Czytaj książkę: «Historia. Libros VIII-IX»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 130

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por BEATRIZ CABELLOS ÁLVAREZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1989.
www.editorialgredos.com
PRIMERA EDICIÓN , 1989.
REF. GEBO240
ISBN 9788424931698.
LIBRO OCTAVO
URANIA

SINOPSIS
SEGUNDA GUERRA MÉDICA : FIN DE LAS OPERACIONES MILITARES DEL AÑO 480/479 A . C. (1 -144 ).
Batalla naval de Artemisio (1 -25 ).
Enumeración de los efectivos griegos. La cuestión del generalato (1 -3 ).
Intervención de Temístocles para evitar la retirada de la flota griega (4 -5 ).
Maniobra envolvente de la escuadra persa mediante el envío de un contingente a circunnavegar Eubea (6 -7 ).
Escilias de Escione informa a los griegos del plan persa (8 ).
Primer enfrentamiento naval, con victoria griega (9 -11 ).
Violenta tempestad que destruye el contingente persa destacado para rodear a los griegos (12 -13 ).
Segundo enfrentamiento naval, con victoria griega (14 ).
Tercer enfrentamiento naval, que termina con resultado indeciso (15 -17 ).
Retirada de la flota griega, informada del triunfo persa en las Termópilas. Artimaña de Temístocles para intentar conseguir que jonios y carios abandonen a Jerjes (18 -22 ).
La flota persa alcanza Eubea (23 ).
Jerjes exhibe los cadáveres de los griegos caídos en las Termópilas, ocultando a la flota la magnitud de sus propias bajas (24 -25 ).
Avance persa por Grecia Central (26 -39 ).
Nuevo ejemplo del talante de los griegos (26 ).
Excurso sobre la ancestral enemistad entre tesalios y focenses (27 -30 ).
Los persas conquistan Dóride y Fócide, penetrando en Beocia (31 -34 ).
Delfos se salva milagrosamente del ataque persa (35 -39 ).
La flota griega fondea en Salamina (40 ).
Evacuación del Ática (41 ).
Enumeración de las fuerzas navales griegas, con datos étnicos sobre los diversos contingentes (42 -48 ).
Los generales griegos celebran consejo, decidiendo, inicialmente, abandonar Salamina y dirigirse al Istmo de Corinto (49 ).
Jerjes ocupa Atenas, donde sólo la Acrópolis resiste por un tiempo (50 -55 ).
Pánico en la flota griega (56 ).
Temístocles, a instancias de Mnesífilo, persuade a Euribíades para que convoque una nueva reunión de los generales griegos (57 -58 ).
Pese a la oposición de Adimanto, Temístocles convence a los aliados para librar batalla naval en aguas de Salamina (59 -63 ).
Batalla de Salamina (64 -96 ).
Antecedentes inmediatos de la batalla (64 -82 ).
Los griegos se encomiendan a los dioses (64 ).
Prodigio, favorable a los helenos, acaecido en Eleusis (65 ).
La flota persa llega a Falero (66 ).
Jerjes celebra consejo con sus almirantes y, pese a la oposición de Artemisia, decide presentar batalla en Salamina (67 -69 ).
Primeros movimientos de la flota persa (70 ).
Los peloponesios fortifican el Istmo de Corinto ante un posible ataque del ejército persa (71 -73 ).
Digresión etnológica sobre el Peloponeso (73 ).
Descontento entre parte de la flota griega por la decisión de librar batalla en Salamina (74 ).
Estratagema de Temístocles para evitar que la flota aliada se retire al Istmo (75 ).
La flota persa inicia una maniobra envolvente y ocupa Psitalea (76 ).
Oráculo de Bacis favorable a los helenos (77 ).
Aristides informa a los generales griegos de la maniobra persa (78 -82 ).
Desarrollo de la batalla (83 -96 ).
Temístocles arenga a las dotaciones (83 ).
Maniobra griega para romper la formación enemiga (84 ).
Bravo comportamiento de los jonios (85 ).
Victoria griega (86 ).
Artemisia sobrevive al acoso adversario (87 -88 ).
Desorden entre las naves persas (89 ).
Calumnias de los fenicios contra los jonios (90 ).
Huida persa (91 ).
Incidente entre Polícrito y Temístocles (92 ).
Los griegos más destacados (93 ).
Comportamiento de los corintios (94 ).
Aristides, al frente de hoplitas atenienses, aniquila a los persas desembarcados en Psitalea (95 ).
Los griegos, vencedores, regresan a Salamina (96 ).
Jerjes proyecta huir de Grecia (97 ).
Excurso sobre el sistema de correos empleado en Persia (98 ).
Impresión causada en Susa por la derrota (99 ).
Jerjes, ante los consejos de Mardonio y Artemisia, decide retirarse dejando al primero en Grecia al frente de parte de las tropas (100 -103 ). Digresión sobre el eunuco Hermotimo (104 -106 ).
La escuadra persa zarpa de Falero (107 ).
La flota griega en persecución de la persa. Campaña de los aliados en las Cícladas (108 -112 ).
Mardonio decide invernar en Tesalia. Retirada de Jerjes (113 -120 ).
Los griegos se reparten el botín obtenido en Salamina. Temístocles es homenajeado en Esparta (121 -125 ).
Ante la sublevación de Palene, Artabazo toma Olinto y asedia Potidea (126 -129 ).
Preparativos persas y griegos para proseguir la guerra: la flota persa apareja en Samos y la griega en Egina (130 -132 ).
Mardonio, desde Tesalia, manda consultar los oráculos (133 -135 ).
Mardonio envía a Atenas, en calidad de embajador, a Alejandro de Macedonia para entablar negociaciones de paz (136 ).
Origen de los reyes de Macedonia (137 -139 ).
Atenas rechaza la oferta de Mardonio (140 -144 ).

VARIANTES RESPECTO A LA EDICIÓN OXONIENSIS DE HUDE



Batalla naval de Artemisio. Enumeración de los efectivos griegos. La cuestión del generalato
Los griegos 1 que integraban la flota [ 1 ] eran los siguientes 2 : ante todo, los atenienses, que aportaban ciento veintisiete naves 3 (pese a su inexperiencia marinera, los plateos 4 , haciendo gala de su valor y de su entusiasmo, figuraban entre las dotaciones de los navíos atenienses). Los corintios, por su parte, aportaban cuarenta naves, y los megareos, veinte [2] Los calcideos también equipaban veinte (quienes les facilitaban las naves eran los atenienses 5 ); los eginetas, dieciocho; los sicionios, doce; los lacedemonios, diez; los epidaurios, ocho; los eretrieos, siete; los trecenios, cinco; los estireos, dos; y los de Ceos, dos trirremes y dos penteconteros. Además, los locros opuntios acudieron en su ayuda con siete penteconteros 6 .
Estas eran, en definitiva, las fuerzas presentes en Artemisio 7 [ 2 ] (ya he indicado la cantidad de naves que aportaba cada Estado 8 ), siendo el número de los navíos allí reunidos, sin contar los penteconteros, doscientos setenta y [2] uno 9 . Por otra parte, fueron los espartiatas 10 quienes proporcionaron el general que poseía la autoridad suprema (se trataba de Euribíades 11 , hijo de Euriclides), pues los aliados habían manifestado que, si los laconios 12 no ejercían el mando, no obedecerían las órdenes de los atenienses, sino que renunciarían a la expedición que iba a organizarse.
Resulta que, en un principio 13 , antes incluso de enviar [ 3 ] emisarios a Sicilia para conseguir apoyo militar 14 , se había hablado 15 de que convendría confiar la dirección de la flota a los atenienses. Pero, ante la disconformidad de los aliados, los atenienses transigieron, porque su principal deseo era que Grecia se salvase 16 y porque comprendían —siendo su apreciación correcta— que, si se producía un altercado a propósito del mando, la Hélade sucumbiría, pues una disensión intestina es peor que una guerra que responda a un común objetivo, de la misma manera que la guerra es peor que la paz 17 .
Pues bien, en ese firme convencimiento, transigieron [2] sin oponerse, al menos 18 —como luego demostraron— mientras necesitaron imperiosamente a los aliados; de hecho, después de rechazar al Persa —cuando, a partir de entonces, pasaron a luchar por el control de sus dominios 19 —, privaron a los lacedemonios de la hegemonía so pretexto de los excesos de Pausanias 20 . Pero eso ocurrió posteriormente.
Intervención de Temístocles para evitar la retirada de la flota griega
Entretanto, en aquellos momentos, [ 4 ] cuando los efectivos griegos que, a la sazón 21 , habían acudido hasta Artemisio vieron que, en Áfetas 22 , habían atracado numerosas naves, y que todo estaba lleno de soldados, se aterrorizaron (dado que la situación de los bárbaros 23 se les antojaba bien distinta de lo que esperaban 24 ) y proyectaron huir del Artemisio rumbo a [2] Grecia Central 25 . Entonces los eubeos, al tener conocimiento de lo que proyectaban, rogaron a Euribíades que aguardase cierto tiempo, hasta que ellos pudiesen evacuar a sus hijos y a sus familiares. Pero, en vista de que no lograban persuadirlo, recurrieron a Temístocles, el general de los atenienses, y, mediante el pago de treinta talentos 26 , lo convencieron 27 para que permaneciesen donde estaban y libraran la batalla naval al norte de Eubea 28 .
Por su parte, Temístocles consiguió retener a los griegos [ 5 ] de la siguiente manera: de la citada suma entregó a Euribíades cinco talentos 29 , como si, en realidad, se los diese de su propio peculio.
Una vez que Euribíades quedó convencido por su gesto, como quiera que Adimanto (hijo de Ocito), el general corintio, era el único estratego 30 que se resistía, afirmando que iba a zarpar del Artemisio y que no se quedaría, Temístocles, en esa tesitura, le dijo solemnemente: «Tú, [2] desde luego, no nos vas a abandonar, porque yo te daré más presentes de los que te podría enviar el rey de los medos si abandonaras a los aliados 31 ». Y, al tiempo que pronunciaba esas palabras, hizo que llevaran a la nave de [3] Adimanto tres talentos de plata. Ambos, en suma, se dejaron convencer, seducidos por sus regalos, y los eubeos quedaron satisfechos, pero fue Temístocles quien, personalmente, salió ganando, pues, sin que se supiera, tenía en su poder el resto del dinero; es más, quienes recibieron parte de esa suma creían que [el dinero] había llegado, procedente de Atenas, con esa finalidad.
Maniobra envolvente de la escuadra persa, mediante el envío de un contingente a circunnavegar Eubea
[ 6 ] Así fue, en definitiva, como los griegos se quedaron en Eubea y presentaron batalla naval, que se desarrolló de la siguiente manera: tras haber arribado a Áfetas a primera hora de la tarde 32 , los bárbaros, que ya se hallaban informados de antemano de que, en las inmediaciones del Artemisio, montaba guardia un pequeño contingente de naves griegas 33 , y que en aquellos instantes pudieron divisarlas con sus propios ojos 34 , estaban ansiosos por pasar al ataque, para intentar capturarlas.
Ahora bien, consideraban que, en aquellos momentos, [2] no convenía abordarlas frontalmente, pues, en concreto, temían que, si los griegos advertían su maniobra, consiguieran darse a la fuga, y que la noche encubriese su retirada —con lo que, indefectiblemente, lograrían escapar—, cuando, según sus palabras, ni siquiera el portador del fuego debía escapar con vida 35 .
[ 7 ] De ahí que, a tal efecto, tomaran las siguientes medidas: del total de la flota escogieron doscientas naves 36 y, a fin de que no pudiesen ser avistadas por el enemigo mientras costeaban Cafareo y doblaban Geresto 37 , circunnavegando Eubea, las enviaron a rodear Escíatos por el Norte 38 , rumbo al Euripo 39 , al objeto de cercar a los griegos: los navíos llegados por esa ruta les cortarían la retirada, en tanto que ellos se lanzarían en su persecución, hostigándolos 40 de frente.
[2] Tras haberse decidido por ese plan, hicieron que las naves encargadas de esa cuestión zarpasen, pues el grueso de la flota no tenía el propósito de atacar a los griegos ese día 41 , ni antes de que los expedicionarios estuviesen en condiciones de transmitirles la señal de su llegada 42 . Así pues, enviaron esas naves a rodear Eubea; y, en Áfetas, procedieron al recuento del resto de la flota 43 .
Escilias de Escione informa a los griegos del plan persa
Entretanto, mientras los persas procedían [ 8 ] al recuento de sus naves, se encontraba en su campamento Escilias de Escione 44 , a la sazón el mejor buzo del mundo (este personaje, con ocasión del naufragio que se produjo a la altura del Pelión 45 , ya había rescatado para los persas numerosos tesoros, aunque, personalmente, se había apropiado de otros muchos), quien, por lo visto, tenía el propósito, desde hacía ya tiempo, de pasarse a los griegos, pero resulta que, hasta aquel momento, le había sido imposible.
Pues bien, no puedo indicar con exactitud cómo acabó [2] llegando finalmente al bando griego, pero me pregunto, lleno de perplejidad, si lo que se cuenta es cierto, porque, según dicen, se zambulló en el mar en Áfetas y no emergió hasta que llegó al Artemisio, tras haber recorrido bajo el agua los ochenta estadios 46 , poco más o menos, que hay de distancia. Con respecto a ese sujeto, se cuentan, asimismo, [3] otras hazañas que parecen falsas, y algunas que son ciertas 47 ; acerca de este episodio, sin embargo, he de manifestar que, en mi opinión, Escilias llegó al Artemisio en una barca. Y, a su llegada, informó inmediatamente a los estrategos sobre el alcance del naufragio y sobre las naves enviadas a circunnavegar Eubea 48 .
Primer enfrentamiento naval, con victoria griega
Al oír su declaración, los griegos mantuvieron [ 9 ] un cambio de impresiones. Las intervenciones fueron numerosas, pero prevaleció la tesis de permanecer aquel día donde estaban anclados 49 , para, acto seguido —pasada la medianoche—, zarpar a fin de salir al encuentro de las naves que estaban rodeando la isla 50 . Pero, posteriormente, en vista de que nadie arrumbaba contra ellos, aguardaron hasta bien entrada la tarde y se hicieron a la mar para atacar a los bárbaros 51 , con ánimo de poner a prueba su manera de combatir y de maniobrar 52 .
[ 10 ] Al verlos lanzarse al ataque con pocas naves, los soldados de Jerjes, incluidos sus generales, pensaron que se habían vuelto completamente locos 53 , y, por su parte, también hicieron que sus naves ganaran mar abierto, considerando —consideración perfectamente lógica— que iban a derrotarlas con facilidad, pues veían que los navíos griegos eran realmente escasos, mientras que los suyos eran mucho más numerosos y más veleros 54 . En ese convencimiento, intentaron rodearlos formando un círculo.
Pues bien, todos los jonios 55 que abrigaban simpatía [2] hacia los griegos, y que figuraban a la fuerza entre los expedicionarios, se sentían sumamente apenados al verlos a punto de ser cercados, convencidos de que ninguno de ellos lograría regresar a sus bases (tan precaria se les antojaba la situación de los griegos). En cambio, todos y cada [3] uno de quienes se alegraban por lo que estaba sucediendo rivalizaban por ser los primeros en capturar personalmente una nave ática, para recibir del rey una recompensa; pues, entre la flota persa, el prestigio de los atenienses era enorme.
Cuando los griegos recibieron la señal, lo primero que [ 11 ] hicieron fue orientar sus proas hacia los bárbaros y, con las popas reunidas, formar un círculo 56 . Posteriormente, al recibir una segunda señal, entraron en acción, a pesar de que habían sido encerrados en un reducido espacio y tenían que atacar de frente 57 . Acto seguido, apresaron [2] treinta naves [de los bárbaros], así como a Filaón, hijo de Quersis, que era hermano de Gorgo, rey de los salaminios 58 , y que en la flota persa gozaba de prestigio. El primer griego que capturó un navío enemigo fue Licomedes de Atenas 59 , hijo de Escreo, por lo que este personaje [3] recibió el premio al valor. Finalmente, la caída de la noche hizo que quienes libraban esta indecisa batalla naval se retiraran; así que los griegos pusieron rumbo al Artemisio, y los bárbaros a Áfetas tras haberse batido con un desenlace totalmente imprevisto.
En el transcurso de esta batalla naval, Antidoro de Lemnos fue el único griego al servicio del rey que se pasó a los helenos; de ahí que, por esa acción, los atenienses le concedieran una propiedad en Salamina 60 .
Violenta tempestad que destruye el contingente persa destacado para rodear a los griegos
Había ya oscurecido cuando, pese a [ 12 ] que era pleno verano 61 , se desencadenó una lluvia torrencial, que duró toda la noche, acompañada de estruendosos truenos procedentes del Pelión. Los cadáveres y los pecios eran arrastrados a Áfetas 62 , de manera que se amontonaban en las proas de los navíos e inmovilizaban las palas de los remos 63 . Por su parte, [2] los soldados que allí se encontraban 64 , al oír todo esto, eran presa del pánico, pensando, ante la gravedad de su situación, que iban a morir irremediablemente; pues, antes de haberse podido recuperar de los efectos del naufragio y de la tempestad desatada en las inmediaciones del Pellón, se habían visto inmersos en una encarnizada batalla naval, y, concluida la misma, los había sorprendido un tremendo diluvio, acompañado de torrentes, que afluían al mar con una furia incontenible 65 , y de estruendosos truenos 66 .
[ 13 ] Así transcurrió la noche para esos contingentes persas; pero, para los efectivos encargados de circunnavegar Eubea 67 , esa misma noche resultó todavía mucho más terrible, por cuanto los sorprendió mientras navegaban por alta mar, y tuvieron un fatal desenlace: al desencadenarse el temporal y la lluvia cuando, en plena travesía, se encontraban a la altura de las «Ensenadas» de Eubea 68 , se vieron arrastrados por el viento y, como no conocían la zona a la que eran empujados, acabaron chocando contra los escollos. Todo esto sucedía por voluntad divina, para que la flota persa se equilibrara con la griega y no gozase de una neta superioridad numérica 69 .
Segundo enfrentamiento naval, con victoria griega
Así pues, esos efectivos persas resultaron [ 14 ] aniquilados 70 en las inmediaciones de las «Ensenadas» de Eubea. Por su parte, los bárbaros que se encontraban en Áfetas, cuando —para su satisfacción— rayó el día, mantuvieron sus navíos inactivos, ya que, en medio de sus desgracias, se contentaban con mantenerse de momento a la expectativa 71 .
Entretanto, arribaron en socorro de los griegos cincuenta [2] y tres naves áticas 72 . Su presencia, entonces, aunada a la noticia —que coincidió con su llegada— de que todos los bárbaros que estaban circunnavegando Eubea habían resultado aniquilados a consecuencia de la tempestad que se había desencadenado, elevó la moral de los helenos. En consecuencia,, aguardaron hasta la misma hora que la víspera y zarparon para atacar a unos navíos cilicios 73 . Y, tras haberlos destruido, en vista de que estaba oscureciendo, pusieron de nuevo rumbo al Artemisio.
Tercer enfrentamiento naval, que termina con resultado indeciso
Al tercer día 74 , sin embargo, los almirantes 75 [ 15 ] bárbaros consideraron algo inadmisible que un número tan exiguo de naves les creara problemas y, temerosos al mismo tiempo de la reacción de Jerjes, no esperaron ya a que los griegos iniciaran las hostilidades, sino que realizaron los oportunos preparativos y, hacia el mediodía 76 , hicieron que sus naves ganaran mar abierto.
Y se dio la coincidencia de que estos enfrentamientos navales, y los librados por tierra en las Termópilas, tuvieron lugar en las mismas fechas 77 . (El supremo objetivo [2] de las fuerzas navales lo constituía la defensa del Euripo, al igual que la salvaguardia del desfiladero 78 lo era para Leónidas y sus hombres.) Los griegos 79 , en definitiva, se daban mutuos ánimos para impedir que los bárbaros penetrasen en la Hélade 80 , y éstos, por su parte, lo hacían para destrozar a la flota griega y adueñarse del control del Estrecho.
[ 16 ] Cuando los efectivos de Jerjes arrumbaron contra ellos en formación de combate, los griegos se mantuvieron a la expectativa en los aledaños del Artemisio 81 . Pero los bárbaros desplegaron sus naves en forma de media luna y trataron de efectuar una maniobra envolvente para rodearlos, por lo que, en esa tesitura, los griegos zarparon a su encuentro y trabaron combate 82 .
En esa batalla naval ambos bandos se batieron con pareja [2] fortuna 83 , pues la flota de Jerjes se veía perjudicada por el importante número de sus propios navíos, que se estorbaban y chocaban entre sí. No obstante —y pese a ello—, los persas resistían sin retroceder, ya que consideraban una afrenta 84 darse a la fuga ante unas pocas naves. Pues bien 85 , los griegos sufrieron numerosas bajas en naves y hombres 86 , pero todavía mucho mayores fueron las bajas entre los bárbaros. Finalmente, ante el resultado del combate, ambas flotas se retiraron a sus posiciones.
En esa batalla naval destacaron, entre los efectivos de [ 17 ] Jerjes, los egipcios 87 , quienes, entre otras proezas que llevaron a cabo, capturaron cinco navíos griegos con dotaciones y todo. Por parte griega ese día destacaron los atenienses 88 , especialmente Clinias, hijo de Alcibíades 89 , que tomaba parte en la contienda con un navío de su propiedad, incluida una tripulación de doscientos hombres, cuyos gastos sufragaba de su propio peculio 90 .
Retirada de la flota griega, informada del triunfo persa en las Termópilas. Artimaña de Temístocles para intentar conseguir que jonios y carios abandonen a Jerjes
Al retirarse, ambos bandos se apresuraron, [ 18 ] jovialmente, a regresar a sus bases 91 . Entonces los griegos, al alejarse del escenario de la batalla, lo hicieron en formación abierta 92 y fueron apoderándose de los cadáveres y los pecios 93 ; pero, como habían sufrido un serio revés (sobre todo los atenienses, la mitad de cuyas naves se encontraban averiadas), decidieron finalmente replegarse con rumbo a Grecia Central 94 .
[ 19 ] No obstante, Temístocles se había percatado de que, si al Bárbaro se le sustraían los contingentes de raza jonia y de raza caria 95 , los griegos estarían en condiciones de imponerse al resto de sus adversarios; y, mientras los eubeos arreaban sus rebaños a la orilla del mar 96 , reunió en dicho paraje a los generales y les dijo que creía tener un plan que, en su opinión, propiciaría la defección de los mejores aliados del rey.
[2] Lo cierto es que no les reveló más detalles del plan, pero añadió 97 que, en aquellos momentos, lo que debían hacer era sacrificar, del ganado de los eubeos, todas las cabezas que quisiesen (pues era preferible que las disfrutaran sus tropas a que lo hiciesen los enemigos), e instó a cada general a que ordenara a sus hombres que encendiesen hogueras 98 ; respecto a la retirada de la flota —concluyó—, él personalmente se encargaría de fijar la hora, de manera que pudiesen regresar sanos y salvos a Grecia 99 . Los generales decidieron seguir sus indicaciones y, sin pérdida de tiempo, mandaron a sus hombres encender hogueras y ocuparse del ganado.
Resulta que los eubeos habían hecho caso omiso del [ 20 ] oráculo de Bacis 100 , como si careciera de importancia, y no habían evacuado nada de nada, ni se habían pertrechado ante una guerra que se les avecinaba, por lo que se [2] labraron su propia ruina 101 . El oráculo de Bacis al respecto reza así 102 :
Mira, cuando un hombre de extraño idioma al mar arroje un yugo de papiro 103 , aleja de Eubea a tus cabras de constantes balidos.
Al no haber sacado partido alguno de estos versos, tuvieron que sufrir las mayores desdichas en las calamidades que a la sazón se cernían sobre ellos y en las que les aguardaban 104 .
[ 21 ] Pues bien, mientras los integrantes de la flota procedían a realizar esas operaciones, se presentó el vigía procedente de Traquis 105 . Resulta que, en Artemisio, se hallaba destacado un vigía (se trataba de Polias, un natural de Anticira 106 ), quien, si la flota se veía derrotada, había recibido la orden —para lo cual disponía de una embarcación preparada a tal efecto 107 — de notificárselo a los que se encontraban en las Termópilas. Asimismo, entre las fuerzas de Leónidas, se hallaba destacado el ateniense Abrónico 108 , hijo de Lisicles, quien, si al ejército de tierra le ocurría algún contratiempo, también estaba preparado para, a bordo de un triecontero 109 , informar a los que se encontraban en Artemisio.
Como es natural, a su llegada, el tal Abrónico les [2] notificó la suerte que habían corrido Leónidas y sus tropas. Al tener noticia de lo ocurrido, los griegos no pospusieron más la retirada 110 y se hicieron a la mar conservando su posición respectiva: los corintios iban a la cabeza y cerraban la formación los atenienses 111 .
[ 22 ] Entonces Temístocles escogió las naves atenienses más veleras y recorrió los lugares donde había agua potable 112 , haciendo grabar en las piedras 113 unas inscripciones que pudieron leer los jonios cuando, al día siguiente, arribaron al Artemisio. Las inscripciones decían lo siguiente 114 : «Jonios, no estáis actuando con rectitud al atacar a vuestros antepasados 115 y pretender sumir a Grecia en la esclavitud. Así pues, poneos decididamente de nuestra parte; [2] y, si os resulta imposible hacerlo, en lo sucesivo manteneos al margen y, de paso, pedidles personalmente a los carios que os imiten. Ahora bien, si no podéis hacer ni lo uno ni lo otro, por estar sometidos a una coacción 116 demasiado grande como para poder rebelaros, cuando trabemos combate mostraos en plena acción deliberadamente remisos, teniendo presente que descendéis de nosotros y que nuestro antagonismo con el Bárbaro se originó por vuestra causa 117
En mi opinión, Temístocles mandó redactar esas inscripciones [3] con un doble propósito: para que las mismas indujeran a los jonios a cambiar de actitud y a ponerse de parte de los griegos, si el rey no se enteraba de su existencia, o a fin de que su contenido —cuando, con calumniosos comentarios, llegase a oídos de Jerjes— hiciera sospechar de los jonios 118 y propiciase su exclusión de los enfrentamientos navales.
La flota persa alcanza Eubea
[ 23 ] Eso fue lo que Temístocles mandó inscribir. Poco después se presentó a los bárbordo, a bordo de una embarcación, un natural de Histiea 119 con la noticia de que los griegos habían huido de Artemisio. Entonces los bárbaros, incrédulos 120 , mantuvieron al informador bajo vigilancia y enviaron unas naves ligeras para cerciorarse. Una vez que los tripulantes de las mismas confirmaron lo que sucedía fue cuando, al rayar el sol, [2] toda la flota zarpó en masa rumbo al Artemisio. En dicho paraje hicieron escala hasta mediodía y, acto seguido, zarparon con destino a Histiea 121 . A su llegada, tomaron la citada ciudad y efectuaron correrías por todas las aldeas costeras de la comarca de Elopia 122 , concretamente por las del territorio de Histiea.
Jerjes exhibe los cadáveres de los griegos caídos en las Termópilas, ocultando a la flota la magnitud de sus propias bajas
[ 24 ] Mientras sus efectivos navales estaban en esa zona, Jerjes, tras tomar una serie de medidas relativas a los caídos, envió un heraldo a la flota. Y las medidas que, previamente, había tomado fueron las siguientes: dejó sin enterrar unos mil cadáveres de entre todas las bajas de su ejército habidas en las Termópilas (que, en concreto, ascendían a veinte mil), e hizo sepultar a los demás en unas fosas que mandó cavar, y luego cubrir de tierra y tapar con hojas 123 , para que los soldados de la fuerza naval no pudiesen verlas 124 .
Cuando el heraldo hubo cruzado a Histiea, convocó [2] a todos los integrantes de la flota y les dijo lo siguiente: «Aliados 125 , el rey Jerjes autoriza a todo el que lo desee a que abandone su puesto y vaya a ver cómo pelea contra las insensatas criaturas 126 que creyeron poder imponerse a sus fuerzas».
[ 25 ] Tras esta proclama, nada escaseó acto seguido tanto como las embarcaciones; tan numerosos eran los que deseaban contemplar el espectáculo. Transportados a la otra orilla 127 , pasaron por entre los cadáveres y los estuvieron contemplando; y todos creían que la totalidad de los caídos 128 eran lacedemonios 129 y tespieos 130 , aunque también [2] estaban viendo a los hilotas 131 . Sin embargo, los que habían cruzado el estrecho no dejaron de advertir, ni mucho menos, lo que Jerjes había hecho con los cadáveres de sus soldados. Es más, el panorama resultaba realmente cómico: por parte persa se veían mil cadáveres 132 , mientras que los griegos —en número de cuatro mil 133 — se encontraban todos juntos, al haber sido reunidos en el mismo lugar 134 . Durante aquel día los persas se dedicaron [3] a contemplar el espectáculo; y, al día siguiente, los unos zarparon en dirección a Histiea para embarcarse, en tanto que Jerjes y sus tropas se dispusieron a emprender la marcha 135 .
Avance persa por Grecia Central. Nuevo ejemplo del talante de los griegos
Entonces salieron a su encuentro unos [ 26 ] desertores; se trataba de unos pocos arcadios que carecían de medios de vida y que deseaban que les diesen trabajo 136 . Los persas, por su parte, los condujeron a presencia del rey y les preguntaron qué era lo que estaban haciendo los griegos (un único portavoz persa fue quien les formuló esa pregunta). Los arcadios les dijeron que [2] los griegos estaban celebrando los Juegos Olímpicos 137 ; es decir, que debían de estar asistiendo a unos certámenes atléticos y ecuestres 138 . Y, al preguntar acto seguido el persa que cuál era el premio que tenían establecido en sus competiciones, los arcadios le respondieron que al vencedor se le concedía una corona de olivo 139 .