Czytaj książkę: «Cómo prevenir y tratar las lesiones deportivas (Color)»
CÓMO PREVENIR Y TRATAR
LAS LESIONES DEPORTIVAS
Guía práctica para deportistas
¡Mil y un secretos para la prevención
de lesiones y remedios
aprobados por la comunidad médica
para conseguir un cuerpo más esbelto,
en forma y atlético!
JORDAN D. METZL, M.D.
(29 Maratones y 9 Ironmans)
con MIKE ZIMMERMAN

Copyright de la edición original: © 2012 by Rodale Inc.
Esta obra se ha publicado según el acuerdo con Rodale Incorporate
Título original: The Athlete’s Book of Home Remedies
Traducción: Pedro González del Campo Román
Diseño de cubierta: David Carretero
Ilustraciones: © Primal Pictures Ltd.
© 2020, Jordan D. Metzl
Editorial Paidotribo, S.L.
www.paidotribo.com
E-mail: paidotribo@paidotribo.com
2ª reimpresión de la 1ª edición
ISBN: 978-84-9910-454-6
ISBN EPUB: 978-84-9910-926-8
BIC: MMS; WSD
Fotocomposición: Bartolomé Sánchez de Haro
Dedicatoria
Este libro está dedicado a los millones de deportistas que todos los días se levantan, sin llamar la atención, a las 5.30 y se arrastran fuera de la cama para mantenerse en forma. Sea cual fuere tu nivel deportivo, ojalá la información que aparece en este libro te ayude a lograr tus metas. Seguir adelante es lo más importante que puedes hacer a diario.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN Deportista, cúrate a ti mismo
PRIMERA PARTE Dime dónde te duele
Capítulo 1: Pies, tobillos y piernas
Capítulo 2: Rodillas
Capítulo 3: Isquiotibiales, caderas, glúteos e ingle
Capítulo 4: Región lumbar
Capítulo 5: Abdominales, oblicuos y pectorales
Capítulo 6: Cuello y hombros
Capítulo 7: Brazos y codos
Capítulo 8: Antebrazos, muñecas y manos
Capítulo 9: Cabeza
SEGUNDA PARTE Las lesiones deportivas más enojosas… ¡curadas!
TERCERA PARTE Cómo vencer cualquier cosa
CUARTA PARTE Entrenamientos de Hierro de la Fuerza
QUINTA PARTE Guía de la alimentación del deportista
ÍNDICE GENERAL
Agradecimientos
Las siguientes personas fueron fundamentales para que este proyecto se hiciera realidad. Primero de todo, mis padres, los doctores Marilyn y Kurt Metzl. En casa crearon un ambiente que estimuló el aprendizaje, el deporte y el establecimiento de metas en la vida. En diversos momentos de mi vida personal y profesional, todos aquellos atributos me han ayudado. Mis hermanos –los doctores Jonathan, Jamie y Joshua– y mi cuñada Alexandra Metzl han sido compañeros de entrenamiento, y a menudo me han animado a trabajar más duro y hacer más de lo que habría conseguido por mi cuenta.
Mis pacientes, en estos momentos más de 20.000, desde deportistas profesionales hasta aquellos que empiezan su primer día de ejercicio, todos me han enseñado cosas. Mi agradecimiento por la posibilidad de ayudarles a luchar por conseguir sus metas. El Hospital de Cirugía Especial de la ciudad de Nueva York me ha brindado la posibilidad de practicar la medicina del deporte en el ambiente más increíble para el aprendizaje, crecimiento y respaldo profesionales. Agradezco infinitamente mi buena fortuna por haber aterrizado en él.
Mi agradecimiento especial a todos los mentores que he tenido a lo largo del camino; a los doctores Lyle Micheli, Kurt Spindler y Russell Warren, cada uno de los cuales ha ayudado a perfilar mis conocimientos y pasión por la práctica de la medicina del deporte. Dejuanna Richardson, mi gurú en materia de entrenamiento de la fuerza en Asphalt Green (Nueva York), me ha enseñado todo lo que sé sobre fuerza y preparación física. Y gracias a mi buena amiga y jefa de personal Meghan Macalpine, y también a Equinox Health Clubs, que tanto me han ayudado a coordinar mis programas de fuerza y preparación física con los que enseño a prevenir lesiones a los deportistas.
Por último, quiero dar las gracias al personal de Rodale. Stephen Perrine, Mike Zimmerman, Debbie McHugh, George Karabotsos, Elizabeth Neal, Erin Williams, Chris Krogermeier, Nancy Elgin, y Sona Vogel, quienes me ayudaron a transformar esta idea en un libro sorprendente.
DEPORTISTA,
CÚRATE
A TI MISMO
Te duele. Tal vez sólo sea un dolor débil y continuo en la rodilla. Tal vez sea un dolor intenso–rayando en la agonía– en la región lumbar. Está claro que quieres saber qué anda mal, pero hay algo más: Eres deportista, tal vez un guerrero de fin de semana o un deportista competitivo; en cualquier caso, te gusta hacer lo que haces. Te encanta la adrenalina. Te encanta el deporte que has escogido. Y lo que quieres, más que cualquier otra cosa, es volver a jugar. ¿Cuánto tiempo te mantendrá parado este dolor? ¿Qué hacer para curarte? ¿Necesitas atención médica?
Este libro dará respuesta a todas tus preguntas, porque además de médico, también soy deportista
¿Qué soy primero, médico o deportista? Ninguna de las dos cosas. A veces las dos cosas, y ambas identidades se nutren mutuamente. Si estoy en el kilómetro 38 del maratón de un Ironman, te aseguro que el médico que hay en mí no deja de evaluar mi estado de salud. Pero también te aseguro que el deportista que hay en mí hace oídos sordos a mis consejos y se esfuerza por llegar a la línea de meta mandando al cuerno las consecuencias. Y cuando examino a un paciente con dolor de rodilla, el deportista que hay en mí recuerda lo que se siente cuando uno está fuera de juego y lo importante que es conseguir que ese paciente recupere su forma completa.
Es probable que mi destino fuera hacerme médico. Mi padre es pediatra, mi madre psicóloga, y dos de mis tres hermanos son médicos (el tercero tiene otra carrera, pero también me da consejos médicos con prodigalidad). Ayudar a los demás está en mi ADN. De niño solía acompañar a mi padre llevando un pequeño maletín médico de plástico. No imaginaba entonces que mis caramelitos serían reemplazados por antiinflamatorios.
También amo los deportes. En el instituto fueron el fútbol y el béisbol. Durante el curso preparatorio para el ingreso en la facultad de medicina, en la universidad me dediqué aún más al fútbol. Siendo estudiante de tercer año de medicina, completé mi primer triatlón con una bicicleta de montaña en Columbia (Misuri), y fue lo más divertido que hubiera hecho jamás. Mientras nadaba por un lago bastante contaminado, no dejaba de pensar: «Es fantástico; quiero seguir haciendo esto».
Unos años más tarde estaba metido de lleno en el mundo de los Ironman, en los que se nadan 3,8 kilómetros, se recorren 180 kilómetros en bicicleta y se termina corriendo un maratón de 42 kilómetros. Durante mi primer Ironman llevé un micrófono para el programa The Early Show, de la CBS, en calidad de corresponsal médico, y recuerdo que pensaba que si iba a morir, al menos mi muerte quedaría inmortalizada. Fue una locura…, me encantó. Ahora ya he completado nueve, y a su manera todos y cada uno fueron matadores. Recuerdo que en el Ironman de Hawái pasé las 12 horas más calurosas de mi vida. Me sentía como una langosta cocida y no podría haber sido más feliz.
De lo dicho se deduce lo natural que es para mí la combinación de medicina y deporte. Personas como tú y yo, que practicamos deportes o participamos en carreras, sufrimos lesiones, desde distensiones musculares hasta huesos rotos. Mi estrecha relación con el deporte estableció una simbiosis con mis estudios médicos, y viceversa.
Ahora soy médico especialista en medicina del deporte en el New York City’s Hospital for Special Surgery, el mejor hospital en traumatología de Estados Unidos. Acudo a diario al trabajo y soy consciente de la suerte que tengo de ayudar a que otras personas consigan sus metas. El ejercicio de mi profesión me ha permitido tratar a más de 20.000 pacientes y deportistas de todas las edades y niveles, desde niños hasta adultos, desde jugadores de fútbol americano hasta bailarinas (también soy médico de las Radio City Rockettes).
Mi trabajo se centra en la medicina del deporte conservadora. Eso significa que intento conseguir que la gente no se quede parada y, siempre que sea posible, encontrar alternativas a la cirugía. A veces la cirugía es necesaria y útil, pero no siempre. Si hay forma de que un deportista vuelva a jugar sin cirugía, intento dar con ella.
He aquí el origen de este libro, una combinación de mi labor profesional y personal: 15 años de actividad médica y 30 años de vida deportiva. Todo ello confluye en este texto.
Quiero que sigas sano; y si te lesionas, quiero ayudarte a volver a la actividad que tanto te gusta lo más rápido y seguro que sea posible. Como seres humanos, uno de nuestros mayores dones es la capacidad de movernos. Todo el que lleve una vida activa –sea un competidor serio o un guerrero de fin de semana al que le guste sudar por diversión– sabe de lo que estoy hablando. No estamos hechos para sofás ni estrechos cubículos. Necesitamos movernos. Y cuando esa capacidad queda comprometida por el dolor, se necesitan soluciones inmediatas. Lo que quiero es que te muevas de nuevo.
Seamos sinceros, a veces es necesario acudir al médico, y aquí te diré cuándo; en tal caso, será mejor que me hagas caso. Sin embargo, muchas veces podrás recurrir a tratamientos caseros para recuperarte y volver a hacer lo que te gusta. Saber qué hacer te hará más independiente.
Siempre lo he dicho, «si eres deportista, acude a un deportista»; es decir, a un médico deportista, un nutricionista deportista, un fisioterapeuta deportista, etc. Cuento con toda una red de deportistas de este tipo para mis pacientes. Los deportistas entienden a los deportistas. Usa este libro para ayudarte a ti mismo.
El deportista te verá a continuación.
Tu cuerpo:
Por qué se lesiona y cómo prevenir lesiones
Durante mi primer año en la facultad de medicina jugué al fútbol en un club de la Universidad de Misuri. Era sólo por placer, pero era estupendo pasar un día al aire libre y en movimiento. Jugaba de delantero y durante un partido, mientras el portero despejaba el balón, me di la vuelta para interceptarlo y entonces noté que algo se salía de su sitio y sentí un dolor increíble en la rodilla. Caí al suelo gritando: «¡Me he roto el LCA, me he roto el LCA!».
Me refería al ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Estaba seguro de ello. Y saberlo con certeza me dejó totalmente desmoralizado. ¿Por qué? Porque no se trataba sólo del dolor en la rodilla. Sabía que mi carrera deportiva acababa de dar un giro espantoso. Psicológicamente, aquello hizo mella en mí, porque por aquel entonces hacía ejercicio a diario, no miento. Era consciente de que cuando hacía ejercicio a diario era mejor estudiante: estaba más centrado, más motivado y pleno de energía. Estudios científicos ya demostraron hace más de 15 años esa conexión entre cuerpo y mente. Yo sabía que el fútbol era un elemento muy importante en mis estudios.
La rodilla me dolía, pero mi mente había naufragado por completo. Nunca me había hecho tanto daño y no sabía cómo procesar lo ocurrido. No sabía cómo no practicar deporte. Me he definido como deportista, pero aquélla fue la primera vez que me vi apartado del deporte.
Al echar la vista atrás, me doy cuenta de que pasé por las etapas clásicas del duelo: negación, depresión, aceptación, etc. Era consciente de que mi rodilla jamás volvería a trabajar como antes. Al arrebatárseme esa posibilidad, dentro de mí se abrió un pozo negro. Así estaba de comprometido con el deporte (¡y todavía lo estoy!).
Obviamente, aquel día la visita al hospital confirmó mi diagnóstico. No había operación para repararlo; lo gracioso de este tipo de lesión es que pasadas un par de semanas, te sientes bastante normal. Al principio abrigué esperanzas. Quizá la lesión no fuera tan grave, quizá se curase sola. Pero cada vez que torcía la rodilla, siquiera un poco, sentía que cedía. La articulación era completamente inestable.
Pero yo era muy cabezota. Seguí adelante y me dediqué a nadar y a montar en bicicleta. Entonces, un día que estaba jugando al baloncesto con mi hermano y salté a poner una bandeja, la rodilla cedió. Me puse a cojear por la pista aceptando que tenía que solucionar aquella lesión.
Cientos de preguntas me pasaron por la cabeza y todas sonaban a algo así como: «¿Podré rendir al mismo nivel que antes de la cirugía?».
El proceso fue tremendamente doloroso. Por aquel entonces, la cirugía de reparación del LCA y la recuperación eran más dolorosas que la lesión en sí. Todo eso ha mejorado mucho desde entonces, pero en aquel tiempo…, ¡auhh!
Lo que por aquel entonces no sabía es que existe toda una serie de ejercicios preventivos que podría haber practicado. Más adelante, cuando como médico y deportista empecé a practicar ejercicios pliométricos y entrenamiento de la fuerza, me di cuenta de que mi rodilla estaba mejor cuando fortalecía la musculatura. Cuando mis caderas, glúteos y piernas están fuertes, la rodilla me duele menos.
Es sorprendente: puedo controlar casi todo el dolor con mi fuerza.
Esto es crucial, porque a) la fuerza puede prevenir una lesión como ésta, y b) si tienes una lesión articular como una rotura del LCA –esté reparada o no–, hay un sesenta por ciento de posibilidades de sufrir osteoartritis en la madurez (yo mismo tengo un poco). Sin embargo, la fuerza y la condición física actúan de modo que puedo mitigar los síntomas de la lesión. ¿Cómo? Los músculos sostienen y estabilizan la articulación. Piensa en ello la próxima vez que quieras saltarte un entrenamiento o escatimes la rehabilitación de alguna parte del cuerpo que te esté doliendo.
Desde luego, ahora mi rodilla está mejor, y entreno a diario para carreras de fondo y pruebas de atletismo. Pero nunca olvido lo terrible que fue aquella lesión, no sólo para mi rodilla, sino también para mi mente.
Esa experiencia me ha ayudado a cuidar de personas con lesiones. La alegría que confiere la movilidad es la razón para hacer lo que hago. Entiendo el problema, no sólo físico sino también emocional, que implica lesionarse. Cuando llevas una vida activa y se te arrebata esa posibilidad, resulta traumático. Ésa es una de las razones principales por las que me hice médico y escribo este libro. Si tienes dolor y no sabes por qué, o incluso si sabes exactamente por qué, mi objetivo es ayudarte a descubrir qué hacer al respecto. Quiero que vuelvas a moverte lo antes posible.
¿CIRUGÍA O NO CIRUGÍA?
En el ámbito de la cirugía para deportistas hay una extensa área gris. Este libro te indicará dónde están esas áreas grises –las roturas de menisco, por ejemplo–, y te dirá qué preguntas hacer al médico. La exposición de cada lesión se divide en diversas secciones: «Cuándo acudir al médico» y «¿Necesitas cirugía?». Allí descubrirás el modo en que los médicos suelen tratar las lesiones y qué te convierte en un candidato para la cirugía.
A veces la cirugía es necesaria y sus resultados son magníficos. Pero también es útil saber cuándo existen opciones conservadoras eficaces.
¿Por qué nos lesionamos?
Soy un fiel creyente en la necesidad de hacer ejercicio a diario y animo a todo el mundo a hacerlo. Sal de casa, suda la camiseta y pásalo bien. Por supuesto, ejercitar el cuerpo implica que puede lesionarse. Muchas cosas provocan lesiones y son muchas las partes del cuerpo que pueden doler. He aquí tres causas primarias de las lesiones.
• TENSIÓN CONTINUA. No, no me refiero al estrés del trabajo que te hace decir: «¡Diablos, el jefe está loco!». Me refiero a someter a un esfuerzo continuo una parte del cuerpo –músculo, ligamento, articulación, etc.– que no está preparada para ello o que no podrá aguantar. Eso es muy habitual en quienes fueron deportistas en sus tiempos de estudiante o en personas hechas al sofá que llevan años sin hacer ejercicio y quieren ir muy rápido y demasiado pronto. También se lesionan los deportistas en buena condición física que hacen el movimiento equivocado en el momento menos conveniente. Si me lesioné la rodilla fue porque le impuse un esfuerzo para el que no estaba preparada. Este tipo de lesiones pueden ser graves e incluso horribles. Y piensas: «Vaya, me he hecho daño de verdad», aunque te aseguro que se emplea un lenguaje mucho más fuerte.
¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?
Distensión y esguince
Distensión: Lesión de un músculo o tendón. Dependiendo de la gravedad, toda distensión implica un sencillo sobreestiramiento del tejido o un desgarro (parcial o completo). Su gravedad se clasifica de 1 a 3.
Esguince: Lesión de un ligamento. Esto también puede comprender un sobreestiramiento o un desgarro.
Dicha tensión física puede derivar en tensión o estrés emocional por la desolación que supone ser consciente de que te han quitado el juguete de las manos. Se produce entonces una lesión deportiva psicológica cuyo efecto no debe infravalorarse.
• DESEQUILIBRIOS. Dicho llanamente, el cuerpo no ha sido entrenado correctamente para la actividad que desarrollas. Le sucede a alguien que en los últimos cinco años no ha corrido más que medios maratones y de repente decide que marcarse un esprín de 100 metros es una buena idea. Bueno, las carreras de fondo entrenan los isquiotibiales de forma completamente opuesta a la que se requiere para un esprín. ¿Adivinas quién vuelve a casa cojeando? El consejo más importante para entrenar es que ejercites todo el cuerpo. Cambia de actividad y ejercita todos los grupos musculares, incluso si sólo practicas un deporte. Además de ser médico, ahora doy clases de fuerza pliométrica, que consisten en la movilidad funcional del cuerpo. Soy un devoto defensor de este método: entrena el cuerpo para desarrollar movimientos del mundo real. Cuando estaba rehabilitando la rodilla, me sentaba en el gimnasio y practicaba extensiones con las piernas y flexiones de isquiotibiales; es decir, movimientos aislados sin base en la realidad. Ahora nunca empleo máquinas. Practico ejercicios de equilibrio, ejercicios con una sola pierna y ejercicios pliométricos como tijeras y sentadillas con salto; es decir, movimientos del mundo real que ejercitan muchos músculos al mismo tiempo y mantienen el cuerpo equilibrado. Lo más fácil es que uno se dedique a entrenar sólo para su deporte. Y, sí, evidentemente, entrenar para tu deporte es vital, pero si olvidas partes del cuerpo y creas un desequilibrio en él, estás clamando al cielo sentir dolor.
Las diez grandes directrices del deportista
1 Una lesión no significa tomarse vacaciones del ejercicio. Ejercita las partes del cuerpo que no agraven la lesión y conserva así una buena condición física.
2 Es posible controlar el dolor por medio de la fuerza. Unos músculos poderosos sostienen y estabilizan las articulaciones vulnerables.
3 Si tienes una articulación inflamada, acude al médico.
4 Unas nalgas fuertes son clave para una vida feliz. Unos glúteos sanos conllevan una buena salud de las caderas, espalda e isquiotibiales.
5 Concierta dos sesiones de masaje al mes para disfrutar de una musculatura más sana.
6 Dormir es la actividad más importante del día.
7 Haz ejercicio todos los días. El ejercicio es medicina. Te mantendrá sano y feliz.
8 Aunque sólo practiques un deporte, entrena todo el cuerpo para los movimientos de la vida real. Los ejercicios que ejercitan un músculo aisladamente no tienen base en la realidad.
9 Los ejercicios con una sola pierna –sentadillas, saltos a la pata coja, tijeras–desarrollan una fuerza increíble y mejoran la estabilidad de tobillos, rodillas y caderas.
10 ¡Y nunca olvides… divertirte!
LA IMPORTANCIA DEL MASAJE
Creo firmemente en las sesiones de masaje dos veces al mes o incluso con más frecuencia cuando se entrena duro. Esto es aplicable a todo tipo de deportistas. Un buen masaje es un medio más de mantener los músculos flexibles y menos propensos a las lesiones.
• USO EXCESIVO. Es de sentido común y, sin embargo, muy habitual. Si trabajas el cuerpo demasiado duro, se lesionará. Es como cualquier otra máquina que necesita mantenimiento y recuperación. Creo que el deseo profundo de alcanzar la excelencia deportiva es fantástico: es lo que te hace seguir adelante. Pero si no adquieres templanza escuchando a tu cuerpo y conociendo sus límites, nunca sabrás cuándo frenar. Y volvemos a la pregunta anterior, ¿quién vuelve cojeando a casa?
Una vez dicho esto, podrías hacer todo bien y, sin embargo, lesionarte por diversas razones. Le ocurre a los mejores. Pero cuanto más sepas y entiendas el modo en que funciona tu cuerpo, más preparado estarás para determinar el modo en que se producen las lesiones. Los beneficios son dobles:
• La próxima vez que entrenes, visualizarás y sentirás el modo en que tu cuerpo ejecuta los movimientos. Esto hará más fácil eliminar los malos hábitos de entrenamiento.
• A medida que conozcas mejor la técnica correcta, y mejores su ejecución, también lo hará el rendimiento deportivo. ¿Quién no quiere estar mejor?
Entonces, ¿qué necesitas saber? Empecemos por uno de los sistemas corporales más importantes, aunque sea poco conocido para los deportistas amateur. Conocer su funcionamiento sirve para entender lo importante que es la condición física de todo el cuerpo para mantenerse en el terreno de juego.
¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?
Tendones, ligamentos y cartílagos
Tendones: Tejido conjuntivo con el que el músculo se inserta en el hueso.
Ligamentos: Tejido conjuntivo con el que el hueso se inserta en hueso.
Cartílagos: Tejido conjuntivo que amortigua la acción de los huesos entre sí y en las articulaciones. También actúa como estructura de sustentación para conformar una parte del cuerpo, como la nariz y las orejas.
El secreto de los deportistas: La cadena cinética
Así, ¿cuál es el gran secreto? Es lo que los especialistas en medicina del deporte, preparadores físicos e investigadores conocen y usan para conseguir mejores deportistas. Se llama cadena cinética. Básicamente, consiste en el cuerpo entero, desde la coronilla hasta las uñas de los dedos de los pies, y es una gran cadena de músculos, ligamentos, tendones, huesos, etc.
«¿Cuál es el secreto?», te preguntarás. Naturalmente, observar el cuerpo humano en bipedestación no te dirá nada. Las clases de salud y gimnasia te han llenado la cabeza de términos anatómicos como bíceps, cuádriceps y esa meta estética favorita: los abdominales. Esto ha llevado a millones de personas a entrenar músculos aislados pensando que el objetivo final son unos bíceps grandes o unos cuádriceps definidos. Entretanto, músculos complementarios vitales como el tríceps y los isquiotibiales quedan en el olvido. Y cuando esas personas mueven el cuerpo de forma atlética, se hacen daño. «Pero ¿por qué? –se preguntan–. ¡Pero si entreno!»
Simplemente, nunca les han enseñado la importancia de un entrenamiento equilibrado de la cadena cinética. Sí, tienes bíceps, abdominales y cuádriceps. Pero si no entiendes su función como parte de la cadena cinética, de nada sirven. Es momento de integrarlos en un sistema y observarlos trabajar.
CINÉTICA SIGNIFICA MOVIMIENTO
Cuando el cuerpo humano en reposo da un paso adelante, un paso lateral o un salto, en vez de fijarte en músculos individuales como el bíceps, los cuádriceps y los abdominales, examínalo como una combinación funcional y fluida de los tres, así como de otros músculos, huesos y tejidos conjuntivos del cuerpo. Eso es la cadena cinética: cada parte del cuerpo es un eslabón y cada eslabón depende de los otros para una ejecución normal o saludable.
Cinética significa movimiento; hablamos del cuerpo como de una cadena de movimiento. Aunque a nivel épico, es como la letra de esa vieja canción de anatomía: «la tibia está conectada con la rodilla».
¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?
Protrusiones, hernias y desplazamientos discales
Protrusión: Avance exterior pero benigno de un disco vertebral fuera de su espacio normal, por lo general sin síntomas ni dolor. Es un efecto colateral y habitual del envejecimiento.
Hernia: Fisura en la capa externa del cartílago de un disco que permite que emerja el cartílago interior. Puede causar dolor, aunque a veces, no.
Desplazamiento: Otro término para referirse a una hernia discal.
Ahora bien, como tenemos una cadena, ¿qué ocurre con los eslabones más débiles?
Sí, lo has adivinado: sufren lesiones.
Ahora veremos más de cerca cómo funciona la cadena cinética.
Primero, como he dicho, todo está interrelacionado. Los pacientes acuden a mi consulta con lesiones causadas por otras lesiones; por ejemplo, un paciente con fascitis plantar que ahora afirma que le duele la rodilla o la región lumbar. Cuando un eslabón de la cadena duele, la gente se centra en ese eslabón y no tiene en consideración el movimiento general. Por ejemplo: los aficionados al béisbol siempre oyen hablar de lanzadores que se lesionan el hombro porque ya tenían lesionada la rodilla. Para proteger la rodilla o aliviar el dolor, dichos lanzadores cambian la mecánica del lanzamiento (algo que ningún lanzador debería hacer), y cargan más el movimiento sobre el hombro de un modo para el que no se han entrenado.
Comencemos por los pies. Son la base de casi todos los movimientos. Todo el mundo los usa a lo largo del día. El pie es una estructura dinámica sorprendente, una colección de 26 huesos, 33 articulaciones, 19 músculos y tendones, y 107 ligamentos. ¿Para qué tantas partes móviles? Los pies no sólo tienen que soportar el peso del cuerpo, sino que también lo impulsan en distintas direcciones, a veces con fuerza explosiva. La estabilidad de los pies es esencial para que los movimientos sean saludables.
¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?
Distensión y esguince
Distensión: Lesión de un músculo o tendón. Dependiendo de la gravedad, toda distensión implica un sencillo sobreestiramiento del tejido o un desgarro (parcial o completo). Su gravedad se clasifica de 1 a 3.
Esguince: Lesión de un ligamento. Esto también puede comprender un sobreestiramiento o un desgarro.
En esta área, un método de entrenamiento que ofrece grandes resultados es correr descalzos para entrenar todos los músculos del pie. Piensa en esto: ¿cuándo fue la última vez que hiciste un entrenamiento de fuerza para los músculos del pie? Estos músculos son responsables de sostener todos los huesos del pie, y la gente puede terminar con una musculatura podal debilitada simplemente por llevar zapatos con buen arco de apoyo en todo momento. Pensemos en África, donde más gente corre sin zapatillas que con ellas. De allí salen algunos de los mejores corredores del planeta. (Hablaré más adelante y con más detalle sobre el entrenamiento descalzos.)
Ahora vayamos subiendo por la cadena. Hay una poderosa conexión entre la mecánica podal y la posición de la rodilla, así que, cuando corremos, la pierna y la rodilla pueden resultar afectadas por el modo en que el pie golpea el suelo. Algunas personas pronan los pies, lo cual significa que se inclinan sobre la cara interna al golpear el suelo. Otras personas supinan los pies, es decir, los inclinan sobre la cara externa al golpear el suelo. Algunos deportistas afortunados o bien entrenados adoptan una postura neutra al golpear el suelo, que es lo más saludable para el resto del cuerpo.
¿En qué te afecta a ti?
Cuando el pie se inclina hacia adentro, aumenta el esfuerzo sobre la porción interna de la espinilla. Por eso a menudo el síndrome tibial por sobrecarga está relacionado con la pronación excesiva del pie.
Además, el dolor de rodilla más habitual que vemos en la oficina –el dolor de rodilla femororrotuliano (dolor bajo la rótula)– a menudo se produce porque el pie carga en exceso el peso sobre su cara interna. Pero he aquí otra reacción de la cadena cinética: Este dolor de rodilla también puede ser causado por la musculatura debilitada de las caderas y la pelvis. Es cierto, el dolor de rodilla puede ser causado por el golpeo del pie o por la fuerza de la cadera. La rodilla se distingue por estar atrapada entre el suelo y la cadera. Ésta es la cadena cinética en acción.
CADENA CINÉTICA ARRIBA
Por suerte, estás comenzando a establecer conexiones sobre el modo en que trabaja tu cuerpo. La función muscular está muy relacionada con la función articular, y viceversa. Lo mejor que puedes hacer es entrenar todo el cuerpo, fortalecer todos los músculos para que la cadena cinética funcione mejor. A lo largo del libro describiré ejercicios sencillos pero estupendos que sólo emplean el peso del cuerpo, como burpees, sentadillas con impulsión posterior de las piernas, sentadillas con salto, tijeras, etc., que pueden hacerse con más repeticiones y más intensidad, y a cualquier edad (véase el capítulo dedicado al entrenamiento). Y son aptos para todo el mundo, tanto si quieres correr un maratón como ganar la liga local de béisbol.
Y aún hay más. A medida que ascendemos por la cadena, llegamos a una de las partes del cuerpo que se lesiona con más frecuencia: la espalda. El dolor de espalda puede ser causado por una lesión de espalda específica, como una hernia discal; sin embargo, los músculos de la espalda también están profundamente implicados en la cadena cinética, lo cual significa que el dolor de espalda está interrelacionado con la flexibilidad de los isquiotibiales, la tirantez de los flexores de cadera y la fuerza del núcleo corporal. Los temidos «espasmos de espalda» empeoran con desequilibrios de alguna o todas estas áreas. Si te esfuerzas por mantener unos isquiotibiales y caderas fuertes y flexibles, y si trabajas duro el núcleo corporal (me encanta el ejercicio del tablón para mejorar la estabilidad del núcleo), reducirás en gran medida las fuerzas compresivas sobre las articulaciones de la espalda.