Czytaj książkę: «No creas todo lo que ves»

Czcionka:


Índice de contenido

¡No creas todo lo que ves! (Saga "No creas" - Parte II)

Portada

Dedicatoria

Capítulo 1: Avanzar

Capítulo 2: Verla en tus ojos

Capítulo 3: El otro

Capítulo 4: Miel

Capítulo 5: Te sigo

Capítulo 6: Excusas

Capítulo 7: Seguir

Capítulo 8: Tu imagen en mi mente

Capítulo 9: Viral

Capítulo 10: Barajar y dar de nuevo

Capítulo 11: Soledad

Capítulo 12: Libre

Capítulo 13: ¿Quién te puso en mi camino?

Capítulo 14: Cuando pienses en mí

Capítulo 15: Tu buzo preferido

Capítulo 16: Espera

Capítulo 17: Destino

Capítulo 18: Gracias

Capítulo 19: Mi mejor amiga

Capítulo 20: Vas a saber volar

Capítulo 21: Mi truco de magia

Capítulo 22: Decidir

Capítulo 23: El mejor amigo

Capítulo 24: Laberinto

Capítulo 25: Despedida

Capítulo 26: Quiero

Capítulo 27: Tobogán

Capítulo 28: Visto

Capítulo 29: Cuántas cosas nos guardamos

Capítulo 30: Adiós y buena suerte

Epílogo

Biografías

Legales

Sobre el trabajo editorial

Contratapa


Al equipo de mi vida: familia, amigos, lectoras y lectores.

Gracias por cada cosa suya que hay en mí y,

claro, también en este libro.

Capítulo 1


—¿Podés correrte del paso, nena? ¡Estás parada en el medio de la vereda, entorpecés la circulación!

Una señora de gigantes anteojos de sol, aroma a la colonia inglesa que usaba su abuela Irma y lápiz de labio en los incisivos centrales, pasó a su lado rozándola con fastidio y se alejó refunfuñando.

No dijo nada. Apenas persiguió, unos segundos, la silueta de la mujer alejándose en su enojo, con la mirada perdida. Estaba inmóvil frente a la puerta del colegio, apagada, sin reacción. Decenas de chicos y chicas desfilaban a su alrededor. Más de uno la saludaba, pero ella solo podía responder con un “hola” afónico y breve. Estaba quieta, sin gesto, como una de las tantas hojas de los ficus, rendidas en la vereda. Las palabras de Thiago habían sido un balde de agua fría que cambiaba todos sus planes. No solo estaba muerta la esperanza de poder empezar algo con él, sino que la abrumaba una profunda vergüenza por haberle dado esa carta en la cual confesaba sus sentimientos como no lo había hecho nunca antes con nadie.

El mundo no se detiene a esperar que te decidas, no; el mundo no es papá o mamá, que si te olvidás de cerrar con llave, no te pasa nada, no corres verdaderos riesgos, porque ellos aparecen entre los rincones de tu despiste para remediarlo todo. El mundo sigue su marcha indefectiblemente; si te olvidaste, fuiste. Y así fue, el mundo siguió, tarada, y vos en cualquiera. Sos un signo de pregunta perdido en una sopa de letras y el destino es la cuchara que te revuelve.

—Cof, cof… Aller, ¿va a ingresar o se va a quedar ahí parada toda la mañana? –dijo el Director Olivero.

Ámbar nuevamente se sobresaltó.

—Sí, sí, disculpe.

Ingresó al colegio, directo al aula.

Me quiero ir a casa.

Le pesaban los pies.

No tengo ganas de hablar con nadie.

Se corrió el rímel frotándose los ojos cansados.

Deseó salir corriendo y meterse en su cama, taparse con veinte frazadas y quedarse ahí recluida durante los siguientes seis meses. Deseó un té con limón y miel de su mamá, un abrazo tibio. En cambio, tuvo que esquivar miradas y cuchicheos a lo largo de todo el pasillo hasta llegar al aula. En los sitios de siempre la esperaban Ceci y Vicky, ya sin Lola, con quien aún no se había cruzado. Sintió alegría al encontrarse con sus amigas que, en cuanto la vieron entrar, armaron una red de brazos como un refugio de amor donde Ámbar se derrumbó buscando alivio a su tristeza.

—Vacas, no puedo creer lo que pasó –dijo Ámbar con la voz entrecortada.

—Tranquila, amiga, es cuestión de tiempo, todo va a estar bien. Vicky y yo estamos acá con vos, ¿no, Vi?

—¡Obvio!

—No puedo creer lo de Thiago y Flopi, ¿ustedes sabían? Mírenlos, ¿están discutiendo?

—Yo sabía que chapaban, no más que eso –Ceci tomó a Ámbar por el mentón y giró su cabeza–. Dejá de mirarlos, no te hace bien.

—Yo ni sabía que estaban saliendo.

—Para colmo, acabo de hacer el papel más patético de mi vida. Le di una carta a Thiago preguntándole si quería salir conmigo y me rebotó. Mirá si están peleando por eso…

—Uy, Ambi…

—Ya fue, no importa por qué se pelean. Ustedes se quieren, se conocen hace mil –Vicky siempre intentaba ser optimista.

—Justamente por eso estoy así, no sé con qué cara mirarlo.

—Yo pensé que estabas así por lo de Julián y Lola.

—Bueno, sí, obvio Ceci, eso me tiene muy mal, pero lo de Thiago no me lo esperaba.

—Sí, es un bajón, pero… –tres whatsapps seguidos llegaron al celular de Ceci, que comenzó a leerlos mientras hablaba– pppero… eh… va a estar todo bie… ¡ay, Dios! No saben la bomba que me acaban de mandar.

—¿Quién? – exclamaron Ámbar y Vick, al unísono.

—Valen, la chismosa del B, me acaba de mandar capturas del Twitter de Lola.

—Ya sé de qué hablás, y sí, es increíble.

—¡No se hagan las misteriosas y cuenten de una vez! –Vicky no comprendía.

—¿Cómo te enteraste vos?

—Twitter, también.

—¿Me están jodiendo? ¿Qué pasó? –Vicky estallaba de curiosidad.

—Por lo menos podría haber aguantado que pasaran un par de días más, ¿no?

—No sé qué decir ni qué pensar –dijo Ámbar, resignada.

—Ok, chau –Vicky amagó con levantarse de la silla.

—¡Parááá, ansiosa! –la tomó del brazo–. Lola y Julián hicieron público que están saliendo.

—¿Qué?

—Sí, ya subieron 400 fotos, por lo que me cuentan.

—Igual, si lo pensamos bien, tiene lógica, son tal para cual.

—Lo peor de todo esto es que tengo 200 notificaciones de boludos hablándome de eso.

—No respondas nada.

—No, obvio.

—A mí me huele mal. ¿De novios? –Vicky hizo un gesto de incredulidad.

—¿Qué querés decir? –preguntó Ceci.

—Mmm no sé, pero que estos dos se hagan los enamorados… no les creo nada.

—A mí, la verdad, es que no me importa ya. Lo que sí quisiera es que cuanto antes dejen de relacionarme con él en las redes, pero sé que es imposible.

—No había pensado en eso.

—Sí, Ceci, y por un tiempo largo va a ser así, lamentablemente.

—Claro, en tu vida tomaste la decisión de hacer un punto y aparte, pero la realidad de las redes es… bueno, otra realidad que te estanca en el pasado, no te deja avanzar.

—Uy, qué feo suena eso, boluda –dijo Vicky.

—Sí, ya sé, pero también estoy segura de que es cuestión de tiempo.

—Además, estamos juntas, locas. ¿Alguna vez perdimos estando unidas? –dijo Ámbar, mientras las tomaba de la mano y sonreía.

—Nunca.

—Entonces, esta no va a ser la excepción.

—Confiemos en nosotras.

—Gracias, Vacas, gracias por haberse quedado a mi lado.

—Ambi, no existe otro lado –dijo Ceci, emocionada.

Se abrazaron un largo rato y les hizo bien, porque los abrazos anestesian los dolores, y las tres estaban sufriendo, aunque por distintas razones y con distinta intensidad, pero con un denominador común: el grupo se había quebrado. Ámbar estaba particularmente impasible y desorientada y sus amigas lo notaban, por eso Vicky intentaba divertirla haciendo payasadas y recordando historias graciosas.

Cuando se ponían de acuerdo, eran imparables. No importaba qué fuera, cuando las tres querían algo, ese algo se concretaba. En este caso, ese objetivo estaba muy claro: necesitaban dar vuelta la página, sea como fuera, para volver a la normalidad de las salidas y los helados en el parque, a las noches interminables de charlas y chocolates en la casa de alguna. Reconstruir el grupo, que se había quedado sin un pilar fundamental, sin una líder. Sabían bien que no iba a ser tarea fácil, pero eso no las iba a detener.

Cuando lograron dejar de hablar de los problemas y los miedos que tenían, y se concentraron, por fin, en alguna trivialidad que las hizo reír y olvidar por unos minutos, un fuerte portazo llamó la atención de todos. Detrás del ruido de la puerta chocando violentamente contra la pared, apareció Lola, con los ojos rodeados de espesas ojeras, hecha un desastre.

Un silencio de misa invadió en el aula.

Capítulo 2


—¿Qué lees? –Flopi lo sorprendió por la espalda con un suave pellizco en la cintura.

—Eeeh, nada, nada. Anoche empecé a escribir un texto y lo estaba releyendo –decía mientras guardaba rápidamente un papel en su bolsillo–, pero no me gusta mucho como quedó, lo tengo que seguir trabajando.

—¡Ay, qué lindo! ¡Mostrame!

—No, no, ya te dije, no me gusta mucho, me da vergüenza.

—¿Vergüenza conmigo? Qué tonto.

—No, no con vos, es que prefiero que lo leas cuando esté terminado. Dame un abrazo, te extrañé.

—Qué facilidad tenés para cambiar de tema –decía mientras se dejaba abrazar sin responder.

—¿Viste? Es una de mis mayores virtudes.

—¡Thiago! Me vas a hacer enojar.

—Ay, Flor, te digo que no es nada, es un borrador de un texto, nada más.

—Lo que más me molesta es que ya te di tres oportunidades para decirme la verdad y seguís eligiendo mentirme –se alejó y puso gesto de enojo. Thiago la miró en silencio unos segundos.

—Está bien, tenés razón. No quería decirte nada porque era obvio que te ibas a enojar.

—Ya te dije mil veces que a mí lo único que me enoja es que me tomen por tonta.

—¡Yo nunca te tomaría por tonta!

—Vos, no; la tarada esa, sí –Flopi giró la vista hacia donde estaba sentada Ámbar, con sus amigas, en la otra punta del aula.

—¿Cómo sabés que se trata de ella?

—Porque me dijo Male que la vio dándote algo en la puerta, antes de entrar. ¿Es eso?

—Sí, me escribió una carta.

—¿Una carta? ¿Qué tipo de carta?

—No sé, una carta, Flor.

—¿Puedo verla?

—¿Para qué querés verla? Te va a caer mal.

—Con más razón, entonces. Quiero ver qué dice.

—Pará, entiendo que quieras saber la verdad, y te la acabo de decir, pero de ahí a que la leas, me parece innecesario.

—¡A mí me parece renecesario!

—Por favor, Flor, lo que falta es que tengamos problemas por esto –le decía mientras la tomaba de las manos y Flopi lo miraba con cara de furia–. Ya te dije, es una carta que, sí, quizás es medio desubicada porque yo ahora estoy con vos, pero me dijo que no sabía que estábamos de novios.

—¿Que no sabía? ¿Dónde vive esa piba? ¿En un termo? No sabe lo que no le conviene me parece.

—Bueno, lo que sea, la leí por una cuestión de respeto a todos los años de amistad que tenemos y porque me daba curiosidad saber qué decía, pero no cambia nada en mí.

—Esa piba es una desubicada, Thiago. Ahora que cortó con el tonto ese que le metió los cuernos con la mejor amiga, vuelve arrepentida.

—¿Cómo?

—Lo que escuchás, todo el mundo está hablando de eso. Descubrió que Julián la engañaba con Lola.

—Pobrecita, debe estar destruida.

Thiago miro con preocupación hacia el banco de Ámbar, que en ese momento estaba en brazos de sus amigas.

—¿Pobrecita decís? ¿Me estás cargando?

—Es que me da pena, no sabía nada y me imagino que debe estar hecha pelota.

—¿Y tanto te importa cómo debe estar? ¿Te das cuenta de lo que pasa?

—¡Flopi, por favor! Ámbar es mi amiga desde que tenemos cinco años, no podés enojarte porque le tengo cariño.

—Está bien, tenés razón.

—Dale, ya fue, no te enrosques más.

—Por favor, por lo menos prometeme que la vas a tirar.

—¿Qué cosa?

—¿Cómo “qué cosa”? La carta.

—Bueno, después veo qué hago.

—No, después veo, no. Tirala o me vas a conocer enojada en serio.

—Calmate.

—¡No me calmo hasta que no me prometas que vas a tirar esa carta de mierda! –aunque intentaban que no se escuchara, más de uno advirtió lo que sucedía.

—Pará de gritar, te lo digo en serio, estamos haciendo un papelón.

—Te importa más defender a esa estúpida que evitar tener problemas conmigo. Listo, vos lo elegís.

—Pensá en lo que acabás de decir.

—Sé muy bien lo que dije.

—¿Y te parece que me lo merezco?

—¡No soporto que esa mina este metida entre nosotros, Thiago! –Flopi rompió en llanto–. Tengo que vivir con su fantasma, verla en tus ojos todo el tiempo. Está ahí, siempre está ahí, de una forma u otra.

—No llores, por favor –la abrazó fuerte–. Es cierto que la quiero y también es cierto que estuve mucho tiempo enamorado de ella, pero yo ahora estoy con vos, y no quiero que esto se arruine –Flopi lloraba desconsoladamente entre sus brazos–. Voy a tirar la carta, quedate tranquila, y te prometo que Ámbar no va a estar más entre nosotros.

—Es que no lo hacés a propósito, Thi –decía mientras se secaba las lágrimas con la manga del buzo–. Solo que hay cosas que no se eligen ni se disimulan. Las cosas que salen del corazón son o no son. No se puede elegir la mirada embobada que se nos cae de los ojos cuando vemos pasar a quien nos gusta delante nuestro. No se puede elegir que no se nos ponga la piel de gallina cuando vemos una foto en donde aparece, cuando escuchamos una canción que nos trae recuerdos suyos, ¿me entendes? En mi caso, ese amor sos vos, pero en el tuyo sé muy bien que no soy yo, al menos no todavía. Todo eso a vos te sigue pasando con ella.

—No, pará, no es así.

—Sí, es así, Thiagui. Y yo confío en que mi amor es tan grande que algún día voy a poder contagiarte y borrarte a esa flaca de la cabeza, voy a hacer todo lo posible, pero necesito que me ayudes.

—Lo que sea con tal de no volver a verte así nunca más.

Se fundieron en un abrazo que duró varios suspiros y caricias en el pelo, pero que se interrumpió por el fuertísimo ruido que hizo la puerta cuando golpeó la pared.

—¿Qué miran, boludos? –Lola gritaba y se reía– ¿nunca vinieron a la escuela con resaca? –un nuevo portazo los estremeció.

Nadie tenía en claro si efectivamente estaba en ese estado o todo era una puesta en escena para llamar la atención. Cualquier cosa que viniese de Lola enojada era posible. Se paró frente a todo el curso como si estuviera a punto de dar un espectáculo y sus compañeros fuesen el público.

—¿Tomaste para ahogar las penas, Lolita? –se burló uno de los chicos del fondo.

—Sí, la pena que me da saber que tengo que verte la cara a vos cada día –todos comenzaron a reír–. Quiero que sepan que son todos una manga de caretas y que este curso es lo PEOR.

Fue tambaleándose hasta donde estaban sentadas Trini y Carina, las chicas más calladas del curso. Se despatarró en una silla y les preguntó si podía sentarse allí por ese día. Las dos dijeron que sí al instante; no era común que una chica como Lola quisiera sentarse con ellas.

Desde la otra punta del aula, Ámbar observaba de reojo, haciendo todo lo posible por disimular la mezcla de angustia, lástima y enojo que sentía. Intentaba fingir que Lola no existía, Vicky y Ceci la ayudaban manteniéndola atenta a otras cosas, pero era difícil, la vista se le desviaba hacia donde estaba Lola, que también la miraba pero sin disimulo. Entonces, cada tanto sus ojos se encontraban en ese punto invisible del tiempo y el aire, donde se encuentran dos miradas que se buscan. A una, la invadían los nervios; a la otra, el placer de incomodar a su mejor amiga devenida en adversaria.

Thiago ya estaba ocupando su asiento cuando el timbre sonó. Las palabras de Flopi seguían resonando en su cabeza y, ahora que sabía lo que le había hecho a Ámbar, la imagen patética de Lola queriendo llamar la atención lo irritaba mucho.

La clase de literatura comenzó y nadie parecía poder prestar atención a las palabras de la estricta profesora Luna. Todos miraban hacia el frente, nadie pronunciaba una palabra, sin embargo Luna notó la tensión que reinaba en el lugar.

—¡Galván! ¿Me escucha?

—Eh, perdón, profe, tenía la cabeza en otro lado –respondió Thiago con la voz entrecortada.

—Bueno, entonces tráigala rápido porque estamos en clase, algo que hoy, al parecer, a nadie le importa. Leyó el libro, ¿verdad?

—Sí, sí, claro.

—Bien, entonces dígame cuál sería el contexto en el que se desarrolla la obra.

—En el esplendor y decadencia de la América esclavista del siglo XVIII.

—Muy bien, ¿qué más?

—Eh… es… es la historia de Sierva María de Todos los Ángeles, una chica que está recluida en un convento y que tiene que luchar contra los prejuicios y la ignorancia de la época.

—Y del dolor de un amor sin esperanza –la voz de Ámbar brotó desde la otra punta del aula. Thiago la observó, sorprendido, y continuó, tartamudeando.

—Es… es una historia con mucha magia, que cuestiona la naturaleza de la fe…

—…y de la pasión –volvió a interrumpir.

—Sí, una pasión que termina llevándolos a la ruina –retrucó, con gesto muy serio.

—No fue la pasión la que los llevó a la ruina; fueron factores externos como el pensamiento, los prejuicios, los miedos, todas esas porquerías que arruinan el amor desde siempre, y no solo en la literatura –la voz de Ámbar se escuchaba bajita y entrecortada.

—Como sea, ella termina hundida en la tristeza –sentenció él.

Ámbar no supo qué decir. Se quedaron inmóviles y en silencio mientras los ojos se les humedecían de llanto reprimido a los dos. Y se miraban, se miraban de ojos a boca, de ojos a pelo, de ojos a ojos. Cinco segundos de diálogo de miradas mudas fue suficiente. Luego, Thiago giró la cabeza bruscamente hacia el pizarrón y continuó intentando seguir el hilo de la clase.

—Bueno, pero no nos vayamos por las ramas. Entonces, en Del amor y otros demonios, García Márquez nos sitúa en Cartagena, Colombia…

La profesora continuó pero Ámbar y Thiago ya estaban perdidos, cada uno en sus pensamientos, mirando hacia el frente, simulando que prestaban atención. La única que se dio cuenta de todo fue Flopi.

Capítulo 3



Ámbar estaba en el sillón del living de su casa, tirada junto a Pablo que miraba la tele como un zombie cuando le llegó la primera captura de pantalla del Twitter de Julián y, por ende, se vio obligada a enterarse de lo que sucedía. Ella los tenía bloqueados, tanto a él como a Lola, para intentar hacer ojos ciegos frente al rebote que sabía que tendría todo el asunto en Twitter. Pero nada de lo que sucede en ese terreno indómito se puede prever ni evitar, las redes sociales son telarañas donde las personas quedan atrapadas y expuestas. Cada tuit de Julián o de Lola, directa o indirectamente dedicado a ella, tenía cientos de retuits e implicaba que sus amigos y seguidores le hicieran comentarios o le mandaran las capturas; todo el mundo sabía que eran para ella. Además, sus seguidores no paraban de aumentar y esto estaba directamente relacionado con que tanto Julián como Lola la hacían cada vez más ingratamente famosa con su hostigamiento.

Ámbar tenía la esperanza de que toda esa agresión que estaba recibiendo desde que se había ido aquella tarde de la casa de Julián pegando un portazo, se detuviera de un momento a otro; por eso no respondía, no reaccionaba. Esperaba que la tormenta finalmente pasara, que se cansaran de no recibir respuesta porque hasta para pelear siempre hacen falta dos partes que se pongan de acuerdo. Pero, lo cierto es que parecía ser al revés, como si el paso del tiempo le jugara en contra. Cada vez recibía más notificaciones y menciones a pesar de que no tuiteaba desde la fatídica tarde. Aun así, ella seguía creyendo que la indiferencia era la mejor opción.

Mientras veía la televisión sin mirar y Pablo se comía los últimos triangulitos de chocolate, hacía todo lo posible por ignorar los reclamos del celular que vibraba a su lado. Pensó en su cuenta de Wattpad, la cual también había abandonado desde aquel día, no solo porque estaba intentando mantenerse alejada de las redes, sino porque no escribía un solo verso desde hacía muchísimo, ni siquiera en una servilleta. Nunca había estado tanto tiempo alejada de su arte. Se sentía repleta, desbordada, incómoda, pero a la vez no le salía ni una palabra, estaba encarcelada por el famoso terror a la hoja en blanco, o la pantalla en blanco. Pero, la tarde estaba densa y aletargada y su mente no frenaba, por eso se permitió volver, al menos por un rato, al ritual de Wattpad y té con limón. Lo peleó un poco a Pablo por comerse todo el chocolate, luego subió a su cuarto, encendió su computadora y se logueó. Antes de volver a ejercitar su imaginación y soltar palabras, entró a leer la historia de Thiago como quien decide ir a dar una vuelta por un boulevard rodeado de verde, árboles y flores hermosas. Ahí estaba Thiago, ahí estaban sus palabras:


Su príncipe azul

le regala emojis de amor cada noche, la invita

a lugares exclusivos, la invita a donde

nunca antes había ido.

Su príncipe azul

la lleva a lugares apartados, la quiere suya,

lejos de todos.

La despierta todas las mañanas con un

desayuno de caracteres y favs.

Su príncipe azul

no le habla ni la escucha, pero le

escribe a toda hora.

Su príncipe azul

es genial, es popular,

le baja la luna si ella se lo pide.

Ella se lo agradece.

El otro, en cambio,

no tiene auto, pero siempre le recuerda

lo mejor de sí.

Le respeta los “sí”, los “no” y los “no sé”.

No se peina, no es lindo, no está a la moda.

La deja sola cuando quiere estar sola,

la acompaña cuando le empieza a doler la soledad.

No la lleva a ningún lado, no va adelante;

van juntos, en el mismo plano, del mismo horizonte.

Y no le baja la luna ni a palos,

porque ella sabe que a él nunca le tiene que pedir

que le dé lo que le pertenece.


Había subido el poema una semana atrás. No pudo contener las lágrimas al recordar la situación en la que ella se encontraba en el momento preciso en que, según sus cálculos, Thiago estaba escribiendo ese hermoso poema para ella porque, lo sabía, lo sentía: era para ella. Tomó el celular que yacía sobre su cama y abrió el chat de Thiago. Estuvo un largo rato dudando si escribirle o no. Su última conexión había sido quince minutos atrás. Escribió, borró, volvió a escribir, volvió a borrar. Cerró los ojos, suspiró, se sintió una tonta. Volvió a abrirlos con fuerza, juntó coraje.


Él estaba en línea y leyó el mensaje casi al instante. Las tildes se tiñeron de celeste ante sus ojos. Se desconectó. Mierda, me clavó visto. Se puso nerviosa, tuvo mucho miedo. A los pocos minutos, respondió.


Te amo, boludo, por favor, dame una oportunidad, lo pensó, lo escribió, lo borró, tardó en volver a tipear.


No se le ocurrió una excusa mejor, no se animó a decirle la verdad. Mientras Thiago chequeaba esa información que no le interesaba en lo absoluto, cerró los ojos y apoyó el celular en su pecho, como intentando acercarlo a su corazón, meterlo ahí para que no se fuera nunca.


No se animó a decirle que su texto de Wattpad se le había hundido en el pecho. No se animó a decirle que lo quería con el alma. No se animó a nada y la charla únicamente le sirvió para confirmarle que con Thiago todo estaba roto.

Darmowy fragment się skończył.

Gatunki i tagi

Ograniczenie wiekowe:
0+
Objętość:
179 str. 116 ilustracji
ISBN:
9789875043176
Wydawca:
Redaktor:
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania: