Czytaj książkę: «Alimentación, la tercera medicina»
Título original inglés: L'alimentation ou la troisième médicine
© Jean Seignalet, 2001.
© de la traducción: Nutefgia/Margarita Ribó Coll y José Manuel García Verdugo.
© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2014.
Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
CÓDIGO SAP: OEBO785
ISBN: 9788490564066
Composición digital: Newcomlab, S.L.L.
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.
Índice
Prólogo a la edición española
Prólogo a la primera edición
Capítulo 1. Una cuestión científica: ¿Por qué? ¿Cómo?
Capítulo 2. Estructura del libro
Capítulo 3. El intestino delgado
Capítulo 4. Alimentación antigua y alimentación moderna
Capítulo 5. Los principios del régimen alimenticio
Capítulo 6. Nociones esenciales de genética
Capítulo 7. Elmedio ambiente
Capítulo 8. Nociones esenciales de inmunología
Capítulo 9. La poliartritis reumatoidea
Capítulo 10. Espondilitis anquilosante
Capítulo 11. Otras enfermedades autoinmunes de carácter reumatológico
Capítulo 12. Enfermedades autoinmunes tiroideas
Capítulo 13. Esclerosis múltiple
Capítulo 14. Otras enfermedades autoinmunes y heteroinmunes
Capítulo 15. Nociones esenciales de química
Capítulo 16. Nociones esenciales de fisiología celular
Capítulo 17. Teoría del ensuciamiento
Capítulo 18. La patología del ensuciamiento en reumatología
Capítulo 19. La patología del ensuciamiento en neuropsiquiatría
Capítulo 20. Otras enfermedades de ensuciamiento no malignas
Capítulo 21. Cánceres y leucemias
Capítulo 22. La teoría de la eliminación
Capítulo 23. La patología de eliminación cólica
Capítulo 24. La patología de eliminación cutánea
Capítulo 25. La patología de eliminación bronquial
Capítulo 26. Otras patologías de eliminación
Capítulo 27. Enfermedades de mecanismos complejos
Capítulo 28. Síntesis de la teoría y de los resultados
Capítulo 29. Práctica del régimen alimenticio
Capítulo 30. La micronutrición
Capítulo 31. Conclusión
Agradecimientos
Bibliografía
Notas
PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
Fue en 1969 cuando conocí a Jean Seignalet en el Laboratorio de Inmunología del profesor Cazal en la Facultad de Medicina de Montpellier.
Siendo yo en aquel tiempo un joven interno en biología con ganas de aprender, me impresionó su gran erudición. Él era entonces pionero en la inmunología moderna y sobre todo en el sistema de histocompatibilidad HLA que se acababa de descubrir.
Durante más de 30 años, Jean Seignalet dirigió el Laboratorio HLA de Montpellier, contribuyendo al desarrollo y la mejora de los transplantes, sobre todo renales. Científico de alto nivel, publicó numerosos estudios y colaboró en más de 200 publicaciones científicas internacionales sobre la materia.
Nuestros diferentes caminos en la vida hicieron que perdiéramos un poco el contacto durante algunos años, pero conservamos nuestra amistad y respeto mutuos.
En 1988 nos volvimos a encontrar y compartimos una pasión común: la SALUD a través de la alimentación.
Nos convertimos en amigos fieles, manteniendo frecuentes encuentros en los cuales intercambiábamos nuestros avances, nuestras reflexiones, nuestras convicciones, así como nuestras dudas... que tanto han ayudado a enriquecer mis conocimientos.
Sus ideas, tan originales y sobre todo muy bien documentadas, con bibliografías intachables, han contribuido a mejorar el estado de salud de varios miles de pacientes que sufrían diferentes patologías, en particular autoinmunes, para las cuales la medicina alopática no disponía de soluciones de mejora satisfactorias.
Le encantaba decir: «...nuestros conocimientos son complementarios, tú eres especialista en micronutrición, y yo en macronutrición...”.
En mi opinión, hace falta estudiar el conjunto, es decir estudiar en su globalidad la nutrición, incluyendo la macro y micronutrición.
Sus investigaciones en macronutrición, le llevaron a estudiar y comprender el problema causado por las macromoléculas mal digeridas.
Estas macromoléculas traspasan el intestino delgado, única barrera entre nuestra sangre, linfa y peligrosos agentes ambientales tales como bacterias y alimentos, que van a instalarse en numerosos lugares de nuestro organismo. Dichas macromoléculas van a contribuir a la aparición de diversas patologías, en función del lugar en el que se instalan, provocando así una reacción del organismo, que busca eliminarlas.
Ahí se resume toda su filosofía, su concepto, y todo su genio, demostrado de manera brillante a través de numerosos estudios científicos y biológicos.
Gran trabajador, Jean Seignalet ha sido un precursor adelantado a su época.
Su trabajo abrió un camino hoy en día utilizado por miles de médicos y terapeutas. Ha permitido una mejora en el tratamiento de los pacientes crónicos, cada día más numerosos, ya que estamos cada vez más debilitados por las diferentes carencias y contaminaciones generadas por nuestro modo de vida occidental.
Sólo faltaban algunas semanas para su jubilación en el Hospital, pero Jean Seignalet ya había decidido desde hacía tiempo abrir una consulta para poder seguir atendiendo a sus enfermos y sobre todo para poder seguir aprendiendo.
El doctor Jean Seignalet nos dejó el 13 de julio del 2003. Fue un gran humanista, y un gran científico, que marcará sin duda alguna nuestra época.
Estoy muy orgulloso de haber sido su amigo.
CLAUDE LAGARDE
Doctor en Farmacia.
Ex docente en la Facultad de Medicina de Montpellier.
Licenciado en Biología Médica.
Presidente y fundador de los Laboratorios NUTERGIA.
PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN
Al escribir este libro, quería cumplir dos objetivos difíciles de ensamblar:
1) Presentar a los médicos y, de una forma más general, a las personas que tuvieran una cultura científica, una nueva teoría del mecanismo de ciertas enfermedades.
2) Interesar a los lectores, los que constituyen «el gran público».
Con seguridad, mi visión de la patología parecerá sorprendente a muchos de mis colegas. Era necesario, por lo tanto, analizar de forma detallada todas las etapas de mi razonamiento y respaldar mis hipótesis con sólidos argumentos científicos. Creo haber cumplido esos requisitos y haber logrado mi primer objetivo.
El principal peligro de esta opción era escribir una obra complicada, que no llegara a muchas personas. Ahora bien, tanto los enfermos como los individuos sanos deben poder comprender mis teorías, pues éstas desembocan en la práctica en un régimen alimenticio capaz de prevenir, mejorar o curar las afecciones graves.
Evidentemente, las cosas no son sencillas. De lo contrario, conoceríamos desde hace tiempo el mecanismo de la espondilitis anquilosante, la fibromialgia primaria, la psoriasis o los tumores malignos, y sabríamos tratarlos con eficacia.
La verdad es relativamente compleja. Incluso si pueden presentarse algunas rectificaciones, correcciones a mis proposiciones, o perfeccionarlas, estoy convencido de haberme acercado a esa verdad. Quedaba acercarla a quienes no son especialistas. Para ello, me he valido de varios medios:
• Explicar extensamente las bases de la química, la fisiología, la genética y la inmunología necesarias para la comprensión del resto de la obra.
• Recordar las principales características de las enfermedades: circunstancias de aparición, signos clínicos, resultados de los exámenes complementarios, evolución, etc.
• Emplear siempre que fuera posible el lenguaje coloquial en lugar de la jerga médica: fatiga en lugar de astenia, pérdida de apetito en lugar de anorexia, etc. Cuando un término científico es irreemplazable, se explica su significado.
• Acompañar el texto de numerosas figuras y tablas, pues un buen esquema es a veces más claro que un largo parlamento.
¿He tenido éxito con mi segundo objetivo? Espero que sí, aunque no estoy seguro. Los lectores juzgarán y tendré en cuenta sus opiniones si tuviera la ocasión de redactar una nueva versión de este libro.
DOCTOR JEAN SEIGNALET
Capítulo 1
UNA CUESTIÓN CIENTÍFICA:
¿POR QUÉ? ¿CÓMO?
Para llegar a la verdad, hace falta, una vez en la vida, desechar todas las opiniones adquiridas y reconstruir, desde el principio, todo el sistema de conocimientos.
RENÉ DESCARTES
Buscar la causa de las causas.
HIPÓCRATES
En 1988 empecé mis investigaciones sobre el mecanismo de ciertas enfermedades. La teoría que primero perfilé, y más adelante completé, me ha llevado a proponer, como tratamiento principal de esas afecciones, un simple régimen alimenticio. En numerosos casos de estados patológicos aparentemente diferentes entre sí, considerados misteriosos desde el punto de vista causal y difíciles o incurables desde el punto de vista terapéutico, se han obtenido claras mejorías o remisiones completas. Estos éxitos frecuentes, sin duda sorprendentes, son, sin embargo, lógicos y constituyen el resultado práctico de mi teoría.
A) LOS MOTIVOS DE LA BÚSQUEDA
En 1988 concurrieron varios elementos que me encaminaron hacia una nueva vía de investigación, bastante alejada de mis trabajos anteriores.
1. Mi convicción acerca de la extrema importancia de la nutrición
Esta convicción era ya la de Hipócrates, cuya obra contiene numerosos alegatos a favor de una alimentación sana y en la que llegó a decir: «Que tu alimento sea tu único medicamento». Su mensaje fue olvidado por la mayoría de sus sucesores y, en la actualidad, la dietética desempeña un papel terapéutico insuficiente:
• En primer lugar, porque sus indicaciones se limitan a un número restringido de situaciones.
• En segundo lugar, porque la dietética actual resulta relativamente simplista: reducción de sal en el caso de la hipertensión arterial y la insuficiencia cardiaca, reducción de proteínas en el de la insuficiencia renal crónica, reducción de glúcidos en el de la diabetes, reducción de lípidos en el de la hipercolesterolemia y reducción de calorías en el de la obesidad.
• Finalmente, porque con estas medidas se pretende tratar los síntomas o, dicho de otro modo, las consecuencias de la enfermedad y no las causas. El caso de la enfermedad celíaca, que puede curarse con la supresión del agente causal, el gluten, es una de las excepciones.
Las concepciones actuales de la dietética se basan principalmente en el número de calorías que se consumen, el equilibrio entre glúcidos, lípidos y proteínas, y en un aporte suficiente de vitaminas y de calcio. Algunos precursores, como Menetrier (1958) y Kousmine (1980) señalaron la importancia de los oligoelementos.
Sabemos que los constituyentes de nuestro cuerpo se renuevan progresivamente en el curso de los años, y que las sustancias necesarias para esa renovación se obtienen de los alimentos, de los cuales, por otra parte, nuestras células extraen la energía indispensable para su funcionamiento. Sin embargo, debemos evitar que la alimentación genere excesivos desechos que puedan obstaculizar el desarrollo normal de nuestro metabolismo.
La visión cuantitativa de la nutrición debe sustituirse por una visión cualitativa. Si un vehículo está fabricado para funcionar con gasolina súper, a nadie se le ocurriría llenar el depósito de gasóleo. Puesto que la buena salud de nuestro organismo es más importante que la de nuestro automóvil, me parece primordial determinar cuáles son los alimentos que nos convienen y cuáles los que debemos evitar.
2. Los trabajos de Kousmine, Burger y Fradin
Desde tiempos inmemoriales, médicos y no médicos han preconizado numerosas variedades de regímenes alimenticios. Cada investigador atribuye grandes virtudes a la dietética que ha elaborado y afirma que ésta tiene efectos favorables en la salud de las personas. En un libro reciente, Joyeux (1994) ha revisado los principales regímenes propuestos en nuestra época. En la mayoría de los casos, los resultados adelantados por los autores son muy discutibles y las razones científicas aducidas para adoptar unas u otras prácticas nutricionales no parecen fundadas.
De esta cohorte de pseudoinvestigadores, que incluye iluminados y estafadores, se excluyen ciertos precursores:
• Edward Bach.Ha señalado el papel fundamental del intestino tanto en la buena como la mala salud, el peligro de los alimentos cocidos, y las relaciones entre algunas bacterias de la flora intestinal y las enfermedades crónicas.
• Paul Carton. Ha propuesto por primera vez la definición de los procesos de ensuciamiento y eliminación.
• En las últimas décadas, debemos citar principalmente a Kousmine, Burger y Fradin. Los tres han construido una teoría lógica. Los tres han obtenido éxitos rotundos.
Kousmine y Burger establecieron una relación entre dos hechos:
• El hombre moderno no come igual que antes.
• Ciertas enfermedades raras en tiempos antiguos son frecuentes hoy en día.
Por tanto, hay que volver a una alimentación ancestral para prevenir o curar estas afecciones. La diferencia entre las teorías de estos dos autores estriba en la fecha en la cual indican que se produjo el cambio de alimentación:
• Para Kousmine, fue a principios de la era industrial, es decir, en los primeros años del siglo XIX.
• Para Burger, tuvo lugar al comienzo del periodo neolítico, hace 5.000 años.
Los éxitos obtenidos por Kousmine han sido autentificados por un número importante de médicos. Los de Burger han sido verificados por algunos facultativos y por testigos fiables.
Fradin denuncia los peligros de la alimentación occidental, causantes de un aumento notable de las patologías denominadas degenerativas: arteriosclerosis, cánceres, afecciones autoinmunes y diabetes NID (no insulinodependiente), entre otras. Estableció un régimen hipotóxico con resultados muy beneficiosos en muchos casos para los pacientes.
A lo largo de este libro se revisa con más detalle los métodos de Kousmine, Burger y Fradin, y se incluyen notas complementarias a sus teorías. Por otra parte, la dietética propuesta en este manual tiene puntos comunes con las de estos tres autores, pero también algunas diferencias. Todos estos aspectos se describen más adelante.
3. Los irritantes misterios de la medicina
Durante muchos siglos, la medicina fue ignorante e ineficaz. Antes de 1940, los medicamentos verdaderamente útiles eran muy pocos: aspirina, heparina, insulina y digitalina. A partir de esa fecha, se hicieron numerosos descubrimientos. Desde entonces hasta nuestros días, los exámenes biológicos se han multiplicado; los trasplantes de órganos y de tejidos son habituales; el arsenal de medicamentos se ha potenciado considerablemente con los antibióticos, los corticoides, los inmunosupresores, los antiinflamatorios, etc.; la biología molecular localiza los genes y determina su estructura.
Las revistas especializadas, la prensa escrita y la televisión, se ocupan ampliamente de estos importantes progresos. Los comentarios son muy admirativos y, a menudo, demasiado optimistas. Trabajos preliminares, medicamentos aún por ensayar, se presentan como soluciones definitivas. Cuántas veces nos han anunciado la curación de todos los cánceres o la vacuna contra el sida, sin que las promesas fueran seguidas de hechos.
Empecé mis estudios de medicina en 1953, y he vivido esta epopeya científica, en particular en el campo de los trasplantes de órganos, del cual soy uno de los pioneros en Montpellier. Valoro con satisfacción los adelantos de la medicina, de la cirugía y de la biología, pero considero que nuestro conocimiento en esos campos es aún escaso con relación a todo cuanto queda por descubrir.
La patogenia (mecanismo de desarrollo) de numerosas enfermedades sigue siendo desconocida o muy mal conocida. Entre éstas, podemos citar el asma, la rinitis crónica, las alergias, los numerosos estados autoinmunes enumerados en la tabla VI, el acné, la psoriasis, las aftas de Behçet, la colitis, la enfermedad de Crohn, la rectocolitis hemorrágica, la nefropatía de la inmunoglobulina A, la fibromialgia primaria, la diabetes de tipo 2, la gota, la depresión nerviosa endógena, la esquizofrenia, la enfermedad de Alzheimer, la aplasia medular, las hemopatías malignas, los cánceres, etc.
Nuestro desconocimiento de los procesos que originan estas afecciones tiene repercusiones negativas en la práctica médica. No sabemos prevenirlas y, cuando se declaran, nuestra terapéutica es ineficaz, insuficiente o raramente eficaz. Lo ideal sería combatir las causas (tratamiento etiológico), pero sólo intentamos curar las consecuencias (tratamiento sintomático) con resultados inconstantes o limitados.
El desconocimiento de los procesos patogénicos conduce a una frustración muy irritante para el médico. Esta irritación crónica me llevó a plantearme la pregunta clave: «¿Cómo puede ser, con los importantes progresos realizados en numerosas ciencias, que seamos incapaces de solucionar el mecanismo de tantas enfermedades?». Y una respuesta probable era la siguiente: «La creciente complejidad de la medicina ha llevado a la mayor parte de clínicos e investigadores de alto nivel a una especialización cada vez mayor. Por tanto, conocen algunas facetas de un estado patológico, pero no todas. La visión parcial de las mismas les impide llegar a una concepción global del problema».
4. Mi doble cultura médica y biológica
Aunque es imposible ser omnisciente, mi cultura es relativamente amplia, ya que he trabajado en dos ámbitos diferentes: la medicina y la biología.
Tras nueve años de estudios de medicina, tanto especializada como general, realizados durante la carrera, los años de residencia y el servicio militar, he dedicado treinta años al estudio de la biología, consagrados esencialmente al sistema HLA. Este sistema, descubierto en 1965 por Dausset, y que engloba aspectos inmunológicos y genéticos, ha dado lugar, en razón de su gran importancia teórica y práctica, a numerosos trabajos en todo el mundo.
En el transcurso de la segunda parte de mi carrera, nunca abandoné la clínica, pues para mí conservaba al menos tres aspectos de interés:
• Los trasplantes de órganos y de tejidos, donde me encargaba de la selección inmunológica de los donantes y los receptores. Deseoso de comprender esta rama en su conjunto, fui responsable durante mucho tiempo de la consulta clínica de los receptores de riñón, antes y después del trasplante.
• Las enfermedades hematológicas, que han constituido a menudo el tema de mi docencia.
• Las enfermedades autoinmunes, ya que están íntimamente ligadas al sistema HLA.
Desde hace doce años, y aparte de seguir ejerciendo como inmunólogo, he reanudado mi actividad clínica, y consagro gran parte de mi tiempo de ocio a la medicina general.
Esta doble cultura, en otro tiempo factible, se ha vuelto hoy en día casi imposible de adquirir. En efecto, desde el principio de su especialización, los estudiantes deben elegir entre la clínica y la biología. Hoy se habla incluso de prohibir la prescripción y la receta de medicamentos a los biólogos. Creo que esta evolución es lamentable. La doble formación de la que me he beneficiado me ha proporcionado una base sólida a partir de la cual he podido desarrollar mis investigaciones actuales.