Czytaj książkę: «Estudios sobre lo real en Lacan»

Czcionka:

ESTUDIOS SOBRE LO REAL

EN LACAN


Gerardo Arenas Antonio Beneti
Joaquín Caretti Gustavo Dessal
Jorge Faraoni Leonardo Gorostiza
Sergio Larriera Ana Ruth Najles
Vicente Palomera Jonathan Rotstein
Luis Darío Salamone Gleuza Salomón
Graciela Sobral Silvia Elena Tendlarz
Hebe Tizio Carlos Varela
Emilio Vaschetto

Compilados por

Jonathan Rotstein

Colección Schreber


BARCELONA - BUENOS AIRES

Créditos

Colección Schreber

Título original:

Estudios sobre lo real en Lacan

Compilador: Jonathan Rotstein

© Los derechos de cada capítulo corresponden a cada uno de los autores que participan en esta compilación.

© De esta edición: Pensódromo SL, 2020, Barcelona

Esta obra se publica bajo el sello de Xoroi Edicions.

Diseño de cubierta:

Cristina Martínez Balmaseda - Pensódromo

Editor: Henry Odell

p21@pensodromo.com

ISBN print: 978-84-120828-7-6

ISBN e-book: 978-84-121488-0-0

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Índice

1  Presentación

2  PERSPECTIVAS Orientación con porvenir El neologismo chaînoeud: un punto de capitón en la escritura nodal. De la evidencia al evidenciamiento Lo que viene de lo real Referente, estructura y negación Ese inconsciente que desconoce el paso del tiempo

3  ABORDAJES La angustia: presagio de lo real El autismo y la Ultimísima Enseñanza de Lacan Madre real-estrago El amor y lo real Los agujeros de lo real

4  INCIDENCIAS PARA LO SOCIAL El kakon generalizado Lo real y la feminización del mundo Lo heterogéneo Para una clínica de las subjetividades sin causa El hombre-máquina Lo Real en el discurso pedagógico

5  Sobre los autores


Mc Coy Tyner en “Pursuance”,

John Coltrane, A Love Supreme

Presentación

Lo más sorprendente del libro que el lector tiene entre sus manos es que ninguno de los dieciséis textos reunidos en estos estudios repite temática. Ello se debe, tal vez, a lo ilimitado que es propio de lo real, pero, con mayor seguridad, se debe a las singulares inquietudes personales de los autores que lo componen.

Colegas, docentes y amigos de Argentina, Brasil, España y México, hacen su aporte en este volumen para el cual solamente recibieron una única indicación: partiendo del concepto de lo real dirígete a donde quieras.

Es así como este libro recoge trabajos que abordan cuestiones en un principio tan dispares como puedan ser, por ejemplo: la topología y la educación, el feminismo y la angustia, el cuerpo y las matemáticas, la política y el goce, el lazo social y el autismo o la singularidad y el amor, entre otros.

Sin embargo, todas las temáticas que recorren estos escritos están, sin excepción, atravesadas, directa o indirectamente, por lo real que los ciñe y los constriñe pero que, también, los posibilita.

A causa de esta amplia disparidad de caminos y enfoques, los textos han sido agrupados —de manera tan problemática como artificial— con la idea de procurar un ordenamiento que, en cierto modo, pudiese facilitar una lectura más uniforme al lector que se acerca hasta estas páginas.

Así, este compilatorio sobre lo real ha quedado dividido, lo más clara y mínimamente que ha sido posible, en tres apartados dependiendo de la dirección general hacia la que, me ha parecido, cada texto apunta.

De este modo, «Perspectivas», «Abordajes» e «Incidencias para lo social» demarcan, de un modo simple, tres territorios desde donde poder pensar lo real.

En consecuencia, si este libro puede servir a algún efecto quizá deba ser ahondar en el hecho de que lo real es un concepto multidimensional, no existiendo un real único como, desde ciertos planteamientos, parece asimilarse especialmente con lo real natural.

Paralelismo que, de manera grosera, pretende hacer de esta manifestación biológica una suerte de paradigma de lo real puro, siendo equiparado a la naturaleza material, cuando no al mero funcionamiento sustancial de los organismos. Batalla que nosotros, psicoanalistas, debemos enfrentar permanentemente ya que, si bien con ello tenemos que vérnoslas a diario, lo real, lo real estrictamente psicoanalítico es, ante todo, una cuestión de lógica que, conviene recordar, tampoco es una.

Si el psicoanálisis en general y Lacan en particular constituyen, para el gran público a comienzos del siglo XXI, una experiencia singular todavía por descubrir, el concepto de lo real psicoanalítico debe ser difundido y puesto en cuestión hasta hacerlo llegar a una amplia mayoría de personas que, siendo guiadas por el avance del totalitarismo científico, corren el riesgo de desconocer su amplio valor explicativo.

De lo contrario, la técnica y lógica capitalista que circunda nuestros días terminará por atrapar la experiencia cotidiana hasta convertirla en una suerte de evidencia que, erigiéndose como índice de una verdad universal, termine por excluir la abstracta precisión que lo real psicoanalítico nos entrega, para situar, en su lugar, las permanentes ilusiones narrativas que el Amo nos designa.

Así, conviene recordar que uno de nuestros deberes como psicoanalistas pasa por reivindicar, de modo permanente, la libertad que emana de la lógica del no-todo.

Finalmente, en lo personal quisiera dejar constancia de mi enorme agradecimiento a todos y cada uno de los autores que han colaborado en esta obra, la cual no hubiese sido posible sin su constante apoyo y generoso afecto que, de manera desinteresada y desde el primer momento, me han brindado.

De manera especial deseo agradecer a Emilio Vaschetto, por su confianza y visión personal, a Gerardo Arenas, por su singular orientación y bella forma de saber hacer cumplir los sueños y, por supuesto, a Henry Odell quien, con su magnífico y jovial sentido del humor, no dudó un solo instante en llevar a término este proyecto.

Jonathan Rotstein

PERSPECTIVAS

GERARDO ARENAS

SERGIO LARRIERA

VICENTE PALOMERA

JONATHAN ROTSTEIN

LUIS DARÍO SALAMONE

Orientación con porvenir1

Gerardo Arenas

¿Es posible hablar del porvenir del psicoanálisis sin que ello implique transitar el dudoso campo de la futurología? Siempre que encontremos en el psicoanálisis relaciones necesarias o estructuras garantizadas y hablemos de ellas, estaremos discutiendo lo que él tiene de eterno, y esto incluye su futuro, por supuesto. Pero cuando hablamos de porvenir, en general no apuntamos a lo inmutable, sino al futuro de lo que cambia, de modo que, además de aludir a ciertas constelaciones estables, ello implica discutir la historia del psicoanálisis, ya que para pensar el futuro hay que calibrar el presente y para captar el presente hay que saber leer el pasado. Por lo tanto, a continuación deberemos movernos entre esos dos mundos que Aristóteles llamaba supralunar (incorruptible) y sublunar (corruptible), y eso requerirá que primero nos pongamos de acuerdo acerca de qué entendemos por psicoanálisis, más acá de lo que en él pueda cambiar o no.

Durante su primera gran crisis (ligada a los nombres de Adler, Stekel y Jung), Freud fue claro: «Psicoanálisis es lo que yo llamo “psicoanálisis”», dijo en resumidas cuentas2. Y lo que él bautizó así es un método para despejar la oscuridad que envuelve al núcleo de nuestro ser3. Tal acción elimina los síntomas o, en su defecto, reduce el goce involucrado en éstos, de modo que en el proceso la curación llega «por añadidura» —así lo señaló Lacan—, como una suerte de efecto colateral4. En consecuencia, aunque suela olvidárselo, el psicoanálisis no es una terapéutica, si bien los cambios que introduce pueden, llegado el caso, resultar terapéuticos5.

Todo sería más sencillo si el análisis fuera una terapia. Bastaría con definir qué es lo que consideramos «norma», deducir (por comparación y diferencia) qué peculiaridad tiene el padecer de cada uno, y de tal modo dar a esa práctica un aire de cientificidad comparable con el de la medicina. Así como a nadie inquieta el porvenir de la medicina, no nos preguntaríamos por el porvenir del psicoanálisis ni nos preocuparíamos por él. Sin embargo, el análisis no es una terapia, sino una acción que apunta «al corazón del ser»6, a ese núcleo (Kern) del que hablaba Freud y que es lo propio de cada uno de nosotros, nuestra esencia, no como ejemplares de la especie humana, sino como seres únicos e irrepetibles. Luego, la dimensión propia del análisis no es la de lo universal (propia de la línea que crea el límite entre una hipotética «normalidad» y cualquier patología) ni la de lo particular (que caracteriza a todos los casos que forman una clase o un tipo), sino la de lo singular, que es al mismo tiempo lo esencial.

El primer problema que esto plantea fue comparado por Lacan con uno que Platón formuló en ese atípico diálogo suyo llamado Menón7. Allí, el filósofo se pregunta cómo buscar la virtud si no sabemos qué es y cómo saber si lo que hallamos es lo que buscábamos, y la teoría de las ideas le permite sortear la paradoja resultante, al precio de concluir que no hay ciencia de la virtud, dado que ésta no es universal, aunque un saber hacer pueda permitirnos encontrarla. Pues bien, del mismo modo es posible preguntarse cómo ir en busca de lo singular si no sabemos qué es lo singular, y de entrada Lacan halló un modo sencillo de descartar, al menos, las respuestas inconducentes: si despejamos los invariantes estructurales, éstos son universales y, por lo tanto, no deberemos allí buscar lo singular8. Toda estructura es universal (puede ser objeto de ciencia) y por ello mismo nada dice acerca de lo singular, si bien permite demarcarlo.

El problema señalado por Platón y Lacan no impide realizar esfuerzos para tipificar lo singular, y en cierto sentido la historia de las teorías psicoanalíticas es la de los modos de caracterizar la singularidad buscada. La repasaremos para adquirir una visión más clara de nuestro presente y así vislumbrar por dónde pasa nuestro futuro más próximo.

Tipificaciones de lo singular

De entrada, Freud concibe el núcleo singular de nuestro ser como un deseo inconsciente, refractario a las palabras, y cuya voluntad ejerce en nosotros unos efectos que se nos imponen de manera compulsiva9. Durante la Primera Guerra Mundial nota, al elucidar el caso del Hombre de los Lobos, que ese deseo está a su vez moldeado por un rasgo simbólico de la imagen de cierto objeto (la imago), rasgo al cual remite entonces la singularidad del analizante10. Hacia el final de su obra, el carácter compulsivo de los efectos de esa singularidad lo inclina a situarla en «el oscuro ello»11. En cualquier caso, el núcleo de nuestro ser es, para Freud, una voluntad que sin que lo sepamos nos habita y nos gobierna hasta el punto de definir el estilo de nuestros lazos libidinales.

Lacan se inscribe en esta secuencia localizando ese núcleo mediante un juego de muñecas rusas: en su tesis, lo sitúa en la personalidad, luego en los complejos que forman la personalidad, y más tarde en las imagos que constituyen el carozo de los complejos12. Por otro lado, en 1949 Lévi-Strauss prueba la existencia de una eficacia simbólica13, y ello sugiere a Lacan —que aún no había introducido sus tres registros— la posibilidad de que ese núcleo sea simbólico. Durante años avanzará en modo condicional, por así decirlo, hasta desembocar en la aporía del Seminario 8: si es imaginario, lo singular debería ser el objeto del deseo, que no es singular sino particular, y si es simbólico, debería ser un rasgo unario, pero éste masifica y borra la singularidad. Ergo, ninguna de estas opciones es correcta14.

Gracias a que, entre tanto, había demostrado que lo real es independiente de lo simbólico y de lo imaginario15, al comenzar el Seminario 9 Lacan se aboca a distinguir dos tipos de rasgos, uno de los cuales es real y consiste en el estilo singular de goce. No obstante, cuando toda su demostración apuntaba a sostener que el núcleo del ser es ese novedoso tipo de rasgo, de la noche a la mañana se inclina por otra alternativa, la de distinguir dos tipos de objeto, uno de ellos real, e identificar el Kern con este último, y así nace la teoría del objeto a real (entendido primero como causa del deseo y después como plus-de-goce) que da a los años sesenta su carretera principal16. Ese impactante giro, que tiene lugar entre la octava y la novena clases de ese seminario, ha de ser considerado un error por partida doble, ya que, una década después, Lacan se verá obligado a dar marcha atrás, tanto respecto del carácter real del objeto a, como en cuanto a la localización de la singularidad en él: en suma, ese objeto resulta ser particular, no singular, y además es un semblante no real17.

Si el núcleo del ser no es imaginario ni simbólico ni real, ¿qué es? A mediados de los años setenta, Lacan plantea una alternativa novedosa: situado en el enlace entre los tres registros, lo singular no está estrictamente incluido en ninguno de ellos.

La muerte lo encuentra abocado a extraer las consecuencias de esto. Una de ellas es que lo real es un campo heterogéneo y pulverulento que no equivale a lo imposible (como Lacan lo sostenía) pues incluye lo contingente18, y este segundo real, que es sin ley, no está excluido de lo singular.

Miller asistió al seminario de Lacan desde mediados de los años sesenta, comenzó a enseñar en los setenta, y tomó la posta dejada por él desde los años ochenta. No es de extrañar, pues, que haya equiparado la orientación lacaniana con la que apuntaba al objeto a en su carácter de real. Esa «orientación por lo real» armoniza bien con los cuatro discursos, pero no tanto con el final de la enseñanza de Lacan, y por eso tampoco sorprende que, hasta el año 2000, sus periodizaciones de esa enseñanza solieran detenerse en el Seminario 20, donde Lacan reconoce la impotencia del objeto a para dar cuenta de lo real19. El problema es que no hay manera de afirmar que el análisis lacaniano se orienta por lo real y al mismo tiempo aceptar la bifidez de lo real —su irreductible duplicidad, imposible y contingente—. ¡Una brújula con dos nortes! En 2008, el propio Miller, propulsor de la «orientación por lo real», dedica su curso a estudiar lo singular y a redefinir esa brújula, que no apunta a lo real20, sino a lo singular21.

El año 2014 marcó un importante hito en esta saga. El congreso que ese año reunió a la AMP constituyó una puesta al día de lo real22. Lo que había sido nuestra brújula ya no servía23. No era posible equiparar lo real con lo imposible, y además el real contingente nos interesa por su afinidad con lo singular. En los últimos años, pues, el movimiento analítico dejó de identificar el norte de la orientación lacaniana con lo real y lo reubicó en la categoría que siempre lo había alojado: la de lo singular. Como veremos, el porvenir del psicoanálisis depende de eso.

El analista debe ser al menos tres

Al comienzo de su Seminario 22, en tono jocoso Lacan dice que el analista debe ser al menos dos: el que produce efectos y el que los teoriza24. Ahora bien, dado que ha regresado al primer plano la preocupación de los analistas por preservar el discurso analítico en el mundo, habitual un siglo atrás25, no basta con que el analista sea dos (el que desde su sillón produce efectos y el que ante el escritorio o la pizarra los teoriza): debe además salir a la calle para preservar, restaurar o crear en su ciudad las condiciones de posibilidad para que esos efectos tengan lugar26. ¡Hiperactividad justificada y garantizada! El analista debe ser al menos tres pues tres son los niveles donde «la operación analítica» tiene que mantener «la distancia entre I y a»27, como dice Lacan, o más bien la distancia entre el rasgo unario común y el rasgo singular de goce28, y, si no la mantiene en cualquiera de ellos, los otros dos se verán indefectiblemente afectados, ya que la ética que está en juego es una y la misma en todos.

El primero de esos tres niveles es el de lo que ocurre entre analista y analizante en la intimidad del consultorio. Allí los efectos son producto de la interpretación, y ésta, más allá de las formas que tome, no puede ser cualquiera: debe separar del blablablá compartido cada rasgo singular de goce que surja en el discurso del analizante y hacer que ese rasgo prevalezca sobre lo universal. En esto no ha de hacer concesiones, y por eso Freud compara al analista con el cirujano que deja de lado hasta «su compasión humana [para] realizar una operación lo más acorde a las reglas del arte»29, aunque para ello a veces tenga que suspender la cortesía. (Ésta es, al fin y al cabo, una lengua hecha para dirigirse al amo, y el analista sólo puede usarla con ironía, como el cirujano del cuento30.) En la experiencia analítica, por lo demás, quien diagnostica, define el campo quirúrgico y autoriza la intervención es, sin excepciones, el analizante31.

Por lo que a este nivel atañe, el porvenir del psicoanálisis depende, pues, de la absoluta y respetuosa sumisión del analista a la singularidad del analizante en la dirección de la cura. En ésta, deben caer todas las identificaciones para aislar eso singular con lo cual no hay identificación posible: sólo resta ingeniárselas con lo que queda en pie cuando todo cae32.

El segundo nivel es el que tiene lugar en el lazo entre analistas. Quien teoriza los efectos del análisis se dirige ante todo a quienes aun sin pertenecer a su misma flota se ocupan como él de guiar esos indóciles navíos que son las experiencias analíticas. En ese nivel, mantener la distancia entre el rasgo unario común y el rasgo singular de goce es la función que Lacan asignó a la Escuela33. Ésta utiliza el discurso analítico para tratar los efectos segregativos de todo lazo «dominial»34; en especial, los efectos de esa inevitable intrusión de la lógica libidinal de grupos nacida en sus institutos de enseñanza35. Aquí, el porvenir del psicoanálisis es el del pase36, siempre que la Escuela cumpla con su función. ¿Y cómo saber que lo hace? Recordando los dos textos donde Lacan planteó, en los años cincuenta, «el problema de la Sociedad psicoanalítica»37. Dado que la estructura de la masa muestra que bajo el ideal siempre está el padre, para una Escuela constituirán señales de alarma la veneración religiosa, la sobrestimación de la fidelidad, el culto al prócer y el apego a la genealogía, mientras que los destellos de irreverencia, los desplazamientos libidinales, la desidealización de los grandes hombres y la preocupación por el futuro de la causa analítica serán signos de una orientación correcta38.

Mantener la distancia entre el rasgo unario común y el rasgo singular de goce en el tercer nivel, el del analista ciudadano, es la operación analítica más difícil y, al mismo tiempo, la que menos atención ha recibido hasta el momento. Dado que hoy en día el porvenir del psicoanálisis depende más que nunca del papel que en el mundo desempeñen los psicoanalistas, nos ocuparemos del asunto con mayor detalle.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
13 listopada 2024
Objętość:
262 str. 38 ilustracji
ISBN:
9788412148800
Właściciel praw:
Bookwire
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