Czytaj książkę: «La estructura de las palabras en español»

Alicia María Zorrilla
La estructura
de las palabras
en español

| Zorrilla, Alicia MaríaLa estructura de las palabras en español / Alicia María Zorrilla. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2022.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-599-835-31. Lingüística. 2. Morfología. I. Título.CDD 415.7 |
© 2017. Alicia María Zorrilla
© 2021. Libros del Zorzal
Buenos Aires, Argentina
© 2021. Libros del Zorzal, SL
España
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Índice
Prólogo | 5
Dudas acerca del plural de algunas palabras | 11
Los sustantivos colectivos | 61
Uso del artículo | 84
La formación de los diminutivos | 111
La formación de los aumentativos | 140
Los gentilicios | 147
Las palabras y sus grafías | 170
El género de los sustantivos | 189
Bibliografía | 209
Prólogo
Como hoy los valores más nobles se han convertido, para muchos de engreída sapiencia, en una caricatura, nuestra lengua no puede escapar de esta moda finisecular, que encumbra lo tosco, pondera lo trivial, degrada todo lo que sugiere cultura, trabajo, seriedad, trascendencia, y une las palabras a su gusto —«una vana y dos vacías»—, aunque con ellas nunca se diga nada, porque todo lo demás, lo que llamamos correcto o normativo, es una antigüedad, un signo de afectación, un guiño de señorita vieja de otro siglo. Triste es decirlo, pero hablar y escribir bien, o bastante bien, o tener la sana intención de hacerlo parece, en nuestros días, sinónimo de lamentable atraso. Mientras, «exhuman» cuando, en realidad, entierran o «inhuman» cuando desentierran. Otros hablan con autoridad científica de «experimentos dinámicos realizados sobre un modelo envés que en un sistema real» o de «cambiar linearmente a través del tiempo, reenforzando el efecto de la acción original».
Los «cómicos de la legua», aquellos que en España andaban representando en poblaciones pequeñas, nos prestan su nombre —¡y qué bien nos viene!— para bautizar, con un ligero cambio, a estos «cómicos de la lengua».
No pocos hablantes combaten esta cómoda actitud que preconiza el no saber para no tener la obligación de estudiar y, a veces, lamentan que la Academia no tenga un refugio para hablantes desamparados, una clínica de recuperación o rigurosos castigos para los que cometen dislates. La solución no es la cárcel ni la hoguera, sino el amor por las palabras, la lectura de buenos escritores y un tiempo de humildad para reconocer nuestras faltas. Cuando se refiere a su personaje Edward Fitzgerald, escribe Borges en Otras inquisiciones: «... y su amor se extiende al diccionario en el que busca las palabras»1. Por algo, nace la frase hablar como un libro para indicar la corrección, elegancia y autoridad con que uno se expresa. Sin embargo, es más fácil hablar y escribir mal que consultar el pesado Diccionario académico para enterrar nuestras dudas. ¿O, acaso, ya ni dudamos? Debemos tener conciencia de que, aunque no lo parezca, aprender nuestro español, nuestra lengua materna, requiere un trabajo laborioso, tenaz —lo saben bien nuestros alumnos—, pero lleno de goce y de pasión. Por eso, para que las palabras no sufran más penas, desvaríos u olvidos, aconsejamos, con audacia y valentía, recurrir a las normas, esas reglas poco conocidas y, menos aún, queridas, sobre todo, porque se las acusa de que son espejo de la ortodoxia académica. Vana superstición. Estas normas de larga fama tratan de contener buenamente nuestros desbordes y ponen freno a nuestra cháchara rebelde. Palabras inútiles abundan, y construcciones cojas sobran. Todavía hay unas cuantas personas que creen de que existen péritos en estratosfera y/o litosfera que conforman una verdadera élite de erúditos. Dequeísmo, tildes que cabalgan sobre las vocales de ocasión sin perder los estribos, conjunciones que se aparean, neológicos regímenes preposicionales y no pocos plurales novedosos, de altos vuelos, sumen a la lengua en estado de triste discapacidad.
Respecto de su uso, no podemos ser cojos ni mancos, porque la comunicación auténtica no es una menudencia ni puede andar de cabeza. Es cierto que muchos hablantes se conforman desinteresadamente con su ignorancia repitiendo hasta el cansancio que menos da un clavo, y que su aspiración no es contar las estrellas. Basta para corroborarlo el padecer un ratito algún programa de televisión; si es político, mejor; si es hogareño, adelante... no perdamos el ánimo... Entonces, escuchamos que la primer idea innovativa y abarcativa es construir a futuro, o que ya no quedan localidades a vender, porque la actriz, recientemente distinguida con un premio, siempre trabaja a sala llena. El periodista le pregunta al cantante de moda si está orgulloso en participar de la música de su hermano, y aquel contesta con un displicente es como que sí. El comentarista político espera las conclusiones finales de sus invitados —parece que el programa estuvo lleno de conclusiones, y estas son las finales—, cuyos mensajes permean hacia abajo, y remata su juicio sobre el tema con una pregunta incompleta, que dirige a los telespectadores: ¿Usted qué le parece? La publicidad compulsiva, que no se lleva la palma, recomienda «recibir vendas calientes conteniendo productos adelgazantes», y una inocente historieta nos deja atónitos con un «habran paso» con h. Respecto de la publicidad, nos ha llamado la atención un aviso con el título de «SOS Psicológico». Su redacción es la siguiente: «Es un servicio que se brinda, en carácter gratuito, en los efectos de orientar a las personas que se encuentran en situaciones de riesgo y/o urgencia, o bien con problemas de angustia y/o depresión en las distintas alternativas de atención que brindan instituciones públicas y privadas»2. Angustia y depresión generan avisos como este, que es ejemplo acabado de la aversión a las normas o, lo que es peor, de su ignorancia. ¡Penosa exhibición de nuestro idioma! Ese texto no está escrito en español. Hasta puede considerarse una metáfora de nuestros tiempos, en que se glorifica lo hueco y lo mediocre, porque lo más importante, en definitiva, es tener clientes para ganar dinero.
La Academia recibe, pues, nuestros usos, los estudia y, luego, reconoce o no la necesidad de su registro. La norma nace del hablante común y, también, del escritor consagrado. Un ejemplo sencillo: en una época era frecuente, entre los adolescentes y después, por imitación, entre los adultos, la palabra «bárbaro» con el significado de ‘magnífico’. Todo era «bárbaro», hasta la taquicardia. La Academia no había registrado esa acepción en la edición de 1970 de su Diccionario. Después de su examen, aparece en las ediciones de 1984, 1992, 2001 y 2014 respectivamente. El uso continuo del vocablo —hoy no tan común como entonces— dio a luz la nueva denotación. En la vigésima segunda edición del Diccionario —hay que estar a la altura de los tiempos—, aparece registrada la locución adjetiva y adverbial de alucine con la denotación de ‘impresionante, asombroso’. Es decir, que lo normativo —bueno es que se entienda definitivamente— no parte de un docto don Probo o de una erudita doña Perfecta, severos censores que nos obligan, hasta la tortura, a expresarnos así y no así. Tampoco debemos leer todo el Diccionario por decreto y a una hora determinada. No es ese el objetivo, aunque sabemos que hay quien lo lee con alegría y no, precisamente, para atraer el sueño.
Cuando el uso se hace general, origina la norma. Sin querer, somos los artífices de lo que criticamos o de lo que desestimamos a diario. Si en las oraciones impersonales —y según la norma—, el verbo «haber» debe usarse en tercera persona del singular con sus correspondientes modificadores (objeto directo, circunstancias), ¿por qué se escuchan esos descarriados «hubieron»? Entonces, no es lo mismo hubieron muchos niños en el jardín zoológico que hubo muchos niños en el jardín zoológico. Como tampoco es lo mismo escribir indistintamente con j o con g una palabra. Al respecto, nuestro maestro, don Alonso Zamora Vicente, cuenta con ironía una anécdota: «En su pueblo, alguien decidió quitarse de en medio a su señora esposa, y eso que estaban casados por la iglesia y toda la pesca, pero primero la consultó: ¿Palo, piedra, precipitada desde la torre? ¡Escoge...! Lo atribulaba a mi amigo la grafía de escoge. ¿Con ge o con jota? Tuve que decirle que con jota si la elección era a muerte segura, y con ge si existía la posibilidad de sobrevivir»3. «Una de cal y otra de arena», para contemporizar.
Reconocemos que hay palabras, en nuestro vapuleado español, que siembran la enemistad y la discordia con sus consonantes, pero no hay que darle alas a la decepción ni convertirse en un disidente ortográfico como aquel que, a veces, escribía el sustantivo «vestíbulo» con «b» para nombrarlo como lugar de entrada, porque se suele entrar como lo hacen algunas bestias, deprisa y corriendo, es decir, a lo bestia4; otras veces, lo escribía con «v» —recta costumbre—, como lugar de salida, porque lo relacionaba con «vete y no vuelvas». Estas bromas del doctor Zamora Vicente5 ilustran la actitud díscola que muchos asumen hoy frente al idioma. Las consecuencias son claras. ¿De qué vale saber decir —y sin equivocarnos— polisíndeton, anacoluto, otorrinolaringólogo o jerosolimitano, si luego, con toda soltura, atravesamos los oídos de nuestros interlocutores con dardos que derriban vocales (la primer idea), agregan palabras donde no se necesitan (esto es como muy peligroso, ¿sí?), inventan otras (no te psicopatees más; él profugó siempre), cambian arbitrariamente sus significados (las diferentes opiniones que cada persona detenta), destrozan los verbos (Rompió el glaciar Perito Moreno), ponen tildes seguras donde no deben existir, tal vez, para revestirse de erudición (ésto es un telégrama) y separan con guiones los prefijos que deben ir unidos a las palabras correspondientes (*ex-directora; *ex-monárquico?).
Los hablantes debemos ser conscientes de la existencia de normas lingüísticas, precisas y cultas, que prescriben el uso correcto de la lengua. Estas normas fónicas, gráficas, morfosintácticas y léxicosemánticas, que implican una distinción entre lo correcto y lo incorrecto, nos ayudan a despejar dudas.
Gracias a la norma léxico-semántica, podemos corregir oraciones como esta: Hay un nuevo champú para pelo de ambos sexos o como esta: Usted entrará en el consultorio en quince minutos. ¿Tanto tardará entre levantarse de su asiento, en la sala de espera, y entrar en el consultorio, o la recepcionista le habrá querido decir «Usted entrará en el consultorio dentro de quince minutos»?
Ser correctos para expresarnos mejor no significa que nos fosilicemos o que nos neguemos a evolucionar. Siempre abiertos a los cambios, debemos lograr con nuestra disciplina lingüística que la lengua sea un verdadero vehículo de comunicación. El objetivo no es escandalizarse y asfixiar a nuestros semejantes para que memoricen un frío listado de normas. Debe existir una reflexión normativa que permita emplear la palabra adecuada, la construcción gramatical concisa, y redactar con coherencia un escrito; una reflexión normativa que nos permita saber fundamentar la corrección de cada error. Marginar las normas es crear la crisis idiomática que se funda en un confortable «con entendernos, basta». Con entendernos, no basta. «Crisis» denota ‘cambio’, pero no es un cambio de lengua el que buscamos, sino el que implica esfuerzo de perfeccionamiento y firme propósito de enriquecer la conciencia lingüística de los hablantes, pues este español que hablamos y escribimos en libertad debe conservar siempre el candor de su nacimiento, pero también debe estar fuertemente preparado para los embates de los nuevos tiempos.
Alicia María Zorrilla
Dudas acerca del plural de algunas palabras
El número es un accidente del sustantivo y del adjetivo que indica unidad (singular) o pluralidad (plural). Como el singular (sol-em), el plural procede del caso acusativo latino (sol-es).
Reglas para la formación del plural
• Si el sustantivo termina con vocal átona o con -e tónica, el plural se forma con -S:

Excepción de la regla: e (nombre de la vocal), cuyo plural es es.
• Si el sustantivo termina con -a u -o tónicas, se forma agregando -S:

Excepción de la regla: albalá (albalaes); faralá (faralaes); no (noes).
• Si el sustantivo termina en -i o en -u tónicas, se forma agregando -ES o -S6:

Suelen formar el plural solo con -S:

La lengua culta prefiere el plural en -ES. Respecto de los adjetivos gentilicios, se emplean con más frecuencia los plurales en -ES, pero no es incorrecto el plural en -S:

Cuando agregamos -ES al singular que termina en -z, esta se convierte en c:

Cuando agregamos -ES al singular que termina en -c, esta se convierte en qu:

• Si el sustantivo o el adjetivo terminan con -y, se forma agregando -ES:

Hay sustantivos y adjetivos terminados en -y, procedentes de otras lenguas, que hacen el plural solo con -S. La -y de la palabra en singular conserva su valor vocálico, por eso, debe escribirse i en plural.

Las palabras inglesas que terminan con -y deben españolizarse con -i; su plural es con -S:

• Si sustantivos y adjetivos terminan con -s o -x (monosílabos o polisílabos agudos), forman su plural con -ES:

Excepción de la regla. Son invariables dux (los dux) y las palabras que terminan en -piés: buscapiés (los buscapiés); ciempiés (los ciempiés).
• Si el sustantivo termina con -s (precedida de vocal átona), -x o -z (los patronímicos), en plural permanece invariable (grado cero). En este caso, el artículo y el adjetivo señalan el número:

• Los sustantivos y los adjetivos que terminan con -l, -r, -n, -d, -z, -j (no precedidas de otra consonante) forman el plural con -ES:

Excepción de la regla. Las palabras esdrújulas permanecen invariables en plural: los asíndeton, los polisíndeton, los oxímoron, etcétera. A pesar de ello, el sustantivo hipérbaton tiene plural: hipérbatos.
• Los sustantivos y los adjetivos que terminan en otra consonante forman el plural con -S:

Excepciones de la regla. El sustantivo club tiene dos plurales: clubs y clubes. El plural del sustantivo imam7 es imames.
• Los sustantivos que terminan en -ch (proceden de otras lenguas) permanecen invariables en plural: los crómlech.
Excepción de la regla. Los anglicismos hacen el plural con -ES: sándwiches.
• Los sustantivos y adjetivos que terminan en grupo consonántico (proceden de otras lenguas) forman el plural con -S: icebergs.
Excepción de la regla. Permanecen invariables en plural: los compost8, los karst9, los kibutz, los test, los trust. Según la Real Academia Española, el agregado de una -s produciría una secuencia de difícil articulación en español. Otras excepciones: los anglicismos lord y milord, cuyo plural es lores y milores. La palabra vals, de procedencia alemana, forma el plural con -ES: valses.
Sustantivos que solo se usan en singular
Carecen de plural los apellidos10 (Ramírez), los nombres propios geográficos (París, México, el Mediterráneo, Jujuy)11, los de metales (oro), virtudes (obediencia, generosidad), vicios (soberbia, pereza), ciencias (Geografía), artes (Arquitectura), profesiones (Ingeniería), edades (niñez, adolescencia, ancianidad, decrepitud).

Algunos sustantivos expresan un singular genérico para nombrar a todos los individuos de la serie o especie:
El argentino es sensible y hospitalario.
En el hombre, está Dios.
Sustantivos que solo se usan en plural


Los sustantivos empleados exclusivamente —o casi exclusivamente— en singular reciben el nombre latino de singularia tantum (‘nombres singulares solamente’) y los empleados solo en plural, el de pluralia tantum (‘nombres plurales solamente’).
En español, el plural masculino conlleva los dos géneros:
los padres (el padre y la madre)
los tíos (el tío y la tía)
los reyes (el rey y la reina)
los hermanos (el hermano y la hermana)
los señores (el señor y la señora)
los marqueses (el marqués y la marquesa)
los duques (el duque y la duquesa)
Algunos topónimos tienen forma plural, pero la concordancia se establece en singular:
Buenos Aires posee magníficos museos.
Estados Unidos12 enviará un nuevo embajador.
































El plural en las locuciones adverbiales
Es frecuente el uso del plural en las locuciones adverbiales:

Plurales de afectividad expresiva
Martín Alonso llama «plurales de afectividad expresiva» a los que expresan «pasiones del ánimo, estados psíquicos o cualidades éticas muy significativas»13:
La sonrisa de su madre aplacó sus iras.
¡Ezequiel también tiene sus orgullos!
¡Cuántas ternuras!
Usted conoce mis repugnancias en este asunto y mis fatigas y mis celos y mis angustias.
No lo presionen con agobios, prisas o malos modos, porque mostró intenciones de abandonar la tarea, a pesar de sus esfuerzos.
Con tales estridencias, perdió las ganas de hacerlo.
La vimos de rodillas por los suelos, pero se levantó altiva para gritar con todas sus fuerzas.
Otros plurales de carácter expresivo

El plural en las expresiones de tiempo aproximado
Volveré a comienzos de mes.
Andrés nació a finales de marzo.
A fines de agosto, regresará el profesor Bermúdez.
Lo entrevistaré a mediados de semana.
En los primeros días de diciembre, viajaremos a Montevideo.
Palabras que cambian su significación en plural

CELO. Cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo. // Interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona. // Recelo que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda, llegue a ser alcanzado por otro. // Apetito de la generación en los irracionales. // Época en que los animales sienten este apetito. // Período del ciclo menstrual de la mujer en que se produce la ovulación.
CELOS. Sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.
CORTE1. Filo del instrumento con que se corta y taja. // Acción y efecto de cortar. // Herida producida por un instrumento cortante. // Sección por donde ha sido cortada una pieza de carne, un embutido, etcétera. // Acción y efecto de cortar la pluma de ave para escribir. // Arte y acción de cortar las diferentes piezas que requiere la hechura de un vestido, de un calzado u otras cosas. // Cantidad de tela o de cuero necesaria y suficiente para hacer un vestido, un pantalón, un calzado, etcétera. // Oficina en que se cortan prendas de vestuario para la tropa. // Parte del billetaje de un teatro reservada, especialmente en los días de estreno, para invitaciones. // Medio que se toma para cortar diferencias y poner de acuerdo a quienes están discordes. // Sección de un edificio. // Superficie que forma cada uno de los bordes o cantos de un libro.
CORTE2. Población donde habitualmente reside el soberano en las monarquías. // Conjunto de todas las personas que componen la familia y el acompañamiento habitual del rey. // Entorno de personas que rodean a alguien famoso o importante. // Con el calificativo celestial u otras palabras de análoga significación, cielo, mansión divina. // Corral o establo donde se recoge de noche el ganado. // Aprisco donde se encierran las ovejas. // Tribunal de Justicia.
CORTES. En la época moderna, Cámaras legislativas. // Junta general que en los antiguos reinos de España celebraban las personas autorizadas para intervenir en los negocios importantes del Estado.
ESPOSA. Mujer casada. // Anillo episcopal.
ESPOSAS. Pareja de manillas unidas entre sí con las que se aprisionan las muñecas de alguien.
GRILLO1. Insecto ortóptero.
GRILLO2. Tallo, germen de una semilla, bulbo o tubérculo.
GRILLOS. Conjunto de dos grilletes con un perno común, que se colocaban en los pies de los presos para impedirles andar. // Cosa que embaraza y detiene el movimiento.
HONOR. Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo. // Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea. // Honestidad y recato en las mujeres, y buena opinión que se granjean con estas virtudes. // Obsequio, aplauso o agasajo que se tributa a alguien. // Acto por el que alguien se siente enaltecido. // Dignidad, cargo o empleo.
HONORES. Concesión que se hace en favor de alguien para que use el título y preeminencias de un cargo o empleo como si realmente lo tuviera, aunque le falte el ejercicio y no goce gajes algunos. // Ceremonial con que se celebra a alguien por su cargo o dignidad.
HONRA. Estima y respeto de la dignidad propia. // Buena opinión y fama, adquirida por la virtud y el mérito. // Demostración de aprecio que se hace de alguien por su virtud y mérito. // Pudor, honestidad y recato de las mujeres.
HONRAS. Oficio solemne que se celebra por los difuntos algunos días después del entierro, y también anualmente.
HORA. Tiempo que equivale a sesenta minutos. // Tiempo oportuno y determinado para algo. // Últimos instantes de la vida. // Momento preciso del día en que ha ocurrido o va a ocurrir algo. // Espacio de tiempo o momento indeterminado.
HORAS. Hora inesperada, desacostumbrada o inoportuna. // Libro de oraciones. // Divinidades griegas, hijas de Zeus y de Temis, que servían a los dioses principales y guardaban las puertas del Olimpo; personificaron las estaciones del año.
LAR. Hogar, sitio de la lumbre en la cocina. // Cada uno de los dioses de la casa u hogar.
LARES. Casa propia u hogar.
LETRA. Cada uno de los signos gráficos que componen el alfabeto de un idioma. // Tradicionalmente, cada uno de los sonidos de un idioma. // Forma especial de los signos gráficos, por la que se distinguen los escritos de una persona o de una época o país determinados. // Tipo, pieza de la imprenta y de la máquina de escribir. // Sentido propio y exacto de las palabras empleadas en un texto, por oposición al sentido figurado. // Composición poética con glosas en verso. // Conjunto de palabras puestas en música para que se canten, a diferencia de la misma música. // Letra de cambio.
LETRAS. Diversos ramos del saber humano. // Conjunto de los saberes humanísticos, por oposición a la matemática y a las ciencias de la naturaleza. // Orden, provisión o decisión, especialmente las que se expiden en materias eclesiásticas.
PARIA. Persona excluida de las ventajas de que gozan las demás, e, incluso, de su trato, por ser considerada inferior. // Habitante de la India, de ínfima condición social, fuera del sistema de las castas.
PARIAS1. Placenta del útero.
PARIAS2.Tributo que pagaba un príncipe a otro en reconocimiento de superioridad.
PARTE. Porción indeterminada de un todo. // Cantidad o porción especial o determinada de un agregado numeroso. // Porción que le corresponde a alguien en cualquier reparto o distribución. // Sitio o lugar. // Cada una de las divisiones principales, comprensivas de otras menores, que suele haber en una obra científica o literaria. // En ciertos géneros literarios, obra entera, pero relacionada con otra u otras que también se llaman partes, por ejemplo, una trilogía. // Cada uno de los ejércitos, facciones, sectas, banderías, etcétera, que se oponen, luchan o contienden. // Cada una de las personas que contratan entre sí o que tienen participación o interés en un mismo negocio. // Cada una de las personas o de los grupos de ellas que contienden, discuten o dialogan. // Cada una de las palabras de que se compone un renglón. // Tiempo presente o época de que se trata, con relación al tiempo pasado. // Lado a que alguien se inclina o se opone en cuestión, riña o pendencia. // Papel representado por un actor en una obra dramática. // Cada uno de los actores o cantantes de que se compone una compañía. // Cada uno de los aspectos en que se puede considerar una persona o cosa. // En Derecho, persona que litiga, se muestra parte o se persona en un pleito. // Escrito, ordinariamente breve, que por el correo o por otro medio cualquiera se envía a alguien para darle aviso o noticia urgente. // Comunicación de cualquier clase transmitida por telégrafo, teléfono, radiotelevisión, etcétera. // Chisme que se va a contar enseguida a la persona afectada.
Darmowy fragment się skończył.