Czytaj książkę: «Sujeto migrante»

Este libro otorga sentido a conceptos tales como Imaginario-Social, Histórico-Social. Complejidad, Pensamiento Nómade y Sedentario y otros referentes sociales y filosóficos, así como también a conceptos del Psicoanálisis. Es interesante el articulado que fue forjando la autora a través de un colorido prisma con su singular mirada atenta y profunda.
En lenguaje rico en significado y en estilo Isabel Edenburg nos invita a transitar por senderos variopintos de lo recogido y elaborado en el análisis de sujetos distintos afectados por migración. Así es que somos testigos de transcursos personales tanto inesperados como sorprendentes que nos muestran cuan variados son los recorridos de quienes deciden migrar. Es un trabajo de intersecciones y vectores imposibles de aislar, en un despliegue de apretado abanico en los devenires de cada proceso de análisis salpicado de creatividad e imaginación.
Libro importante en nuestra era de migraciones. Excluidos, refugiados, relocalizados, sojuzgados o inspirados por ideologías, que ante peligros de vida o urgidos por necesidades indispensables abandonan sus casas para formar hogares en otro suelo.
En un caleidoscopio donde sujetos asocian sus paisajes en lenguas diferentes al del encuentro clínico se desgranan relatos a partir de un trabajo inusual por lo diverso. El deseo de cambio es propiciado por la demanda de análisis de los sujetos procesando su migración. La narrativa se enriquece con historias peculiares de los protagonistas provenientes de distintas geografías. Además de rico y profundo es un texto que se lee con placer gracias a la prosa fluida que a veces linda con lo poético.
Betty Blanck Berger
Psicoanalista y psicóloga clínica
Sujeto migrante
Reflexiones y relatos más allá de la clínica
Isabel Edenburg

Colección Psicoanálisis, Sociedad y Cultura

ColecciónPsicoanálisis, Sociedad y Cultura
Diagramación E-book y tapa: Mariana Battaglia
| Edenburg, Isabel Sujeto migrante : reflexiones y relatos más allá de la clínica / Isabel Edenburg. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Topía Editorial, 2020. Libro digital, PDF - (Psicoanálisis, sociedad y cultura / 43) Archivo Digital: descarga ISBN 978-987-4025-43-2 1. Terapia Psicoanalítica. 2. Migración. 3. Trabajadores Migrantes. I. Título. CDD 150.195 |
© Editorial Topía, Buenos Aires 2020.
Editorial Topía
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SUJETO MIGRANTE
Reflexiones y relatos
más allá de la clínica
Isabel Edenburg

Colección Psicoanálisis, Sociedad y Cultura
INDICE
Agradecimientos
Nota Preliminar
A modo de introducción
REFLEXIONES
Imaginario social en procesos migratorios
Vivencias de los excluidos
Desarraigo y desamparo
Psicoanálisis y complejidad
RELATOS
Amores restituidos
Trabajadores transnacionales
Soledades sudamericanas
Más allá de la lengua y el habla
Recuerdos que habitan el cuerpo
La caída de la alfombra mágica
Nacidos y criados en el kibutz
Mandatos violentos
Subjetividades enfrentadas
A distancia
Bibliografía
Agradecimientos
A Bea Roter quien supo hacerme un lugar inmenso en su consultorio y su corazón abrigando así mi propia vivencia migrante.
A Betty Blanck Berger por su disponibilidad inclaudicable a leer y comentar cada línea y cada párrafo de este libro.
A Betty Dranovsky quien me tendió su mano con serena paciencia y me acompañó en todos los tramos de estas páginas, con un aporte amable y sabio.
A Lorena Cynthia Estrada quien leyó, comprendió y trabajó las entrañas de este libro.
A Shimon Edenburg e Itai Kot que de ser este libro un barco ellos serían sus navegantes.
A los grupos Tzevet y Supervisión Rioplatense por el trato tierno en mis vacilaciones.
Un agradecimiento especial y emocionado
A Santiago Kovadloff por su amable lectura de las primeras semblanzas y por su aliento a que siguiera escribiendo.
A todos ellos mi más profunda y sentida gratitud.
Isabel Edenburg
Nota Preliminar
Los relatos desarrollados en este libro respetan la lógica de aquello que se dio en la clínica. Aun así, admiten ciertas transformaciones que permiten sostener la discrecionalidad y la reserva de aquello que fue un abordaje terapéutico. Se trata de secuencias narrativas referidas a migrantes que residen en Israel. Se despliegan en un más-allá de la clínica, en aquello que reviste importancia a partir de la puntuación de los efectos psicológicos producidos por la migración. Todos los nombres son ficticios, así como ciertos aconteceres donde priman mi fantasía posterior y mi pensamiento en escenas. El concepto de Sujeto es tomado como sujeto de un análisis en lo que se dispara de contenidos inconscientes. Se trataría entonces de un sujeto sujetado a su inconsciente. Y también Migrante en tanto se prima en alguien el hecho de no residir siempre en el lugar que lo vio nacer y crecer. Las reflexiones que se presentan a continuación intentan ahondar en un posicionamiento teórico basado en lecturas y orientaciones que denotan una manera de concebir la clínica y sus efectos de sentido. Los relatos constituyen un caleidoscopio multiplicante de episodios que se dieron alguna vez. Son reescrituras y multiplicaciones dramáticas que aspiran, a su vez, a ser multiplicadas por los lectores.
A modo de introducción
Porque poniéndome en su lugar puedo imaginar su estado de ánimo. Abandonar la hermosa patria, los queridos parientes, el más bello entorno, las ruinas de las inmediaciones; no sigo, porque de otro modo me pondría tan triste como usted; lo que debe abandonar, usted lo sabe mejor que nadie.
Sigmund Freud1
Estoy inclinada sobre una valija en un corredor del aeroparque Jorge Newbery. Es el 21 de febrero de 2001. La valija había cerrado antes, pero ahora ya no cierra; no encuentro manera de acomodar los objetos que hay en ella. A mi alrededor, hay doce personas, entre familiares y amigos, que miran la escena inmóviles y visiblemente emocionados. Uno de ellos intenta tomar la palabra, y esgrime una estimación acerca de la medida de la valija y la medida de todas las cosas. “Es imposible”, dice, “no entran”. Yo insisto en acomodarlas, hasta que acepto lo irremediable y empiezo a sacar lo que rápidamente decido que quedará en Buenos Aires: unos palos que alguien me entregó como parte de un perchero desarmable, unas vasijas de cerámica y algunas prendas que ya no voy a usar. Mientras elijo y descarto, dos manos a mi lado me ayudan en la tarea. Una integrante del grupo allí reunido pudo articular su cuerpo y se inclinó conmigo ante la valija. Es una amiga querida que, viendo mi necesidad imperiosa de resolver allí, en ese preciso instante, lo que finalmente llevaría, acudió en mi ayuda. Se lo agradeceré por siempre, ella lo sabe. Habiéndome despedido de cada uno de los que un momento antes habían formado un círculo alrededor mío y de mi valija, paso al otro lado, al lugar donde queda definido que ya no hay marcha atrás, al corredor previo al embarque. Allí todo lo veo azul, quizás por el reflejo del sol… ¿o será este el color de mis recuerdos? ¡Cuánto amor me llevo, y cuánta incertidumbre me abruma!
De repente, vi a una señora muy elegante que se dirigía hacia mí y reconocí rápidamente su mirada. Era ella la heroína de la lucha contra los colaboracionistas de los nazis en tiempos de la Shoah, devenida ahora en una impecable mujer mayor que regresaba de Punta del Este. Nos saludamos, y al enterarse de que yo estaba allí porque había decidido migrar a Israel y hacer aliyá2 por segunda vez en mi vida, soltó una lágrima y salió corriendo hacia uno de los negocios que tenía sus puertas abiertas. Me quedé absorta. Nucha estaba allí despidiéndome. La misma que había hecho mil senderos hasta llegar a Buenos Aires y que solía emocionarse ante las banderas celestes y blancas. Por más hermosa que se viera, siempre la imaginaba vestida de harapos y portando la estrella de David de color amarillo. Sentí que algo la había espantado. Mientras mi imaginación corría veloz, ella ya volvía llevando en sus manos un perfume que había comprado en ese instante. Me entregó su regalo y me deseó un buen viaje. Yo vi en ese perfume una antorcha que ella me pasaba. Me lo había transmitido con su mirada, tierna y sostenida. Ella ya no se iría, y sin embargo, en ese instante de la entrega, se estaba yendo a Israel conmigo. Crucé la puerta de embarque estremecida, sabiendo que ya no volvería a vivir en mi ciudad… una etapa importante de mi vida quedaba atrás definitivamente.
Isabel Edenburg
1 Freud, S. (1992). Cartas de juventud (1871-1881) (p. 307). Barcelona: Gedisa. (1941)
2 En hebreo, “ascenso”; término utilizado para nombrar la inmigración judía a Israel.
REFLEXIONES
Imaginario social en procesos migratorios
Cuando alguien decide migrar, se expone a un cambio radical. En la toma de decisión, así como en la posterior salida de su lugar de origen o de crianza, se inician una travesía y un proceso de pasaje de intensa complejidad. El procesamiento de tales cambios se va dando en la realidad de un nuevo entorno, en el campo subjetivo, en los nuevos lazos sociales y en las modificaciones de las coordenadas de tiempo y espacio. Es insoslayable la vivencia de cierto caos en las primeras etapas, a partir de la llegada, frente a tantos estímulos nuevos a decodificar. El trabajo de elaboración entre aquello que queda atrás y lo nuevo que se impone como realidad dará cuenta de sensaciones, percepciones y vivencias intensas en los nuevos afrontamientos de aprendizaje e inclusión. Debido a que todo el entorno es novedoso y desconocido, al abordar un nuevo suelo siempre habrá cortes ineludibles en las vivencias de continuidad, los cuales requerirán un trabajo continuo de elaboración de duelos. Así como en toda situación de cambio, el modo en que se produzca la migración y la forma en que haya sido tomada la decisión de acuerdo a motivaciones conscientes e inconscientes irán generando efectos singulares. Las vicisitudes específicas en la aceptación de las diferencias se producirían no sin un paso previo: su reconocimiento. Las modalidades con las que se habita cada tránsito de una orilla a otra de la aceptación son construcciones móviles y continuas. La tramitación de lo nuevo, ya sea el idioma, las costumbres, la gestualidad, los diseños ligados a la moda o las usanzas del lugar, irá dando forma y a la vez deformando las imágenes a interiorizar. Es incesante el movimiento de asimilación y acomodación necesario para aprender y aprehender la nueva realidad. A veces pueden suscitarse trabajosos duelos que conviven con el proceso de inserción en nuevos circuitos de comunicación e interacción. Los vínculos afectivos de cada sujeto que se encuentra tramitando su migración, así como sus niveles de tolerancia a la frustración, constituyen elementos que formarán parte del proceso de elaboración de pérdidas. Esto se debe a que, en los procesos que acompañan el pasaje de un territorio a otro, habrá que procesar aquello que fue antes en el tiempo, en coordinación con devenires en otros espacios. Se trata de una tarea trabajosa, ya que tales intersecciones témporo-espaciales se encuentran en transposición. Es así que a partir de los desplazamientos geográficos, los conflictos psíquicos y relacionales previos se exponen a diferentes grados de tensión y cuestionamiento.
Hay un concepto que resulta particularmente interesante de interpelar en este intento de conceptualizar las intersecciones entre devenires psíquicos en movilidades geográficas. Se trata de aquello a lo cual Cornelius Castoriadis (1993) -psicoanalista y filósofo de origen turco y griego radicado en Francia- le dedicó especial énfasis, definiéndolo como “imaginario social”. Cabe preguntar: ¿Cómo se producen en cada sujeto migrante efectos de sentido ante los cambios de predominancias del imaginario social en los movimientos de pasaje de un país a otro? Poner a trabajar esta interpelación conceptual incluye formularse algunas preguntas en torno al campo de manifestaciones subjetivas y socioculturales. ¿Qué aspectos se pondrían en juego en las situaciones de adaptación a un país nuevo, donde los códigos que circulan no pertenecen al mundo de significaciones propias del imaginario social que cada sujeto porta como correlato de su impronta compartida en otras coordenadas? ¿En qué difiere de las modalidades significativas que atraviesan el imaginario social instituido e instituyente en el país de arribo? ¿Cómo se van instituyendo nuevas significaciones en esa hibridación necesaria para sobrevivir al cambio en procesos migratorios de sujetos migrantes?
Algunos analizadores darían cuenta del atravesamiento en el campo subjetivo y en el de las organizaciones sociales, tanto como sus efectos en el imaginario social en poblaciones de migrantes. Indagando especificidades en los procesos migratorios, con especial énfasis en las incidencias psicológicas y sociales, podría decirse que hay otro corte de continuidad requerido, y es el que se refiere a cada sujeto migrante, con su propio histórico-social. Esto incluye aconteceres en el campo del sujeto y en el interjuego de los lazos sociales que promueven articulaciones posibles de distintos imaginarios sociales de conjuntos comunitarios diferentes. No debe soslayarse, sin embargo, la herida narcisista que supone la renuncia a preservar modalidades internalizadas que no consuenan ni resuenan con las del nuevo entorno. Si tomamos a modo de ejemplo los grupos identitarios, se observan en ellos predominancias que los caracterizan y que insisten no solo desde la lógica subjetiva, sino también desde otras lógicas, tales como la que posibilita un análisis psicosocial. Desde esta perspectiva, emerge la insistencia, siempre parcial, de aquello que hace que un colectivo anónimo fluya de una determinada manera y no de otra.
Cornelio Castoriadis (1993), en su conceptualización en el terreno de lo histórico-social, considera la noción de imaginario social como producción de un conjunto de significaciones que se precipitan en cada situación. Se trata de significaciones en diversos órdenes, tales como lo económico, lo familiar, lo comunitario o lo nacional, que tienen aspectos cerrados en tensión con un continuo devenir. Estas significaciones son inmanentes a cada sociedad, sostienen y son sostenidas por un imaginario compartido y por sus expresiones diversas en la producción social de cada conjunto identitario. La creatividad en cuanto movimiento que condiciona y orienta el hacer y el representar sociales, “es un río abierto del colectivo anónimo, aquello que hace que cada sociedad sea lo que es” (p. 219). En este sentido, difiere del concepto de “representación psíquica” ampliamente desarrollado por Sigmund Freud (1926) y del de “imaginario” como registro desarrollado por Jacques Lacan (1953). Se trata de distintos planos de análisis, donde converge lo subjetivo desde lo más profundo de un sujeto singular con los efectos de sentido, atravesados estos por un imaginario social compartido. Castoriadis (1993) recurre a un ejemplo particularmente atractivo en relación con el imaginario social de los judíos y la elección del candelabro de los siete brazos. Explica el autor que no alcanzaría con una conceptualización funcionalista que buscara la razón de ser de este objeto en la necesidad de alumbrar. Ese no-sé-qué de que sean siete, y no tres ni nueve, representa el mito compartido, el aspecto que no cede a ninguna explicación clausurante. Es lo que daría cuenta del imaginario social de un conjunto identitario, es decir, ese no-sé- qué de los códigos internalizados y compartidos que emergen, por ejemplo, en un símbolo identificante.
En la vida de un sujeto migrante, el cambio de radicación no deja de hacer mella en su imaginario social. Es más, apunta a un crucial desafío de adaptación crítica a la nueva realidad. Se trata, ni más ni menos, que de un cambio de conjunto identitario, una herida en su imaginario radical que lo fue constituyendo en el país de crianza y en las expresiones del imaginario colectivo de todo un acervo cultural. En definitiva, se ponen en juego devenires mucho más complejos que el propio acto de pasar de un país a otro. Advienen procesos de afrontamiento continuo que incluyen significaciones sociales desconocidas para un sujeto que porta un histórico-social compartido con otros sujetos en otras coordenadas. El devenir migrante incluirá ensamblajes de nuevas codificaciones a aprender, más allá de los estudios formales de idiomas y costumbres. Se impone un trabajo de incorporación -no sin rechazos- de aspectos provenientes del imaginario colectivo del país de elección en tanto persona singular estableciendo lazos sociales, procesando su migración. No solo se despliega una actitud creativa, sino también devenires que fluyen a la manera de un “pensamiento nómada” al decir de Gilles Deleuze y Félix Guattari (1997). Se trata de aperturas sin las cuales el síntoma, la enfermedad o el aislamiento arrinconan la posibilidad de promover la elaboración del duelo y una adaptación activa a la realidad, tal como lo formuló Pichón Rivière (Zito Lema, 1985). En el mundo de las expresiones culturales, insiste la tensión entre lo conocido y lo pasible de conocer, en tanto condiciones de posibilidad, ya sea gestando nuevas modalidades subjetivas o, como suele decirse en Israel, “pensando por fuera de una caja”. Se activa un interjuego entre lo que está normativizado y aquellas expresiones de colectivos en construcción que apelan a sus imaginarios compartidos y a la creatividad en sus acciones. En este sentido, la creatividad se constituye como reverso o conjugación con un síntoma.
En la clínica, los procesos migratorios que tienen lugar en sociedades multiculturales requieren un trabajo de acomodamiento recíproco que, en este caso, incluye tanto el país de proveniencia del analista como el país de proveniencia del paciente o el de sus padres. Se pondrán de manifiesto el acervo cultural explícito e implícito, más el imaginario social radical e instituyente que los atraviesa en tanto analizante y analista, portando imágenes de distintos confines de la tierra con manifestaciones desconocidas entre sí. El campo que los implica incluye un resto que inevitablemente quedará sin decodificar en lo que respecta a lo que cada uno porta en su imaginario de conjunto, originado en un “allí y entonces” de donde cada uno proviene. Los psicoanalistas migrantes solemos tener recorridos diversos, y por lo tanto nos singularizamos en la complejidad. Sin embargo, independientemente de las habilidades profesionales de cada uno y de su aplicada formación, hay momentos en los que, quizás desde una fantasía de cuidar lo propio frente al extranjero, el hecho de que el analista sea migrante llevaría a que, más de una vez, ciertos analizantes se retiren abruptamente de los tratamientos. Esto podría deberse a una insoportabilidad en la diferencia expresada en la lengua, el habla, la memoria social o las decodificaciones implícitas. Concomitantemente a ello, otras veces aparece una expectativa jerarquizante en el hecho de analizarse con alguien que viene de afuera, una especie de privilegio. Así es como, en sesión, los imaginarios sociales de los países de origen y de arribo devienen transferencia en el espacio compartido de un análisis, y de este modo promueven eso irrepetible que produce efectos inesperados, entre otros, el de la cura. Esta conceptualización parte desde la perspectiva de que lo que trae a alguien a consulta es siempre algún padecer, algo que produce dolor o sufrimiento, y en este sentido podríamos decir que reviste un carácter universal. Ese alguien, en cuanto sujeto singular, estará buscando alivio al acudir a un análisis donde prima la palabra. Se trata de incluir los puntos de intersección en la escucha, referidos no solo a los imaginarios convergentes y/o divergentes, sino también a las caídas de discurso en los atravesamientos de la intertextualidad. Tanto en sus aspectos conscientes como en lo que permanece inconsciente, los contenidos a analizar formarán parte de lo que insistirá como repetición o de lo que no puede tramitarse bien: dolores de migrante buscando incluirse en la cultura de un país diferente o en tensión con sentimientos de rechazo que pueden llegar hasta el repudio. Darán cuenta de ello expresiones verbales y corporales, síntomas, sueños y actos fallidos que en la asociación libre por parte del paciente, así como en los señalamientos e interpretaciones aportados por el analista, adquirirán nuevos sentidos. El análisis transcurrirá en el trabajo que apunte a desentrañar el sentido de los síntomas, así como también en las interfaces de los encuentros y los desencuentros, encarnado en una tarea que se propone terapéutica, compleja y proactiva.
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