Czytaj książkę: «Origenes del Cristianismo»
Índice de contenido
Orígenes del Cristianismo
Abreviaturas de libros de la Biblia
Otras abreviaturas
Agradecimiento
Prefacio del autor
Mi trasfondo
I. Antecedentes de los orígenes Capítulo 1. ¿Qué es la Biblia?
La Reforma
La Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento
Tenaj
La Torá
El Antiguo Testamento de los cristianos
Formación del canon judío
La Biblia Masorética
La Septuaginta
La Vulgata Latina
Variaciones en el Nuevo Testamento
¿Cuántos manuscritos del Nuevo Testamento existen?
La mujer adúltera, ¿es la historia verídica en tiempos de Jesús?
Textus Receptus
Conclusión
Capítulo 2. Buscando al Jesús histórico
Jesús histórico y Jesús bíblico
Datos históricos de la vida de Jesús
Capítulo 3. Dioses humanos en la antigua Grecia, Roma, Macedonia y América
Breve historia antigua de España
¿Quién es este personaje?
Jesús y Apolonio de Tiana
Lactancio y Orígenes
Otros dioses en la Biblia
Rómulo (771-717 a. C.)
Julio César (110-44 a. C.)
César Augusto (63 a. C.-14 d. C.)
Los olmecas
Los mayas
El Popol Vuh y el Génesis
Paradoja
Capítulo 4. Dioses humanos en el judaísmo, Antiguo Testamento y libros pseudoepígrafos
Dioses en el Antiguo Testamento
Dualismo de dioses
Teofanías
Hombres que se hacen divinos
Cuevas del Qumrán
Libro de Enoc
Baruc, Oración de Jesús, Apocalipsis de Abraham
Jesús como ángel o segundo poder
Hijo del hombre
II. Los evangelios sinópticos y Juan Capítulo 5. Marcos
Cristo, Mesías e Hijo de Dios
El secreto mesiánico
El Jesús silencioso
¿Quién revela el secreto mesiánico?
Hijo de Dios, hijo del hombre
Características de Marcos
¿Quién es Marcos?
Capítulo 6. La fuente Q
Historia de cómo se encontró la fuente Q
Contenido de la fuente Q
Las principales aportaciones de Q
Clasificación de la fuente Q
Q y su relación con Pablo
Capítulo. 7 Mateo
Genealogía de Jesucristo
Tres veces 14 generaciones
Propósito de Mateo
Paralelo entre Jesús y el Éxodo
Cumplir la ley y no abolirla
¿Quién es Mateo?
Capítulo 8. Lucas
Excelentísimo Teófilo
¿Belén o Nazaret?
Nacimiento virginal
Jesús como profeta
¿Expiación o perdón?
La cena del Señor en Lucas
Gotas de sangre
El velo del templo
Lucas, el médico amado
Nosotros
Temas diversos
Las fuentes de Lucas
Capítulo 9. Juan
El nacimiento de Jesús
Propósito del evangelio
Jesús el cordero de Dios
Los Yo soy
El Jesús en Juan sí quiere que sepan quién es él
Comparación de los tres sinópticos con Juan
Lavamiento de pies
La limpieza del templo
¿Fue Pilato bueno o malo?
¿Cómo escribió Juan el evangelio? ¿Se copió de alguien?
Las fuentes de Juan
¿Qué otra fuente pudo haber usado Juan? Los siete milagros
Tejido literario
Más sobre el tejido literario
Otras fuentes
¿Quién escribió el Evangelio de Juan?
III. La comunidad cristiana Capítulo 10. La Resurrección
El teléfono descompuesto
Historias diferentes
¿Quién vio a Jesús resucitado?
¿A quién se refiere Pablo que vio a Jesús resucitado?
¿Qué es la Resurrección?
Historia de otras resurrecciones
Lo único seguro
Capítulo 11. El comienzo de la comunidad cristiana
La comunidad joánica
¿Quién escribió las cartas de Juan?
Comparativo de la teología del Evangelio de Juan y las cartas de Juan
La problemática de la comunidad joánica
Constantino el Grande y el Concilio de Nicea
Un Dios o tres Dioses
Santiago de Compostela
Docetistas
Marcionistas
Ebionitas
Modalistas
Tertuliano, Hipólito y la Trinidad
El Credo
Conclusión
Capítulo 12. Filipenses 2:5-11
Carmen Christi o Himno a Cristo
¿Quién escribió el Himno a Cristo?
Forma de Dios
Uso de forma en la Septuaginta
Uso de forma en la literatura griega
Forma en las obras de Filón
Uso de forma en el Nuevo Testamento
Gayomart
Corpus Hermeticum
Conclusión
Apéndice
Índice de referencias
Bibliografía
Glosario
Índice de pasajes bíblicos
Índice de pasajes bíblicos deuterocanónicos
© Agustín Villarreal Budnik
ISBN: 978-607-8801-18-3
Edición: Quintanilla Ediciones
Se prohíbe la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio impreso o electrónico, sin la autorización escrita por parte del autor, a menos que sean citas breves de referencia.

Dirección General: Dolores Quintanilla Rodríguez
Coordinador de Producción: Miguel Gaona
Editor de Contenido: Valdemar Ayala Gándara
Editora de Arte: Jazmín Esparza Fuentes
Diseño Editorial: César Nájera Zapata
Enlace Administrativo: Carmen González Cruz
Ventas: María Isabel Reyna Ibargüengoitia
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D.R. Quintanilla Ediciones
Josefina Rodríguez 1027, Col. Los Maestros. C.P. 25260. Saltillo, Coahuila
www.quintanillaediciones.com / editorial@quintanillaediciones.com.


Abreviaturas de libros
de la Biblia
Libros del Antiguo Testamento
| Génesis | Gn. |
| Éxodo | Éx. |
| Levítico | Lv. |
| Números | Nm. |
| Deuteronomio | Dt. |
| Josué | Jos. |
| Jueces | Jue. |
| Rut | Rt. |
| 1º. de Samuel | 1S. |
| 2º. de Samuel | 2S. |
| 1º. de Reyes | 1R. |
| 2º. de Reyes | 2R. |
| 1º. de Crónicas | 1Cr. |
| 2º. de Crónicas | 2Cr. |
| Esdras | Esd. |
| Nehemías | Neh. |
| Ester | Est. |
| Job | Job |
| Salmos | Sal. |
| Proverbios | Pr. |
| Eclesiastés | Ec. |
| Cantares | Cnt. |
| Isaías | Is. |
| Jeremías | Jer. |
| Lamentaciones | Lm. |
| Ezequiel | Ez. |
| Daniel | Dn. |
| Oseas | Os. |
| Joel | Jl. |
| Amós | Am. |
| Abdías | Abd. |
| Jonás | Jon. |
| Miqueas | Mi. |
| Nahum | Nah. |
| Habacuc | Hab. |
| Sofonías | Sof. |
| Hageo | Hag. |
| Zacarías | Zac. |
| Malaquías | Mal. |
Libros del Nuevo Testamento
| San Mateo | Mt. |
| San Marcos | Mr. |
| San Lucas | Lc. |
| San Juan | Jn. |
| Los Hechos | Hch. |
| Romanos | Ro. |
| 1º. Corintios | 1Co. |
| 2º. Corintios | 2Co. |
| Gálatas | Gá. |
| Efesios | Ef. |
| Filipenses | Fil. |
| Colosenses | Col. |
| 1º. Tesalonicenses | 1Ts. |
| 2º. Tesalonicenses | 2Ts. |
| 1º. Timoteo | 1Ti. |
| 2º. Timoteo | 2Ti. |
| Tito | Tit. |
| Filemón | Flm. |
| Hebreos | He. |
| Santiago | Stg. |
| 1º. Pedro | 1P. |
| 2º. Pedro | 2P. |
| 1º. Juan | 1Jn. |
| 2º. Juan | 2Jn. |
| 3º. Juan | 3Jn. |
| Judas | Jud. |
| Apocalipsis | Ap. |
Otras abreviaturas
a. C. - antes de Cristo.
d. C. - después de Cristo.
cf. - Compárese ―del latín -confer.

Agradecimiento
No terminaría de agradecer a todas las personas que me han ayudado a terminar este libro. Primero que nadie, a mis hijos que me insistieron que pusiera por escrito lo que pensaba. El reto ha sido ponerlo de una manera entendible que todos lo puedan leer en una forma sencilla pero, a la vez, profunda. Estoy agradecido con el Dr. Sven Soderlund, ex maestro mío muy querido de Regent College; aunque opinamos diferente, llevamos una amistad que va más allá de la forma de pensar. Agradezco al Dr. Barth D. Ehrman; aunque no lo conozco en persona, me inspiró a través de sus numerosos libros. También al Dr. Alan F. Segal (1945-2011), quien como judío y erudito en la teología del cristianismo, me inspiró en la claridad de pensamiento para entender la doctrina del cristianismo a la luz de la teología judía. A la Lic. Martha Martínez de Somohano, quien amablemente revisó mi redacción de este libro. Asimismo a mi asistente, la Lic. Karla Salas, quien con mucha paciencia ha ayudado a formatear y revisar este libro. A mi grupo de amigos de primaria de más de 50 años de amistad del Instituto Franco Mexicano, colegio marista en Monterrey, que siendo la mayoría católicos, siempre se han visto muy receptivos a escucharme en nuestros grupos de filosofadas. A mi viejo grupo de Ictus Libre, cristianos que yo guiaba cuando fui pastor en la iglesia y que me han escuchado y debatido en muchas posturas teológicas, siempre con respeto y amistad. A mi madre, Sulamit Budnik (1936-2019), quien siempre fue una inspiración en mi vida. A la comunidad israelita de Monterrey y los múltiples rabinos que he conocido. A mi esposa, quien siempre me ha escuchado y acompañado en esta vida como una compañera invaluable.

Prefacio del autor
Este libro está escrito para la gente que busca conocer la historia del cristianismo desde un punto de vista más analista y más libre, sin tener el compromiso de quedar bien con alguna postura teológica.
Se estudian puntos delicados sobre las creencias, siempre respetando la fe de cada persona. Este libro no pretende cambiar la fe de nadie. Es un estudio histórico basado en evidencias teológicas modernas.
Muchas veces los descubrimientos teológicos no llegan al común denominador de la gente. En las iglesias no se habla de estos temas por ser controversiales, pero son temas importantes que se deben conocer, porque la verdad siempre debe salir a flote.
Con el descubrimiento de manuscritos en el siglo pasado y el análisis profesional de teólogos eruditos del mundo, en la actualidad hay mucha información disponible que se incorpora a este libro para que el lector evalúe y decida sobre la evidencia de los nuevos descubrimientos.
El propósito de este libro es, precisamente, que las personas que no han tenido una preparación teológica, puedan conocer un poco de la diversidad de estudios y pensamientos que existen en el ámbito de estos temas. Se busca dejar que el texto hable por sí mismo para que cada quien tome su conclusión o reafirme su postura teológica.
Espero que este libro sea interesante, motivador y que provoque inquietud para que cada quien, por su cuenta, pueda investigar más sobre el tema.

Mi trasfondo
A continuación hago una pequeña reseña del trasfondo que me llevó a conocer más sobre los orígenes del cristianismo. Cuando me convertí al cristianismo evangélico a los 18 años de edad, habiendo nacido en la Iglesia católica, me impresionó mucho la manera en que se acercaron a mí para mostrarme a Jesús. Un Jesús de amor y perdón, en lugar de un Jesús crucificado en la cruz colgado de un madero.
Siempre fui atraído por las disciplinas religiosas y místicas desde mi niñez. Quería ser monaguillo a los siete años y hacer sonar la campana en la misa cuando el sacerdote levantaba la hostia en alto. Con el correr de los años, y al haber comenzado mi carrera de Ingeniería en el Tecnológico de Monterrey, fui presentado con la idea mística de un Jesús vivo, salvador y amoroso. Fue en la banqueta de mi casa que hice mi confesión de fe y me recibió un amigo con un abrazo diciéndome: “¡Bienvenido hermano! Cristo te ha salvado de tu condición pecaminosa, por fe ya eres salvo. Ahora te toca caminar y descubrir a ese Jesús vivo dentro de ti”.
Sus palabras las tomé muy en serio y comencé a leer la Biblia, leí el Nuevo Testamento y luego el Antiguo Testamento. Me impresionó su lectura y el contraste de ambos testamentos. Devoré la lectura de la Biblia y, en menos de un año, estaba sediento de conocer más de ella y de la historia de la salvación. Me regocijaba con la hermandad y cambié mis amistades de toda la vida por amigos cristianos.
Luego entendí que tenía que ser luz en las tinieblas y llevar el evangelio de la salvación a todos mis amigos no cristianos. Me dediqué en la escuela a predicar el evangelio en toda oportunidad que tenía. Si el maestro llegaba tarde, me levantaba de mi pupitre y, subiendo al pódium del salón, comenzaba a predicar el evangelio de la salvación, y algunas veces llegaban los maestros y me decían que continuara mi predicación. En numerosas ocasiones muchos de ellos hicieron la oración de fe y se convertían al cristianismo. Otras veces me rechazaban porque no era católico y tenían miedo de esa prédica cristiana.
De cualquier manera, había un fuego implacable en mi corazón que no podía detener ni ocultar, así que pensé en dejar la carrera de ingeniería para irme de misionero a predicar el evangelio, para que muchos fueran salvos por la fe en Jesucristo.
Un día me acerqué a mi padre y le dije que ya no quería estudiar ingeniería y que si me permitía mejor ser misionero. Él estaba en su baño amplio de la gran casa donde vivíamos. Se estaba rasurando, dejó de rasurarse, se me quedó viendo fijamente y me dijo: “¡No!, primero termina tu ingeniería y luego te vas a hacer lo que tú quieras”. No era la primera vez que me decía que no, porque cuando tenía 11 años me invitaron los maestros maristas de la escuela donde estudié primaria a unirme al llamado marista. Recuerdo que al ir con mi padre y solicitar permiso, se rio y me dijo: “De ninguna manera, sigue estudiando y luego veremos”.
En una ocasión, leyendo la Biblia en mi cuarto y pidiendo a Dios guía para saber qué tenía que hacer, sentí que Él me hablaba a través de un pasaje que estaba leyendo en el libro de Proverbios, capítulo 1 versículo 8, que reza de la siguiente manera: Oye hijo mío la instrucción de tu padre y no desprecies la dirección de tu madre. En ese momento yo sentí que Dios me estaba hablando y decidí seguir el consejo de mis padres de trabajar en el negocio familiar que mi abuelo había fundado y que mi padre había hecho crecer enormemente. Este concepto de sentir que Dios habla en forma personal, es una constante en las iglesias evangélicas cristianas pentecostales alrededor del mundo. Y como yo fui converso en esta Iglesia, ya a estas alturas había aprendido bien el concepto de que Dios habla a cada persona y la quiere guiar de acuerdo a su voluntad. Después de haberme graduado como ingeniero, trabajé por tres años dentro de la empresa familiar hasta que un buen día, teniendo temor de no obedecer el llamado de Dios a hacer su voluntad, dejé todo para ir a seguir al Jesús vivo que había encontrado y que quemaba en mi corazón, e ir a servirle y predicar hasta el último rincón de la Tierra (Mr. 16:15), comenzando en lo más cercano que era mi país, pero no quería ir a predicar a cualquier lugar en México. Había aprendido a ayudar siempre a los más necesitados, a los más pobres y desposeídos. Así que me vi en la tarea de partir de mi casa, de acuerdo al mandato de Jesús, y salir a predicar. En Mr. 10:17-21 está la historia del hombre rico, que se conoce en el Evangelio de Mateo como la del Joven Rico; es donde Jesús le pide dejar todo y seguirlo. Yo no quería que me pasara lo que le pasó a esa persona en la descripción de Marcos, que no lo pudo seguir porque tenía “muchas posesiones”, así que me decidí a vender y regalar todo lo que tenía, hasta mi reloj de oro que mi abuelo me había regalado, y así decidí seguir a Jesús sin atadura alguna a los bienes materiales. En ese tiempo estaba joven, tenía aproximadamente unos 25 años.
Habiendo estado un par de años de misiones en los estados de Guerrero y Oaxaca, decidí salir a profundizar mi fe en el Jesús que predicaba y que cambiaba a vidas nuevas a los que se arrepentían de sus caminos. Me fui a estudiar Teología a un seminario en Vancouver, Regent College, donde me gradué con un título de Maestría en Divinidad. Fueron tres años de tiempo completo, y ahí quien se gradúa sale preparado para conocer y estudiar seriamente las escrituras. Sin embargo, para mí fue algo impactante que, en lugar de profundizar mi fe, comenzaron a surgir más dudas y preguntas de las que tenía antes. Una de éstas fue que el Jesús histórico no era necesariamente igual al Jesús bíblico que había conocido en mi conversión.
Comencé a entender que la Biblia no era toda como la había entendido. Me ayudó mucho conocer con más precisión la Biblia y estudiarla durante la maestría que tomé. El camino por recorrer fue largo, me tarde más de 20 años desde mi confesión de fe para encontrar que el Jesús bíblico es diferente al Jesús histórico. Preguntas como: ¿cuáles son los verdaderos dichos y palabras de Jesús? ¿Cuándo se escribieron los evangelios de Jesús? ¿Fueron testigos oculares los que escribieron los evangelios de la historia de Jesús? ¿Cómo es que Jesús es Dios?, son preguntas que veremos en este libro. Espero que la lectura del mismo aporte nueva luz, más estudio y pueda crear una nueva perspectiva sobre la historia de los comienzos del cristianismo.
Agustín Villarreal Budnik



Capítulo 1
¿Qué es la Biblia?
Habiendo nacido en la Iglesia católica y estudiado en un colegio marista, me atraía mucho el misticismo de los ritos de la Iglesia. No tenía ni la menor idea de dónde venían éstos, pero suponía que todos eran por mandato divino. La Biblia no figuraba en el eje central del rito de la Iglesia católica a la que asistía, sino que había una serie de pasos predeterminados y secuenciados para cada acto que se hacía.
Por ejemplo, no entendía por qué, cuando el sacerdote de la misa tomaba la copa y la levantaba al cielo en señal de consagración, quitaba de encima de la copa una mica o cartoncillo. Pensaba que era por ser divino el vino que únicamente ellos podían tomar, y que habría que cuidar la sangre de Cristo que, de alguna manera, estaba contenida en ese recipiente. Luego entendí que no era por ninguna de esas razones, sino que se instituyó en el rito de la misa simplemente porque había moscas en el ambiente y, de esa manera, protegían el vino de cualquier accidente por el cual la mosca pudiera entrar en la copa y causar un problema o la curiosidad de la congregación, al observar que el padre estaba tratando de sacar algo de la copa.
Dentro de la misa llegaba el punto más importante, que no era la predicación ni la lectura de la Biblia sino la comunión, cuando se nos daba una hostia. En aquellos tiempos, el padre la ponía en la lengua y no podíamos tocarla con la mano porque era el cuerpo de Cristo, y había que regresar al asiento donde escuchábamos la misa en forma solemne y arrodillados, mientras diluíamos o masticábamos el pedazo de hostia en la boca. En aquel tiempo de 1965, la misa estaba llena de procedimientos ―que hoy en día han cambiado mucho― y la consagración se recitaba en latín. Esto debido a que ésas eran las instrucciones según la tradición de Roma, porque ése era el idioma oficial para proceder con el rito de la misa. Además de que el idioma oficial de la consagración era el latín, había otros aspectos diversos que se establecieron en el Concilio de Nicea, como el sentido de la orientación al construir la iglesia. También había orientaciones acerca de cómo se tenían que bendecir el vino y la hostia. Por lo general, el padre daba la espalda a la congregación en el momento de consagrar el vino y el pan. El padre estaba desconectado de una manera notoria con respecto a las personas que estábamos escuchando. Muchas de estas tradiciones ya se han modernizado y ahora hay mayor conexión entre el sacerdote y los feligreses. Sin embargo, hay otros ritos que siguen vigentes. Uno de ellos es el uso de la sotana. Esta vestimenta no tiene nada que ver con las instrucciones de los apóstoles ni de Jesús mismo. Es más bien una tradición que se ha conservado, porque así se vestía en los años de antaño en el catolicismo y en algunas otras denominaciones cristianas, ya que provoca un cierto estatus de diferenciación entre el sacerdote y los feligreses.