Czytaj książkę: «Antiaging natural»

Czcionka:

© Victoria Baras Vall, 2008.

Diseño de cubierta: Compañía

© de esta edición digital: RBA Libros, S. A., 2015.

Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

CÓDIGO SAP: OEBO818

ISBN: 9788490565827

Composición digital: Newcomlab, S. L. L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.

Índice

Dedicatoria

Agradecimientos

Prólogo

Introducción

Primera parte. Protocolo Antiaging Natural

Capítulo I. La piel, nuestra frontera

Capítulo II. Los músculos

Capítulo III. Las articulaciones

Capítulo IV. La salud de los huesos

Capítulo V. La menopausia

Capítulo VI. La circulación

Capítulo VII. La libido a los 50

Capítulo VIII. La vitalidad en general

Capítulo IX. Memoria y concentración

Capítulo X. Los neurotransmisores

Capítulo XI. El sistema inmunitario

Segunda parte

Capítulo XII. Los aceleradores del envejecimiento

Tercera parte

Capítulo XIII Los pilares de la salud y la longevidad

Cuarta parte

Capítulo XIV El Ritual de Iniciación a la Sabiduría

Direcciones de interés

Notas

A Joan Antón, que me encargó mi primera conferencia,

a Xavier, que vio un libro en ella,

a Marta, que creyó en el proyecto,

a Salvador y Marga, que le han dado forma y vida.

Agradecimientos

Quiero agradecer a mis maestros, los doctores Santiago Rojas y Jorge Carvajal, su inspiración y bondad, que hicieron despertar en mí una nueva vocación y el ánimo de servir; a todos los profesores que han dedicado su tiempo para compartir conmigo sus conocimientos y sabiduría; a los laboratorios que realizan una importantísima tarea de investigación y divulgación gracias a la cual todos nosotros seguimos permanentemente en formación continua y disponemos de información científica de última hora para llevarnos a nuestras consultas y plasmarla en papeles. Quiero agradecer muy sinceramente la confianza de mis pacientes, que comparten sus cuitas conmigo y me permiten acompañarles en sus procesos, de los que aprendo cada día. Quiero agradecer a mi marido y a mis hijos su ayuda y apoyo, a veces técnica, siempre moral. Y quiero elevar un recuerdo muy especial y cariñoso a la madre superiora del colegio donde me gradué, quien a mis 16 años vaticinó: «Niña, da gracias por el don que has recibido, porque podrás ganarte la vida escribiendo». No sé si me ganaré la vida o no, pero su visión, olvidada durante tantos años, me ha llevado hasta aquí brindándome la alegría de ver publicada mi ópera prima.

Cabrera de Mar, 24 de enero de 2008

Prólogo

Es para mí un placer presentarles a Victoria Baras. Cuando la conocí hace aproximadamente un año por mediación de un amigo común, me sorprendió por su vitalidad, su capacidad de trabajo y su prolífico cerebro. Es una mujer polifacética, triunfadora en varias disciplinas de la vida, pero en este momento, y para nuestra satisfacción,Victoria está dedicada en cuerpo y alma al antiaging. En este libro aúna conocimientos de antiaging clásico, naturopatía, bioenergética y nutrición con propuestas novedosas y atractivas. Le interesa el cuerpo, pero explora muchísimo nuestras mentes, de modo que se potencien y curen. Su ritual de iniciación a la sabiduría consigue divertirnos y envolvernos en un halo de esperanza para un futuro que siempre puede ser mejor si lo trabajamos. Es un libro que te deja con una sonrisa y te estimula a cuidarte. ¡Felicidades,Victoria!

JAVIER GÜELL

Introducción

La voz de la locutora se oía desde la cocina; dejé en suspenso la tapa de la olla y no pude evitar esbozar una sonrisa: «Un joven de 40 años, decía, ha protagonizado un incidente…». Lo de menos era el incidente; lo que me pareció sorprendente fue que un hombre de 40 años fuera calificado de «joven» por la presentadora de un telediario. ¿No es una maravilla? ¡A los cuarenta, la edad de «no te mojes la barriga», resulta que somos jóvenes! Es cierto, algunos hijos de mis amigos a los 30 años siguen en casa estudiando un máster, tratando de salir de la categoría de mileurista desesperado por hallar vivienda propia. Y si a los 30 estudiantes, a los 40 jóvenes. Tiene su lógica. En fin, éste no es un libro-denuncia para jóvenes de 30 ni de 40, sino para gente que a esa edad ya se consideraba adulta y que ahora se acerca a la mitad de su vida, lo que yo denomino «El SegundoTiempo», por jugar con la deportiva imagen de la vida como un match.

Yo he cruzado esta frontera. Ya estoy en el Segundo Tiempo. La mayoría de mis pacientes también. Soy terapeuta y nutrióloga y me he especializado en nutrición antiaging, envejecimiento y menopausia. Por esas cosas de la vida, mi clientela ha ido formándose poco a poco por personas que frisan la cincuentena: muchas mujeres en el umbral del climaterio buscando orientación no medicalizada como alternativa a la menopausia vivida como «enfermedad carencial»; mucho hombre de negocios quemado sin saber que la alimentación y cuatro consejos podrían ayudarle a manejar su estrés. Muchos adultos-niño que, sintiéndose jóvenes y vibrantes, se negaban a aceptar que el cuerpo les impusiera limitaciones; muchos más que, sin poder señalar una causa física concreta, se sentían incapaces de seguir con su vida diaria o de emprender nuevos derroteros. Todos tenían algo en común y también conmigo: estaban envejeciendo y el envejecimiento comporta cambios físicos, mentales y hormonales que lo explican todo. Pero ellos no lo sabían. No sabían que el desinterés sexual por su pareja, el olvidar continuamente las llaves del coche, la creciente e inexplicable sensación de tristeza o irritabilidad, la dificultad para conciliar el sueño son signos de envejecimiento celular, al igual que el crujir de las articulaciones, las sombras azuladas en las piernas o la opacidad de la piel del rostro, trastornos que pueden ser remediados (¡y prevenidos!) con un buen Protocolo Antiaging Natural.

Este libro viene a ayudarnos, a proveernos de mucha información sobre el proceso de envejecer y también, sobre todo, lo que podemos hacer para vivir esta etapa vital con buen humor, sintiéndonos bien, protegiéndonos de problemas de salud evitables, nutriendo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Propone un pacto con nosotros mismos, un compromiso de cuidarnos y hacer lo que esté en nuestras manos para que el SegundoTiempo sea tiempo de plenitud. El propósito de este libro es ofrecer una guía práctica de cómo seguir un Protocolo Antiaging Natural de forma amena y didáctica, y también con conciencia.

El concepto antiaging apareció como tantas otras cosas en Estados Unidos, proponiendo ralentizar el envejecimiento biológico respecto a la edad cronológica. Sabemos que es normal que el hombre, a partir de cierta edad, pierda masa muscular y acumule grasa; sabemos que es natural que la mujer se desmineralice; pero, ¿es eso deseable? ¿Que sea natural lo convierte en irremediable? Los tratamientos hormonales sustitutivos restauraron los niveles de testosterona en el hombre y éste recuperó sus bíceps; repusieron los niveles estrogénicos a la mujer y cesaron las fracturas de cadera. Sin embargo, los tratamientos hormonales no están exentos de riesgo.

La propuesta de seguir un Protocolo Antiaging Natural es utilizar nutrientes y sustancias naturales, tanto incorporados a la dieta como en forma de complementos, al tiempo que revisamos conceptos y estilos de vida que han demostrado ser potentísimas fuentes de bienestar y longevidad. Cosas que pueden parecernos tontas o que damos por sentado que son normales para todo el mundo, como la amistad o el dormir, se han revelado en estudios científicos más poderosas que cualquier droga de laboratorio. Ha sido para mí un verdadero placer repasar las fichas de mis pacientes, sus historias cotidianas, y constatar una y otra vez cómo sus mejorías han venido asociadas a un cambio en la alimentación, una asunción de su papel de líderes de su propia vida, una mejor gestión del estrés o una reorganización de sus prioridades y de su tiempo libre. Todas estas experiencias se reúnen en esta obra que he dividido en cuatro partes.

En la primera parte se da un repaso a todo el organismo, desde la piel hasta el sistema inmune, pasando por huesos y articulaciones, circulación, libido, memoria, neurotransmisores… En fin, todos los órganos y sistemas (como si realmente fuera posible separar el ser humano en parcelitas estancas, ¡que no lo es!). Cada capítulo explica cómo envejece cada uno de estos sistemas, aconseja medidas a adoptar para mejorar los síntomas y propone como solución los alimentos y nutrientes con los que podemos apoyar la restauración y revitalización de esa zona, teniendo siempre en cuenta que no se trata de medicamentos y, por tanto, no persiguen curar enfermedades, sino prevenir y paliar los efectos del envejecimiento a base de regenerar y fortalecer.

La segunda parte se titula «Los aceleradores del envejecimiento». Vale la pena conocerlos y evitarlos, pues son los cimientos sobre los que se sostienen multitud de trastornos y procesos degenerativos asociados a la edad. La tercera parte, «Los pilares de la salud y la longevidad», son las bases que sustentan la fortaleza y la belleza de un organismo sano.

Por último, en «El ritual de iniciación», explico cómo iniciar el protocolo durante un fin de semana especial, trufadito de imágenes sugerentes, verdadero punto de inflexión psicológicamente necesario para reunir toda nuestra fuerza de voluntad para abordar los cambios propuestos superando la pereza y la inercia. El título de esta cuarta parte del libro bien merece una explicación.

Antiguamente, la sociedad estaba organizada en pequeñas tribus o clanes. Disponían de una gran diversidad de ritos de paso para indicar que el individuo entraba en una etapa de la vida y dejaba otra atrás. Los niños iban a cazar o a tener experiencias espirituales —según la etnia y la tradición cultural— y regresaban hombres. Las niñas se convertían en doncellas en grandes fiestas; la mujer entraba en una categoría superior al casarse y tener hijos y, más tarde, alcanzaba la consideración de mujer de sabiduría. La cultura maya ha dejado una preciosa información al respecto. Los ancianos eran investidos como consejeros de la tribu, respetados y escuchados. En nuestra época, todo esto es difuso; hemos conservado las novias vestidas de blanco, tules y frufrú, y poco más, pues debido a la secularización de nuestra sociedad, la primera comunión ya no celebra el entrar en posesión del uso de razón como antaño.

Cuando un adulto se plantea iniciar un tratamiento antiaging, frecuentemente se halla en una etapa de su vida muy especial, toma conciencia de haber alcanzado la madurez, y la vejez no le parece ya algo tan lejano y ajeno, pues sus primeros signos, cualesquiera que sean, han entrado ya a formar parte de su vida. En este sentido, cumplir los 50 es alcanzar un hito, es llegar al Segundo Tiempo del partido de nuestra vida. Así, iniciar un Protocolo de Antiaging Natural como el que aquí se propone se convierte en una toma de conciencia y de decisión de cuidarse, de convertir la necesidad en virtud, como reza el dicho, en la seguridad de que el Segundo Tiempo va a ser el de la plenitud y sería bueno vivirlo encontrándonos bien, con salud y energía. Tal decisión y compromiso con uno mismo implicará sin duda la revisión de conceptos, una nueva priorización de valores y, probablemente, la introducción de cambios en nuestros hábitos. En este sentido, la propuesta de la cuarta parte de mi obra es una visión un tanto innovadora y cariñosa que viene avalada por el éxito entre mis pacientes: vivir los primeros días del Protocolo como un verdadero Ritual de Iniciación a la Sabiduría. ¡Funciona!

Primera parte

Capítulo I
La piel, nuestra frontera

«Cuando envejecemos, nuestra piel se arruga y salen manchas porque pierde la capacidad de mantenerse hidratada.» A lo largo de estas páginas vamos a ir repitiendo términos que suenan fatal, como «pérdida», «menor capacidad», «ineficacia», «declive»… Esas palabras no deben asustarnos. Son sólo palabras. De hecho, ¿qué son la madurez y la vejez sino una parte del ciclo vida-muerte-vida?

Los síntomas de envejecimiento van asociados en su inmensa mayoría al hecho de que una función específica que el cuerpo hacía más o menos bien en la primera etapa de la vida (por ejemplo, el sistema inmunitario no está del todo desarrollado en la primera infancia, ni los bebés tienen control sobre sus esfínteres), algo que funcionaba maravillosamente en la juventud (cuando el cuerpo está pletórico de fuerza y vigor), al llegar a ese Segundo Tiempo, la media parte que significan los cincuenta, parece que empieza a costar más esfuerzo, el cuerpo está cansado y ya no realiza todas las funciones físicas, químicas y energéticas a la perfección. En eso consiste el proceso de envejecimiento, que no es la vejez propiamente dicha, de la cual se ocupa la Geriatría. La buena noticia es que disponemos de herramientas para pasar el hito histórico de los cincuenta y vivir un Segundo Tiempo disfrutando de la vida y sintiéndonos bien.

Conocer el proceso, restituir en la medida de lo posible el vigor y la fuerza con nutrientes de probada capacidad regeneradora, controlar los procesos degenerativos y potenciar todo lo que está aún en nuestro ser listo para llegar a su máxima plenitud, son los objetivos de nuestro Protocolo Antiaging Natural, o mejor dicho, de aging, que en inglés significa cumplir años, porque envejecimiento no es sinónimo de enfermedad. Lo único seguro es que todo lo que nace, muere y, según aseguran las tradiciones espirituales de todos los tiempos, ese morir no es el final más que de la vida tal como la conocemos para pasar a otro estado energético. Y mientras llegamos a ese destino, vivamos la plenitud de la madurez agradeciendo que en la época que nos ha tocado vivir nuestra esperanza de vida se haya alargado tanto, y que existen nutrientes y técnicas naturales que van a permitir que los síntomas de envejecimiento se dilaten en el tiempo sin merma de calidad de vida y con mayor calidad de espíritu. Para ello, empezaremos redescubriendo la piel, una gran desconocida.

Durante nuestra gestación, en un alarde de biotecnología, dos únicas células se dividen en cuatro y luego en ocho… hasta ir formando los diversos tejidos que a su vez se organizarán en órganos y sistemas. En el transcurso del proceso, el nuevo ser pasa por fases en las que distinguimos diferentes capas embrionarias. Una de ellas es el ectodermo. Pues bien, la piel tiene su origen en la capa embrionaria ectodermo, al igual que el cerebro y el sistema nervioso. Éste es un dato interesantísimo, porque viene a corroborar que de hecho la piel funciona como un cerebro exterior. La piel está dotada del sentido de tacto, y nos informa de la presión de un apretón de manos, de la tibieza del agua antes de sumergir en la bañera el dedo gordo del pie, del aguijón de un mosquito o del agradable cosquilleo de la arena de la orilla del mar, que con cada ola me entierra los tobillos hundiéndome un poco más en caricias de espuma y gorgojeos de caracolas.

Al sentir algo que interpreta como placer, la piel envía señales al sistema nervioso y desencadena una cascada de reacciones químicas dirigidas por nuestro hipotálamo o, por el contrario, siente dolor y pone en marcha cualquier otro sistema para detenerlo:retiro la mano que sostiene una castaña ardiente, palmoteo al mosquito impertinente, dejo caer la rosa y me llevo a la boca el dedo lastimado por sus espinas.

La piel está íntimamente ligada al sistema inmunitario y al sistema nervioso, si es que nos empeñamos en seguir hablando del cuerpo como algo que se puede separar y dividir en compartimentos. No es así. Sin embargo, utilizaremos el lenguaje al uso hasta ir descubriendo nuevas fronteras. Desde pequeños, desde bebés, gozamos del contacto de la piel, nos encanta que nos soben. Los bebés que por uno u otro motivo no pudieron recibir caricias de sus madres mostraron mayor propensión a las enfermedades y retraso en su maduración física y psíquica, con una mayor propensión a las enfermedades y a estados anímicos relacionados con la tristeza y la apatía. Cuando nacemos, todas las criaturas esperamos ser aceptadas, y es bueno y natural sentir que efectivamente lo somos, y esa aceptación es percibida por el bebé, por el cachorro, en forma de lametones, de caricias, de sonidos arrulladores y del contacto tibio de otra piel como respuesta a nuestro llanto, que es la manera en que el recién nacido inicia el diálogo con la vida, con el resto del mundo, reclamando atención: yo lloro y tú me consuelas y me das alimento, y ahí empiezo a confiar en la vida, empiezo a confiar en el mundo y decido que el mundo es un buen lugar para quedarse a vivir en lugar de añorar para siempre el útero materno.

Hoy en día, incluso los pequeños que nacen faltos de peso pasan largas horas con sus madres en bolsas tipo canguro para que sus primeros días sean lo más parecidos a lo que serían si no tuvieran necesidad de una incubadora. Numerosos programas de estimulación sensorial para bebés tienen como base los masajes y el sentido del tacto. Hace ya años que los dermatólogos de todo el mundo han comprobado que sus tratamientos mejoran de una forma espectacular con terapias que tienen en cuenta la mente y las emociones. El masaje relaja o estimula el sistema nervioso, afectando de una manera positiva situaciones de ansiedad, irritabilidad o sobreexcitación. La relación de la piel con el entorno es realmente asombrosa. Al ser la piel una verdadera barrera con el exterior, el límite entre mi propio ser y el resto del mundo, puedo reaccionar a un sentimiento de disconformidad con mi marido produciendo algún tipo de enfermedad cutánea que eleve una barrera entre los dos, desde psoriasis hasta una erupción sin importancia, de manera que con mi lenguaje corporal le estoy diciendo: no te acerques, no me toques. Evidentemente, no siempre la psoriasis es un mensaje al marido, pero muy a menudo se trata de una expresión de «no estoy cómoda con mi entorno». El entorno, el desencadenante de una erupción o una enfermedad cutánea, puede ser un alimento que no me sienta bien, tóxicos que me rodean o situaciones que me producen estrés psíquico y emocional. De hecho, el catálogo de enfermedades psicosomáticas no deja de alargarse, y muchas de ellas están relacionadas con la piel, pero el conflicto anida en el alma.

Nuestro Protocolo Antiaging tiene un especial cuidado en atender no sólo el aspecto físico y orgánico del proceso de envejecer, sino también la forma como evolucionan la psique y las emociones de los hombres y mujeres que hemos cumplido los 50 y estadísticamente tenemos por delante la mitad de la vida. Así, vemos que la piel no es sólo el mayor órgano de nuestro cuerpo, que respira, limpia impurezas mediante el sudor, regula nuestra temperatura corporal gracias a la evaporación y protege todo nuestro cuerpo recogiéndolo en una «bolsita» elástica y protectora, sino que proporciona valiosísima información. Pero,¿cómo envejece la piel?

Cómo envejece la piel

Una de las cosas que más nos preocupan cuando envejecemos y una de las preguntas que más frecuentemente se me plantea en mi consulta es: ¿Qué pasa con mi piel? ¿De dónde salen estas manchas oscuras? ¿Por qué parece que toda la cara se descuelga y pierdo el trazado de óvalo del rostro?

Ante todo, recordemos brevemente qué es eso que «de repente» parece descolgarse: piel, fascias, músculos y ligamentos. Todas estas estructuras tienen algo en común: colágeno.

Para una mejor comprensión, vamos a repasar un par de conceptos básicos de histología (parte de la medicina que se ocupa de la piel), que además están muy de moda: el colágeno y su relación con los aminoácidos que vienen en los cosméticos de última generación. El colágeno es un material extracelular fabricado por unas células llamadas fibroblastos. El colágeno es pues una proteína fibrosa constituida, como todas las proteínas, por aminoácidos organizados en cadenas de polipéptidos. Existen unos 20 aminoácidos fundamentales que, según su organización en cadenas de polipéptidos, hacen que cada proteína sea diferente de las demás y con cualidades propias. A nosotros la que nos interesa para comprender la piel es el colágeno.

La unidad básica del colágeno está constituida por tres cadenas de polipéptidos que parecen entrelazados como una triple hélice. Esta unidad se agrupa con otras idénticas para constituir una estructura llamada «fibrillas de colágeno», que a su vez se concentra formando un tejido denominado «fibras colágenas», y éstas forman los haces de colágeno. Estos haces de colágeno forman lo que conocemos como «carne» y piel. El colágeno de la piel es un tejido maravilloso que tiene la capacidad de estirarse, expandirse para albergar un bebé de 9 meses y recuperarse después. Es elástico y no se arruga. ¿Por qué ahora parece haber perdido estas cualidades? ¿Qué le falta? ¿Qué nutrientes necesitaría el colágeno para reverdecer?

El propio colágeno visto al microscopio nos da pistas: entre los aminoácidos más abundantes en una estructura de colágeno, encontramos glicina, prolina e hidroxiprolina. Los dos últimos, los aminoácidos prolina e hidroxiprolina, constituyen el 22% del colágeno. Otros dos aminoácidos, lisina e hidroxilisina, son también muy abundantes en el colágeno, mientras que en la elastina hallamos glicina, prolina, desmosina, isodesmosina y valina.

El mejor conocimiento de este tejido de sostén, el colágeno, ha animado a algunos investigadores, como el Dr. Perricone, a lanzar al mercado su propia línea de cosméticos elaborados a partir de polipéptidos para uso tópico. Otros laboratorios presentan productos que contienen aminoácidos típicos del colágeno en sinergia con la vitamina C. Así, la respuesta al descolgamiento podría ser que los fibroblastos dejan de sintetizar colágeno y elastina en cantidades suficientemente elevadas. La solución será pues tomar determinados aminoácidos, vitaminas y otros nutrientes esenciales para paliar ese déficit y mantener el tono del tejido conectivo. Pero eso sólo no basta. Necesitamos también agua.

La piel mantiene un delicado equilibrio entre agua y grasa. El agua llega a las células a través de la sangre que nutre todos los capilares. El envejecimiento ralentiza la circulación, hace más ineficaz el intercambio de gases y de líquidos, el interior de las células pierde capacidad para retener el agua y las glándulas sebáceas producen una menor secreción de grasa protectora, con lo que la proporción adecuada agua-grasa se rompe. Se calcula que la piel, a partir de los 25 años, pierde elastina y colágeno a razón de un 1% anual, con lo cual al llegar a la madurez el colágeno se ha reducido alrededor de un 20%.

Todo ello se traduce en los signos más conocidos: menor densidad, descolgamiento, fragilidad, arrugas, flacidez, pérdida de brillo, pigmentación irregular, sequedad… Y, por supuesto, degeneración por radicales libres, el principal factor de envejecimiento de la piel.

Los radicales libres

La principal teoría del envejecimiento fue planteada por el Dr. Hartman, Premio Nobel en 1995. Su postulado es el siguiente: envejecemos por la acción de los radicales libres, moléculas que se nutren del oxígeno del cuerpo y lo desgastan en forma continua, produciendo el envejecimiento. Los radicales libres son unas moléculas de oxígeno altamente inestables que han perdido un electrón en procesos metabólicos orgánicos. Son muy reactivas y provocan reacciones en cadena. Actúan sobre las grasas de las membranas celulares y, también, sobre el núcleo de las proteínas, provocando graves daños a las células y desintegrando las membranas.

Hoy nadie duda que los radicales libres sean la principal causa de envejecimiento. Hay muchísimos factores que provocan en nuestro cuerpo reacciones químicas cuyo resultado es un aumento de radicales libres, procesos que no son intrínsecamente nocivos ni debemos evitar: respirar, comer son actos biológicos necesarios que producen desechos y a nadie se le ocurre dejar de respirar para no producir CO2. El propio cuerpo fabrica anti-radicales que se encargan de mantener a raya estos peligrosos oxidantes. El problema es, como siempre, el desequilibrio, y éste se produce o bien porque nuestro cuerpo ya no es capaz de generar suficientes antiradicales, o bien porque nosotros exponemos a nuestro organismo a un entorno que favorece la aparición de radicales libres: la exposición prolongada al sol, el humo ya sea de tabaco o industrial, la contaminación, las toxinas, las drogas… Lo cierto es que estas moléculas se sienten incompletas y buscan desesperadamente un electrón para parearse. Cuando se adhieren a una membrana para estabilizarse, la degeneran. Atacan tanto a proteínas como a lípidos e incluso al ADN. En el caso de la piel, el radical libre se adhiere a fibras de colágeno y las lesiona, produciendo de esta manera un «daño por Radical Libre». El resultado es una herida que ha de cerrarse con tejido cicatricial, un tejido rugoso e irregular que, como seguramente todos hemos podido experimentar en nuestro propio cuerpo, vuelve la piel rígida. El ataque de un radical libre a nuestra piel descompone las fibras de colágeno y de elastina en las capas profundas dando lugar a las arrugas. Así envejece la piel: menos producción de colágeno por parte de los fibroblastos, pérdida del equilibrio agua-grasa y, sobre todo, ataques de radicales libres. Bajo una arruga subyace una lesión provocada por radicales libres.

Los antirradicales actúan oxidándose ellos, donando un electrón. Nuestro organismo produce antioxidantes endógenos: glutatión, catalasa, superoxidodismutasa. La vida vegetal ha desarrollado maravillosos sistemas de defensa antirradicales para proteger sus azúcares, grasas y su propio ADN de las radiaciones solares. Se trata de vitaminas, bioflavonoides y pigmentos de los cuales los humanos nos servimos para aumentar nuestro capital antioxidante. Linus Pauling, investigador y científico que mereció el Premio Nobel dos veces, recomendaba tomar vitaminas C y E. Se lamentaba de no haber empezado a tomarlos hasta los 70 años, pues estaba convencido de que los antioxidantes retrasaban el envejecimiento celular y prolongaban la vida. Murió a los 93 años. Hoy las vitaminas C y E siguen vigentes mientras una nueva generación de superantioxidantes se ha puesto de moda, disputándose el honor de ser los más potentes. Vamos a ver algunos.

Los antioxidantes. La vitamina C y el éster de C

La vitamina C es fundamental en la síntesis del colágeno. Linus Pauling, Premio Nobel de Química en 1954, dedicó mucho tiempo y energía a estudiar esta vitamina durante los últimos años de su fructífera vida como investigador. Mucho más recientemente, el Dr. Perricone, fascinado por la capacidad regeneradora de la vitamina C, hizo una serie de experimentos con ella, elaborando preparados para aplicarla tópicamente sobre el rostro. Los resultados no fueron buenos debido a la poca afinidad de la vitamina C, que es hidrosoluble, con la piel. En efecto, la vitamina C (ácido ascórbico) es muy ácida e irrita la piel, se oxida muy rápido y pierde eficacia. Por eso la mayoría de los productos con vitamina C son muy poco efectivos. Sin embargo,Perricone no se desanimó. Convencido como estaba del inmenso beneficio que la vitamina C podía aportar a sus pacientes con piel ajada y falta de brillo, continuó sus investigaciones, que le llevaron a combinarla con aceite de palma, desarrollando la fórmula de palmitato ascórbico, también llamado éster de C.

El éster de C es pues una vitamina C liposoluble, es decir, que se disuelve bien en medio graso; tiene las propiedades de no ser ácida y penetrar fácilmente en la membrana celular; se absorbe con mayor rapidez y llega a una profundidad 10 veces mayor. El éster de C estimula la producción de fibroblastos, reduce arrugas y reafirma la piel flácida. El éster de C es estable y sus efectos en cremas y sérums sí es eficaz. Los estudios de Perricone han mostrado evidencia en tratamiento de quemaduras solares, e incluso mejora de la psoriasis.

Una de las propiedades más interesantes de la vitamina C no es sólo su función antioxidante, sino su capacidad para estimular la síntesis de colágeno y elastina. En efecto, la vitamina C es capaz de transformar una serie de aminoácidos, especialmente la prolina —como hemos visto muy abundante en el tejido conectivo— en colágeno, reestructurando así el entramado de fibras subcutáneas, mejorando su salud y el aspecto del cutis.

Nuestro Protocolo de Antiaging Natural recomienda combinar la ingesta de vitamina C con la utilización de algún suero de éster de C para su aplicación sobre rostro y cuello, debajo de la crema habitual. Linus Pauling recomendaba la ingesta de hasta 3 gramos diarios, lo cual hoy en día está siendo revisado. Por aquel entonces, todas las investigaciones del Nobel estaban centradas principalmente en las propiedades de este antioxidante para prever ciertas enfermedades degenerativas y, desde luego, el envejecimiento celular. Hoy en día sabemos que los antioxidantes también se especializan. Los antioxidantes hidrosolubles protegen sobre todo proteínas y glúcidos. Los antioxidantes liposolubles evitan la oxidación de las grasas. ¡Y no hay que olvidar que la pared celular está compuesta por una bicapa lipídica (es decir, una capa doble de materia grasa)! Una buena dosis sería entre 300 miligramos y 1 gramo diario, teniendo en cuenta que en estados de agotamiento, de estrés y los fumadores necesitarán la dosis más alta de esta horquilla.

La vitamina E

La forma más conocida de la vitamina E es el d-alfa tocoferol, ampliamente extendida en el mundo cosmético. Es un antioxidante liposoluble. Me gustaría presentarles la vitamina E de alta potencia, los tocotrienoles, que recientes investigaciones han demostrado ser mucho más efectivos que los tocoferoles. Tanto los tocoferoles como los tocotrienoles forman parte del complejo vitamínico E y su uso mejora visiblemente la piel seca, cabellos, uñas y, algo importantísimo —como nos reveló el Dr. Ibáñez Sabio—:¡es un gran protector de las válvulas cardíacas!

El ácido alfalipoico

El ácido alfalipoico es una molécula antioxidante endógena, esto es, que ya se encuentra en nuestro organismo, en todas las células de nuestro cuerpo, si bien su presencia cae en picado con la edad, y con ella su efecto protector. El alfalipoico es hidrosoluble y liposoluble a la vez, y su campo de actuación es superficial y profundo al mismo tiempo. Gracias a esta doble solubilidad, el ácido alfalipoico potencia los efectos de los antioxidantes hidrosolubles y de los liposolubles. Es el único antioxidante que estimula el metabolismo celular que en nuestro Segundo Tiempo viene ya ralentizado por la edad. Aumenta la capacidad regeneradora de las células, y algo muy importante: actúa en la inflamación previa a las arrugas, inhibiendo la producción de eicosanoides perjudiciales. Más adelante, veremos el papel importantísimo que tiene algo tan común a simple vista como puede ser una inflamación. La inflamación es algo más que una respuesta a una contusión. Y bajo las arrugas subyace una inflamación, la mayoría de las veces causada por el ataque de un radical libre.

Un dato más sobre el ácido alfalipoico: combate la degeneración celular que provoca en nuestras células el exceso de azúcar circulante por nuestro cuerpo. El azúcar celular se adhiere y degrada cualquier proteína que encuentre en su camino;si ésta es colágeno o elastina, se incorpora a su estructura dañándola y haciendo que pierdan la elasticidad propia del tejido conjuntivo, todo lo cual es especialmente interesante para diabéticos y personas propensas a elevados niveles de azúcar en sangre.

Dimetilaminoetanol

Este antioxidante se encuentra en el pescado. Es un antioxidante de última generación que también puede aplicarse de forma tópica. Yo no recomiendo su ingesta si no es bajo el control estricto de un especialista, por la corta experiencia documentada en sus efectos sobre el sistema nervioso, sino su aplicación en forma de masaje bajo la crema habitual, tanto del rostro como de todo el cuerpo. Es muy eficaz para mejorar el tono de las fibras de colágeno, músculos y ligamentos, y realmente una aplicación diaria acompañada de un poco de ejercicio que movilice la zona da unos resultados espectaculares. La piel flácida cambia en una semana. Su efectividad se basa en que actúa convirtiéndose en un componente más de la membrana celular. Dentro de la aparatología cosmética, existe una gama que trabaja con DMAE1 para lograr la máxima penetración.

Las manchas de envejecimiento

Los que ahora llegamos al Segundo Tiempo hemos cometido muchas barbaridades con el sol. ¿Te acuerdas de la famosa crema de la vaca? ¿O el aceite de oliva con gotitas de limón? De lo que se trataba era de ponerse morena y aún no habíamos oído hablar de los factores de protección ni de la desaparición de la capa de ozono. El cáncer de piel era algo ajeno a nuestro bronceado… ¡Seguro!

Con el tiempo hemos aprendido a respetar el sol, pero la piel tiene una tremenda memoria celular, va tomando nota de las horas que tomamos el sol y, la muy rencorosa, siempre acaba por leernos la cartilla. Las manchas de envejecimiento indican una acumulación de desechos o de lipofucsinas bajo la epidermis. Son una clara señal de intoxicación por radicales libres generalmente asociadas a una excesiva exposición solar. Las manchas solares pueden tener un origen diferente:pueden indicar un hígado sobrecargado y una acumulación de desechos y toxinas que el hígado no ha podido eliminar. Así pues, aunque existen en el mercado algunas buenas cremas despigmentantes, yo aconsejo como tratamiento Antiaging específico para las manchas dosis importantes de antioxidantes acompañados de un drenaje hepático, una limpieza de colon y su regeneración basándose en glutamina y flora bacteriana.

Pautas para una piel resplandeciente

Antioxidantes, drenaje hepático, limpieza y regeneración de intestinos. Veamos algunos consejos para que su piel esté resplandeciente. Aparte de los suplementos de nutrición celular que actuarán como un cosmético en el ámbito orgánico, hay ciertos hábitos —gestes de beauté, como dicen los franceses— que una vez incorporados a nuestra rutina cotidiana resultan sumamente sencillos y son tan poderosos y eficaces como el mejor y más costoso tratamiento de belleza. El primero es reducir el azúcar.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es la estrecha relación que existe entre el colágeno y el azúcar. Curioso,¿verdad? Bueno, llegando a la segunda parte de nuestra vida, se impone recabar información y aplicarla sabiamente. El azúcar, lo dulce, es importante en nuestra vida. Pero nunca lo había sido tanto, o había estado tan presente en nuestras vidas. En nuestro país, tradicionalmente el postre era fruta, la merienda pan con un poco de chocolate, o un bocadillo de mortadela cuando éramos un poco mayores y necesitábamos aporte extra de energía; mortadela o jamón o queso o sobrasada, poco importa. Lo que quiero decir es que lo de los donuts y la bollería industrial es algo nuevo en nuestras costumbres. Los domingos había postre, un tortel de nata, un brazo de gitano de trufa o algo más sofisticado. En ciertas efemérides, postres tradicionales: crema por San José, natillas, torrijas, pestiños, buñuelos de viento por Cuaresma, el rosco de reyes, desde luego turrones en Navidad… España cuenta con una gastronomía y una repostería excelente, pero solamente en los últimos 20 años se ha popularizado tanto el comer helados, bollería industrial, repostería fina o chuches a cualquier hora, en cualquier lugar y todos los días de la semana. «Tierno, dulce, crujiente, cremoso» parece ser la consigna, el paradigma de la felicidad. Para la mayoría, lo dulce es agradable al paladar; para muchos, es una adición, una recompensa a una vida llena de frustraciones. Lo que se propone en este capítulo es que observemos honestamente si tenemos una apetencia compulsiva por el dulce en general o una dependencia del chocolate en particular, que trata de compensar un vacío emocional, y aprendamos a gestionarla. Más o menos como hacemos con el alcohol o con el tabaco, ¡si es que aún fumamos! Aquello de «bebe con moderación» reza también para el azúcar refinado y toda la pastelería que lo contiene. Resérvate el capricho para cuando sales a cenar con tu esposa;para cuando vas a las granjitas de toda la vida a charlar con tus amigas delante de un chocolate a la taza; para cuando llevas un postre a casa de tus padres para la comida familiar del domingo. En las demás ocasiones, como tentempié, merienda o pica-pica, regresa a las tapas, pídete una ración de boquerones o de berberechos, unos taquitos de jamón y, si quieres hacer un tratamientoAntiaging Natural de verdad, sigue los consejos sobre alimentación que propone esta obra.

¿Y eso por qué, si tú además ni siquiera engordas? Pues por varios motivos: primero, porque a partir de cierta edad, la nuestra, los cambios metabólicos que producen un «bombazo de azúcar» perjudican gravemente al páncreas y esta glándula endocrina va a ser la encargada de mantener el equilibrio entre glucosa e insulina, con lo que prevenimos caer en diabetes o resistencia a la insulina tan comunes a partir de los 50. En segundo lugar, porque efectivamente puede producir sobrepeso. En tercer lugar, porque descalcifica, y eso lo veremos al llegar al capítulo «Huesos y articulaciones». Y en cuarto lugar, porque daña la piel, daña terriblemente el colágeno.

Los diabéticos lo saben bien: el azúcar deteriora el colágeno de formas tan dispares como endureciendo el cristalino —lo que provoca la catarata del diabético— o dificulta enormemente la regeneración celular y la cicatrización de heridas —úlceras del diabético—.

Así pues, azúcar la justa. Si puede ser, mejor integral, para que lleve todos los minerales de la caña de azúcar.

El segundo «gesto de belleza» para una piel resplandeciente es evitar el estreñimiento. Ir al baño cada día. Esto es imprescindible. Tan importante es comer bien como eliminar los desechos. Si nuestro sistema excretor no funciona correctamente o con la regularidad necesaria, las toxinas correrán libremente por nuestro cuerpo y eso va a reflejarse en la piel. Para asegurar un correcto vaciado de los intestinos, tenemos una gran ayuda en las semillas de lino puestas en remojo toda la noche y bebidas por la mañana, en ayunas, junto con el gel que habrán desprendido. También recomiendo vivamente suplementos de fibra, sobre todo el betaglucano de avena y el nopal. Y, en tercer lugar, tomar un suplemento de flora intestinal rica en gran variedad de cepas de bacterias autóctonas.

Los siguientes gestos de belleza son: tomar pescado azul, rico en Omega 3; beber agua y enriquecer nuestra comida con abundantes frutas, verduras y hortalizas, llenas de protectores antioxidantes: las fresas son ricas en polifenoles, así como las cebollas, las coles, el melón y todos los cítricos. La familia de antioxidantes llamados tocoferoles se encuentra en las hojas verdes de acelgas y espinacas. Lechugas, pimientos, albaricoques y brécoles están cargaditos de isoprenos antioxidantes. Y las frutas, sobre todo las de pigmentación oscura, son las reinas antioxidantes. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha creado una unidad, la ORAC, para medir la capacidad de las frutas de absorber radicales libres. Pues bien, la ganadora fue la ciruela, seguida por las uvas pasas, los arándanos, fresas, moras, frambuesas y cerezas. ¡Todas frutas rojas o moradas! Convendrás conmigo que una buena pauta de belleza para una piel resplandeciente será incorporar a tus menús cantidades ingentes de estos deliciosos frutos del bosque.

A modo de resumen, vamos a ver una pequeña lista de los supernutrientes de la piel.

Los supernutrientes de la piel

• Prolina con vitamina C.

• Caroteno y betacarotenos (provitamina A).

• Vitamina C (mejor si es natural, de escaramujo) y éster de C. Si además vienen combinados con flavonoides, su eficacia es aún mayor.

• Vitamina E.

• Vitaminas del grupo B, incluyendo biotina.

• Licopeno.

• OPC de pepitas de uva (proantocianidinas).

• Aceite de onagra (ácido linoleico omega 6).

• Bardana.

• Borraja.

• Lecitina de soja.

• Silicio (estimula la producción de colágeno).

• Zinc (siempre combinado con cobre).

• Algas kelp.

• Selenio.

• Ácido alfalipoico.

• Isoflavonas de soja.

• Coenzima Q10.

• Aloe vera.

• Glucosamina.

• SOD (actúa sobre las manchas oscuras).

• Alfalfa.

• Avena.

• Calcio y magnesio siempre equilibrados en la proporción 2:1.

• Caléndula (uso tópico o en infusión); estimula la síntesis del colágeno.

• Centella asiática (uso tópico o en infusión); estimula la síntesis del colágeno.

• Germen de trigo (por su riqueza en vitamina E).

• Levadura de cerveza (para asegurar el aporte de vitamina B).

Evidentemente, no hay que tomarlo todo. Establecer los nutrientes prioritarios en cada caso y en qué cantidad diaria es la misión del especialista en Antiaging Natural, pero también puedes prepararte tu propio protocolo, usando tu sentido común, tus preferencias, introduciendo sustancias básicas en tu alimentación, probando los diferentes productos hasta hallar el más efectivo… No dejes de tomar un buen complejo antioxidante con una formula sinérgica de vitaminas y minerales antioxidantes, alternándolo con el ácido alfalipoico y las dos formas de vitamina C si fumas o sufres de estrés; los fitoestrógenos, en el caso de la mujer, son imprescindibles para que todo lo demás funcione. El aloe vera ya era utilizado por Cleopatra y sigue siendo una fuente de belleza para la piel. Algunos laboratorios lo presentan en gel, sumamente agradable. En la alimentación, toma mucho pescado azul para obtener el ácido graso esencial Omega 3, y alterna perlas de germen de trigo y de Omega 6. Antes de todo esto, ¡desintoxícate! ¡Límpiate por dentro para brillar por fuera!Y sobre todo bebe agua, mucha agua, de manantial y también como infusión con bardana, borraja, alcachofera, castaño de Indias, cardo mariano y abedul, asegurándote de ir al baño cada día.

Capítulo II
Los músculos

Hasta ahora, hemos estado comentando nutrientes que mejoran la apariencia de la piel, redensifican el colágeno y detienen el daño oxidativo en todos los tejidos. Vamos a ver específicamente qué hacer con la musculatura. Ello es interesante no sólo estéticamente, sino también para prevenir algunas molestias comunes en el Segundo Tiempo. El Protocolo Antiaging Natural para los músculos tiene como objetivo recobrar masa y tono muscular, mantener los músculos y ligamentos oxigenados y elásticos y prevenir el dolor de espalda.

El dolor de espalda

Cada día tenemos experiencias del poder curativo de los nutrientes utilizados en dosis terapéuticas. Es preciso recordar, sin embargo, que el propósito de este libro es proponer un tratamiento regenerador y revitalizante, partiendo de la base de que la persona que inicia el Protocolo Antiaging Natural está sana. Sin embargo, vamos a detenernos unos instantes en este síntoma por lo extendido que se encuentra entre la población. En efecto, un 80% de los adultos tiene o ha tenido dolor de espalda al llegar a su SegundoTiempo, y después de la gripe es la mayor causa de absentismo laboral. El trastorno más frecuente es la lumbalgia, dolor en la parte baja de la espalda. Su origen radica en subluxaciones de columna, en problemas músculo tendinosos, escoliosis y lesiones deportivas o domésticas, aunque lo más frecuente es que se deba a un sobreesfuerzo muscular (postural, pesos) o a conflictos emocionales que se alojan ahí. Diagnósticos más graves como artritis, artrosis, osteoporosis o reumatismo se presentan también como un simple dolor de espalda, incluso idiopatías viscerales como inflamación de la próstata o de la vejiga o un estreñimiento. Así pues, se impone la visita al traumatólogo para descartar complicaciones.

El dolor de espalda común en el SegundoTiempo puede presentarse súbitamente y tardar en aliviarse meses, quizás hasta un año; una inflamación de la ciática requiere mucha paciencia y, además, cuando una ya está convencida de que ha resuelto el problema, que el nervio ya se ha desinflamado, un día sin más el dolor regresa. Basta un poco de fatiga, que hayamos abusado de nuestra resistencia o que pasemos por un período de tensión nerviosa. En efecto, el dolor de espalda y sus ramificaciones están generalmente asociados al estrés y a espasmos de origen emocional. Una emoción como el miedo puede provocar una contracción muscular que a su vez produce ácido pirúvico y ácido láctico que causan irritación primero y dolor después. ¿Te has fijado en cómo camina un perro cuando tiene miedo? Sí, con el rabo entre las patas, pero además toda la parte posterior se encoge y se agacha, como si se arrastrara para pasar inadvertido. También nosotros tenemos miedo, miedo a no poder aguantar tanta presión y tanto estrés, miedo al fracaso, miedo a que otros interpreten que lo que hacemos es un fracaso porque no casa con el estereotipo de lo que se entiende por «éxito», miedo de morirnos sin haber hecho realmente lo que queríamos o, si lo hicimos y no andamos boyantes económicamente, miedo a haber cometido un error, miedo al futuro, miedo a pasar hambre, a envejecer.

Las flores de Bach

¿Qué hacemos en un Protocolo Antiaging Natural? Sanar estas emociones, nutrir las fibras y emplear remedios naturales que pueden contribuir a paliar el dolor y desinflamar la zona. Por otro lado, se impone revisar qué está pasando en el ámbito emocional. Las emociones no son buenas ni malas, simplemente están ahí y, en lugar de negarlas y reprimirlas por parecernos políticamente incorrecto sentir miedo o rencor o rabia o frustración, lo mejor es reconocerlas y tratarlas. Existe un remedio floral muy efectivo cuyo uso doméstico viene avalado por la OMS: las flores de Bach. Se trata de la esencia vibracional de 38 plantas que su autor, el Dr. Edward Bach, fue elaborando al trabajar con flores y plantas que pudieran influir en estados mentales y emocionales, utilizando no sus principios activos químicos sino energéticos, en la misma línea de pensamiento que el Dr. Hanemann, padre de la homeopatía, de quien fue coetáneo. Para manejar las Flores de Bach eficazmente con terceras personas, hay que ser un terapeuta diplomado por el Bach Institute o similar. Sin embargo, y debido a su ausencia de riesgo para la salud, pueden formar parte de nuestro botiquín privado, de nuestro arsenal terapéutico para afrontar los cambios y retos que propone este Protocolo Antiaging Natural, pues muchas de ellas tratan emociones propias de este Segundo Tiempo: Larch, por ejemplo, es la flor de la persona que tiene tendencia a anticipar el fracaso, a pensar que algo puede no salir como ella pretende, y esa posibilidad le llena de ansiedad y preocupación. Mimulus es la esencia floral apropiada para la persona que tiene miedo a una cosa concreta, a los celos del marido, a los accesos de cólera de su hija rebelde, a su jefe déspota, a no llegar a fin de mes, a que la competencia cope el mercado, o a hablar en un consejo de administración. Rock Rose es conveniente cuando el miedo se convierte ya en pánico. Olmo es muy útil cuando nos sentimos sobrepasados por las responsabilidades. Oak es la flor del típico luchador, agotado, quemado, pero que sigue en la brecha. Walnut es la esencia maestra para una situación de cambio como la que representa alcanzar la madurez de los 50. Gentian y Gorse pueden ayudarnos cuando estamos desanimados y aún frente al desaliento. Mustard es la esencia para la tristeza. Centaury es una gran ayuda ante situaciones en que deseamos expresarnos tal cual somos y no nos atrevemos por falta de confianza en nosotros mismos, o porque pensamos que no es conveniente, que no vale la pena hacer un escándalo, es decir, cuando por la razón que sea rehuimos el enfrentamiento. Cerato y Schlerantus son muy eficaces ante las dudas y la falta de seguridad en uno mismo. Las esencias florales Impatiens y Verbain hay que utilizarlas de forma continuada y las personas que mejor pueden testimoniar la bondad de estas dos esencias responden al perfil típico del sufridor de dolor de espalda: el impaciente y el entusiasta exaltado que se mete en todos los berenjenales y luego se siente abrumado por cien tareas pendientes. Hay 38 flores y cada una de ellas puede ser de una gran ayuda para superar una situación concreta o una tendencia de nuestra personalidad que nos impele a repetir patrones de conducta que nos dan malvivir; especialmente remarcable es el llamado Rescue Remedy o Remedio de Urgencia. Es una combinación de 5 esencias preparadas por el propio Dr. Bach y se presenta en gotas y, también, en vaporizador. Ante una situación especialmente estresante, como por ejemplo haber estado a punto de sufrir un accidente, haberte peleado a muerte con tu amiga del alma, o que tu jefe te ha despedido, un poco de Rescue bajo la lengua te devolverá la presencia de ánimo. Si te interesa el tema, cómprate algún libro de los muchos publicados sobre los remedios florales del Dr. Edward Bach.

Mi consejo es que, si vemos que tenemos dificultades para manejar el estrés, el miedo y la ansiedad, nos permitamos el lujo de consultar un buen terapeuta que trabaje con flores, homeopatía, con psicoterapia o con el poder de la palabra, lo que más nos guste, pero que no nos limitemos a tapar el síntoma a base de tranquilizantes y analgésicos. ¡Hemos llegado a la segunda mitad de nuestra vida! ¡Eso ya es un éxito! Vamos a vivir el Segundo Tiempo con la mejor calidad de vida, y eso significa utilizar todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance, desde técnicas de relajación a deportes de aventura, desde inteligencia emocional hasta un coach personal,2 pero en cualquier caso el proceso de hacerse mayor debería ir acompañado de un mejor conocimiento de uno mismo, con toda nuestra grandeza y, también, con todas nuestras limitaciones, y si eso implica reconocer que nos hacemos más vulnerables al estrés, seamos asertivos y pidamos ayuda.

Si un dolor de espalda dura más de una semana, la primera medida que debes tomar es consultar al traumatólogo, y lo segundo pasar por el osteópata o el quiropráctico y hacerte una buena revisión de columna. Es muy importante que te hagan pruebas, radiografías y una resonancia magnética si procede, pero siempre acompañadas de una buena exploración. Alucino en las consultas médicas que te envían a rehabilitación sin haberte puesto una mano encima para palpar la espalda, sentir las diferencias en cuanto a tensión y temperatura en uno y otro lado de la columna, tantear zonas dolorosas y, por supuesto, corregir posibles subluxaciones si las hay; de manera que aconsejo complementar la visita al traumatólogo con una buena revisión osteopática.

Es importantísimo seguir el consejo de este tipo de profesionales respecto a la postura al dormir, al sentarse, al cargar peso. El osteópata nos aconsejará si hay que relajar una contractura antes de pasar a fortalecer la zona abdominal y dorsolumbar. Pilates basa su técnica precisamente en la importancia de reforzar la musculatura abdominal y dorsal, pero hay muchas otras alternativas: yoga, natación o el gimnasio de la esquina; muchos tienen un buen profesional que se ocupará de diseñarte una rutina adaptada a tu caso.

Y el tercer paso para resolver el dolor de espalda es ¡beber mucha agua! Muchos casos se resuelven espontáneamente al hidratar de forma correcta las fibras musculares. No olvides que, con los años, el hipotálamo deja de enviar las señales «tengo sed» tan claramente como de niños. No es que necesitemos menos agua que un chaval, es que nos olvidamos de beber. Deberíamos responder con un gran vaso de agua a la mínima sensación, no hacer tiempo hasta estar sedientos o esperar llegar al bar para tomarme unas cañas con los amigos. No te cortes un pelo, ponte una botella de litro en la mesa y ves bebiendo a sorbos de manera que cuando acabe la jornada laboral hayas acabado el litro o litro y medio. Además, te recomiendo que bebas a pequeños sorbos, que dejes el último sorbo de agua unos instantes en la boca antes de tragar. Es importante que toda la boca se humedezca, que se absorba el H2O vía sublingual manteniendo así nuestro cerebro bien hidratado.

Resumiendo, solucionamos o prevenimos el dolor de espalda con terapia emocional y manejo osteopático, mucha agua y los nutrientes que veremos a continuación. Todos ellos sirven como prevención para mantener la musculatura fuerte y resistente, y al final del capítulo especifico los que pueden ayudarnos a recuperarnos si el dolor de espalda se ha instalado ya en nosotros cuando iniciamos este Protocolo Antiaging, pues poseen un gran poder antiálgico y antiinflamatorio que nos será muy útil para acompañar el proceso de curación de la causa real subyacente que ha servido de «gatillo» para desencadenar este doloroso trastorno.

Nutrientes para los músculos

El principal alimento de la musculatura es la proteína por su capacidad de formar tejido colágeno —la carne de nuestros músculos— y por su virtud de convertir ciertos aminoácidos en una serie de hormonas directamente relacionadas con la masa muscular: la hormona del crecimiento y la testosterona. En segundo lugar, los músculos precisan minerales, vitaminas e, incluso, enzimas antioxidantes. Pero, sobre todo, sobre todo, todo, ¡los músculos necesitan ejercicio! Vamos a verlo.

Las proteínas

No se puede hablar de los músculos sin sacar a colación las proteínas. Las proteínas son un grupo de alimentos básicos para el ser humano. Los otros grupos son: glúcidos, también llamados hidratos de carbono, y lípidos —o grasas—.

Las proteínas provienen generalmente de una fuente animal como la carne, pescado, huevos, leche y productos lácteos, o de origen vegetal, como las proteínas de soja, de guisante, de lentejas, etcétera. Las proteínas están formadas a su vez por partes más pequeñas llamadas aminoácidos, que son los verdaderos «ladrillos» de nuestra estructura corporal. Los aminoácidos se enlazan formando cadenas más o menos cortas denominadas péptidos. Las proteínas son necesarias para la formación y la reparación de tejidos de todo nuestro organismo, desde músculos y ligamentos hasta la piel y el propio cerebro. Las proteínas no son una fuente de energía de elección. Es decir, en condiciones normales, el cuerpo no consume proteínas para producir la energía que necesita para vivir, para respirar, para hacer las digestiones, mantener el corazón latiendo, etcétera. Los primeros combustibles siempre serán los glúcidos (azúcares y todo lo que se transforma fácilmente en azúcar) y los lípidos (grasas). Si no hay glúcidos ni lípidos a mano, entonces sí que el cuerpo empieza a descomponer la proteína, y eso es peligroso; se pierde músculo y tejido magro y la descomposición de la proteína genera niveles tóxicos de amoníaco, un subproducto de la combustión proteica. Además, el organismo no almacena el exceso de proteína para hacer más musculito. Utiliza la que necesita en ese momento para reparar tejido o desarrollarlo si estamos haciendo ejercicio físico, y el resto lo desecha.

Proteína debemos comer la justa. Alcanzado el Segundo Tiempo, no deberíamos abusar de los filetes de 1 kilo de «la guarida del lobo», pues sobrecargan el hígado y los riñones, pueden producir cristales de ácido úrico (¿te acuerdas de «la gota», enfermedad de reyes grandes comilones?) y, lo que es más importante para las mujeres, interfiere en el metabolismo del calcio, además de aumentar la excreción de este mineral a través de la orina, es decir, nos desmineraliza si la comemos en exceso.

Todos los aminoácidos son básicos para la regeneración celular. Sin embargo, algunos son especialmente atractivos. Veamos: la arginina optimiza el almacenamiento del nitrógeno y potencia la hormona del crecimiento. Como es natural, nos interesa tener la mayor cantidad posible de esta hormona que influye en la fortaleza y el desarrollo de nuestros músculos. Durante el ejercicio, la arginina convierte el amoníaco en urea, que puede ser excretada fácilmente. La ornitina es otro aminoácido que también estimula la somatotropina, es decir, la hormona del crecimiento humano. Fortalece el tejido conectivo, tendones y ligamentos. Al tomar estos aminoácidos más lisina, vitaminas del grupo B y vitamina C, el ejercicio físico que realicemos se verá rápidamente recompensado por un crecimiento significativo de la masa muscular. De hecho, todos los deportistas de gimnasio que esculpen un cuerpo escultural toman suplementos de aminoácidos. No tienen nada que ver con los anabolizantes y sus efectos son parecidos. Pero, ¡ah, amigos! ¡Siempre que vaya acompañado de ejercicio!

No acaban aquí los aminoácidos recomendados para mejorar la masa y el tono muscular, para evitar que la flacidez haga presa en nuestras carnes y nos avergüence pasar el salero al comensal de enfrente. También la glicina, ingerida junto a la arginina, aumenta los niveles de creatina y de hormona del crecimiento. Qué vamos a decir de nutrientes que llevan nombres como creatina (de crear) o bien hormona de crecimiento (¡crecimiento!), cuando entramos en una etapa en la que todo lo que oímos es «desciende la producción de esto, se detiene la síntesis de aquello o se ralentiza la metabolización de lo de más allá…»

El aminoácido carnitina, también llamada vitamina B11, es especialmente interesante si además de tonificar la musculatura deseamos perder grasa, pues es una verdadera «lanzadera». Transporta la grasa desde los michelines hasta los músculos, en donde, si estamos practicando ejercicio, se transformará en masa muscular al tiempo que adelgazamos.

El aminoácido GABA también potencia la hormona del crecimiento, que como puede comprenderse en esta Segunda Mitad de nuestra vida no abunda tanto en nuestro organismo como cuando estábamos pegando «estirones».

La prolina, tomada junto a la vitamina C, tiene un efecto impresionante sobre la piel y el tejido conectivo en general. Muchas de mis clientes la toman como si fuera la mejor crema de noche, pues sienten que su piel se estira y sus músculos recobran turgencia. La glutamina también estimula la hormona de crecimiento, además de ser el principal alimento de los enterocitos —las células del intestino— y tener un efecto ligeramente relajante.

Los aminoácidos de cadena ramificada (leucina, isoleucina y valina) suponen ellos solos un tercio de los aminoácidos que forman el tejido muscular, y cuando se toman como complemento se metabolizan completamente en el músculo, evitando la degradación de los otros aminoácidos. Tienen pues doble interés por su efecto anticatabólico y antiaging.

Una buena combinación de estos aminoácidos sería alternar los dos más activos como precursores de la hormona del crecimiento, arginina y ornitina, con los tres de cadena ramificada, leucina, isoleucina y valina, y siempre completar con una fórmula que lleve los 20 aminoácidos combinados, para evitar posibles desequilibrios. Los encontrarás en la mayoría de los suplementos para desarrollar musculatura que se venden en tiendas de dietética y gimnasios. Busca una buena marca de origen biológico o denominación eco para asegurarte que el suero de leche del que extraen los aminoácidos no está acompañado de sustancias nocivas con las que frecuentemente se atiborra a las vacas. Me refiero a antibióticos y anabolizantes. Aparte del suero de leche, existen preparados proteicos de origen vegetal muy completos y fáciles de tomar. En concreto, en el mercado podemos encontrar unas pastillas de proteína de guisante libre de residuos nitrogenados, una bendición para hígado y riñones. También de origen vegetal son las proteínas que hallamos en gran cantidad en las algas Spirulina o Chlorella. Algunos laboratorios presentan algas con Tribulus terrestris, una planta precursora de testosterona que complementa muy bien su acción energética. ¡Nada de esteroides ni anabolizantes!

Los minerales calcio y magnesio son muy importantes para mantener la musculatura en buena forma. De su equilibrio depende que podamos evitar calambres y rampas. Cuando se produce una carencia de magnesio, pueden presentarse dolorosas contracturas musculares y espasmos. Existe un remedio descubierto por el Dr. Schüssler, padre de las sales bioquímicas que llevan su nombre, específicamente indicado en casos de contracturas:es la Magnesia phosphorica, también llamada «el siete caliente». Magnesia phosphorica es la sal número 7 de las sales de Schüssler.3 Magnesia phosphorica es muy eficaz disolviendo una docena de pastillas en una taza de agua caliente y bebiéndola a sorbitos. La contractura desaparecerá en una hora. Las sales de Schüssler pueden conseguirse en farmacias y tiendas de nutrición.

Por otra parte, el potasio es el mineral del corazón, el principal músculo del cuerpo. Algunas personas no toleran tomar potasio como complemento, pues les provoca diarrea. Una buena manera de absorber potasio es la sal de Schüssler Kalium phosphoricum. Esta sal se toma en pastillas, dejándolas disolver lentamente bajo la lengua, y su uso continuado calma el corazón agitado y refuerza todo el sistema nervioso. Patatas, castañas, aguacate, plátanos y, en general, las frutas y hortalizas que no tienen sabor salado, como las calabazas, son alimentos ricos en potasio.

Me impresionó un artículo que leí recientemente en la prensa sobre una persona aquejada de fibromialgia que, no contenta con los resultados que le ofrecían los medicamentos más usuales para tratar sus síntomas, resolvió ponerse a investigar el funcionamiento de los músculos con tal tenacidad que, fruto de sus estudios, nació el complejo de iones minerales denominado Recuperation. La mezcla de sodio, potasio, magnesio y calcio restablece el equilibrio iónico. En la misma línea, quizás más completas todavía, se encuentran las ampollas de agua de mar isotónicas de René Quinton.

Quinton fue un visionario del siglo pasado obsesionado con el parecido entre el agua de mar y el suero plasmático. En efecto, el agua de mar, tal como la conoció Quinton, libre de chapapote y vertidos industriales, contiene todos los elementos minerales y, curiosamente, en la misma proporción y secuencia que la sangre humana, como un recordatorio de que nuestros ancestros fueron renacuajos y nuestra primera cuna una gran charca con todos los elementos necesarios para la vida esperando el soplo divino que desencadenaría la reacción que animó la creación del mundo. René Quinton hizo experimentos inyectando agua de mar en vena, incluso extrayendo sangre y sustituyéndola por agua de mar, pero sus experimentos nunca tuvieron demasiado apoyo institucional ni interés comercial (¡el mar no se puede patentar!), y cayeron en el olvido hasta que, hace una década o dos, fueron rescatados coincidiendo con la moda de las bebidas isotónicas para deportistas. Como desarrollo mucha actividad al aire libre y a pleno sol, suelo llevar ampollas de René Quinton durante el verano y, gracias a ellas y al agua en abundancia, siempre me siento hidratada y energética.

Y siguiendo con los alimentos para los músculos, que es el objetivo de este capítulo de nuestro Protocolo Antiaging Natural, merece destacarse la glucosamina. Este nutriente, capital para la salud de las articulaciones, es asimismo muy interesante aquí, pues asegurará la incorporación de sulfato (azufre) al músculo, aportando estabilidad al tejido conectivo;la coenzima Q10 es también un nutriente mayor, en este caso por su papel oxigenante, antioxidante y liberador de energía.

Clásicos como el polen de abeja, la levadura de cerveza, el germen de trigo y la jalea real han sido suplementos dietéticos para deportistas durante décadas, y sus razones siguen siendo válidas hoy en día, pues aportan energía y resistencia. También la gelatina, algo que en España sólo se utilizaba como adorno para presentaciones de alta cocina y que, en cambio, en países como Irlanda y Gran Bretaña tiene una gran tradición, es un alimento muy interesante por su aporte proteico, su capacidad saciante y su ausencia de grasas. Yo lo incorporo siempre a las dietas Antiaging. Es fácil de preparar y en su versión neutra puede utilizarse en comidas o postres, mezclados con frutas.

Otro complemento interesante, en este caso por sus principios fitoactivos, pues se trata de una planta, es el abrojo (Tribulus terrestris), por ser precursor de testosterona. Como veremos más adelante, uno de los síntomas más evidentes del descenso de testosterona que se da en la andropausia es un gran cambio en la musculatura, que disminuye y se afloja mientras aumenta la grasa corporal. Tomar Tribulus terrestris como precursor de testosterona facilita una recuperación paulatina de la masa muscular. Es una planta y no tienen nada que ver con esteroides sintéticos. Sin embargo, las mujeres deben tomarla bajo el control de un especialista precisamente por su capacidad de aumentar los niveles de testosterona.

El silicio orgánico

Este mineral se merece un apartado para él solo. Ha salido ya a escena en el capítulo de la piel, pero ahora deseo hablarte más extensamente de este maravilloso mineral que está presente en los tejidos de todo nuestro organismo.

El silicio orgánico estimula la síntesis del colágeno y de la elastina, y es un gran fortalecedor del organismo. Pero, además, el silicio tiene un papel vibracional importantísimo.

¡Es un gran transmisor! ¡Junto con el germanio, este mineral es el elemento transistórico por excelencia, reconocido en el campo de la electrónica! ¿Y qué tiene que ver un transistor con nosotros? Todo. Nuestras células, nuestro corazón —recordémoslo— funcionan por impulsos eléctricos, nuestro pensamiento pasa de neurona en neurona por el diferencial de carga positiva-negativa que van componiendo los iones de los diferentes minerales que circulan por nuestro organismo. Recordemos que ya Hermes Trimegisto, en el siglo I de nuestra era, estableció el principio universal «todo vibra». Todo está en continuo movimiento, todo se contrae y expande, cada cosa a su propio ritmo y en su escala: nuestros pulmones al inspirar y espirar, las mareas en pleamar y bajamar, ¡el universo mismo está en expansión después de una gran contracción! ¡El Big Bang!

El silicio regula el potencial eléctrico de la membrana celular, y actúa como intermediario en el transporte de electrones, amplificando los impulsos entre distintas moléculas. Cuando una célula está en buen estado, existe un equilibrio y los polos positivo/negativo están alineados. El desequilibrio eléctrico celular da origen a múltiples desórdenes orgánicos, al envejecimiento prematuro y a la enfermedad. El silicio está cargado en los extremos con iones positivos y negativos inestables que no paran de girar alrededor de cada una de sus moléculas. Tanta vivacidad no es estéril: el silicio libera o intercambia iones positivos o negativos allí donde se necesita, restableciendo así la polarización correcta y devolviendo el equilibrio iónico al organismo.

El silicio por sí solo, como mineral, no tiene efectos tan poderosos en nuestra salud. Loïc Le Ribault, científico francés recientemente fallecido, padecía psoriasis. En 1972 trabajaba con cristales de cuarzo en los que observó que existía una película de silicio amorfo soluble, orgánico debido a su transformación gracias a los microorganismos que lo habitaban (bacterias y diatomeas). Revolviendo entre esos cristales, la psoriasis de Le Ribault parece que mejoró hasta casi desaparecer. Hace unos veinte años la industria cosmética empezó a incorporar organosilicados para reestructurar el colágeno y la elastina dermofacial, si bien en cremas de aplicación tópica. Ya en 1994 Le Ribault descubrió la molécula de silicio orgánico estable y sin toxicidad que podía ingerirse y actuar desde el interior del organismo.

El silicio se encuentra en todos los tejidos corporales, aunque en concentraciones más importantes en el timo, en las glándulas suprarrenales, el bazo y el páncreas, además del tejido conjuntivo. Y curiosamente esa proporción desciende un 35% en el tejido muscular femenino. La concentración de silicio en los tendones es también muy importante. En cualquier caso, hacia la Segunda Mitad de nuestra vida, el nivel de silicio ha disminuido alrededor de un 30%. Muchos estudios señalan que la disminución de estrógenos afecta de manera importante la absorción de silicio, y que esta disminución provoca descalcificación y osteoporosis. Lo cierto es que un tejido con osteoporosis muestra una reducción de silicio de un 50%, mientras que la pérdida de calcio y azufre sólo es del 8%. Estudios in vitro mostraron que los osteoblastos (células de los huesos) a los que se les añadió silicio aumentaron la síntesis de colágeno de manera notable, además de desempeñar una función catalítica en la fijación del calcio, azufre y fósforo, todos ellos elementos constituyentes del hueso. En el cordón umbilical, por ejemplo, la concentración de silicio es importantísima y se presenta ligada a estructuras como el ácido hialurónico y la condroitina, componentes esenciales de las articulaciones del adulto.

Si ya se ha instalado el dolor

Si al comenzar nuestro Protocolo Antiaging Natural sufrimos de dolor de espalda, además de los nutrientes anteriormente citados como la glucosamina o el silicio, utilizaremos el efecto antiinflamatorio de la cúrcuma y del ácido graso omega 3. También nos serviremos de las virtudes antiinflamatorias de la bromelaína y de la papaína. Estas enzimas tienen un efecto sinérgico ingeridas junto al azufre MSM. La yuca es un buen antiálgico en casos de dolor moderado. También el aminoácido fenilalanina tiene efecto antiálgico por su capacidad de aumentar las endorfinas naturales, pero este aminoácido no puede ser manejado sin la guía de un experto nutriólogo. El mineral molidbeno también está siendo utilizado en pequeñas dosis como analgésico antirreumático.

La fitoterapia nos brinda un poderoso aliado para calmar el dolor y la inflamación, el harpagofito, que se revela realmente eficaz a altas potencias y estandarizado. Por último, los ácidos grasos acetilados, que no tienen nada que ver con los ácidos grasos omega 3, parece que ofrecen una alternativa interesante como antiinflamatorios y antiálgicos.

Recordemos que la salud de nuestros músculos requerirá de ejercicio sin sobrecargas y una dieta equilibrada rica en antioxidantes, aminoácidos, vitaminas, minerales y mucha agua. Sólo así podremos, si no recobrar el tipazo de los veinte años —que ni falta nos hace—, sí disfrutar de la sensación placentera que proporciona un cuerpo tonificado y resistente. Y si un amigo se pregunta «¿Por qué de repente todo me cuelga?», disponemos de mucha información para contestarle y animarle a que también él se comprometa a cuidarse con el Protocolo Antiaging Natural.

Capítulo III
Las articulaciones

Bisagra, junta, goznes… Son algunos de los sinónimos de articulación, es decir, un «engranaje» que posibilita la conexión y el movimiento de dos partes con la mayor efectividad y el menor desgaste o fricción. El cuerpo humano tiene tres tipos de articulaciones: las fijas, como por ejemplo las que unen los diferentes huesos del cráneo;4 las semimóviles, como las que conforman la columna vertebral, que tienen un movimiento limitado: más amplio hacia delante y menor hacia atrás o hacia los lados —las vértebras no entran en contacto directamente sino a través de un almohadón de fibrocartílago—; y, en tercer lugar, las articulaciones móviles, que permiten una amplia gama de movimientos: son las articulaciones de las extremidades superiores e inferiores con su gran avance evolutivo —el dedo pulgar opuesto a los demás para poder realizar el movimiento de pinza, un movimiento que diferencia a los homínidos del resto de los animales al permitirnos agarrar un palo para combatir al enemigo, asir una pluma y escribir una poesía, tañer una guitarra y arrancar por bulerías—.

Algunas de estas articulaciones son estructuras extremadamente complejas, con cartílago articular, cápsula articular y líquido sinovial humidificando y manteniendo en un medio viscoso todo el engranaje. El cartílago articular es, como su nombre indica, un tejido cartilaginoso que cubre las extremidades de los huesos impidiendo así el rozamiento y el desgaste de los mismos. Está formado por condrocitos (de ahí que se utilice codroitina para regenerarlos) y sustancia intersticial compuesta por fibras de colágeno, proteoglicanos y agua.

El envejecimiento articular

Curiosamente, una función tal vital como permitir el movimiento articulado no tiene un «sistema de riego» potente. Las articulaciones tienen una vascularización muy pobre y se nutren desde el líquido sinovial y los capilares óseos. Con la edad, también estos tejidos pierden acuosidad, las fibras se vuelven menos elásticas y el cartílago menos resistente; el peso molecular del ácido hialurónico es menor y el líquido sinovial se empobrece brindando una menor protección frente a la fricción que, de producirse, desencadena todo un proceso inflamatorio con sus consecuencias de dolor e inmovilidad. Si se deteriora el cartílago y se produce el roce entre dos huesos, el periostio de los mismos, la capa exterior, se daña, ofreciendo un aspecto áspero e irregular en vez de liso y suave. El esfuerzo de los ligamentos y músculos implicados en el movimiento de la articulación es mucho mayor y acaba por debilitarse, de manera que la articulación se vuelve rígidamente dolorosa.

Una de las consultas más frecuentes entre las personas que siguen el Protocolo Antiaging Natural conmigo es precisamente la inflamación de las articulaciones, dolores o molestias que no acaban de curarse, o el comentario: «De repente siento como si mi cuerpo crujiera». La inflamación de las articulaciones puede tener múltiples y variadas causas: desde una respuesta del sistema inmunológico a una infección, un depósito de sustancias irritantes (como cristales de urato), una autoagresión (como la poco conocida artritis reumatoide, o el lupus) y muchas otras relacionadas con la edad y el desgaste que son las que contempla el antiaging.

Además del desgaste, los cambios hormonales influyen mucho en el envejecimiento articular. Desciende la hormona del crecimiento, que es la que da tono y fortaleza a toda la musculatura y, por supuesto, a los ligamentos, descienden estrógenos y testosterona y, también, una hormona menos conocida denominada DHEA, cuya disminución parece estar muy relacionada con este tipo de inflamaciones. La analítica antiaging que recomiendo en mi consulta permite ver los niveles de todas esas hormonas y hacer un seguimiento de los marcadores de inflamación. Este tipo de examen exhaustivo es interesante en muchos casos, porque nos revela otras causas estrechamente vinculadas a la inflamación que a menudo se nos pasan por alto, como las intolerancias y las alergias, tanto a los alimentos como a metales pesados.

Intolerancias y alergias

Nuestro cuerpo puede reaccionar de forma negativa ante algún compuesto alimenticio. Decimos entonces que provoca alergia o intolerancia alimentaria. Estas reacciones pueden ser diagnosticadas mediante pruebas específicas que recomendamos en consulta cuando existen indicios que así lo aconsejan. Una intolerancia es muy diferente de una alergia, son conceptos distintos; en ambos casos, nuestro cuerpo reacciona ante un alimento, o una parte del nutriente (por ejemplo, al gluten, a la proteína de la leche o de la soja), generando anticuerpos o antígenos (Ig’s o Ag’s), produciendo una respuesta inflamatoria. Los alimentos que producen alergia o intolerancia perjudican la salud por partida doble: además de generar en nosotros un rechazo que puede manifestarse de muchas maneras —desde dolores de cabeza a bronquitis o asma—, no se digieren bien. Un alimento que no se digiere bien y se consume regularmente puede llegar a afectar a la salud del propio intestino, provocando trastornos importantes en la flora intestinal (disbiosis) o en la calidad del tejido conectivo recubierto de pilosidades que forra nuestros intestinos. Una irritación continuada por culpa de un alimento al cual somos intolerantes o alérgicos puede provocar una inflamación intestinal que acabe dañando estos delicados tejidos y desemboca en un exceso de permeabilidad intestinal. Es lo que llamamos «síndrome de permeabilidad intestinal», y es peligroso porque permite que partes demasiado grandes de alimentos que no han sido debidamente degradadas y transformadas en otras más pequeñas durante el proceso digestivo se cuelen por la pared intestinal y se queden «por ahí» flotando en la matriz extracelular, provocando inflamaciones y todo tipo de reacciones, en lugar de seguir el curso de tracto intestinal y ser eliminados como materia fecal.

Así que debemos tener muy en cuenta que la alimentación y las posibles alergias e intolerancias influyen de manera importante en el proceso de degeneración de una articulación dolorida o desgastada.

Los dolores articulares también pueden ser debidos una reacción alérgica o, incluso, a una intoxicación por metales. Existen pruebas que descartarán la eventualidad de artrosis por presencia de metales utilizados en ortodoncia o por intoxicación laboral.

La buena noticia es que también existen nutrientes capaces de regenerar y revitalizar esas zonas.

Dieta regeneradora para las articulaciones

Tome espárragos, ajo, cebolla, coles… por ser alimentos azufrados ricos en MSM (excepto si tiene cálculos de ácido oxálico).

Coma pescado azul en cantidad, añada alfalfa germinada a las ensaladas y sustituya dulces y golosinas de repostería habituales en su tentempié por flanes de gelatina, asegurándose de su pureza. Mejor si es preparada en casa.

Algunas personas son sensibles a la solalanina, un componente de las hortalizas de la familia de las solanáceas: patatas, pimientos, berenjenas, tomates… Asegúrese que no tiene problemas con este tipo de alimentos mediante el test, pues frecuentemente da positivo en personas aquejadas de artritis.

La bromelaína contenida en la piña y la papaína de la papaya son enzimas capaces de detener la inflamación.

Incorpore a su dieta flanes de gelatina; su gran riqueza en aminoácidos ayuda a mejorar la síntesis del colágeno, componente principal del cartílago. La gelatina aporta prácticamente todos los aminoácidos, entre los cuales destacan la glicina y la prolina, capaces de estimular la formación de colágeno y proteger las células cartilaginosas. La gelatina proporciona asimismo coenzimas y cofactores que facilitan la síntesis proteica.

Deporte y articulaciones

Algunos ejercicios pueden exigir un sobreesfuerzo a nuestras articulaciones, sobre todo si son gestos repetidos una y mil veces —como el golf—, que requieren impactos continuados —como tenis o equitación—, o exigen paradas repentinas y movimientos rápidos — como pádel—; prefiera la natación y los ejercicios practicados en medio acuático en donde el cuerpo realiza un buen trabajo muscular aliviando el peso corporal; y el deporte rey: caminar con ritmo y calzado adecuado.

Capítulo IV
La salud de los huesos

Las articulaciones permiten el movimiento compuesto de dos o más huesos y hemos visto que la medida regeneradora consiste en asegurar la viscosidad del líquido sinovial protector al tiempo que regeneramos el cartílago y limpiamos posibles cúmulos de cristales depositados en las articulaciones. Pues bien, ¿qué sucede con los huesos de estas articulaciones?

Una de las mayores preocupaciones en antiaging es el riesgo de sufrir una desmineralización. La pérdida de masa ósea se inicia a partir de los 35 años, y en las mujeres se acelera tras el cese de la ovulación. Los rayos X no detectan la pérdida de masa ósea hasta que ésta ha alcanzado el 25%;es pues recomendable hacer un seguimiento mediante densitometría ósea, una prueba común en las revisiones ginecológicas. Es interesante recordar que el proceso de desmineralización postmenopáusica pasa por una primera fase que dura aproximadamente 5 años, denominada resorción, la cual puede ralentizarse con suplementos nutricionales como magnesio, boro y silicio y, desde luego, fitoestrógenos, ya que sin estos últimos todo el tratamiento pierde su eficacia. Los fitoestrógenos son plantas o nutrientes vegetales, como la conocida soja, que tienen efectos ligeramente parecidos a las hormonas estrogénicas femeninas. Se comportan como un estrógeno muy suave, aunque los receptores de los estrógenos humanos y el de los fitoestrógenos sean diferentes.

La desmineralización es más frecuente en la mujer que en el hombre debido a la progresiva desaparición del protector estrógeno. Las mujeres deberíamos recordar que tras el cese de la ovulación nuestro cuerpo es capaz de seguir sintetizando estrógenos a través de nuestra grasa corporal. Así que más vale tener algunas redondeces bien distribuidas que convertirnos en secas mojamas. Existe una relación entre la cantidad de masa muscular y la desmineralización ósea, lo cual no quiere decir que llegadas al Segundo Tiempo las mujeres tengamos que ser obesas. De esa tendencia a ganar peso nos ocuparemos más adelante. Estamos sugiriendo unas saludables formas femeninas con algo de grasa protectora, la suficiente para seguir proveyéndonos de estrógeno, aunque sea en pequeñas cantidades. También las cápsulas suprarrenales son capaces de sintetizar estrógenos, aunque en dosis menores. Las cápsulas suprarrenales son unas glándulas situadas encima de cada riñón; verdaderas centrales bioquímicas, de sus almacenes salen muchas sustancias importantes para nuestra salud y para nuestra supervivencia, especialmente hormonas, como por ejemplo la adrenalina. También fabrican estrógenos. Es muy importante disponer en todo momento de unas glándulas suprarrenales en buen estado, lo cual quiere decir que hemos de mantener a raya el estrés, su principal enemigo, que las agotan. Una buena prevención es nutrirlas con 1 gramo de vitamina C diario en caso que estemos pasando por un periodo de tensión nerviosa.

En cualquier caso, algo habremos de hacer, porque las cifras oficiales de la Fundación Nacional de Osteoporosis son aterradoras: parece que una de cada cuatro mujeres está condenada a sufrir osteoporosis y que la mitad de las mujeres occidentales mayores de 50 años (¡la mitad!) va a padecer una fractura relacionada con la osteoporosis. Así que, señoras, ¡a seguir el Protocolo Antiaging Natural desde ya!

Prevenir la desmineralización

Hasta hace poco se creía que la desmineralización dependía exclusivamente de la pérdida de calcio. Sin embargo, el calcio, como sal mineral tomada aisladamente, puede ser peligroso, pues se precipita en las paredes vasculares y puede producir aterosclerosis. El proceso es el siguiente: un radical libre ataca la pared interior de una arteria produciéndole una herida. Nuestra capacidad regeneradora se pone en marcha igual que si nos hubiéramos despellejado las rodillas al caer de la bicicleta: sale piel nueva, un tejido muy especial, menos uniforme que a veces deja marcas para toda la vida.¿Quién no tiene una cicatriz en todo su cuerpo? Esa piel diferente se llama tejido cicatricial o cicatrizal, es rugoso y desgraciadamente tiene una afinidad especial por las gomosas y pegajosas bolas de colesterol que recorren nuestras venas y arterias. Lo más fácil es que una de estas bolas de colesterol se quede enganchada a una cicatriz del endotelio, el forro interno de nuestros vasos. Las sales de calcio circulando libremente por el torrente sanguíneo son propensas a depositarse sobre el colesterol, calcificando el conjunto y produciendo los conocidos ateromas.

Entonces,¿hay que tomar calcio o no? Cada caso ha de ser diagnosticado de forma personalizada, no hay una respuesta que sirva de «café para todos». Lo que parece claro es que los suplementos de calcio no son la única forma de prevenir la descalcificación y, además, que si decidimos tomarlo hay que hacerlo de manera que le facilitemos su fijación en los huesos. Hoy día, todo apunta que para que el calcio se fije en los huesos necesita unos compañeros idóneos e indispensables, como el magnesio y el fósforo, y otros nutrientes con los que tiene gran sinergia como el silicio, el boro, y las vitaminas D y K, además del manganeso, el potasio, el cobre, el zinc, el sodio y las vitaminas A, C y B12. La vitamina D ayuda a fijar el calcio, mientras que la vitamina K participa en la producción de osteocalcina, una proteína exclusiva del hueso; el manganeso, el cobre y el zinc son cofactores necesarios para formar las enzimas responsables de la fabricación de la matriz ósea. Por su parte, la vitamina C es, como hemos visto en el capítulo de la piel, necesaria para la formación de puentes de colágeno (cross-linking), y el hueso también necesita colágeno. Conocemos la relación entre la vitamina C y las alteraciones óseas desde que los navegantes que padecían escorbuto por no tomar verduras frescas en sus largas travesías se quejaban de una mayor fragilidad en los huesos.

Los aminoácidos, tan necesarios para la formación de masa muscular, como hemos visto, también son imprescindibles para la regeneración de los huesos. Tomar poca proteína puede ser tan perjudicial para la salud ósea como tomar demasiada. Se aconseja 1 gramo por kilo de peso o, en todo caso, no sobrepasar los 100 gramos diarios, independientemente de si la fuente es animal o vegetal, si bien la proteína animal tiene mayor biodisponibilidad que las vegetales. Parece que las proteínas que tomamos con la carne y el pescado, los huevos y otros productos animales, tienen mayor afinidad con nosotros, con nuestro cuerpo, que también es el de un animal. Sin embargo, no conozco estudios que documenten que tomar proteínas vegetales exclusivamente predisponga a un mayor riesgo de osteoporosis.

En todo caso, suplementar sólo con calcio, o incluso con minerales y vitaminas, parece ser menos efectivo que si además se toman fitoestrógenos. Mi consejo es seguir un protocolo que incluya isoflavonas de soja y todos los minerales y vitaminas que actúan en sinergia para asegurar una buena salud ósea. Y tan importante como qué suplementos tomar es tomar buena nota de lo que no debemos comer.

En efecto, algunos alimentos provocan pérdida de calcio, una pérdida que se puede medir por la excreción de calcio en orina. Por ejemplo, más de 100 gramos de proteína, o cada 3 gramos de sodio, originan una excreción de 40 mg de calcio por vía urinaria. Ante dosis altas de sal común (por ejemplo, una bolsa doble de palomitas saladas) o de azúcar o de proteína, el organismo responde excretando calcio.¿Y de dónde lo saca? ¡De los huesos! Y de los dientes (he aquí el origen de la caries infantil). Recordemos: ¡también nuestra manera de comer descalcifica! Y cuando no podemos resistirnos a ese pastel de cumpleaños sin hacer un feo, tranquilas, parece que 3 mg diarios de boro, ese mineral traza tan desconocido, puede reducir la excreción urinaria de calcio en un 44%.¿No es maravilloso? Además, aumenta los niveles de beta estradiol y de testosterona, y actúa como si fuera hormona, simulando biológicamente algunos efectos de la terapia con estrógenos sin sus peligrosos efectos secundarios. Asimismo, el boro participa en la activación de la vitamina D, generalmente una tarea que reservamos al sol y que hoy en día parece que no es suficiente, y en la correcta relación calcio-magnesio. Así que adoptémoslo rápidamente en nuestro arsenal nutriterapéutico.

Alimentos para los huesos

Encontraremos el boro en frutas y verduras. En general, las vitaminas y los minerales que contienen verduras y hortalizas ayudan a prevenir la osteoporosis. Los alimentos más ricos en calcio son los lácteos, leche y sus derivados como requesón, queso, yogur, etcétera. Sin embargo, no a todo el mundo le sienta bien la leche y, si no es biológica, puede llevar tantos restos de antibióticos y hormonas con las que atiborran a las vacas que muchos prefieren evitarla.

A propósito de la leche

Merece la pena detenerse un momento en la polémica «leche sí – leche no». La leche es el alimento de los lactantes; la leche de vaca es para los terneros lo que la de mujer para el bebé. Ningún mamífero sigue tomando leche después del destete. La capacidad de asimilar la leche disminuye rápidamente, la lactosa tiene muchos problemas para ser digerida y no todo el mundo la tolera; por otra parte, parece que los caseinatos, proteínas de la leche, no son bien asimilados por el ser humano adulto. La leche tiene, por otra parte, niveles elevados del benéfico aminoácido triptófano que puede ayudarnos a inducir el sueño antes de acostarnos y, por supuesto, es el alimento con mayor concentración de calcio. Ahora bien, los argumentos que lo presentan como un alimento excesivamente manipulado, conteniendo sustancias anabolizantes y antibióticos, difícilmente digerible y altamente intolerado por la mayoría de la población adulta, no pueden ser ignorados. Si sufres de una pertinaz tos por las mañanas, problemas reumáticos o alérgicos, te levantas con mucosidad, tus digestiones son pesadas… prueba un mes sin tomar ningún lácteo. Si hay algún cambio, por pequeño que sea, espera 3 meses sin tomar leche ni derivados lácteos, nada en absoluto (ni en el café con leche de las mañanas). Es muy probable que tus molestias desaparezcan para siempre jamás.

Lo más problemático es pasar de la «idea de la leche», ese elemento tan tradicional en nuestros desayunos. Alégrate: toda una variedad de sustitutos están esperando a que los pruebes. Leche de arroz, de avellana, de avena, de almendra y, por supuesto, de soja. La primera es muy digestiva y ligeramente astringente, la de avena es un excelente vigorizante con poder emoliente. La de almendras acostumbra a ser demasiado azucarada. La de avellana es muy rica en potasio. La última es la más conocida y, por ello, la más fácil de encontrar en el supermercado. Ahora bien, la soja está siendo cultivada de forma extensiva en su forma transgénica. ¿Recuerdas el escándalo Monsanto? La manipulación genética que se ha llevado a cabo en la soja es aterradora;no solamente se ha reforzado para resistir las plagas sino que se ha manipulado su genética de manera que se ha llegado a alterar su reconocimiento a los antibióticos. Hace tan sólo unas semanas, TVE emitía un programa monográfico sobre el particular. ¡Antibióticos! «¿Qué tiene que ver la soja con los antibióticos?», se preguntaba el presentador del programa. ¿Por qué se ha modificado esta fracción de su genoma? Ante la duda, y desde luego como medida primera en un Protocolo Antiaging Natural, no tomaremos alimentos modificados genéticamente, y desde luego rechazaremos firmemente la soja transgénica en cualquiera de sus manifestaciones: leche, granos, tofu o yogur.

Siempre hemos creído que el yogur es sano, lo sabemos todos,¿no es cierto? Lleva esas bacterias bífidus de que tanto hablamos, que son necesarias para la flora intestinal. Así pues, ¿debemos hacer una excepción con los yogures al eliminar lácteos? Este ProtocoloAntiaging Natural no recomienda en ningún momento tomar yogur o kéfir. Sin embargo, la decisión de eliminar los lácteos de tu dieta debe ser tomada por ti en base a la información que puedes hallar en libros como éste, pero también en base a tu adaptabilidad a los cambios. Lo más aconsejable es que pruebes la recomendación de pasar un mes sin tomar leche, yogur, kéfir, queso, cuajada, natillas, bechamel o cualquier derivado lácteo. Pueden sustituirse todos esos productos por otros elaborados a partir de soja o avena no transgénica. Si no notas ninguna mejoría sino que, además, te mueres ante la sola idea de tomarte un yogur, quizá seas de ese uno por mil de los mortales a quienes la leche les sienta bien. En caso contrario, tu salud y tu aspecto acusarán positivamente el cambio hacia leches vegetales. Los complementos de prebióticos y probióticos repoblarán rápidamente tu flora intestinal sin generar ninguna intolerancia en tu organismo.

El salmón, las sardinas y, en general, el pescado azul, son excelentes fuentes de calcio. Cuando el pescado es pequeño o está bien frito, podemos comer las espinas más pequeñas sin peligro. Las ostras y las almejas, langostinos y otros crustáceos también son ricos en calcio de buena biodisponibilidad. Entre los frutos secos, destacan las almendras. La soja, en todas sus variedades (haba de soja o tofu), también tiene calcio. Hemos de desechar, sin embargo, las variedades de leche de soja con calcio añadido. Los cereales integrales (trigo, arroz, avena, mijo —excelente fuente de silicio—), las legumbres, el sésamo (qué buena idea espolvorear las ensaladas con semillas de sésamo), las castañas, las naranjas, las judías verdes, el ruibarbo y, sobre todo, la col y el brécol. Quizá no sea muy apetitoso, pero hay estudios sobre osteoporosis que demuestran que beber un vaso de jugo de col al día es excelente para alejar de nuestras vidas aquel terrible porcentaje. Y para ello sólo necesitamos una licuadora. La col es accesible a todos los bolsillos y su zumo puede mezclarse con zanahoria o manzana para mejorar su sabor al tiempo que mejoramos nuestra salud ósea. Además, la col y toda la familia de coles de Bruselas, lombarda, coliflor, brécol, etcétera, son excelentes cicatrizantes de la mucosa gástrica, capaces de cerrar una úlcera gástrica y de acabar con una estomatitis o las terribles aftas bucales. Si llevas dentadura postiza y eres proclive a sufrir llaguitas en las encías, o si tienes el estómago sucio por estar tomando medicación, la col es tu mejor aliada.

Al disponer tu menú, ten presente no juntar en una misma comida los alimentos de alto contenido en calcio —como, por ejemplo, un salmón al horno— con granos integrales —arroz, trigo, avena…—, pues aunque éstos también aportan calcio, contienen una sustancia que se une al calcio e impide que éste se absorba correctamente. Una cosa u otra en una misma comida. También las almendras, los espárragos y las espinacas, ricas en ácido oxálico, limitan la absorción de calcio. Así que mejor acompañar tu pescado al horno con ensalada, guisantes, judías tiernas, patatas, tomates asados y el largo etcétera de los productos de la huerta. El calcio tomado por la noche se absorbe mejor y ayuda a dormir (de ahí viene la antigua receta de una tacita de leche caliente antes de acostarse).

Las sopas de ajo y de cebolla, tan apetitosas en invierno, son muy interesantes por el azufre que nos aportan.

Evita absolutamente los fosfatos contenidos en las bebidas gaseosas, así como los alimentos ricos en levadura, pues el fósforo compite con el calcio para ser absorbido en una misma comida. Añade brotes de alfalfa en tus ensaladas y, si te animas, perejil fresco picadito. Prueba a sustituir las patatas por yuca. Disminuye el consumo de frutas cítricas que pueden reducir la absorción de calcio. Recuerda que un medio ácido es negativo para la salud del hueso. Pon una cáscara de huevo (puro calcio) en un vaso de zumo de limón y observa… Sin embargo, algunas personas tienen déficit de ácido clorhídrico en el estómago y ello también es peligroso, pues sin él no pueden digerirse bien las proteínas ni absorberse correctamente el calcio.

Homocisteína y osteoporosis

En la menopausia se produce un aumento de homocisteína que influye de una manera directa sobre los accidentes cardiovasculares. La homocisteína interfiere en la formación de enlaces cruzados de fibras colágenas (cross-linking). Es pues aconsejable suplementar con ácido fólico, que tiene la capacidad de reducir la concentración de homocisteína en el plasma. También las vitaminas B6, la B12 y, en general, todo el grupo B son útiles para el regular el metabolismo de la homocisteína, y siempre figuran en mis Protocolos Antiaging.

Principales factores en la prevención de la osteoporosis

El factor principal en la prevención de la osteoporosis sigue siendo el reequilibrio hormonal. Cualquier tratamiento con suplementos que tenga como objetivo detener la desmineralización e invertir su proceso deberá ir acompañado de un análisis exhaustivo del perfil hormonal y corregido con una buena suplementación fitoestrogénica. Por supuesto, existe la terapia hormonal sustitutiva, y hay casos en que es recomendable. Sin embargo, parece probado que aumenta la incidencia de cáncer de mama y de endometrio, riesgo que debe ser sopesado detenidamente con ayuda del ginecólogo. Yo prefiero recomendar fitoestrógenos que no tienen los mismos receptores, pero que a dosis adecuadas y complementadas con elementos hormon-like como el boro, consigue los efectos equilibrantes que perseguimos sin el riesgo de futuras complicaciones.

Y el segundo factor principal en la prevención de la osteoporosis no se come:¡es el ejercicio! Incluso existen máquinas especiales capaces de crear un estímulo que relanza la creación de masa ósea. Pero si no tienes una de ésas en el gimnasio más cercano, pide a tu entrenador que te haga una tabla de ejercicios personalizada, o sencillamente camina, nada, ¡muévete! La estimulación del hueso en una tabla de ejercicios viene dada por la tracción de los ligamentos que unen un músculo con el hueso. Los pequeños tironcitos que transmiten los movimientos de un ejercicio tan común como caminar rápido, subir escaleras o levantar pequeñas pesas, propicia el fortalecimiento del hueso en esa zona, como si quisiera hacer un callo. Se trata de un supernutriente barato y efectivo, con numerosos «efectos secundarios»: mejora la circulación y la oxigenación, relaja tensiones y tiene un montón de beneficios que veremos más adelante. ¡Dale prioridad en tu Protocolo Antiaging Natural!

Supernutrientes para los huesos

Veamos una pequeña recopilación de los nutrientes que recomendamos para mantener fuertes y flexibles nuestros huesos en el Segundo Tiempo.

• Fitoestrógenos (isoflavonas de soja, trébol rojo, Cimifuga racemosa, etcétera).

• Silicio, para muchos especialistas, entre los que me cuento, este mineral, en su forma orgánica, es junto con el magnesio el mejor método de prevenir la osteoporosis.

• Boro.

• Calcio y magnesio. La necesidad diaria de calcio es de 300 mg. La relación fisiológica es 8 mg de Mg por 1 mg de Ca.

• Complejo multimineral (con todos los minerales y vitaminas señaladas anteriormente y, a poder ser, micronizado para mejor absorción).

• Vitaminas A, C, D, K y grupo B.

• Antioxidante de pepitas de uva (fortalecedor del tejido conectivo).

• MSM (el azufre es un componente importante en la estructura ósea).

• Colágeno hidrolizado enzimáticamente.

• Perlas de aceite de halibut, por su riqueza en vitaminas A y D junto con ácidos grasos.

Las algas coralinas

Al elegir un preparado, miraremos que la fórmula contenga calcio altamente biodisponible; así nos aseguramos una buena absorción y que no quede circulando libremente por el torrente sanguíneo. Las algas coralinas, activadas por la radiación solar y energetizadas por el movimiento de las olas, aportan hasta 73 minerales y elementos traza activos y fácilmente asimilables. Las algas coralinas se encuentran en simbiosis con otras especies marinas. Tienen un ciclo de vida corto:6 meses. En ese lapso de tiempo han tenido que almacenar una gran cantidad de minerales y elementos traza entre los que destacan el calcio y el magnesio, ideales para prevenir la osteoporosis. Existen preparados de algas coralinas enriquecidas con potasio, lo que las convierte en un nutriente especialmente interesante para mantener equilibrado el Ph ácidobase. Cuando las algas coralinas se presentan enriquecidas con inulina, la absorción de todos los minerales aumenta considerablemente y aprovechamos mejor el suplemento.

La desmineralización es un epígrafe importante en nuestro Protocolo Antiaging Natural y, como hemos visto, doblemente peligroso para la mujer que ha franqueado el umbral del Segundo Tiempo, porque normalmente a esta edad su cuerpo tiende a reorganizarse hormonalmente. Nos referimos a la menopausia, y es tan importante esta etapa de nuestra vida que bien se merece un capítulo entero.

Capítulo V
La menopausia

En esta etapa de cambio, nuestro organismo se reorganiza. Su prioridad, en cuanto a naturaleza propia del reino animal, ya no es la procreación. Antiguamente, la llegada a esta etapa era celebrada con ritos «de paso» y toda la tribu festejaba la llegada de la «mujer de sabiduría». Nuestra sociedad aún dista mucho de honrar como se merece a la mujer y a lo femenino. Y muchas veces somos nosotras las primeras en olvidar el privilegio de ser portadoras y transmisoras de la vida, de nuestro estrechísimo vínculo con la madre tierra, oscilando con ella, con sus ciclos lunares. Hoy, ser capaz de sangrar sin morir, en lugar de un misterio a cultivar y trasmitir a nuestras hijas, es una molestia que puede evitarse con una pastilla. De todas maneras, muchas de nosotras sabemos intuitivamente que hay algo especial relacionado con la vida y la muerte de lo cual somos depositarias y sentimos, sin que nadie nos lo diga, que estamos muy, muy cerca de la naturaleza cambiante, con sus ciclos lunares, sus estaciones. Ser sabia es también tomar conciencia del ciclo vida-muerte-vida de la naturaleza y todas sus criaturas, y fluir con ellas. Ante todo, debemos negarnos a que la menopausia sea considerada una «enfermedad carencial», como algunos apuntan, por falta de hormonas. La menopausia no es una enfermedad. En caso contrario, toda nuestra vida estaría plagada de enfermedades imaginarias por no responder a un modelo. Veamos, si yo digo:síntomas, fiebre, diarrea, dolor, llanto, salivación profusa… ¿A qué me estoy refiriendo? ¡A la dentición! Pues claro, una etapa por la que pasamos todos los humanos, con dolor y quizás estado febril, y a nadie se le ocurre decir que el bebé está enfermo. Y si digo: humor cambiante, problemas de identidad y de autoafirmación, granos purulentos en rostro, alteraciones en las cuerdas laríngeas... Pubertad. ¿No les parece que el cuadro podría ser propio de un adolescente? ¿Y es eso una enfermedad? ¿Verdad que no? La menopausia es una etapa de madurez y de crecimiento personal, muchas veces de emergencia espiritual, durante la cual la mujer a veces siente que ha llegado a su plenitud y otras siente por primera vez la libertad de replantearse su vida. No se trata de una metáfora o de mera palabrería para edulcorar una etapa dura: ahora sabemos, gracias a los estudios realizados por neuropsiquiatras mujeres, que el descenso de estrógenos propicia un cambio bioquímico a nivel neuronal, desactivándose áreas prioritarias en épocas de reproducción —como el cuidado de los hijos y, en general, el entorno familiar— y activándose otros centros en los cuales priman el propio bienestar y la autorrealización. Cumplida ya su misión de seguir estrechamente la evolución de sus cachorros, la mujer no es que deje de querer e interesarse por su marido e hijos, pero esos sentimientos se relativizan mientras pugnan en ella por salir a la superficie otras prioridades que le permitan dar rienda suelta a toda su creatividad, libre ya de la carga que supone la reproducción y la crianza de su prole.

Ancestralmente, el organismo de la mujer postmenopáusica se reorientaba hacia un objetivo prioritario y perentorio:la supervivencia. Entre los primeros humanos, la mujer que alcanzaba una elevada edad ya no podía cazar como los jóvenes, y quizá no tenía un cazador que lo hiciera por ella mientras se ocupaba de sus pequeños;vivía en la comunidad y esa comunidad proveía de sus necesidades, pero ella podía valerse cada vez menos por sí misma. De manera que desarrolló la máxima eficiencia de ahorro energético. ¿Cómo? ¡Engordando! Desarrollando una nueva capacidad para almacenar grasas que le permitieran una cierta autonomía de la dependencia tribal en cuanto a su sustento. Por eso todavía hoy nosotras, sus tataranietas, sentimos que de pronto engordamos más fácilmente, y si deseamos perder peso, nos cuesta más.

Nuevos objetivos, nuevas prioridades. Nuestro organismo debe reorganizarse internamente, y ese reajuste a veces tiene consecuencias muy aparatosas o molestas. Pero si bien a todas las mujeres nos llega la menopausia, no a todas les supone un problema.¡Más allá del problema que pueda suponer cumplir años y envejecer, y esto es algo inherente al ser humano, hombre o mujer, algo que compartimos con todos los seres vivos: el ciclo vida-muerte-vida!

El ciclo menstrual

Si la menopausia es el cese del ciclo menstrual, detengámonos un instante para recordar que así llamamos al periodo de 28 días aproximadamente que se suceden entre dos reglas. En ese tiempo suceden muchas cosas. Al principio del ciclo, la glándula pituitaria envía hormona estimulante de los folículos (FSH) a los ovarios y éstos empiezan a sintetizar estrógenos en mayor medida. Los niveles de estrógeno van aumentando y alcanzan su punto álgido a mitad del ciclo. Entonces, avisan a la glándula pituitaria de que han cumplido su misión y que ahora es el turno de la hormona luteizante (LH) que desencadena la ovulación: un óvulo maduro se desprende de uno de los dos ovarios y cae en las trompas de Falopio, por donde se desliza hasta el útero que ha sido primorosamente preparado y acolchado para recibirlo.

En este momento, los ovarios empiezan a segregar grandes cantidades de progesterona, que mantendría la situación en buenas condiciones para una gestación… durante un tiempo, hasta que el organismo se da cuenta de que no ha habido fecundación y deshace el nido. Con la menstruación, cae la producción de progesterona y de estrógenos. Todos estos cambios hormonales pueden provocar altibajos de todo tipo: emocionales, de fatiga, impaciencia, irritabilidad; los notamos en el cuerpo, en los pechos, en el vientre, a veces con retención de líquidos, a otras nos sale un granito en la cara en la zona reflejo del útero… Si todo este baile de hormonas que sucede en 28 días puede afectarnos, cómo no vamos a notar el reajuste hormonal que significa la menopausia.

Recordemos además que durante los años previos a la última menstruación (perimenopausia) las dos clases más importantes de hormonas femeninas cambian de forma diferente para cada mujer, hasta que los ovarios reducen la producción de estradiol y desaparece casi totalmente la progesterona, sintetizándose pequeñas cantidades de estrógeno en la grasa corporal y las suprarrenales (¡protejámoslas del estrés con vitamina C!), mientras que la progesterona desaparece casi totalmente, no sin antes haber podido provocar algunas menstruaciones abundantes que pueden llegar a asustar. En la menopausia, el estrógeno más abundante es la estrona, mientras que el estradiol ovárico va dejando de sintetizarse. He visto algunas ecografías de ovarios que aún tenían algún óvulo para madurar, aunque ya no fuera dentro de un ciclo exacto de 28 días. A mí me embargó la ternura; era la misma imagen de un árbol que ofrece sus últimos frutos antes de que el otoño le invite a mudar completamente su ropaje verde por otro de matices rojizos y pardos. Si somos capaces de apreciar la belleza del otoño, la caída de las hojas…¿Por qué vivir de forma dramática los cambios en nuestros propios ciclos de la vida? Lo importante es acercarnos a estos cambios (climaterio, peri y postmenopausia), encontrándonos fuertes y bien, física y emocionalmente. Si estamos pasando por situaciones de estrés, de desequilibrio anímico, si nos encontramos debilitadas por un trabajo agotador, por una relación frustrante, todos estos cambios acentuarán nuestra inestabilidad. Es importante que la mujer conozca los cambios que se están produciendo en su cuerpo, que sepa que su organismo está haciendo un esfuerzo para autorregularse, y que podemos trabajar a favor en lugar de oponer resistencia, lo que aún creará más confusión. ¿Cómo podemos trabajar a favor? Haciéndonos responsables de crear un clima emocionalmente estable y un entorno amable para nosotras mismas, concediéndonos tiempo para cultivar aficiones, ejercicios y actividades que sabemos que promueven nuestro buen humor, alegría interna y serenidad. Y lo mismo vale para los hombres: aunque sus cambios hormonales nunca son tan complejos y el declive hormonal es menos brusco, no por ello deja de existir, como veremos en el capítulo sobre la libido.

Ahora sabemos que un estado mental positivo afecta poderosísimamente nuestro bienestar físico. Sabemos que sistema nervioso y endocrino no son dos historias que van cada una por su cuenta, sino que están tan estrechamente imbricados el uno en el otro que apenas podemos diferenciar dónde empieza uno y acaba el otro. El mismo nacimiento de un nuevo término, «psiconeuroendocrinología», confirma científicamente lo que ya sabíamos ancestralmente:que mente, cuerpo y alma están íntimamente ligados, y que lejos de ser una creencia metafísica vamos a experimentar esta verdad más que nunca al llegar a la segunda parte de nuestra vida. También es importante que, llegado el caso, podamos acudir a un especialista bien informado por el que nos sintamos comprendidos y nos acompañe en el proceso. Un especialista en nutrición antiaging es una excelente opción. ¡Porque no estamos hablando de geriatría!

Recordemos que antiaging significa para nosotros prevención y tratamiento de los síntomas de envejecimiento, y nuestra tarea irá enfocada a ayudar en los síntomas inmediatos y prevenir trastornos futuros.

Los desequilibrios vasomotores

Llamamos vasos sanguíneos a toda esa fantástica red de distribución del precioso líquido, la sangre, que es capaz de llevar oxígeno y nutrientes a los más pequeños rincones y recoger «la basura». Los cambios hormonales, y muy especialmente el aumento de la hormona luteinizante, pueden provocar dilataciones repentinas de estos vasos dando lugar a una sensación de calor y sudoración, los conocidos «sofocos». La hormona luteinizante en el hombre regula la producción de testosterona en los testículos;en la mujer en etapa de procrear, esta hormona estimula la maduración de los folículos, la ovulación, la preparación del cuerpo lúteo y la síntesis de progesterona. Durante el climaterio, el baile hormonal repercute en un incremento de esta hormona superados ciertos niveles, completamente normales en la menopausia, que pueden producir cambios vasomotores, golpes de calor e incluso dolores de cabeza. Yo siempre pensaba que eso era una exageración de algunas mujeres y,¡caramba!, hacia los 48 me encontré algunas noches con el camisón empapado. Lo mejor en esos casos es recurrir a la hidroterapia combinada con la fitoterapia. La hidroterapia consiste en la utilización del agua como herramienta terapéutica y tiene miles de años de antigüedad: termas y balnearios, por ejemplo. En el siglo XIX se pusieron de moda los centros termales como lugares de reposo y de recuperación. Algunas aplicaciones pueden hacerse en casa y con agua del grifo. En el caso que nos ocupa, hay tres prácticas que recomiendo muy especialmente. Ante el primer golpe de calor, se toma una toallita pequeñita y se empapa bien con agua fría, se escurre y se pasa de manera rápida, como de una sola pasada, por todo el cuerpo empezando por los tobillos, las piernas, el vientre, subiendo hasta los brazos y el cuello. La toallita tiene que estar escurrida pero no del todo, es preciso que queden algunas gotitas de agua en el cuerpo. No hay que frotar ni secar. La idea es aplicar un cambio brusco de temperatura y dejar la piel mojada para que el efecto de la evaporación también haga su función. Se pone una el camisón y se acuesta. El cuerpo siempre tiende a recuperar un equilibrio; es lo que llamamos homeostasis. Si lo refresco rápidamente, el calor interno que produce una repentina vasodilatación deberá dirigirse hacia la periferia para mantener el calor corporal estable, en lugar de sudar. Se puede repetir tantas veces como sea necesario. El cuerpo irá reaccionando cada vez mejor hasta que los golpes de calor vayan espaciándose, haciéndose menos intensos hasta que desaparezcan.

El segundo ejercicio de hidroterapia tiene un efecto calmante sobre el corazón y estabiliza el sistema neurovegetativo, y consiste en sumergir los brazos hasta encima del codo en agua fresca, por ejemplo en el lavamanos, durante unos largos minutos. Este tratamiento tiene la virtud de relajar el corazón y estabilizar los vasos sanguíneos.

Y tercero, que es una variante para el transcurso del día, cuando vamos vestidos y no podemos desnudarnos y pasarnos la toallita por todo el cuerpo, es la ducha en las piernas con agua fría, empezando por los pies y subiendo por la cara interna de las piernas hasta las rodillas, donde nos entretenemos con un par de vueltas, y volvemos a bajar por la cara externa de las piernas hasta los tobillos. Tampoco en esta ocasión hemos de secarnos. Calzamos unas chanclas y seguimos con lo que sea, o nos acostamos. Claro, las sábanas van a absorber las gotitas de agua… No importa, no es lo mismo que si nos secáramos.

Estos cambios vasomotores pueden producir otros efectos además de los golpes de calor: palpitaciones cardíacas, alteraciones de la circulación periférica (parece como si las piernas hormiguearan, incluso podemos notar molestias o que están más calientes), y las temidas cefaleas (dolor de cabeza). Los mismos ejercicios que recomiendo para los sofocos van muy bien para el síntoma de «corazón desbocado» o pequeñas arritmias. En este caso,Kneipp, el padre de la hidroterapia, recomendaba muy especialmente el siguiente:la famosa toallita, doblada en dos, sumergida en agua fría y bien escurrida se deja reposar sobre el corazón. Ya está, nada más. Es un sedante que no tiene contraindicaciones.

Vamos a ver ahora los nutrientes que pueden ayudarnos a paliar estos síntomas mientras el cuerpo consigue autorregularse para su nueva etapa.

Complementos nutricionales para las cefaleas

Tomados en cápsulas, estos minerales y vitaminas junto con el ácido graso amigo por excelencia mantendrán los altibajos bajo control, mientras que la planta Tanacetum partenio será su gran aliada para decir adiós a los dolores de cabeza.

• Calcio y magnesio, como antiespasmódicos y antiisquémicos.

• Omega 3, por su efecto antiinflamatorio y antiagregante plaquetario.

• Vitamina E, por su función estabilizadora de los vasos sanguíneos evitando su dilatación.

• Vitamina C, por su efecto liquificante de la sangre y antiinflamatorio.

El tanaceto es una planta que, tomada de forma pautada, como suplemento diario, puede llegar a evitar el desencadenamiento de una crisis migrañosa; puede tomarse también como analgésico, pero siempre es preferible prevenir que curar y, en el caso de las migrañas, una vez estallan pueden ser tan dolorosas y duraderas que tomar un par de cápsulas al día de tanaceto puede ser una excelente forma de ahorrarse el trago.

Un remedio de la abuela que da excelentes resultados cuando aparecen esos persistentes dolores de cabeza acompañados de náuseas debidas a la congestión del hígado es tomar el zumo de un limón mezclado con medio vaso de aceite de oliva virgen. Este cocktail tiene la capacidad de arrastrar los desechos metabólicos del plasma sanguíneo y llevarlos al sistema digestivo, donde es más fácil eliminarlos. Desde luego, es aconsejable no comer cuando el estómago ande revuelto.

Complementos nutricionales para los sofocos

Reemplazar las hormonas femeninas en declive es el propósito de estas plantas amigas con efectos de un estrógeno suave, y será la base de cualquier Protocolo Antiaging Natural para la mujer en su Segundo Tiempo:

• Fitoestrógenos: isoflavonas de soja, trébol rojo, lúpulo y dong quai contienen fitoestrógenos moduladores.

• La Cimifuga racimosa (hierba de San Cristóbal), además, disminuye la LH muy aumentada durante la menopausia. Existe una fórmula que combina la soja con la Cimifuga, excelente para el descanso nocturno.

• Vitex Agnus Castus, progesterona-like, reguladora de la producción de estrógenos y progestágenos.

• El espino albar es una planta interesantísima para estabilizar las arritmias y vasodilataciones repentinas. Yo lo incluyo siempre en mi tisana de la noche.

• El aceite de onagra, rico en Omega 6, contiene ácidos grasos moduladores de estrógenos. Es aconsejable que vaya acompañada de una proporción de Omega 3, protectora del corazón

Trastornos digestivos relacionados con alteraciones hormonales

Los desechos metabólicos hormonales son la causa más frecuente de congestión hepática. Durante la etapa de la perimenopausia, el vaivén hormonal puede producir picos de estrógenos y progestágenos que sobrecargan el hígado; a veces, incluso es perceptible en un olor peculiar de la orina, y a menudo son el origen orgánico de cefaleas y migrañas o molestias digestivas. Al pasar por el hígado, limpiamos el torrente sanguíneo de dichas impurezas, pero a veces esta tarea lo sobrecarga y congestiona, por lo cual es aconsejable tomar ayudas hepáticas. Mantener los intestinos sanos limpiándolos con una cucharadita de semillas de lino, así como cuidar la flora intestinal con prebióticos y probióticos, es de gran ayuda. El remedio de la abuela de aceite y limón aquí también puede ser muy útil.

Complementos nutricionales en los trastornos digestivos

Además de limpiar el torrente sanguíneo y los intestinos, y comer con sensatez siguiendo los consejos de la correcta combinación de los alimentos que veremos más adelante, estos complementos nutricionales constituyen una eficaz ayuda para digerir bien y tonificar el hígado. ¡Y no sólo en la menopausia!:

• Enzimas de papaya y de piña.

• Aceite esencial de albahaca.

• Vitaminas del grupo B.

• Magnesio, cobre, selenio y zinc por potenciar la detoxificación hepática del citocromo P-450.

• Azufre, por su acción de estímulo de los mecanismos de glucurono-conjugación.

• Las plantas cardo mariano, Chrisantellum americanum y desmodium, por su acción hepatoprotectora, y la alcachofera y el boldo por su acción colerética, que contribuyen a descongestionar el hígado y la vesícula biliar.

Trastornos vasculares periféricos

Las paredes de las venas y arterias sufren debido a esos cambios bruscos de dilatación-constricción. Aunque veremos más adelante un capítulo dedicado al corazón y los vasos, es interesante recomendar aquí, en la menopausia, algunos nutrientes que tienen la capacidad de proteger las paredes endoteliales y los vasos capilares. A estos últimos se les llama capilartropos o vitamina P (de protección) y pueden prevenir edemas y varices. En general, los nutrientes que mantengan la sangre poco viscosa, como la vitamina C, los flavonoides, el ginkgo biloba, el ácido graso Omega 3 y la vitamina E como estabilizadora, pueden ayudarnos a prevenir edemas y futuras varices. Un complejo de vitamina B —sobre todo que contenga vitamina B6— aliviará la retención de líquidos.

Los arándanos son grandes amigos de los capilares, además de los ojos, si se toman en concentraciones suficientemente altas. Si por la noche sentimos las piernas calientes, hay que recurrir inmediatamente a los ejercicios de hidroterapia anteriormente recomendados, además de utilizar la fitoterapia: tisanas de espino albar, hamamelis, castaño de Indias, vid roja y hojas de ginkgo biloba. En ocasiones, es posible sentir hormigueo o incluso espasmos en las piernas:estaríamos percibiendo los esfuerzos de nuestras venas y arterias por adaptarse a la danza hormonal que desencadenan efectos de contracción y vasodilatación que en nada beneficiarán la belleza de nuestras piernas. La combinación de calcio, magnesio y litio se ha revelado como una gran ayuda antiespasmódica también en estos casos, acompañándola siempre de duchas de agua fría y demás ejercicios de hidroterapia. Cremas de efecto frío, de aplicación tópica, suelen dar una gran sensación de alivio y colaboran en detener la cascada inflamatoria; muchas de ellas llevan principios activos fitoterapéuticos y esencia de mentol.

Complementos nutricionales para los trastornos vasculares periféricos

A modo de resumen, éstos son los nutrientes amigos que podemos tomar como complemento:

• Antioxidantes.

• Ácidos grasos Omega 3 y vitamina E.

• Calcio y magnesio, como antiespasmódicos.

• Vid roja para una mayor protección del sistema circulatorio.

Darmowy fragment się skończył.

35,14 zł

Gatunki i tagi

Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
14 listopada 2024
Objętość:
316 str. 11 ilustracji
ISBN:
9788490565827
Wydawca:
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

Podobne książki