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Cómo cura el aloe vera
MONTSERRAT MULERO
Cómo cura el aloe vera
Todas las aplicaciones de un auténtico elixir de belleza y salud

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.
Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
© Montserrat Mulero, 2012
© de esta edición: RBA Libros S.A., 2012
Avda. Diagonal, 189 – 08018 Barcelona
rbalibros.com
Primera edición en esta colección: junio de 2012
REF.: OEBO888
ISBN: 9788416267699
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Todos los derechos reservados.
Contenido
Introducción
¿Qué es el aloe vera?
Composición química del aloe vera
Componentes del gel de aloe • Los aminoácidos • Las antraquinonas • Las enzimas • La lignina • Las saponinas • Los minerales • Los azúcares • Las vitaminas • El agua
El aloe en la historia
Del mito a la actualidad
Aplicaciones terapéuticas
Diccionario terapéutico del aloe vera
El aloe y la cosmética
Cuidado de la piel • Cuidado del cabello
Cómo utilizar el aloe vera
Preparados comerciales • El aloe vera canario • Procesamiento del aloe • Usos del aloe en casa • Preparados con aloe • Usos del aloe puro • Recetas con aloe • El aloe y los animales • Otros usos del aloe vera
Características botánicas
Características de la planta • Cómo cultivar el aloe vera • Condiciones climáticas • Siembra • Riego • Fertilización • Reproducción • Cuidados especiales
Bibliografía recomendada
Introducción
Ya Hipócrates aseguraba que «en la naturaleza hay un remedio para todas y cada una de las enfermedades», lo cual se está afianzando cada vez más, a medida que los medicamentos convencionales muestran ciertos efectos colaterales poco deseables para la población. Esto nos ha ayudado a ir redescubriendo desde hace ya algunos años el antiguo interés por la fitoterapia o el uso de las plantas que son útiles para combatir las enfermedades.
Pero aunque no se trata de un gran descubrimiento, ya que las plantas medicinales se conocen desde hace muchos siglos, sí constituye una nueva y apasionante opción que hemos de valorar. En este sentido, no tendríamos que olvidar que nuestro organismo dispone de la medicina natural y de la fitoterapia como una forma de potenciar los procesos naturales de curación. Y es en este ámbito de la medicina natural o complementaria donde el aloe vera está desempeñando un papel más destacado.
Conocida y empleada desde hace milenios, esta planta, que no necesita demasiados cuidados y que crece libremente en los países cálidos, ha demostrado de forma fehaciente tener importantes propiedades curativas y nutricionales, además de tratarse de un fantástico producto de belleza.
En la actualidad, son ya numerosas las instituciones científicas que están estudiando los efectos del aloe, apoyando sus resultados en pruebas de laboratorio y experimentos químicos. Aunque aún queda mucho camino por recorrer hasta que se descubran todas sus cualidades potenciales, ya podemos afirmar que, de todas las especies vegetales conocidas, pocas reúnen la ingente cantidad de propiedades positivas para el organismo que posee esta planta.
Sin embargo, el éxito alcanzado en los últimos años por el aloe vera encierra en sí mismo un riesgo: ¿sabemos lo que estamos comprando? Cada vez son más las empresas que avalan sus productos con el sello de su contenido en gel de aloe, pero no siempre tenemos la garantía de que se cumplan los estándares de calidad y elaboración necesarios para que la planta mantenga intactas todas sus cualidades.
En nuestra mano no tenemos mejor defensa que el conocimiento a fin de saber qué estamos consumiendo, cuándo es aconsejable hacerlo y cómo y cuáles son los resultados que podemos esperar.
Porque, a pesar de sus muchas indicaciones, el aloe no es un «curalotodo» milagroso; se trata, simplemente, de una planta cuyas virtudes podemos explotar y aprovechar en beneficio de nuestra salud.
¿Qué es el aloe vera?
Entre las más de 3.000 especies de plantas medicinales que se utilizan en la actualidad en medicina natural, el Aloe barbadensis miller, o aloe vera, como se la conoce popularmente, es una de las menos comprendidas, y sin embargo una de las que más fascinación ejercen sobre los consumidores que la conocen o que han podido comprobar alguna de sus casi inagotables propiedades. Uno de los motivos clave podría ser el amplísimo espectro de indicaciones terapéuticas que con el paso del tiempo se han venido asociando a su nombre.
Pero, a pesar del aún escaso conocimiento sobre sus fundamentos terapéuticos, el aloe tiene ya una larga y bien documentada historia que, en los últimos años, los científicos de numerosos países están investigando para saber más y conocer mejor el porqué de sus beneficios potenciales.
Mientras se van confirmando estas teorías científicas, son ya millones las personas en todo el mundo que consumen de forma habitual aloe vera en sus distintas variedades con la finalidad de contribuir a que su cuerpo funcione mejor o, simplemente, como un cosmético del que obtienen maravillosos beneficios.
Los testimonios reunidos al respecto son innumerables y sirven como aval práctico de su efectividad. En el caso del aloe vera, se puede afirmar que tanto los resultados empíricos como el criterio de los consumidores llevan bastantes años de adelanto sobre la investigación científica.
Desde hace muchos siglos el hombre utiliza el aloe vera, al igual que otras plantas medicinales, como planta curativa gracias a su demostrada eficacia en el tratamiento de las quemaduras, las picaduras de insectos o la cura de heridas e irritaciones dermatológicas. Los documentos más antiguos donde se cita su uso y aplicación los podemos encontrar en escritura cuneiforme en una tableta de arcilla de tiempos de Asurbanipal, cuya antigüedad se remonta a los albores de la humanidad. Que esta planta ha sido muy importante para las antiguas civilizaciones y culturas lo demuestra el hecho de que también se mencione, por ejemplo, en el diccionario botánico Asiris de Thomson, en cuyos textos aparece el aloe con el nombre de «sibaru». Pero todo apunta a que su actividad curativa va más allá de un mero regenerador de la piel.
La palabra aloe proviene del vocablo hebreo alloeh y significa «sustancia amarga y brillante», mientras que en latín la palabra vera quiere decir «verdad». Así pues, atendiendo al significado de uno de sus muchos nombres, podemos afirmar que la «amarga y brillante verdad» nos regenera y devuelve la salud. Y decimos uno de sus muchos nombres porque el aloe, al ser una planta que tiene multitud de variedades, es también llamado «lináloe«, «sábila», «zábila», «pita», «pita de zábila», «salbila»… dependiendo del lugar en que se encuentre. Así, en nuestro país se conoce esta planta bajo distintos nombres según la región: en castellano, como «sábila» o «zábila»; en catalán, como atzavara; en gallego, como herba babosa, y en euskera, como belaamintza. El nombre «sábila» (y sus variantes) es de procedencia árabe y constituye una deformación del término çabila, que significa «planta espinosa». Y en hebreo su nombre es sabra, término relacionado con el concepto de la paciencia y con la gran resistencia de esta planta.
Aunque en todo el mundo crecen más de 250 especies de aloe vera, principalmente son dos las variedades más utilizadas para uso comercial en las industrias farmacéutica, cosmética y alimenticia por reunir las condiciones curativas necesarias para tomar carta de naturaleza: el aloe vera (o Aloe barbadensis miller, también conocido como «aloe barbados»), que es la más común, y el Aloe arborescensis. Ambas especies crecen en los países situados a lo largo de la costa del Pacífico, la India, Australia, África, América del Sur, América Central y en los países del Caribe. Otras especie conocidas y utilizadas son el Aloe saponaria, el Aloe ferox (o feroz) y, en menor medida, el Aloe perryi.
Originalmente se aprovecha del aloe una sustancia celuloide, llamada «acíbar», por sus propiedades como laxante. Pero desde mediados del pasado siglo, poco a poco fue ganando terreno el uso del gel de aloe como base para la preparación de bebidas alimenticias, hidratantes naturales y agentes curativos de diversas afecciones tanto cutáneas como internas.
Los numerosos análisis químicos a que se está sometiendo este poderoso gel han revelado que, entre otros muchos componentes, contiene aminoácidos esenciales, vitaminas, enzimas, polisacáridos y estimuladores biológicos. Esto ha hecho que aumente de forma progresiva el interés científico y público por el aloe. En la actualidad existe una cantidad considerable de investigaciones sobre los diferentes compuestos de la planta realizados por equipos interdisciplinares de botánicos, médicos, farmacéuticos y químicos. Todos estos trabajos buscan las verdaderas claves del «poder» que se atribuye al aloe vera, que por otra parte es fácil de cultivar y de cuidar. Gracias a dichos trabajos, poco a poco va perdiendo el aura de planta mítica para ganar terreno y afianzarse con una merecida solidez dentro del campo de la medicina natural.
Incluso los más escépticos van rindiéndose ante la evidencia y reconocen la eficacia de algunas de sus propiedades bioquímicas, como su capacidad de retener el nivel de humedad natural de la piel y la facultad de facilitar la penetración de otros agentes de tratamiento. No obstante, atributos como algunas de sus capacidades curativas o analgésicas contra la actividad de las bacterias no se han documentado aún con suficientes pruebas científicas, por lo que de momento se sostienen únicamente sobre pruebas empíricas avaladas por una numerosa documentación y testimonios de primera mano.
Sin embargo, los principales estudios realizados hasta el momento certifican muchas de sus cualidades como agente curativo:
•Entre los estudios más reconocidos y documentados, cabe destacar el que llevó a cabo el Instituto de Ciencia y Medicina Linus Pauling, en California (Estados Unidos), en 1985, que reveló el efecto beneficioso que tiene sobre el aparato digestivo el consumo habitual de aloe. En este trabajo se determinó científicamente que los pacientes afectados de colitis, acidez estomacal o colon irritable que consumieron a diario el jugo extraído de las hojas de aloe vera experimentaron una gran mejoría.
•La Universidad de Chicago, por su parte, ha profundizado en el uso de la planta, y concretamente del gel de aloe, para el tratamiento de quemaduras, y ha demostrado que la eficacia de estas aplicaciones se debe a tres factores que actúan de forma conjunta:
⚬Algunos de los componentes de la planta de aloe tienen la estructura del ácido acetilsalicílico (conocido como aspirina) que, cuando se combina con el magnesio, mineral que también está presente en la planta, le proporciona un efecto anestésico y analgésico.
⚬La suma de todos los ingredientes activos contenidos en la planta la dotan de un amplio espectro antimicrobiano que favorece la asepsia de las quemaduras, lo que constituye un factor decisivo para evitar su posterior infección, una de las consecuencias más habituales cuando se trata de quemaduras de cierta importancia.
⚬El aloe actúa sobre el mecanismo de las prostaglandinas, a través de las cuales las células mantienen su integridad.
La combinación de estos tres factores hace que el gel dealoe pueda penetrar en los tejidos dañados reduciendo el dolor y la inflamación. Y al mismo tiempo previene la progresiva isquemia dérmica que se produce en la piel tras agresiones importantes, como son las quemaduras producidas por fuego, congelación, descargas eléctricas o radioterapia. De este modo, el aloe vera se utiliza para prevenir la necrosis o pérdida progresiva del tejido de la herida. Todo ello se traduce en una curación más rápida, ya que la aceleración del proceso puede reducirse hasta en un 50 %, gracias a que también disminuye la posible contaminación por bacterias y, por tanto, el peligro de que la herida llegue a infectarse.
•Un estudio financiado por la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos (actualmente, la Comisión Reguladora Nuclear) descubrió que el aloe era extraordinariamente efectivo en la cicatrización de las quemaduras producidas como consecuencia de las radiaciones. El tratamiento con esta planta acelera, según los datos, la fase de reparación de la lesión hasta que se produce la completa curación de la úlcera.
•La NASA ha escogido el aloe, entre muchas otras plantas, para llevar a cabo numerosos experimentos. Tras una exhaustiva investigación ha concluido que tiene un poder de absorción del 90 % de la toxicidad que producen materiales como el PVC, la fibra de vidrio, los barnices y pinturas, y es capaz de absorber las radiaciones nocivas emitidas por ordenadores, televisores y otros electrodomésticos.
•Hemos visto que los científicos estadounidenses han manifestado un gran interés por el aloe vera, atracción que ha llegado también a otros países, como la Federación Rusa. En el Instituto Estomatológico de Moscú, los investigadores demostraron que el extracto de esta planta en una solución acuosa puede regenerar las fibras nerviosas. También descubrieron que el uso del gel era efectivo para tratar los problemas auditivos. Para ello llevaron a cabo un estudio clínico aplicando extracto de aloe a distintos pacientes. Los resultados fueron contundentes: con este tratamiento se prevenía la destrucción de tejidos sanos y se recuperaban con rapidez los dañados, de forma que buena parte de los pacientes con la capacidad auditiva deteriorada recuperaron un porcentaje importante de audición.
•El gel de aloe que se emplea en la actualidad, a diferencia del acíbar, no actúa como purgante ni como laxante. Sus principales propiedades son antiinflamatorias, inmunomoduladoras e hidratantes, aunque existen numerosas investigaciones farmacológicas que apuntan hacia otras actividades e indicaciones, por lo que también resultaría efectivo como antihistamínico, antiséptico, desinfectante, hemostático y analgésico.
Las propiedades humectantes e hidratantes de este gel se deben a su capacidad de retener el agua. Por este motivo, se aconseja recurrir a él siempre que se requiera aumentar la hidratación y la suavidad de la piel, combinándolo normalmente con otros agentes o cremas hidratantes y humectantes cutáneos, como la glicerina o el propilenglicol.
•Este inagotable producto ha demostrado ser útil también como vehículo para favorecer la penetración de otros preparados que contienen sustancias antiinflamatorias de tipo corticoide. Por vía tópica dermatológica, el gel es un buen transportador de corticoides a través de la capa córnea de la piel, gracias a la facilidad que tiene para retener el agua en la zona donde se aplica. De esta manera, aumenta la absorción del esteroide. Pero además tiene un efecto antiinflamatorio propio y actúa a nivel celular, provocando la autorregeneración de los tejidos afectados, efecto que no consiguen por sí solos los corticoides que se emplean en la farmacología de síntesis o convencional.
Composición química del aloe vera
De las hojas del aloe vera se obtienen básicamente dos productos muy utilizados en la actualidad por sus características terapéuticas: el acíbar y el gel de aloe.
•El acíbar. Es un residuo seco que se obtiene gracias a la evaporación y posterior concentración al vacío del látex y de la savia que contienen las células de la planta situadas bajo la cutícula de sus hojas. Este componente tiene un poderoso efecto laxante, por lo que no debe tomarse solo y es preciso mezclarlo siempre con otros productos que suavicen su acción. Sin embargo las propiedades del acíbar dependen en gran medida de la dosis empleada. Así, de 0,02 a 0,10 gramos actúa como tónico digestivo; de 0,10 a 0,20 gramos produce efectos laxantes, y en cantidades entre 0,20 y 0,50 gramos ejerce una acción fuertemente purgante.
•El gel de aloe. Este producto tiene un aspecto gelatinoso, es de un color blanco amarillento y procede de las células de la parte central de la hoja. Para obtenerlo, una vez recolectadas, se cortan las hojas en varios segmentos y se elimina la corteza: mediante esta operación queda al descubierto la pulpa gelatinosa transparente que contiene el gel.
COMPONENTES DEL GEL DE ALOE
El primer elemento del aloe vera que se encontró y se utilizó fue la aloína, componente principal del acíbar, que se identificó ya en el año 1851 y se consideró entonces la sustancia más importante de las que contenía la planta, aunque su utilización médica estaba limitada, y siguió así durante cien años, a sus cualidades como laxante enérgico.
Pero en el año 1934 el doctor C. E. Collins, junto con su hijo y colaborador, descubrió que el aloe podía servir para bastante más que como simple purgante, por lo que el interés por esta planta comenzó a resurgir. Collins empezó a emplearla para tratar las quemaduras que producía en los pacientes el uso, aún muy incipiente, de los rayos X. Demostró que los pacientes cuyas heridas se habían tratado con gel de aloe vera mejoraban con más rapidez y les quedaban menos cicatrices en la piel que a los que seguían un tratamiento médico convencional.
Unos años más tarde, en 1951, se dio un segundo paso importante cuando los doctores Ikawa y Niemann descubrieron que el mucílago interior de la hoja estaba compuesto básicamente por varios polisacáridos (azúcares). Ya entonces se sabía que este tipo de azúcares estimula de forma efectiva el crecimiento de los tejidos sanos. Fue así como, poco a poco, fue tomando cuerpo la idea de que tal vez la pulpa del aloe, y en concreto los polisacáridos que contenía, fueran los principales responsables de las cualidades terapéuticas de esta planta.
Posteriormente el equipo del doctor Gunnar Gjerstad, de la Universidad de Texas, encontró los principales elementos inorgánicos presentes en el aloe –calcio, cloro, sodio, potasio, magnesio y manganeso–, pero ninguno de ellos parecía responsable de sus espectaculares efectos. A continuación centró toda su atención en los aminoácidos y observó que el aloe contenía 18 de los 22 aminoácidos que están presentes en el organismo humano y siete de los ocho que se consideran esenciales. Él y uno de sus colaboradores, el doctor Bouchey, descubrieron que una sola cucharada de pulpa de aloe vera contenía más de 75 componentes químicos distintos en cantidades de 1 miligramo o más. Ambos decidieron estudiar su contenido vitamínico y encontraron vitamina B1, niacina, vitamina B2, B6 y colina.
Los avances tecnológicos que se han ido sumando en el transcurso de los últimos treinta años a las investigaciones realizadas en laboratorios han aumentado el conocimiento de las virtudes curativas del aloe.
El aloe tiene unos efectos terapéuticos únicos gracias a la riqueza de sus componentes
Así, se han constatado de forma definitiva dos realidades. La primera, que la cantidad y variedad de los componentes, elementos y nutrientes que se hallan en el aloe no se encuentran siquiera en las especies vegetales consideradas más complejas, y se siguen realizando estudios sobre su composición molecular con vistas a obtener nuevos resultados. Y la segunda, que la unión de todos estos componentes es lo que le da al aloe unos efectos terapéuticos únicos que lo convierten, entre otras de sus innumerables aplicaciones, en el mejor cosmético natural.
Esta planta, generosa por excelencia, nos ofrece todo lo que posee para ayudar a nuestro organismo a restablecerse y armonizarse. Pocas plantas poseen tantas propiedades como el aloe, y por este motivo los científicos siguen investigando para establecer cuáles son los componentes terapéuticos más influyentes. Las propiedades químicas pueden presentar variaciones en función del proceso vital de la planta. Por ejemplo, sabemos que una planta sana que ha crecido en un suelo bien drenado y con las temperaturas adecuadas tiene más posibilidades de dar un gel de calidad. Por otro lado, parece ser que también hay diferencia entre las plantas de cultivo y las que crecen de forma silvestre. Algunos científicos han observado mayor cantidad de principios activos en las plantas salvajes.
El aloe vera contiene más de 80 componentes nutricionales de los tejidos identificados por los científicos. En muchas universidades de todo el mundo se realizan experimentos para comprobar su eficacia en múltiples disfunciones de los sistemas de nuestro organismo. La lista de minerales, aminoácidos y vitaminas que contiene le otorga un importante papel como suplemento nutricional al que se puede recurrir en estados carenciales o simplemente como preventivo. La ciencia se esfuerza por clasificar y estudiar todos sus componentes para ver cuál es el más efectivo en determinados tratamientos, pero al parecer es la sinergia de todos ellos la que le otorga la condición de planta curativa única y excepcional.
A continuación se muestran los componentes del aloe vera que son cualitativamente más importantes y cuya acción en el organismo resulta significativa.
COMPONENTES DEL ALOE VERA


LOS AMINOÁCIDOS
En las últimas décadas los aminoácidos están despertando un interés creciente tanto en la comunidad científica como en todos los profesionales que se ocupan de la nutrición, ya que en este periodo de tiempo se han ido descubriendo las múltiples funciones que cumplen en el organismo, especialmente en lo que respecta a la construcción y regeneración de los tejidos.
Por si esto fuera poco, la importancia de los aminoácidos reside en el hecho de que son la base de las proteínas y afectan al buen funcionamiento del cerebro, así como a las emociones del ser humano. Son fundamentales para el organismo en general pero nuestro cuerpo no puede fabricarlos por sí solo, y por consiguiente debe obtenerlos del exterior. El aloe vera contiene siete de los ocho aminoácidos esenciales para el cuerpo y 18 de los 22 considerados secundarios.
•La lisina ayuda a controlar el herpes simple.
•La arginina ha mostrado poseer notables cualidades paliativas en los casos de artritis reumatoide.
•El triptófano es importante porque se trata de la materia prima a partir de la cual el organismo fabrica un neurotransmisor –serotonina– y una hormona –melatonina–, que es la inductora del sueño. Además ejerce una poderosa acción como antioxidante.
El funcionamiento de los aminoácidos y de las enzimas es completamente interactivo, por lo que tanto la insuficiencia como la carencia de alguno de ellos puede afectar de forma negativa al funcionamiento de todo el sistema.
LAS ANTRAQUINONAS
Las antraquinonas cubren un amplio espectro de funciones. Se sabe que son potentes antibióticos con propiedades bactericidas y antivíricas y al mismo tiempo funcionan como analgésicos, de modo que resultan muy útiles para reducir el dolor. A continuación se detallan las más destacadas:
•Durante mucho tiempo se atribuyeron a la aloína las cualidades medicinales del aloe vera. Cuando se toma en estado puro es un laxante fuerte y violento; sin embargo, integrada en el aloe sus efectos son más moderados. Es también notable su cualidad como calmante del dolor.
•La barbaloína, la isobarbaloína, el antraceno, el antranol y el ácido aloético son resinas que no combaten el dolor de modo tan acusado como la aloína, pero poseen algunas propiedades bactericidas.
•La emodina y la emodina del aloe son también laxantes, y además muy efectivas en la lucha contra ciertas infecciones. Por medio de determinadas reacciones orgánicas generan ácido salicílico, que tiene un efecto analgésico y combate los procesos febriles.
•El ácido aloético es bactericida y antivírico y neutraliza el efecto de las toxinas microbianas.
•El aceite etéreo posee todas las cualidades analgésicas y anestésicas del éter, pero afortunadamente no tiene su toxicidad.
•El ácido crisofánico es un derivado de la emodina del aloe y se ha empleado en el tratamiento de enfermedades dermatológicas, como la psoriasis, y de algunos hongos cutáneos.
•El ácido cinámico tiene cualidades fungicidas y funciona como un potente limpiador.
•El éster de ácido cinámico resulta notable por sus cualidades para descomponer los tejidos necróticos y para calmar con eficiencia el dolor.
•Los resistanoles son alcoholes derivados del ácido cinámico con propiedades bactericidas.
Las concentraciones relativamente pequeñas de antraquinonas que se encuentran en el gel del aloe proporcionan, en definitiva, un efecto analgésico, antibactericida y antifúngico. Sin embargo, en grandes concentraciones pueden llegar a ser tóxicas.
LAS ENZIMAS
La función de las enzimas en el cuerpo humano es, sobre todo, transformar en aminoácidos las proteínas que absorbemos mediante la comida. Posteriormente aquellos son absorbidos por el organismo, que los vuelve a transformar en proteínas, de manera que son capaces de actuar como combustible para las células. Así pues, las enzimas son las encargadas de facilitar la transformación química de los productos alimenticios que ingerimos en energía para nuestras células, lo que hace posible su buen funcionamiento y desarrollo a lo largo de su proceso vital. Para que las enzimas puedan completar su misión en este maravilloso proceso de transformación, se necesita la colaboración de las vitaminas y los minerales, ya que, por ejemplo, el organismo no puede utilizar una proteína sin la vitamina B y el cinc. La vitamina B es absolutamente necesaria para la producción de energía. Las vitaminas son poderosos antioxidantes que ayudan al buen funcionamiento de los procesos metabólicos y a la eliminación de los radicales libres.
En otra de sus funciones, las enzimas del aloe, por ejemplo las catalasas, evitan la acumulación de agua en el cuerpo, y las celulasas ayudan a digerir la celulosa.
LA LIGNINA
El poder de penetración del aloe a través de las distintas capas de la piel y de los diversos tejidos se debe a la lignina y a algunas enzimas. Esta capacidad de penetración es especialmente extraordinaria para el tratamiento de hematomas o heridas que se encuentran en lugares no accesibles para los medicamentos de uso tópico.
En cuanto a la actividad antibacteriana y antigermicida en general, la lignina resulta eficaz contra una gama extremadamente amplia de microorganismos perniciosos.
LAS SAPONINAS
Son glucósidos dotados de una efectiva cualidad limpiadora y antiséptica, al tiempo que actúan como suavizantes naturales de la piel.
LOS MINERALES
Son más de 20 los minerales que se encuentran en el aloe, y todos son de vital importancia para el desarrollo y mantenimiento de un cuerpo saludable. Esenciales para la salud del organismo, intervienen en la formación de los huesos y cartílagos, en la regulación osmótica de los líquidos orgánicos y en la formación de sustancias de importancia biológica.
En la actualidad es sobradamente conocida la importancia de muchos oligoelementos o minerales, que están presentes en el cuerpo humano en cantidades infinitesimales, para el correcto mantenimiento del equilibrio y la salud del organismo.
Estos minerales interactúan con ciertas enzimas, coenzimas y vitaminas de un modo que todavía no se ha llegado a identificar; lo que sí se ha comprobado es que su presencia tiene un papel fundamental para la protección contra gran número de enfermedades.
•El sodio, el potasio y el cloro son los tres principales electrolitos del organismo (minerales cargados eléctricamente) y están muy relacionados entre sí. El equilibrio entre los niveles de sodio y de potasio es especialmente importante, aunque en la actualidad pocas veces se mantiene, pues solemos ingerir grandes cantidades de sodio (en la mayoría de las ocasiones en forma de sal común) e insuficiente potasio. Una de las manifestaciones más habituales de este desequilibrio es la hipertensión arterial. En el aloe, estos tres minerales se encuentran de forma equilibrada y orgánica, de manera que el organismo los puede asimilar con facilidad. El sodio mantiene el nivel de equilibrio del agua y de otros fluidos en el cuerpo y transporta los aminoácidos y la glucosa a las células. El potasio regula los componentes fluidos de la sangre y de las mucosas.
•El calcio constituye aproximadamente el 2 % de nuestro peso corporal y está distribuido principalmente entre los huesos, los tejidos duros y los dientes, por lo que es fundamental para la formación y la buena salud de estos. También interviene en la coagulación de la sangre y en las funciones musculares. Los periodos decisivos para evitar una pérdida de calcio son la infancia y la adolescencia, cuando se están formando los huesos. La lactancia y la menopausia son asimismo momentos de especial cuidado, debido a la necesidad suplementaria de calcio que tiene nuestro organismo.
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