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Marrón casi anaranjado
Simón Dante Lorenzón
Agradecimientos
A mis padres, Graciela y Daniel, por su apoyo incondicional; a mis hermanos, Mariana, Tobías y Jesica, por su compañía y la lectura de mis textos; a mis lectores, y a los lectores de poesía en general.
A Ludmila, lectora absoluta, correctora y, fundamentalmente, compañera de vida.
Y a mis grandes maestros: Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Mario Trejo, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Olga Orozco, Gabriela Mistral, Paco Urondo, Octavio Paz, Mario Benedetti, Reynaldo Sietecase, Juan Solá y tantos otros que han llenado de colores y aromas los poemas que humildemente he registrado en estas sencillas páginas.
Simón Dante Lorenzón
Simón nació en Paraná (Entre Ríos) un 7 de enero 1978. Es profesor de Filosofía y actualmente se dedica a enseñar en diversas escuelas secundarias de su ciudad natal.
Lorenzón, Simón Dante
Marrón casi anaranjado / Simón Dante Lorenzón. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tercero en Discordia, 2020.
66 p. ; 20 x 14 cm.
ISBN 978-987-4116-51-2
1. Poesía Argentina. I. Título.
CDD A861
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ISBN 978-987-4116-51-2
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723.
Impreso en Argentina.
Los pinceles
i
Compré los pinceles en un sueño,
y hoy extraño la filosofía detrás de los fetiches.
Pinto con las yemas
las formas de un papel sutil y pétreo.
Estoy aquí, y nadie quiere nadar en miel…
ii
Felicidad es una muy buena palabra,
única y puramente fantasmal.
iii
Qué poco sabemos del mundo,
de nuestro cosmos,
de cada instante,
de la palabra…
Nada importa, sigo aquí, en un planeta
cuyos pedazos se pegan
a la miel del sol
y explotan los marcos,
las hojas.
El mundo nos alienta a dejarlo todo en un gesto
y nosotros respiramos lo poco que queda…
Marrón casi anaranjado
Marrón casi anaranjado
el arco de tu cuerpo,
en la almohada,
tus pelos en la ropa,
y en las manos
tus pelos y tu aroma.
Tu cama redonda.
y tu pelo marrón casi anaranjado…
Ya está,
nos convenciste,
estás en casa,
sos propietaria…
Marrón casi anaranjado,
y los ojos que se clavan en las córneas cansadas.
Basta de cenizas
Las cenizas traen llanto,
gritos, lágrimas, sangre,
pieles, pelos y cueros quemados.
Camuflan la anticipada primavera
y ocultan lo bello del verde,
el amarillo del sol.
La luna ya no es roja y el sol no es naranja al atardecer.
La negra muerte de la naturaleza se vino,
no avisó
y se vino,
y llegaron cual marea
las nubes que anticipan la furia del niño.
Del río
A Juan. L. Ortiz
El río se me fue,
desapareció allá en el sur,
y en el norte hay arenas,
sauces, barro y mucho.
El río,
el de todos los ríos,
los ríos de ellos y nuestro río,
el viento, las olas y el río…
No es mi plaza
Plaza cercana a mi barrio.
No es mi barrio.
No es mi plaza.
La mía ya ha desaparecido.
Esta es nueva,
no está en mi barrio,
pero es tan popular y está tan cerca
y por la mañana es tan hospitalaria
que quiero que sea mi plaza.
Multitudes
los años
pasan
y tu yo
y mi yo
se desintegran
en multitudes de bicicletas
en potencia de multitudes
que disfrutan burlándose
de una estúpida y pequeña razón
que nos aleja de Dios
los días
las horas
los minutos
pasan
y la vida
se acerca
a la nada
Mefistófeles
Los ojos mostraron las lágrimas
de agua salada y sangre.
Los ojos se escaparon de sus cuencos,
reflejaron al diablo,
sin capa, sin cuernos, y su cuerpo no era rojo,
y en los espejos lucía muy parecido a mí.
Sombras de dioses
La hoja filosa cortará la luna
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