Czytaj książkę: «Obras morales y de costumbres (Moralia) III»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 103


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.

Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisada por ROSA M.a AGUILAR.

© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.rbalibros.com

PRIMERA REIMPRESIÓN.

REF. GEBO217

ISBN 9788424931278.

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* Para una mayor información bibliográfica remitimos a los volúmenes 77, 78 y 98 de Biblioteca Clásica Gredos. donde se recogen, además de una bibliografía general sobre Plutarco, diversos repertorios bibliográficos, así como las traducciones y ediciones de la obra plutarquea. Nuestra traducción se ha hecho sobre el texto de la edición de Teubner: Plutarchi Moralia, II, recens. et emend. W. NACHSTÄDT-W. SIEVEKING-J. B. TITCHENER, Leipzig, 1935; 19713.

MÁXIMAS DE REYES Y GENERALES

INTRODUCCIÓN

Se inicia esta colección de Máximas con una dedicatoria al Emperador Trajano, hecho que encuentra paralelo en otros muchos autores a lo largo de la historia, baste citar a título de ejemplo El Príncipe de Maquiavelo. En esta dedicatoria, fuera o no prevista por el propio Plutarco, se ruega al Emperador que acepte «como dones de amistad y primicias... de filosofía... la utilidad de estas notas», tras dejar constancia de la buena voluntad y la magnanimidad mostradas por Artajerjes, rey de los persas, y por el espartano Licurgo al valorar las ofrendas y regalos recibidos por parte de gente sencilla.

La disposición de las Máximas de reyes y generales es como sigue: ocupan el primer lugar las de dirigentes persas, escitas, siracusanos, macedonios y sirios, vienen a continuación las de griegos, atenienses primero y espartanos después.

El personaje que destaca en esta colección por el mayor número de anécdotas que de él se citan, treinta y cuatro, es Alejandro Magno. Conocemos la antipatía de Plutarco por los potentados helenísticos, así como su devoción por la libertad de Grecia a la que los macedonios pusieron fin. Sin embargo, era grande la admiración que sentía por el hijo de Filipo, él que era un griego, siempre consciente de serlo y orgulloso de ello, aun cuando sabía que la Grecia de sus días no tenía poder político ni militar.

Un importante estudio sobre el concepto que un griego cultivado, de la época imperial, tiene de la actividad política, y sobre la valoración que de ella hace, lo constituye la obra de G. J. D. Aalders, Plutarch’s political Thought, Amsterdam, 1982, cuya lectura aporta interesantes matizaciones a cuestiones que podrían, en apariencia, resultar contradictorias.

No es nuestra intención insistir sobre un tema tan debatido como es el de la autoría de esta obra; recordamos, eso sí, lo que el propio Plutarco refiere en Moralia 464F y 457D: que tenía por costumbre hacer colecciones de notas, y, como señala F. C. Babbitt en su edición (Londres, 1931, pág. 4), nada más natural que el autor de las Vidas hubiera recogido previamente su material con el fin de poder manejarlo más fácilmente, dada la dificultad en tiempos antiguos de consultar libros escritos y guardados en forma de rollo. Por otra parte, si Estobeo, que toma libremente numerosas citas de esta obra, prefiere, en unos casos, versiones aparecidas en las Vidas y, en otros, la versión de los Moralia, es obvio que el libro existía como un volumen independiente en tiempo de Estobeo o, probablemente, antes.

Cierto es que en otros escritos de Plutarco, cuya autoría no se discute, se repiten historias de esta colección con pequeñas variaciones, características, por lo demás, de este autor y que se explican, o por una mejor adaptación a su contexto, o simplemente porque de lo que se trata es de evitar parecidos exactos.

En el «Catálogo de Lamprias» las Máximas de reyes y generales figuran con el núm. 108.

MÁXIMAS DE REYES Y GENERALES [172A]

PLUTARCO A TRAJANO, EMPERADOR MÁXIMO: ÉXITO Y PROSPERIDAD

Artajerjes, rey de los persas, consideraba, ¡oh Trajano, [B] emperador máximo, monarca absoluto!, que no era menos digno de un rey y de un hombre humanitario el aceptar pequeños obsequios con benevolencia y buena voluntad, que el hacerlos grandes. Así, una vez que cabalgaba por un camino, un simple trabajador que nada poseía cogió agua del río con ambas manos y se la ofreció; el rey la aceptó con agrado y sonrió, valorando el favor más por la buena voluntad del que lo hacía que por la necesidad de quien lo recibía1.

Licurgo, en Esparta, puso a buen precio los sacrificios, [C] para que siempre se pudiera honrar a los dioses pronta y fácilmente con lo que hubiera2. Y, precisamente con esta intención, también yo te ofrezco a ti sencillos regalos como dones de amistad y primicias comunes de filosofía3. Acepta junto con mi buena voluntad también la utilidad de estas notas, si contienen algo conveniente para el recto entendimiento de los caracteres y gustos de dirigentes, reflejados más en sus palabras que en sus hechos. [D] Cierto, mi compendio de los generales, legisladores y monarcas griegos y romanos más ilustres incluye sus vidas. Muchas de sus hazañas, sin embargo, tienen una suerte diferente4, pero al estar sus manifestaciones y proclamas junto a sus hechos, experiencias y fortunas, ofrecen la oportunidad de poder mirar diáfanamente como en un espejo la intención de cada uno. De aquí que Siramnes, el persa, dijera a quienes se asombraban de que sus acciones no tuvieran éxito y sus palabras, en cambio, mostraran sensatez, que él era dueño de sus palabras, pero que de sus acciones lo eran el azar y el Rey.

[E] En las Vidas, las manifestaciones de los hombres se sitúan junto a sus hechos y aguardan el placer de una lectura sosegada. Aquí, pienso que sus palabras, coleccionadas por separado como ejemplo y semilla de sus vidas, no te harán malgastar el tiempo y podrás pasar revista con brevedad a muchos hombres dignos de recuerdo.

CIRO5

1. Los persas aman a los de nariz corva por el hecho de que Ciro, el más amado de sus reyes, tenía una nariz aguileña6.

2. Decía Ciro que quienes no tenían intención de procurarse bienes a sí mismos estaban obligados por necesidad a procurárselos a los otros; y que no conviene que gobierne a nadie aquel que no es mejor que los gobernados7.

3. No permitió que los persas, a pesar de sus deseos, [F] ocuparan un territorio llano y suave, en lugar del suyo montañoso y áspero, alegando que las semillas de las plantas y las vidas de los hombres se asimilan a su tierra de origen8.

DARÍO9

1. Darío, el padre de Jerjes, decía en alabanza de sí mismo que en las batallas y en los peligros se había hecho más sensato10.

2. Después de haber fijado los impuestos a sus súbditos, mandó llamar a los gobernadores de las provincias y les preguntó si consideraban gravosos los impuestos. Al contestarle que moderados, ordenó que pagaran la mitad.

3. Cuando estaba partiendo una granada muy grande, [173A] alguien le preguntó qué desearía tener en número igual al de las semillas. Él le respondió: «Zópiros». Zópiro era un hombre valiente y amigo suyo11.

4. Zópiro, después de haberse desfigurado cortándose la nariz y las orejas, engañó a los babilonios, y, tras ganarse su confianza, entregó a Darío la ciudad. Muchas veces dijo Darío que él preferiría tener a Zópiro entero que a cien babilonios12.

SEMÍRAMIS13

[B] Semíramis se preparó su propia tumba y grabó en ella esta inscripción: «Cualquier rey que necesite dinero, que abra este monumento y coja cuanto quiera.» Darío lo abrió, pero no encontró dinero, sino otra inscripción que decía así: «Si no fueras malvado y avaricioso, no habrías movido los restos de los muertos.»

JERJES14

1. Ariamenes, hermano de Jerjes, hijo de Darío, bajaba de Bactriana, para disputar a Jerjes su derecho al trono. Éste le envió regalos con la orden de que se los entregaran con estas palabras: «Jerjes, tu hermano, te honra [C] ahora con esto, pero si él es proclamado rey, tú serás el más importante de su corte.» Cuando Jerjes fue rey, Ariamenes le rindió homenaje y le colocó la corona. Jerjes le concedió el segundo puesto detrás de él15.

2. Encolerizado con los babilonios porque provocaban revueltas16, los dominó y les ordenó que en lugar de llevar armas tocaran la lira y la flauta, cultivaran la prostitución, se dedicaran al comercio y vistieran túnicas con pliegues17.

3. Dijo que no comería higos del Ática, importados para la venta, hasta poseer la tierra que los producía.

4. Una vez capturó a unos espías griegos en el campamento, pero no los maltrató, sino que los invitó a inspeccionar libremente el ejército y, después, les permitió marchar18 [D].

ARTAJERJES19

1. Artajerjes, el hijo de Jerjes, llamado «Manolarga» por tener una mano más larga que la otra decía que es más digno de un rey ser manilargo que roñoso20.

2. Fue el primero que permitió que cualquiera de sus compañeros de caza que lo deseara y fuera capaz de ello, disparara en primer lugar21.

3. Fue el primero que ordenó este castigo para los dirigentes que habían cometido alguna falta: en lugar de azotar su cuerpo y arrancarles el pelo, que azotaran sus mantos, una vez se hubiesen despojado de ellos, y pelaran la tiara, fuera ya de su cabeza22.

[E] 4. Satibarzanes, su chambelán, había solicitado de él una acción indigna; pero, al darse cuenta de que lo hacía por treinta mil daricos, ordenó a su administrador traerle esta suma de dinero y se la entregó diciendo: «Toma, Satibarzanes, pues si te doy esto no seré más pobre; en cambio, seré más injusto, si hago aquello.»

CIRO EL JOVEN23

Ciro el Joven, cuando exhortaba a los espartanos a aliarse con él, les decía que tenía un corazón más fuerte que el de su hermano, que bebía más vino y que lo soportaba mejor; que aquél en las cacerías, difícilmente se mantenía [F] en el caballo, y en los peligros ni siquiera en el trono. Pedía que le mandasen hombres y a cambio prometía dar caballos a los soldados de infantería, carros a los que tuviesen caballos, aldeas a los que poseyeran terrenos y ciudades a los que tuvieran aldeas; y que de oro y plata no habría cuenta, sino peso24

ARTAJERJES MNEMÓN25

1. Artajerjes, hermano de Ciro, llamado Mnemón, no soló ofrecía audiencia gratuita a quienes querían hablar con él, sino que también pidió a su mujer legítima que corriera las cortinas del carruaje para que quienes lo desearan pudieran hablarle por el camino26.

2. Un pobre le ofreció una manzana de un tamaño [174A] extraordinario. El rey la aceptó de buen grado y dijo: «Por Mitra, creo que éste transformaría una ciudad pequeña en una grande si se le confiara tal misión»27.

3. En una huida, después de haberle sido saqueada su impedimenta, mientras comía higos secos y pan de cebada, decía: «¡Qué gran placer desconocía!»28.

PARISÁTIDE

Parisátide, la madre de Ciro y Artajerjes, aconsejaba que quien fuera a hablar con franqueza al rey tuviera delicadeza en el uso de sus palabras.

[B] ORONTES

Orontes, yerno del rey Artajerjes, fue deshonrado por una acusación y cuando se pronunció el veredicto contra él, dijo: «Como los dedos de los matemáticos, que pueden representar unas veces miríadas y otras unidades29, así también les ocurre a los amigos del rey, unas veces lo pueden todo y otras apenas nada»30.

MEMNÓN

Memnón, que luchaba contra Alejandro en defensa del rey Darío, atacó con su espada a un mercenario que decía [C] injurias indecentes contra Alejandro y le dijo: «Te alimento para luchar contra Alejandro pero no para difamarlo.»

COSTUMBRES DE LOS REYES DE EGIPTO

Los reyes egipcios, según una costumbre suya, hacían jurar a los jueces que, aunque un rey les ordenara fallar algo injusto, no lo harían.

POLTIS

Poltis, rey de los tracios, en la guerra de Troya, al recibir a la vez mensajeros de los aqueos y de los troyanos, pidió a Alejandro que devolviera a Helena y aceptara de él dos bellas mujeres.

TERES31 [D]

Teres, el padre de Sitalces, decía que cuando no estaba en campaña y no tenía nada que hacer, se daba cuenta de que no se distinguía en nada de sus palafreneros32.

COTIS33

Cotis regaló una piel de león a uno que le había regalado una de leopardo. Por naturaleza era colérico y castigaba con crueldad a los que se equivocaban en sus obligaciones. En una ocasión, un huésped le trajo unas vasijas de cerámica, frágiles y delicadas, trabajadas con figuras en relieve de forma muy artística y realista. Ofreció regalos a su huésped, pero rompió todas las vasijas diciendo: «Así no castigaré con demasiada crueldad a quienes las [E] rompan.»

IDANTIRSO

Idantirso, rey de los escitas, a quien atacó Darío cuando atravesaba el Danubio, intentó persuadir a los tiranos jonios para que quitaran el puente del río y escaparan. Pero, como se negaron por su lealtad a Darío, los llamó esclavos sumisos e incapaces de escapar34.

ATEAS

Ateas escribió a Filipo: «Tú mandas sobre macedonios que han aprendido a luchar contra hombres, yo, en cambio, sobre escitas que son capaces de luchar contra la sed y el hambre.»

[F] Mientras almohazaba su caballo, preguntó a los embajadores de Filipo, si también Filipo hacía esto.

Cuando capturó a Ismenias, excelente flautista, le pidió que tocara. Todos los demás quedaron admirados, pero Ateas juró que le agradaba más escuchar el relincho de su caballo35.

ESCILURO36

Esciluro, que dejaba ochenta hijos varones, estando próximo a morir, dio a cada uno un haz de jabalinas y les ordenó partirlas. Cuando éstos desistieron, cogió las jabalinas una por una y con facilidad las partió todas. Les enseñó, así, que si estaban unidos serían fuertes, pero que si se separaban y se peleaban serían débiles.

GELÓN37

1. El tirano Gelón, cuando hubo vencido a los cartagineses [175A] en Hímera, firmó la paz con ellos y les obligó a incluir en los pactos que dejarían de sacrificar sus hijos a Cronos38.

2. Hizo salir muchas veces a los siracusanos en expedición a cultivar la tierra, para que la región resultara mejor al ser cultivada y ellos no se hicieran peores con la holganza.

3. Pidió dinero a los ciudadanos, y, cuando empezaron a manifestar su desaprobación, les dijo que lo pedía para devolverlo, y después de la guerra así lo hizo.

4. En un banquete se hacía circular una lira y todos, [B] uno tras otro, la tañían y cantaban, pero él ordenó que le entraran el caballo y con ágil facilidad saltó sobre él39.

HIERÓN40

1. Hierón, el tirano que sucedió a Gelón, decía que nadie que le hablara con franqueza le era inoportuno.

2. Consideraba que los que divulgan un secreto cometen una injusticia incluso contra aquellos a quienes lo divulgan. Pues odiamos no sólo a los que lo divulgan, sino también a los que escuchan lo que no queremos.

3. Al ser censurado por alguien a causa del mal aliento de su boca, alegó que su mujer jamás había dicho nada [C] sobre esto. Mas ella respondió: «Yo pensaba que todos los hombres olían así»41.

4. En respuesta a Jenófanes de Colofón, quien afirmaba que apenas mantenía a dos esclavos, dijo: «Pues Homero, al que tú ridiculizas, mantiene, aunque muerto, a más de diez mil.»

5. Castigó al cómico Epicarmo, por decir una inconveniencia en presencia de su mujer.

DIONISIO EL VIEJO42

1. Dionisio el Viejo, como se echara a suerte el turno [D] de oradores de acuerdo con una letra, y cayera la M, a uno que dijo: «Mentecateces dices, Dionisio», le respondió: «Monarca seré», y, después de hablar públicamente ante la asamblea, fue al punto elegido general por los siracusanos.

2. Cuando al principio de su tiranía fue sitiado por haber conspirado los ciudadanos contra él, sus amigos le aconsejaron apartarse del poder, si no quería ser vencido y morir. Pero él, al ver que un cocinero degollaba un toro y éste caía rápidamente, dijo: «¿Y no sería desagradable que nosotros por temor a la muerte que es tan breve, abandonáramos un poder tan grande?»43.

3. Al enterarse que su hijo, a quien pensaba dejar su imperio, había violado a la mujer de un hombre libre, le preguntó con indignación si le conocía a él algún acto [E] de tal naturaleza. El joven respondió: «Tú no tuviste un padre déspota.» Y él le replicó: «Ni tú tendrás un hijo, si no cesas de hacer tales cosas.»

4. En otra ocasión, al entrar en casa de su hijo y ver gran número de copas de oro y de plata, le gritó: «No hay en ti un tirano, pues a pesar de la cantidad de copas que me has cogido, no te has hecho ni un solo amigo.»

5. Recaudó dinero de los siracusanos, pero, después, al ver que se lamentaban, pedían y decían no tener, ordenó hacer una segunda recaudación, e hizo esto dos o tres veces. Después que les hubo convocado para mayores [F] recaudaciones, como les oyera reírse y burlarse mientras paseaban por el ágora, mandó hacer parar tal incremento y dijo: «Ahora, en efecto, no tienen nada puesto que nos desdeñan.»

6. Cuando su madre, entrada ya en años, quiso casarse, le dijo que él podía violar las leyes del Estado, pero no las de la naturaleza44.

7. Mientras castigaba con dureza a otros malhechores, era considerado con los ladrones, para que los siracusanos cesasen de comer y beber entre ellos.

8. Al decirle un extranjero que tenía que hablar con él y enseñarle cómo prevenirse de los conspiradores, le ordenó [176A] explicarse. Se le acercó, pues, y le dijo: «Dame un talento, para que parezca que has oído las señales de los conspiradores.» Se lo dio, pretendiendo haberlas oído, y se asombró de la táctica del hombre.

9. A uno que le preguntaba si tenía tiempo libre, le respondió: «¡Ojalá nunca me suceda esto!»

10. Al oír que dos jóvenes, mientras bebían, le habían difamado mucho a él y a su tiranía, los invitó a ambos a una cena. Al observar que uno se embriagaba y hablaba mucho, pero que el otro bebía escasamente y con prudencia, dejó en libertad al primero en la idea de que [B] era bebedor por naturaleza y hablaba mal a causa de la borrachera; al otro, en cambio, mandó matarlo por considerarlo desafecto y hostil en forma premeditada.

11. Al acusarle algunos por honrar y promocionar a un hombre malvado y aborrecido por los ciudadanos dijo: «Pues quiero que haya alguien más odiado que yo.»

12. Cuando unos embajadores de los corintios rehusaron unos regalos que él les ofrecía a causa de que su legislación no les permitía a los embajadores aceptar regalos de ningún soberano, les dijo que hacían mal al rechazar lo único bueno que tienen las tiranías y al enseñar que incluso el recibir un favor de un tirano es algo temible.

13. Al oír que un ciudadano tenía oro enterrado en [C] su casa, le ordenó que se lo trajera. Pero el hombre le burló algo, se trasladó a otra ciudad y se compró un terreno. Dionisio lo mandó llamar y ordenó que se le devolviera todo, porque había comenzado a emplear su riqueza y ya no hacía de una cosa útil algo inútil.

DIONISIO EL JOVEN45

1. Dionisio el Joven decía que él había dado de comer a muchos sofistas, no porque los admirase, sino porque deseaba ser admirado a través de ellos.

2. A Políxeno46, el dialéctico, que decía haberle puesto en evidencia, le respondió: «Con tus palabras, sin duda, [D] pero con los hechos yo te pongo a ti, pues tú has abandonado lo tuyo y te preocupas de mí y de lo mío.»

3. Cuando estaba a punto de perder el poder, a uno que le preguntó: «¿Para qué te sirvió Platón y su filosofía?», le respondió: «Para aceptar tal cambio de fortuna con facilidad.»

4. Al ser interrogado sobre cómo su padre, que era pobre y un simple ciudadano, había obtenido el poder sobre los siracusanos, y cómo él, en cambio, que ya lo tenía y era hijo de un tirano, lo perdió, respondió: «Mi padre se embarcó en este asunto cuando era odiada la democracia, yo, en cambio, cuando la tiranía era odiosa.»

5. Interrogado sobre este mismo asunto por otra persona47, [E] contestó: «Mi padre me dejó su tiranía, pero no su suerte.»

AGATOCLES48

1. Agatocles era hijo de un alfarero. Tras haberse convertido en dueño de Sicilia y haber sido proclamado rey, acostumbraba a tener copas de cerámica al lado de las de oro y mostrándoselas a los jóvenes decía: «Por haber hecho tales objetos antes, ahora hago éstos a causa de mi buena administración y mi valentía.»

2. Cuando sitiaba una ciudad, unos lo increparon desde [F] la muralla diciéndole: «Alfarero ¿Cómo pagarás el sueldo a tus soldados?» Éste, tranquilo y sonriente, contestó: «Cuando tome esta ciudad.» Después que la hubo tomado por la fuerza, vendió a los cautivos y dijo: «Si de nuevo me insultáis, hablaré ante vuestros dueños.»

3. Cuando los de Ítaca acusaban a sus marineros porque, cuando llegaron a la isla, les arrebataron algunos de sus animales, contestó: «Vuestro rey, cuando vino a nuestro país, no solo tomó el ganado, sino que cegó al pastor49 y después se marchó.»

DIÓN50

Dión, que expulsó a Dionisio de su tiranía, cuando oyó que conspiraba contra él Calipo50bis, en quien confiaba al máximo entre sus amigos y huéspedes, no aceptó abrir una investigación, pues dijo que era mejor morir que vivir [177A] en guardia continua no sólo frente a los enemigos, sino también frente a los amigos.

ARQUELAO51

1. Arquelao en un convite, al serle solicitado por uno de los comensales de aspecto no muy recomendable una copa de oro, ordenó a un esclavo entregársela a Eurípides. Ante el asombro del individuo, dijo: «Tú, en efecto, tienes derecho a pedir, pero éste, en cambio, lo tiene a recibir incluso sin haber pedido.»

2. Al preguntarle un barbero charlatán: «¿Cómo te corto el pelo?», le respondió: «En silencio».

3. Una vez, Eurípides abrazó en el banquete y besó al bello Agatón al que ya le había crecido la barba52. Arquelao [B] dijo a sus amigos: «No os asombréis, pues el otoño de los bellos es también bello.»

4. Timoteo, el citarista, al recibir mucho menos de lo que esperaba, se lo censuró claramente y, cantando entonces este verso:

La plata, nacida de la tierra, te arroba52bis,

señaló a Arquelao. Éste le replicó:

y tú, sin embargo, la imploras.

5. Al derramar alguien agua sobre él, como sus amigos le incitaran contra este hombre, les dijo: «Pero si no derramó el agua sobre mí, sino sobre aquél que creyó era yo.»

[C] FILIPO, PADRE DE ALEJANDRO53

1. Teofrasto ha referido que Filipo, el padre de Alejandro, llegó a ser no sólo grande entre los reyes, sino el más grande y más moderado por su fortuna y su carácter54.

2. Decía, en efecto, que felicitaba a los atenienses, si podían encontrar cada año diez hombres para elegir como generales. Pues él en muchos años había encontrado un solo general: Parmenión.

3. Al anunciarle en un solo día muchos acontecimientos felices dijo: «Oh fortuna, hazme algún pequeño mal para compensar tantos y tan grandes bienes»55.

4. Después de haber vencido a los griegos, algunos le aconsejaban que ocupara las ciudades con guarniciones, pero dijo que prefería que se le llamase honrado durante [D] mucho tiempo, que amo durante poco.

5. Al aconsejarle sus amigos que expulsara a uno que lo injuriaba, dijo que no lo haría, para que no fuese de un lado a otro hablando mal de él entre más gente56.

6. Cuando Esmicito acusaba a Nicanor de que siempre hablaba mal de Filipo, sus compañeros consideraron necesario que lo hiciera llamar y lo castigara. Mas Filipo dijo: «Pero de cierto que Nicanor no es el peor de los macedonios. Hay que vigilar, pues, no sea que suceda por causa nuestra». Cuando supo que Nicanor estaba fuertemente oprimido por la pobreza y que él lo había descuidado, [E] ordenó que se le entregara un regalo. Cuando Esmicito dijo, otra vez, que Nicanor se pasaba el día haciendo elogios sorprendentes del rey a todos, dijo Filipo: «Veis, pues, que el que se hable bien o mal depende de nosotros mismos.»

7. Dijo que estaba agradecido a los jefes populares de los atenienses, ya que, al injuriarlo, lo hacían mejor en sus discursos y en su carácter. «Pues intento probar a la vez con palabras y obras que son unos embusteros.»

8. Cuando los atenienses que habían sido hechos prisioneros en Queronea, fueron liberados por él sin rescate57, [F] como exigieran, además, sus túnicas y mantos e insultaran a los macedonios, Filipo dijo sonriendo: «¿No os parece que los atenienses piensan que los hemos vencido en un juego de dados?»

9. Cuando se le rompió la clavícula en una batalla, al pedirle algo el médico que lo atendía cada día, le dijo: «Toma cuanto quieras, pues tú tienes la llave»57bis.