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Luis Chiozza

OBRAS COMPLETAS

Tomo XX

El interés en la vida

y otros escritos



Chiozza, LuisObras completas de Luis Chiozza : el interés en la vida y otros escritos . - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2014.E-Book.ISBN 978-987-599-408-91. Psicología. 2. Psicoanálisis. I. TítuloCDD 150.195

Diseño de tapa: Silvana Chiozza

© Libros del Zorzal, 2008

Buenos Aires, Argentina

Libros del Zorzal

Printed in Argentina

Hecho el depósito que previene la ley 11.723

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Índice

El interés en la vida

Sólo se puede ser siendo con otros | 11

Prólogo | 14

Primera partev

Acerca de la vida en crisis | 17

I

La vida y nuestra vida | 18

Los dos aspectos en los que se nos presenta la vida | 19

¿En qué mundo vivimos? | 20

Nuestra vida sabe y hace, más allá de lo que sabemos y hacemos | 21

Los otros y yo | 22

¿Un lugar para el alma? | 23

La vida interesada se vuelve interesante | 23

II

Lo que nos hace la vida que hacemos | 26

Las cosas, o los hechos, de la vida | 26

Acerca de un hacer que deshace algo de lo que “ya está hecho” | 29

Los prejuicios, los hábitos y los errores | 32

III

Sobre lo que nos hace falta | 36

Nuestra primera falta | 36

La necesidad de ser protagonista y el afán de reconocimiento | 39

La pertenencia, el solar y los sustitutos espurios | 42

Las vicisitudes de una cuarta falta | 44

Segunda parte

Acerca de la crisis en el mundo | 47

IV

Los cambios actuales en la visión del mundo | 48

La geometría de la naturaleza | 48

La complejidad y el caos | 51

Los cambios extraños del caos al orden | 53

Bucles recursivos y autodeterminación de las redes | 55

V

El mundo en que vivimos | 59

Las relaciones entre la superstición y la ciencia | 59

Sistemas, formas y modelos | 60

Acerca de los males y los malos | 64

VI

El puesto del hombre en el cosmos | 69

La dimensión humana | 69

El pensamiento racional | 71

La consciencia de sí | 73

La capacidad simbólica | 75

La humanidad del hombre | 76

Tercera parte

Acerca de los modos de vivir la vida | 78

VII

El dolor que vale lo que vale la pena | 79

La felicidad, el dolor y la pena | 79

Acerca de los cambios que denominamos catástrofes | 81

El quéhacer con la pena | 82

Los duelos que se adeudan | 84

Obstruyendo el camino de la vida | 86

VIII

Acerca de morir en forma | 88

Acerca de morir y de “estar” muerto | 88

La muerte de ese alguien que llamamos “yo” | 91

Acerca de vivir en paz y de morir en forma | 93

IX

El presente nuestro de cada día | 96

Entre la nostalgia y el anhelo | 96

La sustancia de los sueños | 98

La iluminación del presente | 101

Tú y yo, intimidad y distancia | 103

Cuarta parte

X

Los afectos reprimidos que nos arruinan la vida | 107

Acerca de los afectos reprimidos | 107

Las cosas que cada uno tiene | 109

Encuentros anodinos y encuentros turbulentos | 111

Curiosidad y ternura | 114

XI

La interferencia en la convivencia | 116

La importancia que uno tiene | 116

Coincidencia, disidencia y reciprocidad | 119

La cola que mete el diablo | 121

XII

A mi manera | 124

Una contribución de la sociología | 124

Más allá de la rivalidad de Edipo | 126

El poder y la fama | 127

Tiene que ser a mi manera | 129

EPÍLOGO | 132

Índice de autores citados (en orden alfabético) | 138

Otros escritos

Seminarios de los jueves | 141

Clínica psicoanalítica | 141

Clínica psicoanalítica | 155

Cuando decimos amar, ¿todos entendemos lo mismo? ¿Cuál es la definición del verbo amar? | 169

¿Qué se ama cuando se ama? ¿Existen formas “normales” y “patológicas” de amar? | 171

El amor “verdadero” | 175

El odio “verdadero” | 177

Ser padre | 179

El falso privilegio del padre | 179

Acerca de la existencia de dos mundos | 180

Acerca del sentimiento de injusticia | 183

Ser padre | 185

La historia que se esconde en el cuerpo | 188

Una vida psíquica inconsciente | 188

La enfermedad y el drama | 191

Bibliografía | 195

El psicoanálisis de lo que ocurre en el cuerpo | 196

La cualidad psíquica y la capacidad simbólica del cuerpo | 196

Percepción de la materia e interpretación de la historia | 200

Los símbolos heredados y universales | 202

El lenguaje fundamental | 203

Bibliografía | 206

Acerca de las categorías “psíquico” y “somático” | 208

Acerca de las cualidades que “son” de los objetos | 209

Acerca de los fenómenos que sólo “son” físicos | 213

Acerca de la conversión histérica | 216

¿A qué se refiere la expresión “compromiso somático”? | 217

Acerca de las características de la consciencia | 219

Hacer consciente lo inconsciente | 221

Acerca de lo concreto y de lo abstracto | 224

Acerca del mundo y el yo | 226

Deformación “patosomática” de los afectos | 232

El “compromiso somático” en la histeria | 233

Acerca de la función de la consciencia | 235

Una breve introducción aclaratoria | 238

Acerca del dormir | 239

Acerca del soñar | 243

Acerca del letargo | 247

Bibliografía | 249

Notas para el diccionario argentino de psicoanálisis9 | 251

Psiquismo fetal | 251

Bibliografía | 254

Fantasías específicas | 254

Bibliografía | 256

Simbolización | 256

Bibliografía | 261

Procesos primario y secundario | 261

Bibliografía | 263

Represión de los afectos | 263

Bibliografía | 265

La conciencia | 265

Bibliografía | 270

Interpretación de la transferencia | 270

Bibliografía | 275

Enfermar y sanar | 276

La definición de enfermedad | 276

Cambios en la noción de enfermedad | 278

La enfermedad en nuestro tiempo | 279

Cómo y por qué se alcanza la condición de enfermo | 281

La relación entre el cuerpo y el alma | 283

Una vida psíquica inconsciente | 285

La enfermedad y el drama | 287

La historia que se esconde en el cuerpo | 289

El camino de vuelta a la salud | 291

El duelo | 294

Hay cosas que no valen lo que vale la pena | 296

La resignificación de una historia | 298

Referencias bibliográficas | 300

Las normas morales | 301

La conciencia moral | 303

El origen de los valores | 305

Acerca del bien y del mal | 307

Acerca de los “problemas de conciencia” | 310

La crisis axiológica | 313

La universalidad de los valores | 315

Acerca de las relaciones entre la razón y la intuición | 317

Los fundamentos racionales de la certidumbre | 319

Hasta qué punto se puede confiar en la intuición | 322

Bibliografía | 329

Acerca del autor y su obra

Títulos obtenidos | 331

Cargos y funciones desempeñados | 331

Premios y distinciones obtenidos | 333

Antecedentes docentes | 334

Coordinación de grupos de estudio | 336

Coordinación de ateneos clínicos | 336

Cursos en argentina | 337

Visitas del exterior y stages | 339

Cursos en el exterior | 339

Actividades científicas coordinación de grupos de investigación | 346

Conferencias | 347

Mesas redondas | 355

Congresos y simposios nacionales | 359

Internacionales | 364

Contribuciones científicas y publicaciones | 369

Tareas asistenciales Carrera médico-hospitalaria | 379

Práctica de clínica médica | 379

Práctica psicoanalítica | 380

Coordinación de ateneos de estudios Patobiográficos en el cwcm | 380

Supervisiones en el país y en el exterior | 380

Invitaciones a instituciones del extranjero | 380

Presentaciones de libros | 383

Ediciones de libros | 385

Entrevistas y comentarios periodísticos | 393

EL INTERÉS EN LA VIDA

SÓLO SE PUEDE SER SIENDO

CON OTROS

(2012)

Referencia bibliográfica

CHIOZZA, Luis (2012), El interés en la vida. Sólo se puede ser siendo con otros, Buenos Aires, Libros del Zorzal.

Para mi hijo Gustavo,

con gratitud, admiración y cariño.

Prólogo

Cuando escribí, hace ya seis años, Las cosas de la vida, composiciones sobre lo que nos importa, intenté describir cuáles son las experiencias y las circunstancias que nos colocan en los umbrales de la enfermedad. De más está decir que como ocurre siempre, cuando uno intenta comunicar lo que piensa, el primero de los beneficios que obtiene es que uno se da cuenta de los baches, de las inconsistencias de su propio pensamiento, y recibe de ese modo el bienvenido regalo de comprender mejor lo que pensaba y, más aún, lo que sentía embargado en sus propias reflexiones. En eso el escritor no se diferencia del artista, que no sólo construye una obra, sino que “se realiza” en ella hasta el punto en que el ser humano que la lleva a término ya no es el mismo que era en el momento en que sintió la necesidad de comenzarla.

Las cosas de la vida (que también fue publicado en italiano) fue muy bien recibido por un amplio grupo de lectores, con muchos de los cuales tuve la fortuna de continuar el diálogo. Nuevas investigaciones, y nuevas escrituras, también contribuyeron con sus propias substancias para conmover mis “personales” experiencias cotidianas, entretejidas con el ejercicio de la psicoterapia, a la cual dedico mis afanes.

Así que el efecto que esas reflexiones ejercieron sobre mis pensamientos y sobre mi forma de sentir la vida continuó más allá del período en que me dediqué a la escritura de aquel libro; y en los seis años transcurridos fue quedando en mi ánimo, como un sedimento que decanta, una especie de línea argumental que enhebra las distintas y típicas “cosas de la vida”, en un “hilo” que las muestra como ramas que derivan de un mismo tronco que las nutre. Quizás haya otros troncos que aportan su alimento en las complejas relaciones de la trama con que la vida revela sus inclinaciones simbióticas. Pero el que sedimentó en mi ánimo y lo impregna ha crecido junto con el deseo y la necesidad de compartirlo.

El rótulo que podríamos colocar sobre ese tronco, y que, como el que usan los botánicos, define al espécimen, es el que corresponde al subtítulo de este libro: Sólo se puede ser siendo con otros. La suficiencia o el déficit de ese ser con los otros definen la magnitud que alcanza la cualidad fundamental que el título designa: El interés en la vida.

Tal como revela la etimología de la palabra interés, se trata de interessere, de ser “entre” otros, y en esa ineludible realidad de la vida, que ocurrirá bien o mal, pero que siempre ocurre, reside la forma buena o mala en que nos alcanzarán las cosas de la vida, aquellas que sin poder evitarlo nos importaron, nos importan y nos importarán mucho más de lo que a veces preferimos creer.

Los capítulos de este volumen intentan mostrar, casi esquemáticamente (centrándose en las ramas y dejando el follaje, cuyos detalles escapan a las posibilidades de un libro singular) no sólo las distintas vicisitudes, sino también las circunstancias del mundo en que vivimos, que nos conducen hacia las formas habituales en que la ineludible condición de ser entre otros, conviviendo, ingresa a veces en pesadumbres y carencias que son típicas de las épocas que una vida recorre.

Contemplar desde ese ángulo las pesadumbres y carencias que suelen colocarnos “en los umbrales de la enfermedad” no sólo nos ilumina “desde el alma” lo que muchas veces sucede en el cuerpo, también nos permite comprender cómo el alma se “conforma”, mejor o peor, resonando a su manera con el espíritu que impregna su entorno.

Debo decir todavía que no he escrito estas páginas con la única necesidad de esclarecer mi pensamiento “en la soledad” de su escritura. Lo hice porque necesito ser siendo con otros que, como tú, que ahora estás leyendo este prólogo, y a quien he tratado de imaginar cuando escribía, dan sentido a mi vida. Quizás tampoco sea un libro para leer “en soledad”, porque “el follaje” que le falta puede ser contemplado con los ojos, y con la compañía, de los recuerdos y de los anhelos personales.

Si es cierto que vivimos como vive un pájaro en el cielo, que vuela con los otros constituyendo una forma fractal que ninguno de ellos puede contemplar, sólo me resta expresar mi esperanza de que esta comunicación fructifique, aunque sea más allá de mi consciencia.

Buenos Aires, diciembre de 2011

Primera parte

ACERCA DE LA VIDA EN CRISIS

I

La vida y nuestra vida

Schopenhauer señala que cuando uno llega a una edad avanzada y evoca su vida, esta parece haber tenido un orden y un plan, como si la hubiera compuesto un novelista. Acontecimientos que en su momento parecían accidentales e irrelevantes se manifiestan como factores indispensables en la composición de una trama coherente. ¿Quién compuso esa trama? Schopenhauer sugiere que, así como nuestros sueños incluyen un aspecto de nosotros mismos que nuestra consciencia desconoce, nuestra vida entera está compuesta por la voluntad que hay dentro de nosotros. Y así como personas a quienes aparentemente sólo conocimos por casualidad se convirtieron en agentes decisivos en la estructuración de nuestra vida, también nosotros hemos servido inadvertidamente como agentes, dando sentido a vidas ajenas. La totalidad de estos elementos se une como una gran sinfonía, y todo estructura inconscientemente todo lo demás; el grandioso sueño de un solo soñador donde todos los personajes del sueño también sueñan.

Todo guarda una relación mutua con todo lo demás, así que no podemos culpar a nadie por nada. Es como si hubiera una intención única detrás de todo ello, la cual siempre cobra un cierto sentido, aunque ninguno de nosotros sabe cuál es, o si ha vivido la vida que se proponía.

Joseph Campbell

Citado por J. Briggs y D. Peat en El espejo turbulento

Los dos aspectos en los que se nos presenta la vida

De acuerdo con lo que señala Ortega y Gasset, los griegos disponían de dos palabras distintas, zoe y bios, para referirse a lo que en nuestro idioma denominamos vida. Con la primera designaban a la vida de los seres que consideramos animados, dotados de intención. Con la segunda se referían a la vida que cada uno de nosotros siente como propia, la misma a la cual aludimos cuando decimos, por ejemplo, que la vida es dura, o que es impredecible.

La vida que percibimos cuando contemplamos “desde afuera” a los otros seres vivos, la que los griegos denominaban zoe, es lo que estudia la ciencia que, paradójicamente, se llama biología. La vida que sentimos “desde adentro”, la que los griegos designaban bios, es en cambio nuestra vida, que también atribuimos, sin dudar, a nuestros semejantes, y es a esa vida que solemos referirnos cuando pensamos en una vida en crisis. Vale la pena subrayar que “desde afuera” y “desde adentro”, son expresiones metafóricas que habitualmente usamos, y que no pretenden aludir a una frontera entre dos espacios físicos concretos.

A grandes rasgos diríamos que la biología “clásica”, como una ciencia de la naturaleza que deriva de la física y la química e investiga los aspectos materiales de la vida, se ocupa del cuerpo y de los mecanismos fisicoquímicos que lo integran y que trascurren en su espacio físico interior, pero también de los movimientos que ese cuerpo realiza en el espacio exterior que constituye su entorno. En cuanto a la exploración de “nuestra” vida, diríamos en cambio que pertenece al campo de las disciplinas que se ocupan del alma, como las distintas religiones y la filosofía, o la psicología y la sociología, que han sido categorizadas como ciencias del espíritu.

Sin embargo, la biología nunca ha podido prescindir completamente de los aspectos intencionales de la vida, que transforman a los movimientos del cuerpo en conductas y otorgan a cada mecanismo una finalidad, un propósito, y una “razón de ser”. Mientras la psicología o la sociología no han podido desconocer el hecho de que los seres vivos ocupan un lugar en el espacio en que se mueven, que experimentan transformaciones materiales, y que tanto en esas transformaciones como en esos movimientos “físicos”, se manifiesta su vida.

¿En qué mundo vivimos?

No sólo nos inquieta la cuestión acuciante que nos lleva a tratar de comprender cómo es el mundo en el cual hoy vivimos, de la que nos ocuparemos en la segunda parte de este libro. La pregunta también nos conduce a la idea, inculcada en nuestro pensamiento desde hace muchos años, de que nuestra vida se enfrenta con dos mundos. Uno natural, que “estaba allí” antes de que la humanidad apareciera, y otro cultural, que los seres humanos han creado. Es posible decir, además, que en el mundo cultural y humano dentro del cual vivimos podemos distinguir, otra vez, entre un mundo anímico, personal y propio, que cada ser humano interpreta a su manera, y otro espiritual o social, que, con mayor o menor acuerdo, compartimos, y al cual nos referimos, por ejemplo, cuando hablamos del espíritu de una época.

En el apartado anterior decíamos que la psicología y la sociología, como ciencias del espíritu, nunca han podido desconocer la importancia de las transformaciones materiales a través de las cuales se manifiesta lo que esas ciencias estudian, y que la biología, como ciencia natural, nunca ha podido prescindir de la intencionalidad que caracteriza a los mecanismos y a los movimientos de los organismos vivos. Podríamos decir algo semejante con respecto a las relaciones entre natura y cultura, porque a medida que profundizamos en ambas, encontramos cada vez más natura en la cultura, pero también, y más allá de lo humano, más cultura en la natura.

En realidad, como veremos mejor más adelante, los nuevos desarrollos de la física y las matemáticas, los de la biología y las neurociencias, y los de la psicología y el psicoanálisis, nos han llevado a comprender que natura y cultura tienen más puntos en común de lo que suponíamos, ya que lejos de ser, ambas, características “objetivas” de lo que existe a nuestro alrededor, constituyen productos de la forma en que interpretamos ese mundo circundante en nuestra relación con él.

Nuestra vida sabe y hace, más allá de lo que sabemos y hacemos

Es posible decir, parafraseando al poeta inglés William Blake, que llamamos cuerpo a la parte del alma que se “ve” y que se “toca” y agregar que llamamos alma a la vida del cuerpo, la vida que se siente, se quiere y se piensa. También podemos decir que es la vida la que quiere, siente y piensa, y que la vida que vive en los padres se reproduce en los hijos.

Si tenemos en cuenta que la vida hace un bebé “antes” de que el bebé haga su vida, es lícito decir que la vida sabe cosas que el bebé no sabe, y que los seres vivos no sabemos todo lo que sabe la vida. ¿Acaso la adecuación hidrodinámica que se observa en la aleta de un delfín y que se repite en cada nuevo nacimiento porque “su hechura” se conserva en los genes forma parte de un conocimiento que un delfín, desde su particular experiencia, domina?

Podemos decir entonces que, más allá de las cosas que sentimos, pensamos y queremos, la vida, que siente, piensa y quiere “en” nosotros, constituye nuestra vida que, además, siente, piensa y quiere cosas que ignoramos. Todo eso forma parte, en otras palabras, de la sabiduría de un alma inconsciente.

No es difícil admitir que sin darnos cuenta podamos percibir, sentir, querer o, incluso, hacer algo; pero resulta un tanto extraño, a primera vista, que inconscientemente se pueda pensar. Sin embargo, el núcleo de lo que llamamos pensamiento ya se halla presente cuando nuestro organismo “juzga” y discrimina entre el alimento que incorpora y la toxina que rechaza. Por otra parte, algo de eso mismo ocurre cuando llegamos, de pronto, a una conclusión con respecto a un problema que no habíamos podido resolver reflexionando atentamente, y tal vez sea por eso que existe la expresión “consultarlo con la almohada”.

Los otros y yo

Freud sostenía que cuando un bebé comienza a construir una imagen de sí mismo, tiende a poner dentro de ella todo lo que le da placer y a dejar afuera lo que le produce malestar, de modo que cuando el pecho que el bebé succiona constituye una fuente inigualable de placer, tenderá a considerarlo como una parte de sí mismo. Un sí mismo que se configura “ante todo” como una especie de esquema o de imagen mental de lo que percibe como un cuerpo físico que reconoce como propio (o, si se quiere, como suyo). Luego descubrirá que su madre y él son dos seres diferentes, ya que ella suele acercase o alejarse de un modo que el bebé, con el uso directo de su voluntad, no logra dominar.

Más tarde, “la nena” o “el nene” dejarán de referirse a sí mismos de ese modo y aprenderán a llamarse “yo”. Descubrirán, además, poco a poco, que los otros también se sienten “yo”. A medida que un niño va creciendo descubre otras formas de ser “yo” que estaban vivas en él, y que no conocía. En todas las formas de ser “yo”, las que conoce y las que ignora, el niño siente, piensa y hace lo que hará con su vida, mientras la vida que vive en el niño (y la que vive en sus padres) siente, piensa y hace lo que hará con él. Los resultados de todo ese proceso (que continuará en cada uno durante el periplo completo que dura una vida) pueden confluir, en un instante dado, en el disgusto, la enfermedad, el bienestar o el placer.

¿Un lugar para el alma?

Cuando un músico ejecuta una partitura en su instrumento, puede decirse, desde un cierto punto de vista, que la música que “emerge” no está en la partitura ni en la mente del pianista, como no está en sus emociones o en el modo en que se mueven sus manos, ni en el arpa del piano. Tampoco reside en las vibraciones del aire en el entorno ni en el oído o el cerebro del oyente. Porque todos esos componentes pueden ser necesarios, pero ninguno por sí solo es suficiente. La música “emerge” porque confluye todo. Y cuando el solista se integra en una orquesta, la música es distinta.

También puede decirse, desde ese mismo punto de vista, que el alma que solemos atribuir a un cuerpo es así, como es, porque “emerge” como resultado de una interacción compleja que evoluciona en el tiempo. Una interacción que habitualmente preferimos no tomar en cuenta. Reparemos además en que los sonidos y las figuras que se oyen y se ven en un televisor “no están en el aparato” ni se quedan allí; lo atraviesan “desde el aire” como ondas, que se emiten y llegan a través de los distintos canales.

Puede decirse entonces que las emociones, los hechos y las ideas que recibimos, vivimos y transmitimos, que parecen provenir de las personas que nos rodean y que frecuentemente sólo “las atraviesan”, nos atraviesan con más fuerza cuando “las sintonizamos”, pero no siempre “se quedan” con nosotros. Sólo “se quedan” las ondas que más nos importan y que “producen” los cambios que contribuyen a conformar la manera particular de ser, que habitualmente (aunque no siempre) somos. Antonio Porchia lo señala de manera magistral cuando escribe: “Me hicieron de cien años algunos minutos que se quedaron conmigo, no cien años”.

La vida interesada se vuelve interesante

Los desarrollos de una nueva biología, que se apoya en las teorías que se ocupan de lo que se ha dado en llamar complejidad, conducen a que una de sus más insignes representantes, Lynn Margulis, sostenga que, entre los seres vivos, la existencia de lo que denominamos individuo es una ilusión. Esa ilusión puede representarse, metafóricamente, con el vórtice del remolino cuya forma se destaca con claridad sobre el desagüe del lavatorio cuando su contenido se vacía, hasta el punto en que se parece a algún tipo de organismo menos transparente que el líquido donde se lo observa. Frente a ese vórtice, tenderemos a creer en “su individualidad” y, sin embargo, para que el remolino se constituya es necesario que participe toda el agua que llena el recipiente.

Formamos parte de una amplia red multifocal de elementos relacionados que se “copian”, se repiten o se reflejan recíprocamente desde distintos ángulos. Una red acerca de la cual puede decirse que si funciona es porque (como sucede con las emisoras y el televisor) está “encendida”, y algunas de sus partes están “sintonizadas”. Dentro de esa red es posible reconocer las estructuras y los ámbitos parciales que llamamos familia, escuela, trabajo, pueblo, nación y sociedad o, más ampliamente, el equilibrio del ecosistema de la vida en el planeta. Basta mencionar fenómenos como la fotosíntesis que realizan los vegetales (y sin la cual el reino animal carecería de alimento) o la fecundación de las flores por los insectos, para comprender que se trata del equilibrio de una intrincada trama entre dependencias radicales, recíprocas e inevitables.

Mientras que puedo ver “en” mi cuerpo sólo una cara visible de mi alma completa, lo que considero mi alma, que percibe, siente, quiere y hace, es sólo un reflejo consciente y parcial de mi vida completa. Una vida animada que mis semejantes contemplan en el movimiento y en la forma de mi cuerpo, aunque no sólo reside en ese lugar aparente. Un alma que no sólo se desarrolla conmigo y con las distintas formas que va adquiriendo mi ego y mi vida, sino también en el imprescindible contacto de mi convivir con otros. Por eso no podemos decir que somos primero y que convivimos después, sino que conviviendo somos, porque, como sucede con el remolino del lavatorio, el convivir nos conforma en la forma que somos.

También podemos decir que el único modo de ser es ser “entre” otros; es decir, interessere, el origen latino de nuestro castellano “interés”. No debe sorprendernos entonces que el interés sea, en la vida, en nuestra vida, lo que le da su forma y su genuino sentido, y que podamos sentir que esa vida nuestra se vuelve interesante en la medida en que se desarrolla como una vida perpetuamente interesada (comprometida) en el convivir con los otros. Por eso suele decirse que cuando alguien tiene un porqué para vivir soporta casi cualquier cómo. Por eso podemos sostener, como ya lo hemos hecho otras veces, que la vida de uno es demasiado poco como para que uno le dedique, por completo, su vida.

Para comprender el significado de muerte civil que alcanzaba, en la antigua Atenas, la condena al destierro político que se denominaba ostracismo, es suficiente con observar a una hormiga desconcertada y perdida porque su hormiguero, ese complejo superorganismo que le otorgaba un significado a su existencia, ha sido aniquilado. Podemos también comprender mejor de ese modo que una persona que pierde el contacto con los seres del entorno dentro del cual vivía, cuando no logra sustituirlos con representantes adecuados y significativos, exhausta por ese aislamiento, sienta que se le acaba el interés en la vida.

Maurice Maeterlinck (en La vida de las abejas) escribe que cuando una abeja sale de la colmena “se sumerge un instante en el espacio lleno de flores, como el nadador en el océano lleno de perlas; pero, bajo pena de muerte, es menester que a intervalos regulares vuelva a respirar la multitud, lo mismo que el nadador sale a respirar el aire. Aislada, provista de víveres abundantes, y en la temperatura más favorable, expira al cabo de pocos días, no de hambre ni de frío, sino de soledad”.

Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
26 marca 2025
Objętość:
441 str. 3 ilustracji
ISBN:
9789875994089
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

Podobne książki