Czytaj książkę: «Y cuando digo España»

Ha contado nuestro pasado como algo que nos apela y compromete, superando el discurso de la decadencia y el pesimismo. Es la voz que mejor ha sabido conectar la historia de España con sus coetáneos. Su extraordinaria obra, fruto de décadas de trabajo y depuración de estilo literario, incluye libros tan destacados como la Breve historia de España, un verdadero fenómeno social, ensayos sobre los mitos y los perdedores de nuestro pasado o la Historia de España desde el arte, merecedora del Premio Nacional de Historia. Además, García de Cortázar ha cartografiado nuestro pasado en el Atlas de Historia de España y cautivado a miles de lectores con dos ambiciosas novelas.
En 2018 publicó en Arzalia Ediciones su Viaje al corazón de España, una guía imprescindible para recorrer nuestra geografía y un complemento perfecto para este libro que presentamos aquí.
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR nos devuelve el placer de conocer España a través de su gran legado, un interminable río de vidas mayúsculas, ideas, formas artísticas y fantasías literarias, paisajes y ciudades que da rostro a la mejor de nuestras historias.
El escritor bilbaíno nos ofrece aquí un apasionante compendio de su sabiduría sobre España: una obra brillante y original, dedicada a recordar, con tanto rigor como talento literario, lo que los españoles hemos sido y creado a lo largo de los siglos.
Pocas veces un libro reúne y ordena tanta información de manera tan amena y entusiasta. Y cuando digo España. Todo lo que hay que saber es la obra que cualquier español tiene que leer, la guía cultural que el extranjero interesado en nuestro país debe consultar.
Y cuando digo España

Y cuando digo España
© 2020, Fernando García de Cortázar
© 2020, Arzalia Ediciones, S.L.
Calle Zurbano, 85, 3°-1. 28003 Madrid
Diseño de cubierta, interior, ilustraciones y maquetación: Luis Brea
Producción del ebook: booqlab
ISBN: 978-84-17241-62-9
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotomecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso por escrito de la editorial.
www.arzalia.com
Índice
PRÓLOGO
1. HISTORIA PORTÁTIL DE ESPAÑA
La historia conduce a Roma
La corona y la cruz
Entre Jesús y Alá
Adiós a Córdoba
Una cultura mestiza
De Granada al Nuevo Mundo
Un monarca, un imperio, una espada
De la carrera de la edad cansados…
La dinastía del Sena
El sueño de la razón
Años de llamas
¡España, España!
La historia ya no termina mal
2. TITANES DE LA HISTORIA
Augusto (63 a. C.-14 d. C.)
Séneca (4 a. C.-65 d. C.)
Leovigildo (519-586)
San Isidoro de Sevilla (556-636)
Abd al-Rahman I (731-788)
Alfonso II el Casto (759-842)
Abd al-Rahman III (891-961)
Alfonso VI de León y Castilla (1043-1109)
Averroes (1126-1198)
Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247)
Alfonso X el Sabio (1221-1284)
Ramón Llull (1232-1316)
Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517)
Hernán Cortés (1485-1547)
Carlos I (1500-1558)
Francisco de Vitoria (1483-1546)
Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
El conde-duque de Olivares (1587-1645)
Francisco de Quevedo (1580-1645)
Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811)
José Celestino Mutis (1732-1808)
Francisco de Goya (1746-1828)
Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897)
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
Emilia Pardo Bazán (1851-1921)
Luis Buñuel (1900-1983)
Montserrat Caballé y nuestras voces del siglo XX
Adolfo Suárez (1932-2014)
Ana Vidal-Abarca (1938-2015)
Amancio Ortega (1936)
Rafa Nadal (1986)
3. NUESTROS MITOS
Santiago y cierra España
¡Oh, libertad preciosa…!
Al-Ándalus, el paraíso perdido
La sangre caliente
Inquisición y flagelo
El espejismo de la modernidad
Altar de héroes
Un país diferente
Castilla arcaica, Cataluña moderna
En tierras de Caín
Volverán banderas victoriosas
El páramo cultural
4. LA DEUDA DEL MUNDO
Peregrinos y traductores
Navegar es indispensable, vivir no
América, viaje de ida y vuelta
Testigos del asombro
Elogio de la palabra
Qué tesoro, nuestra heredad
La Escuela de Salamanca
Horizontes de grandeza
Patria y libertad
El oro del exilio
Cuando España dio ejemplo
5. ICONOS DE LA PATRIA
Los bisontes mágicos
La dama elegante
El esplendor de Roma
La corona votiva
El bosque de columnas
Un arte nuevo
El rey poeta
Pórtico de la Gloria
El Cid y la memoria histórica
Paisaje con castillos
El triunfo del cielo
Los mejores versos
La octava maravilla
Todas las almas llevan sangrando su corona
La más alta ocasión de la lengua
El pintor de la verdad
La meca del arte
La puerta ilustrada
El llanto de los fusiles
La novela de España
Alardes urbanos
La colina de los chopos
Un mito moral universal
Paisajes acústicos
La conciencia de una nación
6. LAS CREACIONES DEL ALMA
La colonia ilustrada
El parnaso andalusí
Voces de Sefarad
De las jarchas a la eternidad
Pícaros, místicos y pastores
Apoteosis de la música
Esplendor en el ocaso
El viaje de las Luces
La primavera musical
La literatura al servicio de la historia
Noches en los jardines de España
El segundo Siglo de Oro
7. LAS HUELLAS MATERIALES
Las cuevas de los sueños olvidados
Iberia de las tres damas
Roma nuestra
Tras la senda de los visigodos
Perfiles de al-Ándalus
Érase una vez el mozárabe
El reino del arado
Un camino de estrellas
Tiempo de catedrales
El hechizo mudéjar
Un arte para un siglo
Poder y gloria
Eternidad siempre asombrada
La madera endiosada
El parnaso de la pintura
A la sombra de Goya
El discreto encanto de la burguesía
Regionalismo y modernismo
España hasta los huesos
El mejor Madrid
8. ATLAS DE LA BELLEZA
Primera imagen del paraíso
El retiro del emperador
En un lugar de la Mancha…
La musa de España
El ancho surco del terruño tierno
Los pinos rumorosos
Verde de montes, negra de minerales
Peñas arriba
Helechos hechos de llanto
Epifanía del castellano
Nobleza obliga
Polvo, niebla, viento y sol
Del Ebro al Pirineo
Mediterráneo de todos
Rosa de los vientos
Lírica piedra lunar
9. CIUDADES DE TODA LA HUMANIDAD
Ibiza, el barco fenicio
Mérida, nuestra Roma
Tarragona, la capital de los césares
Córdoba, la capital de Occidente
Santiago de Compostela, el camino de la fe
Ávila, la ciudad de los místicos
Toledo, las tres culturas
Cuenca, piedra y agua
Cáceres, cuna de conquistadores
Segovia, el barco de piedra
Alcalá de Henares, vertiginosas sombras literarias
Úbeda, el Renacimiento entre olivos
Baeza, en el sueño del poeta
Salamanca, plaza mayor del saber
San Cristóbal de La Laguna, el modelo de América
10. HITOS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA
1104 a. C. Fundación mítica de Cádiz
209 a. C. Conquista de Cartagena por Escipión
306. Concilio de Elvira
589. Conversión de Recaredo
711. Invasión musulmana
756. Abd al-Rahman I, emir
813. Camino de Santiago
1085. Conquista de Toledo
1123. Pinturas románicas
1188. Primeras Cortes de Europa
1205. Fundación de la catedral de León
1212. Las Navas de Tolosa
1252-1284 Alfonso X y la Escuela de Traductores
1273. La Mesta
1412. Compromiso de Caspe
1469. Isabel y Fernando
1492. América, judíos y gramática
1499. La Celestina
1519-1522. Conquista de México y vuelta al mundo
1520. Comuneros y Germanías
1561, 1563-1585. Madrid y El Escorial
1540-1591. Místicos y jesuitas
1588. La Invencible
1605-1681. El gran Siglo de Oro
1609. Expulsión de los moriscos
1659. Paz de los Pirineos
1701-1714. Guerra de Sucesión
1766, 1767. Motín de Esquilache
1808-1814. Guerra de Independencia
1812. Constitución de Cádiz
1816-1826. América se independiza
1833-1840. Primera guerra carlista
1836. Desamortización
1848. El ferrocarril
1868-1874. La Gloriosa
1872-1876. Segunda guerra carlista
1876. Constitución de Cánovas
1873-1912. Episodios nacionales
1887. Ley de Asociaciones
1898. Desastre de Cuba
1898, 1914 y 1927. La Edad de Plata
1909. Semana Trágica
1923. Golpe de Estado
1931-1936. Segunda República
1936-1939. Guerra civil
1963-1975. Planes de Desarrollo
1978. Constitución del 78
1986. Europa
1992. Juegos Olímpicos y Exposición Universal
11. UN PAÍS DE CINE
Imágenes del 98
Ángel fieramente humano
Caminando entre fusiles
Canciones para después de una guerra
Árboles sin raíces
Americanos, os saludamos con alegría
Tierras de penumbra
El turismo es un gran invento
En una tierra baldía
En busca de un tiempo perdido
Los años que vivimos peligrosamente
Pérez Galdós, una pasión española
¿Qué he hecho yo para merecer esto?
Los gritos del silencio
Los lunes al sol
Anatomía de la corrupción
BIBLIOTECA PERSONAL PARA CONOCER ESPAÑA
Prólogo
Pues sí: soy español de nacimiento, de educación, de cuerpo y espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio…
MIGUEL DE UNAMUNO
l problema de España; España como problema; el laberinto español; las dos Españas; España invertebrada; España, mito o realidad; España, país dramático; la invención de España… Sí, España ocupa otra vez los titulares periodísticos, la energía del moderno arbitrismo y la palabrería de los políticos. El debate público sobre su historia y, más aún, la preocupación e incluso los interrogantes acerca de su solidez y viabilidad, revelan una angustia, una inseguridad, un complejo de falta de realización, pero también invocan una empresa apasionante, una tarea cívica incansable que abrió la generación del 98 —la primera en tener conciencia nacional y, al mismo tiempo, propósito de intervención—.
En efecto, no es la primera vez que la idea de España entra en crisis. La resaca del desastre de Cuba llevó a los intelectuales del primer tercio del siglo XX a preguntarse por la razón y la historia de nuestro país con una preocupación y un rigor que todavía nos aleccionan y conmueven. De la indagación en el paisaje, en el pasado y en los clásicos emprendida por Unamuno, Azorín, Machado o Menéndez Pidal brotó un diálogo fecundo, clave para que España cobrara conciencia de sí misma e iniciara la tarea de conjugar la identidad nacional con la democracia y la reforma del Estado.
Porque, en el fondo, la crisis del 98 no fue más que una crisis de modernización, a la que intentaron curar los regeneracionistas de Costa, los catalanistas de Cambó, los conservadores de Maura y los liberales de Canalejas, los reformistas de Melquíades Álvarez y los socialistas de Prieto, los europeístas del 14 con Ortega y Azaña a la cabeza y hasta los poetas del 27, sin cuya asombrosa producción lírica, nacida de un riguroso examen de la cultura, España difícilmente habría tomado posesión de sí misma. Y es que la reflexión sobre la idea de España, la indagación sobre sus propias capacidades, incluso sobre sus perplejidades históricas, también estuvo ahí: en la salida a flote de una clara conciencia del propio idioma, en la voluntad de mejorarlo, de innovar su tradición, de dotarlo de mayor fuerza expresiva, de dignificarlo hasta darle un lugar preferente en la cultura europea de entreguerras. Para aquel país que interrogaba al pasado a la luz crepuscular del imperio, y que pronto lo haría a la sombra agónica de la guerra civil, para aquella nación consciente de su magnífico acervo cultural, parecen escritos, precisamente, los versos con que Luis Cernuda terminara uno de los poemas de Donde habite el olvido:
Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia
ardiente de deseo, tendidas hacia el aire.
La guerra civil de 1936 arruinó el camino emprendido. Para colmo de males, la irracional uniformización totalitaria del franquismo puso en marcha el proceso desnacionalizador más importante de nuestra historia. Habría que esperar, pues, a la Constitución de 1978 para dar respuesta al gran problema de la democracia que obsesionara a Ortega y Azaña, cristalizado en el ciclo de cambios de Estado y de régimen que jalonó la historia de España en el siglo XX: monarquía, dictadura de Primo de Rivera, Segunda República, levantamiento militar de 1936, guerra civil, dictadura de Franco. Quedaron, no obstante, dos sumarios inconclusos: definir los límites de descentralización que puede soportar la idea de España y atraer al cumplimiento de las reglas constitucionales a los nacionalismos catalán y vasco. Ambos expedientes son los detonantes de la crisis de identidad nacional que viven hoy los españoles, mucho más aguda que en el 98, ya que entonces nadie negaba la condición de España como nación. Hoy sí.
Conviene, por tanto, repetirlo sin tregua. España no es un país de desguace ni de fin de raza. No lo fue en tiempos pasados, ni siquiera cuando la literatura se tendió sobre el campo ensangrentado de la guerra civil. Y no lo es hoy. España no es una abstracción ni un mero trámite legal cumplimentado en 1978, ni tampoco un vulgar caparazón institucional creado por la política expansiva de Castilla, un simple Estado que nacionalistas vascos y catalanes se ven en la obligación de compartir con sus presuntos opresores. España es el fruto de una larga tradición, de un prolongado hermanamiento, de un deseo claramente expresado de continuar la vida en común… El producto de un enriquecedor proceso de mestizaje y de un ímpetu cultural desarrollado a lo largo de los siglos.
Hispania, Toledo, al-Ándalus, Sefarad, América… Se ha escrito muchas veces que el nuestro es el país de todas las culturas. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Diversidad, aluvión, contagio, préstamo…, son palabras de la hermosa lengua tallada por Nebrija que sirven para describir la historia de España. Porque la identidad es un proceso, y España —como Francia o Gran Bretaña, como cualquier otra nación europea— es lo que ha ido siendo a través del tiempo: una inmensa mezcla, un mosaico de millones de piezas que vienen de todos lados. Somos griegos e iberos, fenicios y romanos, godos y árabes, judíos y cristianos. Somos también americanos, los descendientes de una historia rica y diversa. ¿O acaso no es un ciudadano, entre otras muchas cosas, un punto de convergencia, un producto, un hijo de su pasado nacional? Decía Azaña:
Soy español por los cuatro costados. De ahí que me considere miembro de una sociedad ni mejor ni peor en esencia de las demás europeas. Y es en cuanto español, que me anima el espíritu propio de un liberal que hallándose predeterminado en parte por inclinaciones heredadas, las corrige, las encauza hasta donde le permite el desinterés de la inteligencia.
Voces plurales, civilizaciones sobre las que se van asentando otras civilizaciones, a veces enriquecidas, a veces arrinconadas. No conozco una imagen que de manera más directa nos pueda hacer sentir la fuerza aglutinadora y mestiza de lo hispano que «El aleph», el relato del escritor argentino Jorge Luis Borges. En este cuento, el narrador logra encontrar un instante perfecto en el tiempo y en el espacio en el que todos los lugares del mundo pueden ser vistos en el mismo momento, sin confusión, desde todos los ángulos, y sin embargo en perfecta existencia simultánea.
Y bien, ¿qué veríamos hoy en el aleph español? Veríamos una tierra que mejora su destino convirtiéndose en cuba de sedimentación de pueblos, culturas y dioses. Veríamos la vieja y legendaria Iberia donde Ulises descendió a la casa de Hades, la patria del ibero y del celta, verdadero El Dorado de las ciudades fenicias de Sidón o Tiro. Veríamos la España de Roma y del reino visigodo de Toledo, la España del islam, de la cábala y de la noche oscura del alma. Veríamos la España que descifró los mares y descubrió América, la España del cardenal Cisneros y Fernando de Rojas, de Hernán Cortés y Elcano, de Carlos V y Felipe II, de Olivares y Quevedo, la España de Olavide y Jovellanos, de Larra y Torrijos, de Víctor Chávarri y Cánovas del Castillo, de Machado y Clara Campoamor… La madre nutricia de sueños a la que, en plena desilusión del 98, rindió homenaje el nicaragüense Rubén Darío con versos esperanzados:
Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire,
mientras la onda cordial aliente un sueño,
mientras haya una viva pasión, un noble empeño,
un buscado imposible, una imposible hazaña,
una América oculta que hallar, vivirá España.
Veríamos el país que nos diera a conocer Cervantes, que consuela y cura de la quiebra de confianza entre gobernantes y gobernados, la patria del alma que los poetas —desde Marcial a Jaime Gil de Biedma, pasando por Ibn Hazm de Córdoba, Ibn Gabirol, Gonzalo de Berceo, Ausiàs March, san Juan de la Cruz, Espronceda, Manuel Machado, Blas de Otero…— nos han confiado con su cántico universal de amor a la tierra, a Dios y al hombre, roto el olvido del tiempo y la disparidad de las lenguas. Veríamos el debate teológico y jurídico que, en 1539, establece las bases del moderno derecho internacional; la defensa, en 1599, en plena época de afirmación monárquica, de la existencia de leyes emanadas del pueblo; la lucha por la democracia y la igualdad. Veríamos una nación que, en tiempos difíciles, ha sabido alumbrar esperanzas, una nación en permanente génesis, como ya la definiera Galdós en el siglo XIX, heroica viviendo, heroica luchando por un mañana que es nuestro presente, el tiempo en que cobran forma nuestras libertades, una malla de derechos que de tan aceptados se vuelven invisibles.
Y veríamos, claro está, la España de hoy, un país que, pese a la imagen centrada en lo adverso que ofrecen los telediarios y los periódicos, ha sido declarado por organismos internacionales solventes como uno de los mejores del mundo para nacer, el más sociable para vivir y el más seguro para viajar por todo su territorio. Según el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, con sede en Estocolmo, España es la decimotercera mejor democracia del mundo, por delante de Bélgica, Reino Unido, Francia, Italia, Portugal o Canadá. Y como recordara no hace mucho Manuel Vicent, nuestro país es líder mundial en donación y trasplante de órganos, en fecundación asistida, en sistemas de detección precoz del cáncer, en protección sanitaria universal gratuita, en energía eólica, en conservación marítima, en energías limpias, en playas con bandera azul o en construcción de grandes infraestructuras ferroviarias de alta velocidad.
A todo esto hay que sumar que el nuestro es el país que más misioneros da al mundo: es decir, el generoso idealismo de una multitud de cristianos que luchan contra la injusticia en los rincones más desfavorecidos del planeta, atendiendo a los pobres y a los enfermos, sufriendo en el empeño sus mismas carencias, compartiendo los riesgos y amenazas de aquellos a quienes dedican su vida. Cientos, miles de ejemplos que nos hacen sentir todo aquello que, hace casi dos mil años, un carpintero judío anunció al proclamar la condición inviolable del ser humano, su dignidad intocable y su libertad esencial; nos hacen pensar que ese mensaje, tan arraigado en la historia de España, continúa siendo una promesa viva, compasiva y exigente.
El periodista británico Tobias Jones ha comentado que el feminismo no había pasado por Italia. Otro inglés, autor de un apasionante libro sobre nuestro país, Gilles Tremlett, recuerda que las mujeres españolas han conseguido todos los avances que la revolución «del segundo sexo», como la llamó Simone de Beauvoir, ha conquistado en Europa. Frente a la agresividad que rezuman las noticias, España es —según la Universidad de Georgetown— el quinto país del mundo más respetuoso con las mujeres, el segundo más seguro para ellas y el de menor violencia de género en Europa, muy por detrás de las socialmente envidiadas Francia, Dinamarca, Suecia o Finlandia.
Dejando aparte la historia, el paisaje y el arte, cuya riqueza ocupa parte de este libro, España posee, además, una de las lenguas más poderosas, más habladas y estudiadas del planeta, y es el tercer país, según la Unesco, por patrimonio universal, solo detrás de Italia y de China. Y para celebrarlo, tenemos la segunda mejor cocina del mundo.
No hay que conformarse con lo que va mal ni con las amenazas a lo que hemos conseguido, pero es muy importante saber qué tenemos, valorarlo correctamente, y cuando evaluamos nuestra situación compararla también con la de otras partes del mundo, incluida Europa.
A lo mejor no me creéis —ha dicho con cierta exageración el pianista y escritor británico James Rhodes— pero no os miento si os digo que en España todo es mejor. Los trenes, el metro, los taxistas, el ritmo de vida tranquilo, el idioma increíble (…) Son asombrosas la cordialidad del vive y deja vivir y la generosidad. El respeto que os inspiran los libros, el arte, la música. El tiempo que dedicáis a la familia y al descanso. A las cosas que importan…
Las naciones cambian. La Inglaterra de Shakespeare es muy diferente a la de Dickens. La España de Quevedo tiene muy poco que ver con la de Jovellanos, pese a que apenas cien años separan una de la otra. España, por otra parte, es uno de los países europeos que más ha avanzado en el último siglo. Yo he conocido, por lo menos, tres de sus variantes. La España de finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, los del predominio de Falange, la autarquía imposible, el silencio y el hambre. La España de los Planes de Desarrollo y la legitimación de Franco en el exterior, en la que el creciente bienestar económico se hizo subversivo y el rechazo a la dictadura dio lugar a un brillante florecimiento artístico y literario. Y la España de la democracia, que cuarenta y cinco años después de la muerte de Franco se ha convertido en un país completamente distinto al que era; una sociedad plural, dinámica y vigorosa que ha aceptado, sin excesiva violencia moral, cambios extraordinarios en la valoración y la legislación de principios que hasta ayer mismo parecían consustanciales a nuestra nacionalidad y a nuestra conciencia colectiva, conviviendo, sin especiales problemas, con el divorcio, el matrimonio homosexual y las familias de un solo progenitor, por citar algunos ejemplos significativos.
El cambio, en efecto, ha sido vertiginoso, y al margen de las conquistas sociales y políticas que se han producido desde la Transición, quizá uno de sus signos exteriores más espléndidos y evidentes se encuentre en las ciudades de provincia, las pequeñas y medianas. Casi todas han convertido sus centros históricos en peatonales, han reparado los monumentos que se caían a pedazos, han abierto espacios para el paseo o la reunión, han agilizado los servicios y han mejorado enormemente el transporte.