Czytaj książkę: «Bruce Lee»
BRUCE LEE
El artede expresarsecon el cuerpo
Bajo la dirección de John Little

La familia de Bruce Lee desea dar las gracias por:
La dedicación de John Little, cuya pasión por el arte y la filosofía de Bruce Lee ha inspirado esta edición, y que ha destinado incontables horas a investigar, estudiar, anotar y organizar los prolíficos escritos de Bruce Lee, sus fotografías y sus apuntes y a recopilar los recuerdos de amigos y estudiantes.
Y a Adrien Marshall, apoderado de los bienes de Bruce Lee durante casi treinta años, quien, con sumo cuidado para los mejores intereses de su amigo, ha prestado una ayuda esencial para la publicación de esta serie.
Todas las fotografías que aparecen en este libro lo hacen por cortesía del archivo de Linda Lee Cadwell, los herederos de Bruce Lee y Warner Brothers Films.
Publicado por primera vez por Tuttle Publishing, impreso por Periplus Editions (HK) Ltd., en su redacción sita en 153 Milk Street, Boston, Massachusetts 02109.
Copyright © 1997 Linda Lee Cadwell
Título original: Bruce Lee. The art of expressing the human body
Revisión técnica: Fidel Font Traducción: Valle García
Diseño cubierta: David Carretero
© 2018, Editorial Paidotribo
www.paidotribo.com
E-mail: paidotribo@paidotribo.com
8ª reimpresión de la 1ª edición
ISBN: 978-84-8019-907-0
ISBN EPUB: 978-84-9910-923-7
BIC: WST
Fotocomposición: Editor Service, S.L.
HÁGASE PRIMERO UN RECONOCIMIENTO MÉDICO
Como en todo tipo de ejercicio extremo, ha de tener en cuenta ciertos aspectos antes de empezar con el entrenamiento: acuda al médico y asegúrese de que no tiene ningún problema de salud, como enfermedades cardíacas o tuberculosis. Si desafortunadamente sí lo tiene, debería abandonar el entrenamiento y esperar hasta que se le cure. Si no lo hiciera, el entrenamiento le dañaría de tal forma que podría incluso causarle la muerte.
Bruce Lee
Renuncia: Rogamos que tengan en cuenta que el editor y el autor de este libro de enseñanza NO SON RESPONSABLES, de ninguna manera, de las lesiones que pudieran tener lugar como consecuencia de la práctica de las técnicas y/o del uso de las instrucciones dadas en él. El entrenamiento en las artes marciales puede ser peligroso –tanto para uno mismo como para los demás– si no se lleva a cabo con las debidas precauciones. En caso de tener dudas sobre cómo proceder o sobre si la forma de practicar es segura, debe consultarse con un maestro cualificado en las artes marciales antes de empezar. Puesto que las actividades físicas descritas aquí pueden ser demasiado agotadoras por sí mismas para algunos lectores, es también de esencial importancia consultar a un médico antes de empezar los entrenamientos.
A Terri Little y Bruce Cadwell –dos seres humanos maravillosos–, sin cuya paciencia, tolerancia, comprensión, compasión, apoyo y amor este libro no hubiera sido posible.
ÍNDICE
Prólogo, por Allen Joe.
La preparación encuentra la oportunidad, por Linda Lee Cadwell
Prefacio, por John Little
Lo que dice la gente del “físico de Lee”
Introducción
1. El afán de fuerza
2. Ejercicio sin movimiento: Los ocho ejercicios isométricos básicos
3. Operación pesas: La rutina del culturista principiante
4. La rutina general (global) del desarrollo
5. La rutina de los 20 minutos de fuerza y forma
6. La rutina del entrenamiento en secuencias (circuito) para un estado físico pleno
7. La rutina del entrenamiento en circuito para una musculatura incrementada
8. La rutina de Operación Dragón para las artes marciales
9. Especialización: Abdominales
10. Especialización: Antebrazos
11. Los siete ejercicios principales de Bruce Lee para cuello y hombros.
12. Los diez ejercicios principales de Bruce Lee para el pecho
13. Los once ejercicios principales de Bruce Lee para la espalda
14. Los once ejercicios principales de Bruce Lee para los brazos
15. Los once ejercicios principales de Bruce Lee para piernas y gemelos
16. El tao de la flexibilidad
17. La “energía del mundo real”: La conexión cardíaca
18. Energía aplicada: Entrenamiento con el “saco pesado”
19. Entrenamiento interválico para las artes marciales
20. Combustible para el dragón (nutrición)
21. Un día de la vida de Bruce Lee: Un vistazo a su modo de entrenamiento
22. La vida de Bruce Lee: Extracto de sus diarios personales de entrenamiento
23. Recopilación de las rutinas personales de entrenamiento de Bruce Lee
24. Rutinas de entrenamiento diseñadas por Bruce Lee para sus alumnos
APÉNDICES
A. Estadísticas vitales de Bruce Lee
B. La “máquina de musculación” de Bruce Lee: El retorno a la Marcy Circuit Trainer
Notas sobre las fuentes
Índice alfabético
PRÓLOGO
Allen Joe
Cuando me pidieron que escribiera este prólogo para uno de los volúmenes definitivos de John Little sobre la vida, el arte y la filosofía de Bruce Lee me pregunté a mí mismo: ¿por dónde empiezo?
¿Cómo podría articular de la forma adecuada las emociones y el calor tan abrumadores que siente mi corazón por un hombre al que he conocido durante treinta años? ¿Cómo comunico la presencia de un hombre que fue –y sigue siendo– tan influyente en mi vida y de tanta confianza para mí y para mi mujer, Annie, que es más que un miembro de la familia? En efecto, Bruce Lee fue tan buen amigo mío que todavía conservo una fotografía suya en mi cartera, incluso dos décadas después de su muerte. Es un verdadero honor para mí que se me haya brindado la oportunidad de dedicarle unas palabras a mi amigo, Bruce Lee.
Considero que un buen modo de empezar es responder a la pregunta que más frecuentemente me han formulado: ¿cómo conociste a Bruce Lee? Le conocí en Seattle en 1962, cuando mi familia y yo fuimos a visitar una Feria Mundial allí. James Lee, un amigo mío de la infancia (sin ninguna relación con Bruce), había oído hablar a su hermano sobre Bruce y su destreza en las artes marciales y su habilidad bailando el chachachá. James me pidió que fuera a ver a “ese gato” y comprobara si era bueno. Y para mi sorpresa lo era, por no decir algo más.
Me dijeron que Bruce trabajaba en un restaurante chino en Seattle llamado Ruby Chow’s, así que fui, pedí un whisky escocés y esperé a que llegara. Pasados unos minutos entró un joven bien vestido; se le veía seguro de sí mismo, casi demasiado orgulloso, según su modo de comportarse. Pensé para mis adentros: “Éste debe de ser Bruce Lee”. Después de presentarme, Bruce me pidió que le mostrara algo del kung-fu que había aprendido en California. Realicé una postura del estilo sam seeng kune y Bruce dijo: “Bastante bien, Allen”. Me pidió que intentara darle un puñetazo y, cuando lo hice, simplemente me agarró del brazo y tiró de mí (utilizando una técnica de kung-fu llamada lop sao) tan fuerte que sentí como si me hubieran dado un latigazo. Eso fue el principio de una gran amistad.
Como es obvio, le transmití a James inmediatamente lo impresionado que quedé con las habilidades de Bruce. Más tarde James invitó a Bruce a Oakland (donde ambos vivíamos) para que le hiciera una visita. Todavía conservo fotos de esta visita, cuando conoció a James. En otra ocasión, Bruce vino a visitarme a mí y retiramos todas las sillas y mesas –no para practicar el kung-fu, sino para que Bruce hiciera una exhibición de chachachá–. Definitivamente, Bruce tenía ritmo y seguía el compás. Tras unas cuantas visitas, Bruce decidió mudarse a Oakland en 1964. Aceptó la oferta de James de quedarse en su casa con su familia. La mujer de James había fallecido recientemente, así que la nueva novia de Bruce, Linda, cuidaría de los dos hijos de James.
Por aquel entonces, James y yo, junto con un amigo que estudiaba en Oakland, George Lee, levantábamos pesas para aumentar nuestra fuerza y moldear nuestros músculos. Antes de conocer a Bruce, yo había competido en concursos de culturismo y había sido entrenado por Ed Yarrick con algunos de los mejores culturistas y aficionados al fitness de la época –hombres como Steve Reeves, Jack Lalanne, Clancy Ross, Jack Delinger y Roy Hilligan–. Cuando Bruce se acababa de mudar a Oakland estaba en los huesos. Creo que la feroz competitividad de Bruce, tras haber visto la complexión de nuestros cuerpos –¡como los cuerpos de tres chinos juntos!–, favoreció su desarrollo. Le regalé su primer juego de pesas y trabajó con ellas incansablemente. Visto el resultado en las películas de Bruce, creo que es acertado decir que contribuyeron en gran parte a su éxito.
El primer hijo de Bruce y Linda, Brandon, nació cuando vivían en Oakland. De hecho, cuando Linda estaba embarazada de Brandon, se dio el famoso altercado de Bruce con el experto en kung-fu que intentó evitar que Bruce enseñara su técnica a los estudiantes que no eran chinos. Aunque Bruce ganó la pelea, no se sentía satisfecho con su actuación –era muy típico de Bruce intentar encontrar la manera de mejorar una técnica en la cual ya había alcanzado un nivel impresionante–. Después de aquello le pregunté a Bruce lo que había pasado y comentó que le había llevado demasiado tiempo conseguir que su oponente se rindiera. Esto desembocó en la plantación de las semillas de las que florecería su arte del jeet kune do. Desde aquel momento, Bruce se esforzaba constantemente por mejorar, tanto física, como mentalmente, así como por investigar a fondo los mecanismos y la ciencia del combate con el fin de aprender formas más efectivas y eficaces de dominar al adversario. Como descubrió que estaba excesivamente involucrado tras el incidente, Bruce decidió incrementar su intenso entrenamiento físico.
Un año más tarde, Bruce se mudó a Los Ángeles. De vez en cuando venía a visitarnos a Oakland. A veces traía a sus estudiantes de Los Ángeles Ted Wong y Dan Inosanto. James, George y yo viajábamos a Los Ángeles en ocasiones especiales, como los cumpleaños de Bruce y de Linda, con lo que volvíamos a unirnos “los cuatro mosqueteros” –Bruce, James, George y yo–. Todavía recuerdo la vez en la que visitamos a Bruce en “El avispón verde” y tuvimos que dormir junto al gran perro danés de Bruce, Bo. Otro recuerdo que conservo es el de cuando nació Shannon, la hija de Bruce y Linda. Por aquel entonces, Bruce había ganado bastante peso entrenando y su cuerpo era asombroso. También durante esta visita, Bruce me mostró en privado esa ahora famosa frase que había escrito para motivarse.1
Mucha gente dice que Bruce iba adelantado a su época, pero no lo estaba tanto para parecer excéntrico o no pertenecer a este mundo. Lo describiría mejor si dijera que estaba tan en armonía consigo mismo y con el mundo que le rodeaba, que parecía estar adelantado a su época. Vestía muy bien y se relacionaba con toda la gente y sus situaciones. Además, Bruce siempre supo exactamente lo que quería en la vida. Su concentración y su determinación le ayudaron a conseguir tal éxito en su corta vida.
Abrí una verdulería en Oakland, a la que Bruce venía a menudo a visitarme. Recuerdo una ocasión en la que Bruce estuvo en la tienda durante ocho horas esperando a Linda para darle una sorpresa por su cumpleaños. Utilizando papel de carnicería, comenzó a esbozar unas bonitas formas de kung-fu. Al final del día las tiró. Ahora me arrepiento de no haberlas cogido del cubo de la basura. No tendría precio para mí, no por la fiebre por Bruce Lee –la colección de fetiches ha crecido rápidamente desde que falleció–, sino por los recuerdos que ahora representa aquella vez en la que pasé con mi amigo todo un día en la verdulería.
Bruce solía decirme que su nombre sería famosísimo, “como Coca-Cola”, y eso es lo que ha pasado. En todos los viajes que he hecho, he comprobado que el nombre de “Bruce Lee” es conocido en todo el mundo, desde Norteamérica hasta cualquier lugar de Europa y Asia. Hay que entender que ha logrado lo que pretendía al ser reconocido en países como China, sumido en una represión; incluso si menciono el nombre de “Bruce Lee” en una ciudad como Shanghái, automáticamente se enciende una bombilla en la mente de sus habitantes.
Repasando algunos de estos puntos, me doy cuenta de lo fácilmente que llegan a mi mente las anécdotas sobre Bruce, pero así es como era con él. El tiempo se paraba cuando estaba cerca. Era tan inspirador y alegre… Cuando yo me sentía mal, Bruce siempre me animaba y me hacía sentir mejor. Podía ser una persona seria en un momento y un bromista después. Nunca se iba de casa sin mostrarle a mi mujer lo duro y plano que tenía el vientre –como una tabla–. Siempre nos dejaba con agujetas en el vientre debido a su sentido del humor y sus divertidos chistes. Espero que estos recuerdos que estoy compartiendo con los lectores les transmitan la impresión de cómo era Bruce y lo entusiasmados que estábamos al conocerle.
Debo reconocer el mérito de John Little al aceptar esta tremenda tarea de documentar el trabajo de Bruce. John ha sacrificado mucho para permitirnos leer y considerar con especial cuidado el legado de Bruce. En su biblioteca de doce volúmenes, John nos enseña que Bruce era realmente un hombre del Renacimiento: un pensador, un filósofo, un artista, un gran ejemplar físico y un ser humano realizado. Era multifacético y multidimensional. John nos ofrece la oportunidad de apreciar las muchas capas de las que se compone Bruce. En muchos sentidos, con el dinamismo y la determinación que ha mostrado al retratar al hombre que le inspiró cuando era un niño, John me recuerda a Bruce.
También merece mi reconocimiento la mujer de Bruce, Linda. Cuando Bruce y Linda se acababan de casar, ella sólo tenía unos veinte años y ni siquiera sabía cocinar. Cuando llegaron a Oakland le enseñé a cocinar algunos de los platos chinos que le gustaban a Bruce. Linda se convirtió en una de las mujeres más afables que he conocido. Sé que Bruce atribuía gran parte de su éxito a Linda y, gracias a su fuerza y perseverancia, se creó Jun Fan Jeet Kune Do, una organización compuesta por varios estudiantes directos de Bruce dedicada a preservar y perpetuar su arte y filosofía. Bruce estaría muy feliz si conociera la dedicación de Linda.
Shannon, la hija de Bruce y Linda, sólo era una niña cuando Bruce murió. Sin embargo, con la creación de Jun Fan Jeet Kune Do, Shannon aprendió cada vez más sobre su padre a través de los recuerdos de muchos de los estudiantes y amigos íntimos de Bruce. Con lo que Shannon hace, personal y profesionalmente, Bruce volvería para abrazarla orgulloso de ella y le daría una palmadita en la espalda para hacerle saber que siempre será su niñita.
Para terminar, sugiero que lea este libro y lo utilice para motivarse y alcanzar las metas que persiga en su vida. Nos encontramos ante muchas páginas de información sobre un hombre que tuvo que sortear sus propios obstáculos en la vida, un hombre que alcanzó el éxito porque creía en sí mismo. Quizás pueda usted inspirarse en esta obra para alcanzar su propio éxito. Incluso ahora siento la presencia de Bruce y a día de hoy todavía me motiva. Cuando estoy levantando pesas (todavía lo hago dos o tres veces por semana) maximizo mi entrenamiento haciendo una repetición más por el “viejo de arriba” y luego hago una más por Bruce. ¡Nunca falla!
1 “My Chief Definite Aim” (Mi principal objetivo).
LA PREPARACIÓN ENCUENTRA LA OPORTUNIDAD
Linda Lee Cadwell
Permítame que le describa un día normal en la vida de Bruce Lee; un día en el que no consiguió alcanzar el nivel de expectación que se había propuesto; un día que marcó un cambio decisivo en su vida.
La etapa del drama que voy a relatar se desarrolló en el Instituto Jun Fan Gung Fu de Broadway en Oakland, California, un gimnasio para entrenar creado por Bruce y James Y. Lee. Como yo estaba embarazada de ocho meses de Brandon, recuerdo con bastante claridad que los acontecimientos se desarrollaron a finales de diciembre de 1964 o principios de enero de 1965. Testigos de este hito en la historia fuimos Jimmy Lee, yo y muchos expertos en artes marciales de San Francisco, cuyos nombres nunca supe, a pesar de que resultaron ser viejos maestros. Los participantes especiales eran Bruce y un luchador de artes marciales chino más joven que los maestros, que había sido escogido, sin duda, para representar los intereses del grupo de San Francisco.
La argumentación del tema que nos llevó a este encuentro podría ser un ensayo, si se mira desde la perspectiva de los encuentros chinos con Occidente, volviendo al menos a la rebelión de los bóxers. En este caso, los maestros entrenados en kung-fu no veían con buenos ojos que Bruce enseñara artes marciales a los occidentales o, en realidad, a nadie que no fuera chino. Albergaban tan profundamente su creencia históricamente arraigada, que supuso un reto formal para Bruce, que insistía en participar en una confrontación, cuyo resultado decidiría si podría continuar enseñando a los “diablos extranjeros”. La filosofía de Bruce se hace eco de Confucio: “Al enseñar no deben existir distinciones de clases”. Por eso, sin ninguna duda, Bruce aceptó el reto y se fijó una fecha.
La pelea que se celebró es más importante por el efecto que tuvo sobre el curso de la vida de Bruce que por el resultado de la confrontación real. De todos modos, esto es una breve descripción de la acción física: en el momento en el que se inició el enfrentamiento, el luchador de kung-fu chino había empezado a correr en círculo por la habitación. Había una puerta que conducía a una pequeña habitación trasera y luego otra que llevaba a la habitación principal. Completó el círculo varias veces y Bruce le iba siguiendo de cerca. Finalmente Bruce tiró al hombre al suelo y le sujetó para que no pudiera moverse mientras gritaba en chino: “¿Te rindes?”. Tras preguntárselo dos o tres veces, el hombre se rindió y los partidarios de San Francisco se fueron rápidamente.
El combate completo duró unos tres minutos, por lo que James y yo nos quedamos pasmados al ver lo pronto que se resolvió, pero Bruce no. Lo recuerdo como si fuera ayer: Bruce está sentado en los escalones traseros del gimnasio con la cabeza entre las manos; no estaba satisfecho con la técnica que había empleado para terminar con su adversario y su resistencia falló al intentar capturarle cuando corría en círculos. Probablemente era la primera vez en su vida que Bruce flaqueaba. En lugar de celebrar su victoria, se lamentaba de su estado físico y de que con su entrenamiento en kung-fu no había alcanzado sus expectativas. Este trascendental acontecimiento constituyó el impulso para la evolución del jeet kune do y el nacimiento de su nuevo régimen de entrenamiento.
He de subrayar el hecho de que, para mí o para cualquier otro, a principios de 1965 Bruce parecía estar en perfecto estado físico. Había crecido en Hong Kong y no era un jovencito genéticamente bien dotado. De hecho, su madre me contó que Bruce había sido un niño esquelético cuyo horario para asistir al colegio durante el día, y a menudo trabajar en películas tarde y noche, no le aportaba un estilo de vida muy saludable. Sin embargo, a los treinta años, cuando comenzó a estudiar Wing Chun con el maestro Yip Man, Bruce entrenaba constante y arduamente a diario, así que cuando le conocí en 1963 me pareció que tenía un cuerpo estupendo. Tras el combate de Oakland, que no fue muy bueno para él, Bruce supo que tenía que prepararse más y mejor para cuando se presentara la oportunidad de realizar sus sueños.
Para Bruce no era sólo cuestión de correr más kilómetros, hacer más series o aumentar los kilos de sus pesas. Llegó a la solución del “problema” de forma científica: (1) fijar nuevos objetivos para el estado físico y la salud, (2) investigar la mejor forma de lograr los cambios deseados y (3) fomentar nuevos métodos mediante el empleo de la ciencia, el almacenamiento del progreso y la modificación del enfoque si era necesario. No había nada fortuito en la rutina de entrenamiento de Bruce, ni era particularmente “afortunado” por haber empezado con un don físico natural. Los mayores talentos que Bruce empleó para hacer realidad sus sueños fueron la “inteligencia” y la “curiosidad” (mano a mano, una poderosa combinación), la “dedicación” y la “perseverancia” (tenacidad incluso para afrontar los obstáculos que debía superar) y la “concentración” (disfrutando del viaje tanto como del destino).
A veces me han preguntado que cómo tenía tiempo Bruce para entrenar tanto. La respuesta es simple: fue el modo como decidió pasar el tiempo. Las decisiones que tomaba cada día incluían devotamente muchas horas de entrenamiento de su cuerpo y su mente para que fueran lo mejor posible. Así es como también entró en juego su desbordante imaginación. Además de planear regularmente sus horarios de entrenamiento, era “normal” para él verse involucrado en varias cosas a la vez: leer un libro, hacer pesas y estirar una pierna, por ejemplo; o jugar a algún tipo de juego físico con los niños; o hacer ejercicios isométricos mientras iba conduciendo. Cuando era pequeño le llamaban “culo inquieto” y seguía siéndolo de adulto.
El proceso que Bruce seguía para conseguir su objetivo de obtener una forma física superior constituye el sumario de El arte de expresarse con el cuerpo, cuyo título está adecuadamente acuñado por Bruce al describir su forma de practicar las artes marciales. La técnica del jeet kune do de Bruce, que constituye un logro que lo abarca todo para vivir la vida en la cumbre del potencial desarrollado, naturalmente incluye el entrenamiento del cuerpo para conseguir el máximo rendimiento. Se trata de una descripción adecuada de la devoción de Bruce por su técnica, es decir, que logró el ápice de la belleza funcional.
Al leer esta obra es más importante que el lector reconozca el “proceso” que Bruce empleaba en lugar de explicar al detalle los ejercicios específicos y las tablas diarias. En vez de copiar simplemente de forma exacta los ejercicios que hacía Bruce Lee, se debería tomar nota de las numerosas fuentes –las técnicas y las aprendidas a través de la observación personal– que Bruce empleó en su investigación y de los patrones científicos que siguió para la resolución de problemas. Con la explosión de la industria del fitness, la salud y el bienestar de las últimas décadas, disponemos de gran cantidad de información para inspirar a los estudiantes. Bruce se hubiera sumergido en los nuevos estudios y le habría animado a usted a hacer lo mismo. Mejorando siempre, sin llegar al máximo pero siempre sometiéndose al proceso, Bruce disfrutaba de la interminable jornada para alcanzar la perfección física. En otras palabras: los medios eran tan importantes como el fin, que consistía en estar preparado cuando se presentara la oportunidad de compartir su “arte de expresarse con el cuerpo humano”. La documentación que queda de “la preparación para la oportunidad” de Bruce proviene, evidentemente, de sus películas y de las notas que dejó de sus entrenamientos, muchas de las cuales aparecen en este libro.
En mi opinión Bruce ha servido como inspiración para toda la vida para ser físicamente activo y consciente de todo lo relativo a la salud. A lo largo de nuestra vida juntos, Bruce fue tanto mi maestro como mi marido, mi amigo y el padre de mis hijos. Sigo confiando en su ejemplo para mi motivación diaria. Ahora, con este libro, al lector se le presenta la oportunidad de compartir la técnica y la inspiración de Bruce.
Parafraseando a Aristóteles, el símbolo exclusivo de un conocimiento pleno es el poder de enseñar. Parecerá evidente para el lector que Bruce tenía un conocimiento pleno del fitness y el entrenamiento. Es más importante entender el método que seguir al pie de la letra la información de esta obra. Podemos agradecer a Bruce su legado, ya que puede enseñarnos “el camino” que debemos seguir para alcanzar nuestro máximo potencial y que así la preparación encuentre la oportunidad.