Czytaj książkę: «Vida de los doce Césares I»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 167


Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO Y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ANTONIO RAMÍREZ DE VERGER .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1992.

www.editorialgredos.com

PRIMERA EDICIÓN , 1992.

REF. GEBO273

ISBN 9788424932022.

INTRODUCCIÓN GENERAL
I. ORÍGENES Y DESARROLLO DE LA BIOGRAFÍA EN ROMA 1

En la biografía latina confluyeron cuatro tradiciones biográficas: una de ellas pertenecía a las propias costumbres y hábitos de los romanos, y las otras tres procedían, como tantas veces, de Grecia.

Las raíces romanas

A los romanos les gustó siempre cultivar el recuerdo de hombres famosos por medio de canciones en los banquetes (carmina convivalia 2 ) o de discursos fúnebres (laudationes funebres 3 ) en prosa, pronunciados para rememorar las virtudes del difunto. Asimismo se explotaron otro tipo de composiciones del mismo tenor. Las naeniae eran pequeñas lamentaciones fúnebres, en las que se recordaban los valores del fallecido. Las familias nobles conservaban en los atria de sus casas las imagines maiorum o retratos de cera de sus antepasados; cada una de ellas iba acompañada de un titulus imaginis, donde se hacía constar el nombre de la persona, los cargos que había desempeñado y los honores militares que había recibido. Los elogia consistían en inscripciones funerarias, en las que se incluían el cursus honorum, las acciones famosas (res gestae) y las virtudes del fallecido 4 . Otras formas de biografía rudimentaria eran los stemmata, o árboles genealógicos, y los epitafios de todas clases. Todas estas composiciones tenían un carácter biográfico a la vez que encomiástico, y en ellas se puede apreciar un sustrato latino para el género de la biografía.

El encomio griego

El encomio consistía originariamente en una canción triunfal en honor del vencedor de los juegos. Los profesores de Retórica lo sacaron de la poesía para convertirlo en prosa en uno de los ejercicios preliminares (progymnásmata) de la oratoria epidíctica 5 . La alabanza o vituperio de hombres famosos se elaboraba de acuerdo con un guión complejo y rígido. Los esquemas de Burgess 6 , Marrou 7 , Lausberg 8 , o Jenkinson 9 , que proceden del rétor griego Teón 10 , puedan dar idea de la estructura artificiosa de los encomios:

I. Bienes exteriores:

a) noble cuna;

b) medio: ciudad natal, conciudadanos, bondad de su régimen político, padres y familia;

c) cualidades personales: educación, amigos, fama, servicios públicos realizados, riqueza, número y belleza de los hijos, muerte feliz.

II. Bienes físicos o corporales: salud, fortaleza, belleza, vitalidad desbordante y capacidad para sentimientos profundos.

III. Bienes espirituales:

a) virtudes: sabiduría, templanza, arrojo, justicia, piedad, nobleza, sentimiento de grandeza;

b) acciones derivadas:

1. en cuanto a su objetivo: acciones altruísticas y desinteresadas, miras puestas en el bien y no en lo útil o agradable, acciones por el interés público, riesgos y peligros corridos;

2. en cuanto a las circunstancias: oportunidad, originalidad, acciones llevadas a cabo personalmente, si el héroe ha hecho más que los demás, si le han ayudado sólo unos pocos, si ha obrado por encima de su edad, contra toda esperanza, no sin dificultades, si lo que ha hecho lo ha realizado rápido y bien.

Todo lo anterior pertenecía a la inventio u organización de la materia. A ello había que añadir las reglas que fijaban la elección del lenguaje apropiado, el estilo y la puesta en escena.

De las escuelas de Retórica, por ejemplo, proceden los retratos que leemos en determinados historiadores, como Polibio 11 . Y de la escuela de los rétores surge la biografía encomiástica como un género propio. Los primeros ejemplos son la Vida de Evágoras de Isócrates, publicada en torno al año 365 a. C., y el Agesilao de Jenofonte, aparecido poco después. Los dos autores persiguen el mismo objetivo: «elogiar a un gran hombre y ponerlo de ejemplo a sus conciudadanos», para usar las palabras de André y Hus 12 . En otras ocasiones el encomio alcanza un desarrollo independiente, como en la Vida de Filopemen 13 de Polibio, o aparece en forma de retrato en una obra histórica, tal como hemos apuntado más arriba.

La escuela peripatética

Los filósofos, rivales tradicionales de los rétores, desarrollaron otro tipo de biografía. Bajo la influencia de Aristóteles, se interesaron por analizar y clasificar diferentes tipos de personalidad. Su discípulo Teofrasto publicó en torno al año 319 a. C. los Caracteres, obra que proporcionaba material para ejercicios retóricos 14 y que servía a la vez como modelo para delinear las figuras convencionales del teatro contemporáneo 15 . Aristoxeno, rival de Teofrasto, escribió unas Bioi Andron que incluían Vidas de Pitágoras, Sócrates y Platón; en ellas dejó fijado el tipo de biografía peripatética: el carácter de los hombres se refleja en sus acciones. El objetivo de estas biografías reside no tanto en el elogio de un personaje cuanto en el análisis de su carácter. Otros representantes de la corriente peripatética fueron Antígono de Caristo, Sátiro y Hermipo de Esmirna, quienes no sólo contaron las vidas de grandes estadistas y generales, sino que se preocuparon de filósofos, poetas y legisladores 16 . La biografía peripatética intentó ser un poco más objetiva que la encomiástica acudiendo a los aspectos positivos y negativos de los personajes, pero con su afán por las anécdotas y las digresiones cayó en el sensacionalismo, en el escándalo y, lo que es peor, en la indiferencia ante la verdad.

La biografía científica

De la edición de textos griegos en Alejandría surgió la necesidad de redactar unas introducciones, en las que se esbozaba la vida del autor 17 , poniendo más énfasis en la cronología que en el carácter mismo del personaje. Los filólogos alejandrinos no estaban interesados en los aspectos morales, o filosóficos de estas biografías, sino en la acumulación de datos eruditos. Eran, pues, más áridas, pero, en cambio, buscaban más la verdad de los hechos. La influencia que ejercieron sobre la biografía romana fue enorme. Recuérdense los ejemplos de Suetonio, Donato o Servio. El biógrafo más destacado de esta corriente fue Jasón, discípulo de Posidonio.

Los tres tipos de biografía griega, antes citados, fueron cultivados en Roma. La biografía encomiástica está representada por la Vida de Agrícola de Tácito 18 , la peripatética tiene a su mejor valedor en Cornelio Nepote (ca. 109-27 a. C.), mientras que los Gramáticos y rétores de Suetonio siguen los principios de la biografía erudita de los alejandrinos.

A M. Terencio Varrón (116-27 a. C.) se le considera como el fundador del género biográfico en Roma. Escribió una obra, hoy perdida, titulada Hebdomades o Imagines, que consistía en quince libros con unas setecientas Semblanzas de pesonajes griegos y latinos, acompañadas cada una de un retrato y un epigrama 19 . En ellas se comparaban los caracteres de los griegos y romanos, como luego haría Plutarco. Después de Varrón, San Jerónimo cita a Santra e Higino. Y tras ellos viene Cornelio Nepote, el primer gran biógrafo latino.

II. APUNTE BIOGRÁFICO DE SUETONIO 20

Gayo Suetonio Tranquilo nació probablemente 21 en torno al año 69 d. C., fecha en la que se suicidó el último emperador de la familia original de los Césares. No sabemos con certeza su lugar de nacimiento. Unos hablan de Hippo Regio, en el norte de África, y otros lo sitúan en Italia, sea en Roma, en Pisauro o en Ostia 22 . Tras el paréntesis del año citado, transcurrido en medio de una feroz lucha por el poder, subió al trono la dinastía de los Flavios (69-96), a la que reemplazó la de los Antoninos (96-192), que cubrió el período de mayor prosperidad y tranquilidad del Imperio Romano. La fecha de nacimiento suele deducirse, con todo tipo de reservas, de algunos pasajes de la obra del mismo Suetonio y de ciertas referencias en las Cartas de Plinio 23 .

El padre de Suetonio fue oficial del ejército y pertenecía al orden ecuestre (equites) 24 , es decir, a la clase media alta, precisamente la que nutría los puestos más importantes del ejército y de la administración imperial. La clase ecuestre sólo estaba por debajo de la clase senatorial, la de mayor rango social.

La familia de Suetonio procedía probablemente del norte de África, pero parece que ya se había establecido en Roma a finales de la década de los sesenta. Al final del siglo I d. C., Suetonio ejerce de abogado en el foro y poco después del año 100 quiso servir en una legión en Britania, pero renunció a tal servicio. Parece ser que regresó a Hippo Reggius, la moderna Bône, acompañando a Adriano en un viaje por África 25 para hacerse cargo de un sacerdocio, más honorífico que efectivo. Visitó probablemente la provincia de Bitinia 26 durante la época en que Plinio el Joven era allí gobernador, en torno a los años 111-112. Aparte de estos viajes 27 , la carrera de Suetonio transcurrió por entero en Roma, donde desempeñó sucesivamente tres cargos al servicio del emperador, cargos que habían sido desempeñados por libertos y que ahora pasaron a personas que pertenecían al orden ecuestre. En el reinado de Trajano (98-117) desempeñó el cargo de secretario a studiis, una especie de ayudante del emperador que le proporcionaba material de lectura para su política administrativa. Después de este cargo, o al mismo tiempo, fue responsable de las bibliotecas imperiales (secretario a bibliothecis) con personal subordinado a él. Finalmente, tras la muerte de Trajano en el Este, desempeñó el cargo de secretario para la correspondencia imperial (ab epistulis), por el que despachaba la correspondencia oficial 28 . En el 121 o 122, Suetonio y Septicio Claro, uno de los comandantes de la guardia pretoriana, fueron cesados en sus cargos por no tratar a la emperatriz Sabina con el debido respeto 29 . A partir de entonces, dejó de tener acceso particular a los archivos imperiales, pero no a los documentos de las bibliotecas públicas, que podía consultar como cualquier otro ciudadano. En realidad, las noticias sobre la vida de Suetonio, como sobre la mayoría de los escritores antiguos, son más bien escasas: las alusiones, ya citadas, de las Cartas de Plinio el Joven durante los años 96-111; una mención dudosa en la vida de Adriano de la Historia Augusta 30 , escrita unos 250 años después de la muerte de nuestro autor; una observación de Juan Lido 31 , filólogo bizantino del siglo VI , sobre la dedicatoria de la Vida de los doce Césares a Septicio Claro 32 ; y diversas citas y alusiones a sus obras en gramáticos y filólogos tardíos, tanto griegos como latinos. La inscripción encontrada en Bône (Argelia) en 1952 confirma los datos de la carrera de Suetonio hasta su cese en el cargo imperial 33 .

Nada sabemos de Suetonio a partir del año 121. Se cree que murió varios años después, a juzgar por la cantidad de escritos que dejó y su escrupulosidad en editarlos.

III. OBRAS DE SUETONIO

Su obra, pese a que Plinio el Joven le tilda de in edendo haesitator 34 , fue amplia, aunque únicamente se conserven las Vidas de los doce Césares y los Gramáticos y rétores.

Sus trabajos conocidos 35 se podrían dividir, siguiendo a A. Wallace-Hadrill 36 , en cuatro grupos: a) obras lexicográficas: Sobre los nombres y clases de vestidos, Sobre los defectos corporales, Sobre los insultos, Sobre los signos del tiempo atmosférico, Sobre los nombres de mares y ríos, Sobre los nombres de los vientos; b) obras anticuarias o ensayos sobre instituciones: Sobre los juegos de los griegos, Sobre los espectáculos de los romanos, Sobre el año romano, Sobre los hábitos y costumbres de los romanos, Sobre la institución de los cargos públicos; c) obras biográficas: Hombres famosos, Cortesanas famosas, La vida de los Césares; d) obras diversas: Prata, Sobre los signos de abreviación en los libros, Sobre la República de Cicerón.

No se consideran obras auténticas de Suetonio las Differentiae sermonum ni una Historia bellorum civilium que le atribuía A. Reifferscheid 37 .

Sus obras se pueden clasificar también en tres grupos: obras perdidas, De viris illustribus, y De vita Caesarum.

Obras perdidas 38

Las obras de Suetonio que no han llegado hasta nosotros son las siguientes:

a) La lista del léxico de Suda:

— Sobre los juegos de los griegos, cuyos restos indican que fue escrita en griego.

— Sobre los insultos, escrita también en griego. Se conserva un resumen en un manuscrito del siglo XIII , encontrado por Miller en 1868 y conservado en la Biblioteca Nacional de París en el Parisinus 1630, del siglo XIV . La obra clasifica por grupos las palabras insultantes desde Homero hasta su propia época.

— Sobre los signos de abreviación en los libros, cuyos restos se conservan en la Biblioteca Nacional de París en un manuscrito del año 780, descubierto por Teodoro Mommsen.

— Sobre la República de Cicerón, una defensa de la obra de Cicerón del mismo título contra los ataques del gramático Dídimo de Alejandría.

— Sobre los espectáculos de los romanos, que tendría un contenido similar al De spectaculis de Tertuliano. Aulo Gelio la designa con el título de Ludicra historia 39 .

— Sobre el año romano, conocida por los préstamos que toman de ella Macrobio, Censorio y Solino 40 .

— Sobre los nombres y clases de vestidos, titulada por Servio 41 De genere vestium, y de la que se conservan cinco fragmentos.

— Sobre los hábitos y costumbres de los romanos, de la que sólo se conserva un fragmento en Carisio.

b) Otras obras

— Sobre la institución de los cargos públicos, cuyo título (De institutione officiorum) lo conocemos por el gramático Prisciano. Trataría sobre las reformas administrativas de Adriano, tanto en el Estado como en el palacio imperial.

— Cortesanas famosas, de la cual sólo conocemos el título gracias a una cita de Juan Lido 42 .

— Sobre los reyes (De regibus), en la que se enumeraban en tres libros los reyes de Europa, Asia y África. Se conoce a través de una referencia de Ausonio.

— Sobre hechos varios (De rebus variis), de la que se conserva un solo fragmento y versa sobre cuestiones gramaticales.

— Prata, que sería una especie de enciclopedia sobre historia natural, en la que se incluiría la obra Sobre los defectos corporales (De vitiis corporalibus). Fue muy usada a lo largo de la Edad Media.

De viris illustribus 43

La obra consistiría en un conjunto de biografías de poetas (desde Livio Andrónico), oradores (a partir de Cicerón), historiadores (desde Salustio), filósofos, gramáticos y rétores. Sólo ha llegado hasta nosotros los Gramáticos y rétores, compuesta en torno al año 113, debido a su transmisión independiente del resto de la obra 44 . Efectivamente, el texto del De grammaticis et rhetoribus salió a la luz en un manuscrito de Hersfeld, catalogado por Niccoli 45 en 1431, que contenía las obras menores de Tácito (Germania, Agrícola y Diálogo de los oradores) junto a la obrita de Suetonio. El manuscrito, hoy perdido, fue trasladado a Roma por Enoc de Ascoli en 1455. De él derivan las numerosas copias que se hicieron durante el siglo XV .

Los restos de algunas vidas de poetas se han reconstruido 46 a través de las numerosas noticias de Jerónimo en su traducción de la Crónica de Eusebio, o gracias a que se han conservado junto a escolios o en las ediciones de algunos autores, como Terencio, Virgilio, Horacio, Tibulo, Lucano y Plinio el Viejo.

De vita Caesarum 47

Consta de doce biografías en ocho libros completos, excepto los capítulos iniciales del primero, en los que aparecerían el título de la obra, la dedicatoria a Septicio Claro y el relato del nacimiento, infancia y adolescencia de Julio César.

Se acepta como posible fecha de su publicación 48 la de los años 119-120. Sin embargo, Bowersock 49 sostuvo que las últimas seis biografías (Galba-Domiciano) fueron escritas en época de Trajano, antes que las primeras. Tal propuesta ha sido refutada, entre otros, por Bradley y por Baldwin 50 . Por su parte, Gascou 51 coloca la fecha de publicación entre finales del año 123 y el 128.

La obra comprende, además de la vida de Julio César, la de los emperadores de las dinastías de los Césares y de los Flavios. Los ocho libros se distribuyen así: I: Divus Iulius, Julio César (muerto en el 44 a. C.); II: Divus Augustus, Augusto (27 a. C.-14 d. C.); III: Tiberius, Tiberio (14-37); IV: C. Caligula, Calígula (37-41); V: Divus Claudius, Claudio (41-54); VI: Nero, Nerón (54-68); VII: Galba Otho Vitellius, Galba (junio del 68-enero del 69), Otón (enero-abril del 69), Vitelio (abril-diciembre del 69); y VIII: Divus Vespasianus Divus Titus Domitianus, Vespasiano (69-79), Tito (79-81) y Domiciano (81-96).

Siguiendo en líneas generales el método de la biografía erudita de los alejandrinos, Suetonio narra las Vidas de manera muy esquemática, desarrollando puntos comunes en todas ellas: antecedentes y orígenes, nacimiento, prodigios, anécdotas, carrera política, gestas realizadas, carácter, aspecto físico y muerte. Pero no emplea siempre el mismo esquema, sino que lo varía de acuerdo con sus preferencias 52 . Incluso a veces se permite la libertad de introducir una biografía diferente dentro de otra, como en el caso de la de Calígula, que se inicia con una breve biografía de su padre Germánico (1-7).

Esta forma de biografía seguramente se empleó antes para figuras literarias, y de ahí se adaptó a la descripción de personalidades de la vida pública 53 . Suetonio había tenido tiempo de ejercitarse en las vidas de poetas, gramáticos y rétores en su De viris illustribus.

El mismo Suetonio nos explica el método que ha seguido en la exposición del material de las Vidas:

Después de haber presentado el conjunto, por así decirlo, de su vida, pasaré a exponer cada una de sus partes, pero no por orden cronológico, sino a través de sus distintos aspectos («neque per tempora sed per species»), para poder describirlas y hacerlas comprender de forma más clara 54 .

Esta opción de contar las Vidas «per species» consiste en adelantar primero los títulos de los capítulos que se van a tratar y desarrollarlos después. Es lo que hace, por ejemplo, en Augusto 61, 1:

Puesto que ya he referido cuál fue su conducta en los cargos militares y civiles, así como en la dirección del Estado por toda la tierra, tanto en paz como en guerra, pasaré ahora a exponer su vida íntima y familiar, e igualmente cuáles fueron sus costumbres y su fortuna en su casa y entre los suyos desde su juventud hasta el último día de su vida 55 .

Se trata de un recurso retórico, llamado partitio o divisio, por el que se enumeran los puntos que se van a tratar 56 . El problema reside en que, con este método, Suetonio pasa a tratar los diferentes puntos de las Vidas sin marcar la transición de uno a otro 57 .

A veces, la divisio sirve para estructurar una biografía en dos partes bien diferenciadas, como en Calígula 22, 1:

Hasta aquí hemos hablado de Calígula como príncipe (de principe), réstanos referirnos a él como un monstruo (de monstro).

El mismo principio, de división de virtudes y vicios 58 , lo aplica en la biografía de Nerón:

He agrupado estos hechos, algunos de los cuales no merecen la menor censura, mientras que otros son incluso dignos de grandes alabanzas (non mediocri digna laude), para separarlos de sus vilezas y sus crímenes (a probis ac sceleribus eius), de los que hablaré a continuación 59 .

Esta forma de narrar «per species», forma alejada de Nepote y Plutarco, en opinión de André y Hus 60 se debe a tres factores: a la inclinación de Suetonio por la investigación erudita y la anécdota reveladora, a su concepción dinástica del poder y al carácter profundamente romano de su obra.

Llama la atención en las Vidas la desproporción en extensión entre las seis primeras biografías y el resto, lo cual ha dado pie a- pensar que las últimas seis biografías puedan ser una especie de añadido a las seis primeras 61 .

IV. ASPECTOS HISTÓRICOS Y BIOGRÁFICOS
Historia y biografía

Aludíamos al comienzo de la introducción a que la biografía como género se formó a partir de las distintas corrientes de la biografía griega y de las formas tradicionales de contar la vida en Roma. Pero quedaron asuntos preteridos, de los que es preciso hacer mención. Me refiero a la diferencia que existe entre la historia y la biografía 62 , punto crucial para entender y valorar en su justa medida el quehacer de Suetonio.

De entrada, hay que admitir que no siempre es fácil separar la historia y la biografía, pues ambas se necesitan mutuamente. En los Anales e Historias de Tácito, por ejemplo, encontramos descripciones, por así decirlo, biográficas, mientras que en las biografías de Suetonio aparecen no pocas veces narraciones históricas 63 . Pero la historia, desde luego, se diferencia de la biografía en los tres aspectos básicos que tratan ambos géneros: estructura, materia y estilo 64 .

La estructura de la historia se asienta sobre dos grandes pilares: la cronología y la narración. Tito Livio y Tácito, por ejemplo, narran los hechos acaecidos año a año siguiendo la tradición analística arcaica, pero no los cuentan en un lenguaje científico y frío, como muchos analistas de época preciceroniana, sino que dramatizan y adornan estilísticamente los acontecimientos que narran 65 . Y es verdad que la biografía respeta la cronología, pero no la del calendario, sino la de la persona humana, es decir, el nacimiento, desarrollo y muerte. Se sigue el ritmo marcado por la biología y por la sociedad. Se describe el nacimiento de un emperador como miembro de una gens, se pasa a sus años de crecimiento hasta tomar la toga viril, se menciona su primera campaña militar y se repasa su cursus honorum. Pero, al mismo tiempo, se aprovecha este criterio de cronología biológica para insertar pasajes narrativos, propios de la historia, como sería la citada descripción de la muerte de Nerón. No fue, sin embargo, ésa la norma en Suetonio. La prueba está en la narración de las campañas de César en las Galias. Suetonio las despacha en un párrafo 66 , pues su interés no reside en las guerras de las Galias, sino en el liderazgo de Julio César, es decir, en sus muchas virtudes y sus no pocos vicios como general romano. Suetonio, por otra parte, se suele conformar con hacer resaltar los detalles, sin recrearse en las narraciones.

La historia versa sobre el Estado y sus problemas, tanto internos como externos, mientras que la biografía trata de la vida, la personalidad y los logros de una sola persona. Para Suetonio, la guerra y la política no tienen la misma importancia que la descripción privada de sus personajes. El ejemplo anteriormente citado de las campañas de César en las Galias es claro a este respecto. Prefiere dedicar largos capítulos (45-75) a aspectos personales de Julio César.

El buen historiador seguía los principios ciceronianos de la exaedificatio y la exornatio, es decir, la construcción de la narración o el contenido (res) y el embellecimiento o el estilo (verba y ornatus). El historiador no se conformaba con exponer los hechos (docere), sino que intentaba agradar (delectare) y, a ser posible, embelesar a sus oyentes (movere) con el poder de su palabra. El biógrafo sólo pretende ser claro, conciso y sin adornos; desea informar en un estilo muy cercano al científico de Vitruvio, Frontino, Celso, los juristas o los gramáticos, es decir, ni vulgar ni elevado. Suetonio se permite algunas singularidades impropias de un historiador, como son la inclusión de vocabulario técnico, el uso relativamente extenso de la lengua griega y la cita casi literal de documentos oficiales, especialmente en las biografías de César, Augusto y Tiberio. Y no es asunto de denostar a Suetonio por no echar mano del estilo poético de los historiadores, sino de reconocer su prosa sin arte, que se basa en la clara organización de los hechos, en la expresión concisa de su exposición y en su viveza en ofrecernos siempre los detalles de las vidas de sus personajes.

Además de todo lo anteriormente expuesto, la biografía no pretende nunca enseñar, como hace la historia, sino mostrar o informar. Así, Suetonio, filólogo alejandrino trasplantado a Roma, se interesa por el mundo de la cultura (Gramáticos y rétores) y por el mundo de la administración imperial (Vidas de los Césares). Suetonio no se compromete, como es el caso de Tácito, sino que ofrece los datos de los emperadores sin mostrarse a favor o en contra. Es decir, como hace el científico o el periodista imparcial.

Queda preguntarse por el valor histórico 67 de las Vidas. Y sería muy simplista despachar a Suetonio como un mero filólogo curioso 68 que va a la caza de anécdotas o hechos con frecuencia nimios. En realidad, las Vidas sirven de mucho al historiador moderno para trazar no solamente la biografía de doce emperadores, sino también las costumbres, las instituciones y los detalles de la vida romana. Junto a Marcial y Juvenal, resulta un autor de vital importancia para pintar el cuadro social del siglo I d. C. en Roma. Esto no significa, ni mucho menos, que haya que creerse a pies juntillas todo lo que se dice en las Vidas, porque nuestro autor no diferencia lo fundamental de lo accidental, porque las fuentes en que se basa no siempre son fiables 69 , porque su cronología no es precisa y porque muchas veces abusa de la brevedad expositiva. Sin embargo, quien desee conocer las virtudes y los defectos 70 de los primeros emperadores romanos no tendrá más remedio que acudir a una lectura detenida de las Vidas de los doce Césares.

J. Gascou 71 , sin embargo, observa algunos aspectos de las Vidas que las acercan a una concepción moderna de la historia: búsqueda de documentos inéditos de primera mano, utilización de fuentes no literarias, como los acta diurna, datos epigráficos, graffiti, informaciones orales o testimonios personales. A ello habría que añadir otras características: neutralidad científica y estilo sin pretensiones. De todas formas, un hecho es claro: las Vidas de Suetonio son biográficas en la forma, pero indudablemente históricas en su contenido. No se olvide que tanto los historiadores como los biógrafos antiguos pretendían agradar a su audiencia, pero ayudando al mismo tiempo a comprender los hechos que sucedieron y la conducta de las personas que actuaron en ellos. La diferencia entre los primeros y los segundos estriba en que los biógrafos se sienten más relajados en el empleo de las pruebas históricas.

Fuentes 72

Mucho se ha discutido sobre las fuentes en que se basó Suetonio en las Vidas, pero poco es lo que podemos decir con entera seguridad.

En primer lugar, deben figurar sus lecturas personales. Para dar cuenta del generalato de Julio César, es indudable que debió de haber leído sus Comentarios. Asimismo, conocía la correspondencia privada de Augusto, una breve autobiografía de Tiberio, las memorias de Claudio, las poesías de Nerón y otras obras privadas de los emperadores.

En segundo lugar, hizo uso de documentos contemporáneos de los hechos que cuenta, como la biografía de Opio sobre Julio César, los detalles de Julio Márato sobre el físico de Augusto. Los defectos y errores de César eran conocidos por los ataques de Cicerón, Bíbulo o Catulo, entre otros. Se trata de documentos literarios y de público conocimiento.

En tercer lugar, se vale de fuentes históricas, como son los casos de Asinio Polión, Cremucio Cordo, Servilio Noniano o Plinio el Viejo para hechos concretos. En muchas ocasiones las similitudes con Tácito, Plutarco o Casio Dión 73 llevan a postular una fuente común para todos, pero, a diferencia de ellos, Suetonio no está interesado en la presentación dramática de los hechos que saca de las fuentes, sino en los detalles anecdóticos y anticuarios de las mismas.

Y, por último, quedan las fuentes orales, que él manejó para hechos muy puntuales, como la descripción del final de Otón (10, 1), oída de su propio padre.

Religión y superstición 74

Por una carta de Plinio el Joven (I 18) conocemos las creencias supersticiosas de Suetonio, quien le pedía a Plinio que hiciera todo lo posible por aplazar un juicio, en el que debía intervenir, porque había tenido un mal sueño. Claro que por este solo dato no debemos deducir, a partir de las creencias modernas, un carácter especialmente supersticioso y fatalista.

Lo cierto es que Suetonio no se detiene tanto en las creencias religiosas de los emperadores cuanto en sus supersticiones y en los prodigios que anuncian su ascenso al poder o su muerte. Así, dedica tres capítulos a las supersticiones de Augusto (90-92): terror por los rayos y truenos, creencia en los sueños y fe ciega en los auspicios y prodigios. Sigue después un capítulo con el respeto que le merecían los cultos extranjeros antiguos y el desprecio que sentía por los modernos. Y termina con una larguísima lista de prodigios (94-97) que anunciaban la futura grandeza de Augusto. Por las Vidas desfilan toda clase de omina, signa, portenta, somnia, mirabilia, praesagia y monstra. Y son positivos o negativos según que los emperadores presentaran biografías buenas o malas 75 . El empleo de los prodigios en el curso de la narración biográfica era un recurso previsto en la Retórica para el genus demonstrativum 76 , y los historiadores latinos, desde los analistas hasta Julio Obsequente, recordaban los portentos y prodigios acaecidos cada año en Roma. Suetonio no hace más que seguir esta tradición para prever el curso inevitable del futuro. Y para predecir el futuro, Suetonio suele echar mano de la interpretación de los sueños y de la lectura de las estrellas por medio de la astrología 77 .

Finalidad de las «Vidas»

Varias son las razones que llevaron a Suetonio a escribir las biografías de doce emperadores. En primer lugar, pretendió informar a su audiencia de la vida y costumbres de los emperadores precisamente en los detalles y noticias que los historiadores no habían recogido. Suetonio siguió en este sentido la «ley de pertinencia biográfica», para recoger los términos de Townend 78 , por la que el biógrafo no se detiene en los asuntos públicos si no atañen directamente al emperador; y al biógrafo no le interesan los sucesos de las provincias, las guerras o los desastres, así como tampoco siente curiosidad por recoger los nombres y acciones de ministros y generales. Y, en segundo lugar, no debe menospreciarse la finalidad lúdica o de entretenimiento 79 que supondría leer las Vidas, que versan no sólo sobre el nacimiento, educación, acciones y muerte de los emperadores, sino también sobre su conducta, tanto pública (la dispensación de justicia, la concesión de espectáculos, la construcción de edificios públicos o la dirección de empresas militares) como privada (creencias religiosas, gustos sexuales). En el fondo, Suetonio intenta seguir el modelo de príncipe ideal del Panegírico de Trajano de Plinio el Joven y de las Res gestae del propio Augusto 80 . Y para Suetonio el príncipe ideal era Augusto, cuya biografía es la más completa y extensa de todas, tal vez a propósito para establecer el modelo de emperador con el que se deberían comparar los demás. Quizás por ello empezó Suetonio las biografías de los emperadores con la vida de Julio César, clave para entender el principado, iniciado con Augusto.

En suma, los Césares fueron escritos para divertir e instruir sobre la conducta imperial, fuera buena o mala 81 . Al fin y al cabo, los príncipes eran el espejo en el que se tenía que mirar la elite política o cultural, que debía rechazar lo malo de los emperadores (la avaricia de César [54], de Tiberio [46-49], de Nerón [32]; la arrogancia de César [76-79]; la lujuria de Tiberio [42-45], de Caligula [36-37], de Nerón [26-31]; la crueldad de Tiberio [50-62], de Caligula [22-35], de Nerón [33-38], de Domiciano [10-11]) o asimilar lo bueno de los mismos (la clemencia de César [73-75], de Augusto [51-56], de Vespasiano [12-15], de Tito [8, 3-9]; la liberalidad de Augusto [41-43], de Tito [7, 3 - 8, 1]).

Detrás de las Vidas de los Césares está el ideal del principado 82 , en el que hay que propagar las virtudes de los emperadores y censurar sus defectos.

V. CUESTIONES LITERARIAS
Ambiente literario 83

La literatura latina del siglo II d. C. estuvo dominada por el llamado movimiento arcaizante, liderado por Frontón y seguido por Aulo Gelio y Apuleyo. Esta corriente literaria viene a ser el complemento del aticismo de la Segunda Sofística 84 . Y al igual que los miembros de ésta escribían en un ático del siglo IV a. C., que ya no se hablaba, de la misma forma los escritores latinos volvieron su mirada a los autores latinos de época arcaica, como las historias de Claudio Cuadrigario, las comedias de Cecilio Estacio, la prosa de Catón o la poesía de Ennio.

No estoy seguro de si habría que encuadrar a Suetonio dentro de este marco arcaizante, lo cual explicaría su gusto por lo antiguo y curioso 85 . Pero no me cabe la menor duda de que el bilingüismo del que hace gala en su obra por encima de lo que era normal nos permite entenderlo en el ambiente filo-helénico de la época.

Valor literario de las «Vidas» 86

Flavio Vopisco, uno de los autores de la Historia Augusta 87 , designa a Suetonio como emendatissimus et candidissimus scriptor, […] cut famillare fuit amare brevitatem. Si se aplican los dos adjetivos al estilo, el primero da idea del estilo pulido del autor, mientras que el segundo se aplica al estilo abierto, claro y fácil de entender. El autor de tales palabras estaba pensando en una forma de escribir «cuidada y clara» (oratio emendata et dilucida), la que corresponde precisamente al estilo simple propio del género biográfico.

Sin embargo, el estilo simple no es sinónimo de malo, «pues así como se dice que existen algunas mujeres sin maquillar a las que eso mismo les sienta bien, así, este estilo sencillo agrada aun desaliñado; pues en ambos casos se logra, en cierto modo, que haya mayor encanto, pero sin que se note. Después se excluirá todo adorno llamativo y no se emplearán ni siquiera rizadores, sino que se rechazarán todos los polvoretes blancos y rojos: sólo quedarán la elegancia y la limpieza» 88 . Y en el estilo simple el único ornato que se permite es el uso moderado de figuras 89 . Recuérdese que Cicerón alaba el estilo sencillo de los commentarii sobre las Galias de César como pura et illustris brevitas 90 , cualidades propias del estilo simple.

No obstante, la sencillez de Suetonio no es la de César, porque no en balde ha transcurrido entre ambos más de un siglo. Suetonio, como Plinio el Joven, admira a Cicerón 91 y a Quintiliano, pero no le importa emplear arcaísmos o neologismos, excepcionalmente usados por los anteriores. Su vocabulario es rico y sabe echar mano tanto de términos técnicos como de términos cercanos al habla vulgar. Una característica de su lengua, como era usual en el latín postclásico, es la abundancia de participios y de adverbios, especialmente en —tim. Asimismo, gusta de la brevedad y de la concisión, lo que le lleva a emplear la elipsis de verbos, sobre todo de esse. Lo mismo le ocurre en la morfología, que tiene algunos rasgos propios del latín de los siglos I y II d. C., como el uso del participio de perfecto pasivo con el sistema de perfecto de esse. En fin, la misma sintaxis, tanto nominal como verbal y oracional, se distingue por algunos usos no clásicos 92 .

Mención especial merece el estudio del estilo periódico en un autor que, en principio, no debía abusar de él, como sería el caso de Tito Livio. Pero el estilo periódico está presente en mayor o menor medida en todos los prosistas latinos. Sabido es que los escritores antiguos conseguían frases complejas que sonaban muy bien a sus oídos. A esas frases complejas se les da el nombre de período 93 . Consiste en una construcción larga y muy organizada, en la que tanto el contenido como la forma se mantienen en suspenso hasta el final, en que se llega a una resolución simultánea de ambos. Se requiere asimismo que el sentido sea completo y que se manifiesten dos fases: una de tensión, expresada a través de oraciones subordinadas, y otra de relajación, representada por la oración principal. Ni que decir tiene que tanto los oradores como los historiadores y biógrafos emplearon tanto el estilo periódico como el simple. De otra forma, la monotonía habría sido insoportable. El típico período histórico es el que combina participios con otras subordinadas hasta llegar al clímax de la oración principal. Sin embargo, en Suetonio encontramos la construcción compleja que gira en torno a varios verbos principales, de los que van dependiendo todo tipo de subordinadas y construcciones participiales. He aquí un ejemplo de la famosa descripción del final de Nerón 94 :

Sic cogitatione in posterum diem dilata

ad mediam fere noctem excitatus,

ut comperit stationem militum recessisse,

prosiliit e lecto

misitque circum amicos

et,

quia nihil a quoquam nuntiabatur,

ipse cum paucis hospitia singulorum adiit.

Suetonio no construye una arquitectura compleja, como Cicerón o Tito Livio, porque a nuestro autor lo único que le interesa es contar lo que sucedió, no dramatizar la situación dada. Como dice P. Sage 95 con toda razón, nuestro autor se centra en la narratio mejor que en la exornatio rerum. Pero en el empleo de estructuras periódicas no hay grandes diferencias entre, por ejemplo, Tácito y nuestro autor, como ha demostrado Sage, anteriormente citado 96 .

Suetonio «no sabe componer». Tal es el veredicto de Ailloud 97 , y tal es la opinión general de no pocos especialistas del gran biógrafo latino 98 . Pero tal opinión se fundamenta en el punto de vista de quien espera unas cualidades literarias propias de un historiador, no de un biógrafo 99 . Se acusa 100 a Suetonio de no saber guardar el hilo narrativo (narra per species), de contar los hechos de manera fría y de ser incapaz de insuflar alguna dramatización a su narrativa.

Sin embargo, nadie como él nos ha devuelto a la vida la Roma de los primeros emperadores ni nos ha proporcionado tantos detalles sobre la vida y la muerte de esos mismos emperadores. No encontraremos en él la dignidad de Tácito o de Plutarco 101 ni el estilo elevado de Tito Livio, pero sí aspectos de la vida diaria que tanto interesan a los lectores. Sirva de ejemplo el final de Vitelio en Tácito y Suetonio:

Luego, por lo voluble de su carácter y como a él, que de todo tenía miedo, le desagradaba especialmente lo que tenía delante —algo que es típico de las situaciones de pavor—, vuelve al Palacio, vacío y desierto; pues incluso los más humildes de sus esclavos habían escapado o evitaban encontrarse con él. Lo aterran la soledad y aquellos lugares silenciosos, escruta las estancias cerradas, se llena de miedo ante las vacías; y cansado de aquel lastimoso andar de un lado a otro se oculta en un vergonzoso escondrijo, de donde lo sacó a rastras el tribuno de cohorte Julio Plácido 102 .

Luego, dando crédito a un rumor vago y poco seguro, según el cual se había conseguido la paz, permitió que lo volvieran a llevar al palacio. Allí, encontró todas las habitaciones desiertas, y los que estaban con él se dispersaron también; entonces, se ciñó una bolsa llena de monedas de oro y se refugió en la garita del portero, después de haber atado al perro delante de la puerta y haber formado tras ella un parapeto con la cama y el colchón 103 .

En Tácito observamos un lenguaje cercano a la poesía, mientras en Suetonio destacan los detalles de la escena. En Tácito se impone la soledad (in Palatium regreditur vastum desertumque), el silencio, el vacío; recuerda el aislamiento de Ariadna abandonada por Teseo en Catulo 104 o el silencio del mundo subterráneo en Virgilio 105 . A Suetonio le interesa más el dinero que Vitelio cogió o el parapeto que construyó con la cama y el colchón para defenderse. Tácito es el historiador; Suetonio, el cronista de los hechos 106 .

Suetonio expone los sucesos diferenciando el asunto (res), las voces (voces) y los actos (actus). Sirva de ejemplo la derrota de Varo 107 . Primero cuenta lo que sucedió (res): la derrota de Varo pudo haber sido fatal, pues en ella fueron masacradas tres legiones junto con su general, sus lugartenientes y todas las tropas auxiliares. Después pasa a las medidas adoptadas por Augusto (actus): poner guardias por la ciudad, prorrogar el mandato de los gobernadores y hacer votos a los dioses. Por último, la anécdota de las voces que oía: ¡Quintilio Varo, devuélveme las legiones!

VI. HISTORIA DEL TEXTO Y PERVIVENCIA DE «LA VIDA DE LOS DOCE CÉSARES » 108

La moda de escribir biografías imperiales, iniciada por Suetonio, fue seguida en los siglos siguientes 109 . Fue continuada un siglo después por Mario Máximo, pero su obra se ha perdido. No obstante, los Scríptores Historiae Augustae lo unen a Suetonio y utilizan a ambos como su fuente principal 110 .

No poco deben también a Suetonio los epitomistas del siglo IV , Eutropio, Aurelio Víctor 111 y el Epitome, especialmente cuando hablan de los emperadores.

En La vida de San Ambrosio, escrita por su discípulo Paulino de Milán a comienzos del siglo V , se observa cierta influencia de Suetonio, si bien es verdad que el esquema biográfico de los emperadores no se adapta muy bien a las vidas edificantes de los santos.

En Bizancio la obra de Suetonio fue bien conocida, y se sabe que en el siglo VI Juan Lido leyó una copia completa de La vida de los Césares, incluidos el prólogo y la dedicatoria a Septicio Claro, hoy perdidos 112 .

Isidoro de Sevilla (560-636) utilizó Las vidas en sus Etimologías. Por esta misma época se encuentran alusiones en Aldelmo de Malmesbury (639-709) y en Beda el Venerable (673-735), pero tal vez se deban a fuentes indirectas. La realidad es que durante los siglos VII y VIII se pierde prácticamente la pista de la obra de Suetonio.

De vita Caesarum se conserva en la actualidad en unos doscientos manuscritos, pero al siglo IX llegó en uno solo, hoy perdido, que se encontraba en la biblioteca del monasterio de Fulda, en Alemania. De él derivan directa o indirectamente todos los manuscritos que han llegado hasta nosotros 113 . El arquetipo del texto que poseemos había perdido el primer cuaternión 114 , por lo que la obra no conserva ni el prólogo, con la dedicatoria antes mencionada a Septicio Claro, ni el comienzo de la biografía de Julio César. Los manuscritos conservados se suelen dividir en dos familias, X y Z, según la terminología de L. Preud’Homme 115 . El manuscrito más antiguo que conservamos data de comienzos del siglo IX . Es el Parisinus lat. 6115, llamado Memmianus (M) en honor de Henri de Mesmes, su propietario del siglo XVI . Fue escrito en Tours en torno al año 820 y pertenece a la primera familia (X) de los manuscritos de las Vidas.

Del mismo siglo, y en plena época carolingia, data la famosa imitación del Divus Augustus de Suetonio, la Vita Caroli Magni o biografía de Carlomagno 116 , escrita después de la muerte del emperador franco (814) por Eginardo, de la escuela de Alcuino. También Servato Lupo, abad de Ferriéres (ca. 805-862), conoció la obra de Suetonio a través del manuscrito de Fulda, antes mencionado. La copia de Lupo fue utilizada por su discípulo Heiric de Auxerre, cuyos excerpta de la obra de Suetonio gozaron de gran popularidad 117 durante los siglos XII y XIII .

Pocas alusiones de las Vidas se pueden rastrear durante el siglo X. Tarrant 118 cita el De vita Caesarum de Atto de Vercelli y Ratiero de Verona, y pone en duda que Gerberto de Reims poseyera una copia de Suetonio, enviada desde Roma.

Durante el siglo XI aparecen citas de las Vidas en las obras de Jotsald de Cluny y de Andreas de Fleury. Asimismo, se conservan tres manuscritos importantes: el Vaticanus lat. 1904 (V), escrito en Francia a finales del siglo, que es muy fiable, pero que acaba en Calígula 3; el Gudianus lat. 268 (G), de la biblioteca de Wolfenbüttel, un poco inferior al anterior por las interpolaciones que presenta; y el Durhma C.III. 18 (D), el manuscrito más antiguo de la segunda familia (Z), que deriva de un manuscrito de comienzos del s. XI del valle del Loira. Este manuscrito, D, y el L (Laurentianus 68.7), de comienzos del siglo XII y de la familia X, son los primeros testimonios del interés que despertó la obra de Suetonio a lo largo del siglo XII .

Del siglo XII destacan los siguientes manuscritos de la familia X: el Montepessulanus H 117 (S); el Parisinus lat. 5801 (P), escrito ca. 1120-30 en el noroeste de Francia; y el Lautentianus plut. 66.39 (O), también escrito en la región del Loira. De la familia X no se conocen copias del siglo XIII . La familia Ζ presenta los siguientes: el Parisinus lat. 5802 (Q), que pertenece al mismo subgrupo que D, ya citado y que pudiera ser el antepasado de dos manuscritos ingleses del siglo XII con una transposición en Galba, llamada el error de Galba (Regius Musei Britannici 15.C.III; Bodleianus lat. class, d. 39); y otro británico, sin el error de Galba, que actualmente se conserva en San Marino (California), el H. M. 45717 (antiguamente el Sion College, ARC L.40.2/L.9); fue copiado en Bury St. Edmunds y allí permaneció durante toda la Edad Media 119 .

Los excerpta difundieron también el conocimiento de Suetonio durante los siglos XII y XIII . El manuscrito más antiguo de los excerpta de Heiric, el Parisinus lat. 8818, data de finales del siglo XI o comienzos del XII . Precisamente Juan de Salisbury conocía las Vidas a través de esta selección de Suetonio 120 . El Florilegium Gallicum 121 , escrito en Orleáns a mitad del siglo XII , también nos ha transmitido parte de las Vidas de los Césares en dos manuscritos: Paris. Arsenal 711 y B.N. lat. 7647. Los excerpta fueron la fuente de Vincent de Beauvais y del autor de la obra titulada Moralium dogma philosophorum. En el siglo XIII sólo se conservan cuatro manuscritos con la obra completa de las Vidas. El resto, hasta quince, únicamente contienen parte del De vita Caesarum en forma de selecciones más o menos extensas. Y se puede afirmar que la obra mayor de Suetonio era conocida al norte de los Alpes, sin que haya pruebas de que circulara en Italia a lo largo del siglo XIII .

La popularidad de la obra de Suetonio en Francia no dejó de crecer en el siglo siguiente. Prueba de ello es la traducción del De vita Caesarum a lengua vernácula en el año 1381.

En Italia Suetonio constituía uno de los libros favoritos de Petrarca 122 , quien llegó a poseer tres manuscritos de la obra: Oxford, Exeter College 186, de la familia Z y escrito en 1351; Berlín lat. 2.a 337 (T), de la familia X;; y el manuscrito Q, antes citado, de la familia Z. Asimismo, su obra de gestis Cesaris se inspira en Suetonio.

Después de Petrarca, Bocaccio escribió largos excerpta de las Vidas, que se conservan en la Biblioteca Nacional de Florencia (Banco Rari 50).

En España, Suetonio debió también ser un autor popular a juzgar por la carta de Juan I de Aragón en Sant Cugat del Vallés del año 1392 y por los manuscritos que debieron existir en España, como el que fue propiedad del Marqués de Santillana (1398-1458). Asimismo, la influencia de Suetonio se deja sentir en las Generaciones y semblanzas de Fernán Pérez de Guzmán (c. 1376-¿ 1460?) y en los Claros varones de Castilla de Fernando del Pérez del Pulgar (1451-1531) 123 .

Tras el interés que Petrarca y Bocaccio mostraron por Suetonio, se multiplicaron los manuscritos a partir de 1375, especialmente en Italia. Las Vidas de los Césares se convirtió en un libro de obligada lectura para los humanistas y para las personas cultas en general. Copias de las Vidas estuvieron en manos de Salutati, Poggio, Niccolò Niccoli y Giovanni Tortelli. Y algunos de los manuscritos que han llegado a nosotros pertenecieron un día a las familias Visconti, Medici, Strozzi y Piccolomini o a los cardenales Bessarion, J. Jouffroy y E. Nardinus 124 . Así, Pier Candido Decembrio compuso en 1446 una Vita Philippi Mariae Vicecomitis imitando a Suetonio y toda la dinastía de los Visconti fue historiada por Paolo Giovio en sus Vitae XII Vicecomitum Mediolani Principum, obra publicada en 1549. También Maquiavelo (1469-1527), aunque gran admirador de Tito Livio 125 , tuvo a Suetonio entre sus lecturas preferidas 126 . Pero tal vez fuera Angelo Poliziano (1454-1494) quien ayudara más a difundir la obra de Suetonio con su Praefatio in Suetonii Expositionem 127 de 1491.

De este mismo siglo xv 128 son los diversos manuscritos de las Vidas conservados en España 129 : a) Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid: g.III.4, g.III.14, M.I.21 (1423), O.III.21 (1469), Q.II.12, T.II.21; b) Biblioteca Nacional de Madrid 130 : ms. 8832, 10025 (1434); c) Biblioteca del Cabildo de Toledo 131 : ms. 49-11, 49-12, 49-13; d) Biblioteca Universitaria de Valencia 132 : Ms. A-3-20. Además, se pueden encontrar excerpta de Suetonio en los siguientes manuscritos misceláneos: a) Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid: Q.I. 14 (s. XIV ); b) Biblioteca Nacional de Madrid: ms. 7805; c) Biblioteca Universitaria de Valencia: ms. 110; d) Biblioteca Colombina de Sevilla: ms. 7-1-29.

Suetonio aparece constantemente en la literatura del siglo XVI. La Institutio Principis Christiani, escrita por Erasmo (c. 1469-1536) para presentarla al joven príncipe Carlos, presenta citas casi literales de las Vidas de Suetonio 133 ; también el Panegyricus que pronunció ante el duque Felipe de Borgoña en 1504 está salpicado de anécdotas y dichos de Suetonio. Étienne de la Boétie (1530-1563) se basó en las Vidas para trazar las líneas fundamentales de su Discours de la servitude volontaire. Y Gerolamo Cardano, médico y científico, escribió en Milán en 1576 su propia vida en latín siguiendo el modelo suetoniano de contar per species 134 .

En España, Juan Luis Vives (1492-1540) tuvo en cuenta 135 a Suetonio en sus trataditos De tradendis disciplinis y De ratione studii puerilis, pero sobre todo se interesó por nuestro autor en In Suetonium quaedam del año 1522, donde reconstruye los capítulos perdidos de Julio César. Tampoco se pueden olvidar los historiadores de Indias, especialmente Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), quien salpica algunos capítulos de su Historia General y Natural de las Indias con alusiones a Suetonio 136 . También las Décadas de Césares del año 1539 de fray Antonio de Guevara (ca. 1480-1545) y la Historia imperial y cesárea del sevillano Pero Mexía (1499-1551) tuvieron como mentor a Suetonio.

El dramaturgo inglés Ben Jonson (1572/73-1637) se inspiró en Suetonio en su obra teatral Sejanus, estrenada en el año 1603.

Los ecos de Suetonio llegan hasta nuestro siglo. Podríamos citar el Calígula 137 (obra teatral de 1945) de Albert Camus (1913-1960), el Yo, Claudio (1934) o El dios Claudio y su esposa Mesalina (1934) de Robert Graves, o Tiberio, historia de un resentimiento (1939), de Gregorio Marañón (1887-1960).

VII. EDICIONES Y TRADUCCIONES 138

Tal como señala Ihm 139 , desde el año 1470 hasta el 1829 aparecieron más de doscientas ediciones de nuestro autor, lo cual puede dar una idea de la aceptación que siempre tuvo Suetonio en nuestra cultura.

En Italia, la popularidad de las Vidas se reflejó en el gran número de ediciones del siglo XV : tres ediciones diferentes y consideradas principes (dos del año 1470 en Roma por Campano y Andrea, y una en Venecia del 1471) y otras once antes de 1500. A finales del siglo xv, en 1490, aparecieron los comentarios de Sabellicus (1436-1506) y de Filipo Beroaldo (1453-1505). Durante el siglo XVI destacan las ediciones de Egnacio en Venecia (1516), de Erasmo en Basilea (1518) y de Robert Estienne en París (1543). En 1595 y 1610 salen a la luz las dos ediciones de Isaac Casaubon (1559-1614), en las que se incorporan los comentarios anteriores a él y las lecturas del Memmianus.

Hasta 1827, fecha de la primera edición moderna a cargo de Roth, median más de dos siglos, en los que aparecen numerosas ediciones de las Vidas: I. G. Graevius (Utrecht,1672, 1691 y 1703), J. Gronovius (Leiden, 1751), P. Burman (Amsterdam, 1736), J. A. Ernesti (Leipzig, 1748, 1775), F. Oudendorp (Leiden, 1751), F. A. Wolf (Leipzig, 1802), D. C. G. Baumgarten-Crusius (Leipzig, 1816-1818, en tres volúmenes con abundante comentario y un rico índice de 852 páginas), J. H. Bremi (Zurich, 1820). Además, no hay que olvidar el trabajo del gran filólogo inglés Richard Bentley (1662-1742), que estudió durante años diversos manuscritos existentes en el Reino Unido y en París. No pudo alcanzar su deseo de dar a la luz una edición crítica, pero sus trabajos pasaron al Museo Británico y fueron utilizados por editores posteriores, como M. Ihm 140 .

La primera edición crítica propiamente dicha salió de las prensas en 1858, publicada en Leipzig por C. L. Roth, que sirvió de motor para los estudios suetonianos. Después destacan las ediciones de L. Preud’Homme (Groninga, 1906), las de M. Ihm (editio maior en 1907 y editio minor en 1908, ambas en la Biblioteca Teubneriana de Leipzig). La edición menor de Ihm continúa siendo la mejor de todas las existentes, entre las que hay que mencionar las de J. C. Rolfe (Loeb Classical Library, HI, 1913), H. Ailloud (Col. Budé, I-III, 1931-1932) y G. Vitali (Bolonia, 1958).

En España, la edición de M. Bassols de Climent (Barcelona, Alma Mater, 1964-1970, I-IV, reimp. en 1990) sigue muy de cerca el texto del francés Ailloud, aunque incorpora lecturas de los manuscritos españoles. Igualmente deudores de la edición francesa son los textos de J. Icart (Barcelona, Bernat-Metge, 1966-1971) y de O. Nortes (Tiberio-Calígula, Barcelona, 1983).

M. Bassols de Climent destaca las siguientes traducciones españolas: la desigual del Doctor Jaime Bartholomé (Tarragona, 1596), y la excelente de F. Norberto Castilla (Madrid, Biblioteca Clásica Hernando, 1883 y 1912). A ellas hay que añadir las de E. Barriobero (Buenos Aires, 1957), calco de la anterior, la de J. Arnal (7.a ed., Barcelona, Iberia, 1985) y la de V. López Soto (3.a ed., Madrid, Juventud, 1986).

Deseo dar las gracias a mi amigo y colega José Solís de los Santos por sus atinadas correcciones a la primera versión de esta introducción. Los errores, no hay que decirlo, sólo a mí son debidos.

Sevilla, en Parque Cuatrotorres.

Festividad de Santo Tomás, 1991.

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1 Cf. J. M. ANDRÉ , A. HUS , La Historia en Roma , Barcelona, Siglo xxi Editores, 1983, págs. 73-77; F. LEO , Die griechischrömische Biographie nach ihrer literarischen Form , Hildesheim, 1965 (= Leipzig, 1901), passim ; D. R. STUART , Epochs of Greek and Roman Biography , Berkeley, 1928, págs 196-210; J. A. GARRATY , The Nature of Biography , Londres, 1958, págs. 49-50; W. STEIDLE , Sueton und die antike Biographie , 2.a ed., Múnich, 1963, pág. 129; E. JENKINSON , «Nepos - An Introduction to Latin Biography», en T. A. DOREY , ed., Latin Biography , Londres, 1967, págs. 2-5, y «Genus scripturae leve : Cornelius Nepos and the Early History of Biography at Rome», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt I.3 (1973), 705-709; E. CIZEK , Structures et Idéologie dans «les Vies des Douze Césars» de Suétone , Bucarest-París, 1977, págs. 25-31, y «Les genres de l’historiographie latine», Faventia 7 (1985), 15-33.

2 Cf. CIC ., Disputaciones Tusculanas IV 2, 3.

3 Una de las muestras más tempranas, la pronunciada por Vario Publícola en honor de Bruto, se conserva en DIONISIO DE HALICARNASO , Antigüedades romanas V 17, 3.

4 Los elogia más famosos son los de los Escipiones, encontrados cerca de la puerta Capena; cf. CIL I2 6-15.

5 Cf. A. RAMÍREZ DE VERGER , Elio Aristides: Discursos I (BCG, 106), Madrid, 1987, págs. 58-64. Léase también J. A. SÁNCHEZ MARÍN , «Los géneros de la Retórica y la Biografía», Estudios de Filología Latina , 3 (1983), 242-245.

6 T. C. BURGESS , Epideictic Literature (Studies in Classical Philology, 3), Ann Arbor, 1984 (= 1902), pág. 120.

7 H.-I. MARROU , Historia de la educación en la Antigüedad , 2.a ed., Buenos Aires, 1970, págs. 243-244.

8 H. LAUSBERG , Manual de retórica literaria , I, Madrid, 1966, págs. 216-221.

9 E. JENKINSON , «Genus scripturae leve : Cornelius Nepos and the Early History of Biography at Rome», Aufstieg und Niedergang der römischen Welt I.3 (1973), 706-707.

10 Rétores griegos II 109 ss. El esquema se puede constatar incluso en el siglo v a. C., como en el retrato de Telo de Atenas en Heródoto (I 30); cf. H. HOMEYER , «Zu den Anfängen der griechischen Biographie», Philologus 106 (1962), 75-85.

11 Cf., p. ej., POLIBIO , Historias X 2. Entre los latinos, recuérdense los famosos retratos de Catilina y Sempronia en SALUSTIO (Conjuración de Catilina V y XXV), o el de Aníbal en TITO LIVIO (XXI 4, 2-10); cf. Κ. VRETSKA , «Bemerkungen zum Bau der Charakteristik bei Sallust», Symb. Osloenses 31 (1955), 105-118; M. RAMBAUD , «Recherches sur le portrait dans l’historiographie Romaine», Les Études Classiques 38 (1970), 417-447; W. WILL , «Mirabilior adversis quam secundis rebus . Zum Bild Hannibals in der 3. Dekade des Livius», Würzburger Jahrbücher für die Altertumswissenschaft 9 (1983), 157-171.

12 En La historia en Roma , pág. 74.

13 Hoy perdida: cf. POLIBIO , Historias X 21, 5-8.

14 Cf. QUINTILIANO , Inst. Orat . VI 2, 17.

15 Cf. R. G. USSHER , The Characters of Theophrastus , Londres, 1960, págs. 11-12.

16 Cf. Y. GARCÍA , Biografías literarias latinas: Suetonio, Valerio Probo, Servio, Focas, Vacca, Jerónimo (B.C.G., 81), Madrid, 1985, págs. 9-13.

17 Cf. Y. GARCÍA , Biografías …, págs. 13-15.

18 Fue escrita en el año 98 d. C.; sobre su carácter biográfico, cf. F. R. D. GOODYEAR , Tacitus , Oxford, 1970, págs. 4-5; J. M. REQUEJO , Agícola, Germania, Diálogo sobre los oradores (B.C.G., 36), Madrid, 1981, pág. 48.

19 Cf. AULO GELIO , Noches Áticas III 10.

20 Cf. M. SCHANZ , C. HOSIUS , G. KRÜGER , Geschichte der römischen Literatur bis zum Gesetzgebunsgswerk des Kaisers Justinian. III Die Zeit von Hadrian 117 bis auf Constantin 324 , Múnich, 1959, págs. 48-50; AILLOUD , Suétone, Vie des Douce Césars, tome I: César-Auguste , París, 1931, págs. I-XII; BASSOLS DE CLIMENT , Suetonio, I, págs. IX-XXV; F. DELLA CORTE , Suetonio eques romanus , 2.a ed., Florencia, 1967, págs. 9-28; WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 2-8; BALDWIN , Suetonius , págs. 1-65; Y. GARCÍA , Biografías literarias latinas , págs. 25-28.

21 Quizás en el año 70, según R. SYME , «The Travels of Suetonius Tranquillus», Hermes 109 (1981), 105.

22 G. Β. TOWNEND , «Suetonius and his Influence», en T. A. DOREY , Latin Biography , Londres, 1967, págs. 79 y 109; cf. A. MACÉ , Essai sur Suétone , París, 1900, págs. 31-84; R. SYME , Tacitus , Oxford, 1958, págs. 778-781.

23 Los pasajes son: Calígula XIX 3, Claudio XV 3, Nerón LVII 2, Otón X 1, Domiciano XII 2, Gramáticos 4, y Vida de Lucano («Recuerdo que incluso se hicieron lecturas comentadas de sus poesías…»); PLINIO EL JOVEN , Cartas I 18 (data del 97 o 98), I 24 (fecha incierta), III 8 (101-103), V 10 (105 o 106), IX 34 (108 o 109) y X 94 (de Plinio a Trajano en Bitinia solicitando el ius trium liberorum para Suetonio). Léase una discusión muy completa en BALDWIN , Β., Suetonius , Amsterdam, 1983, págs. 1-65. Cf. Y. GARCÍA , Biografías literarias latinas (B.C.G., 81), Madrid, 1985, págs. 25-28.

24 Cf. Otón 10, 1; F. DELLA CORTE , Suetonio eques romanus , 2.a ed., Florencia, 1967.

25 Cf. J. GASCOU , «Nouvelles données chronologiques sur la carrière de Suétone», Latomus 37 (1978), 441.

26 Cf. SYME , «Travels…», págs. 106-107.

27 Cf. R. SYME , «The Travels of Suetonius Tranquillus», Hermes 109 (1981), 105-117.

28 Cf. G. TOWNEND , «The post of ab epistulis in the second Century», Historia 10 (1961), 375-381.

29 Léanse, sin embargo, las dudas de SYME , «Biographers of the Caesars», Museum Helveticum 37 (1980), 114-115; y «Travels…», págs. 112-113.

30 ESPARCIANO , Vida de Adriano XI 3: cf. G. ALFÖLDY , «Marcius Turbo, Septicius Clarus und die Historia Augusta», Zeitschr. für Pap. und Epgr . 36 (1979), 233-253.

31 Sobre las magistraturas II 6.

32 Sobre este personaje, cf. R. SYME , «Guard Prefects of Trajan and Hadrian», Journal of Roman Studies 70 (1980), 64-80.

33 Cf. E. MAREC , H. G. PFLAUM , «Nouvelle inscription sur la carrière de Suétone, l’historien», Comptes rendus de l’acad. des inscr . (1952), 76-85; J. GASCOU , «Nouvelles données chronologiques sur la carrière de Suétone», Latomus 37 (1978), 436-444.

34 Cartas V 10, 2.

35 Cf. AILLOUD , Suétone …, I, págs. XIV-XVII; BASSOLS DE CLIMENT , I, págs. XXV-XXXII.

36 Suetonius , Londres, 1983, pág. 43.

37 Praeter Caesarum libros reliquiae , Leipzig, 1860, págs. 470 y ss.

38 Cf. edición de A. REIFFERSCHEID , C. Suetonius Tranquillus, Praeter Caesarum libros reliquae , págs. 147-360; SCHANZ , HOSIUS , KRÜGER , Geschichte der römischen Literatur , págs. 58-64; AILLOUD , Suétone …, I, págs. XIV-XVII; DELLA CORTE , Suetonio eques romanus , págs. 233-245.

39 Noches Áticas IX 7, 3.

40 MACROBIO , Saturnales I 12-14; CENSORINO , De die natali XIX; SOLINO , I 34-48.

41 Comentario de Eneida VII 612.

42 Sobre las magistraturas III 64.

43 Sobre los problemas de esta obra y su contenido, léase Y. GARCÍA , Biografías literarias latinas , págs. 28-37; cf. SCHANZ , HOSIUS , KRÜGER , Geschichte der römischen Literatur , págs. 55-58; BALDWIN , Suetonius , págs. 382-449; WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 50-66.

44 Léase Y. GARCÍA , Biografías literarias latinas , págs. 39-40; cf. M. WINTERBOTTOM en L. D. REYNOLDS , ed., Texts and Transmission , Oxford, 1983, págs. 404-405 y 410-411.

45 Cf. R. SABBADINI , Le scoperte dei codici latini e greci ne’secoli XIV e XV , Florencia, 1905, págs. 109 y 141.

46 Cf. Y. GARCÍA , Biografías literarias latinas , pág. 29. Léase también la edición de A. Rostagni, Turín, 1964.

47 Cf. SCHANZ , HOSIUS , KRÜGER , Geschichte der römischen Literatur , págs. 50-55.

48 Cf. G. TOWNEND , «The date of composition of Suetonius’ Caesares», Class. Quarterly 53 (1959), 285-293.

49 G. W. BOWERSOCK , «Suetonius and Trajan», Hommages à Marcel Renard . Edited by J. Bibauw (Collection Latomus, 101), Bruselas, 1969, I, págs. 119-125.

50 Κ. R. BRADLEY , The Composition of Suetonius’ Caesares again», Journal Indo-European Studies 1 (1973), 257-263; BALDWIN , Suetonius , págs. 468-488.

51 J. GASCOU , «Nouvelles données chronologiques sur la carrière de Suétone», Latomus 37 (1978), 436-444.

52 Compárense las sinopsis de M. BASSOLS DE CLIMENT , Vida de los Doce Césares, 2.a ed., Madrid, 1990, I, págs. 5-6, (César) , 73-75 (Augusto) ; II, págs. 17-18 (Tiberio) , 83-84 (Calígula) ; III, págs. 17 (Claudio) , 67 (Nerón) ; IV, págs. 17 (Galba) , 41 (Otón) , 57 (Vitelio) , 77 (Vespasiano) , 107 (Tito ), 121 (Domiciano) .

53 Cf. C. NEPOTE , Epaminondas I 4.

54 Augusto 9, 1. Todas las traducciones de pasajes de Suetonio en la introducción pertenecen a Rosa Agudo.

55 Traducción de Rosa Agudo, pág. 248.

56 Cf. TOWNEND , «Suetonius and his influence», pág. 85; H. LAUSBERG , Manual de retórica literaria , Madrid, 1975, pág. 297.

57 Cf., por ejemplo, Augusto 51-52; Nerón 26, 1; 33-37; Claudio 21.

58 Cf. WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 142-174.

59 Nerón 19, 3.

60 La historia en Roma , pág. 179.

61 Así piensa R. SYME , «Biographers of the Caesars», Museum Helveticum 37 (1980), 117.

62 Cf. A. MOMIGLIANO , The Development of Greek Biography , Cambridge, 1971, pág. 99.

63 Como la famosa descripción del final de Nerón en los capítulos 44-49.

64 Léase el análisis de WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 8-22.

65 Cf. la introducción de A. RAMÍREZ DE VERGER y JUAN FERNÁNDEZ VALVERDE , Tito Livio: La segunda guerra púnica , I, Madrid, Alianza Editorial, en prensa.

66 Julio César 58, 3.

67 Cf. AILLOUD , Suétone: Vies des Douze Césars I, págs. XXXIII-XXXVIII; ANDRÉ -HUS , La historia de Roma , págs. 179-182.

68 Sobre la erudición de Suetonio, léase WALLACE -HADRILL , Suetonius , esp. págs. 4-8 y 41-49.

69 No pocas veces se conforma con un alii, quidam, plures dicunt .

70 Léase WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 142-174.

71 «Biographie e histoire chez Suétone», en su extensa obra Suétone historien (Bibliothèque des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome, 250), París-Roma, 1984, págs. 341-708.

72 Cf. WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 62-66; BALDWIN , Suetonius , págs. 101-203; GASCOU , Suétone , págs. 1-339; G. TOWNEND , «The sources of the Greek in Suetonius», Hermes 88 (1960), 98-120; «Suetonius and his Influence», págs. 87-91.

73 Cf., p. ej., P. VENINI , C. Suetonio Tranquillo: Vite di Galba, Otone, Vitellio , Turín, G. B. Paravia, 1977, págs. 3-5.

74 DELLA CORTE , Suetonio eques romanus , págs. 55-76; WALLACE -HADRELL , Suetonius , págs. 189-197.

75 Cf. J. A. SÁNCHEZ MARÍN , «Prodigios, elementos eróticos y retrato físico en las biografías de los poetas», Emerita 43 (1985), 292-294.

76 QUINTILIANO , Inst. Orat . III 7, 11.

77 Cf. P. BRIND ‘AMOUR , «Problèmes astrologiques et astronomiques soulevés para le récit de la mort de Domitien par Suétone», Phoenix 35 (1981), 338-344; WALLACE -HADRILL , Suetonius ,, págs. 192-193.

78 En «Suetonius and his Influence», pág. 84.

79 Cf. K. R. BRADLEY , «The Rediscovery of Suetonius», Class. Philology 80 (1985), 259-260.

80 Cf. BRADLEY , «The Rediscovery of Suetonius», pág. 262.

81 Cf. WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 142-174 («Virtudes y vicios»).

82 Cf. Κ. R. BRADLEY «Imperial Virtues in Suetonius’ Caesares», Journal of Indo-European Studies 4 (1976), 245-253.

83 Cf. H. BARDON , Les empereurs et les lettres latines d’Auguste à Hadrien , París, 1940, págs. 393-447; G. D ’ANNA , Le idee letterarie di Suetonio , 1.a reimp., Florencia, 1967, págs. 7-69; BALDWIN , Suetonius , págs. 66-91; WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 66-72; D. A. RUSSELL , «Introduction: Greek and Latin in Antonine Literature», en Antonine Literature , Oxford, 1989, 1-17.

84 Cf. A. RAMÍREZ DE VERGER , «Frontón y la Segunda Sofística», Habis 4 (1973), págs. 125-126; «La consolatio en Frontón: en torno al De nepote amisso», Faventia 5 (1983), 77-78; Elio Aristides: Discursos I (B.C.G., 106), Madrid, 1987, pág. 77.

85 Cf. WALLACE -HADRILL , Suetonius , págs. 203-205.

86 Cf. AILLOUD , Suétone: Vies des Douze Césars I, págs. XXXVIII-XLII; BASSOLS DE CLIMENT , Suetonio , págs. XLVII-XLVIII; CIZEK , Structures …, pág. 25; ANDRÉ -HUS , La historia en Roma , págs. 182-184; BALDWIN , Suetonius , págs. 467-525; R. C. LOUNSBURY , The Arts of Suetonius. An Introduction , Nueva York-Berna-Francfort del Meno-París, 1987, esp. págs. 91-118 y 161-164.

87 Vida de Firmo, Historia Augusta XIX 1.

88 CIC ., El orador 23, 78.

89 Cf. CIC ., El orador 24, 81: «Por tanto, aquel orador sencillo, con tal de que sea de buen gusto, no pecará de audaz en la creación de palabras, será discreto en darles sentido traslaticio, parco en los ar-caísmos y un tanto modesto en las demás figuras, de palabras como de pensamiento» (trad. de A. Tovar).

90 Bruto 262.

91 DELLA CORTE , Suetonio eques romanus , págs. 29-53.

92 La lengua de Suetonio fue estudiada de manera notable por P. BAGGE , De elocutione C. Suetonii Tranquilli , Upsala, 1875, y, especialmente, por L. DALMASSO , La grammatica di C. Suetonio Tranquillo , Turín, 1906.

93 Léase A. RAMÍREZ DE VERGER , «Sobre el estilo periódico en Salustio», Habis 12 (1981), 99-105; para Tito Livio, cf. J. DANGEL , La phrase oratoire chez Tite-Live , París, 1982, y A. RAMÍREZ DE VERGER , J. FERNÁNDEZ VALVERDE , Tito Livio: Libros XXI-XXV (Alianza Universidad), Madrid, 1991; para Suetonio, léase LOUNSBURY , The Arts of Suetonius , págs. 107-115, y P. SAGE , «L’expression narrative dans les XII Césars de Suétone: analyse d’une structure de phrase», Latomus 38 (1979), 498-524.

94 Nerón 47, 3. Léase un buen análisis literario de todo el pasaje (47, 3-49) en LOUNSBURY , The Arts of Suetonius , págs. 63-89.

95 «L’expression narrative dans les XII Césars de Suétone: analyse d’une structure de phrase», Latomus 38 (1979), 499.

96 Casi lo mismo ocurre en la forma de hilar la narración; cf. J. LUQUE , «Aproximación a los procedimientos de ilación narrativa en los historiadores latinos», Emerita 45 (1977), 355-377.

97 Ibid ., pág. XXXVIII.

98 Puede servir de paradigma la opinión de F. D. R. GOODYEAR , «Suetonio», Historia de la Literatura Clásica. II. Literatura latina , Madrid, Gredos, 1989, pág. 723.

99 Sobre la composición de las biografías, cf. E. CIZEK , Structures …, págs. 32-64.

100 Léanse diferentes juicios en R. C. LOUNSBURY , The Arts of Suetonius. An Introduction , Nueva York-Berna-Francfort del Meno-París, 1987, págs. 1-8.

101 DELLA CORTE , Suetonio eques romanus , págs. 111-142.

102 TÁCITO , Historias III 84, 4. Traducción de J. L. MORALEJO , T ácito. Historias , Madrid, Akal/Clásica, 1990, pág. 232.

103 Vitelio 16.

104 Poesías LXIV 186-187.

105 Eneida VI 265, 269.

106 Para un análisis más detenido, léase LOUNSBURY , The Arts of Suetonius , págs. 104-105.

107 Augusto 23.

108 Cf. R. J. TARRANT , «Suetonius» (De vita Caesarum) , en L. D. REYNOLDS , ed., Texts and Transmission , Oxford, 1983, págs. 399-404; M. IHM , págs. III-IX; AILLOUD , I, págs. XLII-XLVI; BASSOLS DE CLIMENT , I, págs. XLIX-LIII. Sobre los Gramáticos y Rétores , léase Y. GARCÍA en Biografías literarias latinas (B.C.G., 81), Madrid, 1985, págs. 34-35 y 39-40; cf. M. WINTERBOTTOM en L. D. REYNOLDS , ed., Texts and Transmission , Oxford, 1983, págs. 404-405.

109 Cf. G. B. TOWNEND , «Suetonius and his Influence», en T. A. DOREY , ed., Latin Biography , Londres, 1967, págs. 96-108.

110 H. W. BIRD , «Suetonian Influence in the Later Lives of the Historia Augusta», Hermes 99 (1971), 129-134; R. FOSSATELLI , «Mario Massimo», Riv. Cult. Class. e Medioevale 15 (1973), 75-80.

111 Cf. Β. W. JONES , «Suétone et Aurélius Victor», La Parola del Passato 25 (1970), 346-347.

112 Cf. L. D. REYNOLDS , N. WILSON , Copistas y filólogos , Madrid, Gredos, 1986, pág. 110.

113 Cf. E. K. RAND , «On the Histoy of the De Vita Caesarum of Suetonius in the Early Middle Ages», Harvard Studies Class. Philology 37 (1926), 1-48.

114 Cf. BASSOLS DE CLIMENT , Suetonio , I, págs. XXIX y XXII.

115 En Première, deuxième, troisième étude sur l’histoire du texte de Suétone de Vita Caesarum , Bruselas, 1902-1904; cf. R. J. TARRANT , «Suetonius», en L. D. REYNOLDS , ed., Texts and Transmission , Oxford, 1983, págs. 399-404.

116 Cf. el análisis literario de TOWNEND , «Suetonius…», págs. 98-106.

117 Cf. R. W. HUNT , «Latin Classics in the Twelfth Century», en R. R. BOLGAR, Classical Influences on European Culture A. D. 500-1500 , Cambridge, 1979 (= 1971), pág. 55.

118 En «Suetonius», pág. 400.

119 Cf. R. M. THOMSON , «The Library of Bury St. Edmunds Abbey in the Eleventh and Twelfth Centuries», Speculum 47 (1972), 639.

120 Cf. REINOLDS , WILSON , Copistas y filólogos , pág. 150; R. W. HUNT , «The Deposit of Latin Classics in the Twelfth-Century Renaissance», en R. R. BOLGAR , ed., Classical Influences on European Culture, A.D. 500-1500 , Cambridge, 1971, págs. 51-55.

121 Cf. A. GAGNÉR , Florilegium Gallicum. Untersuchungen und Texte zur Geschichte der mittellateinischen Florilegienliteratur , Lund, 1936; J. HAMACHER , Florilegium Gallicum , Francfort del Meno, 1975, 1975; R. Η. HOUSE , «Florilegia and Latin Classical Authors in Twelfth- and Thirteenth Century Orléans», Viator 10 (1979), 135 y ss.

122 Cf. Β. L. ULLMAN , Studies in the Italian Renaissance , Roma, 1955, pág. 36 y 122; G. BILLANOVICH , «Nella biblioteca del Petrarca. II. Un altro Suetonio del Petrarca (Oxford, Exeter College, 186)», Italia Medioevale o Umanistica 3 (1960), 28-58.

123 Noticias en BASSOLS DE CLIMENT , Suetonio …, págs. LX-LXI.

124 Cf. TARRANT , «Suetonius», pág. 404.

125 Cf. J. H. WHITFIELD , «Machiavelli’s Use of Livy», en T. A. DOREY , Livy , Londres, 1971, págs. 73-96.

126 Cf. J. H. WHITFIELD , «Livy > Tacitus», en R. R. BOLGAR , Classical Influences on European Culture A.D. 1500-1700 , Cambridge, 1976, pág. 286, nota 6.

127 Nueva edición en LOUNSBURY , The Arts of Suetonius , págs. 121-132.

128 Excepto el de la Biblioteca del Cabildo de Toledo, ms. 49-14 .

129 Datos recogidos del valiosísimo libro de L. RUBIO , Catálogo de los manuscritos clásicos latinos existentes en España , Universidad Complutense de Madrid, 1984, págs. 99, 104, 122, 168, 191, 254-255; cf. BASSOLS DE CLIMENT , I, págs. LVII-LX.

130 Cf. RUBIO , Catálogo de los manuscritos …, págs. 338, 352-353.

131 Cf. RUBIO , Ibidem , págs. 512-513.

132 Cf. RUBIO , Ibidem , pág. 572.

133 LOUNSBURY , The Arts of Suetonius , pág. 147, notas 13 y 14.

134 Cf. TOWNEND , «Suetonius and his Influence», págs. 107-108.

135 Cf. LOUNSBURY , The Arts of Suetonius , pág. 38.

136 Cf. I. GARCÍA PINILLA , L. RIVERO , «Las fuentes clásicas de Historia General y Natural de las Indias de Gonzalo Fernández Oviedo», Bibliografía e Historiografía Americanista , en prensa.

137 Cf. J. GILLIS , «Calígula. De Suétone à Camus», Les Études Classiques 42 (1974), 393-403.

138 Cf. las páginas IX-X del prefacio de la edición teubneriana de M. IHM ; las páginas XLVI-XLVIII de la introducción de H. AILLOUD , y páginas LIII-LXI de la de M. Bassols de Climent. Léase también a R. C. LOUNSBURY , The Arts of Suetonius. An Introduction , Nueva York-Berna-Francfort del Meno-París, 1987, págs. 32-61.

139 En el prefacio de su edición teubneriana, pág. IX; cf. P. BURKE , «A Survey of the Popularity of Ancient Historians, 1450-1700», History and Theory 5 (1966), 135-152.

140 Cf. E. HEDICKE , Studia Bentleiana. III Suetonius Bentleianus , Freienwaldiae, 1902; M. IHM «Richard Bentley’s Suetonkritik, Sitzungsberichte der Königl. Preussischen Akademie der Wissenschaften , Berlín, 1901, págs. 677-695.

* Consúltese también la nota bibliográfica de Biografías literarias latinas (B.C.G., 81), Madrid, 1985, págs. 36-37.

VIDAS DE LOS DOCE CÉSARES

NOTA TEXTUAL

Para la presente traducción de Suetonio se ha seguido como texto base el establecido por Henri Ailloud, Suétone. Vies des Douze Césars, 3 vols., Col. Budé, 4.a y 5.a ediciones, París, 1980-1981. Con esta edición se han cotejado principalmente las de M. Ihm, C. Suetoni Tranquilli opera. De vita Caesarum libri VIII, Bibliotheca Teubneriana, ed. minor, Stuttgart, 1961 (= 1908); J. C. Rolfe, Suetonius, 2 vols., Col. Loeb, Londres, 1979 (= 1913-1914), y M. Bassols de Climent, Suetonio. Vida de los doce Césares, 4 vols., Ediciones Alma Mater, Barcelona, 1964-70. Asimismo, nos han sido particularmente útiles las ediciones parciales siguientes, acompañadas de comentario: H. E. Butler, M. Cary, C. Suetoni Tranquilli Divus Iulius, con nueva introducción, bibliografía y notas adicionales de G. B. Townend, Brístol, 1982; E. S. Shuckburgh, C. Suetoni Tranquilli Divus Augustus, Nueva York, 1979 (= Cambridge, 1896); M. Adams, C. Suetonius Tranquillus. Divi Augusti vita, Nueva York, 1966 (= Londres, 1939); M. J. Du Four, C. Suetonii Tranquilli vita Tiberii, capítulos 1-23, tesis, Nueva York, 1979 (= Filadelfia, 1941); J. R. Rietra, C. Suetoni Tranquilli vita Tiberi, capítulos 24-40, tesis, Nueva York, 1979 (= Amsterdam, 1928), y G. W. Mooney, C. Suetoni Tranquilli de vita Caesarum. Libri VII-VIII, Nueva York, 1979 (= Londres, 1930).

La principal discrepancia de nuestra traducción con el texto de Ailloud se encuentra en la delimitación de los parágrafos numerados de cada capítulo. La edición de Ailloud, como el propio autor indica en la introducción a su obra (véase pág. XLIX, nota 2), no coincide en este aspecto ni con la de Preud’Homme ni con la de Ihm, siendo esta última la tradicionalmente seguida por los posteriores editores de Suetonio. Hemos preferido adoptar la división en parágrafos más generalizada, para facilitar al lector que lo desee la localización del texto latino. Al margen de esto, nos hemos apartado del texto de Ailloud en los siguientes pasajes:



Queremos avisar, finalmente, que en nuestras notas a pie de página las obras Realencyclopädie der Classischen Altertumswissenschaft y Corpus inscriptionum Latinarum aparecen citadas con sus tradicionales abreviaturas RE y CIL.

LIBRO I

EL DIVINO JULIO
SINOPSIS
I. CÉSAR ANTES DE SU SUBIDA AL PODER (1-39)

Proscripción y posterior perdón de César (1). Primeros servicios militares. Revuelta de Lépido (2-3). Comienzos en el foro. Estancia en Rodas e intervención en Asia (4). César, tribuno militar y cuestor. Matrimonio con Pompeya (5-6). Su cuestura en Hispania Ulterior. Intento de soliviantar a las colonias latinas (7-8). Sospechas de participación en el complot del año 66-65 a. C. (9). César, edil (10). Enfrentamientos con los optimates (11-12). Su elección como pontífice máximo y pretor. La conjuración de Catilina (13-14). César, pretor (15-17). Su propretura en Hispania Ulterior y su elección como cónsul. Formación del primer triunvirato (18-19). Primer consulado de César. Matrimonio con Calpurnia. Como procónsul, obtiene las Galias y el Ilírico (20-22). Intentos de procesarle en Roma. Entrevista de Luca. Guerra de las Galias (23-25). Acontecimientos internos de los años 54-52 a. C. César aumenta su popularidad a base de larguezas y atenciones (26-28, 1). Propuestas presentadas contra él los años 51-50. Intentos de llegar a una solución de compromiso con sus adversarios (28, 2-29). Preparativos para la guerra. Causas de la misma (30). Paso del Rubicón (31-33). La guerra civil (34-36). Triunfos celebrados por César. Recompensas asignadas a sus soldados. Donativos y concesiones hechas al pueblo. Espectáculos diversos (37-39).

II. CÉSAR EN EL PODER (40-44)

Reforma del calendario (40). Reformas constitucionales. Reducción de los tribunales. Censo del pueblo (41). Colonización de las provincias. Política demográfica y de concesión de la ciudadanía. Otras medidas de carácter social (42-43). Proyectos de mejoras urbanísticas y de engrandecimiento del Imperio (44).

III. RASGOS PERSONALES DE CÉSAR . VIDA PRIVADA Y COSTUMBRES (45-75)

Características físicas. Aspecto externo (45). Diferentes residencias. Pasión por el lujo. Disciplina doméstica (46-48). Fama de sodomita y adúltero. Relaciones con Servilla y con Cleopatra (49-52). Sobriedad en la comida y bebida. Carácter codicioso (53-54). Dotes como orador. Producción literaria (55-56). César como soldado (57-64). Relación con sus tropas (65-67). Fidelidad y extraordinario valor de sus hombres (68-70). Actitud de César con sus clientes y amigos (71-72). Actitud frente a sus adversarios (73-75).

IV. MUERTE DE CÉSAR . EPÍLOGO (76-89)

Causas de su asesinato (76-79). Conjura contra su vida (80). Presagios de su muerte. Idus de marzo. Asesinato de César (81-82). Lectura de su testamento. Descripción de sus funerales (83-85). Diferentes opiniones acerca del hecho de que no intentara evitar su muerte (86-87). Edad a la que murió. Divinización de César (88). Fin que tuvieron sus asesinos (89).

* * *

Cuando contaba quince años 1 perdió a su padre 2 ; al [1 ] año siguiente fue designado para ser flamen dial 3 y, tras separarse de Cosucia 4 , de familia ecuestre, pero muy rica, con la que le habían prometido cuando aún llevaba él la toga pretexta 5 , desposó a Cornelia, hija de Cinna, cuatro veces cónsul 6 , con la que tuvo a Julia poco después; y el dictador Sila 7 no halló medio de obligarle a [2] repudiarla. Por este motivo, le despojó del sacerdocio, de la dote de su mujer y de los bienes heredados de su familia, y lo consideró del partido contrario, de modo que César se vio incluso obligado a ocultarse y a cambiar de escondite casi cada noche, a pesar de que le consumía la fiebre cuartana, teniendo además que recurrir al soborno para librarse de los espías, hasta que obtuvo el perdón a instancias de las vírgenes vestales 8 y de Mamerco Emilio 9 [3] y Aurelio Cota 10 , sus parientes y afines. Es de sobras conocido que Sila, tras haberse resistido por algún tiempo a las súplicas de sus mejores amigos, personas del mayor relieve, y en vista de que seguían insistiendo, se dejó vencer al fin y exclamó, por inspiración divina o siguiendo algún tipo de conjetura, que de acuerdo, que se lo quedaran, pero que supieran que esa persona, cuya salvación con tanta ansia deseaban, algún día acarrearía la ruina al partido de los optimates, que junto con él todos ellos habían defendido; pues en César había muchos Marios.


[2 ] Prestó sus primeros servicios militares en Asia, en la plana mayor del pretor Marco Termo. Enviado por éste a Bitinia con el encargo de traer una flota, prolongó su estancia ociosamente junto a Nicomedes 11 , no sin que surgiera el rumor de que se había entregado al rey 12 ; rumor que aumentó con su vuelta a Bitinia pocos días después con el pretexto de exigir un dinero que se le debía a cierto liberto cliente suyo. El resto de su campaña le valió mejor fama, y en el asedio de Mitilene fue recompensado por Termo con una corona cívica 13 .

Sirvió también en Cilicia a las órdenes de Servilio [3 ] Isáurico 14 , pero por poco tiempo. En efecto, al recibir la noticia de la muerte de Sila, y puestas a la vez sus esperanzas en los nuevos disturbios promovidos por Marco Lépido 15 , volvió rápidamente a Roma, pero se abstuvo precisamente de aliarse con Lépido, aunque se le invitaba a ello con condiciones muy ventajosas, porque desconfiaba tanto de su capacidad como de la ocasión, que había hallado menos propicia de lo que pensaba.

[4 ] Por lo demás, una vez apaciguada la revuelta civil, acusó de concusión a Cornelio Dolabela 16 , excónsul y hombre distinguido con los honores del triunfo, y, absuelto éste, decidió retirarse a Rodas 17 , tanto para hurtarse al rencor como para consagrar su atención, en el ocio y el descanso, a Apolonio Molón 18 , maestro de retórica muy famoso por entonces. Mientras se trasladaba allí, ya en los meses de invierno, fue capturado cerca de la isla de Farmacusa 19 por unos piratas y permaneció junto a ellos, no sin enorme indignación, casi cuarenta días, junto con un médico y dos ayudas de cámara, pues a sus [2] restantes compañeros y siervos los había despachado desde el primer momento a buscar dinero para su rescate. Cuando al fin lo desembarcaron en una playa tras la entrega de cincuenta talentos, no aplazó un instante la persecución de los fugitivos, lanzando inmediatamente una escuadra contra ellos, ni su castigo una vez que los tuvo en su poder, castigo con el que les había amenazado 20 a menudo entre bromas. Como por entonces Mitridates devastaba 21 las regiones vecinas, para no parecer inactivo mientras los aliados se hallaban en peligro, pasó a Asia desde Rodas, adonde había continuado viaje, y, con el reclutamiento de tropas auxiliares y la expulsión de la provincia del prefecto del rey, consiguió contener dentro de los límites de la lealtad a las ciudades vacilantes y dudosas.

Durante su tribunado militar 22 , primer cargo que obtuvo [5 ] por sufragio popular tras su regreso a Roma, no regateó esfuerzos para ayudar a los promotores del restablecimiento del poder tribunicio, cuya fuerza había sido recortada por Sila 23 . Por medio de la ley Plocia consiguió, además, la vuelta a la ciudad de Lucio Cinna 24 , hermano de su mujer, y de todos aquellos que con él siguieron a Lépido 25 en la revuelta civil y que se habían refugiado junto a Sertorio 26 después de la muerte del cónsul 27 , y él mismo pronunció un discurso sobre este asunto.

[6 ] Siendo cuestor 28 , pronunció en la tribuna de las arengas 29 , según la costumbre, el elogio fúnebre de su tía Julia 30 y de su mujer Cornelia, que habían fallecido. Y, por cierto, en el panegírico de su tía habló en los siguientes términos acerca de la ascendencia de ésta y de su propio padre por ambas ramas: «El linaje de mi tía Julia desciende de reyes por línea materna, mientras que por la paterna está unido con los dioses inmortales. Pues de Anco Marcio parten los Marcios Reyes, que fue el nombre de su madre; de Venus, los Julios 31 , de cuya estirpe es nuestra familia. Coexisten, pues, en su linaje el carácter sagrado de los reyes, que ostentan entre los hombres el máximo poder, y la reverencia debida a los dioses, a quienes hasta los [2] reyes se encuentran sometidos». Para reemplazar a Cornelia desposó a Pompeya, hija de Quinto Pompeyo 32 y nieta de Lucio Sila, de la que después se divorció 33 , creyendo que había sido seducida por Publio Clodio 34 , sobre el cual tan firme era el rumor de que había llegado hasta ella disfrazado de mujer con ocasión de una ceremonia pública religiosa, que el Senado ordenó abrir un proceso de investigación de sacrilegio.

Como cuestor le tocó en suerte la Hispania Ulterior 35 ; [7 ] en su recorrido por las diversas audiencias de esta provincia para administrar en ellas justicia por comisión del pretor, llegó a Cádiz, donde vio junto al templo de Hércules la estatua de Alejandro Magno 36 ; entonces se puso a gemir y, como arrepentido de su desidia, porque, según él, no había realizado aún nada memorable a la edad en que ya Alejandro había sometido el orbe terrestre, solicitó de inmediato una licencia para aprovechar cuanto antes en Roma las ocasiones de emprender asuntos de mayor envergadura. Además, los adivinos le hicieron concebir las [2] más altas esperanzas cuando, sumido en la confusión por el sueño de la pasada noche (pues, mientras dormía, había soñado que violaba a su madre), lo interpretaron como un presagio del dominio del globo terráqueo, puesto que la madre que había visto sometida a él no era otra que la tierra, considerada madre de todas las criaturas.

[8 ] Dejando, pues, su provincia antes de tiempo, visitó las colonias latinas 37 , que andaban por entonces ocupadas en solicitar el derecho de ciudadanía, y las hubiera empujado a alguna temeridad si los cónsules no hubiesen por este mismo motivo retenido por algún tiempo a las legiones alistadas para Cilicia.

[9 ] Pero no dejó por esto de tramar acto seguido en Roma proyectos más ambiciosos; en efecto, pocos días antes de tomar posesión del cargo de edil 38 , incurrió en la sospecha de haber conspirado con el excónsul Marco Craso 39 y con Publio Sila 40 y Lucio Autronio 41 , condenados ambos por cohecho después de haber sido nombrados cónsules 42 , para asaltar el senado a principios de año y, tras pasar por las armas a quienes tuvieran decidido, apoderarse Craso de la dictadura, nombrarle a él mismo, César, jefe de la caballería y, organizada la república a su arbitrio, restituir el consulado a Sila y a Autronio. Mencionaron esta conjuración Tanusio Gémino 43 en su historia, [2] Marco Bíbulo 44 en sus edictos y Gayo Curión padre 45 en sus discursos. A ella parece también referirse Cicerón cuando cuenta, en una carta a Axio 46 , que César confirmó como cónsul el despotismo en el que había ya pensado siendo edil. Tanusio añade que Craso, por arrepentimiento o por miedo, no se presentó el día fijado para el asesinato, y que por esa razón tampoco dio César la señal que estaba convenido que diera; Curión, por su parte, afirma que esta señal consistía en dejar caer la toga de su hombro. El mismo Curión, pero también Marco Actorio Nasón 47 , [3] cuentan que conspiró además con el joven Gneo Pisón 48 , a quien le fue concedida de buen grado la provincia de Hispania a título extraordinario por esta sospecha de complot en la ciudad; y que habían pactado sublevarse a un tiempo, uno fuera, el otro en Roma, valiéndose de los ambrones 49 y de los transpadanos 50 ; pero que su plan se vio frustrado por la muerte de Pisón 51 .

[10 ] Siendo edil, además del Comicio 52 , el Foro y las basílicas 53 , decoró incluso el Capitolio con unos pórticos provisionales para exponer en ellos una parte de los pertrechos de que disponía en abundancia. Ofreció asimismo, tanto con su colega como por separado, espectáculos de caza y juegos, con el resultado de que sólo él recibía el agradecimiento incluso por los gastos hechos en común, declarando abiertamente su colega Marco Bíbulo 54 que le había sucedido lo que a Pólux, a saber, que de la misma manera que el templo levantado en el Foro para los dos hermanos llevaba sólo el nombre de Cástor, así también la munificencia suya y de César se atribuía únicamente a éste último. Todavía añadió César un combate de gladiadores, [2] pero con bastantes parejas menos de lo que había proyectado, pues, espantados sus enemigos ante la numerosa cuadrilla que había reunido de todas partes, se tuvo la precaución de fijar el número máximo de gladiadores que cualquier ciudadano podía tener en Roma.

Después de haberse ganado así el favor del pueblo, [11 ] intentó, con el apoyo de una parte de los tribunos, que se le concediera por plebiscito la provincia de Egipto 55 , aprovechando la ocasión que se le presentaba de obtener un mandato extraordinario, porque los alejandrinos habían expulsado 56 a su rey, declarado por el Senado aliado y amigo 57 , y todo el mundo desaprobaba este hecho. Pero no lo consiguió ante la oposición del partido de los optimates. Para disminuir a su vez la autoridad de éstos por todos los medios posibles, volvió a erigir los trofeos conmemorativos de las victorias de Gayo Mario sobre Jugurta y sobre los cimbros y los teutones, demolidos tiempo atrás por Sila, y, al instruir el proceso contra los asesinos 58 , incluyó también entre éstos a aquellas personas que, durante la proscripción, habían recibido dinero del erario público por presentar las cabezas de ciudadanos romanos, a pesar de haber quedado exceptuados por las leyes Cornelias 59 .

[12 ] Sobornó también a un hombre 60 para que hiciera comparecer en juicio por alta traición a Gayo Rabirio, que había sido el principal colaborador del Senado algunos años antes 61 en la represión del intento de sedición del tribuno Lucio Saturnino, y, designado por sorteo como juez del acusado, lo condenó con tanta saña que, cuando éste apeló al pueblo, nada le fue tan útil como la severidad mostrada por su juez.

[13 ] Habiendo renunciado a su esperanza de conseguir la provincia, presentó su candidatura para el cargo de pontífice máximo 62 , no sin repartir el dinero a manos llenas. Pensando en la magnitud de la deuda contraída a tal efecto, parece que, al salir de mañana para los comicios, le anuncióa su madre 63 , mientras ella le besaba, que no volvería a casa si no era como pontífice. Y, de hecho, triunfó de tal manera sobre sus dos poderosísimos competidores 64 , que le sobrepasaban ampliamente en edad y dignidad, que él solo obtuvo más votos en las tribus de ellos que los otros dos en todas.

Era pretor electo cuando se descubrió la conjuración [14 ] de Catilina 65 y, mientras el Senado en pleno 66 pedía la última pena para los cómplices del delito, fue el único que propuso 67 que se les encarcelara por separado en diferentes municipios, tras confiscárseles sus bienes. Es más, incluso inspiró tanto miedo a los que aconsejaban medidas más duras, poniendo insistentemente ante su vista cuánto rencor les guardaría la plebe romana en el futuro, que Décimo Silano 68 , cónsul electo, no tuvo reparo en darle a su opinión una interpretación más suave, ya que cambiarla hubiera resultado indecoroso, como si la hubieran tomado en un sentido más riguroso del que él mismo había querido darle. Y se habría salido con la suya, pues [2] ya se habían pasado a él muchos senadores, y entre ellos Cicerón, hermano del cónsul, si el discurso de Marco Catón 69 no hubiese devuelto su firmeza al Senado vacilante. Mas ni siquiera entonces dejó de estorbar la resolución, hasta que un grupo de caballeros romanos, que montaba guardia en torno a la curia provisto de armas, le amenazó de muerte por perseverar de forma tan desmedida, blandiendo incluso de tal modo sus espadas desenvainadas contra él, que los que estaban a su lado, todos a una, le dejaron en su asiento y apenas unos pocos pudieron protegerle abrazándole y cubriéndole con sus togas 70 . Entonces, realmente asustado, no sólo cedió, sino que, en lo que quedaba de año 71 , no volvió a comparecer en la curia.

[15 ] El primer día de su pretura 72 citó a Quinto Cátulo 73 para que rindiera cuentas ante el pueblo acerca de la restauración del Capitolio 74 , presentando un proyecto de ley por el que transfería a otro 75 este cometido; pero, impotente frente a la coalición de los optimates, a quienes veía acudir en masa, abandonando al instante sus deberes para con los nuevos cónsules 76 , con el firme propósito de oponerle resistencia, renunció a esta propuesta suya.

Por otra parte, prestó su aliento y su defensa más [16 ] tenaz a Cecilio Metelo 77 , tribuno de la plebe, que, frente a la oposición de sus colegas, proponía unas leyes en extremo subversivas 78 , hasta que ambos fueron cesados en sus funciones públicas 79 por un decreto del Senado. No obstante,él se atrevió a seguir en su cargo y a impartir justicia 80 ; pero cuando supo que estaban dispuestos a impedírselo por la fuerza de las armas, despidió a sus lictores 81 , se despojó de su pretexta 82 y se refugió secretamente en su casa, dispuesto a permanecer retirado, ya que [2] las circunstancias así lo exigían. Incluso contuvo a la muchedumbre que, dos días después, afluía en masa, espontánea y libremente, y le ofrecía, en medio de un gran tumulto, su apoyo para reivindicar su dignidad. Ante esta actuación suya totalmente inesperada, el Senado, que se había reunido a toda prisa a causa de este mismo alboroto, le transmitió su agradecimiento a través de sus miembros más ilustres y, tras haberle hecho venir a la curia y colmarle de las mayores alabanzas, lo restableció en su cargo, revocando su anterior decreto.

[17 ] Cayó de nuevo en otro peligro al ser acusado como uno de los cómplices de Catilina 83 ante el cuestor Novio Nigro por el delator Lucio Vetio 84 y en el Senado por Quinto Curio 85 , a quien se habían asignado recompensas públicas por haber sido el primero en revelar los planes de los conjurados. Curio afirmaba haberlo sabido de labios de Catilina, mientras que Vetio prometía incluso presentar un escrito autógrafo de César dirigido a Catilina. Pero César, considerando que no podía tolerar de ningún [2] modo una cosa así, demostró, solicitando para ello el testimonio de Cicerón, que algunos detalles sobre la conjura se los había proporcionado él mismo al cónsul por propia iniciativa, y logró que no se dieran las recompensas a Curio; en cuanto a Vetio, se le impuso un embargo, se saquearon sus posesiones y fue apaleado a conciencia y casi despedazado en la asamblea ante la tribuna de las arengas, tras de lo cual César lo hizo encarcelar, medida que también hizo aplicar al cuestor Novio por haber permitido que se acusara ante él a un magistrado superior.

Habiéndole tocado en suerte la Hispania Ulterior 86 al [18 ] término de su pretura, se libró de los acreedores que le retenían por mediación de unos garantes 87 y partió, contra la costumbre y la ley, antes de que fueran dotadas las provincias 88 , no se sabe si por miedo de un proceso, que le preparaban aprovechando el momento en que no ocupaba cargo alguno 89 , o para prestar cuanto antes a los aliados la ayuda que solicitaban; y en cuanto la hubo pacificado 90 emprendió el regreso con igual premura, y sin esperar a su sucesor, para solicitar el triunfo y el consulado a la vez. Pero como no podía tenerse en cuenta su [2] candidatura, puesto que las elecciones ya se habían convocado, a no ser que entrase en la ciudad como simple ciudadano 91 , y muchos se oponían a sus intrigas para conseguir una exención de las leyes, se vio obligado a renunciar al triunfo para no quedar excluido del consulado.

[19 ] De sus dos competidores al consulado, Lucio Luceyo 92 y Marco Bíbulo 93 , se asoció a Luceyo concertando con él que, puesto que era menos influyente pero muy rico, prometería a las centurias dinero de su bolsillo particular en nombre de ambos. Al conocer la noticia, los optimates, temiendo que no hubiera nada a lo que César, elevado a la suprema magistratura, no se atreviera contando con un colega bien avenido y en perfecta concordia con él, aconsejaron a Bíbulo que prometiera otro tanto, y los más cooperaron con dinero, afirmando hasta el propio Catón [2] que esta liberalidad se hacía en beneficio del Estado. Así pues, César fue nombrado cónsul 94 junto con Bíbulo. Por el mismo motivo, los optimates procuraron que a los futuros cónsules se les asignaran provincias de muy poco interés, a saber, bosques y caminos de pastura 95 . Incitado César sobremanera por esta injuria, cultivó con todo tipo de atenciones la amistad de Gneo Pompeyo, a la sazón irritado con el Senado porque, según él, tardaba demasiado en ratificar sus actos después de su victoria sobre el rey Mitridates, y lo reconcilió con Marco Craso, viejo enemigo suyo desde que ambos habían ejercido juntos el consulado en extremo desacuerdo 96 , concertando con ambos una alianza en virtud de la cual no se haría nada en el Estado que desagradase a cualquiera de los tres 97 .

Una vez que hubo tomado posesión de su cargo 98 , fue [20 ] el primer cónsul que dispuso que se redactaran a diario y se hicieran públicas las actas del Senado así como del pueblo. Restableció también la antigua costumbre de hacerse preceder por un ujier y seguir por sus lictores el mes que no le correspondían las fasces 99 . Promulgó asimismo una ley agraria 100 , y, como su colega trataba de impedírselo recurriendo a los augurios 101 , lo expulsó del Foro por las armas; al día siguiente, Bíbulo presentó una queja en el Senado, pero no encontró a nadie que se atreviera a hacer ningún comentario sobre semejante atropello o a proponer ninguna medida, de las muchas que a menudo se habían tomado a propósito de desórdenes menos graves; así logró César reducirle a tal estado de abatimiento que, hasta que cesó en su cargo, se mantuvo encerrado en su casa, limitándose a manifestar su oposición por medio de edictos. A partir de ese momento, César administró solo [2] y a su antojo todos los asuntos públicos, hasta el extremo de que algunos graciosos, al firmar en broma algún escrito para darle validez, no escribían «hecho durante el consulado de César y de Bíbulo», sino «durante el consulado de Julio y de César», citando dos veces a la misma persona por su nombre de familia y por su sobrenombre; y pronto corrían de boca en boca los siguientes versos:

No es con Bíbulo, sino con César, con quien se ha hecho últimamente cualquier cosa; pues nada, que yo recuerde, se hace bajo el consulado de Bíbulo.

Repartió sin sorteo 102 la llanura de Stella 103 , consagrada [3] por nuestros mayores, y el territorio de Campania, dejado como tierras de arriendo en beneficio de la república, entre unos veinte mil ciudadanos que tuvieran tres o más hijos. A los arrendatarios de los impuestos del Estado, que pedían una rebaja, les perdonó la tercera parte del precio del arriendo y los exhortó en público a no pujar desmesuradamente en la adjudicación de los nuevos impuestos. Concedió asimismo con liberalidad las demás peticiones que a cada uno se le antojaron, sin que nadie se atreviera a replicarle, y si alguien lo intentaba, le hacía desistir mediante el temor. En vista de que Marco Catón [4] le ponía objeciones 104 , mandó que fuera sacado de la curia por un lictor y conducido a prisión. Como Lucio Luculo 105 le hacía frente sin el menor comedimiento, le inspiró tanto miedo a sus falsas acusaciones 106 , que aquél acabó cayendo de hinojos ante él. Cuando Cicerón se lamentaba en un juicio 107 de la naturaleza de aquellos tiempos, el mismo día y a la hora nona concedió César el paso de un orden a otro 108 a Publio Clodio 109 , enemigo de aquél, que ya de tiempo atrás se esforzaba en vano por pasar [5] del de los senadores al de la plebe 110 . Por último, contra todos sus adversarios en general, 〈 sobornó al delator Vetío 111 〉 y lo indujo con recompensas a declarar que ciertos individuos le habían pedido que matara a Pompeyo, y a dar, tras dejarse conducir a la tribuna de las arengas, los nombres de los instigadores conforme a lo acordado; pero cuando aquél nombró a una o dos personas sin venir a cuento, y no sin provocar sospechas de fraude, parece que César, desconfiando del resultado de un plan tan peligroso, se libró del delator envenenándolo.

Por el mismo tiempo contrajo matrimonio con Calpurnia, [21 ] hija de Lucio Pisón, que le sucedería en el consulado, y a su hija Julia la casó con Gneo Pompeyo, rechazando a su anterior prometido Servilio Cepión 112 , con cuya principal ayuda había combatido poco antes a Bíbulo. Después de esta nueva alianza, comenzó a pedir en el Senado la opinión de Pompeyo en primer lugar 113 , cuando solía pedir la de Craso y era costumbre que el cónsul conservara durante todo el año el orden de consulta que había establecido en las calendas de enero.

[22 ] Contando, pues, con el apoyo de su suegro y de su yerno, consideró preferible elegir, entre todas las provincias, la de las Galias, porque, debido a los recursos y oportunidades que ofrecía, pensaba hallar en ella una ocasión a propósito para conseguir triunfos 113 bis . Primero obtuvo, por la ley Vatinia 114 , la Galia Cisalpina junto con la Iliria; luego, el Senado 115 le adjudicó también la Comata 116 , por el temor de los senadores a que, si ellos se la negaban, el pueblo pudiera concedérsela igualmente. [2] En el arrebato de alegría que le produjo este hecho, no se contuvo de jactarse, pocos días después, en una concurrida sesión del Senado, de haber conseguido lo que deseaba, pese a la oposición y a los lamentos de sus adversarios, y de estar, por consiguiente, dispuesto desde ese momento a saltar sobre la cabeza de todos; y al responder uno de los senadores, para ultrajarlo, que eso no sería fácil para una mujer 117 , contestó, como en broma, que también en Siria había reinado Semíramis y que las Amazonas habían en otro tiempo dominado una gran parte de Asia.

Cuando, al término de su consulado, los pretores Gayo [23 ] Memio 118 y Lucio Domicio 119 abrieron una investigación sobre sus actos del año anterior 120 , César remitió al Senado la instrucción del asunto; pero, en vista de que aquél se desentendía y de que se habían perdido tres días en vanas discusiones, se marchó a su provincia, y al punto su cuestor fue llevado ante la justicia bajo varias acusaciones con motivo de un juicio previo. Poco después, él mismo fue también citado a juicio por Lucio Antistio, tribuno de la plebe, y sólo después de haber apelado al colegio de tribunos logró que no se le acusara, alegando que se [2] encontraba ausente en servicio del Estado 121 . En consecuencia, para su seguridad futura puso todo su empeño en tener siempre a los magistrados de cada año obligados para con él y sólo ayudar o permitir que alcanzaran el cargo aquellos de los solicitantes que le hubiesen dado palabra de defenderle en su ausencia; compromiso del que no dudó en exigir a algunos el juramento e incluso la promesa por escrito.

[24 ] Pero como Lucio Domicio 122 , candidato al consulado, le amenazaba públicamente con hacer como cónsul lo que no había podido siendo pretor y con despojarle de los ejércitos, hizo acudir a Craso y a Pompeyo a Luca 123 , ciudad de su provincia, y les indujo a que, para desbancar a Domicio, solicitaran un segundo consulado 124 , consiguiendo gracias a ambos que se le prorrogara el mando [2] por cinco años. Envalentonado por esto, a las legiones que había recibido de la república 125 añadió otras a sus propias expensas, una incluso reclutada entre los galos transalpinos, de nombre también galo (pues se llamaba Alauda 126 ), a la que adiestró en la disciplina y proveyó del equipo romano, concediéndole más tarde el derecho de ciudadanía en bloque. Acto seguido, no desperdició [3] ninguna ocasión de hacer la guerra, ni siquiera injusta o peligrosa, atacando sin motivo tanto a los pueblos aliados como a los enemigos y salvajes, al extremo de que el Senado decretó un día enviar una comisión para investigar la situación de las Galias y algunos senadores propusieron entregarle a los enemigos 127 . Pero, como sus empresas salían bien, obtuvo rogativas públicas 128 más frecuentes y de mayor cantidad de días de lo que ningún otro general había obtenido jamás.

En cuanto a las empresas que llevó a cabo durante los [25 ] nueve años de su mandato 129 , son en líneas generales las siguientes: redujo a la categoría de provincia toda la Galia, que se encuentra comprendida entre los montes Pirineos, los Alpes y los Cevennes, y entre los ríos Rin y Ródano, y que se extiende en un perímetro de unos tres millones doscientos mil pasos, a excepción de las ciudades aliadas y beneméritas, y le impuso en calidad de tributo [2] cuarenta millones de sestercios al año. Fue el primer romano que atacó, mediante un puente fabricado sobre el río, a los germanos, que habitan tras el Rin, infligiéndoles terribles derrotas. Atacó también a los britanos, desconocidos antes, y, tras haberlos derrotado, les exigió dinero y rehenes, sin sufrir más que tres reveses en medio de tantos éxitos: en Britania, cuando su flota fue casi destruida por la violencia de una tempestad; en Galia, al quedar desbaratada una legión junto a Gergovia; y en el territorio germano, muertos en una emboscada sus legados Titurio 130 y Aurunculeyo 131 .

[26 ] En el mismo espacio de tiempo perdió primero a su madre 132 , luego a su hija 133 , y no mucho después a su nieto 134 . Entretanto, como el Senado había decidido, a raíz de los disturbios sociales provocados por el asesinato de Publio Clodio 135 , que se nombrara un único cónsul y expresamente Gneo Pompeyo, convenció a los tribunos de la plebe, que proyectaban hacerle colega de Pompeyo, para que propusieran mejor al pueblo que se le permitiera solicitar un segundo consulado estando ausente, cuando estuviese a punto de terminar el período de su mandato, para no tener que abandonar por esta causa su provincia demasiado pronto y sin haber aún acabado la guerra. Tras [2] haberlo conseguido, teniendo ya en perspectiva proyectos más ambiciosos y lleno de esperanza, prodigó todo tipo de larguezas y atenciones a todos, a expensas públicas y privadas. Con el dinero obtenido de la venta del botín, comenzó un Foro 136 , cuyo solar costó más de cien millones de sestercios. Prometió al pueblo un combate de gladiadores y un banquete en memoria de su hija, cosa que nadie había hecho antes que él. Para conseguir la mayor expectación posible ante estos festejos, preparaba también en su propia casa todo lo concerniente al banquete, aunque lo hubiese alquilado a los abastecedores del mercado. Tenía ordenado que se llevaran por la fuerza y le reservaran [3] a los gladiadores de fama siempre que éstos combatían ante un público hostil. En cuanto a los bisoños, no los hacía instruir en una escuela profesional ni por maestros de gladiadores, sino en domicilios particulares, por caballeros romanos e incluso por senadores expertos en las armas, rogándoles a éstos encarecidamente, como se puede ver por sus cartas, que se encargaran de la instrucción de cada uno de ellos en particular y que dirigieran personalmente sus ejercicios. Dobló el sueldo de las legiones a perpetuidad. Siempre que había trigo en abundancia se lo distribuía también sin tasa ni medida, y a veces dio a cada soldado un esclavo sacándolo del botín.

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Ograniczenie wiekowe:
0+
Data wydania na Litres:
30 stycznia 2026
Objętość:
404 str. 7 ilustracji
ISBN:
9788424932022
Wydawca:
Właściciel praw:
Bookwire
Format pobierania:

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