Czytaj książkę: «No me acuerdo muy bien & Europía»

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Gérard Watkins

No me acuerdo muy bien

Traducido por Walter Romero

Europía

Fábula geo-poética

Traducido por Silvio Mattoni

Colección Tintas Frescas



Watkins, GérardNo me acuerdo muy bien & Europía / Gérard Watkins. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2020.Libro digital, EPUB - (Tintas frescas)Archivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Walter Romero ; Silvio Mattoni.ISBN 978-987-599-631-11. Teatro Inglés. I. Romero, Walter, trad. II. Mattoni, Silvio, trad. III. Título.CDD 822


Esta publicación cuenta con el apoyo del Relai spectacle vivant pour l’Amérique du Sud hispanophone, del Institut Français d’Argentine y del programa Fabula Mundi Playwriting Europe: Beyond Borders.

©Libros del Zorzal, 2019

©Gérard Watkins, 2019

Títulos originales de las obras:

Je ne me souviens plus très bien

Europia

Buenos Aires, Argentina

Printed in Argentina

Hecho el depósito que previene la Ley 11.723

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Índice

Sobre la colección Tintas Frescas |6

No me acuerdo muy bien |8

Personajes | 9

1. | 10

2. | 22

3. | 24

4. | 31

5. | 32

6. | 46

7. | 48

Europía. Fábula geo-poética | 53

Personajes | 54

1.

Estocolmo | 55

LA ENTREVISTA DE OLA FLODIN | 67

CONSTELACIÓN DE SUEÑOS.

CONSTELACIÓN DE POEMAS EN BANDA | 71

COFFEE SHOP ÁMSTERDAM | 76

BAJO LA LUZ ROJA | 79

2. .

Hamburgo. .

CONSTELACIÓN DE IDENTIDADES. Gdansk | 113

3. .

LOS INDIGNADOS DE BUCAREST | 131

CONSTELACIÓN DE UTOPÍAS | 136

CONSTELACIÓN DE PARTIDA | 142

Atenas | 143

ALEGORÍA DE LA CAVERNA | 146

PERFORMANCE ANGELA MERKEL | 147

STAVROS POR OCHO | 148

Sobre la colección Tintas Frescas

La edición de obras de teatro es un gesto fuerte y fundamental. Ofrece a todos los públicos la posibilidad de hacerse una idea propia sobre las nuevas dramaturgias, permitiéndole a cada uno recrear su propia música y alcanzar, en el ritmo de la intimidad, una interpretación personal.

El impulso de la innovación dramática, la búsqueda sobre la lengua y una mirada muy política y sin complacencia sobre nuestro mundo contemporáneo presidieron el espíritu de esta publicación.

En tiempos marcados por la multiplicación frenética de eventos verticales, esta edición le garantiza al autor una perennidad y una forma de estabilidad y horizontalidad. Tintas Frescas es un vasto proyecto de colaboración dramática, de traducciones e intercambios entre Francia y América del Sur, dentro de los cuales se encuentra también el festival Mousson d’été. Permite que, de ambos lados del Atlántico, estas tintas que no han secado encuentren múltiples resonancias, complicidades y espacios en los que puedan imprimirse y gravarse de manera duradera.

Más allá de las creaciones y producciones, los libros de teatro y sus infinitas riquezas son indispensables para la elaboración, la construcción y el equilibrio de una biblioteca. Y así, durante mucho tiempo, garantizan infinitas alegrías.

Michel Didym


Gérard Watkins nació en Londres en 1965. Se instaló en Francia el 1973. Escribió su primera obra, Dead End, en 1980. Escribió también letras de canciones para su grupo Western Eyes, en el cual cantó y tocó la guitarra hasta 1988. Durante su formación teatral en el Cours Florent (París), escribió y dirigió Scorches. Mientras se formaba en el Conservatorio Superior de Arte Dramático de París, escribió Barcelone. Actuó también en más de treinta obras de teatro y cuarenta películas. Desde 1994, dirige su compañía el Perdita Ensemble, con la cual dirigió todos sus textos: La Capitale Secrète, Suivez-Moi, Dans la Forêt Lointaine, Icône, La Tour, Identité, Lost, Je ne me souviens plus très bien, Scènes de Violences Conjugales, en diferentes espacios. Ganó el Premio de Literatura Dramática en 2010 con su obra Identité y fue nominado mejor dramaturgo con su texto Scènes de Violences Conjugales. Fue ganador del premio de la Fundación Beaumarchais, del Centro Nacional del Libro y de la Villa Médicis, con su proyecto Europia / fable géo-poétique, un espectáculo para los graduados de la erac, que dirigió en el teatro de las Bernardines y en el festival de Aviñón.

Sus textos se dirigen en particular a la gente que se siente sobrepasada, excluida, perdida en la sociedad contemporánea y que no tiene particular afición por los temas puestos por lo general en escena. Su escritura busca explorar las lógicas subyacentes de la actualidad, los dramas, las leyes y los hallazgos dentro de los cuales se vinculan los seres humanos.

Textos de teatro publicados: Suivez-Moi (Sophia Institute for the Creative Arts); Dans la Forêt Lointaine (Voix Navigables); Identité (Voix Navigables); Scènes de Violences Conjugales (Un thé chez les fous).

No me acuerdo muy bien

Personajes

Antoine D, un hombre en pijama que dice tener 96 años.

Didier Forbach, un hombre que dice tener 53.

Céline Brest, una mujer que dice tener 23.

Siempre en el mismo espacio.

En ese espacio, hay una silla y una cama sencillas.

En alguna parte, hay escalones.

En alguna parte, una pared.

1.

Didier Forbach.– ¿Querés empezar?

Antoine D.– No.

Didier Forbach.– ¿Preferís que empiece yo?

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– ¿Por el comienzo?

Antoine D.– Por favor.

Didier Forbach.– ¿Cómo te llamás?

Antoine D.– Antoine.

Didier Forbach.– ¿Cómo lo sabés?

Antoine D.– Escuché a alguien decirme Antoine. En la calle. Saliendo de mi casa.

Didier Forbach.– Alguien se te acercó. Y ese alguien te dijo algo así como “buenos días, Antoine. Hace buen tiempo esta mañana”.

Antoine D.– Él me dijo: “Buenos días, Antoine. Dame tus llaves, por favor”.

Didier Forbach.– ¿Y le diste las llaves?

Antoine D.– Tenía las llaves en mi bolsillo. Y se las di.

Didier Forbach.– Y esta persona, ¿cómo se llamaba?

Antoine D.– Ni idea.

Didier Forbach.– ¿Le diste las llaves de tu casa a alguien que no conocías por el solo hecho de que te las pidió?

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– ¿Antoine qué? ¿Antoine cuánto te llamas?

Antoine D.– D.

Didier Forbach.– Antoine D.

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Es una letra entonces, D.

Antoine D.– Sí, es una letra que me viene a la mente.

Didier Forbach.– ¿Qué estás mirando, Antoine?

Antoine D.– Las sábanas blancas.

Didier Forbach.– Son de seda. Sabés lo que eso quiere decir, ¿no? Seda.

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– ¿Recordás palabras, entonces?

Antoine D.– Sí. Las recuerdo bien.

Didier Forbach.– ¿No te parece curioso que recuerdes palabras pero que no te acuerdes de tu nombre?

Antoine D.– Sí. Debe ser un reflejo.

Céline entra.

Céline Brest.– Buenos días, Didier.

Didier Forbach.– Buenos días, Céline. ¿Cómo te fue en la pasantía?

Céline Brest.– Increíble.

Didier Forbach.– Te bronceaste.

Céline Brest.– Hizo un tiempo fabuloso.

Didier Forbach.– ¿Estuvo bueno?

Céline Brest.– Creo que aprendí bastante.

Didier Forbach.– Acá estás llegando tarde.

Céline Brest.– Me disculpo.

Didier Forbach.– Te presento a Antoine D.

Céline Brest.– ¿D como Daniel Day Lewis?

Didier Forbach.– No. D como la letra del alfabeto. Ya no se acuerda de su nombre.

Céline Brest.– Buenos días, Antoine.

Antoine D.– Buenos días.

Céline Brest.– Me encanta su pelo.

Antoine D.– Gracias.

Céline Brest.– ¿Es natural?

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– Fuego de Arabia.

Antoine D.– ¿Cómo dice?

Céline Brest.– Si su pelo no fuera natural, se llamaría Fuego de Arabia.

Antoine D.– Ah.

Céline Brest.– O Secreto de Oriente.

Antoine D.– Bien.

Céline Brest.– Pero dado que es natural se ve un poco reseco. Se ve vivo, pero un poco seco.

Didier Forbach.– Ella se llama Céline Brest. Y yo, Didier Forbach.

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Esto te estoy diciendo.

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Estamos presentándonos.

Antoine D.– Encantado.

Didier Forbach.– ¿Me permitirías que te trate de usted?

Antoine D.– Sí. Mis padres solían tratarme de usted.

Céline Brest.– Yo lo traté de usted desde el comienzo.

Didier Forbach.– Es mejor así. Yo sufro una deformación crónica. Un traumatismo lingüístico. Que viene de mi padre. Que me llevaba todos los años a una fiesta donde uno podía tutear a todo el mundo. Y al final me quedó eso. Sin embargo, ahora no me parece demasiado estimulante. Lo siento como un traumatismo. No sé en qué se trasformó. Mi padre. ¿Viven todavía sus padres?

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– ¿Qué edad tiene usted, Antoine D?

Antoine D.– Tengo 96 años.

Didier Forbach.– Usted tiene 96 años y sus padres todavía están vivos. ¿Escuchaste eso, Céline?

Céline Brest.– Suena lindo.

Didier Forbach.– Ya lo creo.

Céline Brest.– Es la ciencia.

Didier Forbach.– Claramente es la ciencia y un cuidado extremo en la alimentación.

Céline Brest.– Él dice eso porque yo suelo comer rápido. ¿Tiene hijos?

Antoine D.– Dos.

Didier Forbach.– Como yo. ¿Qué edad tienen?

Antoine D.– 7 y 11.

Céline Brest.– ¿Usted tuvo su primer hijo a los 85 y reincidió a los 89?

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– Envidiable.

Didier Forbach.– ¿Qué edad tienen sus hijos, Antoine D?

Antoine D.– Hasta donde recuerdo…

Didier Forbach.– Sí.

Antoine D.– Ellos tenían esa edad.

Ellos tuvieron esa edad.

Didier Forbach.– Sí. Todos tuvimos esa edad.

Céline Brest.– Efectivamente. Todos hemos tenido esa edad.

Didier Forbach.– ¿Está usted casado? Porque lleva alianza. ¿Es casado?

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Como yo. Yo soy casado como usted.

Céline Brest.– Yo soy diferente.

Didier Forbach.– Sí, sos diferente. Sos más liberal y claramente diferente. Pero en cambio él y yo somos parecidos.

Dado que llevamos alianza y tenemos hijos a cargo, estamos hechos con el mismo molde.

Céline Brest.– Si vos los decís.

Didier Forbach.– Sabemos, él y yo, que la vida es un sacrificio. Que la sangre produce eso. Un sentido del sacrificio. Y que eso nos constituye. Y que es propio de nuestra persona. ¿Le dice algo todo esto?

Antoine D.– Seguramente debieron habérmelo dicho alguna vez.

Didier Forbach.– Es justamente por eso que somos parecidos.

Céline Brest.– Por eso mismo soy soltera.

Didier Forbach.– Pero esta noche, voy a volver a casa, besar a mis hijas y hacerlas ver una película de Jerry Lewis. Con un poco de suerte, consigo que se diviertan. Mientras tanto él, a la misma hora, estará a punto de hablarle a una pared. ¿Sabe usted por qué está aquí, Antoine? ¿Sabe usted por qué va a hablarle a esa pared y luego dormir en una pequeña cama con sábanas blancas?

Antoine D.– No realmente.

Didier Forbach.– Es a causa del pijama. Entre otras cuestiones. Vestir pijama en público está prohibido desde hace unos meses. Alguien lo denunció. De manera anónima. Técnicamente por eso está aquí y no en otro lado. Pero es igual de bueno para nosotros que usted esté aquí y no en otro lado. Y es muy bueno especialmente para usted, además. De hecho, es bueno para todo el mundo.

Céline Brest.– ¿Qué hacía usted en pijama por la calle, Antoine D?

Antoine D.– No me acuerdo muy bien. Me desperté y alguien tomó mi lugar. Algún otro. Que existía en mi lugar. Alguien más joven que yo. Más simpático que yo. Más bello que yo. Y más nefasto que yo, seguramente. Le hablaba a mi mujer. Le hablaba mejor que yo. Además la escuchaba. Él la escuchaba mejor que yo. No sé cómo llegué hasta ahí. Tampoco sé cuándo. Tengo el ligero recuerdo de una especie de cansancio. La noche anterior. Una pereza que me invadía. Una fatiga indescriptible. Y luego, al despertarme, ese tipo que estaba ahí. Le di la mano. Le agradecí. Le abrí la puerta. Salí. Me sentí realmente mucho mejor.

Céline Brest.– Sin embargo, no parece estar muy bien.

Antoine D.– Siento como un vértigo. Como si me hubiera subido a una escalera muy alta y sintiera pavor de mirar hacia abajo. ¿Ustedes podrían ayudarme? Necesito ayuda. ¿Podrá ayudarme, Didier Forbach, antes de volver a su casa y mirar la película de Jerry Lewis? ¿Puede usted ayudarme, Céline Brest?

Céline Brest.– ¿Vértigo dijo?

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– ¿Usted siente que me está mirando desde arriba, entonces?

Antoine D.– No, no miro desde arriba.

Didier Forbach.– ¿Sostiene usted entonces que un reemplazante vive en su casa?

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Otro usted mismo.

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Un doble.

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Y allá, entonces, está usted. Es usted, pero no es él.

Antoine D.– Soy yo.

Didier Forbach.– Me encantaría saber entonces a quién tengo frente a mí. Quisiera saber quién me mira. ¿Es usted quien me mira? ¿O es el otro el que me ve? ¿Es el otro el que se sirve entonces de sus ojos?

Antoine D.– Soy yo. El otro está en mi casa. Y se sirve de mis cosas.

Didier Forbach.– ¿Y usted me está viendo a mí? ¿Es usted el que me mira o es él quien me está mirando?

Antoine D.– Yo lo estoy viendo a usted.

Didier Forbach.– ¿Me ve a mí completamente?

Antoine D.– Completamente. Me parece que sí, íntegro.

Didier Forbach.– Y usted ahí ¿es completamente usted?

Antoine D.– No completamente yo.

Didier Forbach.– ¿Entonces?

Céline Brest.– ¿Le falta algo?

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Pero sigue siendo usted.

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– Una parte de usted.

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– ¿Una parte de usted que todavía queda?

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– ¿Cuánto exactamente? En proporción. En porcentaje. ¿Podría decirnos? Si usted pudiera ponerlo en cifras, nos ayudaría mucho.

Antoine D.– No sabría cuánto verdaderamente.

Céline Brest.– En ese caso, le voy a pedir que suba un escalón.

Antoine D.– ¿Un escalón?

Céline Brest.– Sí. Ese escalón. Es uno de nuestros métodos. Uno de nuestros muchos métodos. El más simple.

Didier Forbach.– Me parece apresurado.

Céline Brest.– A mí no.

Didier Forbach.– Céline Brest no ha estado aquí desde hace mucho tiempo, pero adora los métodos. No es mi caso. Yo sólo amo El método. Esto me parece básico. Hasta precoz, diría.

Céline Brest.– Es cierto que es básico y menos apasionante que el método. Pero tiene el mérito de ser simple y genera resultados inmediatos. Venga, Antoine. Ahora voy a tutearlo. Andá a ese escalón. (A Didier Forbach.) Yo me encargo.

Antoine se dirige hacia el escalón.

Céline Brest.– Parate ahí. Levantá la rodilla. Subí el escalón. Ahora decime. Tu porcentaje. ¿Cuánto queda de vos? Más o menos. Estimativamente.

Antoine D.– Yo diría 12.

Céline Brest.– ¿Un 12 por ciento?

Antoine D.– Sí. 12, 13.

Céline Brest.– Te queda entonces un 12 o 13 por ciento de lo que eras. Te acordás entonces de un 12 o un 13 por ciento de lo que eras. ¿Cómo lo sabés? ¿Y el resto? ¿Cómo sabés que lo que olvidaste es un 88 o un 87 por ciento de lo que eras?

Antoine D.– Lo percibo.

Céline Brest.– Bien.

Antoine D.– Sí, lo percibo claramente. ¿Podría preguntarles para qué sirve?

Céline Brest.– ¿Perdón?

Antoine D.– Este método.

Céline Brest.– Para ayudarte.

Antoine D.– ¿Ayudarme a qué?

Céline Brest.– A volver a tu casa algún día.

Antoine D.– No quiero volver a casa.

Didier Forbach.– Entonces, al menos, para que recuerde su apellido.

Antoine D.– No deseo para nada recordar mi apellido.

Didier Forbach.– ¿Por qué?

Antoine D.– No sirve para nada.

Didier Forbach.– De todos modos, usted quiere que lo ayudemos, ¿no es cierto?

Antoine D.– A terminar con el vértigo.

Céline Brest.– ¿Sigue sintiéndolo?

Antoine D.– Usted acaba de hacerme subir un escalón.

Céline Brest.– Respire, entonces. ¿De dónde venís exactamente, Antoine D?

Antoine D.– Ni idea.

Céline Brest.– Venís de lejos, ¿no es cierto? A mi entender, venís de muy lejos. ¿Sabés por qué creo eso? Por el timbre de tu voz. Es el timbre de tu voz que tiene algo lejano y ancestral. ¿Sabés qué me provoca? Emoción. Es rara esa voz. Y es raro que me sienta emocionada. Es un deseo que me nace al escucharte hablar. Escuchar la dulzura de esa voz que me atraviesa y deja un recuerdo tan agradable. De ahí es de donde provenís. Y es clarísimo que este pensamiento traspasa el timbre de tu voz y provoca una emoción pura. Porque efectivamente es el timbre de la voz el que produce la emoción. Pero hace falta que previamente pase por un imaginario. O por una experiencia vivida. O un encuentro. Una fricción. Una cálida fusión. ¿De dónde venís exactamente?

Antoine D es presa del vértigo y cae del escalón.

Céline Brest.– ¿Todo bien? ¿Qué te pasó?

Antoine D.– Una molestia.

Céline Brest.– No te levantes. Tené confianza.

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– Dame la mano, entonces. Voy a ayudar a levantarte.

Céline Brest ayuda a Antoine D a levantarse, pero le quita la mano apresuradamente. Antoine D cae contra el suelo.

Céline Brest.– ¿Te lastimaste?

Antoine D.– No.

Céline Brest.– ¿Ni un poco?

Antoine D.– Nada.

Céline Brest.– Sos un roble.

Antoine D.– ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué me soltó la mano?

Céline Brest.– No creí en esa molestia. Y quise verificar si era cierta. Debía constatar que no se tratara de una actuación. Llegan acá todo tipo de personas, y hacen mucho teatro. Y eso hace nuestro trabajo muy difícil. No es tu intención, Antoine D, montar una comedia con todo esto, ¿no es cierto?

Didier Forbach.– Céline, quisiera hablarte.

Céline Brest.– Sí.

Didier Forbach.– Esperame ahí parada, por favor, cerca de la silla.

Céline Brest.– De acuerdo.

Didier Forbach.– Pido disculpas. Es nueva aquí. Ascendió rápido y a veces se vuelve temible. Tiene ambición, pero es valiosa. Como si acabara de encontrar su lugar en el mundo. Ya vuelvo.

Antoine D.– Lo espero.

Didier Forbach se reúne con Céline Brest.

Didier Forbach.– Sé que acabás de llegar de tu pasantía y entiendo que hayas vuelto más que motivada, pero te pediría que te calmes, de ser posible.

Céline Brest.– Por supuesto.

Didier Forbach.– Es peligroso lo que acabás de hacer. Aquí hay normas. Supongo que las conocés.

Céline Brest.– Sí.

Didier Forbach.– ¿Conocés las normas?

Céline Brest.– Sí.

Didier Forbach.– Es preciso crear confianza, caso contrario aquello que realizamos es totalmente inviable. Siento eso en vos. Una falta de confianza. Tal vez sea tu edad. Quedate sentada mejor. Voy a tomar yo las riendas.

Céline Brest se sienta en la silla.

Didier Forbach.– Quédese acostado, Antoine. Permanezca ahí. Todo va a ir bien. ¿Puedo volver a tutearlo? Es amigable y menos formal. ¿Sentís todavía ese vértigo?

Antoine D.– Para nada.

Didier Forbach.– ¿Sentís náuseas?

Antoine D.– Un poco.

Didier Forbach.– Eso debe ser horrible. Se debe sufrir. ¿Querés que mande llamar a alguien? ¿Querés que me comunique con tus hijas?

Antoine D.– Son varones mis hijos.

Didier Forbach.– Era una pregunta capciosa. Sabemos que tenés hijos. ¿Querés ver a tus hijos?

Antoine D.– No especialmente.

Didier Forbach.– Eso debe hacerte sufrir. Que te reemplacen así al final del camino. Que tomen a tu mujer. A tus hijos.

Antoine D.– No. Me siento libre. Me siento aliviado.

Didier Forbach.– Quedate acostado mejor. Las cosas lindas de la vida se ven mucho mejor en posición acostada. ¿Las ves?

Antoine D.– No. Veo cosas feas.

Didier Forbach.– ¿Feas?

Antoine D.– Sí, las encuentro feas. Parado, veo las cosas lindas. Acostado, las veo feas.

Didier Forbach.– Para vos, son feas. Para los otros, son lindas. Acostados vienen los sueños. Son muy lindos los sueños. Para la mayoría de las personas los sueños son algo bello. Hay personas, muchas menos, para quienes los sueños son feos. Te diría que formás parte de ese grupo. Podríamos decir que es una élite. ¿Sos parte de una élite?

Antoine D.– No.

Didier Forbach.– Sin embargo, tus sueños te resultan feos. ¿Me los contarías? Deberíamos probar dormir juntos alguna noche. Yo le avisaría a mi familia así pasamos una noche aquí para que puedas contarme tus sueños al despertar. ¿Roncás? No sé por qué, pero intuyo que roncás.

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– ¿Te gustaría operarte? Es gratuito. Y, además, está incluido. Es una operación muy sencilla. Te duermen. Te despertás. Y no roncás más. ¿Te gustaría?

Antoine D.– Sí.

Didier Forbach.– Es increíble lo rápido que ocurre todo con vos. Sos una ráfaga. Nuestro cliente más fulgurante. No te molesta que te llame así, ¿no? Quiero decir, ni por tu nombre de pila, ni por tu letra, ni por tu matrícula. Sino así, sin más, por la palabra cliente. Que suena como compañero. Pero no, no te vamos a llamar compañero. Te vamos a llamar: cliente.

Antoine D.– Es mejor.

Didier Forbach.– Levantate ahora. Vamos. Sos guapo y fuerte. Volvé a subir el escalón. Eso. De nuevo. Muy bien. ¿Recapitulamos? ¿Te estaba interrogando lo más rápido posible antes de irme a casa a ver una película de Jerry Lewis? Vamos, vámonos. Céline, por favor, el resumen.

Céline Brest.– Tenemos:

- No le queda más que un 12 o un 13 por ciento de lo que era.

- Sufre de vértigo.

- Tiene un avatar que juega con sus hijos y que lleva a su mujer a pasear.

- Acostado encuentra todo feo.

- Se va a operar para dejar de roncar.

Y, para terminar, ¿cómo te llamás?

Antoine D.– Cliente.

Céline Brest.– Maravilloso. Puede bajar los escalones, señor cliente.

Antoine D.– Me siento un poco extraño.

Didier Forbach.– ¿Por qué?

Antoine D.– No me acuerdo muy bien quién es Jerry Lewis.

Céline Brest.– No importa. Nadie se acuerda de Jerry Lewis.

Didier Forbach.– Es un payaso.

Céline Brest.– Un payaso para dinosaurios. No creo que tus hijos lo encuentren divertido.

Didier Forbach.– Ya veremos. Hasta mañana. Mañana estarás mucho mejor. Que descanses.

Antoine D.– Buenas noches.

Céline Brest.– Buenas noches.

Didier Forbach duda.

Didier Forbach.– ¿Tenés miedo de que te dejemos solo?

Antoine D.– No.

Didier Forbach.– No tengas miedo. Porque no te dejaremos solo. Nunca lo haríamos. ¿Ves esa pared ahí?

Antoine D.– ¿Esta pared?

Didier Forbach.– Efectivamente. Podés hablarle si querés. Está ahí para eso. Puede que te suene extraño, pero es una pared que escucha. No tiene otra cosa mejor que hacer. Y escucha muy bien. Escucha mejor que la mayoría de la gente. Es triste decirlo.

Céline Brest.– ¿No te olvidaste de nada, Didier? Me disculpo por lo que dije sobre Jerry Lewis, sé que te encanta, pero me parece que te olvidaste de algo. ¿Ves, Antoine? Nosotros también tenemos problemas. Tenemos tus mismos problemas. Y también ciertas dificultades para recordar. Hay una cuestión fundamental que se nos olvidó preguntarte. Se le pasó a Didier porque es un poco apresurado. Pero a mí no se me escapa. ¿Puedo hacerte una pregunta antes de que te dejemos a solas con tu pared?

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– ¿A qué te dedicás, Antoine D? ¿Lo recordás?

Antoine D.– Sí, me acuerdo muy bien.

Céline Brest.– ¿A qué te dedicás?

Antoine D.– Soy historiador. Buenas noches.

Oscuro.

2.

Antoine D duerme. Se despierta súbitamente y se levanta. Se dirige hacia la pared.

Antoine D.– ¿Es verdad lo que me dijo? ¿Es verdad que escuchás? Él me dijo que escuchás muy bien. Que estás para eso. Que no tenés otra cosa mejor que hacer que escuchar. ¿Es verdad eso? Tomaste una decisión muy jugada. Te felicito por eso. Habría tantas cosas mejores para hacer. Lo sé bien, ¿sabés? Todavía sé muchas cosas. Aun cuando estoy cansado. Incluso con este 12 por ciento de lo que era. Lo sé muy bien. Allá afuera la vida corre. Rápido. Pero acá no hay nada mejor que hacer. Por eso hacés bien en escuchar. Porque, entre vos y yo, te lo aseguro, es lo mejor que se puede hacer. Te busqué por mucho tiempo, oh, oreja absoluta. Ella tiene razón. Céline Brest. Hay vientos que traspasan cuerpos. Corrientes que atraviesan cabezas. Sonidos que cruzan el espacio sideral. Y palabras que se han formado. Y vos las escuchás. Ahí están los orígenes de esas palabras. Las palabras tienen raíces. Tienen vida. Están vivas. Se las escucha. Pero ¿qué es lo que se escucha verdaderamente? ¿Las escribimos en algún lado? Yo imagino que tomás nota. Yo tengo un cuaderno. Yo solía tener un cuaderno donde acogía a las palabras. Pero me lo quitaron. Es injusto, pero es así. Yo me acuerdo muy bien. Yo me acuerdo muy bien de las palabras. Ellas se pasean ahí dentro. Se transforman. Se vuelven otras cosas. Música. Porque la música se escucha. La música es la que habla. Porque es la música la que nos anima cuando caemos. Es la que nos hace bailar cuando ya no hay piernas. La música que escucho. Las palabras que oigo. Absolutamente. Con mi 12, mi 13 por ciento. A la música, todo. Música de cristal. Música de acero. Es la música la que hace la diferencia. De eso me acuerdo muy bien. Eso me lo acuerdo más que bien. Lo recuerdo. Lo recuerdo muy bien. Eso me libera. Me alivia. Me hace bien. No me acuerdo muy bien de aquello que me hace tanto bien. Pero lo percibo. Lo percibo totalmente. Gracias.

Antoine D se acuesta.

Antoine D.– ¿Qué dije? ¿Qué es lo que acabo de decir? ¿Te acordás de lo que escuchaste? ¿Sabés de qué hablo, entonces? Vos, que sabés escuchar las palabras. Vos, que retenés las palabras que escuchás. Pero ¿te acordás de los sucesos? ¿Del orden de los sucesos? De mí, por ejemplo. Yo me acuerdo de todo. De todos los hechos. Históricos. La historia. Con una H mayúscula. Pero los sucesos que me atañen, de lo que a mí concierne, no son más numerosos que los dedos de una mano. Sí. De una sola mano. Sí. Diría más bien que caben en un dedo.

Antoine D se duerme y ronca.

Oscuro.

3.

Antoine D ronca. Céline Brest está a su lado con una pila de revistas. Antoine D se despierta y observa a Céline Brest.

Céline Brest.– Te traje revistas. Cosmopolitan, Elle, Gala, Voici, Closer, Oups. Aportan emoción. Imágenes, ideas. Aparecen los Kevin, Britney, Rihanna, Shakira, Choukrina. Pensé que esto te haría bien. En el hall de abajo hay un puesto donde venden revistas y chocolates. No te está permitido ir. Pero yo sí puedo ir. Me encanta ir. Y tengo un presupuesto especialmente asignado para ello. Me encanta tener a disposición esa caja chica. Te las dejo al pie de tu cama. Y te hago una pregunta por fuera de todo el dossier. Es una pregunta entre nosotros. Quiero decir, eso existe. Puede existir. Quiero que sepas que eso puede existir. Yo hago un gesto y hago que eso exista. Es sólo entre nosotros esto que te digo. Por fuera del dossier. De mujer a hombre. De hombre a mujer. De ser humano a ser humano, si preferís. La pregunta es simple. ¿Por qué elegiste la historia como profesión? ¿Te gusta la historia? ¿Te acordás de la historia?

Antoine D.– Me acuerdo de todo.

Céline Brest.– Pero de tu historia no te acordás nada de nada.

Antoine D.– No me acuerdo muy bien.

Céline Brest.– Pero de la historia te acordás.

Antoine D.– Me acuerdo de todo.

Céline Brest.– ¿Me permitirías que lo verifique?

Antoine D.– Si quiere.

Céline Brest.– Eso me intriga. Yo te doy una fecha al azar y vos me decís qué ocurrió.

Antoine D.– Si quiere.

Céline Brest.– 7 de enero de 1991.

Antoine D.– Operación Tormenta del Desierto.

Céline Brest.– 6 de marzo de 1984.

Antoine D.– Huelga de mineros en Inglaterra.

Céline Brest.– 18 de septiembre de 1981.

Antoine D.– Abolición de la pena de muerte.

Céline Brest.– 25 de abril de 1974.

Antoine D.– Revolución de los Claveles en Portugal.

Céline Brest.– 17 de diciembre de 1971.

Antoine D.– Fin de la guerra de Bangladesh.

Céline Brest.– 12 de abril de 1961.

Antoine D.– Gagarin, el primer hombre en el espacio.

Céline Brest.– 7 de mayo de 1954.

Antoine D.– Dien Bien Phu.

Céline Brest.– 5 de abril de 1951.

Antoine D.– Condena a los Rosenberg.

Céline Brest.– Merecés el mayor de mis respetos. Sos el más grande historiador vivo.

Antoine D.– Tal vez.

Céline Brest.– Sos el más grande historiador de todos los tiempos.

Antoine D.– Tanto no creo.

Céline Brest.– Y el más viejo. Eso va a la par. El mayor de mis respetos. Pero la pregunta sigue todavía flotando, ¿entendés?

Antoine D.– Sí.

Céline Brest.– ¿Por qué la historia? Es lamentable la historia. Es algo inconcebible todas esas fechas. Todos esos muertos. La mayor parte del tiempo para nada. Es espeluznante. ¿Qué es lo que te atrae? ¿Qué pulsiones te genera? ¿Qué te provoca saber cuántos murieron en 1515 en Marignano? ¿Esas 16.000 almas en 16 horas, todo eso? ¿Para qué? Es letal. Y huele a naftalina. Se huele como si te preguntara qué producto usaron para preservar a los macabeos.

Antoine D.– Formol. La tanatopraxia se practica con productos a base de formol.

Céline Brest.– Ah, ¿de eso también te acordás?

Antoine D.– Sí, la tanatopraxia tiene su historia también.

Céline Brest.– ¿Y eso qué te genera? ¿Qué sensaciones te despierta? ¿Emoción, imágenes, ideas?

Antoine D no responde.

Céline Brest.– Yo, personalmente, no conozco a nadie a quien le interese eso, toda esa historia que llevás ahí dentro. Todas mis amigas, con quienes hablamos seguido. Y cenamos. O nos tomamos algo. Hablamos. Pero no conozco a nadie a quien le interese todo eso. Ni siquiera uno a quien le guste eso. Lo que sí está presente son esas publicaciones “Britney acaba de ser descubierta robando unos aros en la tienda H&M”. Eso sí. Eso es preciso. Está en todos lados. Es valioso. Está presente, es… Vuelvo a decirlo, es preciso, está en todos lados, es valioso. Interesa. Britney, ella sí que es valiosa, es pícara además. Es alegre.

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Data wydania na Litres:
26 marca 2025
Objętość:
153 str. 6 ilustracji
ISBN:
9789875996311
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania: