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Colección Investigaciones

Comer, beber y hablar. Triangulación oral en la cultura limeña

Primera edición impresa: junio, 2019

Primera edición digital: abril, 2020

© Universidad de Lima

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Imagen de portada: Julio Hevia. Pamelita, 2014. Dibujo y collage sobre cartulina, 65 x 50 cm.

Esta publicación es resultado de una investigación auspiciada por el Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima.

Versión e-book 2020

Digitalizado y distribuido por Saxo.com Perú S. A. C.

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Lima - Perú

Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio, sin permiso expreso del Fondo Editorial.

ISBN 978-9972-45-517-9

Índice

Introducción

Primera parte Articulación de las prácticas orales en la cultura (oral hablado, oral comunicado y oral tecnologizado)

Capítulo 1

1. De la cultura a las culturas: la sucesión de los dilemas

2. Visitando al visitante

3. Delirio unitario, presión binarizante y réplica mestiza

Capítulo 2

1. El intelectual, sus intelecciones y los colectivos

2. Tiempos de la cultura, tiempos de la naturaleza

3. Antecedencia de la oralidad

4. Contra el par público/privado

5. Sumas y restas chismográficas

6. El reality: del caos vecinal a la arena del concurso

7. De la entrevista de culto a la banalización de la conversa

8. El stand-up comedy: de un teatro al otro

9. Hilaridad y popularidad

10. Privatizar la opinión pública

11. Lo oral mediatizado: de la calle a la pantalla y viceversa

Capítulo 3

1. Oralidad y virtualidad

2. Capturados por las redes: la digitalización del habla

3. Traducciones, restricciones y liberaciones: la oralidad negociada

4. Los flujos de la conversación novelada

5. Apuntes sobre la crónica contemporánea peruana

6. Temáticas y formatos en pugna: la santificación del informe

7. El ensayo como oficio de centauros

8. Las prácticas en busca de sus teorías: comer, beber y describir

Segunda parte Cuando las técnicas de investigación hablan: hallazgos sobre la triangulación oral

Capítulo 1

1. Breve reflexión sobre el trabajo de campo: lo cualitativo es otra modalidad de lo cuantitativo

2. La participación observante: mirar cómo y en qué momento se habla cuando el comer y el beber se ritualizan

2.1 Reencuentro de promoción

2.1.1 Primera fase: saludos y presentaciones. Estamos arriba, en el tercer piso

2.1.2 Segunda fase: los alimentos terrestres. La conversa es abajo

2.1.3 Tercera fase: la sociedad líquida y sus inmersiones

2.2 Una comida de gala

2.2.1 Primera fase: el pivoteo dialógico

2.2.2 El bufé y las mesas: la recuperación de las risas

2.3 Pugnas en un set televisivo

2.3.1 Entrada al set e inicio de las acciones

2.4 Una celebración familiar

2.4.1 Antes del bufé: afinando los acuerdos y fortaleciendo los mitos

2.4.2 Durante y después del bufé: el menú y las identidades

2.5 Una cata de lujo

2.6 Cena profondos

3. La entrevista semiestructurada: escuchar qué y cómo se habla de la comida y la bebida

3.1 Entrevista a Pedro Córdova, miembro de Apega

3.2 Entrevista a César Quiroz, mesero del Canta Rana

3.3 Entrevista a Toshi Matsufuji, cocinero, administrador y dueño de Al Toque Pez

3.4 Entrevista a Aarón Díaz, bartender internacional

3.5 Conversación con Luis Caravedo, pediatra, y Óscar Vidarte, cirujano

3.6 Entrevista a Ignacio Medina, crítico gastronómico

3.7 Entrevista a Gerardo Valentino, administrador de El Muelle

3.8 Entrevista a Eloy Jáuregui, cronista y poeta

4. Los grupos focales: observar cómo se cruzan las hablas cuando los referentes son la comida y la bebida

4.1 Seis sesiones de grupos focales (2015), organizadas en torno a clases sociales, géneros y edades

4.1.1 Grupo focal 1. Mujeres, 40 a 60 años, baja/muy baja

4.1.2 Grupo focal 2. Mujeres, 40 a 60 años, alta

4.1.3 Grupo focal 3. Hombres, 30 a 40 años, alta

4.1.4 Grupo focal 4. Hombres, 40 a 60 años, alta

4.1.5 Grupo focal 5. Mujeres, 25 a 35 años, alta

4.1.6 Grupo focal 6. Hombres, 35 a 50 años, baja

4.2 Una reflexión sobre los hallazgos en los seis primeros grupos focales: ¿cambio de roles o crisis de las estructuras en la familia contemporánea?

4.2.1 Resumen, ejes temáticos y principales hallazgos

4.2.2 Teorías críticas y crisis de las teorías

4.2.3 De la familia genérica a los géneros en la familia

4.2.4 Mercados sexuales y mercados matrimoniales

4.2.5 Insularidad y empoderamiento doméstico

4.2.6 Viejos y nuevos protagonismos

4.2.7 Roles, creencias y resistencias

4.2.8 Acortamiento infantil y expansividad adolescente

4.2.9 Crisis de los rituales o rituales de la crisis

4.2.10 Comentarios finales

4.3 Nueve sesiones de grupos focales (2016), nuevos criterios y reordenamientos de los ejes temáticos

4.3.1 Grupo focal 1. Universitarios (hombres y mujeres), 20 a 25 años, nivel A/B

4.3.2 Grupo focal 2. Taxistas, 30 a 45 años

4.3.3 Grupo focal 3. Futbolistas, 18 a 22 años, sector medio/bajo

4.3.4 Grupo focal 4. Estudiantes, nivel C/D

4.3.5 Grupo focal 5. Bármanes

4.3.6 Grupo focal 6. Cocineras

4.3.7 Grupo focal 7. Mozos

4.3.8 Grupo focal 8. Cocineros

4.3.9 Grupo focal 9. Modelos y anfitriones

Capítulo 2

1. Concluir sin ser tan concluyente

2. Desestimación y ubicuidad de la oralidad

3. Participación observante

3.1 Hablar mientras se bebe, hablar mientras se come

3.2 Hablar y beber para comer y seguir hablando

3.3 Hablar sobre el habla

3.4 Hablar y comer mientras se habla de lo mismo

3.5 El blablablá y el ruido

3.6 Hablar de lo que se come, aunque el comer hable por sí mismo

3.7 El habla en escena y el racismo en cuestión

4. Las entrevistas

5. Los grupos focales

5.1 Hablar sobre la domesticidad

5.2 Hablar sobre el comer

5.3 Hablar sobre el beber

5.4 La cultura peruana en juego: escriben y hablan los visitantes

Tercera parte Conjeturas y transversalidades

1. Oralidades

2. Sociología, antropología, comunicaciones

3. Machismo, feminismo, disparidades

4. Juventud, tecnología, desritualización

5. El boom gastronómico y su fuerza identitaria

6. Cómo nos miran los de afuera, cómo nos miramos para los de afuera

Referencias

Anexos

Anexo 1. Taller sobre brechas interculturales (2016)

Anexo 2. Cuatro por cuatro: entre Ferrando y Yuyachkani

Anexo 3. Ataque y defensa del estereotipo

Introducción

Como bien refleja su título Comer, beber y hablar. Triangulación oral en la cultura limeña, este libro se instala en un cruce de caminos, los del habla, la comida y la bebida propiamente dichas, tal cual operan cotidianamente en distintos sectores y para las más variadas realidades. Valga recordar que en el Perú la investigación académica no ha abundado en trabajos donde se destaque la articulación de las prácticas orales acá referidas. Tal vacío es el que forma parte de los comentarios con que abrimos el presente texto; vemos incluso que, en la diversa gama de nociones que sobre la cultura se ha manejado entre nuestros científicos sociales, la dimensión oral no ha recibido un valor protagónico. Como bien se sabe, para tales ópticas, la noción de cultura fue vinculada a temas de conocido peso estructural como el de la identidad nacional, la problemática indígena, la miseria económica o el déficit educativo. Por ejemplo, las indagaciones antropológicas se adhirieron fuertemente al estudio de festividades y ceremoniales folclóricos, exploraciones que contribuyeron, la mayoría de veces y de modo patente, a distanciar lo que había de remoto en ellas respecto al orbe capitalino moderno. Sea como fuere, hemos creído conveniente —en los primeros tramos del documento— insistir en lo oral hablado, en lo oral comunicado e incluso en lo oral tecnologizado; asimismo, no hemos perdido de vista una problemática de especial valor en el país como es la del traslado de la dimensión de la oralidad al plano de la escritura o el de su recreación ficcional en el terreno de la novela, el cuento, la crónica y el ensayo: de allí una revisión, no necesariamente exhaustiva, de esos formatos.

En una segunda instancia, pasamos a informar al lector sobre los hallazgos recogidos mediante las distintas técnicas de investigación que fuimos implementando: observaciones de campo, entrevistas semiestructuradas y grupos focales, cada una de las cuales cumplió un rol específico y ocupó un plano autónomo. Por ejemplo, tenemos el registro de los distintos ceremoniales a los que acudimos y donde los participantes pudieron desplegarse del modo más natural, justamente por no saberse materia de estudio (observación de campo); los diálogos con personajes que, por su propia habilidad, experiencia o figuración en el terreno de lo culinario o en el divertimento nocturno, tienen una concepción rica en matices respecto a las prácticas en cuestión (entrevistas) e inducción de discusiones temáticas con sectores adecuadamente estratificados o convocados bajo otros criterios clasificatorios (grupos focales). Preciso es señalar que tópicos como la problemática de los géneros y de las generaciones tal cual se experimenta en casa, el imprevisible impacto de la tecnología en la socialidad contemporánea, las agendas horarias de los miembros del colectivo familiar como sus fuerzas disgregadoras, la promoción de todo tipo de consumos fuera del hogar e incluso el boom gastronómico como es experimentado por los que están cerca de su radio y por quienes se encuentran en sus márgenes, fueron también abordados en las sesiones de grupo.

¿Qué quiere decir triangulación oral?

La iniciativa de proponer una figura como la de la triangulación oral y sugerir de tal forma un eje vinculante entre prácticas culturales básicas como las del comer, el beber y el hablar supone, lo admitimos, una serie de riesgos en la comprensión del sentido que se le quiere otorgar. Por ejemplo, si mantenemos como constante la trinidad de factores formulada, igual hubiéramos podido optar por una serie de tres elementos que, cual vagones alineados y encadenados, se ordenarían bajo una secuencia invariable; quizá remitirnos a una especie de trípode, en cuanto soporte de un cuarto elemento representado por la cultura que los alberga y otorga sentido; de repente imaginar un trinche tácita y prioritariamente vinculado al comer, como actividad oral por excelencia; en fin, si se quiere, dar cuenta de un trío vocal cuyas intervenciones se fueran alternando en función de cada interpretación por ejecutar. Aunque todas esas figuras puedan ser útiles para nuestros propósitos, en tanto consiguen graficar algunos de los rasgos recogidos durante la investigación, queremos insistir del modo más preciso posible en la lectura que debe otorgársele a la aludida triangulación en el caso del proyecto que presentamos.

Así, Cabrera Infante (1987) señala que en algunas cintas de Hitchcock se articula, de ambos lados de la pantalla, un posible triángulo entre el perseguido, el perseguidor y el mismo espectador (p. 44). El narrador cubano agrega que, en medio de tal configuración, la cámara operaría, no es un detalle menor, cual si fuera una hipotenusa. Nos gusta la posibilidad de jugar con la hipótesis de que, a lo largo de las distintas etapas de la investigación, hayamos operado cual camarógrafo, oscilando a veces en el enfoque del ángulo que queremos privilegiar (el de la comida, de la bebida o del habla) o deteniéndonos, en otras ocasiones, ante la variedad de matices de cada cuadro resaltado. Contamos también con que las técnicas de investigación implementadas (grupos focales, entrevistas semiestructuradas, observaciones participantes o participaciones observantes e incluso los recortes hechos sobre las fuentes textuales consultadas y los conceptos puestos en relieve) hayan dado cuenta, en cada situación descrita, de la complementariedad alcanzada entre las tres prácticas referidas, vale decir, los actos de comer, beber y hablar. Igualmente, proponemos que el protagonismo alcanzado por alguna de aquellas prácticas opera, con no poca frecuencia, en desmedro de las dos restantes, de tal manera que da pie a singulares relevos y a distintas saliencias entre el habla y la comida, entre el habla y la bebida o entre la comida y la bebida, según el acontecimiento así lo exija.

Respecto a la susodicha triangulación, sugerimos al lector que, al menos por unos instantes, suspenda el carácter abismal o la mutua exclusión en la que el entendimiento académico instala a los sentidos metafóricos respecto a aquellos que, pretendidamente, ocuparían el plano de lo exclusivamente literal; que suspenda, pues, esa suerte de brecha trazada entre el significado canónico y unos sentidos figurados o desplazados de su acepción formal, quizá acogiéndose a lo que Derrida (1997) propusiera en su lectura sobre la diseminación. Lo cierto es que, en un sentido genérico, la lengua coloquial no establece distinciones muy claras entre lo metafórico y lo literal o, para utilizar una dupla categorial en desuso, entre denotación y connotación. Quizá es en el terreno académico, allí donde priman distinciones conceptuales más o menos refinadas, donde más claramente notamos el escaso interés concedido, aquí y allá, a las manifestaciones diarias de lo oral, en la medida que esta última dimensión suele reconocerse como demasiado adherida a una pretendida “naturaleza”, al mundo fenoménico de lo corporal o al de las sensaciones; se concluye, por ello, que carece de la dignidad y los atributos que justificarían, en último término, un estudio pormenorizado de sus variantes.

El lector podría advertir, con Lacan, que al estimular una suerte de intuición perceptiva correremos el riesgo de opacar, en paralelo, el entendimiento de la estructura misma del fenómeno (Lacan, Miller, Leclaire, Milner y Duroux, 1973, p. 45). Notemos, sin embargo, cuánto tal cosmovisión y el sesgo intelectualista que le es inherente pueden ser contrariados por los logros de la infografía, el marketing audiovisual y la publicidad todoterreno, por no hablar de los muy actualizados memes y emoticones a los que las redes electrónicas dan paso. Habría que añadir que la teoría gestáltica de la percepción partió de una base concebida en clave fisiológica, para transitar luego a un reconocimiento más fino del peso de las marcas culturales en su consabido impacto sobre los registros visuales y auditivos efectuados por el organismo. Gradualmente, entonces, nos vemos incluidos en una lectura gráfica generalizada, lo que ratifica la idea de un pensamiento visual, tal cual fuera propuesta por Arnheim (1986).

Si se trata de trascender la bidimensionalidad de la figura para mejor recrear los planos de fondo y acompañar el espectáculo de la posible movilidad de los elementos en juego, sugerimos que nuestra triangulación oral pueda también pensarse en planos sesgados, inclinados u oblicuos. Triángulos que no debieran ser necesariamente equiláteros o que, a la manera de los icebergs, solo muestren en la superficie uno de sus lados o de sus puntas. Triángulos que, en fin, por estar unos más inclinados que otros hacia la comida, la bebida o el habla, configuren un espectro de tensiones o de coreografías, de pugnas o de acuerdos que recuestan el análisis y la reflexión sobre las singularidades rescatadas en cada caso, en vez de someterlas a un patrón explicativo único. Así ocurre, por ejemplo, ya lo hemos dicho, cuando se establecen circuitos que privilegian el habla y la comida en desmedro de la bebida, rescatándose pares que desarman momentáneamente el triángulo o que, visto desde otro ángulo, tanto lo contraen como lo elastifican. Para expresarlo en una frase que pasa por ser lugar común en la narrativa literaria, no queremos mostrar uno, sino muchos triángulos (Deleuze y Guattari, 2008, pp. 19-27); es, pues, esa variedad la que, en último término, venimos a presentar.

Finalmente, nuestra búsqueda no apunta tanto a la explicación del fenómeno de la oralidad en la cultura limeña, sino, más propiamente, a su necesaria comprensión. En el tránsito de una escena a otra, de un evento a otro, de un encuentro a otro, pretendemos alcanzar la comprensión de ese vasto terreno que la oralidad entreteje vía el beber, el comer y el hablar. Téngase en cuenta que el habla, la comida y la bebida tanto pueden constituir, en su imbarajable suceder, secuencias lineales e ininterrumpidas, como materializar configuraciones simultáneas en el tiempo y convergentes en determinado espacio. Invitamos al lector a que nos acompañe en esas inversiones y reversiones jerárquicas que los rituales de la cotidianidad ponen en juego y a los que el comer, el beber y el hablar prestan sus servicios, dependiendo ya sea de los momentos en los que su protagonismo es suscrito, o del modo como se reordenan, de continuo, sus pasos, sus saliencias y ocultamientos. He allí, entre otras posibilidades:

– La insularidad de la preparación de los alimentos en la cocina hogareña versus el carácter colectivo de las llamadas parrilladas, por lo general, situadas en el patio o en el jardín de la casa.

– Las distintas maneras de catar los potajes, según los evaluadores se encuentren en su propio hogar o en los distintos restaurantes a donde suelen acudir.

– Los entrecruzamientos entre el consumo alcohólico y el cortejo amoroso. Baste recordar un inventario coloquial que incluye desde los muy vagos “molestar” y “rondar” hasta los más explícitos “hacer la corte” y “hacer el punto”, por no referirnos al más vigente “gileo”.

– El adelgazamiento o minimización del habla, cuando no su conversión y canje al plano de las puras risotadas, tal cual ocurre en las juergas masivas a las que un beber indiscriminado da paso.

– El variopinto carácter de los encuentros y los festejos, según los distintos orígenes sociales, los patrones regionales o las pertenencias generacionales.

– La filosofía inherente al beber prototípico en nuestra cultura, que siempre traza una radical exclusión del acto de comer o procrastinándolo hasta donde sea posible.

– La reivindicación del comer durante la resaca, allí donde el ceviche o el caldo de gallina elevan sus respectivas credenciales, cuando no la práctica de “cortarla”, suerte de reenganche con una nueva ingesta alcohólica matinal.

Queda claro, entonces, que el espíritu del presente proyecto es eminentemente exploratorio, ergo, que no aspira a detectar constantes de amplio rango estadístico ni pretende deducir generalizaciones de tipo estructural. Todo lo contrario: se trata de un trabajo que, a partir de la búsqueda que posibilitan las técnicas cualitativas aplicadas y el respaldo que otorgan distintas fuentes bibliográficas, intenta adentrarse en un terreno que, tal cual fue anunciado en los informes preliminares, no es que haya sido precisamente privilegiado por las ciencias humanas en este país. Más aún, incluso reconociendo que en las últimas décadas se haya manifestado un cierto repunte de los estudios sobre la cotidianidad, tal gesto no resulta todavía demasiado significativo.

Hasta nuevo aviso, y según pudimos revisar, la indagación sobre lo cultural en el Perú apunta a cuestiones “de fondo”, tales como la identidad nacional e incluso a sus efectos más adversos, esos que nos remiten a las grandes brechas históricas siempre destacadas entre región y región, y no poco reflejadas en la disparidad de sus alcances y posibilidades. Bajo ese marco, la condición del indígena y la del criollo, y aun su polarización van a ocupar un lugar privilegiado en el análisis. Vale la pena preguntarse hasta qué punto los acercamientos al mundo del migrante en la capital o el reciente interés en la dimensión de la informalidad han abierto nuevos accesos a esa suerte de realidad paralela, nunca del todo integrada o quizá sometida a diversas modalidades de segregación, a la vez que revelan las fuertes resistencias frente a un espacio donde la cultura se embraga y apoya en manifestaciones que son conformadoras de la dinámica cotidiana en la que la oralidad se aloja. Quizá el inadvertido alcance de las prácticas orales, su densa imbricación con toda suerte de rutinas y hábitos de larga data, la imposibilidad de tomar la requerida distancia teórica respecto a ellas, en fin, los variados regímenes orales que coexisten de las más insospechadas e imperceptibles maneras y se bifurcan en los escenarios descritos en el presente trabajo, otorguen algunas pistas para entender su generalizada omisión y permitan, en el futuro, abordarlas con más frecuencia y naturalidad.

Ograniczenie wiekowe:
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Objętość:
572 str. 4 ilustracji
ISBN:
9789972455179
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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