Czytaj książkę: «(h)amor 7»

Czcionka:

VV.AA.,

(h)amor7 roto, Editorial Continta Me Tienes,

colección La pasión de Mary Read, Madrid.

Primera edición: febrero de 2022

Edición a cargo de Sandra Cendal.

308 pp., 17 x 11,5 cm. Depósito legal: DL NA 84-2022

ISBN: 978-84-124416-2-8 IBIC: JFFK


Continta Me Tienes

C/ Belmonte de Tajo 55, 3º C

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Los textos e imágenes son propiedad de sus autorxs

© de esta edición: Continta Me Tienes

Diseño de colección: Marta Azparren

Maquetación: Marta Vega

Colección La pasión de Mary Read, 32

(h)amor7 roto

El despecho latino, la sentimentalidad exagerada, Mafe Moscoso

Rabos de lagartija que son de estrella de mar, Fefa Vila

Pedacitos (una fenomenología), Laura Casielles

Mamá, me han roto el corazón: la importancia de hablar del amor y el cansancio que nos lo impide, Juanpe Sánchez López

He matado a todas mis gallinas, Andrea Momoitio

Ruptura, fracaso, superación, Meg-John Barker

¿Queremos olvidar?, Laura Latorre

Las grietas, Andrea Gumes

El amor es coser y cantar. *Se clava la aguja, le sale un gallo, Lidia García García

Cosas que hacer con tu expareja (A Perfu), María Bastarós.

El despecho latino, la sentimentalidad exagerada, la purpurina

Mafe Moscoso

Mafe Moscoso. Nacida en un país bananero, trabaja e investiga entre/a través/para/con/desde los cruces entre etnografía, escritura y arte, desde una perspectiva antirracista y feminista. Escribe en diferentes formatos y medios. Entre otros, es autora del libro Biografía para uso de los pájaros: infancia, memoria y migración (2013) y del libro de poesía Desintegrar el hechizo. Versitos anticoloniales (2021). Sus trabajos se han publicado en revistas académicas, libros, fanzines y medios electrónicos. Colabora con El Estado Mental y Plan V, El Salto y eldiario.es.

Banda sonora: https://acortar.link/yeAVYp

El despecho latino, la sentimentalidad exagerada,la purpurina

Mafe Moscoso

Dedicado con amor desgarrado a todas las reinitas latinas.

[¡La ansiedad de no poder estar con esa persona! De la sensación de estar encerrada en ese sentimiento y no poder salir de ahí, o incluso pensar que, ¡ese desgarro nunca se irá! Y al mismo tiempo, esas ganas locas de verla, ese ir y venir del deseo de verla, tocarla y pasar página... decirlo, no decirlo...]

Testimonio de desamor de una reinita latina

1. Quiero beber de su labio el agua del amor divina.

*Suena «El ruiseñor de América»,

de Julio Jaramillo

Cartas, tarjetitas, notas, recortes, fotografías de carnet rotas en pedazos, dibujos superferolíticos, corazones, corazones, muchísimos corazones trazados con bolígrafos multicolor sobre las páginas amarillentas de un diario personal en cuya tapa está escrito en plan bordado de letras doradas fulgurantes tipo Lucida Calligraphy, MI DIARIO. Mi corazón es extrasístole. Cada cierto tiempo experimento arritmias que en realidad son como muertes mínimas, pequeños terremotos que descargan electricidad contenida, energías telúricas acumuladas, cuvivíes de pico oscuro que se lanzan a las lagunas de Ozogoche después del inti-raymi. El corazón dibujado en la última hoja de los cuadernos, sobre los pupitres, en las puertas de los baños, en la entrepierna o bajo las axilas; el corazón, un órgano vital del cuerpo humano tejido de músculos cuya función es bombear sangre sin interrupción, alberga en su interior nombres que no debían existir en solitario o en trío, siempre tenían que ser pares. ¡Ay, corazones insulsos!

Escribo los nombres de los chicos de los que me enamoro y desenamoro sin que ellos lo noten. Mi mano de 12, 13, 14 y 15 años traza con cuidado a lo largo de las semanas, los meses, los años, un corazón que también es un culo al revés, el cual representa la idea de que es allí, entre los vasos sanguíneos, las arterias y las venas, donde se alojan los sentimientos relacionados a los vínculos sexo-erótico-afectivos que van a ordenar y desordenar mi vida sentimental durante los siguientes años. Los nombres van cambiando cada cierto tiempo, a paso acelerado, con la urgencia de la potra indomable que admira platónicamente la inalcanzable luna de metal todas las noches. La única que permanece dentro del corazón soy yo. La única que permanece en la imposibilidad del amor idealizado soy yo, eternamente enamorada. Nunca correspondida.

El diario de una adolescente siempre es secreto. Contiene una escritura cuyo proceso ocurre a escondidas, en el espacio continuo de la penumbra; la penumbra, la bombilla bajita amarilla acompañada de una polilla soñadora, aquella situación en que hay poca luz pero que no es del todo oscuridad. El diario es escritura íntima, es flujo de sentidos, autorreflexividades, relatos adornados de lo que ocurrió un día concreto, deseos que no se pronuncian a la luz del día, miedos que no se comparten, confesiones que una se hace a sí misma, escupitajos, y mentiras. El diario íntimo alberga la potencia de lo salvaje en flor de chuquiragua, de lo cursi a raudales, del enamoramiento estrellita del tarot en ti confío, de dulce de leche de la abuela. La escritura secreta de las quinceañeras es un gesto literario en el que se pone en juego la biografía propia, reflexiones sobre los mundos que se habitan y la ficción. Mi diario, que aún está guardado en mi antigua habitación en casa de mis papás, es color rojo sandía. Como toda escritura secreta, nadie más que yo lo ha leído. Como toda escritura secreta, está protegido por espíritus y fuerzas cosmológicas. En mi caso, se trata de un diminuto candado que en realidad se abre sin dificultad. Un candado y una advertencia muy clara.

Escribía mi diario en la mesa de la cocina, en el atardecer del horario de los volcanes que es el tiempo de las gallinas andinas: a las 5:00 estamos de pie, a las 9:00 nos metemos en la cama. Escribía cuando no había nadie, justo después de la telenovela. Carlos Alfredo y Abigail. Él, un joven profesor de literatura en el colegio San Lázaro; ella, una estudiante enamorada que se queda embarazada luego de un breve idilio. En ese momento, ni yo, ni mis tías, ni las vecinas, ni mi mamá cuestionamos el vínculo (violento) porque lo que importa es el amor. Lo que importa siempre es el amor, el amor, el amor que solo tiene sentido a través de una sentimentalidad centrada en el desgarro. Quiero decir, en el mundo binario que somos, no hay amor sin desamor. Pero en nuestros relatos sobre el amor esa ecuación, tan occidental, no basta. Los idilios heterosexuales de las telenovelas y culebrones en los que las reinitas latinas hemos sido socializadas son barrocos y es en el despropósito, en lo aparatoso, en el desbordamiento, en la imposibilidad, en los intentos fallidos, donde emerge una sentimentalidad de manantial de pétalos de rosa y suspiros entrecortados que solo puede existir porque es profundamente exagerada en sus formas y, en consecuencia, transmutable. De este modo, las reinitas latinas no solo hemos aprendido a subvertir los delirios heterosexuales de los culebrones con los que crecimos, sino que además, nos hemos apropiado de sus guiones sentimentales, construyendo una dramaturgia propia que es una telenovela rimbombante y desmesurada infinita. Una ama de verdad cuando es capaz de llevarse la muñeca a la frente, subir el volumen de un bolero, dejarse desfallecer lentamente.

2. Que me quieres con el alma, lo confirma tu sonrisa.

*Suena «Si una vez», de Selena

Una tarde de agosto, pedí a un grupo de amigas que por favor compartieran una experiencia de desamor inolvidable y que la acompañasen de una canción. Son tres historias diferentes llegadas desde tres localizaciones geográficas disímiles. Al mismo tiempo, son tres historias iguales. Traigo sus relatos aquí porque para las reinitas latinas, la escritura, como el desamor, no es individual. Se hace en compañía.

uno

[Éramos dos, él medía 2.10 y yo 1.55. Él venía del Magreb rebelde y yo del México insurrecto. Él se fugó del mandato patriarcal de convertirse en macho proveedor antes de los 20 y se burlaba de mí, porque no sabía cocinar y le daba hueva mi deriva Susanita. Pero yo le explicaba que me crecieron en una utopía matriarcal y que para mí armar familia nuclear, además de que sí, por qué chingados no, era una pulsión heredada de tanta pinche telenovela, pero también un experimento inédito que quería experimentar. Él decía que emparejarse, vivir juntos, tener hijos… era pequeño burgués. Yo me sentía venir cuando tendía sus pantalones de la fábrica, cuando trabajaba en el turno nocturno mientras él dormía. 6 años, intenté convencerlo en las mil y una noches que compartimos. No se dejó. No me creyó. Pero me amaba y yo lo admiraba, lo amaba, lo deseaba. Compartíamos el café en terrazas de Gracia donde éramos como animales de circo para los pinches catalanes que nunca se acostumbraron a nuestra presencia así. Una sudaca y un moro, un periódico y un cortado. Hablábamos todo el tiempo de las luchas que abandonamos. Él no quería hablar de amor, de un nosotros posible. Eso sí, aprendí mucho de las luchas de liberación nacional, porque me tradujo miles de páginas del árabe de sus libros. Me descubrió a Almernesi y, de haber aceptado mudarse conmigo, seguiría en la vieja Europa. Afortunadamente no lo hizo, me amó pero no quiso pensar que podíamos crear un futuro común. Volví a fugarme. La primera vez huía de mi primer amor, del otro lado del Atlántico y me vine a recuperar a la racista Europa, ingenua de mí. La segunda fuga huí en sentido contrario, busqué ternura en un territorio atravesado por la guerra, en la otra orilla y huyendo de la necia radicalidad del hombre de los ojos de aceituna. Sufrimos mucho los dos. Tomé mucho mezcal para no volverme a subir a un avión, porque ya fugada me dijo que sí quería, que ya estaba listo. Ahora vive en pareja. Y yo construí una familia y habito feliz, contenta, cansada, pero muy plena mi devenir mamífero, mi yo Susanita con un chovinista de lo chilango que me conquistó recitando frases del cine de la época de oro en México. Que me dijo que la ternura es un derecho que debe ejercerse en lo cotidiano. La fuga valió la pena, pero las mil y una noches también. Yo sigo creyendo que el amor es el único y verdadero motor de la historia. Él se lo perdió, ¡pero madre mía como sufrí! Ni Juanga me alcanzaba para las noches de zozobra extrañándolo.

Canción de compañía: «Lo que fue no será», de José José

dos

En plena pandemia, había tomado la decisión, la resolución categórica, de finalizar con una difícil historia de amor de la que no había sido capaz de alejarme durante meses, a pesar del dolor y la vulnerabilidad que me había generado. Por primera vez, tuve la fuerza y el valor suficientes para cerrar todo posible influjo, de neutralizar el poder que esa persona había tenido sobre mí, siendo capaz de desarmarme con apenas una mirada. Como si me hubiera contagiado por el virus, seguí estrictamente todos los protocolos de seguridad y aislamiento: corté toda posible comunicación y sellé meticulosamente cualquier ventana virtual que pudiera mostrarle algo de mí y viceversa. Poco a poco, cual paciente enfermo en su aséptica cápsula de aislamiento, mi cuerpo y mi alma se iban transformando en una suerte de sarcófago, de cripta, precintada ante cualquier agresión del otro, evitando así toda posible fuga radioactiva que pudiera rozar, aunque levemente, mi piel.

Canción de compañía: «Cumbia para olvidar», Mon Laferte

tres

Si hago un poquito de memoria, enseguida me doy cuenta de que mis experiencias sobre el desamor son muchas más que las rupturas amorosas que he vivido. No todos mis amores fueron correspondidos. A su vez, si vuelvo a hacer memoria, son varias las rupturas amorosas que recuerdo y casi todas fueron importantes. Creo que a las que no fueron importantes no les llamo ruptura. No sé cómo les llamo. Hay una que viví muy desgarradamente, y mirando todo lo que fue esa historia de amor, creo que la viví en desgarro casi siempre. Ese amor fue una vivisección. Casi que desde el primer día empecé a sufrir desamor y auguré la ruptura desde nomás empezar a enamorarme. Un drama enorme para mí. Sufrí casi cada día. También disfruté muchísimo, pero ni de cerca eso pasaba con la misma frecuencia: casi cada día.

Así es como el desamor me acompañó desde el inicio y, lo que es peor, tardó mucho en irse. ¡Ay cuánto dolía! Durante los dos primeros años estuvo conmigo casi cada día, y durante más o menos los tres siguientes continuó ahí pero por suerte el dolor iba bajando en intensidad hasta espaciarse tanto que se volvió casi imperceptible. Últimamente, más o menos unas dos veces al año, vuelvo a sufrir un poquito. Vamos bien.

Musicalicé este desamor, que sucedía al tiempo del amor, con muchas canciones. Usé también, para calmar la angustia, una crema perfumada con olor a abuela antes de dormir. Y llevé un elefantito de la suerte conmigo durante mucho tiempo. Entre las canciones hay una que a veces recuerdo y que al escucharla la revivo en las tripas. Otra vez los lobos marinos. Vuelvo a sentir los lobos marinos dentro de mí y la verdad me reprocho un poco, ante el revoltijo de dos lobos marinos en mi panza, que por qué tanto desatino. En la canción ella dice que hay veces que sueltan dentro de su cuerpo a todos los delfines, dos lobos marinos y como diez pingüinos. Dentro de mí hay, como mínimo, dos lobos marinos. Los soltaron en mi panza junto con este desamor/amor y ahí se quedaron. Y yo le contaba a mi amor de ellos, le decía que, como en la canción, los dos lobos marinos comentaban de nuestro desatino.

Vi muchas veces a esos dos lobos marinos charlando sobre nosotres y agarrándose la cabeza con sus manos que no llegan a la cabeza.

Las veces que después he vuelto a enamorarme, intento muy fuerte que los lobos marinos comenten de otras cosas.]

Canción de compañía: «Pero no te extraño», de Liliana Felipe

Mis amigas son unas reinas, son las reinitas latinas con quienes comparto una experiencia del amor dramático cuyo estandarte máximo es Juan Gabriel, la diosa mexicana que canta «el día que de mí te enamores yo voy a ser feliz y con puro amor te protegeré y será un honor dedicarme a ti, eso quiera dios». La pasión que profesamos en nuestras relaciones no tiene cálculo, contención o freno. El amor de las reinitas latinas es un amor inapropiado, exagerado, profundamente dramático. Es un amor de telenovela venezolana que palpita desorbitado porque adherido a él yace, como la nata de un enorme pastel rosado de quinceañera, la posibilidad del final trágico, el cual, lejos de detener a la amante precavida, aviva las llamas incendiadas del sentimiento que crece desbocado, sin miedo al enorme apagón. Contrariamente a la corrección sentimental, contrariamente a la idea de que la procesión se lleva por dentro, los culebrones populares que nos han enseñado tantas cosas sobre la vida, nos han legado la idea de que nuestros duelos de amor son colectivos, son de borrachera, de noches de llanto, de karaoke de diamantes borrosos. No tenemos miedo al desamor, siempre caemos en los mismos errores y el desamor es una fiesta compartida porque las reinitas latinas sabemos que en el desgarro yace el feliz renacimiento.

Nuestros amores, nuestros amores son siempre exuberantes, generosos, son amores de querubín pletórico, son de terciopelo negro, son de rímel caído, de lentejuelas brillantes, son de ají picante y pertenecen al ámbito del despecho, del despecho latino. Somos las reinitas latinas del despecho. Nuestros pobres corazones heridos son una reverberación continua porque el amor es siempre un duelo, una rasgadura, una performance en la que la pérdida también es fiesta, la pérdida es parte del ritual, es profecía, es hundimiento y después es celebración.

3. Y tú has notado que no es antojo simplemente el que me asiste.

*Suena «Paisaje», de Don Medardo y sus Players

Eternamente enamorada, de corazón enfermizo, mi relación más imposible empezó el día en el que dejé el lugar en el que nací, los espacios de mi infancia, mi república plurinacional bananera. Son 16 años de ir y volver a un paisaje que añoro cuando estoy lejos y que necesito dejar cuando estoy cerca. De modo mutuo, nos amamos y nos odiamos, nos acogemos y nos expulsamos, nos fusionamos y nos separamos. El telón de fondo de nuestro drama particular es siempre la misma canción: «Jamás la lógica del mundo nos ha dividido. Ni el futuro tan incierto nos ha preocupado. Una vez los dos pensamos “hay que separarse”. Mas deshicimos las maletas antes de emprender el viaje».

La migración es un idilio amoroso, es un idilio de amor y es quebranto de avecilla agónica porque la relación entre una y la patria, a pesar del tiempo y el espacio, no es un asunto del que una pueda desprenderse fácilmente. La migración es un idilio de amor melodramático. Irse es tejer, muchas veces a pesar de una, un amor a la distancia de goma de espuma en el que se añora lo que pudo ser y no fue. La patria, siempre inventada, siempre imaginaria, siempre pobre, siempre saqueada, es una noche de sexo que nunca se termina, es un objeto de amor diaspórico, es como una piedra dura que no se puede aguantar.

Encontrar otro paisaje, establecerse, permitirse radicar se experimenta, por ambas partes, como una traición y en consecuencia, la migrante enamorada siempre va a vivir instalada en el desarraigo, esto es, en la imposibilidad de encontrar y quedarse en otro sitio. El país que era preciso abandonar porque una siempre supo que no habían nacido para vivir juntxs es de un querer casi imposible porque hay días en los que la pasión que se siente es sublime, correspondida, extraordinaria. Pero hay otros en los que resulta imposible nombrar el lugar de una porque recordar es doloroso y la añoranza es un peso como de cemento de metrópoli europea, de palomas de metrópoli europea, de gaviotas bien alimentadas de metrópoli europea.

Cemento de metrópoli europea en cuya superficie de caliza y arcilla calcinadas no existe cabida para el desamor pomposo, recargado y excesivo de las reinitas latinas porque el régimen sentimental del desamor moderno europeo exige prudencia, contención, sobriedad emocional, duelo terapéutico de diván. La migración no solo aleja a las reinitas latinas de sus orígenes, sino que, además, castiga con violencia el despecho, esto es, la exageración de la experiencia del duelo amoroso.

Las reinitas latinas, sin espacio para la sensiblería, pueden verse abocadas, de este modo, a corregir las formas barrocas de su educación sentimental1, esto es, a esconder a su Cristal, a su María del barrio, a su Marimar, a su Soraya, a su Rubí. La migración de sur a norte, la llegada, a pesar de lxs europexs, de quienes provenimos de las excolonias, muchas veces nos exige llevar a cabo un ejercicio espiritual, estético y emocional de borramiento de una, de la historia propia, de los conocimientos de una, de los peinados de una, de los sentidos de una. La recién llegada podría necesitar ser aceptada y, en el camino, también podría perder su fuerza.

La aceptación europea, el amor, el amor moderno europeo, en sus formas monógama y poliamorosa, da igual, representa un régimen violento de instauración de un modo universal del amor y, en consecuencia, de un modo universal del desamor porque entiende el amor, y por tanto, el desamor, desde una perspectiva occidental y en consecuencia, feroz, hegemónica, pulverizante de otros entendimientos. Se espera que el duelo de amor sea aséptico, desapasionado, limpio. En el régimen del corazón roto europeo, el desamor moderno tiene fases de duelo, ocurre a través de etapas en las que el tiempo es contado de modo unilineal, avanza desde el pasado, al presente y al futuro. El desamor universal se cura, se atiende, se supera. Se olvida. Se deja atrás.

El despecho latino es, desde esta perspectiva, un modo de sentimentalidad exagerada, precipitada y excesiva que no solo no tiene cabida en el régimen amatorio colonial, sino que, además, o mejor dicho, precisamente por ello, es un enorme campo fértil de generación de sentimentalidades periféricas y peligrosas. Nuestra cursilería sin fin, nuestros dramas agónicos son prácticas de resistencia porque no solo nos ayudan a negarnos al borramiento exigido por la sentimentalidad europea, sino que además, dejan fuera de lugar e incomodan la corrección moderna del amor y del desamor. El placer del desmadre sentimental de aguardiente de caña manabita que nos acompaña es solo igualable al placer de sabernos demoliendo la corrección moderna y colonial de las formas del amor y del desamor europeo.

Rabos de lagartija que son de estrella de mar

Fefa Vila

Fefa Vila. Gallega, de pueblo. Hago cosas y me gusta hacerlas a la contra y con alegría. Si puedo elegir, lo que más aprecio es hacerlas con las y les demás. También disfruto de no hacer nada y ver las nubes pasar, pero esto es un regalo de las diosas y me ocurre en muy pocas ocasiones. Vivo en Madrí con un gato guapo y una hija estupenda. Aunque la cosa pinta muy hard, tengo una fe enorme en que el mundo, es decir, las relaciones que establecemos, puede mejorar. Y, ¡qué lloren ellos, nosotres a bailar!

Rabos de lagartija que son de estrella de mar

Fefa Vila

31 de diciembre de 2011

Fin de año en Horcajuelo al pie del majuelo de luna nueva tomando las uvas. Por la mañana, temprano, muere Dani. Ahora sí que estás a años luz, amigo. L+s niñ+s saltan con porfía y alegría tronchando el hielo que se ha formado en pequeños charcos.

[Aquí el estilo ya no depende de mí]

El tiempo discurre. Inexorablemente en la historia del universo. Así fue. Lo nuestro, una historia minúscula, ínfima en la movida temporal hacia la entropía. Con el paso del tiempo el desorden siempre crece y se aproxima al caos y todo se rompe, pero nunca del todo o nunca todo a la vez. Romper la asimetría del tiempo. ayahuascamíadelamorhermoso. Es evidente que si existe dios es la música. Y esto fue lo último que recuerdo haber dicho, ahí fuera. Y lo es.

Aquella noche, caminé entre la delgada línea de la vida y la muerte sin yo saberlo, rodeada en el hospital de corazones abiertos e hígados trasplantados como escenas de una navidad que transcurría bajo un silencio espectral. Cuatro años más tarde, me di cuenta que ese momento era fundacional, indicaría la puerta y la ventana, los agujeros por los que iba a entrar y salir yo misma en sucesivas ocasiones, y no precisamente volando.

Cuando llegué a casa encontré en un viejo cuaderno esta nota que había escrito en 1993, no quiero recordar a cuenta de qué. Y quise reescribirla, la hice de nuevo, pero igual, aunque en tinta azul, así:

los idealistas del cielo construyen

nubes blancas de deseo, inocentes

sin quererlo desafían desafinando

tu pena

un agujero azul se expande

sobre tus cejas imposibles,

sin entendimiento y a solas

observas con distancia tu marcha

quebrada en la era

los idealistas del cielo

se mueren sin saberlo

sin culpa y aterrados

vuelvo muerta de terror, despachada

mi narciso es yo

Derek Jarman me confunde con su azul: entre el blue language y las blue movies, el azul tiene un lugar propio en los ritmos negros y entre los colores del hospital que acababa de dejar atrás. El aire que respiraba allí, el aire que respiramos, contiene motas de sonido, de silencio y de luz azules. ¿Serán de violines o serán de violencia?

Por las mañanas, al amanecer, para ser el centro de Madrid en invierno, hay pájaros pájaros pájaros y la acera acordonada porque están recogiendo un cadáver. Jose, encogido en su quiosco de prensa, a penas recuperado de su neumonía, me dice que el muerto era un hombre que llevaba tiempo durmiendo en esa entrada al banco. Los pájaros en Sanfer son versos perfectos. A las 10h en la Consejería de Servicios Sociales. A estas reuniones asiste gente muy «pijita».

el trueno florece

magnífico sobre

nuestras cabezas

el verso no es mío, el amor al escribirlo sí

1 de enero de 2001

Mi querida fefa,

Estás personalizada en mi vida. Te quiero ya para siempre. maría.

Cuando se ha amado una vez, ¿existe esperanza? o ¿ya sabemos para siempre

lo que es el amor?

¿sabes qué te digo? ¡que paso!

un olor horrible

el pescado podrido

en la nevera

era una señal

de guerra

contener la respiración

la voz

decir lo justo

o nada

mejor

dar un portazo

o destrozar poemas

adoquines

manodirigidos

impactan

¿dónde?

rompen

hoy

estoy muy cabreada

la ironía nos salva de las fases

más oscuras del amor

nos deja flotando sobre

una piscina de emociones,

llena de agua sentimental

5 de abril de 2011

Mi querida hija, Ada:

Este cuaderno lo hemos comprado en Londres hace pocas semanas. fefa y yo venimos a ver a un tal Adrián, este chico tiene unas manos distintas y hemos venido a verlas y a que me toque con ellas. Con suerte, esperaré a que seas mayor para contártelo, sino será fefa quien lo haga, pero prefiero hacerlo yo y darte este cuaderno como regalo.

Si las cosas se ponen en contra, quiero dejarte algo que hable de mí y de algún modo de ti, así que lo intentaré a través de estas cartas.

Eres pequeñita, solo tienes 3 años y tienes un amplio dominio del vocabulario que sorprende a todos. Te chupas el dedo […] Eres una niña muy guapa […] Pesas 16.600 kg y mides 1.02 cm. […] Acabas de irte al colegio. Hoy te vamos a cortar el pelo. Tienes piojos.

4 de junio de 2016

Este diario secreto solo lo emos leído Emma y yo y solo lo leeremos nosotras dos.

Gael ahora solo me gusta un poco y no sé por qué ahora menos que antes.

6 de junio de 2016

Hoy he ido al Pardo. He comido boquerones, pollo, patatas, no me acuerdo de más.

Mi madre María está muy enfermita. Tengo miedo de que muera. Si muere lloraré mucho porque es una madre ideal.

18 de agosto de 2011

Mi pequeña Ada,

Te escribo desde una posición incómoda. Estoy en unos de esos sillones articulados que se utilizan en los hospitales para recibir tratamientos largos. Vamos, que tengo una letra mucho más bonita que esta […] Sigo enfadada con tu «padre». Ahora más. Es muy triste como está actuando […] La QT empieza a hacer efecto y las náuseas aparecen. Te echo de menos y llevo fatal separarme de ti.

12 de abril de 2011

Ruidos de lucha, cistostomia, cuerpo sin órganos y mi cumpleaños feliz.

AP. No RAM conocidas. Fumadora de 10-15 cigarrillos al día. Bebedora moderada. Teratoma ovárico intervenido hace 4 años.

Paciente de 43 años diagnosticada hace dos años, en abril de 2009, de un cuadro de obstrucción intestinal secundaria a neoplasia de colon transverso e imágenes quísticas en zona pélvica. Fue intervenida con carácter urgente el lunes, 27 de abril de 2009.

Fue reintervenida el 22/6/09 por parte del Servicio de Ginecología. En la disección se produce cistostomia que se repara. Se realizó histerectomía total.

K-RAS mutado. renovarse o morir. Se propuso continuar tratamiento QT.

morir sin saber quién eres

todos los días vivo

y

muero

intensamente

la muerte, siempre la muerte, decía Cernuda

Y esto sí que se aproxima

En la revisión efectuada en marzo de 2011 se objetiva una recaída peritoneal. La paciente ha sido valorada por Dr. Martin y remitida al H. Universitario Gregorio Marañón donde el Dr. Bayón le ha propuesto cirugía + QIOH tras tratamiento QT sistémico 3 meses.

TQ frente a QT.

Se ha programado la intervención para la segunda quincena de septiembre.

el tajo de abajo arriba

abierta en canal

los órganos en flor

sobre la mesa del quirófano

pétalos

caen

pronuncio mis votos

acicalada para la ocasión

la radiación me abrasa

me abandono

como si de veras

importara2

14 de diciembre de 2012

El País: Hace unos días, en el mes de noviembre, tuvo lugar en Madrid un juicio sin precedentes. El asunto versa sobre una pareja de lesbianas que deciden tener una hija y solicitan a un amigo gay que sea el padre genético. A la vez le permiten reconocer su paternidad, estableciendo para ello un pacto verbal entre las partes para regular sus futuras relaciones y papeles. Entre lo acordado destaca el reconocimiento de ambas madres y del futuro hijo o hija como sujetos de convivencia y partícipes en igualdad en todas las decisiones que afecten a su familia […] La demanda judicial interpuesta por el padre genético […] de esta manera el demandante violaba unilateralmente un acuerdo privado […] Legalmente cuesta reconocer otros modelos familiares en los que el hombre no sea el protagonista […].

sin rostro

te muestras

como el capital financiero

especulas

y aireas un beneficio

que se dice que dijiste

ganaste

y me han dicho

que dices

que no es cierto

te pasas tres pueblos

y te empujan

y quiebras

aparentas sonreír

celebras

celebráis

sin entender el qué

7 de enero, 2013

Analítica onco. Pienso despacio. «¡Ves, cómo no había que fiarse de nadie!». Tengo que pensar más despacio todavía. Tengo la espalda machacada. Después de sentarme, apenas consigo ponerme de pie. Tengo que ponerme de pie.

Osteopatía a las 18h.

16 de enero 2013

Resultados TAC. Virgencita virgencita que me quede como estoy.

las odiosas polillas

sobrevuelan

de nuevo por casa

entonces me besa

mientras, tú, recoges yerro

del jardín, del tuyo

Febrero de 2013, semana 8

Un día cualquiera de una semana cualquiera.

Reunión cole: 10h

Oncólogo 11:50h

14h con Pablo

Darmowy fragment się skończył.

Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
29 sierpnia 2025
Objętość:
152 str. 5 ilustracji
ISBN:
9788412441673
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania: