Czytaj książkę: «La Biblia del Emprendedor»

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La biblia del emprendedor
Liderar y ser liderado.
Lo Que Me Han Dejado 10 Años Liderando Equipos

Marcos Provvidenti


Prólogo: Carlos Master Muñoz

Reflexiones de Gonzalo Sanjurjo


Provvidenti, Marcos

La Biblia del emprendedor / Marcos Provvidenti. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021.

200 p. ; 21 x 14 cm.

ISBN 978-987-87-1450-9

1. Cultura Emprendedora. 2. Ensayo Sociológico. I. Título.

CDD 338.04

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

Índice de contenido

Portada

Créditos

Índice

Introducción

Prólogo

Capítulo 1 KICK OFF

Capítulo 2 LA PASIÓN POR SOBRE LAS COMPETENCIAS

Capítulo 3 HAY EQUIPO

Capítulo 4 APALANCARNOS CON EL POTENCIAL DEL OTRO

Capítulo 5 EL PODER DEL PARA QUÉ

Capítulo 6 JUNTOS NO HAY IMPOSIBLE

Capítulo 7 EMPRENDER PARA LA LIBERTAD FINANCIERA

Capítulo 8 Sobrevivir

Capítulo 9 CÍRCULO VICIOSO VS. CÍRCULO VIRTUOSO

Capítulo 10 ESQUEMA DE NEGOCIO EMPRENDEDOR

BONUS TRACK ¿TENGO PROPÓSITO?

Entrevista a mi mentor Sebastián Sosa

Broche

Sinopsis

Introducción
Una promesa

«Metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano».

Samuel 17, 49-50

¿Te ha pasado que se te ha ocurrido una genial idea de negocio, con el potencial de servirse de tus habilidades y convertirte en tu mejor versión, pero luego mirar el mercado, los obstáculos y tus futuros competidores y de la nada te invade la sensación de ser una miniatura luchando contra gigantes? Esa es precisamente mi historia. Inicié un negocio inmobiliario teniendo cero experiencia como autoempleado, sin contactos y en un país que, por decirlo en términos sencillos de entender, tiene una de las economías más complicadas del mundo.

No tenía un plan de negocios ni un gran equipo detrás de mí, solo una gran motivación y la ingenua ilusión de que yo podría hacer la diferencia.

¿Funcionó? Sí, actualmente soy socio de tres de las oficinas de bienes raíces más importantes de mi región, pero para lograrlo tuve que zafarme rápidamente de la ingenuidad y aprender a luchar codo a codo con los grandes hasta ganar una posición como líder y empresario en el rubro de los bienes raíces.

En el camino que me tocó recorrer a lo largo de todos estos años, aprendí mediante el método de ensayo y error cuáles fueron esos pasos que me llevaron a transformarme de emprendedor a empresario, y la buena noticia es que en el camino atesoré muchas anécdotas, tips y apuntes que ahora, más de una década después, deseo compartir contigo.

La biblia del emprendedor te dará el equilibrio para tomar decisiones acertadas desde el inicio de tu carrera emprendedora o para impulsar tu camino iniciado. No tendrás que gastar energías en «errar y componer», sino que serás capaz de vencer a tus propios Goliat desde el principio y de forma definitiva.

Tanto si quieres comenzar con un emprendimiento o si quieres potenciar el que ya tienes, aquí encontrarás:

 Metodologías de gestión empresarial

 Herramientas de desarrollo emocional en los negocios

 Experiencias emprendedoras y empresariales

 Liderazgo aplicado

 Cómo competir con los grandes de tu industria partiendo de cero.

La mayoría conocemos la historia de David y Goliat, recogida en la Biblia. Y, aunque no la hayamos leído, sabemos bien lo que significa: es la victoria del pequeño frente al grande, del desvalido frente al poderoso, un recuerdo de que, aunque tengamos todo en nuestra contra, siempre habrá posibilidades de salir triunfante. Es una peculiar metáfora que se ha extendido por todo el planeta, en cuanto que da forma al universal anhelo de poder decidir nuestra suerte por nuestra propia mano.

PRÓLOGO
Por Carlos Master Muñoz

Cada vez que me piden escribir las primeras páginas para algún libro regreso a mi abuelo. Quien haya leído más de uno de mis prólogos o introducciones sabe de qué hablo, es decir, mi abuelo siempre quiso dedicar una buena parte de su vida a la escritura. Por eso no solo invierto tanto de mi esfuerzo en investigar, escribir y publicar mis propios libros, sino también en leer y escribir sobre los de otros autores. Y por lo tanto heme aquí, cuando justo acabo de terminar la lectura de La biblia del emprendedor, de Marcos Provvidenti, el libro que llevas en las manos.

La esencia del texto es el liderazgo. Sobre ese tema tengo algunas cosas que decir. A mí me gusta pensar en el acto de liderar como un arte, una obra artística producto de un proceso que arranca con el concepto de líder-arte a ti mismo, algo que, más allá de potenciar tus habilidades al frente de un equipo, es una forma de mejorar como ser humano. Ese es el primer paso que, a juzgar por las páginas que estás a punto de leer, Marcos ha entendido a la perfección.

¿Pero qué significa en realidad liderarse a uno mismo? La respuesta: olvidarse de que existe el destino, es decir, de que «las cosas pasan por algo» y de que nuestra vida está escrita. Es tomar el control. Ahora, esto yo lo veo como el juego de nuestro propio cerebro, un proceso interno que parte de lograr traer el inconsciente al mundo consciente, es decir, entendernos nosotros y nuestras motivaciones para saber que mucho de lo que nos ocurre no «nos ocurre», sino que lo provocamos nosotros mismos. Por supuesto que, para lograrlo, para líder-arte y luego liderar, es necesario tomar en cuenta ciertos pasos dentro del proceso creativo.

Primero, piensa en controlar tus estímulos. En el día a día nos rodean y alimentan miles, decenas de miles o cientos de miles de distracciones o voces que nos saturan o nos abruman si no sabemos detenerlas, pausarlas, ignorarlas. Es un ambiente denso. Es alimento pesado. Son calorías de negatividad. O bien, es pintar con brocha gorda y lo que quieres es pintar con pinceles finos para darle más detalle a tu vida. Por lo tanto, seleccionarlos es como diseñar una dieta mental que nos vuelve ligeros, en la que dejamos fuera todo aquello que dirigirá nuestras acciones hacia donde no queremos: noticieros amarillistas, entretenimiento basura, personas sin contenido.

Y precisamente eso me lleva al segundo paso del proceso creativo, pues es necesario desarrollar un criterio de selección de la gente que nos rodea. Tu círculo cercano conecta contigo y, de la misma forma que los estímulos digitales o ambientales te contaminan, este ataque constante a los cables de tu cerebro también te entorpecerá sobremanera. Por supuesto, no se trata de eliminar a quienes quieres, a las personas que fueron parte de tu formación y crecimiento, porque ellas, como tal, son parte de tu código genético. Más bien, filtra y selecciona a quienes vayan entrando a partir de ahora. Sé creativo en tu proceso de selección, pues son algo así como los colores con los que le darás vida a tu obra. Procura que dejen valor y, sobre todo, que aprendas de cada persona.

Ahora bien, para aprender de ellos o de donde sea, es vital que entres en un modo de aprendizaje, que quiere decir estar abierto al conocimiento, pero de forma constante, porque no es algo finito. Es imposible terminar una carrera universitaria a los veintidós años y pensar que se ha aprendido todo lo necesario para una profesión y que aquello complementario llegará solo con la práctica. ¿Cómo respetar a alguien que solo ejecuta y luego se distrae o apaga para dejar de aprender? Este aprendizaje constante es todo aquello que te ilumina mientras vas pintando el cuadro, es la inspiración durante el proceso. Entre más aprendas (aunque sea interminable) más probabilidad de control tendrás sobre tu mente, tus emociones y, en general, tu sistema de creencias.

Cuando una persona logra ser director de su vida quiere decir que se conoce a sí misma. Dirigirte significa tener claridad de identidad y de rumbo; en otras palabras: quién eres, qué haces y a dónde vas. Eso te ayudará a crear un sistema propio (no solo de creencias), que es un autoconocimiento radical que maximizará tus fortalezas. Es algo así como conocer a un artista que ha logrado la madurez, que es dueño de todos sus recursos estilísticos y sabe cómo utilizarlos y dejarlos sobre el lienzo.

Cuando hayas sumado todo lo anterior, habrás aprendido pues a liderar-arte. Estarás con una obra que, si bien es interminable porque paramos, podría detenerse en cualquier momento y parecer una obra maestra. Una obra maestra que nunca dejarás de pulir, claro. Y eso es difícil. Aprender a lider-arte a ti es la parte más complicada de ser un líder. Solo el nueve por ciento de la gente es emprendedora, es decir, quizá solo ese pequeño porcentaje ha aprendido a hacerlo o está en ese proceso artístico que es liderarse a sí mismos.

El autor de este libro maravilloso nos dice que sabe a dónde va y recuerda de dónde viene porque ha pasado por ese proceso del que hablo, ya sea que lo haya hecho consciente o no, no importa, pues está donde debe estar, sobre todo para ponerse a escribir estas páginas. Ha tomado el control y entiende que es él quien decide su rumbo y no el destino. Si hablamos de estímulos positivos, esta «biblia» es sin duda uno de ellos, si hablamos de personas o voces que enseñen y de las que aprendamos, Marcos es un claro ejemplo y, por último, si se trata de estar en modo de aprendizaje, ya llevas un buen camino recorrido por dedicarle tiempo a la lectura, que además es la mejor herramienta para conocerse a uno mismo.

¿Y tú ya te lideras a ti mismo?

Carlos Master Muñoz

Capítulo 1
KICK OFF

«Algunas cosas del pasado desaparecieron, pero otras abren una brecha al futuro y son las que quiero rescatar».

Mario Benedetti

Comienza el partido

Cuando estudiaba licenciatura en Comunicación, tenía el sueño de dar charlas en la universidad e imaginaba convertirme en una persona prestigiosa que compartía generosamente sus conocimientos. Me prometí que, de tener la oportunidad, sería un profesor didáctico, entretenido y asertivo.

Gracias a mi experiencia liderando emprendedores, he participado en cientos de capacitaciones, como orador, exponiendo mis experiencias y conceptos, y como oyente, escuchando a los mejores conferencistas del mundo.

Alcanzando los 10 años de emprender, sentí que había acumulado suficientes conocimientos que sintetizados podrían agregar valor a otros. Así que pensé: tal vez no puedo dar este conocimiento desde un salón de clases en una universidad, pero sí puedo difundirlo a través de un libro y así cumplir la promesa de ese joven que deseaba compartir y comunicar.

Así nació este proyecto de escribir mi segundo libro. Un poco por capricho, para compensar aquel sueño truncado de ser formador universitario, y otro poco más intenso, para sentirme útil y agradecido con todo lo adquirido hasta ahora, ya que la mayor parte de estos textos están redactados desde la gratitud a tantos mentores y educadores de mi carrera profesional, y aún más, de mi desarrollo personal.

Dicho esto, vamos al hueso.

Sé a dónde voy y recuerdo de dónde vengo

En 2009 con 32 años volví a la Argentina luego de vivir 4 años en el exterior. Viví un par de meses en Barcelona, España, conseguí trabajo en Glasgow, Escocia, luego me trasladé a Bristol, Inglaterra, y terminé la travesía en Surfer Paradise, Australia. En mis vacaciones o tiempos libres viajaba por montones de países y ciudades cercanas a donde me hospedaba, de ese modo descubrí un inmenso mundo cultural. Contacté con distintas formas de ver la vida, los negocios y la felicidad en más de 150 ciudades del mundo.

A mi regreso a la Argentina llegué fascinado con la idea de hacer realidad los conceptos de libertad financiera que había extraído de los libros y talleres de Robert Kiyosaki y que, en mis aventuras, logré convencerme de la posibilidad de alcanzar. Para ello tenía un objetivo claro que me movilizaba, aunque no sabía cómo carajo lo lograría:

Trabajar para mí, dejar de ser empleado y crear un empresa propia y prestigiosa.

Las teorías sobre crear negocios, obtener ingresos de mis activos y llegar a obtener libertad financiera se transformaron en mi obsesión. El reto resultó ser más difícil de lo que visualicé.

¿Se puede o no se puede?

Mi propia mente fue la primera limitación con la que me encontré. La creencia de que no sería posible ser empresario contaminó mis pensamientos durante un extenso período. En ese lapso, me convertí en empleado. La única forma que entendía en la que podía generar ingresos era a través de un sueldo. No veía otra posibilidad. Desde chico me inculcaron que había que trabajar duro; sin embargo, la posibilidad de abrir un emprendimiento no estaba en las conversaciones familiares.

A los 9 años obtuve mi primer trabajo: lavaba el auto de mi abuela y me daba una propina. Con esas monedas me compré paquetes de figuritas de Spider-Man. Reconozco que se sintió hermoso, me sentí grande por disponer de mi dinero y tomar la decisión de hacer lo que quería con él.

A partir de ese momento supe que ser grande sería eso, trabajar para conseguir lo que quiero, figuritas a los 9 años o una casa a los 40. Nunca vi otra posibilidad.

A los 15 años trabajé en locales de ropa como refuerzo de ventas en temporadas altas. Daniel Vidal me ofreció ese trabajo en el local comercial de Legacy en la peatonal de Santa Fe. Mi labor era ordenar la ropa que los vendedores mostraban, apilarla y, de vez en cuando, si se aglomeraban muchas personas, me permitían atenderlos. Yo estaba feliz, me sentía productivo. Recuerdo que todo mi salario lo canjeaba por regalos de Navidad para mi familia.

Desde allí nunca más me detuve.

En mi adolescencia, entre mis 15 y mis 20, mi familia no estaba en condiciones de darme dinero semanal para las salidas, como al resto de los adolescentes de mi edad, así que, para no quedarme fuera del circuito, trabajaba en los boliches de moda para conseguir entradas gratis y consumiciones. La idea era repartir tarjetas de invitación a amigos y conocidos. Recuerdo a mis dieciséis haciendo esto para el teenager de Island Vip, la disco más concurrida de ese momento. Cada tarjeta tenía un número y, si conseguíamos una cifra considerable de invitados, nos aumentaban las consumiciones que podíamos disponer. Lo hacía con mucha vergüenza, pero ¿qué opción tenía? No pensaba quedarme fuera.

Luego me apunté para trabajar en empresas de turismo. Juan Pautasso, mi amigo de toda la vida, había hecho su viaje de egresados de la secundaria a Bariloche y su coordinador lo invitó a participar de las ventas de esta empresa con algún amigo. Cuando me dijo, no lo dudé.

Teníamos 17 años y el trabajo era prometedor. Si lográbamos que los estudiantes de colegios de 5.to año se embarcasen a Bariloche con ellos, se nos permitía hacer viajes como coordinadores. Estas fueron épocas gloriosas. Con Juan, rápidamente nos posicionamos como líderes de equipo. En ese momento las empresas que lideraban el mercado eran Rápido Argentino y Río de la Plata. Nosotros representábamos a Norosur, una empresa entrerriana, y teníamos muy poco presupuesto comparados con estos gigantes nacionales.

Mi carrera en turismo duró 2 años y fue vertiginosa. Disfrutaba tanto que pasaba todo el día en la oficina y en la calle convenciendo a los estudiantes de viajar con nosotros. Mi compromiso era tan grande que rápidamente me dieron la oportunidad de coordinar grupos de estudiantes. Comencé con los más chicos de 7.mo grado a Carlos Paz y luego 5.to año a Bariloche. Mi conducta, dedicación y responsabilidad me llevaron a que, en menos de un año, me ascendieran a coordinador general, así que tuve la oportunidad de vivir en Bariloche, reorganizando la labor de otros coordinadores. Tenía 19 años, 2 años en el rubro y ya había ascendido a uno de los mayores puestos que el turismo estudiantil podía brindar. Vivía en una ciudad paradisíaca, aprendía, ganaba dinero, tenía acceso a excursiones y discotecas todos los días de la semana, la verdad es que era un presente utópico para mis 19 años.

Logré grandes amistades gracias al turismo y pude viajar trabajando. Además, me forzó a liderar grupos a muy corta edad.

Mi madre no estaba muy contenta de que hubiese dejado mis estudios, así que decidí darle el gusto, renuncié y me dispuse a iniciar mis estudios universitarios. De regreso en mi ciudad, me inscribí en la Universidad Católica de Santa Fe, en la carrera de Ciencias de la Comunicación.

Sin trabajar, no disponía de dinero para vivir una vida universitaria decente, así que conseguí un puesto en la cervecería Quilmes. Estuve unos 18 meses allí, hasta que Gustavo Ingaramo me invitó a trabajar en el Frigorífico Recreo, donde estuve siete años como gerente de Marketing. En ese período pude terminar mis estudios universitarios.

Toda una vida trabajando ¿Para qué? Para sentirme útil, para aprender, para incorporar habilidades, para establecer relaciones y también para generar ingresos.

Ahora, una vez que se asciende en la estructura organizacional, ¿qué sigue?

Esa era la pregunta que me hacía cada vez que alcanzaba las máximas posiciones laborales. ¿Qué sigue? ¿Cómo sigo aumentando mis ingresos? No había respuesta y esto me aburría, me sentía vacío luego de un tiempo en cada lugar de trabajo. A pesar de esto, la posibilidad de abrir una empresa o emprender no estaba entre las respuestas de ese momento.

En esa búsqueda de respuestas viajé a Europa y no tuve inconvenientes de volver a empezar. Glass collector en Inglaterra (juntador de vasos) y servidor de té en Escocia fueron mis primeros empleos.

En Australia pude llegar a ser General Manager de un hotel, gracias a mi buen desempeño en Inglaterra, pero esa historia corresponde a otro libro1. Volví a la Argentina y a empezar de nuevo SIEMPRE trabajando.

En Rafaela, mi ciudad natal, me metí en el rubro inmobiliario y fue el puntapié que me condujo al camino empresarial.

Hoy soy socio de las oficinas RE/MAX Futuro y Rumbo, en Santa Fe y socio de Futuro II en Santo Tomé. Liderando un equipo de 80 agentes inmobiliarios, a la par de un equipo de staff de 15 personas, junto a mis tres socios, Naty López, Diego Scolari y Diego Bailardo. He construido 15 edificios y el equipo ha comercializado más de 5000 transacciones inmobiliarias. También soy inversor y desarrollador de varios proyectos inmobiliarios en puerta.

Para 2025 con el Team Futuro tenemos proyectado ser 150 integrantes y alcanzar las 10.000 transacciones.

Soy padre de Paz, y estoy casado con Gisela Pitura, con quien también tenemos varios emprendimientos. Ella es nutricionista, influencer y ha montado 2 centros de salud llamados Panchakarma y un próspero negocio en internet, todo orientado a la incorporación de hábitos saludables y terapias holísticas.

¿Vaso lleno o vacío?

Veinticinco años de oportunidades, de trabajar para poder salir el fin de semana, viajar, comprar un lote, un auto, hacer un regalo o una casa para la familia.

Jamás se me ocurrió pedirle a un intendente, a un diputado, o a mis superiores que se hagan cargo de mi bienestar. Si no me gustaba, negociaba con mis jefes mejores condiciones o más dinero, si no acordaba, buscaba otra cosa o me la bancaba.

Jamás sentí que quienes me daban trabajo eran los responsables de mi malestar o bienestar. Ellos me estaban dando una oportunidad y siempre estuve agradecido y lo sigo estando. Ayer exjefes, hoy todos amigos.

Uno de los puntos clave en mi evolución fue la ausencia de quejas, nunca esperé que todo fuese fácil. Acomodar ropa, juntar vasos o liderar equipos de venta, yo quería hacer de cada espacio un entorno mejor, dar lo mejor, ser el mejor en lo que hacía. Aprender a relacionarme, ser empático, ver valor en cada labor en la que participaba y así, las oportunidades comenzaron a fluir.

Ahora, aquellos que se quejan, que esperan que las cosas lluevan, que descansan de más, que creen que para crecer hay que sacarle al otro, tumbar a sus compañeros o hundir al que está arriba en la cadena de jerarquía, no están haciendo un mundo mejor.

¡HAY TRABAJO! En Latinoamérica está todo por hacerse y, en la Argentina, la mayoría de los servicios son pésimos. Hay grandes oportunidades, ¿las ves?

Desde que tengo uso de razón hay trabajo para las personas positivas, para las personas entusiastas, para las personas que buscan soluciones, para los innovadores, para la buena gente y para quienes aprenden el hábito de mirar el vaso lleno. El mundo cambia y si aprendemos a adaptarnos desbordan las oportunidades.

¿Qué te llevarás luego de leer este libro?

En la Argentina nunca me han faltado ocasiones de trabajo. Menem, De la Rúa, los Kirchner, Macri, Alberto Fernández, no importa quién ha estado al mando del país, el trabajo nunca me faltó porque di mi 100%. Incluso la pandemia mundial de coronavirus, lejos de hundirme, sacó mi mejor versión como líder y como emprendedor creativo. Con este libro deseo contagiar un poco de esta mirada positiva y realista de las oportunidades que la vida nos da, y cómo verlas.

Dado mi ambiente familiar y el entorno con el que me relacionaba, no veía otra realidad que no fuera la de trabajar para alguien y vivir de un sueldo a fin de mes, al final, pude armar varias empresas, un equipo íntegro y productivo, expandirme y poner mi potencial al servicio de otros. Diez años después de iniciar, alcancé la libertad financiera y, con mi obsesión cumplida, nacen nuevas motivaciones. Entre ellas la de poder inspirar a que la mayor cantidad de personas tome el camino emprendedor como modo de vida.

Quiero que este libro sea posibilidad, entusiasmo, motivación. Que quienes lo lean puedan llevarse conceptos productivos y herramientas de aplicación instantáneas para adquirir hábitos emprendedores que permitan ver la cantidad de vasos llenos que tenemos en la vida.

Les voy a contar las buenas y las no tan buenas decisiones y experiencias que fueron pasando en el camino, no solo mías, sino de todo un equipo de emprendedores.

Estoy seguro de que podrás ver cuestiones blandas y duras de liderazgo, ya sea para aplicar a la formación de un equipo, en conversaciones con clientes o para contigo mismo.

Es mi deseo que, siendo agente inmobiliario, Broker o emprendedor independiente, las anécdotas aquí contadas sirvan para que de ahora en adelante te equivoques menos, produzcas más y, sobre todo, disfrutes de la labor que realizas.

Al final me cuentas cómo lo viviste.

Conexiones Bíblicas
Por Gonzalo Sanjurjo
Éxodo, capítulo 3

Vocare: «Trabajar para mí, dejar de ser empleado y crear una empresa propia y prestigiosa».

Vocación viene del latín «Vocare» que significa: «llamado» y describe la razón por la cual existes en este universo. Ese llamado es un fuego que no se apaga. Te abraza de pasión y, en la fragua de la perseverancia, se trasforma en amor por lo que elegimos. Gracias a él somos capaces de aventurarnos hacia cosas impensadas, inimaginables, riesgosas, más grandes que nosotros mismos. Es como la imagen bíblica de la zarza que arde sin consumirse.

Algunos se resisten toda una vida a escuchar esta voz y deambulan por el mundo sin mucho sentido. Otros se detienen, se quitan las sandalias e ingresan a la sagrada tierra del propio destino.

Quienes verdaderamente tenemos vocación de emprendedores, simplemente somos incapaces de luchar contra ese fuego que nos invita a dejar nuestra posición como cuidadores de la riqueza de otros para dar forma a nuestra propia riqueza.

Capítulo 2

LA PASIÓN POR SOBRE LAS COMPETENCIAS

«Cada vez que defines lo que quieres creer, eres el primero en escucharlo. Es un mensaje a ti y a los demás sobre lo que piensas que es posible. No pongas un techo sobre ti mismo».

Oprah Winfrey

¿En qué #@&+! te metiste?

En 2010 comencé el proyecto comercial más importante de mi vida. Decidí comprar los derechos de uso de una franquicia y convertirme en dueño de mi propio negocio.

En el mundo de las franquicias inmobiliarias, un bróker es quien lidera la oficina de agentes inmobiliarios. Vendría a ser como el director técnico: decide cuándo se entrena o capacita, elige la estrategia, seduce a los mejores jugadores a ser parte de su equipo y trabaja para que cada uno alcance su mayor potencial.

Los agentes inmobiliarios son emprendedores que eligen trabajar con el bróker de una forma similar a la de una sociedad. Son independientes que desarrollan su propio negocio, basados en el concepto ganar-ganar de Dave Liniguer, fundador de RE/MAX y uno de los empresarios de bienes raíces más respetados del planeta.

El bróker provee los elementos necesarios para que el agente pueda desarrollarse sin tener que perder el tiempo en las urgencias del día a día. Un espacio físico, una marca que lo respalde con acceso a una red de contención y de negocios, tecnología, un staff o equipo de soporte, formación profesional y liderazgo.

¡Sos un genio!

A mis 26 años había terminado la universidad, era gerente de Marketing de una prestigiosa empresa, tenía casa, auto, montones de amigos y mucha energía. Al sentir que había cumplido con todos los estándares sociales y presiones familiares me encontré con que sabía ser lo que otros querían que yo sea, pero no sabía quién era yo ni lo que quería hacer. Comprendí que siempre que otros me señalaban el camino yo respondía muy bien, pero no sabía ponerme mis propios objetivos. Fue como llegar al final del túnel y encontrar nada.

Luego conocí el coaching y, a través de él, generé un quiebre en mi vida. Por recomendación de un conocido hice un taller a distancia que cambió la manera de hablarme a mí mismo.

Uno de los ejercicios que más me impactó decía: «Si apareciera el genio de la lámpara y tuvieras que pedirle no tres, sino todos los deseos que se te ocurran, ¿cuáles serían?» La idea del ejercicio era escribir TODO lo que uno quería.

Una vez terminada la lista, tenía que calificar todo lo que habíamos escrito y elegir aquello que nos parecía desafiante y que, aunque transcurrieran muchos años, siguiéramos deseando. La idea era quedarnos con los 10 pedidos que más nos hacían sentido.

Lo primero que le pedí al genio fue una Ferrari, pero me di cuenta de que no la deseaba tanto. Entendí que quien pedía la Ferrari era el deseo popular, pero no el verdadero yo.

«Mantener mi ropero ordenado y los zapatos lustrados» fue otra petición que saqué de mi lista. Este sería un pedido más para Marie Kondo, la japonesa que te enseña a ordenar, no para un genio todopoderoso.

Comencé a seleccionar y agrupar los pedidos que le hice al genio, y me quedé con aquellos que provenían del corazón, del cerebro, de mi niñez, de mis golpes, de mi ilusión. No tenía idea de cómo los lograría, pero me conectaban verdaderamente con quien quería SER.

Elegí culminar mis estudios, hablar idiomas, conocer cinco países distintos al mío, levantar mi propia empresa, conformar una familia y algunas otras cosas que más adelante te diré.

¿Qué ocurrió luego de eso?

Además de haber viajado por más de 50 países, a los 41 años ya era socio de 3 oficinas inmobiliarias. Lideré la construcción de más de 350 departamentos. Mi patrimonio neto había crecido considerablemente y, con el nacimiento de Paz, mi hija, se consolidaba mi familia.

All-In

Cuando intento buscar puntos para entender cómo pude crecer en los distintos aspectos de mi vida, enseguida conecto con mi niño interior. Desde pequeño soñaba con ser dueño de grandes proyectos. Mi mamá era clara, si quería más beneficios de los que ella me daba, debía trabajar. En ese momento me molestaba, pero hoy entiendo que fue una de las mejores enseñanzas: Si quieres beneficios económicos… ¡A trabajar!

Comenzar un negocio y trabajar para mí era mi destino, y tenía que animarme.

Con el tiempo comprendí que lo verdaderamente complejo es sostener los proyectos, no abrirlos. Para abrir un negocio solo se necesita plata, para que sea exitoso hace falta montones de factores y principalmente ir ALL IN, enfrentando las dudas, desafiando los miedos y dejando que la pasión por apostar todo a uno mismo haga su trabajo.

Al principio pensaba que emprender era para cualquier persona, con el tiempo y luego de algunos golpes entendí que no es así. Emprender es para quien no quiere cumplir horarios fijos y, a pesar de ello, está dispuesto a trabajar 15 horas la mayoría de sus domingos, por elección y no porque alguien lo ordena.

En mi caso, los pasos fueron trabajar, emprender y convertirme en empresario. Se trabaja para aprender, se emprende para transformarnos emocionalmente y bancar la presión de no saber cuánto ganas a fin de mes y eres empresario cuando no hay vuelta atrás y los proyectos se convierten en tu única fuente de ingreso. A partir de allí dejas de pensar que volver a trabajar para alguien será tu modo de vida.

El duelo de matar mi empleo

No trabajar para mí mismo exponía la poca valentía para enfrentarme a mi destino. Buscaba alternativas; sin embargo, tenía miedo. No me animaba a dar el paso inicial. Me imaginaba renunciando y me invadía el pánico. Imaginaba esa conversación final y la angustia similar a la muerte de un ser querido me sobrevenía. Desistir a vivir con un sueldo a fin de mes sería renunciar a toda la crianza de mis 33 años de vida, sería sacarme la armadura que tan cómoda me quedaba y tan bien lucía en mí.

Hacía algún tiempo que estaba consciente de los mensajes que recibía, pero no me atrevía a soltarme definitivamente. Y entonces llegó a mis oídos la fábula de la vaca.

Esta leyenda urbana cuenta que un gurú lleva a su alumno a un barrio muy humilde y se detiene en la puerta de una casa donde vivían cerca de 12 personas. Era una casa con patio delante donde había una vaca que vivía como cerdo, entre mugre, escombros y abandono edilicio.

Resulta que toda la familia, abuelos, hijos, tíos, sobrinos y nietos vivían de los ingresos que esa vaca producía. Día a día ordeñaban la vaca y con la leche que obtenían generaban los escasos recursos para apenas subsistir.

Esta familia, al ver al gurú y su discípulo con extrañas vestimentas, generosamente los invitan a pasar la noche con ellos. Mientras dormían, el maestro despierta al alumno y le dice:

—Te voy a enseñar una lección. Sígueme.

Amparados por la noche, el anciano mató a la vaca con una daga ante la mirada atónita de su aprendiz. Sin esperar a que saliera el sol, se marcharon del lugar, dejando a la vaca desangrándose.

Un par de años pasaron y el aprendiz, carcomido por la culpa, regresó para ver qué había pasado con aquella familia.

En el lugar ya no había suciedad. Habían pintado y reparado sus aberturas externas. En el frente yacía un hermoso jardín y los infantes disfrutaban de una pequeña y coqueta piscina.

Un señor prolijamente vestido salió a su encuentro para invitarlo a seguir adelante. Era la misma persona que lo había recibido tiempo atrás.

—Desde que la vaca murió, no tuvimos más remedio que organizarnos y salir, como adultos, a buscar nuevas formas de ingreso —dijo aquel amable caballero.

—Decidimos instalar un hotel familiar en la casa para hospedar viajeros. El dinero recaudado del hospedaje se multiplicó rápidamente, logrando convertir nuestro hogar en esta joya que observas ahora.

En ese instante el alumno entendió la lección.

Hay momentos de la vida donde tienes que matar la vaca que creemos nos da beneficio, te ata y apenas te deja vivir. La supervivencia saca lo mejor de las personas.

Amor a primera vista

En mi tiempo viviendo en Oceanía, comencé a estudiar un poco el tema de las franquicias. Me llamaba la atención que la misma pizza que había comido en Bath, Inglaterra, tres meses después la estaba comiendo en Byron Bay, Australia.

Hoy la Argentina se globalizó y nos acostumbramos a las marcas internacionales de servicio, pero para ese momento era una novedad y entendía que pronto llegaría el mismo formato a mi país.

Al regresar, las hormigas en el traste me decían que tenía que hacer algo con esa información. Había vivido lo que se venía y tenía que animarme a ser pionero. Por otro lado, todo indicaba que el rubro inmobiliario era un negocio con bajo riesgo y, de ser creativo, se podría hacer una gran diferencia.

Asociarme a una marca, que me enseñaría el know-how del negocio y mantener mi gestión independiente fue música para mis oídos y alcoyana-alcoyana para el futuro que deseaba construir.

Franquicia + Negocio Inmobiliario era la salida.

La decisión ya estaba tomada, así que solo quedaba una cosa más, renunciar definitivamente a mi posición de empleado.

Tomando el control

El destino, Dios, la vida o el universo de una u otra forma nos da señales para alejarnos de los lugares a los que no pertenecemos; o nos hace llamados para tomar el camino que sabemos hay que tomar. Si no escuchamos el mensaje comienza a llegar cada vez más fuerte. Si aun así seguimos sin escuchar comienza a golpearnos.

Si a pesar de esos pequeños llamados de atención seguimos sin oír, comenzamos a lastimarnos y, si caprichosamente decidimos permanecer en un lugar luego de haber cumplido nuestro ciclo allí, nos transformamos y comenzamos a vivir con nuestro espíritu dormido. La consecuencia de esto es que terminaremos muertos en vida.

Este conocimiento fue revelador para mí. Desde entonces, al descubrir que no era necesario que ningún ser externo (destino, suerte, universo) me golpeara para llevarme al correcto camino de la vida, comencé a elegir mis propios tumbos.

¿Cómo es eso?

Mi cuerpo se enfermaba más de lo habitual cuando ya vislumbraba que tenía que hacer movimientos en mis hábitos. Si no lo hacía, entraba en un espiral de sucesos negativos tan extraños que a veces me preguntaba qué había hecho para merecer eso y tener tanta mala suerte. La respuesta era fácil, la suerte no tenía nada que ver, ni me había orinado un elefante, simplemente no estaba confiando en lo que sabía era el llamado a sacar mi mejor versión y permanecía inmóvil a los llamados de cambiar de rumbo.

Cuando tomé control de mi vida, y comencé a elegir a qué renunciar, a qué decir NO, para que otros SÍ se abrieran; cuando conscientemente elegí el dolor que quería transitar, los miedos que quería enfrentar, las horas que dejaría de dormir o el dinero que estaba dispuesto a perder, la nebulosa que tapaba este nuevo conocimiento comenzó a desparecer y el futuro tomó otra nitidez.

De esa forma ingresé al mundo de los emprendedores con mucho entusiasmo, poco conocimiento y una VISIÓN muy clara.

Quería un espacio donde otras personas como yo no tengamos que huir del país para sentirnos productivos. Quería asociarme con gente con buenos valores, que me ayuden a hacer de nuestro lugar de trabajo un aporte a la sociedad y ser posibilidad para que quienes deseen emprender también encuentren una alternativa cercana y realizable.

También quería con mucha fuerza alcanzar la preciada libertad financiera. Quería llegar a ese supuesto equilibrio entre los ingresos y mi calidad de vida y tenía un profundo deseo de saber cómo se sentiría trabajar por placer y no por dinero.

Game over

Recuerdo la última vez que renuncié a un trabajo.

Llamé a Guillermo Eguiazu, mi jefe de ese entonces; con el cuerpo temblando, el pánico aturdiéndome y mi mente implorando que permaneciera donde estaba, le dije con voz tartamuda que me iba para cumplir mis proyectos personales y profesionales. Recuerdo la conversación cuando me dijo:

—Sabía que algún día te irías a emprender lo tuyo, no pensé que tan rápido… Te deseo que te vaya muy bien.

Salí a la calle con lágrimas y emociones encontradas, se hizo un silencio, una respiración muy muy profunda y de repente… ¡sentí la libertad más grande de toda mi vida!

Me había convertido en mi propio gurú y estaba manipulando el filo de la daga, matando la vaca que yo mismo cargaba. Estaba matando para siempre el trabajar para otros, y con ello parte de mi historia. Tenía claro que como un ave fénix resurgiría de las mismas cenizas que subsistirían de este fuego que estaba encendiendo. Estaba sacrificando mi comodidad laboral para luchar por una nueva pasión: TRABAJAR PARA MÍ.

Que arda el fuego interno

La Argentina y Latinoamérica tienen mucho para dar a los emprendedores, hay mucho sin hacer. Creemos que la única fuente de ingreso se da trabajando para alguien, yo veo que hay otras formas. Se puede emprender con buenas intenciones y trabajando mucho, no hace falta tener dinero para un nuevo emprendimiento, hace falta tener pasión.

La pasión por emprender, el desear que esa lista de objetivos propios se haga realidad, el convertirme en el genio que cumple los sueños de mi vida, me dio la valentía para animarme a ir por lo que muchos pensaban que era una locura.

Más fácil era tener un buen empleo, así que ¿para qué emprender? Quienes arrancamos no sabíamos ser emprendedores, no teníamos idea. Y aquí aprendí mi primera lección. La pasión puede más que las competencias. Ni mi entorno familiar, ni mis competencias duras eran suficientes para armar una empresa según mi juicio y de los que me rodeaban. Tenía todo para perder.

Desde esa última renuncia a un empleo, lo que primó fue 80% energía, actitud, empuje, motivación. Apenas un 20% se lo atribuyo a competencias técnicas y empresariales que podía tener de mis trabajos anteriores o estudios.

Cualquier análisis matemático, estadística, o psicotécnico me habría dado negativo, porque mis competencias duras eran pobres. Había ganas, algunos ahorros, y un fuego interno que me decía vamos por todo. Por eso estoy convencido de que la pasión está por encima de cualquier competencia.

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Objętość:
107 str. 13 ilustracji
ISBN:
9789878714639
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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