Czytaj książkę: «Saturnales»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 384

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EUSTAQUIO SÁNCHEZ SALOR .
© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2010.
López de Hoyos, 141 , Madrid.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO455
ISBN 9788424937522
INTRODUCCIÓN
Aunque no hay acuerdo entre los críticos sobre cuál de sus dos grandes obras redactó antes Macrobio, si las Saturnales o el Comentario al «Sueño de Escipión» de Cicerón, lo cierto es que rige en ambas una clara voluntad enciclopedista y compendiaria, y un decidido afán pedagógico. Macrobio se limitó a variar el formato estilístico, y los mismos temas (o similares) que discute ciñéndose al monólogo del árido comentario, los debate igualmente bajo la amena y dinámica hechura del diálogo.
En cualquier caso, Macrobio, tanto en las Saturnales , como en el Comentario, expresa su amor por la Antigüedad romana y su vinculación con el paganismo tradicional.
Como alto funcionario del Estado, Macrobio asiste, desde una atalaya privilegiada, al desplome de la autoridad imperial derrotada por los bárbaros invasores, y al auge y triunfo definitivo de la Iglesia, madre de la nueva civilización. La derrota de Eugenio ante las legiones de Teodosio en la sangrienta batalla del río Frígido el 5 de septiembre del año 394 d. C., y el asedio y posterior saqueo de Roma por los visigodos de Alarico el 24 de agosto del 410 d. C. marcaron trágicamente el final del Imperio y del Paganismo, cuyo vacío de poder terreno y espiritual colmará rápidamente el cristianismo triunfante.
En el campo cristiano se vive un auténtico renacimiento cultural: en Oriente, con grandes escritores como Basilio, Gregorio Nazianceno, Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo; en Occidente, con hombres de acción y de pensamiento como Hilario de Poitiers, Eusebio de Vercelli, Zenón de Verona, Lucífero de Cagliari, o poetas como Prudencio, Ausonio y Paulino de Nola, además de los tres supremos padres, Ambrosio, Jerónimo y Agustín, quienes, aunando de manera indisoluble cristianismo y tradición romana, forjaron la nueva concepción espiritual del mundo.
En el campo pagano, se asiste, como reacción anticristiana, a un renacer de los estudios de gramática y de retórica con gran interés por la erudición anticuaria y la lectura de los clásicos profundizando en su pensamiento. Florecen las escuelas de retórica, las investigaciones filológicas, los comentarios a las obras de los clásicos y el amor por la filosofía, en especial el neoplatonismo. Destacan en Roma el rétor Mario Victorino, el gramático Carisio, el historiador Ammiano Marcelino, el biógrafo Aurelio Víctor, el poeta Claudiano y la figura descollante del gramático y comentarista Elio Donato, cuyos esfuerzos por restaurar el clasicismo secundaron los personajes más conspicuos de la aristrocracia senatorial, como Símaco, Pretextato, Nicómaco Flaviano, Cécina Albino y Rufio Albino, protagonistas todos ellos de las Saturnales, junto con un jovencísimo Servio.
Como bien apostilla Nino MARINONE 1 : «A la exaltación de este ambiente que intentaba hacer revivir un pasado ya caduco para siempre, a la memoria de los últimos hombres que aún podían llamarse “romanos” dedicó Macrobio las Saturnales, una obra cimentada en la gramática, en los estudios literarios y en la indagación erudita, así como en la filosofía. En ella afloran ya sensibles las tendencias alegóricas y astrológicas que se acentúan en Las nupcias de Mercurio y Filología, la bizarra enciclopedia sobre las artes liberales de Marciano Capela: estamos ya en los umbrales del Medievo».
BREVE BIOGRAFÍA Y ELENCO DE OBRAS
Macrobio Ambrosio Teodosio, vir clarissimus et inlustris, vivió a caballo entre los siglos IV-V d.C. No era natural de Italia, sino oriundo de alguna de las provincias más latinizadas del imperio: África, Hispania, o tal vez Egipto. Alcanzó el rango senatorial y en su carrera política llegó a desempeñar las más altas funciones del Estado, como los cargos de vicarius Hispaniarum (399-400), procónsul de África (410) y prefecto del pretorio (430) 2 .
Macrobio es autor de tres obras que se conservan total o parcialmente. En primer lugar, los siete libros de Las Saturnales, un simposio literario, a imitación del Sobre la república de Cicerón, donde, con ocasión de las fiestas saturnales, dialogan algunos invitados importantes sobre temas anticuarios, en especial sobre Virgilio. Se ha transmitido incompleto. En cambio, nos han llegado intactos los dos libros del Comentario al «Sueño de Escipión» de Cicerón, un escrito gracias al cual se ha transmitido el texto ciceroniano objeto del comentario. Por último, un tratado gramatical perdido, Diferencias y similitudes entre el verbo griego y el latino, que sólo se conserva en excerptas de excerptas hechas en la Edad Media 3 . Las dos primeras obras están dedicadas al hijo del autor, Eustacio; su obra gramatical, a un Símaco, que podría ser el hijo del orador de las Saturnales (nacido hacia el 384) o un nieto, que fue cónsul en 485 4 .
LAS «SATURNALES»
Los siete libros de las Saturnales son las supuestas conversaciones mantenidas por una serie de personajes —algunos de rango senatorial elevado— que se reúnen en un banquete para celebrar durante tres días las fiestas de las Saturnales. La obra se ha transmitido incompleta; falta el final del libro II, el comienzo del libro III, la segunda mitad del libro IV, y el final del libro VII.
Datación de las Saturnales
En la cronología absoluta de las obras completas de Macrobio 5 , los partidarios de la datación temprana del nacimiento del autor (350-360 d. C.) sitúan la fecha de composición de Las Saturnales generalmente en el 395 6 , la del Comentario en el decenio anterior 7 , y la del tratado gramatical entre 395 y 400; para los partidarios de la datación tardía del nacimiento (hacia 385-390), Macrobio compondría el tratado gramatical hacia 420-425 y el Comentario y las Saturnales entre 430 y 440. No obstante, tampoco hay total acuerdo en cuanto al orden cronológico de redacción de las obras. H. Georgii 8 , partidario de la datación temprana de Macrobio, data la publicación de los Saturnalia alrededor del 395 y sostiene que el Comentario apareció después, poco antes del 410. También J. Flamant 9 sostiene que el Comentario fue redactado «quelques années après» de las Saturnales, «car la science du Commentaire est bien supérieure à la vague propédeutique qu’on ensegnait dans les écoles» 10 . La misma argumentación sostiene Regali; teniendo en cuenta al destinatario de ambas obras, Eustacio, considera que lo más lógico es pensar que, en la instrucción del hijo, el estudio de la filosofía venga después de las otras disciplinas 11 . Recientemente, Armisen-Marchetti (2001) 12 , partidario de la datación tardía, abunda en la argumentación de Regali: la larga dedicatoria de los Saturnalia (praef. 1-2) hace suponer un joven adolescente en edad de frecuentar la escuela del grammaticus (doce o quince años); en cambio, la dedicatoria del Comentario (I 1, 1, vita mihi dulcedo pariter et gloria) cuadra mejor a un hombre joven, de unos veinte años, en edad de completar con el contenido filosófico de la obra su formación escolar. No obstante, también cuenta con partidarios la hipótesis contraria, formulada hace ya largo tiempo por Wissowa 13 : el Comentario es la obra más temprana, pues en él Macrobio da un tratamiento más amplio a una docena de temas que son comunes a ambas obras, lo cual indica que, cuando escribió las Saturnales , tenía en mente el Comentario y quería evitar repetirse.
El marco ficticio: la fiesta de las Saturnales
Las Saturnales 14 eran una festividad dedicada al dios Saturno. Oficialmente se celebraban el día de la consagración del templo de Saturno en el Foro romano, el 17 de diciembre, con sacrificios y un banquete público festivo. Pero esta fiesta era tan popular, que de forma no oficial se festejaba a lo largo de siete días, del 17 al 23 de diciembre. A finales del siglo I d.C., las autoridades se vieron obligadas a prolongar las vacaciones judiciales definitivamente a cinco días. Probablemente, en sus orígenes, las Saturnales fueron la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo libre para descansar de las tareas diarias.
En las Saturnales la realidad social danzaba dentro de un juego de inversiones, en un carnavalesco mundo al revés: el señor actuaba como esclavo, el esclavo como señor; lo que antes estaba prohibido, se autorizaba en estos días locos; lo que antes era ahorro y contención, ahora estallaba en lujo y derroche. Había además una especie de rey del desgobierno o Saturnalicius princeps 15 . Era la fiesta del caos, el bullicio y la licencia; por eso era la fiesta más popular del calendario; y el 17 de diciembre, «el mejor día» del año, optimus dierum , según Catulo, XIV 15. Durante la festividad, los esclavos tenían libertad para hacer lo que quisieran, e incluso para decir a su señor verdades incómodas. Las apuestas en los juegos de azar, como los dados y las tabas, ilegales el resto del año, estaban permitidas durante estos días de absoluto desgobierno.
Durante las Saturnales, los romanos se intercambiaban regalos, en su origen velas de cera y figuritas de barro (sigillaria) 16 . Luego, por influencia griega, fue habitual regalar a los amigos (o conocidos a los que se debía algún favor prestado) algún pequeño detalle o un regalo en dinero. En ocasiones, el regalo podía esconder alguna broma o sorpresa. Así, Licinio Calvo envió a su amigo Catulo una insufrible colección de poesías contemporáneas como regalo en las fiestas de las Saturnales 17 . Y alguien tan bromista como el emperador Augusto, según Suetonio 18 , lo mismo enviaba a sus amigos regalos suntuosos como objetos absurdos o viejos.
El objetivo de las Saturnales
El propósito aparente e inmediato de Macrobio en las Saturnales es puramente pedagógico: según él mismo precisa en el Prefacio dirigido a su hijo Eustacio, como padre preocupado por la educación de su vástago, quiere poner a disposición de su hijo un conjunto misceláneo de conocimientos que cree que pueden serle muy útiles para completar su formación, estimular la memoria y la inteligencia, entrenar su elocuencia y educar su estilo, al tiempo que le permitan, si fuere necesario, hacer una rápida consulta sobre cualquier cuestión.
No obstante, con interés erudito, lo que Macrobio ambiciona es redactar una suerte de enciclopedia práctica, un compendium que salve del olvido el tesoro de la cultura clásica. Tres amplias secciones, que se presentan unitariamente como un tratado completo de educación, cubren las disciplinas del trivium (gramática, retórica, dialéctica) y del quadrivium (aritmética, música, geometría, astronomía) 19 . Se trata, en definitiva, de una miscelánea de tradiciones y antigüedades paganas, semejante en muchos aspectos a las Noches Áticas de Aulo Gelio, y adopta la forma de una serie de diálogos a semejanza de los diálogos de Platón. El tema central (libros III-VI) es el comentario de las obras de Virgilio, si bien las observaciones de Macrobio nada contribuyen a la crítica literaria virgiliana, pues no atienden a la valoración de los méritos poéticos de Virgilio. En los Saturnalia culmina la tendencia creciente que ve en Virgilio no un gran poeta, sino una autoridad de sabiduría y erudición prodigiosa, omnisciente e infalible. Sus versos son oraculares, porque nunca resultan falsos y porque su significado, a menudo oculto, precisa de la agudeza de un comentarista que lo desvele. Macrobio señala numerosos paralelos entre Homero y Virgilio, así como los préstamos que Virgilio toma de escritores latinos arcaicos. Para los filólogos, buena parte del valor de esta obra reside en que gracias a ella se han preservado muchos fragmentos del poeta Ennio.
En el prefacio de las Saturnales (5-10) podemos encontrar una justificación poética de la tarea llevada a término: Macrobio, inspirándose en Séneca 20 , compara su labor con la de las abejas que, libando el jugo de flores diferentes, elaboran finalmente un producto único de sabor idéntico, pero coherente y refinado.
EL GÉNERO SIMPOSÍACO. LA FORMA DIALOGADA: EL «BANQUETE» DE PLATÓN 21
Pero las Saturnales son algo más que un mero compendio de la sabiduría pagana, ya que demuestran una clara voluntad literaria que la distinguen de una simple enciclopedia. Macrobio organiza todo el material de que dispone dándole la estructura de un diálogo —si bien a base de largos monólogos— entre los diversos participantes de una serie de banquetes que se ofrecen mutuamente ciertas personalidades de la aristocracia romana con motivo de la celebración de las fiestas Saturnales, que tienen lugar del 17 al 19 de diciembre.
Características del simposio platónico
Desde el punto de vista genérico, las Saturnales se encuadran bajo el marbete del simposio literario, género que remonta hasta el Banquete de Platón, obra maestra del género, en la que se encuentran por primera vez las características que quedarán fijadas como rasgos distintivos en el ulterior desarrollo de la literatura simposíaca 22 :
El marco. Una serie de personajes reunidos para celebrar un banquete hablan entre ellos sobre temas diversos.
El narrador. Uno de los personajes invitados no puede asistir, pero hace que uno de los invitados le relate las discusiones.
Los personajes :
| a) | El número : el número de los personajes asistentes es variable, pero tiene unos límites precisos, determinados por el número de las Gracias (tres) y el de las Musas (nueve) 23 . |
| b) | La procedencia : la mayoría de los invitados son personas distinguidas del lugar donde se celebra el banquete, si bien, en el caso de los banquetes literarios de autores romanos, hay siempre participantes que proceden de tierras foráneas, como bárbaros, egipcios o griegos. |
| c) | El perfil cronológico y científico : todos los personajes responden a un perfil establecido. Unos son viejos; otros, jóvenes, y otros de mediana edad. Unos son gramáticos; otros, filósofos o rétores; otros, expertos en teología; otros, literatos, sin que tampoco falte el médico ni el gran conocedor de la Antigüedad. |
| d) | Los papeles fijos : |
1)El anfitrión : papel obligado, ya que alguien tiene que ofrecer el banquete. Se le suele presentar como vanidoso y con ganas de impresionar a los asistentes.
2)El moderador : su papel recae sobre la persona de más prestigio y puede coincidir con el anfitrión. Se encarga de aligerar las tensiones, de conducir y reconducir el diálogo cuando se desvía de los objetivos, y de decir la última palabra.
3)El invitado imprevisto : es el individuo o intruso que se presenta de improviso en el banquete sin que haber sido invitado.
4)El invitado incómodo : coincidente o no con el anterior, se trata del invitado cuya característica más destacada es la de no tener el más mínimo respeto por las reglas elementales de la cortesía: interrumpe las explicaciones de los otros invitados, hace observaciones molestas, preguntas insidiosas y alusiones ofensivas.
5)El bromista : la voluntad de reflejar, en cierto modo, la realidad requería necesariamente la presencia de un invitado bien dotado para la broma y la agudeza.
6)El invitado humillado : es el contrapunto del papel anterior e incluso puede ser su víctima. La humillación se suele traducir en lágrimas o en indignación, e incluso puede provocar que el humillado abandone la reunión.
7)El gran bebedor : suele participar un personaje que no se cansa de beber ni de reclamar una y otra vez más vino en copas cada vez más grandes.
8)Los enamorados : es característico del simposio griego la presencia de una pareja de invitados unidos por vínculos afectivos como reflejo del reconocimiento público de la pederastia en Grecia. La pareja formada por Sócrates y Alcibíades en el Banquete representaba la justificación del subtítulo de la obra: Sobre el amor.
En definitiva, el «banquete» —o symposion — es una forma particular de diálogo platónico, en la que se relatan las conversaciones tenidas en la mesa, desde el momento en que los comensales han acabado de comer y empiezan a beber charlando amigablemente. La mezcla de lo serio y lo ameno o divertido es otro elemento propio del género.
El simposio literario en Grecia y Roma 24
La voluntad de Macrobio de imitar a Platón no admite dudas, ya que el propio Macrobio cita explícitamente a su modelo griego (Sat. I 1, 3). Ahora bien, no se inspira directamente en los diálogos del pensador griego, ya que entre la época de Platón y la de Macrobio, el cultivo del género simposíaco dio abundantes frutos 25 .
Jenofonte nos ha legado el otro «simposio socrático» importante. A diferencia del simposio platónico, aquí se discute más de una sola cuestión, y se ofrecen descripciones de las diversiones que entretienen el banquete. Su simposio se presenta desde el comienzo como continuación de sus apomnemoneúmata ; contiene, es cierto, coloquios, pero no hay ningún verdadero diálogo; no hay tampoco, por ello, un marco de las conversaciones; tampoco se aprecia la composición artística, grandiosa y uniforme, que provoca admiración en el simposio platónico; la defensa de Sócrates, que en el diálogo platónico sólo ocupa una parte del discurso de Alcibíades, aquí lo abarca y domina todas y cada una de las escenas.
Del Simposio de Aristóteles, mencionado por Diógenes Laercio 26 , sólo conocemos un único fragmento transmitido por Ateneo (XV 674f-675a), además de un Escolio a Teócrito 27 que hace referencia al mismo pasaje. Generalmente se identifica esta obra con su diálogo Sobre la ebriedad (Perì méthes).
Académicos y peripatéticos, al igual que Epicuro, se sirvieron de esta forma literaria, como marco propicio para las discusiones filosóficas. Ateneo (V 186e) criticó la falta de arte del Banquete de Epicuro. No obstante, el género simposíaco no se limita al debate filosófico y en su variante de «charlas variadas de mesa» (problémata symposiaká) 28 es utilizado con frecuencia como vehículo para la exposición de enseñanzas misceláneas: Aristóxeno de Tarento (siglo IV a.C.) trata diversas cuestiones musicales en sus Sýmmikta sympotiká (Ateneo, XIV 632 ab); Heraclides de Tarento (fl. circa 75 a.C.) trata, en su Banquete , de los efectos medicinales, terapéuticos y dietéticos de la comida y la bebida (Ateneo, II 64 a); y Dídimo Calcéntero (circa 80-10 a.C.), en sus Sýmmikta symposiaká , aborda cuestiones literarias y anticuarias.
Plutarco de Queronea (circa 50-circa 120 d.C.) se sirve del diálogo como forma literaria con profusión y ambición, combinándola con el ambiente simposíaco al menos en dos obras: los nueve libros de los Simposiakà problémata o Cuestiones convivales (Moralia 46) y el Septem Sapientium Convivium o El banquete de los «Siete Sabios» (Moralia 13) 29 , donde Plutarco retoma el antiquísimo relato popular sobre la vida y las opiniones de los siete sabios localizando el escenario del banquete en la corte de Periandro, tirano de Corinto (625-585 a.C.). El mismo planteamiento, aunque tal vez con intención dramática, sigue Décimo Magno Ausonio (?-circa 395 d.C.) en su Ludus septem sapientium , donde pone en escena a los siete sabios para que expliquen el sentido de las frases que les hicieron famosos. Todavía en la Antigüedad tardía el llamado Convivium Ciceronis 30 , originado en el siglo V a partir de la mezcla de las sentencias del de Demetrio Falereo y del de Sosíades, y más tarde ampliado a partir de Isidoro, la Biblia y Publilio Siro, atestigua la popularidad de la idea de que los Siete Sabios de la Antigüedad expusieron sus opiniones en un banquete 31 .
Ateneo de Náucratis, en Egipto (fl. circa 200 d.C.) 32 , contribuyó también al desarrollo del género simposíaco con su Banquete de los sabios (Deipnosofistas) en quince libros (originalmente quizás treinta), redactado tras la muerte de Cómodo en 192 d.C. Se trata de una abigarrada obra miscelánea, a la que le da forma de banquete, que se prolonga bastantes días, al que asisten numerosos sabios (¡veintinueve!) de diversas tendencias, y que tiene lugar en casa del distinguido romano Larense; para imprimir variedad y dinamismo, Ateneo le da igualmente la forma dialogada al estilo del Banquete platónico, y de este modo un gran número de invitados, que en muchos casos son personajes históricos (por ejemplo, Galeno y Ulpiano de Tiro), exponen cuestiones de filosofía, literatura, jurisprudencia, medicina, etc. Ateneo utilizó la Biblioteca de Alejandría con provecho y nos ha transmitido un valiosísimo arsenal de citas, en especial de la Comedia Media y Nueva, cuyas obras se han perdido: menciona a 1.250 autores, da los títulos de más de 1.000 obras, y cita más de 10.000 versos. Junto con el rétor griego Hermógenes 33 , Ateneo es, sin duda, la principal fuente para conocer la teoría antigua del género simposíaco; ahora bien, mientras la teoría del primero se orienta hacia los simposios de Platón y Jenofonte, la del segundo deriva de Homero 34 .
Según Jerónimo 35 , un joven Lactancio (circa 240-circa 320 d.C.) compuso en África un simposio de contenido erudito, tal vez gramatical, cuando todavía era pagano, pero sólo han sobrevivido sus obras cristianas.
Metodio de Olimpo (?-311 d.C.) 36 , obispo de Filipos de Macedonia, aunque debió pasar gran parte de su vida en Licia, hasta el punto de que se le ha creído por mucho tiempo obispo de Olimpo, pequeña ciudad de Licia, era un hombre de refinada cultura, con buen conocimiento de los clásicos griegos y de Platón, y un excelente teólogo. Como asiduo lector de Platón, a Metodio le gustaba imitar sus Diálogos. De hecho, se han conservado tres tratados suyos, en forma de diálogos: el primero, Aglaofón o sobre la resurrección , reproduce, en tres libros, una disputa que tuvo lugar en casa del médico Aglaofón de Pátara, y en él refuta la doctrina de Orígenes sobre la preexistencia del alma y la resurrección en un cuerpo espiritual (sin la carne) y defiende, en cambio, la identidad del cuerpo humano con el cuerpo resucitado; el segundo, Sobre el libre albedrío , dirigido contra el sistema dualista de los valentinianos y de otros gnósticos, trata de probar que el responsable del mal es el libre albedrío del ser humano; el tercero, El banquete o Sobre la castidad (más conocido como El banquete de las diez vírgenes) , lo concibió como la réplica cristiana a la obra homónima del gran filósofo; en el banquete intervienen diez doncellas que ensalzan la virginidad y sus ventajas. Todas encomian la pureza o castidad como tipo de vida cristiana perfecta y la manera ideal de imitar a Cristo 37 .
En la literatura latina, además de las Saturnales de Macrobio, tenemos noticias de otros simposios «platónicos» perdidos, como el que, según nos informa el comentarista Servio 38 , escribió C. Cilnio Mecenas (?-8 a.C.), un sindeîpnon en el que participaban Virgilio, Horacio, Mesala y otros contemporáneos. El comentarista ciceroniano Quinto Asconio Pediano (9 a.C.-76 d.C.) 39 redactó también un Symposion , donde, al parecer, trataba acerca de los ejercicios físicos de la palestra como promotores de salud y longevidad 40 . Asimismo, algunos fragmentos de Aulo Gelio podrían considerarse igualmente simpóticos, como, por ejemplo, el banquete ofrecido por el filósofo Tauro (Noches áticas VI 13).
Variantes del banquete literario «platónico»
El banquete filosófico serio fue parodiado por la diatriba filosófica popular del cínico Menipo de Gádara (primera mitad del siglo III a.C.) en su Symposion , del que sólo nos ha llegado un breve fragmento transmitido por Ateneo (XIV 629e). Bajo su influjo y modelo 41 , cultivaron esta variante del género simposíaco un buen número de autores griegos y romanos cuyas obras nos permiten conocer las características del simposio menipeo.
El epigramatista Meleagro (fl . 100 a.C.), paisano de Menipo, compuso un simposio, del que Ateneo (XI 502c) nos transmite un breve fragmento, que constata la presencia del gran bebedor, pero no permite afirmar que el amor desempeñara un papel importante como en sus epigramas.
C. Lucilio (siglo II a.C.) recurre varias veces a la forma literaria del banquete en sus Saturae : en el libro V (221-227 Marx) describe un convite en el que participan L. Emilio Paulo y M. Servilio Gémino, equipados con un mixtarius (crátera para mezclar vino y agua) y un urceus («un cántaro»); se pide beber de izquierda a derecha, y hay una riña de esclavos donde uno rompe una escudilla de madera en la crisma de otro; en el libro XXX (1.060-1.077) describe el festín bastante deplorable ofrecido por un tal Trogino (lechos viejos, mesas cojas, alimentos viles como la achicoria, conversación necia, riña, invitado borracho apodado Calix , «el Copa»); en el libro XX Lucilio debió dedicar una satura 42 , conocida por Cicerón (Bruto 160 L.), a describir el banquete ofrecido por un nuevo rico, el pregonero Granio, en honor de Lucio Licinio Craso, tribuno de la plebe: nos han llegado fragmentos donde se describen los suculentos manjares servidos, las conversaciones sostenidas y la crítica a la Lex Calpurnia de pecuniis repetundis , impulsada en 149 a.C. por el tribuno Lucio Calpurnio Pisón Frugi y que establecía un tribunal permanente para tratar de casos de extorsión; en el libro XXVIII se describe un banquete de filósofos en Atenas 43 , al que debió asistir el propio Lucilio, con indicación del orden de ocupación de lechos.
El polifacético Marco Terencio Varrón (116-27 a.C.) es autor de, al menos, tres simposios: describe un banquete en la obra titulada Hydrocyon o Caninum prandium , y asimismo en la sátira menipea titulada Nescis quid vesper serus vehat , sátira que conocemos bien por Aulo Gelio (Noches áticas XIII 11): Varrón brinda consejos para los banquetes (como, por ejemplo, el número y clase de los invitados), la forma en que se ha de conversar en la mesa y los postres. En Agatón Varrón describe un banquete nupcial.
Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C.) contribuye al género simposíaco con una pieza sumamente satírica y de excepcional comicidad, su célebre Cena de Nasidieno (Sátiras II 8), donde un amigo de Horacio, el poeta cómico Fundanio, le describe la ridícula cena ofrecida por un nuevo rico, Nasidieno, a la que asiste Mecenas con tres amigos (Vario, Visco y Fundanio), y dos «sombras» o parásitos. Horacio sigue aquí de cerca la diatriba cínico-estoica contra el lujo.
No obstante, en la literatura romana, la muestra más destacada del simposio satírico es la famosa Cena de Trimalquión , en el Satiricón (XXVI 7-LXXIX 7) de Petronio (?-66 d.C.), donde intervienen catorce comensales junto con el anfitrión, Trimalquión, un liberto enriquecido y grotesco; en ella encontramos evocaciones precisas y burlescas del Banquete de Platón: a) la llegada tardía de Habinnas, borracho, con su acompañamiento podría recordar la de Alcibíades, ebrio también, y sus comastas; b) la entrada, al final, de numerosos esclavos para participar en el festín se puede relacionar con el segundo grupo de comensales que irrumpe en el Banquete de Platón, rompiendo definitivamente el hilo de la conversación; c) el tema del amor pederástico sobre el que versa la obra platónica podría estar bufonescamente recordado mediante la presencia del amado de Trimalquión, el esclavo Creso.
Luciano de Samósata (siglo II d.C.) recurrió al género simposíaco en uno de sus diálogos más genuinamente lucianescos, El banquete o Los Lapitas (Convivium). Ya el doble título recuerda la diatriba satírica «menipea» en la que se inscribe este simposio; en cambio, el relato marco con que arranca el diálogo imita de forma evidente el relato marco platónico: Filón ruega a Lícino que le cuente los pormenores de la riña de filósofos ocurrida durante el banquete nupcial celebrado en casa de Aristéneto, ya que se ha enterado de parte de lo ocurrido gracias a Carino, pero resulta que éste no asistió al banquete, sino que lo que sabe se lo ha oído decir a Diónico, el médico, quien, sin embargo, sólo asistió a la parte final del banquete, por lo que no presenció personalmente toda la riña; Carino, por tanto, recomendó a Filón que, si quería conocer con certeza todos los pormenores, le preguntara a Lícino, quien sí asistió a todo el banquete y presenció personalmente toda la riña. Todo el diálogo lucianesco —parodia del solemne Banquete platónico y del mítico banquete nupcial de Hipodamia, donde tuvo lugar el combate entre lapitas y centauros— es un enérgico ataque, lleno de gracia y humor, contra los filósofos e intelectuales fatuos e hipócritas (frente a la sencillez del pueblo y la auténtica sabiduría, la que predica con el ejemplo de la propia vida).
El emperador Juliano (332-362 d.C.), en El banquete de los Césares , una sátira al estilo de Menipo de Gádara, muestra a los dioses y a los grandes emperadores en un banquete olímpico que Rómulo-Quirino ofrece durante la fiesta de las Saturnales del año 362 d.C., y confronta a los Césares con el tipo de soberano ideal de su tiempo. La mezcla de prosa y verso es un rasgo característico de la sátira menipea.
Paralelamente se desarrolla una variante del simposio, el deîpnon 44 , donde se describe el banquete en sí, su opulencia y sus divertimentos, con fines burlescos y satíricos: en el siglo IV a.C. Filóxeno de Léucade (Ateneo, I 6d; IV 146-147), Hegemón de Tasos (Ateneo, I 5b), y Matrón de Pítane con su Banquete ático (Ateneo, IV 134-137), y a mediados del siglo III a.C. Numenio de Heraclea, y ya en el siglo I a.C. Timárquidas de Lindos en Rodas (Ateneo, I 5a) 45 , escribieron banquetes en verso que parodiaban la alta poesía épica homerizante. Las Epístolas simposíacas de Hipóloco y Linceo de Samos describían, en prosa, lujosos banquetes (Ateneo, IV 128c). Según la Suda, también escribió un libro de epístolas simposíacas un tal Melesermo de Atenas, de datación desconocida, pero que, al parecer, perteneció a la Segunda Sofística. Ateneo menciona asimismo (VI 244a), como autor de un deîpnon en prosa, a un discípulo de Sócrates, Querefonte, de Esfeto en el Ática (siglo V a.C.), si bien se trata más exactamente de una epístola en prosa dirigida al parásito Cirebión. Este tipo de epístola mímica, de corte lucianesco, encontraría imitador, siglos más tarde, en el sofista Alcifrón (siglos II-III d.C.), entre cuyas Epístolas supuestamente escritas por atenienses del siglo IV a.C. (pescadores, agricultores, prostitutas, etc.) también figuran cartas de parásitos, donde se describen pequeñas escenas, en su mayoría cómicas o chuscas, de un banquete, al que el supuesto autor de la epístola ha acudido invitado o no.
Ateneo (IV 156d-158a) nos ha transmitido igualmente un deîpnon que no tiene nada que ver con los anteriores, obra de un tal Parmenisco, titulado tôn kynikôn deîpnon («El festín de los cínicos»). En una epístola a Molpis el autor nos relata algo de un banquete bastante modesto en casa de un tal Cebes de Cízico, al que asisten nueve cínicos y dos prostitutas. Aunque no faltan discursos directos de los invitados, se hecha, no obstante, de menos una epídeixis sophías directa y un diálogo formal. Por eso, aunque se detectan influencias de la literatura simposíaca, esta epístola no puede ser calificada como un symposion.
En conexión con los deîpna , Diógenes Laercio menciona dos perideîpna o banquetes fúnebres: el Plátonos perideîpnon o «El banquete fúnebre de Platón» (III 2) del filósofo académico Espeusipo (circa 407-339 a.C.), y el Arkesiláou perideîpnon o «El banquete fúnebre de Arcesilao» (IX 115 [IX 12, 6]), del filósofo escéptico Timón de Fliunte (circa 320-230 a.C.). Pero el perideîpnon era justamente un encomio de los muertos, un epitáphios 46 ; no guarda, pues, ninguna relación con el deîpnon y menos aún con el Symposion ; de hecho, un perideîpnon es un solo y único discurso, y se trata, por tanto, de una nueva rama de la literatura simposíaca creada por Espeusipo, el sobrino de Platón y su sucesor al frente de la Academia.
Características formales de las Saturnales
Macrobio asumió y aplicó las características platónicas del género simposíaco, si bien con matices. A grandes rasgos, el marco de las Saturnales no diverge apenas del tradicional, salvo que en realidad se celebran tres banquetes en vez de uno, ya que la acción se desarrolla durante tres días; además, hay una vigilia y en cada jornada, según explica el narrador 47 , la mañana se reservó para el debate de las cuestiones más serias, y luego, la comida (cena) hacia las 14:00 horas 48 , y el resto de la jornada, durante la cual, tras las libaciones, entrada la tarde, se sirvió el postre (secundae mensae) , se dedicó a temas menos serios y más lúdicos.
Además, aunque las Saturnales toman la forma de un diálogo, no se acomodan exactamente a la mayoría de los diálogos platónicos, pues les falta el vigor y la vivacidad de éstos, sino que Macrobio tiene presente el modelo de los diálogos de Cicerón: las Tusculanas , las Leyes , el Catón el Viejo , o el Lelio. Incluso la justificación pedagógica del prefacio de las Saturnales recuerda mucho a la de Cicerón en el prefacio de Los deberes , obra dirigida a su hijo. Pero, en particular, Macrobio tiene presente la República de Cicerón, diálogo que le debía ser más familiar que ningún otro puesto que le había dedicado un comentario. Tampoco hay que descartar la posible influencia ejercida por algunos de los diálogos de Séneca, como el De la vida bienaventurada , el De la ira o el De la providencia , ni la notable coincidencia que podemos hallar entre las Saturnales y los Diálogos de Sulpicio Severo, contemporáneo de Macrobio.
LOS PERSONAJES HISTÓRICOS DE LAS «SATURNALES» 49
Doce personajes (ocho romanos, tres griegos y un egipcio) participan en los banquetes de las Saturnales , número simbólico que resulta de la suma del número de las Musas y el de las Gracias 50 . Tres personajes sobresalen entre los demás como representantes de la aristocracia pagana: Pretextato, Nicómaco y Símaco. Dos personajes sólo aparecen en el Prólogo para introducir el diálogo conforme a las leyes del género: Decio Albino y Rufio Postumiano.
Tal como en el Banquete de Platón Apolodoro, a demanda de Glaucón, narra el banquete de Agatón, siguiendo, a su vez, el relato de Aristodemo 51 , del mismo modo en Macrobio, en exacta correspondencia, Postumiano, a pregunta de Decio, expone en enero del año siguiente los temas tratados semanas atrás durante los banquetes de las Saturnales , en los cuales no participó pero de los cuales tiene un relato exacto que le hizo Eusebio el 23 de diciembre. Por tanto, el tratado entero hay que imaginarlo como un relato puesto en boca de Postumiano (= Apolodoro), que Decio (= Glaucón) se limita a escuchar, pero del que Apolodoro no es testigo directo, sino una tercera persona que se lo ha relatado, Eusebio (= Aristodemo) 52 .
Rufio Postumiano, famoso abogado, era nieto de Rufio Volusiano, cónsul por segunda vez en 314 d.C. 53 . Aparece mencionado en el epistolario de Símaco como miembro de la embajada nombrada en 395 y enviada a la corte imperial para solicitar ayuda con ocasión de una grave carestía 54 . Se le describe como un abogado responsable, tan volcado en las causas judiciales de sus clientes que incluso durante las Saturnales tiene que trabajar, lo que le obliga a declinar la invitación a los banquetes de sus amigos, enviando en su lugar al rétor griego Eusebio.
Cécina Decio Albino fue consular de Numidia, gobernador de Campania (397-398), cuestor en 399 y prefecto de Roma en 401-402 55 . Era hijo de Cécina Albino, uno de los interlocutores de la obra 56 , y debía de tener entre quince y veinte años en el momento del diálogo.
Ni Postumiano ni Decio participan en los banquetes; se limitan a dar forma al diálogo introductorio o diálogo marco, que es un elemento estructural recurrente y preceptivo en las obras simposíacas. Los verdaderos participantes son doce, y se van incorporando poco a poco al banquete en grupos de tres en tres. La celebración de las fiestas en honor de Saturno comienza la víspera, es decir, el 16 de diciembre, en casa de Pretextato, donde se encuentran de visita Rufio Albino y Avieno. A este primer grupo de tres personas se unen hacia la tarde Símaco, Cécina Albino y Servio. A todos ellos se unen a la mañana del día siguiente, 17 de diciembre, Flaviano, Eustacio y Eusebio (en sustitución de Postumiano), y posteriormente, sin haber sido invitados, Evángelo, Disario y Horo. En el transcurso de la obra se celebran tres banquetes: el día 17 en casa de Pretextato, el 18 en la de Flaviano y el día 19 en la de Símaco. A continuación se ofrece un estudio pormenorizado de los doce verdaderos participantes, presentados por grupos de tres en tres según su orden de aparición.
Primer grupo
VETIO AGORIO PRETEXTATO , nacido en torno al año 310 y muerto hacia finales del 384, cuando era cónsul designado para el año siguiente, era un destacado miembro de la nobleza senatorial romana y un gran defensor del paganismo. El anfitrión de la primera jornada es, por tanto, el contertulio de más edad, pues tenía cerca de setenta y cuatro años en la fecha ficticia del diálogo (383), muy próxima a su muerte. Ejerció las más altas magistraturas: procónsul de Asia y de Acaya, prefecto de Roma en 367-368, año del conflicto entre los dos papas, Dámaso y Ursino, en el que intervino con imparcialidad; prefecto del Pretorio de Iliria, de Italia y de África en 384, y cónsul designado en el año de su muerte. Enemigo acérrimo del cristianismo, se ocupó de la restauración del culto pagano y desempeñó igualmente numerosos cargos religiosos, tanto dentro de la mayoría de los colegios sacerdotales (augur, curial de Hércules, pontífice del Sol y de Vesta, quindecemvir sacris faciundis) , como vinculados a los grandes cultos orientales, como Serapis (neocorus) , la Gran Madre (tauroboliatus) , Mitra (pater sacrorum) y la infernal Héctate (hierofante, esto es, sacerdote que iniciaba en los misterios) 57 . No resulta nada extraño que Macrobio ponga en boca de este ilustre representante del paganismo una larga intervención donde desarrolla la teología solar: el culto al sol como divinidad única y sincrética de todas las demás (Sat. I 17-23). Durante su pretura, restaura el Pórtico de los Di Consentes 58 ; bajo Valentiniano, Pretextato, como gobernador de Acaya (nombrado por Juliano 59 ), protesta por la prohibición de los sacrificios nocturnos, ya que comprometía la celebración de los misterios griegos. En las Saturnales participa como el máximo especialista en cuestiones religiosas, y como tal, explica la fiesta de las Saturnales (I 7, 17-I 10), expone la historia del calendario romano (I 12-16), y muestra la erudición religiosa de Virgilio (I 24, 16; III 1, 12). Representa el sincretismo de cultos paganos y orientalizantes frente al tradicionalismo y, sobre todo, el enemigo común, el cristianismo. Es célebre su respuesta a Dámaso, que intentaba convertirlo: «Nómbrame obispo de Roma y me haré al punto cristiano» 60 . Redactó una versión latina de la adaptación que hizo Temistio de las Analíticas de Aristóteles y contribuyó a la depuración de textos de autores latinos antiguos como Horacio.
CEYONIO RUFIO ALBINO , prefecto de Roma en 389-391, es presentado como un apasionado de la Antigüedad y gran entendido en métrica virgiliana; de hecho, Servio le dedica un opúsculo sobre métrica y él mismo redactó un tratado de métrica en verso, intitulado De metris 61 . En las Saturnales , elogia los arcaísmos de Virgilio y señala los préstamos de poetas arcaicos (VI 1-5).
AVIENO es el más joven de los participantes, junto con Servio; Macrobio considera a ambos demasiado jóvenes para tomar parte en las discusiones (cf. Sat. VI 7, 1 y VII 3, 23). Aunque tradicionalmente se le identificaba con el poeta Postumio Rufio Festo Avien(i)o, autor de una Descripción de la Tierra , de la Ora Maritima y de un par de Aratea inspirados en Arato de Solos, o con alguno de sus muchos hijos, en la actualidad se tiende a identificarlo con el fabulista Avi(a)no, a quien Macrobio introduce en su obra para agradecerle su dedicatoria de las 42 Fábulas uno o dos años antes 62 . La participación del fabulista Avieno en las Saturnales —narrando algunas anécdotas y agudezas (II 4-7)— implica un anacronismo, pues Avieno, contemporáneo de Macrobio, no hubiese podido realmente asistir a unos banquetes celebrados en el año 384; no obstante, la introducción de personajes anacrónicos es un procedimiento ya empleado en otras obras del género simposíaco (por ejemplo, en el Banquete de los siete sabios de Plutarco).
Segundo grupo
QUINTO AURELIO SÍMACO (circa 340-405) 63 , procónsul de África en 373-374, prefecto de Roma (384-385), cónsul en 391, es el anfitrión de la tercera jornada (libros IV-VII). Fue una de las mayores personalidades de su tiempo, ilustre representante de la aristocracia senatorial, renombrado orador y hombre de cultura, acérrimo defensor de la tradición, de los derechos del Senado y de la religión pagana, y el más conspicuo antagonista del cristianismo. En el verano del 384 (supuesto año de los banquetes de las Saturnales) , Símaco, en un célebre discurso, suplicó al emperador Valentiniano II que repusiese en el Senado el Altar de la Victoria. Desde los días de Augusto, quien lo instauró en el año 29 a.C. en la Curia, los senadores habían ofrecido incienso en este altar al principio de las sesiones del Senado, pero había sido retirado por Constancio, considerándolo una ofensa al cristianismo, luego repuesto en tiempos de Juliano y de nuevo retirado en el 381 por el joven emperador Graciano, cristiano devoto y hasta beato, el primero en abandonar el título de Pontífice Máximo, y que además confiscó las rentas de las Vestales y otros sacerdotes. Al año siguiente, el Senado pidió que se revocaran estas decisiones, pero el papa Dámaso y Ambrosio, obispo de Milán, lograron persuadir a Graciano para que ratificara la decisión. Tras la muerte de Graciano en 383 se organizó otra petición y es la que Símaco dirige a Valentiniano II en su famosa Relatio , una equilibrada y noble petición de tolerancia religiosa y respeto por las tradiciones del pasado. No triunfó en su propósito, ya que un escrito del obispo Ambrosio (Epístolas 17) 64 inclinó al emperador a rehusar la petición. La disputa debió de ser sonada, dado que cuando, hacia el 400, Estilicón devolvió al Senado la efigie (no el altar) de la diosa de la Victoria, el poeta cristiano Prudencio escribió también una refutación de sus argumentos recogiendo de nuevo las ideas ambrosianas en su poema Contra Símaco : lo viejo, ya trasnochado, debe ceder ante la grandeza de lo nuevo. Además de fragmentos de ocho de sus discursos (dos de ellos panegíricos de Valentiniano II), se conserva su epistolario, con unas novecientas cartas, escritas entre el 364 y el 402, dirigidas a personalidades de su tiempo, y organizadas en diez libros a la manera de Plinio el Joven: nueve libros de cartas privadas; un libro de relationes , esto es, los informes oficiales que como prefecto de la Urbe enviaba al emperador Valentiniano II. Aunque algunas de las cartas están dirigidas a personajes que encontramos en las Saturnales o hace mención de ellos, ninguna está dirigida o hace mención de Macrobio, lo cual es una grave objeción para la teoría tradicional que pretende hacer de Macrobio un contemporáneo de Símaco, al que incluso habría dedicado su tratado Sobre las diferencias y afinidades entre el verbo griego y latino. En las Saturnales Símaco es un anfitrión de profunda humanidad y de refinada cortesía, que sabe relanzar el debate y apaciguar las disputas. Macrobio nunca le hace intervenir en las cuestiones religiosas; en cambio, le confía el elogio de Virgilio orador (I 24, 14) y la exposición de los sensa rhetorica en Virgilio (al final del libro IV, hoy perdido); además Símaco narra un buen número de ocurrencias atribuidas a Cicerón (II 3, 1-13) y enmienda una cita que Celio Antípatro tomó prestada de los Orígenes de Catón (I 4, 26). Macrobio dedicó su tratado gramatical Diferencias y afinidades entre el verbo griego y latino , hoy perdido, a un Símaco, que podría ser el hijo del orador de las Saturnales (nacido hacia el 384) o un nieto, que fue cónsul en 485 65 . Símaco fue el último gran orador romano dentro de la tradición clásica y el último senador cuya correspondencia se recopiló y se publicó.
PUBLILIO CEYONIO CÉCINA ALBINO es presentado en las Saturnales como amigo íntimo de Símaco, con quien comparte edad, carácter y aficiones 66 , y como erudito anticuario (tal como su hermano mayor, Ceyonio Rufio Albino) 67 , experto, sobre todo, en la obra de Varrón; es además el padre de Cécina Decio Albino. Fue gobernador de Numidia en 365, y pontífice máximo, esto es, sacerdote de Vesta. Aunque pontífice pagano, tenía una esposa cristiana y una hija igualmente cristiana y madre de santa Paula. En una célebre carta, Jerónimo 68 evoca en una conmovedora estampa el signo de los tiempos: ¡la nieta cristiana cantando aleluya en brazos de su abuelo pagano!
SERVIO es el célebre gramático autor de un comentario a Virgilio, de un comentario a la gramática de Elio Donato y otras obras menores sobre métrica. Para su cronología, el único dato que tenemos es que en el año 384, supuesta datación de los banquetes de las Saturnales , Servio, según Macrobio, era un muchacho muy tímido que se sonrojaba fácilmente, muy joven en comparación con la generación de Pretextato 69 . Por tanto, la fecha de su nacimiento podría fijarse en torno al año 370 d.C. Por otra parte, Servio es elogiado reiteradas veces como «el más grande de todos los gramáticos» y como «el más docto de los maestros que comentan cada día Virgilio a la juventud romana» 70 ; por tanto, cuando Macrobio redacta las Saturnales , Servio debía de haber alcanzado ya la plena madurez como comentarista y gramático. Sin duda Servio, por su corta edad en 384, no pudo intervenir en las discusiones de Símaco, Pretextato y sus amigos, pero Macrobio lo introduce anacrónicamente 71 en la obra como muestra de admiración, colocándolo junto a las grandes figuras del siglo IV ; ¡un gramático famoso como Servio, especialista en Virgilio, tenía que participar en una conversación que trata sobre Virgilio! Curiosamente, pese a que gran parte de las Saturnales está dedicada al estudio e interpretación de Virgilio, su intervención nada tiene que ver con la obra virgiliana 72 . Respecto al papel que desempeña, Servio es el principal portavoz cuando se trata de cuestiones gramaticales, si bien sus intervenciones están presididas por la modestia 73 ; su timidez es tan extrema que Avieno habla por él en I, 24, cuando todos los personajes anuncian el tema del que van a hablar. Su intervención en el libro VI tiene un aire escolar, que recuerda el comentario de las obras de Virgilio. Servio enumera palabras y expresiones poéticas virgilianas que han contribuido a enriquecer la lengua, y explica, como si del Servio auténtico se tratara, ciertos pasajes que el joven Avieno no comprende.
Tercer grupo
VIRIO NICÓMACO FLAVIANO (circa 334-394 d.C.) 74 , el anfitrión de la segunda jornada (libro III), era hijo de Volusio Venusto, y tuvo un hijo que se casó con la hija de Símaco 75 . Ostentó numerosos cargos: gobernador de Sicilia (364-365), vicario de África (376-377) 76 , quaestor sacri palatii de Teodosio, varias veces prefecto del pretorio de Italia (382-383 y 389-394), cónsul designado para el 394. Hombre de acción y compromiso, baluarte del paganismo, brindó su apoyo al usurpador Eugenio 77 , a pesar de que era cristiano, tal vez porque viera en Eugenio la última oportunidad de restaurar los cultos paganos y las prácticas adivinatorias. En septiembre del año 394, en la batalla del río Frío (Frigidus) , traicionado por las tropas que guarnecían el paso de Ober-Leibach en los Alpes Julianos, que franquearon el paso a las tropas de Teodosio I, se suicidó 78 , y Eugenio fue asesinado. Era un gran entendido en derecho augural y arte adivinatorio, como precisamente se nos presenta en las Saturnales , pese a que no nos ha llegado, debido a la laguna del comienzo del libro III, su elogio de Virgilio, que debía subrayar la ciencia augural del poeta. Como escritor, compuso obras filosóficas y gramaticales, y se le atribuye la redacción de una obra histórica, unos Anales , dedicados a Teodosio, que llegaban hasta el año 366 y que pudieron servir de fuente a Amiano Marcelino; fue también un notable traductor y, según Sidonio Apolinar (VIII 3), vertió al latín la Vida de Apolonio de Tiana , obra de Filóstrato, para difundir la imagen de este taumaturgo considerado como una réplica pagana de Cristo.
EUSTACIO , amigo griego de Flaviano, es presentado no tanto como un verdadero filósofo, sino como profesor de filosofía, experto conocedor de las tres escuelas filosóficas: la Academia, la Estoa y el Perípatos. La laguna del comienzo del libro III nos priva de su intervención acerca de los conocimientos de Virgilio en astronomía y filosofía y su deuda para con los griegos. La identificación de este personaje con el filósofo neoplatónico Eustacio de Capadocia, discípulo de Jámblico y de Edesio, no pasa de ser una arriesgada hipótesis 79 ; además, este Eustacio sería demasiado anciano para ser amigo de Flaviano.
EUSEBIO , de origen griego, es un rétor profesional, que ha tenido la fortuna de poder suplir la ausencia de Postumiano. Aparece en las Saturnales como un magnífico orador de extraordinaria facundia y cultura, ya en el umbral de la vejez, cuya función es elogiar las cualidades retóricas de Virgilio como orador (Sat. I 24, 14), si bien la laguna del comienzo del libro V nos priva de su intervención; trata acerca de los diferentes géneros de pathos en Virgilio (Sat. IV) y desarrolla los méritos del poeta en los cuatro estilos o genera dicendi (Sat. V 1). Personaje de difícil identificación, se trata, según Marinone 80 , del autor de un tratado métrico (De numeris) mencionado por el gramático Rufino (siglo V ), autor de un comentario métrico a Terencio y un tratado sobre las claúsulas métricas de la oratoria, y por el gramático Grilio (siglo V ), comentarista del tratado Sobre la invención retórica de Cicerón, y pudiera tratarse igualmente del comes sacrarum largitionum del 395 y el praefectus praetorio Italiae del 395-396 81 . No obstante, la poca información sobre el personaje de Eusebio ha inducido a algunos autores a pensar que se trata de un personaje genérico inventado por Macrobio 82 .
Cuarto grupo
EVÁNGELO es presentado como el antipático que, con actitud arrogante y casi ofensiva, hace objeciones petulantes, deja caer insinuaciones hirientes o incluso cínicas, y formula preguntas embarazosas; porello hay quienes defienden que se trata de un personaje inventado por Macrobio, y que su nombre griego, «el que anuncia la buena nueva», no es más que una velada alusión al Evangelio cristiano o incluso a su condición de cristiano 83 . No obstante, Símaco 84 menciona en su epistolario a un tal Evángelo, persona no amiga y temeraria, que en el 397 no dudó en desafiar las inclemencias del tiempo y las peligrosas condiciones del camino para asistir a la toma de posesión de Honorio en su cuarto consulado. Macrobio, pues, introduce, como en los demás casos, un personaje histórico, cuya caracterización realista pero poco respetuosa —indicio de que el aludido era ya difunto— le sirve para quebrar el ambiente de monótona concordia y previsible consenso de todos los demás interlocutores, imprimiendo así variedad y vivacidad a la conversación. Su escasa cultura (no admira a Virgilio) y su desprecio de los griegos desentonan igualmente con el perfil erudito y helenizante de los demás comensales. El anuncio de la llegada de este personaje —I 7, 1— es recibido con disgusto por los demás invitados reunidos en casa de Pretextato en la mañana del 17 de diciembre. Llega además por casualidad, acompañado del médico Disario y de Horo. Los tres son invitados por el anfitrión a pasar con ellos la jornada. Desempeñan, pues, en el plan general de la obra el papel del ákletos 85 , el personaje no invitado que se presenta por sorpresa, una figura típica e inevitable en toda obra simposíaca, desde que Alcibíades irrumpiera, sin haber sido invitado, en el Banquete de Platón 86 .
DISARIO era un médico griego que ejercía su profesión en Roma, a juicio de Macrobio, el mejor entre sus colegas (Sat. I 7, 1); es mencionado dos veces en el epistolario de Símaco 87 . En el 384, supuesto año de las Saturnales , Disario, como Eusebio, se hallaba ya en el umbral de la vejez (cercano a los sesenta años). En el plan de Macrobio, sirve, sin duda, para cumplir el papel de médico, otro de los personajes típicos del género (como el médico Erixímaco en el Banquete de Platón); de hecho, interviene durante la tercera velada a propósito de cuestiones médicas, un ingrediente esencial del género.
HORO , hijo de Valente, era un púgil egipcio, que se convirtió a la filosofía después de haber logrado una última victoria, después de muchas, en las Olimpíadas de Antioquía en 364. Se convirtió en filósofo cínico, seguidor de Antístenes, Crates y Diógenes. Este personaje exótico aparece en las correspondencias de Libanio y de Símaco 88 . Su función es ofrecer en las conversaciones el punto de vista de la cultura egipcia, y desempeña el papel del cínico, como Cinulco en Ateneo.
En los turnos de intervenciones se observa una jerarquía casi constante, en la cual el orden queda determinado por la edad y el rango del personaje. De este modo, el primero es siempre Pretextato; le siguen Flaviano y Símaco; vienen luego los dos Albinos y Eustacio; a continuación, Avieno, Evángelo, Eusebio y Servio, como en II 2, 1-15. En cambio, en VII 4, 16 la intromisión de Evángelo provoca el desplazamiento de Eustacio, quien, a su vez, poniéndose a la cola y cediendo el turno a Eusebio, hace pasar a Avieno después de Servio. Los últimos son siempre Disario y Horo. Estos personajes son los que integran la trama de la obra. Sus conversaciones, en la mayoría de los casos, se reducen a larguísimos monólogos, entre los que se intercalan pequeños diálogos. Para romper la monotonía, destacan las figuras de Avieno y Evángelo como verdaderos resortes dramáticos que provocan los diálogos y discusiones que aparecen muy de cuando en cuando en la obra. Evángelo, por su actuación, puede compararse en cierto modo al Alcidamante del Banquete de Luciano 89 .
No obstante, hay puntos en los que Macrobio se aleja de las normas simposíacas: no incluyó la figura del invitado humillado que se va, ni tampoco la del que llora; ha suprimido las escenas bufas y las licenciosas, así como la escena de la pelea; ha eliminado asimismo la figura del invitado ridículo y la del borracho. El personaje del gran bebedor aparece discretamente bajo los rasgos de Evángelo, y en el libro VII se trata el argumento típico de los efectos del vino, expuesto por el médico Disario. Tampoco incluyó Macrobio a la pareja de enamorados. En este último caso, la supresión responde a las diferencias culturales entre Grecia y Roma en lo tocante a la pederastia.
Macrobio se esforzó por respetar en las Saturnales la regla que imponía la mezcla de temas serios y cómicos, dos géneros contradictorios difíciles de combinar. Acrecentaba la dificultad la gravitas de los principales personajes del diálogo. Macrobio innovó en este punto recurriendo a un procedimiento original consistente en alternar las cuestiones serias y las amenas entre las sesiones matinales y las vespertinas.
MARCO CRONOLÓGICO DE LOS BANQUETES DE LAS «SATURNALES»
La acción dramática de la obra se desarrolla en la época en que florece por última vez el paganismo, con figuras como Símaco, Pretextato, etc. En concreto, Macrobio elige como marco cronológico las últimas fiestas saturnales que vivió Pretextato, que muere poco después en enero de 385 d. C. Es decir, los diálogos ficticios de las Saturnales tendrían lugar los días 17, 18 y 19 de diciembre del año 384 d. C 90 . Macrobio tenía bien presente que la cercanía de la muerte de un personaje principal era un rasgo formal propio de la literatura de tipo dialogado. Tanto el Fedro como el Teeteto platónicos transcurren en los últimos días antes de la muerte del anciano Sócrates. Ateneo imaginó sus diálogos poco antes de la muerte de Ulpiano y Cicerón planteó el desarrollo de su República durante la Fiesta Latina del invierno del 129 a.C., poco antes de la muerte de Escipión Emiliano, tal como hizo en el tratado Sobre la vejez con respecto de Catón y en el diálogo Sobre el orador con respecto a Craso 91 . En la fecha ficticia de los banquetes, 384 d.C., Pretextato había rebasado los setenta años, Flaviano era casi un cincuentón, tal como probablemente su amigo Eustacio, y Símaco tenía cuarenta y pocos años, y Cécina Albino cincuenta y poco; Eusebio y Disario, «en el umbral de la vejez, se acercaban a los sesenta años»; Rufio Albino, Evángelo y Horos debían de tener cuarenta y tantos, ya que el primero vivía aún en el 416, el segundo, como ya vimos, dio claras muestras de temeridad y energía en el 397, y el tercero era campeón olímpico en el 364; por su parte, Avieno y Servio son explícitamente presentados como jóvenes de menos de veinte años.
Si aceptamos la datación tardía del nacimiento de Macrobio y por tanto la datación tardía de la fecha de composición de sus obras, en torno al 430, fecha de composición de las Saturnales , todos los personajes, a excepción de los dos jóvenes, estaban ya muertos, la misma circunstancia que en la República de Cicerón, un argumento más para la datación tardía de las Saturnales 92 .
ESTRUCTURA Y CONTENIDO DE LAS SATURNALES
La actual división en siete libros no es, en realidad, la originaria de Macrobio. Se debe a las lagunas y a los subtítulos de los manuscritos más antiguos. De hecho, la actual división en libros no la encontramos claramente delineada hasta el siglo XV , concretamente en el códice Parisinus Regius 8677 93 . Marinone 94 propone una organización de las Saturnales basada en las jornadas de la fiesta de las Saturnales, y, dentro de éstas, en las partes del día (mañana-tarde-noche):
| Prefacio | §§ 1-16 |
| Prólogo | I 1-2 |
| Víspera (día 16, casa de Pretextato) | I 3-5 |
| Primera jornada (día 17, casa de Pretextato): libros I-II | |
| a) mañana | I 6-24 |
| b) tarde | II 1-7 |
| c) noche | II 8-laguna |
| Segunda jornada (día 18, casa de Nicómaco): libro III | |
| a) mañana | laguna-III 1-12-laguna |
| b) tarde | laguna-III 13-17 |
| c) noche | III 18-20 |
| Tercera jornada (día 19, casa de Símaco): libros IV-VII | |
| a) mañana | laguna-IV-VI 9-laguna |
| b) tarde | VII 1-16 laguna |
| c) noche | laguna |
En cuanto al contenido de las conversaciones 95 , el tema más importante es Virgilio: se nos ha perdido el comienzo del libro III (sesión matinal del día 18), donde Eustacio disertaba sobre Virgilio y la filosofía y la astronomía (y la astrología), y Flaviano sobre Virgilio y el derecho augural, pero sí se nos ha transmitido la intervención de Pretextato sobre Virgilio y el derecho pontifical (III 1-9). Al comienzo del libro IV (sesión matinal del día 19), una laguna nos ha privado de la exposición de Símaco sobre Virgilio y la oratoria, pero subsiste la parte final de la exposición de Eusebio sobre Virgilio y la retórica, consagrada a las diferentes clases de pathos en Virgilio. En cuanto al libro V (igualmente sesión matinal, día 19), Eusebio trata sobre el estilo de Virgilio (V 1), y Eustacio sobre Virgilio y los préstamos griegos, en especial homéricos (V 2-22). En el libro VI (sesión matinal del día 19), Rufio Albino y Cécina Albino disertan sobre Virgilio y los préstamos de los poetas latinos arcaicos, tanto en forma de versos (Rufio Albino) como de vocablos (Cécina Albino), y Servio estudia las figuras estilísticas y retóricas (VI 6) y algunos pasajes difíciles (VI 7-9).
Al bloque temático virgiliano (libros III-VI) preceden debates sobre instituciones políticas y religiosas: historia de las Saturnales (I 7-10), trato de los esclavos (I 11), historia del calendario (I 12-16), teología solar (I 17, 23). Cierran la obra los desarrollos más científicos y técnicos, consagrados a las cuestiones médicas, y a los problemas de la digestión y la visión (VII 4-16). Entre los grandes desarrollos se insertan las agudezas de hombres ilustres (II 1-7), el vino y los placeres (II 8-laguna), el lujo y refinamiento en la mesa y la comida (III 13-17), la variada calidad de frutas (III 18-20) y los temas de conversación en los banquetes).
FUENTES Y ORIGINALIDAD DE LAS SATURNALES 96
Macrobio no pretende escribir una obra original 97 . Él mismo se presenta, en el prefacio, como un humilde compilador, describe su obra como una mera miscelánea enciclopédica de nociones útiles y declara honestamente su método de trabajo: «No he reunido de manera desordenada cosas dignas de memoria, como amontonándolas, sino que la disparidad y variedad de temas, la diversidad de fuentes y la confusión de épocas las he dispuesto ordenadamente en una suerte de cuerpo, de modo que las cosas que había ido anotando sin orden y confusamente para socorro de mi memoria, resultaran ordenadas y ensambladas como miembros de un mismo cuerpo 98 ». Con la misma humildad y franqueza anuncia el tratamiento que da a sus fuentes: «No me reproches como defecto si los préstamos que tomaré de mis diversas lecturas los desarrollo con frecuencia con las mismas palabras con las que los propios autores contaron las cosas, pues la presente obra no promete un alarde de elocuencia, sino un cúmulo de conocimientos; y debes estar satisfecho si repasas el saber de la Antigüedad unas veces claramente con mis palabras, otras veces fielmente con las propias palabras de los antiguos, según que la materia aconseje la traducción o la cita 99 ». Por lo general Macrobio no cita al autor del que toma las noticias, a pesar de que las reproduzca «con las mismas palabras con las que los propios autores contaron las cosas 100 ». Sí suelen aparecer, en cambio, indicaciones de las fuentes originarias que el autor de la fuente principal ya citaba. Además, dentro de la fuente principal, no mencionada, pueden aparecer citas de otros autores, regularmente nombrados.
Por desgracia, la pérdida casi total de los libros que contenían los argumentos desarrollados en las Saturnales impide llegar a conclusiones definitivas y seguras. Por lo general se producen dos situaciones: o bien no se aprecia correspondencia alguna con textos conservados, en cuyo caso hay que identificar la fuente con una obra hoy perdida que trataría un argumento similar, o bien se detecta una correspondencia con textos conservados, y se discute sobre cuál influyó en cuál, o si ambos derivan de una hipotética fuente común. Se puede identificar razonablemente el origen de una determinada discusión, pero no reconocer la fuente. En cualquier caso, hay que descartar la derivación directa de todos los autores citados. Es más, la incongruencia en el orden y en la forma de las citas, la disparidad a veces en la interpretación de pasajes iguales y las repeticiones no homogéneas de temas ya desarrollados, invitan a pensar que las Saturnales fueron construidas en gran parte con materiales de segunda mano. En realidad, con plena certeza, sólo se puede afirmar que Macrobio utilizó profusamente, aunque no lo cite ni mencione nunca, las Noches áticas de Aulo Gelio (siglo II d.C.), muy de cerca las Cuestiones simposíacas de Plutarco (siglos I-II d.C.) para la redacción del libro VII 101 , y raras veces las Epístolas de Séneca (siglo I d.C.) para la redacción del Prefacio y de una parte del libro I 102 . Estos autores son fuentes seguras e indiscutibles de Macrobio, porque sus obras se han conservado y se pueden cotejar con las Saturnales. En cuanto a otros autores, sólo se puede formular conjeturas: Alejandro de Afrodisíade, Amiano Marcelino, Asconio Pediano, Ateneo de Náucratis, Ateyo Capitón, Casio Hemina, Catón, Cicerón, Cornelio Labeón, Dídimo Calcéntero, Domicio Marso, Donato, Gayo Meliso, Gneo Gelio, Jámblico, Mateo el Evangelista, Plinio el Viejo, Porfirio, Sereno Samónico, Séneca, Servio Sulpicio Rufo, Suetonio, Temistio, Trebacio y Varrón. Cabe además pensar que Macrobio no leyó íntegramente a todos los autores que cita, sino que, a buen seguro, recurrió con frecuencia a compilaciones, sobre todo si se tiene en cuenta que cita a ciento veintiséis autores 103 y que, con frecuencia, las pretendidas influencias no afectan más que a una parte muy pequeña de la obra, y a veces se reducen a una o dos palabras 104 .
Para la redacción del prefacio, Macrobio utilizó a Aulo Gelio para los §§ 2-3 (Noches áticas, prefacio 2-3) 105 , a Séneca para los §§ 5-10 (Epístolas morales a Lucilio LXXXIV 2-10) 106 , y de nuevo a Gelio en la parte final para los §§ 13-16 107 . El prólogo, aunque presenta en I 1 algunas analogías con los Deipnosofistas de Ateneo de Náucratis 108 (en especial, en la crítica a la disparidad de edad de los personajes que Platón introdujo en sus diálogos), se debe al cálamo de Macrobio.
En cuanto a los temas tratados en la víspera o vigilia, la división del día legal tiene su paralelo en Aulo Gelio (III 2) para la primera parte (I 3, 2-10), mientras que la segunda parte (I 3, 11-12) depende, quizás indirectamente, de la obra perdida El año romano de Suetonio (más que de El libro de los días que formaba parte de las Antigüedades humanas de Varrón) 109 . En la discusión sobre las formas gramaticales algunas secciones, como I 4, 17-27 y el capítulo I 5 casi entero, guardan relación con pasajes de Gelio libremente adaptados e insertados.
En cuanto a la primera jornada, las explicaciones del nombre Praetextatus (I 6) derivan probablemente de los Libros de las cosas recónditas de Sammónico Sereno 110 , si bien con el injerto de un fragmento de Aulo Gelio en los §§ 19-25.
En las objeciones discutidas en I 11, se observan analogías con Séneca (Epístolas morales a Lucilio XLVII) en los §§ 7-15 y con Aulo Gelio (Noches áticas II 18) para los §§ 41-44. Para el tratamiento del calendario romano (I 12-16) Macrobio se sirve como fuente principal de El año romano de Suetonio, si bien lo enriquece con aportaciones personales o de otros autores, como los Fastos de Cornelio Labeón 111 . Para su exposición de la teología solar (I 17-23), inspirada en el sincretismo neoplatónico pero con influjos estoicos, se ha propuesto como fuente principal alguna obra de Porfirio —Sobre los nombres de los dioses (Renhardt), Sobre el Sol (Börtzler, Courcelle), Sobre las imágenes de los dioses (Bidez), o las tres (Flamant)— 112 , si bien no directamente, sino a través de algún intermediario latino. G. Wissowa 113 descarta, en cambio, a Porfirio como fuente principal directa ya que Macrobio lo cita explícitamente en I 17, 70, y propone, a su vez, el Sobre los dioses de Jámblico en una compilación latina. Se ha pensado también en Mario Victorino o Cornelio Labeón como fuente directa, pero este último es mejor considerarlo como fuente secundaria, dado que Macrobio lo cita explícitamente en I 18, 21 como apoyo a la tesis principal.
En cuanto a las conversaciones de la tarde (II 1 -7), es difícil precisar la fuente de Macrobio, ya que la mayor parte del material sólo nos es conocido precisamente por las Saturnales. No obstante, sí se puede establecer que los bona dicta recogidos por Macrobio reflejan una tradición favorable a Augusto y se hacen eco en muchos aspectos de la propaganda anticesariana. Posiblemente Macrobio se valió, como fuentes, de al menos dos colecciones de bona dicta : una, ordenada por personajes, para II 3-5 (II 3: Dicta Ciceronis ; II 4: Dicta Augusti ; II 5: Dicta Iuliae) , y otra, con una disposición diferente, para II 2 y II 6-7. No obstante, mientras los Dicta Ciceronis están ordenados según los personajes a cuya costa fueron formulados (III 3, 2-4: amigos y familiares de Cicerón; 5-6: sus enemigos políticos, Vatinio y Rébilo; 7-8: Pompeyo; 9-13: César), tanto los Dicta Augusti como los Dicta Iuliae se organizan internamente en dos secciones: los dicta formulados por Augusto y por Julia, y los formulados a costa de ellos mismos; todo lo cual apunta, como fuentes, a dos colecciones distintas: una de bromas de Catón organizadas según sus víctimas, y otra de bromas de, o a costa de, miembros de la familia imperial organizadas según sus nombres 114 . Tampoco faltan coincidencias con Gelio en II 2, 1-3 (= V 5), en II 2, 15-17 (= XIX 11), y en II 7, 2-5 y en II 7, 10-11. También la disertación vespertina sobre el vino y sus placeres en II 8 encuentra paralelos en Gelio: II 8, 2-3 (= XIII 11, 1 y 6-7), II 8, 4-9 (= XV 2) y II 8, 10-16 (= XIX 2).
En cuanto a la segunda jornada, lo que se nos ha conservado de las conversaciones virgilianas de la sesión matinal se puede dividir claramente en dos partes. El tratamiento del derecho pontifical (III 1-19) presenta correspondencias muy significativas con el comentario virgiliano conocido como Servio de Daniel, que está constituido por la obra original de Servio acrecentada —tal vez durante el siglo VII o el VIII — por una masa considerable de escolios publicados en 1600 por el humanista de Orléans Pierre Daniel. Si estos Scholia Danielis , o buena parte de ellos, derivan, como parece probable, del perdido comentario virgiliano de Elio Donato, es fácil identificar a este último como la fuente, si bien no exclusiva, de Macrobio 115 ; en consecuencia, las concomitancias de Macrobio con el Servio genuino se explican por derivación de una fuente común, Elio Donato. Es difícil determinar la presencia de material procedente de otras fuentes secundarias o comunes a Macrobio y Donato, como Cornelio Labeón o un tratado específico sobre los verba pontificalia 116 . La segunda parte, objeciones y respuestas (III 10-12), por la amplitud del desarrollo, parece derivar de una monografía virgiliana más que de un comentario virgiliano ad versus. El procedimiento de Macrobio es claro: primero ofrece una disertación propiamente dicha sobre el tema y luego añade una exposición más amplia sobre problemas particulares. El mismo procedimiento repite luego en V 18-22 y VI 7-9.
La parte conservada de las conversaciones de la tarde, sobre el lujo y el refinamiento en la mesa de los tiempos antiguos (III 13-17), deriva con toda probabilidad de los Libros de las cosas recónditas de Samónico Sereno, que Macrobio leyó directamente o bien, puesto que menciona a Sereno en los capítulos 16 y 17, a través de una compilación posterior; tampoco hay que descartar algún tratado virgiliano, en tanto que las concomitancias con Gelio en III 17 se deben simplemente a la coincidencia de tema. En cuanto a la disertación vespertina sobre la fruta (III 18-20), la fuente parece ser Verrio Flaco, que Macrobio pudo leer directamente o a través de algún compilador posterior, tal vez Samónico Sereno.
Para los tratamientos virgilianos de la tercera jornada, la forma de la exposición, totalmente inadecuada para las conversaciones, obliga a descartar una elaboración directa del material por parte de Macrobio, que, a buen seguro, se sirvió de obras especializadas en cada uno de los temas. La monografía sobre la retórica que está en la base del libro IV es, con toda probabilidad, la misma empleada para los géneros de estilo en V 1. En el tratamiento de los préstamos griegos de Virgilio (V 2-17), H. D. Jocelyn, profundizando en los trabajos de Linke y de Wessner, observó las trazas de una tradición antivirgiliana que proclama la inferioridad de Virgilio con respecto a Homero 117 . Las respuestas a estas críticas datarían del siglo I y serían la obra perdida de Asconio Pediano (Contra los detractores de Virgilio). Se detecta además la utilización de un léxico más tardío que el de los tratados y comentarios consagrados a Virgilio. Por tanto, Macrobio parece haber utilizado aquí dos fuentes de signo contrario, sin que podamos precisar si Macrobio se encontró ya hecho el trabajo de conciliación de ambas tesis o lo realizó él mismo. Se detectan asimismo coincidencias casi literales con Gelio, que, no obstante, cabe atribuir a una fuente común. Sin duda, el autor más citado de esta sección (V 2-7) es Homero, en citas cuya longitud va desde un verso aislado al pasaje entero 118 . La sección V 18-22, donde se discuten algunos casos particulares de derivaciones virgilianas de la literatura griega, constituye, sin duda, una sección diferente por su gran erudición y por los autores citados (Dídimo, Éforo, Valerio Probo, etc.); sus fuentes son diversas, destacando entre ellas Samónico Sereno y Ateneo. El capítulo V 21 presenta analogías con El banquete de los sabios de Ateneo, y ambos, Macrobio y Ateneo, remontarían a Dídimo Calcéntero 119 , a cuya sabiduría Macrobio accedería por mediación de Sereno Samónico 120 .
La sesión matinal de la tercera jornada, consagrada a Virgilio, continúa en el libro VI 121 . La sección VI 1 -5, sobre la imitatio virgiliana de poetas latinos antiguos, deja entrever igualmente la utilización de dos fuentes de signo contrario, una de tradición antivirgiliana que remonta a la crítica anterior a Asconio Pediano, reconocible en los capítulos 1 -2, e identificable tal vez con el tratado de Perelio Fausto sobre los furta virgilianos de versus y loci (cf. Donato, Vida de Virgilio 44-46), anterior a Asconio; y otra de tradición favorable, obra de un autor que se esfuerza por defender a Virgilio de las acusaciones de innovaciones lingüísticas y semánticas, probablemente de fines del siglo I d.C., reconocible en los capítulos 4-5, mientras que en el capítulo intermedio, el capítulo 3, se vislumbran los esfuerzos por conciliar los contrastes entre ambas partes trazando una línea de desarrollo Homero-poetas latinos arcaicos-Virgilio, sin que se pueda determinar si Macrobio mismo concilió ambas tendencias o si se las encontró ya reunidas en una misma fuente, obra de un autor anónimo que ensambló en un único corpus ambas partes añadiendo el capítulo 3. En cuanto a los autores latinos citados en esta sección (VI 1-5), Ennio 122 es, con mucho, el autor que proporciona el modelo de un mayor número de pasajes; le sigue Lucrecio, y, a más distancia, Accio, Vario, Furio Ancíate y Lucilio; todos los demás, Afranio, Catón, Catulo, Cicerón, Cornificio, Egnacio, Hostio, Julio César Estrabón, Laberio, Levio, Nevio, Pacuvio Pomponio, Sisenna, Sueyo y Varrón, aparecen una o dos veces citados 123 . Es una nómina muy extensa y heterogénea, en la que tienen incluso cabida autores de mimos, de tragedias y de obras didácticas.
La tercera disertación virgiliana presenta una primera sección sobre las innovaciones de Virgilio en el lenguaje figurado (VI 6) que parece tomada de la misma fuente usada para la retórica en el libro IV. La siguiente sección (VI 7-9) está enteramente extractada de varios pasajes de Gelio, en algunos casos reproducidos casi literalmente, en otros sometidos a un proceso de adaptación para darle forma de diálogo: VI 7, 4-19 (= II 6), VI 8, 1-6 (= V 8), VI 8, 7-13 (= X 11), VI 8, 15-22 (= XVI 5), VI 9, 1-7 (= XVI 6), VI 9, 8-11 (= XVIII 5).
En cuanto a la tercera y última jornada, todos los problemas discutidos tienen su paralelo exacto en las Cuestiones simposíacas de Plutarco en lo que respecta a VII 1 -7 y 15 y 16, y en parte también 12-13, y en los Problemas de Alejandro de Afrodisíade en lo que respecta a VII 8-11 y en parte 14, al igual que 4 y 7; además, en los capítulos 12, 13 y 15 se advierten coincidencias con Gelio: VII 12, 24-27 (= XIX 5), VII 12,28-31 (= XVII 8), VII 13, 8 (= X 10), VIl 15,4-7 (=XVII 11). Una parte de la ciencia médica del libro VII proviene de las Aporías médicas y problemas físicos de Pseudo-Alejandro 124 .
LENGUA Y ESTILO 125
De entrada, pudiera pensarse que la multiplicidad de citas de tan diversos autores latinos debía necesariamente distorsionar el estilo de Macrobio, pero, de hecho, la lengua de las Saturnales resulta, en general, bastante homogénea, hasta el punto de que se puede concluir que Macrobio, cada vez que reprodujo una fuente, se esforzó por adaptar la cita a su propio estilo personal. En realidad, esta práctica concuerda con su declaración de intenciones contenida en el prefacio 126 . Precisamente la comparación con Gelio permite constatar que Macrobio se preocupó siempre por hacer más diáfana la exposición abreviando, ampliando o, sobre todo, sustituyendo vocablos y expresiones que le parecían más acordes con la tradición clásica; además, introdujo, a veces, nuevas figuras estilísticas y retóricas, otras veces cambió el orden de las palabras con la intención de obtener cláusulas rítmicas. Asimismo, se puede afirmar por la sintaxis que, si bien presenta las características de la edad tardía, reconocibles, sobre todo, en ciertos usos del infinitivo, del participio, del gerundio y del gerundivo 127 , evidencia el intento por adecuarse a las formas clásicas.
INFLUENCIA, PERVIVENCIA, FORTUNA LITERARIA DE LAS «SATURNALES»
Macrobio gozó de gran popularidad en el Medievo 128 . Pese a sus frecuentes incoherencias y errores, Macrobio fue, no obstante, el principal transmisor de la ciencia antigua y del neoplatonismo al Medievo occidental; de hecho, permitió a eruditos medievales (y hasta renacentistas) que no leían latín acceder al neoplatonismo a través de una fuente antigua. Las innumerables citas en escritores medievales, su presencia en los catálogos de las bibliotecas monásticas y el elevado número de manuscritos conservados son evidencias de la vasta circulación de sus obras, y de que Macrobio era muy leído y estimado como autoridad en ciertas materias, en especial, astronomía y geografía, y en la interpretación de los sueños. De hecho, se puede afirmar que, junto con Boecio, Marciano Capela, Calcidio e Isidoro de Sevilla, fue Macrobio uno de los autores más influyentes en la Edad Media por su función de puente entre el pensamiento antiguo y el pensamiento medieval.
Ahora bien, cabe precisar que, si comparamos la influencia que las dos obras más significativas de Macrobio han ejercido en la posteridad (dejando aparte el tratado gramátical), resulta más que evidente que las Saturnales han quedado eclipsadas por el Comentario del «Sueño de Escipión» , que ha acaparado el interés de los estudiosos medievales en una relación porcentual en torno al 90 o 95 % a su favor 129 . Esto se debe a que el Comentario proporcionaba a sus lectores un vasto compendio, claro y variado, de los conocimientos científicos de la cultura clásica pagana: aritmética, música, astronomía y geografía, además de la visión platónica del alma y las virtudes y la teoría de los sueños en la Antigüedad. A esto se une el hecho de que la parte más estrictamente filosófica de las Saturnales se ha perdido, y otros temas que podían ser quizás atractivos, como el sincretismo solar o la división del tiempo, aparecen tratados en ambas obras. Por ello, vamos a estudiar aquí únicamente la pervivencia de las Saturnales en aquellos autores y obras donde es más que evidente, remitiendo para un tratamiento más amplio al capítulo específico que dedicamos a la fortuna de la obra macrobiana en la Introducción al Comentario al «Sueño de Escipión» 130 .
Aunque hay indicios de que tanto Boecio como Casiodoro conocían las Saturnales , la presencia de esta obra es más clara en Isidoro, obispo de Sevilla (570-636), quien en sus Etimologías , enciclopedia universal de los saberes de su tiempo, utiliza pasajes de las Saturnales , a saber: en el libro V, a propósito de la división del día civil en Roma (Sat. I 3), del magnus annus (Sat. I 14; cf. asimismo Com. II 11, 6), de las calendas, las nonas, las idus y demás días del calendario romano (Sat. I 15-16); en el libro XI hay referencias al dedo anular (el digitus medicinalis) y a la derivación de la palabra pollex (Sat. VII 13, 7 y 14); y en el libro XIII se habla del agua fresca del mar Negro (Sat. VII 12, 34). Es asimismo evidente la conexión entre Etimol. XIX 1-2 y XX 5 (nombres de diferentes tipos de recipientes para beber) con Sat. V 21, aunque no se puede descartar una fuente común para ambos, tanto en este caso como en los anteriores, que bien pudiera ser Ateneo de Náucratis.
Las referencias al día romano, al mes romano y a las calendas, nonas e idus romanas que Beda el Venerable (673-735) hace en los capítulos 7, 9, 12 y 13 de su Sobre el cómputo del tiempo se corresponden con los pasajes macrobianos de Sat. I 3 y 12-15, y hacen sospechar que tanto Isidoro como Beda manejaron un compendio de los Saturnalia conocido como la Disputa de Horo y Pretextato , que contiene una colección de excerptas del libro I 131 . Resulta inexplicable, sin embargo, que, al hablar de la influencia de la luna en el capítulo XXVIII, Beda no tenga presente el tratamiento que Macrobio, siguiendo a Plutarco, hace del tema en Sat. VII 16.
El éxito de Macrobio no decae con el renacimiento carolingio; de hecho, queda claro, por los catálogos de bibliotecas carolingias conservados y por otros testimonios, que ejemplares de la obra de Macrobio fueron copiados en los escritorios de Corbie, Tours, Fleury, Ferrières, Auxerre, Lorsch, Reichenau y Sankt Gallen, entre otros monasterios 132 . Entre los más de una docena de manuscritos de autores clásicos que anotó de su puño y letra Lupo de Ferrières (circa 805-862), abad de Ferrières, figura un manuscrito de Macrobio (el Parisinus Latinus 6370 , siglo IX in.) , al mismo tiempo que incluyó fragmentos de las Saturnales en algunas de sus obras 133 . También se detecta una presencia difusa tanto de las Saturnales como del Comentario en el irlandés Juan Escoto Erígena (810-877), quien cita a Macrobio como fuente en su Martiani expositio , al menos dos veces (13.1; 365.21) y, según Cora Lutz 134 , extrae sus ideas sobre el alma y el Alma del Mundo de Calcidio y Macrobio, y sus doctrinas astronómicas de ambos autores y de Plinio el Viejo. Remigio de Auxerre (841-908), discípulo de Heirico, conoce tanto las Saturnales como el Comentario , y los utiliza en su comentario a las Nupcias de Mercurio y Filología de Marciano Capela, en especial para las digresiones aritmológicas, astronómicas y geográficas 135 . Ercamberto de Freising y Milón de Saint-Amand también parece que leyeron la obra de Macrobio, así como los compiladores de los comentarios carolingios de Marciano Capela 136 .
En los siglos X y XI parece que hay menos interés por Macrobio, y aunque no faltan autores que lo conozcan (el papa Silvestre II, Helpe-rico de Auxerre, Bovo II de Corvey, el Anonymus Einsidlensis , Adalboldo de Utrecht, Onulfo de Espira o Managoldo de Lautenbach), no se detecta, sin embargo, ninguna huella clara de las Saturnales.
Con el renacimiento cultural del siglo XII , el prestigio de Macrobio llega a su apogeo, sobre todo entre los integrantes de la Escuela de Chartres, núcleo principal de los estudios sobre la filosofía neoplatónica 137 . Guillermo de Conches (1080-1154) 138 , fervoroso seguidor de la doctrina platónica (nos Platonem diligentes) , conocía bien las obras de Macrobio, como atestiguan tanto sus citas en sus dos tratados sistemáticos, Dragmaticon y Philosophia mundi , como sus glosas al Comentario , conservadas en seis manuscritos (también hizo uso de las Saturnales ) 139 . Pero especialmente deudor de Macrobio es Juan de Salisbury (1115-1180) 140 , discípulo de Abelardo y de Guillermo de Conches, quien en su obra principal Polycraticus, sive de nugis curialium et vestigiis philosophorum , dedicada al célebre Thomas Becket de Canterbury, no sólo elogia explícitamente a Macrobio 141 , sino que además reproduce literalmente numerosas excerptas de éste, sobre todo de las Saturnales , aunque se omiten las palabras y pasajes en griego. Hay indicios de que Juan de Salisbury pudo haber manejado un texto de las Saturnales más completo que el que nos ha llegado a nosotros y que incluiría la parte perdida del final del libro VII 142 . De hecho, en el libro VIII (capítulos 6, 7 y 16) del Polycratus hay referencias a declaraciones hechas por un tal Portunianus —que hoy en día por lo general se considera que se trata de Postumiano, el personaje que refiere a Decio el relato que Eusebio le hizo de cuanto se dijo en el banquete (Sat. I 2, 1-4)— que Juan de Salisbury debió tomar de partes del texto de los Saturnalia que hoy en día no se conservan 143 , lo mismo que una sentencia —descrita como una cita de la obra de Macrobio— que parece encajar en la laguna del final del libro II de las Saturnales 144 .
También en el siglo XII , y en un plano similar, habría que colocar al historiador inglés Guillermo de Malmesbury, el cual, además de citas esporádicas en otras obras suyas, como los Gesta regum , incluye partes del libro II de las Saturnales al comienzo del De paradoxis 145 . Igualmente, encontramos citas de las Saturnales en la obra intitulada Panormia de Osbern of Gloucester (mitad del siglo XII ) y en las Magnae derivationes de Uguccione de Pisa (muerto en 1210) 146 . Junto con Calcidio y Marciano Capela, Macrobio es la principal fuente de Bernardo Silvestre de Tours (siglo XII ) en su obra neoplatónica sobre la creación del mundo (De mundi universitate) , y sin duda las Saturnales inspiraron su Comentario a los seis primeros libros de la «Eneida» de Virgilio.
La influencia de las Saturnales de Macrobio alcanzó hasta el ámbito de la medicina, como atestigua Guy de Chauliac (1300-1368), quien menciona el nombre de Macrobio en el primer capítulo de su Ars chirurgica (1363) 147 .
En el siglo XIII el triunfo de las doctrinas escolásticas de base aristotélica supone una importante devaluación del prestigio de Macrobio, que, de hecho, no se volverá a recuperar hasta finales del siglo XV , cuando el neoplatonismo recobra fuerza merced al interés que despierta en la Academia de Florencia. Con todo, durante el siglo XIV , autores como Dante Alighieri (1265-1321) y Giovanni Boccacio (1313-1375) estaban muy familiarizados con el Comentario al «Sueño de Escipión». Y Macrobio es asimismo uno de los autores clásicos más citados en las obras de Francesco Petrarca (1304-1374) 148 , que lo califica como scriptor egregius 149 y encuentra en Macrobio un apoyo para defender su platonismo frente al de Aristóteles, que no es de su agrado. No sólo leyó el Comentario , que toma como modelo directo en muchos pasajes tanto en el De vita solitaria como en el África , sino también las Saturnales ; prueba de ello es la incorporación de la figura de Evángelo en el De sui ipsius et multorum aliorum ignorantia.
Por la misma época, y en lengua catalana, el enciclopedista y recopilador del saber medieval Francesc Eiximenis (1327-1409) incluyó diversos pasajes de las Saturnales en el capítulo cinco del Terç del Crestià , cuando trata acerca de la ebriedad 150 .
En el resurgir de la popularidad de Macrobio en el siglo XV tiene mucho que ver la Academia de Florencia y su renovado interés por el neoplatonismo. El helenista Marsilio Ficino (1433-1499) 151 , el filósofo más sobresaliente del Quattrocento, aunque era sobradamente capaz de leer a Platón y a Plotino en griego, no desdeñaba, sin embargo, las fuentes latinas, y en su Theologia Platonica de animarum inmortalitate (Florencia, 1482) cita muchas veces a Macrobio (v. gr. la interpretación alegórica de la aurea catena homérica, el tratado de la virtud 152 , o la comparación del sol con Dios: Sol vero maxime Deum ipsum tibi significare potest , afirma Ficino; cf. Com. I 2, 15).
La influencia de Macrobio en el Renacimiento alcanza a muchos otros autores que no nos es posible aquí mencionar, pero que han sido investigados por C. R. Ligota 153 , a cuyo estudio remitimos.
Con el Humanismo y el redescubrimiento de los clásicos se incrementó el interés por los textos originales y los compendios cayeron en desuso, y en consecuencia el interés por Macrobio declinó 154 . En el siglo XVI , no obstante, el autor todavía suscita cierto interés, como atestiguan las numerosas ediciones del Comentario que se suceden, a ritmo vertiginoso, por toda Europa, o incluso las variadas colecciones de anécdotas divertidas y respuestas ingeniosas, en ocasiones auténticos libros de chistes, que se inspiran de manera directa o indirecta en el libro II de las Saturnales.
Macrobio (Saturnales II ) y la teoría de la risa de Cicerón (Sobre el orador II 54-71): las colecciones de facetiae del Renacimiento
De hecho, Macrobio es el último cultivador en la Antigüedad de un género, las facetiae («chistes, chanzas, ocurrencias, donaires, agudezas»), que remonta su tradición al apotegma griego, un relato breve que muchas veces encierra una enseñanza moral en una anécdota histórica, o al menos, recoge el dicho de alguien sabio o notable, si bien en la facetia encierra siempre humor o agudeza.
La principal doctrina al respecto la formula Cicerón en el diálogo Sobre el orador , donde, para concluir con el gran bloque de la inventio , trata, por boca de César Estrabón, sobre el humor o ridiculum (II 54-71, §§ 216-289) como medio de persuasión muy influyente 155 , que mediante agudezas y efectos emotivos sobre el auditorio, haciéndolo reír/sonreír, engrandece la imagen del orador (éthos) o ridiculiza al adversario (páthos). Para Cicerón las facetiae son un excelente condimento tanto para la charla como para la oratoria forense (II 67, § 271); distingue, además, dos modos de conseguir el ridiculum : a) mediante la cavillatio , que en ocasiones se llama festivitas , que es un humor difuso, no hiriente, provocado mediante un discurso que testimonia más el ingenio de quien lo dice, que una situación desairada de quien es objeto de él; b) mediante la dicacitas , es decir, la frase ingeniosa, el dicho agudo, puntual y mordaz. Como bien matiza J. J. Iso 156 , con la cavillatio o la festivitas Cicerón se está refiriendo a un tipo de humor que apunta al éthos ; con la dicacitas , el humor apunta al páthos. Además, Cicerón ofrece una división del humor, del ridiculum , según se base en la situación (ridiculum in re ; por ejemplo, una anécdota simpática), o tenga por fundamento la palabra (ridiculum in verbo ; por ejemplo, una agudeza verbal). Cicerón no sólo aporta la teoría del humor a la posteridad, sino también una colección de facetiae , como recurso retórico del perfecto orador. Es más, según Quintiliano 157 , el propio Cicerón era sumamente aficionado a los chistes y dichos ingeniosos «tanto en la conversación de la vida diaria, como en los debates oratorios y en los interrogatorios a los testigos», hasta el punto de que sabemos, por Plutarco y Macrobio, que Catón llegó a exclamar: Quam ridiculum habemus consulem! («¡qué cónsul tan chistoso tenemos!»), y que, en lamisma línea, enemigos suyos, como Vatinio, lo llamaban scurra consularis («bufón que había alcanzado el consulado») 158 . Según Quintiliano 159 , su liberto Tirón «u otro» hizo una edición de sus chistes en tres libros, y en una carta de finales del año 45 a. C., el propio Cicerón le da las gracias a Gayo Trebonio por haber publicado una colección de chistes suyos 160 .
Durante el siglo I a. C. las colecciones de chistes, anécdotas, dichos y apotegmas fueron muy populares, y su publicación respondió muchas veces a razones de propaganda política. Sabemos que igualmente recopilaron colecciones de facetiae Catón 161 , el hermano de Cicerón, Julio César (Dicta collectanea) , el emperador Augusto, el poeta satírico Marco Furio Bibáculo (Lucubrationes) 162 , el jurisconsulto Aulo Cascelio (Liber bene dictorum) 163 , el gramático Gayo Meliso (Libellus iocorum) 164 , el poeta Domicio Marso (De urbanitate) 165 , y ya en tiempos de Nerón, el orador Gneo Domicio Afro 166 , maestro de Quintiliano. Bajo el influjo de Cicerón, el humor aparece en la preceptiva retórica con un papel destacado en Quintiliano, quien incluyó en el libro VI de su Enseñanza oratoria una sección específica sobre la risa en el discurso y añade un catálogo de muestras (VI 3, 1-112: De risu). De estas colecciones antiguas nada nos ha llegado salvo el material empleado por los enciclopedistas tardíos Aulo Gelio y Macrobio.
La facetia , en cuanto que recurso oratorio, está emparentada con la chreía (o anécdota), con la sententia (apotegma, aforismo), con la fábula, con el exemplum o memorandum , o con el epigrama. De hecho, a veces se solapa con ellos, pues una anécdota puede ser amable, una sentencia aguda, una fábula chistosa, un ejemplo cómico, o un epigrama sutil. Lo que define a la facetia es el humor verbal, sea en forma de breve relato (nuestra «chanza» o «donaire»; en italiano, conto o facezia) o de frase chistosa (nuestra «agudeza» o «salida ingeniosa», arguta responsio ; en italiano, rencontre o motto , o pronta risposta). La duración no es necesariamente un criterio. Macrobio habla normalmente de bona verba.
La tradición retórica ciceroniana de la facetia clásica 167 , aparentemente olvidada desde Macrobio (siglo V d.C.), resucita en 1344 con los Rerum memorandarum libri de Francesco Petrarca, quien incluye al final del libro II una antología de facetiae (II 37-91 ) 168 . En su breve introducción (II 37), Petrarca deja bien claro, tal como antes Cicerón y Quintiliano, que los chistes son parte de la elocuencia, y afirma que podemos llamar al género de los chistes facetiae, sales (porque sazonan nuestro discurso) o incluso, como Cicerón, apothegma , si bien tiene claro que estos «dichos» han de ser cómicos, puesto que los distingue de los dichos sabios, al estilo de los Apotegmas de Plutarco, a los que dedica una sección aparte, De sapientia (III 31-99). El conjunto de la obra sigue de cerca el modelo de los Hechos y dichos memorables de Valerio Máximo (circa 29 d.C.), una colección de exempla , o anécdotas ejemplares, que, sin embargo, no tiene una sección específica de facetiae. Tal como Valerio, Petrarca divide las anécdotas en Romana y Externa , pero añade una tercera división, Moderna. La mayoría de las 114 facetiae , sin numerar y sin título, las tomó Petrarca, como él mismo declara (II 38, 68, 73, 85), de las anécdotas simpáticas del libro II de las Saturnales de Macrobio (II 1-7 y III 7), así como de las Vidas de Suetonio. Petrarca distribuye su colección en tres secciones: De facetiis ac salibus illustrium (II 37-61), De mordacibus iocis (II 62-84), De ingenio paupertatis (II 85-91). Casi todos los chistes, tanto romanos como foráneos y modernos, son atribuidos a personajes famosos, desde la Antigüedad (Diógenes) hasta época reciente (los papas Bonifacio VIII y Juan XXII, Dante, etc.), si bien la inmensa mayoría, tal como en Macrobio, están relacionados con Augusto y Cicerón. Petrarca dice admirar la agudeza de Augusto, de su hija Julia (cavillatrix in primis iocundissima , II 50), y la capacidad de Augusto y Julio César de hacer bromas sobre ellos mismos (III 68 y 69).
Siguiendo el modelo de Petrarca, las colecciones renacentistas de facetiae menudearon en Italia 169 . El primero en secundarle fue Poggio Bracciolini, entre 1438 y 1452, si bien la primera edición completa de su Liber Facetiarum no apareció impresa hasta 1470 170 . Son 273 facetiae , sin numerar pero con título; no siguen ningún orden particular; no se incluyen facetiae clásicas; la mayoría, aunque cómicas, persiguen un fin satírico contra los tres blancos favoritos del exemplum medieval: la corrupción de la Iglesia, la lujuria femenina y la estupidez de los campesinos. Es la más influyente de todas las colecciones renacentistas, con 34 ediciones entre 1470 y 1500, y una gran difusión en Francia en el siglo XVI 171 .
En 1455 Antonio Beccadelli (Panormita) redacta sus De dictis et factis Alphonsi regis Aragonum libri quatuor , impreso en Pisa en 1485 (edición muy rara) y más tarde en Basilea en 1538, con comentario de Eneas Silvio Piccolomini, luego papa Pío II 172 . Más que una colección de chistes, son anécdotas cuya intención es crear un retrato idealizado de Alfonso el Magnánimo siguiendo el retrato de Augusto en Suetonio y Macrobio. Un componente esencial de este espejo de príncipe es una lista de facete dicta de Alfonso, que, sin embargo, más que facetiae son dicta 173 . En realidad, a partir de aquí se puede hablar de dos tipos básicos de colecciones latinas de relatos breves: las colecciones de hechos y dichos, que imitan el canon de Valerio Máximo, cuyo primer exponente son los Rerum memorandarum libri IV de Petrarca; y las colecciones de dichos, que siguen como modelo los Recuerdos de Sócrates de Jenofonte, encabezadas por la obra de Becadelli y a la que se suma el Commentarius de Piccolomini. Las colecciones de dichos (dicta) , en los que sólo esporádicamente aparece algún factum , se dividían, a su vez, en dos subtipos diferenciados: las colecciones de facetiae , integradas por relatos graciosos, y las colecciones de apophthegmata , transmisoras de la sabiduría moralizadora de la Antigüedad, formadas casi exclusivamente de apotegmas, según el canon de los Apotegmas de Plutarco. Ahora bien, en las colecciones de facecias tenía también amplia cabida el apotegma, sobre todo, el apotegma de arguta responsio , exponente de agudeza y consiguiente gracia, pero, con frecuencia, eran relatos de mayor amplitud narrativa que el sencillo apotegma. En las colecciones de facecias renacentistas podían también insertarse esporádicas secuencias moralizadoras —fábulas, sentencias, prodigios...— pero el conjunto era predominantemente jocoso, con presencia de relatos eróticos e incluso escatológicos.
Entre 1466 y 1471 debió redactar Ludovico Carbone sus Cento trenta novelle o facetie 174 . Se trata de la primera colección de facetiae en lengua vernácula, italiano con fuerte acento del dialecto de Ferrara, Combina facetiae modernas con antiguas, y entre estas últimas incluye 22 tomadas del diálogo Sobre el orador de Cicerón (35-43, 45-46, 48-57 y 105) 175 .
Gran difusión tuvo a finales del siglo XV la Mensa philosophica , un anónimo cuya fecha de composición se ignora, editado por primera vez en 1470 176 . Los libros I y III tratan del vino, la carne, los vegetales, los condimentos y cuestiones relativas al apetito y la digestión. El libro II trata de los comensales, y el libro IV («De honestis ludis et iocis») es una antología con 241 breves anécdotas, sin número ni título, pero organizadas en 45 secciones, según sus protagonistas, la mayoría religiosos o representantes de clases sociales. El Prefacio y la introducción del libro IV citan a Macrobio, y todos los chistes de las primeras secciones de la antología han sido tomados de Macrobio, si bien la fuente principal de la antología es, sin duda, el exemplum medieval 177 .
La colección italiana de facetiae mejor conocida, después de la de Poggio, son los Motti e facezie del Piovano Arlotto , obra anónima compuesta entre 1477 y 1488, pero impresa por primera vez en 1514-1516 178 . Son 218 anécdotas variadas: historietas cómicas, réplicas agudas, chistes prácticos, fábulas morales, dichos sabios, y relatos sobre la justicia, la compasión y la caritâ de Arlotto Mainardi, párroco de Santo Cresci en la diócesis de Fiesole. La intención de la colección es claramente hagiográfica, y las largas retahílas de sententiae de la parte final están tomadas de la muy popular Vida de filósofos basada en Diógenes Laercio.
Hacia 1480 se redactó una colección de más de 400 brevísimas anécdotas, máximas y proverbios en italiano, la mayoría relacionados con la familia Medici y sus allegados 179 . Se trata del llamado Bel libretto o Detti piacevoli , tradicionalmente atribuido a Angelo Poliziano, aunque no faltan quienes defiendan el anonimato de su autoría 180 .
Entre 1480 y 1520 se redactó otra colección anónima, de 280 anécdotas, debida tal vez a varias manos, titulada Facezie e motti 181 , que reutiliza parte del material del Bel libretto.
En 1486 Agustín Tünger redactó la primera colección bilingüe conocida, en latín y alemán, y la dedicó al conde Eberhard de Württemberg; permaneció inédita hasta 1874 182 . Son 54 apophthegmata , en realidad anécdotas ejemplares —al estilo del exemplum medieval— acompañadas de comentarios morales (sobre clérigos corruptos e hipócritas, profesores vanidosos y avarientos y mujeres lascivas).
Aunque no se puede hablar en términos de colección propiamente dicha, un famoso cultivador del género fue el gran polígrafo humanista Leonardo da Vinci 183 . En sus cuadernos encontramos dispersas una veintena de simpáticas anécdotas, redactadas entre 1490-1504, que el propio Leonardo a veces llama facetia o facietia , pero otras veces no identifica genéricamente y entonces no es fácil distinguirlas de las fábulas, a las que era muy aficionado. La mayoría de las facezie son fábulas o divertidas anécdotas, pero hay dos particularmente interesantes porque revelan una inesperada influencia clásica, a saber: la anécdota del hombre «atado a» una espada mucho más grande que él resulta incomprensible excepto para quienes supieran que se trataba de una de las famosas bromas atribuidas a Cicerón, que Leonardo pudo leer en las Saturnales de Macrobio 184 ; análogamente, la broma a costa del hijo feo de un consumado pintor deriva igualmente de las Saturnales de Macrobio 185 . Por supuesto, esto no quiere decir que Leonardo leyera estas anécdotas directamente de las obras de Macrobio y Cicerón, pues pudo leerlas en algunas de las muchas colecciones del siglo XV , a parte de que muchas de estas anécdotas circulaban oralmente 186 .
En las postrimerías del Quatroccento, hacia 1499, debió componer Giovanni Pontano su tratado De sermone , que, no obstante, no conoció su primera edición hasta 1509 187 ; en seis libros, el humanista neolatino desarrolla su propia teoría sobre el humor y la agudeza ilustrándola con más de 200 facetiae , muchas de origen clásico (Plauto, Marcial, Cicerón y Quintiliano), otras muchas contemporáneas (Poggio, Panormita, y el Bel libretto ) 188 .
En Alemania también surgieron muchas colecciones de facetiae en el siglo XV . Así, el humanista Heinrich Bebel (1472-1516), poeta laureado del emperador Maximiliano, publicó, entre 1508 y 1512, la colección más popular en el Renacimiento tras la de Poggio, y una de las más extensas: 441 breves anécdotas y fábulas, con títulos, en tres libros 189 .
En 1508 Johannn Adelphus Muling o Mülich publicó sus Facetiae Adelphinae , dentro de una compilación más amplia y variada denominada Margarita facetiarum 190 . Son 82 breves, delectabiles et iocundae sententiae , como el propio Adelphus las califica en su prefacio.
En 1510, el cardenal Paolo Cortesi (1465-1510) publicó un manual sobre el ideal de príncipe de la Iglesia, titulado De cardinalatu , dedicando un capítulo a la oratoria apropiada para un cardenal, con una sección específica sobre «Facetie et Ioci » 191 . No recoge facetiae clásicas; la mayoría de las anécdotas tienen que ver con personajes famosos «contemporáneos» (Dante, Alfonso de Aragón, Cosimo de Medici, Mantegna, bastantes papas), pero algunas son anónimas. Todas sus facetiae son claramente cómicas, ninguna pertenece a la tradición sapiencial, ninguna es obscena ni bromea a costa de la religión. Para Cortesi, la risa es proprium hominis 192 .
Los Facetiarum exemplorumque libri VII de L. Domicio Brusoni (Roma, 1518), pese a su título, es una colección apotegmática que encierra unos cuatro mil apotegmas, dispuestos por materia.
Junto a estas compilaciones humanistas, llama la atención, por contraste, una colección de claro tenor «medieval» que se hizo rápidamente popular e influyó en la mayoría de las colecciones posteriores, titulada Schimpf und Ernst 193 , obra de un judío converso que llegó a ser un conocido predicador franciscano, Johannes Pauli. Las principales fuentes de Pauli son Geiler von Keyserberg y las colecciones de exempla medievales, pero también cita a un ramillete de autores clásicos y, con frecuencia, a Petrarca. La mayoría de las anécdotas son en gran manera didácticas, pero un buen número son muy divertidas 194 .
El propio Erasmo de Rótterdam, que, como Pontano, consideraba la festivitas como un atributo esencial del buen humanista, redactó un breve coloquio, Convivum fabulosum (1524) 195 , donde nueve personajes, cuyos nombres evocan la risa (Gelasinus, Eutrapelus) o la urbanidad (Asteus), narran diez ridiculae fabulae. Paganathus pone el broche final al coloquio sentenciando: Nihil iucundius, quam quum serio tractantur nugae 196 . En 1531 publica Erasmo la colección apotegmática por antonomasia del Renacimiento, su best-seller Apophthegmata 197 , que sigue directamente el modelo de Plutarco. En la epístola dedicatoria a Guillermo de Cleves casi llega a identificar los apophthegmata con las facetiae de Cicerón, quien tenía muy claro la diferencia entre la facetia y la sentencia. Siguiendo la línea del humanista holandés, las otras dos colecciones sobresalientes de apotegmas del siglo XVI son los Apophthegmata de Lycosthenes (Basilea, 1555) y los Apophthegmata de Paolo Manuzio (Venecia, 1577).
En el año 1524 se publicaron otras dos colecciones de facetiae. La primera, con el título de Ioci ac sales mire festivi 198 , es obra del conocido humanista Ottomar Nachtgall o Nachtigall, Luscinius (1487-1536). Algunos de los 232 ioci son breves anécdotas ingeniosas, combinando facetiae antiquae y facetiae modernae ; otros son fábulas, fragmentos autobiográficos, prolijas disquisiciones morales —como los Adagios de Erasmo— o epigramas que siguen el modelo de Marcial o de Tomás Moro 199 .
La segunda colección es la primera que se presenta explícitamente como una antología de facetiae entresacadas de colecciones previas, las Iocorum veterum ac recentium duae centuriae (1524) del humanista belga Adrian Barlandus (von Baarland) 200 . El subtítulo de la primera centuria es «Ioci ex Macrobio », si bien a las facetiae tomadas de Macrobio siguen otras tomadas de Quintiliano, Cicerón, Suetonio y el De sermone de Pontano. Casi todas son breves anécdotas, que siguen muy de cerca a sus fuentes. La Centuria Secunda es una antología de anécdotas de Diógenes Laercio, citas de los coloquios de Erasmo, y epigramas de Marcial y Ausonio 201 .
Entre las colecciones anónimas inglesas de época Tudor conocidas como jestbooks , las dos primeras antologías de merry tales desconectados concebidas como imitación de los libros de facetiae son A Hundred Mery Talys , obra anónima de 1526, del círculo de Tomás Moro, y Tales and Quicke Answeres (1532) 202 . No se trata de adaptaciones de facetiae continentales, sino de compilaciones «originales». Por ejemplo, muy pocos de los 100 merry tales de la primera colección tienen fuentes obvias (sólo uno es de origen clásico). Setenta y cuatro de los cuentos concluyen con moralejas explícitas, lo que confiere un marcado carácter didáctico a la colección 203 . Testimonio del éxito de ambas colecciones durante el siglo XVI es el amplio uso retórico de sus bromas que se atestigua en las obras de Tomás Moro, Hugh Latimer y John Harington 204 . Este último humanista inglés compuso epigramas, algunos de los cuales son muy similares a las facetiae y reformulan, de hecho, versiones más antiguas de facetiae continentales; en uno de ellos (Epigrama 368) 205 incluso se hace eco de una de las anécdotas que sobre Julia, la hija de Augusto, recopila Macrobio en el libro II de las Saturnales (cf. II 3, 9): «Como aquellos que conocían sus desvergüenzas, se preguntaran asombrados cómo era que paría hijos que se parecían a Agripa, ella, que entregaba su cuerpo a tanta gente, replicó: “Es que yo nunca embarco a un pasajero si la nave no está llena”».
La anécdota de Macrobio ya había sido recogida por Pontano 206 . Por su parte, Harrington, que atribuye la ingeniosa respuesta a una gran dama romana sin identificar (a great Roman Lady) desarrolla las metáforas: cuando el marido de la dama observa: «Straungers lodge their Arrowes in thy quiver»; ella admite: «My bark was sometimes steered with forren ore»
Yet stowd I no mans staff but first perswaded the bottom with your ballast full was laded 207 .
Uno de los best-seller del siglo XVI en toda Europa, El Cortesano de Baltasar de Castiglione 208 , redactado entre 1508-1516, pero publicado por primera vez en 1528, contiene una sección sobre el tipo de humor que conviene a un cortesano (II 42-93), que sigue muy de cerca el modelo de la retórica del humor del De oratore de Cicerón, La grazia del cortesano ideal incluye el discurso elegante basado en las cinco categorías de la retórica ciceroniana, y como el orador ideal, el cortesano ideal debe saber cómo hacer buen uso de las facezie. Castiglione emplea sus 93 facetiae para ilustrar su minuciosa teoría sobre las fuentes del humor, tomada, parágrafo a parágrafo, de la teoría ciceroniana del humor (Sobre el orador II 54-71). Divide las facezie en una urbana e piacevole narrazion continuata (la cavillatio de Cicerón) y una subita ed arguta prontezza (la dicacitas de Cicerón), y añade a estas dos una tercera categoría, burle o bromas pesadas, que Cicerón jamás hubiera aprobado, Castiglione subdivide luego la categoría de las narrazione en tres: il recitar con bona grazia alcuni difetti d’altri, certe affettazioni estreme , y una grande e ben composta bugía. En la sección de pronta acuttezza distingue hasta 35 técnicas para provocar la risa, ilustradas con facetiae de Cicerón, Poggio, Pontano y otros 209 . En la misma línea de la retórica del humor se sitúa el Arte of Rhetorique (1553) de Thomas Wilson 210 , si bien se centra en la figura del predicador y el empleo del humor como arma retórica en sus sermones.
A partir de 1530 las colecciones de facetiae recopilan casi siempre anécdotas procedentes de una mezcla de fuentes diversas, incluidas las colecciones precedentes, perdiendo así con ello su marchamo individual y adoptando un carácter netamente colectivo. Entre ellas, destacan la colección del humanista alemán Joachim Gast, Convivales sermones (1541) y la de Lodovico Domenichi, Facetie et motti arguti di alcuni eccelentissimi ingegni, et nobilissimi signori , Florencia, Torrentino, 1548.
En el ámbito portugués, la primera colección latina de sentencias y apotegmas de personalidades griegas y latinas, autores sagrados y personajes ilustres son las Sententiae et Exempla , publicados en Lyon en 1557 (o tal vez antes en Coimbra en 1554) 211 , obra de un tal Andreas Eborensis Lusitanus, identificado con el célebre humanista André de Resende o con el rico comerciante André Rodrigues da Veiga. En 1585 vio la imprenta una colección parecida en todo a la española de Juan de Timoneda, Contos e historias de proveito de Gonçalo Fernandes Troncoso. La primera colección apotegmática en lengua portuguesa no aparecerá hasta comienzos del siglo XVIII , a saber, los cinco tomos de la Nova Floresta o Sylva de vários apotegmas (Lisboa, 1706-1728), compuesta por Manuel Bemardes, miembro de la Congregación del Oratorio de Lisboa, y que contiene dichos sentenciosos espirituales y morales de autores cristianos (desde la tradición patrística); se trata, por tanto, de apotegmas sagrados 212 .
Entre las numerosas colecciones paremiológicas españolas del siglo XVI 213 , cabe aquí citar, por su mayor adecuación al concepto de facetia , en primer lugar aquellas colecciones constituidas por secuencias de apotegmas o de cuentos, en series numeradas o agrupados en torno a un personaje histórico, y cuyo principal móvil es el realce del ingenio: Vida y excelentes dichos de los más sabios filósofos que hubo en este mundo , de Hernando Díaz (Sevilla, 1520); Libro de los dichos y hechos del rey don Alonso , de Juan de Molina (Valencia, 1527); Hazañas valerosas y dichos discretos del Ilmo, y Excmo. Sr. Don Pedro Manrique de Lara , de Pedro Manrique de Lara (?); Sobremesa y Alivio de Caminantes (Zaragoza, 1563; Valencia, 1569), Buen Aviso y Portacuentos (Valencia, 1564), de Juan de Timoneda; Cuentos , de Juan Aragonés (en las ediciones del Sobremesa de Timoneda de Medina del Campo, 1563 y Alcalá, 1576); Floresta española de apothegmas o sentencias, sabias y graciosamente dichas, de algunos españoles , de Melchor de Santa Cruz (Toledo, 1574); Las seiscientas apotegmas , de Juan Rufo (Toledo, 1596); Liber facetiarum et similitudinum Ludovico de Pinedo et amicorum (circa 1550). En segundo lugar, aquellas colecciones cuya secuencia es la disertación, en forma narrativa o con esquema de diálogo, y con intención fundamentalmente erudita y doctrinal: Suma de todas las Crónicas del mundo (Valencia, 1510); Silva de varia lección , de Pero Mexía (Sevilla, 1540, con adiciones en la edición de Zaragoza, 1555), Silva Eutrapélica , de Juan Pérez de Moya (Valladolid, 1557); Filosofía vulgar , de Juan de Mal Lara (Sevilla,. 1568); Silva curiosa , de Julián de Medrano (París, 1583); Historias prodigiosas y maravillosas de diversos sucesos acaecidos en el mundo , de Andrea Pescioni (Medina del Campo, 1586); Miscelánea. Silva de casos curiosos (o Varia historia), de Luis Zapata de Chaves (1592); Fabulario de cuentos antiguos y nuevos , de Sebastián Mey (Valencia, 1613).
En general, las colecciones paremiológicas españolas del siglo XVI tienen, de entre las fuentes clásicas grecolatinas, una filiación especialmente directa con Plutarco y Diógenes Laercio, de entre los autores griegos, y con Valerio Máximo, Aulo Gelio y Macrobio de entre los latinos. No obstante, el influjo de estas fuentes clásicas no siempre es directo, sino que hay que contar con los humanistas latinos como mediadores de este influjo, en especial, Erasmo con sus Adagios y sus Apotegmas ; esta última colección en la traducción del bachiller Francisco Támara (Amberes, 1549) o en la del médico Juan de Jarava (Amberes, 1549).
El humanista sevillano Pero Mexía, que en el «Prohemio» de su Silva declara sentirse muy complacido de ser el primero en emular en lengua castellana a los grandes autores clásicos de colecciones misceláneas, llega a emplear simultáneamente cuatro fuentes al narrar elconocido apotegma de Diógenes, capturado por corsarios atenienses y puesto en venta como esclavo en subasta pública, si bien sólo cita explícitamente dos de sus fuentes (Gelio y Macrobio), omitiendo las otras dos (Diógenes Laercio y Erasmo):
Fue una vez preso Diógenes por ciertos corsarios atenienses, y en su captiverio nunca perdió el ánimo, ni las palabras libres. Poniéndole en almoneda aquel cuyo captivo era para lo vender, le preguntó el pregonero que lo avisase qué habilidad tenía, para que la publicase. Respondió el Diógenes: «Di que vendes un siervo que sabe mandar y gobernar a los libres». Gelio y Macrobio escriben que esta respuesta dio a Geniades, que fue el que lo compró y lo hizo después maestro de sus hijos (Silva. Parte 1.a , capítulo XXVII) 214 .
En lo sustancial coincide con el relato de Macrobio (Saturnales I 11, 42-43):
Incluso Diógenes el Cínico, aunque nacido libre, fue vendido como esclavo. Deseoso de comprarlo, Jeníades de Corinto le preguntó qué sabía hacer, y Diógenes le respondió: «Sé gobernar a los hombres libres (liberi)». Entonces Jeníades, maravillado ante su respuesta, lo compró, lo manumitió y confiándole a sus propios hijos, le dijo: «Toma a mis hijos (liberi) , y gobiérnalos».
En realidad, Macrobio ha copiado textualmente —con alguna pequeña elisión— el texto de las Noches áticas de Aulo Gelio (II 18, 9-10):
También Diógenes el Cínico vivió la condición de esclavo. Pero había llegado a la esclavitud desde la libertad. Como quisiera comprarlo Jeníades de Corinto, le preguntó qué sabía hacer, y Diógenes le respondió: «Sé gobernar a los hombres libres». Entonces Jeníades, maravillado ante su respuesta, lo compró, lo manumitió y confiándole a sus propios hijos, le dijo: «Toma a mis hijos, y gobiérnalos».
A esta versión común, se unen otras dos versiones del apotegma en Diógenes Laercio:
Cuenta Menipo, en «La venta de Diógenes», que, capturado y puesto en venta, le preguntaron qué sabía hacer. Respondió: «Gobernar hombres» (Diógenes Laercio, VI 29).
Sufrió la venta con suma nobleza; pues navegando hacia Egina y capturado por los piratas a los que capitanea Esquírpalo, fue llevado a Creta y puesto en venta; al preguntarle el pregonero qué sabía hacer, dijo; —«Gobernar hombres»... Lo compró Jeníades y llevándoselo a Corinto, lo puso al frente de sus hijos y dirigió toda la casa (Diógenes Laercio, VI 29).
Y otras dos más en Erasmo:
Siendo una vez cautivo Diógenes y puesto en venta en Creta, como el pregonero le preguntara qué sabía hacer y bajo qué título podía recomendarlo al comprador, le dijo: «Di que vendes a un hombre que sabe gobernar a hombres libres». Un tal Jeníades de Corinto, maravillado ante la novedad del pregonero, se acercó a Diógenes, preguntándole si sabía alguna profesión; cuando por boca de aquel hombre supo que era sabio y docto, lo compró, lo llevó a su casa y le confió la educación de sus hijos. (Apophthegmata , III, Diógenes, 20, pág. 204) 215
Laercio añade que, al preguntarle el pregonero bajo qué título quería ser pregonado, respondió que sabía gobernar hombres libres. (Apophthegmata , III, Diógenes, 39, pág. 209).
Se hace, por tanto, difícil determinar cuál de estas cinco versiones es el modelo más próximo.
Pero Mexía se hace igualmente eco del célebre apotegma de Herodes en la jornada de la matanza de los Santos Inocentes (Silva , Parte 2.a , capítulo XXXIV) 216 :
Y esta historia misma de los inocentes, muy más claro a la letra lo escribe Macrobio, autor gentil y latino y muy antiguo, el cual, contando algunos dichos agudos del emperador Octaviano, en cuyo tiempo (como está dicho) nació nuestro Redemptor, dice estas palabras: «Como le fuese dicho a Octaviano que Herodes, rey de los judíos, había hecho matar todos los niños de dos años abajo, y entre ellos a su hijo propio, dijo él que en casa de Herodes más seguro es ser puerco que hijo, porque los judíos no matan los puercos».
El humanista sevillano cita explícitamente como fuente a Macrobio, aunque sin indicar el lugar, que es Saturnales II 4, 11:
Recibida la noticia de que entre los niños de menos de dos años que en Siria el rey de los judíos Herodes había ordenado masacrar, había sido asesinado hasta el hijo del rey, Augusto exclamó: «¡Es mejor ser un cerdo de Herodes que su hijo!».
Resulta extraño, no obstante, esta cita expresa del autor latino, y el silencio elocuente del humanista holandés, ya que Erasmo no sólo es fuente conjunta con Macrobio, sino que es su versión (Apophthegmata IV, Augusto , 23, pág. 281), y no la del autor latino, la que sigue directamente Mexía (como evidencia la existencia en ambos de epílogo explicativo, ausente en Macrobio):
Habiendo llegado hasta Augusto el rumor de la crueldad de Herodes, que había ordenado asesinar a todos los niños en Siria que no hubieran superado los dos años, y que entre éstos había matado hasta a su propio hijo, dijo: «¡Es mejor ser un cerdo de Herodes que su hijo!». Herodes era judío, y los judíos, por asombroso escrúpulo religioso, se abstienen de comer la carne de cerdo.
Sin duda, un prudente Mexía omite, por temor a la censura inquisitorial, toda relación evidente con su fuente y modelo erasmista.
Por su parte, Juan de Timoneda, en Buen aviso (cuento LX) 217 , nos relata el apotegma del pintor consumado con hijas feas:
Habiendo acabado un estrañíssimo pintor de pintar un retrato a un gentil hombre, estándoselo mostrando, maravillado el gentil hombre de la perfección de la pintura, y de la fealdad de dos hijas que estaban presentes, dixo: «Gran desconformidad veo, / con rectamente juzgar, / entre el pintar y engendrar». Conociendo el pintor por qué fin lo dezía, respondió: «En vuestra porfía / no siento reproche, / pues pinto de día, y engendro de noche».
La fuente clásica de Timoneda es, sin duda. Macrobio (Saturnales II 2, 10):
En casa de Lucio Malio, considerado el mejor pintor de Roma, se hallaba casualmente comiendo Servilio Gémino, y como éste viera que los hijos de su anfitrión eran feos, dice: «¡Malio, no esculpes y pintas igual!». Y Malio responde: «En efecto, esculpo a oscuras, pinto a plena luz».
Sin duda, Timoneda conoce también la versión de Erasmo-Támara (Apophthegmata VI, Varie Mixta , 16, pág. 464), muy cercana al modelo latino:
Se hallaba Servilio Gémino, considerado un extraordinario pintor en Roma, comiendo en casa de Lucio Malio, y al ver que los hijos de éste eran feos, dice: «¡Malio, no esculpes y pintas igual!». Y Malio responde: «No me extraña. Esculpo a oscuras, pinto a plena luz».
Timoneda, en cambio, con afán de novedad, se esfuerza por distanciarse en algo de su fuente latina: su pintor es anónimo, tiene hijas (no hijos) y los parlamentos son poéticos. Debe apreciarse también que, en las versiones latinas, a la gracia de la respuesta se une, además, la del juego de palabras entre pingo y fingo («pintar»/«sculpir»), que se pierde en la versión castellana de Timoneda.
Una década más tarde la divertida anécdota macrobiana del virtuoso pintor con hijos feos reaparece en la Floresta Española de Melchor de Santa Cruz (Parte V, capítulo III, 1) 218 :
A un pintor que tenía los hijos muy feos preguntáronle: —¿Cómo pintáis las tablas tan hermosas, y hacéis los hijos tan feos? Respondió: —No es maravilla, porque las tablas pinto de día, y los hijos hago de noche.
La enorme difusión de este apotegma de Macrobio 219 explica su aplicación, en forma inversa, en la anécdota de Miguel Ángel, que, estando enojado con el pintor Pedro Francia, al serle presentado un hijo suyo, y ver que era un muchacho hermoso, le dijo: «Tuo padre fà più belle figure vive que dipinte» 220 .
La presencia, directa o indirecta, de Macrobio en Timoneda se atestigua igualmente en su segunda colección de apotegmas, Sobremesa y Alivio de Caminantes. La primera ocasión es con motivo de la historia de la meretriz Laide y el rétor Demóstenes (Parte 1,°, cuento XI) 221 :
En el tiempo en que Roma florescía, florescieron tres cortesanas, dichas Laida, Lamia y Flor. A la Laida vino a ver una vez el philósopho Demóstenes desde Grecia o Corinto, por si era tan hermosa como le habían notificado; y queriendo revolverse con ella, pidióle tan gran cantidad, que le respondió riendo: «Perdóname, Laida: no permitan los dioses que compre tan caro el arrepentimiento». ¡Estraño dicho, si el día de [h]oy se notasse!
La anécdota la incluyó Macrobio en su colección de facetiae del libro II de las Saturnales (II 2, 1):
Demóstenes, atraído hacia la fama de Laide, cuya belleza admiraba entonces Grecia, acudió a visitarla para disfrutar también él de su famosa pasión. Pero cuando escuchó que el precio de una sola noche era medio talento, se marchó con este sarcasmo: Ouk agorázo tosoútou metanêsai («Yo no compro tan caro el arrepentimiento»).
No obstante, ya antes había recogido esta anécdota Aulo Gelio, quien confiesa que la tomó de El cuerno de Amaltea , obra hoy perdida del peripatético Soción (Noches áticas I 8, 3-6):
«Laide —nos dice (Soción)— era una meretriz corintia que a causa de su elegancia y la belleza de su cuerpo cobraba por sus servicios grandes honorarios. A ella acudían con frecuencia los hombres más ricos de Grecia, y sólo se admitía a quien pagaba lo que pedía, y ella pedía una cantidad desorbitada». De aquí nació, nos cuenta Soción, este adagio bien conocido entre los griegos: «No todo el mundo puede navegar a Corinto», pues en vano iba a Corinto hasta la casa de Laide quien no pudiera pagarle la cantidad requerida. «Un día llegó hasta su casa el gran Demóstenes a escondidas y le solicitó sus servicios. Mas Laide le pidió mil dracmas», lo que equivale a diez mil denarios entre nosotros. Ofendido por semejante petulancia de mujer y asustado por la descomunal cantidad de dinero, Demóstenes se marchó y al partir dijo: «Yo no pago tan caro un arrepentimiento». Mas en lengua griega suena más gracioso lo que refieren que dijo: «No voy a comprar diez mil dracmas de arrepentimiento».
La versión de Erasmo está bastante próxima a la de Macrobio (Apophthegmata IV, Demóstenes , 14, pág. 328):
Cuentan que un día navegó a Corinto Demóstenes, atraído por la fama de la celebérrima meretriz Laide, para disfrutar también él de su famosa pasión. Pero como aquélla estipulara diez mil dracmas por noche, asustado por la magnitud del precio, cambió de parecer, diciendo: Ouk agorázo tosoútou metanêsai , esto es, «Yo no compro tan caro el arrepentimiento», queriendo decir que al placer deshonesto le acompaña el arrepentimiento.
Dos significativas frases de Macrobio, calcadas tal cual en la versión del humanista holandés, a saber: la intención de Demóstenes de solazarse con Laide (ut et ipse famoso amore potiretur , «para disfrutartambién él de su famosa pasión») y la respuesta del rétor griego (ouk agorázo tosoútou metanêsai , «Yo no compro tan caro el arrepentimiento»), no dejan lugar a dudas de que Erasmo conoce y tiene delante la versión de Macrobio.
Sin embargo, el humanista holandés no es la fuente directa del escritor valenciano, sino que éste, sin duda, debió de conocer la larga serie de relatos que, centrados en las tres famosas cortesanas —Laide, Lamia y Flor—, había recogido fray Antonio de Guevara en sus Epístolas familiares (Parte 1.a , epíst. LIX) 222 , entre cuyas secuencias se hallaba una que venía a ser resumen de la versión de Aulo Gelio:
Después de que Layda volvió de las guerras de Italia a Grecia, retráxose a vivir en la ciudad de Corintho, y fue allí tan servida y requestada, que no hubo hombre rico en Asia que a sus puertas no llamase, ni quedó rey ni príncipe que allá no entrase. Aulo Gelio dice que el buen philósopho Demóstenes fue una vez disfrazado desde Grecia a Corintho por la ver, y aun con ella se revolver; y como ella, antes que le abriese la puerta, le enviase a pedir doscientos sestercios de plata, respondió Demóstenes: «No quieran los dioses que yo gaste mi hacienda, ni aventure mi persona, en cosa que apenas la habré hecho, cuando della esté arrepentido». Esto pienso que dixo Demóstenes, por lo que dice el Philósopho, es a saber: «Quod omne animal post coitum tristatur».
En bastantes ocasiones, para actualizar los apotegmas de fuentes clásicas, Timoneda silencia el nombre ilustre de la Antigüedad y atribuye la respuesta ingeniosa a algún rey o caballero anónimo, como en el apotegma siguiente (Sobremesa , Parte 2.a , cuento n.° 146):
Fallescie[n]do un mercader que por muy rico era tenido, hallaron que era más lo que debía que no lo que tenía; y como los acreedores a quien él debía por justicia en pública almoneda le vendiessen la ropa, el rey de aquella tierra mandó a su mayordomo que le comprasse una colcha con que dormía este mercader. Dixo el mayordomo: «¿Búrlase vuestra alteza?». Respondió: «No me burlo, porque tengo necesidad della para poder dormir». Quiso notar que cómo podía dormir un hombre que debisse tanto, pues a él los cuidados le hacían estar desvelado.
La fuente clásica es Macrobio, donde el protagonista es Augusto (Saturnales II 4, 17):
Al tener noticia de la magnitud de la deuda que un caballero romano había logrado ocultar en vida, y que excedía los veinte millones de sestercios, (Augusto) mandó comprar en la subasta pública de sus bienes el colchón de su dormitorio, y a los que se sorprendieron de su orden, les dio la siguiente explicación: «Para dormir, tengo que poseer el colchón en el cual este hombre, pese a deber tanto, pudo conciliar el sueño».
La fuente directa de Timoneda es Erasmo, en la traducción de Támara, tal como demuestra el epílogo explicativo final (Apophthegmata IV, Augusto, 31, pág. 284):
Al morir un caballero romano, se descubrió que tenía tan gran deuda, que excedía la suma de veinte millones de sestercios, y lo había ocultado en vida. Cuando sus bienes fueron puestos en subasta pública para satisfacer con dinero a los acreedores, Augusto mandó comprar el colchón de su dormitorio, y a los que se sorprendieron de su orden, les dijo: «Para conciliar el sueño tengo que poseer el colchón en el cual este hombre, pese a deber tanto, pudo conciliar el sueño». Pues Augusto, a causa de sus ingentes preocupaciones, pasaba muchas veces la mayor parte de las noches en vela.
También del humanista holandés lo toma Melchor de Santa Cruz (Floresta española , Parte V, capítulo II, 2):
Haciendo almoneda de los bienes de un mercader que debía muchos dineros, compró uno un colchón, diciendo que aquél era bueno para dormir, pues dormía en él hombre que debía tanto.
Aunque Santa Cruz conocería, sin duda, las versiones de Jarava y Guicciardini, la brevísima secuencia de la Floresta , en la que el ilustre Augusto es reemplazado por un fulano, depende directamente, por el texto, de la traducción de Támara, y, por el hecho de convertir al caballero romano en un mercader, del relato de El Sobremesa de Timoneda 223 .
En cuanto a Juan de Mal Lara, sirva de ejemplo el siguiente apotegma de su Filosofía vulgar (Centuria 7.a , 69) 224 :
... se les puede dezir lo que cuentan que dixo Cicerón a su yerno Dolabella, hombre pequeño y que traya larga espada ceñida: «¿Quién amarró a mi yerno a la espada?».
Tan conocido apotegma remonta, una vez más, a Macrobio (Saturnales II 3, 3):
El mismo Cicerón, un día que vio a su yerno Léntulo, hombre de corta estatura, armado con una gran espada, preguntó: «¿Quién ató a mi yerno a una espada?».
Ahora bien, idéntico dictum Ciceronis hallamos en Erasmo (Apophthegmata IV, Cicerón , 26, pág. 316). La fuente de Mal Lara han debido ser las dos versiones a la vez, ya que el texto del humanista holandés es copia fiel del de Macrobio (con adición de un epílogo), y el del humanista sevillano traducción de ambas versiones.
De nuevo, Macrobio y Erasmo son las fuentes de Mal Lara en el siguiente apotegma (Filosofía Vulgar , Centuria 9.a , 65) 225 :
No dizen del otro aldeano, que yva a dar la petición al emperador Augusto, como no se avía visto otra vez ante tal persona, temblávale el braço de gran miedo, y hincado de rodillas, sacava y retraya el braço muchas veces. Augusto, mirando en ello, le dixo: «¿Piensas que das el dineroal elefante?». Que es como quando los niños quieren dar pan a un perro bravo o a la mona.
Macrobio relata brevemente el mismo apotegma (Saturnales II 4, 3):
Asimismo, Augusto, como un individuo le presentara, tembloroso, un memorial, y ora alargaba la mano, ora la retiraba, le espetó: «¿Crees que le estás dando una moneda a un elefante? 226 ».
Erasmo se hace eco igualmente de dicho apotegma (Apophthegmata IV, Augusto , 15, pág. 279):
A uno que le alargaba, tembloroso, un memorial, y ora extendía la mano, ora la retiraba, le espetó: «¿Qué? ¿Crees que le estás dando una moneda a un elefante?». En efecto, los niños suelen alargarle moneditas al elefante, que, ante la admiración de los espectadores, las atrapa de tal modo con la trompa, que no hace daño a la mano del niño. Del mismo modo vemos que los niños introducen la mano en la boca de los osos, no sin miedo. Le resultaba enojoso al óptimo príncipe que le tuvieran miedo.
No obstante, la fuente, a su vez, de Macrobio parece ser el secretario personal del emperador Adriano, Gayo Suetonio Tranquilo, quien se hace eco de ella como muestra del carácter afable del Príncipe (Vida de los doce Césares: Augusto LIII 2):
Los días de recepción admitía hasta a las gentes del pueblo, y recibía con la mayor afabilidad las solicitudes que se le dirigían; cierto día reconvino jovialmente a uno que temblaba al darle un memorial, diciéndole «que empleaba tanta precaución como si alargara una moneda a un elefante».
En realidad, la versión más temprana y sencilla de esta divertida anécdota remonta hasta tres siglos más atrás, hasta Quintiliano de Calahorra (35-95 d.C.), quien la incluye en el catálogo de muestras que acompaña su tratado sobre la risa en el discurso, como ejemplo de humor derivado de la analogía o el símil (Sobre la formación del orador VI 3, 59):
Y esta semejanza, que mueve a risa, es unas veces patente, otras suele introducirse en un símil. De esta clase es aquella frase de Augusto, quien dijo a un soldado que se alargaba tembloroso un memorial: «No lo hagas como si le dieras un as a un elefante».
Sólo el hecho de adicionar un epílogo explicativo del modo cauteloso con que los niños dan las cosas a los animales, puede inducirnos a pensar en una dependencia más directa del apotegma de Mal Lara con respecto al del humanista holandés que con respecto al de Macrobio.
Melchor de Santa Cruz incorpora con gran fortuna a su colección de apotegmas algunos procedentes de Macrobio, como el siguiente (Floresta española , Parte VIII, capítulo 6, 1 ) 227 :
Importunaba un corcovado a un juez que le hiciese derecho en un pleito que traía ante él. Respondióle el juez que oírle podía, mas no hacerle derecho.
Sintetiza y actualiza uno de los Dicta Augusti del libro II de las Saturnales (II 4, 8):
Galba, cuyo cuerpo deformaba una joroba, defendía un pleito ante Augusto, y como con insistencia le dijera: «Si ves en mí algo censurable, enderézalo», Augusto le respondió: «Puedo aconsejarte, pero no enderezarte».
No obstante, la fuente directa es Erasmo, que Santa Cruz pudo conocer tanto por la traducción de Támara (fol. 54v) como por la de Jarava(fol. 148r) 228 .
No siempre la adaptación de la fuente clásica es del todo afortunada, y en el camino se pierde muchas veces buena parte de la malicia que carga la respuesta ingeniosa. Ejemplo de ello es el apotegma siguiente de Melchor de Santa Cruz (Floresta española. Parte VI, capítulo VIII, 14 ) 229 :
Un escudero convidó a otro a comer. Y, excusándose el convidado por no echarle en costa, le prometió de no tratarle como a extraño, sino como amigo, con lo que tenía en la posada de ordinario. Después de haber comido muy cortamente, dijo el convidado: «En verdad, señor, que no pensé que éramos tan amigos».
Procede de los dicta Augusti del libro II de las Saturnales de Macrobio (II 4, 13):
Un fulano había recibido a Augusto en su casa con una comida bastante frugal y, por así decirlo, de rancho diario; pues Augusto casi nunca decía que no a una invitación. Así pues, tras un festín sobrio y sin etiqueta, al despedirse de su anfitrión que le decía «adiós», se limitó a mascullar lo siguiente: «No creía que fuera tan (íntimo) tuyo» 230 .
La fuente directa es, sin duda, Erasmo-Támara y/o Guicciardini 231 . Aunque tanto en la fuente latina como en las versiones posteriores se reprocha la frugalidad de la comida, las versiones humanísticas disuelven la calculada ambigüedad de la respuesta de Augusto (Non putabam me tibi tam familiarem) que va desde el exceso de confianza («No creía que fuera tan amigo íntimo tuyo») al tratamiento de esclavo («No creía que fuera tan esclavo tuyo») 232 .
La longevidad y frescura de las facetiae: Augusto y su doble
Las anécdotas divertidas son una de las formas literarias más conservadoras. Aunque difíciles de inventar, es muy fácil, una vez acuñadas, apropiarse de ellas. Esto ha facilitado su pervivencia pasando de autor en autor. Adoptan, además, la forma de un pequeño sistema cerrado análogo a la novela, con sus partes cuidadosamente trabadas para desencadenar el mayor efecto final, y no admiten fácilmente ni la sustitución en bloque ni la reorganización. De este modo, una anécdota puede sobrevivir sin sufrir ningún cambio esencial durante cientos de años. Baste el siguiente ejemplo.
En el libro II de las Saturnales , consagrado explícitamente a las facetiae , narra Macrobio una divertida anécdota destinada a perdurar tal cual hasta nuestros días (II 4, 19-20):
Normalmente, en el caso de Augusto, admiro más las chanzas que soportó que las que él mismo profirió, porque mayor timbre de gloria hay en la paciencia que en la elocuencia, sobre todo cada vez que sobrellevó con ánimo sereno hasta sarcasmos que rebasaban la simple broma. Se hizo célebre la chanza mordaz de un fulano de provincia. Este hombre, de un parecido sorprendente con el César, había venido a Roma y todas las miradas se habían vuelto hacia él. Augusto ordenó que fuera conducido ante su presencia y, tras verlo, le preguntó lo siguiente: «Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?». Respondió que no, y sin contenerse, añadió: «Pero mi padre muchas veces».
Una versión más temprana pero algo diferente de este cuento la recoge el historiador romano del siglo I a. C. Valerio Máximo en su colección de ejemplos históricos titulada Hechos y dichos memorables (IX 14, 3):
Aquel hombre, en cambio, que todo el mundo en Sicilia estaba de acuerdo en que era sumamente parecido al gobernador de la provincia, era de espíritu insolente. En efecto, como el procónsul le dijera que le asombraba que fuera tan parecido a él, dado que su padre nunca había venido a Sicilia, aquél replicó: «Pero el mío sí que fue a Roma». Con esta broma vengó la castidad ultrajada de su madre arrojando, a su vez, la sospecha sobre la madre de aquél, con más audacia de la que convenía en alguien sometido a las varas y segures.
La historia, que podría incluso remontar hasta un original oriental 233 , se difundió notablemente durante el Medievo y el Renacimiento 234 , si bien, casi siempre, bajo la versión fijada en Macrobio. En el siglo XII Juan de Salisbury narra de nuevo la anécdota en su Policraticus 235 , y no cabe duda de que la tomó directamente de Macrobio. Petrarca se hace eco de ambas versiones, la de Valerio Máximo y la de Macrobio, citando a ambos como sus fuentes 236 . Una temprana variante italiana que aparece en un manuscrito del Novellino que data de la primera mitad del siglo XIV y publicado por primera vez en 1871 por Papanti 237 difiere ligeramente de la versión de Macrobio en dos detalles: no se identifica al emperador por su nombre y se describe al joven como un peregrino. Siguen fielmente la tradición de Macrobio las versiones de la Mensa Philosophica (siglo XV ) 238 , de Johannes Pauli en su colección de anécdotas Schimpf und Ernst (inicios del siglo XVI ) 239 , y de Erasmo de Rotterdam, quien recoge la anécdota tal cual, y sin aducir fuente alguna, en su colección de Apophthegmata (IV Augusto, 33, págs. 284-285) 240 :
Tal como Augusto disfrutaba bromeando con chanzas amables a costa de otros, de igual modo soportó con suma paciencia que las lanzaran contra él o se las devolvieran, a veces harto pesadas. Un joven de provincia había venido a Roma, con un rostro tan maravillosamente parecido a Augusto, que atraía hacia sí la mirada de todo el pueblo. Oído esto, el César ordenó traerlo ante sí, y tras contemplarlo, le preguntó de este tenor: «Dime, joven, ¿estuvo alguna vez tu madre en Roma?». Respondió que no, y percatándose de la chanza, la devolvió, añadiendo: «Pero mi padre muchas veces». Augusto, bromeando, proyectaba cierta sospecha hacia la madre del joven, dando a entender que había sido deshonrada por él; pero el joven desvió raudo la sospecha hacia la madre del César, o hacia su hermana. Pues el parecido lo mismo probaba que él era hijo del César, como que era su hermano o sobrino.
También Pero Mexía, igualmente sin aducir su fuente, incluyó este apotegma en su colección (Silva de varia lección , Parte 1.a , 1540, capítulo XLI) 241 :
También le pasó a Octaviano César otra graciosa cosa con un mancebo que vino a Roma en el tiempo en que él imperaba en ella. Fue ésta: que vino a Roma un mancebo que parecía tanto al mismo Octaviano en el gesto, que a maravilla era mirado por todos; y siendo avisado de esto Octaviano, luego lo hizo traer ante sí, donde se notó y certificó más la grande similitud que había entre ellos. El emperador, como era de dulce conversación y se preciaba de decir algunas veces cosas agudas y graciosas, viendo que todos decían que le parecía mucho, le dijo al mancebo: «Dime, hermano, ¿vino tu madre alguna vez a Roma?». El mozo entendió la malicia y respondióle: «Mi madre, señor, nunca vino a Roma; pero mi padre vino muchas veces»; motejándole a él de lo que él había sido tocado.
De nuevo, es difícil precisar cuál de las dos versiones sirvió a Mexía de modelo directo, Macrobio o Erasmo; si acaso, está más cercano a la versión del humanista holandés (con quien comparte epílogo explicativo inexistente en Macrobio).
Tal como Mexía en la Silva , también Timoneda recoge en su Sobremesa (1563) el apotegma protagonizado por Octavio Augusto y su supuesto sosia (Parte 2.a , cuento XLII):
Fue avisado un rey que un mancebo de su mesma estatura y edad le parescía en grandíssima manera. Deseoso el Rey d[e] ver si era assí, mandóle llamar, y conociendo ser verdad, preguntóle: «Dime, mancebo: ¿acuérdaste si por dicha tu madre por algún tiempo estuvo en esta mi casa?». Respondió: «Señor, mi madre no; pero mi padre sí».
A diferencia de las fuentes latinas, Macrobio y Erasmo, y de la versión de Mexía 242 , Timoneda formula su versión en forma impersonalizada como «un rey», y abrevia el relato suprimiendo tanto la alusión al carácter afable de Augusto (lógico, ya que ha silenciado al protagonista), como la indicación de que el joven se ha percatado de la malicia de la pregunta del emperador.
En suma, la anécdota del joven campesino que era el doble perfecto de Augusto Macrobio se convirtió en un clásico fijo de la tradición erudita, y no hay colección de cuentos donde no figure con muy pocas modificaciones, como, entre otras, en las Nouvelles récréations et joyeta devis (Lyon, 1558), obra póstuma del humanista francés Bonaventure des Périers (circa 1510-circa 1544) 243 , en los Sprichwörter de Johann Agricola 244 , o incluso en la Historia varia de Ludovico Domenichi 245 , quien cuenta la anécdota a costa del papa Bonifacio VIII y un peregrino. De este modo, la divertida anécdota de Macrobio perduró fresca más de quince siglos, pues todavía se hace eco de ella, sin duda por su potencial erótico, Sigmund Freud 246 :
«Serenissimus» is touring the provinces. Seeing in the crowd a man who bears a close resemblance to himself, he inquires, «Was your mother at one time in service at the palace?” «No, your Highness», was the reply, «but my father was».
Declive y olvido de Macrobio
Si en el siglo XVI Macrobio todavía suscita cierto interés, como atestiguan las numerosas ediciones del Comentario que se suceden, a ritmo vertiginoso, por toda Europa, o incluso las variadas colecciones de facetiae inspiradas de manera directa o indirecta en el libro II de las Saturnales , lo cierto es que desde comienzos del siglo XVII el ritmo de ediciones decrece considerablemente y las simples reediciones son, además, más numerosas que las verdaderas nuevas ediciones. Comienza entonces, y persistió durante siglos, una época de denigración de Macrobio, en la que los críticos consideran su obra absolutamente insignificante. El ejemplo más significativo tal vez sea J. Willis, quien, encargado en 1963 de la edición científica de Macrobio, no ve en el texto más que ineptae cantilenae.
Si con su Comentario al «Sueño de Escipión» de Cicerón , Macrobio proporcionó durante siglos tanto el modelo literario para los relatos de sueños ficticios (merced a la obra comentada, el Somnium Scipionis) , como el soporte científico para el recurso literario de insertar hechos maravillosos dentro de lo verosímil a través de sueños clasificados como verídicos y útiles (merced a la clasificación científica de los sueños inserta en el Comentario ), las Saturnales proporcionaron a la posteridad un modelo de simposio literario, además de material erudito, de etimologías y de anécdotas divertidas y dichos simpáticos e ingeniosos.
MANUSCRITOS, EDICIONES, COMENTARIOS Y TRADUCCIONES
La tradición medieval de las Saturnales y la del Comentario son independientes entre sí. La transmisión manuscrita 247 de ambos textos se efectúa por separado, hasta que a partir de la editio princeps (Venecia, Nicolaus Jenson, 1472) empiezan a imprimirse juntos. Sólo cinco manuscritos, entre cientos, anteriores al siglo XV , combinan ambos textos, pero la unión se ha producido en fechas recientes 248 .
Un recuento de los cientos de manuscritos de Macrobio, repartidos por siglo y obras, confirma el entusiasmo medieval por el Comentario , con el pico más alto en el siglo XII (106 manuscritos, frente a sólo 13 de las Saturnales) , mientras que las Saturnales no alcanzan la popularidad hasta el Renacimiento, cuando la fama del Comentario está en franco declive (siglo XV : 61 manuscritos de las Saturnales , frente a 40 del Comentario ) 249 .
En cuanto a la tradición manuscrita de las Saturnales de Macrobio 250 , el texto remonta a una sola copia (hoy perdida), disponible a finales del siglo VIII o inicios del siglo IX . A partir de aquí dos son las hipótesis. Por un lado, el stemma de La Penna 251 , quien hace derivar la tradición de tres subarquetipos: el primero, cercano al códice Parisinus latinus 6.371 (siglo XI ), contiene los siete libros 252 ; el segundo, cercano al códice Bambergensis Class. 37 (M.v.5) (siglo IX ex.), se limita a los tres primeros libros 253 ; un tercero, cercano al códice Vaticanus Reg. lat. 2.043 (siglo X/XI ), contiene los siete libros 254 . Estas tres familias de códices derivan de un único arquetipo, puesto que presentan la misma laguna en la parte final de la tercera jornada. Por otro lado, el stemma de Jacob Willis 255 , para quien los subarquetipos serían dos, pues demuestra que las dos últimas ramas constituyen de hecho los subgrupos de una misma familia (ex uno fuit familia P. ex altero duo codices, germani fratres, iidemque patres familiarum B et V).
En cuanto a las ediciones de las Saturnales , la editio princeps vio la luz en Venecia en 1472, a cargo de Nicolaus Jenson, seguida de tres ediciones en Brescia, entre 1583 y 1585, en la imprenta de Boninus de Boninis de Ragusa, a cargo igualmente de Nicolaus Jenson.
Entre la cuarentena de ediciones posteriores, caben destacar: la primera edición francesa aparecida en París el 1 febrero de 1515, en la imprenta de Jocodus Badius Ascensius (Josse Bade) y Joannes Parvus, en realidad reedición del texto de Joannes Rivius editado en Venecia, el 15 de junio de 1513, en la imprenta de Augustinus de Zannis de Portesio (ad instantiam Do. Lucas [sic] Antonium [sic] de Giunta) ; la primera edición alemana, a cargo del humanista Arnold Haldrein, llamado también Arnold de Wesel (Arnoldus Vesaliensis), aparecida en Colonia en agosto de 1521, en la imprenta de Eucharius Cervicornus aere & impensa M. Godofridi Hittorpii; la del también humanista Joachimus Camerarius (Joachim Kammermeister) (Basilea, Joannes Hervagius, 1535); o las ediciones sucesivas de Johannes Isacius Pontanus y Joannes Meursius (Jan van Meurs), Leiden, Franciscus Raphelengius (ex officina Plantiniana) , 1597; Leiden, Joannes Maire, 1628; Leiden, Arnoldus Doude, Cornelius Driehuysen, 1670 (reedición a cargo de Jacobus Gronovius); Londres, 1694, Typis M.C. & B.M., impensis T. Dring & C. Harper (reedición a cargo de Jacobus Gronovius).
Un gran avance en la edición del texto de las Saturnales tuvo lugar en el siglo XIX con las ediciones de Ludwig von Jan (Quedlinburg-Leipzig, Godofredus Bassius, 1852) y de Franz Eyssenhardt (Leipzig, B. G. Teubner, 1868), además de las ediciones con traducción al francés de Charles de Rosoy (París, 1827, colección Firmin Didot), de Alphonse J. Mahul (París, 1845, colección J.-J. Dubochet, dirigida por D. Nisard), y de Henri Descamps y A. Ubicini Martelli (París, Panckoucke, 1845-1847).
En el siglo XX las ediciones y traducciones de las Saturnales se incrementan un poco. En 1937 apareció en la colección «Classiques Garnier» la edición con traducción francesa a cargo de Henri Bornecque (libros I-III) y François Richard (libros IV-VII). Una nueva traducción al francés de los tres primeros libros (sin texto latino), a cargo de Charles Guittard, apareció en 1997 (París, Les Belles Lettres).
Entre las ediciones más recientes, destacan las de Nino Marinone con traducción italiana (Turín, Unione Tipografico-Editrice Torinese, 1967, 19972 ) y la de James A. Willis (Leipzig, B. G. Teubner, 1963; Stuttgart-Leipzig, B. G. Teubner, 19702 , reimpresa en 1994).
Las Saturnales han sido también traducidas al inglés (Percival Vaugham Davies, Nueva York-Londres, Columbia University Press, 1969), al rumano (G. Tohaneanu, Bucarest. Academia de Rumanía, 1963), y al catalán (Jordi Raventós, Macrobi. Les Saturnals , vols. I-IV (Llibres I-VII), Barcelona, Fundació Bernat Metge, 2003-2006).
LA PRESENTE TRADUCCIÓN
En la elaboración de las notas reconocemos nuestra deuda con los autores que nos han precedido, en especial con la obra notabilísima de Nino MARINONE (Turín, 1967, 19772 , reimpresa en 1997), así como con las meritorias traducciones con valiosas notas de Henri BORNECQUE y François RICHARD (vols. I-II, París, 1937, Garnier), de Charles GUITTARD (libros I-III, París, Les Belles Lettres, 1997), y de Jordi RAVENTÓS (vols. I-IV, Barcelona, Fundació Bernat Metge, 2003-2006).
Para nuestra traducción hemos seguido el texto latino de la editio altera de James A. WILLIS (Stuttgart-Leipzig, B. G. Teubner, 1970; reimpresa en 1994). No obstante, he aquí las divergencias:
| Willis | Lectura adoptada | |
| Praef . § 1 | Eustachi | Eustathi (Marinone) |
| I | ||
| 2, 16 | Furium Albinum (edd.) | Rufium Albinum (codd . Marinone) |
| 4, 12 | quod vectigal | cum vectigal (Salisburgensis 38, Jan in apparato , Marinone) |
| 4, 22 | Cn. Matius | Cn. Mattius (Jan, Marinone) |
| 5, 16 | Caelio | C. Acilio (Marinone) |
| 7, 18 | ex veri fonte | ex meri veri fonte (codd. , Jan, Eyssenhardt, Marinone) |
| 7, 42 | Philostrati | Teophrasti (codd. di Gellio II 18, 8, Meurs , Marinone) |
| 7, 43 | et quid | ecquid (Timpanaro, Marinone) |
| 16, 28 | Titus | Titius (Gronovius, Zeune, ed. Bipontina, Marinone) |
| 17, 7 | Chrysippus Apollinem Chrysippus hos (Jan, Marinone) hos | |
| 17, 21 | Leandrius (Meursius) | Maeandrius (codd ., Jan, Eyssenhardt, Marinone) |
| 17,27 | correpto nomine (Willis) | corrupto nomine (codd.) |
| 18, 1 | Aristoteles | Aristocles (Marinone) |
| 18, 11 | Sabazium (Meursius) | Sebadium (codd.) |
| 18, 16 | Naevius | Laevius (Escalígero, Marinone) |
| 21,20 | Bacin | Buchin (Spiegelberg, Marinone) |
| 24, 19 | Furius Albinus | Rufius Albinus (Marinone) |
| II | ||
| 4, 24 | Licinius (codd.) | Licinus (Marinone) |
| III | ||
| 8,2 | barbatum corpore, sed barbatum, corpore et veste | |
| veste (codd., edd.) | (Timpanaro, Marinone) | |
| 8,3 | Laevinus (codd.) | Laevius (Escalígero, Eyssenhardt, Marinone) |
| 9,8 | civitati | civitatique (Marinone) |
| 9, 13 | *Stonios* | Thurios (Huschke in apparatu , Marinone) |
| 11, 5 | Tertius (codd., edd.) | Titius (Hertz, Marinone) |
| V | ||
| 2, 13 | ut Venus | et Venus (Timpanaro, Marinone) |
| 12, 1 | rara ungula (codd . de Macrobio) | rapida ungula (codd . de Virgilio, Marinone) |
| 15,9 | Antio (codd.) | Astur (Jan, Marinone) |
| 17, 12 | nubem - fumante | nubem - fumantem (codd . de |
| (codd . de Macrobio, edd.) | Gelio, Marinone) | |
| 18,5 | égeiren | épeigen (A. C. Cassio, Marinone) |
| 18,7 | aitióteron | aitiótaton (codd., edd.) |
| 18, 10 | Agesílaos | Akousílaos (Schneidewin, Eyssenhardt, Marinone) |
| 19, 13 | Granii, viri (Meursius) | Carminii, 〈viri〉 (Jan, Marinone) |
| 19, 14 | Granii (Meursius) | Carminii (Jan, Marinone) |
| 20, 12 | Mýthois (codd., edd.) | Boethoîs (Fabricius, Marinone) |
| 21, 7 | in vestro sermone (Zeunius) | in nostro sermone (codd ., Jan, Eyssenhardt, Marinone) |
| 22,3 | ipsius deade (Eysssenhardt) | ipsiusce (codd ., Jan, Marinone) |
| VI | ||
| 1,28 | ciebant (Eyssenhardt) | ciebat (codd . de Virgilio, Jan, Marinone) |
| 2, 18 | quid te ita cum tuo (Eyssenhardt) | quid ita *** cum tuo (Marinone) |
| 4,2 | male sic (edd . de Macrobio) | male sit (codd . de Macrobio, edd . de Lucilio) |
| 4, 8 | ut et Theophrasti (edd.) | ut e Theophrasti (codd . de Cicerón, Marinone) |
| 4, 16 | pineam nuceam cum efifodies (Jan) | pineam, nuceam, (hanc atque aliam materiem omnem) cum effodies (codd . de Catón y Plinio, Marinone) |
| 5,2 | denique - ferens | dein quae - ferit (Marinone) |
| 5,5 | Sabinarum (codd.) | Saturarum (Eyssenhardt, Marinone) |
| 5, 10 | Livius (codd.) | Laevius (Ribbeck, Eyssenhardt, Marinone) |
| VII | ||
| 3,3 | vel alius (codd . Salisburgensis 38) | vel alias (codd ., Jan. Marinone) |
| 3, 15 | L. Quintus (codd . de Macrobio, edd.) | T. Quietus (codd . de Plutarco, Wissowa, Marinone) |
1 N. MARINONE , I «Saturnali» di Macrobio Teodosio , Turín, Unione Tipografico-Editrice Torinese, 1967 (1977, reimpr. 1997), pág. 14.
2 Para un tratamiento exhaustivo de las cuestiones relativas a la biografía de Macrobio (cronología, cursus honorum , cristianismo, etc.), léase la Introducción a mi edición del Comentario al «Sueño de Escipión» de Cicerón , Madrid, Gredos, 2006, esp. págs. 9-26.
3 Este epítome medieval se atribuye dudosamente a JUAN ESCOTO (siglo IX ); cf . M. MANITIUS , Geschichte der lateinischen Literatur des Mitelalters , I, Munich, 1911, págs. 331 y 338; C. E. LUTZ , Johannes Scottus. Annotationes in Marcianum , Cambridge, Mass., 1939, pág. IX.
4 Cf . A. CAMERON , «Macrobius, Avienus, and Avianus», Classical Quarterly 17.2 (1967) 385-399 (pág. 37).
5 Cf . N. MARINONE , I «Saturnali» di Macrobio Teodosio , Turín, Unione Tipografico-Editrice Torinese, 1967 (1972, reimpr. 1997), pág. 27; C. GUITTARD , Macrobe. Les Saturnales, Livres I-III , París, Les Belles Lettres, 1997, págs. x-xi. Jacques FLAMANT , Macrobe et néoplatonisme latin à la fin du IVe siècle , Leiden, E. J. Brill, 1977 (Études Préliminaires aux Religions Orientales dans l’Empire Romain, 58), pág. 91, las sitúa genéricamente después del 405.
6 Cf . C. H. GEORGII , «Zur Bestimmung der Zeit des Servius», Philologus 71 (1912) 518-526, quien sitúa la fecha de nacimiento de Macrobio c . 360 y estima que era unos diez años mayor que Servio, y data las obras macrobianas entre 395-410.
7 Cf . P. COURCELLE , «Nouveaux aspects du platonisme chez Saint Ambroise (III: Ambroise, lecteur de Macrobe)», Revue des Études Latines 34 (1956) 232 ss.
8 GEORGII , op. cit (1912), págs. 518-526.
9 FLAMANT , op. cit . (1977), pág. 140.
10 Ibídem, pág. 90.
11 M. REGALI , Commento al «Somnium Scipionis» , I, Pisa, 1983, pág. 18: «I Commentarii in Somnium Scipionis l’ultimo in ordine di tempo dei trei lavori di Macrobio rimasti... 〈i Saturnali 〉 affrontano argomenti adatti ad un ragazzo più giovane rispetto al dedicatorio dei Commentarii» .
12 M. ARMISEN-MARCHETTI , Macrobe. Commentaire au Songe de Scipion , París, Les Belles Lettres, 2001, págs. XVI-XVII.
13 G. WISSOWA , De Macrobii Saturnaliorum fontibus capita tria; dissertatio inaugurales philologica , Breslau, 1880, pág. 12. Comparten esta hipótesis P. WESSNER («Macrobius», RE 14.1 [1928] col. 170) y N. MARINONE (op. cit . [1967], pág. 28).
14 Cf . K. BRINGMANN , «El triunfo del emperador y las Saturnales de los esclavos en Roma, en U. SCHULTZ , dir., La fiesta. De las Saturnales a Woodstock , Madrid, Alianza Editorial, 1994 (= Munich: C.H. Beck’sche Verlagsbuchhandlung, 1988), págs. 5-22.
15 Cf . SÉNECA , Apocolocynthosis VIII 2.
16 Cf . MACROBIO , Saturnales I 7, 18 ss.
17 Cf . CATULO , XIV.
18 Cf . SUETONIO , Augusto LXXV: «En las Saturnales solía enviar regalos a sus amigos, consistentes tan pronto en vestidos, oro, plata, monedas de todas partes, antiguas piezas de los reyes o extranjeras, como telas groseras, esponjas, pinzas, tijeras y otros objetos similares, con inscripciones oscuras y de doble sentido».
19 No obstante, la dialéctica no es abordada propiamente, pero los capítulos del Comentario consagrados a las pruebas de la inmortalidad del alma atestiguan que Macrobio había estudiado el arte del silogismo (cf. Com . II 3-16).
20 Cf . SÉNECA , Epístolas LXXXIV 2-10. Ya en el siglo XII Jean de Salisbury (Policraticus 7.10) había reparado en la coincidencia de Macrobio y Séneca en el recurso al símil de la operosa apis ; más tarde lo haría Francesco Petrarca (Familiarium rerum I 8, 3-4). Cf . R. BERNABEI , The treatment of sources in Macrobius’ Saturnalia and the influence of the Saturnalia during the Middle Ages , diss., Ithaca, Cornell University, 1970, págs. 170-172; M. LAUSBERG , «Seneca in der Vorrede zu den Saturnalien des Macrobius», en Festgabe für O. Hiltbrunner zum 60. Geburtag , Münster, 1974, págs. 100-130.
21 Sobre el género simposíaco, sus características, sus diversas formas y su desarrollo histórico, cf . J. MARTIN , Symposion. Die Geschichte einer literarischen Form , Paderborn, Verlag Ferdinand Schöningh, 1931 (Studien zur Geschichte und Kultur des Altertums XVII. Band, l.u. 2 Heft).
22 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 33-138 (análisis de topoi) .
23 Estos límites son fijados por Varrón en una de sus Sátiras Menipeas , según transmite AULO GELIO , Noches áticas XIII 11.
24 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 184-289 (historia del género simposíaco).
25 Como atestigua AULO GELIO en el prefacio a sus Noches áticas (4-9).
26 DIÓGENES LAERCIO , V 22 (V 1, 12).
27 Escolio a Teócrito III 21 p. 122, 16 Wendel.
28 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 167-184.
29 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 247-266 (Plutarco).
30 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), pág. 266 (Convivium Ciceronis) .
31 Diógenes Laercio (siglo III d.C.) dedica el primero de los diez libros que componen su vasta obra, titulada Vidas y opiniones de los filósofos ilustres , a las sentencias, máximas sapienciales y consejos morales de estos antiguos sabios griegos, que en él elevan su cifra a once; cf . C. GARCÍA GUAL , Los siete sabios (y tres más), Madrid, Alianza Editorial, 1989.
32 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 270-280 (Ateneo de Náucratis).
33 Ed. Rabe (1913), págs. 453-454.
34 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 1-32 (la teoría de los antiguos).
35 JERÓNIMO , Hombres ilustres 100.
36 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 286-289 (Metodio de Olimpo).
37 El Banquete es el único escrito de Metodio cuyo texto griego se ha conservado íntegramente. De las otras obras —los otros dos diálogos, las obras exegéticas— sólo tenemos una traducción eslava más o menos completa y algunos fragmentos en griego. Otras obras se han perdido y sólo tenemos noticia de ellas por elogios de Jerónimo: Libros contra Porfirio, Sobre la Pitonisa, Sobre los mártires, Comentario sobre el Génesis, Comentario sobre el Cantar de los Cantares .
38 Cf . SERVIO , Eneida VIII 310, quien también transmite una frase del discurso de Mesala sobre el poder del vino. También la Suda nos informa, en tres pasajes, y citando a Plutarco como fuente, de «una gran mesa en el sindeîpnon de Mecenas» y de una clara adulación de la misma, en realidad un elogio invertido, por parte del parásito Iortio. El papel de bromista de Iorto señalaría al simposio de Jenofonte como modelo de Mecenas, en tanto que el discurso sobre el vino apuntaría más bien al simposio de Epicuro. Cf . P. LUNDERSTEDT , De C. Maecenatis fragmentis , Diss. Jena, 1911; MARTIN , op. cit . (1931), págs. 240-243 (Mecenas).
39 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 243-247 (Asconio Pediano).
40 Según la Suda (siglo V . Apíkios Mákros) , el sexagenario cónsul Junio Bleso, invitado por Apicio a un banquete, presentó al conocido escoliasta Asconio Pediano como epíkletos . También estaba presente un atleta, un tal Isidoro, que, pese a sus noventa y un años, no parecía mayor de sesenta, gran comedor y bebedor, que empinaba el codo como un jovencito. Sólo uno de éstos le había superado, y el anciano había abandonado el festín antes de tiempo, enfermo. Pero los demás ancianos, sobre todo Junio Bleso, se habían mantenido gracias al arte de la palestra; cf . asimismo PLINIO , Historia natural VII 159.
41 Cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 211-240 (Menipo y los imitadores de su Simposio ).
42 LUCILIO , XX 568-569, 573-574, 1.174-1.176, 1.180-1.182 Marx. Cf . L.R. SHERO , «The Cena in Roman Satire», Classical Philology 18 (1923) 126 ss.
43 LUCILIO , XXVIII 751-756 Marx.
44 Cf . MARTIN , op. cit. (1931), págs. 149-166.
45 No obstante, los once libros de Timáquidas, y a tenor de los restos conservados (ATENEO , I 5a; III 82d; VIII 283d; XV 682c; 684f), podrían más bien pertenecer a la épica didáctica, tal como los hexámetros de la Hedypátheia de Arquéstrato de Gela (siglo IV a.C.), quien expuso con buen humor su sabiduría gastronómica adquirida en largos viajes en esta especie de guía de glotones, que, un siglo y medio más tarde, sería fuente de inspiración para el poema didáctico parodístico Hedyphagética («Manjares exquisitos») del poeta latino Quinto Ennio (siglos III-II a.C.).
46 Cf . TEÓN , Progymnásmata 7; MENANDRO , Sobre los géneros epideícticos IX 287, 10 ss. W.
47 Cf. Sat . I 1, 2: «En efecto, durante todo el tiempo de la fiesta consagran la mayor parte del día a debatir sobre temas serios, y a la hora de la comida se entregan a la charla propia del banquete, de modo que no hay momento alguno del día que quede libre de palabras sabias o amenas; pero en la mesa la conversación será más jovial, puesto que resulta más placentera, y menos formal».
48 Cf . J. MARQUARDT , La vie privée des Romains , vol. I, París, 1892, págs. 209 ss.
49 Cf . M. D. GALLARDO LÓPEZ , «El simposio romano», Cuadernos de Filología Clásica 7 (1974) 91-143, esp. págs. 131-136.
50 Cf. Saturnales I 7, 12-13.
51 PLATÓN , Banquete 171a-174a.
52 El mismo artificio platónico de un relato marco inicial que sirve para transmitir la responsabilidad de la veracidad del relato y sus pormenores a una tercera persona, testigo directo de los hechos, ya lo vimos supra en el simposio lucianesco El banquete o Los lapitas .
53 Cf . A. CHASTAGNOL , «La familia de Caecinia Lolliana, grande dame païenne du IV siècle après J.-C.», Latomus 20.4 (1961) 744-758.
54 SÍMACO , Epístolas IV 52, 3; VI 22; VI 26.
55 Cf . FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 64-65.
56 Cf. Saturnales I 2, 3.
57 La columna honorífica de Vetio Agorio Pretextato, en el Museo Nazionale Romano Palazzo Altemps, en Roma, es un prodigio de separación de Religión y Estado: tras el praenomen , nomen y cognomen aparecen dos listas separadas con todos los cargos desempeñados en vida; los cargos religiosos de Pretextato aparecen inscritos en la lista de la izquierda y todos sus cargos civiles en la lista de la derecha, sin mezclar y bien separados, con una clara intencionalidad, en una época en donde la minoría religiosa pagana clama por la tolerancia religiosa frente a la intolerancia del cristianismo triunfante como religión oficial del Imperio.
58 CIL IV 102; AMMIANO MARCELINO , XXVII 9, 10.
59 ZÓSIMO IV 3, 2-4.
60 JERÓNIMO , Contra Juan 8 (33, 361 Migne). Para la vida de Pretextato, cf . TH . W. J. NICOLAAS , Praetextatus , diss., Ámsterdam, 1940; A. CHASTAGNO l, Les Fastes de la Préfecture de Rome , París, 1962, págs. 171-178; FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 26-36.
61 Citado por Victorino (VI, p. 211, 23-24 Keil, CGL); cf . FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 60-61.
62 Fue R. ELLIS (The fables of Avianus , Oxford, 1887, págs. XI-XXXIX), quien, basándose en la lengua y el metro, situó en el siglo IV al fabulista Aviano, al cual Lachmann consideraba del siglo II ; y dando un paso más, propuso, por primera vez, la identificación del fabulista con el Avieno de las Saturnales , ya que en los manuscritos más antiguos Aviano recibe en realidad el nombre de Avieno. La identificación recibió el espaldarazo definitivo de A. CAMERON , «Macrobius, Avienus, and Avianus», Classical Quarterly 17.2 (1967) 385-399, quien demuestra que el primer poeta se llamaba, en realidad, Avienius (como aparece en una inscripción descubierta en la Bulla Regia), y que el segundo recibía, en la mayoría de los manuscritos más antiguos el nombre de Avienus —reforzando la tesis demostrada por A. GUAGLIANONE en su edición paraviana de 1958— y es además el versificador mencionado por SERVIO , Eneida X 272 y 388; contra , cf . W. R. JONES , «Avianus, Flavianus, Théodosius and Macrobius», en Melanges B. E. Perry (Illinois Studies in Languague and Linguistic , t. 58), 1969; C. E. MURGIA , «Avienu's supposed iambic version of Livi», California Studies in classical Antiquity 3 (1970) 185-197; F. GAIDE , Avianus. Fables , París, Les Belles Lettres, 1980, «Introducción»; J. KÜPPERS , Die Fabeln Avians , Bonn, Diss., 1977 (Aviano es un discípulo de Macrobio).
63 Sobre este alto funcionario, cf . G. BOISSIER , La fin du paganisme , París, 1903, vol. II, págs. 155-156 y 267-268; D. ROMANO , Simmaco , Palermo, 1955; G. LO MENZO RAPISARDA , La personalitá di Simmaco e la III Relatio , Catania, 1967; J. P. CALLU , Symmaque , I, París, 1972; FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 37-45. Sus obras han sido traducidas por J. A. VALDÉS GALLEGO en los vols. 281, 310 y 315 de esta BCG.
64 Cf . AMBROSIO , Epístolas 17; 18; 57, 6; cf . PAULINO , Vida de Ambrosio 26; SÍMACO , Relaciones 3; CLAUDIANO , 28, 597.
65 Cf . CAMERON , op. cit . (1966), pág. 37.
66 Cf. Saturnales I 2, 15.
67 El parentesco de hermanos fue defendido con convicción por André CHASTAGNOL , «La familia de Caecinia Lolliana, grande dame païenne du IVe siècle après J.C.», Latomus 20.4 (1961) 744-758.
68 JERÓNIMO , Epístolas CVII 1: «¿Quién hubiera podido creer que la nieta del pontífice Albino, nacida de un voto de su madre, entonaría con voz aún débil su infantil aleluya en presencia del abuelo, encantado con ella, y que el viejo sostendria en su regazo a una futura doncella de Cristo?».
69 Cf. Saturnales I 1, 5; II 2, 12 y VII 11. 1.
70 Cf. Saturnales I 24, 8; I 24,20; VI 6, 1; VI 7, 3; VI 7, 4.
71 Para los partidarios de la cronología tradicional de Macrobio no hay aquí ningún anacronismo.
72 El Servio de Macrobio y el auténtico no coinciden siquiera en la selección de los pasajes que comentan; cf . al respecto J. CONINGTON -H. NETTLESHIP , «On some of the early criticisms of Virgil’s poetry», en The Works of Virgil , I, Hildesheim, 1963 (= 1898), pág. XXXI y ss.
73 Cf . R. KASTER , «Macrobius and Servius: Verecundia and the Grammarian’s function», Harvard Studies in Classical Philology 84 (1980) 219-262: Servio toma parte en las conversaciones de las Sarturnales , en las que participan eminentes miembros de la aristocracia romana, por añadidura eruditos virgilianos, como representante de su profesión, como gramático: su nacimiento no le daría derecho; de ahí su actitud de verecundia propia de un subordinado consciente de su posición. Esto explica su peculiar actitud a lo largo de la obra, en especial en el libro VI.
74 Sobre Nicómaco Flaviano, cf . H. BLOCH , The Conflict between Paganism and Christianity in the fourth Century (ed. A. Momigliano, 1963), capítulo VIII.
75 Este hijo, que fue praefectus urbis por primera vez en 393-394, participó en la revisión del texto de Livio llevada a cabo por los Nicómacos y otros.
76 Como vicario de África, protegió a los donatistas, por hostilidad hacia los católicos; cf . AMIANO MARCELINO , XXVI 6, 28.
77 En el año 392 d. C., a la muerte de Valentiniano II, emperador de Occidente, Arbogasto, magister militum praesentialis y verdadero hombre fuerte en Roma, hizo nombrar como emperador de Occidente a un antiguo rétor, Eugenio, que no será reconocido por Teodosio, el emperador de Oriente. Se produjo entonces una confrontación no sólo política, sino también religiosa, toda vez que Teodosio era cristiano, y Eugenio, aunque nominalmente cristiano, recibía el apoyo de los paganos, especialmente de Arbogasto.
78 Probablemente antes del 4 de septiembre; cf . RUFINO , 2, 33.
79 Hipótesis formulada por L. VON JAN , Macrobii Ambrosii opera, proleg ., Quedlinburg-Lipsia, 1848-1852: G. Basse, pág. XXX; cf . FLAMANT , op. cit . (1977), pág. 69. Cf . EUNAPE , Vida de sofistas V 15; VI 46.
80 MARINONE , op. cit . (1967), pág. 35.
81 Cf . BRZOSKA , RE , VI, 1.445, 39 ss.
82 Cf . M. MIRÓ VINAIXA y R. PEREA BUZÓN , «Sobre la historicidad del rétor griego Eusebio en los Saturnalia de Macrobio», Anuari de Filologia XVII, D/5, Barcelona, 1994, págs. 73-76.
83 Hipótesis avanzada por L. VON JAN , op. cit . (1848-1852), pág. XXXI; aceptada, con reservas, por P. COURCELLE , Les lettres grecques en Occident de Macrobe à Cassiodore , París, 19482 , págs. 7-8; pero rechazada duramente por G. BOISSIER , Le fin du paganisme. Étude sur les dernières luttes religieuses en occident au I ve siècle , II, París, 1891, pág. 207 n. 2, y por FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 74-75.
84 SÍMACO , Epístolas VI 7. Hay quienes le identifican con el comes operum publicorum del 357; cf. CIL VI 45 (Dessau 3.222). Cf . JONES -MARTINDALE -MORRIS , The Prosography of the Later Roman Empire , vol. I, A. D. 260-395, Cambridge, 1971, pág. 286.
85 Sobre la figura del ákletos, cf . MARTIN , op. cit . (1931), págs. 64 ss., esp. 69 ss. (sobre Evángelo y Horo).
86 PLATÓN , Banquete 212c-213c.
87 SÍMACO , Epístolas III 37 (carta a Ambrosio, fechada en el 398) y IX 44 (s. d .).
88 LIBANIO , Epístolas 1.279; SÍMACO , Epístolas II 39.
89 M. D. GALLARDO , «Los Simposios de Luciano, Jenofonte y Plutarco», Cuadernos de Filología Clásica 4 (1971) 245 ss.
90 Se han propuesto otras fechas alternativas, si bien muy cercanas al 384 d. C. Marinone (op. cit ., [1967], págs. 35-36) considera que la muerte de Pretextato, que aún vivía en septiembre del 384, ocurrió en noviembre o diciembre de ese mismo año, por lo cual localiza la fecha ficticia de los banquetes durante las Saturnales del año anterior, es decir, 17-19 de diciembre del 383 d.C.
91 Cf . CAMERON , op. cit . (1966), pág. 29: MARINONE , op. cit . (1967), págs. 36-37; GALLARDO , op. cit . (1974), págs. 130-131.
92 Cf . CAMERON , op. cit . (1966), pág. 31.
93 Cf . L. VON JAN , op. cit . (1848-1852), proleg ., págs. xxxi-xxxii.
94 CF. MARINAONE , op. cit . (1967), págs. 40-42; cf . asimismo P. WESSNER , «Macrobius», RE 14 (1928) 172-174; A. S. BENJAMIN , An Historical Commentary on the Second Book of Macrobius ’Saturnalia , Diss., University of Pennsylvania, 1955, pág. 89; J. RAVENTÓS , Macrobi. Les Saturnals , Vol. I (libro I), Barcelona, Fundació Bernat Metge, 2003, págs. 33-38.
95 Cf . MARINONE , op. cit . (1967), págs. 37-40; GUITTARD , op. cit . (1997), págs. xx-xxi; RAVENTÓS , op. cit . (2003), págs. 33-38.
96 Cf . MARINONE , op. cit . (1967), págs. 42-52; GUITTARD , op. cit . (1997), págs. xxi-xxiv; GALLARDO , op. cit . (1974), págs. 139-143; RAVENTÓS , op. cit . (2003), págs. 38-42.
97 Ésta es la tesis de todos los estudiosos de la obra de Macrobio, con la única excepción de E. TÜRK , Macrobius und die Quellen seiner Saturnalien. Eine Untersuchung über die Bildungsbestrebungen im Symmachus-Kreis , Diss. Fribourg en Brisgau, 1962; Ídem, «Les Saturnales de Macrobe, source de Servius Danielis», Revue des Études Latines 41 (1963) 327-349; ídem, «Macrobe et les Nuits Attiques», Latomus 24 (1965) 381-406; ídem, «À propos de la bibliothèque de Macrobe», Latomus 27 (1968) 433-535.
98 Saturnales, prefacio 3. Con casi idénticas palabras AULO GELIO (Noches áticas , prefacio 3) había expresado lo contrario.
99 Saturnales, prefacio 4.
100 Saturnales, prefacio 4.
101 Cf . FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 180-181.
102 Cf . M. C. GRANADOS FERNÁNDEZ , «Séneca en Macrobio», Cuadernos de Filología Clásica 20 (1986-1987) 339-347.
103 Tal es el caso de los historiadores latinos, de los que Macrobio cita 37 pasajes pertenecientes a diecisiete historiadores: Celio Antípatro, Calpurnio Pisón, Casio Hemina, Claudio Cuadrigario, Cornelio Sisenna, Fabio Máximo Serviliano, Fabio Píctor, Fenestela, Gneo Gelio, Julio Higinio, Licinio Macro, Porcio Catón, Postumio Albino, Rutilio Rufo, Salustio Crispo, Sempronio Tuditano y Valerio Ancíate; cf . N. MARINONE , «Frammenti di storiografi latini in Macrobio», Studi Urbinati 49 (1975) 493-527; reproducido en Analecta Graecolatina , Bolonia, Pàtron, 1990, págs. 287-318. Sorprende que de una obra enciclopédica como la Historia natural de Plinio sólo se cite el libro IX a propósito de un tema tan frívolo como los platos de comida de los romanos (HN IX 60, 64, 171 = Sat . III 16, 5; 16, 9; 15, 10). En cambio, de Varrón se computan hasta 45 citas, sobre todo de las Antigüedades humanas y divinas (si bien no es posible localizar una quincena de citas). Entre los poetas latinos, los más citados son Ennio y Accio, seguidos de Lucrecio.
104 Éste es el caso, por ejemplo, de las trazas del Catón el Viejo de Cicerón que en las Saturnales encuentra P. WUILLEUMIER («L’influence du Cato Maior », en Mélanges de philologie, de littérature et d’histoire anciennes offerts à A. Ernout , París, 1940, págs. 383-388): Macrobio, en Sat . VII 9, 1, retoma los dos adjetivos minuta et rorantia que Cicerón (Catón el Viejo 46) empleó para traducir una frase de Jenofonte (Banquete II 26).
105 Cf . E. TÜRK , «Macrobe et les Nuits Attiques », Latomus 24 (1965) 381-406, esp. 381-383.
106 Cf . M. LAUSBERG , «Seneca in der Vorrede zu dem Saturnalien des Macrobius», en Festgabe für O. Hiltbrunner zum 60. Geburstag , Münster, 1974, págs. 100-130.
107 Cf . TÜRK , ibídem.
108 Sat . I 1, 5-6 = ATENEO , XI 505f-506a.
109 Cf . TÜRK , op. cit . (1965), págs. 383-406; C. GUITTARD , «Le problème des limites et subdivisions du jour civil à Rome (Varron, Aulu-Gelle, Macrobe): conticium (-cinum , -cinnum) ou conticuum (-cium) ?», MEFR 88 (1976) 815-842; N. MARINONE , Macrobio, Teodosio. I Saturnali , Torino, UTET, 1972 (= 1967), pág. 44. La atribución a Suetonio remonta a Wissowa (diss ., pág. 31), en tanto que Wessner (RE XIV 193, 12 ss.) identifica la fuente con Varrón.
110 Cf . MARINONE , op. cit . (19722 ), pág. 47.
111 Cf . MARINONE , op. cit . (19722 ), pág. 45; FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 294-297; P MASTANDREA , Un neoplatonico latino, Cornelio Labeone. Testimonianze e frammenti , Leiden, 1979, págs. 56-59; R. BERNABEI , The treatment of sources in Macrobius’ Saturnalia, and the influence of the Saturnalia during the Middle Ages , Ithaca, Cornell University, 1970, pág. 58.
112 Cf . K. REINHARDT , De Graecorum theología , Berlín, 1910; F. BÖRTZLER , Porphyrius’ Schrift von den Götterbildern , Diss., Erlangen, 1903, págs. 49 ss.; J. BIDEZ , Vie de Porphyre , Gand, 1913, pág. 150; P. COURCELLE , Las lettres grecques en Occident de Macrobe à Cassiodore , París, 19482 , págs. 17-25; FLAMANT , op. cit . (1977), págs. 655-668; cf . asimismo F. ALTHEIM , Aus Spätantike und Christentum , Tübingen, 1951, primera parte: Porphyrios’ Schrift über den Sonnengott , págs. 1-58 y 139-152.
113 G. WISSOWA , De Macrobii Saturnaliorum fontibus capita tria , tesis doctoral, Bratislava, 1880, págs. 35-44; cf . asimismo H. LINKE , Quaestiones de Macrobii Saturnaliorum fontibus , tesis doctoral, Bratislava, 1880; E. TÜRK, Macrobius und die Quellen seiner Saturnalien , diss. Fribourgen Brisgau, 1962.
114 Cf . BENJAMIN , op. cit . (1955), págs. 28-29.
115 Para la relación entre los tres autores, cf . N. MARINONE , Elio Donato, Macrobio e Servio commentatori di Vergilio , Vercelli, 1946; op. cit . (19722 ), págs. 46-47. La identificación de Elio Donato como fuente común de Servio y Macrobio remonta a E. K. RAND , «Is Donatus’s Commentary on Vergel lost?», Classical Quarterly 10 (1916) 158-164; cf . asimismo A. SANTORO , Esegeti virgiliani antichi (Donato, Macrobio, Servio) , Bari, 1964.
116 Dado que los Scholia Danielis ofrecen, por lo general, un tratamiento más amplio que Macrobio, no falta quienes sostengan, inversamente, que son los Scholia Danielis los que dependen de las Saturnales , rescatando la vieja teoría que consideraba la compilación de Daniel como una masa heterogénea de notas complementarias a Servio recogidas de diversos autores; cf . É. THOMAS , Essai sur Servius et son commentaire sur Virgile , París, 1879; G. THILO , prólogo a su edición de Servio, Leipzig, 1880; E. TÜRK , «Les Saturnales de Macrobe, source de Servius Danielis», Revue des Études Latines 41 (1963) 327-349.
117 Cf. Sat . V 13, 10-33; 16, 8-14; 17, 1-14. H. D. JOCELYN , «Ancient Scholarship and Vergil’s Use of Republican Latin Poetry», Classical Quarterly 14.2 (1964) 280-295 y 15.1 (1965) 126-149.
118 Las citas homéricas son frecuentísimas en las Saturnales , sólo cuantitativamente inferiores a las de la Eneida : 210 citas de la Ilíada y 67 de la Odisea , la mayor parte de ellas en los libros V y VI, en el ámbito de la discusión de los antecedentes de la poesía virgiliana, y el resto en los demás libros donde Homero es citado como una de las máximas autoridades a las que se recurre para avalar cualquier tema de erudición. Para un análisis detallado del manejo de las fuentes homéricas por parte de Macrobio, cf . E. CABELLA , «Variante omeriche e citazioni mnemoniche nei Saturnalia di Macrobio», Athenaeum 86 (1998) 505-517.
119 Cf . G. WISSOWA , diss. 1880, pág. 45.
120 P. WESSNER , Real-Enc . I, 1928, col. 178-198; cf . col. 190, 1. 35-36.
121 Sobre el libro VI, cf . J. CANTÓ LLORCA , «La erudición virgiliana a fines del siglo IV : Macrobio, Sal . 6», en Homenaje a C. Codoñer , Salamanca, Universidad de Salamanca, 1991, págs. 29-44.
122 Cf . P. FRASSINETTI , «Ennio epico in Macrobio», en Grammatici latini d’ età imperiale. Miscellanea filologica , Genf, 1976, 219-233.
123 Accio: VI, 1, 56-59; 2, 17; 5, 2; 5, 9; 5, 11; 5, 14; Afranio: VI, 4, 12; 5, 6; Catón: VI, 4, 16; Catulo: VI, 1, 41-42; Cicerón: VI, 2, 33-34; Cornificio: VI, 4, 12; 5, 13; Egnacio: VI, 5, 2; 5, 12; Ennio: VI, 1, 8-24; 1, 50-54; 1, 60-62; 2, 16; 2, 18; 2, 21; 2, 25-28; 2, 32; 3, 2-4; 3, 8; 4, 3-4; 4, 6-7; 4, 18-19; 5, 5; 5, 10; Furio Ancíate: VI, 1, 31-34; 1, 44; 3, 5; 4, 10; Hostio: VI, 3, 6; 5, 8; Julio César Estrabón: VI, 4, 19; Laberio: VI, 5, 15; Levio: VI, 5, 10; Lucilio: VI, 1, 35; 1, 43; 4, 2; 4, 18; Lucrecio: VI, 1, 25-30; 1, 44-49; 1, 63-65; 2, 2-15; 2, 22-24; 2, 29; 4, 5; 4, 7; 4, 9; 4, 11; 4, 14-15; 4, 18; 4, 20-21; 5, 3-4; 5, 7; Nevio: VI, 1, 38; 2, 31; 5, 8-9; Pacuvio: VI, 1, 36; 5, 14; Pomponio: VI, 4, 13; Sisenna: VI, 4, 14-15; Sueyo: VI, 1, 37; 5, 15; Vario: VI, 1, 39-40; 2, 19-20: Varrón: VI, 4, 8.
124 Physici et medici Graeci minores , edición de T. L. IDELER , I, Berlín, 1841, págs. 3-80 (Problemas de Alejandro de Afrodisias).
125 Cf . MARINONE , op. cit . (1967), págs. 51-52.
126 Sat., praef . §§4-9.
127 Cf . L. Von Jan, proleg ., págs. XXXVIII y ss.
128 Para la influencia específica de los Saturnalia , véase R. BERNABEI , The treatment of sources in Macrobius’ Saturnalia and the influence of the Saturnalia during the Middle Ages , Ithaca, Cornell University, 1970. cf . asimismo P. V DAVIES , Macrobius. The Saturnalia , Nueva York-Londres, Columbia University Press, 1969, págs. 23-25; RAVENTÓS , op. cit . (2003), págs. 42-48.
129 Cf . RAVENTÓS , op. cit . (2003), págs. 42-43.
130 Cf . F. NAVARRO ANTOLÍN , Comentario al «Sueño de Escipión» de Cicerón , Madrid, Gredos, 2006, págs. 68-96 («Influencia, pervivencia y fortuna literaria del Comentario al Sueño de Escipión» ), con exhaustiva referencia bibliográfica en nota 144.
131 Cf . K. MARSHALL , «Macrobius: Saturnalia », en L. D. REYNOLDS , ed., Texts and Transmission. A Survey of the Latin Classics , Oxford, Clarendon Press, 1983, pág. 233, n. 4.
132 Cf . L. D. REYNOLDS -N. G. WILSON , Copistas y filólogos. Las vías de transmisión de las literaturas griega y latina , Madrid, Gredos, 1995 (= Oxford, Clarendon Press, 1968), págs. 97-102.
133 Cf . REYNOLDS -WILSON , op. cit . (1995), pág. 104; MARSHALL , op. cit . (1983), pág. 233 nota 6; Antonio LA PENNA , «Le Parisinus Latinus 6370 et le texte des Commentarii de Macrobe», Revue de Philologie 24 (1950) 177-187.
134 C. LUTZ , Johannes Scottus. Annotationes in Marcianum , Cambridge, Mass., 1939, pág. XX; H. SILVESTRE , «Macrobio utilisé par un Pseudo-Érigène et par Rupert de Deutz», Classica et Mediaevalia 19 (1958) 129-132; ídem, op. cit . (1963), págs. 171-174; HÜTTIG , op. cit . (1990), págs. 42-46.
135 Cf . HÜTTIG , op. cit . (1990), págs. 46-52; BERNABEI , op. cit . (1970), págs. 148-150.
136 Cf . MARSHALL , op. cit . (1983), pág. 233.
137 Cf . E. JEAUNEAU , «Macrobe, source de Platonisme chartrain», Studi Medievali , serie terza, 1 (1960) 3-24; Cf. HÜTTIG , op. cit . (1990), págs. 94-119.
138 Cf . HÜTTIG , op. cit . (1990), págs. 94-107; J. A. DANE , «Integumentum as Interpretation: Note on William Conches’s Commentary on Macrobius (I, 2, 10-11)», Classical Folia 32 (1978) 201 -215.
139 Para la signatura de tales manuscritos, cf JEAUNEAU , op. cit . (1960), pág. 6. Guillermo de Conches cita expresamente el nombre de Macrobio cinco veces en las Glosas a Boecio , seis veces en la Philosophia , cuatro veces en las Glosas al Timeo y cinco veces en el Dragmaticon ; al total habría que sumar las numerosas veces que utiliza a Macrobio sin citarlo (ibídem, pág. 22, nota 85); cf asimismo E. JEAUNEAU , «Glosses de Guillaume de Conches sur Macrobe. Note sur les manuscrits», AHMA 27 (1960) 17-28.
140 Cf . PEDEN , op. cit . (1985), pág. 65; Cf. HÜTTIG , op. cit . (1990), págs. 118-119.
141 En el Polycraticus (VIII 10), podemos leer la siguiente alabanza de Macrobio: Siquidem conspicuus est in sententiis, in verbis floridus, et tanta forum venustate redundans ut in institutione convivii et dispensatione Socraticam videatur dulcedinem propinare .
142 Cf . JAN , I, págs. L-LI ; C. CH . J. WEBB , «On some fragments of the Saturnalia », Classical Review 11 (1897) 441; ídem., Joannes Saresbergensis: Polycratus , I, Oxford, 1909, págs. XXXVIII .
143 Cf . WEBB , op, cit . (1909), II, págs. 254, nota 7; 256, nota 12; 257, nota 17; 263, notas 13 y 21; 264, nota 3; 268, nota 14; 270, nota 3.
144 Cf . WEBB , op. cit . (1909), pág. 341, nota 11.
145 Cf . R. M. THOMSON , «The Reading of William of Malmesbury», Revue Bénédictine 85 (1975) 362-402 (esp. págs. 374 y 381).
146 Cf . HUNT , op. cit . (1981-1982), págs. 211-227; H. D. AUSTIN , «The sources of Uguccione’s Illustrative Quotations», Medievalia et Humanistica 4 (1946) 104-106.
147 Cf . E. GRANT , A Source Book in Medieval Science , Cambridge, Massachusetts, 1974, págs. 791 ss. Para el significado de Macrobio en la historia de la medicina, sobre todo por las Saturnales, cf . M. NEUBURGER , «Die Medizin im Macrobius und Theodoretus», Janus 28 (1924) 155-172.
148 De vita solitaria , I, págs. 340-342 (edición de G. MARTELLOTTI , Milán, 1955). Cf . CL . ZINTZEN , «Römisches und Neuplatonisches bei Macrobius», en R STEINMETZ , ed., Politeia und Res Publica. Beiträge... dem Andenken R. Starks gewidmet , Palingenesia IV, Wiesbaden, 1969, págs. 357-376; ídem, op. cit . (1988), págs. 421-427; P. COURCELLE , «La postérité chrétienne du Songe de Scipion», Revue des Études Latines 36 (1958) 229 ss.; ídem, Connais-toi toi-même. De Socrate à Saint Bernard , París, 1974, págs. 557 ss.; J. E. SANDYS , A History of Classical Scholarship , I, Nueva York-Londres, 1967 (Cambridge, 19213 ), pág. 633.
149 De sui ipsius et multorum aliorum ignorantia , pág. 752 (ed. MARTELLOTTI ). Macrobio figura, junto con Gelio, en el apartado de exempla de una lista de libros favoritos de Petrarca, conservada en una hoja volante de un manuscrito de París (lat. 2201); cf . L. D. REYNOLDS -N. G. WILSON , Copistas y filólogos , Madrid, Gredos, 1995 = 1986 (= Oxford, Clarendon Press, 19742 ), pág. 130.
150 Cf . MARTÍN DE RIQUER , Historia de la literatura catalana , Part Antiga, vol. II, Barcelona, Ariel, 1964 (19844 ), pág. 342.
151 Cf . ZINTZEN , op. cit . (1988), págs. 428-431; P. O. KRISTELLER , Die Philosophie des Marsilio Ficino (Das Abendland, Neue Folge 1), Frankfurt a. M., 1972 (= Nueva York, 1943); véase asimismo su Index con los autores citados por Ficino, en pág. 406.
152 Para la interpretación alegórica de la aurea catena homérica, cf. Theol. Plat . II 239 Marcel y Com . I 14, 15; para la teoría de la virtud, cf. Theol. Plat . III 268 Marcel y Com . I 8, 3-13.
153 C. R. LIGOTA , «L’influence de Macrobe pendant la Renaissance», en Le Soleil à la Renaissance. Sciences et mythes. Colloque international tenu en avril 1963 (Université Libre de Bruxelles. Travaux de l’ Institut pour l’Étude de la Renaissance et de l’Humanisme), Bruselas-París, 1965, págs. 475 ss.
154 A este declive no es tampoco ajeno el renacer del estudio del griego, lo que afectó igualmente a otro neoplatónico incluso más popular que Macrobio en la Edad Media, Boecio; cf . GLOVER , op. cit . (1901), pág. 187 n. 1.
155 La inclusión del tema del humor como sección de un tratado de elocuencia es un tanto extraño a la tradición. El propio Cicerón dice haber visto algunos tratados griegos sobre el humor (Sobre el orador II 54, § 217). Aristóteles en su Ética para Nicómaco define la agudeza (eutrapelía) como el término medio entre los dos extremos que representan la bufonería (bomolochía) y la grosería (agroikía) , y en su Retórica (1419b3), para el tema del humor nos remite a una sección de su Poética donde, al parecer, trataba acerca de lo risible o lo cómico, pero tal sección no se nos ha conservado. El Tractatus Coislinianus , de datación incierta, anticipa la división ciceroniana entre humor derivado de las palabras (apò tês léxeos) y humor derivado de los acontecimientos (apò tôn pragmáton) , y entre Cicerón y Macrobio, Plutarco (Cuestiones simposíacas II 1 y VII 8) diserta sobre el tipo de humor que conviene en un banquete: se debe observar el término medio y evitar ofender. El vocablo que, por lo general, Plutarco emplea para referirse al humor es skómma , que conlleva la connotación de un comentario acerbo o mordaz.
156 Cf . J. J. ISO , Cicerón. Sobre el orador , Madrid, Gredos, 2002, pág. 45.
157 QUINTILIANO , Enseñanza oratoria VI 3, 4.
158 MACROBIO , Saturnales II 12.
159 QUINTILIANO , Enseñanza oratoria VI 3, 5; cf . asimismo MACROBIO , Saturnales II 1, 12; AULO GELIO , Noches áticas XIII 9, 2.
160 CICERÓN , Epístolas familiares XV 31,8.
161 Cf . CICERÓN , Sobre el orador II 271; Sobre los deberes I 104. De la época tardía del Imperio proceden los llamados Monosticha y Disticha Catonis , que se leyeron muchísimo en la Edad Media cristiana e incluso, ya traducidos, al comienzo de la Edad Moderna.
162 Cf . PLINIO , Historia natural , prefacio 24.
163 Cf . POMPONIO , Dig . I 22, 45; VALERIO MÁXIMO , VI 2, 12; QUINTILIANO , Enseñanza oratoria VI 3, 87; MACROBIO , Saturnales II 6, I.
164 El gramático Gayo Meliso, liberto de Mecenas, es más conocido como inventor de una forma más elevada de comedia togata, la trabeata , o «comedia caballeresca», que, sin embargo, no logró salvar de su agonía al drama literario en Roma. Encargado por Augusto del cuidado de ordenar las bibliotecas del pórtico de Octavio, a sus sesenta años compiló un libro de chistes, titulado originalmente Libellus ineptiarum («Sandeces»), luego Libellus iocorum («Jocosidades»). cf . SUETONIO , Gramáticos ilustres 21.
165 Cf . QUINTILIANO , Enseñanza oratoria VI 3, 102-112.
166 Cf . QUINTILIANO , Enseñanza oratoria VI 3,42.
167 Cf . B. C. BOWEN , «Ciceronian Wit and Renaissance Rhetoric», Rhetorica 16.4 (1988) 409-429.
168 Cf . PETRARCA , Rerum memorandarum libri , ed. Giuseppe BILLANOVICH , Florencia, Sansón, 1943, págs. 68-103. Esta sección, muy conocida y divulgada en colecciones posteriores, fue traducida al francés y publicada en Lyon hacia 1531 con el título Les paroles joyeuses et dictz memorables des nobles et saiges hommes anciens .
169 Para una historia del género, léase K. VOLLERT , Zur Geschichte der lateinische Facetiensammlungen des XV. und XVI. Jahrhunderts , Berlín, 1911; G. FABRIS , «Per la storia della facezia», en Raccolta di studi di storia e critica letteraria dedicata a F. Flamini , Pisa, 1918, págs. 93-138; L. DI FRANCIA , Novellistica , Milán, 1924,I-II; J. B. LIPKING , Traditions of the facetiae and their Influence in Tudor England , tesis doctoral, Columbia, 1970; B. C. BOWEN , «Renaissance Collections of facetiae , 1344-1490», Renaissance Quarterly 39 (1986) 1-15; ídem, «Renaissance Collections of facetiae , 1499-1528: A New Listing», Renaissance Quarterly 42 (1989) 263-275; M. P. CUARTERO SANCHO , «Las colecciones de relatos breves en la literatura latina del Renacimiento», en Humanismo y pervivencia del mundo clásico. Actas del I Simposio sobre humanismo y pervivencia del mundo clásico , I, 1, Cádiz, Instituto de Estudios Turolenses-Universidad de Cádiz, 1993, págs. 61-91.
170 POGGIO BRACCIOLINI , Opera omnia , ed. Ricardo Fubini, Turín, Bottega d’Erasmo, 1964, I, págs. 420-449: Facetiae (facsímil de la edición de Basilea, 1538). Pueden consultarse asimismo: The Facetiae or Jocose Tales of Poggio , París, Lisieux, 1879 (en latín e inglés); POGGIO BRACCIOLINI , Facezie , ed. Marcello Ciccuto, Milán, Rizzoli, 1983 (latín e italiano).
171 Sobre la colección de Poggio léase: L. SOIS , «Le facezie di Poggio nel Quattrocento francese», en F. SIMONE , ed., Miscellanea di studi e ricerche sul Quattrocento francese , Turín, Giappichelli, 1966, págs. 409-516; H. WEBER , «La facétie et le bon mot du Pogge à Des Périers», en A. H. T. LEVI , ed., Humanism in France at the End of the Middle Ages and in the Early Renaissance , Manchester, Manchester University Press, 1970, págs. 82-105; G. TOURNOY , «Facetiae Poggii?», Romanische Forschungen 85 (1973) 139-144; F. TATEO , «II léxico dei Comici nella facezia latina del Quattrocento», en I classici nel Medioevo e nell’Umanesimo: miscellanea filologica , Génova, Istituto di Filologia Classica e Medievale, 1975, págs. 93-109; ídem, «La raccolta delle Facezie e lo stile “comico” di Poggio», en Poggio Bracciolini 1380-1980 nel IV centenario della nascita , Florencia, Sansoni, 1982, págs. 207-233; L. SOZZI , «Le Facezie e la loro fortuna europea», en Poggio Bracciolini 1380-1980 , op. cit ., 1982, págs. 235-259; J. E. SALEMI , «Selections from the Facetiae of Poggio Bracciolini», Allegorica 8 (1983) 77-183 (con texto latino, introducción y notas).
172 La edición de Basilea de 1571 (ex officina Henricpetrina) fue reimpresa en Frankfurt, Minerva, 1967 (el De dictis de Antonio Panormitano en págs. 472-497).
173 Cf . B. C. BOWEN , «Roman Jokes and the Renaissance Prince, 1455-1528», Illinois Classical Studies 9 (1984) 137-148.
174 Hay ediciones modernas de A. SALZA , ed., Facezie di Ludovico Carbone Ferrarese , Livorno, Giusti, 1900; G. RUZZI , Ludovico Carbone: Facezie e Dialogo de la partita soa , Bolonia, Commissione per i testi di lengua, 1989.
175 Cf . D. DEFILIPIS , «Per una edizione delle facetiae di L. Carbone», Annali della Facoltà di Lettere e Filosofia dell’Università di Bari 19-20 (1976-1977) 227-235.
176 The Science of Dining (Mensa philosophica): A Medieval Treatise on the Higiene of the Table and the Laws of Health , trad. De Arthur S. Way. Londres, Macmillan, 1936.
177 La antología del libro IV ha sido estudiada en detalle por T. F. Dunn, The facetiae of the Mensa philosophica , San Luis, Washington University Studies, 1934. cf . asimismo G. Frenken, «Die älteste Schwanksammlung des Mittelalters (Die Mensa Philosophica eines Kölner Dominikaners)», Jahrbuch des Kölnischer Geschichtsverein 8-9 (1927) 105-121.
178 Una buena edición crítica es la de G. FOLENA , Milán, Ricciardi, 1953.
179 Hay dos buenas ediciones modernas: Angelo Poliziano Tagebuch (1477-1479) mit 400 Schwänken und Schnurren aus den Tagen Lorenzos des Grossmachtigen und seiner Vorfahren , ed. de Albert Wesselski, Jena, Diederichs, 1929; y Angelo Poliziano. Detti piacevoli , ed. de Tiziano Zanato, Roma, Istituto della Enciclopedia Italiana, 1983.
180 Cf . M. MESSINA , «Una raccolta di curiositá letteraria, del tempo di Lorenzo il Magnifico: il codice B.7.2889 del fondo Conventi (Badia Florentina) della Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze», Aevum 25 (1951) 68-78; G. FOLENA , «Sulla tradizione dei Detti piacevoli attribuiti al Poliziano», Studi di filologia italiana (Bolletino dell’Accademia della Crusca) 11 (1953) 431-448; ídem, «Umori del Poliziano nei Detti piacevoli », L’Approdo 3 (1954) 24-30; T. ZANATO , «Per il testo dei Detti piacevoli di Angelo Poliziano», Filologia e critica 6 (1981) 50-98; ídem, «Sull’attribuzione e la cronologia dei Detti piacevoli », Cultura neolatina 43 (1983) 79-102.
181 Hay edición moderna de G. PAPANTI , Facezie e motti dei secoli XV e XVI , codice magliabechino , Bolonia, Romagnoli, 1874, reimpresa en Bolonia, Commissione per i testi di lingua, 1968.
182 Augustini Tünger Procuratoris Curiae Constantiensis ad Eberhardum Ducem facetiae latinae et germanicae. 1486. Apophthegmata LIV , ed. de Adelbert von Keller, Tubinga, 1874 (Bibliothek des Litterarischen Vereins in Stuttgart, 118).
183 LEONARDO DA VINCI , Facezie , en The Literary Works of Leonardo da Vinci , ed. Jean Paul Richter, Oxford, Oxford University Press, 1939, II, 287-291; en LEONARDO DA VINCI , Frammenti letterari e filosofici , ed. Edmundo Solmi (reimpr. Ed. P. Marani, Florencia, Barbèra, 1979), págs. 282-287; y en C. PEDRETTI , The Literary Works of Leonardo da Vinci: A Commentary to Jean Paul Richter’s Edition , Oxford, Phaidon, 1977, 2 vols., II, págs. 273 y 275-276.
184 N.° 8 Richter (ed. supra cit. ) y n.° 10 Solmi (ed. supra cit. ) = Cicerón, Dichos 12 = Macrobio, Saturnales II 3, 3: «El tal Cicerón, un día que vio a su yerno Léntulo, hombre de corta estatura, armado con una gran espada, preguntó: “¿Quién ató a mi yerno a una espada?”».
185 N° 7 Richter (ed. supra cit. ) y n.° 5 Solmi (ed. supra cit. ) = Macrobio, Saturnales II 2, 10. La anécdota, puesta en boca de Evángelo, dice así: «En casa de Lucio Malio, considerado el mejor pintor de Roma, se hallaba casualmente comiendo Servilio Gémino, y como éste viera que los hijos de su anfitrión eran feos, dice: “Malio, no esculpes y pintas igual”. Y Malio responde: “En efecto, esculpo a oscuras, pinto a plena luz”».
186 Cf. C . PEDRETTI , «The Signaturas and Original Foliation of Leonardo Da Vinci’s Libro F.», JWCI 31 (1968) 197-217; C. SPERONI , «TWO Unpublished Tales of Leonardo», Italian Quarterly 12 (1968) 33-38.
187 G. PONTANO , De sermone , S. LUP i-A. RISICATO , eds., Lugano, Thesaurus Mundi, 1954.
188 Cf . S. LUPI , «II De sermone di Giovanni Pontano», Filologia romanza III.8 (1955) 366-417; G. LUCK , «Vir facetus: a Renaissance Ideal», Studies in Philology 55 (1958) 107-121; H.-G. SCHMITZ , «Die Theorie der humanistischen ars iocandi am Beispiegel des De sermone des Jovianus Pontanus», en ídem, Phisiologie des Scherzes: Bedeutung und Rechtfertigung des Ars Iocandi im 16. Jahrhundert , Hildesheim, Georg Olms, 1972, págs. 64-70; F. TATEO , «II linguaggio “comico” nell’opera di Giovanni Pontano». en Acta Conventus Neo-Latini Lovaniensis , Munich: Fink, 1973, págs. 647-657; ídem, «II léxico dei Comici nella facezia latina del Quattrocento», en G. PUCCIONI , ed., I classici nel Medievo e nell’ Umanesimo: miscellanea filologica , Génova, Istituto de Filolologia Classica e Medievale, 1975, págs. 93-109; H. WEHER , «Deux Théoriciens de la facétie: Pontano et Castiglione», Réforme, Humanisme, Renaissance 7 (1978) 74-78; P. NESPOULOS , «Pontano et la plaisanterie», en Acta Conventus Neo-Latini Amstelodamensis , Munich, Fink, 1979, págs. 803-819; G. FERRONI , « La teoria classicista nella facezia da Pontano a Castiglione», Sigma 13 (1980) 69-96.
189 Una buena edición moderna es la de G. BEBERMEYER , ed., Heinrich Bebels Facetien: Drei Bücher , Leipzig, Hiersemann, 1931. Sobre la llamada «Biblia de Bebel», cf . G. HESS , «Ioci Teutonici : Funktion der Sprachmischung in Heinrich Bebels Fazetien», en ídem, Deutsch-Lateinische Narrenzunft: Studien zum Verhältnis von Volksprache und Latinität in der satirischen Literatur des 16. Jahrhunderts , Munich, C. H. Beck’sche, 1971, págs. 260-271; P. ANTHONY , «Studien zu Heinrich Bebels Facetiae und ihren übersetzungen», en Sprache und Sprachhandeln: Festschrift für Gustav Bebermeyer zum 80. Geburtstag , J. Möckelmann, ed., Hildesheim, Olms, 1974, págs. 89-114; J. LEFEBVRE , «Les Facetiae de Heinrich Bebel», Réforme, Humanisme, Renaissance 7 (1978) 36-40.
190 Margarita facetiarum Alfonsi Aragonum regis vafre dicta. Proverbia Sigismundi et Friderici tertii Ro. lmperatorum. Scomata loannis Keisersberg concionatoris Argentinensis. Marsilii Ficini Florentini de Sole opusculum. Hermolai Barbari Orationes. Facetiae Adelphinae , Estrasburgo, Grüninger, 1508; reeditada en 1509.
191 P. CORTESI , De cardinalatu , Castro Cortesi, 1510, libro II, capítulo 9 («De sermone »), «Facetie et Ioci» (LXXXVv-LXXXVIIIr). El libro fue impreso póstumamente en una edición privada, y no ha sido nunca reeditado. Hay una copia en la Houghton Library de Harvard.
192 Cf . B. C. BOWEN , «Paolo Cortesi’s Laughing Cardinal», en A. MORROGH et alii , eds., Renaissance Studies in Honor of Craig Hugh Smyth , Florencia, Giunti Barbèra, 1985,1, págs. 251-259.
193 Hay ediciones modernas de H. ÖSTERLEY , Stuttgart, 1866, y de J. BOLTE , Berlín, H. Stubenrauch, 1924 (2 vols.).
194 Cf . M. BAMBECK , «Peire Cardenal, Guilhem de Montanhagol und Johannes Pauli: Zur Wanderung des Motivs vom Narrenregen», Germanisch-Romanische Monatschrift 34 (1984) 351-355; ídem, «Weder Kuh noch Kalb: Zu einem Exempel bei Johannes Pauli», Archiv 221 (1984) 130-132.
195 Desiderius Erasmus, «Convivium fabulosum », en Opera omnia Desiderii Erasmo Roterodami , 1.3 Colloquia , edición de L.-E. Halkin et alii , Ámsterdam, North-Holland Publishing Co., 1972, págs. 438-449.
196 M. BATAILLON , «Erasme conteur: folklore et invention narrative», en Mélanges... Pierre Le Gentil , París, S.E.D.E.S., 1973, págs. 85-104; H. TRÜMPY , «Theorie und Praxis des volkstümlichen Erzählens bei Erasmus von Rotterdam», Fabula 20 (1979) 239-248.
197 ERASMO DE ROTTERDAM , Apophthegmatum sive scite dictorum libri VI , Basilea, 1531; luego aumentados a ocho libros en la cuarta edición (Basilea, 1532).
198 Ioci ac sales mire festivi, ab Ottomaro Luscinio Argentino.. ., n.p.n.d. [Augustae Vindelicorum, 1524].
199 Cf . CH . SCHMIDT , Histoire littéraire de l’Alsace à la fin du XVe et au commencement du XVIe siècle , París, Sandoz and Fischbacher, 1879, II, 174-208; H. A. LIER , «Ottmar Nachtigalls Ioci ac sales mire festivi: ein Beitrag zur Kenntnis der Schwanklitteratur im 16. Jahrhundert», Archiv für Litteraturgeschichte 11 (1882) 1-50.
200 ADRIANU S BARLANDUS , Iocorum veterum ac recentium duae centuriae , Lovanii, apud Petrum Martnum Alostensem, 1524.
201 E. DAXHELET , Adrien Barlandus: humaniste belge , Lovaina: Librairie Universitaire, 1938, págs. 145-148.
202 A Hundred Mery Talys , H. ÖSTERLEY , ed., 1866; reimpreso por L. R. A. ASHLEY , Gainesville, Fla.: Scholars’ Facsimiles and Reprints, 1970; asimismo, P. M. ZALL , A Hundred Merry Tales and Other English Jestbooks of the Fifteenth and Sixteenth Centuries , Lincoln, University of Nebraska Press, 1963.
203 Cf . J. B. LIPKING , Traditions of the facetiae and their Influence in Tudor England , diss., Columbia University, 1970, Ch. IV, esp. págs. 187-225 y 248-252.
204 Cf . LIPKING , op. cit . (1970), págs. 342-310.
205 The Letters and Epigrams of Sir John Harington , ed. de N. E. MAC CLURE , Philadelphia, 1930.
206 G. PONTANO , De sermone , edición de S. LUPI y A. RISICATO , Lugano, Thesaurus Mundi, 1954, VI, 2, pág. 185.
207 Marido: «Extraños alojan sus flechas en tu aljaba»; dama: «Mi barcaza a veces es gobernada con mineral ¿forren?; pero nunca embarco a nadie sin estar antes segura de que el casco está totalmente cargado con tu lastre».
208 La edición standard del Il Cortegiano es la de V. CIAN , Florencia, Sansón, 19474 . Cf. LIPKING , op. cit. (1970), págs. 291-310.
209 Cf . L. VALMAGGI , «Per le fonti del Cortegiano », Giornale storico della letteratura italiana 14 (1889) 72-93; P. FLORIANI , «Esperienza e cultura nella genesi del Coriegianoi», Giornale storico della letteratura italiana 146(1969)497-529, esp. págs. 514-519; R. GRUDIN , «Renaissance Laughter: the Jesús in Castiglione’s Il Cortegiano », Neophilologus 58 (1974) 199-204; J. GUIDO , «Festive narrazioni, motti et burle (beffe ): l’art des facéties dans le Courtisan », en M. MARIETTI et alii , eds., Formes et significations de la beffa dans la littérature italienne de la Renaissance , 2a serie, París, Université de la Sorbonne Nouvelle, 1975, págs. 171-210.
210 Cf . LIPKING , op. cit. (1970), págs. 311-341.
211 Cf . A. J. DA COSTA PIMPÂO , «André Eborense e o seu livro de “Sentenҫas e ejemplos”», en Escritos diversos , Coimbra, 1972.
212 cf . M. BERGONZINI , «Due opposte collezioni di apoftegmi: la Floresta Española de Melchor de Santa Cruz, la Nova Floresta “Portuguesa” di Manuel Bernardes», Via Spiritus 13 (2006) 121-222.
213 Cf . M. P. CUARTERO SANCHO , Fuentes clásicas de la literatura paremiológica española del siglo XVI , Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1981; A. BLECUA , «La Littérature apophtegmatique en Espagne», en A. REDONDO , L’Humanisme dans les lettres espagnoles, París, 1979, págs. 119-132; M. CHEVALIER , «Proverbes, contes folkloriques et historiettes dans les lettres traditionnelles dans les oeuvres des humanistes espagnols parémiologues», en ídem, L’Humanisme... (1979), págs. 105-118; A. C. SOONS , Haz y envés del cuento risible en el Siglo de Oro. Estudio y Antología , Londres, Tamesis Books Limited, 1976.
214 P. MEXÍA , Silva de varia lección compuesta por el magnífico caballero.... ed. J. GARCÍA SORIANO , S.B.E., 2.a época, Madrid, 1933,t. I, pág. 168.
215 ERASMO DE ROTTERDAM , Libro de Apothegmas, que son dichos graciosos y notables , trad. de Támara, Amberes, 1549.
216 MEXÍA , Silva ..., op. cit ., t. I, pág. 467.
217 JUAN DE TIMONEDA , Buen Aviso y Portacuentos , ed. E. JULIÁ MARTÍNEZ , Obras de Juan de Timoneda , S.B.E., 2.a época, Madrid, 1947-1948 (3 vols.), t. I.
218 M. SANTA CRUZ , Floresta española , ed. de M. P. CUARTERO y M. CHEVALIER , Barcelona, Crítica, 1997, pág. 145.
219 Además de los autores citados, se hacen eco del mismo los siguientes autores y obras: PETRARCA , Rerum memorandarum libri , ed. G. Billanovich, Florencia, Sansoni, 1945, II, 48, 1; Mensa philosophica , s. i., s. 1., circa 1487 (= circa 1470), IV, «De diversis artificibus», K6r; PONTANO , De sermone , ed. de S. Lupi-A. Riscato, Lugano, Thesaurus Mundi, 1954, V, 2, 42; L. DOMICIO BRUSONI , Facetiae exemplaque , Roma, Iacobus Mazochius, 1518, II, fol. 55v; ERASMO , Colloquia , «Puerpera», en Opera omnia , ed. L. E. Halkin-F. Bierlaire-R. Hoven, Ámsterdam, North-Holland Publishing Company, 1972, 1, 3, pág. 469 (alusión); O. LUSCINIO ARGENTINO , Ioci ac sales festivi , Augsburgo, Typis Symperti Ruff., 1524, n.° 198; ERASMO , Apophthegmata, Lyon, Seb. Gryphius, 1548, VI, «Varie Mixta» 16, pág. 464 (traducción de F. Támara, Amberes, Martín Nucio, 1549, fol. 314v); J. GAST , Sermones convivales , Basilea, Bartholomaeus Westhemerus, 1542, M3r-v; LYCOSTHENES , Apophthegmata ex probatis graecae latinaeque linguae scriptoribus , Lyon, Iacobus Stoer, 1594 (= 1555), págs. 241a-b y 362a; L. GUICCIARDINI , L’hore di ricreazione , Venecia, F. GINAMI , 1655, págs. 85-86. Con posterioridad a la Floresta de Santa Cruz, el relato aparece en varios textos castellanos: AMBROSIO DE SALAZAR , Las clavellinas de recreación , Ruán, Adrien Morront, 1614, 105, pág. 204; LOPE DE VEGA , El llegar en ocasión , en Comedias , ed. Marcelino Menéndez Pelayo, Madrid, BAE, 1963-1972, vol. II, 247, pág. 83a; LOPE DE VEGA , Nadie se conoce , en Obras , Madrid, Real Academia Española, 1916-1930, vol. VII, pág. 702b; FRANCISCO DE QUEVEDO , Premática del tiempo, en Obras satíricas y festivas , ed. Jose M.a Salaverría, Madrid, Espasa Calpe, 1965, pág. 57 (alusión). Figura también en otras colecciones latinas: PAOLO MANUZIO , Apophthegmata, Venecia, ex aedibus Manutianis, 1577, VI, págs. 480-481; GERARDO TUNINGIO , Apophthegmata Latina, Leiden, Officina Plantiniana Raphalengii, 1609, pág. 72. También figura, dado que saquea la Floresta española , en la colección francesa Les subtiles et facétieuses recontres de J. B., París, Imprimerie de J. Martin et de Jean de Bordeaux, 1630, pág. 21.
220 G. VASARI , «Vita di Michelagnolo Buonarroti», en Delle vite de ’piu eccelenti pittori, scultori et architecti (1550), Bolonia, Heredi di Evangelista Dozza, 1647, págs. 147-148, y A. CONDIVI , Vita di Michelagnolo Buonarroti , Roma, Antonio Blado, 1553, fol. 48v.
221 JUAN DE TIMONEDA , Sobremesa y Aviso de caminantes , ed. E. JULIÁ MARTÍNEZ , Obras de Juan de Timoneda , S.B.E., 2.a época, Madrid, 1947-1948 (3 vols.), t. I.
222 FRAY ANTONIO DE GUEVARA , «Epístola LIX. Letra para D. Enrique Enríquez en la cual el autor cuenta la historia de tres enamoradas antiquísimas, y es letra muy sabrosa de leer, en especial para los enamorados», Libro primero de las epístolas familiares , Madrid Aldus, 1950-1952 (= BAE, vol. XIII, Madrid 1850).
223 Esta famosa anécdota de Augusto y el colchón o colcha del deudor es reproducida en otras muchas colecciones humanísticas: Petrarca, Rerum memorandarum libri , ed. cit. (1945), II, 38, 11; PONTANO , De sermone , ed. cit. (1954), V, 2, 27; BRUSONI , Facetiae , ed. cit. (1518), V, fol. 162v; LUSCINIO , Ioci ac sales festivi , ed. cit. (1524), n.° 187; ERASMO , Apophthegmata , ed. cit. (1548), IV, «Augustus» 31, pág. 284 (traducción de Támara, ed. cit., 1549, fol. 57r, y de Jarava, fol. 150r); GAST , Sermones convivales , ed. cit. (1542). D4r; LYCOSTHENES , Apophthegmata , ed. cit. (1594), págs. 169a y 244a; MANUZIO , Apophthegmata , ed. cit., IV, pág. 288; TUNINGIO , Apophthegmata Latina , ed. cit. (1609), págs. 13-14; GUICCIARDINI , L’hore di ricreazione , ed. cit. (1655), págs. 44-45; SALAZAR , Clavellinas , ed. cit. (1614), 56, págs. 129-130. El apotegma clásico aparece igualmente aludido en F. DE ARCE , Adagio , quincuagena primera, n.° 39 (glosa al refrán «El que algo debe no reposa como quiere»); y en H. NÚÑEZ , fol. 2ra (proverbio francés: Achète le lit d’un grand débiteur, car á dormir il porte bonheur, «Compra el lecho de uno que está muy adeudado, que para dormir él te traerá buen recaudo»),
224 JUAN DE MAL LARA , Filosofía Vulgar , ed. de Antonio VILANOVA , Barcelona, Selecciones Bibliófilas, 2.a , 1958 (4 vols.). t. III, pág. 121.
225 MAL LARA , Filosofía Vulgar , ed. supra cit. , t. IV, pág. 69.
226 La expresión «tender una moneda a un elefante» parece ser proverbial.
227 SANTA CRUZ , Floresta ..., ed. supra cit . (1997), pág. 241.
228 Reproducen el apotegma clásico otras muchas colecciones humanísticas: PETRARCA , Rerum memorandarum libri , ed. cit. (1945), II, 38, 5; BRUSONI , Facetiae exemplaque , ed. cit. (1518), III, fol. 76v; LUSCINIO , Ioci ac sales festivi , ed. cit. (1524), n.° 38; ADRIANO BARLANDO , Iocorum veterum ac recentium libri tres (1524-1529), Amberes, Michaelem Hillenius, 1529,1, A4r; ERASMO , Apophthegmata , ed. cit. (1548), IV, «Augustus» 20, pág. 280; GAST , Sermones convivales , ed. cit. (1542), E6v; LYCOSTHENES , Apophthegmata , ed. cit. (1594), págs. 36lb-362a; MANUZIO , Apophthegmata , ed. cit., IV págs. 284-285; TUNINGIO , Apophthegmata Latina , ed. cit. (1609), pág. 10. LUDOVICO DOMENICHI (Facezie , Florencia, Appresso y Giunti, 1564 (= 1548), III, pág. 138) cuenta una facecia parecida, en la que un tamborilero giboso, y gracioso, pide al cardenal Gurgense que, puesto que ha ido a Florencia para rehacer todas las cosas mal hechas, que lo rehaga a él. La versión de Santa Cruz se difundió en TUNINGIO , Apophtegmata Hispanica , Leiden, Officina Plantiniana Rapheiegii, 1609, pág. 8: J. B., Les subtiles et facétieuses recontres , ed. cit. (1630), pág. 40; SALAZAR , Tres tratados propios para los que desean saber la lengua española , París, 1643, pág. 116.
229 SANTA CRUZ , Floresta ..., ed. supra cit. (1997), pág. 183.
230 Augusto juega con el doble sentido de familiaris , «amigo íntimo» o «esclavo de la casa»; esto es, le reprocha a su anfitrión que le sirva un rancho de esclavo.
231 L. GUICCIARDINI , L’hore di ricreazione , Venecia, Francesco Ginami, 1565, pág. 30.
232 Reproducen asimismo el apotegma clásico otras colecciones humanísticas: PETRARCA , Rerum memorandarum libri , ed. cit. (1945), II, 38, 7; BRUSONI , Facetiae exemplaque , ed. cit. (1518), II, fol. 32v; BARLANDO , Ioci , ed. cit. (1529), I, A4r; ERASMO, Apophthegmata , ed. cit. (1548), IV, «Augustus” 27, pág. 283 (traducción de Támara, ed. cit., fol. 56v [46 por error de foliación] y de Jarava, ed. cit., fol. 149v); LYCOSTHENES , Apophthegmata , ed. cit. (1594), págs. 114b y 244a. La anécdota clásica reaparece en MANUZIO , Apophthegmata , ed. cit., IV, págs. 287-288; TUNINGIO , Apophthegmata Latina , ed. cit. (1609), pág. 12; SALAZAR , Clavellinas , ed. cit. (1614), 29, págs. 73-74. La versión de Santa Cruz se difundió en GARIBAY , Cuentos , Madrid. Atlas, pág. 218a. Como agudeza de Augusto la mantiene BALTASAR GRACIÁN , Agudeza y arte de ingenio, ed. Evaristo Correa Calderón, Madrid, Castalia, 1969, XLVI, 11, pág. 140. Como dicha por «el otro» indeterminadamente, la cita LOPE DE VEGA , Santiago el Verde, Obras , Madrid, Real Academia Española, 1916-1930, III, XIII, pág. 577b.
233 Cf. J. SCOTT , traductor, Tales, Anecdotes and Letters, translated from Arabic and Persian , Shrewsbury, 1800, págs. 300-301.
234 Sobre las versiones medievales y renacentistas, cf. J. W. HASSELL , Jr., Sources and Analogues of the Nouvelles Récréations et Joyeux Devis of Bonaventure des Périers , University of North Caroline Studies in Comparative Literature, n.° 20, Chapel Hill, N. C., 1957, págs. 76-77.
235 JUAN DE SALISBURY , Policraticus , trad. y ed. de JOHN B. PIKE , Frivolities of Courtiers and Footprints of Philosophers , Minneapolis, University of Minnesota Press, 1938, pág. 207.
236 FRANCESCO PETRARCA , Opera quae extant omnia ..., Basilea, H. Petri, 1554, Rerum memorandarum libri IIII , II, III, ext. 2, pág. 472.
237 Para el texto y una breve descripción del manuscrito del que está tomado, cf . G. PAPANTI , Catalogo dei novellieri italiani in prosa , Livorno, Vigo, 1871,1, iii, XLIX-L (n.° 27). Para una descripción más completa del manuscrito, cf . G. BIAGI , ed., Le Novelle antiche ..., Florencia, Sansoni, 1880, págs. C-CI; cf. asimismo A. D ’ANCONA , «Le Fonti del Novellino », Romania 2 (1873) 385-422 y 3 (1874) 164-194.
238 TH . F. DUNN , The Facetiae of the Mensa Philosophica , St. Louis, 1934, pág. 21 (n.°3).
239 J. PAULI , Schimpf und Ernst , ed. Johannes BOLTE , Berlín, Stubenrauch, 1924, I, 290 (n.° 502).
240 ERASMO , Apophthegmatum sive scite dictorum libri VI , Basilea, 1531, IV Augusto , 33, págs. 284-285. Erasmo incluye otro apotegma parecido, protagonizado por un procónsul romano en Sicilia (Apophthegmatum .., VI, Varie Mixta, 93, pág. 478).
241 MEXĺA , Silva ..., op. cit. , t. I, pág. 247.
242 Cf . textos supra cit .
243 B. DES PÉRIERS , Nouvelles récréations et joyeux devis , Lyon, Robert Granjon, 1558, nouvelle XV-C.
244 J. AGRICOLA , Dreihundert gemeyner Sprichwörter , Leipzig, Blum, 1530, n.° CLIX.
245 L. DOMENICHI , Historia varia , Venecia, 1555, págs. 761-762.
246 S. FREUD , Jokes and their Relation to the Unconscious , trad. de James STRACHEY , Nueva York, 1963, págs. 68-69.
247 Para la historia complementaria de la transmisión medieval del Comentario al «Sueño de Escipión » de Cicerón de Macrobio, léase NAVARRO ANTOLÍN , op. cit. , págs. 97-113.
248 Estos cinco códices son: Paris. lat. 6.370 (francés, siglo IX in.); Paris. lat. 6.371 (¿francés?, siglo XI ), Troyes 514 (francés, siglo XII ex.), Cambridge, Corpus Christi College 71 (escrito en St. Albans, siglo XII ); Paris. lat. 6.367 (escrito probablemente por Richard de Fournival, siglo XIII ).
249 Para la evolución de la popularidad de las obras de Macrobio, se puede consultar la tabla de B. C. BARKER -BENFIELD , facilitada en la obra de REYNOLDS , op. cit. (1983, reimpr. 1988), pág. 224.
250 Para la historia de la transmisión medieval de las Saturnales de Macrobio, léase P. K. MARSHALL , «Macrobius: Saturnalia », en L. D. REYNOLDS , ed., Text and Transmisión . A Survey of the Latin Classics , Oxford, Clarendon Press, 1983 (reimpr. 1998), págs. 234-235; RAVENTÓS , op. cit. (2003), págs. 48-50.
251 A. LA PENNA , «Studi sulla tradizione dei Saturnalia di Macrobio», Annali della Scuola Normale Superiore di Pisa 22 (1953) 225-252.
252 A este primer grupo pertenecen igualmente el Neapolitanus V. B. 10 (siglo IX-X ), y el Oxoniensis Bodleianus Auct. T II 27 (siglo IX ex.). Willlis, en su edición Teubneriana, agregó a este grupo el Matritensis Escorialensis Q. 1. 1. (siglo XV ), manuscrito muy tardío, muy contaminado y degener filius de la familia.
253 A este segundo grupo pertenecen igualmente el Montepessulanus H. 225 (siglo IX ), el Vaticanus lat. 5.207 (siglo X ) y el Vaticanus Reginensis lat. 1.650 (siglo IX-X ). Willis agregó a esta familia de códices el Matritensis Escorialensis C. III. 18 (siglo XII ).
254 A este tercer grupo pertenecen asimismo el Florentinus Laurentianus 90 sup. 25 (siglo XII-XIII ), el Vaticanus lat. 3.417 (siglo XII ) y el Anglicus o Cantabrigiensis Vniversitatis , Ff. III, 5 (siglo XIII ).
255 J. A. WILLIS , «De codicibus aliquot manuscriptis Macrobii Saturnalia continentibus», Rheinisches Museum 100 (1957) 152-164; ídem. «De Macrobii codice Montepessulano», Rheinisches Museum 97 (1954) 287 ss.
BIBLIOGRAFĺA
REPERTORIOS BIBLIOGRÁFICOS
Paolo DE PAOLIS , «Macrobio 1934-1984», Lustrum 28-29 (1986-1987) 107-249 y 30 (1988) 7-9.
L. FIOCCHI , «Rassegna di studi macrobiani (1969-1979)», Bolletino de Studi Latini 12 (1982) 34-85.
EDICIONES, COMENTARIOS Y TRADUCCIONES
Henri BORNECQUE y François RICHARD , Macrobe. Les Saturnales , vols. I-II, París, 1937 (introducción, traducción y notas).
Percival Vaughan DAVIES , Macrobius. The Saturnalia , Nueva York-Londres, Columbia University Press, 1969 (introducción, traducción y notas).
Charles GUITTARD , Macrobe. Les Saturnales. Livres I-III, París, Les Belles Lettres, 1997 (introducción, traducción y notas).
Nino MARINONE , Macrobio, Teodosio. I Saturnali , Turín, Unione Tipografico-Editrice Torinese, 19972 (= 1967), (Classici latini, 20).
Jordi RAVENTÓS , Macrobi. Les Saturnals , vols. I-IV (Llibres I-VII), Barcelona, Fundació Bernat Metge, 2003-2006.
James A. WILLIS , Ambrosii Theodosii Macrobii «Saturnalia»; apparatu critico instruxit
«In Somnium Scipionis commentarios» selecta varietate lectionis ornavit Iacobus Willis , I-II, Lipsiae, in aedibus B. G. Teubneri, 1963, 19702 (cum addendis e corrigendis) ; Stutgardiae-Lipsiae, B. G. Teubner, 1994 (edición crítica).
ESTUDIOS GENERALES
V. D ’AGOSTINO , «Sui Saturnalia di Macrobio», Revista di studi classici 8 (1960) 159-170.
Henri BARDON , La littérature latine inconnue , I-II, París, Klincksieck, 1952.
A. BEHR , «Fragmente einer Handschrift der Macrobius- und Plinius-Excerpte», Fleckeisen Jahrbücher für classische Philologie , 1893, págs. 139-143.
Richard BERNABEI , The treatment of sources in Macrobius’ Saturnalia and the influence of the Saturnalia during the Middle Ages , Ithaca, Cornell University, 1970.
C. BIUSO , Varroniana nonnulla ex Antiquitatibus quibusdam Vergilianis , tesis doctoral, Berlín, 1911.
M. BROYE , «La compilation dans les Saturnales de Macrobe», Revue des Études Latines 26 (1949) 68-69.
Emmanuela CABELLA , «Variante omeriche e citazioni mnemoniche nei Saturnalia di Macrobio», Athenaeum 86 (1998) 505-517.
Alan CAMERON , «The Date and Identity of Macrobius», Journal of Roman Studies 56 (1966) 25-38.
—, «Macrobius, Avienus and Avianus», Classical Quarterly 17 (1967) 385-399.
Josefa CANTÓ LLORCA , «La erudición virgiliana a fines del siglo IV : Macrobio, Sat. 6», en Homenaje a C. Codoñer , Salamanca, Universidad de Salamanca, 1991, págs. 29-44.
André CHASTAGNOL , «Les Espagnols dans l’aristocratie gouvernementale à l’époque de Théodose», en Empereurs romains d’Espagne (Colloques internationaux du C.N.R.S.) , París, 1965, págs. 269-292.
Pierre COURCELLE , «Nouveaux aspects du Platonisme chez saint Ambroise (III Ambroise lecteur de Macrobe)», Revue des Études Latines 34 (1956) 232-239.
Siegmar DÖPP , «Zur Datierung von Macrobius’ Saturnalia », Hermes 106 (1978) 619-632.
Jacques FLAMANT , «La technique du banquet dans les Saturnales de Macrobe», Revue des Études Latines 46 (1968) 303-319.
—, Macrobe et le néo-platonisme latin , à la fin du IV siècle , Leiden, E. J. Brill, 1977 (Études Préliminaires aux Religions Orientales dans l’Empire Romain, 58), págs. 172-132 («Les Saturnales ou le genre du symposion »).
—, «Éléments gnostique dans l’oeuvre de Macrobe», en Studies in gnosticism and hellenistic religions presented to Gilles Quispel , Leiden, 1981, 131-142.
—, «Macrobe: une langue philosophique?», en La langue latine, langue de la philosophie , Actes du colloque organisé par l’Ecole française de Rome avec le concours de l’Université de Rome «La Sapienza» (Rome, 17-19 mai 1990), École française de Rome, 1992, págs. 218-232.
M. FUHRMANN , «Macrobius und Ambrosius», Philologus 107 (1963) 301-308.
María Dolores GALLARDO LÓPEZ , «Estado actual sobre los estudios sobre los Simposios de Platón, Jenofonte y Plutarco», Cuadernos de Filología Clásica 3 (1970) 127-191.
—, «Los Simposios de Luciano, Jenofonte y Plutarco», Cuadernos de Filología Clásica 4 (1971) 239 ss.
—, El género simposíaco hasta las Saturnales de Macrobio , Madrid, Facultad de Filosofía y Letras, 1973 (Extractos de Tesis Doctorales, v. 72).
—, «El simposio romano», Cuadernos de Filología Clásica 7 (1974) 91-143.
Concepción GARRIDO LÓPEZ , La lengua de Macrobio , Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, D. L., 1984 (Colección Tesis Doctorales; 1/85 y 163/90).
Benjamín GOLDLUST , «Une orchestration littéraire du savoir: le projet didactique de Macrobe sans les Saturnales », Schedae , 2007, prepublicación n.° 3, fascículo n.° 1, págs. 27-44.
Charles GUITTARD , «Le problème des limites et subdivisions du jour civil à Rome (Varron, Aulu-Gelle, Macrobe): conticium (-cinum, -cinnum) ou conticuum (-cium)? », MEFR 88 (1976) 815-842.
H. D. JOCELYN , «Ancient scholarship and Vergil’s use of republican Latin poetry», Classical Quarterly 14 (1964) 280-295; 15 (1965) 126-144.
W. R. JONES , «Avianus, Flavianus, Theodosius and Macrobius», Classical Studies presented to B. E. Perry , 1969, págs. 203-209.
W. KAHL , «Cornelius Labeo (de Macrobio Labeonis compilatore)», Philologus 5 (1889) 726-728.
R. KLOTZ , «Zu Macrobius», Jahns Archiv 12 (1846) 158-159.
A. LA PENNA , «Studi sulla tradizione dei Saturnali di Macrobio», Annali della Scuola Normale Superiore di Pîsa (lett. stor. e filos.), s. II, 22 (1953) 225-250.
U. LEPORE , «I codici napoletani dei Saturnali di Macrobio», Biblion 1 (1946-1947) 75-91.
Hugo LINKE , Quaestiones de Macrobii Saturnaliorum fontibus , tesis doctoral, Bratislava, 1880.
Bengt LÖFSTEDT , «Grammatische Marginalien zu Macrobius Saturnalia », Acta Classica 28 (1985) 91-93.
Gunnar LÖGDBERG , In Macrobii Saturnalia adnotationes , Upsala, Almquist & Wiksell, 1936.
Nino MARINONE , Elio Donato, Macrobio e Servio commentatori di Vergilio , Vercelli, 1946; actualizado en Analecta Graecolatina , Bolonia, Pàtron, 1990, págs. 193-264.
—, «Per la cronologia di Servio», Atti della’ Accademia delle Scienze di Torino 104 (1969-1970) 181 -211.
—, «Il medico Disario in Simmaco e in Macrobio», Maia 25 (1973) 344-345.
—, «Frammenti di storiografi latini in Macrobio», Studi Urbinati 49 (1975) 493-527; reproducido en Analecta Graecolatina , Bolonia, Pàtron, 1990, págs. 287-318.
—, «A proposito di due recenti studi su Macrobio», RFIC 107 (1979) 107-108
—, «La Virgilianizzazione in Macrobio», en Analecta Graecolatina , Bolonia, Pàtron, 1990, págs. 363-364.
Peter K. MARSHALL , «Macrobius: Saturnalia », en Leighton D. Reynolds, ed., Texts and Transmission. A Survey of the Latin Classics , Oxford, Clarendon Press, 19902 (=1983), págs. 233-235.
Josef MARTIN , Symposion. Die Geschichte einer literarischen Form , Paderborn, Verlag Ferdinand Schöningh, 1931 (Studien zur Geschichte und Kultur des Altertums XVII. Band, 1 .u. 2 Heft).
Paolo MASTANDREA , Un neoplatonico latino, Cornelio Labeone. Testimonienze e frammenti , Leiden, 1979.
Mónica MIRÓ VINAIXA y Rosario PEREA BUZÓN , «Sobre la historicidad del rétor griego Eusebio en los Saturnalia de Macrobio», Anuari de Filologia XVII, D/5, Barcelona, 1994, págs. 73-76.
H. L. W. NELSON , «Saturnalia» van Macrobius , Leiden, 1958.
M. NEUBURGER , «Die Medizin im Macrobius und Theodoretus», Janus 28 (1924) 155-172.
Silvio PANCIERA , «Iscrizione senatorie di Roma e dintorni», en Epigrafia e ordine senatorio. Tai del Colloquio internazionale A.I.E.G.L ., Roma, 1982, vol. I, págs. 658-660.
G. REGEL , De Vergilio poetarum imitatore testimonia , tesis doctoral, Gotinga, 1907.
R. RÜHRMUND , «Macrobius im Verdacht als Lobredner des Vergil und als Tadler des Cicero», Jahrbücher für Philologie una Pädagogik 76 (1857) 349-357.
A. SANTORO , Esegeti virgiliani antichi: Donato, Macrobio, Servio , Bari, 1946.
G. SCHEPS , «Zu Macrobius-Plinius», Blätter für das Gymnasial-Schulwesen 32 (1896) 404-408.
F. W. SCHNEIDEWIN , «Beiträge zur Herstellung der Graeca in Macrobius Saturnalien», Zeitschrift für die Altertumaissenschaft , 1843, nn. 59-60.
G. F. C. SCHÖMANN , Commentatio Macrobiana , tesis doctoral, Greifswald, 1871.
F. SEMI , «Spunti pedagogici in Macrobio», I problemi della pedagogia , 1968, págs. 834-836.
A. STACHELSCHEID , «Bentleys Emendationen von Macrobius», Rheinisches Museum 36 (1881) 324-326.
Ekkehart SYSKA , Studien zur Theologie im ersten Buch der Saturnalien des Ambrosius Theodosius Macrobius , Stuttgart, Teubner, 1993 (Beiträge zur Altertumskunde, 44).
Sebastiano TIMPANARO , Per la storia della filologia virgiliana antica , Roma, Salerno Editrice, 20022 .
G. B. TOWNEND , «Changing views of Vergil’s greatness», Classical Journal 56 (1960) 67-77.
L. TRAUBE , Varia libamenta critica , diss. Münster, 1883 (ad Macr. Sat . I 17-23).
Egbert TÜRK , Macrobius und die Quellen seiner Saturnalien. Eine Untersuchung über die Bildungsbestrebungen im Symmachus-Kreis , tesis doctoral, Fribourg en Brisgau, 1962.
—, «Les Saturnales de Macrobe, source de Servius Danielis», Revue des Études Latines 41 (1963) 327-349.
—, «Macrobe et les Nuits Attiques », Latomus 24 (1965) 381-406.
—, «À propos de la bibliothèque de Macrobe», Latomus 27 (1968) 433-535.
Fr. ULLRICH , «Entstehung und Entwickelung der Literaturgattung des
Symposion», Würzburger Programmen l-II, Würzburg, 1908-1909.
C. C. J. WEBB , «On Some Fragments of Macrobius’ Saturnalia », Classical Review 11 (1897) 441.
P. WESSNER , «Macrobius», en Pauliy’s Real-Encyclopädie der classischen Altertumwissenschaft XIV (Stuttgart, 1928), cols. 170-198.
J. A. WILLIS , «De Macrobii codice Montepessulano», Rheinisches Museum 97 (1954) 287.
—, «De codicibus aliquot manuscriptis Macrobii Saturnalia continentibus», Rheinisches Museum 100 (1957) 152-164.
—, «Macrobius», Altertum 12 (1966) 155-161.
G. WISSOWA , De Macrobii Saturnaliorum fontibus capita tria , tesis doctoral, Bratislava, 1880.
—, «Analecta Macrobiana», Hermes 16 (1881) 499-505.
—, «Athenaeus und Macrobius», Gelehrte Nachristen von der Gesellschaft der Wissenschaften (phil.-hist. Klasse), Gotinga, 1913, págs. 325-337.
Pierre WUILLEUMIER , «L’influence du Cato Maior », en Mélanges de philologie, de littérature et d’histoire anciennes offerts à A. Ernout , París, 1940, págs. 383-388.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ESPECÍFICAS A CADA LIBRO DE LAS «SATURNALES»
Saturnales, libro I
Jaime ALVAR , «Theron, rex Hispaniae Citerioris (Macr., Sat . I 20, 12)», Gerión 4 (1986) 161-175.
T. W. ALLEN , «Macrobius, Sat . I 7, 10», Classical Quarterly 26 (1932) 87.
F. ALTHEIM , «Porphyrios und Konstantin der Grosse», Atti del’VIII Congreso di studi bizantini , I, Palermo, 1951, pág. 132 (> Sat . I 17, 13 ss.).
G. ASTE , «Autore e tempo della Lex Licinia de sumptu minuendo », Aevum 15 (1941) 581-588 (> Sat . III 17, 7).
André BALLAND , «La casa Romuli au Palatin et au Capitole», Revue des Études Latines 62 (1984) 57-80 (> Sat . I 15, 10).
V. BASANOFF , «Nonae caprotinae», Latomus 8 (1949) 209-216 (> Sat . I 11, 35-40).
S. E. BASSETT , «Macrobius on Dido», Classical Journal 21 (1926) 45-46 (> Sat . V 17, 5-6).
Jean BAYET , Croyances et rites dans le Rome antique , París, Payot, 1971, págs. 177-205 (> Sat . I 12, 20: Cibeles; I 16, 6: las Sementivas).
Montserrat CAMPS , L’année des Grecs. La fête et le mythe , París, Université de Besançon, 1994, págs. 73-74 (> Sat . I 18, 2: las Jacintas).
C. G. COBET , «Macrobius», Mnemosyne 7 (1879) 48 (> Sat . I 10).
Franz CUMONT , Die orientalischen Religionen im römischen Heidentum , Stuttgart, Teubner, 1959, págs. 48-56 (> Sat . I 21, 10: las Hilarias); 94-123 (> Sat . I 23, 18: Júpiter = Adad = Sol).
R. VAN DER BROEK , «The Sarapis oracle in Macrobius Sat . I 20, 16-17», en Hommages à M. J. Vermaseren , Leiden, 1978, vol. I, págs. 381-391.
Gérad CAPDEVILLE , «Les épithètes cultuelles de Janus», Mélanges de l’École française de Rome 85 (1973) 395-436 (> Sat . I 9, 15).
Armand J. D’ANGOUR , «Ad unguem », The American Journal of Philology 120 (1999) 411-427 (> Sat . I 16, 38).
W. DEONNA , «Mercure et le scorpion», Latomus 17 (1958) 641-658; 18 (1959) 52-66 y 249-261.
Georges DUMÉZIL , La religion romaine archaïque , Paris, Payot, 20022 , págs. 277-279 (> Sat . I 10, 18: Ops); 340-343 (> Sat . I 10, 7: Angeronia y Volupia); 375-380 (> Sat . I 12, 20: Cibeles); 396-398 (> Sat . I 2,1: Las Agonales y las Carmentales).
—, «Carna», Revue des Études Latines 38 (1960) 87-98 (> Sat . I 12, 32).
—, «Quaestiunculae indo-italicae 8-10», Latomus 20 (1961) 262-265; La religion.. ., págs. 348-350 (> Sat . I 4, 27: Las Compitales).
—, Fêtes romaines d’été et d’automne , París, Gallimard, 1975, págs. 271-283 (> Sat . I 11, 40: Nonas Caprotinas).
C. FRIES , «Zu Macrobius, Sat . I 17-23», Philologische Wochenschrift 47 (1929) 1.342-1.344.
Jean GAGÉ , Matronalia. Esai sur le dévotions et les organisations cultuelles des femmes dans l'ancienne Rome , Bruselas, Latomus, 1963, págs. 154-159 (> Sat . I 6, 15 : pilentum ).
M.a Consolación GRANADOS FERNÁNDEZ , «Nundinae: dies fasti, nefasti, feriae, sollemnes? Interpretaciones de Macrobio», en Actas del VIII Congreso Español de Estudios Clásicos , vol. I, Madrid, Ediciones Clásicas, 1994, págs. 575-580 (> Sat . I 16, 28-36: Nundinas).
—, «Séneca en Macrobio», Cuadernos de Filología Clásica 20 (1986-1987) 339-347.
Pierre GRIMAL , Le dieu Janus et les origines de Rome , París, Berg, 1999, págs. 11-24 y 73-90 (> Sat . I 7, 20: Jano Bifronte).
Charles GUITTARD , «Saturnia terra: mythe et réalité», Caesarodunum 15bis (1980) 117-186 (> Sat . I 7, 24: Saturnia).
M. HAUPT , «Coniectanea», Hermes 8 (1874) 248-249 (= Opuscula , III.2, 1876, págs. 632-633) (> Sat . I 7, 29).
Léon HERRMANN , «Carmina Marciana », en Hommages à Georges Dumézil , Bruselas, Latomus-Revue des Études Latines , 1960, págs. 117-123 (> Sat . I 17, 28).
M. HERTZ , «Miscellen», Jahrbücher für classische Philologie , Fleckeisen, 1867, págs. 317-318 (> Sat . I 11,41 ss.).
—, «Miscellen», Fleckeisen Jahrbücher für classische Philologie , 1868, págs. 572-573 (> Sat . I 3, 2 ss.).
O. HIRSCHFELD , «Macrobius, Sat. I 15, 21», Wiener Studien 3 (1881) 111.
Furio JESI , «Su Macrobio, Sat . I 18: uno schizzo della religione tracia antica», Studii Clasice 11 (1969) 173-186.
V. L. JOHNSON , «The superstition about the nundinae », American Journal of Philology 80 (1959) 133-149 (> Sat . I 13, 16-19).
Robert KASTER , «Macrobius and Servius: Verecundia and the Grammarian’s function», Harvard Studies in Classical Philology 84 (1980) 219-262 (> Sat . I 2, 15).
A. KLOTZ , «Disciplina disciplinarum», Archiv für lateinische Lexicographie und Grammatik 13 (1908) 98 (> Sat . I 24, 21).
Marion LAUSBERG , «Seneca in der Vorrede zu den Saturnalien des Macrobius», en Festgabe für O. Hiltbrunner zum 60. Geburtsag , Münster, 1974, págs. 100-130 (> Sat. praef . 5-10).
Bernadette LIOU -GILLE , Cultes «héroiques» romains. Les fondateurs , París, Les Belles Lettres, 1980, págs. 15-66 (> Sat . I 7, 27: Hércules y las Saturnales); 80-81 (> Sat . I 2, 1: Las Agonales y las Carmentales).
J. N. MADVIG , Adversariorum criticorum , Copenhague, 1884, págs. 250-251 (> Sat . I 11, 7 y 21; I 16, 20).
André MAGDELAIN , «Le pomerium archaïque et le mundus», en Ius imperium auctoritas. Études de droit romain , Roma, École Française, 1990, págs. 155-191 (> Sat . I 16, 16).
Reinhold MERKELBACH , Isis regina-Zeus Sarapis. Die griechischägyptische Religion nach den Quellen dargestellt , Sttutgart-Leipzig, Teubner, 1995 (> Sat . I 20, 13-18).
R. DU MESNIL DU BUISSON , «De Shadrafá, dieu de Palmyre, à Ba’a Shamîn, dieu de Hatra, aux II et III siècles après J. C.», Mélanges de l’Université St. Joseph 38 (Beirut, 1962) 141-160 (> Sat . I 17, 66-70).
A. MOMIGLIANO , «Tre figure mitiche: Tanaquilla, Gaia Cecilia, Acca Larenzia», Publicazioni della Faccoltà di Lettere e Filosofía , Università di Torino, 1938, págs. 1-28 (> Sat . I 10, 12-17).
Enrico MONTANARI , Nomen Fabium , Lecce, Milella, 1973, págs. 23-99 (> Sat . I 16, 23).
Jean-Pierre NÉRAUDAU , «Sexagenarii de ponte (Réflexions sur la genèse d’un Proverbe», Revue des Études Latines 56 (1978) 159-174.
Oswald PANAGL , «Apollons Pythonkampf und die delphische Orakelgründung im Spiegel antiker Mythenkritik», Kairos 12 (1970) 31-41 (> Sat . I 17, 50-60).
R. PETTAZZONI , «Il Cerbero di Sarapide», Mélanges Picard , París, 1949, págs. 803-809 (> Sat . I 20, 13).
R. PFEIFFER , «The image of the Delian Apollo», Journal of the Warburg and Courtauld Institute 15 (1952) 20-32 (> Sat . I 17, 13).
Walter PÖTSCHER , «Die Funktion der Argei », Acta Classica Universitatis Scientiarum Debreceniensis 34-35 (1998-1999) 225-234.
Dario SABBATUCCI , «Il mito di Aca Larentia», Studi e Materiali di Storia delle Religioni 29 (1958) 41-76 (> Sat . I 10, 15).
K. SCHWENK , «Macrobius, Sat . I 18», Zeitschrift für die Altertumwissenschaft 1840, pág. 1.080.
V. SCIALOJA , «Il testamento di Acca Larentia», Studi senesi 22 (1905) 1 y ss. (> Sat . I 10, 12-15).
H. H. SCULLARD , Festivals and Ceremonies of the Roman Republics , Londres, Thames and Hudson, 1981, págs. 96-97 (> Sat . I 12, 15: Las Veneralias; I 12, 20: Cibeles); 11 -115 (> Sat . I 16, 6: las Ferias Latinas).
Henri SEYRIG , «Sur une idole hiérapolitaine», Syria 26 (1949) 17-28 (>Sat . I 17, 66-67).
—, «Le culte du soleil en Syrie à l’époque romaine», Syria 48 (1971) 337-373.
W. SINCLAIR , «Vergil's sacrum poema in Macrobius’s Saturnalia », Maia 34.3 (1982) 261-263.
W. SPIEGELBERG , «Buchis: der heilige Stier von Hermonthis», Archiv für Papyrusforschung 1 (1900-1902) 339-342 (> Sat . I 21, 20).
Sebastiano TIMPANARO , «Note a interpreti virgiliani antichi», Revista di filologia e di istruzione classica 95 (1967) 428-445 (> Sat . I 15, 10-11).
L. TRAUBE , Varia libamenta critica , tesis doctoral, Múnich, 1883 (> Sat . I 17-23).
Gary TURCAN , Les cultes orientaux dans le monde romain , París, Les Belles Lettres, 1989, págs. 42-75 (> Sat . I 12, 20: Cibeles); 132-142 (> Sat . I 23, 18: Júpiter = Adad = Sol).
José Luis VIDAL , «¿Por qué Virgilio quería quemar la Eneida.. . si es que quería?», en Humanitas. In honorem Antonio Fontán , Madrid, Gredos, 1991, págs. 479-484 (> Sat . I 24, 6).
W. VOLLGRAFF , «Ad Macrobii Sat . I 18, 12», Mnemosyne 60 (1932) 436 = n. s. 1 (1933-1934) 288.
Stefan WEINSTOCK , «Mundus patet», Rheinisches Museum für Philologie 45 (1930) 11-123 (> Sat . I 16, 16).
B. J. WHITING , «An analogue to the Mak story», Speculum 7 (1932) 552 (> Sat . I 6, 30).
Saturnales, libro II
Jean-Marie ANDRÉ , «Mécène écrivain», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt II, 30.3, Berlín, 1983, págs. 1.765-1.787 (> Sat . II 4, 12).
Anna Shaw BENJAMIN , An Historical Commentary on the Second Book of Macrobius’ Saturnalia , Diss., University of Pennsylvania, 1955,
G. BERNARDI PERINI , «L’autore dell’incerti odarium e l’amicus di Gellio», Atti dell’Accademia Patavina di Scienze, Lettere ed Arti 82 (1969-1970) 15-34 (> Sat . II 2, 15-17).
Barbara C. BOWEN , «Renaissance collections of facetiae », Renaissance Quarterly 39 (1989) 1-15 y 263-275.
D. DAUBE , «Ne quis fecisse velit», Zeitschrift der Savigny-Stiftung für Rechtgeschichte 88 (1961) 390-391.
C. C. VAN ESSEN , «Moderen?», Hermeneus 35 (1963) 52-63 (> Sat . II 2, 3-4).
Remo GELSOMINO , «Augusti epistula ad Maecenatem (Macrobius, Saturn . II 4, 12)», Rheinisches Museum 101 (1958) 147-152.
María Consolación GRANADOS , «¿Mateo evangelista en Macrobio, Sat . II 4, 11?», Emerita 49 (1981) 361-361.
P. GRENADE , «Analyse d’un texte des Saturnales de Macrobe», Revue des Études Latines 32 (1954) 42-44 (> Sat . II 5, 2-5).
W. H. GROSS , «Clipeata imago und eikón énoplos », Convivium: Festschrift für K. Ziegler , Stuttgart, 1954, págs. 65-84.
M. HAUPT , «Coniectanea», Hermes 8 (1874) 248-249 (= Opuscula , III.2, 1876, págs. 632-633) (> Sat . II 3, 6 y II 7, 9).
O. JAHN , «Satura», Hermes 2 (1867) 247-248 (> Sat . II 4, 12).
J. N. MADVIG , Adversariorum criticorum , Copenhague, 1884, págs. 250-251 (> Sat . II 2, 2).
J. MASSON , The slaughter of the children in Bethlehem as an historical fact vindicated and the suspected christianity of Macrobius disproved , Londres, 1728 (> Sat . II 4, 11).
Maria Pasqualina PILLOLLA , «Nota a Macrobio Sat . II 4, 12», Maia 41 (1989) 143-147.
Jacques SCHWARTZ , «Sur quelques anecdotes concernant César et Cicéron», Revue des Études Anciennes 50 (1948) 264-271.
Giovanni ROTONDI , Leges publicae populi Romani , Hildesheim Georg Olms, 1962, págs. 443-445 y 457-462 (> Sat . II 4, 25: Lex Iulia de maritandis ordinibus y Lex Papia Poppaea nuptialis ).
Christopher J. SIMPSON , «TWO Small Thoughts on Cilnius Maecenas », Latomus 55.2 (1966) 394-398 (> Sat . II 4, 12).
S. TREGGIARI , «Pompeius’ freedman biographer again», Classical Review 19 (1969) 264-266 (> Sat . II 2, 13).
Saturnales, libro III
Jacques ANDRÉ , L’alimentation et la cuisine à Rome , París, Klincksieck, 1961.
G. ASTE , «Autore e tempo della Lex Licinia de sumptu minuendo », Aevum 15 (1941) 581-588 (> Sat . III 17, 7).
V BASANOFF , Evocatio. Étude d’un rituel militaire romain , París, Presses Univeristaires, 1947 (> Sat . III 9: evocatio ).
Jean BAYET , Croyances et rites dans la Rome antique , París, Payot, 1971, págs. 89-129 (> Sat . III 11, 1: libaciones de vino a Ceres).
Émile BENVENISTE , «Profanus et profanare », en Hommages à Georges Dumézil , Bruselas, Latomus-Revue des Études Latines , 1960, págs. 46-53.
Th. BERGK , «Macrobius, Sat . III 9, 8 und 13», Philologus 32 (1873) 567 (= Kleine philologische Schriften , II, Halle, 1886, pág. 760).
J. BERNAYS , «Zanas», Hermes 9 (1875) 127-128 (= Gesammelte Abhandlungen , II, Berlín, 1885, págs. 321-322) (> Sat . III 7, 6-8).
Dominique BRIQUEL , Chrétiens et haruspices. La religion étrusque, dernier rempart du paganisme romain , París, Presses de l’École Normale Supérieure, 1997, pág. 31 (> Sat . III 5, 1: hostiae animales ).
Jérôme CARCOPINO , Virgile et le mystère de la IVe églogue , París, L’Artisan du livre, 19432 , págs. 155-171 (> Sat . III 7, 1: la identidad del hijo de Asinio Polión).
Sergio DELLI , I ponti di Roma , Roma, Newton Compton, 19843 , págs. 13-23 y 59-69 (> Sat . II 16, 13: «entre ambos puentes»).
Eugène DE SAINT -DENIS , Le vocabulaire des animaux marins en latin classique , París, Klincksieck, 1947 (> Sat . III 15-16).
Georges DUMÉZIL , La religion romaine archaïque , París, Payot, 20022 , págs. 554-555 (> Sat . III 2, 14: los Populifugia).
A. ENGELBRECHT , «Zwei alte Gebetsformeln bei Macrobius», Wiener Studien 24 (1902) 478-484 (> Sat . III 9, 7-11).
Laura FIOCCHI , «La nux mollusca di Sueio e di Macrobio», Maia 42.2 (1990) 127-131 (> Sat . III 18, 12).
Léon HERMANN , «La satura de M. Seius», Acta Classica 15 (1946) 257-261 (>Sat . III 18, 12).
—, Les masques et les visages san les Bucoliques de Virgile , París, Presses Universitaires de France, 1952, págs. 102-105 (>Sat . III 7, 1: la identidad del hijo de Asinio Polión).
Fritz HEUSSLER , «Evocatio», Museum Helveticum 36 (1979) 168-169 (> Sat . III 9, 1-8).
Henri JEANMAIRE , Le messianisme de Virgile , París, Librairie J. Vrin, 1930, págs. 177-184 (> Sat . III 7, 1: la identidad del hijo de Asinio Polión).
Joël LE GALL , «Evocatio», en L’Italie préromaine et la Rome republicaine. Mélanges offerts à Jacques Heurgon , vol. I, Roma, École Française, 1976, págs. 519-524 (> Sat . III 9, 1-8: evocatio ).
Godo LIEBERG , «Considerazioni sull’etimologia e sul significato di religio », Rivista di Filologia e di Istruzione Classica 102 (1974) 34-57 (> Sat . III 3, 8).
F. LIEBRECHT , «Zu Macrobius un Photius», Philologus 22 (1865) 709-711 (>Sat . III 7, 6-8).
Nino MARINONE , «Il banchetto dei pontefici in Macrobio», Maia 22 (1970) 271-278 (> Sat . III 13, 10-12).
—, «I sacrati homines di Macrobio», Giornale Italiano di Filologia 23 (1971) 77-85 (> Sat . III 7, 6).
A. MAZZARINO , «Appunti sul Bellum Poenicum di Nevio, II», Helikon 6 (1966) 232-236 (> Sat . III 19, 5).
Arnaldo MOMIGLIANO , «Ambarvales hostiae », Maia 15 (1963) 47-48 (= Terzo Contributo alla storia degli studi classici , Roma, 1966, págs. 657-659) (> Sat . III 5, 7).
Alessandro PERUTELLI , «Sueio, fr. 1 Mor.», en Vicenzo TANDOI , ed., Disiecti membra poetae I, Foggia, Atlantica Editrice, 1984, págs. 71-87 (> Sat . III 18, 12).
B. PHABÈS , «Análekta philologiká », Athenâ 53 (1949) 270-296 (> Sat . III 20, 7).
Jean-G. PRÉAUX , «Ars ludrica aux origines du théâtre latin», L’Antiquité Classique 32 (1963) 63-77 (> Sat . III 14, 9).
Johann RAMMINGER , «Dei militibus praepositi (Carmen evocationis Macr. Sat . 3, 9, 8)», Museum Helveticum 43 (1986) 195-198 (> Sat . III 9: evocatio) .
Ch. S. RAYMENT , «Fish», Classical Weekly 36-37 (1943-1944) 32-33 (> Sat . III 15-16).
E. SAVIO , «Intorno alle leggi suntuari romane», Aevum 14 (1940) 174-194 (> Sat . III 17: leyes suntuarias romanas).
Giuseppe SCARPAT , «I sacrati homines di Macrobio», Paideia 26 (1971) 183-186 (> Sat . 3, 7, 6).
John SCHEID , Romulus et ses frères. Le collège des frères arvales, modèle du culte public dans la Rome des empereurs , Roma, École Française, 1990, págs. 442-451 (> Sat . III 5, 7).
Robert SCHILLING , «Sacrum et profanum . Essai d’interprétation», Latomus 30 (1971) 953-967.
—, «Le carmen de l’evocati o», en Varron, grammaire antique et stylistique latine. Recueil offert à J. Collart , París, Les Belles Lettres, 1978, págs. 168-169 (> Sat . III 9: evocatio ).
A. SCHÖNE , Coniectanea critica , 11, Kiel, 1894 (> Sat . III 8, 2).
Lily Ross TAYLOR , «Caesar’s colleagues in the pontifical collegue», American Journal of Philology 63 (1942) 385-412 (> Sat . III 13, 10-11).
Sebastiano TIMPANARO , «Alcuni casi controversi di tradizione indiretta», Maia 22 (1970) 351-359 (> Sat . III 18, 14).
—, «Serv. Daniel, ad Aen . IV 219», Giornale Italiano di Filologia 33 (1981) 99-105 (> Sat . III 2, 8).
H. S. VERSNEL , «Two types of roman devotio », Mnemosyne 29 (1976) 365-410 (> Sat . III 9, 9-16: devotio ).
Hendrik WAGENVOORT , «Profanus, profanare », Mnemosyne 2 (1949) 319-332.
U. VON WILAMOWITZ -MÖLLENDORFF , «Varro Cato apud Macrobium III 6, 5», Coniectanea , Gotinga, 1884.
—, «Macrobius III 9, 4», Hermes 61 (1926) 302.
Saturnales, Libro IV
Jacques FLAMANT , «La rhétorique chez Macrobe», en Macrobe et le néo-platonisme latin. à la fin du IVe siècle , Leiden, E. J. Brill, págs. 253-304.
E. VIETTI , «Pathos virgiliano e retorica in Macrobio», Tai della Academia delle Scienze di Torino 113 (1979) 219-243.
Saturnales, libro V
Michele BEVILACQUA , «La critica virgiliana», en Introduzione a Macrobio , Lecce, Milella, 1973, págs. 91-102.
Dominique BRIQUEL , Chrétiens et haruspices. La religion étrusque, dernier rempart du paganisme romain , París, Presses de l’École Normale Supérieure, 1997, págs. 11-13 (> Sat . V 19, 13: Tages).
Emanuella CABELLA , «Variante omeriche e citazioni mnemoniche nei Saturnalia di Macrobio», Athenaeum 86.2 (1998) 505-517.
A. C. CASSIO , «Un frammento del Cocalo di Aristofane», Revista di Filologia e di Istruzione Classica 102 (1974) 164-169 (> Sat . V 18, 5).
Alan Edward DOUGLAS , «Cicero, Quintilian, and the canon of ten Attic orators?», Mnemosyne 9 (1956) 30-40 (> Sat . V 1, 20).
Jacques FLAMANT , «La rhétorique chez Macrobe», en Macrobe et le néo-platonisme latin, à la fin du IVe siècle , Leiden, E. J. Brill, págs. 253-304.
Christopher FRANCESE , «Parthenius grammaticus », Mnemosyne 52.1 (1999) 63-71 (> Sat . V 17, 18).
P. FREZZA , «Ordalia e legis actio sacramento», Archivo giuridico 142 (1952) 83-89 (> Sat . V 19, 26 ss.).
Gino FUNAIOLI , «D’una pretesa fonte della Iliuperside virgiliana?», en Studi di letteratura antica , Bolonia, Nicola Zanichelli, 1947, vol. II, págs. 167-174 (> Sat . V 2, 4).
Gerd HAVERLING , «Symmachus and the genus pingue et floridum in Macr. Sat . 5.1.7», Eranos 88 (1990) 107-120.
L. VON JAN , «Polemo bei Macrobius, Sat . V 19», Philologus 5 (1850) 381-382.
P. LEONE , «La presa di Troia di Trifiodoro», Vichiana 5 (1968) 59-108 (> Sat . V 2, 4).
Nino MARINONE , «Elio Donato, Macrobio e Servio commentatori di Virgilio», en Analecta Graecolatina , Bolonia, Patrón editore, págs. 193-264.
—, «La vergilianizzazione in Macrobio», ibídem, págs. 363-368.
Henry NETTLESHIP , «On some of the early criticisms of Virgil’s poetry», en John Conington & Henry Nettleship, The Works of Virgil with a commentary , vol. I, Londres, 1898 (reimpr. Hildesheim, Georg Olms, 1963), págs. XXIX-LIII.
Alieto PIERI , «Virgilio nei Saturnalia di Macrobio», en Lucrezio in Macrobio , Mesina-Florencia, G. D’Anna, 1977, págs. 43-75.
John RAUK , «Macrobius, Cornutus, and the cutting of Dido’s lock», Classical Philology 90.4 (1995) 345-354 (> Sat . V 19, 2).
H. SAUPPE , «Die Paliken bei Macrobius», Rheinisches Museum 4 (1846) 152-154 (> Sat . V 19, 15-31).
F. W. SCHNEIDEWIN , «Aeschylos Aetna und die Paliken», Rheinisches Museum 3 (1845) 70-83 (> Sat . V 19, 15-31).
—, «Aristophanes Kokalos», Rheinisches Museum 3 (1845) 141-144 (>Sat . V 18,5).
J. TREMBLEY , «Examen d’un passage de Macrobe», Mémoires de Berlin , 1796 (Belles Lettres), Berlín, 1799, págs. 148-168 (> Sat . V 17).
Saturnales, libro VI
Alieto PIERI , Lucrezio in Macrobio: adattamenti al testo virgiliano , Mesina-Florencia, Casa Editrice G. D’Anna, 1977 (Biblioteca di Cultura Contemporanea, 114).
Paolo ANGELUCCI , «La tipologia macrobiana dei rapporti tra poeta e modelli nella poesia esametrica latina», Rivista di Cultura Classica e Medioevale 26.1-3 (1984) 93-113.
Richard BERNABEI , The treatment of sources in Macrobius’ Saturnalia and the influence of the Saturnalia during the Middle Ages , Ithaca, Cornell University, 1970, págs. 64-99 (Aulo Gelio y Plutarco).
E. CANDILORO , «Sulle Historiae di L. Cornelio Sisenna», Studi Classici e Orientali 12 (1963) 212-226 (> Sat . VI 4, 15).
Josefa CANTÓ LLORCA , «La erudición virgiliana a fines del siglo IV: Macrobio Sat . 6», en Mnemosymum C. Codoñer discipulis oblatum , Salamanca, Universidad de Salamanca, 1991, págs. 29-44.
Gian Biaggio CONTE , «Ennio e Lucano», Maia 22 (1970) 132-138 (> Sat . VI 3, 1-4).
P. FRASSINETTI , «Ennio epico in Macrobio», en Grammatici latini d’età imperiale, Miscellanea filologica , Genf, 1976, 219-233.
Francesco GIANCOTTI , «Aerea vox . Un frammento attribuito sa Servio a Lucrezio e consimili espressioni di altri poeti in Macrobio, Servio e altri», en Grammatici latini d’età imperiale. Miscellanea filologica , Génova, Istituto di Filologia Classica e Medievale & Università di Genova, 1976, págs. 41-95.
L. HAVET , «Ennius apud Macrobium VI 2, 5», Revue de Philologie 11 (1887) 74.
L. HERRMANN , «La satura de Seius», L’antiquité classique 15 (1946) 257-261 (> Sat . VI 1, 37 y VI 5, 15).
H. D. JOCELYN , «Ancient Scholarship and Virgil’s use of the Republican Latin Poetry», Classical Quarterly 24 (1964) 280-285; 25 (1965) 126-144.
L. A. MACKAY , «In defence of Ennius», Classical Review 13 (1963) 264-265 (> Sat . VI 4, 6).
Nino MARINONE , «I frammenti di Egnazio», en Poesia latina in frammenti. Miscellanea filologica , Génova, Università di Genova, 1974, págs. 179-199 (> Sat . VI 5, 2 y 12).
Scevola MARIOTTI , «Falsi enniani di Girolamo Colonna», en Studi filologici e storici in nore di Vittorio di Falco , Nápoles, Libreria Scientifica Editrice, 1971, págs. 267-283.
L. MÜLLER , «Kein neuer Saturnius», Rheinisches Museum 23 (1868) 215-216 (> Sat . VI 1, 38).
G. REGEL , De Vergilio poetarum imitatore testimonia , Gotinga, 1907.
A. RIESE , «Ein neuer saturnischer Vers», Rheinisches Museum 19 (1864) 310 (> Sat . VI 1, 38).
Domenico ROMANO , «I muscoli di Entello e un’ipotesi sul primo Lucrezio », Atti della Accademia di Scienze, Lettere e Arti di Palermo 14 (1993-1994) 27-36.
Annamaria TALIERCIO , «La lex Regel e Macrobio Saturnalia VI 1, 8-54», Sileno 5-6 (1979-1980) 315-332.
Egbert TÜRK , «Macrobe et les Nuits Attiques », Latomus 24 (1965) 381-406.
Michael WIGODSKY , Vergil and Early Latin Poetry , Wiesbaden, 1972.
Saturnales, libro VII
M. HAUPT , Ad Gellii Noctes Atticas , Berlín, 1857 (= Opuscula , II, 1876, pág. 125) (> Sat . VII 12).
A. KLOTZ , «Disciplina disciplinarum», Archiv für lateinische Lexicographie und Grammatik 13 (1908) 98 (> Sat . VII 15, 14).
LÁSZLÓ A. MAGYAR , «Digitus medicinalis . The Etymology of the Name», en Actes du XXXII Congrès Internationale d’Histoire de Médecine , Amberes, 1990, págs. 175-179 (> Sat . VII 13, 7).
Nino MARINONE , «Il medico Disario in Simmaco e Macrobio», Maia 25 (1973) 344-345.
J. E. B. MAYOR , «Macrobius, Sat . VII 4, 7», Classical Review 1 (1887) 243.
M. NEUBURGER , «Die Medizin im Macrobius und Theodoretus», Janus 28 (1924) 155-172 (= «La medicina in Macrobio e Teodoreto», Revista storico-critica delle scienze mediche e naturali 14.5 (1923) 241-257 (>Sat . VII 4 ss.)
Ch. S. RAYMENT , «A curious sidelight on Roman history», Classical Journal 40 (1944-1945) 292-295.
Serge SAUNERON , «Une conception anatomique tardive», Bulletin de l’Institut française d’Archéologie Orientale 51 (1952 ) 61-62.
—, «Macrobe: Saturnales VII 13, 9», Bulletin de l’Institut Français d’Archéologie Orientale 58 (1959) 29-32.
Francesco SEMI , «Spunti pedagogici in Macrobio», I Problema della Pedagogia 14 (1968) 834-837.
Chiara SEQUI , «Le orecchie di Ottavio», Paideia 48 (1993) 247-248.
L. STERNBACH , Das Ohr und das Gehör in der griechischen, lateinischen und polnischen Phraseologie , resumen en Bulletin de l’Academie Polonaise de Cracovie , Cracovia, 1936, págs. 44-45 (> Sat . VII 3, 7).
Sven-Tage TEODORSONN , «Theocritus the Sophist, Antigonus the Oneeyed, and the limits of clemency», Hermes 118.3 (1990) 380-382.
Robert TURCAN , «L’oeuf orphique et le quatre éléments», Revue de l’Histoire des Religions 160 (1961) 11-23.
Pierre WUILLEUMIER , «L’influence du Cato maior », en Mélanges de philologie, de littérature et d’histoire anciennes offerts à A. Ernout , París, 1940, págs. 383-388 (> Sat . VII 9, 1).
MACROBIO AMBROSIO TEODOSIO VARÓN CLARÍSIMO E ILUSTRE
LOS BANQUETES DE LAS SATURNALES
LIBRO I
PREFACIO
Muchas y diversas son las cosas, Eustacio, hijo mío, con las que la [1] naturaleza nos ha creado lazos afectivos a lo largo de esta vida, pero el vínculo más fuerte con el que nos ha encadenado es el afecto por aquellos que hemos engendrado, y hasta tal punto quiso que nos implicáramos en su educación y crianza, que los padres, si los planes resultan conforme a sus deseos, de ninguna otra cosa pueden recibir tanto placer ni, si resulta al contrario, tanta tristeza. Por eso, nada considero [2] más importante que tu educación 1 , y para lograrlo prefiero los atajos a los largos rodeos, e incapaz de soportar cualquier demora, no aguardo a que tú progreses sólo por medio de los estudios a los que te aplicas con celo, sino que procuro que mis lecturas también a ti te aprovechen, y que todo lo que me he esforzado en escribir en diversas obras en lengua griega y latina, tanto antes de que tú nacieras como después de tu nacimiento, todo eso constituya para ti un bagaje de sabiduría, y como si de una despensa literaria se tratase, si alguna vez tienes necesidad de recordar una historia que, oculta entre la masa de libros, pase inadvertida para todos, a ti te sea fácil encontrarla y tomarla de allí.
Pero no he reunido de manera desordenada las cosas dignas de [3] memoria, como amontonándolas, sino que la disparidad y variedad de temas, la diversidad de fuentes y la confusión de épocas las he dispuesto ordenadamente en una suerte de cuerpo, de modo que las cosas que había ido anotando sin orden y confusamente para socorro de mi memoria, resultaran ordenadas y ensambladas como miembros de [4] un mismo cuerpo. Y no me reproches como defecto si los préstamos que tomaré de mis diversas lecturas los desarrollo con frecuencia con las mismas palabras con las que los propios autores contaron las cosas, pues la presente obra no promete un alarde de elocuencia, sino un cúmulo de conocimientos; y debes estar satisfecho si repasas el saber de la Antigüedad unas veces claramente con mis palabras, otras veces fielmente con las propias palabras de los antiguos, según que la materia [5] aconseje la explicación o la cita. Debemos, en efecto, imitar de alguna manera a las abejas 2 , que liban de flor en flor, luego distribuyen su cosecha y la reparten por panales, y por una suerte de mezcla y merced a una propiedad de su aliento, transforman jugos diversos en [6] un sabor único. También nosotros, todo lo que hemos obtenido a través de diversas lecturas, lo reuniremos en una obra literaria, de suerte que, merced a la composición de un solo autor, constituya un cuerpo coherente. En efecto, por un lado, lo que está bien distinguido se conserva mejor en la memoria; por otro, la propia distinción, no sin cierto fermento que ensambla el conjunto, funde las diversas libaciones en la experiencia de un sabor único, de manera que, aunque fuera evidente la fuente del préstamo, éste, sin embargo, parece distinto a la fuente de [7] donde se reconoce que ha sido tomado; cosa que vemos que la naturaleza opera en nuestro cuerpo sin acción ninguna de nuestra parte: los alimentos que tomamos, en tanto que perseveran en sus cualidades y flotan aún compactos, son una carga pesada para el estómago; pero en cuanto han sido transformados, entonces, pasan, por fin, a nuestro vigor y a nuestra sangre. Hagamos lo mismo con los alimentos del ingenio, de forma que todo lo que hemos comido, no dejemos que quede intacto, para que no resulte extraño, sino que ablandémoslo en una suerte de digestión; de otro modo, pueden pasar a la memoria, no al [8] talento. Juntémoslo todo hasta que resulte una sola cosa, tal como un solo número es el resultado de distintos números. Que nuestro espíritu proceda así: que oculte todas las cosas que le han ayudado, pero muestre, en cambio, el resultado; lo mismo que quienes preparan los ungüentos aromáticos procuran ante todo que los perfumes no tengan un olor particular, esto es, mezclan las esencias de todas las sustancias [9] aromáticas en un solo aroma. Ves de cuántas voces de muchas personas se compone un coro: todas, sin embargo, se convierten en una sola. Las hay allí agudas, graves e intermedias; a los hombres se suman mujeres, y se entremezcla la flauta; de este modo, allí las voces de los individuos pasan inadvertidas, la del conjunto se manifiesta clara, y la armonía surge de voces discordantes. Quiero que la presente obra sea [10] algo semejante a esto: hay en ella muchas reglas, muchos preceptos, ejemplos de muchas épocas, pero ensamblados en un conjunto armónico. Si no desdeñas lo que ya conoces ni evitas lo que ignoras, encontrarás aquí muchísimas cosas de lectura amena y enriquecedora, y útiles de recordar. Pues no creo haber dado cabida en esta obra a nada que sea [11] inútil de conocer o difícil de comprender, sino a todo aquello que pueda hacer tu inteligencia más vigorosa, tu memoria más segura, tu elocuencia más hábil, tu estilo más refinado 3 ... a menos que a mí, nacido bajo otro cielo, no me asista el genio de la lengua latina. Pero si [12] acaso hay quienes alguna vez tengan tiempo y deseo de conocer mis escritos, quiero pedirles y suplicarles algo: que admitan como justo y razonable si en nuestro estilo echan en falta la pureza innata de un hablante romano. Pero, de veras, soy un imprudente, pues he incurrido [13] en el amable reproche que en otro tiempo profirió Marco Catón 4 contra Aulo Albino 5 , quien fue cónsul junto con Lucio Luculo 6 . Este Albino escribió en griego una historia de Roma. Al comienzo de su historia dejó escrito el siguiente parecer: que nadie debía irritarse contra él, si en dicha obra algo estaba escrito con poca elegancia o con falta de estilo. «Pues soy romano —dice—, nacido en el Lacio, y el griego es para mí una lengua extranjera.» 7 Y por ello pidió que se le disculpara [14] y se le perdonara un juicio desfavorable, si había cometido errores. Al leer esto, Catón exclamó: «De veras, Aulo, que eres tonto de remate, pues preferiste excusar una culpa a no cometer la culpa. Pues lo normal es pedir perdón bien cuando se ha cometido un error involuntariamente, bien cuando se ha cometido un delito por orden de un inductor. Pero a ti, dime, ¿quién te ha forzado a cometer una acción por la cual debas pedir perdón antes de llevarla a cabo?».
[15] A continuación, voy a exponer el argumento que he dado a esta obra, utilizando, por así decirlo, la forma de un prólogo.
PRÓLOGO
ARGUMENTO DE LA OBRA
[1 ] Con ocasión de las Saturnales 8 , se reunieron en casa de Vetio Pretextato 9 destacados personajes de la nobleza romana, junto con otros sabios, y consagraron el ocio de estas fiestas solemnes a la tertulia cultural, convidándose a banquetes con mutua cortesía, sin separarse [2] nada más que para el reposo nocturno. En efecto, durante todo el tiempo de la fiesta consagran la mayor parte del día a debatir sobre temas serios, y a la hora de la comida se entregan a la charla propia del banquete, de modo que no hay momento alguno del día que quede libre de palabras sabias o amenas; pero en la mesa la conversación será más [3] jovial, puesto que resulta más placentera, y menos formal. Pues en otros autores que han descrito banquetes, y en particular en el célebre Banquete de Platón 10 , los comensales no conversan sobre temas demasiado graves, sino que hay una descripción de Cupido variada y amena, en la cual Sócrates no abruma ni enreda a su adversario, como acostumbra, con nudos cada vez más estrechos, sino que, como quien bromea más que como quien debate, casi ofrece a aquellos a los que ha apresado la posibilidad de escabullirse y huir. Pues en un banquete [4] conviene que haya conversaciones tan íntegras por su decencia, como seductoras por su encanto. Por la mañana, sin embargo, el debate será más vigoroso, como cuadra a personas doctas y muy ilustres. ¿No seguirán, pues, los Cotas, los Lelios, los Escipiones 11 , en tanto que exista la literatura latina, discutiendo en los libros antiguos sobre cosas extremadamente serias? ¿Y, en cambio, los Pretextatos, los Flavianos, los Albinos, los Símacos y los Eustacios 12 , cuyo lustre es similar y cuya virtud no es inferior, no tendrán derecho a decir algo de idéntico modo? Que nadie me critique si uno o dos 13 de los participantes [5] en la reunión fueron adultos con posterioridad a la generación de Pretextato: se trata de una licencia que los diálogos de Platón testimonian. De hecho, Parménides 14 es hasta tal punto más antiguo que Sócrates, que la infancia de este último apenas pudo coincidir con la vejez del primero y, sin embargo, ambos participan en un debate sobre asuntos arduos. Una discusión que Sócrates tuvo con Timeo 15 consumió un célebre diálogo, y es bien sabido que no pertenecían a la misma [6] generación. Páralo y Jantipo, hijos de Pericles, discuten en casa de Platón con Protágoras 16 , durante la segunda estancia de éste en Atenas, y hacía mucho tiempo que los había aniquilado la tristemente célebre peste de Atenas 17 . Por tanto, apoyándonos en el ejemplo de Platón, no viene al caso andar calculando con los dedos los años de los participantes.
[7] Por lo demás, para que se pueda reconocer y distinguir más fácilmente lo que todos dijeron, he hecho que Decio interrogue a Postumiano 18 sobre el célebre diálogo y sobre los interlocutores. Y para no demorar por más tiempo la impaciencia del lector, ahora mismo la conversación entre Decio y Postumiano aclarará el origen de este diálogo y su desarrollo posterior.
ORIGEN Y TEMA DE LA CONVERSACIÓN
Decio: [2 ]
—Tanteaba abordarte, Postumiano, y buscaba el momento más propicio para plantearte una cuestión 19 y he aquí que llegan oportunamente los días festivos que nos concede una gran parte del mes consagrado a Jano 20 . Pues casi todos los días que son hábiles para litigar un pleito, es absolutamente imposible hallar una sola hora en que tú no estés defendiendo los asuntos de tus clientes en el Foro, o estudiándolos en tu casa. Pero ahora (pues sé que ocupas los días de fiesta no en diversiones, sino en cosas serias), si te dignas a responder la pregunta que vengo a hacerte, no habrás hecho, en mi opinión, nada enojoso para ti, y sí muy grato para mí. Te pregunto, en primer [2] lugar, si tú has asistido al banquete que, con ininterrumpida cortesía, se ha prolongado durante un gran número de días, y a la conversación que, según dicen, tú mismo pones por las nubes y alabas ante todo el mundo con los más encendidos elogios. Lo habría sabido de boca de mi padre si, después de aquel banquete, no hubiera partido de Roma para una estancia en Nápoles. Ahora bien, hace poco estuve entre personas que admiraban la capacidad de tu memoria, pues más de una vez has relatado por su orden todo lo que entonces se dijo.
Postumiano: [3]
—La única cosa, Decio (y tú mismo, en la medida en que tu juventud lo permite, has podido verlo y oírlo decir a tu padre), que en todo el curso de la vida me ha parecido excelente, es consagrar todo el tiempo que me es posible descansar de mis pleitos a reunirme con hombres eruditos y semejantes a ti, y a conversar con ellos. En efecto, [4] un espíritu bien educado en ninguna parte puede disfrutar de un reposo más útil o más honorable que con la oportunidad de mantener una conversación docta y elevada, y de preguntar y responder con cortesía. [5] Pero, ¿qué banquete es ése? Sin duda hablas del banquete que hace poco hubo en casa de Vetio Pretextato con los más doctos de entre los próceres y otros y que prosiguió luego bajo formas variadas en casa de los otros comensales, que se invitaron recíprocamente.
Decio:
—Sobre ese banquete vengo justamente a preguntarte y querría que me explicaras cómo fue, pues no creo que tú hayas faltado al mismo, dada la singular amistad de todos los comensales para contigo.
[6] Postumiano:
—Desde luego que hubiera querido asistir, y mi presencia, creo, no les habría disgustado, pero dado que por esos días tenía que estudiar a fondo muchas causas de amigos míos, cuando fui invitado a cenar, respondí que debía consagrar ese tiempo al trabajo y no a la buena mesa, y les animé a que buscaran mejor a otro que estuviera [7] desocupado y despreocupado. Así se hizo. En efecto, Pretextato mandó invitar en mi lugar a un hombre elocuente y sabio, el rétor Eusebio 21 , superior a todos los griegos que en este momento ejercen la misma profesión, y versado en letras latinas.
[8] Decio:
—¿Cómo llegaron, entonces, a tu conocimiento las cosas que allí con tanto encanto y cortesía se expusieron ordenadamente para regular la vida conforme a copiosísimos ejemplos, según oigo decir, y abundancia de saberes diversos?
[9] Postumiano:
—El día del solsticio de invierno 22 que siguió a las fiestas de las Saturnales durante las cuales se celebraron estos banquetes, estaba yo en mi casa, despreocupado de los asuntos del Foro, bastante feliz de ánimo, cuando llegó Eusebio con algunos de sus discípulos y al punto, [10] con el rostro sonriente, me dice: «Reconozco, Postumiano, que estoy en gran deuda contigo por muchas razones, pero sobre todo porque, al disculparte ante Pretextato, me dejaste un sitio libre en el banquete; entiendo, pues, que no sólo tu aplicación al trabajo sino también la propia fortuna se aliaron y combinaron sus esfuerzos para que me hicieras [11] tal favor». «¿Quieres, pues —dije yo—, restituir la deuda que con tanta bondad y con tanta amabilidad confiesas tener conmigo, y compartir este rato de ocio, que muy rara vez me está permitido disfrutar, de manera que tengamos la impresión de que asistimos ahora a estas conversaciones en las cuales tú entonces participaste?» «Serás [12] complacido —dice él—. No te citaré las comidas y los vinos, aunque los había tan copiosos como refinados; pero, en la medida de lo posible, repasaré en mi memoria lo que a lo largo de tantas jornadas dijeron los convidados durante los banquetes o, sobre todo, tras los postres. En verdad, mientras escuchaba estas conversaciones, creía acercarme [13] a la vida de aquellos que los sabios llaman los bienaventurados; pues, de las conversaciones del día anterior al que yo estuve presente, tuve conocimiento por boca de Avieno 23 , y lo he anotado todo por escrito, para no olvidar nada. Si deseas oír de mi boca tales conversaciones, no vayas a creer que basta un solo día para rememorar lo que se dijo durante tantas jornadas».
Decio: [14]
—¿Cuál fue la conversación, quiénes fueron los interlocutores, cuál fue el origen de la discusión, Postumiano, según te contó Avieno? Heme aquí todo oídos, infatigable.
VÍSPERA
16 de diciembre, en casa de Vetio Agorio Pretextato
Entonces Postumiano: [15]
—La víspera de la fiesta de las Saturnales 24 , avanzada la tarde, como Vetio Pretextato brindara la posibilidad de reunirse en su casa a quienes lo desearan, acudieron allí Aurelio Símaco y Cécina Albino, amigos muy unidos entre sí tanto por la edad como por el carácter y los gustos. Tras ellos llegaba Servio 25 , quien hacía muy poco que ejercía como maestro de gramática, tan admirable por su erudición como encantador por su modestia: miraba a tierra y parecía querer esconderse. Al verlos, Pretextato avanza a su encuentro y los saluda [16] con mucha amabilidad; luego se vuelve hacia Rufio Albino, quien se encontraba entonces allí con Avieno, y dice: «¿Quieres, mi querido Albino, que pongamos al corriente del tema, sobre el cual había comenzado nuestra conversación, a estos hombres que, como ves, han acudido muy oportunamente y que con razón podríamos llamar las luces de nuestra ciudad?».
[17] —¿Qué otra cosa podría desear más? —responde Albino—; pues ningún tema puede ser más placentero para nosotros o para estos hombres que debatir acerca de doctas cuestiones.
[18] Se acomodan, y entonces Cécina:
—Aunque ignoro aún, mi querido Pretextato, el tema de vuestra conversación, no debo dudar, sin embargo, que es el mejor para indagar, puesto que os ha procurado un motivo para conversar y permitís que nosotros lo conozcamos.
[19] —Pues bien —replica Pretextato—, es preciso que conozcas el tema de nuestra conversación, a saber: puesto que la jornada de mañana dará inicio a las fiestas consagradas a Saturno, cuándo debemos decir que comienzan las Saturnales, esto es, cuándo debemos juzgar que la jornada de mañana toma su inicio. Entre nosotros, es cierto, hemos tocado superficialmente un poco esta cuestión, pero dado que tu afición por indagar cualquier cosa que se oculte en los libros es algo demasiado conocido como para que puedas negarlo por modestia, venga, cuéntanos, te lo pido, todo lo que sobre esta cuestión has aprendido y descubierto.
COMIENZO Y DIVISIÓN DEL DÍA CIVIL
[3 ] Cécina responde entonces:
—Puesto que vosotros, que me invitáis a tomar parte en esta conversación, conocéis todos los trabajos elaborados por los antiguos y no habéis olvidado ninguno de ellos, considero que es superfluo exponer cosas conocidas entre quienes las conocen. Pero para que nadie piense que el honor de ser consultado me abruma, expondré con pocas palabras todo lo que acerca de este tema me haga recordar mi frágil memoria.
Dicho esto, viendo que todos estaban prestos para escucharle y atentos, comenzó en estos términos 26 :
—Marco Varrón 27 , en el libro que, en sus Antigüedades humanas , [2] consagró a los días, dice así: «Los individuos que han nacido dentro de las veinticuatro horas que van de la media noche a la media noche siguiente, se dice que han nacido el mismo día». Según estas palabras, [3] parece que dividió la observación de los días de tal manera que el individuo que nació tras el ocaso del sol, pero antes de la media noche, nació el día que precedió a la noche; por el contrario, el individuo que nace en las siguientes seis horas de la noche, parece que nació el día que amanecerá después de esa noche. El mismo Varrón, [4] en el mismo libro, dejó escrito que los atenienses tenían otra consideración al respecto 28 , y que para ellos, todo el tiempo que media desde el ocaso del sol hasta que el sol se pone de nuevo constituye un solo día; que también los babilonios tenían su particular consideración, pues daban el nombre de día, un mismo día, al espacio de tiempo que va desde el orto del sol hasta el momento en que empieza de nuevo a salir; y que los umbros, por su parte, consideran que es un único y mismo día el espacio de tiempo que va desde el mediodía al mediodía siguiente. «Esto, desde luego, es el colmo del absurdo [5] —afirma Varrón—, pues, según los umbros, si un individuo nació el día de las calendas a la hora sexta, su día de nacimiento, al parecer, deberá repartirse entre la mitad del día de las calendas y el día siguiente al de las calendas hasta la hora sexta de dicho día». En cuanto [6] al pueblo romano, muchas pruebas atestiguan, como dijo Varrón, que cuenta los días, uno a uno, desde la media noche hasta la media noche siguiente. En Roma, en efecto, las ceremonias religiosas son unas diurnas, otras nocturnas; las que son diurnas *** a partir de la sexta hora el tiempo se emplea en las ceremonias nocturnas del día [7] siguiente 29 . Además, los usos y costumbres de los auspicios demuestran asimismo que la observación de los días era de este modo. En efecto, los magistrados, cuando el mismo día deben consultar los auspicios y ejecutar la acción por la cual previamente se consultaron los auspicios, consultan después de medianoche y actúan después de salir el sol, y se dice que consultaron los auspicios y ejecutaron la acción [8] el mismo día 30 . Más aún, los tribunos de la plebe 31 , que no pueden ausentarse de Roma un día entero, cuando parten después de la media noche y regresan entrada la noche siguiente, después de encendida la primera antorcha 32 pero antes de la media noche, no se considera que se hayan ausentado una jornada, ya que, como regresaron antes de la sexta hora de la noche, pasan en Roma una parte de esa noche.
[9] »He leído, además, que el jurisconsulto Quinto Minucio 33 solía decir que, según la ley, no interrumpía el uso la mujer que, habiendo comenzado a cohabitar con un hombre con miras al matrimonio el día de las calendas de enero, hubiera interrumpido el uso el cuarto día antes de las calendas de enero del año siguiente; pues no podría completar el período de tres noches que, según las Doce Tablas, debería ausentarse de la casa del hombre para interrumpir el uso, puesto que las últimas seis horas de la tercera noche pertenecen al siguiente año, que comienza a partir de las calendas de enero 34 .
»También Virgilio atestiguó esto mismo —como convenía a un [10] hombre que elabora poesía— con el significado oculto y velado de un uso arcaico:
La húmeda noche —dice — gira la mitad de su curso y la Aurora implacable arrojó sobre mí el aliento de sus caballos 35 .
»Con estas palabras nos recuerda que el día que los romanos llamaron civil comienza a partir de la sexta hora de la noche.
»El mismo poeta, en el libro VI, explicó también cuándo comienza [11] la noche. Dijo, en efecto:
Durante estos intercambios de palabra, la Aurora había ya recorrido sobre su cuadriga rosada la mitad del cielo en su curso etéreo 36 .
»Luego la Sibila agregó:
Cae la noche, Eneas, y nos pasamos las horas llorando 37 .
»De este modo, siendo sumamente respetuoso con las divisiones oficiales, indicó el comienzo del día y el de la noche.
»El día civil se divide de la siguiente manera 38 : el primer momento [12] del día se llama «la noche declina hacia el día» (media noctis inclinatio) ; el siguiente, «el canto del gallo» (gallicinium) ; luego, «el silencio» (conticuum) , cuando los gallos se callan y también los hombres duermen todavía; después, «las claras del día» (diluculum) , esto es, cuando se empieza a percibir el día; luego, «la mañana» (mane) , cuando el día está luminoso. La mañana se llama así, bien porque la luz, cuando se [13] origina, surge de las regiones inferiores, esto es, de la región de los Manes; o bien, lo que me parece más exacto, por el presagio de buen nombre. En efecto, los lanuvinos 39 emplean el vocablo mane para decir «favorable» (bonum) , tal como en latín el sentido contrario es immane , por ejemplo: immanis belua («un monstruo terrible»), immane facinus («un crimen terrible»), y otras similares para significar «no favorable» [14] (non bonus). Luego, el momento que se extiende de la mañana al mediodía (a mane ad meridiem) , esto es, hasta la mitad del día; luego, se llama ya «tiempo declinante» (tempus occiduum) , y luego «último tiempo» (extrema tempestas) , es decir, la última parte del día, como se encuentra expresado en las Doce Tablas: «Que el ocaso del sol sea el [15] último tiempo 40 ». Luego está «la tarde», vespera , un préstamo del griego. En griego, en efecto, hespera deriva de Héspero, la estrella de la tarde; de aquí viene que Italia sea llamada también Hesperia, porque está situada bajo la región del ocaso. El momento siguiente recibe el nombre de «la primera antorcha» (prima fax) , el siguiente «la hora de acostarse» (concubia) , y el posterior «las horas intempestivas», porque es un tiempo inapropiado para cualquier actividad. Tal es la división del [16] día civil observada por los romanos. Por tanto, la próxima noche (noctu futura) , tan pronto como sea media noche, comenzarán oficialmente las Saturnales, que tradicionalmente empezarán mañana (die crastini).
LAS EXPRESIONES «SATURNALIORUM», «NOCTU FUTURA» Y «DIE CRASTINI» SON CORRECTAS EN LATÍN
[4 ] Todos elogiaron la memoria de Cécina Albino, enciclopedia —decían— de la Antigüedad; luego Pretextato, viendo que Avieno le cuchicheaba algo a Rufio, le interpela:
—¿Qué es eso, amigo Avieno, que quieres contar sólo a Albino y que permanezca secreto para los demás?
[2] Entonces Albino replica:
—Desde luego, la autoridad de Cécina me impresiona y bien sé que no cabe error en tamaña sabiduría; sin embargo, sus neologismos perturbaron mis oídos, cuando prefirió decir noctu futura y die crastini [3] en vez de futura nocte y die crastino , como manda la regla. Pues noctu no es nombre, sino adverbio, y futura , que es nombre, no puede concertar con un adverbio. Y sin duda, entre noctu y nocte hay la misma relación que entre diu y die. Por el contrario, die y crastini no están en el mismo caso, y en una expresión de este género sólo la concordancia de caso une a los nombres. Luego, quiero saber por qué preferimos decir Saturnaliorum en vez de Saturnalium.
Como Cécina guardara silencio, sonriente, ante estas palabras y [4] como Símaco hubiera preguntado a Servio su opinión sobre estas cuestiones, dice Servio:
—Aunque en un cenáculo como éste, tan venerable por la sabiduría como por la nobleza, yo debería ejercer de discípulo antes que de maestro, no obstante, me someteré al capricho de tu voluntad, y trataré de explicar, primero con respecto a Saturnales , luego con respecto a las otras formas, el origen de tales expresiones, que son arcaísmos y no neologismos.
»Quien emplea Saturnalium se apoya en la regla; pues los nombres [5] que declinan el dativo plural en bus , no admiten nunca que el genitivo del mismo número se incremente en una sílaba, sino que tiene el mismo número de sílabas, como monilibus – monilium («collares»), sedilibus – sedilium («asientos»), o una sílaba menos, como carminibus – carminum («cantos»), liminibus – liminum («dinteles»); de modo similar, pues, con respecto a Saturnalibus es más correcto Saturnalium que Saturnaliorum. Pero a quienes emplean Saturnaliorum les respalda la autoridad de grandes [6] autores. Pues Salustio, en el libro III de sus Historias , emplea Baccanaliorum 41 , y Masurio, en el libro II de los Fastos 42 , escribe: «El día de los Vinalia (Vinaliorum dies) está consagrado a Júpiter, no, como creen algunos, a Venus» 43 . Y por citar como testimonio también a los propios gramáticos, [7] Verrio Flaco 44 , en el opúsculo intitulado Saturno , declara: «También los griegos consideran los días de las Saturnales (Saturnaliorum dies) como días festivos»; y en la misma obra, dice: «Creo haber escrito de forma esclarecedora acerca de la institución de las Saturnales (Saturnaliorum) ». Asimismo, Julio Modesto 45 , en su obra Sobre las fiestas , escribe: «Las fiestas de las Saturnales (Saturnaliorum feriae) », y en el mismo libro: «Valerio Ancíate 46 atribuye a Numa Pompilio 47 la institución de [8] las Agonales (Agonaliorum) ». Pero, ¿es posible —preguntarás— respaldar estos autorizados ejemplos con algún razonamiento lógico? Perfectamente; en la medida en que no es impropio que un gramático recurra a la analogía, su dominio propio, intentaré dejar claro, por medio de conjeturas, qué es lo que los ha apartado de la formulación usual, para que prefieran [9] Saturnaliorum a Saturnalium. Y ante todo, estimo que estos nombres, que son los neutros de días de fiestas y carecen del número singular, quisieron que fueran de una condición distinta a la de los nombres que se declinan en ambos números. En efecto, Compitalia, Bacchanalia, Agoualia, Vinalia y restantes formas similares a éstas son nombres de días de fiestas y no se declinan en singular; o si los empleas en singular, no expresarás el mismo significado, si no agregas festum («fiesta»), como Bacchanale festum («día de fiesta en honor de Baco»), Agonale festum («día de fiesta de las Agonales»), etc., aunque ya no sea un sustantivo, sino un [10] adjetivo, lo que los griegos llaman epítheton («epíteto»). Fueron, pues, inducidos a introducir una distinción en el genitivo para expresar, por medio de esta declinación, el nombre del día de la fiesta, a sabiendas de que a veces en ciertos nombres que acaban el dativo en –bus , el genitivo termina, sin embargo, en –rum , como domibus – domorum («casas»), [11] duobus – duorum («dos»), ambobus – amborum («ambos»). Igualmente, también viridia , cuando se emplea como anti epithétou («adjetivo»), forma su genitivo en –um , como viridia prata, viridium pratorum («verdes prados»); pero cuando queremos expresar el verdor mismo del lugar, empleamos viridiorum , como cuando decimos: formosa facies viridiorum («el hermoso aspecto de los verdores»); entonces, en efecto, viridia se emplea como sustantivo, no como adjetivo. Tan grande fue entre los antiguos [12] la libertad en el empleo de este genitivo que Asinio Polión 48 utilizó con frecuencia vectigaliorum , si bien el singular vectigal («renta») se emplea tanto como el plural vectigalia. Y aunque leamos: Laevaque ancile gerebat («portaba el escudo en la siniestra») 49 , sin embargo, también se documenta anciliorum.
«Habría que ver, pues, si agradó más a los antiguos la variedad que [13] el hecho de que sea rigurosamente cierto que los nombres de los días de fiestas se llaman así. He aquí, en efecto, que, además de los nombres de días de fiestas, hallamos otros igualmente declinados de esta forma, como ha puesto de manifiesto el párrafo precedente: viridiorum, vectigaliorum , anciliorum. Ahora bien, también encuentro en los antiguos [14] nombres de fiestas declinados según la regla, puesto que Varrón 50 afirma que el día de las Ferales (Feralium dies ) toma su nombre de la costumbre de llevar (ferre ) ofrendas alimenticias a las tumbas. No dijo Feraliorum. Y allí mismo escribe Floralium , no Floraliorum , pese a que no está aludiendo a los Juegos Florales, sino a la fiesta misma de las Florales. También Masurio, en el libro II de los Fastos , escribe: «Al día de las [15] Liberales (Liberalium dies) los pontífices lo llaman “el sacrificio en honor de Marte” (agonium Martiale) », y en el mismo libro: «Esta noche y el día que viene a continuación, que es el de las Lucares (Lucarium) » 51 ; no dijo Lucariorum. Asimismo, muchos emplearon Liberalium , no Liberaliorum. Hay, pues, que concluir que los antiguos se abandonaron a [16] la multiplicidad por causa de la variedad, de modo que decían exanimi y exanimes («exánimes»), inermi e inermes («inermes»), o incluso hilari e hilares («alegres»). Y por esta razón resulta evidente que tanto Saturnalium como Saturnaliorum se emplean en buena ley, puesto que respaldan la primera forma la regla y los empleos de autores prestigiosos, y la segunda sólo los empleos, pero de numerosos autores.
[17] «En cuanto a las restantes palabras que a nuestro amigo Avieno le parecieron novedosas, debemos reivindicarlas con testimonios de los antiguos. En efecto, Ennio 52 —a no ser que alguien crea que, en comparación con la pureza y elegancia de nuestro siglo, haya que descartarlo, empleó noctu concubia en estos versos:
Entrada la noche, los galos asaltan, a escondidas, los altos muros de la ciudadela y masacran de improviso a los centinelas 53 .
[18] »En este pasaje, hay que advertir que Ennio empleó no sólo noctu concubia , sino también qua noctu. Esto puso en el libro VII de los Anales , y en el libro III dijo más claramente aún:
Esta noche (hac noctu) Etruria entera penderá de un hilo 54 .
»También Claudio Cuadrigario, en el libro III de sus Anales : «El Senado celebra una sesión de noche; la sesión se levanta entrada la [19] noche (noctu multa) » 55 . Creo que no está fuera de lugar recordar también aquí y ahora que los decénviros 56 en las Doce Tablas emplearon nox por noctu de forma totalmente excepcional. He aquí los términos: «Si un ladrón cometió un robo de noche (nox) y se le (im) dio muerte, sea muerto en buena ley» 57 . En esta fórmula, adviértase asimismo que, al emplear is , no dijeron el acusativo eum , sino im.
»Pero nuestro docto amigo tampoco empleó diecrastini sin la autoridad [20] de los antiguos, quienes solían emplear tanto diequinti como diequinte («en cinco días»), uniendo los dos vocablos en un adverbio; prueba de ello es que se abrevia la segunda sílaba, que por naturaleza es larga cuando die se emplea solo. En cuanto a nuestra afirmación de que la [21] última sílaba de esta palabra se escribe tanto con -e , como con -i , está la costumbre de los antiguos de emplear indistintamente estas letras al final de las palabras, como en praefiscine y praefiscini («alejando los maleficios»), proclive y proclivi («en pendiente»). Me viene aquí a la [22] memoria un verso de Pomponio tomado de la atelana intitulada Mevia :
Hace ya seis días que no he comido nada. Dentro de cuatro días (diequarte) moriré de hambre 58 .
»Igualmente se decía diepristine , lo cual quería decir die pristino , [23] esto es, priore («el día anterior»); esto hoy día se dice pridie , invirtiendo el orden de composición, como si fuera pristino die. Y no niego que [24] en los antiguos se lee die quarto , pero encuentro que esta expresión se emplea referida al pasado, no al futuro. En efecto, Gneo Macio 59 , hombre de extraordinaria sabiduría, en lugar del nudius quartus que nosotros decimos, dice en estos versos:
Hace justo cuatro días (nuper die quarto), según recuerdo, y es cierto, rompió el único jarro de agua que había en la casa.
»Tal será, pues, la diferencia: empleamos die quarto cuando nos referimos al pasado; diequarte , en cambio, cuando nos referimos al futuro. [25] Pero para que no parezca que no hemos dado ninguna cita a propósito de diecrastini , me viene a las mientes el siguiente pasaje de Celio Antípatro, tomado del libro II de sus Historias 60 : «Si quisieras confiarme la caballería y seguirme con el resto del ejército, dentro de cinco días (diequinti) haré que te guisen la comida en Roma, en el Capitolio».
[26] Símaco interviene entonces:
—Tu Celio tomó tanto la anécdota como el vocablo de los Orígenes de Marco Catón, donde aparece así escrita 61 : «Entonces el jefe de la caballería exhortó al caudillo cartaginés: “Envíame a Roma con la caballería; dentro de cinco días (diequinti) , tendrás guisada la comida en el Capitolio”».
[27] Y Pretextato:
—Creo que algo contribuye también para demostrar la costumbre de los antiguos la fórmula con la que el pretor, conforme a la usanza de los antepasados, anuncia las fiestas que son llamadas Compitales 62 . He aquí la fórmula: «Dentro de nueve días (dienoni) , el pueblo romano de los Quirites celebrará las Compitales».
LOS VOCABLOS ARCAICOS Y EN DESUSO. LA EXPRESIÓN «MILLE VERBORUM» ES CORRECTA Y LATINA
[5 ] Avieno mira entonces a Servio y dice 63 :
—Curio, Fabricio, Coruncanio 64 , héroes de un pasado lejano, o incluso los tres hermanos Horacios 65 , más remotos aún, conversaban de una manera clara e inteligible con sus coetáneos; no hablaban con las palabras de los auruncos, los sicanos o los pelasgos 66 , los primeros habitantes de Italia según la tradición, sino con las propias de su tiempo. Tú, en cambio, como si ahora mismo estuvieras hablando con la madre de Evandro 67 , quieres resucitamos vocablos hace ya muchos siglos olvidados; y a esta montonera lanzaste incluso a hombres eminentes, cuya memoria enriquece una práctica asidua de la lectura. Pero [2] vosotros pregonáis que os agrada la Antigüedad por su virtud, su frugalidad y su templanza. Vivamos, pues, conforme a las costumbres de antaño, pero hablemos con la lengua de nuestro tiempo. Pues tengo siempre en mi memoria y en mi corazón lo que Gayo César, varón de extraordinaria inteligencia y sagacidad, dejó escrito en el libro primero de su Analogía : «...de modo que huyo del vocablo raro e inusitado como de un escollo 68 ». Hay, en fin, un millar de vocablos de tal género, [3] que aunque hayan estado con frecuencia en boca de prestigiosos autores de antaño, han sido, no obstante, licenciados y repudiados por la generación siguiente. Podría ahora citaros un gran número de estos vocablos, si la proximidad de la noche no nos recordara que debemos separarnos.
[4] —¡Calma, por favor! —interviene Pretextato, con la acostumbrada gravedad propia de su carácter—. No seamos insolentes, y no fustiguemos el respeto que merece la Antigüedad, madre de las artes, por la cual tú mismo sientes tal veneración que cuanto más tratas de ocultarla, tanto más la proclamas. En efecto, cuando dices: «Hay un millar de vocablos (mille verborum est )», ¿no exhalan tus palabras el aroma de [5] la Antigüedad? Pues, aunque Cicerón 69 , en el discurso que compuso En defensa de Milón 70 , dejó escrito lo siguiente: «En la finca de Clodio, en la cual finca, junto a aquellas insalubres galerías subterráneas, habitaba (versabatur) fácilmente un millar de hombres vigorosos, y no habitaban (versabantur) », lectura que suele aparecer en los manuscritos menos escrupulosos; y en la sexta Filípica 71 : «¿Quién encontró alguna vez en aquel Jano a alguien que prestara un millar de sestercios a Lucio Antonio? (mille nummum ferret expensum) ». Y aunque asimismo Varrón, contemporáneo de Cicerón, en el libro XVII de sus Antigüedades 72 , dejó escrito: «Hay más de un millar y cien años (plus mille et centum annorum est) »; sin embargo, sólo cobraron confianza para emplear tal concordancia merced a la autoridad de los autores anteriores. En efecto, Cuadrigario, en el libro III de sus Anales , dejó escrito [6] lo siguiente 73 : «Allí es masacrado un millar de hombres (ibi occiditur mille hominum) »; y Lucilio 74 , en el libro III de sus Sátiras :
De la puerta al puerto hay un millar de pasos; de allí a Salerno seis mil 75 .
»En otro pasaje incluso efectuó la declinación de este vocablo. En [7] efecto, en el libro XV, dice así 76 :
Al que le venza en el millar y dos pasos
ningún corcel campano lo seguirá en una distancia mayor
y parecerá que avanza en sentido contrario.
»Igualmente, en el libro IX 77 :
Con un millar de sestercios puedes ganar cien mil.
[8] »Dijo milli passum en vez de mille passibus , y milli nummum en vez de mille nummis ; y pone de manifiesto que mille es un sustantivo, que lo ha empleado en singular, que admite asimismo el caso ablativo, [9] y que su plural es millia. Mille , en efecto, no es el equivalente del griego khília («mil»), sino de khiliàs («millar»), y tal como los griegos dicen un khiliàs y dos khiliádes , del mismo modo los antiguos decían [10] unum mille y duo millia siguiendo una regla precisa y directa. ¡Eh!, tú, ¿y a estos hombres tan sabios, de quienes Cicerón y Varrón se gloriaban de ser imitadores, les vas a quitar el derecho de votar en los comicios de los gramáticos y los arrojarás desde un puente como antaño se hacía con los sexagenarios 78 ?
[11] »Discutiríamos más sobre este asunto, si no fuera porque la hora os obliga a despediros del anfitrión, para disgusto de todos. Pero, ¿queréis que la jornada de mañana, que la mayoría malgasta entre tableros y fichas 79 , la empleemos en estas sabias conversaciones, desde el alba hasta la cena, y que hagamos una cena no ahogada en copas ni una orgía de manjares, sino púdica entre sabias conversaciones e intercambiando relatos en la mesa? De este modo constataremos que las fiestas, [12] más que cualquier asunto, son plenas de interés, puesto que no relajaremos, como se dice, nuestro espíritu —«relajar el espíritu», según Musonio 80 , «es casi perderlo»—, sino que lo recrearemos un poco y lo aliviaremos con el placer de una conversación amena y honesta. Si así lo decidís, mis dioses Penates se alegrarán muchísimo de veros reunidos en mi casa.
Entonces Símaco dice: [13]
—Nadie, desde luego, que piense que es digno de tal reunión, rehusará semejante compañía ni al propio presidente de la reunión; pero para que nada falte y el encuentro sea perfecto, creo que habría que invitar a la reunión y al convite a Flaviano, quien, tanto por sus rígidas y honestas costumbres como por su vasta y profunda erudición, atestigua cuánto aventaja a su padre Venusto, hombre admirable; y también a Postumiano, que ennoblece el foro con el prestigio de sus alegatos; y a Eustacio, tan entendido en cualquier género de la filosofía que él sólo se basta para recrearnos el genio de aquellos tres filósofos de los que se gloriaban nuestros antepasados; me refiero a aquellos que los atenienses [14] enviaron hace tiempo 81 en embajada ante el senado para obtener el perdón de la multa impuesta a su ciudad por causa del saqueo de Oropo 82 . Dicha multa ascendía a unos quinientos talentos. Estos filósofos [15] eran el académico Carnéades, el estoico Diógenes y el peripatético Critolao 83 , los cuales, según cuentan, pronunciaron discursos, cada uno por su lado, por los lugares más concurridos de Roma, con gran [16] afluencia de público. La elocuencia de Carnéades era, según relatan, vehemente e impetuosa; la de Critolao, elegante y armoniosa; la de Diógenes, mesurada y sobria; pero en la audiencia ante el senado, se sirvieron del senador Gayo Acilio 84 como intérprete. Nuestro amigo, aunque adoptó la doctrina más aceptable después de secundarlas todas, y es capaz, él solo, de imitar todos los géneros de elocuencia de los griegos, se muestra, no obstante, entre nosotros tan buen intérprete de sí mismo que no sabrías decir con qué lengua desempeña con más facilidad y elegancia el oficio de orador.
[17] Todos aprobaron el criterio con que Quinto Aurelio 85 escogió la selecta compañía y, una vez elegidos éstos, todos juntos se despidieron primero de Pretextato, luego entre sí y regresaron cada uno a su casa.
PRIMERA JORNADA
17 de diciembre, en casa de Vetio Agorio Pretextato Por la mañana
ORIGEN Y USO DE LA PRETEXTA. ORIGEN DEL NOMBRE PRETEXTATUS Y DE ALGUNOS OTROS NOMBRES PROPIOS
[6 ] Al día siguiente, de madrugada, todos los que se habían reunido la víspera se presentaron en casa de Vetio Pretextato, que les recibió en la biblioteca, donde les esperaba, y les dijo:
[2]—Veo que hoy será un hermoso día para mí, puesto que vosotros estáis aquí y aquellos que habéis decidido invitar a unirse a nuestra reunión han prometido venir. Solo Postumiano ha juzgado más importante la tarea de elaborar sus alegatos, y rehusó la invitación; en su lugar he invitado a Eusebio, rétor célebre por su ciencia y su facundia griega, y he hecho saber a todos mis invitados que han de dedicarnos todo su tiempo desde el amanecer, puesto que a nadie le está permitido hoy ocuparse de asuntos públicos; hoy, a buen seguro, no se ve a nadie vestido con la toga, con la trábea 86 , con el manto militar o con la pretexta.
Entonces Avieno, como tenía por costumbre, interrumpe y dice: [3]
—Cuando entre los vocablos que designan los diferentes atuendos mencionas un nombre que es sagrado para mí y para el Estado, el tuyo, Pretextato, me viene a las mientes una cuestión que no creo frívola. Mientras que el vestir la toga, la trábea o el manto militar no ha generado el empleo de nombres propios derivados del de cada atuendo, ¿por qué, te pregunto, los antiguos emplearon sólo éste a partir del vestido de la pretexta, o cuál fue el origen de este nombre?
Mientras Avieno hablaba así, la entrada de Flaviano y Eustacio, [4] pareja insigne de amigos, y poco después la de Eusebio, animaron bastante la reunión, y tras un intercambio de saludos, tomaron asiento preguntando qué tema de conversación interrumpían.
Entonces Vetio dice: [5]
—Habéis llegado en el momento oportuno, cuando buscaba un defensor. En efecto, nuestro amigo Avieno ha suscitado una discusión acerca de mi nombre y pregunta por su origen, como si reclamara una garantía de su linaje. Pide que se esclarezca por qué, no habiendo nadie que se llame Togado, Trabeado o Paludato, se considera Pretextato, en cambio, un nombre. Pero, puesto que sobre la jamba del templo de [6] Delfos está inscrita la máxima «Conócete a ti mismo», la misma máxima de uno de los siete sabios 87 , ¿qué creerías que sé de mí mismo, si nada sé de mi nombre? Ahora, pues, voy a explicar el origen y causa de mi nombre.
»Tulo Hostilio 88 , tercer rey de los romanos, tras someter a los [7] etruscos, fue el primero en instituir en Roma la silla curul, los lictores, la toga bordada y la toga pretexta, que eran las insignias de los magistrados etruscos. Ahora bien, en aquellos tiempos los niños no usaban la pretexta: era, como las demás insignias que he enumerado, un atuendo [8] honorífico 89 . Pero luego, Tarquinio Prisco, hijo del exiliado corintio Demarato, llamado también Lucumón, según algunos, tercer rey a partir de Hostilio, quinto a partir de Rómulo, celebra un triunfo sobre los sabinos. En esta guerra, elogió ante la asamblea a un hijo suyo, de catorce años de edad, porque había dado muerte con sus propias manos a un enemigo, y le recompensó con la bulla de oro y la pretexta, distinguiendo a un niño con un valor superior a sus años con galardones [9] propios de la edad viril y de las magistraturas. En efecto, igual que la pretexta era la vestimenta de los magistrados, la bulla era el atributo de los triunfadores, quienes la portaban sobre el pecho, tras haber encerrado allí dentro los amuletos que creían más eficaces contra la envidia. [10] De aquí se ha derivado la costumbre de que la pretexta y la bulla fueran empleadas por los niños nobles, a modo de presagio y deseo de llegar a adquirir un valor semejante al de aquel crío al que, en sus primeros años, correspondieron tales recompensas.
[11] »Según otros, el mismo Prisco, al organizar, con la habilidad propia de un príncipe prudente, el orden social de los ciudadanos, tomó en consideración particular incluso la indumentaria de los niños nacidos libres, y decretó que los hijos de los patricios portaran la bulla de oro y la toga bordada de púrpura, pero sólo aquellos cuyos padres [12] hubieran ejercido una magistratura curul; al resto, en cambio, le concedió hacer uso simplemente de la toga, si bien sólo a aquellos cuyos padres hubieran cumplido por completo su servicio militar en caballería. En cuanto a los hijos de libertos, no tenían ningún derecho a portar la pretexta, y mucho menos los extranjeros, puesto que no tenían [13] ningún parentesco con los romanos. Pero en seguida concedió también la pretexta a los hijos de libertos, por la razón que cuenta Marco Lelio el Augur 90 : según él, durante la Segunda Guerra Púnica, a causa de muchos prodigios, los duúnviros, por decreto del Senado, consultaron los libros sibilinos y, tras haberlos examinado, anunciaron que se celebrarían rogativas públicas en el Capitolio y que, por suscripción popular, tendría lugar un lectisternio 91 , de forma que también aportarían su contribución a tal efecto las libertas que hicieran uso del vestido largo 92 . Se formularon, pues, las preces y cantaron el [14] himno tanto niños nacidos libres como niños hijos de padres libertos, pero también jóvenes doncellas con su padre y su madre aún vivos; en consecuencia, se acordó que también los hijos de los libertos, con tal de que hubieran nacido de una madre de familia esposa legítima, portaran la toga pretexta y, alrededor del cuello, un collar en sustitución del ornamento de la bulla 93 .
»Según Verrio Flaco 94 , como el pueblo romano sufriera la peste y [15] el oráculo respondiera que esto sucedía porque contemplaban a los dioses desde arriba, la ciudad andaba angustiada porque no comprendían el oráculo; pero sucedió que, en una jornada de los juegos circenses 95 , un niño que contemplaba la procesión desde arriba, desde una habitación en la parte superior del circo, contó a su padre el orden en que había visto que estaban dispuestos los objetos secretos del culto en el arca de la carroza; el padre reveló el suceso al Senado y se decidió cubrir con velas los lugares por donde se llevara la procesión, y de este modo la peste remitió y el niño que había resuelto la ambigüedad del oráculo obtuvo el privilegio de vestir la toga pretexta.
[16] »Según eruditos muy versados en la Antigüedad 96 , en el rapto de las sabinas, una mujer llamada Hersilia, mientras se aferraba a su hija, fue raptada junto con ella; como Rómulo la hubiera dado como esposa a un tal Hosto, de virtud conspicua, originario del Lacio, que había huido a su refugio (asylum ), nació de ella un niño, antes de que ninguna otra de las sabinas hubiera dado a luz; a este niño, porque era el primero engendrado en territorio hostil, su madre le puso el nombre de Hosto Hostilio 97 y fue honrado por Rómulo con la bulla de oro y la distinción de la pretexta. En efecto, como hubiera convocado a las raptadas para consolarlas, prometió —cuentan— que concedería una recompensa notable al hijo de aquella que fuera la primera que pariera un ciudadano romano para él.
[17] »Algunos creen que se les otorgó a los niños nacidos libres que se anudaran sobre el pecho una figura de corazón en forma de bulla 98 , para que de este modo, al contemplarla, pensaran que sólo serían hombres si se distinguían por el corazón, y que se les concedió la toga pretexta, para que, conforme al rojo de la púrpura, se condujeran con el pudor propio de su condición de nacidos libres.
[18] »Hemos hablado del origen de la pretexta, y hemos añadido las razones por las que se piensa que fue concedida a los niños; ahora explicaré en pocas palabras por qué motivo esta indumentaria pasa a [19] usarse como nombre propio. Los senadores tenían antaño la costumbre de entrar en la curia acompañados de sus hijos vestidos con la pretexta. En cierta ocasión en que en el Senado se deliberaba sobre un asunto de importancia y fue aplazado para el día siguiente, se acordó que nadie haría público el asunto sobre el que habían deliberado hasta que hubiera sido resuelto. La madre del joven Papirio 99 , que había estado en la [20] curia acompañando a su padre, preguntó a su hijo de qué habían tratado los padres en el Senado. El niño respondió que debía guardar silencio y que no le estaba permitido hablar. La mujer se volvió más curiosa; el secreto del asunto y el silencio del niño incitaban su mente a indagar. Así pues, preguntó con más insistencia y más furiosa. Entonces [21] el niño, ante la presión de la madre, concibió una mentira piadosa y divertida. Dijo que en el Senado se había debatido si parecía más útil y conforme a los intereses del Estado que cada hombre tuviera dos esposas o que cada mujer se casara con dos hombres. Cuando la mujer [22] escuchó esto, se asustó, salió de casa temblorosa, lo contó a las demás matronas y, al día siguiente, una muchedumbre numerosa de madres de familia acudió al Senado. Llorosas y suplicantes, rogaban que sería preferible que una sola mujer se casara con dos hombres, y no con un solo hombre dos mujeres. Los senadores, al entrar en la curia, se preguntaban [23] asombrados qué significaba aquel tumulto de mujeres y qué tenía que ver con ellos tal súplica, y temían aquella locura escandalosa de un sexo pudoroso como si fuera el presagio de un suceso de no poca importancia. El niño Papirio disipó el miedo general. En efecto, avanzó [24] hasta el centro de la curia, y contó, tal como había sido, cómo su madre le había ordenado escuchar y cómo él la había engañado. El [25] Senado alabó la lealtad y el ingenio del niño, y decretó que, en adelante, los niños no entraran con sus padres en la curia, salvo el tal Papirio. Y a aquel niño se le dio luego, mediante un decreto honorífico, el sobrenombre de Pretextato, por su prudencia a la hora de callar y de hablar en la edad en que se porta la pretexta. Este sobrenombre se fijó [26] luego como nombre en nuestra familia.
»Del mismo modo los Escipiones 100 se llaman así por el hecho de que Cornelio, que guiaba, cual bastón, a su homónimo padre privado de la vista, recibió el sobrenombre de Scipio («Bastón») y transmitió a sus descendientes el nombre derivado de aquel sobrenombre. De modo similar, Avieno, tu amigo Mesala toma su nombre del sobrenombre de Valerio Máximo 101 , quien, después de conquistar Mesina, muy noble [27] ciudad de Sicilia, recibió el sobrenombre de Mesala. Y no hay nada de extraño si de sobrenombres nacieron nombres, puesto que, a la inversa, también de nombres propios se han derivado sobrenombres, como de Emilio Emiliano, de Servilio Serviliano.
[28] Entonces Eusebio agregó:
—Mesala y Escipión, según cuentas, ganaron sobrenombres que hacen referencia el uno a la piedad filial, el otro al valor. Pero Escrofa («Puerca») y Ásina («Asna»), que son los sobrenombres dados a hombres no mediocres, dime, por favor, de dónde surgieron, puesto que parecen más cercanos a la afrenta que al honor.
[29] A continuación Pretextato responde:
—No crearon estos nombres el honor o la afrenta, sino el azar. Pues el sobrenombre de Asina se le dio a los Cornelios 102 porque el fundador de la estirpe Cornelia, con ocasión de la compra de un terreno o habiendo dado una hija en matrimonio, cuando le reclamaron, como es costumbre, los fiadores, condujo al foro un asna cargada de monedas, una [30] prenda tangible, por así decirlo, en lugar de los fiadores. En cuanto a Tremelio Escrofa 103 , recibió este sobrenombre por el siguiente suceso. El tal Tremelio se encontraba en su casa de campo junto con sus esclavos e hijos. Sus esclavos atrapan una puerca que se había extraviado del campo vecino, y la matan. El vecino llama a sus guardias, hace cercar la casa para que no se pueda sacar nada, y conmina al amo de la casa para que le restituya el animal. Tremelio, que se había informado del suceso por su intendente, coloca el cadáver de la puerca bajo las mantas sobre las cuales estaba acostada su mujer, y permite al vecino investigar. Cuando llegaron al dormitorio, Tremelio pronunció el juramento de que en su casa no hay ninguna puerca, «a no ser ésta —dice— que yace entre las mantas», mostrándole el lecho. Este juramento tan divertido otorgó a Tremelio el sobrenombre de Escrofa.
ORIGEN Y ANTIGÜEDAD DE LA FIESTA DE LAS SATURNALES
En medio de estas charlas, uno de los esclavos, cuyo cometido era [7 ] recibir a quienes quisieran visitar al amo, anuncia la llegada de Evángelo, en compañía de Disario, quien estaba considerado entonces como el mejor de todos los que ejercían en Roma el arte de la medicina. La [2] mayoría de los asistentes fruncieron el ceño dando a entender que la llegada de Evángelo no era grata para su sosiego y nada conveniente para un encuentro tranquilo. Era, en efecto, un hombre procaz, de una causticidad amarga y con una lengua descaradamente mordaz, e indiferente a las enemistades que provocaba por todas partes en contra suya con sus palabras que sembraban odios, sin hacer distinción entre los amigos y los enemigos. Pero Pretextato, dado que era igual de apacible y amable con todos, envió a buscarlos y ordenó que fueran admitidos. Cuando entraron, les acompañaba Horo, que les alcanzó a tiempo, [3] hombre tan robusto de cuerpo como de espíritu, el cual, tras innumerables victorias en el pugilato, se había pasado al estudio de la filosofía y, seguidor de la escuela de Antístenes, Crates y el propio Diógenes 104 , se le tenía por no poco célebre entre los cínicos.
Pero Evángelo, nada más entrar, ofende a tan notable asamblea que [4] se levanta para saludarle, diciendo:
—¿Es el azar, Pretextato, el que ha congregado a todos estos en tu casa, u os reunisteis ex profeso para tratar acerca de un asunto importante que precisaba que no hubiera testigos? Porque si es así, como creo, será mejor que me vaya antes de inmiscuirme en vuestros secretos: me alejaré de buen grado, aunque haya sido el azar quien me abocó a arrojarme en medio de ellos.
[5] Entonces Vetio, aunque, gracias a su serenidad de espíritu, era capaz de soportarlo todo con firmeza, se exacerbó un poco, no obstante, con aquella pregunta tan insolente y dijo:
[6] —Si hubieras tenido en consideración mi persona, Evángelo, o a estas luminarias de la inocencia, supondrías que no hay entre nosotros un secreto tal que no pueda serte revelado a ti o incluso a todo el mundo, pues ni yo he olvidado ni ninguno de los presentes ignora —creo— aquel sagrado precepto filosófico que dice que hay que hablar con los hombres como si los dioses escucharan y hablar con los dioses como si los hombres escucharan. Por tanto, la segunda parte del precepto dispone que no pidamos nada a los dioses si el hecho de desearlo nos [7] resulta vergonzoso confesarlo ante los hombres 105 . En realidad, nosotros, tanto para honrar las sagradas fiestas como para evitar, no obstante, la holganza propia del que está de fiesta y convertir el ocio en una actividad productiva, hemos acordado dedicar toda la jornada a narrar cada uno un relato docto, como el que aporta, por así decirlo, su comida [8] a escote. En efecto, si ninguna religión prohíbe desviar arroyos durante las ceremonias solemnes, si las leyes humanas y divinas permiten bañar las ovejas en las corrientes de agua saludable 106 , ¿por qué no se considera como un honor a la religión dedicar a los días sagrados el [9] sagrado estudio de las letras? Pero, dado que alguna divinidad quiso que vosotros os unierais también a nosotros, si os place, pasemos, por favor, la jornada compartiendo relatos y manjares; pues doy por hecho que todos los que están hoy aquí presentes están de acuerdo en ello.
[10] Entonces Evángelo:
—Sumarse de improviso a una conversación sin haber sido invitados, nadie ciertamente lo considera vergonzoso; pero colarse por las buenas en un banquete preparado para otros ni siquiera Homero 107 dejó de censurarlo, aunque se trataba de un hermano; y cuidado, no pretendas, en un exceso de arrogancia, que te tocan tres Menelaos, cuando a aquel rey tan grande le correspondió uno solo.
Entonces todos, socorriendo a Pretextato, les ruegan e invitan [11] amablemente a participar en la confraternidad, eso sí, a Evángelo más veces y con mayor insistencia, pero también alguna vez a los que habían entrado juntamente con él.
Entretanto Evángelo, moderándose gracias a esta petición unánime, [12] dice:
—Conocéis, creo, el libro de las Sátiras Menipeas de Marco Varrón que lleva por título No sabes qué trae el véspero 108 , en el cual fija el número de comensales según la norma siguiente: que no sea inferior al de las Gracias ni superior al de las Musas. Veo que aquí, si incluimos al rey del banquete 109 , sois tantos como Musas hay. ¿Por qué, pues, buscáis añadir más invitados al número perfecto?
Vetio le responde: [13]
—Vuestra presencia nos garantizará que completemos el número de las Musas y de las Gracias, las cuales es justo que acudan juntas a la fiesta del primero de todos los dioses.
Se sentaron todos, pues, y Horo, con la mirada fija en Avieno, a quien solía visitar en calidad de amigo íntimo, dice:
—En el culto del tal Saturno, al que llamáis el primero de los dioses, [14] vuestro rito diverge del de los egipcios, pueblo sumamente religioso. Pues los egipcios 110 no acogieron ni a Saturno ni al mismísimo Serapis en las partes arcanas de sus templos hasta después de la muerte de Alejandro de Macedonia; a su muerte, oprimidos por la tiranía de los Ptolomeos, se vieron obligados a admitir también a estos dioses en su culto, siguiendo la costumbre de los alejandrinos, que los veneraban con particular devoción 111 . No obstante, acataron esta orden sin trastocar la [15] observancia de su religión. En efecto, dado que nunca les estuvo permitido a los egipcios aplacar a los dioses con víctimas y sangre, sino con plegarias e incienso, pero, según la costumbre, había que inmolar víctimas en honor de estas dos divinidades extranjeras, colocaron sus santuarios a las afueras de la ciudad de manera que aquellos dioses fueran venerados con la sangre derramada de un sacrificio solemne, pero sin que los templos urbanos fueran mancillados con la muerte de las reses. Así pues, ninguna ciudad egipcia acogió dentro de sus muros un santuario [16] de Saturno o de Serapis. Al segundo de estos dos, según mis conocimientos, lo admitisteis vosotros con dificultad y de mala gana; a Saturno, en cambio, lo veneráis incluso con más honores que a los demás. Pues bien, si no hay nada que me impida saberlo, quiero que se explique abiertamente este asunto.
[17] Entonces Avieno, reenviando a Pretextato la impaciencia de la pregunta, dice:
—Aunque todos los presentes gozan de pareja erudición, sin embargo, sólo Vetio, versado en todas las cosas sagradas, puede aclararte tanto el origen del culto que se rinde a este dios, como la causa de la fiesta solemne.
Aunque Pretextato intentó endosar la cuestión a otros, entre todos lograron con sus ruegos que él mismo expusiera sus razonamientos.
[18] Se hizo, entonces, silencio, y comenzó así:
—En cuanto al origen de las Saturnales, la ley divina no me autoriza a revelar aquellas cosas que tengan que ver con la naturaleza arcana de la divinidad, pero sí los relatos entremezclados con elementos míticos o las teorías divulgadas por los físicos. En efecto, las razones ocultas y que manan de la fuente de la pura verdad no está permitido explicarlas, ni siquiera en las propias ceremonias, pero si alguien llega a comprenderlas, se le ordena mantenerlas ocultas en su conciencia. Por tanto, nuestro amigo Horo podrá examinar conmigo todo lo que la [19] ley divina permita. Esta región que hoy día llamamos Italia, la gobernó como rey Jano, quien, según cuenta Higino 112 siguiendo a Protarco de Tralles, dominaba esta tierra junto con Cameses, nativo como él, compartiendo el poder, de forma que la región era llamada Camesina y la ciudad Janículo 113 . Luego el poder real se concentró sólo en Jano, [20] quien, según se cree, mostraba un doble rostro 114 , de suerte que veía las cosas que estaban delante de él y las que estaban a su espalda; lo cual, sin duda, hace referencia a la prudencia y sagacidad del rey, quien conoce el pasado y prevé el futuro; de la misma manera que los romanos honran a Antevorta y a Postvorta 115 , compañeras, desde luego, muy apropiadas de la divinidad. Este Jano, pues, como hubiera acogido en [21] hospitalidad a Saturno, llegado por mar, y, habiendo aprendido de él la técnica de la agricultura, hubiera mejorado aquella forma de vida que antes de conocer las cosechas era agreste y ruda, le recompensó asociándole al trono. Es más, como quiera que fuera el primero en acuñar [22] moneda, también en esto observó deferencia hacia Saturno, de forma que, puesto que éste había arribado en barco, por un lado se grababa, desde luego, un retrato de su propia cabeza, pero por el otro una nave, a fin de transmitir a la posteridad la memoria de Saturno. Que el bronce se acuñó así, aún hoy se advierte en un juego de azar, cuando los niños, arrojando denarios al aire, exclaman «¡cabeza!» o «¡barca!» 116 , siendo el juego una prueba de la antigüedad. Que reinaron juntos y en [23] buena armonía, y fundaron conjuntamente ciudades vecinas, además de Marón, quien dice:
Éste porta el nombre de Janículo, aquél el de Saturnia 117 ,
lo atestigua asimismo el hecho de que la posteridad les consagró dos meses consecutivos, de forma que diciembre está consagrado a Saturno, y enero (Ianuarius) se ha adueñado del nombre del otro dios [24] (Ianus). Entretanto, Saturno desapareció de repente, y Jano planeó acrecentar los honores de aquel dios. En primer lugar, dio el nombre de Saturnia 118 a toda la tierra que obedece a su dominio; luego le consagró, como si fuera un dios, un altar y unas fiestas que llamó Saturnales. ¡En tantos siglos las Saturnales preceden la fundación de Roma! Ordenó, pues, que Saturno fuera venerado con la grandeza del culto, como artífice, a su juicio, de una vida mejor: prueba de ello es su estatua, a [25] la que añadió una hoz, símbolo de la cosecha 119 . A este dios se atribuyen los injertos de renuevos, la crianza de árboles frutales y variopintos métodos para cultivar cualquier cosa fértil. Además, los cirenenses, cuando le rinden culto, se coronan con higos frescos y se envían pasteles unos a otros, porque consideran a Saturno el descubridor de la miel y de los frutos. Asimismo, los romanos le llaman Estercóleo (Sterculius ), porque fue el primero que fertilizó los campos con el estiércol [26] (stercus) 120 . Dicen que los tiempos de su reinado fueron muy felices, no sólo por la abundancia, sino sobre todo porque no había aún diferencia entre esclavos y hombres libres 121 , cosa que se puede deducir del hecho de que, durante las Saturnales, se permite a los esclavos total libertad.
[27] »Existe otra tradición acerca del origen de las Saturnales, que es como sigue. Hércules había abandonado en Italia a unos hombres, enfurecido, según cuentan algunos 122 , porque no habían vigilado su rebaño, o bien los había dejado allí deliberadamente, como piensan algunos otros, para que protegieran su altar y su templo de los asaltos. Estos hombres, pues, en cierta ocasión en que les atacaron unos bandidos, ocuparon una colina elevada y se llamaron saturnios, por el nombre que también dicha colina recibía antes, y porque se sintieron protegidos por el nombre y el respeto de este dios, instituyeron, cuentan, las Saturnales, con la intención de que la propia observancia de una fiesta oficialmente declarada exhortara a los ánimos salvajes de sus vecinos a una mayor veneración por el culto.
»Tampoco ignoro el siguiente origen que se les atribuye a las Saturnales [28], a saber: los pelasgos, según recuerda Varrón 123 , cuando fueron expulsados de sus asentamientos, se dirigieron a diversas tierras, pero la mayoría de ellos confluyeron en Dodona 124 y, no sabiendo en qué lugar establecerse, obtuvieron del oráculo la siguiente respuesta: «Partid en busca de la tierra de Saturno que habitan los sículos y los aborígenes, Cótila, donde flota una isla; cuando os hayáis unido a ellos, enviad el diezmo a Febo, y enviad las cabezas a Hades y un hombre a su padre 125 ».
»Recibido este oráculo, recalaron, tras numerosos extravíos, en el Lacio, y en el lago de Cutilias descubrieron una isla flotante. Era, en [29] verdad, una masa de hierba 126 , formada por la compactación del fango o por el espesamiento de la marisma, toda cubierta de matorrales y de árboles a manera de un bosque, y vagaba errante, sacudida sin cesar por las mareas, de suerte que de aqui se forjó la creencia de que también Delos, pese a la altura de sus montes y la extensión de sus llanuras, erraba, no obstante, por el mar. Al advertir, pues, este prodigio, se [30] percataron de que allí estaba el asentamiento que les había sido predicho, y tras aniquilar a los nativos sicilianos, ocuparon la región; de acuerdo con el oráculo, consagraron la décima parte del botín a Apolo 127 , y erigieron un santuario en honor de Dite 128 y un altar en honor [31] de Saturno, cuyas fiestas llamaron Saturnales. Durante mucho tiempo creyeron aplacar a Dite con cabezas humanas y a Saturno con víctimas humanas a causa del oráculo, donde se decía:
Enviad las cabezas a Hades y un hombre a su padre.
»Más tarde, Hércules, según la tradición 129 , cuando, de regreso, atravesaba Italia con el rebaño de Gerión, persuadió a los descendientes de los pelasgos a reemplazar estas ofrendas funestas por otras de buen augurio, ofrendando a Dite no cabezas humanas, sino figurillas modeladas a imagen del hombre, y honrando los altares de Saturno no con sacrificios humanos, sino encendiendo luces, puesto que phôta no [32] sólo significa «hombre», sino también «luz». De aquí nació la costumbre de enviarse velas de cera durante las Saturnales.
»Otros 130 piensan que las velas de cera se envían precisamente porque, bajo el reinado de este dios, fuimos elevados, por así decirlo, de una vida grosera y tenebrosa a la luz y al conocimiento de las artes liberales [33]. Descubro también en las fuentes escritas el caso siguiente: como muchos, por codicia, con ocasión de las Saturnales, exigieran con insistencia regalos a sus clientes y esta carga abrumara a los más pobres, el tribuno de la plebe Publicio 131 propuso que a los ricos se les enviara sólo velas de cera.
[34] Albino Cécina intervino entonces:
—Un cambio de sacrificio similar al que acabas de recordar, Pretextato, encuentro que se efectuó más tarde en las Compitales 132 , cuando en todos los cruces de Roma se celebraban los juegos restablecidos, sin duda, por Tarquinio el Soberbio en honor de los Lares y de Mania 133 conforme a un oráculo de Apolo que había dispuesto que [35] se suplicara por las cabezas con cabezas. Durante algún tiempo se observó tal disposición, de forma que por la salvación de los miembros de la familia se inmolaban niños a la diosa Mania, madre de los Lares. Junio Bruto 134 , cónsul tras la expulsión de Tarquinio, decidió que esta clase de sacrificio debía de celebrarse de otra manera. En efecto, ordenó que se suplicara a los dioses con cabezas de ajo y adormidera para satisfacer así al oráculo de Apolo en lo que se refiere al término «cabezas», suprimiendo evidentemente el crimen de un sacrificio funesto. Sucedió asimismo que para conjurar cualquier peligro que pudiera amenazar a los miembros de la familia, se suspendían estatuillas, en honor de Mania, ante las puertas de cada casa, y a dichos juegos los llamaron Compitalia por los cruces (compita) en los que se celebraban 135 . Pero continúa, por favor.
Y Pretextato: [36]
—Con buen tino y oportunamente has relatado una reforma similar en los sacrificios, pero por estas causas que hemos relatado acerca del origen de esta fiesta, parece claro que las Saturnales son más antiguas que la ciudad de Roma 136 , hasta el punto de que Lucio Accio relata en los versos siguientes de sus Anales que este culto comenzó en Grecia antes de la fundación de Roma:
La mayor parte de los griegos, y sobre todo Atenas, celebran [37]
en honor de Saturno unas ceremonias que llaman Cronias ,
y festejan este día: por la campiña y por las ciudades todos
pasan el día, felices, entre banquetes, y cada amo sirve
a sus esclavos, y tal costumbre pasó de allí, tal cual, a los nuestros ,
de modo que, en esta festividad, esclavos y amos comen juntos 137 .
EL TEMPLO DE SATURNO, SU ESTATUA Y SUS LEYENDAS
[8 ] »Voy a decir ahora unas pocas palabras sobre el templo de Saturno. Según mis fuentes, Tulo Hostilio 138 , después de haber obtenido un doble triunfo sobre los albanos y un tercer triunfo sobre los sabinos, consagró un santuario a Saturno en cumplimiento de un voto, e instituyó entonces por primera vez las Saturnales en Roma, si bien Varrón, en el libro sexto «Sobre los edificios sagrados» 139 , escribe que el rey Lucio Tarquinio encargó la construcción de un templo en honor de Saturno junto al foro, y que el dictador Tito Larcio 140 consagró dicho templo durante las Saturnales. No se me escapa tampoco que Gelio 141 escribe que el Senado decretó la construcción de un templo en honor de Saturno [2] y confió la tarea al tribuno militar Lucio Furio. El templo tiene asimismo un altar delante del Senáculo 142 . Allí, conforme al rito griego 143 , se realizan las ceremonias con la cabeza descubierta, porque se supone que así solían hacerlo desde el principio, primero los pelasgos, luego [3] Hércules. Los romanos quisieron que el templo de Saturno fuera el erario público, porque, durante la estancia del dios en Italia, no se cometió, según la tradición, ningún robo en su territorio, o bien porque, bajo su reinado, la propiedad privada no existía:
Era sacrilegio delimitar el terreno o dividir el campo
con mojones; procuraban para el común ... 144
»Por esta razón, el tesoro público se depositaba en el templo de aquel dios, bajo cuyo reinado todo había sido de todos. No quisiera [4] omitir que había tritones 145 con trompetas colocados sobre el frontón del templo de Saturno, porque, desde que se tiene memoria de Saturno hasta nuestra época, la historia es clara y, por así decirlo, sonora, pero antes era muda, y oscura y desconocida, lo que atestiguan las colas de los tritones enterradas y escondidas. Pero por qué vemos con frecuencia [5] a Saturno con los pies encadenados, Verrio Flaco 146 dice que ignora la razón, pero la lectura de Apolodoro 147 me sugiere lo siguiente. Apolodoro dice que Saturno está atado, a lo largo del año, con una cuerda de lana y que se le desata para el día de su fiesta, esto es, durante el presente mes de diciembre 148 , y de aquí se extrae el proverbio que dice: «Los dioses tienen los pies de lana» 149 ; pero esto, según él, quiere significar que en el décimo mes el semen vivificado en el útero se desarrolla para la vida, semen que hasta que irrumpa a la luz, es retenido por las delicadas ligaduras de la naturaleza. Es más, hay identidad entre [6] Cronos y Chronos. En efecto, cuanto más alejan de la verdad los mitógrafos a Saturno con sus ficciones, tanto más los físicos lo vuelven a acercar a una cierta verosimilitud. Dicen que Saturno arrancó los genitales de su padre Cielo, los arrojó al mar y nació Venus, que, de la espuma de la que tomó cuerpo, recibe el nombre de Afrodita 150 . Por [7] ello pretenden saber que, puesto que había caos, no existía tiempo, si es verdad que el tiempo es una medida precisa que se infiere de la revolución del cielo. Por tanto, se piensa que del cielo nació Krónos , [8] que, como dijimos, es el mismo que Khrónos 151 . Y como las simientes que debían de engendrar todas las cosas después del cielo fluían del cielo, y todos los elementos que debían dar su plenitud al mundo se derramaban a partir de aquellas simientes, cuando el mundo estuvo acabado con todas sus partes y miembros, se acabó ya el periodo concreto donde las simientes provenían del cielo para la concepción de los elementos, puesto que habían sido ya engendrados en número suficiente. Ahora bien, la facultad de suscitar la propagación eterna de los seres vivos fue transferida del fluido celeste a Venus, de manera que en adelante todas las cosas se engendran mediante el coito de un macho y [9] una hembra. A causa del mito de la emasculación, también los latinos dieron al dios el nombre de Saturnus derivado de sáthē , que designa en griego el miembro viril, esto es Sathunnus; de ahí viene también, se piensa, el nombre de los sátiros (satyri) , esto es, sathuni , porque son proclives a la lujuria. Hay quienes opinan que se le atribuyó la hoz, [10] porque el tiempo lo siega, corta y poda todo. Según dicen 152 , Saturno solía devorar a sus hijos y luego los vomitaba; por medio de este mito se significa que Saturno es el tiempo, por causa del cual todas las cosas [11], alternativamente, nacen, se consumen y de nuevo renacen. ¿Qué significa el hecho de que fue expulsado por su hijo 153 , sino que los tiempos pasados son desalojados por los que nacieron a continuación? Y está encadenado, porque los tiempos están concatenados por una ley fija de la naturaleza, o porque todas las cosechas se suceden alternativamente [12] conforme a ciertos vínculos y nudos. Y las leyendas pretenden además que la hoz fue a caer a Sicilia, porque esta tierra es la más fértil posible 154 .
JANO, SUS APELATIVOS Y SUS PODERES
»Y puesto que hemos recordado que Jano reinó junto con Saturno, [9 ] y acabo de contar qué opinan de Saturno los mitógrafos y los físicos, expondré igualmente qué piensan unos y otros de Jano. Los mitógrafos [2] cuentan que, durante el reinado de Jano, las casas de todos gozaban de una protección sagrada e inviolable, y por esta razón le fueron decretados honores divinos, y que por tales méritos las entradas y las salidas de las casas le fueron consagradas. Asimismo Xenón 155 , en el [3] libro primero de su Historia de Italia , cuenta que Jano fue el primero que construyó templos a los dioses y el primero que instituyó el ceremonial del culto y que, por esta razón, mereció ser invocado siempre el primero en los sacrificios. Hay quienes piensan que recibe el calificativo [4] de bifronte, porque conoce el pasado y prevé el futuro 156 . Los [5] filósofos naturalistas (physici) , por su parte, lo declaran dios con sólidos argumentos a favor de su divinidad. En efecto, hay quienes dicen que Jano se identifica con Apolo y Diana, y aseguran que él, por sí solo, representa a ambas divinidades. Y de hecho, tal como también [6] cuenta Nigidio 157 , en Grecia se venera un Apolo que llaman Thyraíos («Protector de la puerta») y honran sus altares delante de sus puertas, atestiguando así su poder sobre las entradas y salidas. El mismo Apolo recibe asimismo en Grecia el apelativo de Agyieùs , es decir, el protector de las calles de las ciudades, dado que los griegos llaman agyiaì a las calles que hay muros adentro; en cuanto a Diana, bajo el apelativo de Trivia , le atribuyen la tutela de todos los caminos. Entre nosotros, [7] el nombre muestra que Jano preside todas las puertas, porque es sinónimo de Thyraíos. En efecto, se le representa con una llave y una vara, como guardián de todas las puertas y guía de los caminos. Nigidio [8] proclamó que Apolo es Jano y Diana Jana, con la adición de la letra D , la cual con frecuencia se agrega a la letra I por eufonía; así reditur , [9] redhibetur, redintegratur y similares. Algunos pretenden demostrar que Jano es el sol, y que por eso es doble, como señor de ambas puertas del cielo, la que, al levantarse, abre el día, y la que, al acostarse, lo cierra; y que es invocado el primero, cada vez que se celebra un sacrificio en honor de algún dios, para que por su mediación se abra un acceso hacia aquel dios en cuyo honor se inmola, como si Jano transmitiera las preces de los suplicantes, a través de sus puertas, a los [10] dioses. Por esta razón, su estatua le representa generalmente sosteniendo en la mano derecha el número 300 y en la izquierda el 65, para simbolizar la duración del año, que es la potestad principal del sol. [11] Otros pretenden que es el mundo, esto es, el cielo, y que toma su nombre de Jano a partir de eundo («yendo»), porque el mundo va sin cesar, mientras gira en círculo y partiendo de sí mismo, retorna a sí mismo; por eso Cornificio 158 , en el libro tercero de sus Etimologías , dice: «Cicerón [12] no lo llama Jano, sino Eano, de eundo » 159 . Por esta razón, los fenicios, cuando representaron su imagen en el culto, modelaron una serpiente enroscada en círculo y que devora su propia cola, para que quede de manifiesto que el mundo se alimenta de sí mismo y gira sobre [13] sí mismo. Por la misma razón, en Roma, su estatua mira hacia los cuatro puntos cardinales, como muestra su estatua traída de Falerios. Gavio Basso 160 , en el libro que redactó Sobre los dioses , dice que Jano es representado bifronte como portero del cielo y del infierno, y con [14] cuatro caras como si abrazara con su majestad todas las regiones. Además, en los cantos antiquísimos de los Salios 161 es invocado como «dios de dioses». Más aún, Marco Mesala 162 , que fue colega en el consulado de Gneo Domicio y augur durante cincuenta y cinco años, comienza así cuando habla acerca de Jano: «Aquel que crea todas las cosas y las gobierna, ha unido, envolviéndolas con el cielo, la esencia y la naturaleza del agua y de la tierra, pesada y propensa a deslizarse hacia las profundidades, y la del fuego y del aire, ligera y con tendencia a elevarse hacia la inmensidad de las alturas; esta fuerza poderosísima del cielo ha reunido dos fuerzas contrarias». En los sacrificios [15] lo invocamos también como Jano Gémino, Jano Padre, Jano Junonio, Jano Consivio, Jano Quirino, Jano Patulcio y Clusivio. Ya hemos explicado [16] más arriba por qué lo invocamos como Gémino; como Padre, en tanto que dios de dioses; como Junonio, en tanto que preside las entradas no sólo del mes de enero, sino de todos los meses; es así que todas las calendas están bajo la autoridad de Juno 163 ; de ahí que Varrón, en el libro quinto de sus Antigüedades divinas 164 , escriba que se consagraron a Jano doce altares correspondientes a otros tantos meses del año; como Consivio a partir del verbo conserere («sembrar»), esto es, la propagación del género humano, que se siembra merced a Jano; como Quirino, como señor de las guerras, derivado de la lanza que los sabinos llaman curis 165 ; Patulcio y Clusivio, porque sus puertas están abiertas en tiempos de guerra, pero cerradas en tiempos de paz 166 . El origen de este rito se narra a continuación 167 .
[17] »Durante la guerra contra los sabinos provocada por el rapto de las doncellas, los romanos cerraron apresuradamente la puerta situada al pie de la colina Viminal —llamada luego Puerta de Jano a raíz de este suceso—, porque los enemigos se abalanzaron precisamente sobre ella; tan pronto como fue cerrada, se abrió de repente por sí sola, y como el mismo fenómeno se repitiera por segunda y tercera vez, hombres armados se situaron, en gran número, ante la entrada para defenderla, ya que no la podían cerrar. Entretanto, como se librara un combate acérrimo por la otra parte, de pronto llegó el rumor de que los nuestros habían [18] sido desbaratados por Tacio 168 . Por esta razón, los romanos que guardaban la entrada huyeron despavoridos, y cuando los sabinos estaban a punto de irrumpir por la puerta abierta, cuentan que del templo de Jano se precipitaron violentos torrentes de aguas desbordadas que se abrieron paso a través de esta puerta, y muchos batallones de enemigos perecieron abrasados por el agua hirviente o engullidos por el impetuoso torbellino 169 . A causa de este suceso, se acordó que, en tiempos de guerra, las puertas del templo estarían abiertas, como si el dios hubiera salido para socorrer a la ciudad. Hasta aquí en lo que respecta a Jano.
CALENDARIO DE LAS SATURNALES
[10 ] »Pero, por regresar a las Saturnales, emprender una guerra durante las Saturnales está considerado como un acto sacrílego 170 , y castigar a [2] un culpable durante estos mismos días es de mal agüero. Entre nuestros antepasados las Saturnales se limitaban a una sola jornada, que era el decimocuarto día antes de las calendas de enero, pero después de que Gayo César añadió dos días a este mes 171 , empezó a celebrarse el decimosexto día 172 . El resultado fue que, como el pueblo ignoraba el día exacto de las Saturnales, y algunos las celebraban el día 173 establecido por Gayo César y otros según la vieja costumbre 174 , las Saturnales sumaron muchos días; si bien, también entre los antiguos existía la opinión de que las Saturnales duraban siete días, si es que se puede calificar como opinión la que está respaldada por autoridades dignas de confianza. En efecto, Novio, un reputadísimo autor de atelanas, [3] dice:
Tras larga espera, ya están aquí los siete días de las Saturnales 175 .
»También Mumio, quien reavivó el arte de la atelana, tras Novio y Pomponio 176 largo tiempo en decadencia, dice: «Nuestros ancestros, tal como instituyeron muchas cosas con acierto, esto mejor: convirtieron el pleno invierno en los siete días de las Saturnales 177 ». Pero Malio 178 [4] dice que aquellos que habían buscado protección, como más arriba dijimos, bajo el nombre y el respeto de Saturno, instituyeron tres días de fiesta y las llamaron Saturnales: «He aquí por qué Augusto —dice—, siguiendo esta versión de los hechos, dispuso en sus leyes judiciales que se observaran las fiestas durante tres días». Masurio 179 y [5] otros autores pensaban que las Saturnales duraban un sólo día, a saber, el decimocuarto día de las calendas de enero, opinión que confirma Fenestela 180 , cuando dice que la vestal Emilia 181 fue condenada el decimoquinto día antes de las calendas de enero. Si las Saturnales tenían [6] lugar ese día, de ningún modo se hubiera celebrado el juicio. A continuación añade: «Seguían a este día las Saturnales»; luego dice: «El día siguiente, el decimotercero antes de las calendas de enero, la vestal Licinia fue llamada a juicio», lo cual prueba que el decimotercer día [7] antes de las calendas de enero era un día laborable. Ahora bien, el duodécimo 182 son las fiestas de la diosa Angeronia, en cuyo honor los pontífices celebran sacrificios en el santuario de Volupia 183 . Según Verrio Flaco 184 , recibe el nombre de Angeronia, porque, bien propiciada, [8] conjura las penas (angores) y angustias del alma. Masurio 185 añade que la estatua de esta diosa, con la boca vendada y sellada, fue colocada sobre el altar de Volupia, porque aquellos que disimulan sus dolores y sus inquietudes llegan, en recompensa a su paciencia, al colmo [9] del placer. Julio Modesto 186 afirma que se hacen sacrificios en honor de esta diosa porque el pueblo romano, después de haber formulado [10] un voto, fue librado de una enfermedad denominada «angina». El undécimo día antes de las calendas 187 son las fiestas consagradas a los Lares, a los cuales el pretor Emilio Régulo, durante la guerra contra Antíoco 188 , hizo la promesa de hacer construir un templo en el Campo de Marte. El décimo día antes de las calendas 189 son las fiestas de Júpiter [11] denominadas Larentinales, acerca de las cuales, ya que nos agrada contar historias, he aquí las opiniones en general. En efecto, cuentan 190 [12] que, durante el reinado de Anco Marcio 191 , el guardián del templo de Hércules, tomándose un descanso durante las fiestas, retó al dios al juego de los dados: él mismo tiraría los dados por los dos, pero con la condición de que el que perdiera, pagaría cena y puta. Pues [13] bien, venció Hércules, y el guardián introdujo en el templo a Acca Larencia, puta muy afamada en aquella época, y la cena; al día siguiente, Acca hizo correr el rumor de que, tras la coyunda con el dios, había recibido, como regalo, el augurio de que no desaprovechara la oportunidad de la primera ocasión que se le presentara de regreso a casa. Sucedió, pues, que, nada más salir del templo, un tal Carucio, [14] cautivado por su belleza, le dirigió la palabra; Acca secundó sus deseos y se unió a Carucio en matrimonio; a la muerte de su esposo, se convirtió en dueña de todos sus bienes, y a su muerte, nombró heredero al pueblo romano. Por esta razón, Anco hizo que la enterraran en el [15] Velabro, el lugar más concurrido de la ciudad, y decretó en su honor un sacrificio solemne, en el que, por medio de un flamen, se realizaría un sacrificio en honor de sus Manes, y las fiestas 192 fueron consagradas a Júpiter, porque los antiguos pensaban que era Júpiter quien daba las almas y las almas, tras la muerte, regresaban de nuevo a él. Según [16] Catón 193 , Larencia, enriquecida por el oficio de meretriz, dejó a su muerte al pueblo romano los campos de Túrax, Semurio, Lintirio y Solinio, y por ello fue considerada digna de un sepulcro suntuoso y del honor de una conmemoración fúnebre anual. Macro, en el libro [17] primero de sus Historias 194 , asegura que Acca era la esposa de Fáustulo, y Larencia la nodriza de Rómulo y Remo; y que esta mujer, durante el reinado de Rómulo, se casó con un rico etrusco, un tal Carucio, y se enriqueció con la herencia del esposo; luego, dejó esta herencia a Rómulo, a quien ella había criado, y éste, por piedad, instituyó un sacrificio [18] fúnebre y un día de fiesta. De todo esto se puede, pues, concluir que las Saturnales duraban una sola jornada y que se celebraban justamente el decimocuarto día antes de las calendas de enero 195 , el único día en que, durante un banquete disoluto, se proclamaban las Saturnales, día que ahora se asigna a las Opales 196 , en medio de las Saturnales, aunque, primitivamente, estaba consagrado simultáneamente [19] a Saturno y a Ops. Por otra parte, existía la creencia de que esta diosa Ops era la esposa de Saturno, y que, por esta razón, durante este mes se celebraban las Saturnales y asimismo las Opales, porque creían que Saturno y su esposa eran los descubridores tanto de las cosechas como de los frutos. Por consiguiente, los hombres, una vez recogido todo el producto de sus campos, veneran a estos dioses como si fueran [20] los garantes de una vida más civilizada. Algunos estaban incluso convencidos de que estos dioses eran el cielo y la tierra, y de que Saturno toma su nombre de satus 197 («generación»), cuyo origen procede del cielo, y que la tierra es Ops, con cuya ayuda (ope) son procurados los alimentos necesarios a la vida humana, o bien a partir del trabajo (opere) , [21] gracias al cual nacen los frutos y las cosechas. Sentados, formulan votos a esta diosa, y tocan la tierra aposta, mostrando así que la tierra es la madre hacia la que deben tender los mortales. Según Filócoro 198 , [22] Cécrope 199 fue el primero que erigió en el Ática un altar en honor de Saturno y Ops, y que veneró a estos dioses como si fueran Júpiter y la tierra, y dispuso que los padres de familia, una vez recolectadas las mieses y los frutos, compartieran la mesa con sus esclavos, con los cuales habían soportado las penalidades del trabajo en el cultivo de los campos; pues al dios le complacía que se honrara a los esclavos en consideración a su trabajo. He aquí por qué, conforme a la costumbre extranjera, celebramos el culto en honor de este dios con la cabeza descubierta 200 .
»Creo haber probado ya suficientemente que las Saturnales se [23] celebraban de ordinario durante una sola jornada, a saber, en el decimocuarto día antes de las calendas, pero prolongadas más tarde a tres jornadas, primero por causa de los días que César añadió a este mes, luego por causa del edicto en el que Augusto 201 asignó a las Saturnales tres días de fiesta, empiezan, pues, el decimosexto día y terminan el decimocuarto, el único día en que solían antes celebrarse 202 . Ahora bien, se añadieron las Sigilares 203 y su celebración [24] prolongó el ajetreo del pueblo y la alegría religiosa hasta los siete días 204 .
LA DIGNIDAD DE LOS ESCLAVOS Y SUS CUALIDADES. ORÍGENES DE LAS SIGILARES
[11 ] Entonces Evángelo toma la palabra:
—Desde luego, no puedo ya admitir lo que nuestro amigo Pretextato, haciendo gala de su erudición y alarde de elocuencia, pretendía hace poco: atribuir a un honor otorgado por algún dios el hecho de que los esclavos compartieran mesa con sus amos. ¡Como si las divinidades se preocuparan realmente por los esclavos o como si alguien sensato pudiera acoger en su casa el oprobio de una compañía tan inmunda! O bien intenta ahora: adscribir las Sigilarias, que con sus figurillas de arcilla procuran diversión a los críos que aún andan a gatas, a una práctica religiosa. Y porque está considerado el mayor experto en materia religiosa, va luego y mezcla hasta una pizca de superstición. ¡Como si realmente no nos estuviera permitido no dar crédito alguna vez a Pretextato!
[2] Todos se encresparon, hasta que Pretextato, sonriendo, respondió así:
—¡Vale! Considérame supersticioso, Evángelo, y no digno de crédito, si mi explicación suplementaria no logra demostrarte la verdad de uno y otro asunto. Y, para hablar primero de los esclavos, ¿piensas en broma o en serio que hay una categoría de seres humanos que los dioses no consideran dignos ni de su atención ni de su providencia? ¿O tal vez ni siquiera admites a los esclavos en el número de los seres humanos? Escucha, pues, qué indignación tan grande invadió el cielo [3] a causa del tormento de un esclavo. En el año 474 desde la fundación de Roma 205 , un tal Autronio Máximo hizo azotar a un esclavo suyo y, habiéndolo atado al travesaño, lo paseó por el circo antes del inicio del espectáculo. Júpiter se indignó por este motivo y, a través de un sueño, ordenó a un tal Anio que anunciara al Senado que desaprobaba aquel [4] acto lleno de crueldad. Como Anio no se diera por enterado, una muerte repentina consumió a su propio hijo y, tras una segunda advertencia, a la que igualmente no hizo caso, también él se consumió en una súbita debilidad corporal. Por fin, aconsejado por sus amigos, se hizo transportar en litera e informó al Senado, y nada más terminar de hablar, al punto recuperó la buena salud y salió de la curia por su propio pie. Así pues, por decreto senatorial y por la ley Menia 206 , para aplacar [5] a Júpiter se añadió a los Juegos Circenses un día, y se le denominó instauraticius («día de la reanudación»), no por causa del travesaño, como algunos piensan, en griego staurós , sino por causa del restablecimiento (de Anio), como opina Varrón, quien dice que instaurare equivale a instar novare («recobrar el vigor»). Ves cuán gran preocupación [6] por un esclavo llegó hasta el más encumbrado de los dioses. En cambio, a ti, ¿de dónde te viene una aversión tan grande y tan injustificada hacia los esclavos? ¡Como si no estuvieran formados y alimentados de la misma materia que tú, y como si no respiraran el mismo aire desde el mismo principio! ¿Quieres considerar 207 que aquellos a [7] los que llamas tu propiedad nacieron de las mismas simientes que tú, gozan del mismo cielo, viven igual que tú, mueren igual que tú? Son esclavos; o más bien, hombres. Son esclavos; o más bien, compañeros de esclavitud, si consideras que la fortuna tiene el mismo poder sobre ellos que sobre ti. Tienes tú tanta posibilidad de verlo a él libre, como él a ti esclavo. ¿Ignoras a qué edad se convirtió Hécuba en esclava, a cuál Creso, a cuál la madre de Darío, a cuál Diógenes, a cuál el mismísimo Platón? 208 En fin, ¿por qué sentimos tal horror ante el nombre de [8] esclavitud? Es esclavo, sí, pero lo es por fuerza, pero conservando tal vez un espíritu libre. Es esclavo: esto le perjudicaría, si lograras mostrar a alguien que no lo sea. Uno es esclavo de la lujuria, otro de la codicia, todos de la esperanza, todos del temor. Y, desde luego, ninguna [9] esclavitud es más vergonzosa que la voluntaria. Ahora bien, al que está sometido al yugo impuesto por la fortuna, lo pisoteamos como a un ser miserable y vil, pero aquel que nosotros mismos nos colocamos to [10] sobre nuestros cuellos, no toleramos que nadie nos lo critique. Encontrarás entre los esclavos a alguno más fuerte que el dinero 209 ; encontrarás amos que, por esperanza de lucro, besan las manos de esclavos ajenos. Por tanto, no valoraré a los hombres por la suerte que tengan, sino por sus costumbres. Cada cual se impone sus costumbres, el destino adjudica la condición. Tal como es un necio quien, cuando va a comprar un caballo, no inspecciona dicho caballo, sino su albarda y las bridas, del mismo modo es completamente necio quien piensa que se ha de juzgar a un hombre por el vestido o por la condición, que nos ha [11] sido colocada a modo de vestido. Querido Evángelo, no hay por qué buscar amigos sólo en el foro y en la curia. Si escuchas con atención, los encontrarás incluso en casa. Basta con que trates con clemencia a tu esclavo, con amabilidad incluso, y lo admitas en la conversación y a veces en las decisiones urgentes. Pues incluso nuestros antepasados, para ahorrarles toda animadversión a los amos y toda humillación a los esclavos, llamaron al amo padre de familia y a los esclavos familiares. [12] Que tus esclavos te respeten, pues, es preferible, créeme, a que te teman. Alguno podrá decir que estoy arrojando a los amos de su pedestal y, en cierta manera, exhortando a ponerse el gorro de liberto 210 a los esclavos, los cuales, según yo mismo acabo de decir, deben respetar a sus amos más que temerlos. Quien piense así, olvidará que para los amos no es poco lo que para los dioses es suficiente. Además, quien es respetado, también es amado, y el amor no puede coexistir con el temor. [13] ¿De dónde piensas que viene aquel proverbio tan desdeñoso que proclama: «Tenemos tantos enemigos como esclavos»? No los «tenemos», sino que los «hacemos» enemigos, cuando somos extremadamente soberbios, insultantes y crueles con ellos, y cuando los refinamientos nos conducen a tal grado de delirio, que cualquier cosa que no responda a nuestras expectativas provoca nuestra ira y nuestro furor. [14] En efecto, en casa adoptamos las costumbres de los tiranos y pretendemos ejercer contra los esclavos no todo el poder que sea conveniente, sino todo el que podamos. Pues, dejando aparte otras clases de crueldad, hay quienes, mientras con gula se atiborran en la bien colmada mesa, no permiten mover los labios a los esclavos que se encuentran alrededor, ni siquiera para hablar; la vara reprime cualquier murmullo y ni siquiera los involuntarios escapan a los azotes: la tos, el estornudo y el hipo se pagan con un gran castigo. Sucede, así, que estos a los que [15] no se les permite hablar en presencia del amo, hablan de él. En cambio, aquellos que no sólo podían conversar en presencia de sus amos, sino incluso con ellos, aquellos cuya boca no estaba cosida, estaban dispuestos a poner el cuello por su amo y a desviar hacia sus cabezas un peligro que le amenazara: hablaban en los banquetes pero callaban en los tormentos. ¿Quieres que repasemos las virtudes probadas en los [16] corazones de los esclavos?
»Acuérdate, en primer lugar, de Urbino 211 . Condenado a muerte se ocultó en su villa de Reate y, al ser delatado su escondite, uno de sus esclavos, identificándose con el anillo y el vestido del amo, se acostó en lugar del amo en el aposento en el que irrumpían los perseguidores, y al entrar los soldados, ofreció su cuello y recibió el golpe como si fuera Urbino. Más tarde Urbino fue rehabilitado y mandó erigir un monumento en honor del esclavo, añadiendo una inscripción honorífica que evocaba tan meritoria acción.
»Esopo, liberto de Demóstenes 212 , cómplice del adulterio que su [17] patrono había cometido con Julia, torturado durante muchísimo tiempo, resistió sin traicionar a su patrono, hasta que otros confidentes aportaron sus testimonios y el propio Demóstenes confesó.
»Y para que no creas que, sólo siendo uno solo, es cosa fácil poder [18] guardar un secreto, ninguna clase de tormento forzó a los libertos de Labieno 213 a delatar a su amo, al que habían ayudado a esconderse.
»Y para que nadie diga que los libertos debían tal fidelidad más por el beneficio de la libertad recibida que por su índole natural, toma nota de la generosidad de un esclavo hacia su amo, a pesar de que el [19] amo le había castigado. Ancio Restión 214 , proscrito, huyó solo y de noche. Mientras los demás esclavos saqueaban sus bienes, un esclavo con grillos y marcado en la frente, tras la condena del amo, fue liberado gracias a la compasión ajena, y fue en pos del fugitivo y le exhortó a no tener miedo, porque él era consciente de que la afrenta recibida debía achacarla a la fortuna, no al amo; le ayudó a esconderse [20] y le alimentó. Después, al percatarse de que los perseguidores estaban cerca, degolló a un anciano que le brindó el azar, erigió una pira y arrojó en ella el cadáver. Encendió la pira y corrió al encuentro de los que buscaban a Restión, diciendo que el condenado había pagado su culpa y que le había infligido tormentos más crueles que aquellos que el amo le había infligido a él; le creen y deja libre a Restión.
[21] »Más: Cepión 215 estaba dispuesto a asesinar a Augusto. Descubierto el crimen, fue condenado. Un esclavo le porteó en un cofre hasta el Tíber, y le transportó hasta Ostia; desde allí lo condujo, viajando de noche, hasta la villa de su padre en el territorio de Laurento. Más tarde, le acompañó en su huida por mar, y habiendo naufragado juntos, ocultó discretamente a su amo en Nápoles, y aunque fue sorprendido por un centurión, ni con recompensas ni con amenazas pudieron persuadirle a traicionar a su amo.
[22] »Más aún: cuando Asinio Polión 216 conminó, implacable, a los paduanos a que entregaran su dinero y sus armas, los amos se escondieron y Asinio prometió una recompensa y la libertad a los esclavos que delataran a sus amos, pero es bien sabido que ninguno de esos esclavos, seducido por la recompensa, traicionó a su amo.
[23] »Presta atención 217 : en los esclavos no sólo hay fidelidad, sino también un talento rico en buenas ideas. Durante el asedio de Grumento 218 , unos esclavos abandonaron a su dueña y se pasaron al enemigo. Capturada luego la ciudad, se pusieron de acuerdo y asaltaron la casa, y sacando por la fuerza a su dueña, adoptaron un aspecto amenazador asegurando a quienes se topaban por el camino que por fin se les ofrecía la ocasión de castigar a una dueña cruel. Pero mientras la arrastraban como si la condujeran al tormento, la protegieron con atenciones llenas de piedad.
»Mira cómo en la condición de esclavo también hay una grandeza [24] de ánimo, que prefiere la muerte al deshonor. Cuando Gayo Vetio 219 , un pelignio de Itálica 220 , fue arrestado por sus propias cohortes para entregarlo a Pompeyo, un esclavo suyo le mató, y luego se suicidó para no sobrevivir a su amo.
»Cuando Gayo Graco 221 huía del Aventino, un esclavo, Éuporo o, [25] según cuentan algunos, Filócrates, fue su compañero inseparable mientras hubo alguna esperanza de salvación, y le protegió en la medida en que le fue posible; más tarde, muerto su amo, exhaló su alma sobre su cadáver abriéndose las entrañas con su propia espada.
»El propio Publio Escipión, el padre del Africano 222 , tras haber librado [26] batalla con Aníbal, fue herido y un esclavo le colocó sobre un caballo, y mientras los demás le abandonaban, él solo lo condujo al campamento.
»Quizás sea poca cosa el hecho de que sirvieran a sus amos, mientras [27] éstos estaban con vida. ¿Qué decir del hecho de que también en los esclavos descubrimos el ardor de vengarlos? En efecto, un esclavo del rey Seleuco 223 , como estuviera al servicio de un amigo del asesino de su amo, lo mató mientras comía para vengarlo.
[28] «¿Qué decir del hecho de que dos virtudes que entre los nobles son especialmente brillantes las encuentro reunidas en un esclavo, a saber, [29] el arte de ejercer el poder y la nobleza para desdeñarlo? En efecto, Anaxilao el Mesenio 224 , el fundador de Mesina en Sicilia, fue tirano de Regio 225 . Dejando, al morir, hijos pequeños, se obstinó en encomendárselos a su esclavo Micito. Éste desempeñó la tutela de forma irreprochable y ejerció el poder con tal moderación, que los habitantes de Regio no consideraron indigno ser gobernados por un esclavo. Cuando los niños alcanzaron la mayoría de edad, les entregó los bienes y el poder, y él, tomando una pequeña cantidad de dinero, se marchó, y envejeció en Olimpia en la más absoluta tranquilidad.
[30] »No pocos ejemplos demuestran cómo la condición de esclavos fue también provechosa para el bien común. Durante la Guerra Púnica, ante la falta de reclutas, los esclavos que juraron combatir en lugar de sus amos recibieron el derecho de ciudadanía, y se les dio el nombre de volones , «voluntarios», porque tomaron esta decisión voluntariamente [31] 226 . Además, tras la derrota romana en Cannas, ocho mil esclavos, comprados por el Estado a sus amos, sirvieron como soldados, y aunque hubiera salido más barato rescatar prisioneros, el Estado prefirió confiar su destino a los esclavos en medio de tan gran calamidad. Más aún, tras el desastre de la célebre derrota de Trasimeno 227 , incluso [32] los libertos fueron invitados a prestar juramento militar. Durante la Guerra Social 228 , doce cohortes compuestas de libertos dieron muestras de un valor memorable. Sabemos que Gayo César 229 , teniendo que reemplazar los soldados perdidos, aceptó también los esclavos de sus amigos y se sirvió de su valeroso esfuerzo. César Augusto reclutó, en Germania y en el Ilírico, un gran número de cohortes de libertos y las llamó voluntarias 230 . Y para que no pienses que estos ejemplos sólo [33] tienen lugar en nuestra república, los habitantes de Borístenes 231 , durante el asedio de Zopirión, liberaron a sus esclavos, concedieron la ciudadanía a los extranjeros e hicieron nuevas listas de reclutamiento, y pudieron resistir al enemigo. Cleómenes el Lacedemonio 232 , como [34] sólo le quedaran mil quinientos lacedemonios capaces de empuñar las armas, enroló a nueve mil soldados de entre esclavos liberados. También los atenienses 233 , cuando se agotaron los recursos del Estado, otorgaron la libertad a sus esclavos.
»Y para que tampoco pienses que, entre los esclavos, las virtudes [35] sólo se manifiestan en el sexo masculino, escucha un hecho no menos memorable protagonizado por esclavas: no hallarás otro más provechoso para el Estado entre la nobleza. En las nonas de julio 234 se celebra [36] la fiesta de las esclavas; el hecho es tan conocido por todo el mundo, que nadie ignora el origen y causa de tal festividad. Pues, ese día, las mujeres libres y las esclavas ofrecen juntas un sacrificio a Juno Caprotina 235 bajo una higuera salvaje en memoria del valor abnegado que se manifestó en los corazones de las esclavas para salvaguardar la [37] dignidad del Estado. En efecto, tras la captura de Roma, aunque la invasión gala había cesado 236 , como la República había quedado debilitada, los pueblos vecinos, acechando la oportunidad de invadir el territorio romano, designaron como caudillo a Postumio Livio, dictador de Fidenas 237 , quien envió emisarios al Senado exigiendo que, si querían conservar los restos de su ciudad, les entregaran las matronas y las [38] doncellas. Mientras los senadores deliberaban indecisos en aquel momento crítico, una esclava llamada Tutela o Filótide prometió que ella y las demás esclavas irían al campamento enemigo, haciéndose pasar por sus dueñas. Habiéndose vestido, pues, como las matronas y las doncellas, fueron entregadas a los enemigos, acompañadas por un séquito [39] de lágrimas como prueba de dolor. Después de que Livio las hubiera distribuido por el campamento, incitaron a los hombres a atiborrarse de vino, fingiendo que para ellas aquél era un día de fiesta. Cuando estuvieron amodorrados, dieron la señal a los romanos desde [40] una higuera salvaje cercana al campamento. Tras la incursión repentina y victoriosa, el Senado, no olvidándose de la noble acción, decretó que todas las esclavas fueran liberadas, les otorgó una dote a expensas del erario público, les permitió llevar el atavío que entonces usaban, y llamó a aquella jornada Nonas Caprotinas por la higuera salvaje (caprificus) desde la cual se dio la señal de la victoria, y además instituyó la celebración anual de un sacrificio, para el cual se emplearía, en conmemoración del hecho precedente, la leche que mana de la higuera salvaje.
[41] »Pero la inteligencia de los esclavos fue también apta y capaz para las reflexiones filosóficas 238 . Fedón, que formaba parte de la escuela de Sócrates y era amigo íntimo del propio Sócrates y de Platón, hasta el punto de que éste le dedica aquel libro divino acerca de la inmortalidad del alma, fue un esclavo de aspecto e inteligencia propios de un hombre libre. Un discípulo de Sócrates, Cebes 239 , lo compró y le instruyó en las disciplinas filosóficas, y luego él mismo destacó como ilustre filósofo, y aún se leen sus elegantes diálogos sobre Sócrates. [42] Hubo otros muchos esclavos que luego fueron célebres filósofos. Uno de ellos fue el ilustre Menipo 240 , cuyos libros imitó Marco Varrón en sus Sátiras , que otros llaman Cínicas , y él mismo, Menipeas 241 . Pero también Pómpilo, el esclavo del peripatético Teofrasto 242 , y el esclavo del estoico Zenón 243 que se llamaba Perseo, y el de Epicuro 244 , de nombre Mis, fueron filósofos bastante célebres en su época. Incluso Diógenes el Cínico 245 , aunque nacido libre, fue vendido como esclavo. Deseoso [43] de comprarlo, Jeníades de Corinto le preguntó qué sabía hacer; Diógenes le respondió: «Sé gobernar a los hombres libres (liberi) ». Entonces Jeníades, maravillado ante su respuesta, lo compró, lo manumitió y confiándole a sus propios hijos, le dijo: «Toma a mis hijos (liberi) , y gobiérnalos 246 ». En cuanto al famoso filósofo Epicteto 247 , el [44] hecho de que también él fue un esclavo, la memoria es demasiado reciente como para que pueda ignorarse en el olvido. Se mencionan incluso [45] dos versos suyos, que escribió sobre sí mismo, de los cuales puedes deducir un sentido latente, a saber: que de ningún modo los dioses odian a aquellos que en esta vida luchan contra una multitud de tribulaciones, sino que hay unas causas ocultas a las cuales sólo puede llegar la curiosidad de unos pocos:
Yo soy el esclavo Epicteto, de cuerpo contrahecho ,
pobre como Iro, y caro a los dioses 248 .
[46] »Tienes, creo, la prueba de que la condición de esclavo no debe ser mirada con menosprecio, puesto que hasta Júpiter se preocupó por un esclavo y consta que muchos de ellos fueron leales, cautos, valientes y hasta filósofos. Ahora voy a decir unas pocas palabras acerca de las Sigilares, para que no pienses que prefiero hablar de temas placenteros [47] más que de asuntos religiosos. Según Epícado 249 , Hércules, tras dar muerte a Gerión, mientras conducía, victorioso, sus rebaños por Italia, desde el puente que ahora llaman Sublicio, construido para la ocasión, arrojó al río estatuas con forma humana, tantas como compañeros le había hecho perder el azar de la aventura, con la intención de que la corriente favorable las arrastrara hasta el mar, en lugar de los cadáveres, y de este modo aquellos hombres fueran, por así decirlo, devueltos a la tierra de sus ancestros. Y de aquí quedó entre las prácticas del [48] culto el hábito de modelar tales figurillas. Pero considero más plausible el origen de esta costumbre que recuerdo haber mencionado algo más arriba 250 : los pelasgos, tan pronto como una interpretación más acertada les reveló que no se trataba de cabezas de seres humanos, sino de figurillas de barro, y que el término phōtós no sólo significa «hombre», sino también «luz», empezaron a preferir encender cirios en honor de Saturno y a llevar al santuario de Dite, contiguo al altar de Saturno [49], estas figurillas en lugar de sus propias cabezas. De aquí nace la tradición de enviar velas de cera durante las Saturnales, y de modelar y poner a la venta las figurillas de barro, a fin de que los hombres hagan expiación, por sí y por los suyos, ante Saturno en lugar de Dite. [50] Por esta razón, el ajetreo de tales intercambios, que comenzó el día de las Saturnales, abarca siete días, ajetreo que, no obstante, hace que sean días inhábiles, pero no todos ellos días de fiesta religiosa. Pues hemos constatado que sólo el día central, esto es, el decimotercero antes de las calendas 251 , es un día de fiesta religiosa, y así quedó demostrado mediante otras consideraciones por aquellos que han tratado con más detalle la división del año, de los meses, de los días, y de la ordenación del calendario realizada por Gayo César.
DIVISIÓN DEL AÑO POR RÓMULO
Como Pretextato quisiera poner aquí fin a sus palabras, intervino [12 ] entonces Aurelio Símaco:
—¿Por qué no prosigues, Pretextato, y nos explicas también, con tu dulce elocuencia, lo que tenga que ver con el año, antes de que experimentes molestas preguntas, si es que alguno de los presentes ignora qué ordenación tenía el año entre los antiguos y cuál luego cuando fue reformado según reglas más precisas? La curiosidad por saber esto, me parece que tú mismo la provocaste en los oyentes, cuando hiciste alusión a los días añadidos al mes.
Entonces Pretextato, retomando el hilo de su discurso, tejió el resto:
—Sólo entre los egipcios tuvo el año siempre una duración precisa 252 . [2] En los demás pueblos, la duración del año oscilaba, con desigual número de días, pero con igual error. Y por citar sólo la costumbre de algunas regiones, los arcadios dividían su año en tres meses, los acarnienses en seis, y los restantes griegos calculaban su año en trescientos cincuenta y cuatro días 253 . Ante tal diversidad, nada extraña que también [3] los romanos hace tiempo, a instigación de Rómulo 254 , tuvieran su propio año ordenado en diez meses, año que empezaba a partir de marzo y se acababa al cabo de trescientos cuatro días 255 , de tal manera que seis meses, a saber, abril, junio, sextilis , septiembre, noviembre y diciembre, eran de treinta días cada uno, y, en cambio, cuatro meses, a saber, marzo, mayo, quintilis y octubre, disponían de treinta y un días cada uno; estos últimos aún hoy tienen las nonas el día 7, los demás el [4] día 5. Por otra parte, para los meses que tienen las nonas el 7, las calendas retoman, a partir de las idus, diecisiete días después, mientras que para los meses que tienen las nonas el 5, el retorno de las calendas no se efectúa hasta el decimoctavo día.
[5] »Ésta fue la ordenación de Rómulo, quien dedicó el primer mes del año a Marte, su progenitor 256 . En cuanto a que marzo sea el primer mes del año, la mejor prueba es el hecho de que quintilis es el quinto mes a partir de marzo, y los siguientes meses se denominan según [6] su número 257 . Es más, el primer día de este mes, se encendía el fuego del altar de Vesta 258 , para que, al comenzar el año, empezara de nuevo la preocupación de preservar el fuego renovado. Asimismo, al comienzo de dicho mes, en la Regia, en las curias y en las casas de los flámines 259 , se reemplazaban los antiguos laureles por otros laureles nuevos. Es igualmente el mes en que los romanos ofrecen sacrificios públicos y privados a Anna Perenna, para poder pasar el año (annare) y vivir [7] mucho tiempo (perennare) sin dificultades 260 . En este mes, se le pagaba a los maestros los honorarios que se les debían del año anterior, se inauguraban con auspicios los comicios, se arrendaba la recaudación de los impuestos y las matronas servían la comida a sus esclavos, tal como los amos en las Saturnales: ellas, al principio del año, para estimular a los esclavos, con este honor, a la pronta obediencia; ellos, para darles las gracias, por así decirlo, por el trabajo ya hecho.
»Al segundo mes, Rómulo lo llamó abril (Aprilis) , según algunos [8] piensan con aspiración, esto es, «afril» (Aphrilis) , a partir de la espuma, que los griegos llaman aphrós , de donde se cree que nació Venus 261 . Y éste —aseguran— fue el propósito de Rómulo: designar precisamente el primer mes con el nombre de su padre, el segundo con el de la madre de Eneas, Venus, y que fueran éstos, sobre todo, quienes tutelaran el inicio del año, los fundadores de la raza romana, dado que aún hoy, en las ceremonias sagradas, invocamos a Marte padre y a Venus madre. Otros piensan que Rómulo, bien por una sabiduría más [9] elevada, bien por la providencia de una divinidad particular, ordenó los primeros meses de tal manera que, si bien el primer mes estaba consagrado a Marte, dios que mata con frecuencia a los hombres, tal como dijo Homero, conocedor de su naturaleza:
Ares, Ares, flagelo de la humanidad, sanguinario, destructor de murallas 262
el segundo mes estuviera dedicado a Venus, de forma que, de alguna manera, su benevolencia templara la violencia de aquél. De hecho, [10] también en los doce signos del zodíaco, considerados como casas concretas de divinidades concretas, mientras que el primer signo, Aries, seasignó a Marte, el que le sigue a continuación, es decir, Tauro, acogió [11] a Venus. Y a su vez Escorpio, en la casa de enfrente, está emplazado de tal manera que es compartido por ambos dioses. Y para que nadie piense que tal distribución carece de una lógica divina, si bien es cierto que la parte posterior, armada con un aguijón, como si fuera un arma poderosísima, es la casa de Marte, la parte anterior, que los griegos llaman Zygós y nosotros llamamos Libra («Balanza»), la recibió Venus, la cual, como si los unciera bajo un yugo equilibrado, aúna [12] matrimonios y amistades. Sin embargo, Cingio, en el libro que dejó Sobre los fastos 263 , dice que opinan neciamente quienes dicen que los antiguos dieron su nombre al mes de abril por Venus, puesto que nuestros antepasados no sólo no instituyeron durante este mes ningún día festivo ni ningún sacrificio solemne en honor de Venus, sino que ni siquiera en los cantos de los Salios se eleva una alabanza en honor de [13] Venus como sí se hace en honor de los demás dioses celestiales. Con Cingio también está de acuerdo Varrón, quien afirma que el nombre de Venus ni siquiera existía en Roma en tiempos de los reyes, ni en latín ni en griego, y que, por consiguiente, el mes no pudo tomar su nombre [14] de Venus. Más bien, como casi siempre, antes del equinoccio de primavera, el cielo está triste y cubierto de nubes, pero también el mar está cerrado a la navegación, e incluso las tierras mismas están cubiertas por las aguas, la escarcha o las nieves, y todas estas cosas «se abren» (aprire) con la primavera, es decir, en este mes, también los árboles e igualmente las demás cosas que contiene la tierra, empiezan a «abrirse» (aprire) para germinar, por todas estas razones hay que creer que con razón el mes se llama Aprilis , por Aperilis , tal como los atenienses llaman al mismo mes Anthestērión («mes de las flores»), porque en [15] esta época del año todo florece. Con todo, Verrio Flaco 264 no niega que más tarde se instituyó que las matronas celebraran un sacrificio ese día en honor de la madre Venus 265 . Pasaré por alto la causa de este hecho, ya que no viene al caso.
»En cuanto a mayo, Rómulo colocó este mes en tercer lugar. Sobre [16] su nombre hay un gran desacuerdo entre los autores. Pues Fulvio Nobilior 266 en los Fastos que hizo colocar en el templo de Hércules de las Musas, dice que Rómulo, tras dividir al pueblo entre adultos (maiores) y jóvenes (iuniores) 267 , para que velaran por la República, los unos con su consejo, los otros con las armas, para honrar a una y otra clase, llamó a este mes mayo (Maius) y al siguiente junio (Iunius). Según [17] otra tradición, este mes pasó a nuestro calendario procedente de Túsculo, donde aún hoy invocan al dios Mayo (Maius) , que no es otro que Júpiter, llamado así, sin duda, por su grandeza (magnitudo) y majestad (maiestas). Cingio 268 piensa que el mes toma su nombre de Maya, la [18] esposa, según él, de Vulcano 269 , con el argumento de que el flamen de Vulcano realiza un sacrificio en honor de esta diosa en las calendas de mayo. Pero Pisón 270 asegura que la esposa de Vulcano se llama Mayesta, no Maya. Otros pretenden que fue Maya, la madre de Mercurio, [19] quien dio nombre al mes, aduciendo sobre todo como prueba el hecho de que en este mes todos los mercaderes celebran sacrificios en honor [20] de Maya y de Mercurio conjuntamente. Algunos afirman, y con ellos está de acuerdo Cornelio Labeón 271 , que esta Maya en cuyo honor se celebran sacrificios en el mes de mayo, es la tierra, que toma este nombre por su grandeza (magnitudo) , del mismo modo que en los sacrificios se le invoca también como Gran Madre (Mater Magna) 272 , y como prueba de su afirmación arguyen el hecho de que se le inmola una cerda preñada, que es la víctima característica de la tierra. Y en cuanto a Mercurio, se asocia a ella en los sacrificios, dicen, por la siguiente razón: porque la voz se le da al hombre, al nacer, por contacto con la tierra, y sabemos, por otra parte, que Mercurio tiene dominio sobre la [21] palabra y el lenguaje. Cornelio Labeón atestigua que en las calendas de mayo fue dedicado un templo a esta Maya, es decir, a la tierra bajo la advocación de Bona Dea, y asegura que el rito tan secreto de su culto puede ser una prueba de la identidad de la Bona Dea y la tierra 273 ; esta misma divinidad, añade, es invocada en los libros de los pontífices [22] como Bona, Fauna, Ops y Fatua: Bona, porque genera todo aquello que es bueno para nuestra alimentación; Fauna, porque favorece (favet ) todo lo que es útil para los seres vivos 274 ; Ops («Ayuda»), porque la vida existe gracias a su auxilio; Fatua, derivado de fari («hablar»), porque, como ya hemos dicho, los recién nacidos no emiten su voz [23] hasta que no han tocado la tierra. Hay quienes afirman que esta diosa tiene el poder de Juno y que por ello se le añadió un cetro real en la mano izquierda. Otros creen que ella es Prosérpina, y que se le inmola una puerca, porque es el animal que devoró la cosecha que Ceres ofrendó a los mortales. Otros creen que es Chthonía Hekátē («Hécate de los Infiernos»); los beocios, Sémele 275 . Asimismo hay quienes dicen [24] que es hija de Fauno, y que se resistió a los deseos de su padre, enamorado de ella, hasta el punto de que el padre la azotó con una vara de mirto, por no haber cedido a su capricho ni siquiera atiborrada de vino. Se cree, no obstante, que el padre se metamorfoseó en serpiente y copuló con su hija. De todos estos hechos, se aportan los indicios siguientes: [25] es sacrilegio llevar una vara de mirto en su templo; sobre su cabeza se extiende una parra, el instrumento principal con el que su padre intentó seducirla; al vino que se lleva a su templo normalmente no se le llama vino, sino que al vaso en el que sirve el vino se le llama vaso de miel, y al vino, leche 276 ; las serpientes que hay en su templo se muestran indiferentes, ni infunden miedo ni sienten temor. Algunos [26] opinan que es Medea, porque en su templo hay toda clase de hierbas, con las cuales los sacerdotes suelen elaborar medicamentos, y porque en su templo no les está permitido entrar a los hombres, a causa del ultraje que ella sufrió por culpa de su ingrato esposo Jasón. Los griegos [27] la llaman theòs gynaikeía , «diosa de las mujeres», y Varrón cuenta que la hija de Fauno era tan pudorosa que jamás salió fuera del gineceo y su nombre nunca fue oído en público, y jamás vio ella a un hombre y ningún hombre la vio jamás a ella 277 ; por estas razones, los hombres no entran en su templo. De aquí viene también la prohibición hecha a [28] las mujeres en Italia de participar en el culto de Hércules, porque cuando el héroe arreaba los bueyes de Gerión por los campos de Italia, una mujer le respondió al sediento Hércules que no le podia dar agua, porque se celebraba el día de la diosa de las mujeres y la ley divina no permitía a los hombres catar nada de aquella ceremonia. A causa de esto, Hércules, que iba a celebrar un sacrificio, apartó con imprecaciones la presencia de las mujeres, y ordenó a Poticio y a Pinario, los guardianes de su culto 278 , que no permitieran la presencia de mujeres. He [29] aquí que la ocasión del nombre, gracias al cual dijimos que esta Maya era tanto la tierra como la Bona Dea, nos ha obligado a exponer todo lo que sabemos sobre la Bona Dea.
Darmowy fragment się skończył.