Czytaj książkę: «La privatización de la verdad»

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BIBLIOTECA JAVIER COY D’ESTUDIS NORD-AMERICANS

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DIRECTORA

Carme Manuel

(Universitat de València)


La privatización de la verdad: la continuidad de la ideología esclavista en Estados Unidos

©Jorge Majfud

1ª edición de 2021

Reservados todos los derechos

Prohibida su reproducción total o parcial

ISBN: 978-84-9134-887-0 (papel)

ISBN: 978-84-9134-888-7 (ePub)

ISBN: 978-84-9134-889-4 (PDF)

Imagen de la cubierta: Sophia de Vera Höltz

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

Publicacions de la Universitat de València

https://puv.uv.es

publicacions@uv.es

Edición digital

I call the CIA ‘Capitalism’s Invisible Army’ (La CIA es el Ejército Invisible del Capitalismo)

Buckminster Fuller

(Critical Path, New York, NY: St. Martin’s Press, 1981, 103)

Índice

EN POCAS PALABRAS

LA LITERATURA DE LOS DIOSES

No señor, usted no es capitalista

La trampa de las palabras

Cambia el lenguaje y cambiarás el mundo

¿Por qué los grandes medios son de derecha?

Escritores, libros, editoriales, reseñas mercenarias

El mayor mito de la historia

Nacionalistas y patriotas

La narrativa aglutinante de un imperio

Violencia que no se exporta se consume en el mercado interno

Los de arriba tienen de todo, menos ideología

Ideología reversa. La cultura de las máscaras

La ideología sin ideología

La extrema derecha y el derecho extremo

¿Es la verdad antipatriota?

LA DEMONIZACIÓN DE LOS TRABAJADORES

Los trabajadores son peligrosos para la libertad

Consumismo, otra herencia del sistema esclavista

Corrupción ilegal vs. corrupción legalizada

Sindicato de millonarios, huelga de capitales

Entretenimiento perpetuo

LA DESMORALIZACIÓN DE LOS POBRES

Reparaciones y distracciones

Vendo unos ojos tristes

El estómago de los pobres tiene un límite. La codicia de los ricos no

Caza de pobres: La distracción perfecta

Palestina: la histórica (y estratégica) deshumanización de un pueblo

LOS REFUGIADOS DEL CAPITALISMO

¿Por qué la gente huye de los países capitalistas?

El racismo y los refugiados del capitalismo hegemónico

Los verdaderos muros de la democracia estadounidense

¿Nos dirigimos al totalitarismo? ¿No estábamos ya ahí?

LAS RAÍCES DEL NAZISMO

Quiero expandir la bendición de la esclavitud al mundo

La democracia como instrumento de dominio de la raza blanca

La pesada carga del Hombre blanco

Fuimos atacados, esta vez por negros pacíficos

Quema esas malditas cartas

Las razas inferiores mueren más fácilmente

Dios nos ha elegido para regenerar el mundo

No más negros, please

Incapaces de entender la libertad anglosajona

Las raíces americanas del nazismo

También Henry Ford apoyó a Stalin (aunque amaba a Hitler)

Cuando las razas inferiores dicen basta, es violencia

El terrorismo blanco y sus fantasías

La raza superior siempre se tiene fe

LA MANO INVISIBLE DEL CAPITALISMO

Nosotros mentimos, engañamos y robamos

Derechos especiales

Espías y mercenarios

No son servicios de espionaje, son gobiernos paralelos*

El asalto perfecto y la nueva crisis por venir

La trampa de Tucídides

AMÉRICA LATINA NARRADA

Dodecálogo del éxito

Serás obediente y prosperarás

El peligro eran los votos, no las balas

Las paradojas del militarismo

La verdadera función de los ejércitos latinoamericanos

Otra paradoja de las clases sociales

La guerra contra las drogas

El Caracazo, otra masacre irrelevante

El fracasado discurso del éxito. Turno de Ecuador

Sí, en Cuba se tortura y se violan los Derechos Humanos

Cuba y Estados Unidos: una lectura desde la historia

EN POCAS PALABRAS

ESTADOS UNIDOS ES EL PAÍS DE LAS MÁSCARAS y de la doble personalidad del superhéroe de la cultura popular: la obsesión de la unión enmascara sus profundas divisiones, así como el discurso sobre la expansión de la libertad acompañó la permanente expansión del sistema esclavista sobre cada una de sus conquistas territoriales.

Aunque los confederados, los esclavistas del sur perdieron la Guerra civil en 1865 y luego perdieron la guerra cultural durante el siglo XX, inadvertidamente ganaron la guerra política y, sobre todo, la guerra ideológica que hizo de Estados Unidos un imperio basado en los mitos de superioridad racial, primero, y de superioridad cultural y moral después. También, de forma inadvertida la ideología de los perdedores logró demonizar a los pobres y a la clase trabajadora y elevar a categorías bíblicas a los ricos y a la clase inversora, de la misma forma que antes había demonizado a los esclavos mientras santificaba a los amos esclavistas.

La privatización de la verdad es un contrapunto entre el pasado y el presente más reciente (sobre todo, el último año de la presidencia de Donald Trump), una muestra de la continuidad de la Guerra civil y de la ideología de los esclavistas del sur por otros métodos.

El nuevo capitalismo estadounidense es la continuación del sistema de esclavitud derrotado en la guerra. No lo distinguen las narrativas sobre la libertad y el mesianismo de los de arriba; sólo algunas leyes que prohíben el azote físico e imponen un salario, y la sustitución de algunas palabras por otras, como la palabra negro por comunista.

LA LITERATURA DE LOS DIOSES

No señor, usted no es capitalista

UN ATARDECER DE OTOÑO de 2008 o 2009 tuve una conversación en un estacionamiento con uno de los guardianes del campus de la universidad en Pennsylvania en la que trabajaba. El señor, un hombre en sus sesenta a quien siempre aprecié y creo que él me apreciaba igual, con una seguridad que se la envidio, me dijo: “Yo pienso así porque soy capitalista”.

Agotado por una larga jornada le dije, sin pensar que no era el momento ni el lugar: “No, señor, usted no es capitalista. Usted es un trabajador asalariado. Usted no es capitalista, sólo tiene fe en el capitalismo, como tiene fe en Jesús; pero de la misma forma en que usted no es Jesús, tampoco es capitalista”.

La trampa de las palabras

LAS PALABRAS VELAN Y REVELAN, cubren y descubren. Las palabras curan y las palabras matan. Cuando no se piensa en las palabras, ese instrumento insustituible del pensamiento humano, otros lo hacen por nosotros y le dicen a cada una lo que deben decir. Entonces, las palabras se vuelven esclavas de los de arriba y esclavizan a los de abajo. Entonces, las palabras engañan y tratan de pensar por uno mismo.

Dentro de cada palabra hay una multitud de significados, muchas veces contradictorios, pero siempre triunfa uno de ellos a conveniencia del poder social de turno, y así cada palabra impone una idea, una forma de pensar y, finalmente, una realidad que se convierte en indiscutible hasta que alguien vuelve a pensar en las palabras con otras palabras.

Por ejemplo, los ideoléxicos tolerancia, libertad, americano, éxito, fracaso, violencia y todas sus combinaciones posibles en combos convenientes.

Por ejemplo, se afirma que los críticos que luchan por los derechos iguales de los diferentes y son antiimperialistas o antibélicos son contradictorios porque se oponen a una guerra contra Irán mientras en Irán ponen a los homosexuales en la cárcel o los condenan a muerte. En cambio, nosotros, los salvadores del mundo, sí respetamos los derechos de los homosexuales (cuando nos conviene; por no recordar que en el siglo pasado el FBI los investigaba, los perseguía y perdían sus trabajos), lo que nos da el derecho de bombardear e invadir países que no lo hacen (excepto si son nuestros aliados, como Arabia Saudí). Luego les decimos qué hacer, nos quedamos con sus recursos e imponemos el imperio de la libertad en ese país y en todos los países que lo rodean. Y a eso le llamamos coherencia.

Theodore Roosevelt, premio Nobel de la paz, decía que la invasión de Filipinas, donde los marines mataban negros por deporte, en realidad era por humanidad, y también decía que “la paz llega con la guerra”. Ciento veinte años más tarde, otro presidente, Donald Trump, bombardea a un ejército enemigo “para evitar la guerra”. Cuando Irán responde con el bombardeo de dos de sus bases en Irak y su escudo antimisiles resulta inefectivo, dice que “el enemigo se está retirando”. La voz del poder no necesita pruebas y las pruebas en contra, por evidentes que sean, son mudas.

Cada tanto, como en Azizabad y en tantos otros lugares, decenas de niños en algún país lejano mueren bajo las bombas inteligentes (a veces 60, a veces 90 de un solo golpe) y la acción se la reporta como un éxito porque un supuesto terrorista se cuenta entre las pocas víctimas y la gente decente que en los paises libres vive en paz gracias a dichas acciones de humanidad y coraje, los echa inmediatamente al olvido. Solo nuestros muertos son verdaderos porque duelen.

Entonces algunos pacifistas reaccionamos contra todo tipo de violencia. Y está bien. Pero cuando no diseccionamos como se debe esa simple palabra (no mencionemos el resto de la narrativa), volvemos a caer en la trampa semántica. Porque no es lo mismo la violencia del colonizador que la del colonizado, la violencia del opresor que la del oprimido. La violencia del invasor se la llama defensa propia y a la violencia del invadido se la llama terrorismo.

Y así un largo etcétera, tan largo como cualquier diccionario de cualquier lengua.

Cambia el lenguaje y cambiarás el mundo

WASHINGTON DC. 7 DE JUNIO DE 1844. Al día siguiente de la inesperada derrota de Martin Van Buren a manos de James Polk en la interna del partido Demócrata, el Congreso estadounidense desestima la anexión de Texas por 16 votos a favor y 36 en contra. Ha vencido la sensatez, se dice en los pasillos. La prensa asegura que el candidato del partido Whig, Henry Clay, más ambiguo con el tema de Texas y la esclavitud, “sólo tiene que caminar hacia la Casa Blanca”.

Pero James Polk huele una estrategia que dará vuelta todos los debates sobre Texas y la esclavitud que dominan la política ese año. En lugar de seguir discutiendo sobre la anexión, comienza a hablar de re-anexión de Texas. Polk no es un hombre religioso, pero su esposa Sarah lo ha obligado a presentarse como devoto. Más importante que eso: Polk es parte de una cultura de la fe donde más importante que la evidencia es lo que uno cree, y si lo que uno cree contradice la evidencia más clara, más mérito tiene el que cree. ¿Un río no se puede parir en dos? Pues, solo se parte para quienes cierran los ojos y creen que se puede partir a fuerza de creer. La palabra religiosa no tiene ningún compromiso con la realidad y también en política valen más que los hechos, por lo cual la batalla más importante es la batalla dialéctica. Las palabras crean el pasado y fuerzan el futuro. Las palabras crean la realidad como Dios creó el mundo a partir del verbo. A pesar de su desinterés por Dios, aparte de sus propias ambiciones y su escasa preparación, estos son todos los instrumentos intelectuales desde los cuales el presidente Polk y sus gobernados ven la realidad.

La idea de comenzar a hablar de re-anexión de Texas como siempre, no es suya, sino del senador de Mississippi Robert J. Walker. Según el senador, Texas ya estaba incluida en la compra de Luisiana. Luisiana había sido comprada al imperio francés porque el gigante territorio poblado de millones de indios no valía un cobre comparado con la pequeña colonia de Haití. Como siempre, las naciones indígenas no fueron invitadas a la negociación de Luisiana, pero tampoco el imperio español, por lo que difícilmente Texas hubiese estado incluido en el contrato de venta con los franceses. De hecho, luego de cerrado el negocio con Napoleón Bonaparte en 1804, los límites de estos territorios habían sido definidos y pactados con extrema claridad por el tratado Adams-Onís, firmado por el presidente John Quincy Adams y el representante del imperio español en 1819. Este tratado definía el río Sabine, futuro límite entre los estados de Luisiana y Texas, como el límite de los territorios adquiridos a Francia. Por entonces, España se había demorado en firmar el tratado, por lo cual el 14 de mayo de 1820 Thomas Jefferson le escribió al presidente James Monroe: “no puedo lamentarme de que España no haya firmado el acuerdo, ya que creo que un día Texas será uno de los estados más ricos de nuestra Unión”.1 Dos años después, España y Estados Unidos firmaron el acuerdo que fijaba el río Sabine como límite entre ambos imperios. En Washington decidieron aceptar los límites “por el momento”, ya que consideraban que Texas y Cuba debían ser anexados a la Unión. El 12 de enero de 1828, en la ciudad de México, México y Estados Unidos ratificaron por escrito los acuerdos limítrofes del tratado Adams- Onís. El 5 de abril de 1932, en Washington, los mismos países firmaron esta ratificación. El artículo segundo establecía en detalle los límites y sus coordenadas entre ambas naciones. Entre otros ríos, se mencionan el río Sabine, el río Roxo (Rojo) y el río Arkansas. Por si todos esto no fuese suficiente, se mencionó el mapa publicado en Filadelfia en 1818 como referencia.

Cuando Andrew Jackson se convirtió en presidente en 1829, instruyó a su secretario de Estado, Van Buren, para negociar la compra de Texas o, en caso contrario, correr la frontera reconocida por el tratado de 1819 llamando río Sabina al río Nueces. Ahora su discípulo y heredero, el presidente Polk, va más allá y confunde el río Nueces con el río Grande y olvida tratados firmados recientemente, como un pastor interpreta mandamientos bíblicos con mucha imaginación y en honor a la libertad. Todo por una causa altruista. Polk y sus promotores anuncian que ha llegado el momento de “expandir la libertad a otros territorios”. En la mira también están California, Oregón, Canadá, Cuba…

En el Norte, los políticos y aficionados se entretienen en las discusiones sobre el problema de la inmigración. Los nuevos no son bienvenidos. La mayoría son irlandeses y, a todas luces, su raza es defectuosa: sus pelos color cobre, sus mujeres feas que parecen rubias, pero no lo son. Los restaurantes anuncian “Ni perros ni irlandeses”. Los diarios ofrecen trabajo de cocineros a los negros pero no a los irlandeses, porque son sucios. Más sucios que los negros. Para colmo, casi todos son católicos, lo que demuestra que no saben leer inglés correctamente, que es el idioma de la Biblia. Hasta las mujeres de la raza bonita comienzan a organizarse por sus derechos. Los sindicatos de obreros se hacen fuertes. Desde su exilio en Londres, Karl Marx publica durante diez años una columna en el New York Tribune contra el imperialismo británico y la esclavitud americana y elogia la nueva cultura obrera de Estados Unidos. Pero todavía no hay comunistas. Tardarán casi un siglo en llegar a las tierras de los negros y de los salvajes para proveer de otras buenas excusas a los elegidos de Dios.

La guerra dialéctica entre esclavistas y antiesclavistas se intensifica en las elecciones más importantes de la historia de Estados Unidos. En la convención del partido Demócrata, los expansionistas observan que, si bien los cheroquis eran cristianos que sabían leer y escribir y algunos hasta habían aprendido a mantener algunos esclavos negros, era su raza lo que los hacía salvajes. Los diarios se burlan de su candidato a la presidencia. Se burlan también de su vice, Dallas. El New York Herald dice que nunca en la historia del país hubo un candidato más ridículo, falto de toda preparación y habilidad para el máximo cargo, que el señor James Polk. “¿Acaso los demócratas se han vuelto locos?” se preguntan, y aseguran que el triunfo de Henry Clay está por lo menos asegurado.

Por supuesto, la imaginación del poderoso pasará, una vez más, por encima de cualquier ley o cualquier acuerdo. El tratado Adams-Onís no valdrá el papel en el que está escrito y Texas será anexada en base a mejores interpretaciones. Medio siglo más tarde, el mismo tratado renacerá en una Corte para defender a sus violadores. En 1896, Texas, para entonces otro estado de la Unión, litigará en la Suprema Corte contra Oklahoma por la posesión del condado de Greer. Su defensa se centrará en el reconocimiento del tratado Adams-Onís firmado por Washington y Madrid en 1821 y ratificado con México en 1832, pocos años antes de haber sido ignorado para correr la frontera nacional desde el río Sabines al rio Nueces, primero, y hasta el río Grande después. Como Texas es un estado del país de las leyes, citará palabra por palabra el mismo tratado que medio siglo atrás Austin, Houston, Polk y el resto de Washington habían violado por medios diplomáticos, primero, y por la guerra después.

¿Por qué los grandes medios son de derecha?

MONTEVIDEO, URUGUAY 27 DE JUNIO DE 1973. Con la oposición de la marina, el presidente electo Juan María Bordaberry y otro ejército latinoamericano deciden salvar la libertad, la democracia, la patria y el honor contra la influencia extranjera. Para eso debe suprimir las libertades individuales, el parlamento, los derechos humanos y permitir que el plan de Washington se lleve a cabo al mismo tiempo que se culpa a alguien más (en este caso, los Tupamaros) de la necesaria dictadura. Como otros casos en América latina, la campaña electoral de Bordaberry había sido en parte financiada por la dictadura brasileña, otra hija de la desestabilización programada del gobierno de Washington que terminó con el gobierno progresista de João Goulart en 1964 y la instalación de otra dictadura militar y la creación de los Escuadrones de la muerte.

El agente de la CIA asignado a Uruguay en 1964, Philip Franklin Agee, se encuentra en Londres escribiendo sus memorias, de donde será expulsado, no por sus operaciones encubiertas sino por sus revelaciones. Durante la década anterior, escribe Agee, los grandes medios en Uruguay, como en otros países latinoamericanos, estaban inoculados. Con un presupuesto de un millón de dólares anuales (equivalente a más de ocho millones para el año 2020) y siguiendo los lineamientos de Mockingbird Operation (Operación Sinsonte) cada día se plantaban “dos o tres artículos de propaganda” en diarios como El País, La Mañana y El Día. Los artículos eran pasados como editoriales sin firmas, lo cual aumentaba la idea de realidad objetiva y luego eran, previsiblemente, citados por otros medios. En abril de 1964, recuerda Agee, la CIA había plantado un artículo de media página en el diario colorado La Mañana firmado por Hada Rosete, representante del Consejo revolucionario cubano, en el cual había hecho circular la idea de la presencia de armas rusas y cubanas en el hemisferio para apoyar a grupos subversivos en Venezuela, Honduras, Perú, Colombia, Argentina, Panamá y Bolivia, operación supuestamente dirigida a muy larga distancia por las embajadas soviéticas y cubanas en México, Buenos Aires y Montevideo, las tres únicas embajadas soviéticas existentes en el continente durante los años cincuenta. El artículo había sido escrito por los agentes Gerald O’Grady y Brooks Reed. Otros artículos publicados en los principales diarios del país habían sido escritos en Nueva York por el cubano Guillermo Martínez Márquez, editor de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Estas son prácticas comunes en el continente y más allá. En 1976 la Comisión Otis Pike de la Cámara baja y la comisión Church del Senado de Estados Unidos reproducirán uno de los informes de la CIA fechado en octubre de 1970 sobre su actividad sistemática de plantar editoriales y proveer información falsa o conveniente en los medios locales para influir o reparar una intervención. En sus propias conclusiones, la comisión Church revelará el “uso sistemático de la prensa, de las radios, del cine, de panfletos, de posters, de correo directo” por parte de la CIA. En el caso del programado golpe de Estado en Chile, a semanas de la asunción de Salvador Allende: “San Pablo, Tegucigalpa, Lima, Montevideo, Bogotá, Ciudad de México reportan que se continúa reproduciendo el material sobre el tema Chile. Incluso algunas partes se han reproducido en el New York Times y en el Washington Post. Los esfuerzos de propaganda continúan dando resultados satisfactorios en la cobertura de noticias según nuestros lineamientos…” Las memorias de agentes de la CIA, como las de Howard Hunt publicadas en 2007, reconocerán estas prácticas y sumarán otras, puestas en duda por la misma comisión Church del senado que lo investigó treinta años antes. El 26 de diciembre de 1977 el New York Times publicará una investigación con otros nombres de medios involucrados en esta operación millonaria de desinformación, entre ellos Avance, El Mundo, Prensa Libre, Bohemia, El Diario de las Américas y The Caracas Daily Journal, aparte de múltiples programas de radio por toda la región y agencias de noticias como EPS y Agenda Orbe Latino American. Diversos agentes de la CIA también operan encubiertos o con permiso en agencias de noticias como Reuters, The Associated Press y United Press International. En algunos casos, como Combate, ni siquiera sus editores sabían del origen de la financiación. Nueve años atrás, un desconocido profesor de Harvard llamado Henry Kissinger, sobreviviente de la persecución nazi en Alemania, había resumido toda la filosofía imperialista con su clásico cinismo: “Existen dos tipos de realistas: aquellos que manipulan los hechos y aquellos que los crean; Occidente necesita hombres capaces de crear su propia realidad”.

Radios como La Voz de la Liberación fueron creadas de la nada para el golpe de Estado en Guatemala en 1954, pero la práctica más común por sus costos y, sobre todo, por su credibilidad fue la inoculación de medios establecidos y con algún prestigio. La televisión y algunas radios de Uruguay también habían caído en esta red, pero se prefería a los diarios porque eran el espacio ideal para introducir ideas e información política que luego sería repetida por los otros medios. En el tranquilo país del extremo Sur, la CIA, que también había trabajado con funcionarios, policías y políticos, había encontrado dificultades en la universidad y en las organizaciones populares. Diferente a su anterior experiencia en otros países del continente, había reconocido el agente Agee, Uruguay era más difícil de corromper con dinero debido a su alto desarrollo social y económico y a una fuerte educación que procedía de los tiempos de José Batlle y Ordóñez a principios de siglo. Por esta razón, en lugar de infiltrar grupos de izquierda y organizaciones universitarias como la FEUU, habían decidido trabajar más a nivel de la educación secundaria, esperanzados de que estos estudiantes más jóvenes un día serían universitarios.2 También habían invertido en la promoción de “sindicatos libres” alternativos y en políticos mediáticos y ruralistas como Benito “Chicotazo” Nardone (luego presidente por un año) los cuales también eran canales para la narrativa y las políticas de la CIA.3 Durante la Guerra Fría la estrategia era subsidiar los grandes medios de prensa latinoamericanos con dinero secreto o a través del pago de publicidad. Durante la Era de Internet la estrategia será posicionarlos en las autopistas más transitadas de Internet, en manos de las compañías estadounidenses con frecuentes conexiones con Washington. Como lo demostrarán diversos estudios de instituciones como la American Institute for Behavioral Research and Technology, para 2015 las grandes compañías habrán invertido 20 mil millones de dólares anuales sólo en forzar la búsqueda de información para privilegiar una opción política sobre otra.

El plan resultó según lo previsto. No sólo se estableció una dictadura por once años en uno de los países más democráticos de América Latina, sino que, además, como en cualquier otro país al sur del río Grande, se inoculó la idea de que la barbarie militarista no era un ataque sino una defensa contra las injerencias extranjeras. Por las generaciones por venir, una considerable proporción de la población y de los políticos continuará justificando la dictadura militar y culpando de sus violaciones de los derechos humanos a un grupo guerrillero llamado Tupamaros, surgido en los años sesenta y desarmado mucho antes del golpe de Estado. El argumento de que un país puede suprimir los derechos humanos para luchar contra quienes desean destruir los derechos humanos seguirá siendo un éxito casi absoluto de la propaganda organizada en Washington desde el siglo XIX. La idea de que los grandes medios de prensa y los ejércitos latinoamericanos defienden el honor y las injerencias extranjeras, también.

Los negacionistas funcionales (muchos de ellos educados en estos grandes medios de manipulación) se encargarán de descalificar a Agee por haber desertado de la CIA y no mencionarán que sus revelaciones no fueron negadas por otros agentes y directores de esa agencia, sino lo contrario. Diferentes confesiones de agentes que se mantuvieron fieles a su misión hasta sus últimos días reconocerán y confirmarán estas prácticas sin ninguna comezón de conciencia.

La CIA opera en cada país desde dentro de compañías aéreas, mineras y de servicios de limpieza (en mucha de las cuales es accionista) hasta sindicatos y centros de educación. Pero los medios de información y entretenimiento siempre han sido un área de extrema sensibilidad y utilidad. Los medios son los principales creadores de opinión y de sensibilidades y, como lo reconoció Edward Bernays mucho antes de que se inventara la CIA, la mejor forma de administrar una democracia es decirle a la gente lo que deben pensar. Como lo practicó innumerables veces el mismo Bernays cuando fue contratado por Washington para vender un golpe de Estado o por una empresa privada para vender tocino, la Opinión pública es un producto, algo que se fabrica y se vende como cualquier otro producto. Sólo hay que hacer que otros digan y repitan lo que nosotros queremos que se diga y se repita sin que nunca se sepa su verdadero origen. “Sobre todo cuando la gente no tiene ni idea de dónde procede realmente una mentira”.

Por las décadas y por las generaciones por venir, los grandes medios de prensa dominantes y creadores de opinión pública en casi todo el mundo serán conservadores, de derecha. Como parte de la misma lógica, serán acusados de ser liberales, de izquierda.

En sus manuales, la CIA y del National Security Council (“A Plan for National Psychological Warfare” del 10 de julio de 1950) compartían un consenso que les habían robado al propagandista Edward Bernays: la forma más efectiva de propaganda “es aquella en la cual el sujeto se mueve en la dirección deseada por las razones que él cree que proceden de su propia libertad”.

En Argentina, la decepción de los peronistas por el nuevo peronismo de derecha y la actividad subversiva (nacida bajo la dictadura de Onganía en los 60) habían alcanzado niveles de nerviosismo nacional y sirvieron para una nueva excusa de las fuerzas de represión. Pocos meses antes de las elecciones de 1976, con una violencia paramilitar de la extrema derecha actuando a su antojo, los militares decidirán dar un nuevo golpe de Estado y evitar el triunfo del ala izquierda del peronismo, representado por Héctor Cámpora, candidato favorito para esas elecciones.

En Uruguay, el golpe de Estado de 1973 tampoco tuvo como objetivo derrotar a los tupamaros que ya habían sido derrotados. Había que eliminar la amenaza de una opción popular por la fuerza de los votos. En Chile, el golpe de Estado no fue posible antes del triunfo de Allende, sino después. Esta fue la diferencia.

Años después, las elites en el poder político y social no se cansarán de repetir que, de no haber sido por los grupos rebeldes de izquierda como los Tupamaros, las dictaduras militares nunca hubiesen existido. Esta fabricación se convertirá en un dogma. Como los traumas de las dictaduras, sobrevivirá en las generaciones por venir.

Escritores, libros, editoriales, reseñas mercenarias

WASHINGTON DC. 26 DE ABRIL DE 1976. El senado de Estados Unidos publica el informe final de las investigaciones de la Comisión Church sobre abusos de la Agencia de Seguridad Nacional y de la CIA, desde el planeamiento de golpes de estado y asesinatos de líderes de países extranjeros hasta el seguimiento de disidentes nacionales y la introducción planificada de propaganda ideológica en los ámbitos de la cultura, la academia, los medios de comunicación, las agencias noticiosas, sindicatos y grupos religiosos. Cualquier grupo u organización con cierto prestigio social ha sido infiltrada con el propósito de crear opinión pública a favor o en contra de algo o de alguien o, simplemente, para evitar que algo o alguien cobre alguna relevancia social y se hunda en la oscuridad y en el ostracismo. Cuando en 1963 la CIA supo antes que nadie que Pablo Neruda era un fuerte candidato al premio Nobel de Literatura de 1964, comenzó de inmediato una campaña de desprestigio, inoculando los medios y apuntando a los lectores de izquierda con el rumor de que en 1940 León Trotsky había sido asesinado, con la complicidad del poeta chileno.4 Neruda, García Márquez, Eduardo Galeano y muchos otros estaban en la lista de visitantes prohibidos de Washington, pero como los otros, en 1966 Neruda había logrado realizar una gira por Estados Unidos, no sólo debido a los reclamos de Arthur Miller y otros intelectuales estadounidenses sino porque no convenía a la imagen del gobierno hacer pública la prohibición de nombres respetados en tantos países. La CIA y el FBI no le perdieron pisada, siempre a la búsqueda de algún dato comprometedor, como la afición por las mujeres de Martin Luther King y la nunca descubierta debilidad de John Lennon. Cuando el premio Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias (otro feroz crítico de la guerra de Vietnam y el imperialismo estadounidense) fue propuesto para la presidencia del PEN de Nueva York, la CIA presionó para que Miller obtenga el puesto. Esta vez tuvo éxito, pero los fracasos de sus éxitos se irán acumulando a largo plazo.