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Cuente las estrellas en un cielo vacío: Confíe en las promesas de Dios frente a lo imposible
© 2020 por Editorial Patmos
Publicado por Editorial Patmos
Miami, FL 33169.
Todos los derechos reservados.
Publicado originalmente en inglés por Baker Books, una división de Baker Publishing Group. www.bakerbooks.com, con el título
Counting stars in an empty sky: trusting God’s promises for your impossibilities. © 2019 por Leacheal, Inc.
El texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera ©
1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988
Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-Valera
1960™ es una marca registrada de la American Bible Society.
Utilizado con permiso.
El texto bíblico indicado con «NTV» ha sido tomado de la Santa
Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation,
2010. Usado con permiso de Tyndale House Publishers, Inc.,
351 Executive Dr., Carol Stream, IL 60188, Estados Unidos de América. Todos los derechos reservados.
Traducido por Roberto Cabrera
Diseño de portada e interior por Adrián Romano
e-ISBN: 978-1-64691-109-7
Categoría: Vida cristiana / Iglesia
Conversión a epub: Cumbuca Studio
Para John y Cindy Morris con profunda apreciación por su confiable amistad y acompañamiento en el evangelio.
Contenido
1 Portada
2 Portadilla
3 Creditos
4 Introducción: Contar las estrellas cuando no podemos ver ninguna
5 1. Siete promesas
6 2. ¿Un peregrino… o un vagabundo?
7 3. Falta de fe
8 4. La promesa de Dios renovada
9 5. El Dios que hace pactos
10 6. El capítulo del fracaso
11 7. El silencio de Dios
12 8. El amigo de Dios
13 9. El nacimiento de la risa
14 10. Las estrellas de Abraham
15 Notas
Landmarks
1 Portada
2 Portadilla
3 Creditos
4 Dedicación
5 Contenido
6 Introducción
Introducción
Contar las estrellas cuando no podemos ver ninguna
Alguna vez se ha preguntado: ¿Dios me ha abandonado?
¿Todavía cumple sus promesas?
Alguna vez se ha preguntado: ¿Cuál es el plan de Dios para mi
vida? o ¿Cuál es su plan para mis hijos?
Alguna vez ha suplicado a Dios en oración y luego se ha preguntado: ¿Por qué no responde? ¿Por qué se retrasa, mes tras mes,año tras año?
Alguna vez ha pensado: ¿Es un pecado sentir que Dios me ha dejado de lado y me ha olvidado? ¿Debería seguir confiando en Él?
¿Alguna vez ha tratado de hacer la voluntad de Dios a su manera, con resultados desastrosos? ¿Alguna vez ha tratado de adelantarse a la voluntad de Dios y de acelerar sus tiempos?
¿Alguna vez ha querido un hijo propio tan desesperadamente que haría cualquier cosa, ¡cualquiera!, para hacerlo realidad?Sin embargo, la puerta a la paternidad se ha cerrado en su cara y atornillado al marco.
Si usted puede identificarse con alguno de estos sentimientos y experiencias, entonces la historia de Abraham es para usted. Cambios en la historia, retos culturales, cambios tecnológicos, pero la naturaleza humana no ha cambiado desde que comenzó la raza humana. Somos los mismos bajo la piel. La historia de Abraham es su historia y la mía.
¿Qué tiene usted en común con Abraham, este hombre anciano y de fe del Antiguo Testamento? No mucho, ¿verdad? Después de todo, Abraham vivió hace cuatro mil años en medio de culturas extrañas y costumbres en una región distante del mundo.
¿Qué tiene que decir un hombre de su época a la gente que usa el Internet y los teléfonos inteligentes, que lucha con los ingresos, los impuestos y las deudas con tarjetas de crédito, que trabaja en edificios de oficinas y se queda atascada en el tráfico, que se preocupa por el terrorismo, la guerra y la crisis de la deuda internacional? ¿Qué hace un hombre de la era de Abraham para decirnos algo en pleno siglo xxi?
Y, sin embargo, a medida que estudiamos la historia de Abraham y su esposa Sara, encontramos que la vida del patriarca nos habla de manera sorprendente. De hecho, cuanto más nos acercamos a él, es más evidente en todos los sentidos que realmente importa, que es como usted y como yo. Su historia es la historia de su viaje de fe y el mío.
Abraham era un hombre de fe, y podemos aprender a vivir una vida de fe mediante el estudio de su historia. Era un hombre con defectos, así como usted y yo somos seres humanos defectuosos. Pecó, desobedeció, trató de forzar la mano de Dios y doblegar su voluntad, con resultados desastrosos. Sin embargo, a pesar de los pecados de Abraham y de sus imperfecciones, fue llamado «el amigo de Dios».
El momento crucial en la historia de Abraham, y la visión clave para nuestra vida, se encuentra en Génesis 15:5. Dios lleva a Abraham afuera por la noche y le muestra los cielos. «Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. [...] Así será tu descendencia».
Cuando Dios llamó a Abraham de Ur de los caldeos y le prometió hacer de él una gran nación, Abraham tenía setenta años de edad, su esposa tenía sesenta años y no tenían hijos. Cuando Abraham dejó Harán para ir hacia la tierra prometida, tenía setenta y cinco años. Diez años después, cuando Abraham tenía ochenta y cinco, Dios renovó su promesa a Abraham y le dijo que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas en el cielo nocturno. Dios invitó a Abraham a contar las estrellas; estas no solo simbolizaban a los descendientes de Abraham, sino también eran emblemas de las promesas de Dios y de la fe de Abraham.
En los años venideros, Abraham pasaría por momentos de oscuridad, tiempos en los que no había estrellas que ver. Él se preguntaría: ¿Dios me ha abandonado? ¿Mantendrá su promesa? ¿Cuál es su plan para mi vida, y para mis hijos? ¿Por qué no contesta mi oración? ¿Por qué el retraso?
Sin embargo, Abraham no renunciaría a Dios, a pesar de que tuvo que esperar treinta años, más allá de su centenario, para que Dios le diera un hijo, el primero de esas «estrellas» que Dios le había prometido. A pesar de su desaliento y la tristeza de los años sin hijos, a pesar de la burla y el escarnio de sus vecinos, Abraham continuó mirando hacia el cielo. Él continuó contando estrellas, incluso cuando no había estrellas para ver.
En estas páginas, usted descubrirá los principios de la vida abundante de la historia de Abraham. Aprenderá a contar las promesas de Dios para usted, las muchas promesas que le ha dado en su Palabra. Dios nos ha hecho más de tres mil promesas en la Biblia, promesas de:
Vida abundante
Respuesta a nuestras preguntas
Garantía para nuestras dudas
Bendiciones para nuestra vida y nuestras familias Consuelo en la tristeza
Compasión por nuestros sufrimientos
Confianza para nuestros desafíos
Coraje para tiempos peligrosos
Defensa de nuestros enemigos
Liberación de la tentación
Dirección para el viaje
Estímulo para nuestro cansancio
Vida eterna
Fe para el futuro
Perdón por el pasado
Libertad de las preocupaciones y la ansiedad
Amistad con Dios
Gracia para cada día
Orientación para nuestros planes Sanidad de nuestras enfermedades
Ayuda en tiempos difíciles
Esperanza en tiempos de desesperación
Herencia que nunca se desvanecerá
Gozo en tiempos de dolor
Justicia cuando nos han hecho daño
Amor que nunca falla
Misericordia que nunca se agota
Paz que sobrepasa el entendimiento
Placeres eternos
Fuerza ante todo problema
Presencia de Dios
Protección contra los peligros
Provisión para nuestras necesidades
Refugio en tiempos difíciles
Rejuvenecer ante el desfallecimiento
Rescate cuando pedimos ayuda
Descanso y restauración para nuestras almas
Recompensas por el servicio obediente
Salvación por gracia a través de la fe
Satisfacción que es profunda en el alma
Refugio en el momento de la tormenta
El éxito por los planes que nos da
Victoria sobre obstáculos y oposición
Vindicación ante acusadores
Sabiduría cuando lo invocamos
Estas son solo algunas de las promesas que nos hace. Estas son las promesas que Dios nos ha dado en su Palabra. Estas son las estrellas que Dios nos ha dado para contar. Dios le dijo a Abraham que contara las estrellas aun cuando pudiera no verlas. Y Dios nos dice a usted y a mí que contemos las estrellas de sus promesas, incluso cuando la noche esté oscura y sin estrellas, aun cuando nuestras circunstancias nos asedian como un espectro de una pesadilla.
Al caminar junto a Abraham a través del viaje de su vida y su fe, veremos su confianza en Dios fallar de vez en cuando, así como tan fácilmente flaqueamos nosotros en la propia fe, y a la vez observaremos su aprendizaje y su crecimiento en la fe y la obediencia. Vamos a ver que Dios lo levanta con paciencia, como si nada hubiera pasado, y lo pone de pie de nuevo. Y aprenderemos cómo seguir avanzando y en ascenso con Dios, cómo seguir contando estrellas cuando no podemos ver ninguna.
¿Cuáles son las estrellas que Dios le pide que cuente hoy? Es posible que usted no logre ver esas estrellas en la oscuridad de sus circunstancias, pero al igual que Abraham, puede contar con ojos de fe.
Que el testimonio de Abraham sea el suyo también. Su fe no era en vano, y tampoco la suya. Como Hebreos 11:12 testifica: «Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar».
¿Qué tenemos en común con este hombre de fe del Antiguo Testamento? ¡Todo! Acompáñeme mientras vamos cuatro mil años atrás en el tiempo para encontrar un ser humano de carne y hueso como usted y yo, que falla, pero que también crece y nos muestra cómo podemos contar las estrellas de las promesas infalibles de Dios, incluso en los tiempos oscuros de la vida.
1
Siete promesas
¿Alguna vez ha intentado contar las estrellas?
El astrónomo grecorromano Claudio Ptolomeo, que vivió en Alejandría, Egipto, en el siglo 11 a. C., fue el primer científico en catalogar las estrellas visibles en el cielo nocturno. Su libro Almagesto, traza la posición de 1022 estrellas, todas las que Claudio Ptolomeo podía ver.
Casi mil cuatrocientos años después de Claudio Ptolomeo, el astrónomo danés Tycho Brahe, descubrió un error en la obra de su colega, y decidió hacer un registro nuevo y más preciso de las estrellas. Tycho fue una paradoja andante, un científico con una mente disciplinada y lógica, que también fue conocido por sus extremos emocionales. Como estudiante universitario, se enfureció por un comentario que hizo su primo, y combatieron en un duelo de espadas en la oscuridad. El primo dio un golpe que arrugó la frente de Tycho y le cortó la nariz, y Tycho usó una nariz hecha de latón por el resto de su vida.
Tycho comenzó a registrar sus observaciones nocturnas de las estrellas en 1563. El telescopio aún no se había inventado, pero él usó los aparatos de medida más precisos de su era para trazar la posición exacta de cada estrella visible. Completó su registro de mil estrellas en 1597, treinta y cuatro años después de comenzar.1 Imagine la dedicación de Tycho Brahe, al dedicar casi tres y media décadas de su vida a una tarea: contar las estrellas del cielo y registrar su posición.
En Génesis 15, Dios usa la imagen de contar las estrellas como una analogía de la fe en sus promesas. Dios le dice a Abraham que cuente las estrellas, y le promete que sus descendientes serán tan numerosos como las estrellas del cielo. En ese punto de su vida, Abraham ya estaba en sus ochenta y no tenía hijos. Sin embargo, Dios le había prometido descendientes, y Abraham creyó en la promesa de Dios.
Cuando usted observe de cerca la travesía de fe de Abraham, verá que no todo fue sencillo; él enfrentó muchos desafíos en su caminar con Dios. Experimentó duda y temor. Batalló contra sus propios demonios internos. Fue hacia la izquierda cuando Dios le dijo que fuera a la derecha. Falló y pecó. A menudo estuvo tentado a abandonar su fe en Dios, pero Dios dijo: «¡Sigue contado estrellas, Abraham! Sigue confiando en mis promesas».
La razón por la que Abraham es una figura central del Antiguo Testamento es porque perseveró en su fe. Continuó contando estrellas a pesar de las circunstancias. Todo lo que Abraham tenía para continuar eran las palabras de Dios habladas a su propio corazón. Abraham no tenía una Biblia. No tenía un pastor, un grupo de estudio bíblico ni un sitio web cristiano que le ayudara a comprender las palabras de Dios. Lo único que tenía eran las palabras del Dios todopoderoso, habladas directamente a él, diciendo: «Yo sé que no tienes estrellas justo en este momento, pero comienza a contar estrellas de todas formas».
La primera noche en que Dios sacó a Abraham de su tienda y le mostró el cielo nocturno, el dosel de estrellas en lo alto se convirtió en el símbolo duradero de la confianza de Abraham en Dios. Esas estrellas fueron el símbolo centellante de la luminosa fe de Abraham en Dios hasta el día en que exhaló su último aliento.
Atrapados en Harán
La historia de Abraham comienza con los últimos versículos de Génesis 11. El nombre que se le dio a Abraham al nacer fue Abram, que significa «padre exaltado» en el idioma hebreo. Dios cambiará el nombre de Abram a Abraham («padre de una multitud») cuando tenga noventa y nueve años y reciba el pacto de la circuncisión.2 A lo largo de este libro, para evitar la confusión, lo llamaré por su último nombre, Abraham.
Nació en la ciudad de Ur de los caldeos, en la ribera sur del río Éufrates en la baja Mesopotamia, la tierra hoy conocida como Irak. Su padre fue Taré y sus hermanos fueron Nacor y Harán (el padre de Lot). Josué 24:2 nos dice: «Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños». La esposa de Abraham se llamaba Sarai (después sería llamada Sara), y no podía concebir un hijo.
En Génesis 12, Dios le dice a Abraham:
.. .Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. (vv. 1-3)
De modo que Abraham, su esposa Sarai, su padre Taré y su sobrino Lot partieron hacia Canaán, pero algo sucedió en el camino. Se detuvieron en la ciudad asiria de Harán en la alta Mesopotamia. Hoy, usted puede visitar las ruinas de Harán, localizadas cerca de la aldea de Altinba^ak, al sur de Turquía. En el tiempo de Abraham, Harán era una ciudad bulliciosa y rica, un sitio de actividad religiosa, cultural y comercial. Aunque Dios había llamado a Abraham a la tierra de Canaán, él y su familia se detuvieron y se quedaron en Harán.
La Biblia no nos dice por qué se establecieron ahí, pero las razones no son difíciles de adivinar: Harán es una ciudad mundana y emocionante, la versión del mundo antiguo de Las Vegas. Probablemente no fue Abraham quien escogió establecerse en Harán; eso casi con certeza fue decisión de Taré. El padre de Abraham, un hombre que «servía a dioses extraños», fue atraído por la mundanalidad, la gente y la vida nocturna de Harán. Era una ciudad llena de templos y altares a falsos dioses. Abraham no estaba de acuerdo con su padre, pero respetó sus deseos. Así que, incluso aunque Dios había llamado a Abraham a la tierra de Canaán, Taré y toda su familia fijaron su residencia en Harán.
Abraham y Sarai permanecieron atrapados en Harán hasta que Taré murió.
Un lugar de transigencia y confusión
La vida de Abraham es un espejo de la suya y la mía.
Como Abraham, cada creyente, cada seguidor del Señor Jesucristo, ha sido llamado por Dios para salir del antiguo país del pecado e ir a una nueva tierra, una tierra prometida. Todos nacimos en el país del pecado. Nacimos de espaldas a Dios, en una condición de rebelión, con corazones que eran indiferentes y hostiles hacia Él. Nuestra vida precristiana fue nuestro Ur de los caldeos.
Dios nos llamó y nos dijo: «Ven y sígueme. Deja tu vida de pecado, aléjate de tus viejos caminos. Despójate de tu egoísmo, obstinación y rebelión, de tu confusión y desamparo, y comienza a caminar en el camino que te mostraré. Perdonaré tus pecados por la sangre derramada de mi Hijo, Jesucristo. Sanaré tu espíritu herido y tu alma lastimada. Te daré una nueva identidad. Te daré un corazón que desee obedecerme. Te adoptaré como mi hijo, y te convertirás en heredero de todo lo que pertenece a Jesús. Esa es mi promesa para ti, más cierta y confiable que las estrellas del cielo. Desde ahora en adelante, quiero que cuentes las estrellas, porque las bendiciones que derramaré sobre tu vida serán más numerosas que las estrellas de los cielos».
Cuando usted toma la decisión de seguir a Cristo, y ha pasado de muerte a vida eterna, de condenación a perdón, ese es el mensaje que Dios ha hablado a su vida. Puede no haber escuchado el mensaje en esas palabras. Puede no haber comprendido lo que Dios le estaba diciendo. Pero ese fue su mensaje para usted al darle la bienvenida en su familia eterna.
Quizá comenzó su nueva vida en Cristo con un sentimiento de gozo y emoción. Pudo haber pensado: ¡Qué emocionante es conocer a Jesús! ¡Qué aventura es pertenecer a Él! Y usted comenzó a contar las estrellas de bendiciones que Dios estaba derramando sobre su vida. Él lo llamó a salir de Ur y puso sus pies con dirección hacia la tierra prometida, hacia Canaán. Usted estaba emocionado de estar en su nuevo caminar con Dios.
Pero a lo largo del camino, algo sucedió: lo mismo que le sucedió a Abraham. Después de rendir su vida a Jesús y de experimentar el gozo de conocerle, la emoción se desgastó. Se halló a sí mismo empantanado en la mitad de su travesía. Se halló a sí mismo en Harán.
¿Qué es Harán? Es un Las Vegas espiritual. Es un lugar de transigencia, confusión y pecado. Es un lugar de obstrucciones y barricadas espirituales, un lugar en donde usted pierde su gozo y la voluntad de avanzar hacia Dios. Es un lugar de estancamiento, un lugar en el que su caminar espiritual llega a un alto.
Dios lo salvó de Ur para que pudiera tener una vida victoriosa en Canaán. Lo bendijo con todas las ricas bendiciones de Canaán. Como nos dice el apóstol Pablo, la voluntad de Dios es que usted pueda continuamente crecer y cambiar «de gloria en gloria», y que cada nuevo día se vuelva más y más como Cristo.3
No obstante, está aquí, atrapado en Harán, varado en Las Vegas espiritual.
Comenzó bien cuando le dijo que sí a Jesús. Pero poco después, comenzó a mezclar lo antiguo con lo nuevo. Se estableció la transigencia. Comenzó a conformarse con la mediocridad de una fe poco entusiasta. ¿Cómo escapa de Harán? ¿Cómo escapa de las garras de Las Vegas espiritual y regresa al camino a Canaán? ¿Cómo sale de la zanja y regresa a ese plano más elevado de fe y gloria?
No transija con el mundo
Cuando Dios llamó a Abraham, él estaba empapado de la adoración a falsos dioses. La idolatría había hundido sus garras profundamente en el alma y la carne de la familia de Abraham. Muchos cristianos asumen que la gente cuyas historias se narran en la Biblia fueron súper santos. ¡No es verdad! Eran personas de carne y hueso que fallaban y pecaban, tal como usted y como yo lo hacemos. Eso definitivamente es cierto respecto de Abraham y de su familia.
En Génesis 29 al 31, hallamos la historia del nieto de Abraham, Jacob, y su matrimonio con Lea y con Raquel, las dos hijas de Labán, el sobrino nieto de Abraham. Labán había engañado a Jacob para que trabajara para él por catorce años como una dote por Raquel. Después, persuadió a Jacob de trabajar seis años más después de que terminaron los catorce. Finalmente, Jacob decidió que ya había tenido suficiente, y tomó a sus dos esposas, sus sirvientes y sus posesiones y huyó.
Antes de que Raquel se uniera a Jacob, fue a la tienda de Labán y hurtó los ídolos de su padre, sus falsos dioses.4 La Biblia no nos dice por qué robó los ídolos. Quizá Raquel era una idólatra y pensó que los ídolos le darían buena suerte. Pero esta escena muestra que el pecado de idolatría estaba profundamente incrustado en la familia de Abraham. No hay nada más ofensivo para Dios que cuando sus hijos, a quienes Él ha redimido y salvado, comienzan a mezclar falsa religión con la verdad, los caminos de su antigua vida con el de la nueva.
En Apocalipsis 3, el Señor se dirige a la iglesia de la ciudad de Laodicea, y condena a aquella iglesia por tener un pie en el mundo y otro pie en la vida cristiana. «Yo conozco tus obras —dice—, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (vv. 15-16).
Ese tipo de tibieza espiritual fue lo que Abraham vivió en Harán. A medio camino entre Ur y Canaán, Abraham había alcanzado el punto de media obediencia a Dios, y ahí se quedó. Dios tuvo que sacar a Abraham de Harán, porque Él es un Dios celoso. No compartirá a sus hijos con el mundo, y no dejará a sus hijos en una tierra de una fe a medias.
Algunos creyentes hacen concesiones en su fe porque desean ser aceptados por el mundo. No quieren que los odien o que se burlen de ellos por su obediencia a Cristo. No quieren ser acusados de ser sexistas y de llevar a cabo una «guerra contra las mujeres» por oponerse al aborto. No quieren ser acusados de ser intolerantes y homofóbicos por pronunciarse a favor de la definición bíblica del matrimonio.
Es una mentira de Satanás que los cristianos sean indiferentes y prejuiciados y que no crean en la igualdad. No debemos de sorprendernos de que el mundo nos deteste. Jesús dijo que el mundo nos odiaría porque el mundo lo odió a él.5 Como cristianos, amamos a la gente homosexual con el amor de Cristo, incluso aunque no apoyamos su conducta ni el matrimonio del mismo sexo. No obstante, he conocido pastores que estaban tan desesperados por evitar ser llamados antigay que sacrificaron la verdad bíblica en el altar de la aceptación del mundo. Transigieron con su fe y se establecieron en Harán.
El mundo odia nuestra justicia, nuestros estándares bíblicos y nuestro mensaje del evangelio. Debemos esperar el ser odiados y perseguidos, y no debemos dejar que el odio del mundo nos impida obedecer al Señor. Cuando obedecemos a Dios, seguimos el ejemplo de Noé. Hebreos 11 nos dice: «Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe» (v. 7).
Noé no tenía la intención de condenar deliberadamente al mundo al vivir fiel y obedientemente delante de Dios. Él quería salvar al mundo e invitar a tanta gente como fuera posible para unirse a él y a su familia en el arca. Pero cuando sus vecinos vieron su fe y su obediencia, se sintieron condenados. Su propia pecaminosidad y culpa los condenaron.
No tenemos ni que abrir la boca para condenar a la gente que nos rodea por su pecado. Nuestra forma de vivir obediente y moral enfurecerá a aquellos que se rebelan contra Dios. No se sorprenda de su odio vengativo. En lugar de ello, regocíjese en sus falsas acusaciones. Es correcto, ¡regocíjese! Eso es lo que Jesús nos dice en las Bienaventuranzas: «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros» (Mateo 5:11,12).
Una promesa en siete partes: «Yo lo haré»
Después de que el padre de Abraham murió, Abraham continuó en la travesía. Tuvo que dejar su pasado atrás. Tuvo que renunciar a todo lo que había sido cercano y querido para él en Ur. Tuvo que mudarse a un lugar que nunca había visto, un lugar que era extraño y desconocido para él.
La excursión de Abraham hacia Canaán debió haber sido una travesía solitaria. Sí, Sarai iba con él, y su sobrino Lot. ¿Pero comprendieron el extraño llamado que Dios le había hecho? ¿Comprendieron cuando Abraham escuchó una voz que ellos no podían escuchar, cuando recibió el llamado que no podían entender, que Abraham estaba en contacto directo con Yahvé, el hacedor del universo? Lo dudo. Creo que Abraham debió haberse sentido totalmente solo con este llamado que Dios había hablado a su corazón y su alma.
Pero Abraham no estaba solo. Dios estaba con él, y Dios era lo único que él de verdad necesitaba.
Usted y yo tenemos un gran privilegio como cristianos. Nunca tenemos que caminar solos en nuestra vida cristiana. Dios está con nosotros. Nuestros hermanos de la iglesia están con nosotros. Esa es la promesa de Dios para nosotros, tal como fue su promesa para Abraham: nunca estamos solos.
En los tres primeros versículos de Génesis 12, Dios le dice a Abraham: Te mostraré una tierra. Te convertiré en una gran nación. Te bendeciré. Engrandeceré tu nombre. Bendeciré a quien te bendijere. Maldeciré a quien te maldijere. Dios hace siete «promesas» a Abraham. Si usted está llevando la cuenta, puede haber notado que solo he listado seis. Eso es porque Dios le da a Abraham la séptima promesa después. Dios dijo las primeras seis promesas cuando Abraham todavía vivía en Ur de los Caldeos. Le dijo la séptima promesa a Abraham después de que él dejó Harán y llegó a Canaán.
Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.
Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido. (Gn. 12:4-7)
La séptima promesa es: «A tu descendencia daré esta tierra», la tierra de Canaán. Implícita en las siete promesas está la promesa de Dios de estar presente con Abraham. Dios promete su presencia a todos los que se arrepienten del pecado y se vuelven hacia Él en busca de perdón. Nosotros somos sus hijos, y Él nos ama con fuerte amor paternal.
Es educativo notar el contraste entre estas siete maravillosas «promesas» de Dios y las cinco declaraciones rebeldes de Satanás. En Isaías 14, Satanás dice:
Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.(vv. 13-14)
Debido a la jactancia rebelde de Satanás, Dios expulsó a Satanás del cielo. Las «afirmaciones de Dios» son promesas de amor. Las «declaraciones de Satanás» son alardes de odio.
Cuando Dios hace sus siete «promesas» en Génesis 12, lo único que le pide a Abraham que haga a cambio es alejarse de su pasado, con sus ídolos y pecado, y que fuera a una nueva tierra que Dios le mostraría. Si Abraham lo hacía, Dios derramaría esas bendiciones septuplicadas sobre la vida del patriarca. Cuando Dios dice «Yo lo haré» y nosotros respondemos a su promesa, Él nos bendice.
Hay una progresión natural en las promesas que Dios le hace a Abraham. Van de una gloria a otra. La vida cristiana no es un estado estático e inmóvil. Dios no diseñó esta vida para que fuera una sala de espera. Diseñó la vida cristiana para que fuera una travesía, una progresión, una aventura.
A veces parece una carrera de obstáculos. Pero mientras caminamos, crecemos y nos movemos de gloria en gloria. Usted puede ver la progresión de una gloria a la siguiente en las siete promesas que Dios le hace a Abraham.
Promesa #1: La tierra que te mostraré
La primera promesa de Dios a Abraham es «la tierra que te mostraré». La séptima y última promesa para Abraham es «A tu descendencia daré esta tierra». Abraham va de ver, a recibir. Primero, Dios le mostraría la tierra; por último, Abraham la posee.
Su confianza total en Dios es la clave para recibir las promesas de Dios.
De la misma manera, Dios nos dice: «Voy a mostrarte las grandes bendiciones que tengo para ti mientras caminas conmigo y me sirves, si me mantienes en el primer lugar de tu vida». Y un día vendrá cuando alcancemos la tierra que Él ha prometido, y poseeremos esa tierra, gobernaremos y reinaremos con Él para siempre.
Pero debemos elegir caminar con Él hacia la tierra que nos ha mostrado. Debemos elegir confiar en Él, obedecerle e ir hacia donde Él nos dirija. Siempre que yo elijo ir por mi propio camino, soy apaleado, termino derrotado y pierdo mi camino. Pero siempre que voy a donde Él elige, soy totalmente bendecido. Usted probablemente puede aseverar la misma verdad en su propia vida.
Dios nos ha dado el don del libre albedrío, y podemos usarlo para elegir su camino o ir por el nuestro. Sea cuidadoso con la elección que haga. Sí, usted puede elegir ir por su propio camino, establecerse en Harán después de que Dios le ha llamado a Canaán. Y Dios le dejará salirse con la suya, al menos por un tiempo. Pero encontrará que, al hacerlo, nulificará la promesa de Dios para usted. Cuando vaya por su propio camino, hallará que no hay bendición al final del sendero.