Czytaj książkę: «Historia romana. Libros L-LX»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 395


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN MANUEL GUZMÁN HERMIDA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2011.

López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.

www.editorialgredos.com

Primera edición: junio de 2011

REF.: GEBO465

ISBN 9788424937621

LIBRO L

Estos son los acontecimientos que figuran en el libro cincuenta de la Historia romana de Dion:

1.De cómo César y Antonio comenzaron a hacerse la guerra.

2.De cómo César venció a Antonio en Accio.

La duración es de dos años en los que fueron cónsules las personas que a continuación se enumeran:

Año 32 a. C.: Gneo Domicio Ahenobarbo, hijo de Lucio, nieto de Gneo, y Cayo Sosio, hijo de Cayo, nieto de Tito.

Año 31 a. C.: César, cónsul por tercera vez, y Marco Valerio Mesala Corvino, hijo de Marco.

El pueblo romano fue privado de su democracia 1 sin que por eso llegara a una monarquía en sentido estricto. Antonio y César 2 todavía gobernaban en pie de igualdad puesto que se habían repartido entre ellos la mayoría de los asuntos y consideraban común el resto, al menos nominalmente. Pero en realidad trataban de apropiarse de esas parcelas de poder, en la creencia [2] de que cada uno de ellos podía obtener alguna ventaja. Fue a partir de ese momento, y puesto que Sexto había muerto 3 y el rey de Armenia había sido hecho prisionero 4 , dado que los pueblos que se habían enfrentado a César estaban pacificados 5 , y el rey parto 6 no daba señal alguna de inquietud, que ellos dos se enfrentaron ya abiertamente y que el pueblo fue literalmente esclavizado. Las causas y pretextos que esgrimieron para aquel [3] enfrentamiento fueron los siguientes. Antonio acusaba a César de haber privado a Lépido de su poder y de haberse apropiado del territorio y del ejército tanto de Lépido 7 como de Sexto, cuando deberían haber sido consideradas propiedades comunes a ambos. Le reclamaba la mitad de todo aquello así como de los soldados que César había reclutado en Italia, puesto que la península [4] pertenecía a ambos 8 . César acusaba a Antonio de haberse apropiado de Egipto, entre otros países, sin que le hubiese correspondido en el sorteo 9 , y de haber asesinado a Sexto —César alegaba que por propia voluntad le había perdonado la vida—. Lo acusaba también de haber engañado al rey de Armenia, de haberlo arrestado y encadenado, y de haber acrecentado así la mala reputación del pueblo romano. También le reclamaba [5] la mitad del botín y, sobre todo, le reprochaba su relación con Cleopatra, los hijos que en ella había concebido, los dones que les había otorgado 10 y, muy especialmente, que llamara a Cesarión con ese nombre y lo hubiese introducido en la familia de César 11 .

Estos eran los reproches que se hacían así como, de alguna [2] manera también, los argumentos que utilizaban para justificarse, tanto en el intercambio privado de cartas como cuando César hablaba en público y Antonio escribía mensajes abiertos 12 . Continuamente, y por este motivo, se intercambiaban embajadores, tanto con la intención de que se creyera que las acusaciones que se hacían eran justísimas como con el propósito de espiarse. Mientras tanto, y hasta el consulado de Gneo [2] Domicio y Cayo Sosio 13 , ambos partidarios de Antonio, siguieron reuniendo dinero como si fuera para otros fines y se prepararon para la guerra como si lo hicieran para luchar contra otros enemigos. En aquel momento se dejaron de disimulos y abiertamente entraron en conflicto 14 . Así fue como sucedió.

[3] Domicio, dado que ya había sufrido múltiples desgracias, preparó la revolución con discreción. En cambio Sosio, que todavía no había sufrido revés alguno, pronunció grandes elogios de Antonio ya en el primer día del año y lanzó graves acusaciones contra César 15 . E incluso hubiese tomado medidas inmediatas contra él si no lo hubiese impedido el tribuno Nonio Balbo 16 . César sospechaba lo que Sosio pretendía hacer y, [4] puesto que no quería que diera la impresión de que no conocía perfectamente la situación ni de que empezaba la guerra al enfrentarse a él, ese día ni se presentó en la curia ni estuvo en la ciudad. Tras esgrimir alguna excusa marchó fuera de la ciudad, y no lo hizo sólo por esta razón sino también para, tras deliberar con tranquilidad sobre todas aquellas informaciones, hacer lo que debía después de haberlo meditado profundamente. Más [5] tarde regresó y reunió al Senado, al que rodeó con una guardia de soldados y amigos que llevaban sus armas escondidas. Se sentó en medio de los dos cónsules, en su silla curul 17 , y desde aquella cátedra habló largo tiempo y con moderación en su defensa y lanzó muchas acusaciones contra Sosio y Antonio. [6] Puesto que ninguno de los cónsules, como tampoco ninguna otra persona, se atrevió a pronunciar palabra alguna, les ordenó a los senadores que se volvieran a reunir el día señalado por él para demostrar con algunos documentos la culpabilidad de Antonio. Los cónsules no tuvieron valor para rebatirlo pero tampoco pudieron soportar aquella situación en silencio; abandonaron la ciudad a escondidas y a continuación se pusieron en camino al encuentro de Antonio. Y los siguieron no pocos senadores 18 . Cuando César se enteró, dijo que por su propia voluntad [7] los había dejado marchar para que no pareciera que los cónsules lo habían abandonado por cometer alguna injusticia, y permitió a todos los que quisieran que marcharan al encuentro de Antonio con garantías.

[3] La gravedad de aquella acción fue compensada por aquellos que, por su parte, huyeron de Antonio y se pasaron a César. Entre estos figuran Ticio 19 y Planco 20 , aunque Antonio los había [2] tenido en alta estima y conocían todos sus secretos. Después de aquella acción de los cónsules, de que, además, César convocara el Senado en su ausencia y de que allí leyera y dijera todo lo que consideró oportuno, Antonio, informado de todo aquello, reunió una suerte de Senado con todos los senadores que le acompañaban y, tras largas deliberaciones desde ambos puntos de vista, declaró la guerra y repudió a Octavia 21 . Y fue entonces cuando aquellos, Ticio y Planco, desertaron, ya fuera porque estaban en desacuerdo con Antonio ya fuera porque estaban enfrentados con Cleopatra 22 .

[3] César los acogió con enorme alegría y de sus bocas llegó a conocer todos los demás planes de Antonio, tanto aquellos que ya había emprendido como aquellos que tenía en mente, así como las disposiciones contenidas en su testamento y quién lo custodiaba, pues en verdad ellos mismos eran quienes lo habían sellado 23 . Todas aquellas noticias lo encolerizaron aún más y no [4] vaciló en buscar el testamento y apropiarse de él, como tampoco en llevarlo y leerlo, primero en el Senado y después en la asamblea. Tales eran las disposiciones que contenía aquel documente que nadie censuró la actitud de César, aunque había obrado de manera absolutamente ilegal 24 . En él Antonio otorgaba [5] testimonio como si en verdad Cesarión fuera hijo de Julio César, concedía a sus hijos concebidos en la egipcia dones desmesurados y ordenaba que su cuerpo se enterrara en Alejandría, junto al de ella 25 .

Indignados por todas estas noticias, llegaron a creer que todos [4] los demás rumores eran ciertos, es decir, que si salía vencedor habría de regalar la ciudad a Cleopatra y habría de trasladar [2] la sede del imperio a Egipto 26 . Tanto se enfurecieron por todas aquellas noticias que todos, y no sólo sus enemigos o aquellas otras personas que habían procurado mantenerse neutrales sino también sus amigos más cercanos, lo acusaron con dureza. Atónitos por todo lo que se había dado a conocer y en el intento de alejar de sí las sospechas de César, se expresaban de la misma [3] manera que los demás 27 . Privaron a Antonio del consulado para el que previamente había sido designado, así como todos sus restantes poderes 28 , pero no lo declararon formalmente enemigo por temor a sus partidarios, dado que también hubiese sido necesario declararlos a ellos enemigos si no lo abandonaban 29 . Pero con sus hechos demostraron con toda claridad que por tal [4] lo tenían. Para quienes militaban en sus filas decretaron la inmunidad y elogios si desertaban. Declararon públicamente la guerra a Cleopatra 30 y cambiaron sus ropas por la clámide como [5] si la guerra ya hubiese comenzado. Marcharon al templo de Enio 31 y dieron cumplimiento a todos los ritos guerreros de acuerdo con la costumbre, bajo la dirección de César como fecial 32 . Esta ceremonia formalmente iba dirigida contra Cleopatra pero en verdad iba encaminada contra Antonio.

Pues ella lo había esclavizado de tal modo que lo había convencido [5] para que desempeñara el cargo de «gimnasiarca» en Alejandría 33 . Él la llamaba reina y señora; ella llevaba soldados romaños en su guardia personal 34 ; todos los soldados de Antonio habían inscrito el nombre de ella sobre sus escudos. Ella [2] frecuentaba el ágora en su compañía, con su concurso organizaba las fiestas y con él presidía los tribunales. Cleopatra montaba a caballo por la ciudad con él a su lado, o se hacía llevar en silla mientras que Antonio, a pie, la acompañaba entre sus eunucos. Y él, a su cuartel general, lo llamaba palacio real 35 ; en ciertas ocasiones, de su cintura colgaba un alfanje 36 , también usaba ropas [3] ajenas a la tradición romana y se presentaba en público sobre una litera dorada o en una silla similar. Se había hecho representar en compañía de Cleopatra, tanto en pinturas como en esculturas, pretendiendo él ser Osiris o Dioniso 37 y ella, Selene o Isis 38 . Con tales actitudes demostraba con claridad que había perdido el juicio por culpa de ella y de alguna de sus brujerías. [4] Pues no sólo a Antonio, sino incluso a todos los que podían ejercer alguna influencia sobre él, tanto los engatusaba y dominaba que concibió la esperanza de gobernar sobre Roma y, cuando pronunciaba un juramento, convertía en su mayor deseo dictar justicia sobre el Capitolio 39 .

[6] Por todas estas razones declararon la guerra a Cleopatra aunque, naturalmente, no hicieron lo mismo con Antonio. Bien sabían que, en cualquier caso, él se dejaría arrastrar a la guerra porque, ciertamente, nunca apoyaría la causa de Cesar y traicionaría a Cleopatra. Querían tener también la posibilidad de reprocharle que, por propia voluntad, hubiese escogido hacer la guerra contra su patria por defender a la egipcia sin que él, personalmente, hubiese recibido un trato infamante en su patria. [2] Con diligencia se reclutó a la juventud por ambos bandos y se recaudaron fondos de todas partes. Se acopiaron con rapidez todos los pertrechos para la guerra. El conjunto de los preparativos [3] fue el mayor que nunca antes se hizo. ¡Tantas naciones lucharon en esta guerra, en uno u otro bando! 40 Con César estuvo Italia, pues había conseguido ganarse la voluntad de todos a los que Antonio asentó como colonos, a unos tras asustarlos en razón a su escaso número, y a otros con favores. Además, César instaló de nuevo a los colonos de Bononia para que pareciera que él era su auténtico fundador 41 . Así, con él estuvieron Italia, [4] Galia, Iberia y el Ilírico y, de los libios 42 , aquellos que ya antes habían adoptado las costumbres romanas, salvo los que viven en la región de Cirene 43 y los pueblos que habían pertenecido a Bogud y Boco 44 . En su bando estuvieron también Cerdeña, Sicilia y las demás islas próxima a los países ya citados. Con Antonio [5] lucharon las regiones de Asia que estaban sometidas a las órdenes de Roma, así como las mismas zonas de Tracia, Grecia, Macedonia, los egipcios y cireneos con los pobladores de sus regiones vecinas, los isleños que viven junto a los países citados y podría decirse que todos los reyes y dinastas de los territorios colindantes con la parte del Imperio romano que estaba bajo el control de Antonio; unos lucharon en persona y otros, representados por sus lugartenientes 45 . Ambos dieron muestras [6] de tanto celo que consolidaron sus respectivas alianzas por medio de juramentos 46 .

[7] Estas eran las fuerzas rivales. Antonio, por su parte, juró ante sus soldados que lucharía de manera implacable. Prometió también que depondría el mando a los dos meses de su victoria y que restituiría la soberanía absoluta al Senado y al pueblo 47 . [2] Con cierta dificultad, aparentemente, algunos lo convencieron para que así obrara a los seis meses con la intención de que, con tranquilidad, reorganizara los asuntos públicos. Y Antonio, aunque evidentemente no iba a actuar de esa manera, hizo esa promesa como si fuera a obtener una victoria total y absoluta. Pues sabía que sus fuerzas eran muy superiores en número 48 y esperaba debilitar las de sus adversarios por medio de la corrupción. [3] Enviando dinero a todas partes, y especialmente a Roma y a todo el resto de Italia, causaba inquietud e intentaba usurpar fidelidades individualmente. Precisamente por esto César actuó con la mayor de las precauciones y repartió dinero entre sus soldados.

[8] Tales eran el ambiente de excitación y los preparativos en cada uno de los bandos. Muchos y variados rumores circulaban entre la gente; muchos y claros signos enviaron los dioses 49 . Un mono entró en el templo de Deméter 50 una ceremonia y arrasó con todo lo que había dentro. Un búho voló, en un primer [2] momento, por encima del templo de la Concordia y, a continuación, por encima de casi todos los demás lugares más sagrados y al final, cuando se le echó de aquellos lugares, se posó sobre el templo del Genio del pueblo 51 . Y ni se le consiguió capturar ni levantó el vuelo hasta pasado mucho tiempo. El carro de Zeus se precipitó contra el circo romano y una centella, que muchos días había estado titilando sobre el mar griego, subió hacia el cielo. Una tormenta causó numerosos destrozos; [3] así, por ejemplo, un trofeo levantado en el Aventino se cayó, una estatua de la Victoria se precipitó sobre la escena del teatro 52 y el puente de madera fue totalmente arrasado 53 . Muchos otros edificios fueron destruidos por el fuego y, además, del Etna brotó mucha lava y ciudades y campos quedaron dañados. Los romanos, [4] al ver y saber todo esto, recordaron la historia de aquella serpiente, que también tuvo un valor premonitorio de todo lo que entonces sucedía. En Etruria, poco antes de todo aquello, apareció de improviso una serpiente bicéfala, tan grande que pudo haber alcanzado los ochenta y cinco pies. Después de haber causado mucho daño fue fulminada por un rayo. Estos prodigios [5] se referían a todos los romanos, pues igualmente romanas eran las tropas que iban a luchar en la primera línea de cada uno de los bandos y muchos, de ambos lados, estaban destinados a morir en aquella guerra, y finalmente todos los supervivientes [6] estarían a merced del vencedor. Los niños de Roma predijeron a Antonio su derrota. Sin que nadie se lo hubiese ordenado, se organizaron en dos bandos y se hicieron llamar los Antonianos y los Cesarianos. Lucharon entre ellos durante dos días y resultaron derrotados los que llevaban el nombre de Antonio. Su muerte se la profetizó una de sus estatuas que estaba levantada en el monte Albano, junto a la de Zeus: aunque era de piedra, de ella manó mucha sangre.

[9] Los espíritus de todos estaban en suspenso ante aquellos prodigios pero en aquel año nada más ocurrió. César estaba ocupado organizando los asuntos de Italia, especialmente después de haber sido informado del dinero que llegaba de manos de Antonio, [2] y no pudo salirle al encuentro antes del invierno. Antonio, en cambio, se puso en marcha con la intención de hacerles la guerra en Italia por sorpresa 54 . Pero cuando llegó a Corcira y supo que las naves de reconocimiento enviadas para espiar sus movimientos estaban fondeadas cerca de los montes Ceraunos 55 , [3] creyó que el propio César ya había llegado con toda su flota y no continuó avanzando más allá. Puso rumbo de nuevo hacia el Peloponeso, pues ya estaba avanzado el otoño, y se preparó para pasar el invierno en Patras. Distribuyó a sus soldados por toda aquella región para que sirvieran de guarnición del territorio y se [4] pudieran proveer con facilidad de todo lo que necesitaran 56 . Y durante este tiempo, tanto algunos senadores como otras personas se estuvieron cambiando de bando por propia voluntad. César capturó a un espía, Lucio Mesio 57 . Pero, después de haberle enseñado todas sus fuerzas, lo liberó a pesar de que era uno los que ya antes había sido capturado en Perusia. Le escribió una [5] carta a Antonio proponiéndole la siguiente alternativa: que se retirase de la orilla del mar a la distancia que recorre un caballo en un día y le permitiera desembarcar con seguridad bajo el compromiso de entablar combate en un plazo de cinco días, o que Antonio cruzase el mar hasta Italia en las mismas condiciones descritas. No lo hizo porque pensara que alguna de estas [6] opciones podría hacerse realidad —y, por cierto, Antonio se estuvo burlando mucho de aquel mensaje y preguntaba: «¿Quién será nuestro árbitro si se emprende alguna acción contra lo convenido?»—, sino porque estaba convencido que con este gesto infundía valor a sus soldados y temor a los enemigos 58 .

César y Antonio eran los cónsules que habían sido designados [10] para el año que empezaba. Así se estableció desde que, de una sola vez, se repartieron las magistraturas para los siguientes ocho años, y aquel nuevo año era el octavo 59 . Pero como Antonio había sido depuesto de todos sus cargos, tal y como ya dije 60 , Valerio Mesala fue nombrado cónsul al lado de César, aunque en otro tiempo ellos mismos lo habían declarado proscrito 61 . [2] Fue en aquellas mismas fechas que un loco irrumpió en el teatro durante una celebración, cogió la corona del primer César y se la ciñó. Pero fue descuartizado por los demás asistentes. Un lobo entró en el templo de Fortuna pero lo capturaron y lo mataron. [3] Y en el circo, durante una carrera de caballos, un perro mató a otro y lo devoró. Un incendio destruyó, entre otros monumentos, una parte considerable del propio circo, así como el templo de Deméter y uno de los dos templos de la Esperanza 62 . [4] Se creyó que habían sido los libertos quienes habían hecho aquello, pues a todos los libertos que vivían en Italia y poseían una fortuna superior a cincuenta mil dracmas se les había ordenado que pagaran, en calidad de tributo, la octava parte 63 . A raíz de aquella disposición provocaron numerosos disturbios, crímenes e incendios y no se restableció el orden hasta que fueron [5] dominados por las armas. A consecuencia de aquello, también los hombres libres que tenían un predio en Italia, asustados, se mantuvieron en calma. También se les había ordenado que entregaran un cuarto de sus ingresos anuales y, aunque estuvieron a punto de sublevarse por ese motivo, no se atrevieron a rebelarse [6] y pagaron, sin resistencia aunque de mala gana. Y así, por esas razones, se creyó que el fuego había sido provocado por los libertos premeditadamente. No obstante, y en razón del gran número de edificios que habían ardido, aquel suceso se consideró) entre los más destacados presagios.

Aunque se produjeron tales presagios, ni se asustaron ni disminuyeron [11] sus preparativos para la guerra. Ambos pasaron el invierno espiándose y hostigándose mutuamente. César se hizo a la mar desde Brindisi y navegó hasta Corcira con la intención de atacar por sorpresa las naves fondeadas delante de Accio pero, como se encontró con una tempestad y sufrió algunas pérdidas, regresó a su base. Cuando llegó la primavera Antonio [2] decidió no moverse hacia ningún sitio. Sus remeros, que eran una mezcla de todas las naciones y habían pasado el invierno lejos de su comandante, no habían hecho ningún ejercicio y además habían sido diezmados por la enfermedad y las deserciones. Por su parte, Agripa había tomado Metone 64 en un golpe [3] de mano, durante el que había matado a Bogud. Acechaba también los fondeaderos de las naves de carga de Antonio y realizaba continuas incursiones, cada vez contra un lugar diferente de Grecia. Todo esto tenía muy preocupado a Antonio. César, [4] en cambio, cobró ánimo con todas aquellas acciones y quiso utilizar inmediatamente el ardor de su ejército, que estaba bien entrenado, y llevar la guerra a Grecia, cerca de las bases de Antonio, mejor que luchar en Italia y en las cercanías de Roma. Reunió en Brindisi todas las unidades que podían ser de alguna [5] utilidad, así como a todos los hombres de cierta influencia, tanto senadores como caballeros, a los primeros, para que cooperaran con él y a los segundos, para que, al encontrarse solos, no provocaran una revolución. Pero quería, sobre todo, demostrar a todo el mundo que la mayor y mejor parte del pueblo romano estaba con él. Ordenó a todos menos a los soldados que tomaran consigo un número determinado de domésticos y que llevaran su propia comida. Y desde allí atravesó el mar Jónico con toda la escuadra reunida.

[12] No condujo la flota ni hacia el Peloponeso ni contra Antonio, sino sobre Accio 65 , donde se encontraba anclada el grueso de la flota de Antonio, con la intención de atraérselos a su bando, ya por propia voluntad, ya por la fuerza. Y por esta misma razón desembarcó a la infantería a los pies de los montes Ceraunos [2] y la envió hacia aquel mismo lugar. Él, con sus naves, tomó Corcira 66 , que había sido abandonada por su guarnición, y después puso rumbo hacia un puerto que se llama Dulce 67 . Este puerto recibe este nombre porque el río que allí desemboca endulza sus aguas. Construyó allí una base naval y desde aquel [3] lugar realizaba incursiones contra Accio. Dado que nadie le salía al encuentro pero tampoco se acercaban a negociar, aunque él les había ofrecido ambas posibilidades, o llegar a un acuerdo o combatir —y no aceptaron la primera propuesta por fidelidad 68 ni la segunda por temor—, ocupó el lugar donde ahora se asienta la ciudad de Nicópolis 69 . Acampó en la zona más elevada [4] de aquel lugar, desde donde se tenía una vista sobre toda la región, tanto hacia el mar abierto, en dirección a la isla de Paxos, como hacia el interior del golfo de Ambracia y de las aguas situadas entre ambos lugares en las que están situados los puertos cercanos a la ciudad de Nicópolis. Fortificó aquel lugar y extendió los muros desde aquella posición hasta el puerto exterior de Comaro 70 . Y desde allí vigilaba y bloqueaba Accio, [5] tanto por tierra como por mar. He oído también que trasladó algunas trirremes desde el mar abierto al interior del golfo a través de las fortificaciones. Para eso hizo uso de unos cueros nuevos untados de aceite en lugar de esas máquinas que se usan para sacar a tierra las naves 71 . Pero como no puedo citar ninguna [6] acción de esta naves que estuvieron en el golfo, tampoco puedo dar credibilidad a esta fabulosa historia, pues no hubiese sido una empresa pequeña transportar aquellas naves sobre unos cueros por un lugar tan estrecho y desnivelado. En cualquier [7] caso, así se dice que sucedió. Accio es un lugar que está consagrado a Apolo 72 y está situado en la embocadura del estrecho del golfo de Ambracia, frente a los puertos de Nicópolis. Ese estrecho es de una reducida anchura a lo largo de toda su extensión y permite no sólo navegar por él sino fondear, al [8] igual que en todos los lugares que lo preceden. La flota de Antonio había ocupado con antelación estas posiciones. Construyeron a ambos lados del estrecho baluartes y ocuparon las aguas centrales con algunas naves de tal manera que se les facilitara tanto las salidas a mar abierto como las entradas. Los soldados habían establecido su campamento en uno de los lados del estrecho, junto al templo, sobre un terreno llano y liso, más apropiado para luchar que para acampar. Por esa razón especialmente fueron víctimas de la enfermedad en invierno y, más aún, en verano 73 .

[13] Antonio, tan pronto como se enteró de la llegada de César, no se demoró sino que se apresuró hacia Accio con los soldados que tenía 74 . Llegó poco después pero no se dispuso para el combate [2] inmediatamente. No obstante, César constantemente formaba su infantería en orden de combate delante del campamento de Antonio y con frecuencia organizaba una salida contra sus naves, capturando sus cargueros, para que, antes de que Antonio pudiera reunir todas sus fuerzas, entablara batalla sólo con [3] las fuerzas que entonces disponía. Pero por esa misma razón Antonio no estaba dispuesto a arriesgarlo todo y durante muchos días se limitó a realizar tentativas y escaramuzas, hasta que reunió a todas sus tropas. Y puesto que César ya no presionaba tanto, Antonio atravesó con sus tropas el estrecho y estableció [4] un campamento no lejos del de aquel 75 . A continuación envió su caballería alrededor del golfo y lo sitió por ambos lados. César, en cambio, conservó la tranquilidad y no corrió voluntariamente ningún riesgo, sino que envió algunas de sus fuerzas a Grecia y Macedonia para atraer hacia aquellas regiones a Antonio. Mientras realizaban estas maniobras, Agripa [5] capturó, haciendo una salida imprevista, Leucada 76 y las naves que había en la isla. También se apoderó de Patras 77 tras derrotar a Quinto Nasidio 78 en el mar. Y por último sometió Corinto 79 . Después de todos aquellos éxitos, Marco Ticio y Estatilio Tauro 80 , con una salida por sorpresa, derrotaron a la caballería de Antonio y se ganaron a Filadelfo, el rey de Paflagonia 81 . Y [6] mientras, Gneo Domicio, enfadado con Cleopatra 82 , cambió de bando aunque en verdad no fue de utilidad ninguna para César porque cayó enfermo y no mucho después murió. Pero, como parecía que había desertado porque estaba en desacuerdo con lo que hacían los de su bando, otros muchos acabaron imitándolo. [7] Antonio ya no volvió a confiar en ellos como antes y empezó a sospechar de todos. Por esa razón hizo matar a algunos de sus partidarios, entre los que se encontraba Jámblico, rey de algunas tribus árabes 83 y al que sometió a tortura, y el senador Quinto Postumio 84 , para lo que ciertas personas recibieron el encargo [8] de su asesinato. Y al final, por temor a que tanto Quinto Delio 85 como el gálata Amintas 86 , a los que había enviado a Macedonia y Tracia para reclutar mercenarios, se pasaran al bando de César, partió a su encuentro con la excusa de socorrerlos en caso de que sufrieran un ataque del enemigo.

[14] Entonces se produjo una batalla en el mar. Sosio 87 , con la esperanza de acometer alguna acción digna de recuerdo y antes de que llegara Agripa, al que se le había encomendado el mando supremo de la flota, se lanzó contra Lucio Tario 88 , que estaba fondeado con unas pocas naves. Al amanecer izó las velas por [2] sorpresa, aprovechando la densa bruma para que Tario no huyese al ver el gran número de navíos atacantes. Al primer ataque y de manera inmediata lo puso a la fuga, y aunque lo persiguió, no pudo capturarlo. Por fortuna, Agripa apareció en aquel lugar y no sólo privó de la victoria a Sosio sino que este y otros muchos, entre los que se encontraba Tarcondimotos 89 , murieron.

Antonio, tanto a raíz de aquel suceso como porque cuando [3] regresaba sufrió una derrota en un encuentro de su caballería con los exploradores de César, decidió no mantener por más tiempo a sus hombres divididos en dos campamentos. Abandonó de noche el campamento más próximo al enemigo y acampó al otro lado del estrecho, donde estaba estacionada la mayor parte de su ejército. Cuando los víveres empezaron a escasear porque les resultaba [4] imposible el reabastecimiento de trigo, convocó un consejo para decidir si debían permanecer en aquel paraje y arriesgarse al enfrentamiento, o si debían trasladarse a algún otro lugar y alargar durante algún tiempo más la guerra 90 . Aunque los distintos [15] miembros del consejo expusieron opiniones diversas 91 , prevaleció la de Cleopatra, quien aconsejó que se confiara a algunas guarniciones los lugares más estratégicos y las restantes unidades se pusieran en camino hacia Egipto junto con todos ellos. Ella hizo esta propuesta porque algunos presagios le habían generado inquietud. Unas golondrinas habían anidado sobre su tienda y [2] sobre la nave capitana, en la que ella navegaba. De un cirio había manado leche y sangre. Las estatuas de Antonio y de ella misma, que los atenienses les habían erigido en la Acrópolis bajo la apariencia de dioses, habían sido derribadas por unos rayos y habían [3] caído dentro del teatro 92 . Por todos esos prodigios, además de por la desmoralización que en el ejército causaban y de la enfermedad que lo diezmaba, la propia Cleopatra sintió miedo y amedrentó a Antonio. No obstante, no querían zarpar en secreto, pero tampoco abiertamente, como si fueran unos fugitivos, para no provocar el pánico entre sus propias filas. Pretendían hacerlo aparentando prepararse para la batalla naval con el fin de que, además, en el caso de que se encontraran con alguna oposición, [4] pudieran abrirse paso por la fuerza. Por esta razón y en primer lugar, eligieron los mejores navíos, puesto que el número de marineros se había visto mermado tanto por los fallecimientos como por las deserciones, y quemaron el resto 93 . A continuación, pero ya de noche, introdujeron a escondidas en aquellas naves todas sus posesiones más preciadas. Y cuando todo estuvo preparado, Antonio convocó a sus soldados y así les habló:

[16] «Soldados, listo está, y en cantidad suficiente, todo aquello de lo que debía proveerme para esta guerra. Aquí estáis vosotros, en gran número, toda la flor escogida de los súbditos y aliados 94 . Y vuestra destreza en cualquiera de los tipos de lucha que entre nosotros se usa es tanta que incluso cada uno de vosotros resulta un rival formidable para nuestros enemigos. Ved con [2] vuestros propios ojos la flota tan numerosa e imponente que poseemos, y cuántos y de qué valía son nuestros infantes, jinetes, honderos, infantes ligeros y arqueros, tanto los de a pie como los montados. Nuestros enemigos carecen de la mayoría de estas unidades, y aquellas que poseen son mucho más pequeñas y débiles que las nuestras. Además, sus recursos financieros son pequeños [3] y provienen de contribuciones forzosas. Así, no habrán de durarles mucho, además de haber conseguido que sus contribuyentes estén mejor dispuestos hacia nosotros que hacia sus exactores. Y por eso no sólo no sienten afecto alguno por ellos, sino que, además, se les sublevarán abiertamente. En cambio nuestros recursos, disponibles en abundancia, a nadie han causado perjuicio mientras que a todos nos resultarán beneficiosos.