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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 23

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.
Según las normas de la B. C. G., la traducción de esta obra ha sido revisada por MERCEDES LÓPEZ SALVÁ.
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1979.
ISBN 9788424930547.
INTRODUCCIÓN GENERAL
1.
Una vida larga en un siglo de crisis
Isócrates es uno de aquellos personajes que los antiguos llamaron macróbioi por su casi centenaria existencia. Vivió entre los años 436 y 338 a. C. Conoció, pues, en su niñez los últimos años de paz de la Atenas triunfante sobre los persas, la guerra del Peloponeso (431-404 a. C.), los conflictos internos entre las ciudades griegas, con las sucesivas hegemonías espartana y tebana y la expansión macedonia que comienza el año 357 antes de Cristo y termina con la batalla de Queronea en la que Filipo II se impone sobre la liga helénica el año 338 a. C., el mismo en el que muere Isócrates.
Nació Isócrates, como hemos dicho, el año 436 a. C. en el demo ateniense de Erquía. Su padre, Teodoro, era un ciudadano de clase media que se había enriquecido gracias a su fábrica de flautas1; había en la familia otros dos hijos, Telesipo y Diomnesto, así como una hija, Ánaco. La fortuna familiar permitió a Teodoro dar una esmerada educación a sus hijos, así como desempeñar una coregía2.
¿Quiénes fueron los maestros de Isócrates? Según la Vida anónima, el orador y político Terámenes, Gorgias y Sócrates; el Pseudo-Plucarco añade los nombres de Pródico de Ceos y Tisias de Siracusa3. Sabemos que Gorgias fue a Atenas como embajador el año 427 a. C., el mismo en el que nació Platón. Del extraordinario efecto que produjo tenemos testimonios4. En cuanto a la relación con Sócrates, hay un pasaje del Fedro platónico (279 B) donde Platón pone en boca de Sócrates un elogio un tanto irónico del joven Isócrates5. Para W. Jaeger6 la profecía de Sócrates sobre el gran porvenir de Isócrates no indicaría ni un conocimiento íntimo del primero ni una relación maestro-discípulo. Con todo, hubo influencias del viejo filósofo sobre Isócrates7.
El año 431, cuando Isócrates tiene 5 años, comienza la guerra del Peloponeso, cuya primer fase, llamada guerra de Arquidamo, termina el año 421 con la paz de Nicias. En ese tiempo Atenas ha sufrido la peste (año 430) y ha perdido a Pericles (año 429). Quizá Isócrates ha hecho su servicio militar entre los años 418 y 416, en los que tenía la edad adecuada. Al final de su etapa militar puede haber ido a Tesalia8, donde está enseñando Gorgias9. El elevado precio de la enseñanza de Gorgias hace pensar que por entonces la fortuna familiar de Isócrates no habría sufrido aún graves quebrantos debidos a la guerra10.
Mientras Isócrates está en Tesalia se produce la destrucción de Melos (año 416), la expedición ateniense contra Sicilia (años 416-415) y se reanuda la guerra del Peloponeso, en una segunda etapa llamada guerra de Decelia (entre los años 413-404), y la revolución de los Cuatrocientos bajo la dirección de Antifonte, Frínico y Terámenes, el antiguo maestro de Isócrates (año 411) con la que acaba el ejército sublevado en Samos. Alcibíades es elegido estratego en ese mismo año y consigue sobre Esparta la victoria naval de Cízico.
Vuelto Isócrates a su patria, contempla la capitulación de Atenas el año 404, el desmantelamiento de la primera liga marítima y el comienzo de la hegemonía espartana. Ese mismo año se establece el gobierno de los Treinta tiranos, Terámenes es condenado a muerte11 y quizá Isócrates marcha fuera de Atenas. El año 403 vuelven los demócratas al poder acaudillados por Trasibulo.
Como consecuencia de la guerra Isócrates ha perdido su patrimonio12 y como su timidez y malas condiciones físicas le impidieron participar en la política activa13 se dedicó a la actividad de logógrafo, esto es, a escribir discursos forenses para otros. De esa etapa son los discursos Contra Eutino, Recurso contra Calímaco, Contra Loquites, Sobre el tronco de caballos, Sobre un asunto bancario y Eginético. Más tarde, al abrir su escuela de retórica, Isócrates renegará de la actividad de logógrafo14 e incluso afirmará que nunca se ha dedicado a esta tarea15. Esta contradicción no existe para Mathieu16 que, siguiendo a Wilamowitz17, piensa que algunos de estos discursos habrían sido escritos por Isócrates para mostrar su arte, una vez abierta su escuela, y no serían, por tanto, discursos escritos para unos clientes. Kennedy18 considera que artísticamente los discursos no desmerecían, pero que Isócrates habría creído que le perjudicaría exponer ideas políticas diferentes a las que después adoptaría y que, además, la actividad de logógrafo no era respetable entre los círculos intelectuales y políticos a los que Isócrates pensaba dirigirse. En cualquier caso, está claro el intento de Isócrates para que estas obras se olvidaran19.
R. C. Jebb20 acepta el informe de la Vida del Pseudo-Plutarco según el cual Isócrates habría montado una escuela de retórica en Quíos21. A finales de la década del 390 a. C. abre Isócrates en Atenas su escuela. La fecha ha sido objeto de muchas discusiones. Según Jebb22, la escuela habría sido abierta entre el discurso Eginético, último de los forenses, situado entre los años 394-393 a. C. y el Contra los sofistas, considerado como declaración programática de la escuela. Jaeger23 opina que incluso podría situarse en la década del 380. Mikkola24 sitúa, con interrogación, en Quíos y en el año 393 antes de Cristo, la apertura de la escuela.
Entre la etapa de logógrafo y la de jefe de escuela, Isócrates ha vivido la expedición de los 10.000 (año 401 a. C.) que varias veces recordará25, la condena y ejecución de Sócrates26 (año 399 a. C.), la victoria naval ateniense sobre Esparta lograda por el almirante Conón en Cnido (año 394 a. C.) y los intentos de Atenas por reconstruir la liga marítima. Estos intentos favorecen un entendimiento entre Persia y Esparta; ambas potencias cierran el Bósforo con sus escuadras para impedir que Atenas reciba cereales del sur de Rusia.
Entre los años 393, fecha probable para la apertura de su escuela, y el 380, fecha segura de su primer gran discurso político, el Panegírico, Isócrates escribe las obras Contra los sofistas, Elogio de Helena y Busiris27. En el año 387 a. C. se firma entre Atenas y Esparta la paz llamada de Antálcidas por el embajador espartano que la negoció y también «del Rey» por las ventajas concedidas a Persia al hacerla potencia mediadora y otorgarle el dominio sobre las ciudades griegas del Asia Menor. Ese mismo año 387 abre Platón su Academia.
A los dos años de publicado el Panegírico, el 378 a. C., Atenas consigue organizar la segunda liga marítima, basada en la autonomía e igualdad de derechos de los 70 confederados28. No es posible negar la influencia que Isócrates tuvo en la consecución de esta segunda liga, establecida cien años después de la primera. Por esta misma época Isócrates colabora con su discípulo Timoteo, hijo del almirante Conón, del que hará más tarde un largo y encendido elogio29.
Con motivo de la destrucción de Platea por los tebanos el año 373, Isócrates escribe su discurso Plateense, que pone en boca de un refugiado de la desdichada ciudad. Pasará un largo período durante el cual Isócrates dejará de escribir obras de política general para dedicarse a un tipo de discursos epidícticos, recuerdo de los poetas elegíacos30, que dedicará a los reyes de Salamina de Chipre. Son los discursos A Nicocles (año 372?), Nicocles (año 368?) y Evágoras (año 365?), este último un elogio del difunto padre de Nicocles. La relación de Isócrates con esta familia debió realizarse a través de Timoteo; sabemos también que Evágoras había colaborado con Conón en la batalla de Cnido. Isócrates presumirá de su docencia sobre Nicocles en Sobre el cambio de fortunas 40, 67 y 71. Dentro de esta misma línea está el Arquidamo, pronunciado31 por Arquidamo III, hijo del rey espartano Agesilao, ante la asamblea espartana, así como el A Demónico, de autenticidad muy discutida32.
El año 367 escribe Isócrates su Carta a Dionisio, el tirano de Siracusa. Por primera vez nuestro autor intenta atraerse a un gobernante absoluto para encabezar la campaña contra Persia. Él mismo nos habla de la desilusión que le ofrecen las ciudades griegas. En efecto, el año 371, con la victoria de Leuctra, los tebanos han acabado con la hegemonía espartana, y contra Tebas se han unido Atenas y Esparta el 369. No se consigue la armonía de las ciudades griegas (homónoia) que Isócrates había preconizado en su Panegírico. La batalla de Mantinea (362 a. C.) es un triunfo tebano contra la alianza ático-espartana, pero tampoco va a durar mucho la primacía de Tebas. El año 359 a. C. Filipo II es proclamado rey de Macedonia.
Al nuevo monarca va a dirigir dentro de poco su mirada el ya anciano Isócrates. El rey macedonio, que se ha educado en Tebas como rehén, consigue la unificación de Macedonia el año 358 y busca una salida al mar; así avanza hacia Anfípolis y la península de la Calcidia (año 357). Quíos, Rodas, Cos y Bizancio abandonan la segunda liga marítima y estalla la guerra de los aliados (357-355) que va a traer consigo la disolución definitiva de la liga. El año 356 escribe Isócrates su discurso Sobre la paz., en el que propone hacer la paz con los aliados (16), abandonar el imperialismo naval (29 y 106) y buscar prestigio entre los griegos (135-140). Ese mismo año 356 dirige su Carta a Arquidamo, rey de Esparta desde el 357, donde vuelve a intentar, como antes lo hiciera con Dionisio de Siracusa, encontrar un líder para la campaña militar contra Persia. En Macedonia, entretanto, ha nacido Alejandro Magno.
El Areopagítico, del 355, es una obra dedicada a la política interior de Atenas. Nuevamente aconseja el abandono de una política agresiva y el volver a la antigua democracia, la de Solón y Clístenes (16), elogiando al tribunal del Areópago (37).
El año 353 a. C. Isócrates publica su discurso Sobre el cambio de fortunas33. Es el más extenso de todos los suyos y también el más autobiográfico. Un tal Megaclides le intentó el año 356 un proceso de cambio de fortunas e Isócrates, defendido por su hijo adoptivo Afareo, perdió el proceso. Isócrates aprovecha esta circunstancia para componer una apología de su vida y del tipo de enseñanza que practica, utilizando para ello la ficción de que realmente es un discurso de defensa pronunciado ante la asamblea. El parecido con la defensa de Sócrates es evidente.
Se queja en su obra de lo mal que le conocen sus conciudadanos (4), lo que le mueve a escribir sobre su ocupación y manera de pensar. El orgullo que su enseñanza y discípulos le producen queda de manifiesto (87-88, 93-99); es la envidia hacia su éxito lo que ha provocado el proceso (142-149). Toda la segunda parte es una defensa apasionada de la educación.
No vuelve a escribir nada Isócrates hasta el año 346, fecha de su discurso Filipo. Entretanto Demóstenes, que ha comenzado su actividad de orador el año 363, pronuncia su Primera Filípica (año 351), los discursos en defensa de Olinto (349-348) que, a pesar de todo, cae en manos de Filipo el 348. Platón muere el 347, el mismo año en que Aristóteles sale de Atenas.
El año 346 a. C. los embajadores atenienses Filócrates, Esquines y Demóstenes firman con Filipo la paz llamada de Filócrates por el primero de ellos. Isócrates aplaude la paz y escribe el Filipo, elogio del monarca macedonio, animándole a emprender la lucha contra Persia. El 344 Demóstenes pronuncia la Segunda Filípica. En Atenas se polarizan las opiniones en torno a Isócrates y Demóstenes, partidario el primero de una confederación de las ciudades griegas que ataquen Persia bajo la dirección de Filipo, mientras el segundo alerta a los atenienses contra el «bárbaro macedonio» que va a suprimir las autonomías de las ciudades.
No se ha mantenido inactivo Isócrates; ha escrito su Carta a los magistrados de Mitilene (año 350), en la que pide que levanten el destierro a Agenor, profesor de música de sus nietos, hijos de su hijo adoptivo Afareo. También una Carta a Timoteo34 y una Carta a Filipo (año 344). Los años 343 y 342 Filipo se desentiende momentáneamente de Grecia para emprender la conquista de Tracia, meta que ya Isócrates había señalado a Atenas35. Terminada la campaña de Tracia, los acontecimientos se suceden con rapidez: tras la Tercera y Cuarta Filípicas de Demóstenes (año 341), se constituye la liga helénica, para hacer frente a Filipo. La batalla de Queronea (año 338) supone el fin de esa liga y el triunfo definitivo de los macedonios.
Isócrates ha estado trabajando durante cuatro años en su último discurso, el Panatenaico (año 339). Según él mismo nos dice, ha sufrido una grave enfermedad que le ha obligado a tener postergada esta obra36. Es un discurso confuso que da la impresión de recoger escritos anteriores yuxtapuestos ahora. Hay de nuevo un elogio de Atenas (40-107) y de su sistema de gobierno (108-176), una crítica de los defectos de Esparta (177-185), y otra vez un elogio de las hazañas de Atenas (188-198). La intervención de un discípulo, proespartano, supone una rectificación de las anteriores opiniones sobre Esparta (200-265), cerrándose el discurso con el relato de su enfermedad y unos consejos de carácter general.
Isócrates muere a finales de octubre del año 338 a. C., mientras se celebraban las honras fúnebres por los muertos en Queronea37. No alcanzará a ver realizada la liga de Corinto, en la que, bajo hegemonía macedonia, Grecia entera (menos Esparta) se une para oponerse a Persia y liberar las ciudades griegas de Asia.
2.
El pensamiento político de Isócrates
Tiene mucha razón Jaeger38 al notar que la concepción moderna sobre Isócrates, al restituirle su condición de político, acentúa demasiado este aspecto de su obra, olvidando su condición fundamental de educador, un teórico cuyas ideas políticas están al servicio del programa educativo de su escuela, igual que ocurría con Platón y Aristóteles.
A esta idea añadiremos que el estudio de los discursos políticos ha de hacerse siempre contemplando la época en la que fueron escritos y sus destinatarios. Hemos visto cómo en el siglo IV a. C. la situación política cambia constantemente; de acuerdo con ello cambia también la concepción política isocrática. Por eso las contradicciones que encontraremos serán constantes.
Durante el siglo XIX, las conclusiones sobre el pensamiento político de Isócrates eran las siguientes39:
1.ª En un principio, Isócrates cree que Atenas y Esparta podrán guiar la política panhelénica, aunque luego se desengaña y fija su atención en los príncipes extranjeros. Abandona entonces la idea de la polis democrática y piensa en la monarquía como forma de estado.
2.ª Inicialmente aprueba la política marítima de Atenas y pone su esperanza en la segunda liga marítima, que más tarde rechaza.
La crítica moderna ha ido modificando estas conclusiones. No existe de todas formas unanimidad. Así, a manera de ejemplo, vemos que el Panegírico es una defensa del imperialismo ateniense para Kessler40, mientras que para Jaeger41 y Bringmann42 no es así.
Dividiremos los aspectos de la política isocrática en dos apartados: política exterior (panhelenismo) y política interior.
I)
Panhelenismo
Los antecedentes han sido bien estudiados por G. Mathieu43. El poeta Píndaro44, el historiador Heródoto45 y, sobre todo, el comediógrafo Aristófanes46 habían hablado ya de la comunidad de los griegos y del peligro que representaba Persia. El arbitraje del gran rey persa sobre los asuntos griegos, concedido por la paz de Antálcidas el año 387 a. C. mientras Isócrates trabajaba en el Panegírico, ya había sido criticado47. El propio Platón sostenía que la misión de Atenas era luchar contra Esparta y Persia48.
Así pues, el ambiente existía y, cosa mucho más importante, ya Gorgias y Lisias habían compuesto discursos con los que intentaban aconsejar a los griegos sobre una política general. En las Olimpíadas del año 392, Gorgias pronunció su discurso Olímpico en un momento singular: Esparta estaba oficialmente en guerra con Persia, y Atenas también estaba enemistada con esta última, debido a que los persas retenían prisionero al almirante ateniense Conón. De este discurso sólo nos quedan fragmentos49, pero Filóstrato nos da las ideas principales: invitación a la concordia entre los griegos y a la lucha contra los persas. Según el mismo Filóstrato un discurso fúnebre de Gorgias dedicado a los atenienses muertos durante las guerras médicas habría tenido idéntica finalidad.
En los juegos del año 388 a. C. Lisias pronunciaba su discurso Olímpico del que sólo se conserva el exordio y las ideas principales gracias a Dionisio de Halicarnaso50. Lisias criticaba la mala situación de Grecia de la que hacía culpables a los espartanos; consideraba como enemigos comunes de todos los griegos a los persas y a los tiranos, y exhortaba a luchar contra estos últimos, sobre todo en Sicilia y en la Magna Grecia. El efecto del discurso de Lisias fue tan grande que, según Diodoro de Sicilia51, los enviados del tirano Dionisio de Siracusa, presentes en los juegos, fueron excluidos de la fiesta olímpica.
Ahora bien, ni Gorgias ni Lisias habían indicado cómo se conseguiría la concordia entre los griegos para luchar en común, y Lisias, como vimos, se interesaba más por una campaña occidental que por la asiática.
Isócrates, pues, se encuentra con estos antecedentes. De sus obras podemos considerar fundamentalmente panhelénicas los discursos Panegírico y Filipo, así como las cartas a Dionisio de Siracusa y a Arquidamo. Estas cartas y el Filipo podrían separarse del Panegírico por coincidir en ellos que Isócrates encarga la dirección de la campaña a monarcas y ya no a una ciudad.
Empezaremos por el Panegírico, obra de larga elaboración52, que se dio a conocer el año 380 a. C. Isócrates recuerda los discursos de Gorgias y Lisias y anuncia su intención de mejorarlos (3-5, 15). Critica la dominación espartana (122-128), aunque a continuación temple esta crítica (129-130)53, así como a los partidarios de Esparta (110-114) y alaba el buen gobierno de Atenas (20-25), con una larga justificación mítico-histórica (28-99). La defensa del imperialismo ateniense durante la liga áticodélica es clarísima (100-109)54, así como la propaganda en favor de la segunda liga marítima (20-22)55. Un aspecto tan sombrío como es la destrucción de los melios56 aparece justificado dos veces (100, 110)57. También es clara la alabanza del poderío naval sobre el terrestre (21). Queda de manifiesto el desprecio hacia el pueblo persa y su rey (138-156), así como la necesidad de atacarles rápidamente (164), sin respetar los tratados, que se critican con dureza (175-178).
Se habla de una hegemonía compartida por Atenas y Esparta (17-18, 185)58. Mikkola59 cree ver ya en el Panegírico (75-81) las ideas fundamentales de Isócrates sobre el caudillaje y sus virtudes, poniendo el discurso en relación con el Elogio de Helena y el Busiris.
El Panegírico, como ya indicaba P. Cloché60, presenta un lenguaje muy favorable a la democracia ateniense y hostil a las oligarquías y tiranías (105-106). Es curioso notar que entre los reproches que hace Isócrates contra la política espartana figure la alianza de Esparta con el tirano Dionisio de Siracusa (al que luego, como sabemos, requerirá para que se ponga al frente de la expedición contra Persia) y con el rey Amintas de Macedonia (126).
El discurso Filipo es del año 346, posterior por tanto en casi cuarenta años al Panegírico. En enero de ese mismo año se ha firmado la paz de Filócrates entre Atenas y Filipo para mantener el «statu quo». Pero Isócrates comprende que se trata de una paz poco estable (Filipo 8). Con un recuerdo al Panegírico (9), Isócrates toma de nuevo el tema panhelénico. La diferencia está en que ahora se pide a Filipo que logre la concordia entre las ciudades griegas y asuma la dirección de la guerra contra los persas. Filipo reúne todas las condiciones: puede hablar, actuar y goza de prestigio (13), su poder es omnímodo (15). Algunos discípulos de Isócrates han intentado disuadirle del proyecto de dar consejos a Filipo, porque ¿qué se puede aconsejar a quien ha realizado hazañas tan enormes? (17-22). Filipo debe lograr la armonía entre las cuatro ciudades griegas más importantes, Argos, Esparta, Tebas y Atenas, con las que le unen lazos profundos (30-34), y que se encuentran en difícil situación (47-56). Tras poner como ejemplo de hombres que desde el infortunio lograron el éxito a Alcibíades (58-61), Conón (61-64), Dionisio de Siracusa (65) y Ciro el Grande (66), Isócrates anima a Filipo a lograr éxitos mayores, dado su origen y poder (67). Advierte de las críticas que se hacen contra el poderío de Filipo (73-77). No será difícil luchar contra el rey persa, ya que los recursos de Filipo son superiores (89-104). Isócrates emplea también la tradición históricomítica, alabando al padre de Filipo, Amintas (criticado, como vimos, en Panegírico 126) y a Heracles fundador de la dinastía (105-118). Filipo se hará dueño del imperio persa, o, en el peor de los casos, de las ciudades griegas de Asia Menor, establecerá colonias, asegurando a Grecia (119-127). No sólo se derivarán ventajas materiales, sino gloria (133-148). Isócrates cierra el discurso asignándose a sí mismo la tarea de aconsejar y a Filipo la de obrar (149-155). Son los mismos dioses los que han sugerido esta tarea al anciano Isócrates (149-151).
En el Filipo61, el programa del Panegírico aparece renovado. Ya no pueden tener la hegemonía las ciudades griegas, cuya incapacidad para conseguir la mutua concordia ha quedado de manifiesto durante el largo período entre ambos discursos. Nadie puede censurar a Isócrates porque haya propuesto la empresa a Filipo, ya que antes exhortó a Atenas sin obtener resultados (128-130). Isócrates se dirige ahora a Filipo no como un ateniense, sino como hombre por encima de las rivalidades de las ciudades, que actúa en interés de Grecia en su totalidad62. Por eso hace la alusión a Heracles, el prototipo griego, antepasado de Filipo. Además Filipo no está ligado a unas leyes, como ocurre con los habitantes de las ciudades (127) y puede actuar como le plazca (14).
¿Pensaba Isócrates en una federación de estados griegos bajo el mando de Filipo? Kessler63 cree que sí, y Bringmann64 opina que lo que pretendía es conservar la autonomía de las ciudades griegas que había peligrado por el imperialismo del siglo V y la política belicosa del IV. Tampoco cree en un abandono de la polis Heilbrunn65, quien ve la expedición panhelénica como un complemento y no una contradicción con los problemas de la ciudad. No creemos nosotros que Isócrates piense en la disolución de las ciudades-estados (es aún pronto para eso), pero sí en una federación de esas ciudades bajo el mando de Filipo. Éste conseguirá su unión por la persuasión (30) y será su bienhechor (154); la monarquía aparece sólo como forma de gobierno de los macedonios y de los pueblos que se liberen del dominio persa (154). No será difícil coaligar a las ciudades (57) y no cabe pensar en un poder absoluto de Filipo sobre ellas, como ya han dicho algunos difamadores (73-75). El comportamiento de los griegos con Filipo habrá de ser similar al de los espartanos con sus reyes (80), y se logrará mediante la amistad.
La Carta a Dionisio de Siracusa es del año 367. A ella vuelve a hacer referencia Isócrates en Filipo (81). Se ha enviado esta carta poco antes de la muerte de Dionisio; éste acaba de coronar una campaña contra los cartagineses por el dominio de Sicilia, empresa a la que Dionisio se dedicaba desde el año 398. Además, a comienzos del mismo año 367, el rey persa intentaba limitar la expansión de Atenas66. Isócrates intentaba utilizar la influencia de Dionisio contra las intrigas persas y la ambición tebana67 y tal vez reforzar su prestigio dando consejos al tirano que había escuchado a Platón. Aunque la carta está incompleta y no se menciona la campaña contra Persia, está clara la petición de que Dionisio combata por el bien de Grecia, haciéndose su líder (8).
La Carta a Arquidamo, rey de Esparta, la escribe Isócrates el año 356, uno después de la subida de Arquidamo al trono. Atenas se encuentra entonces en guerra con sus aliados de la segunda liga marítima, e Isócrates piensa ahora en Esparta para dirigir la campaña panhelénica; anima a Arquidamo recordándole cómo su padre, Agesilao, había tenido ya la idea de la expedición contra Persia. Luego expone la desdichada situación de Grecia (8-10) y las circunstancias excepcionales que se dan en Arquidamo para erigirse en paladín de los griegos (18-19).
En resumen, los cuatro documentos panhelénicos de Isócrates que poseemos presentan los siguientes rasgos:
1) La concordia de los griegos se logrará marchando contra Persia, enemigo tradicional de Grecia (bajo la hegemonía de Atenas en el Panegírico, y la de príncipes no atenienses en los demás).
2) A lograr este fin se han dedicado ya otros oradores, pero Isócrates los mejorará (Paneg. 3-5). Los políticos profesionales han descuidado el tema y han de ser los alejados de la política quienes se ocupen de él (Panegírico 171). Este alejamiento de la política no implíca desconocimiento (Filipo 81-82), ni hace falta ocupar un cargo político para darse cuenta de la realidad (Filipo 81; Carta a Dionisio 9).
II)
Política interior, Politeía
¿Qué sistema de gobierno (politeía)68 era el preferido de Isócrates? Una lectura de sus discursos nos da una idea aparentemente contradictoria. Estos cambios de opinión han sido bien analizados por P. Cloché69: desde el Panegírico al Panatenaico Isócrates va variando constantemente; de un lenguaje muy democrático en el Panegírico (105-106) se pasa a un elogio de la monarquía en el Nicocles (12, 14-16), donde se la llama el mejor de los gobiernos. El Arquidamo es una alabanza a la oligarquía, en el Sobre la paz se critica a ciertos dirigentes de la democracia que pretenden el dominio del mar (3, 5, 9-11, 13-14, 36), aplaudido, como ya vimos, en el Panegírico. El Areopagítico presenta una añoranza de la antigua democracia del siglo VI a. C., la de Solón y Clístenes, con matices como son la de la cuestión de elección de los magistrados (claramente aristocrática para Cloché) en los parágrafos 24-27, y la aprobación sólo de las democracias bien organizadas (56-57, 60-61). Nueva muestra de respeto por la opinión de la mayoría en Sobre el cambio de fortunas 70. El Panatenaico supone otra vez un elogio de Esparta (109). Cloché finaliza su resumen viendo en Isócrates un partidario poco entusiasta de la democracia ateniense de su época, sin que tampoco lo sea de una oligarquía brutal.
Kennedy70, con mayor dureza, llama a Isócrates un intelectual sin convicciones firmes, un oportunista político. Las contradicciones entre la defensa del imperio naval de Atenas en el Panegírico, y su crítica en el Sobre la paz han sido también destacadas por Jaeger71.
Para nosotros Isócrates es, sencillamente, un político realista, cuya opinión política varía según los cambios de una época de rápidas transformaciones así como según la personalidad de los destinatarios de sus discursos.
Palabras como la oportunidad (kairós), lo conveniente (tò prépon), lo útil (tò sýmpheron) son constantes en sus escritos. Si a ello añadimos su agnosticismo religioso y su pesimismo sobre los hombres72 tendremos el retrato acabado del político realista.
Como hicimos al hablar de su panhelenismo, analizaremos en detalle los discursos que se pueden considerar de «política interior». Digamos, previamente, que coincidimos con Kennedy y Cloché en que las opiniones políticas expresadas en los discursos de su etapa de logógrafo no deben ser tenidas en consideración: son discursos de encargo para satisfacer a unos clientes. Si algunas de las ideas allí expresadas coinciden con el pensamiento isocrático posterior se trataría solamente de eso, de coincidencias. En el Arquidamo, del año 366 antes de Cristo, se contiene un elogio al sistema de gobierno espartano, la oligarquía. Se supone que lo pronuncia el propio Arquidamo ante la asamblea espartana73 y, aunque esto fuera sólo una ficción para hacer un ejercicio escolar, como pretendía Blass74, ¿iba a poner Isócrates en boca de Arquidamo, hijo del rey Agesilao, y futuro rey él mismo, convicciones democráticas?
De los discursos «chipriotas» A Nicocles (372), Nicocles (368) y Evágoras (365), el Nicocles presenta a la monarquía como el mejor sistema de gobierno. Igual que en el Arquidamo, este discurso se supone pronunciado por el propio rey Nicocles. Las democracias y oligarquías no resultan bien paradas (17-21). La monarquía es adoptada en caso de guerra incluso por aquellos que se gobiernan por sistemas políticos diferentes, como los espartanos y cartagineses (24); hasta los dioses tienen una monarquía (26).
Mucho interés tienen los discursos Sobre la paz (356) y Areopagítico (355). El momento histórico es grave para Atenas: Quíos, Rodas, Cos y Bizancio han desertado de la segunda liga marítima y se encuentran en guerra con Atenas. Isócrates lanza en Sobre la paz duros ataques contra los oradores populares, los demagogos, que prometen imposibles (3-7, 13-121) y reciben dinero por hablar así (36). La democracia que provocó la guerra del Peloponeso es condenada (37), se ataca constantemente la política de agresión (8, 12, 91-92) y el imperio marítimo, causa de la ruina de Atenas (64, 78, 94). Lo que importa es la seguridad, la abundancia material, la mutua concordia y el prestigio entre los griegos (19).
El discurso «Areopagítico» es una exaltación del gobierno de los padres, de la pátrios politeía, la de Solón y Clístenes (16)75; no son las murallas sino el buen gobierno el que trae éxitos y los mantiene (13), porque el gobierno es «el alma de la ciudad» (14). Era aquélla una ordenada democracia (20) porque para los cargos públicos se elegía a los mejores y más capaces y no a cualquiera (21-27). Todo esto se consiguió gracias a la educación, sobre todo la de los jóvenes (41-45), quienes se mantenían alejados de la política activa (48). Esta educación de los jóvenes era en el pasado tarea del tribunal del Areópago, al que pertenecían por nacimiento o mérito los mejores ciudadanos.