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IMPERIOS Y BÁRBAROS

LA GUERRA EN LA EDAD OSCURA

IMPERIOS Y BÁRBAROS

LA GUERRA EN LA EDAD OSCURA

José Soto Chica

tercera edición


Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura

Soto Chica, José

Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura / Soto Chica, José.

Madrid: Desperta Ferro Ediciones, 2020. – 640 p., 8 de lám. : il. ; 23,5 cm – (Historia Medieval) – 3.ª ed.

ISBN: 978-84-121687-0-9

355.48 (36/369.2) “04/07”

IMPERIOS Y BÁRBAROS

La guerra en la Edad Oscura

José Soto Chica

© de esta edición:

Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura

Desperta Ferro Ediciones SLNE

Paseo del Prado, 12 - 1.º derecha

28014 Madrid

www.despertaferro-ediciones.com

ISBN: 978-84-121687-0-9

Diseño y maquetación: Raúl Clavijo Hernández

Cartografía: Desperta Ferro Ediciones

Coordinación editorial: Isabel López-Ayllón Martínez

Revisión técnica: Alberto Pérez Rubio y Eduardo Kavanagh de Prado

Producción del ebook: booqlab.com

Primera edición: octubre 2019

Segunda edición: noviembre 2019

Tercera edición: marzo 2020

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).

Todos los derechos reservados © 2020 Desperta Ferro Ediciones. Queda expresamente prohibida la reproducción, adaptación o modificación total y/o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento ya sea físico o digital, sin autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo sanciones establecidas en las leyes.

A mis padres, Juan y María, que me enseñaron lo que realmente es importante y esencial.

Índice

Agradecimientos

Prólogo

Introducción


Capítulo 1Los ejércitos de romanos y hunos a mediados del siglo V
Capítulo 2Las batallas de Aurelianorum y los Campos Cataláunicos
Capítulo 3La batalla de Vouillé
Capítulo 4Las batallas de los dos dragones
Capítulo 5Bizancio y la reconquista de un Imperio
Capítulo 6Bajo un estandarte de leones
Capítulo 7La cruzada de Heraclio y la batalla de Nínive
Capítulo 8La espada de Dios
Capítulo 9Entre el fuego y la sal
Capítulo 10Los soldados del Hijo del Cielo
Capítulo 11En los confines de Occidente

Conclusión

Bibliografía

Créditos de las imágenes

Agradecimientos

Un libro tiene muchas páginas y, también, mucha gente extraordinaria detrás de cada una de ellas. Así que tengo que darles las gracias para que estas páginas estén de verdad completas y tengan pleno sentido. Alberto Pérez, coeditor de Desperta Ferro, historiador y amigo, me propuso escribir este libro. Ha sido, pues, la persona que lo concibió y, sobre todo, la persona que ha confiado en mí para llevar a término esta incursión en la Edad Oscura. Gracias, Alberto, sin tu confianza y aliento este libro, simplemente, no habría sido. Alberto, además, ha escrito, me ha regalado, un magnífico prólogo, ha revisado el manuscrito, eligió la fabulosa obra de Ulpiano Checa que engalana la portada y buscó y escogió las imágenes que ilustran su interior y, con todo ello, este volumen ha mejorado notablemente. Carlos de la Rocha, coeditor de Desperta Ferro y «señor de los mapas», ha trazado los croquis y planos de batallas y los mapas estratégicos y políticos que acompañan al libro y que lo hacen mucho más atractivo y comprensible. Muchas gracias, Carlos. Isabel López-Ayllón y Mónica Santos del Hierro revisaron y corrigieron el manuscrito. Su paciencia ha debido de ser infinita. Gracias de corazón.

Jorge Juan Soto, ha sido, como siempre, «mis ojos». Con él he pasado infinitas horas de estos últimos veinte años buscando las «huellas» de ejércitos bizantinos, persas y árabes por medio mundo y elucubrando sobre cuestiones tan «entretenidas» como si 40 000 hombres a punto de matarse entre sí caben o no en tal o cual llanura. Jorge, además, me ha descrito incontables mosaicos, miniaturas, marfiles, bajorrelieves… para poder formarme la imagen de armas, arreos, atuendos, etc. de la Edad Oscura y ha velado porque la informática fuera mi aliada y no mi enemiga. Gracias por estar siempre ahí.

El profesor Luis Roger me ayudó con no pocos textos latinos de difícil traducción e interpretación y, ante todo, me guio por las difíciles sendas de la China de los Tang. Sin su auxilio nunca habría podido acercarme a los textos chinos. Además, Luis revisó la transcripción de los términos militares y nombres chinos. Gracias, Luis, disfrutar de tu erudición es un extraordinario lujo que, sin embargo, palidece ante el de contar con tu amistad.

La profesora Gracia López tuvo la gentileza de revisar y corregir los términos y nombres árabes cuya transcripción es siempre una empresa arriesgada para quienes no somos arabistas. Gracia me ha facilitado, asimismo, la traducción de un interesante estudio sobre las espadas árabes del primer periodo y, ante todo, me ha brindado su saber y su amistad. Gracias.

La profesora Esther Sánchez me aclaró algunas cuestiones sobre santa Genoveva y la invasión de las Galias por Atila. Esther, además, tuvo la paciencia de describirme los bajorrelieves de Nas-I-Rustam en Irán y varias piezas sasánidas del Museo Arqueológico de Teherán. Pero, ante todo, me ha regalado siempre su amistad. Esther, sencillamente, eres un resplandeciente tesoro. Gracias.

La doctora Narges Rahimi Jasari tuvo la amabilidad de traducirme del iraní los fragmentos de la obra de al-Dînawarî correspondientes a la batalla de Qadisiya.

El doctor Francisco Aguado me facilitó sus obras, aún inéditas, sobre las murallas de Constantinopla, su funcionamiento táctico y su guarnición y, junto con su esposa, Ana Cadena, me llevó de la mano por Constantinopla/Estambul. Paco y Ana son, sin duda, los últimos y a la par, los primeros bizantinos y su amistad es un Imperio. La arqueóloga Ana María Berenjeno me ayudó con la geografía de la región de Algeciras y de la antigua Laguna de la Janda para así poder entender mejor el desarrollo de la campaña y batalla de los montes Transductinos/Guadalete. Ana, con la que tantas horas pasé y paso desentrañando los misterios de Mesopotaminoi/Algeciras, es una de esas amistades que me hace caer en la cuenta de que debo de ser un tipo con mucha suerte.

Como siempre, agradezco profundamente a la profesora Encarnación Motos, mi maestra, y a Moschos Morfakidis Filactós, directores de mi centro de investigación: Centro de Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas de Granada, su apoyo constante. Las profesoras del Centro de Estudios Bizantinos, mis amigas y compañeras, Maila García y Panagiota Papadopoulou, me han ayudado más de una vez con los textos bizantinos. Gracias.

Por último, mis hermanas, Esperanza y Mari, como siempre, han estado apoyándome y, mis hijos, Ciro Alejandro y Darío Ulises no solo me han apoyado, sino que han tenido una encomiable paciencia con un padre, a menudo, extraviado en su biblioteca.

A todos y a tantos otros amigos que, aunque no nombro, saben quiénes son y que son muy importantes para mí, gracias de corazón.

Prólogo
Alberto Pérez Rubio

Las penas se instalan en mi silla de montar, y dirijo a mi robusta dromedaria a las blancas ruinas de Ctesifonte. Me consuelo por mi suerte y encuentro solaz en la arruinada morada de los sasánidas, a quienes mis sucesivas desgracias me hacen recordar, porque son estas yesca para el recuerdo, y también para el olvido […]

El tiempo trocó su antiguo esplendor y la despojó de su prístina frescura, hasta convertirla en jirones gastados, como si el palacio, vacío de gentes y desolado, fuese una tumba, como si las noches celebrasen allí un funeral, después una boda.

Pero, si lo vieses, te recordaría las maravillas de unas gentes cuyo recuerdo no puede hacer palidecer oscuridad alguna. Si vieses el cuadro de la batalla en Antioquía, temblarías entre bizantinos y persas, cuando el destino esperaba, inmóvil, mientras Anusirwan, con su túnica verde oscuro sobre amarillo azafrán, comandaba las filas bajo el estandarte real […]

El cruel peso del tiempo ha caído sobre el palacio, saqueado, sin que sea estigma que esté despojado de sus alfombras de seda y de sus cortinas de Damasco. Sus murallas se elevan alto, y se ciernen sobre las cumbres de Ridwa y Quds, rozando las nubes blancas, como túnicas de algodón. ¿Fue el trabajo de hombres, para que lo habitasen los genios? ¿O el trabajo de genios para que lo habitasen los hombres?

Sin embargo, mientras lo contemplo, atestigua que su constructor no fue sino uno más entre los reyes. Y es como si pudiese ver a generales y tropas, hasta donde alcanza la vista; como si las embajadas extranjeras sufrieran bajo el sol, esperando consternados detrás de las multitudes; como si los juglares en el centro del salón canturrearan tonadas con labios de ciruela. Como si la fiesta hubiese sido anteayer y ayer la prisa por partir.

Construido para una alegría eterna, su dominio se tornó en condolencia y consuelo, y merece que ahora le preste mis lágrimas.

Oda a las ruinas de Ctesifonte, de al-Buhturî trad. Àlex Queraltó Bartrés, adaptada por Alberto Pérez Rubio

Así cantaba al-Buhturî, poeta de la corte abasí, en el siglo IX, a las ruinas de Ctesifonte, la otrora orgullosa corte de la casa de Sasán, cuando su milenario sueño no hacía sino comenzar, poco más de un siglo transcurrido de su conquista por los árabes. Como el Ozymandias de Shelley, los versos de al-Buhturî, recuerdo y olvido, memoria y desmemoria, nos avisan de lo fugaz de las glorias humanas y de lo vano de nuestros afanes, granos minúsculos en el molino del tiempo.

Y, sin embargo, nos afanamos. Nos afanamos porque esa es nuestra esencia, porque esa es la esencia del hombre, y en ese afán peleamos contra el olvido. Porque, ¿qué es narrar historia sino esa pelea? Pelea desigual, tarea que, como la de Sísifo, no tiene final ni victoria, tampoco derrota, porque solo con arrostrarla ya hemos ganado, siquiera un poco, al negro telón de Cronos. Y eso lo saben hombres como José Soto Chica, Pepe, que con el mismo valor y la misma entereza con que arrostra la vida, arrostra nuestra pugna contra la desmemoria. Es para mí un orgullo ser su escudero en esta lid y poder ofrecerle la montura de Desperta Ferro para que, como un saravan de antaño, cabalgue, su acero y seda transmutados en palabra.

Sea usted, lector, también compañero de Pepe, en su batalla por arrojar luz a las tinieblas de una edad, oscura sí, pero acaso no más que otras que en el mundo han sido.

Tor, Ampurdán, agosto de 2019

Introducción
La guerra en la Edad Oscura: batallas y ejércitos olvidados

«El chorreo torrencial del fuego y la sangre, las incursiones de los bandidos, La invasión asesina, el clamor de los demonios, los gritos de los dragones…».1 De esta estremecedora y apocalíptica manera, un obispo armenio de la segunda mitad del siglo VII trataba de trasladar a sus lectores el horror desencadenado por las grandes y continuas guerras de su tiempo. De hecho, aunque la Edad Media fue ya de por sí una época en la que la guerra se manifestó omnipresente, lo cierto es que el periodo que va del siglo V al VIII constituye un auténtico «clamor de demonios». Un bélico estruendo que configuró nuestro propio tiempo. En efecto, los siglos que van del V al VIII contemplaron los conflictos que transformaron de forma definitiva el antiguo mundo, configurado en esencia por la existencia de tres grandes imperios: el romano, el persa y el chino, en un nuevo mundo en el que las invasiones y conquistas araboislámicas quebraban para siempre la unidad del Mediterráneo romano, domeñaban al último Imperio persa, se apoderaban de Asia Central y del noroeste del subcontinente indio, rozaban las fronteras de China y, hacia el otro extremo del mundo antiguo, sumergían la Hispania visigoda y tentaban el Reino franco de las Galias.

Así pues, una época de transformación que conforma un nuevo mundo en el que se atisban ya las líneas generales de nuestro propio mundo. Pero, también, una época turbulenta y, por lo tanto, difícil de abordar. «Edad Oscura»,2 ese era el nombre que, durante mis años de carrera, finales de los noventa, se continuaba asignando al periodo que se extendía entre las grandes invasiones germánicas y la eclosión del Imperio carolingio. Esos cuatrocientos años que grosso modo se extendían entre la muerte de Teodosio el Grande y la coronación imperial de Carlomagno, eran campo de extraños y oscuros acontecimientos en los que ciudades arruinadas, salvajes tribus, imperios decadentes, reinos bárbaros y una arrolladora expansión islámica, proporcionaban el marco de unos siglos que parecían no tener más propósito que servir de puente entre el Imperio romano y la Edad Media.

Belicosos siglos. Por lo tanto, plenos en cambios e innovaciones tácticas, tecnológicas, logísticas, etc. Pues estos años, 451-751, contemplaron notables innovaciones en el arte de la guerra y situaron esta como centro y motor de no pocas de las grandes transformaciones políticas, sociales, culturales, económicas y religiosas del periodo.

«La guerra es la madre de todas las cosas»,3 decía en el siglo VI a. C. el filósofo griego Heráclito de Éfeso y nosotros podríamos añadir que nunca fue tan madre como en los turbulentos años que aquí vamos a abordar.

Grandes trasformaciones militares se dieron en estos siglos. Transformaciones que cambiaron para siempre el carácter y forma de la guerra. Este libro tratará de mostrarla en todas sus facetas durante este periodo vital de la historia universal. La organización de los ejércitos, su reclutamiento, paga y abastecimiento, la táctica y estrategia, el armamento y adiestramiento… Y, además, tratará de mostrar todo eso en funcionamiento mediante la breve descripción de algunas de las batallas más decisivas del periodo y, también, con casi toda seguridad, de la historia universal. Y es que, en última instancia, los ejércitos solo pueden entenderse del todo en batalla. Es en la batalla donde el armamento, el adiestramiento, la organización, la ideología y la táctica tienen su fin y su sentido.

El mundo entre los siglos V al VIII fue un mundo en guerra. Un mundo de grandes y disciplinados ejércitos imperiales con siglos de tradición militar a sus espaldas. Pero, asimismo, de bandas de salvajes guerreros sin más pasado que el de las nieblas de la leyenda. Un mundo de hierro y conquista. Pero, también, un mundo de perfeccionamiento e innovación militar. Ese continuo vaivén entre organización y barbarie, entre ejércitos muy complejos y con un grado de organización altamente desarrollado y bandas guerreras con eficaces pero poco estructuradas formas de combatir, es una característica siempre a tener en cuenta en una historia de la guerra en la Edad Oscura. Entre ambos extremos, que podrían estar representados por los ejércitos romano-bizantino, sasánida y chino, por un lado y, por otro, por las primitivas bandas guerreras de los eslavos y las anárquicas huestes de los señores de la guerra anglos y sajones, había todo un abanico de grados intermedios.

Otro tanto ocurría en el armamento. Entre el equipado caballero bizantino de hacia el año 600, con su cuerpo y el de su caballo poderosamente acorazados, portando escudo y armado con una apabullante panoplia ofensiva que incluía espada, arco compuesto asimétrico, lanza, dardos y venablos, y el guerrero eslavo sin armadura o protección de ningún tipo y armado solamente con un venablo o con un arco de curvatura simple y flechas envenenadas, había un salto tecnológico brutal.4 La tecnología militar desempeñó siempre un papel determinante junto con la organización.

Los cambios constantes en las fronteras y las invasiones, estas últimas un factor bélico constante a lo largo de todo el periodo aquí estudiado, actuaron como vectores de trasmisión de la tecnología militar y del arte de la guerra. Así, por ejemplo, máquinas de guerra con mecanismos de contrapeso originarias de China fueron llevadas por los ávaros a Europa y fueron ellos, también, con casi toda seguridad, los que terminaron por extender en Europa occidental el uso del estribo que, aunque sobrevalorado durante mucho tiempo por los historiadores, fue un elemento importante en el desarrollo de la caballería medieval a partir de la segunda mitad del siglo VIII.

Otro ejemplo: el gran arco compuesto asimétrico centroasiático o arco reflejo compuesto, un arma poderosa desarrollada por los hunos y cuyo antecedente era el arco compuesto escita inventado muchos siglos antes, fue un factor clave en la expansión de los hunos, desde luego, pero terminó siendo pieza fundamental del equipo de los caballeros bizantinos y sasánidas de los siglos VI y VII y un factor esencial a la hora de explicar, por ejemplo, las grandes victorias de los generales de Justiniano, Belisario y Narsés, sobre vándalos y ostrogodos.5

Otro invento de la época, uno en especial llamativo y que significó un cambio drástico en la guerra naval y de asedio durante los siglos VII al XII, fue el temido, misterioso y mal llamado «fuego griego», un arma que, en buena medida, presagiaba a la artillería y al lanzallamas y que supuso todo un prodigio técnico en cuanto al diseño de los sifones que se empleaban para propulsarlo y en cuanto a su formulación química.6

Además, en este periodo surgirían también algunas de las unidades tácticas más famosas y de mayor significado militar de la historia de la guerra como las unidades bizantinas del tipo tagma y meros7 o como los aynâd árabes, o como la formación en jamis inventada por los primeros ejércitos califales.8

Además, los siglos aquí estudiados fueron también los siglos en que aparecieron algunos de los manuales tácticos más influyentes de la historia universal: el Epítoma rei militaris del hispano Flavio Vegecio Renato, escrito en algún momento de la primera mitad del siglo V, y el conocido como Strategikon del Pseudo-Mauricio redactado casi con toda seguridad en torno al año 613.9

Esta obra abarca un amplio espectro cronológico, tres siglos y un amplísimo escenario geográfico y cultural que va desde la China de los Tang al reino visigodo de Toledo y desde las fronteras de lo que hoy son Escocia e Inglaterra, a los bordes del Sahara. Del último ejército romano de Occidente al ejército de Carlos Martel y de la organización militar de la Persia sasánida a las anárquicas bandas guerreras de los eslavos. Será, pues, un largo viaje a través de disputados y ensangrentados campos de batalla en los que se sepultó un mundo, el de la Antigüedad, y se parió otro, el de la Edad Media. Cuando el largo viaje termine, el lector conocerá las claves de la guerra y de los ejércitos en una época apasionante: la Edad Oscura.

Notas

1 La cita es de Sebeos, 1995, quien escribía poco después de 680. Ver Macler, F., 1995.

2 Brown, P., 1997, 10.

3 Mondolfo, R. En griego guerra es polemos, esto es, un sustantivo masculino y, por lo tanto, la traducción literal sería «la guerra es el padre de todas las cosas».

4 Soto Chica, J., 2015, p. 78-87.

5 Karasulas, A., 2003; Heather, P., 2006, 206-208; Soto Chica, J., 2015, 78-80; Soto Chica, J.: «Narsés y la conquista de Italia, 552-554», 46-53.

6 Soto Chica, J.: «La invención del fuego griego y la lucha de bizantinos y árabes por el control del Mediterráneo: ingeniería militar y guerra naval en la Alta Edad Media», 113-133; Haldon, J.: «Greek fire revisited: recent and current research», 290-325.

7 Treadgold, W., 1995, 14, 61, 94-96.

8 Landau-Tasseron, E.: «Features of the Pre-Conquest Muslim Army in the Time of Muhammad», 299-336; Haldon, J.: «Seventh-Century Continuities: the Ajnäd and the “Thematic Myth”, 379-423; Soto Chica, J.: «Yarmuk: la batalla que cambió Oriente», 30-37.

9 Para Vegecio, ver Paniagua Aguilar, D., 1996; Strategikon, Mauricio, emperador de Oriente, 2014; Maurice’s Strategikon, 1984.

Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
29 lipca 2024
Objętość:
1095 str. 142 ilustracji
ISBN:
9788412105384
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

Podobne książki