Czytaj książkę: «Saturnales»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 384

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EUSTAQUIO SÁNCHEZ SALOR .
© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2010.
López de Hoyos, 141 , Madrid.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO455
ISBN 9788424937522
INTRODUCCIÓN
Aunque no hay acuerdo entre los críticos sobre cuál de sus dos grandes obras redactó antes Macrobio, si las Saturnales o el Comentario al «Sueño de Escipión» de Cicerón, lo cierto es que rige en ambas una clara voluntad enciclopedista y compendiaria, y un decidido afán pedagógico. Macrobio se limitó a variar el formato estilístico, y los mismos temas (o similares) que discute ciñéndose al monólogo del árido comentario, los debate igualmente bajo la amena y dinámica hechura del diálogo.
En cualquier caso, Macrobio, tanto en las Saturnales , como en el Comentario, expresa su amor por la Antigüedad romana y su vinculación con el paganismo tradicional.
Como alto funcionario del Estado, Macrobio asiste, desde una atalaya privilegiada, al desplome de la autoridad imperial derrotada por los bárbaros invasores, y al auge y triunfo definitivo de la Iglesia, madre de la nueva civilización. La derrota de Eugenio ante las legiones de Teodosio en la sangrienta batalla del río Frígido el 5 de septiembre del año 394 d. C., y el asedio y posterior saqueo de Roma por los visigodos de Alarico el 24 de agosto del 410 d. C. marcaron trágicamente el final del Imperio y del Paganismo, cuyo vacío de poder terreno y espiritual colmará rápidamente el cristianismo triunfante.
En el campo cristiano se vive un auténtico renacimiento cultural: en Oriente, con grandes escritores como Basilio, Gregorio Nazianceno, Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo; en Occidente, con hombres de acción y de pensamiento como Hilario de Poitiers, Eusebio de Vercelli, Zenón de Verona, Lucífero de Cagliari, o poetas como Prudencio, Ausonio y Paulino de Nola, además de los tres supremos padres, Ambrosio, Jerónimo y Agustín, quienes, aunando de manera indisoluble cristianismo y tradición romana, forjaron la nueva concepción espiritual del mundo.
En el campo pagano, se asiste, como reacción anticristiana, a un renacer de los estudios de gramática y de retórica con gran interés por la erudición anticuaria y la lectura de los clásicos profundizando en su pensamiento. Florecen las escuelas de retórica, las investigaciones filológicas, los comentarios a las obras de los clásicos y el amor por la filosofía, en especial el neoplatonismo. Destacan en Roma el rétor Mario Victorino, el gramático Carisio, el historiador Ammiano Marcelino, el biógrafo Aurelio Víctor, el poeta Claudiano y la figura descollante del gramático y comentarista Elio Donato, cuyos esfuerzos por restaurar el clasicismo secundaron los personajes más conspicuos de la aristrocracia senatorial, como Símaco, Pretextato, Nicómaco Flaviano, Cécina Albino y Rufio Albino, protagonistas todos ellos de las Saturnales, junto con un jovencísimo Servio.
Como bien apostilla Nino MARINONE 1 : «A la exaltación de este ambiente que intentaba hacer revivir un pasado ya caduco para siempre, a la memoria de los últimos hombres que aún podían llamarse “romanos” dedicó Macrobio las Saturnales, una obra cimentada en la gramática, en los estudios literarios y en la indagación erudita, así como en la filosofía. En ella afloran ya sensibles las tendencias alegóricas y astrológicas que se acentúan en Las nupcias de Mercurio y Filología, la bizarra enciclopedia sobre las artes liberales de Marciano Capela: estamos ya en los umbrales del Medievo».
BREVE BIOGRAFÍA Y ELENCO DE OBRAS
Macrobio Ambrosio Teodosio, vir clarissimus et inlustris, vivió a caballo entre los siglos IV-V d.C. No era natural de Italia, sino oriundo de alguna de las provincias más latinizadas del imperio: África, Hispania, o tal vez Egipto. Alcanzó el rango senatorial y en su carrera política llegó a desempeñar las más altas funciones del Estado, como los cargos de vicarius Hispaniarum (399-400), procónsul de África (410) y prefecto del pretorio (430) 2 .
Macrobio es autor de tres obras que se conservan total o parcialmente. En primer lugar, los siete libros de Las Saturnales, un simposio literario, a imitación del Sobre la república de Cicerón, donde, con ocasión de las fiestas saturnales, dialogan algunos invitados importantes sobre temas anticuarios, en especial sobre Virgilio. Se ha transmitido incompleto. En cambio, nos han llegado intactos los dos libros del Comentario al «Sueño de Escipión» de Cicerón, un escrito gracias al cual se ha transmitido el texto ciceroniano objeto del comentario. Por último, un tratado gramatical perdido, Diferencias y similitudes entre el verbo griego y el latino, que sólo se conserva en excerptas de excerptas hechas en la Edad Media 3 . Las dos primeras obras están dedicadas al hijo del autor, Eustacio; su obra gramatical, a un Símaco, que podría ser el hijo del orador de las Saturnales (nacido hacia el 384) o un nieto, que fue cónsul en 485 4 .
LAS «SATURNALES»
Los siete libros de las Saturnales son las supuestas conversaciones mantenidas por una serie de personajes —algunos de rango senatorial elevado— que se reúnen en un banquete para celebrar durante tres días las fiestas de las Saturnales. La obra se ha transmitido incompleta; falta el final del libro II, el comienzo del libro III, la segunda mitad del libro IV, y el final del libro VII.
Datación de las Saturnales
En la cronología absoluta de las obras completas de Macrobio 5 , los partidarios de la datación temprana del nacimiento del autor (350-360 d. C.) sitúan la fecha de composición de Las Saturnales generalmente en el 395 6 , la del Comentario en el decenio anterior 7 , y la del tratado gramatical entre 395 y 400; para los partidarios de la datación tardía del nacimiento (hacia 385-390), Macrobio compondría el tratado gramatical hacia 420-425 y el Comentario y las Saturnales entre 430 y 440. No obstante, tampoco hay total acuerdo en cuanto al orden cronológico de redacción de las obras. H. Georgii 8 , partidario de la datación temprana de Macrobio, data la publicación de los Saturnalia alrededor del 395 y sostiene que el Comentario apareció después, poco antes del 410. También J. Flamant 9 sostiene que el Comentario fue redactado «quelques années après» de las Saturnales, «car la science du Commentaire est bien supérieure à la vague propédeutique qu’on ensegnait dans les écoles» 10 . La misma argumentación sostiene Regali; teniendo en cuenta al destinatario de ambas obras, Eustacio, considera que lo más lógico es pensar que, en la instrucción del hijo, el estudio de la filosofía venga después de las otras disciplinas 11 . Recientemente, Armisen-Marchetti (2001) 12 , partidario de la datación tardía, abunda en la argumentación de Regali: la larga dedicatoria de los Saturnalia (praef. 1-2) hace suponer un joven adolescente en edad de frecuentar la escuela del grammaticus (doce o quince años); en cambio, la dedicatoria del Comentario (I 1, 1, vita mihi dulcedo pariter et gloria) cuadra mejor a un hombre joven, de unos veinte años, en edad de completar con el contenido filosófico de la obra su formación escolar. No obstante, también cuenta con partidarios la hipótesis contraria, formulada hace ya largo tiempo por Wissowa 13 : el Comentario es la obra más temprana, pues en él Macrobio da un tratamiento más amplio a una docena de temas que son comunes a ambas obras, lo cual indica que, cuando escribió las Saturnales , tenía en mente el Comentario y quería evitar repetirse.
El marco ficticio: la fiesta de las Saturnales
Las Saturnales 14 eran una festividad dedicada al dios Saturno. Oficialmente se celebraban el día de la consagración del templo de Saturno en el Foro romano, el 17 de diciembre, con sacrificios y un banquete público festivo. Pero esta fiesta era tan popular, que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete días, del 17 al 23 de diciembre. A finales del siglo I d.C., las autoridades se vieron obligadas a prolongar las vacaciones judiciales definitivamente a cinco días. Probablemente, en sus orígenes, las Saturnales fueron la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo libre para descansar de las tareas diarias.
En las Saturnales la realidad social danzaba dentro de un juego de inversiones, en un carnavalesco mundo al revés: el señor actuaba como esclavo, el esclavo como señor; lo que antes estaba prohibido, se autorizaba en estos días locos; lo que antes era ahorro y contención, ahora estallaba en lujo y derroche. Había además una especie de rey del desgobierno o Saturnalicius princeps 15 . Era la fiesta del caos, el bullicio y la licencia; por eso era la fiesta más popular del calendario; y el 17 de diciembre, «el mejor día» del año, optimus dierum , según Catulo, XIV 15. Durante la festividad, los esclavos tenían libertad para hacer lo que quisieran, e incluso para decir a su señor verdades incómodas. Las apuestas en los juegos de azar, como los dados y las tabas, ilegales el resto del año, estaban permitidas durante estos días de absoluto desgobierno.
Durante las Saturnales, los romanos se intercambiaban regalos, en su origen velas de cera y figuritas de barro (sigillaria) 16 . Luego, por influencia griega, fue habitual regalar a los amigos (o conocidos a los que se debía algún favor prestado) algún pequeño detalle o un regalo en dinero. En ocasiones, el regalo podía esconder alguna broma o sorpresa. Así, Licinio Calvo envió a su amigo Catulo una insufrible colección de poesías contemporáneas como regalo en las fiestas de las Saturnales 17 . Y alguien tan bromista como el emperador Augusto, según Suetonio 18 , lo mismo enviaba a sus amigos regalos suntuosos como objetos absurdos o viejos.
El objetivo de las Saturnales
El propósito aparente e inmediato de Macrobio en las Saturnales es puramente pedagógico: según él mismo precisa en el Prefacio dirigido a su hijo Eustacio, como padre preocupado por la educación de su vástago, quiere poner a disposición de su hijo un conjunto misceláneo de conocimientos que cree que pueden serle muy útiles para completar su formación, estimular la memoria y la inteligencia, entrenar su elocuencia y educar su estilo, al tiempo que le permitan, si fuere necesario, hacer una rápida consulta sobre cualquier cuestión.
No obstante, con interés erudito, lo que Macrobio ambiciona es redactar una suerte de enciclopedia práctica, un compendium que salve del olvido el tesoro de la cultura clásica. Tres amplias secciones, que se presentan unitariamente como un tratado completo de educación, cubren las disciplinas del trivium (gramática, retórica, dialéctica) y del quadrivium (aritmética, música, geometría, astronomía) 19 . Se trata, en definitiva, de una miscelánea de tradiciones y antigüedades paganas, semejante en muchos aspectos a las Noches Áticas de Aulo Gelio, y adopta la forma de una serie de diálogos a semejanza de los diálogos de Platón. El tema central (libros III-VI) es el comentario de las obras de Virgilio, si bien las observaciones de Macrobio nada contribuyen a la crítica literaria virgiliana, pues no atienden a la valoración de los méritos poéticos de Virgilio. En los Saturnalia culmina la tendencia creciente que ve en Virgilio no un gran poeta, sino una autoridad de sabiduría y erudición prodigiosa, omnisciente e infalible. Sus versos son oraculares, porque nunca resultan falsos y porque su significado, a menudo oculto, precisa de la agudeza de un comentarista que lo desvele. Macrobio señala numerosos paralelos entre Homero y Virgilio, así como los préstamos que Virgilio toma de escritores latinos arcaicos. Para los filólogos, buena parte del valor de esta obra reside en que gracias a ella se han preservado muchos fragmentos del poeta Ennio.
En el prefacio de las Saturnales (5-10) podemos encontrar una justificación poética de la tarea llevada a término: Macrobio, inspirándose en Séneca 20 , compara su labor con la de las abejas que, libando el jugo de flores diferentes, elaboran finalmente un producto único de sabor idéntico, pero coherente y refinado.
EL GÉNERO SIMPOSÍACO. LA FORMA DIALOGADA: EL «BANQUETE» DE PLATÓN 21
Pero las Saturnales son algo más que un mero compendio de la sabiduría pagana, ya que demuestran una clara voluntad literaria que la distinguen de una simple enciclopedia. Macrobio organiza todo el material de que dispone dándole la estructura de un diálogo —si bien a base de largos monólogos— entre los diversos participantes de una serie de banquetes que se ofrecen mutuamente ciertas personalidades de la aristocracia romana con motivo de la celebración de las fiestas Saturnales, que tienen lugar del 17 al 19 de diciembre.
Características del simposio platónico
Desde el punto de vista genérico, las Saturnales se encuadran bajo el marbete del simposio literario, género que remonta hasta el Banquete de Platón, obra maestra del género, en la que se encuentran por primera vez las características que quedarán fijadas como rasgos distintivos en el ulterior desarrollo de la literatura simposíaca 22 :
El marco. Una serie de personajes reunidos para celebrar un banquete hablan entre ellos sobre temas diversos.
El narrador. Uno de los personajes invitados no puede asistir, pero hace que uno de los invitados le relate las discusiones.
Los personajes :
| a) | El número : el número de los personajes asistentes es variable, pero tiene unos límites precisos, determinados por el número de las Gracias (tres) y el de las Musas (nueve) 23 . |
| b) | La procedencia : la mayoría de los invitados son personas distinguidas del lugar donde se celebra el banquete, si bien, en el caso de los banquetes literarios de autores romanos, hay siempre participantes que proceden de tierras foráneas, como bárbaros, egipcios o griegos. |
| c) | El perfil cronológico y científico : todos los personajes responden a un perfil establecido. Unos son viejos; otros, jóvenes, y otros de mediana edad. Unos son gramáticos; otros, filósofos o rétores; otros, expertos en teología; otros, literatos, sin que tampoco falte el médico ni el gran conocedor de la Antigüedad. |
| d) | Los papeles fijos : |
1)El anfitrión : papel obligado, ya que alguien tiene que ofrecer el banquete. Se le suele presentar como vanidoso y con ganas de impresionar a los asistentes.
2)El moderador : su papel recae sobre la persona de más prestigio y puede coincidir con el anfitrión. Se encarga de aligerar las tensiones, de conducir y reconducir el diálogo cuando se desvía de los objetivos, y de decir la última palabra.
3)El invitado imprevisto : es el individuo o intruso que se presenta de improviso en el banquete sin que haber sido invitado.
4)El invitado incómodo : coincidente o no con el anterior, se trata del invitado cuya característica más destacada es la de no tener el más mínimo respeto por las reglas elementales de la cortesía: interrumpe las explicaciones de los otros invitados, hace observaciones molestas, preguntas insidiosas y alusiones ofensivas.
5)El bromista : la voluntad de reflejar, en cierto modo, la realidad requería necesariamente la presencia de un invitado bien dotado para la broma y la agudeza.
6)El invitado humillado : es el contrapunto del papel anterior e incluso puede ser su víctima. La humillación se suele traducir en lágrimas o en indignación, e incluso puede provocar que el humillado abandone la reunión.
7)El gran bebedor : suele participar un personaje que no se cansa de beber ni de reclamar una y otra vez más vino en copas cada vez más grandes.
8)Los enamorados : es característico del simposio griego la presencia de una pareja de invitados unidos por vínculos afectivos como reflejo del reconocimiento público de la pederastia en Grecia. La pareja formada por Sócrates y Alcibíades en el Banquete representaba la justificación del subtítulo de la obra: Sobre el amor.
En definitiva, el «banquete» —o symposion — es una forma particular de diálogo platónico, en la que se relatan las conversaciones tenidas en la mesa, desde el momento en que los comensales han acabado de comer y empiezan a beber charlando amigablemente. La mezcla de lo serio y lo ameno o divertido es otro elemento propio del género.
El simposio literario en Grecia y Roma 24
La voluntad de Macrobio de imitar a Platón no admite dudas, ya que el propio Macrobio cita explícitamente a su modelo griego (Sat. I 1, 3). Ahora bien, no se inspira directamente en los diálogos del pensador griego, ya que entre la época de Platón y la de Macrobio, el cultivo del género simposíaco dio abundantes frutos 25 .
Jenofonte nos ha legado el otro «simposio socrático» importante. A diferencia del simposio platónico, aquí se discute más de una sola cuestión, y se ofrecen descripciones de las diversiones que entretienen el banquete. Su simposio se presenta desde el comienzo como continuación de sus apomnemoneúmata ; contiene, es cierto, coloquios, pero no hay ningún verdadero diálogo; no hay tampoco, por ello, un marco de las conversaciones; tampoco se aprecia la composición artística, grandiosa y uniforme, que provoca admiración en el simposio platónico; la defensa de Sócrates, que en el diálogo platónico sólo ocupa una parte del discurso de Alcibíades, aquí lo abarca y domina todas y cada una de las escenas.
Del Simposio de Aristóteles, mencionado por Diógenes Laercio 26 , sólo conocemos un único fragmento transmitido por Ateneo (XV 674f-675a), además de un Escolio a Teócrito 27 que hace referencia al mismo pasaje. Generalmente se identifica esta obra con su diálogo Sobre la ebriedad (Perì méthes).
Académicos y peripatéticos, al igual que Epicuro, se sirvieron de esta forma literaria, como marco propicio para las discusiones filosóficas. Ateneo (V 186e) criticó la falta de arte del Banquete de Epicuro. No obstante, el género simposíaco no se limita al debate filosófico y en su variante de «charlas variadas de mesa» (problémata symposiaká) 28 es utilizado con frecuencia como vehículo para la exposición de enseñanzas misceláneas: Aristóxeno de Tarento (siglo IV a.C.) trata diversas cuestiones musicales en sus Sýmmikta sympotiká (Ateneo, XIV 632 ab); Heraclides de Tarento (fl. circa 75 a.C.) trata, en su Banquete , de los efectos medicinales, terapéuticos y dietéticos de la comida y la bebida (Ateneo, II 64 a); y Dídimo Calcéntero (circa 80-10 a.C.), en sus Sýmmikta symposiaká , aborda cuestiones literarias y anticuarias.
Plutarco de Queronea (circa 50-circa 120 d.C.) se sirve del diálogo como forma literaria con profusión y ambición, combinándola con el ambiente simposíaco al menos en dos obras: los nueve libros de los Simposiakà problémata o Cuestiones convivales (Moralia 46) y el Septem Sapientium Convivium o El banquete de los «Siete Sabios» (Moralia 13) 29 , donde Plutarco retoma el antiquísimo relato popular sobre la vida y las opiniones de los siete sabios localizando el escenario del banquete en la corte de Periandro, tirano de Corinto (625-585 a.C.). El mismo planteamiento, aunque tal vez con intención dramática, sigue Décimo Magno Ausonio (?-circa 395 d.C.) en su Ludus septem sapientium , donde pone en escena a los siete sabios para que expliquen el sentido de las frases que les hicieron famosos. Todavía en la Antigüedad tardía el llamado Convivium Ciceronis 30 , originado en el siglo V a partir de la mezcla de las sentencias del de Demetrio Falereo y del de Sosíades, y más tarde ampliado a partir de Isidoro, la Biblia y Publilio Siro, atestigua la popularidad de la idea de que los Siete Sabios de la Antigüedad expusieron sus opiniones en un banquete 31 .
Ateneo de Náucratis, en Egipto (fl. circa 200 d.C.) 32 , contribuyó también al desarrollo del género simposíaco con su Banquete de los sabios (Deipnosofistas) en quince libros (originalmente quizás treinta), redactado tras la muerte de Cómodo en 192 d.C. Se trata de una abigarrada obra miscelánea, a la que le da forma de banquete, que se prolonga bastantes días, al que asisten numerosos sabios (¡veintinueve!) de diversas tendencias, y que tiene lugar en casa del distinguido romano Larense; para imprimir variedad y dinamismo, Ateneo le da igualmente la forma dialogada al estilo del Banquete platónico, y de este modo un gran número de invitados, que en muchos casos son personajes históricos (por ejemplo, Galeno y Ulpiano de Tiro), exponen cuestiones de filosofía, literatura, jurisprudencia, medicina, etc. Ateneo utilizó la Biblioteca de Alejandría con provecho y nos ha transmitido un valiosísimo arsenal de citas, en especial de la Comedia Media y Nueva, cuyas obras se han perdido: menciona a 1.250 autores, da los títulos de más de 1.000 obras, y cita más de 10.000 versos. Junto con el rétor griego Hermógenes 33 , Ateneo es, sin duda, la principal fuente para conocer la teoría antigua del género simposíaco; ahora bien, mientras la teoría del primero se orienta hacia los simposios de Platón y Jenofonte, la del segundo deriva de Homero 34 .
Según Jerónimo 35 , un joven Lactancio (circa 240-circa 320 d.C.) compuso en África un simposio de contenido erudito, tal vez gramatical, cuando todavía era pagano, pero sólo han sobrevivido sus obras cristianas.
Metodio de Olimpo (?-311 d.C.) 36 , obispo de Filipos de Macedonia, aunque debió pasar gran parte de su vida en Licia, hasta el punto de que se le ha creído por mucho tiempo obispo de Olimpo, pequeña ciudad de Licia, era un hombre de refinada cultura, con buen conocimiento de los clásicos griegos y de Platón, y un excelente teólogo. Como asiduo lector de Platón, a Metodio le gustaba imitar sus Diálogos. De hecho, se han conservado tres tratados suyos, en forma de diálogos: el primero, Aglaofón o sobre la resurrección , reproduce, en tres libros, una disputa que tuvo lugar en casa del médico Aglaofón de Pátara, y en él refuta la doctrina de Orígenes sobre la preexistencia del alma y la resurrección en un cuerpo espiritual (sin la carne) y defiende, en cambio, la identidad del cuerpo humano con el cuerpo resucitado; el segundo, Sobre el libre albedrío , dirigido contra el sistema dualista de los valentinianos y de otros gnósticos, trata de probar que el responsable del mal es el libre albedrío del ser humano; el tercero, El banquete o Sobre la castidad (más conocido como El banquete de las diez vírgenes) , lo concibió como la réplica cristiana a la obra homónima del gran filósofo; en el banquete intervienen diez doncellas que ensalzan la virginidad y sus ventajas. Todas encomian la pureza o castidad como tipo de vida cristiana perfecta y la manera ideal de imitar a Cristo 37 .
En la literatura latina, además de las Saturnales de Macrobio, tenemos noticias de otros simposios «platónicos» perdidos, como el que, según nos informa el comentarista Servio 38 , escribió C. Cilnio Mecenas (?-8 a.C.), un sindeîpnon en el que participaban Virgilio, Horacio, Mesala y otros contemporáneos. El comentarista ciceroniano Quinto Asconio Pediano (9 a.C.-76 d.C.) 39 redactó también un Symposion , donde, al parecer, trataba acerca de los ejercicios físicos de la palestra como promotores de salud y longevidad 40 . Asimismo, algunos fragmentos de Aulo Gelio podrían considerarse igualmente simpóticos, como, por ejemplo, el banquete ofrecido por el filósofo Tauro (Noches áticas VI 13).
Variantes del banquete literario «platónico»
El banquete filosófico serio fue parodiado por la diatriba filosófica popular del cínico Menipo de Gádara (primera mitad del siglo III a.C.) en su Symposion , del que sólo nos ha llegado un breve fragmento transmitido por Ateneo (XIV 629e). Bajo su influjo y modelo 41 , cultivaron esta variante del género simposíaco un buen número de autores griegos y romanos cuyas obras nos permiten conocer las características del simposio menipeo.
El epigramatista Meleagro (fl . 100 a.C.), paisano de Menipo, compuso un simposio, del que Ateneo (XI 502c) nos transmite un breve fragmento, que constata la presencia del gran bebedor, pero no permite afirmar que el amor desempeñara un papel importante como en sus epigramas.
C. Lucilio (siglo II a.C.) recurre varias veces a la forma literaria del banquete en sus Saturae : en el libro V (221-227 Marx) describe un convite en el que participan L. Emilio Paulo y M. Servilio Gémino, equipados con un mixtarius (crátera para mezclar vino y agua) y un urceus («un cántaro»); se pide beber de izquierda a derecha, y hay una riña de esclavos donde uno rompe una escudilla de madera en la crisma de otro; en el libro XXX (1.060-1.077) describe el festín bastante deplorable ofrecido por un tal Trogino (lechos viejos, mesas cojas, alimentos viles como la achicoria, conversación necia, riña, invitado borracho apodado Calix , «el Copa»); en el libro XX Lucilio debió dedicar una satura 42 , conocida por Cicerón (Bruto 160 L.), a describir el banquete ofrecido por un nuevo rico, el pregonero Granio, en honor de Lucio Licinio Craso, tribuno de la plebe: nos han llegado fragmentos donde se describen los suculentos manjares servidos, las conversaciones sostenidas y la crítica a la Lex Calpurnia de pecuniis repetundis , impulsada en 149 a.C. por el tribuno Lucio Calpurnio Pisón Frugi y que establecía un tribunal permanente para tratar de casos de extorsión; en el libro XXVIII se describe un banquete de filósofos en Atenas 43 , al que debió asistir el propio Lucilio, con indicación del orden de ocupación de lechos.
El polifacético Marco Terencio Varrón (116-27 a.C.) es autor de, al menos, tres simposios: describe un banquete en la obra titulada Hydrocyon o Caninum prandium , y asimismo en la sátira menipea titulada Nescis quid vesper serus vehat , sátira que conocemos bien por Aulo Gelio (Noches áticas XIII 11): Varrón brinda consejos para los banquetes (como, por ejemplo, el número y clase de los invitados), la forma en que se ha de conversar en la mesa y los postres. En Agatón Varrón describe un banquete nupcial.
Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C.) contribuye al género simposíaco con una pieza sumamente satírica y de excepcional comicidad, su célebre Cena de Nasidieno (Sátiras II 8), donde un amigo de Horacio, el poeta cómico Fundanio, le describe la ridícula cena ofrecida por un nuevo rico, Nasidieno, a la que asiste Mecenas con tres amigos (Vario, Visco y Fundanio), y dos «sombras» o parásitos. Horacio sigue aquí de cerca la diatriba cínico-estoica contra el lujo.
No obstante, en la literatura romana, la muestra más destacada del simposio satírico es la famosa Cena de Trimalquión , en el Satiricón (XXVI 7-LXXIX 7) de Petronio (?-66 d.C.), donde intervienen catorce comensales junto con el anfitrión, Trimalquión, un liberto enriquecido y grotesco; en ella encontramos evocaciones precisas y burlescas del Banquete de Platón: a) la llegada tardía de Habinnas, borracho, con su acompañamiento podría recordar la de Alcibíades, ebrio también, y sus comastas; b) la entrada, al final, de numerosos esclavos para participar en el festín se puede relacionar con el segundo grupo de comensales que irrumpe en el Banquete de Platón, rompiendo definitivamente el hilo de la conversación; c) el tema del amor pederástico sobre el que versa la obra platónica podría estar bufonescamente recordado mediante la presencia del amado de Trimalquión, el esclavo Creso.
Luciano de Samósata (siglo II d.C.) recurrió al género simposíaco en uno de sus diálogos más genuinamente lucianescos, El banquete o Los Lapitas (Convivium). Ya el doble título recuerda la diatriba satírica «menipea» en la que se inscribe este simposio; en cambio, el relato marco con que arranca el diálogo imita de forma evidente el relato marco platónico: Filón ruega a Lícino que le cuente los pormenores de la riña de filósofos ocurrida durante el banquete nupcial celebrado en casa de Aristéneto, ya que se ha enterado de parte de lo ocurrido gracias a Carino, pero resulta que éste no asistió al banquete, sino que lo que sabe se lo ha oído decir a Diónico, el médico, quien, sin embargo, sólo asistió a la parte final del banquete, por lo que no presenció personalmente toda la riña; Carino, por tanto, recomendó a Filón que, si quería conocer con certeza todos los pormenores, le preguntara a Lícino, quien sí asistió a todo el banquete y presenció personalmente toda la riña. Todo el diálogo lucianesco —parodia del solemne Banquete platónico y del mítico banquete nupcial de Hipodamia, donde tuvo lugar el combate entre lapitas y centauros— es un enérgico ataque, lleno de gracia y humor, contra los filósofos e intelectuales fatuos e hipócritas (frente a la sencillez del pueblo y la auténtica sabiduría, la que predica con el ejemplo de la propia vida).
El emperador Juliano (332-362 d.C.), en El banquete de los Césares , una sátira al estilo de Menipo de Gádara, muestra a los dioses y a los grandes emperadores en un banquete olímpico que Rómulo-Quirino ofrece durante la fiesta de las Saturnales del año 362 d.C., y confronta a los Césares con el tipo de soberano ideal de su tiempo. La mezcla de prosa y verso es un rasgo característico de la sátira menipea.
Paralelamente se desarrolla una variante del simposio, el deîpnon 44 , donde se describe el banquete en sí, su opulencia y sus divertimentos, con fines burlescos y satíricos: en el siglo IV a.C. Filóxeno de Léucade (Ateneo, I 6d; IV 146-147), Hegemón de Tasos (Ateneo, I 5b), y Matrón de Pítane con su Banquete ático (Ateneo, IV 134-137), y a mediados del siglo III a.C. Numenio de Heraclea, y ya en el siglo I a.C. Timárquidas de Lindos en Rodas (Ateneo, I 5a) 45 , escribieron banquetes en verso que parodiaban la alta poesía épica homerizante. Las Epístolas simposíacas de Hipóloco y Linceo de Samos describían, en prosa, lujosos banquetes (Ateneo, IV 128c). Según la Suda, también escribió un libro de epístolas simposíacas un tal Melesermo de Atenas, de datación desconocida, pero que, al parecer, perteneció a la Segunda Sofística. Ateneo menciona asimismo (VI 244a), como autor de un deîpnon en prosa, a un discípulo de Sócrates, Querefonte, de Esfeto en el Ática (siglo V a.C.), si bien se trata más exactamente de una epístola en prosa dirigida al parásito Cirebión. Este tipo de epístola mímica, de corte lucianesco, encontraría imitador, siglos más tarde, en el sofista Alcifrón (siglos II-III d.C.), entre cuyas Epístolas supuestamente escritas por atenienses del siglo IV a.C. (pescadores, agricultores, prostitutas, etc.) también figuran cartas de parásitos, donde se describen pequeñas escenas, en su mayoría cómicas o chuscas, de un banquete, al que el supuesto autor de la epístola ha acudido invitado o no.