Czytaj książkę: «Las sombras de la Transición»
LAS SOMBRAS
DE LA TRANSICIÓN
EL RELATO CRÍTICO
DE LOS CORRESPONSALES EXTRANJEROS
(1975-1978)
LAS SOMBRAS
DE LA TRANSICIÓN
EL RELATO CRÍTICO
DE LOS CORRESPONSALES EXTRANJEROS
(1975-1978)
Marcel Mauri, Ruth Rodríguez-Martínez,
Tobias Reckling, Francesc Salgado, Christopher Tulloch
Jaume Guillamet (ed.)
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente,ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información,en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico,electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.
© Los autores, 2016
© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2016
Publicacions de la Universitat de València
http://puv.uv.es publicacions@uv.es
Ilustración de la cubierta: Prensa internacional
Maquetación: Textual IM
Corrección: Pau Viciano
ISBN: 978-84-9134-034-8
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN: «MISSION TO MADRID»
I. ADIÓS ADELANTADO A FRANCO
El general Franco cierra el camino
El príncipe que no dice nada
El hombre que finalmente murió
II. DUDAS SOBRE EL REY
El último bastión contra el monarca
El desafío catalán
Un vacío peligroso
Un rey para la democracia
III. HABILIDAD DE SUÁREZ
Amnistía limitada
Amenaza terrorista a la reforma
España da el paso
IV. ELECCIONES BAJO PRESIÓN
Vía tempestuosa hacia la democracia
La fase más delicada de la transición
Tan limpias como se puede esperar
España ha escogido el centro
V. CONSTITUCIÓN MAL CERRADA
Reservas entre los Nueve
El ejemplo catalán
La complejidad del problema vasco
Un aniversario silencioso
Sí, pero
EPÍLOGO: LA LLAMADA DE EUROPA
APÉNDICES
Listas de corresponsales, enviados y articulistas
Otros periodistas y articulistas citados
Cronología de la Transición
Índice onomástico
INTRODUCCIÓN: «MISSION TO MADRID»
Martha Gellhorn regresó a Madrid tras la muerte de Franco, producida el 20 de noviembre de 1975. Con 67 años cumplidos, la legendaria corresponsal estadounidense esperaba revivir las emociones de la Guerra Civil, que cubrió junto al que más tarde sería su marido, Ernest Hemingway, y otros célebres reporteros como John Dos Passos, André Malraux, Herbert Matthews o Robert Capa. Gellhorn Esperaba encontrar más acción en las tensiones políticas y sindicales de las primeras semanas de la Monarquía. En vano le pedía a Tom Burns Marañón,1 por entonces joven reportero hispano-británico de la agencia Reuters, que la llevara a la cárcel de Carabanchel y a todas las manifestaciones.
No fue el único caso. Otros periodistas extranjeros llegaron a España con el temor a que se desencadenarban duros enfrentamientos, incluso una nueva guerra civil. Varios corresponsales estadounidenses llegaron directamente desde la larga guerra de Vietnam, que estaba tocando el final. James M. Markham (The New York Times), tras pasar por Laos, Tailandia, Camboya y Beirut, se hizo cargo de la delegación en Madrid, como relevo de Henry Giniger, que antes había estado en México y Chile, donde cubrió el golpe de Pinochet, en 1973. A la misma delegación se incorporó el alemán Henry Kamm, fogueado en Asia y África, mientras que Flora Lewis, otra veterana de Vietnam y las guerras arabo-israelíes, viajó como refuerzo desde la corresponsalía en París.
Uno de los veteranos de Vietnam de más renombre fue Malcolm Browne, antiguo jefe de la delegación de Associated Press en Saigón. Junto con Peter Arnett, Neil Sheehan (United Press International) y David Halberstam (The New York Times) formaron el llamado «Vietnam brat pack» o banda de revoltosos de Vietnam, acusada por el Pentágo de haber «perdido la guerra» para los Estados Unidos. Pese a ello, obtuvo un premio Pulitzer, que añadió al premio World Press Photo de 1963 por la imagen de la auto-inmolación del monje budista Thích Quảng Dúc. Tras salir de Saigon, Browne viajó a Suramérica antes de ser enviado en otoño de 1975 a cubrir la enfermedad definitiva de Franco.
Diversos corresponsales norteamericanos y europeos en los inicios de la Transición procedían de otras zonas calientes del globo. Jim Hoagland (The Washington Post) procedía de Beirut y la guerra del Líbano y antes había recibido un premio Pulitzer por sus reportajes sobre el régimen de apartheid sudafricano. Paolo Bugialli2 (Corriere della Sera) había estado en Oriente Medio y África, y Mimmo Càndito (La Stampa) en los disturbios de Irlanda del Norte.
Marcel Niedergang (Le Monde), que ya había comenzado a ocuparse de España, era especialista en Latinoamérica, como Richard Gott (The Guardian), que había estado también en Chile. John Hooper, del mismo diario, se había estrenado en la Guerra Civil de Nigeria y la invasión turca de Chipre tras un golpe de estado pro-griego. Los enviados a la revolución portuguesa de abril de 1974 viajaron a menudo desde Lisboa durante los últimos meses de vida de Franco, como James MacManus y Peter Niesewand (The Guardian) o, más tarde, Jimmy Burns y Diana Smith (Financial Times).
Un total de 419 corresponsales y enviados de todo el mundo –incluyendo agencias, prensa, radio y televisión– se acreditaron ante el Ministerio de Información y Turismo3 para asistir al funeral de Franco, el 23 de noviembre de 1975. Se puede estimar entre 120 y 140 el número de los periodistas acreditados permanentemente hasta junio de 1977, fecha a partir de la cual no se dispone de datos. Como en 1936, España volvía a estar en el foco de la atención internacional. España volvía a ser noticia, evocando el título dado por José Mario Armero al primer libro4 sobre el papel de los corresponsales extranjeros en la Guerra Civil, publicado en 1976. A medida que pasaron las semanas fue cundiendo la esperanza que esta vez la noticia sería positiva.
La extraordinaria afluencia de corresponsales durante la Guerra Civil fue un paréntesis excepcional de la limitada atención que la prensa internacional concedió tradicionalmente a España. A partir de 1939, sólo las agencias internacionales mantuvieron oficinas abiertas en Madrid y los grandes diarios se valieron de corresponsales locales (stringers) o de enviados especiales cuando la ocasión lo requería.
El 22 de julio de 1969, el nombramiento por las Cortes del príncipe Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco a título de rey abrió una expectativa sobre el futuro del régimen, en conflicto con la legitimidad dinástica encarnada en la persona de su padre Juan de Borbón, el heredero de Alfonso XIII. El 20 de diciembre de 1973, el espectacular asesinato por ETA del almirante Luis Carrero Blanco, en quien unos meses antes Franco había delegado por primera vez la presidencia del Gobierno, despertó el temor a la inestabilidad. El 2 de marzo de 1974, la ejecución de las penas de muerte a Salvador Puig Antich y Heinz Chez, en Barcelona y Tarragona, indicaron un endurecimiento del régimen.
El 9 de julio de 1974, la primera enfermedad de Franco y su substitución temporal por el príncipe como Jefe del Estado, de 19 de julio a 31 de agosto, activó la llegada a Madrid de corresponsales y enviados. El 27 de septiembre de 1975, la ejecución de cinco penas de muerte a miembros de ETA y FRAP sumió a España en una crisis internacional que preludiaba serias dificultades ante la muerte del Caudillo, que se produjo dos meses más tarde, tras una larga agonía y en medio de los pesimistas augurios de la prensa internacional.
Las principales agencias internacionales de noticias –AP, UPI, Reuters y Agence France Press– reforzaron su presencia, junto a la llegada de reporteros de una docena de agencias nacionales, tan dispares como la cubana Prensa Latina, la china Xinjua, la DPA alemana, la polaca PAP, Plus Ultra de México, la japonesa Kyodo, la húngara MITI, la agencia oficial de Arabia Saudita y, cómo no, la soviética TASS. Llegaron asimismo, equipos de radio y televisión de las CBS, NBC y ABC estadounidenses, la RAI italiana, las cadenas públicas holandesas, portuguesas y suecas, la BBC, la RTF francesa y la ZDF alemana entre otros.
El más conservador y de mayor difusión de los diarios británicos, The Daily Telegraph, envió a Harold Sieve a Madrid, donde ya estaban los alemanes Walter Haubrich (Frankfurter Allgemeine Zeitung) y Friedrich Kassebeer (Suddeutsche Zeitung), el holandés Kees van Bemmelen (De Telegraaf) o el británico Gordon Martin (BBC). Otros diarios contaban con la colaboración de stringers de largo recorrido como Harry Debelius5 (The Times), Bill Cemlyn-Jones6 (The Guardian), José Antonio Novais (Le Monde), Miguel Acoca (The Washington Post) y Richard Mowrer (Christian Science Monitor de Boston y Chicago Daily News) o con un veterano especialista como Jacques Guillemé-Brûlon7 (Le Figaro). En los meses siguientes, los principales diarios se aseguraron de estar en condiciones de seguir e interpretar sobre el terreno el proceso de cambio en España, creando corresponsalías fijas o mandando periódicamente enviados especiales, a veces de alto rango en las redacciones. Revistas semanales, tan numerosas en la época, y emisoras de radio y televisión se esforzaron en la elaboración de reportajes sobre el despertar a la democracia de los españoles.
Si, cuarenta años antes, los nombres más importantes del periodismo mundial se podían encontrar al sur de los Pirineos y «los españoles eran muy conscientes de ello y estaban orgullosos de su fama», en palabras del hispanista británico Hugh Thomas,8 algo parecido puede decirse del final del régimen surgido de la Guerra Civil. Si el papel de los corresponsales extranjeros fue tan importante en la Guerra Civil española,9 hubo de serlo también durante la Transición. Esta hipótesis está en la base del proyecto de investigación10 de cuyos resultados surge ese libro, con la consideración clara que el papel de los corresponsales y enviados hubo de ser esta vez bien distinto.
La Guerra Civil fue la última batalla ideológica del periodismo internacional, en palabras de Knightley,11 con los corresponsales apoyando a uno u otro bando y en ocasiones yendo más allá de su función informativa, en un mundo crecientemente polarizado que desembocaría muy pronto en la Segunda Guerra Mundial. Cuatro decenios más tarde, bajo la hegemonía de un periodismo más informativo, en un mundo inmerso aún en la Guerra Fría y con las potencias occidentales interesadas en la incorporación de España al grupo de las democracias, el comportamiento había de ser más profesional y unívoco. En la memoria política y periodística de la Transición, así como en la interpretación de los historiadores, el papel de la prensa extranjera resulta relevante en tres aspectos principales: informó y opinó con más libertad que la prensa española, ofreció a públicos y gobiernos del exterior la información del proceso y expresó su apoyo al cambio, matizado por frecuentes críticas y reproches.
Los condicionamientos existentes sobre la prensa española eran aún importantes. Aunque tras la coronación del rey Juan Carlos aparecieran nuevos periódicos y revistas y comenzara a respirarse un ambiente de libertad, la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 continuó plenamente vigente hasta la víspera de las primeras elecciones democráticas. Las modificaciones introducidas para poder llevarlas a cabo con ciertas garantías afectaron solamente a dos artículos de dicha ley, el 2 y el 69. Con su derogación por el real decreto de 1 de abril de 1977, se suprimieron las limitaciones a la libertad de prensa proclamada en el artículo 1, con tres excepciones sensibles: el respeto debido a la Monarquía, a la unidad nacional y a las Fuerzas Armadas. Siguió en vigor el resto de disposiciones de control gubernativo y administrativo sobre la autorización y publicación de periodicos y se introdujo una regulación de los delitos de injurias y calumnias en período electoral, conocida como ley anti-libelo.
La absoluta mayoría de periódicos provenía del franquismo y en la mayor parte de provincias se publicaba un único diario perteneciente a la Prensa del Movimiento. La Ley de Prensa no regía para la información de radio y televisión, que seguían dependiendo directamente del Gobierno. Más allá de las limitaciones vigentes y el control oficial sobre la prensa, había la actitud prudente de los periódicos ante las dificultades del proceso político, su apoyo al Gobierno y a los partidos nacientes, principalmente los surgidos del propio régimen, así como la complicidad con la restablecida Monarquía, cuya forja ha sido mostrada por Ricardo Zugasti.12
INFORMACIÓN VIGILADA
Como han explicado, entre otros, William Chislett13 y Walter Haubrich,14 la labor de los corresponsales fue seguida siempre de cerca por el Ministerio de Información y Turismo. Incluso Jacques Guillemé-Brûlon, «uno de los corresponsales extranjeros mejor informados de España»,15 que había entrevistado para Le Figaro al Generalísimo Franco, a Juan de Borbón y al príncipe Juan Carlos, fue expulsado de España en 1966 por criticar el estilo totalitario del ministro Manuel Fraga Iribarne. En otro caso, el abad de Montserrat Aureli Maria Escarré tuvo que salir de España y cesar en su cargo tras una entrevista concedida a José Antonio Novais para Le Monde, el 14 de noviembre de 1963.16
La prensa extranjera no sufría las restricciones de la legislación española, «pero tenía que lidiar con ellas, por constituir el entorno de su trabajo», ha explicado Chislett, que se estrenó en España la primavera de 1976 y sabía que los teléfonos eran objeto de escucha, por lo que había que tratar personalmente con las fuentes de la oposición ilegal. El Gobierno siguió valiéndose de lo que el corresponsal de The Times califica como «censura comercial», ya que controlaba la distribución de las publicaciones extranjeras en España a su llegada al aeropuerto de Madrid. «A continuación, los artículos que se referían a España se traducían y se entregaban a altos funcionarios, incluyendo, en algunos casos, al ministro, para que éstos tomasen la decisión de permitir su venta en quioscos», tras lo que se autorizaba o no el reparto.
«Otra táctica era permitir la distribución, pero retrasándola varios días; era poco probable que un periódico publicado un lunes se vendiera bien un jueves». Según Chislett, The Times, Le Monde, Süddeutsche Zeitung y Frankfurter Allgemeine se vieron especialmente afectados por esta medida, y sus corresponsales acordaron publicar al final de cada mes el número de días en los que se había prohibido la distribución de sus publicaciones. «Esta decisión desagradó enormemente al Gobierno, que pretendía que en el extranjero se creyera que en España podía distribuirse la prensa extranjera sin restricciones».
Harry Debelius, que fue presidente de la Asociación de Corresponsales Extranjeros desde 1975 a 1992, temía el castigo del Gobierno a sus colegas y representados. Temió por sí mismo cuando ABC le acusó de haber participado en una «campaña de propaganda en contra de la unidad de España», tras publicar en portada de The Times que el movimiento clandestino vasco seguía muy de cerca el servicio en español de la BBC durante el estado de excepción impuesto en verano de 1975 en Vizcaya y Guipúzcoa, evocando la importancia que las emisiones británicas tuvieron durante la Segunda Guerra Mundial para quienes se resistían al nazismo.
La mera asistencia a una manifestación pro-vasca podía resultar una actividad peligrosa. Chislett también relata la cobertura en Vitoria de la primera celebración legal del Aberri Eguna desde la Guerra Civil, en mayo de 1977, en que algunos periodistas extranjeros resultaron heridos en la línea de fuego:
un cámara belga fue disparado en el pecho por una bala de goma; Gordon Martin, corresponsal de la BBC, estaba en un apartamento, con su micrófono en una mano y un vaso de whisky en la otra, cuando la policía disparó a su ventana. Se quedó con el micrófono y el cristal del vaso hecho añicos. Cuando un grupo de periodistas intentó entregar una carta de protesta al gobernador civil de Vitoria, la policía les denegó la entrada, y uno de los agentes les dijo: «Ustedes ya tienen democracia en su país, pero no en España», añadiendo «me sale de las narices».
Los contactos con militantes vascos se llevaron a cabo con mucho secreto. Chislett relata como el recuerdo profesional más duradero de la época su encuentro en el club de golf de Biarritz con el terrorista José Miguel Beñarán Ordeñana («Argala»), el hombre que detonó la bomba de control remoto que mató a Carrero Blanco. Era difícil comprar prensa extranjera en el País Vasco si llevaba noticias sobre ETA. Un mes antes del funeral de Franco, Joel Leslie Gandelman, enviado especial del Chicago Daily News y Newsweek, fue obligado a abandonar España por haber escrito sobre las ejecuciones del 27 de septiembre y la supuesta tortura policial de separatistas vascos. Este incidente fue interpretado como un aviso muy serio al cuerpo de corresponsales extranjeros y su tratamiento de la cuestión vasca.
Walter Haubrich recuerda que la policía registró a menudo su oficina de Frankfurter Allgemeine Zeitung, le fue confiscada su acreditación y recibió amenazas constantes de enfrentarse a un pelotón de fusilamiento de la Guardia Civil. «Los corresponsales teníamos presiones, pero no censura (...) el Ministerio de Información y Turismo me amenazó con expulsarme por lo menos diez veces». En julio de 1974, el corresponsal alemán ofreció su casa para la constitución de la Junta Democrática, promovida por el Partido Comunista de España, el Partido Socialista Popular y el Partido Carlista.
En París se iba a anunciar a una hora concreta que en Madrid se había creado esa unión de fuerzas de la oposición. Cuando llegamos al sitio donde se iba a hacer, las Cuevas de Sésamo, estaba la policía en la esquina. El reloj corría y no podía ser que se anunciara en París lo que en realidad no había ocurrido todavía en Madrid, así que ofrecí mi casa.
Ese mismo año, Haubrich presentó personalmente a los corresponsales extranjeros en Madrid a Isidoro, apodo con el que se conocía en la clandestinidad a Felipe González, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Al holandés Kees van Bemmelen17 (De Telegraaf), llegado a Madrid en 1962, le confiscaron en una ocasión su credencial de periodista porque, según Novais, su nombre figuraba en una lista negra de «los enemigos de España». Sobre esta cuestión, Van Bemmelen acusó a algunos corresponsales de liberarse de la presión del sistema aceptando apartamentos o sobres de dinero a cambio de publicar artículos que ensalzaban el Régimen franquista.
Las carpetas correspondientes al Ministerio de Información y Turismo del Archivo General de la Administración contienen más informaciones sobre el control gubernamental de los corresponsales y las represalias ejercidas. El Club Internacional de Prensa de Madrid, presidido por José Mario Armero, era un lugar de encuentro entre periodistas españoles y extranjeros y personalidades de la vida pública. Allí se celebraron frecuentes reuniones con figuras relevantes de la oposición y actos públicos que no siempre fueron autorizados, lo que llevó a su directiva a protestar ante el Ministerio de Información y Turismo por las dificultades puestas a su funcionamiento.18
Antes de la muerte de Franco, el incidente más sonado fue protagonizado por el intelectual izquierdista francés Regis Debray –que había entrevistado y colaborado con Che Guevara–, el actor Yves Montand y el escritor Michel Foucault, al celebrar una rueda de prensa en Madrid para protestar por las once condenas de muerte dictadas en septiembre de 1975, de las que se ejecutarían cinco. El acto fue interrumpido por policías de paisano y todos los presentes fueron arrestados. Los franceses fueron deportados y los veinticinco periodistas presentes registrados antes de quedar en libertad. Muchas de las ruedas de prensa semi-clandestinas fueron presenciadas por policías vestidos de calle, así como diversas charlas celebradas por corresponsales en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.
Luigi Sommaruga del diario romano Il Messaggero fue expulsado de España cinco días antes del funeral de Franco por divulgar en sus crónicas «informaciones calumniosas para el Jefe de Estado» e «inexactitudes utilizadas por la propaganda de grupos clandestinos claramente subversivos que constituyen atentados a la paz pública española». Sommaruga se negó a subir a un avión y, en consecuencia, fue conducido a la frontera de Irún. De modo similar, el ya citado Joel Leslie Gandelman fue obligado a abandonar España por sus «actividades personales». En declaraciones a Reuters, Gandelman dijo que «es la cosa más ridícula que he oído nunca».19
Desde la «Difusión Informativa de la Dirección General de Coordinación» se editaba un boletín interno diario titulado «Visión Informativa de las agencias extranjeras». Se hacía además un resumen de los programas radiofónicos y televisivos titulado «España vista desde el extranjero», con una valoración de los contenidos de textos y guiones por si mostraban actitudes o líneas editoriales hostiles hacia el régimen. Los funcionarios del ministerio de Información y Turismo –en conjunción con los agregados de información del cuerpo consular– redactaban también informes para calibrar la afiliación ideológica de los medios internacionales con el título de «La significación política de la prensa extranjera». En ellos se clasificaba los diarios en tres grupos –«independientes», «conservadores» y «liberales»– y se intentaba resumir su postura ante el Gobierno español.
A modo de ejemplo, se explicaba que Corriere Della Sera era de tendencia liberal-conservadora y de
una línea masónica que ha sobrevivido al fascismo durante cuya etapa fue también el más importante periódico italiano. Se acomoda, pues, a todas las circunstancias (...) Actitud hacía España: mesurada, discreta, objetiva: puede considerarse buena.
La Stampa era definida en los siguientes términos:
Periódico de la FIAT. Centro-izquierda. Su director es Giulio de Benedetii que, a pesar de sus 75 años, lo lleva con «mano de hierro». Nuestro contacto con de Benedetti es muy reciente pero consideramos la entrevista muy positiva. Su libro preferido es El Quijote (...) se siente muy solidario con el español como tipo humano (...) Actitud hacia España: discreta evolucionando hacia buena.
Las agencias informativas también estaban sometidas a calificación. La china Xinhua era «la mensajería de Mao a través del mundo, obligada a competir con las agencias capitalistas, romper su monopolio y extender su influencia en nuestro país». La soviética TASS estaba considerada como una empresa que, además, asumía funciones políticas:
Cada periodista de TASS con puesto en el extranjero ha recibido una profunda formación política e ideológica y es por tanto un activista del partido. El 85%de los periodistas de la URSS son miembros del partido, disponiendo algunos de los corresponsales de pasaporte diplomático que les facilita el ejercicio de sus misiones con cierta impunidad [...] Es una suposición nada descabellada que la agencia TASS es un posible caballo ideológico y agitador troyano.20
En vísperas de la muerte de Franco, varios equipos de televisión fueron objeto de informes negativos. Un documental de la televisión holandesa sobre «España mañana» fue duramente calificado por la Jefatura de Información por «reflejar una absoluta parcialidad» y presentar «de forma totalmente negativa al régimen español insistiendo en la creciente resistencia de toda una población (incluyéndose en ella a funcionarios de todos los niveles) que desea una moderna democracia». Un equipo de enviados especiales de la televisión sueca fue acusado de haber presentado a la «guerrilla ETA» como «campeones de la libertad en contra del terror franquista». Un presentador de un documental emitido por la televisión belga un mes antes de la muerte de Franco fue tachado de sectarismo y parcialidad, «sus preguntas fueron siempre en apoyo de su tesis personales y todas ellas de la extrema izquierda».
El informe más duro fue para un equipo de reporteros de la televisión pública portuguesa por un documental emitido a finales de setiembre de 1975, calificado como «Postura inadmisible de la TV portuguesa contra España». El consejero de información en la embajada de Lisboa hablaba de un programa donde figuró «el cantante Pi de la Serra, considerado uno de los principales luchadores del pueblo catalán que junto con el pueblo gallego y vasco luchan contra el centralismo de Madrid». En ese caso, RTVE llegó a difundir una nota lamentando la «inadmisible actitud nada amistosa de la radiotelevisión portuguesa» y su «apología del terrorismo, insultando a España, a su jefe de Estado y a su gobierno».21
La lista de periodistas de televisión con problemas con las autoridades es más larga. Michael Vermehren del segundo canal alemán ZDF fue constantemente vigilado mientras viajaba por toda España «manteniendo contactos con elementos extremistas». Paul Thahon, del canal público francés Chanel 2, fue detenido por grabar imágenes de una manifestación estudiantil. Dos periodistas de la RAI italiana fueron obligados a abandonar Madrid.
El corresponsal jefe en Europa de la BBC, Charles Wheeler, fue detenido por la policía en la Puerta del Sol en Madrid. Sólo diez días antes de la muerte de Franco, Radio Nacional de España dejó de prestar ayuda técnica a la cadena británica, alegando que algunos programas habían llegado «al límite de la injerencia en los asuntos interiores de España y habían violentado las normas más elementales de coexistencia entre los dos países».22 El entonces director, Charles Curran, declaró que la BBC difundía una «información objetiva y positiva». Incluso tras la muerte de Franco, varios miembros de un equipo francés de radio fueron agredidos tras la llegada del presidente Valéry Giscard d’Estaing al aeropuerto de Madrid para asistir a la misa de coronación de Juan Carlos I.
Tom Burns recuerda momentos de fuerte tensión, como la presión ejercida por la policía secreta cuando los corresponsales se ocupaban de la recién creada Unión Militar Democrática clandestina o de manifestaciones callejeras. En la primavera de 1976, la delegación de Reuters en Madrid recibió una llamada de las fuerzas de seguridad avisándoles que si publicara cualquier noticia referido a las manifestaciones estudiantiles en Bilbao estarían «fuera de España mañana». La agencia publicó la noticia.
El Ministerio de Información y Turismo se mostraba especialmente vigilante ante la cobertura de noticias relacionadas con el partido comunista. Ilario Fiore, corresponsal de la radio y televisión italianas fue vigilado de cerca por haber prestado servicio en Moscú y haber tenido contacto «con el periodista soviético Victor Louis considerado como un agente importante del KGB». Sólo cinco días antes de la muerte de Franco, hubo una nota informativa interna en la cual se expresaba preocupación sobre «los contactos de los corresponsales extranjeros de prensa con las organizaciones subversivas y militantes de comunismo ortodoxo». El Ministerio miraba también con recelo los contactos con representantes de los partidos y sindicatos ilegales y confisco las credenciales a William Chislett tras haber asistido a la primera rueda de prensa del PCE tras su legalizacion, en abril de 1977.
La prensa extranjera podía ser utilizada como medida de presión sobre el Gobierno, como explica Paul Preston23 a propósito de una reunión del Comité Central en Roma, el 28 de julio de 1976, que tuvo gran eco informativo y reveló por primera vez que un número significativo de intelectuales y líderes obreros eran comunistas. Santiago Carrillo advirtió por intermediarios al recién nombrado presidente Suárez que, si no se le concedía el pasaporte, celebraría una conferencia de prensa en Madrid con participación de Oriana Fallaci, Marcel Niedergang y otros corresponsales extranjeros influyentes.
El Ministerio de Información y Turismo tenía constancia de la estrecha colaboración entre jóvenes periodistas españoles y sus colegas extranjeros, como se observa en una nota interna:24
Varios de los servicios relacionados con esta oficina tienen la convicción de que la mayor parte de las noticias y comentarios hostiles al Régimen español o falsamente sensacionalistas en todo caso proceden de un pequeño grupo de periodistas españoles muy jóvenes que se encuentran al servicio de las agencias extranjeras en Madrid y que representan en términos generales lo mas radical del periodismo español. Estos jóvenes periodistas frecuentan los pasillos de las Cortes, clubs y restaurantes de moda y en su afán de hacer méritos por la vía sensacionalista son el mejor vehículo de difusión de bulos y rumores puestos interesadamente en circulación por las camarillas políticas de Madrid.
El presidente de la agencia Europa Press, José Mario Armero,25 ha dejado constancia de la relación intensa que los periodistas extranjeros tuvieron con las personalidades de la oposición.
Los conocían a todos. A través de los corresponsales se pudieron tener más contactos y más informaciones de lo que se avecinaba que a través de los propios españoles (...) En los años durante los que se prolongó la transición política, los corresponsales manejaban mucha información y muchos políticos recurrían a ellos.
El Gobierno trataba también de utilizar la prensa extranjera para proyectar una imagen positiva hacia el exterior, como explican en sus memorias Manuel Fraga, José María de Areilza y Alfonso Osorio, ministros de Gobernación, Asuntos Exteriores y Presidencia en el primer Gobierno de la Monarquía.26 Rodolfo Martín Villa,27 ministro de Relaciones Sindicales en el mismo el Gobierno Arias, ha reconocido que «en aquellos días era clásico que las declaraciones primerizas y más espectaculares acerca de las intenciones políticas del Gobierno se publicaran en la prensa extranjera». El presidente Carlos Arias fue el primero: anunció en Newsweek, el 5 de enero de 1976, propósitos de reforma que no anunciaría ante las Cortes hasta el 28 del mismo mes. En un editorial, ABC28 reclamó para la prensa española la primacía de cualquier anuncio del Gobierno. Volvió a quejarse cuatro semanas después, tras unas declaraciones de Manuel Fraga en The Times, al día siguiente del discurso de Arias, proporcionando mayor concreción sobre la reforma del régimen que el propio presidente del Gobierno. ABC29 comentó, de forma lacónica, que era «ridículo» que los extranjeros supieran lo que estaba pasando en España antes de que lo hicieran los españoles.
Aparte de los incidentes ya citados de la prensa extranjera con el Gobierno y la policía y otros que aparecerán en el relato de este libro, también hay indicios de incomodidad por parte del rey. Es el caso del corresponsal Harold Sieve, relevado por The Daily Telegraph en una fecha tan temprana como marzo de 1976, tras una carta acusatoria del duque de Wellington, tal como queda registrado en las páginas del diario y aparece en el relato del segundo capítulo de este libro. Es también el caso de Henry Giniger y Miguel Acoca, de cuya cobertura para The New York Times y The Washington Post se quejó Juan Carlos al embajador de los Estados Unidos, Wells Stabler, durante los preparativos de su visita a los Estados Unidos en la primavera del mismo año.30
LA MIRADA DE LA PRENSA EXTRANJERA
Los corresponsales extranjeros jugaron un papel muy destacado, a la vista del estudio de la cobertura llevada a cabo por los principales diarios de Francia, Italia, República Federal de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. Noticias muy frecuentes –diarias en algunos casos, dos o tres veces a la semana, como media–, artículos de opinión y editoriales publicados en los trece diarios estudiados que suma un total de diez mil entradas en la base de datos de la investigación. Una cobertura continua, regular, intensa, completa y personalizada, llevada a cabo por medio centenar de corresponsales y enviados, que revela un apoyo crítico al proceso de tránsito de la dictadura a la democracia a través de la monarquía impuesta por Franco. Apoyo al cambio, comprensión de las dificultades y denuncia de los obstáculos.
Este libro ofrece un relato coral de la Transición a través de los diarios que la siguieron con mayor intensidad, como órganos principales de los países más interesados en el futuro de España: Le Monde y Le Figaro (Francia), Corriere della Sera, La Stampa y La Repubblica (Italia), Frankfurter Allgemeine Zeitung y Suddeutsche Zeitung (República Federal de Alemania), The Daily Telegraph, The Times, The Guardian y Financial Times (Reino Unido) y The New York Times y The Washington Post (Estados Unidos). Los diarios alemanes y The Times son los que realizan una cobertura más intensa, con más de mil entradas en la base de datos de la investigación, seguidos de Le Monde, los otros británicos, Corriere della Sera, The New York Times y La Repubblica, por encima de las seiscientas y los demás por debajo de esta cifra.
El libro se basa en el proyecto de investigación ya citado, cuyos resultados generales han sido publicados en un capítulo del libro El periodismo en las transiciones políticas,31 al que se incorpora una investigación sobre los diarios alemanes.32 Se ha estudiado la cobertura de cada uno de los diarios, se han seleccionado los textos más significativos y propuesto las citas para el relato general, escrito por Jaume Guillamet. Ruth Rodríguez-Martínez ha hecho las aportaciones sobre Francia, Francesc Salgado sobre Italia, Tobias Reckling sobre la República Federal Alemana, el mismo Guillamet sobre Reino Unido, Marcel Mauri sobre Estados Unidos y Christopher Tulloch sobre los corresponsales. Todos los autores han contribuido a la revisión del texto definitivo.
El relato comprende el período que va desde la muerte de Franco y la posterior proclamación del rey Juan Carlos, los días 20 y 22 de noviembre de 1975, hasta la aprobación en referéndum de la Constitución, el 6 de diciembre de 1978. A partir de esa fecha, en que se completa el cambio de régimen, la cobertura de la prensa extranjera decrece notablemente. A pesar de ello, queda establecida una mayor presencia de corresponsales estables que en cualquier otra época anterior. España y Portugal han dejado de ser «los dos degenerados morales» de Europa Occidental, como los había definido The Guardian.33 La actualidad informativa de la península ibérica requiere la atención debida a dos próximos miembros de la CEE y de la OTAN.
Por tradición, proximidad e influencia lingüística, la prensa francesa era aún la más influyente en la vida política y cultural española. El centenario y conservador Le Figaro, adquirido recientemente por Robert Hersant, había mantenido una actitud poco crítica con la dictadura franquista. Tenía una difusión aproximada de 350.000 ejemplares. Jacques Guillemé-Brûlon, que desde 1963 había viajado regularmente a Madrid, fue substituido tras su jubilación, por la joven Anne-Marie Romero, hija de un general republicano exiliado, que se inició así en el periodismo y viajó a España una semana cada mes a partir de otoño de 1976. La firma del veterano corresponsal continuará presente, junto a otros ocasionales comentaristas desde París.
El diario de centro-izquierda Le Monde –unos 420.000 ejemplares– contaba con un corresponsal local, José Antonio Novais, también desde 1963, que se convirtió muy pronto en la principal referencia crítica de la dictadura en la prensa internacional. Creado por el general De Gaulle en 1944, como continuación del diario diplomático Le Temps, tenía la particularidad de pertenecer una sociedad de redactores y su cobertura fue poco complaciente con el régimen español. Desde la muerte de Franco hasta las primeras elecciones, la corresponsalía fue desempeñada principalmente por Marcel Niedergang, a quien substituyó tras las elecciones Charles Vanhecke, con el apoyo de Phillipe Labreveux.
Los dos principales rotativos italianos, Corriere della Sera de Milán y La Stampa de Turín, centenarios y de orientación liberal, estuvieron marcados por el peso de la izquierda en la política italiana de estos años. En enero de 1976, se les unió desde Roma La Repubblica, orientado claramente a la izquierda. Su cobertura de la Transición fue flexible, por medio de enviados especiales, excepto Corriere della Sera –unos 500.000 ejemplares– que desde 1973, tuvo permanentemente a Paolo Bugialli destinado en Madrid. La Stampa –unos 360.000 ejemplares–, perteneciente a la familia Agnelli de Fiat, envió periódicamente a Mimmo Candito. El recién nacido La Repubblica –que se proponía alcanzar en tres años unos 150.000 ejemplares– envió en varias ocasiones a Edgardo Bartoli y Sandro Viola, mientras que Saverio Tutino permaneció en Madrid de noviembre de 1976 a junio de 1977. Este diario contó también con la colaboración de José Antonio Novais.
Aunque es un hecho menos conocido por la distancia lingüística, la prensa alemana dedicó mucha atención al proceso de cambio en España, de manera que en abril de 1977, un año y medio después de la muerte del anterior Jefe del Estado, casi una cuarta parte de los 132 corresponsales oficialmente acreditados en Madrid eran alemanes. Los dos diarios estudiados, nacidos ambos tras la segunda Guerra Mundial en Frankfurt y Munich respectivamente, contaron con corresponsales estables en Madrid durante todo el período. El conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung –unos 286.000 ejemplares–tenía a Walter Haubrich, desde 1968, y contó con el refuerzo ocasional de Eckhart Kauntz. Desde Frankfurt el editor internacional e hispanista Robert Held se ocupó a menudo de la actualidad española. El diario de centroizquierda Süddeutsche Zeitung –unos 292.000 ejemplares– tenía también desde hacía algunos años en Madrid a Friedrich Kassebeerg, y envió a Hans Ulrich Kempski para entrevistar a Suárez en abril de 1977.
Los cuatro grandes y centenarios diarios británicos dieron a su público una cobertura intensa y regular de la Transición. El bicentenario The Times que en esos años mantiene una línea liberal conservadora y europeísta –entre 300.000 y 350.000 ejemplares– nombró como segundo ‘stringer’ al joven William Chislett, junto al veterano Harry Debelius. Ocasionalmente, les reforzaron Richard Wigg, desde París, y Edward Mortimer, desde Londres. El conservador The Daily Telegraph y rotativo de mayor difusión –entre 1.300.000 y 1.500.000 ejemplares– substituyó en abril de 1976 a Harold Sieve por Frank Taylor, al que reforzaron más tarde Tim Brown y Tony Allen-Mills. El liberal y pro-laborista The Guardian –entre 280.000 y 390.000 ejemplares–, mandó como corresponsal estable a John Hooper, junto al veterano Bill Cemlyn-Jones, y contaron con el refuerzo ocasional de Walter Schwarz, desde París, y Richard Gott y Mark-Arnold Foster, desde Londres, además de un corresponsal local en Barcelona, Robert McCloughlin, hasta junio de 1977. El económico Financial Times –entre 175.000 y 200.000 ejemplares– hizo una cobertura política intensa, con Roger Mathews como corresponsal estable hasta junio de 1977, substituido temporalmente por Diana Smith y Jimmy Burns desde Lisboa, hasta la llegada de Robert Graham, al que reforzó más tarde David Gardner.
La cobertura de los dos grandes diarios estadounidenses fue menos regular y exhaustiva que la de los europeos. El centenario y liberal The New York Times – 1.100.000 ejemplares–, que no tenía a nadie destinado en España hasta 1975, envió primero a Henry Giniger, al que substituirá en verano de 1977 James M. Markham, con la asistencia inicial de Flora Lewis desde París y el refuerzo ocasional de Henry Kamm. Desde Nueva York, contribuirá con sus comentarios C. L. Sulzberger, que hace una visita a España el verano de 1976. The Washington Post –800.000 ejemplares–, antiguo diario local ascendido a primer nivel en 1974 con los casos de los Papeles del Pentágono y Watergate, había contado con la cobertura anterior del stringer panameño Miguel Acoca, al que refuerza Jim Hoagland hasta el verano de 1977. A partir de esta fecha, el diario usará también correspondencias de Stanley Meisler para Los Angeles Times, que aparecen también en ocasiones en The Guardian.
Estos son los corresponsales y enviados que cubren con regularidad el proceso político español, pero el relato utiliza citas de otros, así como de articulistas de los diversos diarios que suman los 46 que figuran en la relación ofrecida al final del libro. Hay asimismo citas de otros 58 periodistas y articulistas que se ocupan en algún momento de la Transición desde otras corresponsalías o las sedes centrales de los diarios estudiados, relacionados también en el mencionado índice. A esos 104 firmantes corresponde el total de un millar piezas periodísticas citadas en 979 notas a pies de página. La desigual publicación de artículos editoriales, de acuerdo con las tradiciones periodísticas de cada país, otorga un mayor relieve a los cuatro diarios británicos, Le Monde y The New York Times, que aportan al relato un elevado número de editoriales que representan la opinión corporativa.
«Las sombras de la Transición». El título de este libro está inspirado en el del editorial de The Guardian del 8 de diciembre de 1978: «the shadows that remain», las sombras que permanecen tras el referéndum de la Constitución. El relato internacional de la Transición es un claroscuro permanente de avances y obstáculos, ante el que corresponsales y editorialistas apoyan cualquier paso adelante, a la vez que denuncian errores e insuficiencias, incluídos los de la propia Constitución.
El propósito de los autores es presentar el apoyo crítico de los grandes periódicos de Europa y Estados Unidos al cambio político español a través de un relato cronológico estrictamente documental que ponga en valor como testimonio histórico la intensa cobertura de sus corresponsales. Sus crónicas, artículos y editoriales informaron a la opinión pública y a los gobiernos de los principales países, a la vez que indicaban al Gobierno y las fuerzas políticas y sociales españoles como sus actos eran percibidos en la comunidad de países democráticos a los que España quería incorporarse. Los autores hemos evitado, en lo posible, la aportación de elementos interpretativos, excepto los estrictamente imprescindibles para la ordenación y comprensión de los hechos y las opiniones en lo que pretende ser una crónica histórica y documental de la Transición a través de la mirada exterior.
1 Entrevista con Tom Burns, Madrid, mayo de 2010.
2 Carlos Elordi, «Paolo Bugialli, corresponsal del Corriere della Sera en España», El País, 18 de noviembre de 1999.
3 Archivo General de la Administración: «Negociado de acreditación de corresponsales extranjeros» de la Dirección General de Régimen Jurídico de la Prensa, Sección de Prensa Extranjera. AGA-MIT, 42/09051, 2.
4 José Mario Armero, España fue noticia: corresponsales extranjeros en la guerra civil, Madrid, Sedmay, 1976.
5 Miguel Angel Aguilar, «Harry Debelius, periodista», El País, Madrid, 20 de febrero de 2007. A su vez, Aguilar fue corresponsal en Madrid del diario La Libre Belgique de Bruselas.
6 «William Cemlyn-Jones, periodista», El País, 24 de mayo de 1986.
7 D.V. «Jacques Guillemé-Brûlon», ABC, 6 de septiembre de 2001.
8 Hugh Thomas, La Guerra Civil española, I, Barcelona, Grijalbo, p. 401.
9 Phillip Knightley, The First Casualty. The War Correspondent as hero and myth-maker, from the Crimea to Kosovo, Londres, Prion, 1975 ampliado en 2001; versión en español Corresponsales de guerra, Barcelona, Euros, 1978; Carlos García de Santa Cecilia (ed.), Corresponsales en la Guerra de España, Madrid, Instituto Cervantes y Fundación Pablo Iglesias, 2006; Paul Preston, We Saw Spain Die, Londres, Constable and Robinson, 2008. Versión en español Idealistas bajo las balas, historias de la guerra civil, Barcelona, 2007; y en catalán, Idealistes sota les bales, històries de la guerra civil, Barcelona, Columna, 2007.
10 «Noticias Internacionales de España. La Transición, 1975-1978. La percepción exterior de la política española a través de la prensa internacional», Plan Nacional I+D+I, Ministerio de Ciencia e Innovación, CSO 2009-09655, investigador principal Jaume Guillamet, Universitat Pompeu Fabra.
11 Philip Knightley. The First Casualty, Londres, Prion, 2001, pp. 207-235.
12 Ricardo Zugasti, La forja de una complicidad. Monarquía y prensa en la transición española (1975-1978), Madrid, Fragua, 2007.
13 William Chislett, La prensa extranjera durante la Transición Española. 1974-1978, Madrid, Fundación Transición Española, 2011.
14 Walter Haubrich, «La Transición Española en la Prensa Alemana. El caso de Frankfurter Allgemeine», en Rafael Quirosa-Cheyrouze y Muñoz (ed.), Prensa y Democracia: Los Medios de Comunicación en la Transición, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 2009, pp. 297-306.
15 Paul Preston, Juan Carlos. El rey de un pueblo, Barcelona, Plaza y Janés, 2003, pp. 176, 215, 225 y 238.
16 AAVV, L’abat Escarré i les declaracions a Le Monde, 14-11-1963, Barcelona, Associació de Periodistes Europeus de Catalunya, 2013.
17 Javier Figuero, «Testigos de un cambio», El País Semanal, 21 de febrero de 1988, pp. 38-44.
18 AGA-MIT, 42./09043, 4.
19 AGA-MIT, 42/0943, 3.
20 AGA-MIT, 42/9052, 12.
21 AGA-MIT, 42/9032, 3.
22 AGA-MIT, 42/09030, 8.
23 Paul Preston, El triunfo de la democracia en España 1969-1982, Barcelona, Plaza & Janés, 1986, p. 120.
24 AGA-MIT, 42/9051, 5.
25 «El CIub Internacional de Prensa y la Transición Española». www.clubinterprensa.org.
26 José María de Areilza, Diario de un ministro de la monarquía, Barcelona, Planeta, 1977; Manuel Fraga Iribarne, En busca del tiempo servido, Barcelona, Planeta, 1987; Alfonso Osorio, Trayectoria de un ministro de la Corona, Barcelona, Editorial Planeta, 1980.
27 Rodolfo Martín Villa, Al servicio del Estado, Barcelona, Planeta, 1984, p. 18.
28 «Información hacia dentro», ABC, 13 de enero de 1976.
29 «Aquí, en España», ABC, 31 de enero de 1976.
30 Misael López Zapico, El tardofranquismo contemplado a través del periódico The New York Times, Gijón, CICEES, 2010, p. 9.
31 Jaume Guillamet, Marcel Mauri, Ruth Rodríguez-Martínez, Francesc Salgado y Christopher Tulloch, «La Transición española en la prensa europea y norteamericana. Cuatro miradas: Francia, Italia, Reino Unido y EEUU (1975-1978)», en Jaume Guillamet y Francesc Salgado (eds.), El periodismo en las transiciones políticas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2014, pp. 111-136. Véase también Jaume Guillamet (ed.), Marcel Mauri, Ruth Rodríguez-Martínez, Francesc Salgado y Christopher Tulloch, El desafiament català. Un relat internacional de la Transició, Barcelona, L’Avenç, 2014.
32 Aportación de Tobias Reckling, durante sus estudios de doctorado en la Universidad de Portsmouth. Ver también Tobias Reckling, «Entre la dictadura y la democracia. La muerte de Franco y las primeras elecciones democráticas de 1977 vistas desde Alemania», en Jaume Guillamet y Francesc Salgado (eds.), El periodismo en las transiciones políticas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2014, pp. 137-144.
33 «The evolution in Iberia», The Guardian, 20 de julio de 1974.
I. ADIÓS ADELANTADO A FRANCO
A mediados de 1974, hay preocupación en el exterior ante la avanzada edad del jefe del Estado español y su resistencia a facilitar la apertura política del régimen. El 20 de diciembre de 1973, la organización terrorista vasca ETA había asesinado, en pleno centro de Madrid, al almirante Luis Carrero Blanco. Era el hombre de máxima confianza del Caudillo, en quien había delegado en junio el cargo de presidente del Gobierno, por primera vez desde el final de la Guerra Civil. Tenía 69 años. Franco acababa de cumplir 81.
El 12 de febrero de 1974, el nuevo presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, presentó un programa muy tímido de apertura política, basado en la autorización de asociaciones políticas dentro del Movimiento Nacional, que pronto entró en vía muerta. El 2 de marzo fueron ejecutadas dos penas capitales en las cárceles de Barcelona y Tarragona. La primera contra el joven anarquista Salvador Puig Antich, del Movimiento Ibérico de Liberación, condenado por la muerte del subinspector de policía Francisco Anguas Barragán, y la segunda contra el súbdito polaco Heinz Chez, condenado por la muerte del guardia civil Antonio Torralbo en un delito común. El 25 de abril, la súbita revolución militar desatada en Portugal, escorada hacia la izquierda, producía un fuerte impacto en España.
Tres días más tarde, el veterano ex ministro falangista José Antonio Girón de Velasco publicó en el diario oficial Arriba un artículo contra el Gobierno y, en particular, el ministro de Información y Turismo, Pío Cabanillas. Sin haber informado al ministro secretario general del Movimiento, José Utrera Molina, de quien dependía, el diario se distribuyó ese día antes de hacer el depósito previo preceptivo de diez ejemplares ante el Ministerio de Información y Turismo.
Girón criticaba duramente a la prensa y denunciaba la facilidad con que llegan a los quioscos
periódicos extranjeros donde se ridiculiza la figura insigne y respetable de Francisco Franco o donde se ofende al Régimen del 18 de julio de 1936 o donde se trata de establecer homologaciones o sistemas comparativos entre situaciones políticas que nos son resueltamente ajenas.
Con la publicación de ese articulo conocido como «el gironazo» y la creación de la Confederación Nacional de Excombatientes de la Guerra Civil, el 17 de noviembre, bajo la presidencia del propio Girón, toma carta de naturaleza pública el llamado «búnker», un sector de la administración franquista opuesto a cualquier evolución del régimen.
En julio, la flebitis que afecta a Franco y obliga a su hospitalización, dispara todas las alarmas. El día 19, el príncipe Juan Carlos de Borbón se hace cargo temporalmente de las funciones de Jefe del Estado. Había sido nombrado sucesor por las Cortes cinco años antes, el 22 de julio de 1969. En un contexto de inestabilidad política en el sur de Europa y el Mediterráneo, el desenlace de la crisis española adquiere gran importancia. A la revolución portuguesa, se suman la caída reciente de la monarquía en Grecia y elementos de tensión en Turquía, Yugoslavia y Checoslovaquia. En este momento la prensa internacional gira su mirada sobre España y llegan los primeros enviados.
Se descarta pronto la comparación con Portugal, desde donde algunos enviados internacionales se ocupan también de España. La prensa británica quisiera ver la retirada de Franco en lo que sólo es una delegación temporal del poder en manos del titulado Príncipe de España –no Príncipe de Asturias, como correspondería a la legitimidad dinástica. Se publican artículos biográficos sobre ambos jerarcas, especialmente en el conservador The Daily Telegraph, a cargo de Harold Sieve,1 enviado meses atrás a Madrid como corresponsal. El veterano Paolo Bugialli2 prepara a los lectores de Corriere della Sera para el inminente deceso y una «restauración monárquica» que el Frankfurter Allgemeine Zeitung3 describe como «el mayor experimento monárquico del final del siglo XX». Su corresponsal Walter Haubrich4 ironiza sobre la legitimación divina atribuida al poder de Franco y el carácter casi subversivo que han tenido siempre las noticias sobre su salud.
Desde Londres, el régimen de Franco es condenado por los dos extremos del arco ideológico. The Guardian,5 liberal de izquierdas, habla de España como el último de «los dos degenerados morales del club europeo». Tras la caída de la dictadura portuguesa, es la última que queda en la Europa no comunista, subraya The Daily Telegraph.6 Hay un interés general por el establecimiento de un régimen democrático. El conservador liberal The Times7 ve la necesidad de tender una mano abierta por parte de la Comunidad Económica Europea, ya que sería inconcebible que todo siguiera igual tras la muerte de Franco. Las diferencias con lo sucedido en Portugal son claras, gracias a la mayor prosperidad española, anota Ian Davidson8 en Financial Times.
Marcel Niedergang,9 experto en temas españoles de Le Monde, ve pocas esperanzas de apertura en Arias Navarro, aunque trata de hallarlas en las primeras palabras de Juan Carlos, que quiere ser el rey de todos los españoles y rechazar el odio del pasado. Friedrich Kassebeer,10 en Süddeutsche Zeitung, se refiere cautelosamente a las posibles «inclinaciones políticas liberales» del príncipe.
El fantasma de la Guerra Civil reaparece en todos los periódicos, ante el temor de una continuación de la dictadura. The Times confía en que el ejército sea una influencia positiva en la sombra, moderada por el recuerdo de los horrores de la guerra. Lo evoca también The New York Times.11 A pesar de la baja intensidad de la mirada estadounidense sobre España, vaticina un final de dictadura traumático si coincide con una crisis económica y los disturbios sociales que puede conllevar. La prensa norteamericana no entra en valoraciones sobre la dictadura franquista, sino que destaca las buenas relaciones entre gobiernos. El secretario de Estado Henry Kissinger ha visitado Madrid, el 9 de julio, para la firma de una declaración de principios en materia de defensa, como paso previo a la renovación del acuerdo sobre las bases militares firmado en 1953. Niedergang12 especula sobre una futura entrada de España en la OTAN, por esa estrecha colaboración.
La principal preocupación es el vacío de poder, como señala Harold Sieve,13 pensando en las oportunidades de desestabilización que ofrecen la crisis económica y el malestar laboral y político. El retraso, incluso, de la leve liberalización prometida por Arias hace que aumente la incertidumbre sobre la escena española. James MacManus,14 enviado de The Guardian, presenta al jefe de Gobierno como un político vacilante ante el viento que sopla. Se ve en peligro la posibilidad de una transición suave. The Times se fija en el crecimiento de la oposición, con un partido comunista fuerte, grupos separatistas en Cataluña, Galicia y las provincias vascas y una extrema derecha al acecho. No se da por seguro que las disposiciones legales permitan gestionar bien la sucesión de Franco. Davidson destaca las tensiones entre los trabajadores y la derecha, los separatistas del País Vasco y el Gobierno, la Iglesia católica y el Estado y el contraste entre una Iglesia abierta y un ejército conservador.
Este es el nudo político que ahoga al país y que deberá desatar el príncipe, cuya fuerza «es muy relativa», señala Paolo Bugialli.15 Tiene al frente una extrema derecha que pretende volver al pasado y mantener «la bandera de 1936». Preocupa la capacidad de un príncipe «construido para convertirse en el sucesor del Caudillo», desconocido aún por los españoles. Le vieron presidir en solitario los funerales de Carrero Blanco, caminando solo tras el ataúd, mientras el cortejo fúnebre recorría buena parte del Paseo de la Castellana de Madrid. Franco no asistió, «oficialmente por un resfriado, en realidad porque se temía otro atentado con bomba». El príncipe aparece como una figura un poco inadecuada, que necesita al ejército por el poco apoyo que tiene en el régimen y por el rechazo de la oposición. Procura no decir nada comprometido, evitar un paso en falso, escribe el también veterano Harry Debelius16 en The Times.
Es un príncipe sin poder real, que se ha resistido a substituir a Franco para no ser asociado en demasía al pasado, añade Sieve. Un príncipe con poder nominal, ante el que el pueblo español parece indiferente, dice Mac-Manus, un príncipe que viste ropas prestadas y debe esconder sus planes hasta la muerte o la retirada de Franco. Davidson se pregunta si la prudencia y habilidad para hacer amigos, sus únicos talentos conocidos, le bastarán para conducir una transición suave. En su momento, Juan Carlos deberá decidir a quién escucha, en un vacío donde operan sindicatos y partidos prohibidos sin que se pueda saber qué fuerza tienen, escribe Bugialli.
Un príncipe cuya designación como sucesor pasó por encima de su padre, explica Henry Giniger17 a los lectores de The New York Times. La delicada relación de Juan Carlos con Juan de Borbón –considerado como un auténtico antifranquista– no ayuda a mejorar la imagen que de él tienen muchos españoles. En el mismo diario, Israel Shenker18 lo ve como «una figura simple y melancólica, con poco carácter y sin ingenio». Cuando preside su primer Consejo de Ministros, el 9 de agosto, en The New York Times19 se deja entrever que el príncipe puede estar dispuesto a cambiar el rumbo de España y llevarla hacia la democracia, aun destacando que carece de los instrumentos necesarios para ello. En la escasa atención que presta a la crisis española, The Washington Post20 muestra confianza hacia Juan Carlos y habla del clamor de los españoles para que Franco ceda el poder con la certeza que el príncipe llevará a la libertad.
Giniger21 se pregunta si Franco está capacitado para gobernar aun en el caso de su recuperación. Sin despejar esa duda, la recuperación del poder por el Caudillo, el día 2 de septiembre, se ve como un retraso y un obstáculo que puede hacer crujir la transición. El proceso político podría ser más calmado y con menor presión con el príncipe en el poder y Franco retirado, coinciden The Daily Telegraph y The Guardian. Al evidenciarse la recuperación clínica, Le Monde22 había recogido una afirmación del dirigente comunista Santiago Carrillo: Franco ya está muerto, aunque esté físicamente vivo. Durante más de un año, los corresponsales deberán ocuparse aún de su resistencia a la muerte y al abandono del poder.
Después de esta primera enfermedad de Franco, hay una atención sostenida de la prensa internacional por la actualidad española. El 30 de julio se había presentado en París la Junta Democrática de España, auspiciada por el Partido Comunista de España, Partido del Trabajo de España –cambio de nombre del Partido Comunista de España (Internacional), creado en 1967–, Partido Socialista Popular promovida por Enrique Tierno Galván, Alianza Socialista de Andalucía promovida por Alejandro Rojas Marcos, Comisiones Obreras, Partido Carlista presidido por el aspirante al trono Carlos Hugo de Borbón-Parma e independientes como Rafael Calvo Serer, editor del suspendido diario Madrid, y el abogado Antonio García Trevijano. El 1 de setiembre, se constituye en Barcelona la Unión Militar Democrática. El día 11, Arias reafirma su propósito de apertura política, el mismo día que el Partido Socialista Obrero Español inicia un congreso en Suresnes, cerca de París, donde elige secretario general al joven abogado sevillano Felipe González.
El día 13 se produce un atentado de ETA contra la cafetería Rolando de Madrid, junto a la Puerta del Sol y a la Dirección General de Seguridad, con el resultado de casi un centenar de víctimas, 13 de ellas mortales: Antonio Alonso Palacín, mecánico, y su esposa María Jesús Arcos Tirado, telefonista; Francisca Baeza Alarcón, maestra; Baldomero Barral Fernández, panadero, y su esposa María Josefina Pérez Martínez; Antonio Lobo Aguado, ferroviario; Luis Martínez Marín, agente comercial; Concepción Pérez Paíno, administrativa; María Ángeles Rey Martínez, estudiante; Gerardo García Pérez; Francisco Gómez Vaquero, cocinero de la cafetería; Manuel Llanos Gancedo, camarero de la cafetería; y Félix Ayuso Pinel, inspector de policía.
Es la primera vez que se produce un atentado terrorista indiscriminado tras el que ETA se escindirá en ETA militar y ETA político-militar, aunque no lo asume en seguida y acusa a la extrema derecha y las tramas negras internacionales. La petición al Gobierno francés de mayor rigor en el control fron-terizo de los revolucionarios vascos, es vista por el veterano corresponsal de Le Monde, José Antonio Novais,23 como una expresión más del aislamiento de España. La revista Fuerza Nueva ataca a Arias y responsabiliza al Gobierno de los muertos.
El 28 de octubre, se produce una crisis de Gobierno, con el cese de Pío Cabanillas y la dimisión solidaria del ministro de Hacienda Antonio Barrera de Irimo. Se suman a ellos otros cargos de segundo y tercer nivel como Francisco Fernández Ordoñez, Marcelino Oreja, Ricardo de la Cierva, Juan José Rosón, Juan Luis Cebrián, Miguel Boyer y Carlos Solchaga. Pese a todo, Arias es atacado por los ultras en la conmemoración del asesinato de Carrero. Cuatro meses después, el 20 de febrero de 1975, el presidente del Gobierno aprovecha la dimisión del ministro de Trabajo, Linicio de la Fuente, para cambiar a otros cinco ministros, entre los cuales Utrera, substituido como titular de la Secretaría General del Movimiento, por Fernando Herrero Tejedor.
En una rueda de prensa en TVE, el 26 de febrero, el presidente del Gobierno evoca la presencia vigilante de Franco con la «lucecita del Pardo» siempre encendida en su despacho. Se muestra firme en la represión de protestas, huelgas y conflictos crecientes, sobre todo en el País Vasco, donde se declara el estado de excepción por tres meses, a partir del 25 de abril. El 11 de junio se constituye la Plataforma de Convergencia Democrática, auspiciada por el PSOE, UGT, Partido Nacionalista Vasco, Izquierda Democrática, promovida por Joaquín Ruiz Jiménez, Unió Democràtica del País Valencià, demócrata-cristiana, Partido Gallego Social Demócrata, Unión Social Demócrata, Movimiento Comunista de España y Partido Carlista, que ha abandonado la Junta Democrática.
Tres días más tarde, Juan de Borbón defiende la monarquía constitucional en un discurso, tras el que se prohíbe su entrada en España. El día 24, Arias hace un discurso defensivo en las Cortes. En las semanas siguientes son detenidos nueve oficiales del ejército de Tierra y uno del Aire por su pertenencia a la clandestina Unión Militar Democrática. El 22 de agosto, se dicta un decreto ley antiterrorista, que endurece más la legislación y motiva el primer comunicado conjunto de los organismos de oposición.
EL GENERAL FRANCO CIERRA EL CAMINO
Se anuncia para los últimos días de agosto y primeros de setiembre de 1975 la celebración de cuatro juicios militares sumarísimos contra miembros de FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) y ETA (Euskadi Ta Askatasuna, traducible del euskera por Euskadi y Libertad) –rama Político-Militar–, acusados del asesinato de varios policías y guardias civiles. La atención de la prensa internacional se refuerza con el desplazamiento de nuevos enviados que se suman a los corresponsales ya instalados en Madrid.
Tras el consejo de guerra del 28 de agosto en Burgos, son condenados a la pena capital José Antonio Garmendia Artola y Angel Otaegui Etxeberría de ETA, acusados de la muerte del guardia civil Gregorio Posadas Zurrón, en Azpeitia. Tras el consejo de guerra del 19 de septiembre en Barcelona, es condenado a la pena capital Juan Paredes Manot, Txiqui, también de ETA, acusado de la muerte del policía armada Ovidio Díaz López en Barcelona. Tras el consejo de guerra de 11 y 12 de septiembre en Madrid son condenados a la pena capital Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar y José Humberto Baena Alonso del FRAP, acusados de la muerte del policía armada Lucio Rodríguez en Madrid. Tras otro consejo de guerra celebrado el 18 de septiembre en Madrid son condenados a la pena capital Concepción Tristán López, María Jesús Dasca Pénelas, Manuel Cañaveras de Gracia, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez Bravo Sollas, todos del FRAP, acusados de la muerte del teniente de la Guardia Civil Antonio Pose Rodríguez en Carabanchel.
Las primeras condenas a muerte de dos jóvenes «separatistas vascos» desata la alarma. Sebastiano Grasso,24 en Corriere della Sera, teme que puedan convertirse «en un boomerang», cuando ya se llevan «25 muertes entre la policía y diversas organizaciones clandestinas en los últimos 19 meses, una pequeña guerra civil». Pensando en Portugal, habla incluso del riesgo de un enfrentamiento entre viejos y jóvenes oficiales del ejército. Ante la condena posterior de los tres miembros del FRAP el diario milanés25 destaca la inutilidad de un gesto que «no alarga la vida del régimen». Paolo Bugialli26 ve los procesos como una mera «apariencia de justicia», en realidad un acto de guerra que incluye la ejecución de dos mujeres embarazadas.
La vida de todos ellos depende de la voluntad de Franco, que ni tan sólo responde a una petición de clemencia y una llamada telefónica del papa Pablo VI.27 A pesar de las presiones internacionales, sólo conmuta la pena a seis de los once condenados, de forma que cinco personas serán ejecutadas el día 27 de septiembre, tres miembros del FRAP en Madrid y dos de ETA, uno en Barcelona y otro en Burgos. Corriere della Sera28 habla de la «vivencia medieval» de los ocho días que se ha esperado la clemencia frente a la «extrema locura de un tirano». De una «venganza personal», de una demostración de fuerza sin parangón en el mundo, una incomprensible exhibición de arbitrariedad. Pablo VI condena tanto el terrorismo como la represión franquista en su alocución dominical a los fieles en la plaza de San Pedro.29
Franco es «el tirano más aislado de nuestro tiempo», escribe en un editorial el principal diario de Italia,30 un dirigente que puede matar y matará todavía más porque «tiene la necesidad de mantener el terror», y reprocha el apoyo solitario de los Estados Unidos al «más largo régimen fascista de Europa». Buglialli31 recuerda que desde los lejanos días la Guerra Civil Francisco Franco no había eliminado a cinco «adversarios políticos» en un solo día. Los pelotones de fusilamiento estaban formados por policías nacionales y guardias civiles voluntarios, el brazo armado del sistema político, no por militares. Los países de la CEE, entre otros diecisiete, retiran a los embajadores en Madrid, en una verdadera crisis entre España y el mundo occidental. Franco retira el suyo ante la Santa Sede en protesta por las palabras de condena de Pablo VI desde el balcón del Vaticano. «Si el régimen no cambia, el postfranquismo llevará al enfrentamiento», escribe Michele Tito.32
El aislamiento del régimen de Franco se percibe en toda la prensa internacional, incluso en Estados Unidos, cuyo Gobierno no toma represalia diplomática alguna. Jean Martin Chauffier,33 en el diario conservador francés Le Figaro, critica la ley antiterrorista española, que no da posibilidad para la defensa. El escritor Jean d’Ormesson34 reclama que se implante la democracia en España, país europeo y vecino. Novais35 habla de la «represión loca» de Franco, que intenta mantenerse en el poder contra viento y marea, que se niega a envejecer en una España donde no habla la voz de la justicia sino la voz de la venganza. El terrorismo, añade, es fruto de la desesperanza de una generación que no ha conocido la guerra pero sí sus consecuencias.
Le Monde36 no duda en describir al franquismo como un régimen decadente al que sólo le mueve la voluntad fría de venganza y la cólera siniestra. Novais37 presenta con dureza el entorno franquista y la postura diplomática mantenida por ciertos gobiernos. Le Monde38 critica la postura adoptada por el presidente Valery Giscard d’Estaing, al que hace cómplice de Franco por no haber condenado su política, con su defensa de una política liberal interna que también lo es hacia el exterior.
La prensa francesa teme que España se aleje de Europa y se acerque más a Estados Unidos. A punto de firmar la renovación de las bases militares, Le Monde subraya la discreción de Washington ante la cuarentena aplicada por los gobiernos europeos. El filósofo Raymond Aron39 espera en Le Figaro que España se acerque a Europa y evolucione hacia el liberalismo.
Los dos grandes periódicos norteamericanos condenan rotundamente las ejecuciones de «una dictadura que ha perdido el control de la situación», pero sólo Henry Giniger40 critica a su Gobierno por seguir apoyando a España en interés de salvaguardar las bases militares en la península. El columnista William Safire41 lamenta el silencio de Kissinger, «que mira hacia otro lado» para salvaguardar los acuerdos militares con España. The New York Times42 denuncia esa obstinación como una forma de «apuntalar un régimen cada vez más represivo y una inaceptable reliquia del fascismo de la Segunda Guerra Mundial».
The Washington Post43 pone el acento en las protestas en Europa, que dejan al régimen de Franco en una situación de «profundo aislamiento». Desde París, Bernard Kaplan44 trata de entender la causa de que la reacción europea sea tan dura con Franco cuando no lo es con otros dictadores del mundo: el peso de la Guerra Civil española todavía es muy importante en la conciencia de una Europa que no se ha perdonado del todo haberse adaptado a la larga dictadura de Franco. Lo extraño no sería la posición de la administración Ford. Lo fuera de común es la actitud de los países europeos, marcada por sus traumas del pasado. Una visión que contrasta con la mirada irónica que el dibujante Herblock45 plasma en el mismo periódico: un Franco muy envejecido pregunta a un retrato de Hitler «¿Qué problema tiene la gente en estos días que se excitan por una cuantas ejecuciones?».
El retorno al clima de guerra civil está muy presente en la prensa británica, que no pasa por alto la evocación realizada por el propio Franco. A inicios de mes, en un encuentro con excombatientes, dijo que España encaraba peligros más graves que en 1936.46 Además de condenar las ejecuciones, los diarios británicos se fijan en las condiciones irregulares de los juicios militares previos. The Times47 tiene serias dudas de que los acusados hayan tenido «un juicio justo y plenamente correcto». The Daily Telegraph48 critica que se utilice el terrorismo para justificar la negación de las libertades y que no se cuestionen los juicios. Para The Guardian,49 se trata de un «acto de venganza salvaje» tras un juicio manifiestamente injusto, con el abogado de la defensa expulsado del tribunal y denuncias de confesiones obtenidas bajo tortura. Los juicios y procedimientos llevados a cabo en España no serían aceptables en otros países occidentales, insiste Financial Times,50 que denuncia que no haya habido detenciones por ningún ataque de la extrema derecha. La política de tolerancia del Gobierno con la violencia de la ultraderecha provoca la alarma de los moderados.
Franco debe pagar un precio por apartarse de los valores de la Europa occidental, estima The Times, de modo que los Estados Unidos no deberían renovar de momento el acuerdo sobre las bases militares. Las puertas de la CEE deben estar abiertas sólo a una España democrática, afirma también The Guardian.51 Ambos coinciden con Financial Times en sus reservas al boicot al turismo español propuesto por los sindicatos británicos y su líder Jack Jones, que fue miembro de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil. En cambio, a lo largo de tres editoriales sucesivos, The Daily Telegraph52 denuncia un gran montaje de la izquierda europea y de los comunistas, elogia la actitud de Estados Unidos y tacha de «gesto fútil» la retirada de embajadores y suspensión de las negociaciones por la CEE. Estima que sólo refuerzan el apoyo interior a Franco.
La crueldad del régimen español también es destacada por la prensa alemana por la falta de garantías jurídicas y el carácter represivo de un régimen que se vale de una «policía política incontrolada». Walter Haubrich53 habla de las medidas contra la prensa, como las dos suspensiones acumuladas por el semanario Triunfo desde el mes de abril, del ambiente coactivo e intimidatorio en que transcurrieron los consejos de guerra y de la represión policial violenta contra las protestas. Como The Daily Telegraph, el analista Robert Held54 advierte en Frankfurter Allgemeine Zeitung que la protesta contra los juicios debe evitar la justificación de los actos terroristas y compara ETA con el grupo alemán de extrema izquierda Baader-Meinhof. A su vez, Kassebeer55 advierte del peligro de mostrar comprensión por el régimen de Franco, ya que serán las únicas opiniones que deje reproducir la dictadura, con plena conciencia del impacto que tiene la prensa extranjera.
En conjunto, se considera que el crecimiento del terrorismo en España es una consecuencia de la falta de libertad y de la represión. Lo ven así The Times y The Guardian, porque los regímenes que suprimen toda manifestación de desacuerdo político llevan a la violencia, que suscita la simpatía hacia el terrorismo que lucha contra ellos. El terrorismo nacionalista –como el palestino o el vasco– puede ser objeto de «discusión de posibles soluciones políticas», recuerda The Times. Sin justificar la violencia, rechaza The Guardian56 la comparación de España con Irlanda del Norte, donde hay libertad de expresión. La diferencia entre el Reino Unido y España es la diferencia entre enviar un terrorista sospechoso a la cárcel o matarlo después de un juicio fraudulento.
La situación es grave. Es como si España hubiera resbalado 30 años atrás o más. Ahora que parecía que podía haber una transición pacífica y podría volver a ocupar «un lugar honorable» en Europa, señala The Daily Telegraph,57 crece el miedo a la polarización y a la violencia. El rotativo conservador y de mayor venta en Reino Unido ve nuevos desafíos en el discurso de Franco ante la concentración masiva en la plaza de Oriente de Madrid del día 1 de octubre, en la muerte de cuatro policías más, en los nuevos juicios sumarísimos que se esperan y en las nuevas ejecuciones que se pudieran producir. «Cada día que pasa, España se acerca más a la renovación de la guerra civil».
Lo temen también en sus artículos Edward Mortimer y Bernard Levin,58 así como el propio The Times59 en un editorial titulado «El general Franco cierra el camino»:
El escenario se pone gradualmente a punto para un régimen nuevo y violento de derechas, una violenta revolución de izquierda, o incluso para otra guerra civil entre los dos bandos.
También advierten de un final violento del régimen el corresponsal Roger Mathews y el propio Financial Times.60
La culpa de la violencia es de Franco, decía John Organ61 en The Times a finales de agosto, pidiendo su retirada. Levin habla del «gobierno brutal, corrupto e infinitamente miserable del general Franco». The Daily Telegraph ve una precipitación de los hechos causada por una «salvaje campaña antiterrorista», tras más de 18 meses centrados en un único punto: qué ha de pasar después de la muerte de Franco. «La crisis es general, fundamental y afecta todo el futuro del país».
La vejez ha convertido al general Franco, «un octogenario severo», en «un bárbaro», dice The Guardian.62 En otro editorial de título resonante –«Por quién doblan las campanas», evocador de la novela de Ernest Hemingway sobre la Guerra Civil–, retrata al dictador como un hombre que «ha ignorado a todos, decidido a hacer venganza», en un acto desesperado de un «hombre asustado» que deja como legado «muchas semillas de odio». Una determinación implacable de no admitir cambios significativos en el régimen surgido de la Guerra Civil, sin importar las consecuencias, como dice Financial Times.
Franco, por tanto, ha de cesar, aunque se reconoce improbable que lo haga. Su mejor servicio sería «traspasar el poder lo más rápido posible», según The Times. Remacha The Guardian:
Lo que Franco hizo a su pueblo en estos últimos años ha sido muy brutal, muy sistemático y más desastroso para España que casi ninguna otra cosa que haya hecho en su largo y oscura carrera.
Fue un gran error su decisión de volver a tomar los poderes, según The Daily Telegraph. Su permanencia «deja de tener utilidad», concluye Financial Times.
El régimen ha respondido con altanería a la reacción internacional. Se celebra un consejo de ministros extraordinario el 29 de septiembre, hay un discurso de Arias en TVE al día siguiente, donde evoca la Guerra Civil, y una concentración popular de apoyo a Franco ante el Palacio de Oriente el 1 de octubre. El príncipe aparece a su lado, muy serio. Se trata de una celebración especial del Día del Caudillo, la que será su última aparición televisada. Ya no lo son el desfile de la Guardia de Franco, cuatro días después, en su 83 aniversario, ni la presidencia de la fiesta de la Hispanidad, su última aparición en un acto público, el día 12.
Mientras tanto, el terrorismo reaparece. El mismo día 1 de octubre, cuatro miembros de la Policía Armada –Joaquín Alonso Bajo, Agustín Ginés Navarro, Antonio Fernández Ferreiro y Miguel Castilla Martín– son abatidos junto a entidades bancarias de Madrid. Es una represalia por las penas de muerte ejecutadas una semana antes, llevada a cabo por una organización de extrema izquierda que se hace llamar Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO). El día 5, ETA mata en Oñate a tres guardias civiles –Esteban Maldonado Llorente, Jesús Pascual Martín y Juan José Moreno Chamorro–, el 12 en Vitoria al taxista Germán Aguirre Irausegui y el 18 en Zarauz al guardia civil Manuel López Triviño.
La salud de Franco se agrava a mitad de mes. Tras dos infartos sucesivos, preside brevemente su último consejo de ministros el día 17 y sufre una nueva crisis cardíaca el 24. Dos días más tarde, el Gobierno pone en marcha la Operación Lucero ante el previsible fallecimiento, el 29 sufre una hemorragia gastrointestinal y el 30 un nuevo infarto y una peritonitis, tras lo que el príncipe acepta hacerse cargo de nuevo de la Jefatura de Estado en funciones. La Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática emiten sendos comunicados.
Entretanto, el 16 de octubre el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya confirma la posición de España en el conflicto del Sahara Occidental, favorable a la celebración de un referéndum de autodeterminación bajo los auspicios de las Naciones Unidas. La que hubiera podido ser una noticia positiva, es seguida por la llamada del rey Hassan II de Marruecos a la ocupación popular y pacífica de la colonia española. Se trata de la llamada Marcha Verde, por el color de las banderas que ondean las 350.000 personas que avanzan a pie por el desierto, con apoyo del ejército, a partir del día 6 de noviembre.
EL PRÍNCIPE QUE NO DICE NADA
25 de octubre. El agravamiento de Franco hace pensar en un desenlace rápido y lleno de interrogantes políticos. «Planea sobre España la pesadilla del inminente postfranquismo», avisa Bugialli.63 Franco está a punto de morir en el Palacio de El Pardo, rodeado de una corte como un rey absolutista del siglo XVIII, y con él, muere el reino que encarna, escribe Michele Tito.64 «Detrás de la ficción de Juan Carlos, el país espera otra cosa» y la situación es completamente insegura, en un país dividido en dos partes enfrentadas que no podrá sobrevivir por sí mismo. Europa no puede abandonar de nuevo a España, dice en referencia al «viejo remordimiento de la Guerra Civil», cuando los países democráticos europeos miraron hacia otro lado. Aparecen los primeros artículos de balance, pero la agonía va a durar casi un mes. También en Corriere della Sera, Claudio Zuchelli65 habla de un sucesor «triste, mal conocido por los españoles», un hombre que guarda silencio y por cuyas capacidades nadie pone la mano en el fuego.
España está encerrada con «un único tema», escribe Marcel Niedergand,66 mientras Le Figaro67 avisa que España va a dar un salto a lo desconocido, ante un «duelo Franco-Juan Carlos», en el que Franco se niega a ceder. El veterano Jacques Guillemé-Brûlon,68 que en el pasado ha entrevistado a ambos, admite que la decisión sobre el futuro de España no recae tanto en el Borbón como en los pasillos del Pardo. Los diarios franceses recogen la desconfianza de quienes dudan que Juan Carlos quiera y pueda convertir España en un país democrático. Santiago Carrillo afirma en Le Monde69 que estas dudas son compartidas incluso por Juan de Borbón, su padre y jefe de la dinastía. A pesar de todo, Niedergang70 se muestra optimista y el presidente Giscard apoya la necesidad de que España vaya hacia la democracia. Alain la Guarda y Max Milner71 piden a los europeos que contribuyan al nacimiento de la joven república española.
El príncipe es un producto de Franco, subraya Kassebeer,72 pero de talante liberal y con buenos contactos con políticos extranjeros e intenciones de llevar España hacia la democracia. El dilema al que se enfrenta Juan Carlos es comenzar su reinado como
rey del 18 de Julio, símbolo de la rebelión de los nacionalistas de 1936, o como una figura de integración de todos los españoles, como rey de los vencedores y de los vencidos.
Desde Frankfort, Robert Held,73 que simpatiza con las posiciones democráticas expresadas por Juan de Borbón, cuestiona la idoneidad de Juan Carlos como «rey de todos los españoles». Pese a sus limitaciones, Haubrich74 cree que buena parte de la oposición democrática está dispuesta a darle algún tiempo.
La primera acción del príncipe como jefe del Estado interino y jefe máximo de los Ejércitos, es viajar al Sahara, el 2 de noviembre. Ese mismo día, Franco sufre una hemorragia incontenible y es operado de urgencia, en un quirófano provisional instalado en el mismo Palacio de El Pardo. Nierdergang75 aprecia la firmeza de Juan Carlos en su visita a las tropas coloniales como una apelación al nacionalismo español para contar con el apoyo militar y popular. En Le Figaro, Thierry Desjardins76 cree que ha dramatizado la situación, pero reconoce que ha dejado clara su capacidad de decisión. Tres días más tarde, Hassan ordena parar la Marcha Verde, a la espera de las negociaciones acordadas con el Gobierno español. Es el mayor éxito diplomático de España en los últimos 25 años y uno de los primeros triunfos de Juan Carlos, según Niedergang.77
La enfermedad de Franco parece irreversible y The New York Times78 insiste en que ha de abandonar el poder para favorecer una transición en la que habría que hallar un equilibrio entre franquismo e izquierda para evitar una radicalización o «portugalización», señala Giniger.79 El recuerdo doloroso de la Guerra Civil «mantiene las armas templadas».80 Miguel Acoca81 da por hecha la sucesión del príncipe, gracias al apoyo de la mayoría de españoles y de los líderes de Europa occidental y América. Eso sí, tendrá que lidiar con temas difíciles como la legalización de un partido comunista que puede provocarle huelgas y disturbios, se asegura en The Washington Post,82 donde Acoca83 constata la indiferencia de la mayoría de los españoles por la vida de Franco.
Juan Carlos merece el reconocimiento de «Hombre de la noticia» en The New York Times.84 Aunque mejor conocedor de los deportes que de la política, se le reconoce una formación adecuada para ser rey. La duda es si «España le dejará que guíe el proceso». En las informaciones, el principal diario estadounidense85 presenta a socialistas y comunistas españoles junto a los movimientos «tranquilos» de la oposición y su búsqueda de apoyos en los gobiernos europeos, pero compara a la extrema derecha con el Ku-klux-klan. En un editorial duro sobre sus perspectivas de futuro, The New York Times86 alerta contra el peligro de un «reinado corto e infeliz» como el que tuvo su cuñado, Constantino II de Grecia, en 1964. Se extiende la certeza de que una parte importante de españoles preferirían al rey legítimo Juan de Borbón y se cuestiona a Juan Carlos por su relación con Franco «en estos tiempos de mano dura en los que el régimen se desvanecía».
Sin embargo, los pronósticos que se hacen desde la administración Ford y el Pentágono son de un cambio tranquilo y un futuro Gobierno moderado liderado por el rey.87 Con mayor cobertura de la crisis española, The New York Times88 se acerca a la realidad plurinacional y plurilingüe de España, frente a la asimilación con la violencia de las reivindicaciones pacíficas catalanas o vascas que establece el diario de la capital federal. A finales de octubre, Malcolm W. Browne89 habla extensamente desde Barcelona de los catalanes, una orgullosa minoría, que «aparecen más unidos que nunca en su historia díscola y devastada por la guerras, pidiendo un rápido cambio político».
La resistencia de Franco a dejar el poder es criticada también por la prensa británica. The Times90 cree que su retirada haría las cosas más fáciles y que su actitud está en «el límite de causar exasperación y ansiedad en el terreno político». The Guardian le culpa de indiferencia por el futuro de su pueblo y que deja el legado de «una nación dividida y perpleja». Financial Times proclama su fracaso en la provisión de una transición ordenada. Al mismo tiempo, crece la preocupación por la capacidad y el margen de maniobra del príncipe. Si quiere ser, como ha dicho, «un rey de nuestro tiempo», debe llevar a un sistema democrático, con una transición suave y un cambio espectacular, escribe The Times. Un rey no puede sobrevivir como continuador de Franco.
El traspaso de poderes ha sido el primer hecho importante en mucho tiempo, según The Daily Telegraph,91 pero no significa que todo esté claro en adelante y todavía hay margen para la agitación antimonárquica. «Juan Carlos no es la solución», afirma The Guardian, que lo encuentra simpático, pero débil y no ve que sea «el viento del cambio». La oposición lo rechaza, la gente de la calle no cree que tenga ideas propias, explica Walter Schwarz,92 corresponsal en París desplazado a Madrid. Aunque fuentes diplomáticas están convencidas de que quiere una España liberal y democrática, no le dan más que una mitad de posibilidades de éxito, escribe otro enviado, Peter Niesewand.93
Es «El príncipe que no dice nada», según el título del editorial con que The Guardian94 saluda el traspaso del poder. En el corto plazo es una noticia positiva, porque hay Gobierno pese a la ausencia del Jefe del Estado, pero el príncipe ha sido una sombra de Franco y sus manifestaciones han sido «prudentes hasta la nulidad».
Juan Carlos es el «hombre de la semana» en Financial Times,95 que en un editorial96 ve con reservas su acceso al poder, confinado a ser un frágil gozne hacia la era posterior a Franco. Para el diario económico, la monarquía restaurada es un anacronismo en un mundo crecientemente republicano, por lo que la legitimidad como institución va a depender de la capacidad personal de hacer las reformas. Sin embargo, es la principal esperanza para una transición ordenada a un Gobierno más liberal, si el terrorismo y las políticas represivas no le han recortado la libertad de maniobra. Con el recuerdo vivo de su presencia junto a Franco en la concentración de masas después de los fusilamientos, aún así cree que la oposición puede otorgarle el beneficio de la duda, si no tarda en hacer reformas.
La posición geoestratégica de una España democrática estable es importante para The Times97 y The Daily Telegraph,98 un activo inmenso para la Comunidad Europea, que es tanto su principal mercado como la dirección natural en la que debe mirar. El segundo de dichos diarios destaca el enorme interés de la relación con la OTAN, aumentada por la amenaza de Rusia y las incertidumbres sobre Portugal. Para The Times, nadie está seguro de la capacidad de las fuerzas políticas ni de los desacuerdos posibles entre los hombres en el poder después de Franco. El ritmo de los cambios parece ser entendido de manera diferente por The Daily Telegraph cuando habla del deseo abrumador de salvaguarda del legado de prosperidad y estabilidad de Franco. La inquietud de The Guardian99 es no saber qué pasará en España, «salvo que no estará en paz consigo misma». En alusión al príncipe, advierte que «los Borbones descubrieron que lo más peligroso de la opresión es que esconde las necesidades del pueblo, las legítimas y las otras».
Con algo más de optimismo, Financial Times100 habla de grupos bien preparados para la negociación política y del ejército como árbitro posible. Para The Times, las presiones más fuertes a favor de la democracia vienen de los hombres de negocios y los economistas, pensado en la CEE, y se puede tener confianza en sectores demócratas del poder, la Iglesia, el ejército, la economía y las clases medias. La legalización de los comunistas es la cuestión clave, es mejor que sea un partido legal que una fuerza clandestina. El Gobierno debería aceptarlo y «aprovechar su deseo de respetabilidad e independencia de Moscú».
EL HOMBRE QUE FINALMENTE MURIÓ
Mientras el Caudillo agoniza, Alberto Viali101 se ocupa en Corriere della Sera de los movimientos de una oposición política que empieza a ser reconocida tímidamente en algunos países europeos. El día 20 de noviembre de 1975, cuando finalmente muere, el semiólogo Umberto Eco102 habla del código de un sistema político que se desvanece, símbolo anacrónico de una sociedad medieval que contiene el aliento porque no tiene detrás ningún grupo social con legitimización para sobrevivirle. Como cada cultura genera sus propios códigos, España se abre ahora al panorama incierto de crear los suyos desde la nada.
Al día siguiente, las páginas de los diarios se llenan de referencias a la Guerra Civil, que consideran todavía inconclusa, un conflicto cuya atmósfera «el último Franco ha resucitado en España con una represión feroz contra los vencidos», señala Albero Cavallari103 en La Stampa. Ha sido una dictadura «loca, del tipo nazi». En Corriere della Sera, Alberto Ronchey104 va un poco más allá y se centra en las enormes dificultades a las que conduce una muerte que abre un periodo de tantas incertidumbres: «Está abierta la sucesión de Franco, pero todavía no del franquismo». El nuevo rey puede intentar conseguir una «democracia controlada» en un país que, tras crecer durante quince años, tendrá abiertas las puertas de Europa siempre que ofrezca libertad de acción a todos los partidos políticos, incluido el PCE. Concluye con los versos de Machado: «Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios».
Poco optimista también, pero abierto a la esperanza, Carlo Casalegno105 despide en La Stampa al «último fascismo europeo», que se ha mantenido «durante cuarenta años de poder absoluto, construido sobre un millón de muertos, sin cambios». En España, sin embargo, ha mejorado la economía y han irrumpido una burguesía y una Iglesia católica renovadas, una nueva cultura y nuevas organizaciones políticas y sindicales que «emergen de las catacumbas de la clandestinidad en una precaria tolerancia». Aunque la historia invite al pesimismo, por los «poquísimos años de libertad en dos repúblicas efímeras» frente a «siglos de poderes despóticos y crueles guerras civiles», hay motivos de esperanza y confianza, porque todas las fuerzas políticas aún clandestinas coinciden en rechazar la permanencia del franquismo y piden el «retorno de España a Europa». A condición de que se eviten «los errores y las exasperaciones» para no caer en los riesgos que ahora corre Portugal, «a punto de perder una libertad recuperada después de una larga dictadura».
También en La Stampa, Alberto Cavallari, desde París, prefiere ver la botella medio llena,106 aunque subraya una variedad de reacciones internacionales: el silencio del premier laborista británico Harold Wilson, el «cheque en blanco» de Giscard d’Estaing que promete asistir a la coronación de un «rey prefabricado», los «vibrantes» elogios fúnebres a Franco del presidente norteamericano Richard Nixon o bien la «ambigüedad» del Vaticano.
«La agonía más larga», como la define Marcel Niedergang,107 ha desembocado en una situación incierta, en la que el espíritu festivo convive con el silencio, dice Le Monde.108 Los ultras tratan de mantener el régimen intacto mientras Juan Carlos se enfrenta al dilema de liberar o no a los centenares de presos políticos. Los corresponsales de Le Monde se apuntan a la prudencia del presidente Giscard, sin evitar el retrato de la sombría dictadura. Desde París, André Fontaine109 hace un breve repaso a la vida y personalidad de «el hombre de la cruzada», con especial atención a las consecuencias de la Guerra Civil y a la cuestión de los exiliados, muy viva en Francia. Le Figaro110 también transmite incertidumbre. De acuerdo con Jacques Guillemé-Brûlon,111 Europa duda de que el fin de la dictadura suponga el comienzo inmediato de la libertad. El escritor de origen español Michel del Castillo112 vaticina que en seis meses será difícil encontrar un franquista en España, como lo fue encontrar un nazi en la Alemania del canciller Konrad Adenauer.
Desde Frankfurt, Robert Held destaca113 que Franco fue mucho menos cruel que otros dictadores y que toleró pequeños espacios de libertad, en alusión a la Europa del Este. Pero, en el mismo periódico, el corresponsal Walter Haubrich,114 que se había mostrado mucho más contrario al Caudillo, dice también que fue enemigo por igual del liberalismo y del comunismo y que no dudó en utilizar los medios más duros para asegurar su poder. La época que termina en España termina también para sus vecinos, escribe Günther Gillessen,115 editor político de Frankfurter Allgemeine Zeitung. La adaptación a los nuevos tiempos significa que las democracias occidentales han de estar a punto para «la competición con Moscú que ahora empieza». Su llamada a ayudar a España y reclamarla como un país de Europa se dirige no sólo a los gobiernos, sino también a los partidos políticos y especialmente a los partidos socialistas.
Al final de su régimen el «aislado dictador» español había vuelto hacia sus «orígenes fascistas», con una genuina incapacidad para preparar el advenimiento de una democracia, afirma Kassebeer.116 Pudo controlar durante casi cuatro décadas el conflicto entre dictadura y democracia, pero ese conflicto va a estallar de nuevo y «esta es la culpa histórica de Franco».
El balance de la prensa británica sobre la figura y obra de Franco es positivo en algunos aspectos: la singularidad de su carrera militar, la capacidad de liderazgo de la insurrección del 18 de julio de 1936 contra la República, el mantenimiento de una posición independiente durante la Segunda Guerra Mundial, la resistencia al aislamiento diplomático posterior, el largo período de paz y de estabilidad política sin precedentes y la prosperidad económica alcanzada en los últimos 36 años. The Times117 le reconoce una vida privada ejemplar y cree que, sin tener las cualidades de muchos políticos, no ha sido un dirigente vanidoso ni inhumano, salvo por razones de estado. The Daily Telegraph118 subraya su carácter sencillo, de campesino gallego astuto, calculador y reservado, con ojo rápido y corazón frío. The Guardian,119 en cambio, lo ve como el típico oficial español, con fuertes prejuicios políticos y religiosos. En comparación con otros dictadores es aquel de quien menos se puede decir que haya sido un gran hombre.
Ni Franco ni su régimen no han sido propiamente fascistas, aunque hubo muchos fascistas en su seno, coinciden The Times y The Daily Telegraph. Con una forma de Gobierno basada en principios militares más que políticos, ha practicado un autoritarismo que refleja muchas de las características menos atractivas de los dictadores del Eje. Ambos valoran la firmeza de Franco ante Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. The Guardian cree que se equivocó hasta el punto de necesitar una dependencia humillante de los poderes extranjeros y que siguió este camino con más fatalismo que inteligencia. Esta sería la medida su sentido político. Quizás España necesitó a Franco, dice The Daily Telegraph, y después de las brutales obscenidades de la Guerra Civil tuvo la suerte de un boom económico sin precedentes que le mantuvo en el poder. Pero el resultado es un frágil castillo de naipes, que deja el país con beneficios indudables, pero convertido en un desierto espiritual.
Franco también ha de ser juzgado por haber dejado a España «singularmente mal preparada tras su marcha», es la despedida de Roger Mathews120 a un hombre que nunca fue «una victima de la duda». «Una cosa es segura. Franco nunca se atrevió a destapar y a mirar por sí mismo las ganas del pueblo español. Lo dejó para su sucesor». Es improbable que este régimen se mantenga como una forma española de democracia, sin el uso de «una represión y una violencia intolerables», advierte The Times.
Las perspectivas de futuro son analizadas con mayor extensión en los editoriales publicados el mismo día. The Guardian121 hace una crítica contundente de «el hombre que finalmente murió». Reprocha al «último de los dictadores fascistas que llevaron el mundo a la guerra y la miseria» que haya muerto estando aún «reñido con dos pueblos españoles como los vascos y los catalanes». La mejor oportunidad para el príncipe es conectar con los deseos de transformación, ya que cualquier paso hacia la democracia será alentada por el resto de la Europa occidental, «en una escala nunca vista hasta ahora en España».
Como un aviso de las dificultades, The Times122 pide a los enemigos más encarnizados de Franco que «se pregunten, con aprensión, si el mundo será mucho mejor sin él, tal como habían deseado». Pero no elude juzgar la responsabilidad del general Franco sobre el sufrimiento general durante la Guerra Civil y su voluntad de mantener un régimen esencialmente autoritario. «Mucho tiempo después que sus enemigos republicanos hubieran renunciado a toda revancha violenta», incluso cuando ya había crecido una generación nueva a la que los hechos de la Guerra Civil «parecían fundamentalmente irrelevantes». Para muchos de sus miembros, este régimen es un anacronismo y se han sentido ofendidos por la brutalidad y la torpeza de la reacción ante recientes desafíos a su autoridad. Franco no ha escuchado y ha continuado pensando que sus enemigos lo eran también de España y «eso no es verdad». Este diario publica un segundo editorial criticando los esfuerzos extraordinarios para prolongar su vida.123
El régimen de Franco es un anacronismo –«en el mejor caso, un hiato, en el peor una tiranía»–, sentencia The Daily Telegraph,124 por lo que la mayoría de los españoles apoyará al príncipe, por «el ansia de conservar y construir sobre la prosperidad crecida bajo el Gobierno firme y estable de Franco». A la espera de sus primeras palabras y decisiones como rey, Financial Times125 advierte que la continuación de la represión policial complicaría las cosas y podría «estropear la buena voluntad internacional». Si el príncipe no consiguiera una descompresión de la situación, «la explosión resultante podría llevárselo abajo a él, la monarquía y muchas cosas más».
Desde Estados Unidos, el ex presidente Richard Nixon tributa su testimonio a la «firmeza y lealtad» de Franco,126 mientras The Washington Post127 marca distancias entre su dictadura y «las locuras homicidas» de Hitler y Stalin y le reconoce también el mérito haber apartado a España de la Segunda Guerra Mundial. Y aunque cree que «no existe una gran demanda para volver a una democracia parlamentaria», confía que el país sabrá qué rumbo ha de tomar, en un futuro pilotado por Juan Carlos.
El antiguo embajador en España, John Davis Lodge128 califica a Franco de «amigo» de América en un artículo en The New York Times, pero el tono general de este diario es muy distinto. Flora Lewis129 considera que «después de décadas de represión, la democracia es todavía el deseo» de la gran mayoría de la población. El antiguo corresponsal en Madrid Richard Eder130 acusa al dictador fallecido de haber cometido «atroces represalias» y gobernar con el terror. En las crónicas de Henry Giniger131 también se leen duros reproches a un dictador que «en caso de duda, reprimía». «Odiado por muchos; amado por unos pocos», así empieza un duro editorial del diario neoyorkino132 que reprocha a Franco el legado de haber ampliado las fisuras en una sociedad ya muy polarizada. The New York Times, que no se cansa de tildar a Franco de «autoritario» y «represor», da cabida a una carta en la que 25 intelectuales estadounidenses piden al presidente Ford que vigile la evolución de la España post-Franco para evitar que permanezca el totalitarismo.
El vicepresidente Nelson Rockefeller es la figura internacional de más relieve que asiste el día 23 de noviembre al entierro de Franco en el Valle de los Caídos, junto a Felipe de Edimburgo, esposo de la reina de Inglaterra, el dictador chileno Augusto Pinochet e Imelda Marcos, esposa del presidente de Filipinas.
1 Harold Sieve, «Juan Carlos to rule as Franco steps down» y «Franco, the iron “puppet” who lasted 35 years», The Daily Telegraph, 20 de julio de 1974.
2 Paolo Bugialli, «Franco in gravi condicioni. Il potere al principe Juan Carlos», Corriere della Sera, 20 de julio de 1974.
3 «Stufe zum Thorn», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 20 de julio de 1974.
4 Walter Haubrich, «Der berühmte Patient im Spiital, Generalisimo Franco», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 12 de julio de 1974.
5 «The evolution in Iberia», The Guardian, 20 de julio de 1974.
6 «Franco hoisted back», The Daily Telegraph, 4 de septiembre de 1974.
7 «An Uncertain Future for Spain», The Times, 22 de julio de 1974.
8 Ian Davidson, «Franco: uneasy legacy for the Prince», Financial Times, 20 de julio de 1974.
9 Marcel Niedergang, «Le prince Juan Carlos a pris ses fonctions de chef d’État para intérim» y «Rejeter les haines de passé», Le Monde, 21 de julio de 1974.
10 Friedrich Kassebeer, «Spanisches Königsdrama», Süddeutsche Zeitung, 20 de julio de 1974.
11 «Spain’s Uneasy Glances at the “New” Portugal», The New York Times, 7 de julio de 1974.
12 Marcel Niedergang, «La visite-éclair de M. Kissinger pourrait préluder à une reconduction des accords militaires», Le Monde, 10 de julio de 1974.
13 Harold Sieve, «The vacuum after Franco», The Daily Telegraph, 20 de julio de 1974.
14 James MacManus, «The Prince and the power game», The Guardian, 20 de julio de 1974.
15 Paolo Bugialli, «Un borbone allevato in bateria» y «La via spagnola al post-fascis-mo», Corriere della Sera, 3 y 7 de agosto de 1974.
16 Harry Debelius, «The man who takes over from Gen Franco», The Times, 20 de julio de 1974.
17 Henry Giniger, «Ailing Franco Gives Powers to Prince», The New York Times, 20 de julio de 1974.
18 Israel Shenker, «Spain’s King-Designate in Power», The New York Times, 20 de julio de 1974.
19 «Spanish Cabinet Session Hints at Change to Come», The New York Times, 11 de agosto de 1974.
20 «The Reign in Spain is Plainly on the Wane», The Washington Post, 27 de julio de 1975.
21 Henry Giniger, «Is Franco Well Enough to Rule?», The New York Times, 4 de agosto de 1974.
22 «L’état de santé du général Franco s’améliore», Le Monde, 24 de julio de 1974.
23 José Antonio Novais, «Madrid demande à Paris plus de rigueur à l’égard des révolutionnaires basques», Le Monde, 23 de septiembre de 1974.
24 Sebastiano Grasso, «Si accentuanno la divisione in Spagna», Corriere della Sera, 16 de septiembre de 1974.
25 «Ofessa al mondo civile», Corriere della Sera, 13 de septiembre de 1975.
26 Paolo Bugialli, «La Spagna altre cinque condannati a morte. Garrota anche per due ragaze incinte», Corriere della Sera, 19 de septiembre de 1975.
27 Paolo Bugialli, «Condemne a morte: Franco prende tempo», Corriere della Sera, 20 de septiembre de 1975.
28 «Un cupo tramonto», Corriere della Sera, 27 de septiembre de 1975.
29 Fabricio de Santis, «Nemeno una telefonata del Papa a Franco ha sottratto i 5 spagnoli a la fucilazioni», Corriere della Sera, 28 de septiembre de 1975.
30 «Un regime assediato», Corriere della Sera, 28 de septiembre de 1975
31 Paolo Bugialli, «In crisi i rapporti fra Spagna e Europa», Corriere della Sera, 29 de septiembre de 1975.
32 Michele Tito, «Perché la Spagna viva», Corriere della Sera, 30 de septiembre de 1975.
33 Jean Martin Chauffier, «Sentence politique», Le Figaro, 19 de septiembre de 1975.
34 Jean d’Ormesson, «Les poids des fautes», Le Figaro, 29 de septiembre de 1975.
35 Jose Antonio Novais, «Folle répression», Le Monde, 20 de septiembre de 1975.
36 «Le Défi», Le Monde, 28 de septiembre de 1975.
37 José Antonio Novais, «Cinq jeunes condamnés ont été fusillés en Espagne», Le Monde, 28 de septiembre de 1975.
38 «La France, l’Espagne et l’Europe», Le Monde, 30 de Septiembre de 1975.
39 Raymond Aron, «Contrastes ibériques», Le Figaro, 8 de octubre de 1975.
40 Henry Giniger, «Spain’s Dictatorship Is Fast Losing Its Grip», The New York Times, 28 de septiembre de 1975.
41 Safire, William, «The Reign in Spain», The New York Times, 2 de octubre de 1975.
42 «Protests in Spain», The New York Times, 3 de octubre de 1975.
43 «Protests Directed at Spain», The Washington Post, 29 de septiembre de 1975.
44 Bernard Kaplan, «Spanish Civil War Haunts the Conscience of Europe», The Washington Post, 12 de octubre de 1975.
45 Viñeta de Herblock, The Washington Post, 16 de octubre de 1975.
46 Harry Debelius, «Spain faces graver than in 1936», The Times, 4 de septiembre de 1975.
47 «Spanish executions», The Times, 29 de septiembre de 1975.
48 «A fiesta for the left», The Daily Telegraph, 29 de septiembre de 1975).
49 «Eighty savage years on», The Guardian, 25 de septiembre de 1975; «For whom the bell tolls», The Guardian, 27 de septiembre de 1975.
50 «Violence in Spain», Financial Times, 30 de septiembre de 1975.
51 «Spain must be made to wait», The Guardian, 5 de octubre de 1975.
52 «A fiesta for the left», «Spanish replay», y «Spanish omelette», The Daily Telegraph, 29 de septiembre, 2 y 9 de octubre de 1975.
53 Walter Haubrich,«Panikstimmung in spanischen Redaktionen»y«Fünf Todeskandidaten berichten über Folterung und Morddrohung», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 5 y 13 de septiembre de 1975.
54 Robert Held, «Francos Aufmarsch», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 2 de octubre de 1975.
55 Friedrich Kasseebeer, «Verschärfung und Einlenken in Spanien», Süddeutsche Zeitung, 13 de octubre de 1975.
56 «Inside Spain’s pressure cooker», The Guardian, 24 de octubre de 1975.
57 «Spain on the brink» y «Spanish replay», The Daily Telegraph, 27 de septiembre y 2 de octubre de 1975.
58 Edward Mortimer, «Violence in Spain arouses fears of a another civil war», The Times, 2 de octubre de 1975; Bernard Lewin, «Leaving the stage, no doubt vilely», The Times, 7 de octubre de 1975.
59 «General Franco blocks the way», The Times, 6 de octubre de 1975.
60 Roger Mathews, «Political ebbs and flows in Spain’s tide of violence», Financial Times, 27 de septiembre de 1975; «Violence in Spain», Financial Times, 30 de septiembre de 1975.
61 John Organ, «Gen Franco must step down before it is too late», The Times, 27 de agosto de 1975.
62 «For whom the bell tolls», The Guardian, 27 de septiembre de 1975.
63 Paolo Bugialli, «Franco è in agonia: pronti tres reggenti: un generali, un notabile e un archivescovo», Corriere della Sera, 26 de octubre de 1975.
64 Michele Tito, «La fine di un regno», Corriere della Sera, 26 de octubre de 1975.
65 Claudio Zucchelli, «Chi è il “principe triste” che sucederà a Franco», Corriere della Sera, 28 de octubre de 1975.
66 Marcel Niedergang, «Un seul et même enjeu», Le Monde, 23 de octubre de 1975.
67 «Duel Franco-Juan Carlos. Espagne: guerre de succession ouverte» y «Espagne: le saut dans l’inconnu», Le Figaro, 23 y 25 de octubre de 1975.
68 Jaques Guillemé-Brûlon, «Une partie difficile», Le Figaro, 25 de octubre de 1975.
69 «M. Santiago Carrillo ne croit pas que le prince Juan Carlos puisse instaurer la démocratie», Le Monde, 26 de octubre de 1975.
70 Marcel Niedergang, «Retour en Europe?» y «M. Giscard d’Estaign souhaite une nécessaire évolution démocratique de l’Espagne», Le Monde, 2 y 5 de noviembre de 1975.
71 Alain La Guarda y Max Milner, «Deux réflexions. L’Espagne exemplaire?», Le Monde, 2 de noviembre de 1975.
72 Friedrich Kassebeer, «Der Prinz wartet auf ein Echo» y «Spaniens Zukunft unter Juan Carlos», Süddeutsche Zeitung, 25 de octubre y 14 de noviembre de 1975.
73 Robert Held, «Juan Carlos», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 1 de noviembre de 1975.
74 Walter Haubrich, «Ein Prinz guten Willens», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 21 de noviembre de 1975.
75 Marcel Niedergang, «Le conflit du Sahara espagnol a précipité la venue au pouvoir de Juan Carlos», Le Monde, 1 de noviembre de 1975.
76 Thierry Desjardins, «Sahara occidental: l’accord serait conclu... mais on attend le signataire espagnol», Le Figaro, 2 de noviembre de 1975.
77 Marcel Niedergang, «La fin de la marche verte», Le Monde, 11 de noviembre de 1975.
78 «General Franco suffers relapse», The New York Times, 24 de octubre de 1975.
79 Henry Giniger, «Spaniards united in hope for change, earnestly want peaceful transition», The New York Times, 26 de octubre de 1975.
80 «A Contest for Power Will Begin Soon in Spain», The New York Times, 26 de octubre de 1975.
81 Miguel Acoca, «Madrid Reform Throttled» y «Reform Opposed in Spain», The Washington Post, 12 y 28 de octubre de 1975.
82 «Juan Carlos Set to Rule Spaniards», The Washington Post, 26 de octubre de 1975.
83 Miguel Acoca, «Power is Transferred to Prince Juan Carlos», The Washington Post, 31 de octubre de 1975.
84 «At the helm in Spain», The New York Times, 31 de octubre de 1975.
85 «Socialists and Reds Seek Common Ground in Spain» y «Franco Loyalists Resist Political Change», The New York Times, 28 y 30 de octubre de 1975.
86 «A Prince’s Prospects», The New York Times, 1 de noviembre de 1975.
87 «U.S. Sees Smooth Transition in Spain», The New York Times, 1 de noviembre de 1975.
88 «Language Ruling Irks Spanish Regions», The New York Times, 17 de noviembre de 1975.
89 Malcolm W. Browne, «Proud Catalan Minority Insists on Changes for Spain», The New York Times, 29 de octubre de 1975.
90 «Times for a King of our time», The Times, 1 de noviembre de 1975.
91 «A new chance for Spain», The Daily Telegraph, 1 de noviembre de 1975.
92 Walter Schwarz, «The core of the Spanish succession», «Football and a medical thriller» y «Death watch in Madrid», The Guardian, 28 de octubre, 10 y 12 de noviembre de 1975.
93 Peter Niesewand, «Waiting in the wings –and planning», The Guardian, 7 de noviembre de 1975.
94 «The prince who said nothing», The Guardian, 1 de noviembre de 1975.
95 Roger Mathews, «He needs nerve and wisdom», «Man of the week», Financial Times, 8 de noviembre de 1975.
96 «Franco and the sucession», Financial Times, 27 de octubre de 1975.
97 «Spain’s uncertain future», The Times, 25 de octubre de 1975.
98 «After Franco», The Daily Telegraph, 29 de octubre de 1975.
99 «Inside Spain’s pressure cooker», The Guardian, 24 de octubre de 1975.
100 «Franco and the sucession», Financial Times, 27 de octubre de 1975.
101 Alberto Viali, «L’opposizione prepara il ritorno», Corriere della Sera, 31 de octubre de 1975.
102 Umberto Eco, «Anche Franco e’un segno», Corriere della Sera, 20 de noviembre de 1975.
103 Alberto Cavallari, «La tirannia pietrifiacta», La Stampa, 21 de noviembre de 1975.
104 Alberto Ronchey, «Una transizione travagliata», Corriere della Sera, 21 de noviembre de 1975.
105 Carlo Casalegno, «Speranza di libertà», La Stampa, 21 de noviembre de 1975.
106 Alberto Cavallari, «L’Europa attende una Spagan libera», La Stampa, 21 de noviembre de 1975.
107 Marcel Niedergang, «La plus longue agonie», Le Monde, 18 de noviembre de 1975.
108 «Un mois de manoeuvres» y «Le protocole et l’espérance», Le Monde, 21 y 22 de noviembre de 1975
109 André Fontaine, «L’homme de la croisade», Le Monde, 21 de noviembre de 1975.
110 «Espagne: succession assurée mais avenir incertain», Le Figaro, 21 de noviembre de 1975; Jacques Guillemé-Brûlon, «La fin d’un défi», Le Figaro, 21 de noviembre de 1975.
111 Jacques Guillemé-Brûlon, «Ouverture mesurée», Le Figaro, 21 de noviembre de 1975.
112 Michel del Castillo, «L’intelligence après l’ordre du néant», Le Figaro, 21 de noviembre de 1975.
113 Robert Held, «Der selbstgerechte General», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 21 de noviembre de 1975.
114 Walter Haubrich, «Ein willensstarker Zauderer», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 21 de noviembre de 1975.
115 Günther Gillessen, «Ein Land Europas», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 21 de noviembre de 1975.
116 Friedrich Kassebeer, «Ein Gefangener seines eigenen Regimes», Süddeutsche Zeitung, 21 de noviembre de 1975.
117 «Obituary: General Franco. A dictator who gave Spain a period of law and order», The Times, 21 de noviembre de 1975.
118 «A quick eye, a cold heart, caution and cunning were the ingredients of a dictator: Franco the universal outcast who refused to go away», The Daily Telegraph, 21 de noviembre de 1975.
119 «General Franco, the patriotic dictator», The Guardian, 21 de noviembre de 1975.
120 Roger Mathews, «Franco: never a victim of doubt», Financial Times, 21 de noviembre de 1975.
121 «Spain: the man who finally died», The Guardian, 21 de noviembre de 1975.
122 «General Franco», The Times, 21 de noviembre de 1975.
123 «Extraordinary efforts to prolong life», The Times, 21 de noviembre de 1975.
124 «New era in Spain», The Daily Telegraph, 21 de noviembre de 1975.
125 «The Spanish interregnum», Financial Times, 21 de noviembre de 1975.
126 «Nixon Hails Franco’s “Firmness, Fairness”», The Washington Post, 22 de noviembre de 1975.
127 «Spain after Franco», The Washington Post, 21 de noviembre de 1975.
128 John Davis Lodge, «Looking at Spain», The New York Times, 20 de noviembre de 1975.
129 Flora Lewis, «After Decades of Repression, Democracy Is Still the Wish», The New York Times, 16 de noviembre de 1975.
130 Richard Eder, «A Memoir: As Franco Dies, So at Last Do the Thirties», The New York Times, 22 de noviembre de 1975.
131 Henry Giniger, «Spanish, Long Restricted, Are Hoping for a New Era», The New York Times, 10 de noviembre de 1975.
132 «Spain without Franco», The New York Times, 21 de noviembre de 1975.
II. DUDAS SOBRE EL REY
Con Franco de cuerpo presente, mientras recibe el homenaje de sus seguidores en el Palacio de Oriente, Juan Carlos I jura el cargo ante las Cortes Españolas a mediodía del 22 de noviembre de 1975. Esa misma mañana en The Washington Post, Miguel Acoca1 confía en el deseo del rey de promover una liberalización gradual de la dictadura. Ha transmitido a las potencias occidentales que habrá que salvar muchos obstáculos, porque ni él ni los ciudadanos, «pese a sus buenas intenciones, no pueden escupir en la cara de Franco y del pasado». El heredero de Franco ha de jurar «fidelidad a unos principios políticos aunque está bajo una presión muy fuerte para cambiarlos», señala Henry Giniger2 en The New York Times.
La jura de Juan Carlos I causa decepción entre aquellos que querían que rompiera con el pasado y deseaban el anuncio concreto de una nueva apertura, escribe Giniger.3 En Corriere della Sera, Alberto Ronchey4 sólo encuentra a la situación política la ventaja de no tener algún general en su lugar y duda que el rey pueda mediar entre dos Españas que se encuentran «dialécticamente en guerra civil».
Con algunas tensiones en Cataluña y otras más virulentas en el País Vasco, Giniger5 sitúa a Juan Carlos I entre unos «ciudadanos, grupos y regiones que piden cambios mientras, a la derecha, otros insisten en el continuismo y la fidelidad» a Franco. Otros corresponsales, por su parte, se fijan en los indicios positivos. Miguel Acoca6 destaca las promesas de reforma, en la confianza que habrá una «transición lenta y mesurada de una dictadura militar de 36 años a una monarquía moderna». Jacques Guillemé-Brûlon7 se fija en Le Figaro en el deseo de Juan Carlos de encontrar el equilibrio entre pasado, presente y futuro. Le Monde8 recoge su llamamiento a la concordia
El nuevo rey debe escoger. Lo dice Financial Times,9 con el temor de que quizá no tenga la necesaria fuerza de carácter para resistir la presión personal y política de los franquistas. En Süddeutsche Zeitung, Friedrich Kassebeer10 avisa que ha de actuar pronto para no perder credibilidad. La tarea no es fácil, previene Harold Sieve11 en The Daily Telegraph, «para un Juan Carlos falto del carisma, la voluntad de hierro, la crueldad y la voluntad política de su predecesor». Deberá enfrentarse a la cerrazón de un ejército profundamente imbuido de un «mandato sagrado» frente al comunismo y al desafío a la unidad nacional que plantean los vascos. Ese mismo día, 24 de noviembre, ETA mata al alcalde de Oyarzun (Guipúzcoa), Antonio Echevarría Albizu, la primera víctima terrorista del nuevo reinado.
De momento no hay amnistía. El día 25 se proclama un indulto general con muchos matices, para delitos cometidos hasta el día 22, que beneficia a un número limitado de presos políticos y conmuta las penas de muerte que pudieran imponerse. Es la muestra de «un nuevo periodo de respiro» en la política española, escribe Acoca,12 pero Kassebeer13 ve en su corto alcance una muestra de pusilanimidad, no es «una señal política clara para la ruptura con el régimen de Franco». Dieter Schröder14 pide el apoyo de Europa para España, así de los gobiernos como de los partidos. También la CEE y la NATO deben prepararse para acogerla, ya que lo que sucede en España tiene también impacto en el centro del continente. Aunque, añade, «España ha de escuchar también a Europa».
El día 27, se celebra una misa de coronación en el convento de los Jerónimos de Madrid, donde el joven monarca recibe el espaldarazo de Francia y la República Federal Alemana, representadas al máximo nivel por los presidentes Valéry Giscard d’Estaing y Walter Scheel. Desde las páginas de Le Monde, el profesor Maurice Duverger15 advierte sobre el papel de la Comunidad Europea en la democratización de España. El artículo 138 del Tratado de Roma establece claramente la necesidad que los países miembros dispongan de un parlamento representativo, pero la falta de precisión de este concepto podría abrir la puerta al ingreso de una España no plenamente democrática, con un sistema de partidos en el que no se admitiera a los comunistas. Duverger estima que ello favorece el cálculo de los franquistas inteligentes que desean mantener lo esencial de la herencia del Caudillo. «Francia parecería a algunos el mejor caballo de Troya capaz de introducirlos en la Comunidad al menor precio», advierte.
En La Stampa se analiza cómo se puede ayudar desde el resto Europa a que el cambio en España sea verosímil. Michele Tito16 cree que hay una deuda con España por el abandono en que se la dejó en la Guerra Civil y en la dictadura. Desde París, Alberto Cavallari17 reclama iniciativa a Europa, que se dice preparada a abrir la puerta a España «si el rey prefabricado acepta la metamorfosis democrática», siempre que se eviten «las exasperaciones y los errores» de Portugal.
Desde Londres, donde el Gobierno laborista de Harold Wilson contempla con distancia los primeros pasos del monarca, Edward Mortimer advierte en The Times18 de la falta de garantías del sistema judicial. Evoca el caso de Eva Forest, psiquiatra, feminista y esposa del dramaturgo Alfonso Sastre, acusada de complicidad con ETA en el atentado de 13 de septiembre de 1974 en la calle del Correo de Madrid: «Uno de los primeros test del nuevo régimen en España debe ser que Eva Forest tenga un juicio imparcial sin mayor dilación».
El día 30, salen de la cárcel de Carabanchel Marcelino Camacho y demás dirigentes de Comisiones Obreras, condenados dos años antes por el Proceso 1001, coincidiendo con el asesinato de Carrero Blanco. Sin embargo, las primeras decisiones políticas vuelven a causar decepción.
EL ÚLTIMO BASTIÓN CONTRA EL MONARCA
El 3 de diciembre el rey nombra presidente de las Cortes y del Consejo del Reino a Torcuato Fernández Miranda, que había sido vicepresidente del Gobierno con el almirante Luis Carrero Blanco. Las reacciones son diversas. Es un gesto hacia la extrema derecha, escribe Giniger,19 mientras que The Washington Post20 lo presenta como un conservador moderado. Es decir, un hombre leal a las intenciones reformistas del monarca. Así lo ve también Bugialli21 en Corriere della Sera, un éxito dentro de la «desfranquistación» en curso que el rey ha logrado imponer. Al revés de la confirmación de Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno, el día 5, elección que le ha sido impuesta por el ala más conservadora del franquismo. De hecho, Arias no había considerado la necesidad de dimitir, ya que había sido nombrado por Franco por un período de cinco años. Se supone que el candidato del rey era José María de Areilza, pero Ronchey22 habla también de Manuel Fraga, el general Manuel Díaz Alegría e, incluso, de Joaquín Ruiz Jiménez, antiguo ministro pero ahora demócrata, «el jefe virtual de la alternativa».
Solamente The Daily Telegraph23 y The Washington Post24 son comprensivos con la confirmación de Arias. El primero lo ve como un reformista frustrado por Franco. Alienta al nuevo Gobierno como «un buen comienzo para España», aun reconociendo la presión que pesa sobre Juan Carlos, no solo ni principalmente de la izquierda, sino «de la derecha y las alturas del régimen». El búnker, que había visto al último presidente del Gobierno de Franco como un traidor, ahora le apoya como «último bastión contra el monarca», según Kassebeer.25 Es duro Giniger,26 que ve su continuidad como una acción para «satisfacer a la derecha y disgustar a los liberales y a la izquierda». The New York Times27 advierte al rey que ha decepcionado las expectativas que había generado, apostando por «una continuación del franquismo sin Franco». Cada paso adelante parece que vaya seguido de dos pasos atrás, denuncia The Guardian:28 «dar pasos prudentes e inequívocos para curar las heridas del país era una esperanza razonable incluso en un sucesor de Franco».
De las tres primeras decisiones que, según Bugialli,29 debían revelar la capacidad del rey –conceder la amnistía, designar al presidente de las Cortes y al presidente del Gobierno– sólo ha podido con la segunda.
El 8 de diciembre, la policía detiene a un centenar de personas y evita una concentración convocada por el Partido Comunista de España y Comisiones Obreras ante Carabanchel para pedir la amnistía. También a miembros del Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores ante la tumba de Pablo Iglesias en el cementerio civil de Madrid. A los pocos días de haber salido en libertad, Marcelino Camacho es detenido al salir de su casa y Niedergang30 se sorprende que no se haya advertido al rey. Represión y detenciones hacen difícil concebir que vaya a llegar la libertad para partidos, sindicatos y elecciones, avisa The Guardian. Es un mal principio, remacha Kassebeer,31 con el temor que, con un jefe de Gobierno como Arias, Juan Carlos sea «prisionero del viejo sistema».
«Las preferencia propias del rey continúan ocultas en la duda». Financial Times32 se resiste a creer que este Gobierno no vaya a ser liberalizador, pese a estar compuesto exclusivamente por figuras del pasado inmediato, por lo que cualquier paso adelante será «pequeño, lento y cauteloso».
El diario económico formula advertencias muy precisas: no está claro que el tiempo esté del lado de los conservadores y está mucho menos claro que el tiempo esté del lado de Juan Carlos, «si opta por el conservadurismo como línea de menor resistencia».
Lo más importante es el ritmo de las reformas y de momento se avanza muy poco. En el «deshielo español», The Times33 reconoce la dificultad de un avance rápido. Los herederos del régimen de Franco son poderosos en la policía y las fuerzas armadas, además del Gobierno. «Condicionados por la Guerra Civil se oponen casi a cualquier cambio» y pueden hacer tanto ruido en las calles como los comunistas. El diario londinense avanza que una reforma basada en la exclusión de los comunistas hará muy difícil el ingreso de la CEE, ya que España «debería tener el mismo espectro político que Francia e Italia».
El día 13 de diciembre, en la jura del nuevo Gobierno, Arias se propone preservar la obra de Franco, cuyo retrato se mantiene en la sala del Consejo de Ministros. Juan Carlos le delega la condición de jefe nacional del Movimiento. La lista del nuevo Consejo de Ministros comienza con tres vice-presidentes –el militar Fernando de Santiago, Manuel Fraga Iribarne en Gobernación y Juan Miguel Villar Mir en Economía–, mantiene a otros tres ministros militares –Félix Álvarez Arenas en Ejército, Gabriel Pita da Veiga en Marina y Carlos Franco en Aire– e incorpora a personalidades que se supone sugeridas por el rey como José María de Areilza en Asuntos Exteriores, Antonio Garrigues Díaz-Cañabate en Justicia y Alfonso Osorio en Presidencia. Completan el nuevo gabinete Carlos Robles Piquer, cuñado de Fraga, en Educación y nombres menos significados en otras carteras, excepto el viejo falangista José Solís Ruiz en Trabajo y algunos jóvenes emergentes: Leopoldo Calvo Sotelo en Comercio, Rodolfo Martín Villa en Relaciones Sindicales y Adolfo Suárez en la Secretaría General del Movimiento.
Juan Carlos no podía nombrar a un jefe de Gobierno liberal, como hubiera deseado, reconoce Walter Haubrich34 en Frankfurter Allgemeine Zeitung, ante un gabinete muy heterogéneo, pero encuentra algunos elementos positivos. El primer gabinete del rey seguramente no se corresponde con la lista deseada por los demócratas españoles, pero es un progreso en comparación con el Gobierno anterior. «Las esperanzas de un desarrollo pacífico de España hacia la democracia aún están justificadas».
«El camino es largo», escribe Le Monde.35 El programa presentado el 15 de diciembre apunta al liberalismo político con la reforma de las instituciones representativas y de las Cortes, se dice en Le Figaro.36 La realidad política sigue igual que con Franco y la presión de los ultras aún surte efecto. Fraga en Gobernación y Areilza en Exteriores son los pesos fuertes del Gobierno, los ministros más prometedores, dignos de credibilidad, pero Financial Times ya cuestiona al primero por el orden público y le pide un control real de la policía. En el Gobierno de un rey «que no se mueve con valentía», The New York Times37 destaca la presencia positiva del ministro de Asuntos Exteriores:
En España hay una derecha que todavía está luchando en la Guerra Civil y otros conservadores, como Areilza, que están tratando de sacar el país de sus viejos antagonismos.
La desesperanza cunde para La Stampa:38 no habrá amnistía, una dura represión se abate sobre las primeras manifestaciones que la reclaman y Juan Carlos «exalta a Franco» durante su primer mensaje navideño a los españoles. Mimmo Càndito39 señala un peligro mayor que el continuismo: que ni siquiera el impulso europeo ayude a España en la apertura. Parece frustrada la «generosidad europea» de los presidentes francés y alemán con su asistencia a la misa de coronación.
La prensa italiana atiende a Santiago Carrillo como una especie de jefe de la oposición, dispuesto a viajar cuanto antes a Madrid para poner en práctica la política comunista de reconciliación nacional. Lo entrevista Bernardo Valli40 en Corriere della Sera, donde se refiere a Franco como «ese hombre» para evitar pronunciar su nombre. Carrillo reclama de inmediato una amnistía política que permita regresar a los exiliados y mantiene su desconfianza hacia el heredero: «es probable que realice alguna concesión [política y democrática] sin llegar al fondo». El diario milanés41 habla de nuevo con el dirigente comunista en París, donde reside, cuando queda claro que no habrá la amnistía que reclama como un derecho, no como una gracia. Lo reitera en una rueda de prensa que ofrece el 13 de diciembre en Roma, cuando visita la capital italiana en compañía de Dolores Ibárruri, Pasionaria.
La Stampa42 trata también al secretario general del PCE como el portavoz más destacado del antifranquismo. También le entrevista Aldo Rizzo43 en Roma, sobre su forma de entender el comunismo, próxima a la del italiano Enrico Berlinguer, en el marco de una próxima alianza con los partidos eurocomunistas mediterráneos. Para Carrillo, el nuevo Gobierno español de Arias es «plenamente franquista».
El año 1976 comienza con una oleada de huelgas sin precedentes y una creciente movilización popular a favor de la amnistía. La huelga en el metro de Madrid empieza el 5 de enero, víspera de la festividad de Reyes, y el Gobierno recurre al ejército para prestar el servicio. Ese mismo día aparecen en el semanario estadounidense Newsweek unas declaraciones del presidente del Gobierno al enviado Arnaud de Bochgrave. Anuncia que durante 1976 podrían celebrarse unas elecciones locales en las que los partidos políticos empezaran a foguearse y que en un plazo de dos años se habrán celebrado también elecciones generales. Prevé la existencia de cuatro o cinco grandes partidos, entre los que no se autorizará al partido comunista, pero aplaza la concesión de la amnistía, que
vendrá como culminación de nuestro proceso de normalización, cuando la democracia esté lista para funcionar. –Y añade– Nosotros no vamos a poner en libertad a gentes que meramente vayan a subvertir lo que estamos tratando de edificar.
Arias anuncia también el interés de España en formar parte de la CEE y de la OTAN, pero sus puertas difícilmente podrán abrirse a un Gobierno «que tiene un gran parecido al régimen de Francisco Franco», estima The New York Times44 ante la represión policial de las huelgas. En Renfe y Correos se militariza al personal, aunque las protestas se extienden igualmente a Telefónica, la construcción y otros sectores. La represión policial con que responde el ministro Fraga es la de una monarquía «represora». Le Monde45 aprecia que el Gobierno se enfrenta al dilema de reprimir la huelga o de permitir que los sindicatos clandestinos conquisten un espacio social y político importante. Algo parecido sucede con la amnistía, en opinión de Le Figaro,46 ya que las reformas que propone Arias son limitadas. Jacques Guillemé-Brûlon47 detalla las diferencias insalvables que separan a un ministro liberal como Fraga y la oposición aún ilegal, aunque Jose Antonio Novais48 cree que se está dando al Gobierno un margen de confianza.
El nuevo diario que aparece en Roma el 16 de enero, La Repubblica, se estrena con una crónica de Edgardo Bartoli49 y un editorial50 que dan una visión optimista de la evolución española, al revés que otros colegas. El proceso hacia la democracia es «irreversible» y debe cumplir dos primeros pasos, la liberalización progresiva de la vida pública y la instauración de un nuevo régimen. El Gobierno debe conseguir una nueva credibilidad y eliminar la «lentitud» en las reformas del sistema político vigente porque «las protestas se extienden como una mancha de aceite».
La autodisciplina de huelguistas y manifestantes contrasta con los viejos métodos represivos, lo que para Kassebeer51 desmiente los tópicos extranjeros sobre «el explosivo temperamento español». Evocando una entrevista de veinte años atrás con Manuel Fraga, Robert Held52 destaca lo que el propio ministro y España entera han cambiado desde entonces. Ante una oleada de huelgas inspirada por los comunistas que tiene como principal objetivo el desgaste del Gobierno, el comentarista de Frankfurt cree también que la mayoría de los españoles dan un margen al Gobierno, incluyendo al PSOE.
Al escrutar con atención los actos del Gobierno, la prensa británica trata de ver si el viento del cambio empieza a soplar. The Guardian53 se fija en que no se detiene ni hostiga a los huelguistas del metro de Madrid, que la policía usa gas lacrimógeno en lugar de balas y que ya no se prohíben las asambleas de estudiantes. Llega a aceptar que el Gobierno Arias es el más a la izquierda que España podía tener y que Fraga puede ser un liberal para los estándares españoles. Ambos han hecho promesas de democracia en algunas declaraciones a la prensa extranjera, pero siguen sin conocerse sus propuestas de reforma electoral. Son pequeños síntomas, «pajas en el viento del cambio», que aprecia también The Daily Telegraph.54 En apoyo del rey y el Gobierno, estima razonable la espera de un año para elecciones generales, algo «más rápido de lo que el régimen de izquierda de Portugal puede conseguir».
Mayor escepticismo muestran The Times55 y Financial Times56 ante la marcha lenta del cambio y la «situación fea que se desarrolla en España». El primero recuerda al rey y a Fraga –«el hombre que parece ser su mentor político»– que las dictaduras, como las guerras y los imperios, no suelen acabar según un plan y que los planes a menudo no sirven: «La perpetuación del absolutismo de Franco es moralmente repugnante y políticamente imprudente». Si se tratara de abrir una botella de champaña, el tapón «apenas se ha movido una fracción de centímetro». El dilema para Juan Carlos será pronto si «sacar el tapón de la botella o volverlo brutalmente atrás».
Nada de lo sucedido hasta ahora es esperanzador para el diario económico, que duda incluso que los propósitos liberales de Areilza sean los del Gobierno. Roger Mathews57 cree que sólo el ambicioso Fraga podría tener un papel clave, ya que el ministro de Justicia Antonio Garrigues es demasiado mayor y Areilza viaja muy a menudo. Mientras tanto, los grupos enfrentados de la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática parecen avanzar hacia una unión de la oposición, que sólo existe en Cataluña. El Consell de Forces Polítiques de Catalunya, constituido en diciembre por once partidos liberales, nacionalistas, socialistas y comunistas, se ha presentado en Madrid el 13 de enero. El Gobierno ha creado una Comisión Mixta con el Consejo Nacional del Movimiento para definir un proyecto de reforma. El día 17, el guardia civil Manuel Vergara Jiménez ha resultado muerto por un explosivo en Ordizia al tratar de retirar una ikurriña, la bandera nacionalista vasca que, a diferencia de la catalana, está prohibida.
Las primeras noticias positivas provienen del exterior. Entre los días 8 y 10 de enero, el ministro de Asuntos Exteriores José María de Areilza ha hecho un primer viaje de presentación de los propósitos democráticos del Gobierno en las capitales comunitarias, empezando por Luxemburgo, Alemania y Francia. Robert Held58 celebra que en Bonn todos los partidos hayan atendido sus explicaciones. Le Figaro59 recoge la satisfacción del ministro, que ha recibido el apoyo de su homólogo Jean Suavagnargues. Pero Barbara Spinelli,60 en La Repubblica, critica a los países que acogen con entusiasmo el mensaje equívoco y vacilante del Gobierno español y no le demandan unas claras condiciones democráticas, como hicieron con Portugal. Acusa además al Mercado Común de estar en manos de diferentes lobbies y no coordinar el acceso ordenado y debatido de Portugal y Grecia, pero sobre todo de España, la economía más importante entre los candidatos. Edgardo Bartoli61 parece perder sus esperanzas iniciales ante la «puerta estrecha de la nueva España», con un Gobierno vacilante y una oposición desunida.
Las mejores noticias para el Gobierno vienen de Estados Unidos, donde la administración Ford se apresta a la firma del Tratado de Amistad y Cooperación, que sustituye al acuerdo de las bases militares de 1953 y beneficia también al resto de países de la OTAN. The New York Times62 reprocha a su Gobierno el voto de confianza al régimen de Madrid «pese a las abundantes evidencias de su continua represión», frente al apoyo que The Washington Post63 da el tratado como muestra de confianza en la liberalización española, aunque acepta que pueda «ofender o debilitar políticamente» a los que luchan por la democracia.
Es un primer paso para la entrada en la OTAN, cree Jacque Guillemé-Brûlon.64 Es lo que desea The Daily Telegraph65 y reprocha los obstáculos del titular del Foreign Office británico, James Callaghan, a la reanudación de las negociaciones para un tratado comercial, como primer paso hacia la integración de España en la CEE. Ante la inestabilidad portuguesa y la incertidumbre italiana, España se confirma para Estados Unidos como un bastión importante en la defensa del Occidente, subraya Le Monde.66 La posibilidad que el tratado con los Estados Unidos abra a España una «puerta ilegítima» a la OTAN irrita a la prensa italiana. La Repubblica67 recuerda que España «todavía no es un país libre». En todo caso, es un cambio espectacular de la política entre Estados Unidos y España, reconoce Oswald Johnston,68 en crónica conjunta para Los Angeles Times y The Guardian. Es la ocasión de una primera fotografía de Juan Carlos con un dirigente mundial, el secretario de Estado Henry Kissinger, llegado desde Moscú para la firma, el 25 de enero.
Juan de Borbón está considerando la oportunidad de la abdicación formal de sus derechos como heredero legítimo del trono, informa desde Lisboa el corresponsal Christopher Reed69 de The Guardian, aunque sus condiciones no parecen aceptables a los asesores de Juan Carlos. El padre del rey, residente en Portugal desde 1945 y que apenas ha podido visitar Madrid, desearía explicar sus motivos a través de TVE y firmar la abdicación en una ceremonia en España. Una reaparición tan espectacular pondría centrar demasiado la atención en «la posición ya precaria del rey».
El primer discurso del presidente del Gobierno ante las Cortes, el 28 de enero de 1976, presenta un programa de reformas aún impreciso, basado en la evolución natural del régimen y el legado de Franco, según lo apuntado en Newsweek. Habla del establecimiento de un sistema bicameral a partir de la reforma del Consejo Nacional del Movimiento y de la incorporación del sufragio universal para las Cortes, pero no de forma exclusiva. Hay decepción incluso en The Daily Telegraph,70 que, sin dejar de apoyar al Gobierno, habla del «arrastre de España hacia la democracia», con una reforma que continúa proponiendo el reconocimiento de asociaciones políticas en lugar de partidos.
Menos comprensivos son los demás. «Quizá ningún discurso desde la Guerra Civil había sido esperado en España con tanta curiosidad y excitación», dice The Times,71 pero todo lo que Arias ha prometido es «una democracia española». Ello significa «el rey de España es un monarca que pende de un hilo», afirma The Guardian,72 inquieto ante el contraste entre «el riesgo de una reacción de los cuarteles» y el riesgo que no aprecia «de una revuelta de la izquierda desde fábricas y minas». Aunque «en un país que ha sufrido una Guerra Civil aún viva en la memoria, nadie quiere volver a las barricadas», el Gobierno ha de proponer un calendario de cambio, sólo débilmente anunciado en el discurso de Arias. «España es un hervidero con una tapa que no aguantará por mucho tiempo», remacha este diario británico.
La indecisión de Arias preocupa a Financial Times,73 porque más pronto o más tarde deberá escoger entre la democracia pluralista y la perpetuación del franquismo. A la luz de la experiencia portuguesa, el Gobierno ha de ser muy consciente de lo difícil que es controlar la marcha del cambio. El concepto de «democracia española» tampoco gusta a los diarios alemanes, que destacan la decepción de la oposición. Held74 comprende las dificultades del Gobierno, pero advierte que no es posible «darse un baño de democracia sin mojarse». También Kassebeer75 pide fechas para las reformas. Edgardo Bartoli76 atribuye al rey esas carencias democráticas, porque Arias no deja de ser una rémora. Aunque algo se mueve. Se anuncia en Madrid un congreso demócrata cristiano, con el nombre de III Jornadas del Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español, que reclama la legalización de todos los partidos políticos, incluidos los comunistas.
La concreción del discurso de Arias llega dos días más tarde con unas declaraciones al enviado de The Times Richard Wigg77 del vicepresidente primero y ministro del Interior, Manuel Fraga Iribarne: España va a adoptar el sufragio universal en la lucha electoral de 1977, con unas elecciones a Cortes en primavera, antes que venza el plazo de prórroga de las actuales. Éstas deberán aprobar previamente el programa de reformas, que se someterá al pueblo español en referéndum antes de fin de año. Habrá también una segunda cámara de representación corporativa, pero el sufragio universal ya será utilizado en unas elecciones municipales a celebrar en noviembre.
Estos planes reviven «las esperanzas de una firme dirección hacia una España democrática», escribe Wigg. La vaga promesa sobre el derecho de reunión y manifestación también se concreta en una medida por la que bastará comunicar estos actos a la autoridad. Arias mostró su voluntad de compromiso con las fuerzas opuestas al cambio «atrincheradas» en las Cortes de Franco, pero Fraga considera que la llamada al referéndum «puede capacitar a los ministros liberales del Gobierno para enderezar la situación a su favor». Sin precisar aún el sistema electoral –mayoritario como en Gran Bretaña o proporcional como en otros países– piensa en la necesidad de evitar un exceso de partidos políticos. Se pronuncia por un sistema natural de cuatro partidos –derecha, centro derecha, centro izquierda e izquierda–a los que evita poner nombres. La cámara alta, con menos poderes que la baja, acogería la representación de los intereses sectoriales heredados del régimen de Franco. El referéndum contendría, además, la modificación de algunos aspectos de la ley reguladora de la Monarquía, ya anunciados por Arias, como el acceso de las mujeres a la sucesión, la rebaja de la edad mínima para acceder al trono de 30 años a 18 y la regulación de la regencia.
Se empieza a hablar de los apoyos de los grandes partidos europeos a sus homónimos españoles aún ilegales. Kassebeer78 denuncia la ayuda Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) a la Unión Democrática Española del ex ministro Federico Silva Muñoz, en lugar del Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español de Joaquín Ruiz Jiménez y José María Gil Robles, como hace la Unión Demócrata Cristiana (CDU) alemana. El 2 de febrero, el director del semanario Doblón José Antonio Martínez Soler, es secuestrado, torturado y abandonado con las manos atadas en un bosque cerca de Madrid. Había publicado un reportaje sobre la posible presencia de oficiales de la Guardia Civil en la Unión Militar Democrática.
EL DESAFÍO CATALÁN
A principios de febrero de 1976, la atención se vuelve hacia Cataluña, donde la oposición política aparece más madura y más unida. A finales de 1975, Robert Mc Gloughlin79 ya había publicado en The Guardian un primer análisis de la constitución en Barcelona del Consell de Forces Polítiques de Catalunya, presentado a la prensa el 23 de diciembre. «Los catalanes cierran filas por la autonomía» y junto a dirigentes socialistas y comunistas, algunos de éstos aún clandestinos, hay dos nombres importantes de la vida económica: el presidente de Banca Catalana, Jordi Pujol, «un vistoso y ferviente nacionalista catalán que pasó dos años en la cárcel», y el liberal Ramón Trías Fargas, a su vez catedrático de la Universidad de Barcelona y jefe del servicio de estudios de Banco Urquijo.
«Banqueros hablan por Cataluña», anuncia Richard Wigg.80 En esta región, la presión ciudadana es más fuerte y una nueva clase política afronta con unidad y realismo la demanda de libertades, ligadas al restablecimiento de la autonomía de la República de los años 1930. El enviado de The Times presenta también la protesta pacífica a favor de la amnistía del cura Lluís Maria Xirinacs frente a la cárcel Modelo, al que ya ha visitado unos días antes Harod Sieve.81 Han podido comprobar el contraste entre el apoyo popular que recibe y el asedio que le dispensan la policía y la extrema derecha.
El día 1 de febrero, domingo, la policía reprime con dureza una manifestación por la amnistía a la que se ha denegado la autorización solicitada por ciento cincuenta personalidades de partidos y entidades ligadas a la Asamblea de Cataluña. La resonancia en la prensa internacional es alta82 y Roger Mathews83 lo presenta como un «desafío a Arias». Es una manifestación imponente, dice Le Monde84 y la gran asistencia a esta manifestación en la capital de Cataluña –«desde siempre un centro de disidencia», recuerda Giniger85– ha sorprendido a los observadores políticos y la propia policía. El viernes por la noche, Fraga había recibido en Barcelona el título de «Español del año» otorgado por el semanario Mundo.
Se da la paradoja, destacada per Giniger, que mientras los manifestantes barceloneses por la amnistía chocaban con la policía, que «sin previo aviso, cargó con botes y pelotas de goma», en Madrid, Joaquín Ruiz Jiménez clausuraba con esa misma petición el primer congreso autorizado de la oposición ilegal. Entre las personas heridas por la policía está el cura Xirinacs, que aparece en unas fotografías de la represión que tienen escasa difusión en España. Las toma Manuel Armengol, redactor de Hoja del Lunes, que las manda a diversos periódicos extranjeros, después que el periódico de la Asociación de la Prensa de Barcelona publique sólo las menos comprometedoras.86
El domingo 8 hay una segunda manifestación en reivindicación de la autonomía, auspiciada también por la Assemblea de Catalunya. Numerosos corresponsales extranjeros se desplazan desde Madrid y las noticias son de tono más subido. «Los catalanes batallan en Barcelona»,87 titula The Daily Telegraph en portada, junto a una gran fotografía de los manifestantes.
Harold Sieve y Harry Debelius son testigos de los golpes que da la policía con las culatas de los rifles contra las ventanas de los coches, de los que saca a hombres, mujeres y niños para pegarlos en el suelo. Su crónica es la más extensa y detallada de una manifestación que, aún sin haber sido autorizada, es la más importante desde el final de la Guerra Civil. Los manifestantes, concluye, han obtenido, una clara victoria sobre la policía. «20.000 en la batalla de Barcelona», «Banderas catalanas vuelan en Barcelona» o «La policía antidisturbios de Barcelona pierde el control mientras los catalanes toman las calles» son algunos de los titulares del resto de periódicos.88
Giniger, que también está en Barcelona, describe una situación de «virtual estado de sitio» y ve también en la manifestación un desafío al Gobierno. La única violencia del día ha sido la acción de la policía, escribe Debelius, que da testimonio de la violencia ejercida sobre dos periodistas extranjeros: la francesa Lain Keler, a la que rompieron y confiscaron tres cámaras fotográficas, y Alexis Hintz, de UPI, cuyo coche fue dañado seriamente además de su cámara.
Muchos heridos evitan ir a los hospitales para ahorrar riesgos, se indica en Corriere de la Sera,89 que insiste en la persecución policial de fotógrafos y cámaras de televisión extranjeros, por el miedo al daño al turismo de las imágenes de conflictos. Una fotografía reciente de una carga policial contra manifestantes en The New York Times habría provocado la anulación de mil quinientas reservas. «Los americanos quieren estar tranquilos». Este diario ilustra su extensa crónica con una gran fotografía de Associated Press de «unos jóvenes poniendo una bandera catalana en un monumento de la Guerra Civil», en el cruce de Diagonal y paseo de Gracia. Da detalles de los objetivos de la Assemblea de Catalunya y de la composición social de los manifestantes, «banqueros y obreros de fábrica, oficinistas y payeses, comunistas y conservadores», que hicieron causa común «afirmando su identidad catalana».
Los comentarios son categóricos. Edgardo Bartoli90 ve en las manifestaciones otra fuerte acometida contra el trono de Juan Carlos: «En el desafío de Cataluña al Gobierno de Madrid se resume el núcleo político del postfranquismo». Le Monde91 eleva a categoría editorial la idea de «El desafío catalán»,92 ya que el resultado de la manifestación ha sido favorable a la Assemblea de Catalunya. Esta plataforma unitaria que reúne desde 1971 a partidos y sindicatos ilegales y otras organizaciones sociales bajo el lema «Llibertat, amnistia i estatut d’autonomia», tiene hoy «los medios para hacer fracasar en la calle al poder central».
El diario francés evoca la tradicional hostilidad catalana al centralismo castellano y los problemas que ha causado al régimen franquista. Las primeras grandes huelgas han estallado en Barcelona. «El proletariado, en su mayoría de origen andaluz, ha estado bien integrado y se ha mostrado remarcablemente combativo y bien organizado», la burguesía nacionalista y una intelectualidad de alto nivel no admiten que la nación catalana no sea reconocida por Madrid y la Iglesia católica está «casi sin reservas al lado de los nacionalistas». En Barcelona se ha celebrado, en 1975, la reunión secreta más importante de la Unión Militar Democrática, que reúne a unos ciento veinte oficiales. Le Monde sostiene que el Gobierno no puede ignorar el crecimiento de la protesta catalana, ya que es el reflejo más visible de una decepción que crece en todos los sectores de la oposición. «La alternancia de la temporización y de la represión practicada actualmente por Madrid no está a la altura de este desafío».
En los dos meses y medio transcurridos desde la desaparición de Franco, España ha empezado a moverse hacia el progreso, estima, desde Nueva York, el analista C. L. Sulzberger,93 gracias a los cambios impulsados sutilmente por el rey con el fin de evitar «avivar las llamas del resentimiento». También The Times94 aprecia que la popularidad personal de Juan Carlos ha crecido, a pesar del escepticismo ante el «desastroso discurso» de Arias. Quizá Fraga sea la figura clave, especula, pero debe de luchar contra el búnker y mantener al mismo tiempo el control de la aún delicada liberalización a la que se ha comprometido. La súbita devaluación de la peseta en un 11% acordada por el Gobierno el 9 de febrero es para Financial Times95 otra prueba de que el Gobierno reacciona ante los acontecimientos aunque carece de una determinada política.
El lunes 16 de febrero de 1976, Juan Carlos inicia en Barcelona su primera visita oficial a un territorio español. Ha pasado una semana exacta de la segunda manifestación y la ciudad está agitada por huelgas de los trabajadores de la construcción y de los funcionarios municipales, incluidos bomberos y policía municipales. Harry Debelius96 deja constancia de «la estrecha fila de espectadores que han aplaudido educadamente» a su llegada a El Prat, contando al personal del aeropuerto y de las líneas aéreas. Harold Sieve97 habla de la «fría espalda» dada al rey por la «disidente Barcelona», con una manifestación silenciosa de miles de bomberos, guardias urbanos y demás trabajadores municipales».
El rey da la sorpresa de decir en catalán una breve parte de su discurso en el primer acto oficial del Salón del Tinell, en el antiguo palacio real medieval. Desde Madrid, Paolo Bugialli98 subraya la «maravilla» de que los españoles hayan visto per televisión al rey hablando en Cataluña la «lengua hasta ahora prohibida». «Es uno de tantos pequeños signos de que en España algo está cambiando, aunque sea con la máxima lentitud». Al día siguiente, escucha la petición de amnistía del abad de Montserrat durante una visita al monasterio, seguida por Debelius y Sieve,99 en un clima amistoso que ilustra la nueva atmósfera que se respira. También Roger Mathews100 ofrece el contraste entre la visita real y las manifestaciones de los huelguistas. Presenta una Cataluña donde todo lo que era clandestino está saliendo a la luz y los aires de cambio son más tangibles que en Madrid. Incidentes, manifestaciones y represión policial en Barcelona extienden «una sombra sobre la visita del rey Juan Carlos», que contrastan con el entusiasmo popular de Lérida, Tarragona y Gerona.
El viernes 20, el rey preside el Consejo de Ministros en el palacio de Pedralbes y se reconoce a Cataluña como entidad histórica y cultural, por primera vez desde la Guerra Civil, subrayan los corresponsales.101 Se crea una comisión para el estudio de un régimen especial para las cuatro provincias catalanas, pero Mathews102 recoge la decepción de la oposición ante su composición y objetivos. A los ojos de la Assemblea de Catalunya y del Consell de Forces Polítiques es una mera táctica de entretenimiento. El enviado Marcel Niedergang103 es contundente: «La montaña ha parido un ratón», aunque resalta el éxito popular del monarca, que al usar el catalán «ha tocado el corazón de las multitudes», incluso de los dirigentes políticos.
Mientras la tensión sube en Madrid y en Barcelona, el Gobierno sólo parece querer ganar tiempo. Ante el protagonismo de Fraga, Walter Schwarz se interroga en The Guardian104 sobre sus posibilidades. Duda que «el intrépido trío» que forma con Areilza y Garrigues pueda «empujar, forzar y engatusar el búnker», a la vez que a la izquierda, con una reforma gradual. Duda que pueda funcionar su modelo de tres grandes partidos de derecha, centro e izquierda, excluyendo a los comunistas. Hay una «brusca tensión social en España», señala Jacques Guillemé-Brúlon.105 Es la ola de agitación social más importante de los últimos años, señala Niedergang.106
La prensa italiana continúa con sospechas sobre las intenciones de Juan Carlos y sobre todo del Gobierno, aunque reconoce que ha cambiado el ambiente. Alberto Cavallari107 sostiene que hay que esperar un proceso gradual y lento en las reformas prometidas, así como muchas contradicciones: «España no tiene necesidad de una metamorfosis aparente. No es el país del Gatopardo». Todo dependerá del papel de unas Cortes continuistas, de la intensidad de la represión policial y de la responsabilidad de la oposición. En Madrid, Aldo Rizzo108 asiste a una misa celebrada en la basílica del Valle de los Caídos, habla con los democristianos que han podido celebrar su congreso y apuesta por Areilza o Fraga como los hombres que pueden sacar la apertura adelante. Presenta a la oposición, entre la que destaca la mayoría que representan las grandes fuerzas de socialistas y democristianos y da por hecha la legalización de los partidos políticos, aunque la inclusión o no del PCE será el test esencial de la incipiente democracia.
El 26 de febrero, The Daily Telegraph109 publica una carta en la que el duque de Wellington110 critica la tarea del corresponsal Harold Sieve. Invocando su conocimiento de España como antiguo miembro de la embajada británica y los contactos mantenidos en una estancia reciente en Madrid, el aristócrata inglés acusa a Sieve de haber inclinado sistemáticamente su cobertura de las noticias de Portugal y España «hacia un extremado punto de vista socialista», cosa sorprendente en un periódico conservador. Le reprocha, en especial, que asocie al rey Juan Carlos con los actos de su gobierno, en especial por la represión de las manifestaciones habidas durante su visita a Barcelona, algo que no es habitual en el Reino Unido donde no se hace nunca responsable a la reina de los actos del gabinete. En una breve respuesta, el corresponsal recuerda al duque de Edimburgo que la comparación no es válida porque Juan Carlos ejerce los poderes heredados de Franco y no es por el momento un monarca constitucional. A finales de marzo, Sieve cesa como corresponsal de The Daily Telegraph en Madrid.
UN VACÍO PELIGROSO
El día 1 de marzo, ETA mata a Emilo Guezala Aramburu, inspector de autobuses en Lezo (Guipúzcoa), el tercer asesinato en pocas semanas. El 9 de febrero ha matado a Víctor Legorburu Iberreche, alcalde de Galdácano –hoy Galdakao, Vizcaya– y el 10 a Julián Galarda Ayastuy, mecánico de Cizurquil –hoy Zizurkil, Guipúzcoa. El día 2, el rey convoca una reunión del Consejo del Reino a cuyos miembros recuerda su potestad de convocar un referéndum, si las reformas no avanzan. Areilza y Fraga viajan a Londres y Bonn para recabar apoyos a la apertura democrática española.
El ministro de Asuntos Exteriores es bienvenido por The Daily Telegraph111 en su preparación para la entrada en la CEE y se supone que también en la OTAN. El diario conservador recomienda al Gobierno laborista que no adopte una posición doctrinaria, ya que un cambio precipitado tras 40 años de inmovilidad podría traer una reacción violenta de los franquistas. Pero advierte también al Gobierno español del error de excluir a los comunistas de las elecciones, que les «investiría de un atractivo inmerecido» y, tal como se ha visto en Portugal, no tendrían más del 15% de los votos.
Hay comprensión por The Times112 con el calendario prudente presentado por el ministro español al premier Wilson y su colega Callaghan. Incluso con la exclusión temporal de los comunistas, aunque subraya que tarde o temprano deberá aceptárseles. La duda es si Arias comparte esta política, ya que no se comprometió a nada en el discurso ante las Cortes. El temor es que «antes o después alguien se decepcione», pero Areilza necesita y merece el estímulo de los gobiernos europeos.
La tarde del día 3 de marzo, la tercera huelga general convocada en Vitoria en lo que va de año, por un conflicto laboral que se arrastra desde el 12 de enero, acaba en masacre. La policía lanza bombas de gases lacrimógenas al interior de la iglesia de San Francisco para forzar la salida de cinco mil trabajadores que se habían reunido allí en asamblea y utiliza armas de fuego. Dos hombres mueren al momento –Pedro María Martínez Ocio, de 27 años, y Francisco Aznar Clemente, de 17 años–, un tercero unas horas después –Romualdo Barroso Chaparro, de 19 años– y un cuarto –José Castillo, de Basa, de 32 años–, unos días más tarde. Al cabo de dos meses, Bienvenido Pereda, de 30 años, muere a causa de las heridas recibidas.
Al balance final de cinco muertes se añaden más de sesenta heridos graves, muchos de ellos por disparos de bala, y muchos más de carácter leve. «Los problemas empezaron cuando la policía atacó una iglesia donde se reunían miles de trabajadores», explica Henry Giniger,113 que se hace eco de las voces que claman por la dimisión de un Gobierno incapaz de controlar la situación, tanto política y social como económica. Es la peor situación «desde los días de la Segunda República». The New York Times114 advierte al Gobierno que si no hay cambios, seguirán los disturbios, ya que «la reforma es peligrosa pero lo es mucho más el inmovilismo». The Guardian115 observa una protesta laboral tan fuerte «que hace que las factorías británicas parezcan un paraíso». Esa misma mañana, Walter Haubrich116 había ironizado sobre la afirmación de Fraga, que otras policías europeas venían a España para estudiar los métodos de la policía española. El ministro había afirmado que esos métodos son muy apreciados en el extranjero.
Bugialli117 explica el clima de revuelta social en cuatro crónicas desapasionadas, una «Vitoria muerta» y tomada por la policía, tras los ecos del entierro de las víctimas y otra jornada en la que policía desaparece de la ciudad, estremecida por un conmovedor silencio. En La Repubblica, José Antonio Novais118 teme que este crimen lleve al hundimiento del postfranquismo por la pérdida de toda confianza en la apertura y en un editorial119 se habla de «momento crucial» en el que parece que se haya acabado la tolerancia mostrada hasta ahora con la disidencia política.
España se encuentra en un «punto peligroso», advierte The Times,120 con una caída de la Bolsa de Madrid a su nivel más bajo que muestra también la poca confianza de los inversores. Atribuye poco valor a la advertencia que ha hecho Juan Carlos ante el Consejo del Reino de apelar al pueblo frente a los que se opongan a las reformas. Preocupa que el Gobierno y la derecha evoquen la Guerra Civil y se hable de «la chusma marxistaanarquista rompiendo los vidrios de las iglesias usando estatuas como misiles», frente a la mayoría de los vascos, la clase obrera y el PSOE, que hablan de disparos de la policía en respuesta al ejercicio justo del derecho de huelga y de manifestación. Hace falta un ejercicio de autoridad de los dirigentes, desde Fraga hasta los líderes presos y exiliados del Partido Comunista: «es el momento en que todos los líderes han de ser juzgados por su capacidad de calmar y contener». El ministro de Gobernación había partido aquella misma mañana en viaje oficial a la República Federal de Alemania. Cuando, de regreso, visita a los heridos en el hospital, Debelius121 destaca su actitud desafiante.
El balance de los primeros cien días del Gobierno Arias debería haber sido «más sustancial», escribe Sieve.122 En el desfase entre un cambio oficial y un cambio real con diferencias muy marcadas, hay «una diferencia que ha definido siempre las dos Españas». Es un «jaque al rey», escribe Jacques Guillemé-Brulon.123 Mientras, Areilza anuncia en el exterior la puesta en libertad de más detenidos políticos hacia junio, en el camino hacia las elecciones del año próximo, pese a la evidencia del bloqueo de dicha iniciativa por parte del ejército que comparte también Niedergang.124
Desde el rey hasta los comunistas, todo el mundo quiere una transición pacífica a la democracia, reconoce Kassebeer,125 pero Fraga hace muchas promesas sin que cambie nada. El control de la policía, la reforma del derecho de reunión y la protección de los manifestantes son necesidades imperiosas en el camino hacia la democracia. «El odio a la policía, que no sólo es compartido por la oposición, es una hipoteca para las reformas». Robert Held126 urge acelerar las reformas como única solución, ya que más retrasos solo traerán excusas para la violencia de los extremistas. Acusa a comunistas españoles y nacionalistas vascos de causar conflictos que provocan a los poderes reaccionarios de Madrid, pero también a la policía española, con poca experiencia democrática, de tener «los nervios flojos» o gusto por la provocación. En ese contexto, acoge con entusiasmo el rechazo del PSOE a formar un frente popular con el PCE, un importante paso adelante hacia un futuro sistema político estable y sin extremismos.
Ha habido otros dos muertos en choques con la policía –Juan Gabriel Rodrigo Kafo, de 20 años, el día 6 de marzo en Tarragona, y Vicente Antón Farrero, de 18 años, el día 8 en Basauri (Vizcaya)– y ya son siete en las últimas dos semanas. Mark Arnold Foster,127 enviado de The Guardian, habla del fuerte resentimiento existente en el País Vasco, donde la huelga general es absoluta gracias al apoyo de las autoridades locales que consideran la protesta justificada. El día ocho ha comenzado en el acuartelamiento de Hoyo de Manzanares, en las afueras de Madrid, el consejo de guerra contra nueve oficiales del ejército, acusados de pertenecer a la ilegal Unión Militar Democrática, que se atribuye 500 miembros activos y unos dos mil simpatizantes. Son juzgados Luis Otero Fernández, comandante de infantería; los capitanes José Fortes Bauzán y José Reinlein García Miranda, de caballería; Jesús Martín Consuegra y López, de infantería; Manuel Fernández Lago, de artillería; Fermín Ibarra Renes, de ingenieros; Antonio García Márquez, de infantería; y Jesús Ruiz Cillero, de aviación. Foster detalla el silencio guardado ante el tribunal por la mayoría de los procesados, en protesta por habérseles impuesto defensores militares en lugar de los abogados que habían propuesto.
El futuro de España resulta más sombrío que en ningún otro momento desde la muerte de Franco, escribe Roger Mathews.128 Frente a la extrema izquierda sindical y política que habla del inicio de un proceso revolucionario dirigido por la clase obrera, la extrema derecha afirma «que la Guerra Civil aún no ha terminado y que hay que luchar una nueva cruzada para salvar a la civilización». Las opciones del Gobierno y del rey siguen siendo básicamente las mismas desde el día de su toma de posesión, pero el tiempo se convierte rápidamente en el factor crítico.
The Washington Post129 es más crítico que en otras ocasiones. No da crédito al Gobierno, que atribuye los sucesos de Vitoria a provocadores profesionales, relacionados con los comunistas, sino que parte de culpa es de un ejecutivo «a la deriva» que parece haber dado marcha atrás en la liberalización. La «masacre» de Vitoria proyecta una larga sombra sobre la imagen de Juan Carlos, al que Jim Hoagland califica de «inestable» y a su programa de reformas de «limitado y cauteloso». El rey parece estar preso en «una ratonera diseñada por Franco» y tiene al Gobierno Arias, las Cortes y el ejército como principales obstáculos. Tampoco duda The Daily Telegraph130 en denunciar la existencia de un «vacío peligroso en España» y juzga desalentador que el miedo a actuar precipitadamente haya llevado a la parálisis. «El rey y los que quieren la reforma han de ver que antes o después habrán de enfrentarse a la vieja guardia y mandarla de vacaciones. Tal como están las cosas, cuanto antes mejor».
La sensación de crisis de Gobierno se instala entre la prensa extranjera como única forma de restablecer en lo posible una credibilidad mínima a las reformas. Bugialli131 apunta la filtración de conversaciones privadas del rey con Areilza y Fraga como síntoma de un cambio inminente. De no producirse, el proceso democrático queda tocado de muerte, cree Franco Ferrarotti,132 en el mismo Corriere della Sera, que reclama a Europa más implicación: «se avecina el momento decisivo del que dependerá el futuro del pueblo español. Europa no puede seguir mirando». En un clima de pesimismo, Sandro Viola133 ve la España de Juan Carlos prácticamente igual a la de Franco.
En esa situación crítica, se dice que Arias Navarro ha presentado su dimisión al rey Juan Carlos, que no la ha aceptado, según Niedergang,134 a pesar de la recomendación que le hace su padre Juan de Borbón, en una visita en Madrid, el día 9, para tratar de su posible renuncia a los derechos dinásticos. Se proclama una segunda prórroga del mandato de las Cortes hasta el 26 de enero de 1977, mientras los procuradores nombrados por Franco o elegidos por sistemas distintos al sufragio universal se organizan en corrientes políticas. El 13 de marzo, ETA mata al taxista Manuel Albizu Udiázquez en Getaria (Guipúzcoa) y el 18 secuestra al industrial de Elgoibar Ángel Berazadi.
El día 26 de marzo, la Junta Democrática de España y la Plataforma de Convergencia Democrática crean un organismo unitario de la oposición con el nombre de Coordinación Democrática, aunque conocida en seguida como Platajunta. El día 29 se convoca una rueda de prensa para su presentación pública, pero es prohibida por el Ministerio de Gobernación. La policía se lleva seis detenidos a la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol: el abogado Antonio García Trevijano –en cuyo despacho se había convocado el acto–, el sindicalista Marcelino Camacho –indultado y vuelto a detener por unos días en diciembre–, Nazario Aguado del Partido del Trabajo de España, Javier Álvarez Dorrronsoro del Movimiento Comunista de España, Raúl Morodo del Partido Socialista Popular y Luis Solana Madariaga del Partido Socialista Obrero Español. Los dos últimos son liberados al día siguiente, pero Camacho, Aguado y Álvarez Dorronsoro, comunistas de tres partidos distintos, permanecerán en prisión hasta el 25 de mayo y García Trevijano hasta el 12 de junio.
Prohibición y arrestos revelan el endurecimiento del Gobierno ante la oposición. Esta alianza entre la Junta Democrática, que incluye a los comunistas, y la Plataforma de Convergencia Democrática, inspirada por los socialistas, aún no siendo una agrupación unida en sus políticas, simboliza el primer paso sólido de la oposición por influir en el proceso político. Aunque partidario ante todo del afianzamiento del liderazgo del rey en la aplicación de la reforma política, The Washington Post135 empieza a presentar a una oposición democrática responsable y centrada.
Parece difícil que en el plazo de un año, como se ha dicho, España vuelva a ser un país democrático y pluralista, con elecciones libres, porque el programa de reforma de Fraga y Areilza está siendo desafiado a derecha e izquierda, destaca Financial Times.136 El diario de la City vuelve a fijarse en las dificultades de Juan Carlos que,
asediado por el profundamente conservador Consejo del Reino, (...) parece incapaz de poner su peso del lado del cambio, mientras que el peligro siempre presente de la violencia bien puede minar los esfuerzos de quienes en el gobierno desean genuinamente la reforma.
La exclusión del partido comunista –claramente más moderado que el francés o el italiano– sigue siendo la piedra donde tropieza la apertura para Le Monde,137 que publica una serie de tres reportajes de Marcel Niedergang,138 bajo el título «Cataluña, vanguardia democrática». El veterano Guillemé-Brûlon139 sigue destacando los pasos dados por el monarca para continuar con el proceso de apertura. La prensa extranjera140 sigue con atención las demandas de amnistía, libertad y estatuto de autonomía que llegan desde Barcelona, con fuertes choques de policía y manifestantes durante el primer fin de semana de abril.
La aprobación con que Le Monde141 habla de lo que ocurre en Cataluña contrasta con lo que sucede en el País Vasco. El asesinato del industrial Ángel Berazadi –que aparece muerto en una cuneta el 8 de abril– acentúa la dialéctica entre terrorismo y represión, crispación y prudencia. El día 30 de marzo ETA había matado al obrero Vicente Soria Blasco en Placencia de las Armas (Guipúzcoa). Abril comienza con «la peor violencia de un fin de semana de desórdenes españoles», con motivos de manifestaciones por la amnistía en las principales ciudades. La policía ha disparado en Barcelona balas de goma y bombas de humo contra los manifestantes y ha detenido en Madrid a unas 100 personas, entre las cuales se encuentran el director de cine Juan Antonio Bardem, el economista Ramón Tamames y el reportero mejicano Eduardo Cue, noticias que recogen en sus portadas The Times142 y The Guardian.143
El 4 de abril desaparecen en Hendaya los inspectores de policía José Manuel González Utero y José Luis Martínez Martínez. El día 5 se fugan 29 presos de la cárcel de Segovia, 24 de los cuales son de ETA. Serán capturados 24, cuatro conseguirán llegar a Francia y Oriol Solé Sugranyes, anarquista y compañero del ejecutado Puig Antich, muere en un encuentro con la Guardia Civil. El día 11, el guardia Miguel Gordo García muere electrocutado al retirar una ikurriña, que sigue prohibida, de un cable de alta tensión en Baracaldo. El día 12, Felipe Suárez Delgado muere de un disparo por no detenerse en un control de carretera en Zarauz. El día 18, el miembro de ETA Manuel María Garmendía Zubiarrain es abatido por la Guardia Civil en Vera de Bidasoa y el día 20, José Bernardo Bidaola Atxega en Echalar (Navarra).
La prensa italiana continúa considerando el terrorismo de ETA como parte del antifranquismo. Ante la fuga de la prisión de Segovia y el asesinato del industrial vasco Ángel Berazadi, La Stampa144 presenta a los condenados y a los terroristas como «militantes vascos», «prisioneros políticos» o «guerrilleros».
Incertidumbre y temor es lo que detecta el parlamentario conservador Peter Walker145 en su visita a «una España impaciente, que espera ansiosamente en tierra de nadie la democracia genuina», según explica en un artículo en The Times. De acuerdo con el calendario y los análisis adelantados por Fraga, da por probable la formación de cuatro grandes corrientes o partidos: una derecha encabezada probablemente por Arias y los nostálgicos del franquismo; un centro-derecha liderado por Fraga, al que considera como «el político mejor conocido en España y aquel cuya reputación ha crecido a pesar de sus muy difíciles tareas como ministro del Interior»; un centro-izquierda donde se combinen liberales y socialdemócratas; y una izquierda formada por los socialistas. De momento, no habría lugar inmediato para la extrema izquierda, o sea, los comunistas, a los que no alude directamente. Hay dos cosas que pueden hacer aquellos que desean el acceso de España a una democracia verdadera, en opinión de Walker: favorecer las concesiones económicas de la CEE y dar todo el aliento, amistad y liderazgos a los partidos homólogos españoles.
Cuando José María de Areilza viaja a Roma a mediados de abril, el mensaje de las autoridades y la prensa italiana es muy claro: sin democracia plena no habrá ingreso en la CEE. No sólo se lo recuerda el primer ministro democristiano Aldo Moro, sino también Pietro Nenni, un histórico del socialismo y presidente del comité italo-español del Parlamento italiano. Areilza «ha podido decir bien poco» durante la visita, afirma Dino Frescobialdi146 en Corriere della Sera: «sus hábiles explicaciones, para resultar convincentes, deben sostenerse en reformas concretas». En La Repubblica147 se recuerda al ministro español de Asuntos Exteriores que Marcelino Camacho sigue en prisión, de forma que «la democracia no existe», por mucho que haya venido a Roma a «vender el producto». La Stampa148 publica una pequeña noticia que marca con precisión el clima político del momento: «Detenido en España un niño de 10 años por escribir una canción de protesta».
En una visita privada a España, Edward Heath apoya la conveniencia de las negociaciones con la CEE. Tras pasar unos días en la Costa del Sol, el ex premier conservador inglés se entrevista en Madrid con el rey y otros líderes. The Daily Telegraph149 busca motivos de optimismo: en vísperas de las primeras elecciones portuguesas, dos años después de la revolución, recuerda que el menor tiempo transcurrido en España desde la muerte de Franco hace comprensible la lentitud de sus avances, con una escena política que ahora parece «congelada».
El reconocimiento del derecho a cobrar pensiones a los heridos de guerra del bando republicano, produce uno de los primeros elogios de Henry Giniger150 a una decisión gubernamental, porque refleja un deseo del Gobierno «de atenuar las divisiones provocadas durante la Guerra Civil y que todavía perduran». Se fija también en lo injusto y discriminatorio del sistema judicial español, así como en el retorno de ilustres exiliados como Claudio Sánchez Albornoz o Salvador de Madariaga. La presión del búnker se acentúa con la dimisión del falangista José Antonio Girón como miembro de la Comisión Mixta Gobierno-Consejo Nacional del Movimiento, el 10 de abril. Del 15 al 18, la Unión General de Trabajadores puede celebrar su primer congreso en España tras la Guerra Civil, pese a no estar legalizada, en lo que parece a Le Figaro151 un gesto de tolerancia hacia los socialistas. La autorización se concede en forma de «jornada de estudio sobre asuntos sindicales», pero asiste la plana mayor del sindicalismo europeo, pronuncia un discurso Felipe González y se canta La Internacional con el puño en alto, por primera vez en un acto público.
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