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LA ORGANIZACIÓN FAMILIAR EN LA VEJEZ
Ángela María Jaramillo DeMendoza
LA ORGANIZACIÓN FAMILIAR EN LA VEJEZ
Cambios en los arreglos residenciales en Colombia, 1973 y 2005


Reservados todos los derechos
© Pontificia Universidad Javeriana
© Ángela María Jaramillo DeMendoza
Primera edición: Bogotá, D. C.,
Julio de 2020
ISBN (impreso): 978-958-781-497-2
ISBN (digital): 978-958-781-498-9
DOI: https://doi.org/10.11144/Javeriana.
Conversión ePub: Lápiz Blanco S.A.S.
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Bogotá, D. C.
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Imagen de portada:
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Pontificia Universidad Javeriana, vigilada Mineducación.
Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.
Las ideas expresadas en este libro son responsabilidad de su autora y no reflejan necesariamente la opinión de la Pontificia Universidad Javeriana.

Jaramillo DeMendoza, Ángela María, autora
La organización familiar en la vejez : cambios en los arreglos residenciales en Colombia, 1973 y 2005 / Ángela María Jaramillo de Mendoza. -- Primera edición. -- Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020. (Estudios Sociológicos).
Incluye referencias bibliográficas.
ISBN: 978-958-781-497-2
1. Estudios demográficos - Colombia 2. Envejecimiento de la población - Colombia 3. Demografía familiar - Colombia 4. Sociología urbana - Colombia 5. Expectativa de vida - Colombia 6. Vejez - Política social - Colombia 7. Colombia - Política de población I. Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de Ciencias Sociales
CDD 304.6 edición 23
Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S. J.
| inp. | 18 / 06 / 2020 |
Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana.
Autora
La autora
Angela María Jaramillo es profesora asociada del Departamento de Sociología de la Pontificia Universidad Javeriana. Entre sus publicaciones, se encuentran “Institucionalidad pública para el envejecimiento y las formas de organización residencial” (2018), “Composición de los hogares de las personas mayores en Bogotá. Una comparación entre las localidades de Teusaquillo y Usme” (2016), “De la política a la acción: estado y avances de la implementación de la Política Pública Social para el Envejecimiento y la Vejez (PPSEV) en Bogotá” (2015), “Distribución espacial de la vejez en Colombia” (2014), “Características de los hogares de las personas de 60 años y más. Colombia, Censo General 2005” (2012).
Tabla de contenido
Agradecimientos
Prólogo
Introducción
Capítulo I. Los arreglos residenciales en la vejez
Antecedentes del estudio del envejecimiento y la vejez
Consecuencias del envejecimiento demográfico
Los arreglos residenciales de las personas mayores
Capítulo II. Fuentes y metodología
Las muestras censales
Modelos de regresión logística
Capítulo III. Resultados del análisis estadístico
Descripción de las muestras
Cambios en los arreglos residenciales de las personas mayores en Colombia y sus regiones (1973 y 2005)
Modelos de regresión logística
Capítulo IV. Institucionalidad pública para el envejecimiento, la vejez y los arreglos residenciales
Avances hacia la institucionalización del envejecimiento humano
Asambleas mundiales
Conferencias regionales, América Latina y el Caribe
Política social para el envejecimiento y la vejez en Colombia
Conclusiones
Aportes del estudio
Consideraciones para el futuro
Referencias
Anexos
Índice de figuras
FIGURA 1. Proporción de personas mayores de 60 años que viven independientes: mundo y algunas regiones, 2013
FIGURA 2. Esperanza de vida según edad: mundo, algunas regiones y países, 2013
FIGURA 3. Estudios publicados en la bibliografía de IPUMS-International según tema de investigación
FIGURA 4. Proporción del número de personas por hogar según unión marital para los censos de 1973 (arriba) y 2005 (abajo)
FIGURA 5. Diagrama de caja del número de personas por hogar según país, 2000-2007 (arriba) y porcentaje de personas mayores (PM) según unión marital (UM) y país (abajo)
FIGURA 6. Regresión lineal entre el número de personas mayores de 60 años y el número de hogares unipersonales, en pareja y de tres y más personas para nueve países de América del Sur, 2000-2007 y ocho regiones de Colombia, 2005
FIGURA 7. Distribución espacial de hogares unipersonales en Colombia, 1973 y 2005
FIGURA 8. Proporción de personas mayores según generaciones, que viven solos (superior), que viven únicamente con su pareja (inferior)
FIGURA 9. Curvas ROC para los modelos de las personas sin UM que viven solas: población total, 2005 (superior izquierda); mujeres, 2005 (superior derecha); y con UM que viven en pareja exclusivamente: población total, 2005 (inferior izquierda) y mujeres, 2005 (inferior derecha)
FIGURA 10. Curvas ROC de los modelos de las personas sin UM que viven en hogares de 3 y más personas: población total, 1973 (superior izquierdo); población total, 2005 (superior derecho); y con UM: población total, 1973 (inferior izquierdo); población total, 2005 (inferior derecho)
FIGURA 11. Curvas ROC de los modelos de las personas sin UM que viven en hogares de 3 y más personas: mujeres, 1973 (superior izquierdo); mujeres, 2005 (superior derecho); y con UM: mujeres, 1973 (inferior izquierdo); mujeres, 2005 (inferior derecho)
FIGURA 12. Curva ROC de los modelos de los jefes de hogar sin UM en hogares de 3 y más personas, en 1973 (superior izquierdo); en 2005 (superior derecho); y con UM en 1973 (inferior izquierdo); y en 2005 (inferior derecho)
FIGURA 13. Distribución de la relación de parentesco según el tipo de familia, 1973 (arriba); 2005 (abajo)
FIGURA 14. Modelos de hogar unipersonal en países industriales de occidente (PIO) (arriba) y en Colombia (abajo)
FIGURA 15. Esquema conceptual para los factores que influyen en la formación de los hogares independientes en la vejez
FIGURA 16. Esquema conceptual para los factores que influyen en la formación de los hogares de 3 y más personas en la vejez
Índice de tablas
TABLA 1. Indicadores de envejecimiento en el mundo (2010-2015)
TABLA 2. Proporción de personas mayores según estado civil en el mundo (1970-2010)
TABLA 3. Características de los microdatos censales de 1973 y 2005, Colombia
TABLA 4. Distribución de la población por edad y sexo según el censo de 2005
TABLA 5. Características de la variable número de personas en el hogar
TABLA 6. Variables dependientes de los modelos de regresión logística según hogar
TABLA 7. Características de las variables jefatura y clasificación del hogar de IPUMS
TABLA 8. Variables dependientes adicionales para los hogares de tres y más personas
TABLA 9. Variables independientes de los modelos de regresión logística
TABLA 10. Variables independientes adicionales para los hogares de 3 y más personas
TABLA 11. Características de las variables independientes originales de los modelos de regresión logística
TABLA 12. Propuestas de regionalización según el Consejo de Ordenamiento Territorial y las muestras IPUMS
TABLA 13. Prueba de independencia de errores
TABLA 14. Prueba de multicolinealidad: población total
TABLA 15. Prueba de multicolinealidad: mujeres
TABLA 16. Information value y weight of evidence: población total
TABLA 17. Information value y weight of evidence: mujeres
TABLA 18. Information value y weight of evidence: generaciones
TABLA 19. Pruebas de eficiencia estadística y ajuste de los modelos de regresión logística: población total
TABLA 20. Pruebas de eficiencia estadística y ajuste de los modelos de regresión logística: mujeres
TABLA 21. Indicadores de envejecimiento para la población colombiana (1964-2005)
TABLA 22. Estadísticas descriptivas según estado conyugal de las personas mayores de 60 años en Colombia, censos 1973 y 2005
TABLA 23. Proporción de personas mayores según región y tipo de residencia
TABLA 24. Proporción de personas mayores según tipo de residencia y variables independientes
TABLA 25. Razón de probabilidades (vivir solo vs no vivir solo; en pareja excl. vs no en pareja excl.) según modelos de regresión logística
TABLA 26. Proporción de personas mayores de 60 años que viven solas según región
TABLA 27. Número de hijos sobrevivientes según generación y residencia
TABLA 28. Estado civil según generación y residencia
TABLA 29. Razón de probabilidades (sin UM en hogares de 3 y más vs con UM en hogares de 3 y más) según modelos de regresión logística
TABLA 30. Proporción de personas mayores según estado civil y tamaño del hogar
TABLA 31. Razón de probabilidades (jefaturas sin UM vs jefaturas con UM)
TABLA 32. Proporción de personas mayores según estado civil y relación de parentesco
TABLA 33. Razón de probabilidades (familia extendida; hogar compuesto vs pareja con niños) según modelo de regresión multinomial
Agradecimientos
Expreso mi profundo agradecimiento a todas las personas que hicieron parte de este trabajo de investigación. En especial a los profesores Lucero Zamudio, Elisa Dulcey, Alejandro Angulo, Thierry Lulle y Fernán Vejarano, por la confianza, sus valiosas orientaciones y permanente acompañamiento.
A la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, en particular a mis colegas del Departamento de Sociología por incluir los estudios de población en el programa y respaldar las iniciativas.
A las áreas de investigación: “Demografía y Estudios de Población” y “Procesos Sociales, Territorios y Medio Ambiente” del Centro de Investigaciones sobre Dinámica Social (CIDS), de la Universidad Externado de Colombia, por sus espacios de trabajo e inspiración interdisciplinar.
Al Centro de Población de la Universidad de Minnesota, principalmente al profesor Robert McCaa, por la confianza y sus excelentes aportes.
A los profesores Deisy Arrubla, Yolanda Puyana, Ciro Martínez, Oscar Saldarriaga y Gabriel Gallego, por su valoración del trabajo y sus contribuciones para futuras investigaciones.
A mis queridos amigos, Sulma, Yamile, Claudia y Rodrigo, por su escucha e incondicional apoyo.
A mi familia, especialmente a Jorge, Emma, Oscar, Juan y Hans, por su amor.
Prólogo
La vejez y la soledad no tienen que ir juntas, pero, con demasiada frecuencia, como lo demuestra el estudio de Ángela María Jaramillo sobre Colombia, el envejecimiento conduce al aislamiento de los viejos en condiciones muy desfavorables. Se ha comparado incluso ese descuido con la forma en que tratamos a los muebles viejos. Nos enfrentamos, pues, a la triste realidad de que el final de la vida sea para muchas personas una tragedia, cuando debería ser la culminación gozosa de todos sus esfuerzos por construir la sociedad.
Buena parte del abandono que enfrentan los ancianos en ese periodo terminal se debe a los prejuicios que las sociedades han acumulado acerca de sus miembros más experimentados, por la sencilla razón de que muchos de ellos han sufrido problemas de salud o pérdidas en la capacidad de trabajar. Estos deterioros, padecidos por algunos, han hecho surgir el prejuicio errado de que la vejez es, en general, una enfermedad o una incapacidad, cuando, lo que está fuera de duda es que la sociedad que desprecia a sus viejos está enferma y es incapaz de regenerarse.
Jaramillo comprueba que hoy, justamente cuando la esperanza de vida de los colombianos ha superado ya los setenta años, ese prejuicio no tiene una sustentación científica y que, mantenerlo, por ignorancia o inconsciencia, conduce a perder un significativo número de personas que pueden seguir contribuyendo a la construcción de la sociedad mediante sus habilidades y su ingenio. La prueba contundente es que, como sucede en otras partes del mundo, los hogares unipersonales de personas mayores empiezan a tener un peso significativo dentro de los arreglos que la sociedad colombiana realiza sin que sus dirigentes se enteren y, por consiguiente, sin que hagan un mínimo esfuerzo por ayudarles.
Los cambios demográficos siempre han tomado por sorpresa a los gobernantes colombianos. El veloz descenso de la fecundidad de los decenios pasados encontró respuesta gracias a la iniciativa privada de algunos médicos que se dieron cuenta del fenómeno. Y, su consecuencia, el envejecimiento de la población sigue siendo un fenómeno desconocido en la práctica de la política pública, como lo comprueba Jaramillo, pero al cual empiezan a responder en forma adecuada algunos ciudadanos clarividentes, con sus propios medios.
Entre las recomendaciones que la investigadora pone a consideración de sus lectores está la solidaridad, como la base de todas las demás medidas que se pueden imaginar para que la vida no termine de manera desastrosa. La solidaridad es, en efecto, el principio que sostiene las colectividades humanas, como lo descubrió la sociología en sus comienzos. Pero, como suele suceder en la vida real de los mamíferos pensantes, el cerebro límbico prevalece, con demasiada frecuencia, sobre el cerebro reflexivo. Así se entiende que en el diario trajín de los humanos salga, con frecuencia, lastimada la dignidad de las personas, porque la fuerza sustituye a la razón.
La ancianidad, que trae consigo la plenitud del conocimiento y, por tanto, de la experiencia, también trae, por lo general, la disminución de la fuerza física de la persona. Esta es la apariencia engañosa en la que se apoya el prejuicio contra la vejez, pero la disminución de la fuerza no disminuye la dignidad del ser humano. La solidaridad es la única forma de refutar ese prejuicio y de iluminar el cerebro reptil para que los seres humanos de cualquier edad nos tratemos como seres humanos y no como sabandijas.
Bienvenida la invitación de Jaramillo a esta nueva visión de la vida humana desde la perspectiva de aquellos que la conocen por su propia experiencia. Esta actitud puede beneficiar a la gente, cada vez más numerosa, dada la evolución demográfica de los humanos, incluidos los colombianos.
ALEJANDRO ANGULO NOVOA, S. J.
Introducción
Las sociedades contemporáneas se encuentran en medio de importantes cambios demográficos, como el envejecimiento de las poblaciones. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), América Latina y el Caribe van a registrar entre el 2000 y el 2025 un aumento de 57 millones de habitantes mayores de 60 años, esto es, el comienzo de la vejez de las generaciones nacidas luego de la explosión demográfica de la segunda mitad del siglo XX. Para el 2050, se proyecta que el 23 % de la población de la región será mayor de 60 años. En Colombia, entre el 2000 y el 2020, esta población se duplicará, al pasar de 3,3 a 6,5 millones, con una tasa de crecimiento del 3,8 % para el 2019. Cerca del 12,3 % de la población total será de personas mayores. La edad mediana de la población será de 29,7 años; mientras que en el 2005 era de 25,3. La relación entre la población mayor y la menor será más simétrica: por cada persona mayor de 60 años habrá dos menores de 15 años; entre tanto, en el 2000 era de cuatro (Jaramillo, 2012).
Este nuevo contexto demográfico es consecuencia de dinámicas sociales más amplias que se experimentaron en la mayoría de los países de América Latina durante el siglo XX, como las transiciones demográfica y epidemiológica, los procesos de industrialización y urbanización, los cambios educativos, entre otros. Estas transformaciones son parte de un proceso de largo plazo que se expresa en unas características poblacionales y de condiciones de vida muy distintas al inicio y al final del siglo (Flórez, 2000; Angulo y Vejarano, 2015). Un ejemplo es el cambio en los arreglos residenciales de la población mayor, que se diversificaron a lo largo de un siglo, pasando de formas extensas y nucleares a monoparentales, compuestas y unipersonales (Centro de Psicología Gerontológica y Ministerio de Comunicaciones de Colombia, 2004; Dulcey-Ruiz, 2013).
En el siglo XX, la población colombiana se multiplicó por diez, al pasar de cuatro millones a comienzos de siglo, a más de 42 millones de personas en el 2000. Tal aumento se explica por el rápido ascenso de las tasas de crecimiento, que alcanzaron el 3,3 % anual en la década de los cincuenta, con un posterior descenso que llegó al 1,7 % en la década de los noventa (Palacios y Safford, 2002). Esta transición demográfica indica el desarrollo de una fase caracterizada por altos niveles de mortalidad y fecundidad, y de baja esperanza de vida, a otra en la cual la mortalidad y la fecundidad decrecen y aumenta la esperanza de vida. Colombia se destacó en América Latina por la velocidad con la que bajó su mortalidad (29,5 por mil en 1900 a 6,3 en 2000) y natalidad (47,7 por mil en 1900 a 27,5 en 2000) y con la que aumentó significativamente su esperanza de vida, que pasó de 31 a 72 años de edad (Flórez, 2007).
La fase inicial de este cambio demográfico sucedió en la primera mitad del siglo XX, en la que era común que las mujeres tuvieran un buen número de hijos (entre ocho y veinte), de los que sobrevivían muy pocos, debido a las precarias condiciones sanitarias de las viviendas, así como por el tratamiento de las aguas de consumo y de residuos. Solo hasta los años veinte –con las mejoras sanitarias, la conformación de los sistemas de salud, las mejoras de los recursos médicos contra la viruela, el tifo y la malaria, el uso del agua hervida y los hábitos de aseo doméstico– comienza a disminuir la mortalidad infantil (Rodríguez, 2004). El hecho de que cada vez sobrevivieran más hijos –acompañados por una importante influencia católica pronatalista– favoreció el aumento de la población que en los años cincuenta llegó a triplicar (11 548 200) los 4 000 000 de habitantes que se registraron a comienzos de siglo.
El control de la mortalidad influyó en el aumento de la esperanza de vida y, en consecuencia, de la población de edad. Según el censo de 1918, las personas mayores de 65 años escasamente llegaban al 3,5 % del total de la población.1 Para ese momento, la población anciana no registraba todavía una relevancia estadística, que iría ganando con la reducción en el número de hijos, que pasó de siete por mujer, entre 1950 y 1965, a tres hijos, entre 1990 y 1995 (Flórez, 2000). Para el 2005, la población mayor de 60 años alcanzaba el 9 % del total nacional, con más de 3,5 millones de personas, lo que expresaba el cambio de la distribución por edad, así como el avance del proceso de envejecimiento demográfico.
Uno de los principales efectos de los cambios demográficos observados en la primera mitad del siglo se registró en los tamaños y arreglos residenciales, en los que se volvía cada vez más común un tipo de familia, que se conoce como extensa. La componen los padres e hijos, así como la presencia de otros parientes como la abuela, tías, primos, hijos naturales o huérfanos (Gutiérrez, 1975). Tal organización doméstica se extendió hasta los años setenta, con un Índice Sintético de Fecundidad de 6,8 hijos por mujer. La mayoría de personas que hoy tienen 60 años participaron en esta forma de familia extensa. Su mayor prevalencia se encontraba en los estratos medios y altos; mientras que en los bajos se observaba con mayor fuerza la familia nuclear o más pequeña, en las que, probablemente, no disminuía la mortalidad infantil al mismo ritmo que en los estratos medios y altos, debido al bajo acceso que tenían a los sistemas sanitarios y de salud. En este tipo de familia, las mujeres –especialmente las hijas menores– estaban a cargo del cuidado de los integrantes dependientes del grupo familiar –niños, enfermos, ancianos...– y de las labores domésticas,2 en tanto que los hombres se ocupaban de las labores productivas para el sostenimiento familiar (Rodríguez, 2004). A comienzos de siglo, por cada 100 personas en edad productiva se registraban 82 dependientes, en su mayoría niños, porque en ese momento la esperanza de vida y la proporción de personas mayores de 60 años eran bajas (Flórez, 2007).
Solamente hasta la década de los sesenta, con el inicio de la segunda fase de la transición demográfica,3 que se caracterizó por el progresivo descenso de la fecundidad, se observan profundos cambios materiales y simbólicos en las formas de ordenamiento y relacionamiento familiar, es decir, en los arreglos residenciales.
El cambio en la orientación de la organización familiar extensa hace parte de las tendencias de urbanización e industrialización,4 en las que las mujeres aumentaron sus oportunidades de acceso al trabajo y la educación, primordialmente los relacionados con su participación en la industria y la artesanía (Arango, 1995; Archila, 1995; Gutiérrez, 1995). En la década de los treinta se generalizaron estos avances en la transformación de la función social de la mujer, con la ampliación de su participación en la formación secundaria y profesional y la apertura de nuevas facultades e institutos de educación en distintos lugares del país, dirigidos a la profesionalización femenina (Herrera, 1995). Estos avances se concretan en el campo político, con el reconocimiento de la mujer en la participación electoral, en 1957 (Reyes y González, 1995).
Luego de los años sesenta se hacen más frecuentes los cuestionamientos que las mujeres hacen acerca de los comportamientos reproductivos y domésticos de sus madres y abuelas, es decir, respecto a su función en el hogar y la relación con sus nuevos entornos de trabajo y estudio.5 La relativa normalidad que tenía para las mujeres atender a los dependientes del hogar se va a problematizar, porque las mujeres ya no se comportan como antes, sus actividades se han diversificado y ya no disponen de las mismas condiciones para dedicarse exclusivamente al cuidado de los otros, principalmente de los adultos mayores, que no cuentan con las condiciones sociales y económicas que debería garantizar el Estado para su autonomía.
La escasa institucionalización de los sistemas de seguridad social después de la década de los cincuenta es una de las presiones que produce más tensión entre las mujeres o los que están a cargo y las personas mayores, ya que no hay mecanismos sociales e institucionales que apoyen las rupturas de las tradicionales solidaridades familiares. Así lo evidencia la baja cobertura de las pensiones y la precaria oferta institucional para los mayores y sus familias a finales del siglo XX. En dicho momento, el país experimenta un proceso acelerado de envejecimiento, que se observa con las generaciones que nacieron en la década de los cincuenta, cuando el país presentaba las tasas de crecimiento poblacional más altas (CEPAL, 2008).
El cambio en las condiciones de la vida doméstica se expresa a finales de siglo en nuevas tensiones y desequilibrios dentro de los arreglos residenciales. Ya no se ve como normal o natural la centralización de lo doméstico en la mujer. Se revela una progresiva desfuncionalización de las relaciones internas de la familia, asociada a una continua desaparición de símbolos de orientación católica, como el matrimonio formal, acompañado del aumento de las separaciones y las uniones de hecho (Elias, 1998), así como el cuestionamiento por las funciones de cuidado y dependencia. Las relaciones internas de los grupos familiares se problematizan. ¿Quién cuida de quién y cómo? es una pregunta cada vez más habitual en los entornos familiares, que ya no encuentra una respuesta inmediata y natural orientada por la tradición (Verón, 2007; Dykstra y Komter, 2012).
En este contexto, los arreglos residenciales6 con personas mayores se volvieron más comunes. Para el 2010, en uno de cada tres hogares colombianos vivía por lo menos una persona mayor de 60 años (Fedesarrollo y Fundación Saldarriaga Concha, 2015). Al igual que los hogares sin personas mayores, su composición se diversificó, cuando pasó de formas tradicionales (como la familia extensa y nuclear) a otras (como la recompuesta, la monoparental, en pareja exclusivamente o unipersonal). Cada forma residencial responde a unas circunstancias particulares que se convierten en objeto de estudio, no solo para comprender las condiciones del cambio, sino para elaborar políticas públicas y acciones que favorezcan el bienestar de los ancianos, en medio de las transformaciones sociales.
La diversificación de los hogares de los ancianos es un asunto que todavía no hace parte de la agenda pública nacional. En Colombia, este campo de estudio ha sido poco explorado, tal vez porque todavía no estamos enfrentando su generalización y porque es poco visible. En la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez no hay ningún lineamiento acerca de los hogares unipersonales o de pareja (Ministerio de Salud, 2014). Parece que el país solo proyecta un envejecimiento con estructuras de hogar nucleares y extensas, como las que han configurado tradicionalmente las corresidencias. Esta visión deja de lado los efectos de las transformaciones sociodemográficas de la segunda mitad del siglo XX, que crearon las condiciones para la diversificación de los hogares extendidos (Jaramillo, 2012) y dieron paso a un futuro distinto a lo conocido, en el que vivir solo o en pareja en la vejez va a ser mucho más común de lo que hoy podemos observar. Posiblemente, similar a lo registrado en los países más envejecidos del mundo, en los que la gran mayoría de personas mayores viven solos o en pareja (Hirigoyen, 2013). Como lo indican los censos nacionales, las estructuras de hogar, en general, han ido cambiando hacia la reducción de los tamaños y la modificación de su composición (Sardi, 2007). Ello plantea nuevas preguntas de investigación asociadas al tamaño, crecimiento y composición de la residencia de las personas mayores, así como a la identificación de los factores asociados a cada tipo de residencia, con el propósito de aportar información para elaborar los futuros escenarios de la vejez en el país, útiles para la formulación de políticas públicas y nuevas líneas de investigación.
Para el caso colombiano, el estudio de la familia y los hogares en el país se ha orientado hacia inquietudes historiográficas que destacan la importancia del cambio de las estructuras familiares (Fandiño y Téllez, 2001; Henao, 2004; Rodríguez, 2004; Pachón, 2007), los cambios en los patrones de la nupcialidad, la contemporaneidad de las jefaturas femeninas, la disminución funcional de la Iglesia como principal regulador de los valores morales y familiares (Ordóñez, 1986; Flórez, Echeverri y Bonilla, 1990; Zamudio y Rubiano, 1991; Rico, 1999; Rodríguez, 2004) y la incidencia de los análisis antropológicos, como los de Virginia Gutiérrez de Pineda para el siglo XX (1975, 1990, 2000). Les siguen las preocupaciones regionales y nacionales, entre las que se subrayan las investigaciones con enfoque sistémico y de ciclo vital (Calderón, 2000; Sánchez, 2004, 2007; Alonso, 2008; Gómez, 2008); así como los estudios estadísticos para la formulación de políticas públicas (Departamento Nacional de Planeación, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Banco Interamericano de Desarrollo, 2002; Cano et al., 2013; Secretaría de Integración Social, 2015; Fedesarrollo y Fundación Saldarriaga Concha, 2015; Ministerio de Salud y Colciencias, 2016), y de violencia intrafamiliar, en los que se exponen las relaciones de poder y conflicto dentro de la familia y fuera de ella que explican su orden y dinámica. En estas investigaciones se incluye la transmisión intergeneracional de valores y comportamientos como uno de los factores de la reproducción y conservación de la violencia familiar y social (Vásquez, 2003; Sánchez, 2004; Rojano, 2005; Salas, 2006; Bello, 2007; Hernández y Gutiérrez, 2008).
Esta investigación tiene el objetivo general de ofrecer una visión amplia de los cambios en los arreglos residenciales de las personas mayores de 60 años en Colombia, entre 1973 y 2005, y sus determinantes geográficos, sociodemográficos y económicos. Una razón es el incremento observado en las últimas décadas de los hogares unipersonales y en pareja, exclusivamente, compensados por el descenso de los hogares extendidos (United Nations, 2005). Otra razón es la escasa investigación que hay sobre esto en el país. Conocer el fenómeno residencial en la vejez, especialmente de los hogares de uno o dos ancianos, que no cuentan con el apoyo directo de otras personas en el hogar para responder a situaciones adversas, como la enfermedad o la inseguridad económica, puede ser útil para orientar la formulación de políticas públicas. La creación de programas y servicios sociales que se fundamenten en los resultados de investigaciones académicas puede ofrecer pistas para facilitar la adaptación de las personas mayores, sus familias, amigos y vecinos a las nuevas formas de solidaridad y apoyo que se requieren como parte del proceso de envejecimiento demográfico. Aún más, cuando el envejecimiento de países como Colombia es tres veces más rápido que el de los países industrializados, la velocidad del envejecimiento es un desafío para la sociedad colombiana, porque implica desarrollar, en el corto plazo, capacidades institucionales para la atención y previsión de las necesidades residenciales de los ancianos.