Czytaj książkę: «Pedagogía de la formación doctoral»
PEDAGOGÍA DE LA FORMACIÓN DOCTORAL
Si bien la tarea de dirigir una tesis es una actividad reconocida en el ámbito universitario, los directores hablan poco acerca de “sus maneras de hacer”. Se asume que un profesor universitario con el título de doctor está habilitado para dirigir doctorandos: haber sido dirigido lo autoriza a dirigir. Así, suele suceder que dicha práctica queda librada a los estilos personales de los profesores que la asumen y no es habitual compartir aciertos y desaciertos entre pares.
En este libro, directores de tesis de diversas disciplinas y países relatan sus biografías profesionales en primera persona. A partir de un ejercicio de escritura personal, cada uno de ellos convierte su práctica de dirigir tesis en una reflexión sobre lo vivido; una reflexión introspectiva, crítica y, a su vez, delicadamente sensible que invita al lector a adentrarse y, acaso, identificarse con cada relato.
Desde hace más de diez años, la pedagogía de la formación doctoral en la Argentina ha avanzado siguiendo los desarrollos investigativos de otros países, se ha apoyado y enriquecido con ellos y ha mantenido un intercambio sostenido con colegas que estudian e indagan sobre temas afines a la formación en este nivel del posgrado. Prueba de ello son los profesores invitados a conformar este colectivo de escritura.
Viviana Mancovsky. Profesora en Enseñanza Primaria, licenciada en Ciencias de la Educación de la Universidad de Buenos Aires y doctora en Educación por la Universidad Paris X (Nanterre, Francia) y por la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios de posdoctorado en la Universidad de Málaga (España). Actualmente, es profesora de las carreras de Educación de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín y es asesora pedagógica de la Secretaría Académica de la Universidad Nacional de Lanús.
VIVIANA MANCOVSKY
editora
PEDAGOGÍA DE LA FORMACIÓN DOCTORAL
Relatos vitales de directores de tesis
Claudine Blanchard-Laville
Mireille Cifali
María Guadalupe Moreno Bayardo
Viviana Mancovsky
Sônia María Rocha Sampaio
Mabela Ruiz Barbot
Luis Sime Poma
Marta Souto Aida María Torres Alfonso
José de la Cruz Torres Frías

Índice
Cubierta
Acerca de este libro
Portada
Agradecimientos
Prólogo, por Viviana Mancovsky
Primera parte Pedagogía de la formación doctoral: el camino recorrido, por Viviana Mancovsky
Segunda parte. Relatos de experiencia de los directores de tesis 1. Mi experiencia como “directora” de tesis, por Claudine Blanchard-Laville (Université Paris-Nanterre, Francia) 2. Acompañar un proceso de construcción de saber en el marco de la escritura de una tesis, por Mireille Cifali (Université de Genève, Suiza) 3. Una forma de entender y de vivir la relación de tutoría: mis experiencias como directora de tesis en posgrado, por María Guadalupe Moreno Bayardo (Universidad de Guadalajara, México) 4. Conduzir para a outra margem do rio: a tarefa acadêmica de orientação e suas vicissitudes, por Sônia Maria Rocha Sampaio (Universidade Federal da Bahia, Brasil) 5. Un camino propio y ajeno: ir con otro en el posgrado, por Mabela Ruiz Barbot (Universidad de la República, Uruguay) 6. Reflexiones en el camino como formador en investigación educativa, Luis Sime Poma (Pontificia Universidad Católica del Perú) 7. Entre el arte, la ciencia y la pedagogía: la dirección de una tesis, por Marta Souto (Universidad de Buenos Aires, Argentina) 8. Huellas de la matemática en la relación formativa entre director de tesis y tesista, por Aida María Torres Alfonso (Universidad Central Marta Abreu de las Villas, Cuba) 9. Dirigir tesis con exigencia académica y calidez humana en el doctorado: ¿es posible?, por José de la Cruz Torres Frías (Centro Universitario del Norte de la Universidad de Guadalajara, México)
Epílogo. ¿“Confesiones”? Breves reflexiones para reconocer un género literario vital, por Viviana Mancovsky
Los autores
Créditos
Agradecimientos
A Gustavo Bombini por su confianza y por la lectura detallada de los borradores de este libro, aportando sugerencias y comentarios que me desafían a “seguir pensando” y, a su vez, disfrutar del oficio de la escritura.
Prólogo
Viviana Mancovsky
Este libro pone de relieve la vitalidad de una práctica conocida y difundida en los ámbitos académicos y universitarios: la dirección de tesis de doctorado. Los estudiantes muestran una preocupación genuina en torno a este tema. “¿Quién te dirige?”, “¿Te aceptó tal profesor?”, “¿Con quién estás haciendo la tesis?” son algunas preguntas habituales que se escuchan en sus intercambios formales o espontáneos. Más aun, el acuerdo de trabajo con un director de tesis y la posterior relación que se establece suelen ser relatadas por ellos con un gran nivel de detalle a lo largo de toda su trayectoria formativa.
En contraposición, los directores de tesis hablan poco de su práctica. A veces, entre colegas intercambian acerca de la cantidad de tesistas que cada uno dirige, relatan cierta satisfacción o cierto cansancio según los momentos del trabajo, comentan la proximidad de una defensa o la búsqueda de miembros para un jurado. No suele ser común escuchar a los directores contar acerca de lo qué hacen cuando dirigen, en qué consiste ese hacer, cómo aceptan un nuevo doctorando, qué criterios priorizan, cuáles son sus expectativas, cómo acompañan las diferentes etapas de una investigación y de qué forma orientan la escritura de la tesis. Parecería ser que cada uno dirige como cree más conveniente y no es habitual compartir estilos, puntos de vista, aciertos y desaciertos. Si bien se trata de una práctica reconocida y valorada en el ámbito universitario, forma parte de un saber hacer naturalizado y poco problematizado institucionalmente. Un saber hacer “personal” y de cada uno.
En este libro, sí hablan los directores de tesis y lo hacen en “primera persona”. Más allá de ser sujetos de enunciación de sus saberes académicos y ser reconocidos por ello, se asumen en la singularidad de sus prácticas y, desde sus relatos, despliegan la riqueza de sus maneras de hacer y sus estrategias. Junto con ellas, comparten sus momentos de asombro y desilusión, sus dudas y sus temores, sus alegrías y sus logros, así como también recuerdos y pequeñas anécdotas. A partir de un ejercicio de escritura personal, íntima y por momentos intimista, construyen con sus palabras una suerte de espejo para reflejarse. En ese adentrarse, se animan a narrar sus experiencias. Convierten su práctica de dirigir tesis doctorales en una reflexión sobre lo vivido. Reflexión que hace experiencia a partir de un acto de introspección. Reflexión fundada. Crítica y autocrítica. Sensible. Honesta. Atractiva. Llena de afecto. Ética.
En función de este planteo, me propuse recuperar la singularidad de las voces de los directores de tesis, invitados a un encuentro colectivo, mediado por la escritura. Parte de este libro es fruto de esa convocatoria.
Por otra parte, quisiera presentar el contexto en el cual he venido planteado el estudio sobre la dirección de tesis doctorales. Este se encuadra en una línea de investigación que hace más de diez años inicié en el marco de una pedagogía de la formación doctoral. El núcleo de esa pedagogía está conformado por:
un sujeto y su disposición a formar-se, aventurando una trayectoria singular a recorrer, con mayor o menor conciencia de ello; trayectoria que le exige la realización de una tesis doctoral que, a la vez, recrea la puesta en marcha de una investigación académica;
un encuadre institucional que funciona como marco de formación disponible, ofreciendo determinadas condiciones a partir de un programa de estudio específico;
un director de tesis que es requerido para el seguimiento, la orientación y el acompañamiento de los aprendizajes singulares que lleva adelante el sujeto en formación en función de su proyecto de investigación.
A partir de este contexto, la obra comprende dos partes complementarias entre sí. La primera adopta la forma de una narración que cuenta la trayectoria investigativa en torno a la pedagogía de la formación doctoral. En ella comienzo por exponer mi interés por el tema y sintetizo los proyectos de investigación realizados bajo mi dirección junto con los equipos de trabajo que han enriquecido la tarea y algunos de los intercambios entablados con profesores de otras universidades en el extranjero. Asimismo, menciono la realización de una beca posdoctoral que me permitió avanzar con esta temática de estudio. Esta primera parte culmina con la inclusión de dos momentos elegidos para introducir “la voz” de los directores de tesis recuperando sus reflexiones, puntos de vista y apreciaciones al disponerse a analizar su práctica de dirigir.
En este relato sostengo el propósito de dar a conocer y sistematizar la trayectoria de una línea de investigación que, si bien ya cuenta con un cierto recorrido, no ha tenido una gran difusión, a nivel local, al interior del mundo académico encargado de formar “doctores”, sujetos en situación de aprendizaje. La pedagogía de la formación doctoral, como línea de investigación, ha avanzado lentamente siguiendo los desarrollos investigativos de otros países, se ha apoyado y enriquecido con ellos y ha mantenido un intercambio sostenido con colegas que han estudiado, trabajado y/o reflexionado sobre temas afines a la formación en el nivel del posgrado. Lo atestiguan los profesores invitados a conformar este “colectivo de escritura” plasmado en la segunda parte del libro.
En relación con la trayectoria narrativa que realizo sobre la pedagogía de la formación doctoral, quisiera hacer una aclaración. Como suele suceder, toda investigación académica enmarcada en contextos institucionales exige la instancia de publicación de avances y resultados. Dado que este proceder fue puesto en práctica a lo largo de más de diez años, en este relato retrospectivo aparecen ideas, reflexiones, marcos teóricos consultados y análisis de datos que fueron publicados paulatinamente en distintos medios o comunicados en diversos eventos académicos. Por lo tanto, se verá que algunos de los diferentes desarrollos que sintetizo fueron elaborados individualmente o con los equipos de investigación, fueron publicados y están referenciados a pie de página.
La segunda parte del libro nace a partir de los intercambios entablados con los profesores colegas interesados en esta línea de investigación. Colegas pertenecientes a diferentes contextos institucionales, culturales y nacionales. Y, más lejano aun en el tiempo, profesoras eméritas, de reconocida trayectoria, con quienes me he formado y he mantenido un diálogo sobre mis intereses de estudio centrados en el acompañamiento de la formación doctoral. De todos esos intercambios, guardo el recuerdo por el disfrute del pensar compartido. El buscar, provocar y acordar el encuentro con un otro que está investigando y/o realizando la misma tarea para pensarla juntos. El detenerse y provocar la pausa. El escuchar, escucharse, y ese devenir acompasado del “escucharse diciendo”: una coreografía espontánea de ideas propias y ajenas. Un dejarse llevar por el movimiento del análisis compartido. Un elucubrar a “media voz” que el otro ayuda a enunciar y a hacer más comprensible. La construcción de ideas nuevas, de difícil borde entre lo de uno y lo de otro. En esos bordes, florece justamente la esencia del compartir el pensar. Luego, el despedirse físicamente, que deja la marca de la satisfacción por el trabajo realizado. El entusiasmo por querer seguir compartiendo la pasión por el estudio y la investigación, más allá de la distancia. La huella de una amistad profesional.
¿Quiénes son los directores de tesis convocados a este encuentro de escritura? Confluyen en esta convocatoria colegas de diferentes países con quienes he compartido la preocupación por indagar y estudiar esta práctica y la complejidad que ella encierra. Todos ellos son doctores del campo de las ciencias de la educación con trayectorias y/o dedicaciones distintas en tareas de enseñanza, investigación y gestión universitaria. Asimismo, acreditan una formación universitaria en disciplinas variadas, tales como la matemática, la didáctica de la matemática, la sociología, la historia, el psicoanálisis y, en su mayoría, las ciencias de la educación. Pertenecen o han pertenecido a instituciones universitarias con culturas y programas formativos diferentes según sus países. Algunos colegas tienen años de experiencia en la práctica de dirigir doctorandos y están cerrando su carrera profesional; otros ya han sido reconocidos con el título de profesor emérito y otros están afianzándose en el desempeño de dicha tarea. Sus relatos se nutren de la riqueza que aportan todas estas diferencias. A ellos me dirigí para invitarlos a construir un texto colectivo en el marco de una pedagogía de la formación doctoral.
Convoqué a todos los colegas a un imaginario encuentro alrededor de una “mesa común de escritura”. Desde ese lugar, les compartí algunas ideas o pautas orientativas para desplegar sus relatos singulares con el propósito de alcanzar una composición armoniosa de voces. Fueron justamente eso: ideas disparadoras para la reflexión en torno a un relato de vida profesional en el cual se sugería también recuperar su experiencia previa de estudios de doctorado. Algunas de esas ideas a modo de interrogantes fueron las siguientes: ¿Cómo me veo dirigiendo? ¿Cómo definiría “mi estilo personal” de acompañamiento? ¿Cómo ha ido evolucionando y modificándose mi estilo? ¿Puedo evocar recuerdos, pequeñas anécdotas, momentos de satisfacción, de dificultad o de tensión; más aun, de fracaso o imprevistos en la temporalidad de un acompañamiento? ¿Atesoro reflexiones o comentarios que me han marcado hasta el presente? ¿Reflexiones abiertas, por seguir pensando? ¿Qué recuerdos guardo de mi experiencia de haber sido dirigido? ¿Cómo ha sido el vínculo con mi director y qué aprendí de él? ¿Cómo construyo cada nueva relación formativa? ¿Puedo registrar sensaciones, sentimientos, etapas, dificultades, aciertos a lo largo de ese tiempo? ¿Qué se pone en juego de parte de cada uno de nosotros (tesista y director)? ¿A qué trato de prestarle más atención en las primeras reuniones de un nuevo acompañamiento? ¿Cómo podría describir el proceso recorrido juntos?
Acordamos, también, un tono ensayístico de sus relatos. Si bien la teoría podía aparecer y acompañar alguna de las ideas que fundamentan su práctica, no le otorgaríamos un lugar protagónico. En síntesis, les propuse que dichas narraciones estén centradas en su biografía profesional.
Por último, deseo agregar una precisión necesaria acerca de la temporalidad de la escritura del libro. Comenzó como un proyecto posible hacia fines de 2018, en Guadalajara, a partir de algunas conversaciones informales con algunos colegas que hoy aportan su relato a estas páginas. Atravesó algunos períodos de interrupción y luego, retomó el impulso final en el complejo e inédito 2020 que nos desafió, como nunca, a recrear, adaptar y revisar nuestras prácticas profesionales. En ese año sobrevino la interrupción de nuestras rutinas habituales y cotidianas. Nuestras maneras de ser, andar y relacionarnos. Dado que algunos relatos fueron enviados antes de este momento actual de pandemia y otros, durante este acontecimiento mundial, convinimos en no referir ni adentrarnos en los cambios, que todos nos vimos obligados a realizar, para llevar adelante la tarea de dirigir tesistas. Es decir, acordamos no incluir relatos atravesados por la coyuntura impuesta por la pandemia de covid-19. Sin embargo, no puedo dejar de mencionar que este libro cobra impulso en este contexto. Contexto obligado en el cual el encuentro, el intercambio cara a cara y el compartir eventos académicos se vieron vulnerados por la necesidad de aislarnos. En dicha realidad retomé y finalicé este proyecto de escritura colectiva como deseo y posibilidad de mantenernos cerca, a pesar de este prolongado confinamiento mundial.
Para terminar, quisiera hacer un breve comentario a partir del momento en el cual comencé a recibir los aportes de cada autor. Al leer su escritura, su mirada introspectiva fue reveladora para mí. La intensidad de lo narrado, el detenimiento, el poner en palabras emociones de las cuales no se suelen pensar ni hablar en la academia, me resultaron de una gran calidez y, a la vez, un ejercicio de honestidad personal y profesional que me sorprendió. En los relatos hay momentos de incertidumbre, angustia, satisfacción, vínculos que llegan a buen puerto y otros que aún guardan asuntos pendientes… A medida que fui leyendo los escritos, sentí que redescubría a la persona que había invitado a esta mesa de escritura colectiva.
Mientras que la tarea de dirigir apunta al acompañamiento de una escritura específica, en formato tesis, que responde a los requisitos formales académicos, estos relatos personales no son narraciones que exponen resultados ni conclusiones. Todo lo contrario. No son textos acabados. Son relatos que tienen vida y, como tales, invitan a ser recreados a partir de la lectura que cada lector entable con quien escribe.
Seguramente, estas “confesiones” relatadas con toda su humanidad a cuestas revitalicen las prácticas de quienes se encargan de dirigir sujetos en formación. Si esto es así, el propósito de desnaturalizar y problematizar dicha práctica, reconocida y valorada académicamente, en el marco de una pedagogía de la formación doctoral, será alcanzado.
PRIMERA PARTE
Pedagogía de la formación doctoral: el camino recorrido
Viviana Mancovsky
La experiencia “en movimiento” como punto de partida
En su libro Le vouloir de la création (1999), Gérard Mendel sostiene que un investigador, sobre todo si pertenece al campo de las ciencias sociales, debería vincular sus temas de investigación a los acontecimientos de su biografía. El autor afirma que las ideas y las preguntas se enraízan en lo concreto de la vida y en la personalidad. Por ello, debe mantenerse disponible y poder escucharse. Esta reflexión me resuena hace tiempo para fundamentar y hacer visibles los motivos y los intereses personales que esbozan y trazan caminos de estudio y procesos investigativos.
Estoy convencida de que el origen de mi interés por investigar en el nivel del doctorado desde los sujetos que lo transitan nace en mi propia experiencia de formación, en mi reflexión a posteriori y recurrente de lo vivido.
Mi experiencia resultó ser tan intensa, en tan variados y amplios sentidos, que pude ir redescubriéndola de a poco y con el paso del tiempo. Creo que lo que me ha asombrado –y me permitiría aun usar el tiempo presente–, me asombra, es la transformación personal y paulatina al asumirme como creadora y autora de saberes fundados. Me asombra el posicionamiento de poder “dar cuenta” de lo realizado con voz propia. Me asombra el largo plazo de la experiencia vivida. Los momentos prolongados de esfuerzo, de concentración, de búsqueda, de desorientación y de angustia. El ir paso a paso y, a veces, el retroceder. El sentir la duda vacilante del “¿podré llegar?”. Me asombra la relación de acompañamiento construida con mi director y con mi codirectora de tesis. Me asombra el hecho de haber podido conjurar la soledad que exige la creación. Me asombra la alegría de haber podido.
Preciso aclarar que casi toda mi trayectoria de formación de posgrado, de la maestría y del doctorado, fue a partir de mi condición de estudiante extranjera en una universidad francesa y, naturalmente, a partir del manejo de otra lengua, lejana a la materna, entre 1994 y 2003.1
Vuelven a mí las palabras que escribí en las primeras páginas del libro La formación para la investigación en el posgrado que publiqué en 2015:
Al terminar un proyecto de formación de posgrado, como lo es un doctorado, los sujetos diplomados, flamantes “doctores”, suelen expresar con cierta extrañeza que el efecto de la experiencia de formación aún no terminó, que todavía quedan “cosas por seguir pensando”. Al revisar dicha experiencia, cada vez le encuentran sentidos nuevos: relecturas y comprensiones más finas, escritura que se quisiera retocar de la tesis presentada, diálogos que se recuerdan con el director de tesis, colegas de estudio, profesores y el jurado de la defensa. Como si esa experiencia vivida no acabara, como si no tuviese un cierre […] Como si permanentemente se estuviera moviendo. (Mancovsky, 2015: 7)
En ese revisar propio y singular de mi experiencia se fue gestando un nuevo objeto de investigación. Justamente, esta experiencia “en movimiento” y mis preguntas renovadas se convirtieron, hace un poco más de diez años, en un nuevo objeto de estudio de sumo interés personal para mí. En paralelo, el ofrecimiento de nuevas propuestas laborales, centradas en mis primeras prácticas como docente de posgrado “novel” en algunas universidades nacionales y del extranjero, se articuló con mi motivación por abordar esta nueva temática de investigación.
Presupuestos y primeros pasos hacia la conformación de una línea de investigación novedosa
Desde el inicio, fui definiendo nuevas preguntas sobre las problemáticas que atraviesan los sujetos que deciden iniciar los estudios de doctorado. Mi interés se centró en el estudio de la perspectiva de los sujetos involucrados en dicha formación.
A partir de 2010 diseñé, realicé y dirigí diferentes proyectos de investigación tendientes a describir e indagar el nivel académico del doctorado. Me interesó plantearlo como un entramado de dimensiones de análisis que se configuran a partir de diversos aspectos: personales y subjetivos, interaccionales y vinculares, institucionales, curriculares, de política educativa y más ampliamente, en función de los vastos campos del conocimiento científico. En consecuencia, el doctorado puede analizarse desde los siguientes puntos de vista:
de la política educativa que regula la creación y el seguimiento de los distintos programas de estudio desde una normativa nacional, revisando la expansión y la calidad de un nivel académico en crecimiento;2
de las instituciones formativas en las cuales se llevan a cabo dichos planes según su historia y sus mandatos fundacionales, su dinámica y cultura institucional (es sabido que dichas cuestiones institucionales atraviesan y condicionan el proceso de toma de decisión en torno a la selección de las autoridades responsables, la organización curricular de cursos y/o seminarios, la elección del cuerpo docente, la admisión de estudiantes, las acreditaciones, entre otros aspectos organizacionales significativos);
de los sujetos implicados; es decir, las autoridades responsables de un programa, el doctorando, sus aprendizajes y las interacciones formativas entabladas, los profesores que dirigen tesis, conforman comités académicos, comisiones de admisión, asesoramiento y/o dictan seminarios, los miembros de un jurado, etc.), y
de los campos disciplinares que condicionan estilos formativos según las características propias del objeto de conocimiento en instituciones específicas.
De este modo, los sujetos y sus prácticas, las instituciones formativas, la política educativa del posgrado y los campos disciplinares que definen estilos de investigación constituyen una suerte de mapa de problemáticas que trazan una geografía posible para abordar el estudio del nivel doctoral. Desde el inicio, mi interés se centró en tratar de describir, nombrar y visibilizar las cuestiones pedagógicas del doctorado dentro de este entramado. Dicho propósito direccionó mis preguntas hacia una indagación desde la perspectiva de los sujetos: sujetos en formación y formadores. El reconocimiento de esta finalidad puso en relieve los intereses, las motivaciones, las expectativas, las intenciones, las tareas asignadas y las prácticas llevadas a cabo, las interacciones y los vínculos que los sujetos construyen, mediados por la presencia de diferentes saberes que se despliegan en el marco de todo proceso formativo.
Por fuera y más allá del formato institucional de una clase universitaria, ¿cómo y por qué los sujetos vuelven a la universidad o continúan en ella, luego de terminar su formación de grado, y aventuran la realización de una tesis doctoral? ¿Cómo y por qué los profesores universitarios, ya doctorados, que habitualmente suelen dar clases enseñando sus saberes específicos y llevan a cabo proyectos de investigación, dedican parte de su tiempo (si así lo hacen) a la tarea de “formar para la investigación”? ¿Cómo viven (piensan y sienten) el encuentro interpersonal que supone un vínculo formativo entre director y tesista, en relación con las diferencias que encierra el intercambio habitual de una clase, más o menos masiva, de la formación universitaria? ¿Cómo conviven las prácticas de enseñanza y las de dirección de tesis en la cotidianeidad de un docente universitario?
Sujetos, interacciones y vínculos, saberes de distinto tipo, enseñanza y aprendizaje, fines y propósitos formativos en el nivel doctoral. ¿Por qué no conformar un “mirador” desde la pedagogía para indagar estas cuestiones? Este fue el marco disciplinar que delimité para encuadrar mis preguntas.
A partir de estos pasos iniciales, nombré dicho escenario de indagación como una posible pedagogía de la formación doctoral. Los primeros proyectos de investigación realizados y los colegas que participaron en cada uno de ellos fueron parte constitutiva y valiosa de esta primera etapa de construcción. Juntos acordamos este “bautismo” y avanzamos en la institucionalización de esta incipiente línea de investigación en el marco de la Secretaría de Investigación y Desarrollo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref).3
Al comienzo de este recorrido investigativo, partí de dos supuestos que habitualmente encierra el sentido común que circula en la vida académica. Ambos me interpelaban y me motivaban a rastrear esa posible especificidad o “cuestión pedagógica” en el nivel de doctorado. Ellos se enuncian del siguiente modo:
1 aprender a investigar se aprende investigando, de la mano de un maestro, reconociendo la dimensión “artesanal” de dicho proceso, y
2 saber investigar no es sinónimo de saber formar para la investigación. Es sabido y conocido que existen excelentes y reconocidos investigadores de profesión, en los diversos campos de conocimiento, que no pueden transmitir su oficio.
Al intentar abordar el primer presupuesto, ahondé en la distinción entre diversos tipos de saber. Aprender a investigar supone un saber hacer que se diferencia claramente de un mero saber discursivo (Beillerot, 1987). Se trata de un saber que exige un proceso de apropiación de parte de un sujeto a medida que hace, piensa, siente, decide, analiza, se equivoca, corrige; es decir, un sujeto que se expresa en las diferentes áreas de la conducta en interacción con el medio. Un saber que lo implica en toda su subjetividad, que le permite transformar la realidad y, al mismo tiempo, ser transformado por ella. La noción de relación con el saber (Beillerot, 2000) me resultó central para fundamentar este presupuesto y enriquecer la comprensión del proceso formativo de un sujeto que aprende a investigar.4 La relación con el saber es un proceso, afirma Jacky Beillerot, que permite pensar, sentir y transformar nuestra relación con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. Es un proceso “creador de saber” constante e inacabado que se despliega a lo largo de una vida. De manera sugestiva, el autor expresa: “En los confines del pasado y del futuro, desde el nacimiento hasta la muerte, la relación con el saber de cada sujeto es la obra mínima que cada uno ha hecho de su vida” (Beillerot, 2000: 57). La relación con el saber es un proceso que da cuenta de cómo sabemos aquello que suponemos saber. Se expresa a través de sensaciones, emociones, vacíos y ausencias que despierta nuestro propio saber siempre parcial y fragmentario. Es decir, traduce nuestra singular manera de pensar y actuar el mundo natural y social que nos rodea.
Por otro lado, el segundo presupuesto también exige una distinción. Saber investigar y saber formar suponen motivaciones, actitudes y posicionamientos diferentes de parte de un sujeto ya formado que quiere (o debe) dedicar parte de su tiempo personal y/o laboral a la “formación en recursos humanos”, al pertenecer a la vida académica de una institución. Ahora bien, decididamente un saber no supone al otro.
Con respecto a ambos supuestos, María Moreno Bayardo, José Jiménez Mora y Verónica Ortiz Lefort (2001: 9) aclaran de manera precisa y contundente lo siguiente:
Considerar la formación para la investigación como una tarea artesanal es una idea que ha logrado acuerdo casi universal entre investigadores, a la que también nos sumamos los autores de esta obra, pero las diversas formas de entender en qué consiste “lo artesanal” han traído consigo, en algunos casos, el convencimiento de que es la mera intuición del momento lo que habrá de orientar la tarea del formador y, por lo tanto, lo libera de cualquier intento de sistematización de su labor o de generación de conocimiento en torno a ella.
En el comienzo y en concordancia con esta reflexión, me pregunté: “lo artesanal” y la intuición que se ponen de manifiesto en esta tarea ¿no encierran modos de “saber formar para la investigación” que deben ser recuperados en pos de dar visibilidad y problematizar la práctica de dirección de tesis?