Czytaj książkę: «Tratado de agricultura. Medicina veterinaria. Poema de los injertos.»
PALADIO
TRATADO DE AGRICULTURA
•
MEDICINA VETERINARIA
•
POEMA DE LOS INJERTOS
TRADUCCIÓN, INTRODUCCIÓN Y NOTAS DE
ANA MOURE CASAS

EDITORIAL GREDOS
Asesores para la sección latina: JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por INÉS ILLÁN .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1990.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO245
ISBN 9788424931742.
INTRODUCCIÓN
En una fecha imprecisa de finales de la Antigüedad, un autor que se presenta como Paladio Rutilio Tauro Emiliano, escribió un libro de agricultura que cierra la serie de tratados agronómicos que, en Roma, había iniciado Catón. Tiempo después compuso un resumen más deslavazado sobre veterinaria y un poema barroco sobre el arte de injertar; obras ambas, a lo que sabemos, independientes una de otra y del tratado agrícola, que vienen a constituir sus scripta minora .
Su obra agronómica, heredera de una larga tradición latina, cartaginesa y griega, y escrita en una época de decadencia, es una compilación de las más importantes obras de agricultura, con algunas partes dedicadas a temas arquitectónicos. Pero está bien escrita, con concisión, y, sobre todo, está bien presentada: en forma de anuario agrícola, dividida en tantos libros como meses tiene el año más unas instrucciones generales al principio; subdividida en capítulos y con unos índices detallados de materias —como un libro de hoy—. Estaba destinada a ser la obra de consulta medieval sobre temas de agronomía; y lo fue, hasta el extremo de ser el único manual de agricultura al uso desde la temprana Edad Media —al compás del olvido en el que caían las obras de sus predecesores— transmitido hasta hoy por más de un centenar de manuscritos, glosas, resúmenes y noticias de eruditos del Occidente europeo y de la cultura árabe; tampoco desdeñado por los renacentistas, aunque a partir de ahí comienza a declinar su fama, oscurecida por la reaparición de las obras consagradas de sus maestros. Pero fue especialmente bien acogido en España, el primer lugar, que se sepa, donde esta obra fue glosada y posteriormente traducida.
Sobre estos puntos de estilo, fuentes y pervivencia de la obra vamos a tratar con algún detenimiento. Sobre el autor, poco puede conjeturarse que no haya sido conjeturado ya 1 :
Pocos datos pertenecen al terreno de los hechos y no al de las hipótesis. Entre ellos, su nombre: Paladio Rutilio Tauro Emiliano. Se conoce además su tratamiento de vir illustris , transmitido también por la mayoría de los manuscritos conservados; el nombre escueto del destinatario de su obra: Pasífilo (XV 1); las citas de autoridades (Columela y Gargilio Marcial, especialmente, junto a los «Graeci») y, por último, se han investigado los pasajes donde habla de sí mismo, que son reducidos, o, por lo menos, donde se expresa al margen de sus fuentes, intentando encontrar algún punto de luz en medio de este panorama que es todavía más oscuro cuando se rastrea alguna pista fuera de su propia obra: no hay ninguna mención segura ni del autor ni de su tratado hasta la de Casiodoro, que no aporta tampoco ninguna precisión sobre su biografía, pero constituye un término ante quem seguro para fijar la época de Paladio, que se sitúa, por tanto, antes de la fecha del De institutione divinarum litterarum —c. 540— y después del último de los autores que Paladio menciona como sus fuentes: Gargilio Marcial —c. 260— (Dalmasso 2 ), o incluso después Vindanio Anatolio —c. 360— (Gemoll 3 ).
Ciertas características de su manual harían retrotraer el término post quem a partir del s.IV /V , fechas en las que se tiende hoy a situarlo 4 : el hecho de que se trate de un compendio de escritos de agronomía y de construcción de la villa y sus dependencias se interpreta (Martin, ibid.) en el sentido de que la obra iba dirigida a un público de nuevos propietarios agrícolas, en los momentos, del s. IV en adelante, en que se produce el retorno de los propietarios a sus tierras. La forma de composición del Opus Agriculturae , distribuido en libros precedidos de un índice de capítulos, respondería al uso establecido por los libros de leyes, indudablemente cuando ya no se escribía en volúmenes sino en códices, como debió de ocurrirle al tratado de Paladio, y se señaló (Meyer 5 ) el Códice Teodosiano del a. 438, como modelo en la forma de este tratado agronómico. Por otra parte, la manera de enfocar el tema religioso, parecía ser la de un pagano de los últimos tiempos que se interesa por el panteón tradicional más por razones literarias que por creencias personales y sólo manifiesta vagamente su fe no cristiana en frases aisladas que muestran una actitud religiosa acaso monoteísta, teñida de estoicismo (Vessereau, cf. infra ), propia de los círculos paganos de época tardía.
También su tratamiento de vir illustris podría proporcionar otra pista de su cronología, retrotrayéndola hasta finales del Imperio, y de su persona: uno de los personajes llamados «Paladio» que se localizan en esa época y con tal título podría ser el escritor agrónomo, o acaso alguno de los que llevan el cognomen —o nomen — de Aemilianus , pero la identificación no es en absoluto segura. La búsqueda de algún Pasífilo en la prosopografía oficial de la época tampoco proporciona mayor fiabilidad 6 .
Los datos autobiográficos de su obra sólo indican que tenía propiedades en Cerdeña y en Nápoles —probablemente la ciudad sarda— 7 y también en Italia, cerca de Roma. Dalmasso 8 matizó que su manera de hablar de Italia indicaba que él era un provincialis , porque señalaba las prácticas agrícolas italianas como algo que no le era desconocido, pero tampoco propio. Junto a esta hipótesis razonable, se esgrimió otra más determinada: el origen galo de Paladio, que se apoyaría en la atención que presta a ciertos utensilios y sistemas de la Galia —argumento débil porque tales descripciones no siempre son originales 9 —; se apuntó esta misma procedencia por los capítulos finales de cada libro, donde habla de la duración de las horas, que según complejos cálculos matemáticos, indicarían que Paladio escribía desde una latitud equivalente al norte de la Galia 10 . Incluso se propuso identificarlo con un familiar de Rutilio Namaciano, cuyas palabras en De red . 1, 208 y ss., podrían aludir a nuestro Paladio 11 .
Se llegaba así, sumando supuestos, a una identificación muy precisa del autor, época, patria, fe religiosa, pero sólo en el terreno de la hipótesis.
EL ESTILO Y LA LENGUA DE PALADIO:
LOS CONDICIONAMIENTOS DEL GÉNERO Y LAS FUENTES
Las interpretaciones sobre el estilo de Paladio parten del primer capítulo de su obra. Se ha visto allí una declaración de principios donde el autor manifestaba el propósito de no hacer una obra retórica 12 .
Sin embargo, ya en las antiguas ediciones desde la de Gesner 13 , se indicaba que Paladio no siempre había sido fiel a su programa. Casi todas las figuras retóricas tenían cabida en algún lugar del Opus Agriculturae . En estudios posteriores se advertía que el recurso a la variatio y a la personificación era frecuente y que su prosa estaba sometida a cláusulas rítmicas 14 . En estas condiciones, cada nuevo ejemplo de quiasmo o de aliteración se esgrimía como prueba de una contradicción interna del autor frente a una pretendida finalidad antirretórica.
Cuando Svennung publicaba su gran monografía sobre Paladio, dedicaba un capítulo 15 a la estilística de los técnicos y señalaba cómo determinadas «figuras» venían exigidas precisamente por el género literario: la abstracción, la concreción, las elipsis, las personificaciones… eran recursos característicos de las obras científicas que podían aparecer incluso en el peor prosista. Por primera vez se juzgaba objetivamente el estilo de Paladio con relación a las obras de temática similar.
Pero, además, para intentar matizar las peculiaridades del estilo de Paladio es necesario —creemos— hacer otras confrontaciones, teniendo en cuenta la época, con sus gustos por el manierismo, acentuado en la decadencia en parte de los círculos eruditos, las fuentes del autor, concretamente Columela, que ha sido reconocido como el modelo más directo de Paladio y cuya capacidad para la retórica nadie discute, y, sobre todo, la propia habilidad de Paladio para saber utilizar esos artificios, lo que ha de enjuiciarse no sólo por una lectura detenida de su tratado agrícola, sino también por comparación con sus otras dos obras, la Veterinaria y el Carmen de Insitione .
Empezando por este último punto, una mera ojeada al poema sobre los injertos, sirve para mostrar que el autor conocía y sabía utilizar los recursos de la retórica 16 . Naturalmente se trata de un carmen y estos alardes incluso vienen exigidos por su propio carácter poético, como él mismo declara (XV 11-12): est nostrae studium non condemnabile Musae urbanum fari rusticitatis opus . Pero en la parte de este libro XV que está en prosa, y que, por lo tanto, es más ilustrativa para una confrontación, vuelven a aparecer los mismos artificios que demuestran la formación retórica del autor 17 .
Un estilo bien distinto domina en el libro XIV, dedicado a veterinaria. Ya el prefacio, que sobre todo en materias técnicas suele ser el reducto donde se concentran las partes más literarias de este tipo de tratados, da una muestra de la aridez que va a ser la tónica general, pues se limita a unas escasas líneas, que ni siquiera encabezan la obra, donde se justifica el haber abordado un tema no específicamente agronómico.
La monotonía es todavía mayor en los pasajes que no proceden de Columela 18 , que son muy escasos, ya que Paladio copió al agrónomo gaditano mucho más en este libro que en todos los anteriores 19 . Si la imitación es casi literal y el estilo resulta árido y monótono 20 , obviamente hay que achacarlo a su fuente, que ofrece en esta sección de su tratado una de las partes menos elaboradas de su obra. El propio Columela inicia el prefacio de su Veterinaria quejándose de que algunos no estimaban su relación con la agronomía; no eran saberes de la misma altura. La remodelación poética que pudo alcanzar la agricultura con las Geórgicas , de tanta influencia en Columela, no afectó a la veterinaria. Columela hubo de seguir en esta materia modelos mucho más prosaicos, que quizás afectaran a su estilo, salvo en algunas digresiones personales del autor, mucho más literarias, como la comparación entre el pastor y el agricultor. Pero esas digresiones, precisamente, eran las que no podían tener cabida en un resumen como el de Paladio.
Vemos que éste se muestra capaz de ser artificioso y retórico en su poema sobre Los injertos , y áridos en su libro de Veterinaria; su estilo está en consonancia con carácter y con la valoración de cada género.
De acuerdo con este criterio ha de interpretarse el estilo del Opus Agriculturae: se trata de un compendio de la obra de Columela, con algunas adiciones de otros autores y varias propias. En extensión, supone algo más de un tercio del tratado de Columela, pero sin recortar apenas el contenido de la materia 21 .
Paladio llevó a cabo su resumen prescindiendo de todo el ropaje erudito de su predecesor; por eso, no reproduce las controversias de Columela con otros autores, procura evitar las citas eruditas e incluso llega a excluir a Virgilio, que está prácticamente ausente de forma deliberada del tratado de Paladio, pues hasta en los pasajes donde sigue muy de cerca a Columela, omite precisa y únicamente los versos de Virgilio que muchas veces reproducía este agrónomo. Así señaló Svennung 22 las líneas generales de la utilización de Columela por Paladio.
Pero, además, hay que añadir que en este proceso de resumir, tampoco tuvieron cabida las reflexiones personales de Columela, tantas veces expresadas como admiraciones o interrogaciones retóricas, figuras que curiosamente no entran en el repertorio de las que pueden hallarse en Paladio. Si a esto se añade una tendencia marcada a sustituir las frases ampulosas y más poéticas de Columela por otros giros que recogen el contenido de una forma más sucinta, o la eliminación de arcaísmos, como el escaso uso en la Agricultura de Paladio del imperativo en -to , que tanto había utilizado Columela por admiración a Catón, es fácil comprender que su tratado carezca del lirismo de Columela y adquiera una forma de expresión más densa y más árida; tal resultado estilístico fue el producto del espíritu pragmático que guía al que hace un resumen.
Esta manera de condensar las fuentes (muchas ya condensadas porque ya eran resúmenes), sobre todo Columela, es la clave —creemos— para entender las primeras palabras de Paladio sobre su propio estilo. Cuando habla de que un tratado agrícola no debe imitar la elocuencia de una obra retórica, no se refiere tanto a una cuestión de forma, según ha venido interpretándose, como a una cuestión de contenido. Una obra de su tiempo, tiempo de decadencia, para ser práctica tenía que ser breve; para ser breve tenía que evitar digresiones y preámbulos; para evitarlos, había que sacrificar las partes más literarias: es el sed nos recidamus praefationis moram ne, quos reprehendimus, imitemur … (I 1); por eso, le podía parecer que su obra no era retórica, comparada con la de Columela, que muy probablemente sea el único aludido por las palabras de su prólogo 23 . Pero una vez que Paladio entra a tratar la materia que consideraba útil, no renuncia a expresarla conforme al recte ni al bene , dentro de sus posibilidades, que en el terreno retórico, eran muchas, como demuestra en el Carmen de Insitione . De acuerdo con ello, no hay tampoco contradicción en que aparezcan las más variadas figuras retóricas en su tratado agrícola. Conforme a su criterio, según nuestra hipótesis, de salvar de Columela su contenido práctico que había llegado a no serlo por su excesiva envoltura literaria, a veces farragosa, Paladio trató de condensarlo sin ningún deseo de hacerlo mal, ni ningún propósito antirretórico en la forma 24 . El equilibrio no era fácil y, por eso, el resultado es una mezcla de aridez y monotonía con destellos de brillantez y de buena capacidad estilística 25 . Sus críticos posteriores, reparando en lo uno o en lo otro, juzgaron de maneras opuestas 26 un estilo que puede calificarse en su conjunto de conciso y claro 27 . Para ello se valió de determinados recursos lingüíscos.
Como autor, pues, de un resumen de índole descriptiva, Paladio ha tendido a utilizar una sintaxis de períodos cortos. Recurre con frecuencia a braquilogías de cuño técnico y a las elipsis de sustantivos y verbos, sobre todo en los títulos de los capítulos. Tal parquedad lingüística contribuyó a configurar una de las características de su estilo: la concisión. Esta misma simplicidad sintáctica y la tendencia a las reiteraciones, con la consiguiente expresión sobrecargada por acumulaciones de sinónimos, juegos etimológicos y pleonasmos 28 , otorgó a su estilo otro rasgo: la claridad.
En otros aspectos, la lengua de Paladio es cuidada y correcta en general, hasta el punto de que el primer editor de Teubner señalaba que todas las faltas de los manuscritos debían interpretarse como errores de la transmisión sin que pudieran atribuirse a un hombre de la cultura de Paladio 29 .
Poco después, al compás del impulso de los estudios sobre el latín vulgar, aparecían los trabajos de L. Dalmasso —cf. infra — sobre el léxico de Paladio, mostrando la estrecha relación entre el vocabulario técnico y la lengua vulgar, que incidía en ese terreno en mayor medida que en el más gramaticalizado de la morfología o la fonética (Palladiana , pág. 80). Posteriormente, Svennung demostraba que gran parte de las peculiaridades lingüísticas de la prosa científica procedían del caudal de la lengua coloquial. En el conjunto de la literatura técnica, la lengua de Paladio resultaba correcta, pero tampoco estaba libre de vulgarismos en el terreno morfológico y sintáctico, precisamente donde menos se podían achacar al descuido o a la pronunciación de los copistas medievales. En consecuencia, tampoco procedía uniformar «a la clásica» la disparidad de grafías de los manuscritos; la normalización gráfica suponía, en muchos casos, no respetar la fonética ya postclásica de Paladio 30 .
Las ediciones posteriores de Paladio se beneficiaron de los estudios de Svennung, sin que se haya llegado a una delimitación precisa en el aspecto fonético de las variantes que proceden de la transmisión y de las que deben hacerse remontar al autor, máxime cuando los manuscritos más antiguos de Paladio copiados en Francia en el s. IX pudieron sufrir las normalizaciones ortográficas del Renacimiento Carolingio.
A Svennung se debe el mérito de haber señalado el nivel relativamente alto de corrección lingüística de Paladio, en comparación sobre todo con la gran abundancia de vulgarismos de la literatura técnica en época tardía. Este hecho se explica en primer lugar, como él advirtió, por la cultura del autor. Pero, además, quizás se pueda añadir otro aspecto: la larga tradición latina de las obras de agricultura. Si se ha dicho que el latín fue originariamente lengua de agricultores es porque la terminología técnica agrícola se incorporó desde fechas muy tempranas al léxico latino común. Una de las primeras obras escritas en latín fue precisamente un tratado agrícola. De Catón arranca una amplia sucesión de obras escritas al dictado de la ciencia griega y cartaginesa, pero también de la experiencia personal de sus autores, propietarios de tierras, que se dirigen a otros poseedores de predios que constituyen por excelencia en Roma una clase social adinerada, de antigua e ilustrada raigambre. Los agrónomos latinos fueron construyendo la terminología agrícola incorporando, sobre todo, tecnicismos griegos al vocabulario habitual latino. La obra de Paladio como jalón final de una larga tradición pudo beneficiarse de un léxico ya creado y de una literatura científica previa, llevada a la mayor depuración de lengua y estilo precisamente por Columela, su modelo más inmediato y directo.
LA ORIGINALIDAD DEL OPUS AGRICULTURAE
Las fuentes de Paladio fueron uno de los primeros aspectos que se estudiaron del Opus Agriculturae . Ya en el prefacio de la edición de Schneider 31 , se ofrecía una relación que, en líneas generales, sigue siendo admitida hoy: Paladio había tomado pocas cosas de Catón y Varrón, mucho de Columela; en los temas de arquitectura se había basado en Vitrubio y sus compendiadores; en los de arboricultura y horticultura había utilizado a Gargilio Marcial y por último las Geopónicas , que Paladio había leído en un ejemplar más correcto y extenso que el que hoy se conoce, habían inspirado los capítulos sobre conservación y elaboración de productos y recetas varias.
Pero la cuestión distaba de quedar zanjada: dos fuentes de Paladio, las Geopónicas y Gargilio Marcial, planteaban problemas de difícil solución. La primera, que hoy conocemos con el nombre de Geopónicas , es una refundición del s. x, donde se encuentran, entre otros autores, restos de dos recopilaciones de la Antigüedad tardía que se puede pensar que hayan influido en Paladio: la de Vindanio Anatolio y la de Dídimo de Alejandría. De la obra de Gargilio Marcial, sólo se conservan fragmentos escasos. En las dos recopilaciones griegas confluyen la tradición agronómica griega y latina de un modo harto complejo: por un lado, han recogido parte del material latino, entre otro, excerpta de Columela y acaso de Gargilio, y por otro lado, remontan en primera instancia a una tradición antigua en la que se inspiraron, a su vez, los autores que se consideran fuentes latinas de Paladio. Gargilio Marcial depende también de una tradición anterior, especialmente de Columela; cuáles podían ser las fuentes directas —y las indirectas— de Paladio era un asunto difícil de precisar ya de por sí, pero más intrincado por la imprecisión de la cronología tanto del propio Paladio como de todas sus fuentes, salvo Columela.
En este estado de hechos, en los casi dos siglos siguientes a la edición de Schneider, se realizaron avances notables favorecidos por tres hechos claves en la investigación de las fuentes de Paladio: la aparición de dos manuscritos 32 que permitieron la identificación del compendiador de Vitrubio que más directamente había influido en Paladio, M. Cetio Faventino; el descubrimiento de un palimpsesto de Nápoles, por el cardenal A. Mai, donde aparecían fragmentos de la obra perdida de Gargilio Marcial De arboribus , y la aparición de un nuevo libro de Paladio, el XIV, sobre veterinaria, inspirado directísimamente en Columela.
El primero de estos hallazgos daría paso a una polémica sobre los modelos de Paladio en materia de construcciones rurales, todavía no concluida. Sobre este tema se publicaba en 1877 el trabajo de H. Nohl 33 que constituía el primer estudio dedicado exclusivamente a las fuentes de Paladio. Nohl confrontó los pasajes comunes de Vitrubio, Faventino y Paladio, y pudo demostrar que Faventino era el modelo más directo de los capítulos sobre arquitectura, e incluso uno de los menos modificados por Paladio. No obstante, registró algunos lugares donde Vitrubio parecía una fuente más cercana: en algún que otro pasaje había entre Vitrubio y Paladio ciertas correspondencias de términos que Faventino había omitido; este hecho pudo interpretarse en el sentido de que Paladio había podido remontarse, en algunas ocasiones, al propio Vitrubio.
La interpretación de Nohl sobre Faventino como fuente primordial de Paladio resultaba clara, pero la relación de las coincidencias entre Vitrubio y Paladio abría una discusión sobre el influjo directo de Vitrubio. Los detractores consideran que Faventino es la única fuente de Paladio: las correspondencias entre Vitrubio y Paladio se explicarían por el carácter interpolado de los códices de Faventino, ya antes de que Paladio tuviera acceso a su obra (Krohn 34 , Plommer 35 ); además, se trataría de paralelismos muy escasos, reducidos a términos insuficientes para sostener que Paladio se hubiera inspirado directamente en Vitrubio (Svennung) 36 .
Los partidarios destacan la importancia de las coincidencias como un hecho que denota que Paladio había leído la obra de Vitrubio, y quizás otras (Poppe) 37 . En materia de arquitectura, Paladio había tenido ante sus ojos los dos textos, el de Vitrubio y el de Faventino y habría ido tomando términos del uno o del otro; por este uso de los dos autores se explicarían las palabras del prólogo de Paladio (I 1, 2), cuando alude, en plural, a sus modelos: secundum fabricandi magistros (Martin) 38 .
Pero esta última hipótesis tiene, a nuestro entender, algún inconveniente. Quizás no sea una objeción grave que el nombre de Vitrubio no aparezca en la obra de Paladio; sería un argumento ex silentio pretender que no hubiera utilizado a Vitrubio porque no lo mencione. Pero no deja de ser llamativo que mientras figuran correctamente citados otros autores como Columela o Gargilio 39 , sólo Vitrubio quede al margen de cualquier referencia expresa.
Un dato más importante es el método que siguió Paladio para utilizar sus fuentes. El plan general de su obra consiste precisamente en seleccionar un autor para cada materia. Incluso dentro del tema agronómico, que es el eje central de su tratado, suele elegir un único modelo para cada sección (Columela para cereales, Gargilio para horticultura, por ejemplo); si utiliza dos en el mismo capítulo, es porque exponen teorías distintas, o porque uno de ellos añade algún aspecto nuevo y, entonces, sitúa uno tras otro, pero sin entremezclar las palabras de dos autores diferentes en la misma frase, como sería, en cambio, el caso de los términos de Vitrubio que aparecen más o menos salteados en períodos que proceden, en su mayor parte, de Faventino. La técnica del «mosaico sintáctico» no parece ser la práctica de Paladio 40 , y, además, tampoco se comprende cómo para tan poco uso hubiera tenido que acudir a una fuente tan compleja como Vitrubio. Por otra parte, si se admite como hipótesis de trabajo la teoría de Krohn, las coincidencias de términos entre Paladio y Vitrubio se explicarían sencillamente como interpolaciones o glosas en el texto de Faventino, cuya transmisión textual, como la de gran parte de los compiladores y refundidores de la Antigüedad tardía, estaría marcada desde sus inicios por la contaminación que suele acompañar a los textos más leídos y de mayor circulación.
Al estudio de Nohl siguió el trabajo de M. Sirch, publicado en el año 1904, donde el autor dedicaba dos capítulos a la descripción de cada uno de los modelos de Paladio y al modo de utilizarlos: sus citas, preferencias e incongruencias, a veces. Sus conclusiones sirvieron para confirmar con un material filológico más considerable y mejor estudiado, las ideas de Schneider acerca de las fuentes, pero con precisiones importantes, como el uso no directo de los agrónomos anteriores a Columela, la discusión sobre el pretendido influjo de Plinio y la indicación de que otras citas de autores en el Opus Agriculturae habían llegado por la vía indirecta de las recopilaciones griegas, o a través de una fuente latina 41 .
El trabajo de Sirch se benefició de los avances en el conocimiento de las recopilaciones griegas, debidos a los estudios de Gemoll y Oder 42 ; pero, sobre todo, del descubrimiento por A. Mai en el año 1826 de un palimpsesto en la biblioteca de Nápoles, que contenía fragmentos del De arboribus de Gargilio Marcial 43 , al que Paladio citaba, como el autor comprobó, dos veces en los capítulos De hortis y once en los De pomis . Los fragmentos del palimpsesto ofrecían una relación evidente con los textos correspondientes del Opus Agriculturae , lo que permitió precisar la importancia de Gargilio como fuente directa de los capítulos donde precisamente Paladio lo había citado; la hipótesis de Gemoll de que Paladio había conocido a Gargilio a través de las recopilaciones griegas quedaba definitivamente arrumbada 44 .
Pero el descubrimiento por Mai de una parte del Gargilio perdido, repercutiría en una de las tesis más radicales sobre las fuentes de Paladio. Su autor, M. Wellmann, confrontó los escasos textos conservados de Gargilio Marcial, con los pasajes paralelos de las Geopónicas , Columela —e incluso Magón y Plinio— y con los correspondientes de Paladio, y demostró que, en varios casos, Paladio tenía como único modelo directo el texto de Gargilio Marcial, y sólo indirectamente, a través de Gargilio, conocía a los demás autores. Hasta aquí la tesis de Wellmann podía estar basada en datos filológicos, pero su conclusión fue más allá de lo que permitían los hechos, al considerar que esta misma influencia se daba en la práctica totalidad de la obra, incluso en los temas arquitectónicos, aunque esto no pudiera demostrarse porque la obra de Gargilio, que de por sí era un compendio de distintos autores, se había perdido. Concluyó entonces, como ya anunciaba el título de su artículo, que Paladio era el compendiador de Gargilio Marcial 45 .
Esta teoría, tan ingeniosa como parcial, sirvió para provocar la refutación de Svennung, que defendió la pluralidad de modelos del Opus Agriculturae sentando las bases de lo que hoy se considera doctrina recepta en materia de fuentes, con su trabajo, ya citado «De Auctoribus Palladii».
Algunos años antes de la publicación de este estudio, Svennung descubría en un códice de Milán (ms. 212 inf.) al final del Opus Agriculturae , otro libro dedicado a veterinaria. Hasta entonces no se tenían noticias de que tal libro fuera de Paladio; ni Casiodoro, que es el primer autor que enjuicia a Paladio, hace ninguna alusión a esta obra, ni aparecía en ningún otro manuscrito. No obstante, basándose en una serie de pasajes de la Veterinaria , donde había remisiones a los libros anteriores del Opus Agriculturae , Svennung argumentó sólidamente que la autoría del opúsculo De Veterinaria Medicina debía atribuirse a Paladio 46 . Su descubrimiento y posterior edición demostraban que Columela era la fuente más directa y palpable, hasta el punto de que la imitación de los libros V y VI de Columela era casi textual, aunque Paladio había utilizado también las Geopónicas y quizás fuentes populares, en casos contados.
Con este aval, abordaba dos años más tarde la cuestión de las fuentes de los trece primeros libros que constituyen el Opus Agriculturae . En coherencia lógica, la parte central de su estudio, frente a la teoría de Wellmann, se centró en la reivindicación de Columela como fuente principal del tratado agrícola. Paladio había leído directamente el texto de Columela, como demostraba el gran número de coincidencias, a veces literales, entre los dos autores. Sólo podría admitirse que hubiera conocido indirectamente el libro I; pero resultaba evidente la dependencia directa en los demás libros, sobre todo por el aprovechamiento que Paladio había extraído del libro II del agrónomo gaditano.
Incluso comparando las coincidencias entre los dos autores, Svennung sostuvo que Paladio disponía de un ejemplar de Columela muy correcto. Por eso, en los pasajes donde la imitación era cercana, el texto de Columela podía ser corregido confrontándolo con el de Paladio. De esta forma se abrían dos vías para las enmiendas textuales: de Columela a Paladio y la inversa, todavía más segura dado que el compendiador era, por supuesto, mucho más próximo cronológicamente a su fuente y por lo tanto representaba una tradición más directa que cualquiera de los manuscritos conservados 47 .