Czytaj książkę: «Amor sobre ruedas»

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Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Núñez de Balboa, 56

28001 Madrid

© 2020 Mara Oliver

© 2020 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Amor sobre ruedas, n.º 276 - agosto 2020

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial.

Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin, HQÑ y logotipo Harlequin son marcas registradas propiedad de Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia.

Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imagen de cubierta utilizada con permiso de Dreamstime.com.

I.S.B.N.: 978-84-1348-702-1

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

Créditos

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Capítulo 29

Capítulo 30

Capítulo 31

Capítulo 32

Capítulo 33

Capítulo 34

Capítulo 35

Capítulo 36

Capítulo 37

Capítulo 38

Capítulo 39

Capítulo 40

Capítulo 41

Capítulo 42

Capítulo 43

Capítulo 44

Capítulo 45

Capítulo 46

Capítulo 47

Capítulo 48

Capítulo 49

Capítulo 50

Si te ha gustado este libro…

Para Alejandro y Susana,

gracias por devolverme las ganas de escribir

y hasta las de creer en el AMOR, así con mayúsculas.

Capítulo 1
Don Kiwi y la Srta. Albaricoque

«Voyage, voyage, bayas, bayas. Me gusta viajar, la música y todo lo que resulta ser más de lo que parece, como los kiwis. Los kiwis son bayas marrones y peludas por fuera e increíblemente verdes y deliciosas por dentro. Vaya, vaya. La vida te da sorpresas, algunas más agradables que otras.

Tengo un todoterreno, por fuera no parece gran cosa y por dentro es una sorpresa de las buenas. Lo importante es el interior. Me gusta viajar y conocer gente nueva, no importa que no seas fan de los kiwis, pero yo no vivo sin música. Echa un vistazo a mis próximas rutas y playlists y, si te cuadran, me encantaría compartir destino, canciones y coche contigo. ¿Viajamos juntos?».

Era un perfil extraño para una web de carpooling, y aún más extraña era la foto que lo acompañaba.

Haciendo honor a su nick, Don Kiwi, se había puesto la mitad de un kiwi en cada ojo, como si fuesen unas gafas psicodélicas, redondas y verdes. Su sonrisa traviesa estaba enmarcada por una barba espesa y una melena leonina, que le llegaba a los hombros y se mezclaba enmarañada con la barba. De la piel solo le quedaba a la luz una franja de frente, los pómulos, algo de nariz y un atisbo de labios carnosos; el resto era pelo.

Alba Cruz llevaba un buen rato estudiando la cara de aquel desconocido, le resultaba familiar y lo miraba ensimismada. Sentía que le conocía de antes, pero no sabía de qué. Él no había enlazado su perfil a ninguna red social con la que pudiese contrastar su identidad y había aparecido sin más en su bandeja de ofertas, ofreciéndole un trayecto que se ajustaba perfectamente a sus necesidades.

Llevaba media hora sentada en el sofá del comedor, mirando aquellos ojos de kiwi y decidiendo si aceptar su propuesta de viaje.

A su lado, su hermana no le quitaba ojo al televisor. Habían empezado juntas una serie nueva, pero Alba ya no era capaz de seguir la trama de lo que ocurría en otra pantalla que no fuese la de su móvil, aquel perfil había robado toda su atención.

—Oye, Lidia, ¿a ti te suena este tío? —le preguntó a su hermana, mostrándole la foto de perfil ampliada.

Lidia quitó la vista de la televisión dos segundos, se los dedicó a la foto y siguió viendo la serie y comiendo palomitas, aunque añadió entre risas:

—Se parece a ti por las mañanas. Te levantas con los mismos pelos de loca.

Alba asintió, sin sonreír.

Eso era exactamente lo que le preocupaba: la pinta de loco.

—Es el único que me ha respondido a la propuesta de viaje que puse en Carropool —le explicó—. No sé si aceptarlo porque me parece demasiado barato. Dice que me lleva a Santejo por veinticinco euros, pero, si es un loco de los peligrosos, lo mismo no llego nunca.

Su hermana dejó el bol en el suelo, despacio, aunque siguió mirando el episodio de la tele.

—Sí que es demasiado barato —convino, echó otro vistazo rápido a la foto y agregó—: Y él se da un aire al mendigo caníbal del documental que vimos la semana pasada. Qué mal rollo.

Alba refunfuñó.

—No creo que me suene su cara por eso. No se parecen. —Volvió a centrarse en la foto—. Y no me da mal rollo, al revés. No sé, es que lo miro y es como si ya le conociese.

—Lo mismo es del barrio. Dame, que lo miro bien. —Lidia se incorporó, pausó el capítulo y cogió el teléfono. Se lo acercó a un palmo de los ojos y entrecerró las pestañas como si añadir más pelo a la foto pudiese despejar la duda—. A mí también me suena de algo. Veamos qué tiene puesto en su perfil.

—Ya lo he mirado —repuso Alba, con un suspiro cansado—. Tiene la marca de confianza de la web y lleva más de sesenta trayectos, con cinco estrellas en casi todos los comentarios.

—Perfecto, entonces es de fiar.

—Pero solo tiene un viaje programado, que es justo el que yo necesito y lo ha puesto hoy.

Esa vez la que suspiró fue Lidia.

—No seas tiquismiquis. Llevas toda la semana esperando a que salga alguien que te lleve y ahí está, ¡has tenido suerte! No le des más vueltas.

Alba se abrazó a uno de los cojines del sofá y lo apretó con fuerza, asomando los ojos justo por encima.

—Es que me parece muy raro que este Don Kiwi salga para Santejo justo desde aquí al lado y el día que mejor me viene. Va de una ciudad pequeña a un pueblo que está a mil kilómetros y ni siquiera…

Su hermana le quitó el parapeto del cojín y le interrumpió:

—A lo mejor Ojos de Kiwi no sale desde aquí, sino que hace parada para recogerte a ti porque ha visto tu petición de trayecto y le cuadra, y por eso te ha contactado. O a lo mejor él también va a la boda y ahora está pensando lo mismo: que menuda suerte más rara. Pregúntaselo y sales de dudas.

Alba carraspeó.

—¿Quieres que le pregunte si va a la boda de Alejandro y Susana? Si le pregunto eso, la loca soy yo.

—¡Es que la loca eres tú! —Lidia se encogió de hombros, desternillándose. Su hermana le pegó con el cojín, justo antes de volver a abrazarlo, y ella prosiguió—: Alba, ¿de verdad estás pensando que un desconocido ha creado un viaje de doce horas solo para coincidir contigo, como si estuvieseis en una app de citas o algo por el estilo?

—Suena a locura cuando lo dices así.

—A mí me suena a negocio. Deberíamos patentarlo y hacer una web. Podríamos llamarlo… —Lidia se metió un puñado de palomitas en la boca y las masticó despacio mientras argüía una posible marca para su idea—: Muamuacar, Amor sobre ruedas, La sex-ta marcha, Desembrágame… Las posibilidades son infinitas.

Alba dejó de escuchar y abrió su propio perfil para mostrárselo.

—Mira. —Le puso la pantalla a tres centímetros de la cara—. Yo soy la Señorita Albaricoque. Me pareció gracioso ponerme ese nombre con un fondo de albaricoques.

—A los dos os gustan las frutas y los chistes malos —convino Lidia, poco convencida—. ¿Y qué?

—Ya sabes lo que dice James Bond de eso: la primera es casualidad, la segunda coincidencia… —Las dos hermanas asintieron entre risas y dijeron a la vez—: ¡Y la tercera es un ataque enemigo!

Lidia le quitó el móvil de nuevo, releyó el perfil de su hermana y empezó a trastear, abriendo enlaces mientras hilaba pensamientos en voz alta.

—La frase que ha puesto en su perfil es un poco rara, en eso también coincidís porque tú eres tela de rarita. Y habéis puesto la misma canción como favorita, Caída libre de Óscar Navas. Eso es muy sospechoso, pero… Bah, tiene mogollón de valoraciones positivas de muchos usuarios. Vamos a echarles un vistazo.

Capítulo 2
Interfaz de Carropool

(Opiniones sobre el usuario Don Kiwi)

★★★★★ Calidad alta y precio bajo. Lo pasamos genial en plan karaoke la mitad del viaje y después escuchamos buena música, tranquilos y cómodos. Es un conductor muy top. (Danny & Almu)

★★★★✩ El coche lo tiene perfecto y el conductor es de diez, pero nos pasaron cosas muy raras. Se nos coló por la ventanilla un loro. Insultaba en italiano cada vez que intentábamos echarlo del coche y al final viajó con nosotros casi todo el trayecto. Se fue volando cuando en una gasolinera apareció un gato y lo asustó. (Paola C. y Sara A. Fdz)

★★★★★ Muy recomendable. Otro pasajero hizo un comentario machista, le hicimos frente y él le dijo que al siguiente lo echaba del coche. El resto del viaje fue perfecto. (Makena e InmaGB)

★★★★★ Mi hija tiene autismo, a veces grita y no puede parar. Avisé al conductor de que eso podía pasar durante el viaje y, cuando pasó, mantuvo la calma y siguió conduciendo como si nada. Mi niña tiene muy buenos pulmones y se tiró como dos horas gritando, él fue amable y cariñoso. Lo recomiendo sin dudar. (Rocío Hurtado Temprano)

★★★★★ Íbamos con nuestros niños y el conductor se inventaba la letra de las canciones para hacerles reír. Un viaje genial. (Vanesa Alonso y Mara Gaelsa)

★★★★★ Todo estaba muy limpio y tuvimos una conversación muy interesante. El trayecto era largo y se hizo ameno hablando de todo un poco. Repetiría sin dudar. (Marcela S.P.)

★★★★✩ Tuvo que cancelar y no pudimos viajar juntos, pero fue superamable y nos buscó un viaje alternativo. Le ponemos cuatro estrellas ahora y ¡las cinco a la próxima, cuando nos veamos! (Beka y Arwen)

★★★★★ Eficiente y atento. Paramos varias veces y pude estirar las piernas. Mi espalda lo agradece y mis gatos también opinan que fue 100% recomendable. (Alienor Cyberdark)

★★★★★ Un as del volante, esquivó cuatro vacas enfurecidas que se habían escapado de un prado y atacaban a los coches. Nunca habíamos visto algo así, pero él dijo que estaba acostumbrado a que le pasasen cosas raras y mantuvo la calma. Nos salvó, fue increíble. (Meg F., Jessica L. y C. Sark)

★★★★★ Me llevó a la presentación del libro de mi hija, Marisa Sicilia, se quedó a la firma y hasta compró el libro. Un encanto de hombre. (Feli)

★★★★★ ¡Fue como ir en limusina! Todo un caballero y tuvo el detalle de que los perros pudiesen viajar con nosotras, cómodos y seguros. (Marina y M. J. Tirado)

★★★★✩ ¡Larga vida al rock&roll! Un viaje corto, pero memorable. (rubencito_rocks)

★★★★★ Bueno, bonito y barato. Un placer viajar con este conductor. (Las 3 Martas y Ulie)

★★★★★ El coche era nuevo. Él, un bombón. ¡Y el viaje, un chollo! (Ascen N. y V. Lago)

★★★✩✩ Durante un rato olía fatal y tuve que bajar la ventanilla. El conductor lo negó, pero creo que se le escapó un pedo. Lo pasamos bien y conduce guay, pero eso no me gustó. (Mar G.)

★★★★★ Rápido y seguro. Buena música: Bowie, Carole King, Harry Styles… Se nos pasó el tiempo volando. Además, perdí mis gafas de sol en una gasolinera y me encontré unas preciosas al bajar del coche. Fue el destino, un viaje para recordar. (C. Velasco)

★★★★✩ El conductor es un poco desastre, iba desaliñado y es verdad que es gafe: pinchamos rueda y mientras lo arreglábamos, un repartidor de pizzas también pinchó una rueda a diez metros de nuestro coche. ¡Si no lo veo, no lo creo! Comimos pizza gratis. Fue divertido, pero llegamos a tiempo por los pelos. (M. Santamaría y H. Selene)

★★★★✩ Se sabe todas las canciones del mundo, menos la de «Para ser conductor de primera, acelera». Corría poco, pero nos reímos mucho. Fue el principio de una bonita amistad. (Tefita y el padre Karras)

★★★★★ Resulta que su prima fue con nosotras a la universidad y aún nos vemos para comer todos los años, nos dimos cuenta hablando de cierta actriz muy famosa que es familia de ellos. ¡Qué pequeño es el mundo! Un viaje perfecto, agradable y barato. (Asenet, Ana y Chus)

★★★★✩ Me puso dos canciones de Claudia del Moral y otras dos de Óscar Navas, por eso no le doy cinco estrellas ni aun siendo el mejor conductor del mundo, que lo es. (Jorge y Alicia, archiduques de la Alta Anoia)

Capítulo 3
Dale al play

—Ya he leído suficiente. Muchos dicen que el tipo es gafe, hay hasta una historia rara con un loro italiano que no me la creo, Alba. Me parece que algunos le dan cuatro estrellas en vez de cinco precisamente para que la gente no sospeche, pero seguro que son amigos y han escrito esas cosas de cachondeo… De todos modos, me da igual, no pueden ser falsos el cerro de comentarios buenos que tiene y, gafe o no, es obvio que el tipo conduce bien y que el coche está perfecto. Y mira las playlists que ha subido, la música es muy de tu estilo y va a ser un viaje muy largo, eso es bueno. Todas estas coincidencias no son ataques del enemigo, hermanita, son la manera más fácil de hacer amigos. Y a ti no te viene mal hacer unos cuantos nuevos. —Lidia le devolvió el móvil, dando el tema por zanjado—. Este perfil da confianza, acepta el viaje y da gracias por la suerte que has tenido.

Alba se recostó en el sillón, apoyó la cabeza en el hombro de su hermana y se resignó:

—Lo voy a aceptar, pero, si Ojos de Kiwi me mata y me come, vuelvo como fantasma y te amargo la vida.

—¡O sea que no te vas de mi casa ni muerta! —Lidia estalló en carcajadas y recibió como respuesta un puñado de palomitas en la cara.

—¿Esta es tu manera retorcida de decirme que no coja un viaje de vuelta? —le increpó Alba, dolida, medio en broma, medio en serio.

Lidia se desdijo enseguida:

—Nooo, me encanta tenerte aquí. Todo está relimpio y, cuando subo con un chico guapo, tú siempre encuentras algo que hacer fuera de casa, ¡eres la compi de piso perfecta! —se excusó mientras le pasaba un brazo por encima del hombro y la atraía hacía sí, protectora—. Mi hermanita del alma, te puedes quedar todo el tiempo que quieras. ¿Vale?

—Vale… Gracias por aguantarme.

—No digas eso, yo no te aguanto, te disfruto. El inaguantable era el Cerdosupremo, no sé cómo pudiste estar tantos años con él… —Lidia se calló a tiempo y no terminó la frase.

Quería que su hermana entendiese que ya estaba bien de dar las gracias y disculparse por todo, pero por mucho que se lo dijese no parecía que ella se diese cuenta de cómo actuaba.

Llevaban meses sin tocar el tema de su ex y, aunque había pasado mucho tiempo desde la separación, Lidia notó cómo su hermana temblaba entre sus brazos al recordarlo. Era difícil de olvidar, habían empezado a salir muy pronto, siendo prácticamente unos niños, y la herida era profunda. Por lo que Lidia cambió de tema, rápidamente:

—¿Dónde hemos dejado el mando?

Alba buscó entre las palomitas desperdigadas, los cojines descolocados y los restos de su autoestima y no tardó en dar con el control remoto de la televisión. Reanudó la reproducción del episodio, pero sus pensamientos se atascaron en la conversación que habían evitado.

Llevaba casi dos años viviendo con su hermana, no encontraba trabajo estable y no parecía que la situación fuese a cambiar. Al menos lo había intentado, se había preparado para ser profesora de Música y había aprobado la oposición a la primera, quedándose a décimas de la plaza por carecer de puntos de experiencia.

Desde entonces, le habían llamado para cubrir una excedencia por maternidad durante siete meses y algunas bajas de dos o tres semanas, pero para poder independizarse necesitaba sacarse la plaza.

Cuando empezaba el segundo capítulo de la serie y su hermana iba a darle al botón de «omitir resumen del capítulo anterior», ella le frenó:

—No lo quites, la verdad es que no me he enterado de mucho porque se me ha pirado la cabeza pensando en el viaje y en que ojalá me llamasen ya de algún instituto para este curso, pero por aquí parece que los profes de Música no se ponen malos. A este paso no voy a poder irme de tu casa nunca.

—Ya te saldrá algo —le consoló Lidia—, tú sigue estudiando y preparándote la oposición. No hay prisa, ya te he dicho que me encanta que estés aquí.

Alba recuperó la sonrisa, dejó vagar la vista por el salón y con la esperanza en los labios le dio voz a su deseo:

—Si me llamasen mañana para empezar a currar, aunque fuese en un pueblo a cien kilómetros de aquí, lo cogería sin pensarlo.

—¿Sin pensarlo? Lo dudo, tú lo piensas todo demasiado —le recriminó Lidia, clavándole el dedo índice en el muslo repetidamente—, aunque ahora que te has quedado sin coche, igual tendrías que pensártelo un poco, sí.

A Alba se le escapó todo el aire de los pulmones solo con recordar el accidente. Había salvado la vida por poco y su coche había quedado siniestro total, pudo vender por piezas la mitad que se salvó del choque y, al peso, la otra mitad.

—Lo que estoy pensando es que no debería ir a la boda —se dijo, más para autoconvencerse que para informar a su hermana—, lo del coche es una señal. Y hay más señales: el tren está completo este fin de semana e ir en autobús supone hacer muchos cambios de línea, llegaría destrozada y me costaría un día y medio.

—Acepta el viaje de Carropool y deja de buscar excusas para no ir —le regañó Lidia y esa vez fue ella quien le tiró palomitas a la cara.

Alba abrió la boca intentando atraparlas, pero los únicos que acertaron fueron algunos granos de sal, que le entraron en los ojos. Fue al aseo a lavarse la cara y quitarse el escozor, entre maldiciones.

—¿Ves? ¡Otra señal —gritó desde el baño—, casi me dejas tuerta y así no puedo ir a la boda!

Era un piso muy pequeño y se oía todo. Se podía hablar de una punta a otra sin necesidad de elevar mucho la voz, que era la razón por la que Alba se iba de casa cada vez que su hermana subía con un ligue.

Lidia le gritó de vuelta por pura desesperación:

—¡Vas a subirte al carro de Don Kiwi y vas a ir a ese fiestón porque allí están tus amigos de toda la vida y estoy harta de oírte decir lo mucho que los echas de menos!

—También son los amigos del Cerdosupremo —apuntilló Alba, con un hilo de voz, mientras regresaba. Se quedó de pie junto al sofá, recogió las palomitas que habían esparcido alrededor y se comió una con cada palabra que añadía—: ¿ADIVINAS-QUIÉN-MÁS-ESTARÁ-EN-LA-BODA? EL CERDOSUPREMO EN PERSONA, con toda su porcina personalidad.

—Lo tienes superado, créeme. Ha pasado mucho tiempo.

—¡A lo mejor necesito unos años más! —Alba señaló el bol y se explicó—: Es como con estas palomitas, que en el microondas todas han recibido el mismo calor, pero cada una ha estallado cuando le tocaba hacerlo y no antes.

—¡Tú estallaste hace años, Alba! Le mandaste a la mierda y te fuiste a mil kilómetros de él, no sigas pensando en ese asqueroso porque lo que diga o haga no importa. ¡No tiene ningún control sobre tu vida, no se lo des! Deja de darle vueltas y avanza. —Lidia reanudó la reproducción en el televisor con el mando en una mano y con la otra apuntó a su hermana y fue tajante—: Es así de fácil. Le das al play, vas a la boda y te centras en la boda, no te pones a pensar en otras cosas. Lo disfrutas, te lo pasas genial y al Cerdosupremo ni le mires. Hazlo por ti, que te lo mereces.

Alba se dejó caer a su lado en el sillón, cogió el móvil y abrió la app.

—Está bien. Voy a decirle que sí al loco de los kiwis.

17,30 zł
Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
23 października 2024
Objętość:
271 str. 3 ilustracji
ISBN:
9788413487021
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania: