Czytaj książkę: «La encendida memoria: aproximación a Thomas Merton»
LA ENCENDIDA MEMORIA:
APROXIMACIÓN A THOMAS MERTON
BIBLIOTECA JAVIER COY D’ESTUDIS NORD-AMERICANS
http://puv.uv.es/biblioteca-javier-coy-destudis-nord-americans.html http://bibliotecajaviercoy.com
DIRECTORAS
Carme Manuel
(Universitat de València)
Elena Ortells
(Universitat Jaume I, Castelló)
LA ENCENDIDA MEMORIA:
APROXIMACIÓN A THOMAS MERTON
Fernando Beltrán Llavador
Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans
Universitat de València
© Fernando Beltrán Llavador, 2020
La encendida memoria: aproximación a Thomas Merton
2ª edición de 2020
Reservados todos los derechos
Prohibida su reproducción total o parcial
ISBN: 978-84-9134-620-3
Ilustración de la cubierta: Fernando Beltrán
Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es
Edición digital
A mi familia, bendición y tarea
“I say that we are wound
with mercy round and round
as if with air”
(Gerard Manley Hopkins)
Índice
Nota preliminar
Abreviaturas de obras de Thomas Merton por orden alfabético
Introducción
Cronología del autor y su obra
Capítulo I: Breve semblanza de Thomas Merton
Capítulo II: Soledad en sociedad
Capítulo III: Soledad
Capítulo IV: Sociedad
Capítulo V: Sociedad en soledad
Conclusión
Bibliografía
Nota preliminar
Esta sucinta aproximación a Thomas Merton compendia cuatro fuentes principales de autoría propia, además de otro conjunto de pequeñas contribuciones en diversos foros a lo largo de 25 años desde la publicación de la tesis doctoral Soledad y Sociedad en Thomas Merton: El Nuevo Adán y la Identidad Americana, Universitat de València, Servei de Publicacions, 1993: La Contemplación en la Acción, San Pablo, Madrid, 1996; la primera edición de La Encendida Memoria: Aproximación a Thomas Merton, Universitat de València, Biblioteca Javier Coy d’estudis nord-americans, 2005; “Thomas Merton: Soledad contemplativa y compromiso solidario”, Nova et Vetera: Temas de vida cristiana, Vol. 67, No. 1, 2009, 103-160; y Thomas Merton: El verdadero viaje, Sal Terrae, Madrid, 2015.
Con una distancia de tres lustros desde la primera edición de este volumen, aunque la presente versión es una revisión de aquella y la actualiza, asumo sus deficiencias y atribuyo lo que pueda tener de valor a los estudios que han enriquecido sus páginas. La profusión de citas en el cuerpo del texto y en las notas, algunas de ellas muy extensas, es deliberada y sirve para apuntalar su vertebración básica, en realidad muy sencilla, hasta el punto de que conforman un texto paralelo que permite conocer mejor a Merton y son una invitación a la lectura de sus obras y de otros libros sobre Merton o los que él mismo leyó.
Mi sincera gratitud sigue viva a quienes de muy diversas maneras animaron esta andadura. A mi hermano José debo la idea original y su apoyo constante. Robert E. Daggy (1940-1997) y Paul M. Pearson, directores del Thomas Merton Studies Center pusieron a mi disposición los recursos del Centro, apoyaron mi investigación, facilitaron la publicación de traducciones de libros de Merton y aceptaron mi invitación a respaldar con su presencia la difusión de Merton en España. Paul Pearson sigue ayudando a materializar todas las iniciativas en torno a Thomas Merton. Thomasine (“Tommie”) O’Callaghan (1931-2014), una de las tres fundadoras de la Merton Legacy Trust, me hospedó en su casa de Louisville durante un encuentro interdisciplinar en torno a Thomas Merton y me dispensó la más cálida acogida. El hermano Patrick Hart, OCSO (1925-2019), que ejerció de secretario de Merton me prodigó su hospitalidad en la Abadía de Gethsemani, fue sumamente generoso con su tiempo y me ofreció su inestimable testimonio sobre Thomas Merton. Además de su conocimiento experto sobre Merton, Bonnie Thurston y Erlinda Paguio han hecho suyo el mensaje de Merton con el ejemplo de su vida y el regalo de su amistad. En España, tengo la fortuna de colaborar con el director de la revista Cistercium, Francisco Rafael de Pascual, OCSO, quien comparte conmigo su imprescindible perspectiva “intramuros”. Si Sonia Petisco comenzó su investigación sobre la poesía de Merton bajo mi guía, su vuelo pronto cobró impulso propio y ahora sigo su altura con gozo y gratitud. A pesar de no poder mencionarlas a todas, son muchas las personas que han apoyado esta andadura y me gustaría que se supieran también reconocidas. Mi agradecimiento se dirige ahora, sobre todo y de una manera muy especial, a Carme Manuel, por haber alentado su publicación y por el privilegio de formar parte de la nómina de esta colección única que con tanto cuidado dirige.
Abreviaturas de obras de Thomas Merton citadas por orden alfabético
| AJ: | The Asian Journal of Thomas Merton |
| AlJ: | Thomas Merton in Alaska: The Alaskan Conferences, Journals and Letters |
| AT: | The Ascent to Truth |
| AWG: | My Arguments with the Gestapo |
| BW: | Bread in the Wilderness |
| CA: | Cables to the Ace |
| CG: | Conjectures of a Guilty Bystander |
| CMP: | The Climate of Monastic Prayer |
| CW: | Contemplation in a World of Action |
| DQ: | Disputed Questions |
| DS: | Day of a Stranger |
| FV: | Faith and Violence |
| GNV: | Gandhi on Non-Violence |
| HGL: | The Hidden Ground of Love: Letters |
| IMM: | Ishi Means Man |
| LB: | The Living Bread |
| LE: | The Literary Essays of Thomas Merton |
| LF: | The Last of the Fathers |
| LH: | Life and Holiness |
| LL: | Love and Living |
| MP: | Monks Pond |
| MJ: | The Monastic Journey |
| MZ: | Mystics and Zen Masters |
| NM: | The New Man |
| NMI: | No Man is an Island |
| NS: | New Seeds of Contemplation |
| OB: | Opening the Bible |
| OCB: | Original Child Bomb |
| PS: | Praying the Psalms |
| RU: | Raids on the Unspeakable |
| RW: | Reflections on My Work |
| SB: | Thomas Merton on St. Bernard |
| SC: | Seeds of Contemplation |
| SCel: | Seasons of Celebration |
| SD: | Seeds of Destruction |
| SDM: | Spiritual Direction and Meditation |
| SJ: | The Sign of Jonas |
| SL: | The Silent Life |
| SJTM: | The Secular Journal of Thomas Merton |
| SSM: | The Seven Storey Mountain |
| TMP: | Thomas Merton on Peace |
| TMR: | A Thomas Merton Reader |
| TMSC: | Thomas Merton Studies Center |
| TS: | Thoughts in Solitude |
| VC: | A Vow of Conversation: Journal 1964-65 |
| WCT: | The Way of Chuang-Tzu |
| WD: | The Wisdom of the Desert |
| WF: | Witness to Freedom: Letters |
| WhC: | What is Contemplation? |
| WS: | The Waters of Siloe |
| WSD: | Woods, Shore, Desert (A Notebook, May 1968) |
| ZB: | Zen and the Birds of Appetite |
Un listado completo de las obras de Thomas Merton publicadas hasta el año 2018 se encuentra disponible en el libro de Sonia Petisco, Thomas Merton: Pasión por la Palabra, (Universitat de València: Biblioteca Javier Coy D’Estudis Nord-Americans, 2018).
Especial atención merece, con ocasión del centenario del nacimiento de Thomas Merton, la publicación del Diccionario de Thomas Merton de William H. Shannon, Christine M. Bochen y Patrick F. O. Connell (Mensajero, Bilbao, 2015) con un apartado al final dedicado a la obra de Thomas Merton.
Los estudiosos encontrarán recursos bibliográficos de suma utilidad en la herramienta de búsqueda del Thomas Merton Center de la Universidad de Bellarmine, en Louisville, Kentucky: http://www.merton.org/Research/bibresources.aspx
Además, en la actualidad es posible obtener numerosas grabaciones sonoras de lecciones y conferencias monásticas impartidas por Thomas Merton a sus novicios o a sus hermanos de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia en torno a temas específicamente monásticos además de otros, desde la perspectiva monástica, sobre los escritores Franz Kafka, T.S. Eliot, John Milton, Edwin Muir, William Faulkner, James Joyce, Rilke, etc., en: https://www.nowyouknowmedia.com/categories/thomas-merton.html
Introducción
Thomas Merton (Francia 1915-Bangkok 1968) es una figura singular en el panorama del pensamiento contemporáneo. Como su vida y pensamiento han tenido un alcance inusitado en las esferas públicas de la cultura, la política y la religión, en ocasiones se ha leído su obra de manera sesgada, escogiendo aquello que pudiera satisfacer una inclinación parcial, en menosprecio de una consideración global del conjunto de su trayectoria y de su obra. Es cierto que el carácter plural y lo prolífico de la última han abonado el terreno para un abordamiento fragmentario; no lo es menos que a su ingente producción acompaña una dimensión de profundidad que emerge de una disposición contemplativa, y por eso su crítica desborda el ejercicio de la sola reflexión. Sus años de formación ya anunciaron las que después habrían de ser sus exploraciones fundamentales. Hijo de artistas, estudiante brillante, residente en Francia e Inglaterra antes de su asentamiento en los Estados Unidos, miembro de las juventudes comunistas durante un corto periodo de tiempo, amigo bien pronto de un monje hindú que le señaló la riqueza de sus propias raíces cristianas y, en fin, poeta y ensayista, su curiosidad y la agudeza de su mente nunca le abandonarían. Desde el claustro monacal mantuvo una fecunda relación epistolar con cientos de personas así como un recuento diario de su vida, que se hizo público después de cumplir su voluntad de que sus diarios no salieran a la luz antes del año 1993, una vez transcurridos veintinco años desde su fallecimiento. Al término de su vida, su simpatía por personajes de la vida contracultural, su abierta admiración por representantes del budismo y del islamismo y su relación con figuras destacadas de los ámbitos zen o sufí, dieron lugar a toda suerte de especulaciones y rumores. Lo cierto es que su influencia crece con el paso del tiempo, y ello parece estar haciendo justicia a su obra rica y controvertida, a un tiempo ortodoxa y radical, tributaria de una tradición que se remonta a los padres del desierto pero enraizada en su tiempo, crítica en extremo desde la pasión y la compasión, desde la razón y la contemplación.1
Thomas Merton, más tarde Father Louis, pero también Uncle Louis, Tom, Uncle O’remus, Ottaviani, Wang, Llwellen, Marco J. Freesbee, Happy, Joe Zimmerman,2 de acuerdo al destinatario o la ocasión, alcanzó su popularidad con The Seven Storey Mountain, que pronto se convertiría en un best-seller en el que su joven autor relataba, desde el claustro del monasterio trapense de Nuestra Señora de Gethsemani, en Kentucky, su propio proceso de conversión al catolicismo. También a España llegó enseguida ese impactante aunque maniqueo relato, y a él acompañaron, a continuación, algunos ensayos de tono devoto así como una selección de sus diarios monásticos; de su último periodo, sin duda alguna el más universal y de una madurez renovada, contamos con las traducciones de su adaptación personal de los poemas de Chuang-Tzu y con un interesante diálogo con el estudioso y prestigioso divulgador del zen D. T. Suzuki;3 en Sudamérica muchos de sus ensayos y poemas se encuentran traducidos en revistas literarias y quedaron recogidos en libros de naturaleza miscelánea, y en España se viene realizando un importante esfuerzo editorial de recuperación, a la espera todavía de que vean la luz sus ensayos literarios y de que prosiga la publicación de su producción epistolar y poética, esta última felizmente asumida por Sonia Petisco.4 Cabe destacar la publicación en nuestro idioma de su último diario, el que recoge su peregrinaje asiático, así como de un compendio de sus diarios completos que en el original inglés se han publicado en siete volúmenes.
Merton heredó de sus padres su sensibilidad hacia toda forma de belleza en la naturaleza y el arte. A través de sus diarios prosiguió una disciplina de autoescrutinio incesante que ya iniciara su propia madre tomando notas de los progresos del niño desde su nacimiento.5 Cuando apenas contaba con seis años, esta murió, y con su padre inició una sucesión de cambios de residencia que en muy poco tiempo le hicieron conocer experiencias educativas diferentes en Francia e Inglaterra, y familiarizarse por igual con los idiomas de ambos países. A los dieciséis años, su padre muere de un tumor cerebral en Londres y queda huérfano. Dos años más tarde, el joven Merton emprende un breve viaje a Roma, y después de pasar el verano en los Estados Unidos regresa a Cambridge para estudiar francés e italiano. En 1935 se desplaza definitivamente a Estados Unidos para residir con sus abuelos maternos y estudiar en la Universidad de Columbia donde colabora en diversas publicaciones internas y redacta la tesis requerida para completar su Máster (Master of Arts), sobre el arte y la naturaleza en William Blake. En 1938, por propia decisión, y tras una primera juventud febril, resuelve recibir el bautismo en la Iglesia católica y comienza sus estudios de doctorado interesándose por la obra del poeta Gerard Manley Hopkins. Ese mismo año viaja a Cuba donde una profunda experiencia religiosa, que relata en su propia autobiografía, le hace plantearse seriamente emprender un noviciado monástico; la posibilidad de ingresar en la orden franciscana quedó descartada al confesar su involuntaria paternidad aunque, tras participar brevemente como voluntario en la obra social de la Baronesa Catherine de Hueck en Harlem, pasa un tiempo de retiro en la Abadía de Gethsemani siguiendo el consejo de su mentor Daniel Walsh, y finalmente, en diciembre de 1941, ingresa en ese monasterio trapense, como se conoce a la rama de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia.
Su periodo monástico comprende varias etapas netamente diferenciadas: noviciado (1942-1944), primeros votos hasta la ordenación sacerdotal (1944-1949), maestro de escolásticos (1951-1955), maestro de novicios (1955-1966) y finalmente una etapa de eremitismo (1966-68) y lo que pudiera considerarse monacato universal (1968). Diez años después de su ingreso en la abadía adopta la nacionalidad norteamericana, y a través de sus escritos comienza a pronunciarse contra la discriminación racial y hace públicas sus severas objeciones a la intervención del gigante americano en Vietnam y al uso destructivo de la fuerza atómica. En 1965 se le concede un permiso largamente esperado para vivir como ermitaño a tan sólo una milla de la abadía, en los terrenos de la misma. Tres años más tarde, en 1968, asume el encargo de buscar nuevas ubicaciones para futuras ermitas y se desplaza a Nuevo México, California y Alaska. Ese mismo año viaja por distintos puntos de Asia con motivo de un encuentro de monjes benedictinos y cistercienses en Bangkok. Allí muere en circunstancias confusas, al ser electrocutado accidentalmente por un ventilador, según una versión oficial que cincuenta años después de su muerte ha sido puesta en tela de juicio por Turtley y Martin (2018).
Su vida estuvo plagada de ironías, y la última de ellas fue quizá la más significativa. El hombre que escribiera Original Child Bomb: Points for Meditation to be Scratched on the Walls of a Cave fue devuelto cadáver a Norteamérica a bordo de uno de los aviones bombarderos del ejército norteamericano en Vietnam. En ese mordaz informe poemado Merton había descrito con estremecedora frialdad el proceso político que condujo a la devastadora explosión de la bomba en Hiroshima.6
No podemos pensar en el talante místico de Merton al margen de su producción escrita; su lealtad hacia su profesión monástica y su vocación de escritor estuvieron en conflicto permanente hasta asumir por completo que sus escritos constituían otra forma de plegaria, un modo muy íntimo de comunicación personal y de comunión universal y una opción libre a la vez que una estricta expresión de obediencia. Lo que sorprende de la obra de Thomas Merton no es tan sólo la calidad de su profusa producción sino su acogida por parte de un público muy amplio y diverso, mucho más allá de la comunidad de católicos, y hasta a veces en declarada confrontación con la misma, si bien es natural que la prodigalidad y variedad de su pluma susciten la simpatía en círculos de intereses bien dispares. En el año 2002, los editores de The Thomas Merton Encyclopedia calculaban su producción por encima del centenar de libros, que comprenden prosa ensayística, hagiografías, diarios, meditaciones, una amplia producción poética, literatura epistolar compilada en una decena de volúmenes, una novela y numerosas traducciones del latín, del francés y del español.
En esta sucinta aproximación intentaremos dar a conocer la obra de este autor prominente dentro del catolicismo estadounidense del siglo XX haciendo especial hincapié en la perspectiva de su contexto americano. La orientación didáctica del libro explica el exceso de simplificación en la presentación de los argumentos, que privilegian la voz del propio contemplativo en detrimento de mayores modulaciones críticas o estudios contextualizados, y mucho más matizados, sobre aspectos específicos que se recogen en otros volúmenes referenciados en notas a pie de página, al hilo del discurso, y en la sección bibliográfica. Ahora bien, no podemos comenzar a asumir siquiera la óptica de los estudios norteamericanos sin señalar que nada pudo quedar más lejos de la intención de Merton que la de erigirse en embajador cultural, y mucho menos ideológico, de los Estados Unidos, y menos todavía suscribir su ambición imperial. Sin embargo, también es de justicia reconocer que, junto al clima de barbarie y decadencia moral que Thomas Merton denunció de un modo implacable en Norteamérica, posiblemente ningún otro espacio podría haberle ofrecido la oportunidad de reunir y proyectar universalmente sus ensayos y meditaciones en torno a aspectos tan diversos como los que vierte en sus escritos. Merton fue adquiriendo cada vez mayor conciencia de estar habitando una tierra secular e históricamente situada, producto de acontecimientos temporales y terrenos, y no tan sólo una topología extemporánea como cabría pensar de un monasterio en la Norteamérica que llevó al primer hombre a la luna. El compromiso con la sociedad de su tiempo ha quedado bien patente en sus escritos sobre la amenaza nuclear, sobre la discriminación racial y la alternativa de la no violencia, sobre el genocidio de los habitantes originales del suelo americano, los indios nativos, y sobre tantos temas de interés nacional como mundial: los campos de concentración, el existencialismo, la contribución de Oriente a las formas de vida occidentales, el papel de la ciencia y de la tecnología en el mundo contemporáneo, y un largo etcétera, que no fueron, no obstante, sino el corolario y una derivación natural de todos aquellos otros escritos sobre cuestiones de carácter estrictamente monacal: lecturas de la Biblia, directrices sobre la vida monástica, la espiritualidad de san Juan de la Cruz, san Bernardo, Juliana de Norwich..., el estudio de las figuras del escolasticismo, los padres del desierto, así como del misticismo sufí, la espiritualidad zen, etc.
No cabe duda de que le corresponde a Norteamérica la fortuna de haber albergado en su suelo a un crítico excepcional cuyo mensaje ha tenido repercusiones de alcance global. Hay quien ha llegado a comparar la hondura de su palabra contemplativa con la de Juan de la Cruz. Desde el recinto claustral supo romper barreras temporales, geográficas y disciplinares, y hoy su reconocimiento procede tanto de los ámbitos católicos como de otras religiones y de esferas muy diversas del saber y del quehacer humano: sociológica, literaria, antropológica, política, psicológica, económica y ecológica.
El título del libro responde a la triple configuración de la hermenéutica cristiana, constituida en primer lugar por el texto, que comprende el contenido de la memoria y tradición fundadas en la Sagrada Escritura; en segundo lugar por el contexto, referido a la realidad compleja en sus aspectos sociopolíticos, económicos, culturales y religiosos; y finalmente, por el intérprete, creyente individual o suma de fieles, esto es, la comunidad eclesial en su conjunto. En esa clave, la memoria se enciende, se actualiza e ilumina la vida del mundo cuando, a la escucha del Espíritu, personas como Merton entregan su vida entera y se dejan abrasar por el fuego fundante de un amor sin límites a la vez que absolutamente personal, transformándose así en profetas7 contemporáneos y luminarias para los demás. A ese respecto el discurso del papa Francisco en el Congreso de los Estados Unidos de América el 24 de septiembre de 2015 destacó a Thomas Merton como uno de los grandes referentes norteamericanos junto a las figuras de Abraham Lincoln, Martin Luther King, y Dorothy Day, definiéndolo como “un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.”8
En cuanto a la organización del libro, su núcleo se erige en torno a la dinámica que se establece entre la experiencia de sociedad y de soledad en la vida y en la obra de Merton. El bosquejo cronológico inicial, tras este preámbulo, se propone situarlo en un mapa de su tiempo para recoger someramente la secuencia de los acontecimientos más destacados de su itinerario y de su producción escrita. El acercamiento a su persona tiene lugar desde tres perspectivas diferentes aunque complementarias: el testimonio personal de aquellos que le conocieron y tuvieron trato de cercanía con él, la convicción íntima del autor de que todos aquellos rostros que los demás vieron en él no constituían su auténtica identidad o su “rostro original”, en la imagen de ese conocido koan9 en el que un maestro zen desafía a su discípulo a que le muestre su rostro antes de haber nacido, y finalmente, la huella inestimable de sus propios diarios que, remontando la línea de su vida, habrían de establecer una continuidad casi directa con la tarea ya iniciada por su madre al tomar notas sobre el niño desde su nacimiento; hay que observar que, a excepción de ciertos periodos críticos en los que Merton se abstuvo de escribir, la redacción de los diarios constituyó una disciplina a la que habría de ser fiel hasta el término de sus días;10 de hecho, su obra entera —incluyendo poemas, cartas, ensayos, meditaciones— se puede leer como un exhaustivo registro de los movimientos de su alma.
El contenido de esta aproximación a Merton se ha organizado de manera especular, respondiendo a un esquema de viaje espiritual que refleja un arquetipo de búsqueda, transformación y retorno consustancial al desarrollo humano. Como veremos, al hilo de sus obras fundamentalmente, se aprecia un sendero de progresión desde una experiencia de soledad en sociedad hasta otra, al final de sus días, de sociedad en soledad: la primera corresponde al periodo que el propio Thomas Merton describe en su famosa autobiografía, The Seven Storey Mountain, que culmina cuando ingresa en la abadía de Nuestra Señora de Gethsemani, en Kentucky, mientras que la última se inicia en el momento en que el autor obtuvo permiso para viajar a Asia, con ocasión de un encuentro ecuménico en Bangkok, lo que le brindó la oportunidad, hasta entonces resuelta casi exclusivamente por vía epistolar, de entrar en contacto con representantes vivos y destacados de distintas corrientes de espiritualidad oriental. Los diversos capítulos hacen evidente cómo, aún en medio de tensiones e incomprensiones entre sus hermanos y sus seguidores, las exploraciones interiores del autor, su vivencia monacal y la indagación de su identidad última iban a conducirle necesariamente a una apertura compasiva hacia el mundo que antes deseara o creyera haber abandonado; esa nueva eclosión tomaría la forma de un genuino compromiso y de su implicación plena en los órdenes político, social y cultural de su nación y de su siglo mediante el vehículo de la palabra. Es de destacar en ese contexto que, tras su primera etapa de conversión y después de abrazar la regla monástica, Merton tomó la decisión, libre y consciente, de adoptar la ciudadanía estadounidense, a lo que concedió casi tanta importancia como a su profesión de fe; lejos de procurarle amparo en un nacionalismo triunfalista, ese paso decisivo iba a legitimarle en no pocas ocasiones para hacer fuertes críticas sociales desde su doble condición de peregrino hacia un horizonte escatológico de trascendencia y de ciudadano norteamericano del siglo XX.
Pese a la separación inevitable de los capítulos a efectos metodológicos y de exposición, cada uno de los aspectos que se abordan en el apartado genéricamente titulado “soledad” se corresponde con aquellos otros recogidos bajo el epígrafe de “sociedad”. De ese modo se sugiere que si la estructura monástica proporcionó a Merton un marco de soledad y autodescubrimiento, esta sería trascendida en un proceso dinámico, una auténtica peregrinación por los senderos del Espíritu; al monje, en su madurez, habría de resultarle ya difícil separar su preocupación religiosa de cuestiones políticas, éticas y culturales históricamente situadas. De la misma manera, en el claustro —crisálida de silencio, de contemplación, oración, ascesis y recogimiento abisal— se gestaron las alas que le llevarían a anunciar y multiplicar los frutos de la contemplación tan lejos de su recinto; esa fragua fue, no obstante, también el resultado de un incesante diálogo con numerosas personas que dejaron en él una impronta indeleble; no son pocos los autores que, a su vez, han reconocido la influencia que Merton ejerció sobre ellos, y su legado es de naturaleza múltiple, más allá del ámbito de la producción escrita. La noche del gran silencio, un periodo de “descreación”, de ocultamiento y de despojamiento de las máscaras ilusorias del falso yo, precedió al día de la proclamación, una nueva condición de presencia plena, de encarnación y participación comprometida con la suerte de las mujeres y hombres de su tiempo. Por último, iluminación y compasión —o satori y karuna, si se prefieren sus equivalentes homeomórficos en el budismo— son dos aspectos indisociables de ese nuevo alumbramiento en el que Merton sintió la llamada a hacer de sus semejantes partícipes de su descubrimiento más íntimo y más humano, a un tiempo personal y universal.