Czytaj książkę: «El rostro real de Dios»

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Padre Ricardo, MPD

El rostro real de Dios / Padre Ricardo, MPD. - 1a ed. - Ciudad AutÛnoma de Buenos Aires : De la Palabra de Dios, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga

ISBN 978-987-48292-9-0

1. Espiritualidad Cristiana. I. TÌtulo.

CDD 248.4

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reservados. Impreso en Argentina. Printed in Argentina.

Presentación

Todo hombre alguna vez pronuncia la palabra Dios: para decir que existe o no existe; para reconocerlo como Padre, ignorarlo o negarlo; para pedirle o quejarse; para agradecerle o injuriarlo... Pero, ¿cuál es el “dios” con el que nos vinculamos?

El Dios Vivo y Verdadero del Evangelio, no es un dios hecho a la medida de cada uno. A veces nos relacionamos con una imagen irreal de Dios, que corresponde a estados interiores, historias personales, procesos psicológicos, etcétera. Por eso, tomar conciencia de las diferentes imágenes que aún inconscientemente conservamos de Dios, abre la puerta de nuestra propia evangelización y la de los hermanos.

Estas páginas, tuvieron su borrador inicial en el año 1974 como fruto del trabajo pastoral del Padre Ricardo, fundador del Movimiento de la Palabra de Dios. Con la experiencia recogida a través del tiempo, su contenido se fue ampliando y corrigiendo a fin de agregar nuevos aportes a la publicación.

Con un lenguaje claro, concreto y pastoral, el autor describe las “caricaturas” que se pueden tener de Dios y presenta tres actitudes con las que el hombre se relaciona con Él. En los últimos capítulos nos acerca cuatro novedades que comporta El Rostro Real de Dios, para concluir con la propuesta de evangelizar la imagen que tenemos de Él y renovar nuestro vínculo filial con el Dios Vivo y Verdadero del Evangelio.

Un tema que es objeto de enseñanza y reflexión para los creyentes de todas las edades.

Editorial de la Palabra de Dios

Diciembre 2019

Prólogo de la

1° edición

El anuncio y proclamación de una imagen más auténtica y evangélica de Dios para los creyentes, está en los mismos orígenes del Movimiento de la Palabra de Dios y de su mensaje evangelizador. Es más, el Movimiento surge de la proclamación de un Dios que es revelación, realidad, vida, conversión, compromiso y testimonio.

“El Rostro Real de Dios”, antes de ser un tema de meditación, fue observación y descubrimiento pastoral. Surgió de mirar, a través de las palabras, interpretaciones y actitudes de vida, qué imagen “preconsciente” de Dios tiene el hombre de todos los días.

El hacer tomar conciencia a una persona de cuál era su “caricatura” de Dios le abría la puerta para recibir el rostro del Dios bíblicamente revelado. Por eso también, la imagen de Dios fue y es objeto de predicación de retiros y jornadas a jóvenes y adultos. De enseñanza en la catequesis y en la teología dada a los laicos.

Al redactarlo, en mayo de 1974, añadí lo concerniente a las “tres actitudes del hombre” que expresan motivo de preocupación pastoral en la Iglesia renovada por el Concilio Vaticano II.

Los hermanos de la naciente Editorial de la Palabra de Dios han sacado del borrador este capítulo de un libro inacabado: “El Camino del Evangelio”. Como en el Movimiento sigue teniendo vigencia la evangelización de la imagen de Dios, lo ofrezco con el deseo de que nos acerque más al Dios que nos ama y nos lleva a su testimonio salvador.”

Padre Ricardo, MPD

Agosto de 1981

I

Caricaturas

de Dios

¡Cuántas veces pronunciamos la palabra Dios! ¡Cuántas veces! Todo hombre alguna vez la pronuncia. Para decir que existe o que no existe; para pedirle o para quejarse; para agradecerle o para injuriarlo...

Dios está en la boca, en la mente o en el corazón de todos. Lo reconocemos, lo ignoramos o lo negamos, pero Dios es una realidad de la vida humana que Él mismo nos ha dado. En Él –consciente o inconscientemente– “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28).

En tiempos de tanto ateísmo ideológico y práctico, de tanto materialismo, el ambiente invita a hacerse esta pregunta: ¿Dios existe o no? Si existe, ¿cómo saberlo con seguridad?; ¿Dios es real o un invento nuestro para consolarnos frente a cosas y situaciones que nos superan?, ¿no es una evasión al problema de la convivencia humana, del hambre, de la injusticia, de la guerra...?

A este planteo, los cristianos respondemos desde la fe. Proclamamos la dicha de creer (Cf. Jn 20, 29) y llamamos a que otros crean. La fe nos ha dado una nueva dimensión de vida que no se puede apreciar fuera de ella. Es necesario creer con autenticidad. Y en esto los cristianos no estamos libres de pecado.

Porque sabemos que no basta pronunciar la palabra Dios para que sea una expresión verdadera, realmente portadora de fe. Hay una palabra “dios” que esconde una irrealidad, un vacío de Dios. Un Dios deformado, recortado y hecho a semejanza del hombre empobrecido por el pecado.

“De papel me hice un dios, a mi gusto lo pinté;

de mis manos él salió, lo colgué de la pared”,

dice el canto.

Esto nos parece más grave que el ateísmo ideológico y que el consumismo. Porque es una especie de ateísmo desde adentro de la persona misma, aún de quien se considera creyente. ¡Qué complicada y sutil es la posibilidad de alienación humana! ¡Qué ingenuos pueden ser en creer como creen, algunos creyentes!

La imagen alienada de Dios favorece el ateísmo teórico de los incrédulos y alienta el ateísmo práctico de los mismos “creyentes”. Porque es un ateísmo disfrazado. Es un llamado silencioso y eficaz a la incredulidad. ¿Cuántos al leer o hablar de la fe piensan en el Evangelio y no en su idea de Dios?

Hay algunas formas vulgarmente comunes de vaciamiento o de deformación de la palabra “Dios”. Formas en que ese vocablo no contiene la realidad que sus sonidos pretenden expresar. Son como sonidos-garabatos de Dios, maniquíes o caricaturas de Dios. Veamos a continuación algunas deformaciones de lo que se cree cuando se habla de “dios”.

1. El dios-amuleto

Hay gente que por la palabra “Dios” traduce “amuleto”. Una superstición que algunos dicen que sirve para librar de la “mala suerte”. Es el amuleto de una credulidad primitiva, prácticamente mágica. Hay gente que cree en el dios-de-la-buena-suerte. No en el Dios-de-la-Salvación. Recurren a él cuando temen que les pueda ocurrir algún mal.

Me encontré una vez con un hombre que había dejado de creer años atrás. Él no había sido un practicante pero “creía”. Su madre, ya mayor, iba todos los días a misa. Un día, camino del templo, la atropelló un vehículo y murió. Su hijo, entonces, se dio cuenta de que Dios “no valía para nada” y dejó de “creer”. El amuleto que protegía a su madre había dejado de funcionar. El diálogo pastoral le permitió acercarse nuevamente a Dios, por medio de una imagen más real de Él y entender de otro modo el accidente de su madre.

Esa actitud religiosa de credulidad mágica es espiritualmente deformada y deformante. Impide una verdadera relación con Dios. Por eso, este dios-amuleto degrada al hombre y lo hace irracional. ¡Cuántos son los que creen en la predicción del horóscopo que el comercio de la prensa anuncia!

2. El dios-cubre-necesidades

Otras veces, Dios aparece como un cubre-necesidades. El hombre es un ser necesitado. Por eso se ha inventado una sociedad de producción y consumo. Es un necesitado radical, en definitiva, un necesitado de Dios. Dice san Agustín: “Señor, nos creaste para ti”.

El hombre pretende cubrir esta necesidad de absoluto con las cosas. Las cosas son “un tapa-agujero” que nunca se acaba de cubrir. Por eso ellas cubren y descubren: cubren un pedacito del agujero y descubren una nueva necesidad. No satisfacen plenamente, pero dejan a la persona en el círculo vicioso de vivir tras las cosas, de trabajar para ellas, de soñar con el paraíso del confort, del bienestar total. El hombre-necesidad es un esclavo. Esclavo del trabajo reproductor, sin creación y sin sentido de fondo. Porque ese trabajo no sirve al hombre: lo encadena y lo explota.

Este hombre-necesidad que tenemos dentro, cuando se encuentra necesitado se inventa un “dios-cosa”. Cuando se le descubre la indigencia de su ser en una necesidad que trasciende sus recursos, va al “almacén de Dios”. Vive oscuramente la omnipotencia divina y cree que allí se puede conseguir de todo. Va allí a pedir. Su oración fundamentalmente es la petición. A veces también agradece, pero en el fondo de su ser agradece la utilidad de un medio. En su alienación espiritual no alcanza a establecer una relación personal con Dios. En vez de dejarse liberar por una conversión de actitud y de espíritu, permanece en la alienación profunda de la imagen de Dios.

Esta caricatura de Dios es la cuestionada hoy por mucha gente universitaria. Es la imagen que purifica el desarrollo del progreso. Hay ateos que argumentan más o menos así: “El ateísmo creciente en el hombre civilizado es normal. Dios servía para recurrir a algo cuando las necesidades sobrepasaban al hombre. Hoy, con el desarrollo de la ciencia y de la técnica, el hombre se basta a sí mismo y no necesita de Dios. Es lógico que el hombre cuanto más sepa más ateo sea. Dios no es más que una proyección del hombre”.

No explicaremos las falacias de esa argumentación. Preferimos mantenernos en un enfoque de análisis de la imagen de Dios y de cuestionamiento pastoral. ¿Todos los ateos son negadores de Dios o lo son de las imágenes deformadas de Dios que presentan muchos creyentes y cristianos?

No debemos ser ingenuos y quedarnos pastoralmente tranquilos porque hay muchos que invocan a Dios. Hay que preguntarse: ¿A qué Dios se invoca? ¿A Dios o a “dios”? ¿Esto nos plantea una mirada más profunda en la tarea de evangelización y un cambio de actitud y de enfoque en el anuncio de Dios, que es la liberación trascendente del hombre?

El hombre-cosa establece una relación de utilidad con su dios-cubre-necesidades. A veces su agradecimiento es un modo de poder pedir, cuando lo necesite otra vez. El Evangelio nos dice que pidamos, pero no dentro de relaciones unitarias, sino de amor. Aquéllas degradan al hombre porque lo despersonalizan. La persona se deforma con las interrelaciones comerciales: ‘te doy para que me des’, ‘te quiero porque te necesito’. Podemos preguntarnos: ¿Cuál es el Evangelio que los cristianos presentamos en nuestras actitudes humanas y religiosas?

3. El dios-sobreprotector

Lo que aquí decimos fue tomado del trabajo pastoral, de la orientación personal y comunitaria; del contacto con la gente en retiros y jornadas; de la experiencia de la vida religiosa o consagrada. A veces, la palabra “Dios” esconde la imagen de un dios-sobreprotector, tal vez amparada por una buena conducta. Se cumplen “los mandamientos” pero el motivo de ese obrar es más el temor que el amor. Ello queda descubierto en alguna expresión: ‘¿qué mal habré hecho para que me suceda esto?’. La persona siente que hay que portarse bien para no ser castigado. Tal vez no se lo enuncie de ese modo, pero en el fondo se lo vive así.

Dentro de esta tónica, cuando se comete una falta se siente miedo. El pecador se arrepiente como un niño y le pide infantilmente perdón a Dios; y mientras se siente cumpliendo los mandamientos vive burguesmente tranquilo, esperando un premio eterno. La relación con Dios es una relación con un “gran papá” que premia o castiga según se comporte la persona. Es una relación desde afuera, que expresa una inmadurez e infantilismo religioso. Hay adultos que han quedado fijados en una niñez religiosa, que nada tiene que ver con la niñez espiritual del Evangelio.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
22 maja 2025
Objętość:
51 str. 2 ilustracji
ISBN:
9789874829290
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania: