Czytaj książkę: «Bucólicas. Geórgicas. Apéndice virgiliano.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 141

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., las traducciónes de este volumen han sido revisadas por J. GONZÁLEZ VÁZQUEZ , JOSÉ LUIS MORALEJO Y ENCARNACIÓN DEL BARRIO SANZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A. U., 2008
López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.
www.editorialgredos.com
Las traducciones, introducciones y notas han sido llevadas a cabo por TOMÁS DE LA ASCENSIÓN RECIO GARCÍA (Bucólicas y Geórgicas) y ARTURO SOLER RUIZ (Apéndice virgiliano) .
REF. GEBO251
ISBN 9788424931803.
INTRODUCCIÓN GENERAL
Era grande de cuerpo y de talla, de tez morena, aspecto de campesino... Y así aparece en el retrato, probablemente fidedigno, del mosaico de Hadrumetum, joya en nuestros días del Museo del Bardo, en Túnez: los cabellos cortos, la toga llevada con desmaño, las sandalias poco ajustadas a sus pies de rústico. Está sentado entre dos musas, Calíope, musa de la poesía épica y Melpómene, de la tragedia; tiene sobre sus rodillas un volumen abierto por este verso Musa mihi causas memora ..., el octavo de la Eneida . Es Virgilio. Su nombre llena la historia de Occidente.
FUENTES PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA VIDA DE VIRGILIO
Para reconstruir la vida de Virgilio contamos fundamentalmente con tres tipos de materiales: testimonios autobiográficos, extraídos de las obras del propio Virgilio, testimonios de los autores contemporáneos o inmediatamente posteriores y, naturalmente, las biografías antiguas de Virgilio, las Vitae Vergilianae .
Testimonios autobiográficos
Si aceptamos, como hacen la mayor parte de los críticos, la autenticidad de las composiciones Catalepton V y VIII de la Appendix Vergiliana , tenemos en ellas las más antiguas referencias de Virgilio a su propia vida. En el primer caso se trata de su despedida de la retórica, cuando está a punto de emprender el camino de la filosofía de mano del epicúreo Sirón; en el segundo el poeta, instalado en la modesta villa de Sirón, expresa sus votos de que ella sea nuevo hogar para su familia, si es que ésta ha de abandonar Mantua y Cremona. Ambos testimonios apuntan a la situación de la familia de Virgilio poco después de la batalla de Filipos, origen de la confiscación de tierras que la afectó, por tanto entre los años 42 y 41 a. C.
Es en las Bucólicas donde encontramos la mayor parte de las referencias de Virgilio a sus propias vicisitudes. Aunque no aceptemos la posición de quienes buscan en ellas las claves concretas de los episodios de la confiscación que sufrió la familia de Virgilio, ni la de quienes han creído descubrir tras cada uno de sus personajes a otro concreto de su época, no cabe duda de que en las piezas I y IX de la colección encontramos los ecos de la angustia, la esperanza, primero, y luego la desolación del desposeído Virgilio; por otra parte, algunos de los poderosos de su tiempo, así como amigos de Virgilio y poetas de su entorno, están o expresamente presentes o claramente aludidos en bastantes lugares de las Bucólicas . Asinio Polión, a cuyo consulado en el año 40 se refiere la cuarta, aparece como impulsor de la poesía virgiliana en la tercera (vv. 84 y ss.) y como vencedor de la guerra ilírica (en el año 39) en la octava (vv. 6 y ss.); Alfeno Varo, cónsul en el año 39, aparece en la novena en términos que muestran que en él está depositada la esperanza de Virgilio (Ec . IX 27) en un momento en que sobre sus tierras ronda el fantasma de la confiscación y, por tanto, en torno al año 41; a Varo también va dedicada la sexta (Ec . VI 6 y ss.). Vario Rufo y Helvio Cinna son poetas alabados en la novena (v. 35), mientras que unos tales Bavio y Mevio son citados como malos poetas en la tercera (v. 90). En fin, Cornelio Galo llena con su problemática presencia la última Bucólica y es posible que sean sus temas poéticos los mencionados en unos célebres versos de la sexta (vv. 64 y ss.).
El final de las Geórgicas es uno de los lugares en donde Virgilio se refiere a sí mismo de la manera más explícita y, al mismo tiempo, poética. Allí afirma haberlas escrito en Nápoles mientras el César (es decir, Octavio) guerreaba en el Asia (en el año 30) y recuerda el tiempo en que bajo el nombre de Títiro cantaba desocupado las Bucólicas (G . IV 559-566). Las referencias a Tarento (G . II 197, y IV 125-148) y a Mantua (II 198 y s.), la invocación a Mecenas al principio de cada libro, a Octavio como nuevo dios (I 24-42, 503-504) o como vencedor en los confines del Asia (II 170-172, cf. supra) , la intención expresada por Virgilio, al inicio del libro III, de cantarlo en un nuevo poema, igual que antes había declarado cómo emprendía las propias Geórgicas (II 173-176), deben ser tenidas en cuenta a la hora de reconstruir la biografía de Virgilio. La intención de la Eneida y su mismo tono no la hacen apta para la referencia autobiográfica que, no obstante, tendría un lugar preeminente al comienzo mismo del poema, si fueran auténticos —lo que generalmente no se acepta— los famosos versos Ille ego qui quondam ... 1 , en los que Virgilio, tras referirse a sí mismo como cantor de las Bucólicas y las Geórgicas , anunciaba que iba a cantar un poema épico. Servio, el famoso comentarista de Virgilio, afirma, en efecto, que esos versos comenzaban la Eneida de Virgilio y que fueron Vario y Tuca, los editores del poema, quienes los suprimieron.
Testimonios de los autores coetáneos y posteriores
Se trata de algunas composiciones de Horacio, Propercio y Ovidio, así como de fragmentos de Mecenas, de Julio Montano, de Gayo Meliso, de Séneca el Viejo y, posteriormente, de Lucano, Estacio, Marcial, Plinio el Joven y Tácito, que ofrecen datos sobre la vida y, a veces, sobre dichos de Virgilio 2 . Una gran parte de estos testimonios —y de ahí su importancia específica— proceden de obras escritas en los dos primeros siglos de nuestra era, pero que no han llegado hasta nosotros. En algunos casos su documentación era especialmente buena, como aquella que ofrecía el «Libro de los amigos de Virgilio», si es que como tal se recogieron las opiniones de Vario y Tuca, los editores de la Eneida por mandato de Augusto, y lo que ellos y otros amigos de Virgilio escribieron contra los obtrectatores Vergilii , los «detractores de Virgilio»; o como la que ofrecían los libros de Higino, el bibliotecario de Augusto, quien tuvo sin duda acceso a documentos tan importantes como el testamento del poeta; o como la que manejaron los primeros comentaristas y estudiosos de Virgilio, Asconio Pediano, Emilio Aspro, Flavio Capo y, sobre todo, el famoso gramático Marco Valerio Probo 3 . Todos ellos tuvieron que conocer, además, los escritos de los mencionados detractores o enemigos de Virgilio, como Carvilio Píctor, Herenio, Perilio Faustino, quien realizó la lista de los «plagios» de Virgilio, o Quinto Octavio Avito, quien dedicó ocho volúmenes a «denunciar» los préstamos de Virgilio y su lugar de procedencia. Para nuestro propósito será suficiente mencionar algunos de los lugares donde los escritores contemporáneos del poeta lo recuerdan o traen a colación sus opiniones, así la Sátira I 5 de Horacio, en la cual se narra el viaje que emprende con Mecenas hacia Brindis, donde iba a celebrarse una crucial entrevista entre Octavio y Marco Antonio (en el 37 a. C.): en Sinuesa se les unieron Plocio Tuca, Vario y Virgilio, animae qualis neque candidiores / terra tulit neque quis me sit deuinctior alter (HOR ., Sat . I 5, 41 y s.); en Capua hacen un alto los amigos y mientras Mecenas se ejercita en el juego de pelota, se van a dormir Horacio y Virgilio, perezoso el primero y delicado del estómago el segundo 4 . En la oda tercera del primer libro —publicado en el año 23 a. C.— se nos habla de un viaje de Virgilio a Atenas y en la vigésimo cuarta del mismo libro Virgilio aparece asociado a Horacio en el dolor por la muerte de su común amigo Quintilio. Propercio anuncia la inminente aparición de la Eneida en versos justamente famosos: Cedite Romani scriptores cedite Grai: / nescio quid maius nascitur Iliade (PROP ., II 34, 65 y s.) 5 , pero el pasaje tiene aún mayor interés biográfico por sus detalladas referencias a las Bucólicas (vv. 67-80). Quizá el punto final más adecuado para esta sección sea el famoso testimonio de Ovidio, cuando en su autobiografía nos dice que a Virgilio sólo lo pudo conocer de vista: Vergilium uidi tantum (Ov., Trist . IV 10, 51).
En los autores postaugústeos el inventario de los testimonios sobre la vida de Virgilio se enlaza ya con la descripción de la pervivencia del poeta, es decir, con el inicio de un tema inmenso y todavía abierto. Nos limitaremos, por tanto, a seleccionar algunos del siglo posterior a la muerte de Virgilio. Plinio el Viejo (VII 114) nos da un testimonio precioso sobre el controvertido tema de las disposiciones testamentarias de Virgilio respecto a la Eneida: según este autor, Augusto mandó que se publicara contra el expreso deseo de Virgilio, que quería que se quemara. Séneca el Viejo (Controu . III 8) nos transmite que Virgilio perdía su buen estilo en la expresión en prosa 6 . Entre las referencias a Virgilio que contiene la obra de Marcial debe destacarse el pequeño esbozo biográfico que nos da en VIII 56, 5-20. Tácito (o quien escribiera el «Diálogo de los oradores») nos refiere una anécdota que pone de relieve la extraordinaria fama y admiración que Virgilio ya despertara en vida: el público que asistía en el teatro a una recitación de versos de Virgilio en la que él mismo estaba presente, poniéndose en pie, le tributó honores como los que se rendían a Augusto (Dial. de or . 13).
Con lo que llevamos dicho se agota prácticamente todo lo que sabemos de Virgilio fuera de lo que nos dicen sus biografías «canónicas», las Vitae Vergilianae . Como veremos en seguida, los múltiples datos, anécdotas y opiniones que ellas nos transmiten deben ser sometidos a caución y en ese trabajo la confrontación con lo que sabemos de Virgilio por testimonio de quienes lo conocieron o de quienes recogieron las opiniones de estos últimos es, a menudo, decisiva.
«Vitae Vergilianae »
Ha llegado hasta nosotros una gran cantidad de manuscritos que contienen biografías de Virgilio. Se trata de textos generalmente antepuestos a escolios o comentarios de las obras virgilianas y que, precisamente por su estrecha vinculación con ellos, se han visto sometidos a las vicisitudes típicas de la transmisión de la literatura filológicoescolástica 7 . Los eruditos y gramáticos que comentaban y enseñaban a Virgilio copiaban, interpolaban, resumían y, en general, elaboraban el material de sus fuentes. La investigación filológica ha intentado desde hace más de un siglo 8 establecer las relaciones de dependencia entre la masa de Vitae transmitidas para aislar aquellas que pueden considerarse primarias u originarias, de las cuales derivan todas las demás. Sólo a partir de ese momento se puede proceder a la crítica del contenido de esos datos y determinar su valor para reconstruir la biografía de Virgilio. De acuerdo con K. Bayer 9 las Vidas originarias son las siguientes:
— la Vida de Suetonio-Donato (Vita Suetonii uulgo Donatiana = VSD) ,
— la Vida de Servio (Vita Seruii = VS) ,
— la Vida atribuida a Probo (Vita Probiana = VP) ,
— la Vida de Berna (Vita Bernensis o Libellus-Vita = VB I) 10 .
Como hemos dicho, en estas vidas originarias se contiene el grueso de las fuentes con las que se reconstruye la biografía de Virgilio. De ellas ha podido afirmar K. Bayer que «contienen al máximo material auténtico, sin que eso signifique, sin embargo, que cada detalle merezca garantía» 11 .
El resto de las Vitae no necesita ser considerado a nuestro propósito, pues dependen abiertamente de la VSD , cuyos datos copian, trivializan, resumen o amplifican. Haremos, no obstante, una excepción con la Vida de Focas (Vita Focae = VF) y con los fragmentos de la Crónica de San Jerónimo que se refieren a Virgilio (Excerpta Sancti Hieronymi o Vita Hieronymiana = VH) , que suelen ser incluidos entre las Vitae antiquae 12 . Hay, finalmente, un amplio grupo de Vidas, como las llamadas Noricense, Monacense, Gudianas, etc., conservadas en manuscritos de los siglos IX y X , cuyos datos entran de lleno en el reino de lo gratuito y lo maravilloso y que interesan en realidad mucho más a la leyenda que a la biografía de Virgilio 13 . Demos ahora una breve ojeada a las Vitae Vergilianae que vamos a utilizar:
VSD . — Elio Donato, gramático romano del siglo IV d. C. y maestro de San Jerónimo 14 , escribió un comentario a Virgilio del que han llegado hasta nosotros tres partes: una carta en la que dedica su obra a un desconocido L. Munacio, la Vita Vergilii que estaba al frente del comentario, y la Praefatio a las Bucólicas 15 . Ahora bien, E. Donato no es en realidad el autor de la Vita Vergilii; lo que él hizo fue utilizar la biografía correspondiente a Virgilio del De poetis de C. Suetonio, una colección de biografías literarias, partes de la cual han llegado hasta nosotros por tradición indirecta, como las Vidas de Lucano, de Horacio y de Terencio, esta última puesta también por Donato al inicio de su comentario a Terencio 16 . Ocurre, sin embargo, que, mientras que en el caso de la Vida de Terencio, Donato declara haberla copiado directamente de Suetonio, para la Vida de Virgilio no contamos con ninguna declaración explícita 17 . Esto ha abierto un complejo problema crítico, el de discernir hasta dónde llega, si es que la hubo, la interpolación de Donato sobre el texto suetoniano, problema del que no podemos zafarnos del todo cuando intentamos reconstruir la biografía de Virgilio: es evidente que los datos de Suetonio merecen, en principio, mayor crédito que las elaboraciones posteriores de Donato. El problema ha merecido una bibliografía importante y controvertida, incluso polémica, que ha servido por lo menos para que actualmente podamos sentirnos moderadamente optimistas sobre la paternidad suetoniana de la Vida 18 . La pregunta sobre la fiabilidad de la Vita se convierte ahora virtualmente en la pregunta sobre el tipo y calidad de las fuentes que utilizaba Suetonio 19 . Una gran parte de ellas son las mismas que anteriormente hemos clasificado como testimonios autobiográficos o de otros autores coetáneos o posteriores. Así en la VSD aparecen citas de lugares virgilianos —de las obras canónicas y de la Appendix — utilizados con fines biográficos, así como se registran manifestaciones del propio Virgilio que Suetonio pudo leer en escritos como el «Libro de los amigos» 20 o el que Asconio Pediano escribió contra los detractores de Virgilio 21 , ambos ya mencionados anteriormente. Igualmente se saca provecho de pasajes de otros autores, como el lugar properciano arriba citado, o se les nombra expresamente como fuentes de una afirmación, como se hace con Plocia Hieria y Asconio Pediano (VSD 10), con Meliso (VSD 16), con Séneca el Viejo y Julio Montano (VSD 29), con Eros, liberto de Virgilio (VSD 34), y con el gramático Niso (VSD 42). Pero al lado de estas fuentes tradicionales hay otras de interés excepcional y que revelan la mano de Suetonio, a saber, cuando el texto de VSD supone el acceso a un documento original: así ocurre con VSD 31, donde se copia una carta de Augusto, y con VSD 37, donde la precisión de la terminología revela la consulta del testamento de Virgilio. Suetonio, como secretario de Adriano, tuvo a su disposición los archivos de Estado, de los que sin duda hizo uso aquí y, sobre todo, en muchos pasajes del libro sobre los doce césares. Por lo que hace al resto de las noticias contenidas en la VSD , o proceden de fuentes anónimas introducidas por expresiones del tipo ferunt, uulgatum est, constat, traditur, fertur , o están expresadas de forma categórica, constituyendo el entramado de la Vita . Por lo que se refiere a las primeras, ya se ha dicho 22 que en algunos casos aquellas expresiones encubren una buena fuente, generalmente el «Libro de los amigos de Virgilio», y no hay motivos para desconfiar de Suetonio en los casos en que esto no se puede probar. Para las noticias que VSD da en forma categórica puede mantenerse esta misma opinión, siempre que se introduzca una reserva: la que se refiere a datos que puedan proceder de la interpretación alegórica de la obra de Virgilio 23 . El alcance de esta interpretación en la composición de la VSD fue excesivamente valorado por E. Diehl 24 y limitado luego por Büchner a tres pasajes de la Vita: la noticia de los amores de Virgilio por los esclavos Cebete y Alejandro, «a quien llama Alexis en la segunda égloga de las Bucólicas» (VSD 9); la de la muerte del hermano de Virgilio, Flaco, que el poeta «llora bajo el nombre de Dafnis» (VSD 14), es decir en la quinta bucólica, y la noticia del riesgo de muerte que corrió Virgilio a manos de un veterano (VSD 20), la cual es posible —pero no verosímil, como dice Büchner— que se haya derivado de una exégesis per allegoriam de la novena bucólica 25 . En definitiva el análisis de las fuentes de VSD nos permite una valoración moderadamente positiva: no hay motivos para desconfiar de que los datos existentes sobre la vida de Virgilio hayan sido honradamente reflejados. Cosa distinta —y absolutamente irremediable— es la deformación que aquellos datos hubieran podido sufrir cuando —casi un siglo después de la muerte del biografiado— se empezó a recogerlos para confeccionar una Vida de Virgilio 26 .
VS . — El gramático Servio, nacido hacia el 370 y quizá discípulo de Elio Donato, es el autor del más importante comentario a Virgilio que se nos ha conservado 27 . En él e inmediatamente antes del comentario a la Eneida —y no, como es habitual, antes del comentario a las Bucólicas — aparece una Vida de Virgilio que sigue claramente la VSD , pero que es mucho más breve 28 . Precisamente por la manera compendiada en que aparecen los datos se ha defendido que la Vita tal como ha llegado hasta nosotros sea producto de una mutilación de la original 29 , o de una redacción abreviada y bien elaborada de ella en la que quedarían rastros de buenas fuentes pre-suetonianas, con lo que la VS sería testimonio de una tradición independiente del filón suetonio-donatiano 30 . En realidad la especial formulación de la VS se explica como resultado de la manera de componer de Servio, sin que sea necesario buscar fuente alguna fuera de VSD 31 . Las diferencias de VS con respecto a VSD son mínimas —VS da el nombre del padre y de la madre de Virgilio: patre Vergilio matre Magia; VS ofrece una versión más detallada de la confiscación; etc.— y se dejan explicar como interpolaciones de Servio 32 .
VP . — Los manuscritos que nos transmiten la VP la atribuyen a marco Valerio Probo, el famoso gramático del s. I d. C., quien editó y comentó el texto de Virgilio 33 . Aunque esta atribución no careció de partidarios 34 , hoy en día nadie duda de que la VP en el estado en que se nos ha conservado remonta su composición al siglo V o VI . Cosa distinta es si la fuente de su información puede ser antigua y valiosa, como defendió K. Büchner, para quien con Probo y Servio estamos ante un filón independiente de la tradición suetonio-donatiana y que se remonta a buenas fuentes presuetonianas 35 . Pero tampoco eso puede ser aceptado al haberse demostrado que la VP depende de VSD y VS 36 y, para algún dato, de una fuente tan indiscutiblemente tardía como la VF 37 . Un lugar de la VP , no obstante, ha causado la polémica entre los estudiosos de la biografía de Virgilio. Se trata de la mención de la distancia de Andes, el lugar natal del poeta, a Mantua: milia passuum XXX , según la tradición manuscrita, lo que coloca a la VP en oposición al resto de la tradición biográfica virgiliana, unánimemente de acuerdo en señalar que esta distancia era muy corta; milia passuum III , si se acepta la corrección más extendida, lo que resuelve de un plumazo todo el problema, sobre el que más tarde volveremos 38 .
VB I . — Esta cortísima Vita —dieciséis líneas en la edición de K. Bayer 39 — aparece sin atribución de autor en la tradición manuscrita y no menciona fuente alguna para las noticias que contiene. Sin embargo, alguna de ellas es desconocida por el filón suetonio-donatiano, así la dignidad de eques romanus atribuida al padre de Virgilio, la mención de Augusto como condiscípulo de Virgilio bajo el maestro Epidio y la exégesis alegórica del verso sexto de la primera bucólica: Deus nobis haec otia fecit .
VF y VH . — El gramático Focas —cuya vida se data en el siglo V — escribió una Vita Vergilii que destaca entre las demás por su peculiar forma, puesto que está escrita en hexámetros, y que interesa sobre todo como testimonio de la admiración ilimitada por Virgilio que está en la base de las leyendas virgilianas 40 .
En el prefacio de su traducción al latín de la Crónica de Eusebio, San Jerónimo afirma haberla completado con noticias extraídas de Suetonio 41 . Las referidas a Virgilio se suelen reunir en una plausible Vita Hieronymiana 42 , cuyo interés radica en el método de trabajo de San Jerónimo, quien se veía obligado a distribuir los datos por olimpíadas, según su modelo griego 43 , y en la posible influencia de Donato, maestro de San Jerónimo, que explica divergencias con respecto a la fuente suetoniana 44 .
¿Qué sabemos de Virgilio?
En realidad, muy poco. Esta respuesta podría parecer extraña si nos hemos dejado impresionar por la larga relación de fuentes que acabamos de hacer. Pero si las encaramos con la crítica que exige hoy la historiografía, si no aceptamos los datos que nos proporcionan hasta no haberlos sometido a lo que hoy entendemos por el control de la investigación científica, sólo algunos de esos datos se filtrarán por el cedazo del rigor. Sucede, como es sabido, que la biografía era para los antiguos literatura y, como tal, concebida con una finalidad estética y sometida a las convenciones del género literario. Sólo dentro de los límites impuestos por esta doble condición había lugar para la investigación de fuentes y su organización en un discurso histórico. Eso explica que los virgilianistas hayan hecho suya con frecuencia la pregunta que encabeza estas líneas. Recordemos aquí dos ocasiones en que eso ha ocurrido con carácter emblemático: en pleno auge del interés por Virgilio y lo virgiliano, cuando estaba celebrándose el bimilenario del nacimiento del poeta, Tenney Frank se preguntaba «What do we know about Vergil?» 45 y, muy recientemente, al socaire del no menos celebrado bimilenario de su muerte, era Heinrich Naumann quien se hacía la pregunta: «Was wissen wir von Vergils Leben?» 46 . Frank había sido bastante cruel con Donato al publicar, unos años antes, su famosa biografía de Virgilio: «La crítica, en efecto —escribía en cabeza de su libro—, ha tratado con dureza la Vida de Virgilio de Donato. Se ha demostrado que la magra Vita es un conglomerado de unos pocos hechos casuales fraguados con una masa de conjeturas tardías derivadas de una pretendida interpretación literal de las Églogas , a las que se agregó, durante las crédulas y neuróticas décadas de la segunda y tercera centurias, un cúmulo de chismes irresponsables» 47 . Pero, al huir de esa Escila, el gran filólogo americano cayó en una no menos peligrosa Caribdis: se adscribió a la corriente filológica que defendía la autenticidad de la mayor parte de la Appendix Vergiliana 48 y se lanzó con entusiasmo a rastrear en sus poemas, escritos, según pensaba, en los años de formación de Virgilio, las reminiscencias personales de que estaban llenos. Por su parte H. Naumann se coloca con respecto a la VSD en una situación compleja: de una parte no acepta que haya en ella interpolaciones de Donato —ni, todavía menos, posteriores—, pues defiende encarecidamente, como ya se ha dicho 49 , la paternidad suetoniana de la Vita; pero de otra, establecida esa autoría, tampoco acepta que sus datos —y, por tanto, los de Suetonio (!)— tengan validez como fuente 50 . Pero, a su vez, eso no le desanimó en su propósito de dar una biografía de Virgilio, tarea en la que estaba empeñado cuando le sorprendió la muerte 51 .
Hemos visto pues, la posición de dos filólogos dedicados a la biografía de Virgilio en los tiempos de una y otra, respectivamente, de las celebraciones bimilenarias con que este siglo ha tenido la suerte de honrarlo. Sin embargo, el escepticismo sobre la información que proporcionan las Vitae en general y la VSD en particular no ha hecho que en la práctica dejaran de utilizarlas ni ellos ni casi ninguno de los que, desde Frank hasta nuestros días, han intentado reconstruir la vida de Virgilio 52 . Es como si no hubiera más remedio, es que no hay más remedio. En las páginas que siguen intentaremos una exposición de cuantas noticias transmitidas sobre Virgilio desde la antigüedad están suficientemente fundadas, pero también discutiremos aquellas que lo están menos cuando las avale una tradición de siglos: no es posible siempre —ni deseable— disecar la vida de la leyenda virgiliana. Nuestro punto de partida es —ya se ha dicho— la tradición suetoniana, que creemos en gran parte preservada en la VSD . Junto a ella se tendrán en cuenta los testimonios extrabiográficos y, naturalmente, la obra misma de Virgilio, entendida menos como azarosa cantera de datos que como realidad espiritual que es y crece inseparable de la realidad personal del autor 53 .
VIDA DE VIRGILIO
La infancia en Mantua
Virgilio fue mantuano de nación, como diría un clásico. Y de él de ninguna manera se podría decir que «lo nacieron» en Mantua. El enraizamiento tenaz de Virgilio en su tierra natal es algo más que una voluntad consciente del poeta a lo largo de toda su vida, es un hecho natural, telúrico. La mantuanitas 54 recorre, vertebra, explica la obra entera de Virgilio y la une con la tierra natal más allá de la vida misma del poeta, como razón que es de la persistencia de la leyenda virgiliana en Mantua hasta hoy mismo 55 . El nombre de Mantua y del Mincio, el río mantuano, resuenan con acentos conmovedores en las Bucólicas y las Geórgicas , cuando el poeta, despojado de los bienes paternos, exilado del terruño, se compadece de la suerte cruel de su ciudad y sus paisanos (Mantua uae miserae nimium uicina Cremonae! 56 ), o cuando, lleno de esperanza, cree que las victorias del César serán promesa cierta de la vuelta de los suyos a sus tierras y se propone conducir consigo el coro de las Musas para ofrecer a Mantua las palmas y levantar allí un templo de mármol en honor de aquél, propter aquam, tardis ingens ubi flexibus errat / Mincius et tenera praetexit harundine ripas 57 ; pero también resuenan, esta vez con acentos heroicos, en la Eneida , donde aparece el linaje de Mantua, más antigua que la misma Roma, cuyo vigor arranca de sangre etrusca; o cuando el Mincio, velado de sus cañaverales verdosos, transporta las naves de los escogidos guerreros mantuanos alzados en armas para unirse a Eneas y los rútulos contra el cruel Mecencio; o cuando el jefe que los conduce, Aulestes, muere atravesado sobre los altares por la lanza de Mesapo, víctima propiciatoria de la victoria de etruscos y troyanos, de la cual vendría Roma 58 .
La Mantua de la historia no era siquiera una ciudad romana cuando nació Virgilio. Pertenecía oficialmente a la provincia de la Galia Cisalpina y sus habitantes habían recibido el ius Latii en el año 89 a. C., pero no sería plenamente ciudad romana hasta el año 42 a. C. Virgilio siguió siendo siempre, hasta cuando en Roma la multitud lo ovacionaba como al propio Augusto, un provinciano, un itálico sensible a la plural contribución de Italia a la grandeza de Roma 59 . Es con orgullosa emoción como se refiere a los orígenes etruscos de Mantua, si no únicos, aquellos de donde arranca su fuerza, consideración que, al menos en lo fundamental, no ha sido desmentida por los hallazgos arqueológicos 60 .
Conocemos perfectamente dos importantes datos de Virgilio, su nombre completo y la fecha de su nacimiento. Virgilio se llamaba Publius Vergilius Maro y nació el día de las idus (el 15) de octubre del año en que eran cónsules por primera vez Licinio Craso y Gneo Pompeyo Magno (Pompeyo el Grande), es decir el año 70 a. C. Por lo que hace a su nomen (por el que en Roma se indicaba la gens) Vergilius , y a su cognomen (o sobrenombre) Maro , ambos son de origen etrusco. La epigrafía testimonia abundantemente los Vergilii en tierras etruscas o de colonización etrusca y, desde luego, esa es la forma correcta, mientras que la forma popular Virgilius no aparece hasta el siglo v d. C., sin duda por derivación de la rama de árbol (uirga ) legendaria de que se habla al principio de las Vitae . El sobrenombre Maro es, en cambio, bastante raro; los marones eran una magistratura etrusca y no era extraño que un título oficial quedara atribuido tradicionalmente a una familia, como ocurre en latín con aedilis (cf. CIL VIII 18065, X 470) 61 . La fecha del 70 a. C., universalmente aceptada para el nacimiento de Virgilio, fue puesta en entredicho por J. Carcopino, quien propuso rectificar en 71 a. C., sin que sus conclusiones hayan logrado imponerse 62 . Esos son los datos ciertos.
Pero las mismas Vitae que los transmiten los entremezclan en la descripción de la infancia de Virgilio con las primeras y bellas expresiones de la leyenda virgiliana, ellas mismas no exentas de significación verdadera. La familia de Virgilio era muy modesta. Su padre, Virgilio Marón, fue según algunos un alfarero y según otros un asalariado (mercennarius) de un funcionario (uiator , quizá un correo oficial) de nombre Magio. Marón consiguió, gracias a su laboriosidad, merecer la confianza de su patrón y casarse luego con la hija de éste, Magia Pola. De ellos nació Virgilio en el pueblecito de Andes, no lejano de Mantua, en el primer consulado de Craso y de Pompeyo. Transcurridos en Mantua los primeros años de su infancia, la familia se trasladó a Cremona cuando Virgilio tenía alrededor de doce años (initium aetatis, VSD 6), allí comenzó el niño sus estudios en la escuela y allí permaneció hasta su mayoría de edad, es decir, hasta que tomó la toga viril, a los quince años, precisamente cuando Craso y Pompeyo, los cónsules del año de su nacimiento, ejercían su segundo consulado (55 a. C.) y también, según algunas Vitae , el mismo día en que murió el poeta Lucrecio.