Czytaj książkę: «Una historia de la medicina escandalosamente breve»

Título original: History of Medicine: A Scandalously Short Introduction
© University of Toronto Press
Original edition published by University of Toronto Press
Toronto, Canada
© De la presente edición: Editorial Melusina srl
© De la traducción del inglés: Albert Fuentes
www.melusina.com
Primera edición, 2018
Edición digital, 2021
Reservados todos los derechos
Diseño e ilustración de cubierta: Juan García
eisbn: 978-84-18403-30-9
Para mis alumnos
pasados, presentes y futuros
Doctor, me duele el oído.
2000 a. de C. Tome. Cómase esta raíz.
1000 a. de C. Comer raíces es cosa de bárbaros. Mejor rece esta plegaria.
1850. Rezar es de supersticiosos. Bébase esta poción.
1930. Esa poción es aceite de serpiente. Engulla esta pastilla.
1970. Esa pastilla no es efectiva. Tómese este antibiótico.
2000. Ese antibiótico es artificial. Tome. Cómase esta raíz.
Anónimo, «Historia de la medicina», texto que circulaba por internet entre 1997 y 1998.
Contenido
Contenido
Prólogo a la segunda edición
Agradecimientos
1. Introducción: Héroes y villanos en la historia de la medicina
2. El cuerpo fabricado: Historia de la anatomía
3. La vida interrogada:Historia de la fisiología
4. Una ciencia del sufrimiento: Historia de la patología
5. Lo primero es no hacer daño: Historia del tratamiento, la farmacología y las farmacéuticas
6. Sobre la formación y carrera de un doctor: Educación habilitación, sueldo y bioética
7. Plagas y pueblos: Historia de las enfermedades epidémicas
8. ¿Por qué es especial la sangre? Conceptos cambiantes de un humor vital
9. Tecnología y enfermedad: Estetoscopios, hospitales y otros artilugios
10. Trabajos manuales: Historia de la cirugía
11. Medicina de mujeres y mujeres de medicina: Historia de la obstetricia, la ginecología y las mujeres
12. La lucha con los demonios: Historia de la psiquiatría
13. Sin bebés no hay nación: Historia de la pediatría
14. Una joya polifacética: Decadencia y renacimiento de la medicina de familia
15. Cuando el paciente es plural: Salud pública e internacional
16. El sabueso y la ciencia: Cómo investigar un tema de historia de la medicina
Apéndice. Objetivos didácticos de este libro
Prólogo a la segunda edición
Escribí la primera edición de este libro a finales de la década de 1990 porque mis alumnos de medicina me insistían en que publicara mis lecciones. Dudé durante una larga temporada porque mi experiencia era escasa. Me decían que podía servir como guía para estudiantes, médicos interesados y docentes no historiadores que quisieran incorporar la historia a sus clases de medicina. Por mi parte, tenía la esperanza de que un libro como este pudiera hacer accesible la medicina a alumnos de otros campos, tales como la historia, la filosofía y la sociología —aunque la estructura temática resulte inusual para las carreras de letras—. Sin embargo, cuando me puse a la tarea de transformar mis presentaciones orales, dictadas en la comodidad del ámbito privado, en letra pública, me topé con mi propia falta de erudición (como era de prever) y me vi intimidada por el gran número de trampas (precisamente aquellas que detallo en el capítulo 16) en las que me arriesgaba a caer. Sin poderme proteger tras arbóreas notas a pie de página y el aparato académico de rigor, empecé a sentirme desnuda en territorio enemigo: cada frase se convertía en un campo de minas; cada palabra que elegía era una pequeña bomba de relojería a punto de explotar en cualquier momento.
Las reseñas fueron amables y mi «escandalosa» historia disfrutó de un éxito mayor del que había imaginado. Algunos lectores me escribieron para sugerirme ampliar algunos aspectos o corregir errores. Aunque el libro iba dirigido descaradamente a un público lector canadiense, me sorprendió descubrir (y supongo que a mi editor también) que encontraba lectores, figuraba en planes de estudios, se reeditaba y traducía en el resto de Norteamérica, Europa y Asia.
Esta nueva edición presenta un texto actualizado para incluir las novedades ocurridas en la última década tanto en el campo de la medicina como en el de la historia; asimismo, pretende dirigirse a un público más amplio. Se han revisado todos los capítulos; los ejemplos se han ampliado y se han añadido nuevas secciones sobre múltiples temas, como, por ejemplo, genética, hospitales, bioética, industria farmacéutica, biotecnología, medicina nazi, terapias alternativas, así como un capítulo íntegramente nuevo sobre salud pública e internacional. A los ejemplos canadienses se añaden ahora muchos más procedentes de otros países, en especial de Gran Bretaña y Estados Unidos, pero también de otras latitudes.
Alrededor de 2006 se me planteó otro reto: a algunos estudiantes no les gustaba el libro porque eso era precisamente lo que era, un libro. La metodología pedagógica basada en clases presenciales y lecturas se considera hoy «tradicional». Los depósitos de las bibliotecas son hoy espacios vacíos y cavernosos, y los anaqueles están siendo sustituidos por terminales informáticos. Docentes y médicos —entre los que me cuento— desarrollan sus investigaciones merced a la gratificación instantánea que procura ese milagro que es Google, la información llega en concisos disparos y los períodos de atención son cada vez más breves.
Los expertos en internet pueden estar tranquilos: hay planes para una edición electrónica. De hecho, las «Sugerencias de lecturas complementarias» ya están colgadas en la red. Entretanto, como la historiadora que soy, con alegría os pido que prestéis atención a esta admirable y venerable tecnología que es la impresión sobre papel. Variopintos, duraderos, portátiles y muy agradables de sostener, tocar y oler, los libros pueden acompañarte en excursiones en canoa o en la bañera, sin electricidad ni temor a morir electrocutado. Y al final, a diferencia de lo que ocurre con el flujo desechable de las páginas web, los libros son testimonios de un determinado momento en el tiempo y en el espacio, convirtiéndose en fuentes históricas por sí mismos. Tal vez sea cierto que los libros son una especie en peligro de extinción, pero durante casi seiscientos años han transmitido tanto saber médico que parece razonable emplear unas páginas encuadernadas para vehicular el pasado de la medicina.
Agradecimientos
Las ideas históricas, como las enfermedades, pueden ser hereditarias y contagiosas. En estas páginas, mi mentor, Mirko Grmek, pudo constatar, justo antes de su fallecimiento, en qué medida me había transmitido su formación histórica y médica; soy una agradecida heritière. El entusiasmo infeccioso de mis editores y su confianza en el resultado fueron catalizadores decisivos, en primer lugar, para que mis ideas encontraran acomodo en un libro y, más tarde, para embarcarme en esta segunda edición: vaya, pues, un agradecimiento especial a Gerald Halllowell y Len Husband. Tampoco existiría este libro sin el apoyo de la Queen’s University y las maravillosas oportunidades para la docencia que me brindó la cátedra Hannah, generosamente financiada por Associated Medical Services, una organización canadiense que fomenta la innovación en el campo médico.
Estoy en deuda con muchos precursores cuyas obras, mucho más ambiciosas, me resolvieron numerosos problemas que fui encontrando, y quiero manifestar también mi agradecimiento por los comentarios de profesionales, tanto de la medicina como de la historia, a los que incordié para que leyeran pasajes de este libro en su primera versión.
Muchos fueron los que contribuyeron a esta obra leyendo capítulos, respondiendo a mis preguntas, ofreciéndome sugerencias creativas y aportándome ilustraciones. Para la primera edición, los titulares de la cátedra Hannah Paul Porter y Charles G. Roland, así como Cherrilyn Yalin, Martin Friedland y un revisor anónimo de la editorial, tuvieron la amabilidad de comentar los borradores de todo el manuscrito. Asimismo, por sus excelentes consejos sobre aspectos concretos, estoy en deuda con varios amigos y colegas: Ian Carr, Peter Cruse (ya fallecido), Dale Dotten, Eleanor Enkin, Murray Enkin, Anita Johnston y Felicity Pope. Por motivos parecidos, dejo constancia aquí de la generosidad de mis colegas en el Queen’s College Alex Bryans, Prakash Burra, Gerald Evans, Pamela Frid, Charles Graham, Charles Hayter, R. Neil Hobbs, Steve Iscoe, Gerald Marks, Steven Pang, Terrie Romano, Joan Sherwood, Duncan G. Sinclair, Lucinda Walls y James L. Wilson.
Durante la última década, varios reseñistas y colegas han descrito el uso que le han dado al libro y sus expectativas para una nueva edición. En particular, doy gracias a Melanie Colpitts, Jayne Elliott, Heiner Fangerau, Bert Hansen, Geoff Hudson, Margaret Humphreys, Ross Kilpatrick, Joel Lexchin, Christopher Lyons, Pamela Miller, Sheila Pinchin, Susan Phillips, Roy Porter (ya fallecido), Paul Potter, Ana Cecilia de Romo, Todd Savitt, Anne Smithers, Meryn Stuart, Lewis Tomalty, los maravillosos trabajadores de la Biblioteca Bracken, y una vez más, como siempre, a Robert David Wolfe y Cherrilyn Yalin.
Mis alumnos son también mis maestros, y los críticos más severos. Sus insistentes peticiones de un texto introductorio me decidieron finalmente a hacer algo a lo que durante largo tiempo me había resistido. Para la primera edición, varios de mis alumnos leyeron con alegría juvenil algunos capítulos, en una suerte de prueba de conducción que dejó su impronta en la versión definitiva del libro. Todos ellos antiguos estudiantes de medicina, son hoy doctores: Hershel Berman, Matthew Bowes, Ruttan Bhardwaj, Darryl da Costa, Leigh Eckler, Kymm Feldman, Diana Fort, Fiona Mattatall y Matteus Zurowski; además de los antiguos estudiantes de grado Elaine Berman, Jennifer Marotta y Megan Nichols. Sin su alentadora confianza en la futura utilidad de este libro, la primera edición jamás habría visto la luz.
Para la segunda edición, otra intrépida banda de alumnos de la Queen’s University y jóvenes doctores me brindaron sensatas sugerencias, críticas e inspiración, o leyeron pacientemente los capítulos actualizados. Entre ellos, se cuentan Courtney Casserly, Dan Finnigan, Rebekah Jacques, Raed Joundi, Ahmed Kayssi, Jessica Liauw, Melissa Pickles, Paul Uy, Mary-Clair Yelovich y Julia Cameron Vendrig. Ojalá encuentren utilidad a esta nueva versión (¡aunque esté impresa en papel!). Se la dedico con toda mi gratitud.
Algunos lectores seguirán encontrando errores; otros se quejarán de que continúo omitiendo sus temas favoritos. Espero que me lo hagan saber y me ayuden así a que la siguiente edición sea mejor.
1. Introducción: Héroes
y villanos en la historia
de la medicina*
Mi recomendación es que el doctor ha de ser,
llana e inequívocamente, un humanista.
Robertson Davies, «Can a Doctor Be a Humanist?» (1984).
El juego de los héroes y villanos
A principios de otoño, los alumnos recién matriculados en la facultad de medicina de la Queen’s University juegan a un juego llamado Héroes y Villanos. Como si se tratara de una actividad para romper el hielo en una fiesta, el juego presenta tres de los ingredientes de su futura educación: la biblioteca, la asignatura de alfabetización informacional y la historia de la medicina. Los alumnos se dividen en equipos para colaborar con uno o dos compañeros de su elección. De una tabla colgada en internet, eligen un nombre de la historia de la medicina (véase tabla 1.1). La tarea consiste en encontrar algún texto escrito por esa figura histórica (una fuente primaria) y algo escrito sobre la misma (una fuente secundaria), y decidir si la persona en cuestión es un héroe, un villano o ambas cosas a la vez. A continuación, los estudiantes se preparan para presentar sus hallazgos en clase y redactan un breve informe acompañado de la correspondiente bibliografía. Hay premios en juego.
Tabla 1.1
«Héroes» y «villanos» de la historia de la medicina: Planilla del juego.
| Repartid el trabajo entre los distintos miembros del equipo.Usad el catálogo y los recursos de referencias de la biblioteca (o bibliotecas) para localizar:1. Por lo menos un texto escrito por cada persona;2. Algo sobre cada persona.¿Es la persona un «héroe», un «villano» o ambas cosas? ¿Por qué?Tened en cuenta los objetivos enumerados (abajo) y entregad unas breves conclusiones por escrito con referencias bibliográficas. La redacción de los informes puede correr a cargo de todo el equipo o de distintos grupos dentro del equipo. | ||
| Abbott, MaudeAl-Razi (Abū BakrMuhammad ibn Zakarīyā al-Rāzī)Apgar, VirginiaAreteo de CapadociaArnau de VilanovaAustin, J. L. «Blimey»Avicena (Ibn Sina)Baltimore, DavidBanting, FrederickBarry, James MirandaBeaumont, W. R.Bernard, ClaudeBethune, NormanBlackwell, ElizabethCaius, JohnCarrel, AlexisCelsoChadwick, EdwinCharcot, Jean MartinChisholm, BrockDomagk, GerhardEgas-Moniz, A. A. C.ErasístratoEsquirol, J. E. DominiqueFreud, Sigmund | Gadjusek, D. CarletonGalenoGallo, RobertGrenfell, WilfredHahnemann, SamuelHalsted, WilliamHarvey, WilliamHerófiloHildegarda de BingenHipócratesHunter, JohnHunter, WilliamJackson, Mary PercyJenner, EdwardKelsey, Frances OldhamKoprowski, HilaryKrugman, SaulKubler-Ross, ElisabethLexchin, JoelMackenzie, JamesMacMurchy, HelenMaimónidesMcBride, WilliamMcKenzie, Robert TaitMitchell, Silas WeirMorgentaler, HenryMüller, P. H. | Neisser, AlbertNelles (Pine), SusanNightingale, FlorenceOlivieri, NancyOsler, WilliamParacelsoParé, AmbroisePasteur, LouisPauling, LinusPinel, PhilippeRush, BenjaminSarrazin, MichelSimpson, James YoungSims, James MarionSmith-Shortt, ElizabethSorano de ÉfesoStopes, MarieStowe, EmilySydenham, ThomasTrota de RuggieroTrout, JennyVesalio, AndrésVirchow, RudolfWagner-Jauregg, J.Watson, James D.Withering, WilliamWright, Almroth |
| Objetivos didácticos1. Distinguir entre los distintos tipos de monografías (un solo autor, volumen editado, antología póstuma, traducción, facsímil, etc.).2. Aprender a buscar en los catálogos en línea para obtener la máxima efectividad (autor, materia, palabras clave).3. Conocer los rudimentos de los lenguajes de indización.4. Comprender el significado de las fuentes primarias (obras de los autores) y las se-cundarias (obras sobre los autores).5. Reconocer que toda historia (incluida la historia de la medicina) es un proceso interpretativo que depende en gran medida del presente. | ||
La lista de posibles héroes y villanos comprende figuras de la Antigüedad, ganadores del premio Nobel, mujeres y glorias locales. La lista no tiene nada de especial: se podría crear un sinfín de alternativas adecuadas a los recursos de otras bibliotecas y lugares. La sesión en la que los alumnos ponen en común sus trabajos —a la que llamamos debriefing— suele realizarse al día siguiente. Si hace bueno, la clase se reúne en el jardín.
—¿Quién quiere empezar? —pregunto. Doy la palabra inmediatamente a los pocos que se presentan voluntarios. A menudo, sin embargo, mi pregunta es recibida con un silencio sepulcral.
—¿Quién ha elegido a Hipócrates? —pruebo a continuación. Murmullos y dedos acusadores identifican a una pareja reacia pero, por lo general, sonriente que comparte con sus compañeros de clase lo que hayan averiguado sobre el médico griego de hace dos mil quinientos años. Cuando concluyen la exposición, les pregunto—: ¿Fue un héroe o un villano?
—Un héroe, desde luego.
—¿Por qué? —Un abanico de respuestas justifican su parecer.
Por mi parte, interpreto el papel de abogado del diablo.
—Se cree que Hipócrates —les digo— prohibió el aborto y el uso del bisturí. Además, solo enseñaba medicina a hombres. —Pero los alumnos no dan su brazo a torcer y pasamos al ejemplo siguiente.
Tras ese par de minipresentaciones forzadas, son muchos los voluntarios que me reclaman ruidosamente la palabra para hablarme del distinguido personaje cuya vida y obra han estudiado. La falta de tiempo no nos permitirá cubrir todos los temas. A veces tengo que interrumpir a uno de los intervinientes para que los demás tengan la oportunidad de participar. (Una vez, dos estudiantes adoptaron por iniciativa propia los personajes que habían elegido y obsequiaron a sus compañeros de clase con una representación teatral de Avicena y Paracelso debatiendo sobre la necesidad simbólica de quemar libros.) La promoción de 2013 acudió al debate con música, poesía, piezas teatrales y disfraces.
La hora pasa volando y cada vez me preocupa más que nadie se lleve el premio y que el juego no sirva para nada. Empiezo a pedir exposiciones sobre villanos que provocaron célebres controversias. Pero por más que intente ventilar las facetas más turbias de algunos casos particulares, los alumnos siguen resistiendo mis embates. Por fin, alguien, quizá una voz anónima en la multitud, terminará respondiendo a la pregunta de «héroe o villano» con un «Depende de cómo se mire».
—¿Qué has dicho? —pregunto—. Más alto. —Entonces se lo pregunto a toda la clase—: ¿Qué ha dicho? —La clase lo repite. Acto seguido, entre las risas y aplausos de sus compañeros, el avergonzado alumno o alumna recibe a la vista de todos el primer premio del concurso, una antología de artículos de William Osler, y empiezo a relajarme.
Con los años he llegado a la conclusión de que los estudiantes de medicina tienen la costumbre de considerar a sus predecesores con una incondicional veneración, muy parecida al temor religioso. «Sí, es posible que Hipócrates recomendara no utilizar en ningún caso el bisturí, pero es un héroe porque sostuvo que las enfermedades tenían un origen natural». «Sí, es posible que Alexis Carrel fuera un filonazi, pero es un héroe porque puso los cimientos del trasplante de órganos». Incluso después de las escandalosas revelaciones que insinúo durante la clase, casi todos los alumnos concluyen sus trabajos esgrimiendo poderosas razones para justificar que su personaje es un héroe. En las dos décadas que llevo planteando este juego, solo un puñado de alumnos ha tenido la osadía de proclamar que sus personajes eran villanos, aunque ese veredicto tampoco les vale un premio en el concurso.
Son pocos los estudiantes que se cuestionan la premisa de establecer juicios de valor sobre el pasado. Pero si uno de ellos me pregunta «¿Por qué hacemos esto?», también gana el premio, al igual que el que responde con un «depende». Como es lógico, los alumnos de primer año quieren encontrar héroes en el pasado. Con el alivio de haber superado un dificilísimo proceso de selección para entrar en la carrera, encaran con optimismo e idealismo cuarenta años o más de trayectoria en la profesión elegida. El día de la graduación, la mayoría de esos alumnos todavía se acuerda del personaje histórico sobre el que investigaron en su primera semana de formación. El juego les ofrece un modelo histórico, pero también llama su atención sobre el presente y futuro de la medicina.
| Lo importanteReviste escasa importancia para el estudiante el saber que un oscuro libro sobre un tema abstruso, firmado por un autor de nombre impronunciable, fue publicado en una fecha u otra. En cambio, reviste gran importancia para el estudiante el estar familiarizado con ... «el clima de opinión» en el que se enmarcan los hechos intelectuales de un período u otro.Cecilia Mettler, History of Medicine (Filadelfia y Toronto: Blakiston, 1947), p. xii. |
La premisa del juego de Héroes y Villanos coincide con la de este libro. La historia de la medicina, al igual que toda forma de historia y que la práctica y la ciencia médicas, tiene por objeto preguntas y respuestas, pruebas e interpretaciones. Algunas preguntas son mejores que otras; algunas fuentes son más fiables que otras; y algunas interpretaciones son más sólidas que otras. Los buenos historiadores son sabedores del peligro de proyectar sus deseos y valores en coyunturas y textos históricos. La historia invita a los estudiantes a sopesar por qué las cosas han terminado siendo como son y de qué forma han cambiado. Les reta a explicar por qué algo que nos parece hoy absolutamente descabellado pudo parecer antaño perfectamente cabal. Y les recuerda la posibilidad de que en un futuro hayan de renunciar a las mismas ideas y «hechos» que se disponen a estudiar. En consecuencia, la historia es una magnífica maestra en los ideales de un aprendizaje que ha de alargarse durante toda la vida del médico.
Instrucciones de uso de este libro
Este libro tiene su origen en mis clases a alumnos de medicina y se rige por una estructura organizada en torno a unidades didácticas de naturaleza conceptual. Se han escrito numerosos artículos y libros que explican por qué los estudiantes de medicina han de recibir formación en historia y por lo menos otras tantas publicaciones ofrecen consejos sobre cómo hacerlo de forma efectiva. En cierto sentido, este libro representa tan solo uno de los numeroso métodos posibles. En la Queen’s University, en vez de constituirse en una asignatura o seminario independiente, la historia se infiltra en todo el plan de estudios y se enseña como parte integrante de las distintas disciplinas médicas y científicas que se estudian en la carrera.
Pero el público al que aspira este libro va mucho más allá de los estudiantes de medicina e incluye lectores en general y estudiantes de cualquier disciplina, humanidades y ciencias sociales incluidas. A diferencia de los manuales de historia al uso, la estructura no sigue aquí una cronología general; los capítulos se centran en varias disciplinas de la enseñanza médica y se suceden en un orden que refleja la estructura de los estudios de medicina en la Queen’s University. En consecuencia, pueden leerse en cualquier orden. Todos los capítulos ofrecen una cronología, así como una muestra de temas o cuestiones que preocupan a los historiadores y rigen la investigación actual. Algunos acontecimientos se desarrollan conforme a la bibliografía más reciente, mientras que otros se omiten. Aquellos lectores que se dediquen a la enseñanza de las humanidades encontrarán repartidos por todos los capítulos cuestiones de género, raza, clase y periodización histórica.
Los objetivos de nuestro programa de estudios son los mismos que los de este libro: (1) concienciar sobre la importancia de la historia (y de las humanidades en general) como disciplina de investigación que enriquece la comprensión de la medicina actual; y (2) infundir un sano escepticismo con respecto al
«dogma» del resto del plan de estudios.
Dichos objetivos han recibido críticas por carecer de fundamento y ambición; a veces también han sido considerados perjudiciales. Pero no nos proponemos convertir a los futuros doctores en historiadores; al contrario, lo que les ofrecemos es una herramienta conceptual suplementaria en su aprendizaje de la medicina. Los alumnos de esta carrera son jóvenes inteligentes. Aunque el último contacto que tuvieron con las humanidades fuera en secundaria, no tardan en captar que un debate en torno a preguntas y contexto es una emocionante aventura intelectual. Con su esfuerzo por alcanzar esos objetivos, los alumnos aprenden, qué duda cabe, algunas cosas sobre el pasado. Sin embargo, pueden elegir los acontecimientos que les resulten más relevantes para sus proyectos vitales y profesionales. Nombres, fechas y factoides son menos importantes que las ideas. La buena historia ha de basarse en referencias precisas a tales detalles, pero es, por encima de todo, una forma de pensar.
Este libro no se propone ser exhaustivo. Aspira a ofrecer una sucinta panorámica de la historia de la medicina occidental basada en la bibliografía académica más reciente y con referencias a problemáticas actuales en la atención sanitaria, siempre dando por supuesto que los facultativos pueden ser de cualquier sexo, religión, raza o nacionalidad. Otros libros, más gruesos, ofrecen mucha más información e imágenes. Las fuentes más antiguas son muy valiosas y no conviene despreciarlas (véase «Sugerencias de lecturas complementarias» en la página web de la bibliografía: http:/histmed.ca).
Tampoco cabe decir que la estructura de este libro en torno a campos de investigación médica sea particularmente original. Hace más de sesenta años, Cecilia Mettler organizó su manual según temas e ideas de la disciplina.
En la primera edición se recurría con frecuencia a ejemplos canadienses, en parte porque no aparecían en otras fuentes; en tanto que ejemplos, son tan ilustrativos como los casos más conocidos de Gran Bretaña y Estados Unidos. Para esta segunda edición se han incluido ejemplos de otros países. Los docentes fuera del ámbito anglosajón no tendrán dificultades para encontrar equivalentes adecuados en sus historias nacionales. Las sugerencias de lecturas complementarias no son exhaustivas, pero guiarán al lector interesado al saber acumulado en buena parte de los temas tratados; las fuentes específicas de ciertos países vienen referidas en listas aparte.
El último capítulo ofrece consejo sobre cómo investigar una cuestión en la historia de la medicina. Una vez más, no es infalible ni tampoco exhaustivo. El apéndice presenta algunos objetivos didácticos para cada capítulo, esenciales en los planes de estudios de la carrera de medicina tal y como se imparte en el siglo xxi. Los recursos en línea incluyen unos pocos puntos de referencia para recabar información sobre períodos históricos, lugares e ideas, así como formas alternativas de cuidados y medicina en otras épocas y culturas. Los alumnos acuden a menudo al historiador en busca de información sobre esos sistemas de creencias médicas. Este libro, siendo como es una historia de nuestra medicina dominante, no los aborda. Una vez más, los recursos en línea proponen algunas vías para subsanar esta carencia.
A lo largo del libro, y conforme a la lección del juego de «Héroes y Villanos», he intentado mostrar que existen múltiples interpretaciones para la mayoría de elementos de nuestro pasado y que los temas de interés trascienden con mucho las «grandes figuras» y los «grandes descubrimientos» para incluir ideas, enfermedades, pacientes, instituciones y grandes errores. Este libro habrá cumplido su objetivo si el lector se queda con algunas preguntas sin respuesta.
Sugerencias de lecturas complementarias
Pueden consultarse en la página web de la bibliografía:
http://histmed.ca
* Los objetivos didácticos de los distintos capítulos de este libro pueden encontrarse en la página 576.