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El Imperialismo,
fase superior del capitalismo
(ensayo popular)
V. I. Lenin
CUADERNOS DE OCTUBRE
| Lenin, Vladimir Ilich Ulianov El imperialismo, fase superior del capitalismo / Vladimir Ilich Ulianov Lenin ; coordinación general de Sebastián Ramirez. - 1a edición especial - Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUB - (Cuadernos de octubre / 1) Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-4039-34-7 1. Geopolítica. 2. Economía Internacional. 3. Marxismo. I. Ramirez, Sebastián, coord. II. Título. CDD 327.101 |
© Vladimir Ilich Ulianov Lenin.
© Editorial Cienflores, 2016.
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Índice
PRESENTACIÓN
PRÓLOGO A VARIAS MANOS
EL IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO
PRÓLOGO
PRÓLOGO A LAS EDICIONES FRANCESA Y ALEMANA
I . LA CONCENTRACIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y LOS MONOPOLIOS
II . LOS BANCOS Y SU NUEVO PAPEL
III . EL CAPITAL FINANCIERO Y LA OLIGARQUÍA FINANCIERA
IV . LA EXPORTACIÓN DE CAPITALES
V . EL REPARTO DEL MUNDO ENTRE LAS ASOCIACIONES DE CAPITALISTAS
VI . EL REPARTO DEL MUNDO ENTRE LAS GRANDES POTENCIAS
VII . EL IMPERIALISMO COMO ETAPA PARTICULAR DEL CAPITALISMO
VIII . EL PARASITISMO Y LA DESCOMPOSICIÓN DEL CAPITALISMO
IX . LA CRÍTICA DEL IMPERIALISMO
X . LA UBICACIÓN HISTÓRICA DEL IMPERIALISMO
APÉNDICE
Cuadernos sobre el imperialismo
PRESENTACIÓN
Dos centenarios, un infatigable jefe
Corre el primer semestre de 1916, la metralla asola a Europa. Y un hombre trajina sus horas por las bibliotecas. Bucea en libros y artículos en búsqueda de una llave. De ese profuso laberinto de información dispersa va emergiendo una obra fundamental para comprender este mundo. Vladimir Ilich Ulianov, nuestro Lenin, en la primavera boreal del 16, en su exilio suizo, va componiendo el cuadro del capitalismo de nuestros días. Finalmente, a principios de julio, ve la luz El Imperialismo.
Ponderar el libro… pareciera la misión natural de esta introducción. Pero, siguiendo la conocida sentencia “la prueba del pastel consiste en comérselo” no nos cabe duda. Tan solo con que lo leas estará logrado nuestro propósito. Amigo lector, amiga lectora: si ya lo conoces, vuelve a recorrerlo. Si no lo leíste, tienes por delante una grata y enriquecedora tarea. Y en cualquier caso, léelo. Léelo con la vara alta. Con la mirada crítica de quien, desde el hoy, puede responder al interrogante: ¿ha superado la ácida prueba del tiempo? ¿Sigue vigente un siglo después de cuando fuera concebido?
Unos pocos comentarios sobre la obra
Lenin concibe un trabajo rigurosamente documentado y lo llama “Ensayo popular”. En El Imperialismo está presente esa testarudez de lograr que, aun las cuestiones más elevadas, todas ellas, estuvieran al alcance del gran destinatario de sus desvelos. Las masas rusas tomaron el poder. En esa unidad contradictoria de teoría y práctica está la mejor confirmación de que algo de esa pretensión fue logrado.
En su Introducción nos previene: “He debido autocensurarme para burlar así la represión zarista”. En realidad omitió alguno que otro dato para exhibir con contundencia lo principal. Bastante lidió en vida con los oportunistas de todo tipo. Cien años después nuestros renegados contemporáneos, inflamados de posibilismo, abjuran de las esencias si consiguen con ello alguna prebenda, un lugar en la mesa de los que mandan.
¿Por qué tanta información, estadísticas, opiniones de publicistas burgueses? Porque con datos aislados se puede demostrar cualquier cosa. Por ello es decisiva esa prepotencia documental contenida en la obra.
En junio de 1916, 2 de julio según el actual calendario, Lenin entregó a la Editorial Parus el manuscrito de El Imperialismo. Su primera edición, en enero de 1917, refleja la inescrupulosidad de los editores. La dirección de la publicación, con mayoría menchevique, le enmendó la plana al autor procediendo a una metódica tergiversación, e incluso omisión, de las críticas a Karl Kautsky y al oportunismo de esos días. Recién en setiembre del 17 el libro es editado tal como lo conocemos. En algún momento Lenin refiere la conveniencia de reescribirlo, liberado ya del yugo zarista, para incorporarle la casuística relacionada con Rusia. Finalmente, no logra concretarlo.
La presente edición es un trabajo colectivo y unitario encarado por personalidades y fuerzas políticas de la izquierda argentina que conformamos la Comisión para el Centenario de la Revolución de Octubre. Hete aquí el otro centenario. Libro y asalto al poder… ambos con la presencia indeleble de Lenin. La conmemoración de Octubre es la celebración de un antes y un después en la Historia grande. Por un tiempo se construyó el socialismo. Destronada la explotación del hombre por el hombre, entonces sí la tecnología y la naturaleza derramaron sus dones sobre las mayorías.
Pasaron los años y padecimos la restauración capitalista. Una muy seria derrota que no menoscaba la trascendencia de lo realizado. Nuestra Comisión no es un rincón para la nostalgia. Si no fuera por las amplificadas iniquidades del capitalismo de hoy, quizá Octubre hubiera devenido en temática de historiadores. Pero este capitalismo, el imperialismo que tan bien nos pinta Lenin, nos recuerda cada día que no hay tarea más urgente para las grandes mayorías que enfrentarlo. Octubre está vigente y es actual. Tanto como El Imperialismo. Sin importar con qué ropaje se intenten encubrir viejas y nuevas potencias imperialistas, disputan mercados y fuentes de materias primas en una vorágine de guerras y crisis. Este capitalismo expansionista es incompatible con los intereses de la Humanidad. Y más tarde o más temprano se reencontrará con su sepulturero. ¿Por qué no más temprano que tarde?
El libro
La edición que tienes en tus manos contiene el texto original de Lenin, cotejado con las distintas traducciones publicadas en nuestro idioma. Especialmente se tomaron de referencia las ediciones de Lenguas Extranjeras Moscú (1948), Lenguas Extranjeras Beijing (1966) y la primera edición argentina de Obras Completas de Lenin, Cartago, Tomo 22. Las referencias de carácter histórico incluidas figuran como Notas del Editor.
A continuación de esta introducción sigue un Prólogo a varias manos. Personalidades y referentes de nuestra izquierda, pertenecientes a la diáspora marxista y a corrientes populares no marxistas, nos acercan breves opiniones sobre el libro. Así como esta introducción refleja el sentir conjunto de la Comisión, los aportes al prólogo representan las opiniones de cada cual, vertidas sin el menor condicionamiento.
La edición se completa con el sumario de los Cuadernos sobre el imperialismo. Son los apuntes de trabajo que reflejan la exhaustiva investigación que acompañó la redacción de El Imperialismo, fase superior del capitalismo. Son más que interesantes para apreciar el rigor y la duda crítica en estado puro; el modo de pensamiento y el proceso creativo de Lenin en acción.
Palabras finales para destacar la decisiva contribución de un puñado de compañeros: M. T. ; A. S. ; M. C. y F. A., con su esfuerzo y creatividad se cargaron al hombro esta edición.
Comisión para el Centenario de la revolución de octubre
Por una conmemoración unitaria y de masas
Julio de 2016
Prólogo a varias manos
En el mundo no hay democracia porque existe el imperialismo. Democracia tiene que significar siempre igualdad en libertad.
Imperialismo es sinónimo de armas para defender la desigualdad.
Desigualdad es la peor fase de la injusticia y de la falta de Libertad. Es lo que nos trae el imperialismo reinante. Nuestros héroes de 1813 nos hicieron cantar “ved en trono a la noble Igualdad: Libertad, Libertad, Libertad”. La mejor definición del antiimperialismo.
Lenin nos precisó correctamente lo que es imperialismo: desigualdad y explotación. Y a la vez sometimiento de los pueblos del mundo.
Osvaldo Bayer
Una obra al servicio de la revolución socialista
Lenin publicó “El imperialismo” a inicios de 1916. Fue otro eslabón importante en función de su objetivo de preparar a la militancia revolucionaria para lo que se vendría a poco más de un año: la Revolución Rusa y la toma del poder en octubre de 1917.
Es que Lenin no desarrollaba la elaboración marxista sólo para avanzar a nivel de la teoría, sino sobre todo para fortalecer al partido bolchevique como herramienta política para intervenir activamente en la lucha viva de clases, disputar la dirección del movimiento obrero y campesino, y así poder cambiar el curso de la historia.
A cien años de aquellos hechos, la propaganda capitalista e imperialista sigue bombardeando nuestras cabezas. A diferencia de los ’90 ya no repiten tanto que “el socialismo fracasó”, porque lo que hoy más bien salta a la vista es el estrepitoso fracaso económico, social, político e incluso ético de su propio sistema. Pero aun en crisis, igualmente montan discursos confusionistas
o posibilistas.
No, señor. Que no nos tilden de “antiguos”. Antiguos son los que defienden este sistema de explotación y opresión, extractivista y contaminador, guerrerista, machista, que mientras siga en pie lleva a la humanidad y al planeta a la barbarie. Antiguos y funcionales son también los que se limitan a proponer reformas a un sistema que es inhumano por naturaleza.
La obra de Lenin es válida, porque a un siglo de su aparición sigue habiendo capitalismo imperialista. Y por eso la batalla teórica, ideológica, cultural y política contra dicho sistema sigue siendo válida. Y por eso, más que nunca, la batalla por la revolución socialista sigue siendo válida en nuestro país y en todo el mundo.
Héctor “Cacho” Bidonde
Para quienes seguimos creyendo que la única sociedad aceptable sería aquella en la que no existiera ningún tipo de explotación y en la que cada hombre y cada mujer pudieran vivir con dignidad y desarrollar plenamente sus posibilidades, no hay mucho que festejar en estos días. Pero sí algo que reafirmar: la convicción de que ese y no otro es el mundo que queremos. Confieso que no veo el camino con la nitidez con que lo veía en la adolescencia, a la luz de la Revolución Cubana y de los aires de liberación que se respiraban en nuestros países. Pero, por turbios que resulten hoy los juegos políticos, por brutal y todopoderoso que sea el accionar del neoliberalismo, por ineficaces o anacrónicos que resulten muchas veces los movimientos populares -o sus dirigentes-, no acepto renunciar al sueño de una sociedad cuyo principio, bellamente, enunció Marx hace más de ciento veinte años: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.
Liliana Heker
En la evolución natural de la historia, cuando su proceso se estanca por intereses particulares de un grupo social en el poder, se produce lo que se llama habitualmente “revolución”. En tal sentido, hay dos grandes ejemplos, entre las muchas que se han producido: La Revolución Francesa y la Revolución Rusa. Ambas han quedado como faros mas allá de los procesos crueles, e incluso de retroceso que pudieron haber sufrido. La Revolución Rusa, cien años después sigue siendo un gran ejemplo para el porvenir, y, sin duda alguna, fue el acontecimiento entre los muchos fundamentales que hubo más trascendentes del siglo XX. Un año antes Lenin pudo concebir su libro sobre el imperialismo: “fase superior del capitalismo”. En ese sentido es hoy todavía un libro fundamental para entender el presente y el futuro. El despertar creativo que significó en los primeros años la Revolución Rusa, fue no sólo político sino también artística. Luego vino la deformación estalinista, pero La Revolución Rusa en sí misma, sigue siendo un ejemplo para nuestro porvenir.
Felipe Luís Noé
La importancia de la obra de Lenin, confirmada por la historia, se ha consolidado con el paso del tiempo. Su presencia siempre oportuna, se afirma ahora en la particular vigencia del sistema de expoliación imperialista.
Es ejercida en nuestro país en estrecha alianza con la gran burguesía terrateniente, financiera, comercial y de servicios, y se ha traducido contemporáneamente en inéditos grados de subordinación, enajenación, hipotecamiento y saqueo económico, así como en el agotamiento y degradación de preciosos recursos naturales.
Con el telón de fondo de una formidable descapitalización y desindustrialización, las últimas cuatro décadas han visto a la nación en el remedo de un país verdaderamente ocupado: tuvimos campos de concentración y de muerte, mientras irrumpieron para quedarse la extrema pobreza y una explotación sin parangón de nuestra clase obrera y amplios sectores del pueblo; en medio de una producción que decuplica las necesidades alimentarias del país, nacen generaciones diezmadas por grandes deficiencias físicas y mentales, a causa de la insuficiencia nutritiva, falta de medicamentos, de cuidados y educación en la primera infancia.
Se instaló en el país un estado mayor económico, político y financiero de las clases dominantes, con las siguientes facultades de un real soberano que decide: a) qué producir, b) en qué condiciones, c) para quiénes. Estos intereses antinacionales han agravado la distribución desigual, a pesar de la resistencia y luchas populares, alcanzando la tasa de plusvalía y en particular, la renta absoluta de la tierra, uno de los índices más elevados del mundo.
En concordancia con este cuadro, se puede estimar que sólo el 0.5% de la población económicamente activa, se apodera del 60% de la Renta Nacional del país. Esta concentración del ingreso en una porción minúscula de personas da una medida del desangramiento de la economía nacional, no sólo porque allí está la personería del capital imperial, sino porque la propia burguesía nativa se integra en la transnacionalización capitalista remitiendo al exterior siderales cifras por ganancias y capitales fugados.
Es frecuente escuchar de voces académicas y políticas, incluida una presunta izquierda progresista, que la obra de Lenin está envejecida y no se corresponde con la realidad actual.
Lenin, sin embargo, expuso lo esencial del fenómeno imperialista, su basamento social: la transformación del capitalismo de la libre competencia en un capitalismo monopolista financiero; en relación con esto, el estado burgués se convirtió en estado de los monopolios y así la democracia burguesa redujo aún más su base de representación. Por ello, en la medida en que la concentración económica ha avanzado, vivimos en una institucionalización cada vez más ficticia, humillante, que reduce a la retórica las garantías constitucionales de libertad, seguridad alimentaria, vivienda, jubilación, educación y salud.
Apoyándose en el Estado, el capitalismo monopólico llevó adelante, desde su inicio, una política agresiva de expansión mundial; fue y es el responsable directo o indirecto de la totalidad de las guerras contemporáneas, sacudiendo la conciencia soberana de los pueblos, algunas veces al límite de lo revolucionario.
Resultó así que la marcha del dominio imperialista no ha sido lineal, por el despliegue de las luchas de la clase obrera y los movimientos sociales, sobre todo, por la existencia de un mundo socialista encabezado por la Unión Soviética, surgido al cabo de las dos guerras mundiales.
Sin embargo, la más importante forma de dominio imperialista es la económica, y a pesar de las proporciones abrumadoras que ha asumido, permanece invisible no sólo a la conciencia espontánea de los pueblos, sino a la mayor parte de su cultura social.
Actualmente se presenta bajo la forma de globalización capitalista, que tiene como protagonista principal a empresas transnacionales diseminadas por el mundo, pertenecientes a las principales potencias capitalistas, con predominio del capital financiero especulativo. El trabajo titulado Transnacionalización y Desnacionalización. Ensayos sobre el capitalismo contemporáneo, de los cubanos Rafael Cervantes Martínez, Felipe Gil Chamizo, RobertoRegalado Álvarez y Rubén Zardoya Loureda, editado en nuestro país por Tribuna Latinoamericana, Bs.As, 2000, es una investigación de enorme trascendencia, sobre los cambios operados en el sistema imperialista, desde la época que fue investigado por Lenin y su actualidad. Anticipó la profunda crisis global del sistema iniciado en los EE.UU., en 2008, que perdura. Nos alienta para ahondar la investigación de los nuevos procesos y sugiere valiosas herramientas para los cambios revolucionarios que se avecinan. Lamentablemente no ha tenido amplia difusión.
El persistente agravamiento de los males estructurales del capitalismo en su etapa imperialista y la vertiginosa descomposición de su superestructura, abonan la tesis de Lenin cuando, con su profundo análisis científico y visión política, ha expresado que más tarde o más temprano, la etapa actual del capitalismo es la antesala de la revolución socialista.
Jaime Fuchs
Lenin: El Imperialismo
Este escrito fue un invalorable aporte a la teoría marxista, en tanto permite concebir que el sistema capitalista ha sido siempre “imperialista” con las distintas modalidades que precedieron esta etapa: la acumulación primitiva y el colonialismo. Lo cual significa que la explotación y extracción de plusvalía absoluta y relativa desde las áreas periféricas, constituye un factor de significativa importancia en el proceso de acumulación de capital, que se suma a la extracción de plusvalía de los proletarios en las naciones centrales. Al mismo tiempo, introduce una mayor complejidad en el análisis de las contradicciones del sistema, ya que en las áreas periféricas el conflicto de clases se articula con la problemática nacional y étnico-cultural, mientras en los países centrales los proletariados han tendido a establecer alianzas con sus propias burguesías, tanto en las guerras inter-hegemónicas como en los procesos de expansión imperial, donde las identidades nacionales lograrían imponerse a los intereses de clase. En la actual etapa de globalización neoliberal y disputa entre antiguos y nuevos polos de poder mundial, la reconversión tecnológica salvaje está creando a nivel planetario una inmensa masa de población sobrante para la lógica de este modelo, que se combina con una concentración creciente de la riqueza y gesta condiciones objetivas de alta conflictividad: el sistema no puede sostenerse sin promovergenocidios, como en África o Medio Oriente. La otra alternativa es un cambio radical de carácter civilizatorio, basado en valores de solidaridad, cooperación, soberanía y justicia.
Alcira Argumedo
El narcotráfico es la etapa superior del imperialismo. Lenin lo sabía.
Monopolios por encima del estado y sistema financiero capaz de manipular los pulsos internos de la vida cotidiana de los pueblos, en especial los de estos arrabales del mundo, en Sudamérica.
La superestructura construye el enemigo a través de los grandes medios de comunicación, algo que también podía vislumbrarse en este texto tan vigente, y las grandes mayorías piden la intervención de las fuerzas de seguridad nacionales en las ex ciudades obreras para tener algo de seguridad.
Estados Unidos repite la mecánica que Gran Bretaña impuso a través de las llamadas guerras del opio y en el tercer milenio, Lenin sigue abriendo cabezas y corazones para pelear por lo mejor del género humano.
Carlos del Frade
El imperialismo como enemigo del pueblo y antesala de la revolución
“La época del imperialismo es la víspera de la revolución socialista” dice Lenin en el prólogo del 26/04/1917 y agrega que escribe para comprender “la esencia económica del imperialismo” y, “valorar la guerra actual y la política actual”. A un siglo de la escritura del texto siguen en pie las razones de aquel estudio, especialmente ante la universalización del régimen del capital y la subsunción formal y real del trabajo, los bienes comunes y la sociedad en el capital.
Nuestro desafío supone la crítica al capitalismo de nuestro tiempo y la construcción de las condiciones de posibilidad subjetiva para hacer realidad el socialismo y el comunismo. El capitalismo actual es la ofensiva de las transnacionales, los principales Estados del capitalismo mundial y los organismos internacionales, que como tríada se constituyen en sujetos impulsores de la liberalización contra las/os trabajadoras/es y los pueblos.
Son efectos de esa ofensiva la miseria extendida, la desigualdad, la destrucción de la naturaleza y la vida, la criminalidad y el delito como norma del capitalismo. Todo es resultado de la recurrente violencia contra la mayoría explotada y dominada, siendo la crisis mundial el mecanismo del chantaje para exacerbar y potenciar el objetivo de máxima del gran capital por la rentabilidad a cualquier costo. La revolución socialista proponía Mariátegui como horizonte de lucha para los pueblos de Nuestramérica. Con Lenin y el amauta reivindicamos el propósito y la necesidad de la revolución.
Julio C. Gambina
En 1916 se produjeron una serie de hechos de máxima significación en la historia del movimiento popular que preanunciaban el gran acontecimiento social del siglo XX: la Revolución de Octubre. Muchos de los derechos que los pueblos oprimidos y los trabajadores gozamos hoy están vinculados a lo que desde la acción y la reflexión se aportó entonces. El libro que se presenta en esta edición fue uno de esas contribuciones. Su publicación coincidió con el Alzamiento de Pascuas que libertó parcialmente Irlanda de las garras del Imperio Británico. James Connolly, dirigente sindical y revolucionario católico, admirado por Lenin e incomprendido aún hoy por gran parte de los marxistas, fue su principal referente. Sus palabras no pierden vigencia: “Si mañana echáis al ejército inglés e izáis la bandera verde sobre el Castillo de Dublín, a menos que emprendáis la organización de una república socialista todos vuestros esfuerzos habrán sido en vano. Inglaterra todavía os dominará. Lo hará a través de sus capitalistas, sus terratenientes, a través de todo el conjunto de instituciones comerciales e individuales que ha implantado en este país y que están regadas con las lágrimas de nuestras madres y la sangre de nuestros mártires”. Connolly -patriota, no patriotero- comprendía algo que solemos olvidar: el imperialismo no es la política exterior de una potencia en particular sino la forma que adopta ese caníbal polimorfo e insaciable cuando devoró suficiente carne humana. Es la tiranía imperial del dios Dinero que describe el Papa Francisco y que hoy muestra un nuevo rostro en su ofensiva contra los pueblos y la naturaleza. Bajo la inmensa masa de explotados hoy se acumulan millones de hermanos descartados y sin esperanza siquiera de vender su fuerza de trabajo. La propia Creación desbastada y en peligro de extinción. El capitalismo imperialista, que hoy combina consumismo alienante, guerra permanente y la más flagrante desigualdad, es la causa de este panorama desolador. El clamor de los pobres y la Tierra nos llama a todos los militantes a unirnos -sin repetir los crímenes que se han cometido en nombre de la revolución durante el siglo XX- para construir eso que algunos llaman socialismo, otros suma qamaña, küme mogñen, justicialismo, confederalismo democrático o el Reino, pero que en todos los casos implica un cambio revolucionario en el eje de rotación del mundo para que la mujer, el hombre, la naturaleza y la dignidad estén primero.
Juan Grabois
Conceptos de El imperialismo, fase superior del capitalismo
A pesar de sus aportes a la teoría del socialismo científico, o más probablemente a causa de ello, la obra de Lenin está prácticamente proscripta en el mundo universitario y académico en general. Son muy pocas las cátedras y las investigaciones en ciencias sociales que recogen esos aportes y muchos los que los reducen y tergiversan.
Entre esos aportes está sin duda el concepto de país dependiente, una de cuyas formas, diferente de la semicolonia, ejemplifica la relación de Argentina con el imperialismo británico. En el planteo de Lenin no se trata de un capitalismo dependiente: el capitalismo es uno solo. Su planteo permite introducir dos dimensiones -relaciones capitalistas y dependencia entre países- que dan cuenta de una especificidad argentina hoy vigente: el ser un país dependiente donde las relaciones capitalistas -relaciones salariales bajo sus distintas formas- se encuentran ampliamente extendidas, con la consiguiente centralidad de la clase obrera, lo que explica la agudización de las contradicciones propias del capitalismo en un país que tiene pocas posibilidades de descargarlas sobre otros países.
Otro aporte de este texto, continuando el planteo de Marx, es la identificación entre la fase superior del desarrollo capitalista y su descomposición como modo de producción de la vida social. Descomposición que no significa derrumbe sino la imposibilidad de garantizar la reproducción del conjunto de la población inserta en sus relaciones, lo que conduce no sólo a una agudización de la lucha de clases, sino también, como ya lo señalara Engels, a la guerra de todos contra todos.
Nicolás Iñigo Carrera
[…] Lenin no aceptaba la presentación de la guerra como una decisión aberrante de las elites. Estimaba que el curso belicista correspondía a tendencias objetivas del capital, derivadas de la competencia por la ganancia. Sostenía que el único sendero de pacificación genuina era el inicio de una transición al socialismo. El estallido de la Primera Guerra confirmó las caracterizaciones de Lenin y puso de relieve todos los errores de la apuesta pacifista de Kautsky.
Esta diferencia de percepciones obedeció a causas y posturas políticas. El dirigente bolchevique detectó las principales contradicciones del capitalismo de su época y mantuvo una actitud revolucionaria. El líder socialdemócrata privilegió sus deseos a la consideración de las tendencias reales y demostró una gran permeabilidad a las exigencias de los poderosos.
Estas asimetrías ilustraron también la distancia que separaba a los políticos revolucionarios y reformistas de ese período. El punto en discordia era el rechazo o la resignación frente a una guerra interimperialista. Lenin encabezó la resistencia al desangre bélico e impulsó el internacionalismo. Su teoría del imperialismo se cimentó en esta estrategia política. […] 1
Claudio Katz
Lenin y la teoría del imperialismo: preguntas abiertas
El capitalismo como sistema mundial
A diferencia de otros integrantes de la familia marxista […] Lenin constituye el elemento de la discordia. Es el verdadero parteaguas en las ciencias sociales y en la política contemporáneas. La cultura de las clases dominantes, entrenada en el ejercicio cotidiano de ejercer su hegemonía, intentó dulcificar, neutralizar e incluso fagocitar o incorporar a Walter Benjamin, a Antonio Gramsci, a Rosa Luxemburg, llegando al límite de manipular al mismo abuelo fundador de la familia, Karl Marx. Con Lenin jamás pudieron. Les sigue generando pánico, desesperación y horror. […]
¿Hay un solo Lenin? Creemos que no. Como hipótesis de trabajo sostenemos que existen muchos Lenin. No sólo porque su obra fue variando al calor y al ritmo de la lucha de clases, sino porque las apropiaciones posteriores priorizaron un aspecto de su obra por sobre otro, según el ángulo político de sus interlocutores o seguidores. No es el mismo Lenin el joven que comenzó a estudiar El Capital a los 18 años, […] el que luchaba en 1894 contra el populismo ruso tardío y ya degradado mientras postulaba a Marx como el fundador “objetivista” de la sociología y las ciencias sociales (sin haber estudiado todavía a Hegel), el que a comienzos del siglo XX se convierte en teórico de la organización revolucionaria con su inolvidable ¿Qué hacer?, […] el que reflexiona sobre la insurrección de 1905, el teórico del abstencionismo, la organización clandestina y la guerra de guerrillas, el que polemiza durante 1908 con fracciones liquidacionistas en el exilio seducidas por el neopositivismo de Mach y Avenarius, el que rompe con sus maestros Plejanov y Kautsky (tanto en la teoría como en la práctica) mientras recopila y reconstruye la correspondencia incendiaria de Marx con Kugelmann, el que discute con su admirada camarada Rosa Luxemburg sobre cinco problemáticas distintas, el que durante la primera guerra mundial estudia en las bibliotecas de Zurich la Ciencia de la Lógica de Hegel (revisando sus propios libros anteriores), el que lee y anota en ese tiempo De la guerra de Clausewitz, El capital financiero de Hilferding, El estudio del imperialismo de Hobson construyendo mientras tanto su propia teoría del imperialismo que verá la luz en 1916, el que sistematiza la teoría marxista del Estado recorriendo la obra de Marx y Engels, al calor de la Comuna de París, el que regresa en el famoso tren blindado y plan-tea las rupturistas e iconoclastas Tesis de abril de 1917 (que descolocan a todo el comité central bolchevique), el que prepara la insurrección de octubre de 1917, el que comanda la guerra civil y vence con el comunismo de guerra a varios ejércitos invasores, el fundador de la Internacional Comunista, el que no le queda más remedio que retroceder económicamente con la NEP y cambiar la estrategia internacional adoptando el frente único, el que profundamente enfermo deja -ya sin poder escribir con sus propias manos- un testamento con sus secretarias donde alerta sobre las enormes dificultades de los demás miembros del comité central para dirigir el partido bolchevique y el estado soviético. ¿Es siempre el mismo Lenin? Sí y no. Es invariablemente el mismo revolucionario indomesticable, radical, inclaudicable. […] Pero su obra va cambiando, se va enriqueciendo y complejizando, va enfatizando uno u otro aspecto de la realidad y de la teoría según el análisis concreto de la situación concreta y según los variados niveles de la relación de fuerzas en el enfrentamiento de las clases sociales, a nivel internacional y a escala nacional. Por eso congelar a Lenin en un solo libro, en un solo folleto, en una sola frase de algún modo “traiciona” o por lo me-nos deforma y petrifica el espíritu de su pensamiento en permanente ebullición. […]