Czytaj książkę: «Iniciativa empresarial»
CONTRAPORTADA


ÍNDICE
PORTADA
CONTRAPORTADA
CARTA DE PRESENTACIÓN
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO 1. ECONOMÍA DE MERCADO: LA EMPRESA AL SERVICIO DEL CONSUMIDOR. Arturo Damm Arnal
CAPÍTULO 2. EQUIDAD, JUSTICIA Y CLIMA DE NEGOCIOS. ¿ES MÉXICO UN ENFERMO CRÓNICO? Héctor Jesús Zagal Arreguín
CAPÍTULO 3. DE LOS ÁTOMOS A LOS BYTES EN DOS GENERACIONES. Rossana Fuentes Berain Villenave y Guillermo Ortega Rancé
CAPÍTULO 4. LA CONFIANZA DEJA DE SER UN RECURSO ESCASO. Patricia Montelongo y de la Parra
CAPÍTULO 5. LAS COMUNIDADES DE EMPRENDEDORES: EL MÁS PODEROSO CENTRO DE DESARROLLO DE TALENTO DE LA ERA MODERNA. Jorge Llaguno Sañudo
CAPÍTULO 6. EMPRENDEDORES, HÉROES Y SUPERHÉROES. ¿PARA QUÉ SIRVE UNA MITOLOGÍA CONTEMPORÁNEA? Rubén Urtuzuástegui Jiménez
CAPÍTULO 7. POLÍTICAS PÚBLICAS INCLUYENTES DE APOYO AL ECOSISTEMA EMPRENDEDOR Adriana Tortajada Narváez y Roberto Manríquez Delgado
CAPÍTULO 8. INICIATIVA EMPRESARIAL INTERGENERACIONAL: EL CASO PROEZA. Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez
CAPÍTULO 9. FAMILY OFFICES, INVERSIONES CATALÍTICAS EN EL ENTORNO EMPRESARIAL MEXICANO. Jaime García Nieto y Juan Manuel Quiroga Fernández
CAPÍTULO 10. SEARCH FUNDS, VEHÍCULO DE INVERSIÓN PARA EL DESARROLLO DE EMPRESAS CON UN POTENCIAL DE CRECIMIENTO CONTENIDO. Gustavo Fernández de Loyola
CAPÍTULO 11. UNA PERSPECTIVA PARA HABILITAR LA INTERACCIÓN ENTRE LA EMPRESA ESTABLECIDA Y LOS EMPRENDEDORES EN EL CONTEXTO DE MÉXICO. Luis Antonio Paredes Izaguirre y Gabriel Charles Cavazos
CAPÍTULO 12. EL EFECTO MULTIPLICADOR DE LOS EMPRENDEDORES. Pilar M. Aguilar Pariente y José Antonio Dávila Castilla
CAPÍTULO 13. EMPRENDEDORES PARA LOS EMPRENDEDORES. Hernán Fernández Lamadrid, Álvaro Rodríguez Arregui y José Antonio Dávila Castilla
CAPÍTULO 14. EMPRENDEDORES SOCIALES ASPIRAN A CAMBIAR LA BRÚJULA DEL MUNDO. Armando Laborde de la Peña, Rodrigo Villar Esquivel, Erik Wallsten Almegard y José Antonio Dávila Castilla
CAPÍTULO 15. HACERLO BIEN Y HACER EL BIEN. Xavier López Ancona, José Medina Mora Icaza y Vicente Fenoll Algorta
JOSÉ ANTONIO DÁVILA CASTILLA
PÁGINA LEGAL
CARTA DE PRESENTACIÓN
50 años para una institución educativa son apenas el primer paso. En el caso del IPADE, gracias al trabajo de muchas personas y de la participación de nuestros egresados, me atrevo a afirmar que han sido un buen primer paso.
El IPADE se ha mantenido firme en su propósito de formar líderes capaces de transformar las organizaciones y la sociedad. En este trabajo de profesionalizar el quehacer directivo, apoyados en el compromiso con la verdad y el enfoque humanista, en los últimos años hemos desarrollado cinco centros de investigación para promover la reflexión, el diálogo interdisciplinario y la generación de conocimiento sobre temas de relevancia para la vida de la empresa.
Por este motivo, nos complace presentar una colección de cinco libros, producto de un arduo trabajo de investigación que contribuye a nuestro propósito fundacional de fortalecer al empresario y sus organizaciones para tener modelos de negocio cada vez más competitivos, eficientes, innovadores y, sobre todo, más responsables.
Ante esta necesidad de proporcionar a los empresarios conocimientos útiles que les permitan continuar trabajando de manera innovadora y creativa, el IPADE creó el Centro de Investigación en Iniciativa Empresarial-EY para realizar investigación con el propósito de fomentar la creación y desarrollo de nuevas empresas que tengan alto impacto en nuestra sociedad. En este sentido, Iniciativa empresarial: Hacerlo bien y hacer el bien es resultado de este esfuerzo, que cuenta con el invaluable apoyo de expertos académicos y empresarios, para lograr los objetivos mencionados.
Confiamos en que este libro, a través del análisis y la reflexión sobre la iniciativa y labor del empresario, permita entender la realidad de los negocios y que, al tener un diagnóstico claro, quienes toman la iniciativa en las organizaciones estén no solamente prevenidos, sino preparados para enfrentar los riesgos y retos propios de la actividad empresarial. Confiamos también en que esta obra sea una invitación a plantear estrategias que puedan materializarse en acciones concretas dentro de las empresas, que generen un impacto positivo y estén orientadas siempre al bien común.
Carlos Llano nos advertía que: “O la formación es redonda o no es formación”. Los cinco libros de la presente colección reflejan un esfuerzo del IPADE para aportar, desde la investigación, aproximaciones que aborden, con profundidad, las dimensiones sobre las necesidades y preocupaciones de la Alta Dirección de manera colaborativa, interdisciplinaria y con un fundamento humanista.
RAFAEL GÓMEZ NAVA
Director General
IPADE Business School
PRÓLOGO 
Forjar el futuro que nuestro país merece se logrará, en gran medida, al impulsar a los emprendedores y empresarios a encontrar soluciones para transformar su entorno y trascender. En EY[1] compartimos con el IPADE el anhelo por lograrlo, es por eso que, con especial satisfacción, presentamos esta obra que surge del Centro de Investigación en Iniciativa Empresarial-EY.
En la espiral ascendente de cambios que vivimos, es necesario esforzarnos más por entender, aprender y proponer las transformaciones de un sorprendente siglo XXI inmerso en saltos cuánticos generados por la tecnología, la globalización y la demografía, cuyo resultado es la redefinición de las industrias y de la convivencia en nuestra sociedad.
Las perspectivas de los académicos y empresarios que colaboran en esta obra estimulan el deseo natural de conocer más a fondo la realidad empresarial y esforzarnos por formar una visión nueva y positiva para contribuir al bien común.
El vínculo que decidimos construir con el IPADE a través del CiiE-EY tiene su justificación en la coincidencia de ambas organizaciones en construir un mejor entorno de negocios, lo cual requiere de un esfuerzo conjunto, orientado al conocimiento, la innovación, la colaboración y la mejora de los modelos actuales. Buscamos fomentar que emprendedores y empresarios con ideas originales y con recio carácter se arriesguen a afrontar los desafíos, presentes y futuros, aportando su empuje para detonar la transformación que el país necesita. Sin duda, la presente obra es muestra de ello.
¿Por qué impulsar el espíritu emprendedor en nuestra sociedad? Porque estamos convencidos de que esto nos llevará a explorar y desarrollar las oportunidades que configuren una realidad distinta. Ese impulso nos seguirá llevando, sin pausa, a plantear iniciativas que inviten a la participación y ayuden a los líderes a encontrar el propósito que les permita generar acciones que se traduzcan en resultados positivos para sus empresas, la economía y la sociedad en general.
El líder con determinación e iniciativa despliega todo un abanico de posibilidades para generar un cambio en beneficio de su comunidad y para sí mismo. En esa capacidad de comenzar de las personas está la fuerza para innovar y crear un mejor entorno.
Esta obra ofrece a los emprendedores, empresarios y directores de empresa en general, una forma relevante de encontrar su propósito para exigirse más, plantearse mejores preguntas, mejores formas de hacer negocio en los tiempos tan cambiantes que vivimos y hacer frente a los inmensos retos que esto conlleva, ya no en el mediano y largo plazo, sino hoy.
Los invito a disfrutar de cada uno de los episodios de esta publicación que entrelazan puntos de vista y diversas propuestas al abordar temas como economía de mercado, el efecto multiplicador de los emprendedores, el interesante ejercicio reflexivo de empresarios de diferentes generaciones, junto a perspectivas sobre justicia, equidad e igualdad. En EY nos sentimos orgullosos de formar parte de este proyecto y deseamos que aquellos que lo tienen en sus manos encuentren también la motivación, inspiración y el ingenio para continuar impulsando la transformación del país.
FRANCISCO ÁLVAREZ DEL CAMPO
Presidente y director general de EY México
Regional Managing Partner de Latinoamérica Norte
NOTA
[1] EY es líder global en servicios de aseguramiento, asesoría, impuestos y transacciones. Las perspectivas y los servicios de calidad que entregamos ayudan a generar confianza y seguridad en los mercados de capital y en las economías de todo el mundo. Desarrollamos líderes extraordinarios que se unen para cumplir nuestras promesas a todas las partes interesadas. Al hacerlo, desempeñamos un papel fundamental en construir un mejor entorno de negocios para nuestra gente, clientes y comunidades.
INTRODUCCIÓN 
Siempre es gratificante trabajar en un proyecto que puede ayudar a mejorar nuestro entorno e incluso la vida de muchas personas. Esta obra habla sobre los temas relevantes que dan sentido, arraigo y riqueza a la sociedad. Habla sobre el contexto actual y el fascinante panorama que se avizora, sobre la creatividad y la decisión de emprender, sobre el empresario y la empresa.
La empresa moderna, una de las grandes innovaciones sociales del siglo XX, emergió y se consolidó en nuestra sociedad en los últimos cien años. Las tareas sociales más importantes, desde la producción y distribución de bienes y servicios, hasta el cuidado de la salud y la educación, se atienden, cada vez más, de acuerdo con el modelo de esta singular institución.
Su contribución e impacto en el bien común ha sido enorme, no solo porque crea valor económico, humano y social, sino también por su capacidad de generar soluciones a los inmensos retos que enfrenta nuestra sociedad. La empresa se ha convertido en el motor de innovación social más poderoso.
No obstante, las empresas no surgen de manera espontánea. Las forman las personas que toman la iniciativa, buscan el capital y atraen al talento necesario, impulsados por su pasión, intuición y motivos. El Centro de Investigación en Iniciativa Empresarial-EY estudia la tarea empresarial y directiva de las personas que toman la iniciativa —los empresarios— que, en última instancia, son a quienes se debe la razón de ser del IPADE.
Entre los objetivos del CiiE-EY está vincular a empresarios, inversionistas, académicos, participantes actuales y egresados del IPADE, así como a otros actores de la comunidad empresarial, en un entorno propicio para que surja un diálogo enriquecedor y ayude en su desarrollo. Esa es justamente la intención del presente libro.
Con el propósito de facilitar el diálogo entre la teoría y la práctica, se invitó a expertos académicos y empresarios, que han destacado en los temas que abordan por su ejemplo en el ámbito empresarial o bien por su análisis académico. La obra es una colección de ensayos cuyo contenido muestra una ruta sugerida para la lectura, sin embargo, su diseño invita también a que el lector construya su propio recorrido, acorde con sus preferencias.
En la obra se incluyen, en primera instancia, los capítulos que hablan del entorno en que la empresa y el empresario se desempeñan: “Economía de mercado: la empresa al servicio del consumidor”, de Arturo Damm Arnal; “Equidad, justicia y clima de negocios. ¿Es México un enfermo crónico?”, Héctor Jesús Zagal Arreguín; “De los átomos a los bytes en dos generaciones”, de Rossana Fuentes Berain Villenave y Guillermo Ortega Rancé; “La confianza deja de ser un recurso escaso”, de Patricia Montelongo y de la Parra; “Las comunidades de emprendedores: el más poderoso centro de desarrollo de talen-to de la era moderna”, de Jorge Llaguno Sañudo; “Emprendedores, héroes y superhéroes. ¿Para qué sirve una mitología contemporá-nea?”, de Rubén Urtuzuástegui Jiménez y “Políticas públicas incluyentes de apoyo al ecosistema emprendedor”, de Roberto Manríquez Delgado y Adriana Tortajada Narváez.
Posteriormente figuran los temas propios del trabajo del emprendedor y del empresario: “Iniciativa empresarial intergeneracional: el caso PROEZA” de Rosa Nelly Trevinyo-Rodríguez; “Family Offices, inversiones catalíticas en el entorno empresarial mexicano”, de Jaime García Nieto y Juan Manuel Quiroga Fernández; “Search Funds, vehículo de inversión para el desarrollo de empresas con un potencial de crecimiento contenido”, de Gustavo Fernández de Loyola; “Una perspectiva para habilitar la interacción entre la empresa establecida y los emprendedores en el contexto de México”, de Luis Antonio Paredes Izaguirre y Gabriel Charles Cavazos; “El efecto multiplicador de los emprendedores”, de Pilar M. Aguilar Pariente y José Antonio Dávila Castilla; “Emprendedores para los emprendedores”, de Hernán Fernández Lamadrid, Álvaro Rodríguez Arregui y José Antonio Dávila Castilla; “Emprendedores sociales aspiran a cambiar la brújula del mundo”, de Armando Laborde de la Peña, Rodrigo Villar Esquivel, Erik Wallsten Almegard y José Antonio Dávila Castilla.
La obra concluye con el capítulo, “Hacerlo bien y hacer el bien”, en donde José Medina Mora Icaza, Xavier López Ancona y Vicente Fenoll Algorta narran en primera persona cómo fundaron e hicieron crecer sus empresas, cómo buscan incidir en su comunidad y cómo im-pulsan a los emprendedores.
Agradezco a cada uno de los autores quienes, por su cariño al IPADE, aceptaron participar en esta aventura. Me agrada recordar cada encuentro con ellos como un inolvidable match de tenis intelectual a 3 de 5 sets, en el que cada competidor aportó lo mejor de su arte, su técnica, su pensamiento y experiencia, que se conjugó con la elegancia y tradición que caracterizan a este deporte.
Mi reconocimiento a Vicente Fenoll, Xavier López Ancona y José Medina Mora, de cuyo texto tomamos prestada la frase del título del libro: doing good and doing well, hacerlo bien y hacer el bien, que resume el contenido de esta obra y que, con ilusión, esperamos que pronto también resuma muchas realidades de la vida cotidiana en nuestro país.
Mi agradecimiento también para Myriam Moreno, sin cuyo talento y dedicación no hubiera sido posible esta obra, y a Patricia Montelongo por su inapreciable labor editorial.
Los capítulos aquí reunidos, lo que plantea cada autor, seguramente nos ayudarán a adentrarnos de lleno en el siglo XXI y a incrementar la sabiduría práctica que necesitamos todos para potenciar nuestro quehacer directivo y empresarial.
El escritor español José Antonio Marina, en su libro Inteligencia crea-dora, define la creatividad como “la capacidad de producir intencionalmente sorpresas eficaces”. Eso es, sin duda, algo a lo que aspira este libro, inspirar a muchos para incrementar y acrecentar las sorpresas eficaces.
JOSÉ ANTONIO DÁVILA CASTILLA
Director del Centro de Investigación en Iniciativa Empresarial-EY

| ______ POR LO GENERAL SE CREE QUE LA ECONOMÍA DE MERCADO ESTÁ A FAVOR DE LOS INTERESES DE LOS EMPRESARIOS, LO CUAL ES FALSO. LA VERDADERA ECONOMÍA DE MERCADO, BASADA EN LA LIBERTAD INDIVIDUAL, LA PROPIEDAD PRIVADA Y LA RESPONSABILIDAD PERSONAL Y, POR ENDE, EN LA MAYOR COMPETENCIA POSIBLE ENTRE PRODUCTORES, ESTÁ A FAVOR DE LOS INTERESES DE LOS CONSUMIDORES, A QUIENES LOS SATISFACTORES SE LES OFRECEN CON EL MENOR PRECIO, LA MAYOR CALIDAD Y EL MEJOR SERVICIO POSIBLES, CONTRIBUYENDO A ELEVAR SU BIENESTAR. TODO ELLO, HAY QUE INSISTIR, EN UNA VERDADERA ECONOMÍA DE MERCADO.PARA ENTENDER CUÁL ES LA VERDADERA ECONOMÍA DE MERCADO HAY QUE CONSIDERAR, DESDE LA PERSPECTIVA DE LA RELACIÓN ENTRE DICHA ECONOMÍA, LA COMPETITIVIDAD DE LAS EMPRESAS Y EL BIENESTAR DEL CONSUMIDOR, LA DEFINICIÓN DE PROGRESO ECONÓMICO, EL INTERÉS DE LOS CONSUMIDORES, AL EMPRESARIO COMO CAUSA EFICIENTE DE ESE PROGRESO, A LA ESENCIA DE LA ECONOMÍA DE MERCADO Y, EN NUESTRO CASO, A LA TRANSFORMACIÓN DEL MARCO INSTITUCIONAL DE LA ECONOMÍA MEXICANA EN LOS ÚLTIMOS CINCUENTA AÑOS, SUPUESTAMENTE A FAVOR DE LA ECONOMÍA DE MERCADO. ESTOS SON LOS TEMAS QUE, EN UNA PRIMERA APROXIMACIÓN, SE DESARROLLAN EN ESTE ESCRITO. |
EL PROGRESO ECONÓMICO
El progreso económico consiste en la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente.
Producir más bienes y servicios, que es la dimensión cuantitativa del progreso, está relacionado con el crecimiento de la economía y se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios, lo que se conoce como el Producto Interno Bruto (PIB).
Producir mejores bienes y servicios, dimensión cualitativa del progreso, hace posible satisfacer de mejor manera las necesidades del consumidor.
Producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, dimensión social del progreso, hace posible que más personas puedan disponer de más y mejores satisfactores.
¿De qué depende el progreso económico? De las inversiones directas, que son las que apuntalan o abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y les permiten, a quienes obtienen esos puestos de trabajo, generar ingresos.
Inversión directa es todo gasto destinado a producir más y/o mejor, por lo que directamente puede invertirse en investigación científica y desarrollo tecnológico; en instalaciones, maquinaria y equipo; en infraestructura de comunicaciones y transportes o en la inversión directa más importante de todas: educación y capacitación generadora de capital humano, definido como el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que le permiten a la persona realizar trabajos más productivos.
Entonces, ¿de qué depende el progreso económico? De las inversiones directas. ¿Y de qué dependen las inversiones directas? De la competitividad del país, definida como la capacidad de la nación para atraer, retener y multiplicar inversiones directas. Atraer: que los empresarios decidan invertir directamente en el país. Retener: que los capitales ya invertidos se queden invertidos en el país. Multiplicar: que las utilidades generadas por los capitales invertidos directamente en el país se reinviertan, también, directamente en el país.
¿De qué depende el progreso económico? De las inversiones directas. ¿De qué dependen las inversiones directas? De la competitividad del país, ¿Y de qué depende esta última? Entre otras variables, del marco institucional, es decir, de las instituciones que establecen las reglas del juego, desde las informales (usos y costumbres) hasta las formales (normas jurídicas). Instituciones que deben ser justas (garantizar los derechos de los agentes económicos) y eficaces (lograr la mayor oferta posible de bienes y servicios, al menor precio).
De instituciones justas y eficaces depende, no exclusivamente pero sí de manera importante, la competitividad del país, de la cual dependen las inversiones directas, de las cuales depende el progreso económico.
Comencé preguntando de qué depende el progreso económico y la respuesta fue: de la inversión directa y de la competitividad del país. De acuerdo, y ahora la pregunta es ¿de quién depende? Del gobierno depende la competitividad del país, y del empresario, las inversiones directas.
EL INTERÉS DE LOS CONSUMIDORES
Para entender el interés de los consumidores hay que tener presente que el problema económico de fondo es la escasez: no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera y mucho menos gratis. A las pruebas me remito: ¿quién no tiene alguna necesidad, gusto o deseo insatisfecho?
Dada esta escasez, es interés del consumidor que los bienes y servicios se le ofrezcan al menor precio, con la mayor calidad y el mejor servicio posibles, lo que llamo la trilogía de la competitividad. ¿De qué depende tal trilogía? De la competitividad, no del país, sino de las empresas que operan en este, lo que se define como la capacidad para, en materia de precios, calidad y servicio, hacerlo mejor que la competencia.
De la competitividad del país (la capacidad de la nación para atraer, retener y multiplicar inversiones directas) depende cuánto se invierte directamente. De la competitividad de las empresas (la capacidad para, en términos de precio, calidad y servicios, hacerlo mejor que la competencia) depende cómo se invierte, debiéndose invertir de forma tal que los bienes y servicios, producto de esas inversiones directas, se le ofrezcan a los consumidores con menores precios, mayor calidad y mejor servicio, lo cual reduce la escasez y aumenta el bienestar del consumidor.[1]
¿Cuál es la única manera de lograr la mayor competitividad posible de las empresas? Logrando que, en cada sector de la actividad económica, en el cual se produzcan bienes y servicios, y en cada mercado de la economía, donde se ofrezcan mercancías, se genere la mayor competencia posible, para lo que son necesarias dos condiciones.
Primero, que el gobierno permita que todo aquel nacional o extranjero (lo que importa es la competencia, no la nacionalidad del competidor), que quiera participar en algún sector de la economía produciendo bienes y servicios, con capital nacional o extranjero, o en algún mercado de la economía ofreciendo mercancías, nacionales o importadas, pueda hacerlo.
En segundo lugar es indispensable que el gobierno prohíba, detecte, sancione y elimine prácticas monopólicas, tanto absolutas como relativas, que limiten o anulen la competencia, impidiendo que el consumidor reduzca su escasez y aumente su bienestar lo más posible.
Tomando en consideración el interés del consumidor, hay que tener en cuenta que la actividad económica terminal, aquella que le da sentido a todas las demás (apropiación, distribución, producción, ahorro, inversiones directas, intercambio, etc.) es el consumo.
Entonces, ya que el consumo es la actividad económica que le da sentido a todas las otras, estas últimas deben estar ordenadas de acuerdo con este y no al revés. El consumo es el fin y la producción es el medio, con toda la importancia que el medio tiene para el logro del fin, pero sin dejar de ser solo eso: un medio para el logro de un fin.
Lo anterior quiere decir que el productor[2] está en función del interés del consumidor, y que lo justo y eficaz es que lo sirva de la mejor manera posible, para lo cual se requiere, en todos los sectores de la actividad económica y en todos los mercados de la economía, la mayor competencia posible. Esto se consigue permitiendo que todo aquel que quiera participar pueda hacerlo y que el gobierno prohíba, detecte, sancione y elimine prácticas monopólicas.
EL EMPRESARIO, CAUSA EFICIENTE DEL PROGRESO ECONÓMICO
¿De qué depende el progreso económico? De las inversiones directas. ¿De quién depende el progreso económico? Del empresario.
Podríamos considerar que la esencia de la empresarialidad consiste en la coordinación de todos los agentes económicos que aportan factores para la producción de bienes y servicios, reconociendo que ninguna empresa puede operar sin tal coordinación. Pero, ¿consiste en ello la esencia de la empresarialidad? No, en ello consiste la tarea del administrador, y ser administrador no es igual a ser empresario. Entonces, ¿en qué consiste, esencialmente, la empresarialidad?
También podríamos considerar que la empresarialidad consiste en inventar maneras menos costosas, y por ello más productivas, de producir bienes y servicios, lo cual le permite a la empresa volverse más competitiva, capaz de ofrecer lo que produce a menor precio. La esencia de la empresarialidad ¿consiste en la productividad? A cualquier empresa le conviene volverse más productiva (reducir costos de producción) y, si tiene competencia, más competitiva (ofrecer sus productos a menor precio que la competencia). Pero, ¿en ello consiste la esencia de la empresarialidad? No, en ello consiste la tarea propia del ingeniero industrial (el que, ¡ingeniándoselas!, inventa maneras menos costosas de producir), pero no la tarea propia del empresario. Ser ingeniero industrial no es igual a ser empresario. Entonces, ¿en qué consiste, esencialmente, la empresarialidad?
Podríamos considerar que la esencia de la empresarialidad consiste en adelantar el pago a los agentes económicos que aportan recursos para la producción, con el fin de iniciarla, primer paso para poder ofrecer, vender y generar ingresos, mismos que sirven, entre otras cosas, para reponer tales adelantos. Sin estos, una empresa no puede iniciar operaciones, lo que sucede antes de generar ingresos (primero producir, luego ofrecer, luego vender y, consecuencia de ello, generar ingresos). Razón por la cual debe haber quien, con la expectativa de que se generarán ingresos, adelante los pagos a los agentes económicos que aportan factores de la producción. ¿Es esta la tarea esencial del empresario? No, esta es la tarea propia del capitalista (el que aporta capital para echar a andar la empresa), pero no del empresario, y ser capitalista no es igual a ser empresario. Entonces, ¿en qué consiste, esencialmente, la empresarialidad?
Ni la coordinación de los agentes económicos que aportan factores para la producción (tarea propia del administrador), ni la invención de maneras menos costosas, más productivas, de producir (tarea propia del ingeniero industrial), ni el adelanto del pago a los agentes económicos (tarea propia del capitalista), son la esencia de la empresarialidad, por más que el empresario pueda ser también el administrador, el ingeniero industrial, el capitalista,[3] y por más que en toda empresa deba haber capital, ingeniería industrial y administración. La pregunta entonces persiste, ¿en qué consiste la esencia de la empresarialidad?
Lo primero que la define es el riesgo que enfrenta el empresario al saber cuánto le cuesta producir (algo que sabe a priori, antes de comenzar la producción), pero sin tener la certeza de a qué precio podrá vender (algo que sabe a posteriori, una vez que produjo, ofreció y conoció la respuesta de los consumidores), razón por la cual enfrenta tres posibilidades: que el precio sea menor al costo de producción, por lo que incurre en pérdidas; que el precio sea igual al costo de producción, por lo que obtiene solamente la ganancia normal;[4] que el precio sea mayor al costo de producción, por lo que obtiene una ganancia extraordinaria.[5]
Llegados a este punto, puede considerarse que esta incertidumbre, y el riesgo que conlleva, es la que enfrenta el capitalista, que adelanta los pagos a los agentes económicos que aportan factores de la producción, lo cual no es cierto, sobre todo cuando uno es el capitalista y otro el empresario. El empresario, que para poder adelantar los pagos señalados le pide dinero prestado al capitalista, debe pagarle en tiempo y forma, independientemente de la aceptación o rechazo que su mercancía haya tenido entre los consumidores, de lo cual depende el precio al quepuede venderse.
Además de enfrentar el riesgo de saber cuánto le cuesta producir sin saber a qué precio podrá venderse lo ofrecido, el empresario es quien inventa mejores maneras de satisfacer necesidades (satisfactores más eficaces), tarea que no hay que confundir con inventar maneras menos costosas de producir. La invención de mejores satisfactores pone en marcha el proceso de destrucción creativa, por el cual, en el mercado, lo bueno sustituye a lo malo, lo mejor sustituye a lo bueno y lo excelente sustituye a lo mejor, en un proceso de mejora que, hasta hoy, no ha tenido límite, y que es la dimensión cualitativa del progreso económico, la capacidad para producir, no solo más bienes y servicios, sino mejores bienes y servicios.[6]
El empresario es la causa eficiente del progreso económico. Es él quien invierte directamente el capital para apuntalar o abrir empresas, producir bienes y servicios, crear empleos y generar ingresos. El empresario, realizando inversiones directas, no solo es la causa eficiente del crecimiento de la producción de bienes y servicios, que es la parte cuantitativa del progreso económico, sino que es la causa eficiente de la dimensión cualitativa del mismo, que consiste en la capacidad para producir y ofrecer no solo más satisfactores, sino mejores, capaces de satisfacer de mejor manera las necesidades de los consumidores. En ello radica la esencia de la empresarialidad.
LA ESENCIA DE LA ECONOMÍA DE MERCADO
El mejor marco institucional para el desempeño de la empresa, en función de los intereses de los consumidores, es el de la economía de mercado, la cual tiene una doble dimensión: literal e institucional.
Literalmente, son de mercado las economías en las que el intercambio es la actividad central, en torno a la cual giran todas las demás. En estas economías se produce para vender y se compra para consumir, de tal manera que entre la producción y la oferta, y la demanda y el consumo, media el intercambio.
Institucionalmente son de mercado las economías en las cuales las reglas del juego, sobre todo las formales (normas jurídicas), facilitan lo más posible el intercambio, así como lo que le antecede, producción y oferta, y lo que le sigue, consumo y demanda.
El origen de la economía de mercado, en el sentido literal del término, es la división del trabajo, que tiene sentido si el intercambio es posible.
Si el intercambio entre productores, oferentes y vendedores de un lado, y demandantes, compradores y consumidores del otro, fuera imposible, la división del trabajo resultaría contraproducente y tendríamos que limitarnos a la autarquía, cada quien produciría sus satisfactores, por lo cual la cantidad, calidad y variedad de los mismos se reduciría considerablemente, dando como resultado mayor escasez y menor bienestar.
Entre más amplia y profunda sea la división del trabajo, más y mejores posibilidades de producir más y mejores bienes y servicios, así como, más y mejores posibilidades de reducir la escasez y de elevar el bienestar.[7]