Paseos y charlas por Central Park

Una buena tarde entre las 4 y las 6

Despedida de los grandes vapores

Dos horas en el Minnesota

Días y noches del alto estío

Edifico de la exposición – Nuevo Ayuntamiento – Viaje por el río

Golondrinas en el río

Comienzo una larga excursión al Oeste

En el coche cama

El Estado de Misuri

Lawrence y Topeka, Kansas

Las praderas y un discurso que no se pronunció

De camino a Denver – un incidente en la frontera

Una hora en la cumbre de Kenosha

Un ‘hallazgo’ egoísta

Nuevos sentidos—nuevos goces

La fuerza del vapor, telégrafos, etc.

La espina dorsal americana

Los parques

Rasgos artísticos

Impresiones de Denver

Giro hacia el Sur – y después al Este de nuevo

Deseos insatisfechos – el río Arkansas

Un seguidor silencioso – La coreopsis

Las praderas y las grandes llanuras en la poesía

Los Picos Españoles – la tarde en la llanura

El paisaje característico de América

La corriente más importante de la Tierra

Analogías en la pradera – la cuestión del árbol

La literatura del valle del Misisipi

Un tema de un entrevistador

Las mujeres del Oeste

El general silencioso

Los discursos del Presidente Hayes

Apuntes de San Luis

Noches en el Misisipi

En nuestra propia tierra

Importancia de Edgar Poe

Septeto de Beethoven

Un atisbo de naturaleza salvaje

Haraganeo en el bosque

Una voz de contralto

Vista del Niágara desde lo alto

Excursión a Canadá

Domingo con los dementes

Recuerdo de Elias Hicks

Gran crecimiento de la población nativa

Una aduana entre los Estados Unidos y Canadá

El cauce del San Lorenzo

El salvaje Saguenay

Cabos Eternidad y Trinidad

Chicoutimi y la Bahía de Ha-ha

Los habitantes—La buena vida

Como bayas de enebro – Nombres (de vuelta a Camden y viaje a Jersey)

Muerte de Thomas Carlyle

Últimos pensamientos y notas – Carlyle

Una pareja de amigos – un fragmento de Coleridge

Una visita de una semana a Boston

El Boston de hoy

Mi homenaje a cuatro poetas

Pinturas de Millet – Últimos artículos

Pájaros – y una precaución

Muestras de mi libro sobre lugares comunes

Arena y sal nativas una vez más

Tiempo caluroso en Nueva York

El último encuentro de Custer

Algunos viejos conocidos – Recuerdos

Un descubrimiento de la edad madura

Una visita, por fin, a R.W. Emerson

Otras anotaciones de Concord

El ejido de Boston – Más de Emerson

Una noche osiánica – Los amigos más queridos

Solo un nuevo transbordador

Muerte de Longfellow

Periódicos que comienzan

La gran inquietud de la que formamos parte

En la tumba de Emerson

Escritura actual – Personal – Carta a un amigo alemán – Extracto

Después de intentar cierto libro

Confesiones finales – Pruebas literarias

Naturaleza y democracia – Moralidad

BIBLIOGRAFÍA

Agradecimientos

La traducción y la introducción se han beneficiado de la lectura atenta y del consejo de unos cuantos amigos. Margarita Rigal, Emilio Cañadas, José Ramón Ibáñez, José Francisco Fernández, Beatriz González leyeron la traducción y me indicaron valiosas sugerencias. Carmelo me ayudó a encontrar palabras que nombran la naturaleza. Araceli no tuvo empacho en leerse todo el manuscrito dos veces en busca de gazapos. Queden aquí consignados sus nombres en agradecimiento a una labor que, en algunos momentos, mi celeridad tiende a dejar de lado.

Quede también constancia de la ayuda económica que la Universidad de Valladolid me brindó en 2015 gracias a una ayuda a la movilidad para investigadores financiada por el Banco de Santander. Gracias a ella pude pasar el verano de 2015 en Center for Humanities and the Arts de la Universidad de Colorado en Boulder. A su director, Helmut Müller-Sievers, y a Paula Anderson, que se ocupó siempre de que tuviera acceso a todos los recursos de la Universidad, he de agradecerles que pudiera pasar allí ese dulce tiempo de investigación. Los bibliotecarios de la Universidad de Colorado resolvieron mis dudas y pusieron a mi disposición todos los recursos de la biblioteca, más vacía de lo común en esos meses estivales. Quede también consignado mi agradecimiento al CEI Patrimonio de la Universidad de Almería por su apoyo en la realización de la traducción y la edición.

En fin, no puedo olvidar a Carme Manuel, directora de la Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans, que desde el inicio apoyó este libro y esperó con calma las demoras sucesivas. Ojalá la espera haya merecido la pena.

Nota sobre la traducción

El texto original que he utilizado para la traducción es el de la edición que Floyd Stovall fijó para las obras completas de Walt Whitman, publicadas por la Universidad de Nueva York bajo el cuidado de los editores Gay Wilson Allen y Sculley Bradley: Walt Whitman. Prose Works 1892. Volume 1, Specimen Days, edited by Floyd Stovall. New York, 1963. En esta edición Stovall da noticia del origen de cada una de las entradas. He decidido incorporar esa información en nota a pie de página para que el lector no tenga que consultarla allí.

Abreviaturas

En la introducción cito varias obras de Whitman en forma abreviada. Estas son las referencias:


CPP: Whitman, Walt. Complete Poetry and Collected Prose. Edited by Justin Kaplan. The Library of America, 1982.
NUPM: Whitman, Walt. Notebooks and Unpublished Prose Manuscripts. 6 vols. Edited by Edward F. Grier. New York University Press, 1984.
DN: Whitman, Walt. Daybooks and Notebooks, 3 vols. Edited by William White. New York University Press, 1978.
PW: Whitman, Walt. Prose Works 1892. 2 vols. Edited by Floyd Stovall. New York University Press, 1963-1964.
Corr.: Whitman, Walt. The Correspondence of Walt Whitman. 6 vols. Edited by Edwin Haviland Miller. New York University Press, 1961.
WWC: Traubel, Horace. With Walt Whitman in Camden, 9 vols., 1906-1996.


El poeta y la creación de una persona

A Walt Whitman lo asociamos, no sin razón, con un único libro de poemas, Hojas de hierba, inmenso, variado, cambiante, y con Nueva York. Queda para la posteridad como el poeta americano, algo que él deseó toda su vida y en lo que empeñó sus esfuerzos. No se debe esta preeminencia literaria, como pensaban algunos, a la escasez de autores en Estados Unidos ni tampoco a que la mayoría de las obras fuesen en su tiempo de clara impronta europea. Por el contrario, si bien, el número de poetas no es abundante en el país, aunque tampoco podemos decir que es escaso, las obras que escribieron son, en un gran número, fundamentales para la literatura universal en los siglos XIX y XX. En cuanto a la dependencia europea, si por algo se distingue Hojas de hierba es por marcar el momento de cambio más importante en la poesía norteamericana al proponer una forma poética y unos temas propiamente americanos. En realidad muchos de los temas pertenecen a la tradición literaria. Ocurre que Whitman los combina con otros tales como la democracia y logra darles un giro totalmente nuevo.

En las páginas que siguen iré desarrollando esa vida que da lugar a una obra única de gran fuerza que, en gran medida, ha influido en el desarrollo de la poesía americana, y en este caso me refiero a Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, y también, de manera más o menos consciente, directamente o vía otros poetas norteamericanos, en Europa. Para ello tomo como base las biografías del poeta y que consigno en el apartado bibliográfico correspondiente, aunque el peso recae sobre todo en la que Jerome Loving publicó en 1999, Walt Whitman. The Song of Himself, y la de David S. Reynolds, Walt Whitman’s America. A Cultural Biography de 1995. Asimismo, tengo en cuenta la de Gay Wilson Allen, una extraordinaria biografía que aún mantiene su vigencia a pesar de los descubrimientos que desde entonces se han ido haciendo de la vida de Whitman.

Walt Whitman nace en West Hills, Huntington Township, en el estado de Nueva York el 31 de mayo de 1819 de padre constructor y madre ama de casa. Es el segundo hermano de siete. Los restantes son Jesse (1818-1870), Mary Elizabeth (1821-1899), Hanna Louisa (1823-1908), Andrew Jackson (1827-1863), George Washington (1829-1901), Thomas Jefferson (1833-1890), y Edward (1835-1892). Llama la atención que los nombres de los tres hermanos que le siguen sean los de sendos presidentes de los Estados Unidos. Es indicativo del clima político de entonces como consecuencia de la guerra de 1812 contra Gran Bretaña y de los sentimientos patrióticos de la familia. La familia Whitman tenía su origen en Long Island. Allí habían llegado desde Gran Bretaña y Holanda los primeros familiares y allí se establecieron. En 1881 Whitman hace un viaje con Richard M. Bucke para visitar el lugar de sus antepasados y deja constancia de ello en su diario (NUPM I, 4-41). En cualquier caso, Long Island queda como un elemento de gran fuerza poética por lo que tiene de génesis estética. Así lo deja entrever en uno de los capítulos de Días ejemplares, “Paumanok, juventud y adolescencia” (PW I, 10-12) o en “Saliendo de Paumanok” poema que abre Hojas de hierba. El reconocimiento de sus orígenes europeos, sin embargo, no le restan lo más mínimo de sentimiento americano, como bien puede apreciarse en los versos de “Canto de mí mismo”: “Born here of parents born here from parents the same, and their parents the same” (CPP 188).

Asistió a la única escuela pública que había en Brooklyn, adonde se habían mudado los padres en busca de trabajo en 1823. Estas escuelas públicas la gente las consideraba de la beneficencia y, sobre todo en Brooklyn, imprimían un estigma social bastante acusado en los niños. Estudiaban la Biblia, gramática, ortografía, redacción, léxico, aritmética y geografía, todo en un ambiente de disciplina casi militar en el que los profesores pedían a sus alumnos que simplemente memorizaran las lecciones. En cualquier caso, a los once años abandonó el colegio para ponerse a trabajar como chico de los recados para dos abogados de prestigio, James B. Clark y su hijo Edward, en Fulton Street, Brooklyn. Este temprano inicio en la vida laboral fue la consecuencia de los cambios que se dieron en la construcción y al cambio paulatino a una economía capitalista, alejada del modelo agrario jeffersoniano, a nada de lo cual el padre supo adaptarse. Para bien o para mal, el joven Whitman tuvo que enfrentarse desde muy joven a cuestiones de clase y políticas, que además de imprimir un sesgo socialista, dentro de unos límites, a su manera de ver la vida, le sirvió más tarde en su trabajo como periodista. Por fortuna los Clark, en concreto el hijo, le siguió dando clases de redacción y le regaló una suscripción a una biblioteca en la cual el poeta leyó Las mil y una noches o Robinsón Crusoe. Así, si la educación formal había acabado a los once años, la informal comenzó a esa edad y se unió a eso que llamamos enseñanzas de la vida. No duró mucho en ese trabajo, un año escaso, y luego de estar trabajando para un médico también en Brooklyn, logró que Samuel E. Clements lo contratara para trabajar en su imprenta. Clements era también el editor de Long Island Patriot. Aquí inicia su carrera como impresor y como periodista, pues ambas cosas fue. Sin duda, el trabajo de linotipista le obligó a escribir sin faltas de ortografía; la compañía de Clements enseñó a escribir sobre políticos locales y otra gente. Whitman no fue el primero en aprender su oficio de escritor en una imprenta y en una redacción de periódico. Ya antes que él, Benjamin Franklin había pasado por lo mismo, y después vendrían Mark Twain, William Dean Howells o Theodore Dreiser. Cabe poca duda de que el interés que Whitman mostró toda su vida por la composición de las páginas y por la estricta supervisión de sus libros de poesía tienen su origen en estos años en que fue impresor, que le inculca, en concreto, William Hartshorne, otro impresor con quien estuvo después de trabajar con Clements y antes de hacerlo en el Long Island Star. Este periódico era de orientación conservadora, algo que a Whitman no pareció importarle mucho en ese momento, a pesar de sus ideas socialistas, pues lo que verdaderamente le importaba entonces era aprender el oficio.

Con la crisis económica de 1837 la familia Whitman regresó a Long Island y allí Walt, en un giro sorprendente, trabaja como maestro en algunas escuelas de la zona. Le pagaban poco pero a cambio los padres de los alumnos se encargaban de alojarlo en sus casas y de darle la manutención. Por lo que cuenta en su correspondencia y por los frecuentes cambios de escuela, es evidente que no le gustaba mucho el trabajo y que tampoco era muy bueno en ello. Entre 1836 y 1841 enseñó en ocho escuelas. Es durante estos años cuando se forma un rasgo distintivo que lo acompañaría el resto de su vida y que tiene su reflejo en “Canto de mí mismo”: “I loafe and invite my soul/ I lean and loafe at my ease observing a spear of summer grass” (CPP 188). Según el testimonio de los alumnos era una persona a la que el tiempo, el dinero o el trabajo no le preocupaban demasiado; una persona, en el fondo, que tenía poco interés en trabajar para hacer dinero y que prefería tener tiempo libre para dedicarlo a su principal menester, la poesía.

En 1838 vuelve a Huntington y funda el Long Islander movido tanto por su interés por la impresión como por el periodismo, una tarea que sería otra de sus grandes vocaciones. Entre 1841 y 1849 trabaja en The New World, Aurora, Evening Tattler, Statesman, Democrat, Mirror, Evening Star, Daily Eagle y Weekly Freeman, además de colaborar intermitentemente en otros. Todos estos periódicos se localizaban en Brooklyn o en el área de la ciudad de Nueva York. Hay una excepción, sin embargo. Entre febrero y mayo de 1848, viaja con su hermano Jeff a Nueva Orleans para dirigir el Daily Crescent. La estancia es breve pero allí vería la situación de los esclavos en una ciudad en que la esclavitud era legal. Sería testigo, hay pocas razones para dudarlo, de las subastas de aquellos que tenían lugar en el mercado cercano al puerto.1

Los críticos suelen señalar que los años de periodista le ayudaron en la conformación de su estilo poético. Tener la atención pegada a la vida cotidiana le enseñó a escribir sobre temas concretos y a dejar las abstracciones de lado. Además de artículos periodísticos y de editoriales, Whitman publica por esos años ensayos, entre los que figura el conjunto titulado “Periódico vespertino, desde la mesa de un maestro de escuela”, publicado entre el 29 de febrero de 1840 y el 20 de julio de 1841 en Hempstead Inquirer en Jamaica. Son escritos moralistas que previenen contra los peligros del tabaco, del materialismo, de los dogmas religiosos. También escribe contra el alcoholismo, problema que le resultaba familiar por afectar a su padre y a algunos de sus hermanos, quizás incluso a él mismo, señala Loving, durante su época bohemia en Nueva York. El resultado de su implicación en el asunto de la prohibición de las bebidas alcohólicas es Franklin Evans (Franklin Evans; or the Inebriate: A Tale of the Times), publicada en noviembre de 1842 en New World, y escrita para la gente y no para los críticos, según el propio Whitman reconoció cuando le llegaron las malas críticas. Fue un encargo de Park Benjamin and James Aldrich, dos personas destacadas en el movimiento por la sobriedad, tan importante en Estados Unidos en esos años. Al final de su vida reconoció a Traubel que era muy mala (WWC, I: 93). Sin embargo, fue una novela que tuvo éxito y que sirvió de ayuda económica al autor. En 1852 publicó Vida y aventuras de Jack Engle en capítulos en el Sunday Dispatch. La novela había pasado desapercibida hasta 2017 en que un estudiante de posgrado la descubrió. La novela incluye varios modos: el sentimental, el de aventura, el sensacionalismo, la parábola, lo autobiográfico, lo picaresco. En fin, una novela cercana, no solo en el tiempo, a Hojas de hierba. En las dos aparece un universo multitudinario. Además su descubrimiento obliga a repensar la carrera de Whitman, pues en 1852, el poeta ya estaba inmerso en su escritura poética. A pesar de que no es mala novela, Whitman nunca quiso saber, ya en su vejez, nada de su prosa, como señala en la introducción a Colectánea. Queda así en suspenso que fuera el conocimiento de la obra de Ralph Waldo Emerson, de quien hablaremos más tarde, y la atención que presta tanto a Long Island como a Manhattan, lo que le permiten salir de lo que entonces parecía el callejón sin salida de la literatura popular y sentimental.

La vida en Brooklyn y en Manhattan, digámoslo de paso, le ofrece también algunas diversiones culturales y otros entretenimientos que luego pasarán a su obra literaria de un modo u otro. Desde los paseos en tranvías y barcos que rememora en Días ejemplares hasta su asistencia al teatro y la ópera, espectáculo del que disfrutaba con gran pasión. La asistencia a los mismos se debe, en cierta medida, a que la división rígida entre alta y baja cultura aún no existía y la gente no experimentaba ningún sentimiento de extrañeza si iba al teatro una semana, la siguiente a la ópera y más tarde a espectáculos populares y burlescos. En los teatros de Manhattan vio a quien se convirtió en su actor favorito, Junius Brutus Booth y los dramas Ricardo III, El rey Lear o Coriolano. Hay críticos, Reynolds entre otros, que han hablado de los rasgos performativos de Hojas de hierba. Según Reynolds, es difícil entender su poesía si no tenemos en cuenta el trabajo interpretativo de los actores de su época (160-162). También los oradores de su tiempo influyeron en su estilo (173-175), en gran medida en la relación que autor y lector mantenían, que Whitman convirtió en un elemento central de su poesía cuando en el poema “¡Hasta siempre!” dejó escrito: “Camerado, this is no book,/ Who touches this touches a man” (CPP 611). Tuvo la fortuna de vivir en la edad de oro de la oratoria americana, cuando los oradores tenían gran predicamento social y, entre otros, descollaban Daniel Webster, Henry Ward Beecher, o Cassius Marcellus Clay, por no hablar de Emerson. Pero quizás el entretenimiento favorito fuese la música. En un principio, en la década de los 40 y acorde con la impronta nacionalista de su pensamiento político, prefería aquella que tuviera raíces americanas, que utilizara el idiolecto americano y tuviese sentido para los propios americanos. Esto lo encontró en los grupos de música popular afroamericana, los llamados minstrel troupes. Algunos de estos grupos eran familias completas que se dedicaban a la música, otros eran grupos de negroamericanos que ponían en escena canciones que trataban, de forma poco realista, la vida de dicho grupo racial. Este tipo de espectáculos fue el que lo condujo a la ópera donde descubrió una música que unía arte y sentimiento. Hay que decir que Whitman se benefició del interés que se despertó en los Estados Unidos por la música clásica y que llevó al país a los mejores músicos europeos del momento en la década de los cincuenta. Allí presenció representaciones de ópera italiana en las interpretaciones de Cesare Badiali, Allesandro Bettini, Giulia Grisi, Balbina Steffanone, Marietta Albinoni y Anna De La Grange.

Junto al periodismo vino su implicación directa en la política en las filas del Partido Demócrata haciendo campaña a favor de Martin van Buren. Los años anteriores a la Guerra Civil, en realidad los años entre la guerra contra México y la guerra civil son un período apasionante en la política americana entre otras razones por los cambios en los partidos políticos. Es el tiempo en que el Partido Whig se convierte en el Partido Republicano. También es la época del movimiento nacionalista de la Joven América (Young America), en que los nacionalistas que querían restringir o eliminar del todo los derechos de los inmigrantes, en especial de los irlandeses y de los católicos; los años en que conviven los abolicionistas (Free Soilers, Barnburners) y quienes querían mantener el status quo de la esclavitud cuando no querían aumentar sus dominios con Cuba y parte de Centroamérica, Nicaragua entre otros países (Macpherson, 47-144). En todos estos asuntos Whitman tomó partido siempre desde las filas demócratas. También esto formó parte de su educación sentimental y literaria, pues mal puede entender el lector la devoción que Whitman tuvo por Abraham Lincoln y su determinación de trabajar por mantener unidos todos los estados en contra del intento secesionista de la Confederación si no tenemos en cuenta ese compromiso político que, en cierto sentido, traspasó luego a la poesía.

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