Czytaj książkę: «Negociación y cooperación»

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Negociación y cooperación : teoría y experiencias en resolución de conflictos / Julián Arévalo [y otros] ; Julián Arévalo, editor. -- Bogotá : Universidad Externado de Colombia. Facultad de economía. Centro de Análisis y Diseño Estratégico. 2020.

451 páginas : ilustraciones, gráficos ; 24 cm.

Incluye referencias bibliográficas.

ISBN: 9789587905052

1. Negociación -- Aspectos económicos – Colombia 2. Negociaciones de paz -- Aspectos económicos – Colombia 3. Solución de conflictos -- Aspectos económicos – Colombia 4. Proceso de paz -- Aspectos económicos –Colombia 5. Colombia -- Política y gobierno -- 2002-2010 I. Arévalo Bencardino, Julián Javier, editor II. Universidad Externado de Colombia III. Título

303.69 SCDD 15

Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. EAP.

diciembre de 2020

ISBN 978-958-790-505-2

© 2020, JULIÁN ARÉVALO (ed.)

© 2020, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Calle 12 n.º 1-17 este, Bogotá

Teléfono (57 1) 342 0288

publicaciones@uexternado.edu.co

www.uexternado.edu.co

Primera edición: diciembre de 2020

Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones

Corrección de estilo: María del Pilar Osorio

Composición: Julián Hernández - Taller de Diseño

Impresión y encuadernación: DGP Editores S.A.S.

Tiraje: de 1 a 1.000 ejemplares

Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad de los autores.

Diseño epub: Hipertexto – Netizen Digital Solutions

A la memoria de Jesús Antonio Bejarano y su incansable esfuerzo por una Colombia en paz

AGRADECIMIENTOS

Este trabajo no habría sido posible sin el empeño y dedicación de Andrea García, quien no solo participó como coautora en varios capítulos, sino que jugó un papel clave en la coordinación del Centro de Análisis y Diseño Estratégico, donde nació este proyecto.

Carolina Quevedo, David Ortiz, Lorena Beltrán, Giselle Turga y Helen Orjuela, así como los demás integrantes del equipo administrativo de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia brindaron todo el acompañamiento y apoyo necesario para que el proyecto pudiera llegar a buen puerto.

El equipo del Instituto para las Transiciones Integrales (IFIT) fue fundamental para el análisis y comprensión de los problemas tratados a lo largo del texto. El trabajo riguroso del IFIT en diferentes negociaciones políticas a lo largo del mundo enriqueció mi experiencia en la realización de este libro.

Las conversaciones con Verónica Akle, Elena Ambrosi, David Aponte, Andrés Bermúdez, Mark Freeman, Andrés García, Sergio Guarín, Sebastián Guerra, Carlos José Herrera, Philipp Lustenberger, Martha Maya, Isabelita Mercado, Sergio Monsalve, Mauricio Pérez, Jonathan Powell, Guillermo Rivera, Alberto Supelano, Alejandro Urrutia y William Ury me ayudaron a entender diferentes aproximaciones a los temas tratados en el libro.

Agradezco de manera especial a Humberto de la Calle, Sergio Jaramillo, Juanita Goebertus, Alberto Fergusson, Mauricio Rodríguez y José Noé Ríos, por su generosidad al compartir con nosotros sus experiencias de negociaciónes.

Igualmente, destaco el trabajo del equipo de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz entre 2012 y 2017, que no solo dejó un enorme legado al país por su contribución al Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, sino que también sirvió como una escuela para muchos de nosotros, en la que mejoramos profundamente nuestra comprensión sobre las complejidades de una negociación.

Finalmente, agradezco a nuestros estudiantes y colegas profesores, con quienes hemos compartido parte de este material y han hecho un aporte invaluable a nuestras discusiones.

Julián Arévalo

Bogotá, 9 de diciembre de 2020

CONTENIDO

PRÓLOGO

PARTE I: APROXIMACIONES TEÓRICAS A LA NEGOCIACIÓN

INTRODUCCIÓN. CONFLICTO, NEGOCIACIÓN Y DEMOCRACIA

Julián Arévalo

NEGOCIACIÓN EN LA TEORÍA ECONÓMICA Y EN OTRAS ÁREAS DEL CONOCIMIENTO

Julián Arévalo

DIGNIDAD COMO ELEMENTO ESENCIAL EN UNA NEGOCIACIÓN: TEORÍA Y TRES ESTUDIOS DE CASO

Julián Arévalo, Julio Daly y Andrea García

PARTE II: ESTUDIOS DE CASO DE NEGOCIACIÓN

CONSTRUIR CONFIANZA Y HONRAR LA DIGNIDAD: ANÁLISIS DEL ACUERDO SOBRE REFORMA RURAL INTEGRAL EN LA NEGOCIACIÓN DEL GOBIERNO DE COLOMBIA CON LAS FARC

Andrés García Trujillo

UNA PAZ COLABORATIVA: ANÁLISIS DE ALGUNAS PRÁCTICAS DESARROLLADAS DURANTE EL PROCESO DE PAZ ENTRE EL GOBIERNO DE COLOMBIA Y LAS FARC A PARTIR DE DOS MODELOS DE NEGOCIACIÓN

Margarita Canal Acero y David Aponte Castro

EL IMPACTO DE LA NEGOCIACIÓN CON LAS FARC EN LA NEGOCIACIÓN CON EL ELN DURANTE EL GOBIERNO DE JUAN MANUEL SANTOS: UN CASO DE NEGOCIACIONES ENTRECRUZADAS

Sebastián Guerra Sánchez

LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA: ¿GATOPARDISMO, PACTISMO, REFORMA, RUPTURA?

Alberto Castrillón

PARTE III: ACTORES CLAVE EN NEGOCIACIÓN

TRUMP: ¿EL ARTE DEL ACUERDO?

Julián Arévalo, Andrea García y Paula Martínez

LIDERAZGO POLÍTICO EN EL DESARROLLO DE PROCESOS DE PAZ EN COLOMBIA ENTRE 2002 Y 2010: LA IMPORTANCIA DE JUAN MANUEL SANTOS

Juliana Tappe Ortiz

EXPERIENCIAS DE NEGOCIACIÓN: ENTREVISTAS CON ACTORES CLAVE EN NEGOCIACIONES RECIENTES

Julián Arévalo y Andrea García

NOTAS AL PIE

PERFILES DE LOS AUTORES

PRÓLOGO

La teoría y la práctica de la negociación ocupan dos mundos paralelos. Hay expertos que conocen sobre todo la teoría, en muchos casos reflejada en importantes libros; mientras otros conocen especialmente la práctica, a veces a partir de textos analíticos o biográficos. Sin embargo, lo que no hay es suficiente cantidad de libros que reúnan lo mejor de la teoría y de la práctica. Este nuevo libro, editado por Julián Arévalo, representa una excepción.

Dentro de estas páginas, el lector encontrará capítulos con aproximaciones teóricas a la negociación que incluyen no solo un excelente resumen de la literatura, sino que también contiene ideas originales sobre temas olvidados, un ejemplo es la dignidad como variable clave dentro de un espacio de negociación. Además, el lector encontrará estudios de caso de negociación, con un enfoque en experiencias recientes de Colombia, el país que ha sido el laboratorio más robusto para la negociación de paz, desde los años noventa en Irlanda del Norte. Este libro también ofrece importantes capítulos sobre actores clave en negociación, entre ellos uno interesante sobre el “modelo” Trump de la negociación.

Desde mi propia experiencia en el dominio de la negociación de paz, es sorprendente cuántas veces los detalles más básicos y estructurales son ignorados o malentendidos, sobre todo, en temas metodológicos. Por ejemplo, aunque puede parecer obvio, siguen existiendo comentaristas que critican las negociaciones de paz en uno o más países como si fueran espacios de decisiones unilaterales y controladas. Es importante anotar que, debido a su naturaleza, en una negociación siempre se requiere el consentimiento formal de las partes y las concesiones mutuas son intrínsecas. Estructuralmente, estas son el único camino para llegar a un acuerdo, ya sea en cuestiones de justicia, dejación de armas, participación política o cualquier otro tema.

Naturalmente, en una negociación, el equilibrio de poderes en la mesa puede variar permitiendo que una parte tenga mayor capacidad de presión sobre la otra. Pero esto no significa que alguna pueda imponer su voluntad y visión sobre el otro, ya que, en este caso, se dejaría de hablar de negociación, y se hablaría más bien de rendición.

Desde una perspectiva teórica y práctica, el impacto del “hecho de la negociación” es difícil de exagerar. Repercute profundamente en el campo de lo moral, en la medida en que los intereses opuestos y las cosmovisiones –algunas de ellas quizás fuertemente antiliberales– deben reconciliarse. A nivel práctico, se afecta la agilidad en la toma de decisiones; no solo porque las partes deben pasar por un proceso de identificación de consensos sobre cuestiones controvertidas, sino también porque las discusiones y puntos de encuentro deben aglutinarse próvidamente en un texto conjuntamente acordado. El hecho de la negociación también afecta a nivel jurídico, en la medida en que la capacidad del Estado para cumplir con sus obligaciones jurídicas nacionales e internacionales, –por ejemplo, en el ámbito de los derechos humanos y el derecho humanitario y penal– se debe entender en el marco de las decisiones que allí se adopten.

Estas limitaciones morales, prácticas y legales son especialmente pronunciadas en un escenario de un conflicto armado interno. Las negociaciones en esos contextos tienden a requerir un altísimo nivel de formalidad, rigor y densidad. Por diseño, requieren una «ficción de igualdad» entre las partes que favorezca intrínsecamente a la más débil, ya que la imagen y la realidad de la negociación deben ser de igualdad procesal. De hecho, las partes llegan a un acuerdo mediante un ejercicio de consentimiento mutuo en el que nadie es un claro perdedor o ganador.

Incluso, en un escenario en el que un gobierno civil o militar está negociando un acuerdo político con los partidos de la oposición para restaurar la democracia o acordar el reparto del poder, el hecho de la negociación tiene una influencia determinante en lo que puede o no ser viable en la agenda de discusión. Si bien es probable que esas negociaciones tiendan a ser menos estructuradas, más secretas, y más centradas en el poder político que las que se dan entre las partes en una guerra civil, es el mero hecho de la negociación lo que, una vez más, obliga a las concesiones mutuas. Esta es la razón principal por la que, por ejemplo, una amnistía amplia (o ausencia prolongada de justicia a nivel nacional) es probable.

Aparte de las lecciones para negociar conflictos armados, uno de los propósitos del libro es además brindar herramientas para que la ciudadanía aborde sus conflictos cotidianos: entre vecinos, compañeros de trabajo y, en general, los diferentes espacios de la vida en democracia. Uno de los mensajes centrales que transmiten los autores del libro es que las capacidades para abordar conflictos son un elemento clave para el fortalecimiento de la democracia; las teorías presentadas y las experiencias prácticas brindan herramientas para mejorar tales capacidades.

Estos temas, dilemas y realidades son algunos, entre muchos otros, que el lector encontrará en este excelente libro, a la vez provocador y riguroso. Lo recomiendo a cualquier persona en búsqueda de una exploración intelectual y práctica del arte de la negociación. Más allá del placer de leer el libro, la aplicación a medida de sus ideas y lecciones puede ayudar a la resolución de actuales situaciones de conflicto armado, y así salvar vidas y mejorar nuestro mundo.

Mark Freeman

Toronto, agosto de 2020

PARTE I:

INTRODUCCIÓN. CONFLICTO, NEGOCIACIÓN Y DEMOCRACIA
POR: JULIÁN ARÉVALO*

El término “negociación” evoca la imagen de un comprador y un vendedor que regatean el precio de una mercancía buscando acordar el mejor precio posible para cada cual. Si bien esta imagen no es incorrecta, no deja de ser una gran simplificación del enorme potencial del estudio y la práctica de la negociación. Como se argumenta en las próximas páginas, los conflictos son omnipresentes en sociedades pluralistas, por lo cual es necesaria la negociación, entendida como la interacción de las partes, con el objetivo de abordarlos de manera adecuada.

Esto resulta especialmente importante en el contexto actual de deterioro de la democracia en el mundo; y, en el caso de Colombia, en el proceso de transición luego de la firma del acuerdo de paz en 2016.

El argumento central de este libro es que una sociedad con individuos que tienen mejores capacidades de tratar sus conflictos es un activo importante para la defensa de la democracia, al menos por dos razones. Primera, porque evita el escalamiento de tales conflictos y con ello posibles brotes de violencia que amenacen con desestabilizar la sociedad y, segunda, porque se hace menos vulnerable a la llegada de líderes populistas que ofrezcan apagar la fuente de conflictos.

A partir de la discusión sobre desarrollos teóricos y el estudio de casos prácticos de negociación, este libro, resultado del trabajo del Centro de Análisis y Diseño Estratégico de la Facultad de Economía de la Universidad Externado de Colombia, busca ofrecer herramientas a la ciudadanía que contribuyan a mejorar sus capacidades para el tratamiento de conflictos.

Este capítulo introductorio contiene la argumentación acerca de porqué la capacidad ciudadana en materia de diálogo y negociación de conflictos es un elemento esencial para fortalecer la democracia; allí se discute la importancia de ciudadanos con capacidad para tratar sus diferencias de manera pacífica, así como de la relación entre democracia y conflicto armado. Posteriormente, se presenta la apuesta del libro en relación con las experiencias de negociaciones pasadas sobre la manera en que se abordan nuevas negociaciones. En la última sección se presentan los capítulos que componen el resto del libro.

NEGOCIACIÓN Y DEMOCRACIA

Una razón fundamental por la que resulta importante poner temas de negociación en la agenda investigativa y académica del país, es la crisis actual de la democracia en el mundo actual, incluidos el país y la región. En los últimos años, se ha visto un ascenso de gobiernos populistas de derecha e izquierda, y a diferencia de lo que hace tres décadas pensaban los estudiosos de la democracia, hoy esta forma de Gobierno está lejos de ser “el único juego de la ciudad”.1

Las alarmas se empezaron a encender desde 2006, en vista de la “recesión de la democracia”, el ascenso progresivo del autoritarismo en Botsuana, Hungría, Nicaragua, Rusia, Tailandia, Turquía y Venezuela, y se extendieron con los fallidos intentos de democratización durante la Primavera Árabe, salvo quizá en Túnez.2 Esta situación se ha agravado por la inclinación hacia modelos iliberales en Hungría y Polonia y el ascenso de partidos de extrema derecha en algunos países de Europa occidental, como Alternative für Deutschland en Alemania, Rassemblement National en Francia, o Freiheitliche Partei Österreichs en Austria. A esto se suma la elección a la presidencia de Jair Bolsonaro en Brasil y de Rodrigo Duterte en Filipinas y, más recientemente, varias señales de deterioro de la democracia en Benín, Bolivia, Guatemala, India y Senegal.

Según se ha visto en los últimos años, con la llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos, y el impulso a su agenda racista, xenofóbica y autoritaria, el país que hasta hace poco pregonaba los valores de la democracia liberal se aleja cada vez más de ellos. Por ello, aunque hace algunos años se consideraba que la principal amenaza al modelo de democracia liberal provenía de China, siendo el principal referente el Singapur de Lee Kuan Yew, hoy muchos consideran que la principal amenaza a dicho modelo proviene de Estados Unidos.

A esto se suma el espacio cada vez más estrecho que enfrenta la democracia en muchos países del mundo –seguramente Estados Unidos es el mejor ejemplo– como resultado del amalgamiento entre el aparato estatal y el poder corporativo. Esto se ha traducido en que incluso propuestas audaces de cambio, como las de Barack Obama, hayan sucumbido a otras prioridades y tuvieran que limitarse en su alcance (Wolin, 2017).3

Por otra parte, hasta hace poco se pensaba que las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones impulsarían la democracia porque empoderaban ciudadanos que de otro modo debían recurrir a los medios de comunicación tradicionales para establecer conexiones. Un ejemplo son los mecanismos digitales de participación, un medio ideal para escuchar a la ciudadanía y mostrar avances en la implementación de políticas públicas. Además, esas nuevas tecnologías fueron esenciales para la coordinación de los manifestantes en la Revolución Verde en Irán, en 2009, y en la Plaza de Tahrir en El Cairo, en 2011.

La otra cara de la moneda es que estas tecnologías están ligadas estrechamente al fenómeno de la posverdad. En redes sociales como Twitter, Facebook e Instagram, y en plataformas de mensajería como WhatsApp, Telegram y Signal se difunde en forma inmediata todo tipo de informaciones –muchas de ellas falsas– que, bajo la cobertura supuestamente democrática del fácil acceso a la tecnología, ha provocado resultados indeseables en varios países. Por ejemplo, el bloqueo del acercamiento de Ucrania a la Unión Europea, el Brexit, la elección de Donald Trump y el triunfo del No en el plebiscito por la paz en Colombia, que han puesto la democracia liberal en tela de juicio (Snyder, 2018).

Aunque Facebook reconoció su papel en la divulgación de fake news y en la elección de Trump, a comienzos de 2020 la compañía anunció que no adoptaría ninguna medida para evitar que eso siguiera ocurriendo. Como era de esperar, tal decisión generó gran controversia en sectores preocupados por la divulgación de información fraudulenta, sobre todo en un año electoral en Estados Unidos, en el que se preveía que las noticias falsas incidirían en la campaña por la presidencia.

La situación se vuelve más dramática porque hoy las principales inversiones en inteligencia artificial, computación cuántica y robótica provienen de China, que cada vez usa estas tecnologías de manera más intensiva para conocer gustos y preferencias de la gente, predecir su comportamiento, y controlarlo. Por ejemplo, el Gobierno de Beijing ha usado la inteligencia artificial para identificar y seguir disidentes de la minoría Uigur. Por muchos años fue Estados Unidos quien hizo un mayor uso de la tecnología con fines como estos.

Lo anterior ha llevado a una especie de autocensura en diversos países. Mucha gente ni siquiera mira ciertos contenidos digitales porque teme ser observada por el aparato estatal; y ese temor es cada vez mayor. Así, en contra de lo que se pensaba hasta poco, las nuevas tecnologías no ofrecen una salida a la crisis de la democracia liberal.

Cabe preguntar, entonces, quién o cómo se defenderán los valores democráticos liberales tan valorados por millones de personas en todo el mundo. Los hechos más recientes indican que en vez de los gobiernos o de tecnologías con un discutible potencial democratizador, esa responsabilidad será en buena medida de los mismos ciudadanos, que con un comportamiento democrático impulsen –de abajo hacia arriba– la recuperación y la profundización de la democracia. Con esto, estarán en capacidad de complementar las siempre necesarias instituciones estatales sin las cuales sería también inviable el sostenimiento de un Estado democrático liberal (Fukuyama, 2012, 2014).

DEMOCRACIA Y CIUDADANOS DEMÓCRATAS

Aunque se ha convertido en una frase de cajón, no sobra repetir que la democracia requiere ciudadanos demócratas. Además, la supervivencia de la democracia hoy requiere mejores prácticas en la forma en que los ciudadanos se relacionan entre sí, así como lo hacen con las autoridades. Y ahí, justamente, radica la importancia de poder contar con ciudadanos con la capacidad de abordar sus diferencias, negociar de manera adecuada y tramitar de manera pacífica sus conflictos, como se explica a continuación.

El tratamiento pacífico de los conflictos es una tarea aún pendiente. A manera de ejemplo, es usual en Colombia asistir a mesas de diálogo social a lo largo del territorio donde convergen representantes de la ciudadanía, autoridades locales, fuerza pública y Gobierno Nacional, y encontrar simultáneamente múltiples querellas legales de los unos contra los otros, en muchos casos, por temas que en principio serían de fácil manejo. Esto, más que una prueba de la importancia de la rama judicial como responsable de dirimir pacíficamente los conflictos, es prueba de la forma como las diferencias escalan rápidamente a conflictos mayores, en muchos casos sin que las partes hayan hecho un esfuerzo metódico por alcanzar previamente una solución.

De igual manera, en escenarios cotidianos para muchas personas, el conflicto lo resuelve la autoridad: el jefe de la empresa, el cura del pueblo, el agente de policía o el profesor, evidenciando la incapacidad de las partes de llegar a un acuerdo por ellas mismas. Sin perjuicio del papel de la autoridad, necesario para el funcionamiento de cualquier institución, esto sugiere que la falta de habilidad en el manejo de los conflictos, en muchos casos, irremediablemente está ligada a un paternalismo con el que se producen soluciones que se imponen sobre los actores involucrados. Los sentimientos de vulnerabilidad ante posibles pérdidas, y el miedo asociado con ellos, generan de forma prácticamente instintiva una propensión hacia relaciones verticales –incluso monárquicas– mientras que las relaciones democráticas recíprocas requieren un trabajo dedicado de las partes (Nussbaum, 2018).

Así, individuos incapaces de coexistir en la diferencia y de abordar sus conflictos de manera pacífica y autónoma serán más propensos a buscar una autoridad que lo haga por ellos o, en muchos casos, alguien que permita negar la posibilidad de las visiones contrarias. Los líderes autoritarios que ofrecen tales utopías, y que son una amenaza a la supervivencia de la democracia liberal, encuentran un terreno fértil en esos escenarios, como se ha visto recientemente a lo largo del planeta.

Más preocupante aún es que en el extremo opuesto a la búsqueda de una autoridad que dirima conflictos que en principio parecen fácilmente tratables, el fracaso del diálogo escala rápidamente a las vías de hecho, no en pocas ocasiones dejando saldos que incluyen lesiones personales e, incluso, la pérdida de vidas humanas.

Por el contrario, ciudadanos que encuentran maneras de abordar sus conflictos de manera pacífica, y que con ello comprenden las dificultades inherentes a embarcarse en este tipo de prácticas, seguramente serán más reacios a aceptar visiones maniqueas del mundo; serán más escépticos frente a promesas absolutistas antidemocráticas; se aferrarán de manera más fuerte a los valores de la democracia liberal y rechazarán posturas que nieguen la naturaleza del otro.

De esta manera, en el contexto global actual, las soluciones violentas no son solo una prueba de la incapacidad de las partes de alcanzar un acuerdo negociado, sino que, de manera acumulativa, también amenazan la legitimidad de la democracia. En algunos casos, sin embargo, violencia política y prácticas de democracia electoral coexisten y se retroalimentan mutuamente para el mantenimiento del orden y garantizar la continuidad del sistema político; Colombia es un buen ejemplo de esto (Gutiérrez, 2014).

En cualquier caso, el desbordamiento de los conflictos y su desenlace violento muestran las graves consecuencias que puede llegar a tener la imposibilidad de encontrar un modelo adecuado de agregación de preferencias e intereses plurales y la identificación de soluciones que aborden los intereses de las partes bajo ciertos principios razonables. Como bien reconocen los científicos sociales, tales escenarios son propensos a la emergencia de alternativas antidemocráticas (Arrow, 1950, 1963).

Así, prácticas recomendables en negociación, como identificar puntos de encuentro, crear soluciones que generen valor para las partes, desarrollar mecanismos de cooperación que logren sobreponerse a dinámicas que podrían conducir al conflicto y construir agendas que permitan un relacionamiento positivo en el largo plazo, entre otras, se vuelven esenciales en contextos democráticos.

Esto es particularmente cierto porque, a diferencia de los regímenes autoritarios, que buscan imponer una única forma de comprender el mundo y, en general, adoptan políticas públicas de manera unilateral –negando la diferencia– las democracias liberales se caracterizan por la multiplicidad de voces, el pluralismo y la diversidad.

Así lo señala Larry Diamond (2020): “Una cultura de democracia es también una cultura de flexibilidad intelectual y política. Los políticos y defensores civiles pueden tener ideologías fuertes y agendas enfrentadas, pero la mayoría de ellos deben estar abiertos a la evidencia y la razón, así como a estar dispuestos a negociar y llegar a acuerdos” (traducción propia).

En las democracias es normal la existencia de miradas diferentes sobre el mismo fenómeno; es usual que muchos, al mismo tiempo, y cada uno desde su propio punto de vista, consideren que tienen la razón. Y, de hecho, es muy probable que, en cierta manera, efectivamente la tengan. Es natural, además, que cada uno aspire a que esa visión particular del mundo se tome en cuenta en las decisiones públicas.

Precisamente en ese punto aparece una diferencia esencial entre regímenes autoritarios y democráticos. Un régimen autoritario se ve fortalecido por la obediencia de sus súbditos; en tanto menos disenso exista, menores serán los obstáculos para la consolidación del poder autocrático. La democracia, por el contrario, con su multiplicidad de voces y opiniones, se ve fortalecida por la presencia de ciudadanos que muestran que es posible vivir en la diferencia; por probar que, a pesar de la diversidad de opiniones, hay creatividad, empeño y habilidad para resolver de manera satisfactoria los conflictos inherentes a la vida en sociedad. Esto es, la democracia se fortalece en tanto sus ciudadanos son mejores en lograr acuerdos; es decir, cuando desarrollan su capacidad de negociar.

La democracia se sustenta, por tanto, en ciudadanos que entienden que en escenarios plurales no es posible materializar, en su totalidad, agendas que chocan con las de otros. Al mismo tiempo, la democracia se sustenta en ciudadanos que, a través del ejercicio democrático, se sienten capaces de promover sus intereses sin recurrir a la eliminación del otro. Es decir, no se trata de ciudadanos sumisos que abandonan sus intereses para evitar conflictos; esos serían ciudadanos ideales para sostener regímenes autoritarios; se trata de individuos que siguen insistiendo en sus intereses, en el entendido de que a través de mecanismos democráticos podrán avanzar hacia el logro de ellos.

Adicionalmente, la dinámica de diálogo y construcción de acuerdos permite no solo abordar los conflictos existentes, sino también abrir posibilidades de desarrollo en las agendas de la sociedad. Un régimen autoritario alcanza su clímax cuando materializa los ideales que lo definen, bien sean el exterminio de un grupo étnico o religioso, la implantación de un modelo económico, o la universalización de un modelo de sociedad. En caso de lograr su objetivo, el régimen entra en deterioro, se corrompe y tiende a colapsar.

Una sociedad democrática, por el contrario, puede encontrar dinamismo en las nuevas alternativas provenientes del diálogo. Es usual recomendar a dos partes enfrentadas en un conflicto que busquen soluciones creativas que les permitan a ambas alcanzar sus intereses. Esa creatividad permite identificar posibilidades de beneficio para las partes, a la vez que podría contribuir a generar círculos virtuosos de conflicto y emergencia de soluciones creativas. El régimen no se deteriora, sino que podría salir fortalecido por el disenso, el diálogo, la búsqueda de soluciones de beneficio común y la construcción de acuerdos.

Ahora, no solo se trata de que la democracia liberal tome distancia frente a visiones autoritarias en cuanto a su concepción de la diferencia y del conflicto. También lo hace respecto a aquellas del conservatismo y el socialismo. En la primera, se asume que el origen del conflicto está en la incapacidad de algunos de comprender la visión de los otros, estos últimos con una supuesta forma superior de entender el mundo. Así, mejores explicaciones, mayor educación, o simplemente la disponibilidad de tiempo para entender de manera correcta, se convierten en la forma principal de tratar los conflictos. En la visión socialista más radical, por su parte, el origen del conflicto es la desigualdad asociada a la existencia de clases sociales; así, desde esa visión, el logro de la igualdad eliminará los conflictos (Fawcett, 2018).

Todos estos modelos, llámense fascismo, conservatismo o socialismo, se caracterizan por la existencia de un telos hacia el cual apunta la sociedad –un mundo sin conflictos– gracias a la habilidad de eliminar las causas que los generan, ya sean estas aquel que piensa diferente, su supuesta ignorancia, o las diferencias en las condiciones materiales entre unos y otros.

La visión liberal de la vida en sociedad, por el contrario, parte de que el conflicto es natural a la organización social, involucra a múltiples actores y no hay un estado de cosas que lo pueda suprimir. Por lo tanto, las democracias liberales serán propensas al disenso, a visiones contrarias y, por consiguiente, a la presencia permanente de conflictos. El reto que enfrentan los ciudadanos en las democracias liberales es el de saber tramitar esos conflictos, encausarlos en la civilidad y evitar su escalamiento.

51,79 zł
Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
22 października 2025
Objętość:
653 str. 23 ilustracji
ISBN:
9789587905069
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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