Czytaj książkę: «Rimas»

Czcionka:

Bartolomé Mitre

Rimas


Publicado por Good Press, 2019

goodpress@okpublishing.info

EAN 4057664169006

Índice

ADVERTENCIA DEL EDITOR Á ESTA SEGUNDA EDICION

CARTA-PREFACIO DE LA PRIMERA EDICION

LIBRO PRIMERO POESÍAS PATRIÓTICAS

I Á LA DERROTA DEL QUEBRACHO (CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VARELA)

II RECUERDOS DE BUENOS AIRES

III LA MUERTE DE ZACARIAS ALVAREZ (EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE)

IV AL SOL DEL 25 DE MAYO DE 1844 (EN MONTEVIDEO SITIADO)

V EL CORSARIO (PROSPECTO DE UN PERIÓDICO POLÍTICO EN 1840)

VI ELEGÍA AL GENERAL LAVALLE

VII JOSÉ CAMPON (PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)

VIII HIMNO Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD

IX INVOCACION (EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)

X AL CONDOR DE CHILE [2]

XI LA ORACION DE SETIEMBRE

XII Á LA AMÉRICA

XIII Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA

XIV EL INVÁLIDO

XV LA CAMPANA

XVI SATIRA Á SANDOVAL AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS AVELLANEDA Y VILELA

XVII GRITO DE ALARMA (DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)

XVIII HIMNO AL 25 DE MAYO (ARREGLADO Á MÚSICA)

LIBRO SEGUNDO ARMONÍAS DE LA PAMPA

I Á UN OMBÚ EN MEDIO DE LA PAMPA

II Á SANTOS VEGA PAYADOR ARGENTINO

III EL PATO CUADRO DE COSTUMBRES

IV EL CABALLO DEL GAUCHO

V LA REVOLUCION DEL SUD I Á BUENOS AIRES

VI EL ALZAMIENTO

VII CHASCOMUS

VIII CASTELLI

IX LOS EMIGRADOS

X EPILOGO

LIBRO TERCERO POESÍAS DIVERSAS

I EL VALZ

II DESESPERACION (CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)

III EN LA TUMBA DE UN POETA (FRAGMENTOS)

IV PLEGARIA PARA ADORMECER Á UNA SONÁMBULA

V UNA LÁGRIMA DE AMOR CANCION ARREGLADA Á MÚSICA

VI Á LA MUERTE DE ADOLFO BERRO POETA ORIENTAL

VII AL VIOLINISTA CAMILO SIVORI IMPROVISADO DESPUES DE UN CONCIERTO

VIII ¡ADIOS POR SIEMPRE!

IX ¡COMO TÚ! ESCRITO Á ORILLAS DEL QUEGUAY

X DESPEDIDA

XI TU ESTRELLA (CANCION ARREGLADA Á MÚSICA)

XII NADA DIRÉ

XIII EN EL ÁLBUM DE LA HIJA PÓSTUMA DE UN COMPAÑERO DE ARMAS

XIV VERSOS (EN UNA CORONA DE LAUREL)

XV UN RETRATO SIN NOMBRE

XVI NOCHES DE DICIEMBRE

XVII DOS PENSAMIENTOS

XVIII EL VELO

XIX LA AGONÍA DEL POETA

LIBRO CUARTO POESÍAS FAMILIARES

I Á MI HIJA DELFINA

II Á UN AMIGO DE 24 HORAS

III LAS TRES MARIAS CONSOLANDO Á UN AMIGO QUE HABIA PERDIDO TRES HIJAS, LAS TRES CON EL NOMBRE DE MARÍA

IV EN UN ÁLBUM

V AL PRIMOGÉNITO DE UN AMIGO

VI ¿POR QUÉ LLORAR? (EN UN ALBUM FÚNEBRE, RECORDANDO Á UNA MADRE SU HIJO MUERTO EN EDAD TEMPRANA)

VII Á LA NIÑA LEONOR

VIII ELIZA EN LA TUMBA

IX Á CATALINA

X Á UN AMIGO QUE ME ASISTÍA EN UNA ENFERMEDAD, SIENDO MI MÉDICO UN AMABLE FILÓSOFO

XI EN UN ÁLBUM

XII QUÉ PODRÉ DECIR (EN EL ÁLBUM SIN VERSOS DE UNA JÓVEN ESPOSA!)

XIII Á UN AMIGO

XIV UNA FLOR DEL ALMA (Á UNA AMIGA ANCIANA)

XV MI ESTRELLA

LIBRO QUINTO IMITACIONES Y TRADUCCIONES

I EL SALMO DE LA VIDA (De Longfellow) LO QUE EL CORAZON DEL JÓVEN DICE AL SALMISTA

II EL CEMENTERIO DE CAMPAÑA (ELEGÍA DE THOMAS GREY)

III EL APÓSTOL DE BERANGER (DEDICADO Á LAMENNAIS)

IV LO QUE ES AMOR (IMITACION DE V. HUGO)

V VIVO EN ELLA (IMITACION DE BYRON)

VI ¡ADIOS! (IMITACION DE BYRON)

VII LA SANTA ALIANZA (IMITACION DE BERANGER)

VIII EL PESCADOR DE PERLAS (IMITACION DEL FRANCÉS)

IX Á UNA MUJER (IMITACION DE VICTOR HUGO)

X Á COLON (IMITACION DE SCHILLER)

XI EL UTOPISTA RIVADAVIA (FRAGMENTOS TRADUCIDOS DE UN CANTO EN HONOR DE RIVADAVIA TITULADO: «LES BREVIS MERINOS DANS LA RIO DE LE PLATA» POR CÁRLOS PELLEGRINI.)

XII AMOR SECRETO (REMINICENCIAS) [12]

XIII ¡ADIOS! (LA ÚLTIMA CANCION DE BERANGER)

NOTAS

NOTAS

ADVERTENCIA DEL EDITOR
Á ESTA SEGUNDA EDICION

Índice

Hace treinta años que el ilustre poeta D. Estéban Echeverría consignó estas palabras en un libro dedicado á la jóven generacion de sus dias: «El señor Mitre, artillero científico, soldado en Cagancha y en el sitio de Montevideo, ha adquirido, aunque muy jóven, títulos bastantes como pensador y poeta. Su musa se distingue de los contemporáneos por la franqueza varonil de sus movimientos, y por cierto temple de voz marcial que nos recuerda la entonacion robusta de Calímaco y Tirteo. Se ocupa actualmente de trabajos históricos que le granjearán, sin duda, nuevos lauros.»

Precisamente en la época en que las líneas que acaban de leerse se publicaban, (año de 1846) la musa del señor Mitre enmudecía, pues, como él lo ha dicho en su conocida Carta-Prefacio, casi todas las poesías líricas que forman su coleccion fueron escritas por él á la edad de veinte años.

Estas poesías, reunidas por la primera vez en un volúmen, se publicaron en Buenos Aires en 1854, precisamente por la imprenta en que hoy se da esta nueva edicion, siendo su editor el mismo que firma esta advertencia.

Aunque se hizo un tiraje bastante copioso para la época, la edicion se agotó muy luego, al punto que á los pocos meses nos fué imposible atender á la demanda creciente de la obra. La demanda, lejos de disminuir ha ido creciendo cada vez mas, como hemos podido cerciorarnos por nosotros mismos en el comercio de libros de que hace veinte años que nos ocupamos, obteniendo precios subidos, que no ha alcanzado entre nosotros ningun libro, los pocos ejemplares que por casualidad se ofrecen en venta.

Esta circunstancia nos ha determinado á hacer de las Rimas de don Bartolomé Mitre una edicion mas completa y correcta que la anterior, á la vez que mas lujosa, satisfaciendo así la demanda del público y enriqueciendo con ella la Biblioteca de Escritores Argentinos que hemos emprendido y de que llevamos publicados ya algunos volúmenes.

Para el efecto, hemos obtenido la colaboracion de un joven literato, quien teniendo á la vista un ejemplar de la edicion de 1854 anotado por el mismo autor, se ha prestado gustoso á dirijir este trabajo, encargándose de su clasificacion y correccion.

A esto se deberá poder incluir en este tomo varias composiciones que no tuvieron cabida en la primera edicion, y que publicadas anónimas andaban dispersas en los diarios; así como el poder presentar algunas otras con toda correccion en su forma definitiva.

Aun cuando el señor Mitre no ha hecho profesion de poeta, como él mismo lo ha dicho, y dejó de escribir versos muy temprano, como todos sus contemporáneos, Mármol, Gutierrez, Dominguez, Rivera Indarte, Irigoyen, Thompson, Balcarce, Cuenca y otros para quienes la lira fué mas bien un arma de combate que un instrumento artístico, precisamente por esto su obra poética es una página de nuestra historia revolucionaria, siéndolo á la vez de la literatura nacional.

Para hacer resaltar este carácter especial de sus poesías, han sido clasificadas bajo un órden metódico, dividiéndolas en cinco libros y agrupándolas por séries segun sus afinidades.

El «Libro Primero», comprende sus poesías patrióticas, escritas casi todas durante la gloriosa lucha de la libertad contra la tiranía, en la que el autor manejó al mismo tiempo la lira y la espada. Entre ellas el Canto á la derrota del Quebracho, la Muerte de Zacarias Alvarez, la Elegía á Lavalle, El Grito de Alarma en 1841 y su composicion Al 25 de Mayo en 1844, durante el sitio de Montevideo, son verdaderas páginas históricas llenas de vida, en que las heróicas pasiones de sus contemporáneos acompañan el canto varonil del poeta. Los Recuerdos de Buenos Aires, en que el proscripto rememora sus bellezas, sus glorias y sus desgracias, el Himno á los Mártires de la Libertad y su popularísima cancion del Inválido, pertenecen tambien á esta série, y tanto ellas como las anteriores justifican el juicio aventajado que á su respecto hizo Echeverría en 1846.

El «Libro Segundo», contiene bajo el epígrafe de Armonías de la Pampa, algunas composiciones, que segun el mismo autor lo ha dicho en una nota puesta al pié de una de ellas, pertenecen á un género esencialmente nacional, que puede llamarse nuevo, así por los asuntos como por el estilo, segun la teoría que él mismo ha desenvuelto sobre este tema. A este género pertenece Santos Vega, El Caballo del Gaucho y El Pato. Por razon del escenario y aun del asunto, hemos creido deber incluir entre ellas la Revolucion del Sud y El Ombú en medio de la Pampa, bien que la primera corresponda mas á las poesías patrióticas y la segunda á las de diverso género reunidas en otro libro.

El «Libro Tercero», comprende bajo la denominacion de POESÍAS DIVERSAS, los asuntos morales, sentimentales, fantásticos ó de caprichosa y fugitiva inspiracion, que corresponden á varios géneros y asuntos. Señalaremos entre ellas la que se titula En la Tumba de un Poeta, El Valz, La Despedida, La Agonía del Poeta, La Desesperacion, las Noches de Diciembre y los Dos Pensamientos, en que no obstante sus variados tonos, predomina un tinte melancólico que les da un aire de familia.

El «Libro Cuarto», bajo el rubro de Poesías Familiares, comprende las composiciones inspiradas por los afectos íntimos del hogar y de la amistad espansiva, descollando entre todas ellas la que lleva por título A mi hija Delfina.

Por último, en el «Libro Quinto» están coleccionadas todas las imitaciones y traducciones poéticas del autor. Entre ellas sobresalen El Cementerio de Campaña de Grey, El Salmo de la Vida de Longfelow y El Apóstol de Beranger, que así por la celebridad universal de los testos, como por la manera magistral con que están manejados, jueces muy competentes estiman como los trabajos mas notables que encierra este libro.

Tal es la edicion que presentamos y que viene á agregar un volúmen mas á nuestra Biblioteca de Escritores Argentinos, de la cual forma parte integrante, habiendo por consiguiente adoptado el mismo formato y papel de los ya publicados, continuando nuestro propósito.

C. C.

CARTA-PREFACIO
DE LA PRIMERA EDICION

Índice

Buenos Aires, Marzo 1º de 1854.

Recuerdo que en uno de los mas bellos capítulos de sus Impresiones de Viage, me llamó «poeta por vocacion».

Hoy, al tiempo de publicar mis poesías, se me ocurre retribuir á Vd. aquella fineza, colocando esta carta al frente de su primera edicion. En el mismo capítulo en que me hacía el agradable cumplimiento que he citado, decía Vd., hablando del sitio de Montevideo, de que yo era soldado en aquella época:—«En medio de este caos de intereses, respirando la atmósfera cargada de humo, y encerradas en un horizonte que á cada punto tiene aparejadas tormentas que de una hora á otra pueden descargar sobre sus cabezas, las musas argentinas, cualquiera que sea la ribera donde les sea permitido entregarse á sus sueños, lo divinizan todo, hasta la desesperacion y el desencanto. Me parece que una causa profunda hace al pueblo español por todas partes poeta: inteligencias caidas, como aquellos nobles de otro tiempo descendidos á la plebe, con organizaciones é instintos desenvueltos; mentes elevadas y ociosas que se remueven y agitan én su nada, revelando su elevada condicion por entre los harapos que las cubren. El español, inhábil para el comercio, que esplotan á sus ojos, naves, hombres y caudales de otras naciones, negado para la industria, la maquinaria y las artes; destituido de luces para hacer andar la ciencias, ó mantenerlas siquiera, rechazado por la vida moderna para que no está preparado, el español se encierra en sí mismo y hace versos; monólogo sublime á veces, estéril siempre, que le hace sentirse ser inteligente y capaz si pudiera, de accion y de vida, por las transformaciones que hace esperimentar á la naturaleza que engalana en su gabinete, como lo haria el norte-americano con el hacha de los campos, aquel poeta práctico que hace una pastoral de un desierto inculto, é inventa pueblos y maravillas de la civilizacion, cuando del bosque asoma su cabeza á la márgen del rio aun no ocupado. ¡Yo os disculpo, poetas argentinos! Vuestras endechas protestarán por mucho tiempo contra la suerte de vuestra patria. Haced versos y poblad el rio de seres fantásticos, ya que las naves no vienen á turbar el terso espejo de sus aguas. Y mientras otros fecundan la tierra, y cruzan á vuestros ojos con sus naves cargadas el almo rio, cantad vosotros como la cigarra; contad sílabas, mientras los recien venidos cuentan patacones; pintad las bellezas del rio que otros navegan; describid las florestas y campiñas, los sotos y bosquecillos de vuestra patria; mientras el teodolito y el grafómetro, prosáicos en demasía, describen á su modo y para otros fines, los accidentes del terreno.—¡Qué de riquezas de inteligencia, y cuánta fecundidad de imaginacion perdidas! ¡Cuántos progresos para la industria, y qué saltos daria la ciencia si esta fuerza de voluntad, si aquel trabajo de horas de contraccion intensa en que el espíritu del poeta está exaltado hasta hacerle chispear los ojos, clavado en su asiento, encendido su cerebro y agitándose todas sus fibras, se empleara en encontrar una aplicacion de las fuerzas físicas para producir un resultado útil!»

La diatriva es un poco fuerte, y aunque algo merecida, hace tiempo que le guardo rencor por la parte que me toca como soldado raso en la falange de poetas del Rio de la Plata, que ha divinizado hasta la desesperacion y el desencanto. Monólogo estéril, mentes decaidas, hombres incapaces para la accion, inhábiles para el trabajo, derrochadores de la inteligencia, tales son los calificativos que prodiga á la poesía y á los poetas, deplorando que la fuerza creadora aplicada á ensanchar los límites del mundo inmaterial no se hubiese aplicado esclusivamente á hacer alguna nueva conquista sobre el mundo material. Para confusion de sus detractores y para honor de la poesía, ha tenido que valerse de su propio lenguaje al atacarla, como esos caudillos de la montonera, que al mismo tiempo que procuraban desacreditar la táctica europea, se servian para contrarrestarla de sus propias maniobras mal aprendidas y peor enseñadas.

Ya veo, que si le diesen á organizar el mundo, desterraría como Platon, á los poetas de su república, sin embargo de que Vd., lo mismo que aquel grande hombre, tiene mas de poeta que de filósofo, y solo le falta para complementar su inteligencia privilegiada, iluminar la parte tenebrosa de su mente con la luz resplandeciente de la poesia.

Tal es el objeto que me propongo en esta carta, y creo que lo conseguiré, haciendo resonar en el fondo de su conciencia aquella voz misteriosa que gritó á San Pablo, perseguidor de los cristianos:—«Saulo, ¿por qué me persigues?»

Habiendo V. estudiado filosofía sin maestro, como yo, debe haber leido á Herder, Bouterweck, Richter, Jouffroi, Schlegel, Burke, Winckelman y tantos otros, y por consecuencia debe saber lo que es estética, palabra derivada del griego, que, si hemos de dar crédito á los que comprenden este idioma, significa sensacion, sentido, facultad de sentir; y por medio de la cual se designa la parte de aquella ciencia que esplica y analiza la teoría de lo bello, de lo agradable y lo sublime. Asunto es este que ha inspirado á Kant uno de sus libros mas serios y bien pensados, libro que obligó á los espíritus mas austeros á dar carta de ciudadanía en los dominios filosóficos á la ciencia de la estética, que ya Baumgarten habia bautizado con el nombre alambicado de «Filosofía de las Gracias y de las Musas».

Sabiendo todo esto, debe saber tambien que la estética divide el imperio de las artes en dos; artes de espacio, y artes de tiempo, es decir, artes que se ven ó que se palpan, ó artes que se oyen ó se sienten. A las primeras corresponden la pintura, la escultura y la arquitectura; y á las segundas, la música y la poesía, division con la cual yo no estoy del todo conforme, por las razones que paso á esponer.

Yo considero la poesía como un arte sintético, ó lo que es lo mismo, un arte que obra sobre la imaginacion y sobre los sentidos á la vez, por la doble combinacion de las formas materiales é inmateriales del espacio y del tiempo. Así ha observado Sismondi con mucha propiedad que «la poesía es una feliz combinacion de dos de las mas bellas artes: música por los sonidos y pintura por las imágenes.» Esto se comprueba con la profunda observacion hecha por todos los críticos de que, los mas grandes poetas son precisamente aquellos cuyas ideas poéticas son susceptibles de representarse por medio de la pintura, como se vé leyendo con atencion las obras del Dante ó de Milton; habiendo el primero inspirado á Miguel Angel los famosos frescos, cuyos dibujos ornados por la mano del Giotto, habrá podido ver en la biblioteca del Vaticano; y habiendo sido propuesto el segundo como modelo á los pintores por uno de los grandes prosadores de nuestra época, por Guizot. D'Ampere, un espíritu no menos sério, ni menos profundo ha dicho á este respecto: «La grande escultura griega, tal como se muestra en la Niobe de Florencia ó en las estátuas del Partenon, es la poesía homérica traducida en mármol. El Dante dibuja sus figuras á la manera enérjica, atrevida y grandiosa de Miguel Angel; y el fresco del Juicio final es un canto del Dante.»

No puede negarse que la línea, el colorido y la palabra tiene sus límites, y que á la pintura y á la escultura les está vedado lo que es permitido á la poesía, pero esto no destruye la regla general de que, para escitar la admiracion, la pintura necesita ser poética, así como la poesía necesita ser pintoresca. La razon de esto es muy clara: la idea que escapa á la pintura, es decir, la idea que no es pintoresca ó que no tiene cierto movimiento dramático, se presenta confusamente á la imaginacion.

Toda esta disertacion metafísica—que vá á hacerme pasar la plaza de pedante—no tiene mas objeto que crearme un punto de apoyo para repetir lo que se ha dicho tantas veces, que «algo le falta al hombre que es insensible á los encantos de la música ó de la pintura» y que por consecuencia le falta todo al que no es susceptible de comprender todas las bellezas de la poesía, que condensa á la vez la imágen y la armonía.

Y á propósito, ya que hablamos de música, ¿sabe V. quien fué el inventor de la lira? Segun dice Apoliodoro, (aun cuando los descubrimientos de Champollion parecen desmentirlo, pues solo se ha encontrado el arpa en los monumentos egipcios) su inventor fué Hermes Trimegisto, secretario de Osiris, quien habiendo encontrado en las riberas del Nilo una tortuga muerta, cuyos nérvios resecos por los rayos del sol se habian convertido en cuerdas sonoras, tomó de aquí la idea del instrumento que hoy simboliza la poesía y al son del cual bailaba el hierofanta egipcio, espresando simbólicamente las revoluciones de los astros y el órden aparente del universo. A esta escuela musical perteneció Moises, y ella dió orígen al arpa hebráica, á los salmos de David, á los cantares de Salomon y á las lamentaciones de Jeremías.—Algun tiempo despues, inventó Hiagnis la flauta frigia, que acompañó los primeros himnos que se cantaron en honor de Baco y de Pan. Estos dos instrumentos (poniendo, si se quiere, el arpa en vez de la lira) tomados de la naturaleza, compusieron la primera orquesta de los tiempos primitivos, y de la lira ó arpa egipcia y de la flauta frigia, ha nacido ese lenguaje universal que cuenta hoy mas de ochenta sonidos, y que segun me lo aseguró un dia el gran pianista Hertz, puede dar mas de cien sonidos distintos en el piano; mientras que los idiomas mas ricos de nuestros dias no pueden dar ni la mitad. ¿Cómo esplica Vd. este misterio? Es que la música, mas filosófica que los filósofos, y menos desdeñosa que los hombres de letras, ha recojido en su seno todas las modulaciones de todos los idiomas antiguos y modernos del norte y del mediodia, con las cuales se ha enriquecido, en la misma proporcion en que se ha empobrecido el idioma hablado, por el radicalismo exagerado de hombres que á título de espíritus sérios y positivos, pretenden desalojar á la armonía poética del último atrincheramiento en que se defiende aun con heroismo, rechazando los ataques violentos de los prosistas iconoclastas, cuyo bello ideal es un lenguaje sin símbolos y sin música, y para quienes la estructura del verso no es una forma tomada de la naturaleza misma, como la lira egipcia, (ó griega segun otros) sinó una combinacion feliz del capricho humano—«un ingenioso contrasentido», como decía Newton. Por eso el verso se le presenta á Vd. como la prision del pensamiento; por eso vé en él un obstáculo mas bien que un punto de apoyo; por eso, en fin, cree que una idea pierde en profundidad todo cuanto gana en sonoridad; y esto esplica, ya que no disculpa, su juicio desventajoso sobre la poesía.

Si Vd. hubiese hecho un estudio detenido de las leyes de la versificacion, si se hubiera propuesto darse cuenta de la razon del yambo, del dáctilo, del troquéo y del espondéo, habría visto que todo su mecanismo reposa sobre la combinacion de las sílabas agudas y graves caracterizadas por los acentos; y que el movimiento del verso, su número y sus pausas, obedecen á reglas constantes que tienen su orígen en la naturaleza de los idiomas, y en la organizacion humana, siendo la rima y la cantidad de sílabas, lo mas secundario que hay en la estructura del verso. Así vemos que el francés, que es el único idioma moderno que no haya adoptado para su versificacion la prosodia poética inventada por los provenzales,—de que hablaremos mas adelante—es en manos de sus mas grandes poetas, un instrumento pobre é insonoro, por no contar con mas recursos métricos que con los que le presta el número de sílabas y la repeticion de la rima, lo que hace que los franceses hayan llegado hasta el grado de negar que exista una armonía poética fuera de estas dos condiciones materiales. Por eso la lengua francesa es la lengua mas prosáica del mundo, segun lo han reconocido sus grandes hablistas, y entre ellos Cárlos Nodier y Michelet; lo cual esplica porque la Francia no haya producido un gran poeta, digno de rivalizar con Homero, con Virgilio, con el Dante, con Byron, con Goethe, con Camoens ó con Calderon, y la razon porque no lo producirá jamás. Aquí tiene Vd. demostrado hasta la evidencia la importancia de la forma métrica, y la influencia que ella ha ejercido y ejerce en el desenvolvimiento del entendimiento humano.

No estrañe que entre en estos detalles minuciosos sobre la cadencia poética en sus relaciones con la música y con la naturaleza humana, desde que ellos me sirven tan eficazmente al objeto que me he propuesto en esta carta. Ademas, como lo ha dicho Sismondi, «la estructura del verso, esta parte en cierto modo mecánica de la poesía, está ligada por acordes misteriosos y secretos, con nuestras sensaciones, con nuestras emociones, con todo aquello que habla á nuestro corazon y á nuestra imaginacion, y seria conocer muy mal el lenguaje divino de los poetas, considerarla solamente como una traba impuesta al pensamiento. Los versos no conmueven nuestras almas, no cautivan nuestras pasiones, sinó porque tienen algo de mas íntimo que la prosa, algo que se apodera de todo nuestro ser, encontrando mas directamente el camino del espíritu y de los sentidos, y trayéndonos impresiones mas completas que las que el lenguaje por sí solo y desprovisto de estos accesorios puede despertar.» Y mas adelante agrega: «La rima es una especie de llamamiento al recuerdo y á la esperanza, ella despierta una sensacion pasada y hace desear una nueva, realza la importancia de los sonidos, y dá en cierto modo una especie de colorido á las palabras.»

Nada de estraño sería que los poetas elogiasen su lenguaje, pero cuando los mas eminentes prosistas proclaman su superioridad, preciso es reconocer que hay en él algo de verdaderamente sublime, y que por lo menos, no se le debe juzgar sin haberle estudiado antes.

Si del lenguaje poético, considerado en sus relaciones con la música y con la organizacion humana, la mente se eleva hasta la contemplacion de la idea abstracta, y penetra en los dominios de la psicología, se verá que, siendo la poesía á la prosa, lo que el drama lírico es al drama recitado, ella no es otra cosa que el lenguaje á toda orquesta, la palabra que se acompaña con la música del ritmo y de la rima, que se impregna de ella, que la asimila á su ser, que funde en un todo compacto la idea y la armonía al fuego inestinguible de la inspiracion que arde en la cabeza del poeta. Así es como la poesía, á la manera de una onda sonora, penetra en lo mas hondo de la imaginacion y de la conciencia, apoderándose al mismo tiempo de los sentidos, despertando suavemente las emociones perezosas que dormitan, haciendo sentir al hombre la unidad de su ser, formando en el fondo del alma un acorde sublime, y dominando con su canto las emociones disonantes del corazon humano.

Suprimid la poesía, y las relaciones del hombre con la naturaleza quedan interrumpidas, mientras que nuestras facultades, funcionando aisladamente como en sueños, jamás producirán ese acorde sublime que es el resultado de la imágen, del sonido, del movimiento y de la abstraccion; que son las cuatro grandes manifestaciones de la vida, los cuatro principios constitutivos de las bellas artes, los cuatro elementos de cuya combinacion se forman todos los productos intelectuales, y que la poesía es la única que condensa y reduce á una sola fórmula.

La poesía es el puente misterioso que une al hombre físico con el hombre moral, y que pone en contacto todas sus facultades; por eso decia Schiller:—«Para filosofar, basta la mitad del hombre mientras que la otra mitad puede descansar: pero las musas lo absorben todo.» Para ser poeta, se necesita sentir y pensar á un mismo tiempo, y poner en ejercicio el poder de abstraccion á la vez que la imaginacion, porque lo que no conmueve y convence, no merece el nombre de poesía. Las ciencias y las artes no tienen alas para volar mas allá de las fronteras del mundo material, ni ojos para objetos que se hallen fuera del alcance del telescopio. La poesía ademas de tener alas y de tener ojos para recorrer el universo y contemplar en él cuanto hay de grande y de bello, puede lanzarse á los espacios infinitos de la creacion, penetrar en los dominios del mundo inmaterial, poner al hombre en relacion con Dios, y establecer entre el cielo y la tierra aquella cadena de oro, que segun los antiguos, ligaba á la criatura con su Criador.

Esto es la poesía, esto es el arte divino, del cual ha dicho Vd. que solo tiene sacerdotes entre los hombres incapaces de accion, esto es lo que Vd. ha llamado «monólogo sublime á veces, estéril siempre».

Una república prosáica, tal cual Vd. parece desearla, tendria mucha semejanza con aquella pálida mansion de los héroes de la antigüedad, que el Dante nos describe en su Infierno: imágen debilitada de la vida, en que las sombras vagan sin esperanzas de un bien mejor, llorando la pérdida de una felicidad que nunca conocieron. Sería un cuerpo sin alma; sería la bella estátua de Prometeo sin el fuego sagrado que la dió vida y movimiento. Desheredados de la poesía, ¿qué voz simpática responderia á las armonías secretas del corazon? ¿qué potencia sobrenatural nos elevaria á la contemplacion de lo infinito? ¿qué relámpago iluminaria con sus resplandores pasageros las profundidades de nuestro ser? ¿por qué medio se dirigirian los instintos, una vez quebrado el instrumento usual con que se forma y desarrolla el sentimiento y la inteligencia de lo bello? Preguntas son estas que pondrian en bárbaros aprietos al legislador en teoría de esa soñada república platónica.

No sé por qué me parece encontrar cierta analogía entre su idea y las asociaciones de las abejas, de las hormigas y de los castores. Hé aquí tres repúblicas que realizan el bello ideal de los positivistas, y que llenan todas las condiciones pedidas por Vd.: repúblicas de matemáticos, de ingenieros, de químicos y de industriales, que pasan la vida cavando la tierra, edificando y destilando, «aplicando al trabajo todas las fuerzas físicas sin «malgastar sus fuerzas intelectuales en ornamentaciones inútiles, ni en monólogos sublimes, pero estériles»; y deshojando las flores para arrojar sus perfumes en el gran alambique de la fábrica comunista! Hé aquí su bello ideal: el hombre menos la idea del progreso, menos la aspiracion á lo infinito, menos la condicion de la perfectibilidad; porque, desengáñese, sin la poesía bajo alguna de sus formas, el progreso, la abstraccion y la perfectibilidad son imposibles. Así se vé que los castores, las hormigas y las abejas fabrican sus casas, hacen sus provisiones, trazan sus exágonos y destilan la miel lo mismo hoy que al principio del mundo, lo mismo mañana que hoy, sin dar un paso adelante. ¿Por qué? Porque les falta la poesía que satisface á la aspiracion de lo mejor, de lo ideal, que es el resorte poderoso de la perfectibilidad humana. Su aspiracion prosáica me trae á la memoria en este momento los versos de un poeta español del siglo pasado:

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10 października 2024
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4057664169006
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