Czytaj książkę: «Carta y breve compendio. Exhortación o información de buena y sana doctrina»

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PEDRO DE CHINCHILLA

CARTA Y BREVE COMPENDIO

EXHORTACIÓN O INFORMACIÓN

DE BUENA Y SANA DOCTRINA

COLECCIÓN PARNASEO

32

Colección dirigida por

José Luis Canet

Coordinación

Julio Alonso Asenjo

Rafael Beltrán

Marta Haro Cortés

Nel Diago Moncholí

Evangelina Rodríguez

Josep Lluís Sirera

PEDRO DE CHINCHILLA

CARTA Y BREVE COMPENDIO

EXHORTACIÓN O INFORMACIÓN

DE BUENA Y SANA DOCTRINA

Introducción, edición y notas de

David Nogales Rincón


©

De esta edición:

Publicacions de la Universitat de València,

David Nogales Rincón

Diciembre de 2017

I.S.B.N.: 978-84-9134-257-1

Diseño de la cubierta:

Celso Hernández de la Figuera y José Luis Canet

Imagen de la portada:

Maquetación:

Héctor H. Gassó

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es

publicacions@uv.es

Parnaseo

http://parnaseo.uv.es

Este volumen se incluye dentro del Proyecto de Investigación del

Ministerio de Economía y Competitividad, referencia FFI2014-51781-P

ÍNDICE

PRÓLOGO, por José Manuel Nieto Soria

AGRADECIMIENTOS

ABREVIATURAS

ESTUDIO INTRODUCTORIO

I. Introducción

II. Pedro de Chinchilla, un letrado al servicio del conde de Benavente y de Alfonso XII de Castilla

III. La Carta y breve compendio, dirigida a Rodrigo Alfonso Pimentel, IV conde de Benavente

1. Fecha de composición

2. Naturaleza genérica y título

3. Fuentes

4. Estructura

5. Contenidos y líneas temáticas

5.1. El vicio y el pecado: dimensión moral y política

5.2. Fortuna y providencia

5.3. Amor político, legitimidad de ejercicio y tiranía

IV. La Exhortación o información de buena y sana doctrina, dirigida a Alfonso XII de Castilla

1. Fecha de composición

2. Naturaleza genérica y título

3. Fuentes

4. Estructura

5. Contenidos y líneas temáticas

5.1. Aspectos pedagógicos: la instrucción en la «tierna edad»

5.2. El rey y la «buena e sana doctrina»: ética clásica y cristianismo

5.3. La construcción de la legitimidad regia a fines de la Edad Media

V. Didactismo y doctrina en la Carta y breve compendio y en la Exhortación o información de buena y sana doctrina

1. Exemplum, similitudo, alegoría y auctoritas

2. La capitulación

3. El «rudo estilo»

4. La brevedad

VI. La Carta y breve compendio y la Exhortación o información de buena y sana doctrina en el contexto de la literatura castellana bajomedieval

1. La Carta y la Exhortación en el contexto de la literatura de espejos de príncipes

2. La Carta y la Exhortación: la complementariedad en torno a la creación de un tratado facticio de vicios y virtudes

3. La Exhortación, transmisora de la doctrina ética aristotélica, en el contexto de los tratados de filosofía moral

VII. La Carta y breve compendio y la Exhortación o información de buena y sana doctrina en el contexto ideológico de la corte de Alfonso XII de Castilla

VIII. La transmisión: el Ms. M-88 de la Biblioteca de Menéndez Pelayo

IX. Criterios de edición

LA CARTA Y BREVE COMPENDIO

LA EXHORTACIÓN O INFORMACIÓN DE BUENA Y SANA DOCTRINA

BIBLIOGRAFÍA

1. Fuentes

2. Estudios

ÍNDICE TEMÁTICO, ONOMÁSTICO Y TOPONÍMICO

A mis padres

Este trabajo ha sido posible gracias a una ayuda del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica (subprograma Juan de la Cierva) de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España, disfrutada, entre el 1 de enero de 2014 y el 31 de diciembre de 2016, en el Departamento de Historia Medieval de la Universidad Complutense de Madrid. Dicho trabajo forma parte de los Proyectos de I+D del Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia, Subprograma de Generación del Conocimiento (2015-2017) HAR2013-42211-P de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Prácticas de comunicación y negociación en las relaciones de consenso y pacto de la cultura política castellana (ca. 1230-1504) y HAR2016-76174-P de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Expresiones de la cultura política peninsular en las relaciones de conflicto (Corona de Castilla, 1230-1504), cuyo investigador principal es José Manuel Nieto Soria.

Prólogo

Se ofrece al lector en las páginas que siguen el estudio y la edición completa de dos obras, Carta y breve compendio y Exhortación o información de buena y sana doctrina de Pedro de Chinchilla cuya redacción se sitúa entre los años 1466 y 1467, perteneciendo ambas a un género didáctico con evidente intencionalidad política que bien permite catalogarlas como espéculos de príncipes, si bien su destinatario es, en el caso particular de la Carta y breve compendio, un miembro de la alta nobleza.

Conservadas en un único manuscrito del siglo XV perteneciente a la Biblioteca Menéndez y Pelayo de Santander, no han tenido estas obras demasiada fortuna ni entre los historiadores ni entre los filólogos, ya que apenas han contado con alguna atención por su parte. Quizá la ausencia de datos precisos sobre su autor, Pedro de Chinchilla, salvo los facilitados en el propio manuscrito y que lo sitúan como criado del conde de Benavente, ha contribuido a esta limitadísima presencia historiográfica que hasta la fecha han tenido. También es posible que esta limitada utilización se haya visto favorecida por el hecho de que estamos ante un autor de muy difícil clasificación, refractario a un encasillamiento fácil, pues si, por un lado, vemos en él rasgos que lo sitúan en el proceso de la recepción de ciertos ideales humanistas, no dejan de estar presentes también otras influencias que permiten mantenerlo anclado a otros criterios de pensamiento mucho más tradicionales, en la línea de la primera escolástica.

Tuve noticia de su existencia hacia el año 1992 a través del profesor Bonifacio Palacios Martín que albergaba por entonces el proyecto de llevar a cabo su estudio sistemático y edición. Tal empresa no pudo finalmente llevarla a efecto, lo que no le impidió dejar algunos testimonios de su interés por estos textos en la línea de valorarlos desde la perspectiva de la pedagogía política y religiosa, tal como se podrá encontrar en la bibliografía manejada por David Nogales.

Sin embargo, la cronología y el contexto de redacción otorgan a estas obras un interés añadido que va más allá de su mero valor textual. En efecto, redactadas en pleno desarrollo de la guerra civil que enfrentó a los partidarios del príncipe don Alfonso contra el rey Enrique IV de Castilla, estuvieron destinadas a uno de los principales colaboradores de aquel en esta confrontación política, don Rodrigo Alfonso Pimentel, IV conde de Benavente, poseedor de una notable biblioteca, lo que le da un cierto perfil, aquí confirmado, de noble ilustrado. Por ello resulta inevitable leer la obra bajo clave de testimonio de un contexto de lucha en el que los planteamientos recogidos en muchas de sus páginas bien pueden entenderse como una forma de expresar lo que el monarca reinante, según el criterio de Chinchilla, no había sido, y lo que, en cambio, se esperaba que fuera el nuevo monarca al que servía el destinatario de la obra, el mencionado conde. Contribuyen así estas obras a contraponer interesadamente, sin duda, en términos de radicalidad el buen y el mal príncipe. No es por ello de extrañar que, sobre todo bajo la inspiración del De casibus de Boccaccio, obra bien conocida en los círculos intelectuales y nobiliarios de la Castilla del siglo XV, se diera bastante presencia a las consideraciones tocantes a los príncipes tiranos. En consecuencia, tal como se señala más adelante, se nos ofrece «un instrumento de interés en la construcción de la legitimidad del nuevo soberano desde una perspectiva ética y religiosa».

El Dr. Nogales ofrece un estudio enormemente pormenorizado y detallista del texto y de todas sus circunstancias, lo que facilita extraordinariamente el acceso al mismo y a la comprensión de todas las claves manejables para el estudioso, para un caso, como el que nos ocupa, en que apenas sabemos nada sobre las circunstancias y avatares personales concretos del autor. Hay que destacar especialmente cómo ha establecido con precisión la aportación de las distintas fuentes que inspiran ambas obras de lo que finalmente resulta un nivel de originalidad bastante limitado para los textos de Chinchilla. Del mismo modo, ha sabido leer muy bien ambas obras en su relación con el contexto político de su época. Gracias a la sistemática delimitación temática, la naturaleza y sentido de los textos se muestra mucho más evidente, a la vez que los hace mucho más accesibles al lector. En este sentido, toma especial valor el análisis que realiza para cada una de las obras de su significación desde la perspectiva del problema de la legitimación del poder, mucho más cuando se tienen en cuenta los acontecimientos que se están desarrollando en paralelo al proceso de redacción. La edición de los textos, a la vez que facilita mucho su lectura, se ha planteado en términos de estricto rigor, facilitando todas las acotaciones necesarias en cada caso para la correcta comprensión del discurso.

En consecuencia, creo que es muy de agradecer el trabajo no fácil, en muchos momentos, a buen seguro, particularmente ingrato, tal como suele suceder con todos los trabajos de edición de fuentes. Así, el Dr. Nogales, más allá de la aportación de la edición de un texto hasta ahora sólo difícilmente manejable en su forma manuscrita, ofrece la posibilidad de enriquecer muy significativamente la dimensión intelectual y literaria del conflicto político que recorrió Castilla por la lucha por el trono entre 1465 y 1468, aportando claves que habrán de contribuir a una mejor articulación de los hechos políticos con su contexto mental, trayendo a escena una obra que espero que, a partir de este trabajo, ocupe entre historiadores y filólogos un lugar más acorde con su importancia, tanto por lo que contiene como por lo que significa, en particular, para la comprensión de su marco intelectual, así como, en general, de sus circunstancias históricas.

José Manuel Nieto Soria

Universidad Complutense de Madrid

Agradecimientos

Querría expresar la deuda que estas páginas tienen con Marta Haro Cortés (Universitat de València), a quien agradezco su interés y apoyo para la publicación de ambos textos y sus diversos consejos sobre la edición de los mismos, y con José Manuel Nieto Soria (Universidad Complutense de Madrid), quien prologa este trabajo, investigador principal de los proyectos HAR2013-42211-P y HAR2016-76174-P de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación del Gobierno de España, en cuyo seno se ha desenvuelto esta edición. Agradecimiento extensible a los miembros de los referidos proyectos, en una de cuyas reuniones periódicas se llevó a cabo la presentación preliminar de este trabajo.

Asimismo, querría agradecer la contribución directa o indirecta a este proyecto de Ghislaine Fournès y Elvezio Canonica (Université Bordeaux Montaigne), quienes, como editores del trabajo colectivo Le Miroir du Prince. Écriture, Transission et Réception dans l’Europe Méridionale (XIIIe-XVIe siècle), Pessac, Presses Universitaires de Bordeaux, 2011, aceptaron mi propuesta de publicar una primera aproximación a uno de los tratados aquí editados, con el título de «Un espejo dirigido al rey Alfonso XII de Castilla: La Exhortación o información de buena y sana doctrina, de Pedro de Chinchilla»; de Mª Ángeles Martín Romera (Ludwig-Maximilians-Universität München), quien se encargó de la pesquisa sobre la figura de Pedro de Chinchilla en el Archivo General de Simancas en julio de 2009, aprovechando su estancia en el centro; de Matthias Gille Levenson (Ecole Normale Supérieure de Lyon), con cuya edición previa me siento en deuda, gracias a ella me ha sido posible corregir algunas lecturas erróneas y puntuar, con mayor precisión, el texto; de Lola Carmen Morales Muñiz (Universidad Nacional de Educación a Distancia), quien me ha remitido puntualmente, a lo largo de estos años, sus diversos trabajos sobre Alfonso XII de Castilla, por su siempre afectuoso apoyo; de Rosa Fernández Lera y Andrés del Rey Sayagués (Biblioteca de Menéndez Pelayo de Santander), por atender a mis distintas peticiones a lo largo del proceso de edición; y de Diana Lucía Gómez-Chacón (Universidad Complutense de Madrid), quien se ha encargado de revisar las páginas que siguen.

Abreviaturas


ADM: Archivo Ducal de Medinaceli.
AGS: Archivo General de Simancas.
AHN: Archivo Histórico Nacional.
AMA: Archivo Municipal de Alcaraz.
AMB: Archivo Municipal de Burgos.
AMM: Archivo Municipal de Murcia.
B. Esc.: Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
BHSCV: Biblioteca Histórica de Santa Cruz. Universidad de Valladolid.
BMP: Biblioteca de Menéndez Pelayo.
BNE: Biblioteca Nacional de España.
MyP: Mercedes y Privilegios.
RAH: Real Academia de la Historia.
RB: Real Biblioteca.
SyC: Colección Salazar y Castro.

Estudio introductorio

I. Introducción

La Carta y breve compendio (referida, a partir de ahora, como Carta) y la Exhortación o información de buena y sana doctrina (referida como Exhortación) de Pedro de Chinchilla, transmitidas a través del testimonio único M de la Biblioteca de Menéndez Pelayo de Santander (M-88), constituyen dos buenas muestras de la literatura de espejos de príncipes del cuatrocientos castellano, dirigidas a la formación político-moral de sus élites políticas en un contexto particular: el conflicto entre Enrique IV de Castilla (1454-1474) y el infante Alfonso (1453-1468), primogénito de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal, promocionado al trono castellano como el decimosegundo de los Alfonsos (1465-1468) por un sector de la nobleza y el episcopado castellanos.1

Un conflicto que se presenta como la culminación a los años de turbulencias políticas que, desde las primeras décadas del siglo XV, se suceden en la Corona de Castilla, originadas en la lucha por el poder entre los distintos linajes aristocráticos, articulados en bandos o ligas, frente a los privados regios que se erigen en estos momentos como centro de la corte regia, encarnados en figuras como Álvaro de Luna, Juan Pacheco o Beltrán de la Cueva. El período 1465-1468 no hubiera dejado de ser una etapa más de una época convulsa de no haber sido por la decisión de articular una oposición al privado Beltrán de la Cueva en torno a un nuevo monarca, Alfonso XII de Castilla. Un infante, cautivo de la nobleza, llamado a ser el centro de una nueva corte, alejada, a los ojos de los más influyentes linajes castellanos, de la decadencia política y moral del rey Enrique IV y de los advenedizos que gravitaban en torno a su persona.

Aunque ambos textos se encontraban inéditos en el momento de dar inicio al presente trabajo de edición, con la excepción del proemio y la tabla de capítulos de la Exhortación (1ra-3ra), editados por José Manuel Nieto Soria,2 poco antes de finalizar dicho trabajo, hemos tenido noticia de la existencia de la memoria de máster inédita de Matthias Gille Levenson,3 algunas de cuyas observaciones y perspectivas han podido enriquecer este trabajo. Ambos tratados han pasado, salvo excepciones, bastante desapercibidos, a pesar de constituir una de las mejores muestras de las estrategias políticas puestas en marcha por los rebeldes a Enrique IV. La Carta apenas ha sido objeto de estudio, más allá de la aproximación a su discurso prosístico por parte de Fernando Gómez Redondo en su monumental Historia de la prosa medieval castellana, al que cabe sumar el reciente estudio introductorio de Gille Levenson, que acompaña a su trabajo de edición.4 Mayor interés ha despertado, no obstante, la Exhortación, analizada desde la perspectiva de los modelos religiosos por Bonifacio Palacios Martín, del discurso prosístico por Gómez Redondo y de la representación de la imagen regia por David Nogales Rincón, al que habría que añadir el correspondiente estudio introductorio de Gille Levenson, con aproximaciones puntuales a la misma en diversos trabajos de José Manuel Nieto Soria, en torno al derecho de resistencia, a la noción de la tiranía o a la orientación pronobiliaria del tratado, y de Andrea Mariana Navarro sobre el papel de la virtud y el buen gobierno como fundamentos de la conservación del poder real en el marco del conflicto político durante el reinado de Enrique IV.5

Escritos en un contexto de crisis política, tanto la Carta como la Exhortación son buenos testimonios de las relaciones entre poder y cultura a fines de la Edad Media. También una muestra de la percepción del hombre del cuatrocientos sobre lo político, de los vínculos entre poder y ética, del intento por definir un conjunto de estrategias políticas y religiosas dirigidas a asegurar un gobierno duradero y, especialmente, de las iniciativas de legitimación desarrolladas en un contexto político inestable. Su redacción es, en definitiva, un síntoma de cómo se entendía la figura regia en la segunda mitad del siglo XV en la Corona de Castilla y de las estrategias que sostenían a un candidato al trono en el contexto de la lucha política.


En este contexto, las estrategias de legitimación se manifestarán en diversas iniciativas desarrolladas por Alfonso XII y su entorno aristocrático, como la creación de una corte;6 la definición de un entorno cultural para la misma; quizá el interés por presentar una villa, Arévalo (Ávila), como centro simbólico de esta corte, a manera de contrapunto a la ciudad de Segovia, lugar predilecto de Enrique IV;7 la acuñación de moneda como acto de soberanía, cuya labra se rodeó de diversas señas emparentadas con la tradición monárquica castellana, acompañada de la fundación de una casa de la moneda en Ciudad Real;8 el despliegue de un conjunto de estrategias dirigidas a la construcción de una imagen regia, a través de los formularios documentales y de diversos recursos ceremoniales e iconográficos;9 la creación de una cancillería como órgano para el ejercicio del poder en una dimensión burocrática, de la que es buena muestra la documentación que han exhumado distintos investigadores en las últimas décadas,10 en la que se manifestaría una continuidad del gobierno alfonsino con respecto al enriqueño, a través del uso, fruto de condicionantes tanto prácticos como quizá simbólicos, de los antiguos libros de la cancillería de Enrique IV, en los que «continuaron los asientos y copias de documentos con el nuevo rey»;11 o el ejercicio de la liberalidad, a través de la concesión de mercedes y privilegios.12

Sobre estas estrategias se hubo de definir un espacio institucional, cultural y burocrático acorde a la nueva figura regia. Aquella «corte tan excelente» que, evocada ya como un simple recuerdo, era traída a la memoria por Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre: «Pues su hermano el inoçente, | que en su vida suçesor | se llamó, | ¡qué corte tan exçelente | tovo y quánto gran señor | le siguió!».13


Dentro de estos procesos, el desarrollo de un conjunto de estrategias culturales por parte de los rebeldes no hubo de tener una importancia menor. En la configuración del entramado cultural de la nueva curia alfonsina, los nobles rebeldes hubieron de tener como modelo genérico las grandes cortes castellanas, con el ejemplo destacado de la corte de sus antecesores en el trono castellano. Una corte real que durante el reinado de Juan II de Castilla, como apunta Gómez Redondo, construirá «un modelo cultural capaz de garantizar y promocionar, desde la corte, unas formas literarias y artísticas como manifestación entera de un pensamiento curial»14. La cual, no obstante, asistirá, durante el reinado de Enrique IV, siguiendo lo señalado por el mismo autor, a una cierta atonía o decadencia cultural, frente al dinamismo que paralelamente adquirirán cortes como la del arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo (1412-1482),15 fundamental, como veremos, para entender la corte alfonsina en una perspectiva cultural (§ VII).

En este sentido, esta corte alfonsina configuraría un entramado ideológico construido, a la manera de las cortes coetáneas e inmediatamente antecesoras, sobre diversas expresiones poéticas, caballerescas o religiosas, y sobre la generación de discursos históricos particulares. Así, en palabras de Fernando Gómez Redondo:

Regimientos de príncipes, poemas cortesanos, ceremoniales y exhortaciones diversas se instigan en ese trienio con el fin de forjar un pensamiento cortesano que pudiera ser garante de la dignidad regia de Castilla.16

De esta forma, en esta corte tenía cabida, por supuesto, la poesía de cancionero, con la presencia en el entorno alfonsino de poetas como Gómez Manrique, Jorge Manrique, Juan Álvarez Gato o Nicolás de Guevara.17 También la literatura judicial relativa a rieptos y desafíos, con la composición por Pedro de Horozco del Tractado que fue fecho al muy magnífico señor don Rodrigo Manrique, Condestable de Castilla (RB, II/3059, fols. 35r-46v). Redacción paralela al impulso dado a la Orden de la Banda, como señala Dolores Carmen Morales Muñiz, «no solo para demostrar su legitimidad, sino por cuestiones caballerescas», a la designación de oficiales de armas o a la prestación de «homenaje caballeresco [por Alfonso XII] según las instituciones de sus predecesores», que tuvo lugar en un centro de indiscutible simbolismo para la realeza castellana como la catedral de Toledo.18 Tampoco la nueva corte hubo de renunciar a algunos aspectos típicos de la religiosidad y del gusto artístico aristocrático tardomedieval, con la hipotética comisión de un libro de horas iluminado, que cabría relacionar con el taller de Juan de Carrión, conocido como Libro de horas del infante Alfonso (Pierpont Morgan Library, M. 854), que quizá, según Fernando Villaseñor Sebastián, pudo ser «encargado al tiempo que Alfonso fue primero proclamado rey».19

Como en casos precedentes, la conquista del trono vino acompañada por la creación de un discurso historiográfico propio, manifestado en las actividades de los cronistas Martín de Ávila y Alonso de Palencia,20 y en la configuración de una memoria política adecuada a los intereses alfonsinos. Dicha configuración se materializó en la confiscación de los registros de la crónica oficial de Enrique IV durante la toma de Segovia por el bando alfonsino, en septiembre de 1467, hasta ese momento en poder del cronista oficial de Enrique IV, Diego Enríquez del Castillo,21 que pasaron a manos de Palencia, «para que aquellas mentiras fuessen enmendadas».22 Un hecho habitual en los contextos de ruptura dinástica en el campo de la memoria, dirigido a demostrar «la falsedad de la memoria o la traición de la memoria sobre la que se asentaba el poder legítimo» y a crear «una memoria justificadora del poder emergente que por sí misma lo legitimara o lo identificara con la defensa de esa memoria traicionada».23

Por último, cabría destacar el interés por la literatura sapiencial, en torno, en primer lugar, a un espejo de príncipes para la formación del nuevo rey Alfonso XII, la Exhortación o información de buena y sana doctrina, redactada en 1467 como complemento a la Carta, dirigida algunos meses antes a Rodrigo Alfonso Pimentel (ca. 1440-1499), IV conde de Benavente, desde 1461, y I duque de Benavente, a partir de 1473 (§ VI.2), objeto de la presente edición. En segundo lugar, tal vez, aunque la relación con la corte de Alfonso XII sea meramente hipotética —pues, como apunta Jesús Rodríguez Velasco, no cabría descartar una relación con la figura de Juan II o Enrique IV de Castilla—,24 en torno a la conocida como Carta al rey sobre el regimiento de su vivienda (BNE, Mss. 1159, fols. 14r-20v), «breve regimiento de príncipes, articulado en forma epistolográfica» que, atendiendo a sus ejes temáticos, Fernando Gómez Redondo sugiere relacionar con la infanta Isabel y, especialmente, con su hermano Alfonso;25 y un texto de naturaleza parateatral que, aunque no constituya, en sentido estricto, un espejo de príncipes, se podría relacionar tangencialmente con esta literatura especular, atendiendo a sus contenidos y objetivos: el Breve tratado para unos momos de Gómez Manrique, representados en Arévalo en 1467, ante el rey Alfonso, con ocasión del aniversario de su nacimiento, a quien se le ofrecerían, «despidiéndose vuestra exçelençia de la pasada niñez, entrava en la viril hedat, que es de los catorze años arriba»,26 un conjunto de «fados» de manos de las musas: la fortuna, la justicia, la liberalidad, la capacidad de perdonar, el amor, etc.27 Con la redacción de estas obras, se recuperaba parcialmente el interés por los temas morales, ampliamente impulsados en el seno de la corte de Juan II de Castilla, en torno a la cual «se había formado un movimiento literario, entre cuyos temas de preocupación estaban los temas morales, teniendo como inspirador de tales preocupaciones a Séneca».28 Temas que, sin embargo, habrían quedado relegados en la corte enriqueña a favor de un canon no religioso que primaba la música, la caza, los libros de caballerías o la genealogía, manifestado en obras como el Vergel de los príncipes de Rodrigo Sánchez de Arévalo, en algunas composiciones cancioneriles del período, presentes en el Cancionero general de muchos y diversos autores y en el Cancionero del British Museum (British Library, Ms. Add. 10431), o en los ejemplares iluminados, realizados probablemente para Enrique IV, del Libro de la montería de Alfonso XI (RB, II/2105), del Libro del caballero Zifar (Bibliothèque Nationale de France, Espagnol 36) y de la Genealogía de los reyes de Alonso de Cartagena (RB, II/3009).29

Adicionalmente, la definición de este entramado podría ser percibida como una manifestación secundaria de las relaciones de amistad política del nuevo monarca con la nobleza que le sustentaba, apuntaladas sobre diversas transacciones de naturaleza material y política. En torno a estas relaciones se fundamentaría un conjunto de estrategias de patronazgo que, más allá del estrecho marco del clientelismo, esencial para entender estos fenómenos, como ha apuntado Marina Núñez Bespalova,30 tendría como base las ideas de amor o de vasallaje, las cuales darían forma a un tópico literario: el servidor o natural que ofrece la doctrina a su señor como «don» o «servicio».31

En este sentido, se podrían citar, al menos, seis figuras del entorno cultural de Alfonso XII, cuya relación con la corte alfonsina tendría su razón de ser en la adhesión de su patrono literario a la causa del infante: Juan Álvarez Gato, vinculado a la corte literaria de García Álvarez de Toledo, duque de Alba, quien habría tenido un papel protagonista en el acto de deposición de Enrique IV en Ávila y actuaría como miembro del consejo real de Alfonso XII,32 habiendo sido dicho autor asociado igualmente a la corte literaria de Alfonso Carrillo,33 uno de los principales sostenedores del rey niño; Nicolás de Guevara, vinculado, al menos, desde 1478, a Gonzalo Chacón, ayo del príncipe Alfonso y de Isabel,34 hecho que sitúa ciertamente en el campo de lo hipotético el período comprendido entre 1465 y 1468, lo que permitiría pensar en la posibilidad de que el contacto de Guevara con la corte alfonsina hubiera podido tener lugar a través del referido arzobispo, con cuya casa mantuvo una relación «circunstancial y reducida al ejercicio de una poesía trovadoresca de mero entretenimiento cortesano»;35 Diego de Valera, quizá vinculado a la corte del rey Alfonso a través de Luis de la Cerda, conde de Medinaceli, como sugiere Cristina Moya García,36 o del propio conde de Benavente; Gómez Manrique, ligado al nuevo rey quizá a través de Alfonso Carrillo, con cuya corte arzobispal estaría relacionado entre los años 1458 y 1475;37 Martín de Ávila, quien quedaría vinculado a la corte alfonsina a través del citado Alfonso Carrillo, de quien era secretario de latín;38 y Pedro de Chinchilla, autor de la Exhortación, ligado a Rodrigo Alfonso Pimentel, IV conde de Benavente (§ II).

Así, desde la perspectiva particular de la figura de Pedro de Chinchilla, la redacción de la Exhortación habría de ser entendida a la luz de las estrechas relaciones políticas entre Alfonso XII y el conde de Benavente, personaje altamente influyente en el seno de la nobleza alfonsina.39 El conde de Benavente hubo de estrechar lazos con el entorno de Juan Pacheco, marqués de Villena, de su hermano Pedro Girón, maestre de Calatrava, y del arzobispo Carrillo, que conformarían el núcleo de la oposición a Enrique IV, si bien su colaboración con los nobles rebeldes durante los primeros meses de 1464 hubo de ser, en opinión de Isabel Beceiro Pita, secundaria.40 No obstante, al menos, desde los primeros meses de 1465, hubo de iniciar un proceso de promoción dentro de la nobleza alfonsina. En este sentido, al menos, desde abril de 1465, es posible documentar los movimientos de un conde de Benavente en expectativa de recibir distintas mercedes, una vez proclamado rey el infante Alfonso,41 quien, según el Cronicón de Valladolid, habría sido «primero jurado por Rey secretamente en Plasencia XXX días del mes de abril dos horas después de media noche».42 Mercedes que serían entregadas poco después en contraprestación al apoyo dado por el conde al infante, por cuanto «me avéis, con mucha fidelidad e virtud, seguido e servido e fecho grandes gastos en mi servicio [de Alfonso XII], teniendo de vuestras gentes en diversas partes, para ayuda de vuestros grandes gastos e daños que avéis rescebido en mi servicio»;43 servicios entre los que tendría una especial relevancia el acuerdo establecido el 1 de mayo de ese año entre el marqués de Villena, el conde de Benavente y el duque de Plasencia para la defensa de la ciudad de Trujillo, en poder de Enrique IV.44 Este ascenso dentro del entorno de Alfonso le llevaría a participar, ya con un protagonismo destacado, en el ritual de deposición de Enrique IV y de proclamación de Alfonso XII, que tendría lugar, en Ávila, el 5 de junio de 1465.45