Czytaj książkę: «Método Hanson de entrenamiento para maratón»

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MÉTODO HANSON

DE ENTRENAMIENTO

PARA MARATÓN

MÉTODO HANSON

DE ENTRENAMIENTO

PARA MARATÓN

UN MÉTODO TRANSGRESOR PARA CORRER TU MARATÓN MÁS RÁPIDO

Luke Humphrey con, Keith y Kevin Hanson


Copyright de la edición original: © 2012 by Luke Humphrey

Esta obra se ha publicado según el acuerdo con Velo Press, una división de Competitor Group, Inc.

Título original: Hansons Marathon Method

Traducción: Pedro González del Campo Román

Diseño de cubierta: Rafel Soria

© Luke Humphrey

Keith Humphrey

Kevin Hanson

Editorial Paidotribo

www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Primera edición

ISBN: 978-84-9910-558-1

ISBN EPUB: 978-84-9910-617-5

BIC: WSKC

Fotocomposición: Bgrafic Media Printing, S.L.

ÍNDICE

Prólogos

Agradecimientos

Introducción

PARTE I: EL MÉTODO

1. Filosofía del método Hanson de entrenamiento

2. Fisiología del maratón

PARTE II: EL PROGRAMA

3. Componentes del programa de entrenamiento

4. Planes del programa Hanson de entrenamiento

5. Modificaciones del programa

PARTE III: LA ESTRATEGIA

6. Selección de los objetivos de la carrera

7. Entrenamiento suplementario

8. Nutrición e hidratación para el maratón

9. Equipamiento para el maratón

10. Tácticas para la carrera

11. Recuperación después de la carrera

Epílogo

Apéndice A: El programa de elite: Proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo

Apéndice B: Calculadora de la pérdida de sudor

Índice alfabético

Sobre los autores

PRÓLOGO

El método Hanson de entrenamiento para maratón fue gestado a lo largo de varias décadas. En 1978, después de correr mi primer maratón, absorbí toda la información posible sobre maratones. Lo que encontré fueron métodos cortados por el mismo patrón que se repetían de un artículo al siguiente y siempre incluían una carrera larga, por lo general de 20 millas (32 km) en las publicaciones norteamericanas, y de 30 kilómetros en las revistas extranjeras. Llegué a deducir que la razón por la que se prescribía esa carrera larga no era otra que la de ser una distancia de números redondos. No había una explicación científica que justificase esas distancias, sólo razones prácticas. Darme cuenta de ello fue como despertar de un largo sueño. Si todos esos métodos de entrenamiento para el maratón eran producto de conjeturas, necesitaba crear algo que tuviera más sentido.

El método Hanson de entrenamiento para maratón es un abordaje científico, razonado y estratégico del entrenamiento, desde la carrera larga hasta las sesiones de velocidad y los ritmos en carrera. Luke Humphrey ha sabido transmitir en este libro este programa de entrenamiento, respondiendo a los cientos de preguntas que cada semana nos plantean los corredores. Además de apreciar en sí mismo los resultados positivos, pues es un corredor de elite, también cuenta con amplios conocimientos de fisiología del ejercicio. No sólo ha experimentado en carne propia el método Hanson de entrenamiento para maratón, sino que está cualificado para divulgar las bases científicas de este método práctico de entrenamiento. Espero que disfrutes de los resultados tanto como nosotros.

KEVIN HANSON

Cofundador del proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondoCopropietario de Hansons Running Shops

Me emociona que Luke Humphrey contribuya con sus conocimientos científicos, con su experiencia personal como corredor y con su bagaje como entrenador a la hora de explicar a los corredores el método Hanson de entrenamiento para maratón con muchos más detalles que los breves artículos que aparecen en las revistas. Luke es un exitoso miembro del proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo desde hace más de siete años, período durante el cual ha obtenido un máster en ciencia del ejercicio. Durante los últimos cuatro años también ha impartido clases de maratón en nuestras tiendas, orientando a cientos de atletas para correr su primer maratón y a muchos maratonianos veteranos para mejorar sus marcas personales.

Aunque la cobertura que se ha dado a nuestro programa de entrenamiento en las revistas Runner World y Running Times lleva muchos años despertando interés sobre este método, también ha sembrado confusión. Este libro responde las preguntas que siempre se quedan en el aire y ofrece unas directrices a quienes deciden seguir este sistema de entrenamiento de eficacia probada. No se me ocurre una persona más cualificada para exponer esta información al público del atletismo en general. Os deseo lo mejor en vuestras marcas personales y que disfrutéis muchos años de la participación en el deporte más grande del mundo.

KEITH HANSON

Cofundador del proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondoCopropietario de Hansons Running Shops

AGRADECIMIENTOS

Es gracias a Kevin y a Keith Hanson que mi vida ha tomado un curso emocionante en el atletismo. Son cazatalentos, entrenadores y mentores en una misma persona. Siempre han sabido descubrir el potencial de corredores en quienes nadie más había reparado. Gracias a Kevin y Keith, los corredores del proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo han gozado de incontables oportunidades y han cumplido muchos de sus objetivos. Sin ellos, docenas de «corredores que no son lo bastante buenos» no habrían conseguido contratos con marcas de zapatillas, ni entrenamiento de nivel profesional ni el respaldo de algunos de los mayores expertos del atletismo. El mundo no habría conocido a Brian Sell, Desiree Davila, ni a la larga lista de atletas que han representado a Estados Unidos en los Campeonatos del Mundo a lo largo de los años. También debemos expresar nuestro agradecimiento a todos los atletas del proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo. Todos compartimos los mismos antecedentes atléticos, y espero que el capítulo dedicado al modo de entrenar muestre al mundo lo que cuesta.

Aunque el éxito de los Hanson con maratonianos de elite ha merecido atención a escala nacional, sus raíces se remontan a los métodos de entrenamiento de Detroit. Mediante los métodos de entrenamiento poco convencionales de los hermanos Hanson, corredores de todas las capacidades han alcanzado el éxito en el maratón desde la década de los noventa. Kevin y Keith me han brindado una oportunidad maravillosa de compartir este programa con todo el mundo, y les doy humildemente las gracias por ello.

Vaya también mi agradecimiento a mi esposa, Nicole, que ha tenido una paciencia eterna conmigo mientras escribía este libro. Incluso mientras estábamos preparando nuestra boda fue consciente de las fechas de entrega que tenía que cumplir.

Muchas gracias a Mackenzie Lobby, que revisó las páginas de citas, datos, figuras y exposiciones en general aburridas y convirtió el proyecto en un libro bien escrito y de amena lectura. Sin ella el libro habría sido una disertación más que te habría dejado confundido y perplejo.

La plantilla de VeloPress es maravillosa y no podré agradecérselo lo suficiente. Casey Blaine estaba esperando una oportunidad y VeloPress nos ha brindado la posibilidad de aportar todos los detalles sobre el método Hanson de entrenamiento para maratón que los artículos que aparecen en revistas no permiten por falta de espacio.

Mi agradecimiento también a Brooks Sports por el apoyo brindado al atletismo de fondo y al método Hanson de entrenamiento para maratón en particular.

Por último, gracias a todos los corredores que han dado el salto de fe y han probado este programa. Sabemos que romper con la tradición no es fácil. Aunque nosotros somos los guías, vosotros sois los que tenéis que cargar con el peso (y con esas duras carreras).

LUKE HUMPHREY

INTRODUCCIÓN

Soy de Sidney (Míchigan), un pueblecito sin nada en particular, enclavado en el mundo rural del Medio Oeste y con una población de 927 almas. En realidad nací a unos cinco kilómetros de esa localidad. Como sucede en la mayoría de los pueblos del Medio Oeste, ni las carreras de cross ni el atletismo son especialmente populares, sobre todo porque interfieren con las temporadas de fútbol americano y béisbol. De niño no me importaba, porque el béisbol fue sin duda alguna mi primer amor. En el segundo curso de secundaria, yo ya medía un metro ochenta y tenía un padre de 2 metros de altura. En términos deportivos, sólo el cielo parecería ser el límite.

Aunque el béisbol era un deporte al que me encantaba jugar, mi profesor de álgebra, que también era entrenador de atletismo, «me sugirió» que probara a correr. Fue en la pista de atletismo donde hallé mi lugar y descubrí que tenía un talento natural, tanto que mis profesores me convencieron para que abandonara mis otras actividades y me centrara en correr. Estaré eternamente agradecido a las personas que en aquellos tiempos me animaron en mi carrera deportiva. Sin ellos no habría tenido la oportunidad de entrenar en un grupo de corredores de elite, ni correr en las Pruebas Olímpicas, ni viajar y correr por todo el mundo o escribir este libro.

Después de correr con éxito en el instituto, me matriculé en el Campus Central de la Universidad de Míchigan y entré en el equipo de cross. Durante el tiempo que trabajé allí de profesor, nuestro equipo ganó varios títulos de la confederación y quedó entre los 25 primeros puestos. Incluso un año nos aupamos a la novena plaza en los Campeonatos de Cross de la primera división de la NCAA. En 2004 me gradué en Ciencia del Ejercicio y con un récord universitario del que estaba orgulloso. No obstante, aunque estaba feliz con todo lo conseguido y me sentía bien con el tiempo invertido en el atletismo universitario, siempre tuve la intuición de que podía dar más. Eso me hizo soñar con la posibilidad de correr distancias más largas y competir a nivel elite una vez fuera de la universidad.

Y fue entonces cuando aparecieron en escena Kevin y Keith Hanson. Por suerte para mí, el proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo tiene su sede en Míchigan. Así que después de que llegara a su fin mi estancia en el Campus Central de la Universidad de Míchigan, pedí a los Hanson que me pusieran en plantilla. Aunque a otros entrenadores no les hubiera entusiasmado mi currículo, los hermanos Hanson vieron mi potencial y creyeron que podría terminar siendo un maratoniano decente. A partir de ese momento, la aventura comenzó de veras. En agosto de 2004 metí mis posesiones en el coche y me mudé de Mount Pleasant a Rochester, dispuesto a comenzar el entrenamiento para mi primer maratón bajo la tutela de Kevin y Keith.

En octubre de 2004 hice mi debut en el Maratón LaSalle Bank de Chicago, que acabé en 2:18:48 horas, quedando 5.º entre los norteamericanos y 17.º en la clasificación general. En cuanto crucé la línea de meta juré no volver a hacerlo en la vida. Eso fue hace ocho años, y desde entonces he corrido nueve maratones. Supongo que me equivoqué.

Después de afirmar mi entrada en el mundo del atletismo profesional, el año 2006 fue un giro de tuerca en mi carrera deportiva. Recuerdo con claridad las dos semanas previas al Maratón de Boston de aquella primavera. Un grupo del proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo que entrenaba para esa carrera nos desplazamos a Florida para aclimatarnos a correr con calor. El día antes de tomar el avión, defendí mi tesis ante los miembros de mi comité, mi última labor oficial para completar el máster en fisiología del ejercicio por la Universidad de Oakland. Había sido un largo y complicado camino académico, y sentí que me quitaba un peso de encima. Sabía que el maratón no sería tan difícil como permanecer de pie y defender mi humilde trabajo delante de aquellos tres catedráticos que eran cien veces más sabios que yo.

Después de meses de entrenamiento afrontando el invierno de Míchigan y luego aclimatándonos a las temperaturas veraniegas de Florida, el equipo estaba más preparado que nunca para acudir a Beantown en 2006. Los miembros masculinos de nuestro grupo acabaron en los puestos 4.º, 10.º, 11.º, 15.º, 18.º, 19.º y 22.º Yo acabé 11.o, con una nueva marca personal de 2:15:23 horas. Con la actuación de Meb Keflezighi, Alan Culpepper y Pete Gilmore, los norteamericanos consiguieron 7 de los 15 primeros puestos. Estaba claro que el período de mediocridad del atletismo estadounidense estaba cambiando; los maratonianos norteamericanos se situaron de nuevo entre los más competitivos a nivel internacional. No había habido tanta expectación entre los maratonianos norteamericanos desde los días de Rogers, Shorter y Greg Meyer a finales de la década de los setenta y comienzos de los ochenta.

Además de volver a sentir emoción con mis entrenamientos, aquella carrera me incitó a organizar el seminario anual de entrenamiento de maratón de los hermanos Hanson en las Hansons Running Shops. Aunque tenía un buen trabajo de fisiólogo del ejercicio en el hospital, aquella fue una oportunidad que no podía dejar pasar. No sólo me permitió utilizar mis títulos académicos, sino que también me brindó la oportunidad de sumergirme en el deporte que había llegado a amar. Lo más satisfactorio fue ocupar un puesto desde el que transmitir a otras personas mi pasión por correr mediante el método Hanson de entrenamiento para maratón. Al final resultó que la labor de entrenador me iba como anillo al dedo.

A medida que creció mi experiencia –y mi clientela–, Kevin y Keith me animaron a abrir un negocio de entrenador, llamado Hanson’s Coaching Services, cosa que hice en 2006. Con artículos destacados sobre su método, aparecidos en incontables revistas y periódicos, los hermanos Hanson alcanzaron reconocimiento nacional por su labor en el entrenamiento de corredores de elite y corredores de fondo normales. A medida que sus métodos recibieron más atención, fui el responsable de responder preguntas y encaminar a los corredores en el uso de estos métodos de entrenamiento de reconocida eficacia.

Durante este proceso también mi rendimiento ha despegado. Me he clasificado para el maratón en dos Pruebas Olímpicas (2008, 2012); terminé 11.º en el Maratón de Nueva York y 12.º en el Maratón LaSalle Bank de Chicago, y recientemente rebajé mi mejor marca personal a 2:14:39 horas, todo ello bajo la tutela de Kevin y Keith. Ha sido toda una aventura.

Lo más emocionante para mí ha sido ser testigo de los éxitos de los corredores que he entrenado a lo largo de los años. Todos los años durante la temporada de maratón, los hermanos Hanson y yo disfrutamos leyendo los numerosos correos electrónicos de nuestros atletas que acaban de completar un maratón después de aplicar el método Hanson de entrenamiento para maratón. Rebajar 20-30 minutos su marca personal no es infrecuente entre los corredores que se embarcan con nosotros en esta aventura. A menudo oímos que pasan gran parte de los 42 kilómetros temiendo tocar techo sin que nunca ocurra. Y lo mejor de todo es que la mayoría están ansiosos por correr otro maratón en el futuro. Aunque cada vez que alguien acaba un maratón es una medalla más en nuestro haber de entrenadores, su éxito es en realidad un testimonio del poder del entrenamiento estratégico respaldado por la ciencia y el sentido común. Sin lugar a dudas, el método Hanson de entrenamiento para maratón funciona. Yo lo he usado, lo he aplicado como entrenador y en los años por venir seguiré predicando sus éxitos.

PARTE I

EL MÉTODO

CAPÍTULO 1

FILOSOFÍA DEL

MÉTODO HANSON

DE ENTRENAMIENTO

CON LA AYUDA DE ESTUDIOS DE LA CIENCIA DEL EJERCICIO y evidencias fisiológicas, Kevin y Keith Hanson crearon una empresa dedicada al maratón. En 2004 me incorporé a la empresa como atleta, y dos años más tarde estaba presentando sus programas de entrenamiento a corredores de todo el país. Como había sido concebido como entrenamiento para el Maratón de Detroit de 1992, cuando yo entré en escena el método Hanson ya había demostrado su valía. Su gestación fue producto de la frustración de los hermanos Hanson con los programas existentes. Kevin y Keith no creían que dichos programas prepararan a los corredores para las exigencias del maratón; por lo que en vez de centrarse en un entrenamiento mínimo durante la semana y en las cargas de kilometraje los sábados y domingos, se plantearon crear un programa más completo.

En el período transcurrido desde que los Hanson empezaron a usar sus calendarios de entrenamiento, el deporte ha experimentado lo que algunos llaman una «segunda expansión espectacular». El primer gran desarrollo del atletismo se produjo en la década de los setenta, a la cual siguió, un par de décadas después, la moda de los maratones. En 1976 unos 25.000 corredores acabaron un maratón en Estados Unidos. En 1990 el número se había multiplicado casi por 10, hasta ser unos 224.000 los corredores que cruzaron la línea de meta, aunque lo cosa no se quedó ahí. En 1995, 2000 y 2005 acabaron un maratón 293.000, 353.000 y 295.000 corredores, respectivamente. Hacia 2010, aproximadamente 507.000 corredores cruzaron la línea de meta de un maratón en algún lugar del territorio estadounidense. El crecimiento fue casi del 30 por ciento entre 2005 y 2010, todo un fenómeno.

Si bien el número de corredores que terminan un maratón ha aumentado, también lo ha hecho el tiempo medio en que lo acaban. Entre 1980 y 2010, el tiempo medio de los hombres pasó de 3:32 a 4:16 horas. El tiempo medio de las mujeres retrocedió de 4:03 a 4:42 horas (www.runningusa.org). Las marcas más lentas son sin duda alguna resultado de ese número más alto de corredores que terminan un maratón. En las décadas de los setenta y ochenta, la pequeña población de maratonianos consistía en gran media en corredores de fondo que entrenaban con la idea de bajar sus marcas. En la actualidad, la demografía ha evolucionado. Lo que un día fue un deporte sólo para deportistas profesionales o casi profesionales ahora es una actividad accesible a las masas, muchos de cuyos miembros sólo quieren cruzar la línea de meta.

En muchas ocasiones, tanto al ejercer de corredor como de entrenador, me he topado con tres tipos de candidatos a correr maratones:

Corredores veteranos: Los miembros de este grupo acumulan muchísimos kilómetros a lo largo de los años y en el pasado han corrido uno o dos maratones. Tienen la intención de mejorar su nivel de los maratones previos.

Corredores recreativos: Aunque este grupo se estrena para el maratón, no son corredores novatos, pues han completado carreras más cortas. Este grupo trata de establecer una marca inicial en el maratón, por lo general con la intención de correr otro maratón en el futuro.

Corredores novatos: El grupo de novatos suele comprender corredores nuevos que quieren tachar el maratón de su lista de cosas que hay que hacer antes de morir, además de correr para organizaciones caritativas. Muchos de estos corredores abandonarán el mundo del maratón una vez que acaben la carrera.

Este tercer grupo de corredores que se inician es el más difícil de entrenar. Kevin y Keith participan de manera activa en Team in Training (que recolecta dinero para la Leukemia Society), y también entrenan al grupo Determination en el sureste de Míchigan por mediación de la American Cancer Society (que recauda dinero para muy diversas causas relacionadas con el cáncer), por lo que estamos muy familiarizados con estos corredores. El principal obstáculo es que a menudo llegan convencidos por los medios de comunicación de que correr 3 días por semana es la mejor forma de entrenar para un maratón. Estos métodos intentan persuadirles de que el entrenamiento de maratón puede cumplirse con un cambio mínimo en las prioridades: comprar un par de zapatillas nuevas y dejar tiempo para correr varias veces por semana es todo cuanto necesitan para completar un maratón unos meses después. Aunque el principal objetivo de este grupo suela ser acabar la carrera, correr sólo 3 días por semana no es la forma óptima de conseguirlo, con independencia de cuáles sean sus aspiraciones. No sólo se crean corredores mal preparados para una distancia como el maratón, sino que esto no les anima a seguir en el deporte.

Piensa lo siguiente: cada tres años, en torno al 50 por ciento de los clientes de las tiendas especializadas en atletismo suelen consistir en corredores recién incorporados al deporte. Por lo tanto, si una tienda atiende a 40.000 corredores cada tres años, 20.000 de estos corredores son nuevos en el deporte. Aunque sea estupendo que tantas personas se sientan motivadas para empezar a correr, no podemos evitar preguntarnos qué ocurre para que haya una tasa tan elevada de abandonos. Parece como si un buen número de corredores fuera atraído al deporte por la promesa de grandes recompensas con pocos sacrificios. Se les convence de que pueden completar un maratón con ajustes mínimos en su calendario y estilo de vida, y adoptan un plan de entrenamiento con dedicación mínima.

A menudo, esos mismos corredores viven una experiencia espantosa durante el maratón, porque no están lo bastante entrenados, y por eso no sorprende que muy pocos vuelvan a intentar correr esa distancia. Cuando nos fijamos en los planes más difundidos de entrenamiento con dedicación mínima, descubrimos varias características similares:

Kilometraje bajo: Cuando alcanzan el volumen máximo de entrenamiento, a los corredores principiantes se les asignan de 56 a 64 kilómetros durante un par de semanas, mientras que a los de nivel avanzado se les asignan entre 72 y 88 kilómetros por semana.

Frecuencia baja: Se pide a los corredores principiantes que corran 3-4 días por semana, y a los de nivel avanzado que lo hagan durante 5-6 días.

Carreras muy largas: La mayoría de los programas llegan a los 32 kilómetros, pero pocos alcanzan los 41,6 kilómetros. Estas carreras largas suelen prescribirse para las semanas de máximo kilometraje. Algunos métodos programan una carrera importante el sábado previo a la carrera larga del domingo, lo cual supone que el 60-75 por ciento del kilometraje semanal se haga en 2 días.

Duración muy larga: La mayoría de estos planes abarcan 24-32 semanas. Esto no sorprende, porque con ese kilometraje tan bajo el cuerpo necesita todo ese tiempo para adaptarse.

Intensidad mal ubicada: En los programas de 3 días por semana, todas las carreras son de intensidad muy elevada (al 70 por ciento o más del VO2máx.) y se acompañan de una carrera larga que representa el 40-50 por ciento del kilometraje semanal.

Un plan de entrenamiento con un kilometraje mínimo y 3 días de carrera semanales puede ser una forma estupenda de iniciarse en el deporte y establecer las bases sin sufrir lesiones; una vez tomada la decisión de correr el maratón, la cosa ya no resulta tan sencilla. Aunque estos planes ayuden a los corredores a alcanzar su objetivo principal, que es acabar, a menudo el resultado es que deja de gustarles el deporte. Como el disfrute es lo que más fideliza a los deportistas en cualquier ámbito, ésta tampoco es la receta del éxito a largo plazo en el atletismo.

El cansancio acumulativo es la acumulación de cansancio día tras día, semana tras semana, e incluso tras meses de entrenamiento regular.

Al establecer un itinerario para lograr que el maratón sea una experiencia agradable y exitosa, el método Hanson busca conseguir que los corredores crucen muchas veces la línea de meta. A diferencia de otros planes de entrenamiento muy difundidos, el nuestro te convertirá no sólo en un deportista que termina maratones, sino también en un maratoniano de larga duración. Nuestro enfoque consiste en hablar claro al enseñar nuestro método de entrenamiento para el maratón: no edulcoramos nada, no ofrecemos atajos aparentes ni tratamos a los clientes con condescendencia. Está claro que el maratón no sería un gran reto si no nos exigiera un poco de sangre, mucho sudor y, tal vez, algunas lágrimas.

En este capítulo prestamos atención a los principios filosóficos que sientan las bases del método Hanson de entrenamiento para maratón. Tales elementos constructivos derivan de las enseñanzas del famoso entrenador Arthur Lydiard. Considerado por muchos el entrenador que popularizó el atletismo, Lydiard consiguió que muchos corredores alcanzaran su sueño olímpico. Por eso sus ideas sobre el entrenamiento tuvieron tanta influencia en el desarrollo de nuestros métodos. Difundido por Lydiard, el principio del cansancio acumulativo sirve de piedra fundamental. El cansancio acumulativo es producto de un acopio lento de cansancio (pero sin llegar al sobreentrenamiento) a lo largo de días, semanas y meses de entrenamiento continuo. Dicho de otro modo, el cansancio acumulativo es producto de un entrenamiento repetitivo que no permite recuperarse por completo entre días de ejercicio. Se hace más hincapié en un método estratégico y coordinado de entrenamiento de maratón que en cierto número de días de entrenamiento diferente en sucesión azarosa. El principio fundamental del cansancio acumulativo que consta de cinco componentes articula el método Hanson de entrenamiento para maratón. Si omites uno de los componentes del cansancio acumulativo, su ausencia interferirá en los otros y eso generará un efecto dominó que limitará las adaptaciones fisiológicas necesarias para el éxito en el maratón. Esos componentes son:

Kilometraje

Intensidad

Equilibrio

Constancia

Recuperación

Kilometraje: Volumen semanal estratégico

El mayor problema de muchos planes de entrenamiento para el maratón es que se adaptan a lo que quiere la media de los corredores y no a lo que necesita. Esos programas suelen concentrar la mayoría del kilometraje semanal el sábado y el domingo, que es cuando los corredores disponen de más tiempo. El mismo kilometraje se concentra también en unos pocos días entre semana. Esto significa que todas las carreras prescritas entre semana son sesiones de gran intensidad, con lo cual quedan pocas oportunidades para carreras suaves y para acumular un kilometraje importante para el maratón. Como las carreras entre semana son sobre todo de gran intensidad, al corredor le cuesta más recuperarse, lo cual hace que las carreras más suaves se pierdan por el camino. Incluso si estos planes especificasen que también hay que correr los días entre sesiones fuertes, es probable que los corredores estén demasiado cansados por las sesiones de ejercicio previas.

Un kilometraje semanal adecuado cumple un papel importante en el proceso de cansancio acumulativo. El aumento del kilometraje se acompaña de un incremento del entrenamiento de 3-4 días a 6 días semanales. Eso no necesariamente significa que aumente la intensidad, sino el kilometraje, que es más fácil. El método Hanson de entrenamiento para el maratón muestra la forma de sumar kilómetros pero controlando el ritmo en carrera para evitar el sobreentrenamiento. Piensa que los corredores que entrenan para una carrera de 5 km recorren de cuatro a seis veces la distancia real de la carrera en kilometraje semanal. Por eso tiene sentido que los corredores que entrenan para un maratón incrementen comparativamente su kilometraje semanal con el volumen de entrenamiento para una carrera de 5 km (véase la tabla 1.1). Aunque el maratoniano medio no recorra cada semana de cuatro a seis veces la distancia del maratón (160-240 kilómetros), es razonable correr 2-3 veces esa distancia por semana (80-112 kilómetros).

TABLA 1.1. KILOMETRAJE SEMANAL BASADO EN EL NIVEL Y LA PRUEBA COMPETITIVA


Aunque los corredores que se preparan para el maratón se den cuenta de que necesitan aumentar el volumen de kilometraje para estar listos para la prueba, la idea de correr 80-112 kilómetros semanales puede resultar intimidante. Los corredores novatos echarán un vistazo a los kilómetros programados para correr durante el plan de 12 semanas y dudarán de su capacidad para llegar a ese punto. Esos corredores carecen de confianza en sí mismos. Nosotros pedimos a los corredores que empiecen pensando en una cifra de kilómetros que les resulte disparatada, o que crean completamente por encima de sus posibilidades, y que vayan restando kilómetros hasta llegar a otra que les parezca física y mentalmente posible. Aunque el primer día 96 kilómetros semanales puedan parecer desproporcionados, la clave radica en centrarse en lo que tienes que hacer en el presente. Te sorprenderás de lo que eres capaz unos meses más tarde.

Hemos comprobado una y otra vez que los atletas que conceden a su cuerpo suficiente tiempo para adaptarse a los nuevos esfuerzos del entrenamiento son capaces de tolerar mucho más de lo que jamás imaginaron. Nuestros programas se centran en que vayas subiendo un escalón tras otro en la escala de kilometraje, comenzando por uno bajo para ir aumentando de manera gradual tanto la cantidad de kilómetros como la intensidad. Tal como me gusta decir a nuestros atletas: «Si quieres construir una casa, debes sentar primero los cimientos sobre los que la construirás». El volumen de kilometraje sienta los cimientos que permiten que funcionen las otras variables.

Intensidad: Adaptaciones fisiológicas

Además de aumentar el kilometraje total, nuestros planes se alejan de los demás en lo referente al ritmo y la intensidad. Estos factores están unidos inextricablemente, ya que si las sesiones de ejercicio son muy duras, estarás demasiado cansando para alcanzar la cuota de kilometraje semanal. En el proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo la competición puede ser feroz entre nuestros atletas de elite. Tal vez lo más difícil es enseñar a correr al ritmo adecuado. Durante las sesiones de entrenamiento, Kevin y Keith siempre parecen saber cuándo un atleta ha desarrollado la mentalidad respecto a otro corredor de «sé que eres rápido, pero yo lo soy más». Para subrayar la importancia del ritmo y castigar a los corredores que ruedan más rápido de lo que se les pide, lo que hacen es imponerles una flexión de brazos por cada segundo que corran más rápido. Después de unas pocas flexiones, el atleta termina frenando y adoptando el ritmo correcto.

Aunque no te exigiremos hacer flexiones de brazos cuando te pases en el ritmo, correr al ritmo adecuado seguirá siendo un componente importante del cansancio acumulativo. La mayor parte de nuestro kilometraje se corre a un ritmo dentro del umbral anaeróbico (umbral de lactato) o más lento. Tal vez te preguntes: «¿Cómo se supone que voy a ser más rápido si corro más lento?». En el próximo capítulo explicaremos las muchas y grandes adaptaciones que se producen con el entrenamiento de fondo, como el desarrollo de las mitocondrias, las adaptaciones de las fibras musculares y la capacidad de quemar grasa para obtener energía. Los fisiólogos del ejercicio han descubierto que estas adaptaciones se manifiestan sobre todo a un ritmo más lento y por debajo de un ritmo dentro del umbral anaeróbico. En vez de intentar forzarlo partiendo de su valor más alto, esto mejora la capacidad para correr al elevar el umbral aeróbico, el umbral anaeróbico y la capacidad aeróbica desde su valor inferior. Tanto si se trata de un día de carrera suave o de un día de entrenamiento duro, el cumplimiento de la tarea al ritmo apropiado es parte integral del sistema completo de entrenamiento para el maratón.

A menudo las carreras suaves se confunden con kilometraje basura o de relleno. La verdad es que las carreras suaves constituyen un gran porcentaje del entrenamiento semanal, y cuando se rueda a la intensidad óptima, posibilitan un amplio abanico de adaptaciones fisiológicas favorables. A pesar de esto, durante esas sesiones relajadas tanto los corredores novatos como los experimentados tienen que luchar con el ritmo adecuado. Los corredores más novatos tienden a correr demasiado rápido los días fáciles, porque el plan de entrenamiento gradual les resulta muy fácil. La mayor parte del tiempo la intensidad se nivela a medida que aumenta el kilometraje y el corredor está demasiado cansado para mantener ese ritmo toda la semana. No obstante, como entrenador prefiero que seas tú quien ajuste el ritmo a tu objetivo en el maratón y que entrenes correctamente desde el primer día. Esto te permitirá aumentar con seguridad el kilometraje y la intensidad a lo largo de semanas y meses. Los corredores más experimentados tienden a ser demasiado entusiastas en el entrenamiento, por la falsa creencia de que más rápido significa mejor, sobre todo los que antes competían en distancias más cortas. Los corredores en esta tesitura terminan rápidamente en el dique seco por culpa del sobreentrenamiento si no refrenan su entusiasmo y dejan que las carreras suaves lo sean de verdad. Con independencia de tu nivel atlético, cuando te pedimos que corras «suave», en realidad queremos decir suave. Una vez que se sumen las sesiones de carrera dura, esos días suaves servirán de recuperación activa para que tu cuerpo se relaje y prepare para la siguiente sesión de ejercicio.

Del mismo modo, el ritmo correcto durante las sesiones duras es vital. No podemos subrayar lo suficiente que las sesiones de ejercicio están pensadas para potenciar adaptaciones fisiológicas específicas; no son para que corras lo más fuerte que puedas para ver quién es el que más aguanta. Las carreras cronometradas y las sesiones de fuerza, por ejemplo, desarrollan el umbral anaeróbico, pero eso no significa que debas correr esas carreras cronometradas por encima de un ritmo dentro del umbral anaeróbico. De forma similar, las sesiones de velocidad desarrollan la capacidad aeróbica y se deben correr justo por debajo de tu capacidad aeróbica máxima, no por encima de ella. Imagina que te piden que corras series de 6 x 800 metros al ritmo de una carrera de 5 km. Digamos que este ritmo es de 6:00 minutos los 1.600 metros, o de 3:00 minutos los 800 metros. Si corres las tres primeras series en 2:45, 2:45 y 2:55, hay muchas posibilidades de que corras las tres últimas en torno a 3:20, 3:15 o, quizá, 3:10. Aunque hayas conseguido un promedio de 3:00 minutos, no habrás corrido una sola serie al ritmo prescrito. Esto significa que no habrás sumado ningún kilómetro al ritmo deseado, que estaba pensado para estimular de manera específica la capacidad aeróbica. Las primeras 3 series fueron demasiado rápidas y superaron el O2máx., produciéndose energía en condiciones anaeróbicas y ácido láctico. Las tres últimas series fueron cada vez más lentas debido al cansancio y a la acumulación de ácido láctico. Al final terminaste la sesión sin conseguir ninguna mejora fisiológica importante.

Ahora ya sabes por qué Kevin y Keith castigan a sus corredores con flexiones de brazos. Al mantener el ritmo adecuado durante las sesiones de ejercicio conseguirás tolerar volúmenes mayores de entrenamiento. También serás más constante en el entrenamiento, porque no acabarás quemado y no tendrás que reprogramar el calendario ni modificar las sesiones de ejercicio. El cansancio acumulativo está pensado para que te canses; sin embargo, correr por encima del ritmo prescrito te llevará a un punto en que no serás capaz de recuperarte lo suficiente. Será entonces cuando estés acumulando kilometraje basura.

Equilibrio en el entrenamiento

Uno de los principales fallos de los planes de entrenamiento para maratón es su falta de equilibrio. Tiende a haber un interés generalizado por la carrera larga, que obliga a dedicar el resto de los días de la semana a recuperarse de esa única sesión. Cuando la carrera larga es el interés primario, se pierde la constancia del entrenamiento, el volumen semanal, la recuperación y la intensidad. Para alcanzar todo el potencial como corredor deben incorporarse al entrenamiento todos los sistemas fisiológicos. Recuerda que no se trata de todo o nada. La carrera larga no te llevará al maratón si es lo único en lo que te centras. Por eso nuestro programa hace hincapié en un enfoque equilibrado del entrenamiento.

El método Hanson de entrenamiento para el maratón te plantea dos tipos de carreras: suaves y de suficiente entidad (SEN). Las carreras de suficiente entidad comprenden sesiones de velocidad, sesiones de fuerza, carreras cronometradas y carreras largas. Plantéate esas carreras como sesiones que exigen más esfuerzo que los días suaves. Con un entrenamiento variado se obtienen los beneficios fisiológicos necesarios y se mantiene la motivación. Si la variedad es la chispa de la vida, lo mejor será que incluyas mucha en tu entrenamiento de maratón. Del mismo modo que la mente se aburre con la repetición, también lo hace el cuerpo. Cuando se establece un ciclo de sesiones y se trabaja cada sistema individual, se estimula un ritmo continuo de adaptación fisiológica. Al dedicar tiempo y energías no sólo a la carrera larga sino también a las carreras suaves, a la fuerza, a la velocidad, a las carreras cronometradas y a la recuperación, terminarás siendo un maratoniano más fuerte y equilibrado. Sí, claro que existe la posibilidad de excederse en lo bueno. Cuando se equilibra el entrenamiento, te aseguras de conseguir la cantidad justa de todas esas cosas.

Constancia: Ceñirse al plan de juego

Como entrenador he visto a muchos corredores esforzarse por tener constancia en el entrenamiento. Una semana corren tres días, la siguiente, cuatro, y la siguiente tal vez sólo dos días. Esto no sorprende, porque cada semana tiene su propio trajín: tu jefe te impone de repente una fecha de entrega más corta, el coche sufre una avería o tu hijo se pone malo. El carácter impredecible de la vida dificulta ceñirse a un plan de entrenamiento. Aunque a veces sean necesarios ajustes en el entrenamiento, es importante la regularidad del calendario de sesiones de ejercicio.

Desde el punto de vista fisiológico, la falta de constancia en el entrenamiento deriva en una lucha interminable por mantener un nivel constante de forma física. Aunque con un entrenamiento correcto las adaptaciones se produzcan con rapidez, también pueden perderse con sólo un par de semanas de entrenamiento inconstante. Por ejemplo, si durante 3 semanas entrenas 5 días semanales, se producirá una mejoría apreciable en tu nivel de forma física; sin embargo, si a esas semanas les siguen 2 semanas de sólo 2 o 3 días semanales de entrenamiento, las mejoras en tu condición física comenzarán a remitir. Necesitarás otras 2 semanas más de carreras regulares para recuperar el nivel previo. Al final habrán pasado de 6 a 8 semanas dedicadas sólo a recuperar el nivel que tenías la tercera semana. Si la vida se inmiscuye en el ejercicio, modifica el entrenamiento, pero no te lo saltes. Un poco siempre será mejor que nada.

Para lograr regularidad, debes establecer objetivos posibles y planificar las actividades con antelación. Si te pones unas metas muy altas, es probable que te desanimes cuando descubras que hay mucha comida en el plato. Por el contrario, si te marcas unos objetivos mínimos, terminarás aburrido. El correcto establecimiento de objetivos te mantendrá motivado para salir de casa a diario, incluso cuando correr sea lo último que quieras. Planificar las carreras semanales con antelación también ayuda a mantener tu compromiso con el entrenamiento. En vez de echar un vistazo al programa de entrenamiento cada mañana para informarte, ya sabrás lo que te espera durante los próximos 5-7 días. Al anotar las sesiones en tu planificador o dejarlas escritas en un papel en la puerta de la nevera, podrás prever los obstáculos que surgirán durante la semana. Si tienes una cita el martes por la mañana temprano, planifica la carrera para después del trabajo. Si los niños tienen un torneo de fútbol todo el fin de semana, encuentra un momento entre partidos para correr. Si eres tú quien programa las carreras, es más probable que cumplas el plan y seas constante en tu entrenamiento.

Recuperación: Descanso parcial

Cuando se trata del cansancio acumulativo, existe una frontera inapreciable entre entrenar lo suficiente y acabar sobreentrenado. El objetivo del método Hanson de entrenamiento para maratón es que te aproximes a ese límite sin superarlo. El entrenamiento practicado durante el programa es duro, pero te permitirá disfrutar y obtener un buen resultado el día del maratón. La recuperación incompleta forma parte importante del entrenamiento, porque te permite rendir bien a pesar de que no te sientas al ciento por ciento.

Tanto si se trata de una sesión de velocidad, de fuerza, de carreras cronometradas o de una carrera larga, existe una preocupación general por estar «fresco» en los entrenamientos. No obstante, esa frescura exige tomarse días de descanso antes y después de los entrenamientos, lo cual anula las adaptaciones aeróbicas cruciales que aportan las carreras suaves. Aunque no se programan sesiones duras en días consecutivos, sí aplicamos la idea de la recuperación activa. Eso significa que a menudo las sesiones de ejercicio van seguidas por días de carrera suave. Esto te permite recuperarte para la siguiente sesión dura sin pasar un día sin correr. Piensa de este modo: después de una sesión dura de ejercicio los músculos están privados de glucógeno y se sienten muy cansados. En este momento es importante reemplazar el glucógeno, hidratarte y dejar que los músculos se repongan; sin embargo, eso no significa que debas estar 24 horas tumbado en el sofá, ya que no podrás conseguir una condición física aeróbica si te tomas libre el día siguiente. Tampoco enseñarás al cuerpo a afrontar las molestias a largo plazo si siempre le permites recuperarse por completo. Las carreras suaves son de una intensidad lo bastante baja como para que sobre todo quemes grasas, con lo cual concedes tiempo al cuerpo para recuperar las reservas de hidratos de carbono (glucógeno). Además, los músculos aprenden a quemar grasa con más eficacia, porque corres a un ritmo que favorece su consumo como energía en vez de potenciar la reducción de las reservas de hidratos de carbono. Los músculos también se adaptan a las cargas de entrenamiento impuestas y terminan volviéndose más fuertes. Esto significa poder afrontar cargas de trabajo mayores, recuperarte, y mejorar más rápido la condición física aeróbica si programas las carreras suaves los días que no tienes una sesión de entrenamiento duro.

Aunque la recuperación sea importante, el cansancio acumulativo sólo exige una recuperación parcial. Incluso después de un día de carrera suave, los músculos estarán un poco fatigados y las reservas de glucógeno sólo estarán moderadamente recuperadas, lo cual hará que te sientas un poco cansado. Esto es normal. Estás preparando el cuerpo para soportar muchos kilómetros de carrera. Del mismo modo que te sentirás cansado hacia el final del maratón y tendrás que superar esa sensación, es importante aprender a seguir moviéndote durante el entrenamiento. Esto convierte el cansancio acumulativo en parte integral de las carreras largas. Aunque todavía sentirás los últimos días de entrenamiento en las piernas, podrás recuperarte lo suficiente como para realizar la carrera larga. Nuestro método enseña a las piernas a soportar la porción final del maratón mediante la carga de cansancio de las carreras largas previas.

Dicho simple y llanamente, lo que intentamos es reproducir los últimos 25,6 kilómetros del maratón, no los primeros, aunque el esfuerzo no sea tan grande como para tener que pasar la semana siguiente recuperándote. En lugar de eso, el día siguiente será suave, y luego le seguirá una sesión de ejercicio un par de días después. Por medio de varias adaptaciones fisiológicas, el cansancio acumulativo prepara al cuerpo para el esfuerzo fisiológico que impone una distancia como el maratón. Al estudiar nuestros programas de entrenamiento, apreciarás que cada 4 semanas el kilometraje aumenta ligeramente por medio de los días suaves, las carreras cronometradas y las carreras largas. A medida que el cuerpo se adapta, el esfuerzo cambia y sigue una progresión ascendente. Próximos al día del maratón, permitirás al cuerpo recuperarse por completo, consiguiendo esa sensación de frescura el gran día. Dicho de otro modo, estarás listo para conseguir un rendimiento óptimo. Nuestros programas están pensados para ayudarte a sentirte bien durante el maratón, no durante el en-trenamiento. Después de todo, no creo que quieras dar lo mejor de ti en los entrenamientos.

Entrenar para un maratón no es fácil y no debe tomarse a la ligera; soltarás muchos improperios, te perderás algunos de tus programas de televisión favoritos y anularás citas sociales, pero jamás lo lamentarás cuando cruces con éxito la línea de meta. Este programa ha sido concebido por grandes entrenadores, y te transformará de alguien que quiere correr un maratón en un maratoniano de ley. Estamos aquí para que llegues allí.

Entender ciertos principios fisiológicos te ayudará a dar sentido a la estructura del programa de entrenamiento. Esas bases darán respuesta al «por qué» –te explicarán por qué lo estás haciendo–, mientras que el programa te proporcionará «qué hacer» y «cuándo». La estructura del método Hanson depende de la base fisiológica del rendimiento para el maratón. Al comprender estos principios clave es menos probable que los corredores cometan errores críticos en su entrenamiento.

CAPÍTULO 2

FISIOLOGÍA

DEL MARATÓN

KEITH, KEVIN Y YO NOS SENTAMOS RECIENTEMENTE a desayunar para hablar de los atletas de elite del proyecto Hansons-Brooks de corredores de fondo. No trascurrió mucho tiempo antes de que la conversación pasase de los huevos y el beicon al entrenamiento y la fisiología. Recién llegados de una conferencia sobre maratón, los hermanos Hanson estaban frustrados porque el debate no se hubiera centrado en la cuestión de conseguir un entrenamiento óptimo. El detonante fue la idea de la adaptación conseguida con el entrenamiento a gran altura como preparación para las condiciones de calor y humedad que iban a protagonizar los Campeonatos del Mundo de 2011 de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo. Parece que no se pudo llegar al consenso sobre los factores que en realidad influyen en el rendimiento y en el modo de realizar el entrenamiento. En esa reunión de expertos, todos con muchos años de experiencia en ese campo, las recomendaciones y opiniones sobre el entrenamiento estaban planteadas de antemano.

Eso me hizo pensar que nosotros, y con «nosotros» me refiero a entrenadores, fisiólogos del ejercicio, ratas de laboratorio y corredores muy sesudos, tendemos a reflexionar demasiado sobre los procesos del entrenamiento. A menudo sabemos demasiado para nuestro propio bien. Esto es una buena noticia para los corredores que no tienen tiempo ni deseos de matricularse en un programa universitario sobre fisiología del ejercicio. Es uno de esos casos en que estarás mejor servido si aprendes los aspectos básicos de la fisiología implicada para luego dirigir tu atención al entrenamiento per se. Al entender la justificación fisiológica básica de cada carrera del método Hanson de entrenamiento para maratón, adquirirás confianza en tu entrenamiento pero sin un exceso de información.

Nosotros adaptamos a medida nuestros planes para procurar las múltiples adaptaciones fisiológicas que tu cuerpo necesita para correr con éxito un maratón de 42 kilómetros. Los principios siguientes son las piezas constructivas de nuestro método:

Músculos usados en el maratón

O2máx.

Umbral anaeróbico

Umbral aeróbico

Economía al correr

Músculos usados en el maratón: Influencia obligada

Para los defensores y seguidores de la fisiología, el sistema muscular es el rey. Más de 600 músculos trabajan para generar movimiento y fuerza. Permiten que el corazón lata, que los ojos se muevan, que digiramos la comida y que las piernas corran. Los tres tipos principales de fibras musculares son el músculo cardíaco, el músculo liso y el músculo esquelético. Mientras que el músculo cardíaco hace que el corazón lata y el músculo liso que tapiza los intestinos moviliza el alimento dentro del sistema, el sistema esquelético desempeña el papel principal en la locomoción. Los músculos esqueléticos hacen posible que corramos.

Los músculos esqueléticos son responsables de generar movimiento fisiológico y también en ellos se almacena la mayor parte de la energía. Estos músculos contienen fibras de contracción rápida y lenta, estas últimas con varias subcategorías. Cada músculo contiene ambos tipos de fibras musculares, que se agrupan como los filamentos de un cable, y donde cada haz se compone de un solo tipo de fibras. Miles de haces de fibras constituyen un músculo, y cada haz es controlado por una sola motoneurona. Las motoneuronas se localizan en el sistema nervioso central, donde actúan controlando los músculos y, por consiguiente, el movimiento.

En conjunto, las fibras y las motoneuronas forman la unidad motora. Como cada haz contiene sólo un tipo de fibra, un haz de fibras de contracción lenta y un haz de fibras de contracción rápida recibirán información del encéfalo por medio de unidades motoras diferentes. Si se activa una motoneurona, se produce una contracción muscular débil. Si se activan múltiples motoneuronas, se genera una contracción muscular más poderosa. ¿Por qué todo esto es tan importante? Por último, la estructura del sistema muscular esquelético dictamina la capacidad para correr el maratón. Así que cuanto mejor conozcas tu propia fisiología, más inteligente será tu entrenamiento. Miremos más de cerca los tipos de músculos.

FIBRAS MUSCULARES DE TIPO I (FIBRAS DE CONTRACCIÓN LENTA)

Tu árbol genealógico desempeña un papel importante en la determinación de tu potencial para el maratón. Si tus padres te han legado abundancia de fibras de tipo I, también llamadas fibras musculares de contracción lenta, entonces tienes posibilidades en el mundo de la competición. Estas fibras son en especial importantes para las pruebas de fondo, por su uso eficaz de la energía y su resistencia al cansancio. Las fibras musculares de contracción lenta son aeróbicas, lo cual significa que usan oxígeno para transferir energía. Esto es posible porque presentan un área amplia de capilares y, por lo tanto, disponen de un aporte mucho mayor de oxígeno que las fibras de contracción rápida. Además, estas fibras cuentan con la maquinaria necesaria para que el metabolismo trabaje en condiciones aeróbicas. Conocidas como mitocondrias, esta maquinaria recibe a menudo el nombre de «centro de energía de la célula». Gracias a las mitocondrias somos capaces de usar grasas e hidratos de carbono como fuentes de energía para mantener el cuerpo corriendo.

Haciendo honor a su nombre, las fibras de contracción lenta también tienen una velocidad de acortamiento más lenta que los otros tipos de fibras, con lo cual cumplen una función importante para los corredores de fondo. Aunque estas fibras no pueden generar tanta fuerza como las otras, sí suministran energía a un ritmo continuo y generan mucha potencia durante un amplio período. Además de contraerse con más lentitud, las fibras de tipo I sólo tienen la mitad de diámetro que las de contracción rápida. Aunque son más pequeñas y lentas, son más eficaces y resistentes al cansancio durante las largas travesías por carretera.

FIBRAS MUSCULARES DE TIPO II (FIBRAS DE CONTRACCIÓN RÁPIDA)

Las fibras de tipo II, también llamadas fibras de contracción rápida e igualmente determinadas genéticamente, son las fibras de contracción lenta que más destacan. Son más grandes y rápidas, y forman haces muy potentes, si bien se fatigan con rapidez. Como estas fibras presentan muy pocas mitocondrias, transfieren energía anaeróbicamente; es decir, sin el uso de oxígeno. Estas contracciones forzadas emplean grandes cantidades de adenosintrifosfato (ATP), que en esencia es una molécula que contiene mucha energía, pero las fibras se cansan con rapidez y se debilitan. Ésa es la razón por la cual un campeón olímpico de los 100 metros puede correr a ritmo de récord sólo durante esos metros, mientras que el campeón de maratón mantiene un ritmo de récord durante 42 kilómetros. Dos tipos distintos de fibras musculares, dos resultados diferentes.

Las fibras de tipo II se dividen en otros grupos, de los cuales los más corrientes son el tipo IIa y el tipo IIb, también llamadas fibras intermedias. Las fibras tipo IIa comparten varias características con las fibras de contracción lenta, porque cuentan con más mitocondrias y capilares que los otros tipos de fibras de contracción rápida. Como resultado, las fibras de tipo IIa se consideran aeróbicas, aunque generen una contracción más forzada que las fibras de contracción lenta. Por el contrario, las fibras de tipo IIb se contraen con gran potencia, transfieren energía anaeróbicamente y se fatigan con rapidez. En la tabla 2.1 ofrecemos una comparación sucinta entre los tipos de fibras.

TABLA 2.1. COMPARACIÓN DE LOS TIPOS DE FIBRAS MUSCULARES


UN SISTEMA EN FUNCIONAMIENTO

Todas las personas tienen fibras musculares de tipo I y tipo II, si bien su distribución varía mucho. La mayoría de las personas, sin importar el sexo, presentan una distribución del 45-55 por ciento de fibras de tipo I en brazos y piernas. Las personas conscientes de su condición física, pero no devotas del entrenamiento, pueden poseer una distribución en torno al 60 por ciento de fibras de tipo I. Por su parte, los corredores de fondo muy preparados tienen una distribución del 70 por ciento de fibras de tipo I, y los maratonianos de elite presentan un porcentaje incluso mayor. Ahí yace el reto. Cuando se trata de correr un maratón, el corredor A, que cuenta con una proporción elevada de fibras de tipo I, estará mejor preparado por la naturaleza que el corredor B, cuyo porcentaje de distribución de fibras de tipo I y tipo IIa es bajo. ¿Cómo supera entonces el corredor B su propia fisiología?

Por suerte para ambos corredores, el cuerpo es una máquina asombrosa capaz de adaptarse a una miríada de esfuerzos. En el campo de la fisiología del ejercicio, el esfuerzo denota el entrenamiento repetido e intenso del que se derivan ciertas adaptaciones fisiológicas. Durante mucho tiempo los investigadores han buscado la clave para la conversión de las fibras musculares con la esperanza de descubrir el modo de que una persona, como el corredor B, logre cambiar la composición de sus fibras por medio del entrenamiento. Aunque gran parte de los estudios no han dado resultados concluyentes, sí existe acuerdo en que los corredores de fondo de elite presentan una mayor proporción de fibras de tipo I que la mayoría de los corredores recreativos, y que las fibras de tipo I son necesarias para conseguir correr un maratón con rapidez (véase en la tabla 2.2 una comparación entre los distintos tipos de corredores). Lo que no sabemos es si estamos genéticamente determinados para una disposición concreta de fibras musculares o si podemos cambiarla con entrenamiento físico y ciertos esfuerzos. Aunque tal vez sea demasiado pronto para hacer afirmaciones definitivas sobre las conversiones de fibras de tipo I a tipo II, sí ha quedado demostrado que se producen transformaciones en las fibras de tipo II. Incluso después de un período de entrenamiento relativamente corto de 10 a 12 semanas, un corredor puede mostrar una transición de fibras de tipo IIb anaeróbicas y fatigables a fibras de tipo IIa más aeróbicas y resistentes a la fatiga. Esto es estupendo para los corredores de fondo, porque demuestra que el entrenamiento genera cambios fisiológicos tangibles que establecen ventajas en el rendimiento y mejoras reales. El corredor B puede abrigar muchas esperanzas.

TABLA 2.2. COMPARACIÓN ENTRE LAS FIBRAS MUSCULARES DE TIPO I Y II EN DISTINTAS POBLACIONES


POTENCIACIÓN DE LAS FIBRAS MUSCULARES

Con independencia de la genética, el entrenamiento sigue siendo un predictor vital del rendimiento atlético. Aunque la genética dicte el tipo de trabajo para el que mostramos propensión innata, el entrenamiento correcto ayuda a sacar el máximo partido de tu capacidad potencial. Mostraremos el modo de hacerlo sin importar lo que diga tu ADN. Para que tus músculos respondan del modo que quieres el día de la carrera, deberás entrenarlos para que se activen de una forma concreta. Todo comienza con una señal enviada por las unidades motoras del sistema nervioso central, que comienzan a reclutar las fibras de contracción lenta, pero seguirás dependiendo en gran medida de esas fibras a menos que hagas algo de lo siguiente:

1. Aumentar el ritmo en carrera

2. Correr por cuestas o con otra fuerza que genere resistencia

3. Correr tiempo suficiente como para agotar las fibras de contracción lenta

Dependiendo del nivel de forma física, algunos corredores pueden correr una hora a un ritmo moderado antes de comenzar a reclutar las fibras de contracción rápida; otros, en cambio llegan a las dos horas. Es probable que tú dependas casi exclusivamente de las fibras de tipo I durante la primera mitad del maratón. A medida que esas fibras se cansan, el cuerpo comienza a emplear fibras de tipo IIa, que son fibras ligeramente mayores, aeróbicas y de contracción rápida. Si has entrenado de manera correcta, tendrás suficiente libertad de acción para correr el resto del maratón usando esas fibras. Aunque no sean perfectas para el atletismo de fondo, son un buen sustituto para las fibras de tipo I agotadas. Los problemas surgen cuando el corredor poco entrenado se ve obligado a recurrir a la tercera línea de defensa: las fibras de tipo IIb, que debes recordar que están pensadas para generar potencia y que se cansan con rapidez. Si dependes de esas fibras para llegar hasta la línea de meta, las cosas no terminarán bien.

Lo que pretende el método Hanson de entrenamiento para maratón es enseñarte a potenciar el uso de las fibras musculares de tipo I y de tipo IIa, para que no tengas que recurrir a las fibras de tipo IIb.

O2máx.: El segundo de a bordo

Si las fibras musculares están en el asiento del conductor cuando se trata del potencial de fondo para el maratón, entonces el O2máx. trabaja desde el foso de reparaciones, proporcionando asistencia continua. El O2máx. es el «volumen de consumo de oxígeno», definido como la capacidad máxima del cuerpo para transportar y utilizar oxígeno al correr. Cuando decimos que el O2máx. de una persona es 50 ml/kg/min, se lee como «50 mililitros de oxígeno por kilogramo de peso corporal por minuto». Lo que en verdad necesitas saber es que cuanto mayor sea el número, mejor. Aunque a menudo el O2máx. sea considerado el patrón oro de la condición física, no siempre es el mejor predictor del rendimiento en un maratón. De hecho, los maratonianos de elite tienden a presentar un O2máx. ligeramente inferior que los corredores de elite de 5 y 10 km. Sin embargo, aunque no sea el predictor más importante del potencial para el maratón, sigue siendo una pieza significativa del rompecabezas.

El O2máx. es la frecuencia máxima con la que el cuerpo atrae oxígeno y es utilizado por los músculos activos.

Como la sangre transporta oxígeno a los músculos, al hablar del O2máx. debemos fijarnos en el corazón. Al igual que los músculos esqueléticos, el músculo cardíaco se fortalece con el trabajo, y así bombea más sangre y provee de más oxígeno a los músculos. El corazón se adapta al esfuerzo del entrenamiento del mismo modo que los músculos de las piernas. Ten en cuenta las adaptaciones positivas relacionadas con el corazón que ocurren como resultado del entrenamiento de fondo. Cuatro de esas adaptaciones, que aparecen en la figura 2.1 y se describen abajo, se consideran los componentes centrales del O2máx.:

Mejora de la circulación de las arterias coronarias: Mejora de la circulación significa que llega más sangre al corazón.

Disminución del pulso: Cuando se fortalece el músculo cardíaco no tiene que trabajar tan duro para cumplir con su trabajo.

Aumento del tamaño de la cavidad del ventrículo: Permite almacenar más sangre oxigenada en el ventrículo, la cual circula luego por todo el cuerpo.

Engrosamiento de las paredes ventriculares, sobre todo del ventrículo izquierdo: Al engrosarse, la fuerza de las contracciones aumenta y se bombea más sangre a las arterias.

En resumen, se bombea más sangre con más fuerza y menos esfuerzo. Como el corazón tiene unas cavidades más grandes que almacenan más sangre, la frecuencia cardíaca disminuye sea cual sea el ritmo en carrera, volviendo el sistema más eficaz y saludable.

El corazón envía sangre a todo el cuerpo, y cuanto más capacitado esté para verter grandes cantidades de sangre en el torrente circulatorio, con mayor eficacia llegará el oxígeno presente en la sangre a los músculos activos. Por lo demás, las adaptaciones no terminan en el corazón; también afectan a la sangre en sí. El volumen sanguíneo ha demostrado aumentar con el entrenamiento de fondo. Los hematíes, el tipo de células sanguíneas más frecuentes, son el principal medio para proveer oxígeno al cuerpo humano. Con el entrenamiento de fondo disminuye el nivel del hematocrito; es decir, la cantidad de hematíes dentro del volumen total de la sangre. Esto significa que como el volumen total de sangre es mayor y la sangre es menos viscosa puede desplazarse por el cuerpo y las arterias con mucha más facilidad. Piensa en la diferencia entre el aceite nuevo que se pone en el coche y el aceite viejo que ha estado en el motor durante los últimos 24.000 kilómetros. Un hematocrito más bajo equivale a menos desgaste del sistema; porque a medida que los hematíes aumentan de tamaño con el entrenamiento se pierde menos capacidad de transporte de oxígeno. Aunque pueda parecer contraproducente, como aumenta el volumen plasmático, el hematocrito disminuye, porque se expresa como porcentaje del volumen. Por eso, aunque el porcentaje sea menor, el número total de hematíes puede ser más alto. Recuerda que el 20 por ciento de 100 equivale a 20 hematíes, y que el 20 por ciento de 500 equivale a 100 hematíes, con lo cual obtienes más provecho de tus esfuerzos.

Con el entrenamiento de fondo el corazón se convierte en una máquina de bombeo más poderosa y el aporte de sangre es mayor y mejor; aunque nada de eso importa si los músculos no pueden utilizar el enorme volumen de oxígeno que ahora la sangre deja a su puerta. La transferencia real de oxígeno a los músculos ocurre en el lecho capilar, que es el punto final del circuito de las arterias. Algunos de estos capilares son tan pequeños que sólo un glóbulo rojo puede liberar cada vez su botín de oxígeno en el músculo. Desde ahí, el glóbulo rojo comienza su viaje de vuelta al corazón y a los pulmones, donde vuelve a cargarse de oxígeno. En reposo, muchos de los capilares están inactivos. Al empezar a correr, las líneas se abren y permiten a los músculos aceptar una cantidad cada vez mayor de oxígeno para cubrir las exigencias del ejercicio.

Mientras que la mejora de los componentes centrales del O2máx. es importante, contar con un ventrículo izquierdo más grande para bombear más sangre no parece servir de mucho si los músculos no pueden aprovechar esos cambios. Por suerte, como ya hemos dicho, los músculos con los que corremos se adaptan al mismo tiempo. Como se ve en la figura 2.1, algunos de los componentes periféricos clave que se aprecian con el entrenamiento de fondo son los siguientes:

Aumento de la densidad capilar: Una mayor densidad de capilares significa que las células intercambian oxígeno con mayor rapidez y eficacia, siendo el resultado final que los músculos activos obtienen el oxígeno que necesitan para seguir ejercitándose.

Mejora de los niveles enzimáticos y de la actividad de las mitocondrias: Piensa en las enzimas como en un instrumento que facilita el trabajo. Reducen la cantidad de energía necesaria para que se produzca una reacción. Con un nivel más alto de reacciones en las mitocondrias puede realizarse más trabajo al mismo ritmo.

Mejora de la densidad mitocondrial: Las mitocondrias son el lugar donde grasas e hidratos de carbono se emplean como fuente de energía, por lo que cuantas más mitocondrias tengamos, más grasa podrá usarse como energía para mantener la intensidad aeróbica.

Aumento del tamaño de las mitocondrias existentes: Unas mitocondrias más grandes permiten que se procese más energía en un sitio. Si podemos procesar más ácidos grasos por medio de un mayor número de mitocondrias y más grandes, reduciremos la necesidad de hidratos de carbono y aumentaremos el nivel de intensidad necesario para que se active el sistema anaeróbico (que depende de los hidratos de carbono para obtener energía).

La idea fundamental es que el cuerpo destaca por su capacidad para adaptarse al entrenamiento. Hará todo cuanto pueda por aguantar una actividad dada y ser más eficaz en ella. El O2máx. es el techo de tu potencial aeróbico, pero no es el determinante general de tu rendimiento potencial. Cuando tus capacidades aeróbicas llegan al límite, las capacidades anaeróbicas les pisan los talones. Como resultado, otras variables fisiológicas determinan lo bien que una persona corre un maratón.

Aunque no sea necesario determinar tu O2máx. y podamos garantizar que esa cifra subirá con tu entrenamiento de fondo, sí es un gran indicador de tu mejora. Hay varias formas de calcular el O2máx., algunas más caras que otras. En el extremo superior están los medios de gran precisión y más caros del espectro: gimnasios en los que con un equipamiento moderno se somete a prueba tu capacidad. Para ello tendrás que correr en una cinta sin fin con un tubo respiratorio e ir aumentando la velocidad. Veinte minutos después, tendrás una hoja impresa llena de datos puros y duros. Para tener una experiencia similar pero potencialmente más barata, busca donde ofrecerte voluntario y servir de cobaya para el laboratorio de fisiología del ejercicio de la universidad de tu ciudad. A menudo los estudiantes licenciados proporcionan mucha información valiosa, y por lo general sin que te cueste un céntimo.

FIGURA 2.1. COMPONENTES DEL O2MÁX. QUE MEJORAN CON EL ENTRENAMIENTO DE FONDO


Si no estás interesado en que te conecten a una máquina, piensa en hacer una prueba de campo. Yo recurro a la prueba de Balke, para la cual se necesita una pista de atletismo, un cronómetro y una calculadora. Aunque la ecuación pueda variar ligeramente, la siguiente es la que emplea el famoso entrenador de atletismo Joe Vigil, experto en el mundo de la ciencia del atletismo:


Para completar la prueba, haz un calentamiento exhaustivo y sigue estos pasos:

1. En la pista de atletismo, corre todo lo rápido que puedas durante 15 minutos, cubriendo la mayor distancia posible.

2. Convierte la distancia en metros. Una milla equivale a 1.609 metros. Si has corrido 2,5 millas, multiplica 2,5 por 1.609 para obtener 4.022 metros. 3. Toma la cifra en metros y conviértela en metros por minuto dividiéndola por 15. En nuestro caso, 4.022 ÷ 15 = 268 metros/minuto.

4. Tomando esos 268 m/min, los primeros 150 m = 33,3 ml/kg/min.

5. Los 118 m restantes se multiplican por 0,178 y se suman a la base de 33,3. Nota: Si no llegas a una velocidad mayor de 150 m/min, entonces usa la diferencia entre tu velocidad y 150, multiplícala por 0,178 y resta ese número a la base de 33,3.

Si usamos nuestro ejemplo:

Carrera de 4.022 m en 15 minutos = 268 m/min.

118 x 0,178 = 21

21 + 33,3 = 54,3 ml/kg/min o O2máx.

Esto significa que tu capacidad aeróbica actual es 54,3. Después de determinar tu O2máx. básico, deberás repetir esta prueba a mitad del entrenamiento para comprobar tu avance. Ten presente que cuanto mayor sea el nivel del corredor, menos cambios se apreciarán, Sin embargo, lo que siempre puede cambiar, aunque sea ligeramente, es el ritmo al que puedes correr con tu O2máx. Al final, eso es lo que realmente importa.

Umbral anaeróbico: Un poderoso jugador

Como dijimos antes, correr un maratón depende mucho del oxígeno que aporta el sistema aeróbico, que es más eficaz y posibilita una mayor tolerancia física que el sistema anaeróbico. El sistema anaeróbico es poderoso y explosivo, pero funciona sin oxígeno y, por lo tanto, sólo permite tandas cortas de velocidad antes de agotar las reservas de energía, ya que el ácido láctico se acumula en los músculos e impide correr. Aunque el ácido láctico o lactato haya sido objeto de publicidad negativa como un subproducto que causa agujetas y cansancio, en realidad sirve de fuente de energía a los músculos y les permite prolongar un poco el trabajo antes de tocar techo. Ahora los estudios nos dicen que el cansancio que sobreviene en este punto es causado por otro fenómeno fisiológico. Los culpables reales son los electrolitos –sodio, potasio y calcio– que se concentran en los músculos –cada uno con su carga eléctrica propia– y desencadenan las contracciones musculares. A mayor intensidad y con el paso del tiempo, los iones de potasio presentes fuera de las células ya no pueden intercambiar su sitio con los iones de sodio en el interior de la célula. Esto provoca que las contracciones musculares sean cada vez más débiles, un estado al que llamamos fatiga neuromuscular, que significa que tu cuerpo va perdiendo velocidad y termina deteniéndose. No sólo resulta que el lactato presente en la sangre no es el culpable que creíamos, sino que resulta que desempeña un papel importante en las carreras de maratón. El sistema aeróbico permite mantener un ritmo moderado durante largos períodos; porque el lactato producido se procesa y elimina simultáneamente. Sin embargo, a medida que el sistema aeróbico se fatiga o aumenta la intensidad, uno se vuelve más dependiente del sistema anaeróbico y, a su vez, se llega a un punto en que producimos lactato con mayor rapidez que lo eliminamos. El llamado umbral del lactato, también inicio de la acumulación de lactato en sangre, o umbral anaeróbico, es el punto en que el ácido láctico comienza a acumularse en el torrente circulatorio.

El umbral anaeróbico es el ritmo al que el ácido láctico comienza a acumularse exponencialmente a pesar de correr a una velocidad regular.

El umbral anaeróbico es en especial importante, porque es posible que sea el mejor predictor del rendimiento de fondo. Se produce al llegar a algún punto entre el 60 y el 90 por ciento o más del O2máx. de una persona, por lo que cuando te aproximas a tu O2máx., el lactato comienza a acumularse en la sangre. Los mejores entre los mejores suelen presentar un umbral anaeróbico que supera el 70 por ciento del O2máx. Aunque el entrenamiento sólo eleve tu O2máx. unos pocos puntos, puede tener un impacto significativo sobre el umbral anaeróbico. Si observamos a un grupo de maratonianos de elite, sus niveles del O2máx. serán parecidos entre sí, porque es el umbral anaeróbico el que tiende a diferenciar el primer lugar del décimo. Si bien el O2máx. diferencia a los atletas de nivel nacional de los corredores recreativos, el umbral anaeróbico es el que diferencia a los campeones de sus rivales.

Tal como señalamos al hablar del O2máx., las pruebas de medición son siempre aproximadas a menos que se hagan en un laboratorio y te faciliten una copia impresa con tus datos. Nuestro consejo es que veas cómo responde tu cuerpo a las sesiones de ejercicio del plan de entrenamiento. Por lo general, el ritmo al que se alcanza el umbral anaeróbico se mantiene en torno a una hora. Podría ser el ritmo para una carrera de 10 km en el caso de algunos corredores y el ritmo para un medio maratón en el caso de otros. Si no dispones de datos sobre esos ritmos para aplicarlos, entonces pregúntate: «¿Puedo mantener este ritmo una hora seguida?». Ajusta el ritmo basándote en tu respuesta.

Recuerda que el umbral anaeróbico es el punto en que las vías aeróbicas siguen proporcionando energía para generar contracciones musculares, pero no lo hacen con la rapidez suficiente como para aportar toda la energía requerida. Es entonces cuando las vías anaeróbicas comienzan a marcar la diferencia. Al correr más rápido y más lejos, entrenamos nuestros cuerpos para depender más profundamente de las vías aeróbicas, con lo cual mejora la tolerancia física y aumenta el tiempo que tardamos en alcanzar el punto de dependencia anaeróbica. Comparado con los programas tradicionales de entrenamiento, una de las grandes diferencias del método Hanson de entrenamiento para maratón es que, en vez de con tanto trabajo anaeróbico, te enseñamos a estimular el metabolismo anaeróbico mediante un gran volumen de entrenamiento aeróbico.

Umbral aeróbico: Reducción de glucógeno

Toda esta disquisición sobre los sistemas de energía te habrá hecho preguntarte de dónde procede en primer lugar la energía. La respuesta es de las grasas y los hidratos de carbono. Como corredor de maratones debes centrarte en entrenar el cuerpo para usar grasas como fuente primaria de energía. Nuestros cuerpos almacenan pequeñas cantidades de hidratos de carbono para obtener energía rápida, mientras que nuestras reservas de grasas son casi inagotables. Incluso si tu porcentaje de grasa corporal es bajo, tu sistema corporal cuenta con abundante grasa para usar como energía. La grasa es especialmente rica en energía porque aporta casi el doble de calorías por gramo que los hidratos de carbono. El único problema es que la oxidación de las grasas para obtener energía es lenta en comparación con la oxidación de hidratos de carbono. En la mayoría de las personas, las grasas sirven como fuente principal de energía hasta alcanzar en torno al 50 por ciento del O2máx., debido a que éstas se procesan con rapidez suficiente en las mitocondrias para cubrir las demandas de la carrera hasta ese punto. Para una gran parte de los corredores, correr al 50 por ciento del O2máx. es dolorosamente lento. Superado ese punto, debido a la distancia o a la intensidad, el cuerpo procura quemar hidratos de carbono. Como la grasa no puede catabolizarse sin oxígeno, el punto en que el cuerpo comienza a nutrirse de las reservas de hidratos de carbono se denomina umbral aeróbico. En la figura 2.2 presentamos un gráfico que muestra la contribución de las grasas y los hidratos de carbono según la intensidad de la carrera.

FIGURA 2.2. CONTRIBUCIÓN DE LAS GRASAS Y LOS HIDRATOS DE CARBONO SEGÚN LA INTENSIDAD DE LA CARRERA


El umbral aeróbico es el ritmo al que las grasas e hidratos de carbono se consumen en una proporción prácticamente igual (50/50).

Ésta es la razón por la que los hidratos de carbono (glucógeno) aportan la mayoría de la energía cuando corremos a un ritmo más intenso. El problema de la dependencia de las reservas de glucógeno para obtener energía es que sólo tenemos reservas para 2 horas, y una vez agotadas, no podremos seguir corriendo. Cuando consumimos las reservas de glucógeno, el cuerpo se abastece de la glucosa presente en la sangre, y ésta se agota a una velocidad todavía mayor. El resultado es que «tocamos techo». Si alguna vez has presenciado un maratón, es probable que hayas visto tocar techo a corredores a la cabeza del pelotón, a la cola y en cualquier otra posición intermedia. Son esos corredores que bajan el ritmo hasta casi arrastrarse como si cargaran con un ancla de cien kilos. Aunque en el pasado se pensó que era un proceso inevitable por el que pasaban los corredores que terminaban el maratón, un plan de entrenamiento inteligente te ayudará a evitar tocar techo. La clave es quemar grasas durante un período más largo para evitar el agotamiento de las reservas limitadas de hidratos de carbono.

Algún punto de ese estado en que el cuerpo consume grasas es el ritmo óptimo para correr el maratón. Si eres un corredor novato, ese límite tal vez se encuentre entre el 50 y el 60 por ciento de tu O2máx. En el caso de corredores recreativos entrenados, ese límite se sitúa entre el 55 y el 65 por ciento, y en el caso de los corredores más rápidos, entre el 60 y el 80 por ciento.

No hay una forma exacta de determinar ese límite si no es con las pruebas de laboratorio antes mencionadas. Incluso así, algunos aparatos no tienen en cuenta ese umbral; lo mejor que se puede decir es que cuando corremos sobreviene muy pronto. La mayoría de las carreras suaves se aproximan a ese umbral. Debería tranquilizarte el que la mayoría de las carreras suaves se corran dentro de ese umbral, el cual mejora siempre y cuando no se corra demasiado duro cuando hay que correr suave.

Por suerte para el aspirante a maratoniano, es posible entrenar el cuerpo para quemar grasas durante más tiempo. La velocidad a la que se procesan las grasas no cambia con el entrenamiento, por lo que, para conseguir quemar más grasas, necesitamos quemar un mayor volumen de ellas. Para quemar un volumen elevado, necesitamos más fábricas metabólicas (es decir, mitocondrias, que, como dijimos antes, son los «centros de energía de las células»). El entrenamiento en condiciones aeróbicas aumenta el número de mitocondrias, lo cual incrementa la actividad enzimática y la presencia de oxígeno en el sistema. Aunque no necesariamente las mitocondrias se produzcan con más rapidez, son más grandes y poderosas, y permiten oxidar grasas y convertirlas en energía para las contracciones musculares. Al aumentar la energía obtenida de grasas, el nivel de glucógeno de los músculos no comienza a descender hasta más tarde, conservándose para cuando se corra a un ritmo más alto. Básicamente, el techo de nuestra capacidad física se sitúa más lejos, y si tenemos suerte, nunca se alcanza.

Las figuras 2.3 y 2.4 demuestran lo que se ha expuesto hasta el momento. La figura 2.3 presenta los resultados típicos de una prueba del O2máx. en tapiz rodante para un corredor entrenado. En su mayor parte, se observa un incremento lineal de la cantidad de oxígeno utilizado al aumentar la intensidad. Al llegar al umbral, en el gráfico se aprecian suaves desviaciones. La primera representa el umbral aeróbico. La segunda representa el umbral anaeróbico. La figura 2.4 muestra las mediciones del lactato en la sangre durante una prueba en tapiz rodante. Al trazar gráficamente la cantidad de lactato en sangre a intervalos fijos durante la prueba, de nuevo vemos los puntos en que se desvía la línea y que coinciden con dicho umbral.

FIGURA 2.3. MUESTRA DE LOS RESULTADOS DEL VO2MÁX. EN UNA PRUEBA EN TAPIZ RODANTE


Una prueba de lactato en sangre muestra con más claridad los puntos de desviación usando las mismas intensidades que en la prueba del O2máx. A unas 4 millas por hora, se produce el primer incremento del lactato en sangre, lo cual revela el aumento de la dependencia de los hidratos de carbono. A 8 millas por hora, hay un segundo aumento, más exponencial, lo que indica la incapacidad para eliminar el lactato al mismo ritmo que se produce.

FIGURA 2.4. PRODUCCIÓN Y ELIMINACIÓN DEL LACTATO


Economía al correr: El ritmo sí importa

La economía al correr, es decir, la cantidad de oxígeno necesaria para correr a cierto ritmo, es el último proceso fisiológico que deben conocer los maratonianos. Pensemos en el siguiente caso: Un corredor A y un corredor B presentan un mismo O2máx. de 60 ml/kg/min. El corredor B podría necesitar 50 ml/kg/min para correr 1.600 metros en 6:30 minutos, mientras que el corredor A podría necesitar 55 ml/kg/min para correr al mismo ritmo. En tal caso, el corredor B muestra mayor economía que el corredor A, y lo más importante es que es probable que también sea más rápido. En la figura 2.5 vemos un gráfico del ejemplo.

FIGURA 2.5. COMPARACIÓN DEL VO2MÁX. ENTRE CORREDORES PARECIDOS


Aunque haya habido mucho debate sobre los efectos de la economía al correr, dos hechos están claros. Primero, la economía al correr depende de un volumen de entrenamiento elevado. Aunque no necesites rodar 225 kilómetros semanales, tu kilometraje debe ser suficiente para la distancia en que vayas a competir. Cuando digo «suficiente», me refiero al kilometraje necesario para rendir bien en tu distancia. Por ejemplo, 32 kilómetros por semana es un volumen suficiente para un corredor principiante en una prueba de 5 km, pero no es bastante para un maratoniano avanzado. Esto varía dependiendo de la prueba para la que entrenes, del número de meses y años que lleves corriendo, y de lo rápido que tengas pensado correr.

La economía al correr es la cantidad de oxígeno que utiliza un corredor corriendo a cierto ritmo. Cuanto menos oxígeno se necesite, mejor.

El segundo componente de la economía al correr es el entrenamiento de velocidad. Al entrenar a cierto ritmo, el cuerpo se vuelve más ahorrador a ese ritmo. Como el objetivo es mejorar la economía al correr a ritmo de competición, deberás pasar tiempo suficiente entrenando a ese ritmo. Esto vuelve a subrayar la importancia de no correr en los entrenamientos por encima del ritmo prescrito. Cuando optas por correr más rápido de lo sugerido, en realidad entrenas a un nivel para el que no estás preparado basándote en el rendimiento en carrera. Entrenar por encima del ritmo sugerido convierte las sesiones de ejercicio en algo para lo que no están pensadas; así, por ejemplo, las carreras suaves tal vez terminen pareciéndose a carreras cronometradas; las carreras cronometradas a carreras de fuerza, y las carreras de fuerza a carreras de velocidad. Estos ritmos tal vez parezcan posibles al principio, pero sabemos que la mayoría de las personas que entrenan demasiado rápido terminan sobreentrenadas, quemadas o lesionadas. Si te sientes con fuerzas para entrenar a un ritmo más rápido, entonces es importante correr (o reproducir) una carrera competitiva para confirmar que estás listo para marcarte el objetivo de competir a un ritmo más agresivo.

Un método basado en la fisiología

Una vez que se conocen los factores fisiológicos que vuelven óptimo el entrenamiento de maratón, todas las sesiones de ejercicio quedan justificadas. A medida que las fibras musculares se adaptan al esfuerzo de correr, el O2máx. mejora, también el umbral anaeróbico, así como la capacidad para quemar grasas a una intensidad superior. Al final, la mejora de la economía en carrera es resultado de un entrenamiento óptimo y continuo. Y todo se reduce a pequeños procesos biológicos del cuerpo humano: aumento de la capilaridad, incremento del número y tamaño de las mitocondrias, y una mayor actividad enzimática de éstas; es decir, se necesita menos oxígeno para correr al mismo ritmo. Con el método Hanson se abordan todos estos factores, y así conseguirás correr tu mejor maratón.

PARTE II

EL PROGRAMA

CAPÍTULO 3

COMPONENTES

DEL PROGRAMA

DE ENTRENAMIENTO

LOS NUMEROSOS PROGRAMAS DE ENTRENAMIENTO PARA MARATÓN acordes con las ideas vigentes suelen hacer que los corredores duden del potencial de cualquier método que no incluya un rosario de carreras largas de 32 o más kilómetros. De hecho, Kevin admite que lo tuvo muy difícil para convencer a su mujer, Nancy, de que siguiera el método Hanson de entrenamiento para maratón debido a la divergencia en las prescripciones del entrenamiento. Después de varios intentos fallidos por bajar de la barrera de las 3:00 horas, Nancy dejó de lado sus ideas preconcebidas y abrazó sin ambages el programa. Tuvo cuidado de seguir todas las recomendaciones del entrenamiento según el método Hanson, para en caso de no bajar su marca poder decir: «Kevin, hice todo lo que me dijiste que hiciera, pero no funcionó». Aceptó que podría mejorar de una vez por todas siguiendo el plan religiosamente. Al final, Nancy bajó de las 3:00 horas y admitió feliz que el plan de entrenamiento funcionaba, tal como Kevin y su hermano aseguraron que sucedería.

Cuando empieces a diseccionar nuestros planes de entrenamiento, ten en cuenta los distintos componentes que forman el programa para principiantes y el programa avanzado. Las carreras se organizan por categorías: días suaves y sesiones de suficiente entidad (SEN). La figura 3.1 muestra la distribución del kilometraje semanal. Las sesiones SEN consisten en carreras largas, carreras cronometradas, carreras de fuerza y carreras de velocidad. Las carreras largas se incluyen en la categoría SEN porque, por definición, requieren más esfuerzo que un día de entrenamiento suave. No obstante, el ritmo es más lento que el ritmo de maratón y podrían definirse como suaves. Al variar el plan de entrenamiento de un día para otro, resulta posible entrenar distintos sistemas, todos los cuales trabajan al unísono para mejorar al máximo tu potencial en el maratón.

FIGURA 3.1. ANÁLISIS DEL KILOMETRAJE SEMANAL


A menudo nos preguntan si en estos programas se incluyen cuestas, o series en cuestas. Como tal vez hayas apreciado, el programa de entrenamiento no tiene una designación específica para las cuestas. En parte esto sucede para simplificar el programa y que sea más fácil de seguir. Además, el entrenamiento para un maratón debería implicar el entrenamiento por diversas superficies. En concreto, mientras que las sesiones de velocidad suelen practicarse en una pista de atletismo o una zona llana, las de fuerza deben desarrollarse en terreno más ondulante. Por ejemplo, el proyecto Hanson-Brooks de corredores de fondo contiene sesiones de fuerza en un circuito circular de 9,6 kilómetros por un parque cercano que presenta terreno ondulante. Esto permite a los corredores rodar por cuestas durante una sesión SEN sin tener que dedicar sesiones de ejercicio específicas para las cuestas.

Según el principio de la sobrecarga, la exposición regular a un ejercicio específico mejora ciertas funciones fisiológicas y, por lo tanto, induce una respuesta al entrenamiento. (Te pones más en forma.)

El origen de este método tan variado es el principio de la sobrecarga, según el cual cuando el cuerpo realiza una actividad que altera su estado actual de homeostasis (equilibrio interno), se activan ciertos mecanismos de recuperación. Como expusimos en el capítulo 2, distintos esfuerzos actúan sobrecargando el sistema y estimulando cambios fisiológicos. Estas adaptaciones preparan a su vez el cuerpo para soportar mejor esos esfuerzos la siguiente vez que se enfrente a ellos. Aquí es donde interviene el principio del cansancio acumulativo que vertebra toda nuestra filosofía del entrenamiento. El cansancio acumulativo consiste en someter el cuerpo a un estímulo sin llegar al punto de no retorno (sobreentrenamiento). Durante el curso del entrenamiento, apreciarás que nuestras sesiones de ejercicio están pensadas para trabajar los distintos umbrales sin propasarse en ninguno de ellos. Mediante el cumplimiento de las distintas sesiones de ejercicio al ritmo y la intensidad prescritos, te mantendrás en el límite sin superarlo nunca y obteniendo los máximos beneficios.

Días suaves

CARRERAS SUAVES

En lo referente a las carreras suaves abundan las ideas erróneas. Muchas veces estas sesiones de entrenamiento se consideran innecesarias, casi como kilometraje de relleno. Muchos corredores novatos creen que esos días pueden considerarse opcionales, porque no aportan beneficios reales. No te dejes engañar; el kilometraje a ritmo suave desempeña un papel vital en el desarrollo de todo corredor. No todas las carreras tienen que ser –no deberían serlo– una experiencia límite y agotadora. Mediante una sobrecarga más suave que puede aplicarse dentro de un volumen más alto que en las sesiones SEN, las carreras suaves comportan muchas ventajas importantes sin acarrear dolor. Esto mantiene el cuerpo en un estado constante de ligera perturbación, lo cual evita las lesiones, al tiempo que fuerza a tu cuerpo a adaptarse al esfuerzo para mejorar su condición física.

En la semana de máximo esfuerzo del programa para corredores avanzados prescribimos un techo de 101 kilómetros, 50 de los cuales, o el 49 por ciento, se clasifican como suaves. La figura 3.2 aporta la justificación de por qué casi la mitad del kilometraje semanal se dedica a este tipo de entrenamiento. Para entender por qué las carreras suaves son importantes, debes tener en cuenta las adaptaciones fisiológicas que estimulan el desarrollo de las fibras musculares, la utilización de la energía, el desarrollo capilar, la fuerza cardiovascular y la condición física estructural.

Fisiología de las carreras suaves

Cuando contemplamos las razones por las que las carreras suaves son importantes, fíjate sólo en lo que se refiere a las fibras musculares. Como expusimos en el capítulo 2, aunque el número de fibras de contracción lenta de un corredor está determinado genéticamente y establece en último término su potencial como maratoniano, el entrenamiento puede marcar una gran diferencia. Las carreras suaves reclutan todo un ejército de fibras de contracción lenta, porque presentan un umbral de «activación» o contracción más bajo que las más poderosas fibras de contracción rápida. Como cualquier otro músculo, cuanto más se usan, más se desarrollan. Además de su mayor resistencia al cansancio, es posible depender más kilómetros de las fibras de contracción lenta, con lo cual las fibras de contracción rápida no se activan por completo hasta que llevamos mucho tiempo corriendo. Al final, las carreras suaves ayudan a desarrollar las fibras de contracción lenta, que son más resistentes a la fatiga, y las fibras de contracción rápida, que asumen muchas de las características de las fibras de contracción lenta.

FIGURA 3.2. BENEFICIOS DE LAS CARRERAS SUAVES


Además, cuantas más fibras de contracción lenta tengas, mejor preparado estarás para consumir grasas como forma de energía. Ahora sabemos que esto es muy bueno, porque el cuerpo contiene cantidades enormes de grasa para quemar y sólo un limitado aporte de hidratos de carbono. Cuanto más tiempo pases quemando grasas en vez de hidratos de carbono, más tiempo podrás retrasar la posibilidad de «tocar techo» como resultado de la reducción del glucógeno (hidratos de carbono). Cuando corremos a intensidad baja, quemamos en torno a un 70 por ciento de grasas y un 30 por ciento de hidratos de carbono. Al aumentar el ritmo se produce un incremento del porcentaje de hidratos de carbono que quemamos. Los días de carreras suaves sirven de catalizadores para desarrollar esas fibras musculares de contracción lenta y, por consiguiente, para enseñar al cuerpo a catabolizar más grasas que hidratos de carbono. Las fibras de contracción lenta son mejores que fibras de contracción rápida a la hora de quemar grasas, porque contienen más mitocondrias; o sea, enzimas, que queman grasas, y capilares.

Como respuesta a la necesidad de grasas del cuerpo durante el entrenamiento, las mitocondrias aumentan de tamaño y se dispersan por los músculos. De hecho, los estudios indican que con sólo seis o siete meses de entrenamiento puede conseguirse que las mitocondrias aumenten de tamaño hasta un 35 por ciento y su número se multiplique por 5. Esto te beneficia como corredor, porque la mayor densidad de las mitocondrias actúa catabolizando grasas con más eficacia. Por ejemplo, si hace un año quemaste un 60 por ciento de grasas a cierto ritmo, el entrenamiento tal vez haya elevado ese porcentaje hasta el 70 por ciento.

Gracias a las carreras suaves, tu cuerpo experimentará también un aumento de las enzimas que ayudan a quemar grasas. Todas las células del cuerpo contienen estas enzimas, que esperan «activarse» con la actividad aeróbica. No se necesitan píldoras ni operaciones quirúrgicas especiales; es la forma natural que tiene el cuerpo de quemar grasas. Las enzimas actúan haciendo posible que las grasas entren en el torrente circulatorio y viajen a los músculos, donde se usarán como fuente de energía. Con la ayuda de un número creciente de mitocondrias y enzimas metabolizadoras de grasas, el cuerpo utiliza grasas durante más tiempo, retrasando el momento en que el cuerpo «toca techo» y posibilitando que corras más tiempo.

El desarrollo capilar es otro beneficio de las carreras suaves. Como correr requiere que una gran cantidad de sangre aporte oxígeno al sistema, con el entrenamiento se incrementa el número de capilares de los músculos ejercitados. Después de sólo unos pocos meses corriendo, los lechos capilares aumentan hasta un 40 por ciento. Además, las fibras de contracción lenta contienen una red más amplia de capilares que las de contracción rápida, con lo cual esas fibras de contracción lenta tienen acceso a mucho más oxígeno. A medida que aumenta la densidad de los capilares de esos músculos, llega más oxígeno y de forma más eficaz.

Las carreras suaves también generan varias adaptaciones fuera de los músculos que se ejercitan. Como ya sabes, el cuerpo necesita más oxígeno cuando aumenta la carga de trabajo, y la forma de transportar más oxígeno al sistema consiste en distribuir más sangre por el cuerpo. Con varios meses de entrenamiento que consista en gran parte en carreras suaves, un corredor experimentará un aumento de la hemoglobina, una proteína «transportadora de oxígeno», además de un incremento del 35-40 por ciento del volumen plasmático. Este aumento del volumen no sólo ayuda a distribuir oxígeno, sino que también elimina los productos de desecho del metabolismo.

La mejor forma de potenciar este desarrollo es por medio de carreras suaves. Si una persona elimina las carreras suaves de su programa, todas estas adaptaciones se reducirían en gran medida. Por otra parte, piensa en el volumen de carrera que puedes asumir en una sesión de carreras con intervalos. Ese número puede ser unos pocos kilómetros de trabajo duro. Por otra parte, piensa en todos los kilómetros suaves que puedes asumir: kilómetros y kilómetros por semana. Cuando intentes trabajar el sistema al máximo (cerca del ciento por ciento de su capacidad), sólo podrás hacer una cantidad limitada de trabajo; sin embargo, si desarrollas un sistema de principio a fin, ese volumen es mucho mayor. Dicho de otro modo, las carreras suaves diarias brindan al corazón una oportunidad mucho mayor de adaptarse a una carga de trabajo moderada, en vez de a un volumen limitado de trabajo extremadamente duro.

Las carreras suaves también generan ciertos cambios estructurales en el sistema fisiológico que son ventajosos para correr un buen maratón. La adaptación principal se produce en los tendones de los músculos que se ejercitan. Al correr, el cuerpo aterriza con una fuerza varias veces superior al peso corporal del corredor; cuanto mayor sea el ritmo, mayores serán las fuerzas. La tensión continua resultante sobre tendones y articulaciones, aplicada de manera gradual durante las carreras suaves, permite a los tendones adaptarse lentamente a fuerzas de mayor impacto, para más adelante soportar las grandes demandas de las carreras a ritmo rápido.

En conjunto, estas adaptaciones estimuladas por las carreras suaves potencian un mayor O2máx., dilatan el umbral anaeróbico y mejoran la economía al correr. Mientras que las sesiones de ejercicio anaeróbico rápido aportan pocas mejoras a la capacidad aeróbica y la tolerancia física de los músculos, muchos kilómetros de carreras suaves mejoran a grandes saltos el desarrollo aeróbico. Tanto si estás buscando fortalecer el corazón como transportar más oxígeno a los músculos activos o simplemente correr más lejos a cierto ritmo, todos los signos apuntan a la inclusión de un volumen elevado de carreras suaves en el entrenamiento.

Pautas de las carreras suaves

Una carrera suave suele definirse como aquella que dura entre 20 minutos y 2,5 horas a una intensidad del 55-75 por ciento del O2máx. Como la mayoría de nosotros no disponemos de medios para someter el O2máx. a prueba, lo mejor que podemos hacer es fijarnos en el ritmo por kilómetro. El método Hanson de entrenamiento para maratón exige que las carreras suaves sean a un ritmo 1-2 minutos más lento que el ritmo al que se piensa correr el maratón. Por ejemplo, si tu ritmo proyectado para el maratón es 8:00 minutos cada 1,6 kilómetros, un ritmo suave será 9:00-10:00 minutos cada 1,6 kilómetros. Aunque las carreras suaves sean una parte necesaria del entrenamiento de maratón y controlar el ritmo sea clave para su eficacia, asegúrate de que las carreras no sean demasiado suaves. Si tu ritmo es excesivamente lento, estarás agotando tendones y huesos sin obtener beneficios aeróbicos. Consulta la tabla 3.5 al final de este capítulo, donde aparecen pautas específicas.

Ten presente que hay un momento para las carreras suaves «rápidas» (1:00 minuto más lento los 1,6 kilómetros que el ritmo del maratón) y otro para las carreras suaves «lentas» (2:00 minutos más lento los 1,6 kilómetros que el ritmo del maratón). Las carreras suaves «rápidas» y «lentas» no dependen del calendario, y permiten cierta flexibilidad dependiendo de la experiencia y nivel de forma física. Si eres un maratoniano novato, céntrate más en rodar kilómetros y menos en correr a cierta velocidad. Por su parte, los maratonianos de nivel avanzado deben alternar entre ritmos más lentos y rápidos en sus carreras suaves, sobre todo durante las carreras largas. El calentamiento y la recuperación activa son períodos durante los cuales querrás correr al ritmo más lento del espectro. La idea consiste en salvar el vacío entre no correr y correr rápido, y viceversa. El día después de una sesión SEN es otro momento en que puedes elegir (dependiendo de tu experiencia) un ritmo entre los lentos. Por ejemplo, si tienes una carrera larga el domingo y una sesión de fuerza el martes, entonces la carrera del lunes debería ser más suave para garantizar que estás recuperado y listo para una buena sesión el martes. Al correr las carreras suaves cerca de 2:00 minutos más lento los 1.600 metros que el ritmo de maratón, los corredores principiantes harán sin peligro la transición a un kilometraje más elevado. Es probable que los corredores de nivel más avanzado aguanten el ritmo más rápido del espectro de carreras suaves, incluso después de las sesiones SEN. El día siguiente a una carrera cronometrada y el segundo día suave antes de una carrera larga son buenos momentos para correr cerca de 1:00 minuto más lento los 1.600 metros que el ritmo al que correrás el maratón.

TABLA 3.1. PROGRAMACIÓN DE LAS CARRERAS SUAVES EN EL


* El ritmo de lunes y viernes debe tratarse con cuidado y sensatez.

Tanto si eres un corredor novato como uno experimentado que busca un nuevo método, cíñete al plan cuando te toquen carreras suaves. Pásalo bien los días de carrera suave, disfruta del paisaje o de la conversación con los amigos. Mientras tanto estarás acumulando toda una lista de beneficios fisiológicos. Además, después de una carrera relajada, el cuerpo pedirá un reto más duro, estará listo para afrontar la siguiente sesión SEN.

El programa de la tabla 3.1 te permitirá hacerte una idea de la ubicación de las carreras suaves en el calendario general del entrenamiento. Los lunes, las distancias oscilan entre 8 y 13 kilómetros, seguidas por una sesión de velocidad los martes y luego una carrera larga los domingos. Además, fíjate en que los días suaves que caen en miércoles van seguidos por carreras cronometradas los jueves. Es aquí cuando puede producirse el sobreentrenamiento, cuando las carreras suaves caen en medio de dos sesiones SEN. Es habitual que esto ocurra durante la primera parte del calendario de entrenamiento, cuando los corredores todavía se sienten frescos, lo cual hace que corran más rápido de lo prescrito. Recuerda que no son días para preocuparte por lo rápido que corres; lo importante son las horas que corres, no el ritmo.

CALENDARIO GENERAL


VIERNES** SÁBADO** DOMINGO
Suave Suave Carrera larga
Suave Suave Carrera larga
Suave Suave Carrera larga

** El sábado es un día para tener en cuenta el límite más rápido de un ritmo suave.

Para la carrera suave del sábado puedes ser un poco más flexible con el ritmo. Si te sientes bien, corre al ritmo más rápido del espectro de las carreras suaves. Las adaptaciones metabólicas ocurrirán dentro del margen de ritmo prescrito, pero pueden producirse lesiones si adquieres el hábito de correr siempre más rápido, así que asegúrate de moderar tu ritmo. La tabla 3.1 también muestra que llegas a un punto en que no es lógico seguir sumando sesiones a la semana de entrenamiento, y que si quieres que la progresión se produzca, deberás sumar otro día suave (miércoles) y/o kilometraje a los días suaves, y no correr más fuerte. En el método Hanson de entrenamiento para maratón apreciarás que una vez que las sesiones alcanzan el máximo kilometraje, los días suaves son los que asumen el kilometraje semanal.

Sesiones SEN

LA CARRERA LARGA

La carrera larga requiere más atención que cualquier otro componente del entrenamiento de maratón. Se ha convertido en un símbolo entre los corredores que se preparan para esta prueba y con el cual uno se compara con sus compañeros. Sorprende descubrir que muchos de los consejos en circulación sobre las carreras largas son erróneos. Después de unas semanas de kilometraje relativamente bajo, algunos planes sugieren iniciar carreras largas descomunales que terminan en algo más parecido a un desastre que a un entrenamiento productivo. Una carrera larga de 32 kilómetros al final de un programa en que se corren tres días por semana puede resultar desmoralizante y dañina. La carrera larga se ha convertido en el gran interrogante, algo a lo que no estás seguro de sobrevivir, pero a lo que te sometes a pesar de todo el sufrimiento. Pese a la abundancia de datos anecdóticos y académicos en contra de estas tácticas de entrenamiento, todavía persiste la idea de alcanzar 32 kilómetros en una carrera larga. Se ha convertido en una cifra mágica para los maratonianos, sin tener en cuenta las diferencias individuales de capacidad y objetivos. Aunque incontables maratonianos hayan conseguido cruzar la línea de meta usando estos programas, el método Hanson de entrenamiento para maratón aporta un enfoque distinto con el que el entrenamiento no sólo es más placentero, sino que también te ayuda a correr 42 kilómetros con más eficacia.

Nuestra idea de una carrera larga tal vez parezca radical, pero se basa en los resultados de las pruebas de laboratorio y de campo. Después de examinar los anales de la literatura sobre ciencia del ejercicio, después de entrenar a corredores de elite con Kevin y Keith, y de poner a prueba las teorías en mi propio entrenamiento, me pareció necesario revisar algunas de las creencias antiguas sobre el entrenamiento para maratón, y en especial sobre las carreras largas. Como resultado, la carrera larga de 25,6 kilómetros es el día más largo dentro del programa habitual del método Hanson. Pero tiene truco: la carrera larga debe reproducir los últimos 25,6 kilómetros del maratón, no los primeros. El plan de entrenamiento debe reproducir el cansancio acumulativo que se experimenta durante un maratón, pero sin romper las piernas por completo. En vez de pasar toda la semana recuperándote de la carrera larga previa, hay que sentar las bases para el siguiente gran esfuerzo.

Echa un vistazo a una semana del programa que incluya una carrera larga de 25,6 kilómetros el domingo (véase la tabla 4.3). Los días previos hay una carrera cronometrada el jueves y carreras cortas más suaves el viernes y el sábado. No hay ningún día totalmente libre antes de una carrera larga, porque la recuperación se produce durante los días de carrera suave. Como ninguna sesión ha agotado por completo tus reservas de energía ni te ha roto las piernas, dejamos que el cansancio se vaya acumulando poco a poco. El plan permite una recuperación parcial, pero está pensado para evitar que te sientas totalmente fresco al afrontar una carrera larga. Después de la carrera larga del domingo, tendrás un día suave el lunes y una sesión de fuerza el martes. Esto tal vez parezca demasiado en un principio, pero como el ritmo de la carrera larga y su kilometraje se programan a medida de tu capacidad y experiencia, se precisa menos recuperación.

Fisiología de las carreras largas

Las carreras largas aportan varios beneficios, muchos de los cuales guardan relación con las mejoras obtenidas con las carreras suaves. Mentalmente, al ir aumentando el kilometraje de una semana a otra, las carreras largas contribuyen a mejorar la confianza en uno mismo. Te ayudan a adquirir las destrezas necesarias para afrontar el reto de completar cualquier prueba de fondo. Te enseñan a persistir cuando no te sientes al ciento por ciento. Como nunca sabes qué va a ocurrir el día del maratón, éste es un recurso muy útil. Sin embargo, lo más notable son las adaptaciones fisiológicas como resultado de las carreras largas. La mejora del O2máx., el aumento de los capilares, la mayor fortaleza del corazón y la capacidad de las células para utilizar grasas son algunos de los beneficios. Cuando tu cuerpo está entrenado para correr mucho tiempo, se adapta y aprende a almacenar más glucógeno, con lo cual consigues llegar más lejos antes de agotarte.

Beneficios de las carreras largas:

• Mejora de la confianza al aumentar el kilometraje semana tras semana.

• Mejora del O2máx.

• Capacidad de las células para utilizar la grasa.

• Aumento de la fuerza muscular.

• Incremento de las reservas de energía en los músculos.

Además de aumentar las reservas de energía de los músculos, las carreras largas también incrementan la fuerza muscular. Aunque durante una carrera larga el cuerpo recurre primero a las fibras musculares de contracción lenta, al final, cuando las fibras de contracción lenta se fatigan, termina reclutando las fibras de contracción rápida. La única forma de entrenar esas fibras de contracción rápida es corriendo lo bastante como para que primero se cansen las fibras de contracción lenta; al fortalecer todas estas fibras, evitarás tocar techo el día de la carrera. Ahora es probable que la mayoría de estas adaptaciones comiencen a resultarte familiares.

Pautas de las carreras largas

El asesoramiento del renombrado investigador y entrenador Jack Daniels constituye el fundamento teórico de nuestras carreras largas. Siempre exige a los corredores que en una carrera larga no superen el 25-30 por ciento de su kilometraje semanal, tanto si están entrenando para una carrera de 5 km como para un maratón. También es partidario de la norma de no superar el límite de 2:30 a 3:00 horas de carrera, porque superar ese límite no aporta ningún beneficio fisiológico y puede derivar en sobreentrenamiento lesiones o en acabar quemado.

El doctor Dave Martin, investigador de atletismo de la Universidad Estatal de Georgia y asesor del equipo norteamericano, va un paso más allá y recomienda que las carreras largas duren entre 90 minutos y 2 horas. Aunque para los maratonianos de alto nivel propone carreras largas de 29 a 40 kilómetros, hay que tener en cuenta que un corredor de este calibre puede acabar una carrera de 40 kilómetros en menos de 3 horas. Esto revela la importancia de apreciar el ritmo de la carrera larga. El doctor Joe Vigil, entrenador del equipo norteamericano y científico, también respalda este concepto, aconsejando que las carreras largas se incrementen de manera gradual hasta que el corredor llegue a las 2-3 horas. Ciertamente, una carrera de 40 kilómetros completada en menos de 3 horas por un corredor de elite aportará distintas adaptaciones fisiológicas que una carrera de 40 kilómetros que a un corredor menos experimentado le lleve 3 horas y media o más.

Según el legendario investigador y escritor sudafricano Tim Noakes, una carrera ininterrumpida de suave a moderada al 70-85 por ciento del O2máx. durante 2 horas o más causará la máxima reducción de glucógeno. David Costill, fisiólogo del ejercicio y doctor, también ha reparado en que una carrera de 2 horas disminuye las reservas de glucógeno hasta un 50 por ciento. Aunque esta tasa de reducción de glucógeno es aceptable el día de la competición, resulta contraproducente a mitad del ciclo de entrenamiento, porque se necesitan hasta 72 horas para reabastecer esas reservas. Cuando las reservas de energía disminuyen tanto, sobreviene el cansancio, y uno se salta alguna sesión o realiza el entrenamiento con las piernas demasiado cansadas y acaba haciéndose daño. En vez de correr al filo del peligro y prescribir una carrera arbitraria de 32 kilómetros, el método Hanson de entrenamiento para maratón tiene en cuenta el porcentaje del kilometraje y el tiempo total que se pasa corriendo. Aunque 25,6 kilómetros es la distancia más larga que se aconseja, nos preocupa más determinar cuál debe ser tu carrera larga de acuerdo con tu kilometraje semanal total y con tu ritmo. Tal vez parezca poco convencional, pero descubrirás que nada de lo que sugerimos es aleatorio: todo se basa firmemente en la ciencia y en resultados probados.

Tal como estipula el doctor Noakes, son muchos los entrenadores que aceptan que las carreras largas no deberían superar el 25-30 por ciento del kilometraje semanal. Incluso así, esa directriz se difumina en el paisaje de muchos de los programas de entrenamiento para maratón y al final se acaba excediendo el kilometraje. Por ejemplo, un programa para principiantes que llega a 64-80 kilómetros semanales y recomienda una carrera larga de 32 kilómetros está vulnerando esa regla capital. Aunque esa jornada épica suele situarse entre un día suave y un día de reposo, no hay vuelta de hoja porque supone en torno al 50 por ciento del kilometraje semanal del corredor. En la tabla 3.2 podrás ver cuánto puede alcanzar tu carrera larga basándote en tu kilometraje semanal total.

Estas cifras nos enseñan que el entrenamiento de maratón es una empresa significativa que no debe abordarse al azar ni con bravuconerías. También resulta evidente que muchos programas de entrenamiento se equivocan con los objetivos de la carrera larga. Si eres principiante o un corredor de kilometraje bajo, las carreras largas deberán ajustarse en consecuencia. Lo que está bien para un corredor de 129 kilómetros semanales no lo está para uno que corre 64 kilómetros por semana.

Además de completar el número óptimo de kilómetros en cada carrera larga, también hay que ceñirse a cierto ritmo para obtener los máximos beneficios. Como no todos cubrimos la misma distancia en el mismo tiempo, tiene sentido ajustar las carreras largas dependiendo de lo rápido que nos desplazamos. Los estudios indican que 2-3 horas es la ventana óptima para la adaptación metabólica en lo referente a las carreras largas. Superado ese tiempo, comienzan a producirse daños importantes en los músculos. La tabla 3.3 muestra cuánto cuesta recorrer 25,6 y 32 kilómetros basándonos en el ritmo.

TABLA 3.2. DISTANCIA DE LAS CARRERAS LARGAS BASÁNDOSE EN EL KILOMETRAJE SEMANAL


25% DEL VOLUMEN 30% DEL VOLUMEN
64 km/semanales 16 kilómetros 19,2 kilómetros
80 km/semanales 20 kilómetros 24 kilómetros
96 km/semanales 24 kilómetros 28,8 kilómetros
112 km/semanales 28 kilómetros 33,6 kilómetros

TABLA 3.3. DURACIÓN DE LAS CARRERAS LARGAS BASÁNDOSE EN LA MEDIA DEL RITMO POR MILLA


RITMO/MILLA 16 MILLAS (25,6 KM) 20 MILLAS (32 KM)
7:00 1:52:00 2:20:00
8:00 2:08:00 2:40:00
9:00 2:24:00 3:00:00
10:00 2:40:00 3:20:00
11:00 2:56:00 3:40:00
12:00 3:12:00 4:00:00

La tabla muestra que un corredor que recorra 25,6 kilómetros a un ritmo de 7:00 minutos acabará por debajo de las 2 horas, mientras que un corredor que ruede a un ritmo de 11:00 minutos tardará casi 3 horas en recorrer esa misma distancia. Queda claro que todo el que planee correr por encima de los 9:00 minutos deberá evitar acercarse a los 32 kilómetros, porque se alejará de la ventana de oportunidades recomendada por los estudios y los expertos, con lo cual terminará siendo contraproducente. Aquí es donde los 25,6 kilómetros entran en juego. Basándonos en el kilometraje del método Hanson de entrenamiento para maratón, la carrera larga de 25,6 kilómetros se ajusta al porcentaje del kilometraje semanal y al tiempo total de la carrera larga.

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