Czytaj książkę: «Oyfn veg»

Czcionka:


Antología bilingüe

Oyfn veg

Cancionero ídish

Traducción del ídish de

Malena Chinski



Kon, HenochOyfn veg : cancionero ídish / Henoch Kon. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2016.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-599-482-91. Cancionero. I. Título.CDD 782.42

Imagen de tapa: Over the town, Marc Chagall

©Libros del Zorzal, 2014

Buenos Aires, Argentina

Printed in Argentina

Hecho el depósito que previene la ley 11.723

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Índice

El país del ídish | 2

Alfabeto fonético | 7

Tshiribim, tshiribom / Tshiribim, tshiribom | 9

Ven du lakhst / Cuando reís | 11

Bay mir bistu sheyn / Para mí sos linda | 13

Sheyn vi di levone / Linda como la luna | 15

Avreyml der marvikher / Avreyml el ratero | 17

Mucho ojo / Mucho ojo | 21

Vos geven iz geven un nito/ Lo que fue, fue y ya no es más | 27

Shpil zhe mir a lidele in yidish / Tocame una canción en ídish | 29

Oyfn veg shteyt a boym / Sobre el camino hay un árbol | 31

Dos lid fun der golderner pave / La canción del pavo real dorado | 35

Arum dem fayer / Entorno al fuego | 39

Vu bistu geven / ¿Dónde estabas? | 41

A mol iz geven a yid / Había una vez un judío | 43

Autores | 46

Fuentes consultadas | 59

El país del ídish1

Un territorio de palabras

El ídish es un país que no figuraba en ninguna carta geo- gráfica. Es un país cuyas siempre cambiantes fronteras atra- vesaban continentes y océanos. Es un país sin gobierno, buro- cracia, policía ni ejército, que floreció durante un milenio. Es un país cuyas capitales eran Nueva York, Tel Aviv y Moscú, París, Varsovia y Buenos Aires. Es un país enteramente constituido por palabras. Es el país de la lengua ídish, lengua judía europea que fue conformándose mediante una creativa fusión entre la espiritualidad del hebreo y la gracia folclórica eslava, sobre la trama de varios dialectos germánicos medievales.

La hegemonía espiritual dentro del judaísmo correspondió, durante el último milenio, a dos comunidades. Primero fueron los judíos españoles-sefaradíes la comunidad predominante del pueblo judío, después lo fueron los judíos ashkenazíes. Hasta el siglo xix todos los judíos ashkenazíes asentados en el territorio entre el Rhin y el Dnieper, el Mar Báltico y el Mar Negro, y también en varios países vecinos, constituyen un grupo culturalmente homogéneo. La evolución espiritual del período ashkenazí alcanza su climax en Europa Oriental, especialmente con la difusión del jasidismo.

Los judíos de Europa Oriental crean una lengua que les es propia, el ídish. Lengua nacida de una voluntad de explicar, simplificar y aclarar las enormes complejidades del hebreo, del Tanaj y del Talmud, surge por sí mismo ese mame-loshn, esa lengua materna, un idioma accesible a todo el mundo, una lengua sin vueltas ni ceremonias, que “se habla por sí misma”. No tiene vías embrolladas ni pozos peligrosos. Está llena de la ternura y sabiduría, de la sencillez y cordialidad de las madres bondadosas.

A imagen y semejanza del amplio grupo humano que lo fue moldeando, en esa lengua ídish se conjugaron la bíblica ética judía, el pluralista y preguntón razonamiento talmúdico, la familiaridad de la compartida marginación judía, la pasión jasídica y el frondoso imaginario eslavo, todo sumado a una singular condición extraterritorial. La combinatoria de todos estos atributos hicieron del ídish bastante más que un expresivo vehículo de comunicación. Lengua maternal, íntima, visceral, tierna, apasionada, exuberante, horizontal, femenina, el ídish resume, más allá de las previsibles variantes y divergencias, un determinado modo de ser judío. Hablarlo significa navegar una manera de ver, entender y decir la vida, el mundo, los judíos, los no judíos, Dios. Significa pronunciar una mirada escéptica en lo inmediato, esperanzada a largo plazo, mitigado todo por un empecinado sentido del humor. Su pobreza léxica a la hora de nombrar, por ejemplo, variedades de flores, se ve ampliamente compensada por su insólita riqueza cuando se trata, digamos, de expresar los innumerables matices de la alegría o de la tristeza.

De las humildes y populosas callejuelas de los ghettos y villorrios que lo empaparon de ternura y espiritualidad; de los hogares y ferias que le dieron sabor y olor; de los conventillos y bajos fondos que lo cargaron de picardía, el idioma ídish saltó a la cátedra de más de medio centenar de universidades, fue declarado por la unesco parte del patrimonio de la humanidad e incluso recibió en 1978 el reconocimiento de un Premio Nobel de Literatura en la persona del narrador Isaac Bashevis Singer.

Los mil años del ídish

Esa extranjería envuelve al ídish de prejuicios e ignorancias. Están los que lo confunden con el hebreo y los que lo creen un alemán congelado o un alemán venido a menos. La aventura de este idioma, particularmente dramática y creativa, comienza allá por el año mil de nuestra era, con el asentamiento en las márgenes del río Rhin, en la región de Alsacia-Lorena, de unas comunidades judías venidas del norte de lo que hoy es Italia y del sur y centro de la actual Francia. Esos grupos humanos traían lógicamente consigo un léxico integrado por expresiones hebreas y arameas de las plegarias cotidianas, de la Biblia, del Talmud y de una vida pautada por las normas religiosas judías. Pero en las regiones de donde provenían habían integrado a ese léxico cierto número de vocablos de un itálico y un franco primitivos. Algunas de esas palabras románicas, rodando de boca en boca durante casi un milenio, se conservaron en esa lengua hasta nuestros días como reliquias de aquella primerísima época del ídish.

Por ejemplo: fachéile, ese pañuelo que cubría la cabeza de abuelas y bisabuelas judías, toda una institución, y palabra que evoca de inmediato a las mujeres de los cuentos de Scholem Aleijem, sentadas en la feria o conversando con sus vecinas, andando lentamente por las calles de tierra de una aldea o sobrevolando los cielos de Chagall. Resulta conmovedor comprobar que fachéile es una recreación de la itálica fazzoleto, rodada de país en país con los judíos, e integrada a la lengua ídish con todo su poder evocador. Lo mismo sucede con algunos nombres de mujer como Iénte, Shpríntse, Braine, de las italianas Gentile, Speranza, Bruna, tal como del franco Belle se acuñó en ídish el nombre femenino Beile, de Bon Homme, el masculino Búnem. Del latín: bentchn (bendecir) de benedicere; léienen (leer) de legere, etcétera.

La “n” y “en” finales de bentchn y de leienen provienen del germánico, ya que en su nuevo asentamiento en Alsacia- Lorena, entre el Rhin y el Mosela, esta comunidad judía en- tró en contacto con varios dialectos germánicos medievales. A partir de allí, en un proceso que se extendió a lo largo de varios siglos, estos tres componentes –el hebreo-arameo, el románico y el germánico– fueron combinándose creativamente en boca de aquellos judíos, hasta dar vida a un nuevo idioma, escrito con caracteres hebraicos, el ídish antiguo; un ídish europeo- occidental alsaciano, hablado aún por alguna gente.

Resulta interesante observar las particulares funciones que los componentes germánicos y hebreos asumen en el habla ídish. Los términos provenientes del alemán designan, en ge- neral, objetos o tareas comunes, mientras que los venidos del hebreo tienen una connotación santificada. Tomando algunos aparentes sinónimos: buj (del alemán Buch) significa en ídish simplemente “libro”, mientras que seifer (del hebreo sefer) sig- nifica “libro sagrado”; lérer (del alemán Lehrer): es “maestro”, mientras melámed (idem en hebreo) es “maestro hebreo de primeras letras”; frágue (del alemán Frage) equivale en ídish a “pregunta”, mientras kashe (del arameo kashiá) es “pregunta ritual o talmúdica”, por ejemplo, las cuatro preguntas de la noche de Pascua, di fir káshes.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
26 marca 2025
Objętość:
34 str. 12 ilustracji
ISBN:
9789875994829
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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