Czytaj książkę: «Cardiff junto al mar»
CARDIFF JUNTO AL MAR
ÍNDICE
Sobre este libro
Sobre la autora
Otros títulos de Fiordo
Cardiff junto al mar
Miao Dao
Fantasmagórica: 1972
El niño que sobrevivió
SOBRE ESTE LIBRO
¿Cómo contar la violencia, y en especial la de los hombres sobre las mujeres? ¿Cómo representar las mil caras de la dominación, y algunas posibles formas de la resistencia? La obra de Joyce Carol Oates pareciera estar continuamente respondiendo, repensando estas preguntas, ensayando formas siempre resonantes de narrar lo inenarrable, ese núcleo de absoluto salvajismo que acecha, segundo a segundo, todas nuestras relaciones.
Cardiff junto al mar reúne cuatro novelas que regresan a personajes y conflictos clásicos del universo de Oates y superan con maestría, y con su estilo inconfundible, el desafío de insuflarles vida nueva: la joven que se choca de frente contra un trauma de la infancia sepultado en la memoria; la adolescente que busca cómo vengarse de sus acosadores; profesores que explotan la asimetría respecto de sus alumnas; maridos que asfixian a sus esposas, y esposas que conciben la más terrible de las represalias. Oates es implacable, imparable, tremenda; juega con nuestros nervios, nuestros estómagos, nuestra conciencia, y en la mejor tradición del suspense nunca da tregua.
SOBRE LA AUTORA
Joyce Carol Oates nació en Lockport, Estados Unidos, en 1938. Estudió letras en la Universidad de Syracuse y en la Universidad de Wisconsin-Madison. Entre 1978 y 2014 dio clases de escritura creativa en la Universidad de Princeton. Ha publicado más de cincuenta novelas, además de conjuntos de cuentos, colecciones de poesía, ensayos y obras de teatro. Recibió el National Book Award por su novela Them, así como otras distinciones y premios, entre ellos la National Humanities Medal, el Prix Femina y el Norman Mailer Prize. Oates es reconocida como una de las autoras más prolíficas e impactantes de la literatura estadounidense contemporánea, y sus obras han sido traducidas a numerosas lenguas. Actualmente vive en Princeton, Nueva Jersey.
OTROS TÍTULOS DE FIORDO
Ficción
El diván victoriano, Marghanita Laski
Hermano ciervo, Juan Pablo Roncone
Una confesión póstuma, Marcellus Emants
Desperdicios, Eugene Marten
La pelusa, Martín Arocena
El incendiario, Egon Hostovský
La portadora del cielo, Riikka Pelo
Hombres del ocaso, Anthony Powell
Unas pocas palabras, un pequeño refugio, Kenneth Bernard
Stoner, John Williams
Leñador, Mike Wilson
Pantalones azules, Sara Gallardo
Contemplar el océano, Dominique Ané
Ártico, Mike Wilson
El lugar donde mueren los pájaros, Tomás Downey
El reloj de sol, Shirley Jackson
Once tipos de soledad, Richard Yates
El río en la noche, Joan Didion
Tan cerca en todo momento siempre, Joyce Carol Oates
Enero, Sara Gallardo
Mentirosos enamorados, Richard Yates
Fludd, Hilary Mantel
La sequía, J. G. Ballard
Ciencias ocultas, Mike Wilson
No se turbe vuestro corazón, Eduardo Belgrano Rawson
Sin paz, Richard Yates
Solo la noche, John Williams
El libro de los días, Michael Cunningham
La rosa en el viento, Sara Gallardo
Persecución, Joyce Carol Oates
Primera luz, Charles Baxter
Flores que se abren de noche, Tomás Downey
Jaulagrande, Guadalupe Faraj
Todo lo que hay dentro, Edwidge Danticat
Sobre mi hija, Kim Hye-jin
No ficción
Visión y diferencia. Feminismo,
feminidad e historias del arte, Griselda Pollock
Diario nocturno. Cuadernos 1946-1956, Ennio Flaiano
Páginas críticas. Formas de leer y
de narrar de Proust a Mad Men, Martín Schifino
Destruir la pintura, Louis Marin
Eros el dulce-amargo, Anne Carson
Los ríos perdidos de Londres y El sublime topográfico, Iain Sinclair
La risa caníbal. Humor, pensamiento cínico y poder, Andrés Barba
La noche. Una exploración de la vida nocturna, el lenguaje de la noche, el sueño y los sueños, Al Alvarez
Los hombres me explican cosas, Rebecca Solnit
Una guía sobre el arte de perderse, Rebecca Solnit
Nuestro universo. Una guía de astronomía, Jo Dunkley
El Dios salvaje. Ensayo sobre el suicidio, Al Alvarez
Legua
Al borde de la boca. Diez intuiciones en torno al mate, Carmen M. Cáceres
ELOGIO DE JOYCE CAROL OATES
«Es una escritora extraordinaria no porque escriba tanto, sino porque lo que escribe es consistentemente bueno. (…) Oates captura a la perfección la atmósfera del miedo y los malentendidos provocados por las buenas intenciones».
The Times
«Oates es una maestra de la tensión y de la forma, su escritura se estrella contra las páginas y las lleva casi siempre a un final devastador».
USA Today
«¿Hay alguna otra escritora o escritor que trabaje el terror de un modo tan literario como Joyce Carol Oates?».
St. Louis Post-Dispatch
«Lo que nos hace volver una y otra vez al país de Oates es su ominoso talento para convertir cada página en una ventana, hacer que veamos lo que pasa ahí dentro como algo que juraríamos es la vida misma».
New York Times Book Review
«Hay pocos escritores que puedan hacer tanto con tan pocas palabras como la económica, enigmática Oates».
Kirkus Reviews
«Qué bendición contar con una novelista así en estos tiempos confusos, caóticos».
Star Tribune
«Proteica y prodigiosa son, sin duda, las palabras que definen a Oates».
Richard Ford
COPYRIGHT
Título original en inglés: Cardiff, by the Sea
“Cardiff, by the Sea” apareció por primera vez en Ellery Queen; “Miao Dao” fue un lanzamiento original de Amazon; “Phantomwise: 1972” apareció en Ellery Queen y luego en The Best American Mystery Stories 2019; “The Surviving Child” en Echoes: The Saga Anthology of Ghost Stories, y luego en The Best Fantasy and Horror 2020
© 2020 por The Ontario Review, Inc.
Published by arrangement with The Mysterious Press, an imprint of Grove Atlantic, Inc.,
New York, NY, USA/Publicado por acuerdo con The Mysterious Press, un sello de
Grove Atlantic, Inc.
© de la traducción, Ariadna Molinari Tato, 2021
© de esta edición, Fiordo, 2022
Tacuarí 628 (C1071AAN), Ciudad de Buenos Aires, Argentina
correo@fiordoeditorial.com.ar
www.fiordoeditorial.com.ar
Dirección editorial: Julia Ariza y Salvador Cristofaro
Diseño de cubierta: Pablo Font
ISBN 978-987-4178-55-8 (libro impreso)
ISBN 978-987-4178-60-2 (libro electrónico)
Hecho el depósito que establece la ley 11.723
Hecho en Argentina.
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra
sin permiso escrito de la editorial.
Oates, Joyce Carol
Cardiff junto al mar: cuatro novelas de suspenso / Joyce Carol Oates. - 1a ed. -
Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fiordo, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: online
Traducción de: Ariadna Molinari Tato.
ISBN 978-987-4178-60-2
1. Literatura Estadounidense. 2. Novelas. 3. Novelas de Suspenso. I. Molinari Tato, Ariadna, trad. II. Título.
CDD 813
Para Ernie Lepore
CARDIFF JUNTO AL MAR
PARTE I
1
En el rincón oscuro y maloliente bajo la pileta. Detrás de la cañería de desagüe. Se ha hecho lo suficientemente pequeña como para poder esconderse ahí.
Filamentos de telaraña rota adheridos a su piel. Los ojos llenos de lágrimas. La espalda arqueada, como un monito. Los brazos que sujetan las rodillas contra el pechito plano.
Es una niñita, lo suficientemente pequeña como para salvarse. Lo suficientemente pequeña como para caber en la telaraña. Lo suficientemente inteligente como para saber que no debe llorar.
No debe respirar. Para que nadie la escuche.
Para que él no la escuche.
La puerta del escondite se abre; ve las piernas de un hombre, sus pies. Ve y no ve el destello de algo oscuro y húmedo en los pantalones. Escucha y no escucha sus jadeos rápidos y excitados. Con una carcajada salvaje, el hombre se asoma. La descubre. Las lágrimas hacen que ella le vea la cara borrosa. Mueve la boca y le dice algo, pero ella no escucha nada. Luego, la puerta se cierra de nuevo y se queda sola.
De ese modo se decide. En la telaraña tendrá permitido vivir.
2
Suena el teléfono. Inesperadamente.
No el celular, que Clare contestaría (casi seguro) sin pensarlo, sino el otro, el de línea, el que suena rara vez.
Segundos para decidir. ¿Debería contestar?
No reconoce el número en el identificador. Calcula que debe ser una de esas llamadas grabadas.
Aun así, en esa lluviosa mañana de abril —por curiosidad, soledad o necedad—, contesta.
—¿Sí? ¿Quién habla?
Un sobresalto en la vida de Clare.
Porque el desconocido, alguien que se presenta como abogado de un estudio de Cardiff, Maine, la ha llamado a ella. Le informa que es la heredera de una persona de quien nunca ha oído hablar.
—Maude Donegal, de Cardiff, Maine. Su abuela.
—¿Perdón? ¿Quién?
—Maude Donegal… la madre de su padre. Falleció a la edad de ochenta y siete…
No entiende lo que escucha. Supone que debe tratarse de una broma, su primer instinto es soltar una carcajada.
—No tengo una abuela que se llame así. No conozco a nadie que se llame así. ¿Dijo que era Douglas?
—Donegal. —Una pausa, y la voz incorpórea al otro lado de la línea va al grano, como si fuera una voz en un sueño—. Donegal es su apellido de nacimiento. ¿No lo sabía?
—¡De nacimiento! Pero ¿de dónde dice que llama?
—Cardiff, Maine.
Clare nunca ha oído hablar de Cardiff, Maine. Está segura.
Ha pasado casi toda su vida en Minnesota; primero en St. Paul, luego en Minneapolis. Muy lejos de Maine.
En años recientes, Clare ha vivido en Chicago, Brooklyn, Filadelfia, Bryn Mawr (donde reside en la actualidad). Sigue estando bastante lejos de Maine.
—¿…alguna duda?
—N… no…
—Espero no haberla molestado, señorita Seidel.
¡Para nada! Solo acaba de hacer un agujero en la trama de mi vida.
Clare le da las gracias al abogado. Y la conversación llega a su fin. La noticia la dejó tan perturbada que olvidó preguntarle a Lucius Fischer en qué consiste la herencia de Maude Donegal; cuánto dinero, qué propiedades, lo que sea. Pero ahora le da vergüenza volver a llamarlo.
El abogado le pidió su dirección. Le enviará un documento por UPS que debe llegar al día siguiente, a la tarde.
Además, por solicitud de los parientes Donegal en Cardiff, incluirá sus números telefónicos en el documento. La familia ha expresado su deseo de que, si Clare visita Cardiff, se hospede con ellos.
¡Parientes! Pero si son desconocidos, y Clare no concibe hospedarse con desconocidos.
Clare valora su soledad, su privacidad. Su frialdad se confunde con timidez; su reticencia, con hermetismo. Por naturaleza no es una persona suspicaz, pero (sin duda) no es ingenua, así que se pregunta si aquellas «buenas noticias» repentinas son confiables.
Si es algún tipo de fraude, no tardará en salir a la luz: alguien le pedirá dinero.
Clare no está familiarizada con los testamentos, las herencias… los «tribunales sucesorios». Nunca en la vida ha sido la beneficiaria de alguien; ni siquiera se le había ocurrido que sus padres adoptivos fueran a (quizá, seguramente) mencionarla en sus respectivos testamentos, dado que es hija única y la heredera más probable…
Ante la sorpresa de la llamada, ni siquiera expresó pesar por la muerte de Maude Donegal. Teme haber olvidado el nombre… pero no, ya lo anotó: Maude Donegal.
Lucius Fischer debe pensar que es una desalmada incapaz de conmoverse por la muerte de una abuela.
¡Pero si no es mi… abuela! No tengo abuela.
Los abuelos (adoptivos) de Clare ya no están vivos. Y, cuando vivían, no figuraban mucho en su vida.
A Clare le resulta muy extraña esa sintaxis: ya no están vivos. Como si no estar vivo fuera algo que los abuelos estuvieran haciendo en el presente.
Clare llegó a envidiar que sus compañeros de clase pudieran mencionar de forma casual a sus abuelos. Como si los dieran por sentados: Abue, Abu. ¿Qué significaban esas expresiones de afecto? Tanto los padres de su madre como los de su padre eran muy mayores cuando la adoptaron, y al parecer nunca se encariñaron mucho con su nieta.
Clare casi no los recordaba. Meros desconocidos que miraban a la niñita adoptada y callada desde el otro lado de un abismo.
(Oh, ¿Clare había sido callada? Claro que no. Al menos no la mayor parte del tiempo. Apenas si recuerda… algo…).
(Una especie de red, o de tela, sobre la boca. Hilos pegajosos sobre los labios, enredados en las pestañas. Inhalar entre sollozos temblorosos; la telaraña que se mete horriblemente en las fosas nasales).
Clare casi no recuerda nada. Es un hecho.
Era demasiado pequeña entonces como para darse cuenta de que, si sus padres hubieran podido tener hijos, probablemente —o más bien, seguramente— no la habrían adoptado. El amor que le profesaban, el interés intenso que les despertaba, jamás habría existido si hubieran tenido hijos propios.
En la clase de biología de la escuela secundaria, Clare aprendió que el ADN es todo. Los individuos cuidan a los suyos, a los descendientes que llevan su ADN. Los machos de muchas especies son propensos a destruir a las crías de otros machos para reproducirse con la madre y así replicar su propio ADN. La madre desesperada puede intentar ocultar a sus pequeños del macho depredador, pero, cuando empieza su celo, se siente compelida a aparearse con el macho empeñado en asesinar a sus bebés y engendrar descendientes propios.
Compelida a aparearse. ¿Por qué?
Quizá los padres de sus padres no se habían encariñado con la nieta (adoptada) por ese motivo. Clare no era de los suyos.
Pero qué antinatural, entonces, que los padres biológicos desecharan a sus crías…
Ese es el misterio. Clare ha preferido no pensar en ello.
Y ahora que ha cumplido treinta, se siente demasiado vieja —es decir, no demasiado joven, no tan ingenua y esperanzada— como para prestarle atención a sus padres biológicos; su ascendencia.
¿Por qué arriesgarse a que la lastimen (de nuevo)? De hecho, nunca ha reconocido del todo que está herida.
Busca el poblado de Cardiff, Maine, en un libro de mapas. Muy cerca del océano Atlántico. La cercanía de los poblados de Belfast y Fife indica que esta parte (este) de Maine en algún momento fue un asentamiento escocés. Clare se pregunta si sus ancestros (paternos) eran de ascendencia escocesa o irlandesa. Hasta ese día en la mañana, nunca había pensado mucho en su ascendencia.
(No obstante, siempre ha sentido una atracción innegable hacia la historia celta… el arte, la música. Cuando por casualidad escuchó una balada irlandesa en NPR mientras conducía de camino a algún lugar, la invadió una sensación de pérdida, de anhelo tan profunda que casi tuvo que detenerse en la autopista… Y, si detecta un acento escocés o irlandés, sin importar qué tan sutil sea, de inmediato queda fascinada).
Pero ¿por qué habrían de importar los orígenes? Cualquiera que sea adoptado sabe que lo único que importa es el aquí y el ahora.
Clare se da cuenta de que Cardiff no es una de las ciudades más grandes de Maine. Tiene apenas diecinueve mil habitantes. Está a veintisiete kilómetros al norte de Eddington, en una costa que se ve dentada, como un cuchillo.
Qué raro suponer que podría ser oriunda de ahí… de un puntito en el mapa.
Pero bueno, todos tenemos que ser oriundos de algún lugar.
Clare se reprende; no debe albergar esperanzas. No debe ceder a sus expectativas. La esperanza es esa cosa con plumas, advertía la poeta. Vulnerable, y por lo tanto fácil de lastimar.
Nunca ha deseado creer en el determinismo genético… el «destino». Es una persona culta, hija de educadores profesionales, sabe que, en esencia, lo que configura el ser es el entorno.
Los lugares, la gente. La calidad de vida, la educación. El aire que respiramos… ¿está limpio o contaminado? Lo que de verdad importa es el entorno inmediato que nos rodea.
En ese aspecto, Clare ha sido afortunada. La convención dice que los niños adoptados son afortunados. Se los saca de la oscuridad, se los elige, lo que significa que se los aprecia. Ha recibido una buena educación y nunca ha pasado hambre ni ha temido por su vida. (¿O sí? Al menos no que ella recuerde). Ahora alquila un departamento bastante agradable, de una habitación, al que puede llegar caminando desde el hermoso edificio cubierto de hiedra del prestigioso Instituto de Investigaciones en Humanidades de Bryn Mawr, donde realiza su investigación posdoctoral sobre fotografía del siglo xix.
Su trabajo, que requiere visitar los extraordinarios archivos de fotografía del Museo de Arte de Filadelfia, es por completo autodirigido. El Instituto tiene la política de permitirles a sus investigadores trabajar en soledad y en privado durante años, sin que tengan que rendirle cuentas a nadie.
A Clare la desconcierta pensar que podría morirse y el Instituto tardaría meses en enterarse. Vivir tan libre de todo escrutinio es emocionante, pero también un poco perturbador. Una podría morir de soledad, ha pensado Clare.
Hoy está demasiado inquieta para trabajar. Demasiado distraída para mirar diapositivas en la espaciosa sala de lectura del archivo del museo mientras redacta notas al pie en su laptop. En cambio, se pasa horas en casa navegando en internet, averiguando todo lo posible sobre Maine al este, la costa rocosa del Atlántico. Y sobre la historia del asentamiento de Cardiff en el siglo xviii.
Hay algunos artistas distinguidos (todos hombres) vinculados con Maine: Winslow Homer, Rockwell Kent, George Bellows, Frederic Church… Seguramente hay mujeres artistas talentosas cuya obra ha sido ignorada o infravalorada.
Las artistas mujeres rara vez sobreviven a su generación, sin importar cuán talentosas u originales sean. No importa cuántos premios hayan recibido ni con qué artistas hombres se hayan relacionado. Apenas mueren, su arte empieza a desvanecerse y perecer. Clare ha razonado esta injusticia y está decidida a ayudar a combatirla.
En Maine emprenderá un nuevo proyecto. Quizá.
Heredera. Testamento. Abuela… Donegal. La voz de barítono del abogado de Cardiff resuena de forma seductora en los oídos de Clare.
Desearía poder compartir las buenas nuevas con alguien. Pero en Bryn Mawr no tiene amistades ideales. Siempre ha tenido la cautela de no ser demasiado franca con la gente, ni siquiera con sus amantes. Mucho menos con sus amantes.
La intimidad con alguien nos incita a revelar… demasiado. Al desvestirnos nos volvemos vulnerables. Una vez que el secreto se comparte, no hay vuelta atrás.
Además: Clare no le ha contado a nadie que es adoptada. Es su mayor secreto. Así que ahora tampoco puede compartir la felicidad que le da ser heredera.
Es la prueba de que a alguien le importó. A una abuela.
Pero ¿por qué esperó tanto… esta abuela… para salir a la luz, Clare?
¿Qué hay de tus padres (biológicos)? ¿Viven? ¿Intentarás contactarlos?
Clare no quiere escuchar esas preguntas. Ni tiene idea de cómo contestarlas.
Intenta concentrarse en la pantalla. Revisa un sitio web dedicado a Winslow Homer en Maine. La distraen demasiado los pensamientos intrusivos aleatorios…
En uno o dos días podrías conocerlos… o lo que sea que te esté esperando en Cardiff.
Clare intenta no pensar en ellos: la madre, el padre. Ni siquiera de niña se lo permitió. Dio por sentado que ninguno de los dos seguía con vida, si no ¿por qué alguien le entregaría su hija de dos años y nueve meses a unos desconocidos?
Nadie haría algo así por elección. Es posible que una chica soltera renuncie a su bebé si está desesperada, pero la cosa es bien distinta si se trata de un niño de cierta edad.
Sí, pero quizá te vendieron. No solo no te querían, sino que quisieron lucrar contigo.
Imposible. ¡Qué absurdo! Clare jamás podría creer algo así.
Pero ahora que sabe que la madre de su padre le ha dejado una herencia, que la familia Donegal no era de bajos recursos…
De niña, Clare conoció otras chicas adoptadas. En la escuela primaria, en la secundaria. Le sorprendía que compartieran con otros ese detalle tan íntimo, tan vergonzoso. Una de sus compañeras de cuarto en la universidad se obsesionó (de forma exasperante) con encontrar a su madre biológica. (Clare nunca la alentó a que la buscara ni se mostró muy empática cuando la misteriosa madre biológica resultó decepcionante). Ni siquiera a ellas les compartió Clare su secreto. Ni hizo el esfuerzo de averiguar cuál era el procedimiento legal para encontrar a sus padres biológicos.
Cuando eres adoptada, no te conviene preguntar por qué.
Saber que eres adoptada es la respuesta a cualquier pregunta que podrías hacer sobre tu adopción.
¡Suena el teléfono! Clare examina el identificador de llamadas mientras controla el impulso de contestar de inmediato.
Algo desanimada ve que es alguien conocido —un amigo (hombre), no un amante (todavía), pero sí (al parecer) con potencial romántico— con quien quedó para cenar esa noche en Filadelfia. Su amigo es otro investigador posdoctoral del Instituto que frecuenta la Biblioteca Pública de Filadelfia para hacer su trabajo de investigación. Ayer Clare estaba muy entusiasmada por aquel encuentro y se habría desilusionado si su amigo le hubiera cancelado; ahora, en cambio, lo había olvidado por completo y tendrá que inventar una excusa creíble para no ir con él al restaurante.
¡Lo siento mucho, Joshua! Pensé que tendría tiempo de avisarte antes, pero es que… hubo una emergencia familiar. Tengo que irme unos días, y no lo puedo postergar.