Czytaj książkę: «Repensar las desigualdades»

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Introducción (Renata Motta, Elizabeth Jelin, Sérgio Costa)

Parte I. Estructuración de las desigualdades

1. Desigualdad: hacia una perspectiva histórica mundial (Roberto Patricio Korzeniewicz)

2. Articulaciones transregionales entre la ley y la raza en América Latina. Una genealogía legal de la desigualdad (Manuel Góngora-Mera)

3. El espacio urbano y la (re)producción de desigualdades sociales. Desacoples entre distribución del ingreso y patrones de urbanización en ciudades latinoamericanas (Ramiro Segura)

4. Investigar las desigualdades desde una perspectiva socioecológica (Kristina Dietz)

Parte II. Categorización: construcción y deconstrucción de jerarquías persistentes

5. El imaginario de las desigualdades en América Latina. ¿Es necesaria otra mirada? (Juan Pablo Pérez Sáinz)

6. Desigualdades y diferencias: género, etnicidad/raza y ciudadanía en las sociedades de clases (realidades históricas, aproximaciones analíticas) (Elizabeth Jelin)

7. Indigeneidades en pugna. Ser un ecoguerrero hiperreal en Bolivia en el siglo XXI (Andrew Canessa)

8. La construcción simbólica de las desigualdades (Luis Reygadas)

Parte III. Dinámicas de la producción y transformación de las desigualdades

9. Capas de desigualdades e interseccionalidad (Jairo Baquero-Melo)

10. Los millonarios, los establecidos, los emergentes y los pobres. Estructura social y crisis política en Brasil (Sérgio Costa)

11. Las cadenas transnacionales de cuidado y las desigualdades entrelazadas (Anna Katharina Skornia)

12. Desigualdades socioambientales y cultivos transgénicos. Clase, género y conocimiento (Renata Motta)

Reflexiones finales (Sérgio Costa, Renata Motta, Elizabeth Jelin)

Acerca de los editores y los autores

Elizabeth Jelin

Renata Motta

Sérgio Costa

REPENSAR LAS DESIGUALDADES

Cómo se producen y entrelazan las asimetrías globales (y qué la gente con eso)

Edición al cuidado de

Ramiro Segura

Traducción de

Eugenia Cervio


Jelin, Elizabeth

Repensar las desigualdades / Elizabeth Jelin, Renata Motta y Sérgio Costa.- 1ª ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2020.

Libro digital, EPUB.- (Sociologí y Política)

Archivo Digital: descarga y online

Traducido por: Eugenia Cervio // ISBN 978-987-801-033-5

1. Sociología. 2. Desigualdad. 3. América Latina. I. Costa, Sergio. II. Motta, Renata. III. Título.

CDD 302.17

Título original: Global Entangled Inequalities. Conceptual Debates and Evidence from Latin American (Nueva York, Routledge, 2018)

Esta obra contó con el apoyo financiero del Lateinamerika-Institut, Freie Universität Berlin

© 2020, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

<www.sigloxxieditores.com.ar>

Diseño de cubierta: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina

Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina

Primera edición en formato digital: octubre de 2020

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

ISBN edición digital (ePub): 978-987-801-033-5

Introducción[1]

Renata Motta

Elizabeth Jelin

Sérgio Costa

Como tema fundacional de las modernas ciencias sociales, la investigación sobre las desigualdades tuvo un largo camino de desarrollo y cambio. Algunos problemas, conceptos y temáticas fueron constantes (los relacionados con la estratificación y movilidad social, por ejemplo), mientras que otros experimentaron altibajos, con diferentes énfasis a lo largo del tiempo y el espacio. Las agendas de las ciencias sociales fueron moldeadas por los desarrollos propios de cada disciplina, pero también por los debates sobre políticas en agencias nacionales y sobre todo internacionales, y por los desafíos que presenta el mundo “real”, por las tendencias y experiencias en las diferentes regiones del mundo. Este libro es parte de una renovada atención sobre estas cuestiones, con una doble faz: las desigualdades en plural, como expresión de múltiples asimetrías, pero también en singular, ya que las desigualdades específicas se insertan en una única estructura social global.

Los años ochenta y noventa del siglo XX fueron tiempos en los que muchos académicos, gobiernos y organismos internacionales centraron su atención en la pobreza más que en las desigualdades, con un foco a nivel nacional. En ese período, las desigualdades se convirtieron en objeto de enfoques econométricos que reducían la investigación a mediciones de la distribución del ingreso. Bajo el predominio de la perspectiva del capital humano, se puso énfasis en la necesidad de invertir en el desarrollo de las capacidades humanas –en vez de cambiar las estructuras de oportunidades, para usar la terminología de Amartya Sen (1999)–.

Al mismo tiempo, lejos de las preocupaciones internacionales por la pobreza y el hambre, con escasas excepciones, los sociólogos y cientistas políticos de Europa Occidental parecían estar fascinados por una modernidad reflexiva o segunda modernidad, que supuestamente abría nuevos espacios de libertad y creatividad humana, después de la debacle del socialismo y la expansión global de la democracia. Con estas preocupaciones, excluían de hecho a las desigualdades de sus agendas de investigación (Beck, Giddens y Lash, 1994; Habermas, 1998; Beck, 1986). Algunos incluso llegaron a proclamar la irrelevancia de los conflictos redistributivos (Luhmann 1985; Honneth 1992). Se suponía que las luchas por el reconocimiento y por la diferenciación individual y colectiva iban a ser los nuevos reclamos de justicia, en reemplazo de las luchas para reducir las desigualdades materiales estructurales.

Por su parte, en regiones como América Latina y Europa del Este las transiciones de las dictaduras y los regímenes autoritarios ocupaban el centro de la escena, y lo que estaba en juego era la democratización y la ampliación de los derechos de ciudadanía. Los reclamos políticos y cívicos desplazaron a (o compartieron el espacio con) los problemas de la pobreza. Poco después comenzó a usarse el lenguaje de la exclusión-inclusión, lo que revivió los debates sobre la marginalidad de los años sesenta (Nun, 1969, 2001; LARR, 2004). Aquí y allá, el estudio de los (nuevos y viejos) movimientos sociales y de las identidades colectivas estaba redefiniendo una agenda de investigación sobre las formas de abordar las desigualdades obstinadas y persistentes en el mundo, así como sobre las luchas para erradicarlas. Sin embargo, las investigaciones sobre los movimientos sociales y las desigualdades sociales se desarrollaron como campos paralelos que solo convergieron recientemente.

Desde finales de los años noventa, se acumularon las frustraciones respecto del capitalismo global y de los efectos de las políticas neoliberales que enfatizaban en la centralidad de las fuerzas del mercado y ponían el Estado en una posición subordinada en la gestión de la distribución y redistribución de recursos valiosos. En forma simultánea, las nuevas luchas por la redistribución llevaron a un resurgimiento de la investigación de las desigualdades. Estos nuevos estudios, que redescubrieron de manera parcial las virtudes de los autores clásicos, ampliaron la perspectiva analítica en diferentes direcciones. Identificamos cuatro cambios principales en la investigación de las desigualdades sociales.

* * *

1. De un interés exclusivo en las disparidades socioeconómicas hubo un cambio hacia una comprensión más integral de las desigualdades. En consecuencia, los investigadores incluyeron las desigualdades de poder (Kreckel, 2004) así como las asimetrías vitales y existenciales en sus enfoques (Therborn, 2006). Esta expansión implicó una crítica al concepto de “movilidad social”, por reducir el estudio de la desigualdad a una mera cuestión de calcular la distribución cambiante de individuos en los estratos socioeconómicos.

Una expansión conceptual aún más relevante es la referida a los intentos de considerar seriamente las desigualdades medioambientales (Krämer, 2007; Göbel, Góngora-Mera y Ulloa, 2014). Mientras que la sociología de las desigualdades, a menudo, hizo caso omiso de la cuestión ambiental, los estudios ambientales también ignoraron la investigación de las desigualdades. De hecho, los recursos naturales constituyen bienes sociales significativos a los que los individuos y los grupos sociales tienen acceso y derechos de uso diferenciados. Hay una serie de conflictos distributivos relacionados con el control de la tierra, el agua, los bosques, las semillas, entre otros, que también están mediados por relaciones de poder asimétricas. La cuestión ambiental, sin embargo, pone de relieve la existencia de otro tipo de conflicto distributivo: la distribución asimétrica de los daños al medio ambiente. A menudo, los impactos negativos de las actividades industriales y extractivas son experimentados de manera desigual a través de las categorías sociales, como negro/blanco, hombre/mujer, pueblos indígenas/élites criollas, etc. En otras palabras, los actores más poderosos son capaces de externalizar los riesgos ambientales y los daños y transferirlos a los menos poderosos. Las desigualdades ecológicas también reflejan y fomentan las asimetrías geopolíticas, en la medida en que el Norte Global industrializado define cuáles son los temas ambientales en la agenda internacional mientras que los países del Sur Global no solo carecen de poder para poner sus preocupaciones en la agenda, sino que además están obligados a participar en la gestión de las soluciones a los problemas de los países ricos (McMichael, 2009).

Por último, también se prestó atención a las dimensiones simbólicas y subjetivas, según las cuales las desigualdades se expresan en la ubicación de uno mismo y de los otros en las jerarquías simbólicas que cumplen un papel relevante en las prácticas de discriminación y segregación (Reygadas, 2008).

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2. Un segundo cambio refiere a la unidad de análisis y el período considerado al tratar de entender los patrones actuales de las desigualdades. Un creciente consenso respecto de las limitaciones del nacionalismo metodológico (Fine, 2007; Chernilo, 2007; Beck, 1996) contribuyó al aumento de los estudios que cambiaron el alcance de la unidad de análisis, pasando de un foco nacional a uno transnacional o global (Korzeniewicz y Moran, 2009; Pieterse, 2002; Boatcă, 2015; Burawoy, 2000). Este viraje es crucial ya que entre dos tercios y tres cuartos de las desigualdades sociales existentes son de carácter global (Kreckel, 2004). El nuevo interés por las desigualdades globales se asocia sobre todo con los nuevos enfoques diacrónicos, que se ocupan de explicar los patrones persistentes de las desigualdades históricas (Randeria, 2007; Boatcă, 2015). Entre los esfuerzos recientes para superar el nacionalismo metodológico en la investigación sobre la desigualdad, se pueden distinguir dos perspectivas: el enfoque de los sistemas mundiales y el enfoque transnacional.

El trabajo reciente de Korzeniewicz y Moran (2009) constituye un ejemplo paradigmático de los desarrollos del estudio de la desigualdad como parte de la investigación histórica de los sistemas mundiales. Sus estudios demostraron que los patrones de desigualdad encontrados en diferentes países se remontan al período colonial. En contraste con la literatura hasta ahora hegemónica, los autores plantean que el hecho de que la mayoría de los países se mantengan a lo largo del tiempo en uno de los dos grupos clasificados según niveles bajos y altos de desigualdad de ingresos no puede explicarse solo por factores internos. Antes bien, la posibilidad de que un país remedie la desigualdad dentro de sus fronteras a través de políticas redistributivas está inextricablemente ligada a la economía global y la política mundial. Por lo tanto, la posición de una nación en la economía mundial y sus patrones distributivos internos se conectan de manera interdependiente (véase Korzeniewicz en este libro).

La posición de los actores sociales en las estructuras transnacionales de desigualdades es el punto central de los enfoques transnacionales en la investigación sobre la desigualdad (Pries, 2008; Weiß, 2005; Berger y Weiß, 2008). Desde una perspectiva transnacional, los autores analizan la desigualdad en el contexto de la migración transnacional y sostienen que la unidad de referencia tradicional (los Estados nación) no alcanza para explicar cómo los migrantes están inmersos en estructuras de desigualdad. Por lo tanto, para la investigación de la desigualdad es importante considerar los espacios plurilocales/transnacionales:

Junto con estas unidades de análisis (local, nacional, supranacional y global) –encajadas unas en otras como muñecas rusas– es de fundamental importancia considerar el nivel plurilocal como unidad de análisis de fenómenos tales como la economía familiar o las estrategias educativas, como el caso de los migrantes transnacionales y del espacio social distribuido en diferentes sociedades nacionales (Pries, 2008: 62).

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3. La investigación sobre la desigualdad amplió su enfoque al integrar múltiples categorizaciones, además de las clases sociales, en la configuración de las jerarquías contemporáneas. Existen muchos otros ejes de diferenciación social que operan en el mundo: nacionalidad y ciudadanía, lugar de residencia y origen, género, raza, etnia, edad, religión, idioma. Estas diferencias no son intrínsecamente jerárquicas, sino antes bien horizontales. Sin embargo, en el mundo real hay una relación fuerte –pero variable– entre estas diferencias horizontales y las desigualdades verticales. De hecho, el desarrollo histórico real del funcionamiento de estos ejes teóricos horizontales de diferenciación social los llevó a convertirse en dimensiones de desigualdad.

En la perspectiva de Charles Tilly (1998) para comprender las “desigualdades persistentes”, las categorías que definen diferencias dentro de una población constituyen la base de desigualdades persistentes cuando los principales mecanismos de producción de las desigualdades (explotación, acumulación de oportunidades) se relacionan con la construcción y el mantenimiento de pares categoriales ordenados jerárquicamente. El vínculo entre las categorías sociales de diferencia y las estructuras de las desigualdades es contingente y está estructurado históricamente.

Superando la influyente contribución de Tilly, los estudios más recientes no solo tienen en cuenta categorías como raza, etnicidad y género, también estudian cómo se construyen estas categorías (por ejemplo, Anthias, 2016). Esta tarea implica varios pasos analíticos: primero, develar las formas en que se combinan, vinculan y desvinculan entre sí las categorizaciones a lo largo del tiempo. A su vez, su importancia social debe verse de dos maneras: su relevancia histórica variable como dimensión estructuradora de las desigualdades, por un lado, y la centralidad y visibilidad que cada tipo de diferencia asume en las luchas sociales para superar estas desigualdades basadas en las diferencias, por otro. Incluir la multiplicidad de categorizaciones sociales en el análisis de las desigualdades sociales requirió desarrollar diversas conceptualizaciones nuevas: las desigualdades horizontales y verticales, la interseccionalidad y la discusión de la relación entre desigualdad y diferencia.

El término “desigualdad horizontal” ha sido acuñado por la economista del desarrollo Frances Stewart (Stewart, 2010; Stewart, Brown y Mancini, 2005). Según la autora, la posición social de un individuo en una sociedad dada corresponde a la suma de las desigualdades verticales y horizontales. La primera se refiere a las diferencias entre los individuos a lo largo de una escala social, y la segunda, a las diferencias entre grupos. Al centrarse en las desigualdades horizontales, Stewart tiene como objetivo ampliar la visión económica convencional sobre las causas de la desigualdad social. Distingue a los grupos no solo a través de factores económicos, sino también de criterios políticos, religiosos, étnicos, raciales y de género. Sin embargo, la definición de grupo sigue siendo difícil de responder: dado que un individuo puede, al mismo tiempo, sentir que pertenece a diferentes grupos, ¿cómo se define un grupo? Además, teniendo en cuenta las desigualdades que generan las afiliaciones grupales, no es obvio que haya una relación causal entre pertenencia grupal y desigualdad:

Hasta cierto punto, entonces, los límites del grupo se vuelven endógenos a la desigualdad grupal. Si las personas sufren discriminación (es decir, experimentan desigualdad horizontal), pueden sentir su identidad cultural con más fuerza, particularmente si los otros los clasifican en grupos con el propósito expreso de discriminarlos (creando o haciendo efectivas, así, las DH [desigualdades horizontales]) (Stewart, Brown y Mancini, 2005: 9).

La interseccionalidad, a su vez, es más que un concepto. Se originó en los ochenta, en el contexto del activismo feminista negro en los Estados Unidos; hoy el término caracteriza un amplio campo de estudios donde se defienden diferentes posiciones y perspectivas (Célleri Endara y otros, 2013). El denominador común en este campo es interpretar las posiciones de los individuos en las jerarquías sociales como interpenetraciones y articulaciones de diferentes categorizaciones, como las describe Roth:

En vez de examinar el género, la raza, la clase, la nación, etc., como jerarquías sociales distintas, los enfoques ligados a una perspectiva de la interseccionalidad examinan cómo se construyen mutuamente los diferentes ejes de estratificación y cómo se articulan las desigualdades y se conectan con las diferencias. Una perspectiva interseccional siempre toma en consideración el carácter multidimensional, así como los entramados, las analogías y las simultaneidades de varios ejes de estratificación (2013: 2).

Los múltiples ejes de diferenciación social no son intrínsecamente jerárquicos, sino horizontales. Pero, como acabamos de comentar, se convierten en ejes de desigualdad. A nivel mundial, las desigualdades más desafiantes son aquellas entre Estados nación. Las posibilidades de vida, el acceso a bienes y servicios, incluso la esperanza de vida, difieren ampliamente según la “suerte” de haber nacido en un lugar o en otro. Como señala Brubaker (2015), esta diferencia en apariencia “horizontal” o neutral de nacionalidad o lugar de origen está íntimamente ligada con la estructura de desigualdades. Y estas desigualdades de nacimiento se refuerzan y endurecen por las políticas de migración y de refugiados, y por los límites a la libre circulación de personas en el mundo. Los pasaportes y la ciudadanía se convierten en marcas de privilegio y distinción. Estas categorizaciones adscriptas son, quizá, las más duraderas, e incluso crecientes en el mundo contemporáneo. Sin embargo, rara vez se han incorporado al análisis de las ciencias sociales, que se ha centrado en las desigualdades internas de los países (véanse también Shachar, 2009; Boatcă, 2015).

Estas tres novedosas direcciones en las perspectivas de investigación estuvieron acompañadas de un cambio en las metodologías aplicadas al análisis de las desigualdades sociales. Así, tras la incorporación de múltiples categorías de estructuración de las desigualdades, se produjo un desplazamiento de los estudios basados en datos socioestructurales a los estudios basados en hallazgos tanto cualitativos como cuantitativos en los órdenes políticos y simbólicos. Esto requirió una diversificación metodológica en función de la cual perdieron predominio los estudios de estratificación y movilidad social, para dar lugar a un análisis crítico de la propia construcción de las categorizaciones sociales (Anthias, 2013, 2016). Las metodologías etnográficas, que permiten a los investigadores estudiar los efectos de la desigualdad en las interacciones cotidianas y las redes multisituadas, se volvieron por igual influyentes (Skornia, 2014).

La búsqueda de una perspectiva más amplia respecto de las desigualdades, que permita a los investigadores comprender la dinámica de la producción y reproducción de la desigualdad más allá de las fronteras nacionales, plantea la pregunta sobre los tipos de datos y de análisis comúnmente utilizados. De hecho, Piketty (2014) y sus colaboradores plantean una innovación metodológica clave, al introducir datos sobre los principales contribuyentes de impuestos y al presentar un análisis histórico-comparativo de datos nacionales. Sin embargo, un gran obstáculo para avanzar en esta agenda de investigación es la falta de información disponible para muchos países, así como de datos globales entrelazados que podrían vincular, por ejemplo, el daño ambiental causado por la producción de soja en Paraguay y las mejoras del bienestar derivadas del consumo de soja en Europa o en China.

Estudiar la dinámica de las desigualdades globales entrelazadas

Hasta ahora, estos avances han conformado subcampos específicos dentro de la investigación de la desigualdad. Esto significa que por lo general los académicos involucrados en las investigaciones relacionadas con cada uno de los desarrollos citados anteriormente ignoraron los avances observados en los otros subcampos. Sin embargo, estos avances son sin duda complementarios. El desafío de combinarlos de manera analítica constituye el núcleo de la agenda de investigación de desiguALdades.net, una red de científicas y científicos establecida en 2009. La red se esfuerza por recopilar y sistematizar los hallazgos empíricos de investigaciones individuales de diferentes disciplinas, con el fin de producir avances conceptuales en la investigación de las desigualdades. Así, la red hace una doble contribución a la investigación de la desigualdad: introduce su propio aporte en cada uno de estos subcampos y construye un marco analítico coherente para el estudio de las desigualdades sociales que los combina e integra.

Este libro se basa en los hallazgos de desiguALdades.net. Intenta ofrecer una visión sistemática de los avances logrados en la red e identificar las limitaciones y deficiencias en esos resultados para abrir nuevas agendas de investigación. Partimos de una concepción relativamente sencilla de las “desigualdades sociales entrelazadas”, entendidas como “las distancias entre las posiciones que los individuos o los grupos de individuos asumen en el contexto de un acceso organizado de manera jerárquica a los bienes sociales relevantes (ingreso, riqueza, etc.) y los recursos de poder (derechos, participación política, posiciones políticas, etc.)” (Braig, Costa y Göbel, 2013: 2). Las siguientes consideraciones, que especifican este ordenamiento, son los principios que guían estas páginas.

En primer lugar, este ordenamiento es resultado de la operación de múltiples fuerzas –institucionales, estructurales– que producen el orden jerárquico (socioeconómico, sociopolítico, socioecológico, cultural).

En segundo lugar, las dinámicas de las desigualdades deben considerarse desde una perspectiva multiescalar y relacional, centrando la atención en las interdependencias entre los fenómenos en diferentes niveles: desde las tendencias históricas globales hasta las negociaciones locales. La premisa es que incluso los patrones locales de desigualdad (de la comunidad o del hogar) nunca están aislados de las fuerzas nacionales e internacionales. Esto no implica adoptar las estructuras sociales globales como las unidades de análisis preferenciales, como en la investigación del sistema-mundo, ni concentrarse solo en los espacios transnacionales como lo hacen los “transnacionalistas metodológicos” (Khagram y Levitt, 2007). Dado que la producción y la reproducción –pero también la impugnación y mitigación de las desigualdades sociales– siempre reflejan una interacción de (inter)dependencias globales, políticas nacionales y negociaciones cotidianas, las unidades de análisis geográficas o político-administrativas (municipios, Estados nación o el mundo entero) no son las adecuadas para estudiar desigualdades entrelazadas y dinámicas. Para abarcar todas las jerarquías relevantes asociadas con posiciones sociales concretas ocupadas por individuos o grupos en las diferentes esferas en las que surgen las desigualdades, se requieren unidades de análisis relacionales flexibles, construidas durante el proceso de investigación. Las unidades de análisis relacionales dinámicas también permiten estudiar la construcción (que implica deconstrucciones y reconstrucciones) de las categorizaciones sociales relevantes en la formación de las desigualdades. En consecuencia, categorizaciones que han sido, por ejemplo, una fuente de discriminación y exclusión en el nivel de la vida cotidiana en un período determinado pueden reformularse luego, como justificación de compensaciones o incluso reparaciones en el nivel de las políticas o del marco legal. Las cadenas de cuidado (Skornia en este libro) y los regímenes de desigualdades (Góngora-Mera en este libro) son ejemplos de unidades de análisis relacionales utilizadas para estudiar las desigualdades entrelazadas.

En tercer lugar, las desigualdades son plurales, implican múltiples categorizaciones jerárquicas construidas socialmente, que acompañan la evolución histórica y las luchas sociales contra la discriminación y la desvalorización. Las categorías llegan a ser socialmente definidas, reconocidas y reforzadas –y, al final, opacadas o borradas–. Las dimensiones a partir de las cuales se construyen las jerarquías y las categorizaciones no son independientes, están interrelacionadas.

En cuarto lugar, las desigualdades sociales siempre están arraigadas en las dinámicas de transformación y cambio, lo cual puede implicar tanto el cambio emancipatorio como las transformaciones necesarias, paradójicamente, para dejar intactas las estructuras de desigualdad. En el primer caso, se podrían investigar las condiciones y las formas que podría asumir la resistencia a la dominación, incluidos los movimientos sociales organizados y las formas más sutiles e individuales de rechazo del orden dominante. En resumen, la dinámica de transformación implica luchas por recursos y por significados, tomando en consideración las maneras en que opera y se refuerza la dominación simbólica y material (Brubaker, 2015).

La estructura del libro

De acuerdo con estas consideraciones, el libro está organizado en tres secciones: estructuras, categorizaciones y dinámicas de cambio. La perspectiva relacional y multiescalar propia del concepto de “desigualdades globales entrelazadas” ha orientado a todos los autores en sus investigaciones. Por lo tanto estará presente, en mayor o menor medida, en todos los capítulos del libro.

Parte I. Estructuras: la formación de las desigualdades

Las ciencias sociales establecidas suelen poner el énfasis en las desigualdades socioeconómicas reflejadas en la distribución del ingreso o en los estratos socioeconómicos definidos por los niveles de educación y las posiciones en el mercado de trabajo. Además, toman en consideración el papel de las instituciones políticas –en particular el Estado– en profundizar o mitigar el impacto de los mercados en la producción de las desigualdades. Si bien reconoce el funcionamiento de estas instituciones en la estructuración de las desigualdades, la primera sección del libro analiza otras instituciones y ámbitos –a menudo relegados– que afectan a las desigualdades: el ámbito de la ley, el papel del espacio y el territorio tanto en términos de segregación y apropiación espaciales como de la preocupación por el medio ambiente y la relación entre sociedad y naturaleza. La línea argumental compartida en los capítulos en esta sección es que la dinámica de estos ámbitos no es solo consecuencia de las estructuras socioeconómicas y sociopolíticas de las desigualdades. Por el contrario, estos ámbitos tienen un papel activo propio en la producción y reproducción de las desigualdades.

Para comprender la estructuración de las desigualdades socioeconómicas, el capítulo de Patricio Korzeniewicz se enfoca en el nivel global. La unidad de análisis global arroja una nueva luz a un viejo fenómeno, a saber, la distribución del ingreso. Al adoptar una perspectiva histórica mundial, el capítulo contribuye a superar el individualismo metodológico todavía dominante en la investigación sobre la desigualdad y, más específicamente, en los estudios sobre estratificación. Korzeniewicz muestra que las posiciones de los individuos dentro de la estructura social global están en gran medida determinadas por haber nacido en un Estado nación dado. Al contrario de la ideología liberal de la meritocracia, los esfuerzos y logros individuales tienen muy poco impacto en la movilidad social a nivel global.

Mientras Korzeniewicz aborda la desigualdad de ingresos a nivel global, los otros capítulos de esta sección estudian las diferentes arenas donde se generan las desigualdades. Así, al elegir una unidad de análisis transregional para mostrar patrones persistentes de desigualdad, Góngora-Mera describe en su capítulo el nexo múltiple (en sus palabras, “articulaciones”) entre la ley y las desigualdades raciales en América Latina. Dado que el reconocimiento constitucional de los afrodescendientes y pueblos indígenas, y los derechos legales correspondientes, solo tuvieron lugar a finales del siglo XX, se plantea la pregunta de cómo pudo permanecer oculta durante tanto tiempo la discriminación estructural contra estos grupos, expresada en las desigualdades socioeconómicas y políticas. Góngora-Mera sugiere dos pasos analíticos para abordar el problema: un cambio del enfoque legislativo nacional a uno transregional; el uso de lentes conceptuales foucaultianas para entender el papel de la ley y las normas jurídicas en la estructuración de las relaciones sociales. Estos pasos se combinan en el concepto de “régimen de desigualdad”.