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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 64

DEMÓSTENES
DISCURSOS
PRIVADOS
I

INTRODUCCIONES, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE

JOSÉ MANUEL COLUBI FALCÓ


EDITORIAL GREDOS

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JUAN MANUEL GUZMÁN HERMIDA.

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1983.

ISBN 9788424930844.

REF. GEBO186.

XXVII
CONTRA ÁFOBO, POR LA TUTELA, I
INTRODUCCIÓN

Demóstenes de Peania, padre de nuestro orador, muere dejando viuda, Cleobula, descendencia (hijo, Demóstenes, de siete años, e hija, de cinco) y una considerable fortuna, que asciende a trece talentos y cuarenta y seis minas. Su testamento, otorgado en trance de muerte, contiene disposiciones de diversa índole: designación de tutor, concesión de legados, ofertas de matrimonio, que condicionan la percepción de los legados, de su viuda e hija, y normas para la futura administración de los haberes, cuyo heredero es el hijo; pero el documento ha desaparecido, de modo que nuestra única fuente de información sobre la materia son las afirmaciones del orador.

Cuando Demóstenes alcanza la mayoría de edad impugna las cuentas de la tutela y procesa, en primer lugar, a Áfobo, uno de sus tres tutores, mediante el ejercicio de la acción pertinente al caso, la díkē epitropês, en 364/3 a. C. El laudo del arbitraje público es favorable al orador; no obstante, en virtud de la impugnación del demandado la causa llega hasta el tribunal, en cuya presencia Demóstenes pronuncia este discurso. De corte tradicional, contiene una minuciosa descripción de los hechos y finas argumentaciones que, mediante la prueba de una dolosa administración de los caudales hereditarios llevada a cabo por los tutores, conducen a que nuestro orador eleve, en su momento, una estimación de diez talentos contra el condenado. Dicha estimación fue aceptada por los jueces en su sentencia.

Finalmente, hay que añadir que el discurso es interesante no sólo por la celebridad de la causa y su influencia en la labor que posteriormente desempeñará Demóstenes, sino también por las abundantes noticias que ofrece al lector en materia de derecho ático: en él se conjugan datos de derecho de familia y sucesiones, derechos de usufructo, uso y habitación, derechos reales de garantía, préstamos, usos y prácticas mercantiles, distinciones, jurídicamente aceptadas, entre capital activo y no activo, fortuna visible e invisible, etc.

NOTA SOBRE LA EDICIÓN

Los pasajes en que no he seguido la edición de Rennie (Demosthenis orationes, Oxford, 1921 [reimpr. 1974]) son:


ASUNTO

Demóstenes de Peania, padre del orador Demóstenes, en trance [1] de muerte instituye para sus dos hijos, Demóstenes y una hija, tres tutores, encargados de la tutela de los pupilos y sus bienes; dos, parientes suyos, Áfobo y Demofonte, y uno, amigo de la infancia, Terípides. Lega a Terípides el usufructo de setenta minas hasta que Demóstenes sea inscrito en el registro de mayores de edad 1 ; otorga su hija como esposa a Demofonte, disponiendo que éste perciba dos talentos a título de dote, y, por otra parte, dispone que su mujer, la madre de los niños, Cleobula, la hija de Gilón, se case con Áfobo, legando también a éste ochenta minas, y ordena que disfrute de su casa y los muebles que hay en ella hasta la inscripción de Demóstenes en el registro de mayores de edad. Los citados entran inmediatamente en posesión de los bienes que [2] les han sido legados, pero ni Áfobo desposa a la mujer del finado, ni Demofonte a la hija. Después de haber administrado una herencia de catorce talentos, según indica el orador, aunque debían devolver en concepto de rentas y capital treinta talentos, entregaron a Demóstenes, tras su inscripción en el registro de mayores de edad, una cantidad irrisoria. Por ello ha comparecido ante el tribunal 2 en un proceso por tutela incoado contra Áfobo con una valoración de diez talentos, porque, siendo tres los autores, es deudor de un tercio de la suma 3 ; suma que valora el orador según el principal y su renta.

Contra Áfobo, II. Este discurso ha sido pronunciado como [3] réplica a ciertas manifestaciones en contra hechas por Áfobo, y contiene también una memoria de lo anteriormente alegado.

Jueces, si Áfobo hubiese querido cumplir en justicia [1] o someter al arbitraje de parientes nuestras diferencias, no hubiera habido ninguna necesidad de procesos ni de molestias, pues habría bastado con atenerse a lo dictaminado por aquéllos para que no tuviéramos ninguna desavenencia con él. Ahora bien, puesto que este sujeto rehuyó que quienes conocen bien nuestros asuntos resolvieran al respecto, y, en cambio, ha venido ante vosotros, que no conocéis con exactitud ninguno de ellos, preciso es que en presencia vuestra intente alcanzar de él el cumplimiento de [2] lo justo. Pues bien, jueces, sé que, frente a hombres versados en la oratoria y capaces de cualquier manejo, es difícil oponerse en un proceso por la totalidad de su fortuna para quien es completamente inexperto en cuestiones de éstas a causa de su edad. Empero, aunque le soy muy inferior, tengo muchas esperanzas de alcanzar mis derechos en vuestro tribunal y hasta de exponer los hechos e informar suficientemente, de modo que no carezcáis del conocimiento de los asuntos, ni siquiera en detalle, ni ignoréis los [3] puntos sobre los que habéis de emitir voto. Os suplico, jueces, que me escuchéis con recta intención y, si os parece que he sido víctima de injusticia, me prestéis justa ayuda, que, por mi parte, formularé los alegatos del modo más breve posible a mi alcance. Por tanto, intentaré, en primer lugar, informaros tomando como punto de partida aquel que os facilite más el conocimiento de los hechos.

[4] En efecto, jueces, Demóstenes, mi padre, dejó una hacienda de casi catorce talentos, unos hijos, yo, de siete años, y mi hermana, de cinco, y nuestra madre, que había aportado a la casa una dote de cincuenta minas. En sus decisiones sobre nosotros, cuando estaba a punto de morir, puso todos estos bienes en manos de Áfobo, aquí presente, de Demofonte, el hijo de Demón —estos dos eran sobrinos suyos, el uno nacido de su hermano y el otro de su hermana— y también en las de Terípides de Peania, que, si bien no le tocaba nada por linaje, era amigo suyo desde la infancia. Legó al último el usufructo de setenta minas [5] de mis haberes, durante tanto tiempo como mediara hasta la superación por mi parte del examen de mayoría de edad, con el fin de que por ambición de dinero no administrara mal mi caudal; otorgó a Demofonte mi hermana como esposa y la inmediata entrada en posesión de dos talentos, y a este sujeto nuestra madre, una dote de ochenta minas, el derecho de habitación de la casa y el uso de mis muebles, pues creía que si hacía a los citados más vinculados a mí no sería yo peor tutelado, por la adición de ese parentesco. Estos individuos, después de haber percibido [6] primero dichos bienes del caudal relicto para sí mismos, administrado toda la hacienda restante y ejercido su tutela sobre nosotros durante diez años, han entregado la casa, catorce esclavos y treinta minas de plata, lo que asciende en total, y como mucho, a setenta minas, y me han despojado de todo lo demás. Éste es, jueces, el resumen de sus desafueros, [7] según podría expresarse con la mayor concisión; pero ellos son mis mejores testigos de que la cifra citada era el montante total de la hacienda relicta, pues concertaron ingresar en mi nombre en la simoría 4 quinientas dracmas por cada veinticinco minas, cuanto ingresaban Timoteo, el hijo de Conón 5 , y quienes tienen las estimaciones más elevadas. Pero, por otra parte, preciso es también que vosotros escuchéis punto por punto los elementos productivos de dichos bienes, cuántos eran improductivos y a cuánto ascendía el valor de cada uno, pues si llegáis a conocerlos con exactitud, os daréis cuenta de que nadie de quienes ejercieron una tutela ha robado tan a la descarada [8] y claramente como ellos lo nuestro. Pues bien, en primer lugar presentaré testigos de que concertaron ingresar en mi nombre la citada contribución en la simoría y, a continuación, de que mi padre no me dejó pobre ni tampoco poseedor de una hacienda de setenta minas, sino de una tan grande que ni ellos mismos pudieron, por su cuantía, ocultarla a la ciudad. Tómame este testimonio y léelo 6 .

TESTIMONIOS *

[9] Así pues, por lo testimoniado resulta evidente el total de la hacienda. Tres talentos son, en efecto, la estimación de quince talentos, y ésta es la contribución que creyeron justo ingresar. Pero todavía tendréis un conocimiento más exacto si escucháis la relación misma de la hacienda. Efectivamente, jueces, mi padre dejó dos talleres de industria no poco importante cada uno: treinta cuchilleros, dos o tres de cinco o seis minas y los restantes de un valor no inferior a tres minas, de los cuales obtenía un ingreso neto de treinta minas anuales, y fabricantes de literas en número de veinte, entregados como garantía de un préstamo de cuarenta minas, que le producían doce minas netas; y, por otra parte, dinero prestado a razón de una dracma por mina, hasta una suma de un talento, cuyo interés ascendía a más de siete minas cada año. Estos elementos productivos dejó [10] mi padre, como reconocerán esos mismos sujetos; de ellos el montante del principal son cuatro talentos y cinco mil dracmas, y su producción cincuenta minas en cada anualidad. Además de estos elementos, marfil y hierro, que trabajaban, madera para las camas, cuyo valor se elevaba hasta ochenta minas, aceite de nuez y bronce comprados por setenta minas, y también una casa de tres mil dracmas, muebles, copas, joyas y vestidos, el atavío de mi madre, todo esto por valor de unas diez mil dracmas, y ochenta minas de plata en casa. Todos los bienes citados dejó en casa, [11] pero además setenta minas prestadas a la gruesa, préstamo marítimo concedido a la empresa de Juto, dos mil cuatrocientas dracmas depositadas en el banco de Pasión, seiscientas en el de Pílades, en el de Demómeles, el hijo de Demón, mil seiscientas, y un talento prestado igualmente en sumas de doscientas y trescientas dracmas 7 . Pues bien, el montante de estos bienes sube a más de ocho talentos y cincuenta minas, y el de la totalidad, si echáis cuentas, descubriréis que asciende a unos catorce talentos.

Éste era, jueces, el caudal relicto de su hacienda. [12] Cuántos bienes de la misma, cuántos ha tomado cada uno en particular y cuántos tratan de defraudar todos en común, no es posible expresarlos con una misma agua 8 , sino que es preciso tratar cada cuestión por separado. Así pues, en cuanto a los bienes de mi propiedad cuya posesión detentan Demofonte o Terípides, bastará hablar de los mismos cuando hayamos presentado las acusaciones contra ellos, pero sí voy a hacer una relación de los bienes que aquéllos testimonian que este sujeto tiene y de los que yo sé que ha percibido. Así, en primer lugar demostraré que está en posesión de la dote, las ochenta minas, y a continuación hablaré de los demás con la mayor brevedad que pueda.

[13] En efecto, este sujeto, inmediatamente después de la muerte de mi padre, comenzó a habitar la casa, habiendo entrado en ella a tenor del testamento de aquél, y tomó posesión de las joyas de mi madre y de las copas dejadas en herencia. Estos bienes, cuyo valor ascendía a unas cincuenta minas, los tenía él, pero además recibía de Terípides y Demofonte el precio de los esclavos que eran vendidos hasta que hubo [14] alcanzado el valor de la dote, las ochenta minas. Cuando ya la tuvo, y estando a punto de zarpar hacia Corcira en calidad de trierarco 9 , firmó una declaración a Terípides diciendo que poseía dichos bienes y reconoció haber recibido la dote. Testigos de esto son, en primer lugar, Demofonte y Terípides, los colegas de tutoría de este sujeto, pero, además, Demócares de Leuconeo, el que está casado con mi tía, y otros muchos son también testigos de que él reconocía estar [15] en posesión de lo citado. En efecto, como no diese alimento a mi madre, pese a tener su dote, ni quisiera dar en arrendamiento el patrimonio, sino que pretendiera administrarlo junto con los otros tutores, Demócares entró en conversaciones con él sobre estos temas. Este tipo, después de haberle oído, ni negó que la poseyera ni tampoco llevó a mal el hecho como si no hubiese recibido nada, sino que lo reconoció y dijo, además, que tenía que hacer una pequeña observación a mi madre sobre unas joyas y que, cuando hubiese aclarado este asunto, obraría de tal modo que todo me quedara correctamente arreglado respecto de la alimentación y los demás puntos. En verdad, [16] si resulta evidente que ha reconocido estos hechos ante Demócares y las otras personas que se hallaban presentes; que ha recibido de Demofonte y Terípides el precio de los esclavos hasta completar la dote; que ha firmado a sus cotutores una declaración de estar en posesión de la dote, y que ha habitado la casa desde el mismo momento en que murió mi padre, ¿cómo no va a ser un hecho manifiesto, según todos los extremos de este reconocimiento, que ha recibido públicamente la dote, las ochenta minas, y que con harta desvergüenza niega haber entrado en posesión de la misma? Como prueba de que digo [17] verdad, toma los testimonios y lee.

TESTIMONIOS

Así pues, la dote la recibió de este modo y sigue en posesión de la misma. Mas, puesto que no se casó con mi madre, la ley dice que es deudor de la dote con un interés de nueve óbolos, pero yo pongo dicha tasa en una dracma sólo, suma que asciende a unos tres talentos, si se suman el principal y los intereses de diez años. De este modo os demuestro que recibió [18] las citadas cantidades y que reconoció tenerlas en su poder delante de tan numerosos testigos; pero además tiene otras treinta minas por haber cobrado la renta del taller, y ha procurado defraudarlas con menos vergüenza que nadie. Mi padre dejó treinta minas, el producto de los mismos esclavos, mas como estos tipos vendieron la mitad de dichos esclavos, según proporción sería de derecho que yo percibiera [19] quince minas. Pues bien, Terípides, que se encargó de los esclavos durante siete años, declaró once minas para cada anualidad, cuatro minas menos de lo que debiera según su cálculo. Este sujeto, en cambio, que en un principio se ocupó de ellos durante dos años, no declara nada, sino que unas veces dice que el taller estuvo parado, otras que él no tuvo su gestión, sino que Milias, el administrador, liberto nuestro, fue quien llevó la administración de dichos bienes, y que de él debo recibir las cuentas. Bien; si todavía ahora aduce alguno de esos pretextos, fácilmente [20] se demostrará que miente. Así, si dijera que estuvo parado, él mismo ha presentado una cuenta de gastos, no en alimentos para los esclavos, sino de fabricación: el marfil de la confección de los mangos de los cuchillos, y otros utensilios, cuenta indicadora de que los artesanos trabajaban. Todavía más: incluye en la cuenta haberle pagado a Terípides el alquiler de tres esclavos que tenía en mi taller. Ciertamente, si no hubiese habido fabricación, no sería justo que aquél percibiese alquiler, ni que se me contabilizaran [21] esos gastos. A su vez, si afirma que la hubo, pero también crisis de compradores de los productos, preciso es, sin duda, que demuestre claramente que me ha hecho entrega de los productos, y presente los testigos en cuya presencia hizo la entrega. Pero si no ha hecho nada de eso, ¿cómo no va a estar reteniendo las rentas de dos años producidas por el taller, treinte minas, siendo así que la producción ha [22] sido tan manifiesta? Mas si no reconoce ninguno de estos puntos y, en cambio, afirma que Milias lo ha administrado todo, ¿cómo hay que dar crédito a sus asertos cuando dice que ha pagado personalmente los gastos, más de quinientas dracmas, pero, si ha habido algún ingreso, es aquél quien lo tiene? Porque me parece que habría sucedido lo contrario: si Milias se hubiera ocupado de ellos, hubiese satisfecho él los gastos y este sujeto percibido los ingresos, si hay que conjeturar el carácter y su impudencia comparándolos con el otro. Toma, pues, estos testimonios y léeselos.

TESTIMONIOS

Así pues, retiene en su poder estas treinta minas [23] producto del taller y su interés de ocho años. Interés que, si se contabiliza en una dracma solamente, se verá que sube a otras treinta minas. Y él solo, particularmente, se ha apropiado de este dinero, que sumado con el principal a la dote asciende a unos cuatro talentos. Por otra parte, de las cantidades que ha sustraído en común con los otros cotutores y de unos cuantos caudales cuya transmisión testamentaria ha discutido totalmente voy a daros ahora una prueba detallada. En primer lugar, respecto de los fabricantes [24] de lechos que dejó mi padre y que éstos ocultan, dados en garantía de cuarenta minas y que son en número de veinte, os demostraré cuán impudente y manifiestamente pretenden sustraérmelos. En efecto, todos reconocen que dichos operarios quedaron en nuestra casa y afirman que producían a mi padre doce minas cada año, pero ellos declaran que en diez años no he tenido ningún ingreso de los mismos, ni siquiera pequeño, y este sujeto, además, calcula en casi mil dracmas el montante de gastos realizados en ellos. ¡A tal grado de desvergüenza ha llegado! [25]Sin embargo, esos hombres, en quienes afirma haber efectuado los citados gastos, no me los han entregado jamás, sino que aducen el más fútil de todos los argumentos: que quien dio a mi padre los esclavos como garantía es el más sinvergüenza de los hombres, que ha dejado impagados infinitos préstamos sin interés y está comido por las deudas, y han llamado a no pocos como testigos de los citados hechos; pero no pueden decir quién es el que se apoderó de los esclavos, cómo salieron de la casa, quién los reivindicó, [26] en qué proceso por ellos han perdido. Verdaderamente, si alegaran algo razonable no presentarían testigos de la ruindad de aquél, de la cual no debo preocuparme, sino que intentarían recuperarlos, manifestarían quiénes fueron los que se los apropiaron y no omitirían ninguno de dichos extremos. En cambio, ¡hombres los más desalmados del mundo!, aunque reconocen que fueron dejados en la herencia, que se los llevaron a sus casas y sacaron jugo a los hombres durante diez años, ¡ocultan total, enteramente el taller! Como prueba de que digo verdad, tómame los testimonios y lee.

TESTIMONIOS

[27] Pues bien, que Meríades no era insolvente ni mi padre había acordado estúpidamente ese contrato relativo a los esclavos, lo sabréis por medio de una prueba irrefutable: en efecto, habiendo tomado a su cargo Áfobo el citado taller, según vosotros mismos habéis oído a los testigos, y siendo obligación suya, por ser tutor, oponerse en caso de que algún otro pretendiese concertar un contrato sobre ellos, prestó a Meríades con la garantía de los citados esclavos quinientas dracmas, que ha reconocido haber recibido de aquél cabal y justamente 10 . En verdad, ¿cómo no [28] va a ser indignante que a nosotros, los que primero contratamos, no nos quede de ellos ingreso alguno e, incluso, se nos hayan perdido los bienes objeto de la garantía y, en cambio, a él, que efectuó un préstamo contra bienes nuestros y durante tanto tiempo ha hecho negocio, le hayan sido abonados los intereses y el principal con cargo a nuestros bienes, y no haya habido dificultad alguna? En prueba de que digo verdad, toma el testimonio y lee.

TESTIMONIO

Fijaos, pues, de cuánto dinero me despojan estos [29] sujetos en el capítulo de los fabricantes de lechos: cuarenta minas, el capital en sí, y su producto de diez años, dos talentos; pues percibían como ingreso de ellos doce minas anuales. ¿Es, acaso, una cantidad pequeña, procedente de alguna fuente desconocida y fácil de omitir en una contabilidad? ¿No han robado así, manifiestamente, la citada suma, casi casi tres talentos? De los bienes robados en común tengo, sin duda, derecho a recibir de este sujeto la tercera parte.

Además, jueces, también en lo referente al marfil [30] y hierro heredados han actuado poco más o menos de un modo semejante al antedicho, pues tampoco declaran estos bienes. Ciertamente, no es posible que quien es dueño de tantos fabricantes de lechos y dueño de tantos cuchilleros no deje marfil ni hierro, sino que es preciso que los haya. Porque ¿en qué habrían trabajado si no los hubiera habido? Pues bien, el [31] dueño de más de cincuenta esclavos y empresario de dos talleres, uno de los cuales, el destinado a la fabricación de lechos, consumía fácilmente dos minas mensuales de marfil, y la cuchillería no menos de otro tanto, además del hierro, niegan que haya dejado [32] nada de eso. ¡A tal grado de impudor han llegado! Mas por esto mismo fácil es comprender que sus afirmaciones no merecen crédito. Pero, por otra parte, que aquél dejó una cantidad de material tan grande que no sólo era suficiente para dar trabajo a sus propios operarios, sino incluso para ser vendida a cualquier otra persona que quisiera comprarla, resulta patente del hecho de que él mismo en vida la vendía, y también Demofonte y este sujeto, cuando ya había muerto mi padre, vendían desde mi casa a quienes [33] querían adquirir. Así pues, ¿en cuánto hay que calcular el material relicto, siendo así que, por lo que se ve, abastecía tan importantes talleres y, además, era vendido por los tutores? ¿En poco o en mucho más que lo que se reclama? Toma, pues, estos testimonios y léeselos.

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