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La otra agricultura: trayectorias y estrategias de microemprendedores pampeanos

Coordinado por Clara Craviotti - 1a ed. - Buenos Aires: Biblos, 2010.

ISBN 978-987-691-135-1

1. Agricultura.Investigación. I. Craviotti, Clara, coord.

CDD 630.07

Diseño de tapa: Luciano Tirabassi U.

Diseño de interiores: Fluxus estudio

© Clara Craviotti, 2010

© Editorial Biblos, 2010

Pasaje José M. Giuffra 318, C1064ADD Buenos Aires

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Impreso en la Argentina

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Este libro fue editado con fondos provenientes del PICT 38175, convocatoria 2005, subvención otorgada por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, en el marco del Programa de Modernización Tecnológica, Contrato de Préstamo BID 1728/OC-AR.

Introducción

Este libro es el resultado de un proyecto de investigación bianual, denominado “La incorporación a la producción agropecuaria de sujetos en situación de vulnerabilidad. Trayectorias y modalidades de inserción”.

Nos planteábamos analizar posibles situaciones de inicio en esta actividad en un contexto en el cual se constatan fuertes procesos de reestructuración en la mayoría de las producciones agroalimentarias, cambios tecnológicos y aumentos de escala, lo que ha dado lugar a situaciones de diferenciación y expulsión de agentes productivos.

Nuestro interés no se centraba en grandes empresas que se incorporan al sector para diversificar su portafolio de inversiones, y que recurren a diferentes mecanismos para captar el capital necesario para llevar adelante sus actividades –entre ellas, la figura del fideicomiso–. Tampoco en pequeños inversores o hobby farmers interesados en la búsqueda de un nuevo estilo de vida. Más bien apuntábamos a estudiar casos en que sus protagonistas se caracterizan por una inserción precaria en el mercado de trabajo, que inician actividades productivas de base agropecuaria orientadas al mercado como mecanismo de sustentación de sus familias. Por lo tanto su perfil se diferencia de las situaciones anteriormente esbozadas no sólo por su proyecto personal en relación a la actividad, sino también por las restricciones que enfrentan para acceder al capital fijo y circulante, aspecto que incide en su manera de organizar la producción.

Su incorporación a la actividad agraria puede darse a partir de la iniciativa personal, si bien en estos casos puede existir una suerte de emprendedorismo “forzado” por la necesidad. O bien el propio inicio puede producirse a partir de la intervención de diferentes instancias institucionales. Dentro de éstas pueden mencionarse algunas propuestas de desarrollo que contemplan la conversión de destinatarios de planes sociales en autoempleados.

Nos interesábamos por el fenómeno de inicio en la actividad en aquellas áreas donde la actividad agropecuaria cumple un rol fundamental como vertebradora de la economía de los distritos. Tomamos a la provincia de Buenos Aires como base para nuestro estudio debido a varios factores: su tradicional importancia para moldear el capitalismo agrario argentino y como región en la que se manifiesta particularmente el proceso de agriculturización, especialización e intensificación productiva. En ella la tierra es un recurso de valor elevado en términos relativos, disputada por actores diversos, desde productores familiares hasta pooles de siembra. Otro rasgo que contribuyó a esta elección es que en nuestras entrevistas a informantes calificados se nos mencionó la existencia en esta provincia de requerimientos de asistencia técnica para el inicio de actividades productivas, formulados por sujetos expulsados del mercado de trabajo, particularmente en la etapa que siguió a la crisis de 2001 en Argentina.

Analizamos situaciones de inicio en la actividad a través de emprendimientos individuales y en menor medida asociativos desarrollados en pequeñas localidades, tres de las cuales constituyen cabeceras de partido. Se trata de cuatro distritos donde se verificó el fenómeno de expansión agrícola y en particular del cultivo de la soja, así como procesos de desplazamiento de la ganadería, con los consiguientes cambios en los patrones de empleo rural (figura 1).

Provincia de Buenos Aires


Figura 1. Localización de los partidos seleccionados para la investigación

Los cuatro ámbitos se caracterizan por el tamaño reducido de su población. Existe en ellos un bajo desarrollo de actividades industriales y no se perfilan nuevas dinámicas que hayan compensado los efectos de los procesos de reestructuración de las actividades agropecuarias. A pesar de estas características, que influyen sobre las modalidades concretas que asumen los microemprendimientos desarrollados, pensamos que algunos de los rasgos encontrados pueden ser extrapolables a pequeños productores de áreas periurbanas, cercanas a ciudades de mayor tamaño relativo.

Dada la escasez de antecedentes previos en la temática, nuestra investigación procuró un abordaje multidimensional. Combinó técnicas cualitativas de relevamiento y análisis de la información –entrevistas en profundidad a diversos tipos de informantes a nivel nacional y local y a casos de productores que desarrollan emprendimientos– con el reprocesamiento de datos estadísticos, que nos permitió comprender más cabalmente la evolución del contexto en que se inscribían. En ese sentido queremos agradecer especialmente a las personas que nos posibilitaron acceder a sus perspectivas y experiencias de vida, así como a algunos técnicos de organismos públicos que nos facilitaron el contacto con algunas de ellas: Mauro Cecchi, Emilio Dubra y Virginia Roca.

Para acercarnos a la temática planteada, podíamos partir de abordajes clásicos en las ciencias sociales agrarias centrados en el concepto de producción familiar, entendida como aquella que si bien engloba situaciones heterogéneas, tiene como denominador común el acceso a medios de producción por parte de la familia y su rol fundamental en el proceso productivo, tanto en la gestión como en la ejecución directa de las tareas. No obstante la condición de “nuevos” productores –que entre otros aspectos, supone la carencia de antecedentes previos en la actividad y de un proceso de socialización donde se transmiten saberes y prácticas– y la índole de sus trayectorias ocupacionales previas –que conjugan actividades no agrarias y urbanas– tornaban insuficiente este abordaje.

Otros conceptos, también desde las ciencias sociales agrarias –como el de pluriactividad y el de la nueva ruralidad– permiten dan cuenta de las crecientes interrelaciones entre lo rural y lo urbano, por lo que hemos recurrido a ellos en otros trabajos. Particularmente el segundo da cuenta de la presencia de ‘nuevos actores’ en el medio rural. La cuestión que se nos planteaba es que algunos de los emprendimientos eran desarrollados no ya en el espacio rural sino en el medio urbano, debido a la falta de acceso a la tierra que caracteriza a estos sujetos. Por otra parte, una inserción ocupacional no resuelta moldeaba su desarrollo como productores.

En este sentido podemos pensar a estos sujetos como vulnerables, ya que se iniciaron en la actividad agropecuaria en función de los fuertes procesos de reestructuración experimentados por los mercados de trabajo, tanto urbanos como rurales, con su incidencia en los niveles de empleo, en la calidad de éste –ya sea en términos de estabilidad como de beneficios sociales asociados– y en las exigencias de calificación que se plantean para acceder a los puestos de trabajo. Sin dejar de considerar la especificidad de lo rural-agrario, pusimos la mirada sobre aportes ya clásicos provenientes de la sociología de la nueva cuestión social, que visualizan al trabajo como soporte privilegiado de inscripción en la estructura social. La premisa fundamental de estos enfoques es que la posición ocupada por un individuo en la división social del trabajo tiene relación con su participación en redes de sociabilidad y sistemas de protección. La vulnerabilidad –zona intermedia entre la integración y la exclusión– conjuga la precariedad del trabajo y de los lazos relacionales, si bien estas asociaciones no actúan de manera mecánica, como nos advierte Castel, uno de los autores más emblemáticos de la corriente europea de abordaje de la cuestión. Así, en numerosos grupos populares la precariedad de las condiciones de trabajo a menudo es compensada por la densidad de sus redes sociales.

En la mayoría de los países latinoamericanos, tradicionalmente caracterizados por la importancia de las ocupaciones informales, los lazos comunitarios han cubierto, si bien parcial y fragmentariamente, los déficits incurridos por el Estado en materia de protección social. En este contexto se ha empleado el concepto de vulnerabilidad para captar con mayor precisión el impacto provocado por las reformas estructurales de los 90 –en materia de apertura externa, privatización y desregulación–, en tanto éstas conllevaron una mayor exposición a riesgos por parte de una gran masa de la población.[1]

Si bien el caso argentino se muestra como distinto a las imágenes tradicionales de América Latina, y tampoco coincide con las europeas, creemos que la noción de vulnerabilidad presenta ciertas potencialidades, en tanto nos invita a un abordaje multidimensional y procesual –diferente a la estaticidad del concepto de pobreza–, y nos permite incluir sectores no necesariamente carentes de recursos básicos para su subsistencia pero expuestos a procesos de exclusión. En áreas donde la ruralidad tiene un peso importante, el empleo del concepto nos permite dar cuenta de los impactos de los profundos cambios acontecidos en los mercados de trabajo agrarios, que se suman a sus debilidades de larga data en términos de generación de empleo.

Nuestro trabajo de investigación se centró entonces en sujetos que iniciaron la actividad agropecuaria desde una situación de vulnerabilidad, reconociendo que ésta asume diferente intensidad según los casos, hasta englobar hogares en los cuales se percibe una importante acumulación de desventajas (Saraví, 2006). Nos guiaban, entre otros, los siguientes interrogantes: ¿Qué mecanismos desarrollan estos sujetos para hacer frente a las barreras de acceso al sector? ¿Cuál es la relevancia de las redes sociales en que participan en el inicio de la actividad agropecuaria y en el grado de consolidación de sus emprendimientos? ¿Cuál es el significado de la actividad agropecuaria dentro de sus estrategias familiares de vida? ¿Existe un proceso de construcción de nuevas identidades, asociada al desarrollo de esta actividad? ¿Cómo impactan procesos más generales sobre la viabilidad de tales estrategias?

En los siguientes capítulos se abordan algunos de estos interrogantes. El denominador común que los caracteriza es el intento de articular conceptos teóricos con el material empírico, extrayendo algunas implicancias para las políticas públicas y las estrategias de intervención. Se combinan diferentes niveles de análisis, aunque el énfasis en el nivel micro o macro aparece más o menos reforzado, según el eje temático de cada capítulo.

La primera contribución del volumen, “Trayectorias vitales y microemprendimientos agrarios. Interfases micro-macro en los pueblos pampeanos”, considera a las actividades productivas autónomas como punto de llegada de trayectorias ocupacionales previas, en donde éstas “sintetizan” el aprovechamiento que los sujetos pueden hacer de la estructura de oportunidades existente, a partir de la puesta en juego de sus capacidades profesionales y sociales, así como de sus subjetividades y proyectos vitales (Novick y Benencia, 2001). Así, las trayectorias no sólo cobran relevancia para entender la peculiar mirada de los sujetos sobre los emprendimientos desarrollados, sino también para “leer”, a partir de éstas, tendencias hoy presentes en las áreas rurales pampeanas.

El siguiente capítulo, “Redes sociales y autoempleo agropecuario en sectores vulnerables” aborda la problemática de los vínculos establecidos desde dos puntos de vista: como forma de acceso a diferentes bienes y servicios, y como mecanismos de construcción de identidad. Combina así una dimensión de índole instrumental con otra simbólica; para ello, examina el contenido de las relaciones (alrededor de ciertos ejes como son la cooperación, la confianza, el conflicto), así como su carácter (simétrico/asimétrico), en función de las (posibles) disparidades de recursos –en sentido amplio– entre los sujetos involucrados en tales intercambios.

“La construcción social del mercado en nuevos productores en situación de vulnerabilidad” es el tema central del siguiente capítulo, que aborda una dimensión de gran pertinencia y resaltada como problemática por la mayoría de los informantes consultados. El análisis toma un emprendimiento asociativo hortícola como base para desarrollar reflexiones más generales, analizando los desafíos a superar en el establecimiento de canales de comercialización y el rol asumido por las instituciones locales. Asume una perspectiva diacrónica –considerando los problemas que se fueron planteando, ya sea desde la oferta como desde la demanda–, y el grado de ajuste de los mecanismos que se van delineando al perfil de los sujetos que protagonizan el emprendimiento.

El cuarto capítulo, “Los microemprendedores y sus estrategias en el contexto de las transformaciones productivas pampeanas”, considera algunas características centrales de la evolución de la estructura agraria de esta región que permiten comprender las estrategias delineadas por los actores para hacer frente a las barreras de acceso a la actividad y posibilitar su permanencia. Tales rasgos contribuyen a entender la viabilidad de sus iniciativas y los “márgenes de acción” efectivamente disponibles. Desde otro punto de vista, permiten plantear algunas hipótesis en relación a la capacidad de inclusión del agro pampeano actual.

El rol de las instituciones presentes en los espacios rurales es analizado por el siguiente capítulo, “Desarrollo local, autoempleo y políticas educativas: Un acercamiento a los CEPT y CEA de la provincia de Buenos Aires”. Su autora aborda la implementación de las políticas de educación agraria en relación con el desarrollo local, centrándose en dos tipos de establecimientos de educación media, los Centros Educativos para la Producción Total y los Centros de Educación Agrícola de la provincia de Buenos Aires. Compara las propuestas educativas y las actividades que se llevan a cabo relacionadas con el fomento del desarrollo local y el autoempleo, teniendo en cuenta la importancia que éstas adquieren en algunos de los emprendimientos analizados.

Por último, el capítulo 6, “Algunas cuestiones que inciden en el accionar de los programas sociales y de desarrollo rural” nos invita a reflexionar sobre las diferentes dimensiones que afectan la concepción e implementación de los programas destinados a los sectores subordinados del agro, a través del análisis de sus aspectos institucionales, objetivos, los perfiles de sus beneficiarios y las competencias profesionales de los agentes que en ellos intervienen. Los resultados a los que arriban los programas son así visualizados como una consecuencia de un juego en donde interactúan estos y otros elementos, de allí que su reconocimiento resulta de interés para contribuir a entender la lógica y funcionamiento de los mismos.

El panorama que surge de estos abordajes es plural e ilustra la complejidad del desarrollo rural planteado en un sentido abarcativo e incluyente. Nos remite a la pertinencia de los estudios sobre los sujetos sociales agrarios, ya sea “nuevos” o “preexistentes”, en un país como la Argentina, donde la vitalidad del campo –en el sentido restringido del término y también como ‘campo’ de estudio– es, sin lugar a dudas, innegable.

Bibliografía

Castel, R. (1997), La metamorfosis de la cuestión social, Buenos Aires, Paidós.

Kaztman, R., F. Filgueira, G. Kessler, L. Golbert y L. Beccaria (1999), Vulnerabilidad, activos y exclusión social en Argentina y Uruguay, Santiago de Chile, Oficina Internacional del Trabajo.

Novick, M. y R. Benencia (2001), “Nota de los editores”, Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, año 7, Nº 13, pp. 3-4.

Pizarro, R. (2001), La vulnerabilidad social y sus desafíos: una mirada desde América Latina, CEPAL, Serie Estudios estadísticos y prospectivos Nº 6.

Saraví, G. (2006), “Nuevas realidades y nuevos enfoques: exclusión social en América Latina”, en Gonzalo Saraví (ed.), De la pobreza a la exclusión. Continuidades y rupturas de la cuestión social en América Latina. Buenos Aires, Prometeo, pp. 19-52.

[1]. Desde esta perspectiva se alude tanto a la inseguridad e indefensión experimentada en las condiciones de vida a consecuencia de eventos económico-sociales traumáticos, como al manejo de los recursos y las estrategias empleadas para enfrentar sus efectos (Pizarro, 2001). A pesar de las evidentes similitudes de la terminología, creemos que esta aproximación a la cuestión se distancia de la tradición francesa, con su énfasis en los aspectos derivados del funcionamiento del sistema social. Varios autores, a pesar de adoptarla, hacen hincapié en que los recursos que poseen las familias dependen de las estructuras de oportunidades provistas por el Estado, el mercado y la sociedad, por lo que necesariamente deben abordarse sus lógicas de producción y distribución (Kaztman, et al., 1999; Pizarro, ob. cit.).

CAPÍTULO 1
Trayectorias vitales
y microemprendimientos agrarios.

Interfases micro-macro en los pueblos pampeanos

Clara Craviotti

1. Introducción

En las últimas décadas la actividad agropecuaria ha experimentado profundas transformaciones en Argentina: el proceso de globalización supone una creciente internacionalización de los capitales e interpenetración de los mercados, así como la adopción de estándares de calidad demandados por los mercados internacionales; los desarrollos tecnológicos modificaron sustancialmente las condiciones de producción en la mayoría de las actividades agroalimentarias. Estos cambios se han dado en el marco de redefiniciones del rol del Estado, que en términos generales se tradujeron en su reducida capacidad de incidir en los procesos económicos y sociales, con vistas a revertir las tendencias excluyentes experimentadas por la estructura agraria.

En lo que refiere al mercado de trabajo, se advierte la reducción de la población ocupada en la actividad y un mayor énfasis en el trabajo transitorio, junto con transformaciones significativas en la configuración de los mercados de trabajo urbano y rural. La creciente convergencia entre ambos se expresa en fenómenos como la creciente residencia urbana de la mano de obra ocupada en el agro, aunque gran parte de ésta aún reside en áreas rurales y en localidades pequeñas, funcionalmente articuladas al sector agropecuario.

El balance de estas tendencias arroja un agro de características concentradas, que no sólo ha expulsado trabajadores, sino también productores, en su mayoría de índole familiar. Paradójicamente se observa el ingreso de nuevos actores, tanto en actividades que tradicionalmente han constituido la base de acceso del país a los mercados internacionales –el caso de los cereales y oleaginosos–, así como también en varias producciones agroindustriales que en los últimos años han incrementado su performance exportadora.

Si bien los requerimientos que presentan gran parte de las actividades agropecuarias implican importantes barreras a la entrada, el panorama de agentes que ingresan al sector muestra rasgos de heterogeneidad, e incluye también a personas con dificultades para insertarse en el mercado laboral que se inician como productores directos.

En este último grupo nos centramos aquí. Si bien por su magnitud no llega a compensar los procesos de expulsión mencionados, consideramos que una aproximación comprensiva a la dinámica de la estructura agraria debe ocuparse tanto de aquellos que son excluidos como de aquellos que se incorporan, en tanto estas situaciones permiten traer bajo la luz caminos alternativos y nos permiten evaluar el grado de ajuste de los instrumentos de apoyo existentes a un fenómeno poco conocido y quizá inesperado.

En este capítulo aplicamos algunas de las consideraciones derivadas del abordaje del curso de vida al análisis de las trayectorias de microemprendedores pampeanos. Partimos de las microhistorias y micronarrativas individuales, para ver hasta dónde ellas expresan cambios contextuales más vastos, apuntando también a extraer algunas hipótesis acerca de la conexión de las circunstancias personales con las distintas maneras de visualizar/encarar los microemprendimientos.[1]

2. El life-course como perspectiva de análisis

Nos interesamos por el enfoque del curso de vida en tanto considera la interrelación entre los individuos y el contexto a lo largo de sus vidas, al analizar cómo se estructuran a lo largo del período vital ciertas dimensiones que están entrelazadas. Un curso de vida es la culminación de múltiples eventos significativos como la migración, la entrada o salida del mercado de trabajo, tener un hijo, la enfermedad de un padre, etc., en tanto estos sucesos tienden a incrementar los requerimientos sobre las personas. La peculiar combinación de eventos produce trayectorias vitales únicas, en donde la dimensión ocupacional constituye la impronta de gran parte de los aspectos de la existencia (Mills, 2007).

Toda trayectoria está compuesta por tres ejes: En primer lugar, por la estructura de oportunidades del mundo externo, entendida como las probabilidades de acceso a bienes, servicios o al desempeño de actividades; en segundo lugar, por el conjunto de disposiciones y capacidades de los sujetos que se ponen en juego en la vida cotidiana –nos referimos a sus saberes, disposiciones culturales, lógicas que orientan la acción, habilidades y proyectos de vida, etc.– y en tercer lugar, por la variable “tiempo”, que traspasa a los otros dos ejes y define su mutua relación con el pasado y el presente y la proyecta hacia el futuro (Frassa y Muñiz Terra, 2004).

Por lo general existen diferentes dimensiones temporales involucradas en las investigaciones basadas en esta perspectiva: 1) De un lado, podemos pensar en el curso vital como una serie de transiciones, a medida que las personas ingresan a un rol o salen de otro a lo largo de sus vidas; 2) Están también el tiempo histórico y las dinámicas culturales en donde se despliegan tales biografías; es decir, el complejo interjuego entre biografía e historia.[2] 3) Otra dimensión temporal es el timing o momento de la vida en que ocurren los eventos. 4) Por último, también existe un componente subjetivo del curso de vida, donde las personas se visualizan a sí mismas dentro o a destiempo de sus propias metas (Moen, 2003).

Ciertas premisas de este enfoque son que los cursos de vida son interdependientes al interior de las familias. De alguna manera éstas son centros de presupuestación de roles y asignan el tiempo de trabajo de sus miembros entre diferentes actividades, tanto productivas como reproductivas. Las elecciones de un individuo están siempre modeladas por las de las personas más cercanas a él, siendo éste un proceso influenciado por la dimensión de género. El curso de vida es asimismo un proceso acumulativo, por lo que idealmente tiene que ser estudiado en su totalidad, ya que el impacto de las experiencias individuales y los eventos históricos depende de su momento de ocurrencia. Los primeros eventos de la vida pueden tener consecuencias sobre la trayectoria en su conjunto; el hecho de que algunos roles se antepongan temporalmente a otros (por ejemplo, la maternidad temprana) afecta futuras opciones y posibilidades. De esta manera, ciertos eventos y su timing pueden llevar a una acumulación de ventajas o desventajas para los individuos y sus familias (Moen, 2003; Kok, 2007).

Los investigadores frecuentemente adoptan un modelo teórico de múltiples niveles, que reconoce que los individuos modelan activamente su propia vida, pero incrustados en sus atributos personales y en las redes que integran, así como en los limitantes históricos, culturales e institucionales. Las instituciones “filtran” la manera en que los cambios sociales más vastos (por ejemplo una recesión económica) impactan en las oportunidades individuales y en la toma de decisiones (Mills, 2007).

Según los objetivos planteados por cada investigación, se apelará a técnicas cuantitativas de investigación (construyendo cohortes a partir de grandes bases de datos) o bien cualitativas (a partir de fuentes tales como las historias de vida). Cabe señalar sin embargo que ambas estrategias se basan en el mismo principio de explicación y análisis: interpretar la vida de los sujetos a lo largo de un período determinado, relacionando sus características individuales con los condicionantes estructurales (Frassa y Muñiz Terra, 2004).[3]

Los estudios que emplean este abordaje se ocupan de aspectos diversos. Una percepción frecuente en las sociedades posindustriales hace hincapié en que las vidas se han vuelto menos predecibles, menos colectivamente/institucionalmente determinadas, menos estables, más flexibles y más individualizadas. Ello obedece a diferentes tendencias, que inciden de diferente manera sobre las trayectorias personales. En este sentido se mencionan la desregulación laboral y los recortes experimentados por los mecanismos de seguridad social, pero también la expansión de la educación, los decrecientes niveles de fertilidad y la prolongación del tiempo de vida (Mayer, 2004). De esta manera, ciertos eventos y sus secuencias ocurren en edades más variadas y su duración también es más diversa.

En este contexto, el concepto más interpretativo de individuación plantea que las personas estarían logrando un mayor “control” sobre sus vidas, que se refleja en una mayor variedad de trayectorias vitales. Pero este abordaje un tanto optimista ha sido por cierto cuestionado: Se habla así de una individuación conformista (en tanto las oportunidades de lograr una verdadera individuación se ven de hecho limitadas por el consumo de masas) y de una individuación negativa: la necesidad de readaptaciones y decisiones frecuentes pueden generar una ansiedad creciente en las personas, en relación a qué caminos optar y cómo conseguir la información apropiada para tomar decisiones (Mills, 2007). Además –y esto es de particular importancia para el tema que nos ocupa–, ciertos grupos sociales están más expuestos a las consecuencias negativas del debilitamiento de los controles sociales. Lejos estamos en estos casos de la individuación estratégica de Giddens, según la cual los individuos cultivarían constantemente una actitud de evaluación del riesgo y de cálculo del presente orientado al futuro.

En América Latina, la situación para gran parte de los sectores populares parece responder a una creciente incertidumbre respecto al desarrollo de la trayectoria vital –tanto en el corto como en el mediano plazo– en función del debilitamiento de las políticas comúnmente asociadas al “Estado de bienestar”, si bien éste nunca alcanzó a vastos segmentos poblacionales. En México por ejemplo, el típico hogar trabajador tiene más ocupados actualmente que el de 1980, pero en él prevalece el empleo informal y precario de sus miembros, en combinación con cada vez más largas experiencias de desempleo (González de la Rocha y Latapí, 2006). En Argentina, Altimir y Beccaria detectan que la mayor parte de los puestos de trabajo creados en los años 90 correspondieron a posiciones precarias, con bajas remuneraciones, sin cobertura social y con nula protección frente al despido. Paralelamente, se precarizaron muchos puestos estables existentes y, en consecuencia, se constató una elevada tasa de rotación en los puestos de trabajo (Espinoza y Kessler, 2003).

¿Cómo se ubica el agro frente a estas transformaciones? Su especificidad se plantea como algo destacado, en la medida en que por lo general no ha respondido a los cánones del empleo formal y de las regulaciones sociales. El desarrollo del capitalismo en la agricultura nunca trajo la consolidación de una clase trabajadora estable y permanente, e incluso en algunos casos se ha venido desarrollando en detrimento de su formación. Asimismo, la utilidad de conceptos surgidos del análisis de la reestructuración industrial para explicar los cambios en curso también ha sido objeto de controversia, en tanto las dimensiones clásicas de flexibilización laboral –la desreglamentación y los ajustes en el volumen de empleo y en los niveles salariales– serían de limitada aplicación en los mercados de trabajo agrarios, dada la relevancia “natural” del trabajo temporario (Neiman y Quaranta, 2001). Aún con estas salvedades cabe observar, como lo hace Lara Flores (2006), que la reestructuración de las empresas agrarias crecientemente se apoya en un uso “flexible” de la fuerza de trabajo; es decir que se pueden identificar tendencias en esta dirección, más allá de que los cambios evidenciados por otros sectores de actividad contribuyan a matizar la tradicional “excepcionalidad” del agro.

3. Trayectorias vitales de vulnerables pampeanos

Teniendo en cuenta la herramienta heurística del curso de vida analizamos entonces los casos concretos, considerando en qué medida la pertenencia a diferentes grupos de edad –que a su vez se enmarcan en diferentes contextos temporales referidos a la evolución del empleo– incide en la visualización de las actividades productivas agropecuarias, desarrolladas bajo la forma de microemprendimientos. Para ello organizamos los datos en función de tres grupos: el “joven”, de 18 a 29 años; el “intermedio”, de 30 a 45 años, y el “maduro”, de más de 45 años, y analizamos desde diferentes puntos de vista sus trayectorias previas.

Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
15 listopada 2024
Objętość:
241 str. 3 ilustracji
ISBN:
9789876911351
Właściciel praw:
Bookwire
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