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El tratamiento natural de las alergias

RBA INTEGRAL

ROSA GUERRERO

EL TRATAMIENTO NATURAL DE LAS ALERGIAS

Los factores que las originan y las soluciones naturales para combatirlas


NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.

Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactas y ciertas en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.

© Rosa Guerrero, 2013

© de esta edición: RBA Libros S.A., 2013

Avda. Diagonal, 189 — 08018 Barcelona

rbalibros.com

Primera edición: abril de 2013

RBA INTEGRAL

REF.: OEBO895

ISBN: 9788416267767

DEPÓSITO LEGAL: B-7.193-2013

VÍCTOR IGUAL, S. L. • FOTOCOMPOSICIÓN

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Todos los derechos reservados.

Contenido

¿Qué son las alergias?

El sistema inmunitario, guardián de la saludCélulas y sustancias interactivasLa respuesta inmunológicaIdentificar y neutralizar al enemigo

¿Qué altera la inmunidad?

Las causas de la alergiaEl mecanismo de la reacción alérgicaLos diferentes tipos de respuestaLos mediadores de la hipersensibilidadAlergias, seudoalergias e intolerancias

Los principales alérgenos

Los neumoalérgenosLos trofoalérgenosLos alérgenos de contactoLos alérgenos microbianosLas radiaciones solaresLos medicamentos

Manifestaciones clínicas

Rinitis alérgicaFiebre del henoAsma bronquialConjuntivitis alérgicaEccema atópicoDermatitis de contactoUrticariaAlteraciones digestivasShock anafilácticoOtras patologías asociadas

La visión psicosomática de la alergia

La personalidad alérgicaEl choque emocional desestabilizadorEl papel del alérgenoMente, nervios y hormonas

La influencia de la dieta en las alergias

Correcciones dietéticasLas fases de la dieta antialérgicaEl control de la candidiasis

Tratamiento natural de las alergias

El poder de la fitoterapiaLos complementos ortomolecularesLa función de los oligoelementosAlgunos remedios naturistas caseros

Los remedios homeopáticos

Metodología del tratamiento homeopáticoRemedios sintomáticosEl concepto de terreno y sus principales remediosMiasmas, diátesis y nosodes

Otras terapias alternativas

AcupunturaFlores de BachHipnosisTerapias manuales

Casos clínicos

Bibliografía y direcciones

¿Qué son las alergias?

Cuando se habla de alergias, una de las primeras imágenes que vienen a la cabeza es la de una persona con los ojos enrojecidos y estornudando sin parar durante un soleado día de primavera en medio de un maravilloso prado lleno de flores. Este espectáculo de lágrimas, goteo nasal y otros síntomas que poco favorecen la imagen personal no es más que una respuesta exagerada del sistema inmunitario ante una sustancia en principio inofensiva pero que el cuerpo de la «víctima» identifica como extraña. El término alergia deriva de las palabras griegas allos, diferente, y ergos, reacción. La sustancia que desencadena el torrente de reacciones se denomina alérgeno y, en muchos casos, identificarlo deviene para el médico una auténtica tarea de detective porque potencialmente todo, absolutamente todo, puede ser origen de una reacción alérgica, incluso los seres humanos.

Se calcula que tres de cada diez personas sufren algún tipo de alergia, una proporción que curiosamente en las últimas décadas ha ido en vertiginoso aumento, sobre todo en los países desarrollados. Las alergias son el resultado de la combinación de factores ambientales, hereditarios y psicoemocionales que desequilibran el sistema inmunitario y provocan reacciones de hipersensibilidad que van desde unos simples estornudos a manifestaciones patológicas más graves como el asma o los eccemas. También pueden ser las causantes de otras alteraciones aparentemente no relacionadas como la hiperactividad, las migrañas, la artritis o la fatiga crónica, como más adelante abordaremos.

EL SISTEMA INMUNITARIO, GUARDIÁN DE LA SALUD

Por tanto, a la pregunta de ¿por qué tengo alergia? se le puede dar una primera respuesta consistente en decir que es una sobrerreacción del sistema inmunitario. Naturalmente, las cosas no son tan sencillas y conviene matizar la respuesta. El sistema inmunitario es como un Ministerio de Defensa personal e intransferible que se encarga de repeler las constantes agresiones del exterior. Esta compleja red defensiva está distribuida por todo el cuerpo y la forman órganos, células y sustancias solubles. Se puede decir sin temor a exagerar que sin el sistema inmunitario la vida sería imposible y obligaría a estar en una campana estéril para evitar que cualquier elemento mínimamente patógeno nos fulminase. El problema está en que algunas personas tienen un sistema inmune que ante una determinada sustancia o situación reacciona sin necesidad y pone en marcha un dispositivo defensivo a gran escala.

El objetivo de los agentes del sistema inmune es identificar y neutralizar a los agentes patógenos que penetran en el organismo

Los órganos más conocidos en el engranaje del sistema inmunitario son los ganglios, que forman cadenas que se distribuyen por todo el organismo y que se interrelacionan a través del sistema linfático. Los más destacables —ya que pueden llegar a ser palpables y visibles cuando se hinchan— son los del cuello, las axilas y la región inguinal, pero también los hay en la cavidad torácica y abdominal.

Por lo que respecta a las células del sistema inmune, las más importantes son los glóbulos blancos. En el apartado de sustancias solubles, hay una gran diversidad de ellas, y los anticuerpos son las más populares. En el polo opuesto de la fama está el complejo mayor de histocompatibilidad (CMH), que pese a su nombre tan poco pegadizo es la base del sistema inmunitario. Se trata de unas moléculas presentes en la superficie de las células cuya misión es identificar lo propio y lo extraño o, en terminología bélica, al amigo del enemigo.

CÉLULAS Y SUSTANCIAS INTERACTIVAS

Todos los elementos del sistema inmune están relacionados entre sí y colaboran en un objetivo único: identificar y neutralizar a los agentes patógenos que penetran en el organismo. Vale la pena hablar de ellos en detalle, ya que son los responsables de preservar la salud.

Macrófagos. Son glóbulos blancos de gran tamaño cuya misión es ingerir microbios y sustancias tóxicas. No se encuentran en la sangre, sino en zonas estratégicas —piel, mucosas— donde los órganos del cuerpo contactan con el flujo sanguíneo o con el mundo exterior.

Neutrófilos. Son también glóbulos blancos de considerable tamaño que contienen enzimas para destruir los antígenos ingeridos. Un antígeno es cualquier sustancia que el sistema inmune reconoce como una amenaza y contra la que fabrica anticuerpos. Los neutrófilos trabajan en coordinación con los macrófagos para limpiar el organismo de sustancias patógenas. A diferencia de estos, circulan por la sangre y necesitan un estímulo específico para abandonarla y entrar en los tejidos.

Mastocitos o células cebadas. Son unas células específicas que se hallan en la mayoría de los tejidos del cuerpo, especialmente en la piel y mucosas del tracto digestivo y vías aéreas. Intervienen en la defensa del organismo liberando histamina, la principal sustancia que provoca las reacciones alérgicas.

Linfocitos. Son células mucho más pequeñas que las anteriores, pero su principal diferencia es que pueden vivir durante décadas, mientras que los primeros tienen un ciclo vital de entre siete y diez días. Los hay de tres tipos: linfocitos B, linfocitos T y células asesinas naturales.

Sistema del complemento. Consta de un conjunto de proteínas implicadas en distintas cascadas bioquímicas que tienen como objetivo potenciar la respuesta inmunitaria. Este proceso facilita el acceso de diversas células del sistema inmune al lugar de la infección, con la finalidad de destruir los microorganismos y neutralizar ciertos virus.

Citocinas. Son moléculas secretadas por células del sistema inmunitario que actúan como mensajeros, regulando y coordinando muchas de las actividades de las células inmunes como son la inflamación, el crecimiento celular, la diferenciación, el desarrollo y los procesos de defensa.

Anticuerpos: el alfabeto Ig

En el apartado de sustancias interactivas merecen mención especial los anticuerpos, también llamados inmunoglobulinas (Ig), que se generan en presencia de cualquier antígeno, aunque no sea un microorganismo dañino. Una de las propiedades de cada grupo de anticuerpos es que son específicos, es decir, que reconocen a un tipo concreto de antígeno e ignoran a los demás. Al principio, cuando se produce una infección, el organismo fabrica anticuerpos en pequeña cantidad, y solo cuando la enfermedad resiste varios días, incrementa la producción. Muchos de esos anticuerpos permanecen en la sangre durante años, e incluso toda la vida, lo que hace inmune al organismo frente a infecciones posteriores de los mismos agentes patógenos.

Cuando el médico quiere saber el estado de las defensas de un paciente, solicita una analítica con los valores de las Ig, ya que esta información puede ayudarle a determinar la enfermedad que sufre su paciente. Existen cinco clases de anticuerpos:

IgG. Es el más abundante y se produce tras varias exposiciones a un antígeno. Se encuentra tanto en la sangre como en los tejidos. Es el único tipo de inmunoglobulina que se transmite de la madre al feto a través de la placenta. Protege al recién nacido hasta que su sistema inmunitario puede fabricar sus propios anticuerpos.

IgM. Es el que más rápidamente se forma ante la primera exposición a un antígeno. Abunda en la sangre, pero no está presente en los órganos o tejidos.

IgA. Se halla en la sangre y en algunas secreciones como la saliva, las lágrimas, los jugos del tracto gastrointestinal y la leche materna. Desempeña un importante papel en la defensa del cuerpo cuando se produce una invasión de microorganismos a través de una mucosa. Protege así los puntos más vulnerables como son los ojos, la boca, los aparatos digestivo y respiratorio, la vagina, etcétera.

IgD. Su concentración en la sangre es muy baja. No se conoce completamente su función, pero parece ser que colabora en la activación de los linfocitos B.

IgE. Este anticuerpo es una luz de alarma en el caso de personas que padezcan una alergia. Cuando sus valores son muy elevados indica que hay una reacción en curso. Puede existir una predisposición de tipo familiar a padecer enfermedades de naturaleza alérgica que está relacionada con una tendencia a producir anticuerpos de tipo IgE como respuesta secundaria frente a un antígeno, en lugar de IgG, que sería la respuesta normal en personas no alérgicas.

LA RESPUESTA INMUNOLÓGICA

A estas alturas ya hemos podido comprobar que algo aparentemente tan sencillo y espontáneo como un estornudo o un lagrimeo es el resultado final de una compleja cadena de procesos en red que el sistema inmunitario ha conformado.

Las respuestas inmunes pueden dividirse en dos categorías y cada una de ellas utiliza secreciones (defensa humoral) o células específicas (defensa celular) para atacar y destruir a los agresores.

Inmunidad innata (natural)

Todos los organismos pluricelulares —de los que la especie humana no deja de ser un tipo más— tienen mecanismos intrínsecos de defensa que los protegen de las infecciones microbianas. Por el hecho de estar siempre presentes y a punto para reconocer y eliminar patógenos, se le denomina «inmunidad innata». Reaccionan de forma similar ante todas las sustancias extrañas y el reconocimiento de los antígenos no varía de una persona a otra.

Defensa humoral innata. Se sirve de materias solubles en los líquidos del cuerpo. La mayoría de las veces son moléculas de albúmina (enzimas, secreciones de las mucosas, flora comensal del tracto digestivo y respiratorio, etc.) que pueden actuar contra cualquier agente extraño. Los entrañables mocos de los bebés son una muestra palpable de este tipo de defensa.

Defensa celular innata. Consta de las llamadas células fagocitarias (macrófagos y neutrófilos), que ingieren todo tipo de elementos patógenos (bacterias, virus y hongos vivos o muertos) y los destruyen en su interior.

Inmunidad específica (adquirida)

Se trata de una respuesta aprendida a lo largo de la vida. En el momento de nacer, el sistema inmunitario del bebé aún no se ha enfrentado al mundo exterior ni ha comenzado a desarrollar sus archivos de memoria. Poco a poco irá aprendiendo a responder a cada nuevo antígeno con el que se enfrenta. En este sentido, la guardería es todo un aprendizaje. El rasgo característico de esta respuesta inmunitaria es su capacidad para aprender, adaptarse y recordar.

Defensa humoral específica. Fabrica unos anticuerpos únicos y específicos contra cuerpos extraños muy determinados (especialmente microorganismos extracelulares), vivos o muertos. Estos anticuerpos son las inmunoglobulinas (Ig) y son fabricadas por células plasmáticas que proceden de los linfocitos B. Se hallan en la sangre, en las secreciones mucosas y en la leche materna.

Defensa celular específica. Su actividad corre a cargo de los linfocitos T. Promueve la destrucción de células infectadas por microorganismos intracelulares, inaccesibles para los anticuerpos.

IDENTIFICAR Y NEUTRALIZAR AL ENEMIGO

El sistema inmunitario, aparte de su ejército para repeler las agresiones exteriores, cuenta con un servicio de inteligencia que crea una base de datos a la que incorpora cada antígeno con el que la persona entra en contacto, ya sea a través de los pulmones, el intestino o la piel. Cuando estas células defensivas topan con un antígeno por segunda vez, su respuesta ante él es enérgica, rápida y específica. Esto explica por qué afortunadamente solo se contrae la varicela o el sarampión una vez en la vida. Ello es posible gracias a la larga vida de los linfocitos, de la que ya hemos hablado anteriormente.

El sistema inmunitario elabora una base de datos con cada antígeno con el que entramos en contacto

La inmunidad innata y la adquirida no son independientes una de la otra. Cada sistema actúa en relación con el otro e influye sobre él directa o indirectamente a través de las citocinas (mensajeros).

Las respuestas inmunológicas destinadas a destruir los agentes extraños dependen siempre de los siguientes tres principios básicos:

Reconocimiento. Para que el sistema inmune pueda atacar a un antígeno primero debe ser capaz de reconocerlo. Este proceso conlleva una cascada de funciones. Los macrófagos son las principales células encargadas de la eliminación de sustancias extrañas, pero también pueden hacerlo otras células como los linfocitos B.

Movilización. Una vez se ha producido el reconocimiento de un antígeno se inicia la movilización del sistema inmunitario. Se liberan citocinas que actúan como mensajeros para activar otras células.

Ataque. La maquinaria del sistema inmunitario tiene la finalidad de matar, neutralizar o eliminar los microorganismos invasores una vez han sido reconocidos. Los macrófagos, los neutrófilos y las células asesinas naturales son capaces de destruir la mayoría de invasores por el proceso de fagocitosis. Pero hay invasores que poseen mecanismos de defensa que hacen más difícil su destrucción y obligan a intervenir a los linfocitos B o T. Esto explica por qué algunas infecciones requieren más tiempo para ser eliminadas.

¿Qué altera la inmunidad?

Se han formulado numerosas hipótesis para explicar las causas del vertiginoso crecimiento de las alergias. Ninguna ha sabido proporcionar una respuesta única y definitiva, aunque no hay duda de que la contaminación, el sofisticado procesado de los alimentos, el abuso de los fármacos y la proliferación en el ambiente de sustancias químicas potencialmente o efectivamente tóxicas son factores que hay que tener en cuenta. No es extraño que nuestro sistema inmunitario, agredido por este excepcional arsenal de tóxicos, en ocasiones enloquezca y reaccione con un comportamiento anómalo frente a sustancias o materias totalmente inocuas como el polen, el polvo doméstico, el moho o el pelo de gato.

LAS CAUSAS DE LA ALERGIA

Sin duda, las alergias constituyen una patología multifactorial que hace difícil relacionarlas con una causa única. La alteración de la respuesta inmunológica tiene diferentes causantes.

El exceso de higiene

Durante miles de años, el sistema inmunitario del ser humano se especializó en hacer frente a amenazas como bacterias, virus, hongos y parásitos intestinales. En las sociedades acomodadas muchos de estos enemigos potenciales han desaparecido debido a las mejoras en la higiene y al estilo de vida urbano.

Cuando no hay peligros a los que enfrentarse, el sistema inmunitario se vuelve ocioso y rebaja el umbral de lo que considera tolerable. Sin que notemos apenas síntomas, se va formando en nuestro organismo un increíble arsenal de armas frente a algunas sustancias presentes en el polen, el polvo, los ácaros, el pelo de los animales, los alimentos, etc., cuyo único «delito» es que su estructura recuerda vagamente a la de las proteínas presentes en las paredes celulares de bacterias, virus y parásitos. Por tanto, el sistema inmunitario las identifica como una amenaza y actúa en consecuencia.

El bombardeo químico

Se ha comprobado que los habitantes de las ciudades sufren más alergias que los del campo. La causa parece estar en la exposición constante de los urbanitas a los residuos de la combustión de los automóviles y a la polución ambiental.

Uno de los motivos del aumento de las alergias y las intolerancias alimentarias es la exposición a un gran número de sustancias químicas

Se da la paradoja de que el sistema inmunitario tiene menos microorganismos a los que enfrentarse en una ciudad, pero cada día está expuesto a miles de sustancias químicas, muchas desconocidas para él. Basta un dato: en las últimas décadas se han llegado a clasificar más de 300 compuestos nuevos, con los que convivimos cada día, capaces de provocar algún tipo de manifestación alérgica.

Los antibióticos y las vacunas

Enfermar forma parte del proceso de desarrollo del sistema inmunitario. El aumento de las alergias y otras enfermedades crónicas de tipo inmune parece estar directamente relacionado con el descenso de las infecciones en la infancia, lo cual se debe a un mayor consumo de antibióticos y a la práctica masiva de la vacunación. Por otro lado, ante el primer síntoma de infección (tos, fiebre, mucosidad, etc.) las personas tienden a automedicarse con fármacos que cortan de raíz las reacciones de eliminación del organismo, con lo que el sistema inmunitario no puede actuar por sí mismo y acaba debilitándose.

La influencia de la herencia

Una de cada diez personas posee una predisposición innata para desarrollar alergias: se las llama personas atópicas. Estas personas tienen tendencia a producir excesivas cantidades de inmunoglobulinas tipo E (IgE). El estado atópico es hereditario; es decir, se hereda la predisposición a desarrollar ciertas patologías de tipo alérgico. Pero ello no significa que todas las personas atópicas vayan a tener una alergia e incluso es posible que muchas de ellas permanezcan libres de síntomas toda su vida. Desde un punto de vista estadístico, se calcula que alrededor de un 50% de hijos de alérgicos llegan a sufrir con el tiempo reacciones de hipersensibilidad. Si es uno solo de los progenitores el que las sufre, entonces el porcentaje disminuye a un 30%.

Factores psicológicos

El sistema inmunitario está muy vinculado al plano mental. Prueba de ello es que una persona alérgica a los gatos, por ejemplo, puede sufrir un ataque de estornudos con solo ver la fotografía del animal o pensar que hay algún gato cerca, aunque en realidad no lo haya.

También se ha comprobado que existe una relación entre ciertos rasgos de la personalidad y la propensión a padecer alergias: la desconfianza y la inseguridad exageradas suelen caracterizar a la mayoría de alérgicos. En este aspecto, el vínculo que se establece durante la infancia con los padres parece desempeñar un papel importante, especialmente en los asmáticos. Los niños que padecen asma alérgico suelen tener una fuerte dependencia de la madre, temen perder su afecto y, en general, ser ignorados o poco queridos por los demás.

EL MECANISMO DE LA REACCIÓN ALÉRGICA

La memoria inmunitaria evita que nos afecten miles de veces las mismas enfermedades. Esta memoria funciona muy bien, incluso en el caso de la alergia. La primera vez que nos topamos con un alérgeno, el sistema inmunitario fabrica armas específicas contra él. Nosotros no nos damos cuenta porque el alérgeno no es nocivo y por tanto no hace que enfermemos.

Pero el sistema inmune lo cataloga como enemigo peligroso y, cuando se lo encuentra de nuevo, puede decidir atacarlo. Este mecanismo se denomina sensibilización. En los alérgicos, la sensibilización siempre se produce, aunque no dé lugar a una manifestación clínica inmediata.

Prácticamente todas las materias, sean orgánicas o inorgánicas, además de algunas bacterias y hongos, pueden actuar como alérgenos, es decir, que el cuerpo puede reaccionar ante ellas. También determinados tipos de individuos y de situaciones pueden interiorizarse como alérgenos y, cada vez que se presenten en la vida de una persona, son susceptibles de provocarle una reacción alérgica.

LOS DIFERENTES TIPOS DE RESPUESTA

Las reacciones alérgicas se clasifican en cuatro tipos, aunque en algunos casos pueden darse varios de ellos al mismo tiempo.

Alergia tipo I: atópica

En este tipo de alergia la reacción es inmediata, ya que se presenta en minutos o incluso a los pocos segundos de entrar en contacto con el alérgeno.

El 90% de todas las reacciones alérgicas se pueden inscribir en este grupo. La inmunoglobulina de la clase E (IgE), es la causante de este proceso.

Ejemplos típicos de este tipo de alergias son la conjuntivitis y rinitis alérgica, el asma bronquial (alergia al polvo, al polen, al moho, etc.), la urticaria, así como las reacciones inmediatas producidas por una intolerancia a ciertos alimentos, a venenos de insectos o a algunos medicamentos.

Alergia tipo II: citotóxica

El sistema inmunitario se organiza contra superficies celulares propias del organismo porque algunas sustancias extrañas se han adherido a ellas.

La partícula extraña hace que toda la célula sea catalogada como intrusa y los anticuerpos de las clases IgG e IgM se encargan de atacarla. El tiempo de reacción puede ser de horas o de días.

Son ejemplos de este tipo de alergia: el rechazo de trasplantes, la anemia causada por fármacos, la intolerancia de grupos sanguíneos en el embarazo, etcétera.

Alergia tipo III: a inmunocomplejos

La unión entre un antígeno y un anticuerpo forma un inmunocomplejo y las inmunoglobulinas G y M desencadenan este tipo de alergias, que se presentan al cabo de unas horas.

Las afecciones más habituales de este tipo de alergias son las vasculitis, las alveolitis alérgicas, las nefritis y la artritis.

Alergia tipo IV: retardada o inmunológica celular

En este caso, las inmunoglobulinas ceden su papel a los linfocitos T. Al igual que ocurre en el caso de las reacciones de tipo II, los alérgenos se originan al unirse sustancias intrusas con moléculas proteicas de las células del organismo. Entre estas sustancias intrusas destacan muchos de los aditivos que se añaden a los productos alimentarios, así como diversos componentes de las fibras textiles, los cosméticos, etc. Los síntomas se manifiestas tras un periodo que varía entre uno y diez días después de la exposición a la sustancia.

El calor, el frío, el cansancio o el nerviosismo son estímulos que pueden provocar la liberación de mediadores de la alergia

La dermatitis de contacto es una de las formas más usuales de reacción inmunológica celular.

LOS MEDIADORES DE LA HIPERSENSIBILIDAD

Las sustancias que transmiten las reacciones alérgicas —también llamadas mediadores— son las causantes de la sintomatología de las respuestas tanto de tipo inmediato como de las retardadas y de las de largo plazo. No hay un solo mediador, sino que suelen concurrir varios.

Además de la reacción antígeno-anticuerpo, hay otros estímulos —como el calor, el frío, el cansancio, el nerviosismo— que pueden liberar mediadores. Según su acción, los mediadores producen hinchazón, rubefacción, mucosidad, picor o disnea.

Histamina. Es una sustancia liberada en los tejidos por los mastocitos en caso de contacto con un antígeno o un alérgeno. Cumple la función de dilatar los vasos para reclamar la ayuda de otras células o sustancias defensivas. Es el mediador esencial de las alergias inmediatas, las inducidas por IgE (ver el apartado «Anticuerpos: el alfabeto Ig»). Los efectos biológicos que produce son: prurito, hipotensión, aumento de las secreciones salivar, lagrimal, gástrica y pancreática, espasmos bronquiales, contracción de la musculatura lisa. Es la causante de los síntomas alérgicos inmediatos como la rinitis, la urticaria y la conjuntivitis.

Quininas. Son sustancias mediadoras con efectos similares a los de la histamina. La diferencia es que no necesitan ser activadas por una reacción antígeno-anticuerpo. Por lo tanto, determinados agentes extraños pueden producir una liberación de quininas que acaba provocando los mismos síntomas que la histamina.

Otras sustancias mediadoras. Además de la histamina y de las quininas, hay una serie de mediadores que pueden desencadenar en el organismo reacciones de hipersensibilidad. El sistema del complemento (ver la página 9, apartado «Células y sustancias interactivas»), por ejemplo, presenta grandes similitudes con el sistema productor de quininas. En este grupo de mediadores entrarían las linfocinas, las interleucinas I o III, determinadas prostaglandinas (PGE2), los fibroblastos, los linfocitos B y T o los neutrófilos, por solo aludir algunos y no abrumar al lector.

ALERGIAS, SEUDOALERGIAS E INTOLERANCIAS

Cuando un alimento sienta mal y provoca síntomas reaccionales es habitual pensar que se trata de una alergia. Ello es debido a que las molestias de una seudoalergia o de una intolerancia alimentaria son muy similares a los de la alergia: gastritis, picores, urticaria, cara enrojecida, sofocos, malestar general. Sin embargo, hay muchas diferencias entre estos fenómenos.

En primer lugar, hay que decir que las alergias inducidas por alimentos son raras, especialmente en los adultos. Hay una persona alérgica de cada diez, frente a cinco o seis afectadas de intolerancia.

Las seudoalergias

Mientras que una alergia se forma después de estar en contacto con el alérgeno al menos una vez y se requieren varias veces para desarrollar los síntomas, las seudoalergias se crean al primer contacto. Aunque los síntomas son parecidos a los de una alergia, no están producidos por una reacción antígenoanticuerpo. No hay, por tanto, sensibilización y la gravedad de las manifestaciones clínicas dependerá de la dosis.

Las seudoalergias pueden surgir en respuesta a muchos desencadenantes. Por ejemplo, son habituales las provocadas por alimentos como el pescado, las fresas, el chocolate, los quesos o el vino. Estos productos contienen sustancias que pueden estimular una liberación inespecífica de histamina y, por consiguiente, provocar una respuesta alérgica en forma de mucosidad, picor de ojos, urticaria o asma. Otros desencadenantes frecuentes de seudoalergias son los medios de contraste para pruebas radiológicas, los aditivos alimentarios, los anestésicos locales y diversos fármacos.

Las intolerancias

Son reacciones adversas de tipo crónico a alimentos consumidos frecuentemente. Los que provocan más problemas son la leche y derivados lácteos, los tomates, el trigo, el café, etc., pero cualquiera puede ser causa de una intolerancia.

Mientras que la alergia es una reacción inmediata que afecta al sistema inmunitario, la intolerancia está relacionada con las características del propio alimento y del sistema gastroentérico de la persona. De ahí que en la alergia basta con poca cantidad de alérgeno para desencadenar la reacción, mientras que en la intolerancia los trastornos están directamente relacionados con la frecuencia y la cantidad de alimento ingerido. Además, aunque los síntomas sean molestos, la intolerancia nunca llega a provocar un shock anafiláctico (ver el capítulo «Manifestaciones clínicas»), situación que sí puede ocasionar una alergia.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
13 listopada 2024
Objętość:
132 str. 5 ilustracji
ISBN:
9788416267767
Wydawca:
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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