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Introducción
1. Población
La transición demográfica
Fecundidad y esperanza de vida al nacer
Desafíos de las tendencias en mortalidad y fecundidad
Transformaciones en las familias
Distribución espacial de la población y migraciones internas
Migraciones internacionales
2. Desigualdad de ingresos
La reducción de la desigualdad
El contexto económico y político
Las variables clave: remuneraciones al trabajo y transferencias públicas
La persistencia de una estructura impositiva regresiva
Luces y sombras en el mercado de trabajo
Las mejoras distributivas y las clases medias
La concentración de los ingresos y el patrimonio
¿Hay consensos en pos de mayor igualdad?
3. Educación, salud y hábitat
La extensión de la cobertura educativa: un proceso exitoso
Salud: un perfil epidemiológico heterogéneo
Vivienda y hábitat: la persistencia de viejos problemas
4. El impacto del covid-19 en América Latina
La desigualdad y la exclusión matan
La erosión de los logros del período posneoliberal
Las políticas de contención social
La dimensión espacial y relacional
Una mayor familiarización del cuidado
¿Aumentarán las desigualdades en educación?
Conclusiones
Referencias
Gabriela Benza
Gabriel Kessler
La ¿nueva? estructura social de América Latina
Cambios y persistencias después de la ola de gobiernos progresistas

Benza, Gabriela; Gabriel Kessler
La ¿nueva? estructura social de América Latina: cambios y persistencias después de la ola de gobiernos progresistas.- / Gabriela Benza; Gabriel Kessler.- 1ª ed.- Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2021.
Libro digital, EPUB.- (Sociología y política // serie Rumbos teóricos, dirigida por Gabriel Kessler)
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-801-009-0
1. Sociología. 2. América Latina
CDD 301.098
La presente traducción de Uneven Trajectories. Latin American Societies in the Twenty-First Century se publica con el acuerdo de Cambridge University Press
© 2020, Cambridge University Press
© 2020, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.
<www.sigloxxieditores.com.ar>
Diseño de portada: María Elizagaray Estrada
Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina
Primera edición en formato digital: mayo de 2020
Segunda edición actualizada en formato digital: abril de 2021
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
ISBN edición digital (ePub): 978-987-801-009-0
Introducción
¿Cómo es la estructura social de América Latina en la actualidad? ¿Qué cambios se han registrado en las últimas décadas, en particular desde principios del nuevo milenio? Nuestro argumento es que, tras el cambio de siglo, la población latinoamericana incrementó su bienestar. La mejora fue el resultado de un contexto económico favorable y de renovadas políticas públicas, como la expansión de los programas de transferencias de ingresos hacia los hogares más pobres y la regulación de los mercados laborales, pero también de tendencias de más largo plazo, en especial, el crecimiento de la cobertura educativa y de salud y la reducción de la mortalidad y la fertilidad. Sin embargo, las sociedades latinoamericanas continúan siendo estructuralmente desiguales en términos de clase, género y origen étnico.
Este libro recorre las características principales de la estructura social de nuestra América. Nos ocupamos de las tendencias demográficas, las transformaciones en las familias, la distribución de los ingresos y la situación en materia de educación, salud y vivienda. Examinamos también los lineamientos generales de política en todos estos temas. La propuesta es ofrecer un panorama integral y sintético de los patrones comunes a toda la región, pero también de las diferencias entre los países y en el interior de estos. Nuestro marco temporal principal son los primeros quince años del nuevo milenio, período caracterizado por una bonanza económica general y por lo que se ha llamado el “posneoliberalismo” o “giro a la izquierda”, que hace referencia a que entre 1998 y 2011 once países latinoamericanos eligieron presidentes de izquierda, centroizquierda o nacional-populares, una situación hasta entonces inédita en la historia de la región.
¿Por qué este libro hoy? En la última década se han realizado numerosas investigaciones y reportes sobre los distintos aspectos a que nos referimos en estas páginas. Sin embargo, los esfuerzos por presentar una mirada integral y una suerte de balance del período han sido menores. Nos parece un objetivo particularmente relevante puesto que el ciclo político y económico que caracterizó al primer tramo de este siglo ha finalizado. En primer lugar, porque la bonanza económica dio paso a una situación incierta, y al posneoliberalismo le siguió un panorama heterogéneo signado por giros a la derecha y centroderecha, situaciones difíciles de clasificar como los cambios en México en 2018, así como una vuelta a expresiones de centroizquierda en Bolivia en 2020. A esto se suma la pandemia del covid-19 en 2020, que tuvo en América Latina uno de sus epicentros, con cientos de miles de muertes y que afectó todas las dimensiones de la vida social. Creemos que una mirada comprensiva sobre lo sucedido con las estructuras sociales latinoamericanas durante la primera década del siglo es fundamental para dar cuenta de los procesos sociales y políticos que tienen lugar hoy en día en la región.
Respecto de los cambios en el nuevo milenio, sostenemos que en ciertas cuestiones (aunque no en todas) la mejora de los indicadores comenzó antes, pero se intensificó en el período. Cada dimensión tiene condicionantes del pasado, ciclos e incluso temporalidades específicas. A fin de cuentas, los cambios en los patrones demográficos y las relaciones familiares en general ocurren lentamente; las transformaciones en salud, educación y vivienda un tanto menos, porque en términos relativos son más sensibles a las políticas de un período dado. Lo cierto es que en América Latina algunos de estos indicadores ya habían comenzado a mejorar en forma progresiva desde los años ochenta y noventa. En fin, las tendencias en la pobreza, la distribución de los ingresos y el mercado laboral suelen ser más inestables al estar afectadas de manera más directa por los cambios en las políticas y en los ciclos económicos, y de hecho aquí es donde la impronta del período es más potente.
Así como la reducción de la pobreza estuvo en el centro de las preocupaciones por la cuestión social en la etapa neoliberal previa, durante la primera década del siglo se forjó la promesa de reducir la desigualdad. En particular en los regímenes posneoliberales, la reducción de la desigualdad se convirtió en uno de los tópicos centrales de movimientos sociales, partidos políticos y gobiernos. La demanda abarcó a las desigualdades económicas entre clases sociales, pero también a las de género y étnicas. En efecto, durante el período hubo continuidad de reivindicaciones de etapas previas, pero también una creciente visibilidad y potencia de los movimientos feministas, LGTBIQ+, indígenas y afrodescendientes, que fueron acompañadas por algunas transformaciones en las políticas. Por esto, una de las claves de lectura para cada temática abordada en este libro es qué sucedió con la promesa de reducción de la desigualdad. Como veremos, al compararla con el ciclo neoliberal previo, en esta etapa hay una clara tendencia a la disminución de las desigualdades. Sin embargo, nuestro argumento es que es más ajustado plantear que el período se caracterizó más por una disminución de la exclusión que por un avance concreto en términos de igualdad, en tanto las bases estructurales de las inequidades persistentes se mantuvieron en gran medida inalteradas. Y estas desigualdades de larga data han sido el talón de Aquiles de la región durante la pandemia del covid-19.
El libro señala tendencias comunes, pero también está atento a las heterogeneidades. Los cambios son distintos según los países, ya sea si se tiene en consideración la situación inicial, la profundidad de las mutaciones, su eventual ralentización posterior, o los desbalances en las tendencias en cada una de las dimensiones aquí consideradas como salud, educación o vivienda, pero también en relación con otras como infraestructura, seguridad o temas institucionales. Durante el período analizado, la población latinoamericana reconoce situaciones contradictorias: por ejemplo, mejora de los ingresos pero encarecimiento de la tierra y la vivienda y, por ende, más dificultades para el acceso; o avances mayores en el consumo privado y menores en el acceso a bienes colectivos, como infraestructura, seguridad o justicia. Asimismo, dentro de cada país el impacto y el sentido de los cambios no son homogéneos, sino que difieren entre grupos sociales: algunos sectores fueron beneficiados de manera especial por las tendencias del período, mientras otros experimentaron retrocesos o no vieron cambios sustantivos en su situación. Por lo demás, sobre estas tendencias sobrevino la pandemia del covid-19, con secuelas todavía imposibles de estimar en toda su magnitud. En otras palabras, este libro se pregunta por el cambio en distintas dimensiones y destaca las tendencias comunes, pero sin dejar de asumir una heterogeneidad de experiencias sociales, en tanto la situación de partida, la temporalidad, los puntos de inflexión, los cambios recientes y, también, su eventual perdurabilidad serán diferentes en cada dimensión y en los distintos países y grupos sociales que integran la región.
América Latina ante el nuevo milenio
Previo a nuestro período de estudio, durante las décadas de 1980 y 1990, una ola de reformas neoliberales surcó América Latina. Estas deben ser entendidas en el contexto de crisis de la deuda y de políticas de ajuste estructural promovidas por organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial. Huber y Stephens (2012) sostienen que “ellos diagnosticaron las raíces de la crisis en una excesiva intervención estatal en los mercados y una irresponsabilidad fiscal”. Sus recetas para combatir estos males fueron
la reducción del gasto público, la liberalización del comercio y de los mercados financieros, la privatización y la desregulación. En políticas sociales, la prescripción fue privatizar parcial o completamente la seguridad social e incrementar el apoyo de prestadores privados, así como introducir principios de mercado en salud y educación, focalizando la provisión estatal en transferencias a los grupos más necesitados (Huber y Stephens, 2012: 156; traducción propia).
¿Cuán profunda fue en efecto la reforma neoliberal? Los resultados fueron dispares. Hubo políticas de flexibilización laboral en al menos diez países y reformas previsionales hacia sistemas mixtos o privados en once naciones (Lora, 2007). Pero no existieron transformaciones medulares en educación, y en salud solo se impulsaron cambios de sistema en Chile y Colombia. Coincidimos con Cortés y Marshall (1999) en que la reforma neoliberal avanzó sobre todo en áreas como trabajo y previsión social, que eran nodales para la reforma económica y para aumentar las ganancias del capital. Pero el tiempo de la reforma neoliberal fue más corto del que imaginaban sus promotores y el giro a la izquierda dejó gran parte del ambicioso programa sin concretarse.
¿Cuál era el estado de la sociedad latinoamericana luego del período neoliberal? Los datos muestran un aumento de la desigualdad y resultados diversos en términos de pobreza. En su reporte de 1999, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indicaba que 211 millones de personas, el 43,8% de la población de América Latina, eran pobres. En 1980 la pobreza era del 40,5%, 135,9 millones de personas, y en 1990 del 48,3%, más de 200 millones. En los años noventa se registró una disminución relativa de la pobreza, con diferencias entre los países, pero en paralelo hubo un aumento de la población pobre en valores absolutos, debido al crecimiento demográfico.
Mientras la evolución de la pobreza fue diferente en los distintos países, la desigualdad aumentó en casi todos. El mismo informe de la Cepal señala que entre 1990 y 1999 el coeficiente de Gini de desigualdad de ingresos aumentó o se mantuvo igual en la mayoría de los países, con valores muy altos en trece, y que solo en tres disminuyó de manera leve. En cuanto a un indicador de pobreza relativa, la población con un ingreso per cápita inferior al 50% del promedio, solo dos de dieciséis países considerados por la Cepal conocieron una reducción; en el resto el indicador se acrecentó y los pronósticos al final de la década eran poco optimistas. Desde 1990 también se elevó la proporción de empleos informales en 5 puntos porcentuales, lo que suma más de 20 millones de personas, y el desempleo urbano pasó del 5,5% en 1990 al 10,8% en 1999, en particular en América del Sur. El gasto social, por su parte, se incrementó en la década en un 50%: de un promedio de 360 dólares per cápita en 1990 a 540 hacia fines de los noventa.
El denominado ciclo neoliberal fue sucedido por el giro a la izquierda. Como dijimos, entre 1998 y 2011 gobiernos de izquierda, centroizquierda o nacional-populares fueron elegidos en once países. De este modo, como señala Roberts (2012), dos tercios de la población de la región estuvieron bajo administraciones de este signo político. Más allá de diferencias entre los países, el giro implicó la introducción de políticas redistributivas, sobre todo mediante políticas sociales y laborales. Sin embargo, como veremos en el segundo capítulo, algunas de estas políticas también fueron adoptadas por gobiernos de centroderecha y derecha.
El giro a la izquierda coincidió con un período de rápida y sostenida expansión económica. En un contexto internacional propicio, el crecimiento de la economía estuvo acompañado por mejoras en el mercado laboral y por la disminución de la desigualad de ingresos y la pobreza al menos hasta 2012. Beccaria (2016) realiza una síntesis de las tendencias del período. Señala que gran parte de los países experimentó una expansión económica desde 2003: entre ese año y 2011 la tasa de crecimiento media del PBI alcanzó el 4,4% anual. Esta dinámica continuó durante los primeros años de la segunda década del siglo, aunque a tasas algo menores en 2012 y 2013 (2,9% en ambos años), con una marcada desaceleración desde entonces. Destaca el autor que se trata de un nivel de crecimiento con pocos antecedentes, ligado a mejoras del contexto internacional y a un manejo más adecuado de la política macroeconómica.
La expansión económica tuvo un impacto positivo en la creación de empleo y en la evolución de la tasa de ocupación. Según datos de la Cepal, el desempleo abierto disminuyó del 11,4% en 2002 al 6,9% en 2014. Las ocupaciones asalariadas formales, aquellas registradas en la seguridad social, aumentaron. Sin embargo, aproximadamente la mitad de los ocupados no cuenta con cobertura de la seguridad social. Las remuneraciones crecieron, sobre todo en América del Sur. El coeficiente de Gini de la desigualdad de ingresos familiares se redujo de 0,547 en 2002 a 0,491 en 2014, mientras el porcentaje de población pobre cayó del 43,9% al 28,2% entre los mismos años. Ahora bien, desde 2012 y con el cambio en el escenario internacional las mejoras tendieron a menguar e, incluso, estancarse.
El posneoliberalismo y el boom de los commodities ya han terminado y le sucedió un lustro de estancamiento o ralentización en las mejoras sociales. Sobre este panorama se abatió con crudeza el covid-19. Este libro intenta contribuir al debate sobre las dos primeras décadas del siglo XXI y hacer una suerte de balance o estado de situación a través de un análisis sistemático de las principales tendencias en dimensiones centrales de la estructura social. Creemos que este análisis permite tener un panorama general de la situación de nuestra América en materia de bienestar, pero también que es necesario para comprender los procesos sociales y políticos que atraviesa la región en la actualidad. Con este fin, en el primer capítulo revisaremos las tendencias demográficas en la mortalidad y la fecundidad, la distribución etaria y espacial de la población, los procesos de urbanización y migratorios, así como las transformaciones en las familias. En el segundo nos centraremos en la distribución de ingresos. Abordaremos la pregunta central del período, sobre la disminución de la desigualdad y sus factores económicos, sociales y políticos. Revisaremos las tendencias en la distribución de ingresos y sus límites, considerando qué sucedió en el mercado de trabajo y con las distintas clases sociales, sexos y grupos étnicos. En el tercer capítulo nos detendremos en tres dimensiones clave del bienestar: la situación educativa, de salud y de vivienda y hábitat, y las políticas de Estado en estas áreas. En la cuarta nos preguntamos sobre el impacto del covid-19 en la estructura social. En las conclusiones realizaremos una revisión general de las tendencias en cada dimensión y sus interrelaciones. Volveremos sobre la pregunta del libro respecto de cuáles son los principales rasgos de la estructura social en la actualidad, y avanzaremos algunas ideas sobre el cambio de época en las sociedades latinoamericanas.
El libro se basa en bibliografía de especialistas en cada tema, así como en datos e informes estadísticos que miran tendencias generales en la región. Una fuente central son los reportes y las bases de datos de organismos internacionales como la Cepal, el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Unesco o Unicef, que en su mayoría recogen y procesan información de los sistemas estadísticos oficiales de cada país.
* * *
Queremos agradecer el apoyo recibido para realizar este libro del Idaes-Unsam, y en particular de su anterior y actual decanos, Alexandre Roig y Ariel Wilkis. Un especial agradecimiento a la confianza de los editores de la serie Politics and Society in Latin America de Cambridge University Press, María Victoria “Vicky” Murillo, Juan Pablo Luna, Tulia Falleti y Andrew Schrank. Distintos colegas nos ayudaron con sus lecturas de partes del libro y nos proporcionaron datos. Gracias a Verónica Amarante, Mercedes Di Virgilio, Juan Pablo Jiménez y Federico Tobar. Trabajar con Siglo XXI es siempre un placer y un aprendizaje. Gracias a nuestra editora Raquel San Martín y a todo el equipo de la editorial.
1. Población
En este capítulo ponemos el foco en la estructura y la dinámica poblacional de América Latina. Se trata de dimensiones clave para caracterizar las sociedades de la región. Los procesos demográficos tienen gran impacto sobre las trayectorias de vida de los individuos y sobre la dinámica social, e imponen desafíos específicos para el desarrollo socioeconómico y para las políticas públicas. Basta pensar de qué manera las experiencias vitales pueden variar sustantivamente de acuerdo con la mayor o menor longevidad, la cantidad de hijos que se tiene o las probabilidades de que estos últimos sobrevivan. O en cómo la vida cotidiana y las relaciones sociales pueden modificarse si se habita en grandes urbes, junto con otros millones de personas, o en pequeñas localidades, en las que los vínculos próximos son más frecuentes. En fin, es claro que los desafíos para el desarrollo socioeconómico y las políticas públicas requeridas en temas como salud, educación o vivienda son diferentes en contextos en los que priman altas tasas de natalidad y mortalidad o en aquellos en los que se registran intensos procesos migratorios.
En lo que sigue brindamos un panorama de las principales tendencias demográficas de América Latina y de los desafíos que plantean. En primer lugar, examinamos cómo han evolucionado el tamaño de la población, la mortalidad y la natalidad. Luego nos centramos en las transformaciones en las familias, para por último poner el foco en la distribución espacial de la población, la migración interna y la migración externa.
La transición demográfica
En América Latina habitan aproximadamente 624 millones de personas, 8,5% de la población mundial, según datos de Naciones Unidas para 2015 (UN DESA, 2019). La distribución de la población es muy heterogénea entre los diferentes países. Brasil y México, con más de 200 y 120 millones de habitantes, en cada caso, concentran más de la mitad de la población latinoamericana, mientras otros países, como Uruguay, Panamá o Costa Rica, no superan los 5 millones de habitantes (figura 1.1).
Figura 1.1. América Latina y el Caribe: población total por país y subregión, 2015 (en millones)

Fuente: UN DESA (2019).
Del total de población de la región, casi un 8% son indígenas y 24% afrodescendientes, de acuerdo con estimaciones realizadas por el Banco Mundial (2015 y 2018) sobre la base de los últimos censos nacionales disponibles. Los países con mayor presencia de población indígena son, según esta misma fuente, Guatemala (41%), Bolivia (41%), Perú (26%) y México (15%). Por su parte, los afrodescendientes son una inmensa mayoría en países pequeños del Caribe como Jamaica (92%) y Santa Lucía (87%), pero también tienen una presencia muy importante en otros países, sobre todo en Venezuela (55%) y Brasil (51%). Este último país destaca, además, porque en términos absolutos cuenta con el número más alto de afrodescendientes por fuera de África. Sin embargo, no es fácil determinar con precisión el número y la distribución de la población indígena y afrodescendiente. Esto se debe a carencias en los datos estadísticos (no todos los países recaban información y la calidad de los datos es diversa), pero también a otros factores. En este sentido, la autoidentificación –en qué medida las personas se perciben como indígenas o afrodescendientes– es variable, depende entre otras cosas de los contextos sociales e históricos. Además, la manera de identificar estas poblaciones por parte de las estadísticas no ha sido siempre la misma, y distintas definiciones dan lugar a distintos recortes empíricos y, por tanto, a volúmenes distintos de personas. En el caso de los indígenas, desde los años noventa el consenso internacional, reflejado en diversos documentos de organismos internacionales, ha sido privilegiar la autoidentificación y dejar de lado otros indicadores como la lengua materna (Hall y Patrinos, 2006). Por su parte, en los censos de la región la incorporación de preguntas para captar a los afrodescendientes es reciente y se afianza en este siglo: antes, eran pocos los países que relevaban esta información, y lo hacían a través de preguntas basadas en la raza o el color.
La población de América Latina se ha incrementado a tasas decrecientes, luego de expandirse en forma intensa hacia mediados del siglo XX. Por aquel entonces la región llegó a tener las tasas de crecimiento poblacional más altas del mundo, lo que dio lugar a preocupaciones y debates respecto de los efectos negativos que tendría tal explosión demográfica sobre las oportunidades de desarrollo económico (Celade-Unfpa, 2005). Pero tras alcanzar un pico del 2,7% en el quinquenio 1960-1965, la tasa de crecimiento anual de la población comenzó a menguar. Hoy es del 1,1%, según datos para 2010-2015, y se espera que se reduzca a valores cercanos a cero (aproximadamente 0,02%) para 2055-2060 (UN DESA, 2019). De todos modos, el crecimiento demográfico latinoamericano es aún alto si se lo compara con el de los países desarrollados, y persisten diferencias entre países: Cuba y Uruguay, por ejemplo, ya tienen hoy tasas muy reducidas, del 0,2 y 0,3%, respectivamente, mientras Guatemala está atravesando una importante expansión demográfica, con una tasa del 2,1%.
La evolución del tamaño de la población en el tiempo se vincula en gran medida con la transición demográfica, un proceso de cambio social que se caracteriza por el pasaje de altos a bajos niveles de mortalidad y fertilidad. En América Latina esta transición se inició recién en el siglo XX, mucho más tarde que en los países desarrollados, pero ocurrió en forma más acelerada. Si se considera al conjunto de la región, el período de rápido crecimiento poblacional de mediados del siglo pasado reflejó una etapa inicial de la transición, cuando en muchos países comenzó el descenso de la mortalidad pero aún se mantenían altas las tasas de fecundidad. Luego, cuando estas últimas empezaron a caer, el ritmo de expansión poblacional también disminuiría.
Pero la transición demográfica ha tenido diferentes ritmos e intensidades. Cepal (2008) ha clasificado los países de América Latina y el Caribe en cuatro etapas de la transición demográfica, de acuerdo con la evolución de la esperanza de vida al nacer y la tasa global de fecundidad: muy avanzada, avanzada, plena y moderada. Entre los países en etapas muy avanzadas se encuentra Cuba, que inició la transición de manera muy acelerada hacia mediados del siglo pasado y se transformó rápidamente en uno de los países de la región con mayor esperanza de vida al nacer y con menor tasa de fecundidad. La Argentina y Uruguay, que destacan por haber experimentado transiciones tempranas, durante la primera parte del siglo XX, se encuentran entre los países en etapas avanzadas de la transición, al igual que Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y México, que comenzaron la transición varias décadas después pero a un ritmo sostenido. En la etapa de transición plena se ubica un nutrido grupo de países: entre ellos, Ecuador, El Salvador, Panamá, Perú, Venezuela, Honduras, Nicaragua y Paraguay. Todos han tenido avances sustantivos en materia de fecundidad y mortalidad, si bien a ritmos muy diferentes: en algunos, como Honduras, Nicaragua y Paraguay, las tendencias han sido mucho más recientes. Por último, Bolivia, Guatemala y Haití están en una etapa moderada de la transición: la reducción de la mortalidad y la fertilidad ha ocurrido más tarde y a un ritmo más lento.
Fecundidad y esperanza de vida al nacer
Después del cambio de siglo, la mortalidad y la fecundidad han continuado disminuyendo, aunque a un ritmo menor en los países en etapas muy avanzadas o avanzadas de la transición demográfica. Desde una perspectiva de largo plazo, estas tendencias demográficas han modificado en forma radical las experiencias de vida de los habitantes de la región.
La reducción de la mortalidad dio lugar a un incremento significativo en la esperanza de vida al nacer, que pasó de 51,4 años en 1950-1955 a 74,4 en 2010-2015. En ese lapso, además, se acortó la distancia que separa a la región de otras más desarrolladas. Si a mediados del siglo pasado los latinoamericanos tenían, en promedio, una esperanza de vida 17 años menor que la de los estadounidenses y canadienses y 12 años menor que la de los europeos, en la actualidad esas diferencias se han reducido a 5 y 3 años, respectivamente (UN DESA, 2019).
La extensión de la esperanza de vida al nacer ha alcanzado a todos los países de la región, y la tendencia ha sido hacia una mayor convergencia: las desigualdades entre países son hoy menores que en el pasado. Sin embargo, aún persisten (gráfico 1.1). La esperanza de vida al nacer es de 79 años en Costa Rica, Chile y Puerto Rico pero solo de 61 años en Haití y de 69 en Bolivia. En otras palabras, se registra una diferencia de hasta 18 años en la esperanza de vida según el país de la región que se habite.
Las mejoras en las condiciones de vida de la población, los avances en medicina y la expansión de los sistemas de salud son los factores que explican el alargamiento de la esperanza de vida. En este proceso ha sido muy relevante el control de la mortalidad infantil, que pasó de 126 defunciones de menores de un año por cada 1000 nacidos vivos a mediados del siglo XX a 17 por 1000 en 2010-2015 (UN DESA, 2019). Esta reducción, que ha involucrado a todos los países y ha sido constante a través del tiempo, puede atribuirse en gran medida a la menor incidencia de las muertes por causas infecciosas y parasitarias y por enfermedades del aparato respiratorio, que afectan sobre todo a los niños (Chackiel, 2004).
Gráfico 1.1. América Latina y el Caribe: tasa global de fecundidad y esperanza de vida al nacer por país, 2010-2015

Fuente: UN DESA (2019).
Como en la mayoría de las sociedades modernas, la caída de la mortalidad benefició más a las mujeres que a los varones, lo que se tradujo en una ampliación de la brecha de género en esperanza de vida al nacer: entre 1950-1955 y 2010-2015, la esperanza de vida de las mujeres aumentó de 53 a 78 años, mientras que la de los varones pasó de 50 a 71 años. La diferencia se asocia a una mayor reducción de la mortalidad por causas que afectan más a las mujeres, como las vinculadas con la salud reproductiva y las complicaciones durante el embarazo y el parto. En contraste, ha sido menos exitosa la reducción de muertes por causas más frecuentes entre varones, como las ligadas a enfermedades cardiovasculares y a causas externas (violencia, accidentes y traumatismos).
El descenso de la fecundidad se inició después que el de la mortalidad, pero ocurrió en forma sostenida y rápida. Si en 1950-1955 la tasa global de fecundidad de la región era de 5,8 hijos por mujer, en 2010-2015 alcanzó el nivel de reemplazo de 2,1, es decir, la fecundidad mínima para que una población cerrada (esto es, sin contar las migraciones) se mantenga en el tiempo (UN DESA, 2019). La tendencia ha sido tan intensa que ha superado las estimaciones realizadas para la región en diversos momentos. Como resultado, América Latina pasó de tener los índices reproductivos más altos del mundo a tener niveles por debajo del promedio mundial (2,5 hijos por mujer), aun cuando son aún más elevados que los de Europa (1,6) y los Estados Unidos y Canadá (1,8).