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Carlos Abad

Que el día de hoy

sea sólo hoy



Abad, CarlosQue el día de hoy sea sólo hoy. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2015.E-Book.ISBN 978-987-599-435-51. Autoayuda. I. TítuloCDD 158.1

Edición a cargo de Diana Paris / Espliego

© Libros del Zorzal, 2013

Buenos Aires, Argentina

Printed in Argentina

Hecho el depósito que previene la ley 11.723

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Tú que viviste no en el rígido ayer

sino en el incesante presente

en el último punto y ápice vertiginoso del tiempo.

Jorge Luis Borges

Este libro está dedicado a todos aquellos que intentamos alcanzar el arte de vivir el presente.

Índice

Prefacio

El momento antes que el instante | 7

Introducción | 11

Capítulo 1

Vivir es un regalo y un presente | 15

Capítulo 2

Para ser feliz hay que ser bueno | 25

Capítulo 3

Algo huele mal en Dinamarca | 33

Capítulo 4

Libertad, un clamor para vivirlo diariamente | 39

Capítulo 5

Cuestión de palabras | 49

Capítulo 6

Prepararnos para el futuro | 57

Capítulo 7

Mirar para adelante | 63

Capítulo 8

Levántate, toma tu camilla y camina | 69

Capítulo 9

La felicidad es una conquista cotidiana | 73

Capítulo 10

Vivir el presente como un regalo | 79

Postfacio

Hoy, unidad de valor | 85

Prefacio

El momento antes que el instante

¿Vivir el momento o vivir el instante? ¿De qué se trata? Una consigna que llama a “vivir el día a día” se multiplica a nuestro alrededor en conversaciones, en apelaciones publicitarias, en convocatorias de dudoso espiritualismo, en actitudes y conductas. Suena atractiva, promete aligerar la existencia, parece liberarnos de traumas del pasado y llevarnos suavemente a un porvenir inevitablemente benigno. Sin embargo, encierra un engaño. Llevado a la práctica, se convierte en vivir sin memoria, sin responsabilidad, sin compromiso. Lleva a cultivar relaciones utilitarias (“¿Para qué me sirves?”). En la era de la fugacidad y del vale todo -que termina en que nada vale- “vivir el día a día” se transforma, a la corta, en vivir el instante. Que no significa vivir el momento. La diferencia no es menor. El momento es hijo del pasado y padre del futuro. Es el tronco de un árbol que tiene sus raíces hundidas en el ayer y su fronda elevada hacia el mañana. Quitemos las raíces, eliminemos la fronda, y el tronco caerá abatido por la primera brisa, sin dejar huella en la tierra y sin haber dado frutos. Somos eslabones en la cadena del tiempo, que debemos gratitud a quienes nos precedieron pues nos dejaron un mundo en funcionamiento y un deber: poner en él nuestros dones. Y debemos amor a quienes nos continuarán, amor que demostraremos si honramos ese mundo, cuidándolo, conservándolo y mejorándolo para que ellos puedan, a su vez, verter en él sus cualidades.

En este libro, Carlos Abad honra al momento, honra al árbol desde sus raíces hasta su fronda y se detiene en la belleza del tronco. Lo hace con palabras cuidadas (como debe ser) que nunca son fortuitas, sino que responden a convicciones profundas a las cuales, me consta, Carlos convierte en acciones, en conductas, en una actitud existencial. Por eso seguramente Que el día de hoy sea sólo hoy resultará una obra que desbordará el presente, podrá ser leído en el futuro como si se recorrieran páginas tan intemporales como son, finalmente, las cuestiones del alma. ¿No es una maravillosa paradoja ésta de que un libro que habla de cultivar el presente nos recuerde que, en la medida en que lo hagamos, estamos destinados a trascenderlo?

Al poco tiempo de iniciar el recorrido de las páginas que vienen, el lector tendrá la sensación de beber un vino reconfortante y balsámico, añejado en nobles barricas. Sé que así fueron creadas. Carlos ha parido este libro como se paren los hijos que serán nuestras huellas en la eternidad. Lo ha hecho con deseo, con convicción, con compromiso, con responsabilidad; ha puesto en él sus valores, es un testimonio de su propio andar por la vida, ha cultivado cada palabra y ahora ofrece el fruto con la generosidad que es su marca de nacimiento. Eso sólo se puede llamar amor.

Conozco a Carlos Abad, he compartido con él numerosas tertulias, mesas y sobremesas, me ha acompañado en varios de mis propios partos literarios, nos hemos confiado nuestras esperanzas, temores, certezas y desconciertos y, aun así, la lectura de estas páginas no dejó de ser para mí una sucesión de descubrimientos y revelaciones. Es extraordinario cuánto podemos los seres humanos seguir explorándonos, descubriéndonos y ofrendándonos cuando cultivamos el día adentrándonos en él en lugar de simplemente rozar su superficie. Si esta es la actitud en cada jornada, la cadena de los días nos encuentra con aprendizajes, reflexiones, convicciones y legados como los que surgen de este libro capítulo a capítulo.

En Que el día de hoy sea sólo hoy recobran todo su significado y su eco palabras simples, que hemos desgastado con un uso banal hasta transformarlas en muletillas vacías. Palabras comobueno, hoy, amor, donar, dar, sagrado y tantas otras, leídas aquí vuelven a tener vida. En el contexto en que el autor las cobija, son primicias. En lo personal agradezco esta experiencia de lectura, esta confirmación de que siempre hay nuevas maneras de decir, de escribir, de recordar, de anunciar, de celebrar, de agradecer, y que esas formas nuevas se amasan con las palabras que siempre tenemos y a menudo despreciamos. Eso convierte a este libro en una experiencia espiritual en el sentido más amplio y profundo del término. Emana de él lo que en verdad, al menos para mí, significa la espiritualidad. La apertura de nuestra conciencia hasta el punto en que podemos comprendernos y asumirnos como partes de un todo que nos contiene, que es más que la suma de sus partes y fuera del cual jamás alcanzaremos a vislumbrar el sentido de nuestra vida.

Entendida así la espiritualidad contiene a la religiosidad y cobija a todos los humanos, independientemente de sus creencias o su agnosticismo. El día de hoy nace para todos, se abre en su horizonte para todos y pide de cada uno un aporte para honrar y mejorar el espacio común -físico y espiritual- que conformamos y en el que transcurre nuestra vida. Este libro es el testimonio de los aportes, los trabajos y los días de su autor. De sus dolores por el mundo que ve, de sus esperanzas por el que sabe posible, de su infatigable exploración de dudas y certezas, de su amor por la palabra. Escribir no es sólo poner palabras en orden en la pantalla de una computadora o en el papel. Ése es el momento más visible de la escritura, su culminación. Pero hay una escritura invisible hecha de vivencias, de soliloquios, de intensos monólogos interiores y de apasionados diálogos, de silencios y quietudes, de procesamiento de las experiencias personales, de la propia vida, que sólo al final se convierten en letra impresa. Que el día de hoy sea sólo hoy es el resultado de incontables días vividos cada uno, como Carlos Abad lo propone aquí. Su lectura, a la luz de mi experiencia, es una bella manera de cultivar el día. Y quien cultiva el día cultiva la vida. Una vida en la que prevalece el momento, no el instante.

Sergio Sinay

Introducción

Si quieres conocer el pasado mira el presente que es su resultado.

Si quieres conocer el futuro mira el presente, que es su causa.

Proverbio japonés

Como dijo Sergio Sinay en una de sus iluminadas reflexiones, pensar el presente “no es recomendable para espíritus atrapados por el delivery existencial, por el llame ya”. No es apto para los adeptos al ahora o nunca. Hay que salir de la jaula de Cronos y explorar la inmensidad de Kairós.

Cronos es cuantitativo y Kairós, cualitativo, representa ese momento adecuado u oportuno llamado “tiempo de Dios”. Pero el diario trajín nos aparta de ese tempo divino y nos asocia al tirano Cronos.

La vida es cronológica: nacimiento, desarrollo, muerte. Pero a veces la cronología (del griego χρονο chronos, ‘tiempo’ y λογα logos, ‘estudio’) es una línea que merece ser interrumpida para empezar a medir el tiempo desde otra perspectiva.

El “Papa bueno”, Juan XXIII -el Papa N.° 261 de la Iglesia Católica entre 1958 y 1963-, nos brindó su “Decálogo de la serenidad” elogiando el “hoy”.

Recordémoslo:

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

¡Qué sencillo y qué difícil! De este decálogo surge de inmediato otra inquietud: ¿Y mañana? Mañana Dios dirá… y por eso mismo: ¿Por qué no volver a empezar? Romper la cronología, nacer cada día, decidir recomenzar a contar desde cero.

¿Cuándo? Cuando el cómputo de los días, meses y años nos traza un recorrido que reclama detenerse, observar y cambiar el horizonte. Les propongo que esa línea divisora sea el concepto de “hoy”.

Etimológicamente, la voz latina hodie y como contracción de la expresión hoc die (“en este día”) se vincula a la noción de día, luz. De esa misma raíz derivan: dios, divino, adiós, divo, Diana, Júpiter, jovial, cotidiano, jornal, jornada, mediodía, meridiano. En todos los casos expresa luz, brillo.

¡Que tu Hoy sea luminoso, divino!

Capítulo 1

Vivir es un regalo

y un presente

Saboteamos nuestro día, lo programamos para el desastre acarreando los problemas de ayer y asumiendo las luchas de mañana.

Remordimiento por el pasado, ansiedad por el futuro.

No le estamos dando una chance al día.

Max Lucado

“Vivir es un regalo y un presente” dice en Para no olvidar el músico argentino Andrés Calamaro. Es interesante apreciar la sabiduría del lenguaje popular: presente aparece como sinónimo de regalo. Pero, ¿lo valoramos así en cada momento de la vida? ¿Aceptamos el regalo de vivir cada minuto del presente?

“Cada día Dios tiene un regalo para ti, toma tu tiempo y, con paciencia, con lo que el día te traiga, abre el regalo envuelto en bellos papeles de cosas buenas preparadas para ti, no pienses por el mañana, que cuando venga será ‘hoy día’ y traerá el respectivo regalo del día.

El ayer es historia, el mañana es un misterio, pero el hoy es un regalo. ¡Por eso se llama ‘presente’”, nos asegura el Padre Lluciá Pou Sabaté.

En una visita a la casa en Madrid del Padre Carlos González Vallés, en el marco de una tertulia muy amena, recibí un regalo invalorable. Gonzáles Vallés es jesuita, matemático, lingüista, concertista de piano, conferencista alrededor del mundo, pero por sobre todo un humanista cabal, misionero por más de 55 años en la India y fecundo escritor con más de 100 librosque acababa de publicar Elogio de la Vida diaria. Y en aquella visita me obsequiaba esta máxima del poeta de Moguer, Juan Ramón Jiménez, quien cada mañana pronunciaba la siguiente plegaria: “¡Líbrame de las adherencias del pasado, aurora, y de las tensiones del futuro! ¡Que el día de hoy sea sólo hoy!”.

Unidad de tiempo única e irremplazable, vivir el hoy es camino y despliegue de oportunidades: ¿Estamos preparados para valorarlo? Vivir el presente y disfrutar con profundidad cada momento son actitudes de una vida-con-sentido.

En ese magnífico libro, el padre Carlos Gonzáles Vallés utiliza la dimensión de la cotidianidad como el valor humano más significante.

La unidad de tiempo medida en el hoy.

Oración, plegaria, invocación no religiosa, no confesional del autor de Platero y yo que Vallés toma adaptando los versos desde una perspectiva cristocéntrica: “Señor, pongo mi pasado a tu misericordia y mi futuro a tu providencia. Que el día de hoy sea sólo hoy”.

Los chinos dicen cuando se despiertan -como en una alabanza a la vida- la ancestral frase que muchos ni siquiera por intuición sienten al comienzo de cada nuevo día: “Amanece que no es poco”. Si pudiéramos volver a agradecer la sagrada dimensión de cada comienzo, algo podría empezar a cambiar.

Mircea Elíade, el prestigioso escritor rumano que acuñó el término hierofanía para referirse a la manifestación de lo sagrado, sostenía en su obra Tratado de Historia de las Religiones que la toma de conciencia de lo sagrado se expresa en los objetos de nuestro cosmos habitual.

Hoy, la mirada posmoderna experimenta cierto malestar y rechazo ante lo sublime.

Hace un tiempo retomé esos conceptos en mi programa de televisión, entrevistando a Sergio Sinay1, autor de La felicidad como elección. Ahí hablamos de las grandes cimas de la vida: nacimiento, adolescencia, casamiento, hijos, muerte. Y coincidimos en la característica de la mirada actual: profana por excelencia.

En realidad la vida está compuesta por días comunes; es la suma y el sentido que les otorgamos lo que puede volverlos extra-cotidianos, extra-ordinarios, pero cada acontecimiento es esa medida de tiempo pequeña y total encerrada en el presente.

Muchos autores del folklore argentino testimonian: “El hoy es lo que tenemos” y el cantautor José Larralde entona en su memorable obra Herencia para un hijo gaucho: “Hoy se quedan con ayer y mañana con pasado”. Vivir el hoy es vivir con la intensidad de estar presente en el presente.

En una conferencia magistral brindada en un teatro de Buenos Aires por el Padre Carlos Gonzáles Vallés, el jesuita afirmaba que con seguridad lo único que está presente en tiempo y forma es el cuerpo.

El cuerpo vive en el presente pero nuestra mente, nuestro espíritu, nuestros pensamientos, no suelen estar acompañando al cuerpo. El desafío es que el alma, el cuerpo, la mente y el espíritu confluyan en armonía.

Hay una pequeña historia en la que un discípulo le pregunta a su maestro: “¿Qué es el zen?”. Y la respuesta es tan profunda como sencilla: “Zen es comer cuando comes, correr cuando corres y dormir cuando duermes”. Puro presente.

Carpe diem.

Ya en Odas, el poeta latino Horacio (65 a.C. - 8 a.C.) alentaba a aprovechar esa suma de instantes que configuran el puro presente:

“No busques el final que a ti o a mí nos tienen reservado los dioses (que por otra parte es sacrilegio saberlo), oh Leuconoé, y no te dediques a investigar los cálculos de los astrólogos babilonios. ¡Vale más sufrir lo que sea! Puede ser que Júpiter te conceda varios inviernos, o puede ser que éste, que ahora golpea al mar Tirreno contra las rocas de los acantilados, sea el último; pero tú has de ser sabia, y, mientras, filtra el vino y olvídate del breve tiempo que queda amparándote en la larga esperanza. Mientras estamos hablando, he aquí que el tiempo, envidioso, se nos escapa: aprovecha el día de hoy, y no pongas de ninguna manera tu fe ni tu esperanza en el día de mañana”.2

Sólo por hoy.

Ese mismo lema de sabiduría sostienen los principios de la comunidad Alcohólicos Anónimos; esta hermandad positiva promueve la recuperación desde el amor genuino y con total desinterés material. Los participantes, apoyados por la solidaridad de quienes los acompañan en ese camino de recuperación, saben que deben plantearse pequeños pasos, objetivos a corto plazo, y lo expresan con la sencillez de las verdades absolutas: “Sólo por hoy”.

Se plantean que cada 24 horas se haga realidad la victoria de vencer la abstinencia cotidiana, alcanzar la sobriedad como consecuencia del hoy.

En sus “Doce Pasos y Doce Tradiciones de AA” reafirman: Sólo por hoy. Con ese murmullo interno se centran en el día sin pretender resolver en un momento el problema de toda la vida.

Mujeres y varones en todo el mundo encuentran más conveniente concentrar su energía en evitar esa copa en el día de hoy, porque si hoy no la beben, hoy no se van a emborrachar. “De mañana ya nos ocuparemos cuando llegue, e intentaremos hacer lo mismo”. No tiene demasiado sentido obsesionarse por el pasado, eso ya pasó.

“Sólo por hoy seré feliz”, dicen, tratando de poner en práctica la máxima de Abraham Lincoln: “Casi todo el mundo es tan feliz como se propone”. “Sólo por hoy aceptaré la suerte” como venga, sin forzar las cosas para que se acomoden al gusto personal. Sólo por hoy trataré de vivir en la realidad. Trataré de cambiar lo que pueda y aceptar lo que no puedo modificar”. Sólo por hoy dejaré de ser un apático mental” y me impondré leer algo que requiera concentración. “Sólo por hoy ejercitaré mi alma”, y entonces decido hacer un bien a alguien sin esperar recompensa. “Sólo por hoy tendré un programa” y acepto que tal vez no salga exactamente como lo he planificado, pero en esa búsqueda estaré huyendo de dos plagas: la prisa y la indecisión.

“Sólo por hoy seré agradable”: planificaré vestir bien, hablar en voz baja, ser cortés. “Sólo por hoy dejaré las tensiones”, rezan, para visualizar una mejor perspectiva de la vida. “Sólo por hoy no tendré miedo y sabré disfrutar de lo que es bello”, repiten como una oración.

Padre nuestro. Jesús y la oración

Vosotros, pues, oraréis así:

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Tan austera y verdadera es la premisa del valor de cada día, que ya lo expresaba en sólo 38 palabras Jesús -el Maestro de Galilea- en su oración universal: Padre Nuestro.

Romano Guardini, el célebre teólogo católico italiano, en un emblemático libro -dedicado exclusivamente al Padre Nuestro- subraya que el pan nuestro de cada día sea el pan suficiente, es decir lo que necesitamos. El pan de ayer se endurece, el pan de mañana no está, sólo tiene valor “el pan nuestro de cada día”.

Parece tan difícil satisfacer el hambre diario –hambre de alimento y de fe– en la porción que cabe en esa medida de tiempo que no vemos, que no sentimos, que se nos escapa cuando nos aferramos al pasado o corremos para alcanzar el futuro… Y debería alcanzarnos el pan fresco, el pan de la mañana es el pan de cada día. De nada sirve almacenarlo. Cada día tiene su pan. Pan perfumado en los hornos de Jerusalén, Roma o Nueva Delhi.

Viene a mi memoria la frase del salmista, quien promovía una oración matinal que dice: “Alegrémonos y gocémonos con el día que el Señor nos ha dado”.

Esta verdad absoluta acompañó a padres de familiaa dar a cada día su propio pan, desde el origen del mundo. Tradición arraigada en pueblos milenarios, cristianos, judíos, árabes, hindúes. Vivir el presente. Saben que cada día traerá su mal, su carga, pero terminado el día, concluida la faena, cuentan con la oración balsámica: “Basta a cada día su propio afán”.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
31 marca 2025
Objętość:
81 str. 3 ilustracji
ISBN:
9789875994355
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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